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Debate sobre derechos LGBTQ+ en corte

El documento presenta una dramatización de una audiencia judicial sobre los derechos de una persona homosexual. En la audiencia, la abogada defensora argumenta a favor de los derechos civiles completos para su cliente, mientras que la abogada demandante se opone citando preocupaciones sobre la familia y la naturaleza.

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Debate sobre derechos LGBTQ+ en corte

El documento presenta una dramatización de una audiencia judicial sobre los derechos de una persona homosexual. En la audiencia, la abogada defensora argumenta a favor de los derechos civiles completos para su cliente, mientras que la abogada demandante se opone citando preocupaciones sobre la familia y la naturaleza.

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DRAMATIZACIÓN

Personajes:

Juez: Danny
Abogada defensora: María Rosales
Abogada demandante: Amanda Sifontes

Guión:

Danny: Buenos días a todos los que están en la corte; a nuestros abogados en
representación a sus presentes clientes, y al modesto público. Todos de pie.
—El público se levanta junto con los abogados—. El caso que se presenciará a
continuación aquí en la corte, será realizado por los abogados presentes.
Tomen asiento. —Todos se sientan—. Señorita Sifontes, su introducción, por
favor.

Amanda: Gracias, su señoría, y también al público por dejar sus trabajos


tanto profesional y hogareño para estar en esta corte. —dice Amanda al
levantarse de su asiento, dirigiéndose a la vista de todos—. Ahora, lo que
analizaremos en el caso de hoy es bastante simple… ¿Brian es un hombre o
una mujer? —comenta Amanda dirigiéndose al público. —Saben, el ser
humano es especial, un don, es parte de la naturaleza, un regalo de Dios que
se nos fue otorgado; a nosotros, y… si decidimos cambiar ese don y la
naturaleza por la que fuimos hecha, ¿A dónde nos lleva? —Amanda gira hacia
el público de la izquierda—, dos perros machos, ¿pueden ser pareja?
¿Nuestros gatos? ¿Nuestros… pericos? —Se hace silencio por unos segundos
—De pronto ser humano ha dejado de ser parte de su naturaleza y ha
decidido por tomar un cambio que afecta a miles de personas y religiones.
Confío en ustedes y en su opinión. —Amanda se retira y se sienta.

Danny: Señorita, Rosales, su discurso, por favor.

María: Gracias, su señoría —dice María llegando a la vista de todo —No


esperaba que algo así me llegara a pasar, y, ¿por qué lo digo? Bueno, no solo
lo digo porque estoy representando a un homosexual por sus derechos
humanos… sino por una cosa… por miedo a que en esta corte no pueda hacer
lo que está destinado a cumplir: justicia. Según Wild Méndez, escribió en
unas de sus obras literarias que, el humano poseía la cualidad de cambiar con
el transcurso del tiempo. Desde siglos atrás, el homo sapiens ha ido tomando
cambios el cual le ha dado como título tener dones para ser cada vez mejor,
pero jamás, perdió lo que somos todos aquí: humanos. Mi cliente, Brian
Ferrer, es como todo nosotros que estamos aquí en esta corte, inclusive,
tiene mucha más valentía que todos nosotros aquí en haber venido y
defender sus derechos humanos que, como cualquier otra persona él los
tiene. Caballeros, no esperemos por más, nuestra constitución establece que
somos libre de expresarnos, no podemos discriminarnos por lo que somos, y
si mi cliente, pide que sus derechos sean respetados y se le otorgue en el
nombre de la ley, leyes que establece que ellos puedan estar en la sociedad y
crear, y ser parte de una familia y tener nuestras mismas virtudes y uso de la
ley, pues pido ante usted señor juez, que es momento que esta corte vea
más por ellos que por nosotros, porque la igualdad está desbalanceada hoy
en día dentro de la sociedad, y si no hacemos algo, ni la justicia ni nadie lo
hará.

Todo queda en silencio de pronto, y cuando el juez se dirige a dar la decisión


del caso, Amanda pide objeción.
Amanda: ¡Objeción, señoría! —Dice Amanda levantándose de su asiento—.
¿Me permite?

Danny: ¿A qué se debe su objeción, señorita Amanda? Ya usted terminó su


veredicto.

Amanda: Le pido permiso para dar otro veredicto más.

Juez: Adelante. El público es suyo.

Amanda: Gracias. —Amanda se coloca en frente de todos—. Sé que algunas


veces, nosotros los humanos tomamos cambios drásticos en la vida y
sociedad, pero, pongámonos a pensar. Señorita Rosales, me dirijo a usted y al
público con unas preguntas, y son demasiado sencilla de responder: Su
cliente Brian si no mal recuerdo, tiene una pareja, y llevan once años juntos,
¿o me equivoco?… pero yendo al grano, le haré una pregunta y a todos: ¿Por
qué no se han casado y por qué no tienen hijos?

María: Objeción, señoría, se supone que estamos en una corte preliminar.


Juez: Eso no es excusa, señorita Rosales, la señorita Amanda tiene derecho a
continuar. Prosiga, Sifontes.

Amanda: Gracias. Entonces, volviendo al caso, conteste. Bueno, no lo haga,


hagamos que esta opinión lo dé la sociedad; el público presente. ¿Qué
opinan ustedes? ¿Merece el cliente de la señorita Rosales el derecho que
solo es impugnado entre un hombre y una mujer? Ojo, no estoy en contra de
la sexualidad de la persona, pero hay leyes, doctrinas que hacen respecto a
ese tema de por qué no podemos garantizarles leyes a personas como el
cliente de la señorita Rosales.

María: ¡Objeción!

Juez: Denegada.

Amanda: Díganme ustedes público presente, que son padre y madre,


algunos, que conviven con sus hijos día a día, ¿cómo se sentiría un niño
viviendo bajo el mismo techo de dos hombres que duermen en la misma
habitación? ¿Qué dirá ese niño cuando le digan desde la escuela que su
mamá deberá estar presente en una reunión importante? ¿Quién irá?
¿Brian? ¿Su pareja? ¿Qué dirá la sociedad ante algo así si se garantiza las
leyes civiles a personas como ellas? Y lo más primordial, cómo reaccionaría
nuestros hijos al ver algo que no es parte de la naturaleza. Si tengo la ventaja
de evitar que nuestros hijos y los hijos de otros que tienen el don de cambiar
al mundo, no presencien esta anomalía antinatural, pues haré lo que sea
para que así sea.

María: ¡Objeción, señoría!

Juez: Denegada, señorita Rosales.

María: ¡No es justo, señor juez! , estoy abogando por los derechos que le
corresponden a mi cliente para que una mujer loca de remate venga a decir
esas idioteces.

Amanda: Señoría.
Juez: Señorita Rosales, los únicos derechos que tiene su cliente, es no ser
discriminado por lo que son, libres de expresión e igualdad ante la ley, no los
derechos civiles que entre hombre y mujer poseen.

María: ¡No me jodan con eso! ¡Mi cliente Brian es una persona igual que
todos nosotros aquí que están en esta corte! ¡No merece ser apartado ante
la ley solo porque es homosexual, maldita sea!

Juez: ¡Contrólese, señorita Rosales!

María: ¡No! ¡Controle usted a esta mujer de pacotilla por las barbaridades
que está diciendo!

Amanda: No me ofenda, Rosales, usted y yo sabemos que las leyes civiles es


entre hombre y mujer, sin excepción.

María: ¡Usted no sabe lo que dice!

Juez: ¡Orden!

Amanda: No, usted no sabe lo que dice, Rosales, su propuesta no son buenas
para la sociedad, entienda eso.

María: ¡No, entienda usted!


Juez: ¡ORDEN!

María: ¡Usted debe entender que…!

Juez: ¡Señorita Rosales, cállese o la expulsaré a usted y a su cliente de este


caso por desacato!… Señorita Sifontes, pido disculpas.

Amanda: Descuide, señoría.

Juez: ¿Alguna otra cosa que quiera decir para dar la decisión del caso?
Amanda: No, señoría. Confío en que el público que está presente en esta
corte, sabrá lo correcto, porque dos hombres como padre, o como esposos,
no es algo que pueda ser aceptado, porque entre dos hombres no puede
haber matrimonio, y no se procrea hijos como para crear una familia dentro
de la sociedad. Eso es todo, señoría.

Juez: Bien. Pasaremos entonces a dar la sentencia: Dentro del lapso legal
previsto para ello, el Tribunal a que dictó la correspondiente sentencia, de la
cual consideraremos pertinente destacar los siguientes aspectos:

La parte demandante en la oportunidad de su veredicto, logró exponernos


sobre el conflicto presentado por su cliente, pero su propuesta con garantizar
las leyes civiles a su cliente y a sus personas de su misma sexualidad,
mientras que la parte demanda, al narrar su veredicto contra poniente
haciéndole ver a la ley que sus razones son obvias, la corte da por sentencia,
rechazar el veredicto de la señorita Rosales y su cliente, denegando los
derechos civiles por lo que está pidiendo en esta corte. El señor Brian, titular
de la cedula de identidad C.I 17.345.112 tendrá como correspondiente, las
mismas leyes que la constitución ampara en la sociedad. Se cierra la corte.

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