CURSO DE SEGURIDAD VIAL PARA AGENTES DE CONTROL Y
FSCALIZACION VIAL
Clase 1. La situación actual de la seguridad vial
Punto de partida
En esta clase profundizaremos sobre las estadísticas viales para conocer
concretamente como la problemática se expresa en nuestro país.
Además veremos que la seguridad vial se encuentra inmersa en un contexto histórico,
social y político. Como ciudadanos compartimos un mismo espacio público donde
nuestras necesidades e intereses se cruzan constantemente con las necesidades e
intereses de las otras personas. La normativa, que rige a nivel nacional, regula nuestras
formas de circulación y, por ende, nuestra forma de ser ciudadanos.
Situación actual de la seguridad vial
La problemática de la seguridad vial requiere poner a disposición un contenido que
tiene que ser interpretado y analizado a partir de la realidad local, es decir, lo que
sucede en cada lugar. Esta tarea requiere ir de lo general a lo particular, por eso es
fundamental iniciar con un diagnóstico de la problemática: cómo esta se expresa a
nivel internacional, nacional y local.
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En Argentina mueren por año más de 5000 personas por siniestros viales. Es la
principal causa de muerte en jóvenes entre 15 y 29 años de edad. La
ambivalencia entre el saber y el hacer, entre la ley y la costumbre, en
términos de seguridad vial, es la característica principal del tránsito en Argentina.
Según datos del Observatorio de la ANSV más del 70% de los argentinos cree que en el
país se conduce muy mal. Sin embargo, ese saber no se traduce en conductas más
seguras en el espacio público. Existe plena conciencia en las personas acerca de los
riesgos de sufrir un siniestro en la conducción de vehículos: el consumo de alcohol, el
exceso de velocidad y las distracciones (con el celular como primera causa de choques en
las ciudades). Pese a esto, el 20% de los conductores de automóviles declara haber
consumido alcohol antes de conducir. Además, el 50% de los jóvenes (entre 17 y 35 años)
acuerda con que la mayoría de sus amigos conducirían alcoholizados.
En el caso de las motos: 7 de cada 10 conductores afirman que “si se conduce con
cuidado no es necesario utilizar el casco”; y si bien el 93% reconoce que el alcohol
aumenta el riesgo de sufrir un incidente, el 82% declara que “si se consume poco alcohol
se puede controlar el efecto”.
En cuanto al uso de los elementos de seguridad: 5 de cada 10 autos circulan seguros en
el país. Mientras que el 64.2% de las motocicletas1 circulan con sus ocupantes
“protegidos”, utilizando el casco.
Si comparamos con otros países de Latinoamérica vemos que en Chile el 99% de los
conductores de motocicleta circulan con casco, mientras que en Argentina sólo el 68.7%
lo hace; y en lo que refiere a cinturón de seguridad en conductores, Chile arroja un 82%,
mientras que en nuestro país la mitad de los conductores lo utilizan.
A nivel regional, Cuyo es la zona que presenta mayor uso del casco por parte de todos los
pasajeros (92%), seguida por la Patagonia (84.8%) y AMBA (82.3%). En cambio el NOA
presenta el uso más bajo (51.2%). Cuyo también cuenta con el mayor uso de cinturón en
todos los pasajeros (62.8%) y el NOA y el NEA tienen los menores niveles de uso (40.4% y
4.5% respectivamente).
Los conductores menores de 18 años son quienes usan el casco en menor medida
(20.6%), pero además la edad resulta determinante en términos de protección de los
pasajeros: cuando los conductores son menores a 18 años el uso de casco por parte de
todos los ocupantes es inferior. Los conductores entre 36 y 49 años son quienes utilizan
casco en mayor medida (72.8%). Además, 8 de cada 10 menores de edad viajan
desprotegidos.
Con respecto al Sistema de Retención Infantil (SRI) sólo el 26.4% de los menores de 4
años viaja protegido.2
1
El 65.4 % de los conductores circula con casco, mientras que el 42.3% de los acompañantes, y el 23.4%
del resto de los pasajeros.
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En la bicicleta: sólo el 8.3% de los conductores utilizan el casco; es evidente que todavía
no es considerada como un vehículo.
Por último, se observa cómo las conductas se transmiten culturalmente y repercuten en
nuestros comportamientos sociales: si el conductor utiliza los elementos de seguridad,
los pasajeros también lo hacen; pero si el conductor no los usa, el efecto negativo es aún
mayor. En el caso del cinturón, el uso por parte del conductor hace que un 75.8% de los
copilotos lo utilicen. Cuando el conductor no se lo coloca, el 97.1% de los copilotos no lo
usa3. En el caso del casco, si el conductor lo utiliza, el uso en el pasajero alcanza un
70.5%; si el conductor no lo hace, el 90.8% de los pasajeros tampoco.
Resulta llamativo que el ejemplo negativo sea mayor al positivo, lo que refuerza la
conformidad inconsciente que llevamos a cabo cuando circulamos. Esto demuestra la
dimensión del factor cultural en el tránsito: todos tenemos pleno conocimiento de
cómo y por dónde debemos circular de manera segura, sin embargo el plano de la
costumbre parece caer por su propio peso y nos hace reproducir conductas que ponen
en riesgo nuestras vidas y las de los demás.
Para profundizar, pueden ver los estudios elaborados por el Observatorio vial, de
la Agencia Nacional de Seguridad Vial:
https://www.argentina.gob.ar/seguridadvial/observatoriovial/estudios
También podrán acceder a otros informes, estadísticas y trabajos de
investigación.
¿Siniestro o accidente? La seguridad vial también se disputa en el lenguaje
La construcción social del peligro/riesgo nos permite cuestionar algunos conceptos
habitualmente ligados a la seguridad vial. En la normativa vigente y en la vida
cotidiana se denomina “accidente” a un hecho vial que causa daños a objetos,
artefactos y personas. Sin embargo, la palabra “accidente” da cuenta de un hecho
que ocurrió con cierto componente de azar, casualidad, debido a las circunstancias
no deseadas o no conocidas, una coincidencia de factores inesperados; una serie
de sentidos que invisibilizan la responsabilidad humana sobre estos
acontecimientos. Por eso, utilizamos la expresión siniestro vial o incidente ya que
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A partir del año 2018 el uso del SRI es obligatorio hasta los 10 años de edad. Dec. 32/18 Ref. Tránsito y
Seguridad Vial - Modificaciones. 10/01/2018 (BO 11/01/2018)
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El 60% de los ocupantes traseros no utiliza el cinturón cuando el conductor sí lo hace. La influencia más
directa aparece en el no uso: 96.9% de los ocupantes de asientos traseros no usa el cinturón cuando el
conductor no lo hace
3
permite vincular el hecho a una situación multicausal, de carácter prevenible y
donde interviene el factor humano como principal responsable.
La seguridad vial en el espacio público
Nos desplazamos en un espacio que es social, nuestro transitar ocurre en un tiempo y
un espacio en el que también se mueven otras personas. De este modo, influye y es
influido por el desplazamiento de los demás. La relación de los sujetos entre sí, los
modos de tratarse y respetarse unos con otros, de fijar prioridades para el paso, la
conciencia de la propia libertad, así como las consecuencias de las propias acciones,
también son parte de la seguridad vial. Incluir todos estos aspectos es lo que permite
darle una mirada múltiple e integral a la problemática.
La noción de espacio público remite a los lugares donde todas las personas tenemos el
derecho de circular. Se denominan públicos en oposición a los ámbitos privados, ya
que pertenecen a la comunidad en su conjunto. En él conviven las distintas formas de
movilidad de personas y vehículos, pero también está conformado por los ámbitos
compartidos, los lugares de socialización y encuentro, de intercambio y expresión de la
vida social (parques, plazas, paseos, etcétera).
Como ciudadanos que transitamos tomamos decisiones cuyas consecuencias impactan
en la vida personal y social. El tránsito ubica a muchos ciudadanos de manera
simultánea, en ambientes y situaciones en las que los derechos y obligaciones de cada
uno se cruzan con los de otras personas. Es fundamental estar preparados y conocer
las responsabilidades que corresponden a los diferentes roles que se asumen al
transitar: ya sea como peatones, usuarios de transporte público, pasajeros de vehículo
particular, conductores de bicis, motos, autos u otros vehículos.
La manera de ejercer estos roles depende, además, de una diversidad de situaciones
derivadas de las distintas regiones geográficas de nuestro país: no es lo mismo habitar
en grandes centros urbanos intercomunicados por autopistas y atravesados por redes
de transporte colectivo y ferrocarril, que en ámbitos rurales, surcados por caminos de
tierra, en los que circulan autos junto a caballos o carruajes, con escasa presencia de
medios de transporte público. Además, en el tránsito también se presentan una
diversidad de situaciones en el interior de un mismo centro poblacional. La circulación
tampoco es igual en todos los barrios, ni a toda hora, ya que vecinos y vecinas
transitan hacia adentro, hacia fuera o a través de su localidad en distintos momentos
del día; se desplazan de una ciudad a otra, en zonas suburbanas o rurales, a diario o en
épocas de veraneo. Por eso, el espacio público debe comprenderse desde diferentes
perspectivas y ubicarse en relación a los derechos y las obligaciones de los actores
del tránsito.
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Para profundizar en estas ideas y a los fines de volver la mirada a sus propias
prácticas, los invitamos a ver el siguiente recurso audiovisual y pensar en
cuáles de estas imágenes se ven reflejados: Respetuosa Argentina
https://www.youtube.com/watch?v=CoC-docw5c4
En este marco, y a los fines del fortalecimiento y la construcción de una nueva cultura
vial, el rol de los agentes fiscalizadores de tránsito como funcionarios públicos, que
también transitan –como el resto de los ciudadanos por los diferentes espacios
geográficos- debe presentar una responsabilidad y compromiso mayor en las
conductas. El control y la fiscalización vial son unos de los aspectos más necesarios
para trabajar en cada jurisdicción y reforzar, con la organización de una tarea efectiva,
la imagen de estos organismos como reguladores del Estado.
¿Por qué hablamos de cultura vial?
Es fácil ponerse de acuerdo en que estamos disconformes con nuestra cultura vial.
Podemos compartir un sentimiento de malestar con la forma de conducirnos por calles
y rutas pero no es tan fácil acordar con los detalles y las causas de esa disconformidad.
¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura vial? En principio de ciertos
conocimientos, prácticas y reglas que rigen nuestro comportamiento mientras nos
trasladamos en la vía pública, ya sea que lo hagamos como conductores de vehículos,
peatones o usuarios de medios de transporte público.
Disciplinas tales como la antropología y la sociología vial nos proveen de una mirada
atenta sobre las prácticas al transitar por calles y rutas. Y al observar sistemáticamente
las prácticas de la gente en la calle podemos reflexionar sobre ellas, desnaturalizarlas y
seguramente transformarlas.
Estas prácticas que tenemos al circular no son naturales, son aprendidas. Se trata de
una construcción cultural producto de nuestra historia y por lo tanto pueden ser
modificadas. Hay ciertos rasgos distintivos que dan cuenta de nuestro modo de vida al
circular. Las normas legales existen, pero tanto peatones como conductores se sienten
habilitados a interpretarlas según su posición, las características de su vehículo y las
circunstancias particulares de la conducción.
En los encuentros cotidianos por calles y rutas vemos a nuestros conciudadanos como
adversarios –cuando no enemigos─ de quienes tenemos que “defendernos”; rigen
códigos de honor, dominación, de género o control del territorio. Rara vez percibimos
a las normas de tránsito como normas de convivencia que regulan nuestra interacción
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con otros ciudadanos en los espacios públicos; y quien practica y respeta dichas
normas de convivencia aparece como una persona rara.
Para profundizar en estas ideas, los invitamos a ver el siguiente recurso
audiovisual: Rebeldes viales. Ver video
Antecedentes normativos
En la vía pública convergen derechos, obligaciones y responsabilidades. Vivir, gozar de
buena salud, de integridad física y psíquica, transitar libremente, movilizarse y
permanecer en el espacio público, son derechos fundamentales que están plasmados
en la Constitución de la Nacional Argentina.
La misma establece dos cuestiones que son esenciales en materia de tránsito.
A) La primera está relacionada con el derecho fundamental que tenemos todos/as
los/as ciudadanos. El art. 14 establece que “todos los habitantes de la Nación gozan de
los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de
trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las
autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino (...); de
publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad;
de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender”.
La frase “conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio” refiere al Poder de Policía
del Estado, que es una potestad jurídica y reguladora del ejercicio de los derechos y del
cumplimiento de los deberes constitucionales de los habitantes. Es una atribución
perteneciente al órgano legislativo de gobierno, único con competencia para
establecer limitaciones en el orden público.
Conforme a la Constitución Nacional, el gobierno adopta la forma representativa
republicana federal. Es decir, el Congreso Nacional el que emite las leyes y el Poder
Ejecutivo es el encargado de reglamentarlas, a través de los decretos reglamentarios.
El poder de policía es la facultad legislativa que tiene el estado para cumplir con su rol
principal de bregar por el bien común. Por lo tanto, entendemos que nuestros
derechos no son absolutos, sino que tienen que ajustarse a las reglamentaciones que
los rigen.
Este poder de Policía del Estado, tampoco es absoluto. Los límites al poder de policía
pueden argumentarse en base a tres principios fundamentales:
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RAZONABILIDAD: debe responder a un fin público; debe existir una
circunstancia justificante; adecuación del medio elegido con el fin perseguido;
ausencia de inequidad (igualdad ante la ley).
DERECHO A LA INTIMIDAD: inviolabilidad de la persona, de su domicilio y de su
correspondencia.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD: “nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda,
ni privado de lo que ella no prohíbe”. Se debe cumplir con todos los
procedimientos previos y recaudos para que el acto sea legítimo. El accionar
ilegitimo que provenga de un funcionario público, tornara nulo el
procedimiento.
En la Constitución Nacional, el art. 28 expresa: los principios, garantías y derechos
reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que
reglamenten su ejercicio.
El principio de razonabilidad refiere, dentro de nuestro sistema constitucional, a la
exclusión de toda arbitrariedad o irrazonabilidad en el ejercicio de las prerrogativas de
los poderes públicos. Ello quiere decir que alguien puede ser obligado a hacer lo que
manda la ley o privado de hacer lo que la ley prohíbe, siempre que el contenido de
aquella sea razonable, justo y válido.
Para que sea razonable debe responder a un fin público: la seguridad vial y su
finalidad de evitar siniestros
Debe haber una circunstancia justificante: la transgresión a una norma y la
aplicación por alguien que tenga competencia
Se debe adecuar el fin perseguido al medio elegido: desde la ANSV se propone
evitar persecuciones a presuntos infractores por no haberse detenido en un
puesto de control. Para la seguridad vial estas situaciones generan un riesgo
mayor. Ejemplo de esto es el caso de Baradero ocurrido en marzo de 2010.
Agentes policiales persiguieron a una moto con dos ocupantes sin casco por no
haberse detenido ante un control lo que provocó una caída fatal en la que
perdieron la vida ambas personas. El caso tuvo una repercusión social
inmediata que derivo en incidentes disturbios ante la municipalidad y otras
oficinas públicas. Otro caso fue el ocurrido en Tigre durante un control
documental de rutina; un oficial le revoleó un cono a un conductor de moto
que no paró y provocó un siniestro entre la moto y un vehículo que pasaba.
Nada justifica poner el riesgo la vida de las personas.
La ausencia de inequidad significa que todos somos iguales ante la ley. Por eso, el acta
se debe labrar tanto al hijo del carnicero como al hijo del intendente, incluso al propio
intendente, al gobernador o a cualquier funcionario público que se encuentre en
infracción. Con esto referimos a la responsabilidad de los agentes y a dar el ejemplo.
El derecho a la intimidad tiene que ver con el poder de Policía de un agente de
tránsito. Este poder no permite abusar de la intimidad de un conductor. Por ejemplo,
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revisar el interior del vehículo: guantera, baúl, u otro lugar que pueda ser considerado
como lugar privado. Eso incluye revisar sobres o correspondencia.
En el caso de los policías que ejercen facultades de tránsito, solo ante la
presunción de un delito penal pueden utilizar la facultad de requisa, pero en
materia de tránsito esta facultad está restringida.
La justicia de faltas solo considera infracciones a aquellas que estén tipificadas en la
ley. Es decir, si la norma local no exige la portación de botiquín, chaleco o bolsa
mortuoria, no se puede exigir ya que nadie está obligado a hacer lo que la ley no
manda.
Para profundizar en esta temática, los invitamos a ver el siguiente video que
explica el Poder de Policía.
Ver video
B) La segunda cuestión está referida a las atribuciones que las provincias y
municipios poseen. Se trata del artículo 121 que establece que “las provincias
conservan todo el poder no delegado por esta Constitución al Gobierno Federal, y el
que expresamente se hayan reservado por pactos especiales al tiempo de su
incorporación”.
En materia de tránsito, nuestro país cuenta con un marco normativo nacional que está
constituido por dos leyes. Las mismas regulan todo lo referente al tránsito y seguridad
vial a nivel nacional:
- Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449 sancionada el 23 de diciembre de 1994 y
reglamentada por el decreto 779/95, y sus modificatorias: Decreto 437/2011,
32/2018, 26/2019 y ley 27445. Dicha ley regula el uso de la vía pública y son de
aplicación a la circulación de personas, animales y vehículos terrestres.
- Ley Nº 26.363 sancionada en el año 2008, con su respectivo Decreto
Reglamentario N° 1716/08. La misma modifica y complementa la ley anterior.
Además crea la Agencia Nacional de Seguridad Vial como máxima autoridad de
aplicación en materia de tránsito y seguridad vial.
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A su vez, la Constitución Nacional establece el federalismo como forma de gobierno,
por lo que cada provincia en uso de su autonomía regula ciertas materias que le son
propias. Una de ellas es el tránsito, facultad no delegada al gobierno nacional. Por este
motivo existen normativas nacionales y provinciales.
Desde la sanción de las leyes Nº 24.449 y Nº 26.363 la mayoría de las provincias han
adherido a un sistema normativo unificado que fue creado y pensado para ser aplicado
en todo el país. Este es un ejemplo característico de un federalismo de concertación o
federalismo cooperativo sobre el que es conveniente seguir trabajando para lograr los
objetivos planteados en dichas normas.
Los invitamos a ver el siguiente micro audiovisual Deberes y derechos, Serie
Cuerpos metálicos, Canal Encuentro. Ver video
La Ley como forma de regulación de las conductas en el espacio público
La ley, cuando está destinada a regular las conductas que los individuos despliegan en
el espacio público, debe ser interpretada como un marco de acuerdo de voluntades.
Dicho marco permite el ejercicio de los derechos de todos los ciudadanos, de una
forma equitativa y armónica acorde con un Estado de Derecho. Es decir, que las
obligaciones que imponen las leyes son el fruto de un proceso de búsqueda de
herramientas que deben utilizarse para que el Estado cumpla con el objetivo
primordial de lograr el bien común.
El tránsito, según la Real Academia Española, se reconoce como el paso de un punto a
otro por vías o parajes públicos. Esto da una idea de movimiento y necesidad de las
personas por llegar a un destino determinado. En este caso, la ley impone obligaciones
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para que sean cumplidas por todos los ciudadanos, en los diferentes roles que
desarrollan en el espacio público (conductores, peatones, pasajeros), y lograr un
tránsito seguro y accesible que respete los derechos más importantes de las personas
como la vida y la salud.
El Estado analiza los comportamientos de los usuarios de la vía pública, los riesgos que
se generan en la misma, y protege a los ciudadanos a través de la Ley.
Para reflexionar:
Les proponemos que se tomen unos minutos para pensar en la siguientes
situación hipotética.
Si tuvieran la responsabilidad de generar y determinar políticas
relacionadas a la materia de ordenamiento del espacio público y la
seguridad vial: ¿Qué medidas propondría?, ¿cómo las implementaría?, ¿qué
recursos necesitaría?, ¿por cuánto tiempo implementaría dichas políticas?,
¿haría alguna modificación sobre las normativas viales vigentes?, ¿cuáles y
por qué?
Lecturas obligatorias
Ley Nacional de Tránsito N° 24.449 (Artículos 1° al 35°)
Ley de creación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial N° 26.363 (Artículos 1°
al 19°).
Decreto Reglamentario N° 779/95 (Leer artículos del 1° al 35°).
Decreto Reglamentario N° 1716/08 (Leer artículos del 1° al 19°).
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