Nietzsche
por Carlos López Baeza © (11/04/2010)
Siguiendo el patrón de la pregunta 4 del nuevo modelo de examen de Historia de la
Filosofía en Selectividad:
«Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento del autor del
texto que juzgues importante en alguno de estos sentidos: por su relación
con el de otros filósofos, con hechos históricos relevantes (especialmente si
son coetáneos del autor o tienen relación con su vida) o con rasgos
significativos del mundo contemporáneo»
El objetivo de este pequeño trabajo es presentar o defender esquemáticamente la
utilidad o aplicación del pensamiento de Nietzsche: 1) su valor o sentido como
pensamiento real, contextuado en un momento de la historia de la filosofía y de la
cultura; 2) su interés o vigencia actual; y, todo ello en general, pero también, 3) en
particular, su utilidad pedagógica o didáctica, es decir, en el marco formativo de los
alumnos de 2º de bachillerato.
1) Nietzsche tuvo el valor de plantearse una crítica radical sobre los fundamentos de
la cultura en la que vivía. Cuando esta crítica falta y tendemos a dar por supuesto lo
establecido, pueden llegar a darse situaciones en las que impera el dogmatismo, la
imposición de doctrinas, formas de pensamiento o de vida… hasta el abuso: la
intolerancia de las creencias religiosas (manifestada por ejemplo en la Inquisición y las
guerras de religiones), el régimen feudal, las dictaduras, cualquier forma de
fundamentalismo…
Dice M. Horkheimer:
«La verdadera función social de la filosofía reside en la crítica de lo
establecido […]. La meta principal de esa crítica es impedir que los
hombres se abandonen a aquellas ideas y formas de conducta que la
sociedad en su organización les dicta. Los hombres deben aprender a
discernir la relación entre sus acciones individuales y aquello que se
logra con ellas, entre sus existencias particulares y la vida general de la
sociedad, entre sus proyectos diarios y las grandes ideas reconocidas
por ellos.» (“La función social de la filosofía”, incluido en Teoría
crítica).
La crítica radical sobre nuestro propio sustrato de creencias y costumbres, por tanto, no
debe verse como una amenaza o con temor de perder algo fundamental, sino como algo
que sirve para comprender nuestra cultura como algo producido por nosotros mismos,
por el ser humano en general, considerado de manera colectiva, pero también
consentido por nosotros mismos, individualmente considerados, pues, precisamente por
su carácter producido, también puede ser cambiado, mejorado. No hay porqué
resignarse a lo establecido, sino que podemos influir en ello, en nuestras condiciones de
vida, en nuestro futuro… y cambiarlo, transformarlo.
Tras su crítica de la metafísica en la Crítica de la razón pura, y la correspondiente
declaración del agnosticismo de lo metafísico, Kant tuvo que aclarar:
«A pesar de esta importante modificación en el campo de las ciencias y
de la pérdida que la razón especulativa ha de soportar en sus hasta
ahora pretendidos dominios, queda en el mismo ventajoso estado en
que estuvo siempre todo lo referente a los intereses humanos en general
y a la utilidad que el mundo extrajo hasta hoy de las enseñanzas de la
razón. La pérdida afecta sólo al monopolio de las escuelas, no a los
intereses de los hombres.» (Prologo a la 2ª ed. de la Crítica de la razón
pura, B XXXI-XXXII).
Es decir, sólo quienes tienen intereses particulares de dominio sobre los demás son los
que han de temer la crítica de los fundamentos de nuestra vida colectiva: todos los
demás no tenemos nada que perder, sino mucho que ganar (autonomía). Y de hecho, la
crítica que Nietzsche hizo a la cultura vigente era porque, a su juicio, la consideraba
decadente, negativa, perjudicial, insuficiente para el pleno desarrollo de la humanidad,
por diversas razones. Y su interés principal mediante esa crítica era facilitar o incluso
promover una evolución, un progreso positivo: pues, lo que nos impide evolucionar es
justamente todo aquello que damos por establecido, sin crítica.
Según Russell,
«El valor de la filosofía debe ser buscado en gran medida en su real
incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía, va
por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común,
de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se
han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento
deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse
preciso, definido, obvio, los objetos habituales no le suscitan problema
alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente
rechazadas. Desde el momento en que empezamos a filosofar,
hallamos, por el contrario, como hemos visto en nuestros primeros
capítulos, que aun los objetos más ordinarios conducen a problemas a
los cuales sólo podemos dar respuestas muy incompletas. La filosofía,
aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a
las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que
amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la
costumbre. Así, el disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo
que las cosas son, aumenta en alto grado nuestro conocimiento de lo
que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se
han introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz
nuestro sentido de la admiración, presentando los objetos familiares en
un aspecto no familiar» (“El valor de la filosofía”, en Los problemas de
la filosofía).
No hay, por tanto, por qué temer a la crisis o crítica de los fundamentos, porque sólo a
través de ella es posible mejorar. Y el que teme revisar sus fundamentos «es como el
que no abandona su círculo doméstico por temor a que su palabra no sea ley» (también
en “El valor de la filosofía”, de Russell).
Dice Nietzsche en el Prólogo de su Aurora (§§ 2-3):
«En su día emprendí algo que, sin duda, no es cosa de todos: descendí a
la profundidad, cavé hacia el fondo, comencé a analizar y a examinar
una vieja confianza sobre la que nosotros, los filósofos, solíamos
construir, como sobre el suelo más seguro, desde hace un par de
milenios —una y otra vez, a pesar de que, hasta ahora, todos los
edificios se venían abajo: empecé a socavar nuestra confianza en la
moral. Pero ¿no me entendéis?
[…]. Desde que el mundo existe ninguna autoridad se prestó a ser
tomada como objeto de la crítica; y criticar la moral, tomar la moral
como problema, como problemática: ¿cómo?, ¿acaso no era —y es—
inmoral?
Pero Nietzsche realiza también una crítica generalizada contra el conjunto de lo que
normalmente se ha entendido por filosofía, desde Sócrates-Platón hasta entonces,
fundamentalmente por su carácter dogmático (Prólogo a Más allá del bien y del mal), y
considerándola como la historia de un error (“Sobre cómo el ‘mundo verdadero’ se
convirtió en fábula”, en Crepúsculo de los ídolos), el error de tener que inventar otro
mundo (ideal, supuestamente el verdadero) para poder explicar éste, que es, en
realidad, el (único) que hay. Ese mundo es el mundo de la razón, del intelecto, que no
son más que la capacidad de fingir, y tratan de imponerse… por principio. Por tanto, en
definitiva, el perfil característico de la filosofía que Nietzsche critica como fundamento
de nuestra cultura es el de un racionalismo metafísico dogmático. —Nietzsche se
cuestiona lo que llama la “ecuación socrática”: ¿por qué hemos de dar por supuesto:
«razón igual a virtud igual a felicidad»? (“El problema de Sócrates”, § 4, en
Crepúsculo de los ídolos)..
2) Sobre el interés o la vigencia actual del pensamiento de Nietzsche, ver más abajo
los comentarios al objetivo general de la materia Historia de la Filosofía nº 6.
3) Con respecto a la utilidad pedagógica, tomaré como referencia las capacidades que
contribuye a desarrollar de una manera especial el estudio del texto fijado de Nietzsche,
en el marco del currículo del bachillerato y de la materia específica Historia de la
Filosofía.
En el marco de los objetivos de etapa (Artículo 5 del DECRETO 102/2008, de 11 de
julio, del Consell, por el que se establece el currículo del bachillerato en la Comunitat
Valenciana):
«b) Consolidar una madurez personal y social que les permita actuar de
forma responsable y autónoma y desarrollar su espíritu crítico». —Es
obvio.
«d) Afianzar los hábitos de lectura… como medio de desarrollo
personal». Y «l) Desarrollar la sensibilidad artística y literaria, así
como el criterio estético, como fuentes de formación y enriquecimiento
cultural». —… si se presenta Nietzsche como escritor, no como un
filósofo convencional, y se sugieren textos complementarios de lectura
de su propia obra (no con una intención meramente analítica racional de
los textos propuestos, sino con la intención de mostrar facetas de su
pensamiento y su obra que ayuden a complementar la visión de los
contenidos del texto fijado). Se puede hacer énfasis en la dimensión
artística o estética de su pensamiento y su obra. —Ver más abajo el
comentario al objetivo general de la materia nº 9.
«h) Acceder a los conocimientos… fundamentales y asegurar el dominio
de las habilidades básicas propias de la [materia Historia de la Filosofía];
así como sus métodos y técnicas». Y «j) Comprender los elementos y
procedimientos fundamentales de la investigación y de los métodos
científicos». —A la perspectiva tradicional filosófica tendente al
racionalismo dogmático se opuso primero el empirismo; luego, la
filosofía trascendental enmienda la crítica empirista, recuperando
críticamente la contribución de la razón al conocimiento, manteniéndola
dentro de los límites de la experiencia; y, finalmente, la perspectiva de
Nietzsche es crítica respecto a prácticamente todas las anteriores
(incluido en cierto modo el empirismo y, por supuesto también el
idealismo trascendental kantiano), en cuanto formas de desarrollo de la
filosofía que considera equivocadas (decadentes) básicamente por ser
antivitales. Con el pensamiento de Nietzsche se puede conocer una forma
presuntamente nueva de hacer filosofía, diferente a todas las anteriores y
crítica con todas ellas. Es además, junto con la de Marx, una filosofía de
la acción, frente a las tradicionales filosofías que son principalmente o
fundamentalmente filosofías del conocimiento como contemplación de la
realidad. Su estudio, por tanto, además de completar el panorama de
las metodologías filosóficas, sirve para comprender y ejercer hasta las
últimas consecuencias el espíritu crítico filosófico, llevándolo hasta la
crítica de la propia filosofía, globalmente considerada, y en las
diferentes formas históricas en que de hecho se ha presentado.
«i) Conocer y valorar críticamente las realidades del mundo
contemporáneo, sus antecedentes históricos y los principales factores
de su evolución». —Es obvio: la filosofía de Nietzsche consiste
precisamente en eso.
«j) Comprender los elementos y procedimientos fundamentales de la
investigación y de los métodos científicos. Conocer y valorar de forma
crítica la contribución de la ciencia y la tecnología en el cambio de las
condiciones de vida, así como afianzar la sensibilidad y el respeto hacia
el medio ambiente». —La filosofía de Nietzsche es crítica contra el
modelo de progreso ilustrado (anticipa la preocupación por la dialéctica
de la Ilustración). Aunque en cierto modo y hasta cierto punto defiende
el empirismo y el positivismo de la ciencia moderna, sin embargo, no lo
hace plenamente y de manera ciega, sino en un sentido propio diferente
al que los empiristas y positivistas proponen. Nietzsche es crítico también
con la ciencia moderna en lo que no deja de tener de racionalidad. Su
crítica general de la cultura occidental incluye también la crítica de la
ciencia como forma de racionalidad y su impacto social y en la vida de
las personas, especialmente a través de la técnica.
«k) Afianzar el espíritu emprendedor con actitudes de creatividad,
flexibilidad, iniciativa, trabajo en equipo, confianza en uno mismo y
sentido crítico». —También es bastante obvio: la filosofía de Nietzsche
impulsa la creatividad, la autonomía personal y el espíritu crítico.
Y, en el marco de los objetivos generales de la materia (según el Anexo del citado
DECRETO):
«1. Conocer y comprender los grandes períodos en que se divide la
Historia de la Filosofía occidental, así como su relación con otras
formas de expresión cultural». —El pensamiento de Nietzsche, aparte
de ser una crítica de la cultura heredada, en varios aspectos es también
una buena expresión de la cultura de su época: la idea del genio artístico
y de lo sublime (dionisíaco, sensual) frente a lo meramente bello
(apolíneo, racional) en el romanticismo; sus ecos de diferentes elementos
de la cultura del siglo XIX (la idea del inconsciente en el psicoanálisis; la
filosofía de la sospecha, junto con Freud y Marx; la perspectiva biológica
o vitalista, naturalista; las dimensiones ‘histórica’ y ‘psicológica’ de su
método de crítica), su interés por la antigüedad griega arcaica (la tragedia
griega, las formas de vida primitiva, pre-clásicas), quizá relacionado con
su interés por la ópera (Wagner, —y quizá también con su posterior
alejamiento de éste). Aparte, en Nietzsche se unen de una forma especial
dos formas de expresión cultural: la propia filosofía y la literatura.
«2. Comprender la Historia de la Filosofía como un avance en espiral,
que ha retomado los problemas con un creciente nivel de radicalidad
metodológica». —El pensamiento de Nietzsche se presenta como una
vuelta de tuerca sobre la propia evolución del pensamiento filosófico:
tras el giro epistemológico moderno, que cambia de la realidad como
objeto propio y directo de la filosofía, a nuestro conocimiento de la
realidad como objeto de reflexión crítica, del que Kant rescató, dejándolo
a salvo, el ámbito de la razón práctica, Nietzsche pasa a radicalizar el
espíritu crítico sometiendo a revisión también la propia racionalidad
práctica pura, la moralidad, a la que considera como base u origen de
las diferentes culturas. La idea de centrar su filosofía en una crítica de la
moralidad coincide con la pretensión de ser la crítica radical de los
fundamentos de la cultura. —Cfr. Prólogo de Aurora, § 3:
«A qué se debe que desde Platón todos los constructores filosóficos de
Europa han edificado en vano? ¿Qué todo lo que ellos consideraron
honrada y seriamente como aere perennis amenaza con derrumbarse o
ya está en ruinas? ¡Oh, qué equivocada es la respuesta que aún ahora se
tiene preparada a esta pregunta, “porque todos olvidaron la premisa, el
examen de los fundamentos, una crítica de la razón total” —¡aquella
fatal respuesta de Kant, que con ella nos atrajo, a los filósofos
modernos, a un terreno ciertamente no más sólido y no menos
traicionero! (—y una pregunta adicional, ¿no era un poco extraño pedir
que un instrumento criticara su propia excelencia y utilidad?, ¿qué el
intelecto mismo “reconozca” su valor, su fuerza, sus límites?, ¿no era
esto un poco absurdo?—). La respuesta apropiada hubiera sido que
todos los filósofos, también Kant, han construido seducidos por la
moral—, que su intención se dirigía aparentemente a la certeza, a la
“verdad”, pero en realidad se dirigía a “majestuosos edificios
morales”: para utilizar otra vez el inocente lenguaje de Kant, que
describe como su objetivo y su tarea “no excesivamente brillantes, pero
no del todo carentes de mérito”, “allanar y solidificar el terreno para
aquellos majestuosos edificios morales” (Crítica de la razón pura, II).
Pero ¡ay! No lo ha logrado, al contrario —como tenemos que constatar
hoy. Con este exaltado propósito Kant era el hijo genuino de su sigle,
que puede llamarse más que cualquier otro el siglo de la exaltación:
como también lo sigue siendo, afortunadamente, en lo que se refiere a
sus aspectos valiosos… También a él le picó la tarántula de la moral de
Rousseau, también él llevaba en el fondo del alma la idea del fanatismo
moral… Por otro lado, con tal fanatismo francés en el corazón, no se
podía actuar de una manera menos francesa, y más profunda,
concienzuda y alemana… que la que empleó Kant: para crear espacio
para su “reino moral”, se vio obligado a presuponer un mundo
indemostrable, un “más allá” lógico— ¡para eso mismo necesitaba su
crítica de la razón pura! O dicho de otra manera: no la habría
necesitado si una cosa no le hubiera importado más que todas las otras,
hacer invulnerable el “reino moral”, más concretamente, invulnerable
por la razón, —y es que la invulnerabilidad de un orden moral de las
cosas desde el lado de la razón ¡le parecía algo demasiado fuerte!
Porque a la vista de la naturaleza y de la historia, Kant, como todo buen
alemán desde tiempos inmemoriales, era pesimista: creía en la moral,
no porque sea demostrada por la naturaleza y la historia, sino a pesar de
que la naturaleza y la historia la contradigan constantemente».
«3. Reconocer y analizar problemas filosóficos, principalmente los
estudiados en el curso anterior, en tanto que cuestiones surgidas a lo largo
de la Historia, utilizando textos de cierta densidad conceptual y
argumentativa, estableciendo con ellos una relación de diálogo e
interpretación ante la temática planteada». —El texto seleccionado de
Nietzsche cumple muy especialmente este objetivo, pues se presenta
como una reflexión crítica sobre el conjunto de los principales tópicos de
la filosofía tradicional (considerándolos como ídolos —ficciones— en
decadencia) y con frecuencia añade también la perspectiva histórica,
haciendo referencias críticas a autores particulares (p. ej.: Sócrates,
Platón, Kant, Schopenhauer).
«4. Relacionar las teorías filosóficas con el marco histórico, social y
cultural en el que son o han sido planteadas, junto con otras
manifestaciones de la actividad intelectual humana, valorando la
capacidad de reflexión personal y colectiva para acercarse a los
problemas filosóficos». —Aunque esto es válido para cualquier filósofo
del programa, en Nietzsche y en el texto elegido es particularmente
válido 1) porque focaliza su crítica filosófica sobre la cultura heredada,
en todos sus aspectos; 2) por el carácter híbrido de su obra, entre literaria
y filosófica (poiética); 3) por el carácter histórico, filológico y
psicológico de su método genealógico de análisis crítico; y 4) por su
inclinación hacia una visión estética o artística de las cosas.
«5. Comprender la relación existente entre teorías y corrientes
filosóficas, formuladas en distintos momentos históricos,
reconociendo la variedad de paradigmas de racionalidad que se han
asumido en cada uno de esos momentos, o los que se asumen en la
actualidad, y analizando las semejanzas y diferencias en el modo de
plantear los problemas y las soluciones propuestas». —El texto elegido
de Nietzsche representa también una revisión crítica esquemática de toda
la historia de la filosofía tal como se ha desarrollado de hecho, después
de Heráclito-Parménides, de manera antivital y por tanto decadente,
según Nietzsche, desde el origen de la filosofía racional y metafísica en
Sócrates-Platón. En algún aforismo (concretamente en “Sobre cómo el
‘mundo verdadero’ se convirtió en fábula”), incluso, Nietzsche se permite
realizar una síntesis intuitiva de toda la historia de la filosofía (racional)
como historia de un error, marcando en ella los que considera los hitos
más importantes de la historia de la filosofía como racionalidad.
«6. Reconocer el significado de cuestiones que han ocupado de forma
recurrente a las filosofías, así como la pertinencia y significación de
las cuestiones, doctrinas y debates filosóficos del pasado para la
comprensión del presente». —Toda la filosofía de Nietzsche —y ello se
sintetiza muy especialmente en el texto fijado— es una reflexión crítica
sobre el significado de la reflexión filosófica en su conjunto, y de sus
principales conceptos y problemas, para la vida real y concreta. La
sentencia de Nietzsche para la filosofía tradicional es negativa: la califica
de antivital y, por tanto, de decadente, en la medida en que se centra en la
verdadera irrealidad (la mera ficción de puros ídolos), que nos aparta de
la verdadera realidad, y nos lleva, por tanto, al nihilismo. No obstante, su
diagnóstico crítico no es inútil, ni afilosófico o antifilosófico en sí mismo
o en general, pues, sin él, no es posible corregir esa trayectoria nihilista
desarrollada tradicionalmente por la filosofía. El valor de su crítica es,
precisamente, el de intentar reconducir la actividad filosófica sacándola
de la pura abstracción y la ficción engañadora de la razón (de su
inutilidad) y llenándola de sentido vital, real, concreto y activo, creativo.
La filosofía de Nietzsche tiene interés en la actualidad, porque
actualmente también está cuestionada la utilidad de la filosofía, su
conexión con la verdadera realidad. Y Nietzsche precisamente nos hace
ver que eso sucede no porque la filosofía en sí misma sea inútil o alejada
de la realidad, sino porque sufre ese mal, esa patología, por su efectivo
desarrollo histórico, que bien podría ser o haber sido de otra manera.
Nietzsche propone otra forma de hacer filosofía, primero crítica, para
desenmascarar los ídolos heredados, y luego más creativa y artística, no
exclusivamente racional por principio, no nihilista, no basada en
ficciones de la inteligencia, sino basada, paradójicamente, en la realidad
de la apariencia. Una filosofía que no se arrogue la capacidad de
cuestionar o prejuzgar la vida o el valor de la vida, pues la vida es en sí
misma anterior al propio cuestionar. Una filosofía no exclusivamente
teórica, especulativa, que busque dogmáticamente el ídolo de una sola
verdad y realidad absoluta fuera de las apariencias, que, sin embargo, son
las que para Nietzsche son las verdaderamente reales. Además, la
filosofía de Nietzsche es útil porque nos hace plenamente consecuentes,
llevando la crítica filosófica hasta la propia naturaleza de la filosofía y su
mismo existir. No sería verdadera filosofía una filosofía que no se
cuestionase a sí misma (antes que a la vida, por ejemplo —diría
Nietzsche—). Y la filosofía de Nietzsche, no sólo cuestiona la práctica
totalidad de la filosofía anterior en su conjunto, como fundamento de
toda una cultura —la occidental—, sino que, consciente del valor ficticio
o poiético de toda filosofía, llega a reconocer o considerar incluso la
suya propia como una perspectiva, una creación más, junto a las demás.
Luego, pueden ser juzgadas como perspectivas decadentes o perspectivas
ascendentes, pero, en el fondo, todas igualmente perspectivas,
creaciones del hombre concebido en general como artista (o también
como faber). El mundo de la razón es también una creación del hombre,
entendido en un sentido más general como faber o como artista (Sobre
verdad y mentira en sentido extramoral). Esta sensación de radicalidad y
totalidad de la crítica nos cura de todo dogmatismo y nos hace más
tolerantes, permitiendo la convivencia de perspectivas diversas,
destruyendo el monopolio de la verdad (la ‘idea’, el ídolo, de una sola
verdad). —Volver a 2).
«7. Descubrir la propia posición cultural, axiológica y científica como
formada por una historia del pensamiento ante la cual, por otro lado,
hay que situarse de una manera reflexiva y crítica». —Este objetivo
todo él parece redactado especialmente para el estudio de Nietzsche y
forma parte de la idea de la pregunta 4 de mostrar la vigencia actual del
pensamiento del autor.
«8. Conocer y valorar el esfuerzo de la razón humana en su intento
incesante por plantear y resolver las grandes cuestiones filosóficas». —
En el caso concreto de Nietzsche, y particularmente del texto fijado, el
conocimiento y la valoración de la razón que se obtiene son críticos, pero
también necesarios para alcanzar una visión más objetiva. Los excesos de
la razón también deben ser corregidos, y, de hecho, el propio empirismo
es también un intento de ello (una crítica del racionalismo), del que
surgió la nueva ciencia empírica moderna, que viene a ser la que hoy
conocemos.
«9. Aprender a leer de modo comprensivo y crítico textos filosóficos
de autores diversos y opuestos, compararlos entre sí y descubrir la
importancia del diálogo racional como medio de aproximación a la
verdad». Y «10. Tomar conciencia de la necesidad de comprensión
plena del otro (texto o interlocutor) como condición de posibilidad del
desarrollo del propio punto de vista y de una confrontación teórica
fructífera.». —Esto también es especialmente válido para el estudio de
Nietzsche: por su valor poético, aforístico, no sólo filosófico, la lectura
de sus textos, particularmente, no puede hacerse, si no es muy atenta,
comprensiva, pero también crítica.
«No en balde uno ha sido filólogo, tal vez todavía lo sea, eso quiere
decir: un maestro de la lectura lenta: —al final uno escribe también
con lentitud. Ahora no sólo forma parte de mis hábitos, sino también de
mi gusto —¿tal vez un gusto malicioso?— no escribir ya ninguna cosa
que no desespere a todas esas especies de seres humanos que “tienen
prisa”. Pues la filología es ese arte venerable que exige de su adepto
ante todo una cosa: no entrometerse, darse tiempo, guardar silencio,
hacerse lento—, como una sabiduría y un arte de orfebrería de la
palabra que ha de llevar a cabo todo un trabajo fino y delicado y
que no logra nada si no lo logra lentamente. Pero precisamente por
eso hoy es más necesaria que nunca, por eso nos atrae y nos hechiza
con máxima fuerza, en el interior de una época del “trabajo”, quiero
decir: de la precipitación, de la indecente y sudorosa prisa por acabar,
que con cualquier cosa en seguida quiere “haber acabado”, incluso con
cualquier libro, sea nuevo o antiguo: —pero la filología no acaba tan
fácilmente con las cosas, ella enseña a leer bien, esto es, a leer con
lentitud, profundamente, con respeto y cautela, con segundas
intenciones que han dejado las puertas abiertas, con dedos y ojos
delicados… Mis pacientes amigos, este libro sólo desea lectores
filólogos perfectos: ¡aprended a leerme bien!—» (Prólogo a Aurora,
§ 5).
Y «Si este escrito resulta incomprensible para alguien y llega mal a sus
oídos, la culpa, según pienso, no reside en mí. Este escrito es
suficientemente claro, presuponiendo lo que yo presupongo, que se
hayan leído primero mis escritos anteriores y que no se haya
escatimado algún esfuerzo al hacerlo: pues, desde luego, no son
fácilmente accesibles. [..] Un aforismo, si está bien acuñado y fundido,
no queda ya “descifrado” por el hecho de leerlo: antes bien, entonces es
cuando debe comenzar su interpretación, y para realizarla se necesita
un arte de la misma. […] Desde luego, para practicar de este modo la
lectura como arte se necesita ante todo una cosa que es precisamente
hoy en día la más olvidada —y por ello ha de pasar tiempo todavía
hasta que mis escritos resulten “legibles”, una cosa para la cual se ha de
ser casi vaca y, en todo caso, no “hombre moderno”»: el rumiar…
(Prólogo a la Genealogía de la moral, § 8).
—Volver a los objetivos de etapa.
«11. Desarrollar estrategias […] de análisis de la discursividad racional
y de expresión verbal y escrita del pensamiento filosófico, así como
del propio pensamiento». —El texto de Nietzsche, por la condición de
éste como escritor y/o poeta (en cierto sentido), plantea el reto del
análisis de una forma de racionalidad inusual entre los ensayos filósofos,
pero que el alumno debe también conocer y practicar, pues se trata de un
pensamiento más bien intuitivo que propiamente discursivo o
argumentativo. Este texto fuerza muy especialmente a un análisis del
pensamiento filosófico en su peculiar forma de expresión escrita, por su
carácter aforístico y po(i)ético.
«12. Valorar el esfuerzo por el rigor intelectual en el análisis de los
problemas, la libre expresión de las ideas y el diálogo racional frente a
toda forma de dogmatismo». —El texto fijado, El crepúsculo de los
ídolos, viene a ser una crítica del dogmatismo racionalista filosófico y
religioso, de los dogmas metafísicos o sobrenaturales (religiosos) como
ficciones o ídolos de una realidad inexistente, y, por ello, como formas de
pensar o de vivir en sí mismas decadentes. Invita a la tolerancia de las
posturas diversas, recuperándolas en cierto modo todas como igualmente
válidas o defendibles, aunque sólo sea de hecho, en función de la
voluntad de poder dominante, en cuanto perspectivas –no ya como
pretendidas verdades unívocas.
«13. Apreciar la capacidad de la razón, especialmente en la reflexión
filosófica a lo largo de la historia, para acercarse de modo progresivo a
los problemas éticos, sociales y humanísticos, y para regular la acción
humana individual y colectiva, consolidando la propia competencia
social y ciudadana». —En el texto de Nietzsche se lleva a cabo
expresamente una valoración crítica de la capacidad de la razón y, por
otro lado, su pensamiento en general se considera entre las filosofías de
la acción. Aunque la valoración crítica de la razón pueda parecer
contraria a este objetivo pretendido, en realidad no lo es, pues, de
acuerdo con Kant:
«Nuestra época es, de modo especial, la de la crítica. Todo ha de
someterse a ella. Pero la religión y la legislación pretenden de ordinario
escapar a la misma. La primera a causa de su santidad y la segunda a
causa de su majestad. Sin embargo, al hacerlo, despiertan contra sí
mismas sospechas justificadas y no pueden exigir un respeto sincero,
respeto que la razón sólo concede a lo que es capaz de resistir un
examen público y libre.» (Prólogo a la 1ª ed. de la Crítica de la razón
pura, A XI, nota de Kant).
Y «La razón pura tiene que someterse a la crítica de todas sus
empresas. No puede oponerse a la libertad de esa crítica sin
perjudicarse y sin despertar una sospecha que le es desfavorable. Nada
hay tan importante, desde el punto de vista de su utilidad, nada tan
sagrado, que pueda eximirse de esta investigación comprobadora y de
inspección, de una investigación que no reconocer prestigios
personales. Sobre la libertad se basa la misma existencia de la razón, la
cual carece de autoridad dictatorial. Su dictado nunca es sino el
consenso de ciudadanos libres, cada uno de los cuales tiene que poder
expresar sin temor sus objeciones e incluso su veto.» (Crítica de la
razón pura, A 738 s. / B 766 s.).
«14. Enjuiciar críticamente las opiniones contrapuestas, analizando
los preconceptos, prejuicios y posiciones ideológicas que puedan
existir como condicionantes, así como las conceptualizaciones de
carácter excluyente o discriminatorio que puedan estar presentes en
cualquier paradigma de racionalidad, empleando la potencialidad
argumentativa que proporciona el aprendizaje del discurso filosófico». —
En el texto de Nietzsche, y en toda su obra en general, aparecen
continuamente posturas enfrentadas, incluso a veces fingidas (cfr.
Prólogo a Humano, demasiado humano), que Nietzsche analiza de
acuerdo con su método genealógico, rebuscando y explicitando los
prejuicios latentes.
«15. Exponer correctamente, de modo oral y escrito, el pensamiento
filosófico de los autores estudiados, desde un punto de vista personal y
coherente, basado en el análisis crítico y la comprensión de las ideas
más relevantes de nuestro entorno cultural, aún de las más dispares y
antagónicas». —Con el estudio de Nietzsche se puede comprender
especialmente cuáles son las ideas y formas de pensamiento
fundamentales que vertebran nuestra cultura y también el punto de vista
crítico completamente opuesto, cuya consideración, incluso aunque no se
comparta, puede servir para relativizar esas ideas (cfr. también Prólogo a
Humano, demasiado humano).