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TND (Trastorno Negativista Desafiante: Criterios Diagnósticos

El documento describe el trastorno negativista desafiante, incluyendo sus criterios diagnósticos, síntomas y pronóstico. El trastorno se caracteriza por la presencia de al menos cuatro comportamientos negativos como perder los estribos frecuentemente y desafiar activamente las peticiones de los adultos. Puede causar dificultades en el funcionamiento social, académico u ocupacional. De no tratarse, alrededor del 52% de los niños pueden desarrollar un trastorno disocial.
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TND (Trastorno Negativista Desafiante: Criterios Diagnósticos

El documento describe el trastorno negativista desafiante, incluyendo sus criterios diagnósticos, síntomas y pronóstico. El trastorno se caracteriza por la presencia de al menos cuatro comportamientos negativos como perder los estribos frecuentemente y desafiar activamente las peticiones de los adultos. Puede causar dificultades en el funcionamiento social, académico u ocupacional. De no tratarse, alrededor del 52% de los niños pueden desarrollar un trastorno disocial.
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TND (Trastorno Negativista Desafiante

Criterios diagnósticos[editar]
Para el establecimiento del diagnóstico según este manual, han de estar presentes al menos en los últimos 6
meses cuatro de las siguientes conductas características del trastorno: la frecuente pérdida de los nervios,
discusiones repetidas con los adultos, continuas y deliberadas molestias a otras personas, censuras a otros por
sus errores, mentir a otros para evadir sus obligaciones evadiendo así a sus autoridades, se molestan fácilmente
con otros, suelen enfadarse y estar resentidos y suelen mostrarse con frecuencia rencorosos y
vengativos. Nota: Considérese cumplido un criterio solo si el comportamiento ocurre más frecuentemente de lo que
es típico para individuos de una edad y nivel de desarrollo comparables.

 Un patrón de conducta negativista, hostil y desafiante que ha durado al menos seis meses, durante los
cuales cuatro o más de los siguientes comportamientos están presentes:
o Pierde los estribos con frecuencia
o No le agrada trabajar en actividades pedagógicas
o Discute con adultos frecuentemente
o Desafía activamente o rehúsa acatar las peticiones o reglas de los adultos, con frecuencia
o A menudo deliberadamente irrita a los demás
o A menudo culpa a otros de sus errores o mala conducta
o Con frecuencia aparece enojado y resentido
o Con frecuencia se muestra rencoroso o vengativo
 La alteración en la conducta causa un impedimento clínicamente significativo en su funcionamiento
social, académico u ocupacional.
 Las conductas no ocurren exclusivamente durante el curso de un trastorno psicótico o del estado de
ánimo.
 No se cumplen los criterios para trastorno disocial y, si el individuo tiene 18 años o más, los criterios no
se cumplen para el trastorno de personalidad antisocial.
Si el niño o niña cumple al menos cuatro de los anteriores criterios, y estos interfieren con su vida normal, entonces
técnicamente cumple con la definición.1
El trastorno en general, hace referencia a la manifestación de conductas excesivamente groseras, de rebeldía ante
la autoridad y provocativas. Son más frecuentes con niños/as y adultos que el sujeto conoce bien, por lo que la
aparición de éstas es más frecuente en el hogar y pueden no darse en el ámbito escolar.
Esta posible variedad intersituacional de la conducta puede dificultar el diagnóstico, y hay que tener prudencia
porque aún dentro de la normalidad, las conductas insolentes y desafiantes son frecuentes en niños/as y
adolescentes. El trastorno es más habitual en niños/as que han mostrado en la edad preescolar problemas de
temperamento y alta actividad motora. También suele aparecer asociado al Déficit de Atención
con Hiperactividad y a los Trastornos del lenguaje y de la comunicación. Al mismo tiempo, los niños/as con este
trastorno suelen presentar a lo largo de los años escolares baja autoestima, humor variable, baja tolerancia a la
frustración.
En lo que respecta al curso del trastorno, éste suele aparecer, de forma gradual, antes de los 8 o 9 años y
preferentemente en el ámbito familiar para luego extenderse a otros. Un inicio temprano suele ser indicio de futuros
trastornos de conducta. La presencia del trastorno es más común en familias en las que existe un problema en la
relación de pareja, o en las que alguno de los progenitores posee una historia de Trastorno de Conducta,
Trastornos del Humor, de la Hiperactividad o de la Personalidad Antisocial.

Pronóstico[editar]
El trastorno negativista desafiante está asociado con el trastorno disocial.2 Sin tratamiento, alrededor de 52 % de
los niños con TND continúa cumpliendo con los criterios y alrededor de la mitad de ese 52 % llegarán hacia
un trastorno disocial.3Es posible que se presenten otros trastornos en situaciones de comorbilidad con el Trastorno
Negativista Desafiante; el más frecuente es TDAH. Se conoce que más de un 30 % de los niños con TDAH van a
desarrollar Trastorno Negativista Desafiante[cita requerida]. Por ello es importante no descartar que los pacientes que
acudan por primera vez a consulta tenga TDAH cuando el motivo de consulta es oposicionismo o conductas
desafiantes. Debido a las dificultades que provoca el Trastorno Negativista Desafiante en la convivencia y para
relacionarse puede hacer que solo se centre en este problema y que se obvie preguntar por síntomas de TDAH.

 Factores Genéticos. Hoy en día parece demostrarse que en los niños/as con estos trastornos existen
factores herederos de tipo neurofisiológicos, psicofisiológicos y bioquímico, que predispondrían al
sujeto a manifestar conductas infantiles aversivas y dificultades en el aprendizaje.
 Factores Ambientales. Juegan también un papel determinante en la génesis y desarrollo de los
Trastornos de Conducta.
Responsable de que el individuo desarrolle adecuados intercambios con el ambiente, va a ser en gran parte la
familia, que se constituye no sólo como el entorno en el que más frecuentemente está el individuo sino también
como lugar en el que acontecen los principales aprendizajes del sujeto.
Los frecuentes conflictos matrimoniales pueden generar en el niño conductas agresivas incluso ya desde muy
temprano. Y las pautas educativas e interacciones familiares parecen jugar también un importante papel.
Elementos como el rechazo paterno, la permisividad frente a la agresión, una agresiva tendencia a castigar, una
deficiente comunicación padres e hijos y las relaciones agresivas con los hermanos, contribuyen a la aparición del
Trastorno de Conducta tanto de forma indirecta como directa.

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