Dehesa 2000
Dehesa 2000
A excéntrico Café-Concert de la Ciudad de México, llegó su Charro Negro con aspecto y ánimo como de damnificado
francés. Supongo que al cierre del 99 le metí tan veloz intensidad que, como nos suele suceder a los hombres que
somos muy hombres y muy veloces, me pellizqué con el cierre partes muy sensibles de mi ser. Estaba yo derrengado
física y moralmente. La vera jugadita que, a dos manos, realizaron el sistema laico y la jerarquía religiosa, para
proporcionarle un discreto chamulazo a Mons. Vera, tiene toda la pinta de lo que en futbol americano llamamos rudeza
innecesaria y, para peor, gratuita e improductiva. Ya nada más falta que Albores tome los hábitos (los buenos; porque
los malos ya los tiene) y, en un metéorico ascenso nos lo presenten como Monseñor Croquetas, novísimo pastor
(alemán) de San Cristóbal. Con eso iba yo cargando, o, como diría mi tía Chelo: con esa pena estoy. Con esa y con la
de saber que Europa está patas para arriba por el horror chechenio y por las catástrofes naturales tan
minuciosamente provocadas por la insensatez y la avidez humanas: ya le metimos los dedos al ventilador y ahora nos
sorprende parejamente el dolor de dedos y la locura del ventilador. Más cosas traía yo en el costal: la recentísima y
legislativa constancia de que el PRI -metido a jugar billar político- sigue siendo diabólicamente magistral y la oposición
(llámese PAN o PRD) por ingenuidad, o por asuntos menos confesables, no le atina ni a la bola (ni a los Bolios) y deja
el paño como la gabardina de Cantinflas (y todavía publican desplegados que hablan de "logros y conquistas"). El
caso es que IPAB dado, ni Dios lo quita. Salinas organiza su megabanquete en Acapulco; Zedillo, con la satisfacción
de que ya logró lo que se había propuesto con los marginados (ya juntó 40 millones) se fué al Centro Castellano y,
nada más para abrir boca, zumbóse dos botellucas de Vega Sicilia ($6,900 el pomiux a cargo, supongo, de PEMEX o
del IPAB). El Divino ya consiguió que sus braveros guaruras obtengan la dulce libertad y la judicial promesa de que le
van a restaurar la barda de su casa, notoriamente dañada por los timbones perjudiciales que, en tiempo récord (seis
horas) cometieron el desacato de ingresar a su divina mansión. Ni Villanueva, ni Gloria Trevi, ni el semidivino Andrade
aparecen y, lo que es peor, a la gente estos asuntos ya le importan un puro y celestial turrón de Alicante. Greenpeace
anuncia que cada día desaparecen cien especies (nuestros hijos ya no las conocerán); se extingue el eslavo cetáceo
llamado Yeltsin y lo sustituye el viril Putin; George Harrison convalece con una pequeña ayuda de sus amigos y Juan
Gabriel nos anuncia que el siglo XX, todavía no se anima a aliviarnos con su ausencia. Con eso y con dos milenios a
cuestas llegué y me encontré con una sala medio vacía (medio llena) poblada por misteriosos compatriotas que, por
inexplicables razones, se animaron a asistir al estreno de "Adiós milenio cruel". Con todo y todo salimos al escenario a
cantar y a platicar. La esperanza le fué ganando a la crueldad y, al salir, México seguía. Otra razón (para no hablar de
los abrazos) para subrayar la activa y retadora esperanza.
El Siglo Pasado
No va a estar fácil para los sobrevivientes de ese siglo veinte que tantas pasiones y odios y pasmos y sorpresas nos
provocó, comenzar a decir cosas como ésta: Agustín Lara, un compositor del siglo pasadoà ¡Horror! Dénse de santos,
si hacia el 2030, comenzamos a resignarnos a que enigmas como Tlatelolco se conviertan en "disturbios poco claros
que ocurrieron en el siglo anterior".
Siglo XX cambalache problemático y febril; no me resigno a que ya no seas, pues también dejaría de ser yo. Presiento
ya la irrisión de las nuevas generaciones cuando les cuente de Avándaro, de José Alfredo, de los artículos que
escribía a mano y en una hoja de papel revolución, de los tacos al pastor y de mi primitiva incapacidad ya no digamos
para ingresar a internet, sino para encender la computadora. Como en pesadilla de Bradbury, harán visitas guiadas a
mi casa y los escuincles conocerán a un pirado que todavía colecciona libros ¡y los lee! Lo que me consta es que
México persiste; que la Hillary encontrada, atrapada y domesticada(?) en el siglo XX, también ¡aleluya! sigue aquí; que
yo estoy estrenando unos turbadores calzones rojos adquiridos en el siglo XX y que, en resumidas cuentas, no hay
prueba matemática de que no siga vivo -con todo y mi cuate Aguilar Zínser- el repulsivo y maravilloso siglo XX; el
único que tengo a mano y que tengo en mente y en amor.
Cualquier correspondencia con esta inaugural columna, favor de dirigirla al correo electrónico
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, D.F.
Gaceta del Angel / ¿Así o te quito
Por
Germán Dehesa
(04-Ene-2000).-
Doña Leonor Acevedo viuda de Borges murió a los 99 años. El concurridísimo funeral estuvo presidido por un
inconsolable anciano ciego cuya vida entera estuvo vinculada con la de la mujer que ahora yacía muerta. Muchos
pésames -casi todos previsibles y adocenados- tuvo que escuchar Borges. Uno de ellos resultó especialmente
extravagante y corrió a cargo de una anciana amiga de su madre que se acercó a nuestro escritor y le dijo: ¡Pobre
Leonorcita, y pensar que estuvo a punto de cumplir los 100 años! Borges la buscó con sus ojos ciegos y afligidos y le
dijo con su implacable ironía: Señora ¿no tendrá usted demasiado aprecio por el sistema métrico decimal?...No se
sabe lo que contestó la cuatacha de doña Leonor; pero, por lo que veo, el común de los mortales y los organizadores
de celebraciones turísticas, no tienen tan sólo aprecio, sino adoración por el sistema decimal. Lo acabamos de
comprobar con el triple y aniquilante final de década, de siglo y de milenio que, contra el aviso de científicos y
matemáticos del oriente y el occidente, hemos conmemorado, a gran costo, pero con poco rendimiento, en los días
pasados. Yo no soy matemático chino; por lo menos, no me lo han notificado, pero por más que atisbo, no encuentro
el menor aviso de que algo ha cambiado. Mi alma cobija una perplejidad plenamente vigesimónica. Y que conste que
todavía no gana Labastida, ni el PRI agarra carro completo con Paoli en calidad de garrotero; si esto es así,
tendremos que aceptar que lo peor del siglo XX sigue vivo.
Esto, por lo que se refiere al mundo exterior. Si revisamos nuestro pantanoso mundo interior, llegaremos a
conclusiones similares: la democracia es todavía una galaxia muy lejana y son minoría los que ya han asumido los
duros deberes de la libertad. Aún su Charro Negro que se considera aceptablemente libre, vive con temor y temblor
los cotidianos retos de esa inevitable contraparte de la libertad que es la toma de decisiones. Ahí los quiero ver. Todo
comienza con el ¿me levanto o no me levanto? (con razón le tronó el microchip a Hamlet). Todavía sin resolver esta
opción de destino, aparece la Hillary y pregunta: ¿vas a desayunar? ¿vas a querer lo de siempre o, como siempre,
quieres alguna otra cosa? ¿tu café lo quieres sólo o con leche? ¿poca, mucha, o regular de leche? ¿pan tostado o sin
tostar? ¿le ponen mermelada dietética? ¿tu café lo quieres con azúcar, Canderel, o café café? ¿lo quieres ahorita, o
primero te bañas?... Llevo dos minutos despierto y mi cerebro y mi corazón ya están agobiados por la dicha de la
libertad y están a punto de ponerse a las órdenes de Hugo Chávez para que él decida por mí. No lo haré; pero que
tampoco me vengan a mí, hombre del siglo XX, con la historia de que la libertad es una bella mujer con los pechos al
aire (¿el derecho o el izquierdo?). Digamos que muy al estilo de Borges, la libertad es incesantemente un jardín de
senderos que se bifurcan. ¿Así o te quito?
Este es otro asunto que confirma la certeza que compartimos la ciencia china y el de la pluma, de que el siglo XX salió
más elástico y durable de lo que imaginamos: mujeres y hombres seguimos totalmente de acuerdo en todo lo que no
importa y en franco desacuerdo en todo lo relevante. Un ejemplo dramático: a los mexicanos nos gustan las mujeres
llenitas, tirando a Rubens; las mujeres tenochcas, por ciegos mandatos de las desnutridas revistas yanquis, con la
discutible coartada de la salud (es que flaca, me siento otra. No. No es que se sientan otras: son otras) y, en última
instancia, nada más por fregar, han decidido cultivar el modelo Modigliani mejorado; es decir, más tilicas, más
pescuezonas, con ojos como de que les acaba de tronar el bóiler y con el cuerpo de funda de paraguas. Sus amigas
les dicen que se acaban de quitar 20 años de encima (y se los aventaron al marido); sus médicos felicitan a estas
momias de Guanajuato y las pasan a eso que llaman "dieta de mantenimiento" que las dejará con el aspecto ideal:
mapaches disecados. Los otrora abundosos senos se han convertido en unos limoncitos pachichis (valga la
redundancia) y de aquellas nalgas que tanto prestigio nos dieron en el extranjero ya quedan unas lánguidas burbujitas
como de prófugas de Kosovo. Habrá quien diga que tales campamochas post-modernas conservan su atracción. Lo
que me consta en este tiempo extra del siglo XX es que podrán conservar atracción, pero ya no tienen tracción (¿de
dónde se agarra uno, criatura?). ¡Petaconas de todo el país!: ¡uníos!
Cualquier correspondencia con esta columna aniquilada de tanto tomar decisiones, favor de dirigirla al correo
electrónico [email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, D.F.
Por
Germán Dehesa
(05-Ene-2000).-
¿Qué le dieron a Francisco Labastida el día del "mitote"? No está en sus cabales. Ya desde que declaró que las
cortaba para siempre con Salinas (creador, padre y fabricante del malogrado Colosio) y hacía suyo el ideario de Luis
Donaldo (¿cuál? si no le dieron tiempo ni de montar en su caballo); ya desde entonces me trae preocupado el
desgobierno verbal del candidato oficial del partido que está cada vez más cerca de tí (se acerca la mano pachona).
Con motivo de un muy respetable duelo familiar, Don Pancho se aplacó durante unos días, pero ahora ha vuelto a la
carga y de alguna manga se sacó la autodestructiva declaración de que no descansará hasta que el PRI se convierta
en un ariete contra la corrupción. Omaigod! ¿Ya le tomaron la temperatura al candidato? Si lo que dijo, lo dijo en sus
cabales, ya estuvo que no descansó durante, por lo menos, un milenio. Yo he leído de los aqueos sitiando a Troya,
conozco del sitio de Tenochtitlán por una cortesía de españoles, tlaxcaltecas y demás tribus; lo que nunca había
llegado a mi conocimiento es el singular caso de que sitiados y sitiadores sean los mismos. No pienso ñy ya lo he
dicho antes- que el PRI tenga la exclusiva de la corrupción, pero no tengo duda de que son los accionistas
mayoritarios; y como bien dice el supremo principio que rige las relaciones policíacas en este país: perro no come
perro.
En un arrebato de imaginación y como mágico efecto de la falsa entrada del falso milenio, supongamos que Labastida
pensó lo que estaba diciendo y que está intrépidamente dispuesto a aniquilar la corrupción a golpes de PRI, ¿a quién
va a encargar de las investigaciones?, ¿qué va a hacer cuando, sobre su escritorio, se amontonen los expedientes de
tantos y tantos compañeros de partido? ¿y si le llega en dos tomos con apéndices el historial de Roberto Madrazo, o
el de tantos y tantos "distinguidos priístas". Va a ser como la rosca del milenio: no van a alcanzar las rebanadas. Yo
opinaría que no hay que andar declarando a lo menso y que la ciudadanía se preparara para darle su voto a aquél que
menos gansadas declare (va a estar reñidísimo).
Desde hace varios días me he estado aguantando las ganas de proclamar públicamente mi admiración y respeto por
Don Jorge Rodríguez y Rodríguez, orgullo legítimo de nuestro poder judicial. Terminó su responsabilidad y lo hizo con
la debida galanura y con el afecto de todos los abogados decentes de este país (y hay muchos). Ya de salida, surgió
la amenaza de un borrón en su historial: un bono (un bonito bono) por 700 mil pesos. Comenzaron los rumores, pero
no pudieron crecer; en un gesto que lo honra (y que deshonra a tantos cuya honorabilidad ya estaba por verse), Don
Jorge devolvió el bono de la discordia, su conciencia quedó en paz y nosotros nos quedamos pensando que, si bien
hizo lo correcto, la sociedad mexicana tiene una impagable deuda moral con Jorge Rodríguez y Rodríguez. Gracias.
De Pirata a Rielero
El Capitán Bucle está loco y es de una volubilidad solo equiparable a la Talamantes (RAT) o Barbosa. Durante más de
18 meses declaró su náutica pasión. Sin embargo, bastó con que su extravagante abuela (mi suéter Azul) le regalara
de Navidad un trenecito eléctrico para que el pequeño coadjutor mudara de diócesis y de sindicato. El resabiado
Mullor ya habría declarado que era un asunto "puramente eclesial"; yo, que no sé latín, declaro que es una
desgraciadez (lo de Vera y lo de mi hijo). ¿Ahora qué hago con tanta porquería náutica que compré? Mi esperanza es
que todo sea un fugaz trastorno provocado por andar viendo a Juan Gabriel y sus milenarias lonjas y que pronto
volvamos a la vocación marítima. Eso, o vendo los tiliches marítimos y me compro una faja reductora (o se la compro
a Juan Gabriel). Yo les cuento en que para esta absurda historia del marino metido a ferrocarrilero.
Cualquier correspondencia con esta columna que se abstiene de declarar, favor de dirigirla a [email protected]
o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
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Germán Dehesa
(06-Ene-2000).-
Hace muchos, muchos años, cuando yo tenía papá y mamá y familia completa; solía, a ciertas horas de la tarde,
tomar las instalaciones del comedor de la casititita donde vivíamos y ahí, so pretexto de hacer la tarea, nos
dedicábamos los cuates, los primos y el de la pluma a practicar todo tipo de juegos de azar que aún hoy están
prohibidos en Las Vegas. En el pleno fervor del naipe, se recortaba contra el horizonte de la puerta del comedor, la
nítida silueta de mi padre que con voz tranquila y enérgica decía estas sibilinas palabras: ¡Fuera capas!, traigo ganas
de comerme un pollito. Con eso bastaba. En nueve segundos y centésimas ya estábamos todos sentados en la
banqueta (la escarpa, le dicen en Yucatán), no sin haber guardado previamente fichas, barajas, frijolitos y demás
adminículos pecaminosos. Ahí estábamos todos sentados, sin aliento y sin una idea clara de por qué habíamos
corrido como marranitos en vía rápida. ¿Qué es eso de "fuera capas"? preguntaba alguno. Yo, experto en
dialectología paterna, traducía: quiere decir que nos larguemos hechos la bala y con un rumbo que en las casas
decentes no se menciona. Ah, decía otro, ¿y lo del pollito? Eso quiere decir, proseguía yo, que hace mucho que no le
da a nadie un buen entre de cuerazos (de hecho, nunca se lo dió a nadie). Ah, pues qué bueno que nos salimos,
concluía mi primo El chilaquil que nunca, ni de lejos, fue el Einstein del grupo. Nosotros no lo sabíamos en aquella
época ruizcortinista, pero nos estábamos iniciando en el difícil e indispensable arte de la hermenéutica, sin el cual, un
mexicano está destinado a vagar entre sombras y como en un bosque de espejos. Dicho de manera muy rupestre, la
hermenéutica consiste en poseer las claves para saber qué dicen realmente una persona o un texto, cuando dicen tal
o cual cosa. Es asunto de tener herramientas para conseguir que el hablar hermético (privilegio de los políticos y
demás figuras paternas de este país) se convierta en hablar abierto y al alcance de los ciudadanos.
Tenemos un ejemplo todavía vivo e intrigante de lo que estoy tratando de decir. Labastida, sin permitir siquiera que
nos repongamos del milenariazo, alza la voz y dice que está dispuesto a que el PRI encabece la lucha contra la
corrupción. Lo acaba de decir y ya los hermeneutas están trabajando a todo lo que dan. En unas cuantas horas, ya se
han creado las más divergentes teorías acerca de lo que realmente quiso decir el abanderado (¿qué voy a hacer, si yo
soy el abanderado?) del PRI. Hay quien dice que lo dijo para ver qué cara ponía Hank; otro experto sospecha que la
declaración nació del exceso de bacalao y Sidra Santaclós que se zumbó el candidato en Navidad y Año Nuevo y que
todo es resultado del desvarión concomitante. Otro afirma que Labastida andaba muy deprimido y que el resultado es
la autodestructiva declaración. Interpretaciones hay miles. En lo único en que todos están de acuerdo es que no pudo
haberlo dicho en serio. La paz vuelve a los domicilios priístas (tres por cada militante).
Tres o cuatro amigos recorríamos la bahía. Uno de ellos fungía por entonces como Procurador del D.F. A él le
pregunté acerca del desastrado final de mi admirado Polo Uscanga. El me platicó que la solución del enigma era
clarísima, pero inverosímil. Se trataba de una forma no tan inusual del suicidio en la cual alguien le paga a un tercero
para que le de muerte. La investigación es concluyente, pero la opinión pública que está muy prejuiciada contra
nosotros (¿por qué será?) no lo va a aceptar. Así me dijo y ahí terminó la plática. Ahora me cuentan que ya apareció
el asesino de Polo Uscanga y me platican que le dicen "El grandote". Volvemos a la hermenéutica. ¿Mentía el otrora
procurador?, ¿Me estaba hablando en clave?, ¿Será "El grandote" el asesino o el colaborador de Don Abraham? Una
prueba más de que el siglo XX prosigue y nos persigue.
Se me olvida que existen las ciberféminas. Me traen frito. Lo único que yo hice fue manifestar mi alarma estética ante
la pérdida de uno de los más nobles atributos de la mujer mexicana, espejo (de tres lunas) de virtudes. Veo que no
tendría que haberlo hecho. Las hay que me dicen que soy un embozado machista que gozaría viendo a las mujeres
en estado de sujeción. Falso. A mí me encanta ver a las mujeres, pero no veo por qué la aguayónica abundancia tiene
que equivaler a dependencia o esclavitud. La Hillary ya se encrespó también porque dice que la bronca va directito
contra ella, pero que le vale, pues nunca se ha sentido mejor en su vida. ¡Pues que padre! La peor es mi amiga Carola
que amenaza con demandarme por plagio, pues me cuenta que ella y varias amigas ya tienen registrado el concepto
de petaconas como marca de fábrica. ¿Saben qué? ¡Hagan lo que quieran! (siempre lo hacen); nomás luego no se
quejen de la brutal indiferencia que sus magras carnes fat free provoquen en el sector masculino tan urgido de
proteínas. Y ya.
Cualquier correspondencia con esta columna hermenéutica columna, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Germán Dehesa
(07-Ene-2000).-
Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé... Ya verás, lectora lector querido, que ando vallejiano: triste, oscuro y
mineral. La noticia que acabo de recibir no es para menos. A mí, a los personajes de la tragedia griega y a las
criaturas de Rulfo nos ocurre lo mismo: nuestra varonil intuición femenina nos avisa con tiempo de la proximidad de la
desgracia, pero de inmediato, nuestra intuición masculina nos dice: no va a pasar nada... no seas paranoico...ya sería
mucha mala suerte...Y así vamos diluyendo nuestra premonición, hasta que la desgracia ocurre. Ya ocurrió. No hace
muchos meses la ví venir con claridad meridiana. Dirigíame a mi trabajo y exactamente a la vuelta de mi casa, mi vista
tropezó con un lote baldío súbitamente habitado por chalanes y oficiales de todos los ramos de la construcción; había
también todo tipo de transportes oficiales: palas mecánicas, apisonadoras, camiones de volteo y camiones de
transporte (que eventualmente también se voltean). Se trata de una avenida del Pedregal aceptablemente amplia. El
tráfago de la construcción dejaba un espacio mínimo para que circuláramos los que militamos en la perrada. A la
sacrosanta hora de la comida, la Hillary me comentó que ella también había descubierto y padecido la inusitada
actividad; su poder deductivo la llevó a una conclusión irrefutable: van a construír una casa. Luego vino la natural
pregunta: ¿para quién será? Mi respuesta fue fantasiosa pero razonable: para la novia de Aladino; sólo en las mil y
una noches construyen un palacio a tal velocidad. Mi respuesta fue esencialmente correcta. Si tomamos en cuenta el
azaroso camino que llevó a Ernesto Zedillo al poder; si le asignamos a Carlos Salinas el papel de perverso y oriental
mago que, muy a su pesar, pone en manos del distraído jovencito la lámpara maravillosa (la puritita y priísta lux)
concluiremos que estamos, una vez más, frente a la historia de Aladino en versión post-moderna y politécnica. En
menos de lo que el Divino se tarda en conseguir un amparo, la casa estaba ya terminada y, sin ánimo de ofender, me
parece que es como de narco, o como de nuevo rico. Hasta llegué a pensar que sería la nueva sede del Museo
Nacional de la Charrería: parabólicas por doquier, acabados early ñero, cámaras de TV para que no se cuele la
chancla perredista; policías a todas horas y en la calle dos nuevos e inmensos topes modelo CGH. Sí, amiguitos, voy
a ser vecino de Zedillo. El infaltable lambiscón ya dijo que se trata de "una casa digna" (de dinamitarse). Es una
mansión (que, yo supongo, Zedillo pagó íntegramente con sus ahorros); pero llegará la noche y subiré a la azotea con
banjo y batería y en honor de mis nuevos vecinos, pienso ejecutar variados y gustados éxitos; entre otros un hip hop
titulado "El error de diciembre" y una baladita country que he bautizado: "No traigo cash". Seremos muy felices.
Muy acorde con la pacífica espiritualidad que debe reinar en estas épocas, en el Congreso Yucateco tuvimos rosca de
reyes y el congresista local Gaspar Xiu Cachún hizo uso de la palabra y la dejó irreconocible. Supongo que el clero no
goza de sus simpatías, porque desde la tribuna y acicateado por el exceso de xtabentún se aventó como pantera
maya contra los ministros del culto. Nada más para abrir boca, don Gaspar dijo que los curas eran homosexuales,
aunque no todos; el resto eran degenerados que se la pasaban engendrando mayitas que no les dicen papás, sino
tíos (a lo mejor a don Gaspar sus hijos le dicen papá y, en una de esas, es su tío. Justicia poética). Nomás lanzó su
grito de guerra don Gaspar y de inmediato se formaron los bandos y el consecuente zipizape. Insisto: el siglo XX no
ha terminado; lejos de eso, prosigue en estas disputas inútiles e intolerantes que nuestro país arrastra desde el siglo
XIX. Quiero creer que don Gaspar está conciente de que no es para eso que el pueblo yucateco le paga un salario.
Cualquier correspondencia con esta columna que es un vecino distante, favor de dirigirla al correo electrónico
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Por
Germán Dehesa
(10-Ene-2000).-
Las opiniones, las propuestas y los obsequios que Jesús Silva-Herzog Márquez nos trae de sus dilatados viajes como
lector, constituyen una promesa cumplida del pensamiento joven en español. Me siento muy bien de compartir con él
estas páginas y muchas opiniones. Todavía me da más gusto tener alguna diferencia que, a la postre, resulta
perfectamente salvable mediante un buen diálogo. Muchos hemos dicho que nuestro país ya no puede ser de
unanimidades. Lo decimos con gran entusiasmo, pero a la hora de la práctica, la cuestión ya no es tan fácil y
Siqueiros vuelve a aparecer por ahí con su oxidado dogma: "No hay más ruta que la nuestra." Examinemos un caso
reciente: JSHM publica un artículo acerca de aquellos seres que llamamos, no sin admiración, "consistentes" porque
lo que pensaron a los ocho años es lo mismo que pensaron a los 40 y que ahora piensan a los 80. Yo no sé qué
opinen ustedes, pero a mí estos seres que logran convertir su limitado juicio del pasado en un sólido prejuicio del
presente me parecen, como a JSHM, muertos vivientes incapaces de someterse a las nuevas realidades y horizontes
que la vida va trayendo; además, me caen gordísimo. Yo siento una cierta ternura por el que fuí a los 15 o a los 25
años, pero difícilmente me reconozco en sus opiniones y muchas de ellas me parecen lamentables. En esta otra
esquina tenemos a los guapachosos "inconsistentes" que ayer pensaron algo, hoy no pensaron y mañana pensarán
algo totalmente distinto (señora: no estoy escribiendo esto para que usted se ponga a pensar en su marido). Los
consistentemente inconsistentes, no me lo negarán, son también una plaga de la humanidad y no hay modo de tratar
con ellos. ¿Qué hacer? JSHM tiene una propuesta muy interesante y muy humana cuando propone que nuestro
ámbito, si queremos seguir vivos, es el de una inconsistente inconsistencia. Puesto en español más al uso: asumir la
novedad de todas nuestras edades, pero no suponer que cada madrugada o cada milenio, para el caso da lo mismo,
nos traen una edad nueva. Mucho me gustó ese artículo y en cuanto tuve a la vista a JSHM me lancé a felicitarlo
consistentemente. Para mi enorme sorpresa, JSHM me comentó que lo había escrito a raíz de un comentario que yo
había vertido en radio o en TV en elogio de una canción de Silvio Rodríguez titulada "Me muero como viví". En ella
Silvio hace un incompartible acto de fe en la actual revolución cubana. Hace 30 años yo hubiera sentido la canción
como mía; ahora es de Silvio y él, por sus propias razones -respetables algunas, insostenibles otras- insulta a los
herejes y se dispone a morir aferrado a esa deteriorada ilusión primera que a tantos nos hizo despertar y movilizar
nuestra conciencia. Entiendo las razones de JSHM; con todo y ellas yo rescato para mí el título de Silvio: yo también
me quiero morir como viví: dudando, equivocándome, corrigiendo, tratando de comprender y procurando que mi
espíritu no acepte verdades terminales y definitivas. Me parece que esto resolvería la contradicción y que JSHM y su
Charro Negro podremos morirnos como hemos vivido.
¡Viva la Coherencia!
Quizá sigamos veladamente en el mismo tema: consistencia versus inconsistencia y con ello lo ilegible que resulta
México en este final o principio de milenio. El pequeño Andrés, por sus purititas y minúsculas pistolas, decide
abandonar la navegación y seguir la férrea senda de Demetrio Vallejo; los priístas se lanzan en bola (es su fuerte:
lanzarse en bola) a defender, no a la patria, sino a Paoli Bolio. Por el contrario, los panistas que tan gallardamente y
pensando siempre en el bien de México, le dieron al PRI la ayuda indispensable para lanzarnos esa recta de humo
llamada Fobaproa, ahora quieren hacer Paoli pibil y devorarlo en rebanadas muy finitas. El indiciado asesino de Polo
Uscanga, conocido en la buena sociedad como "el Grandote" resulta ahora amigo de Barco, garganta fuerte de los
Pancho Villa y ¿quién lo diría? militante del PRD. Los Coparmexos, tras intensas y sesudas deliberaciones, han
decidido, quizá por experiencia propia, que si a un buen salario mínimo (¿existe tal cosa?) se le añaden buenas
propinas, el trabajador ya la hizo y la hizo en grande. Si leemos que la PGR incautó una casa de narcos en
Guadalajara y que ahora se la renta a otros narcos; si escuchamos a Lira Mora que un día declara que los ires y
venires del Obispo Vera no son de su competencia y, días después, leemos que Lira Mora se le fue a la yugular al
mencionado Obispo. Si vimos el horripilante partido Necaxa-Manchester que, sin demasiado apuro, podría haber
ganado el Necaxa y que terminó en empate. Si nos asomamos a todo esto, veremos que no hay lógica aplicable.
Vivimos en un territorio que podría llamarse "Ernesto en el país de las maravillas". Me doy (por hoy).
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Gaceta del Angel / Que digan que estoy dormido (y que me traigan al PRI
Por
Germán Dehesa
(11-Ene-2000).-
Regreso de unas breves vacaciones y con ese cansancio sin orillas que sólo puede ser producido por un período de
descanso en compañía de niños, la Hillary y su Charro Negro caemos desmayados sobre nuestro añorado y
levemente pando lecho conyugal. Así permanecemos aproximadamente tres minutos. Por fatiga acumulada y por la
emocionante recuperación de nuestro ambiente natural, las condiciones eran ideales para petrificarnos de sueño
durante un mínimo de 15 horas. Algunas etnias tienen espíritu vagaroso y viajero; algunas otras, como la mexicana y
la de los jugadores del Manchester United, nos resignamos a viajar, pero bien sabemos que en dos días, estaremos
ganados por la nostalgia de nuestra cama, el inconfundible olor de nuestra casa, el caos vial tan propicio a la
meditación y al aprendizaje de lenguas extranjeras, los rostros reconocibles y mi prima la Buga. Para un mexicano
común lo mejor de los viajes es el regreso. Por todo esto, no entiendo muy bien por qué, a los tres minutos de
derrumbarnos exánimes, la adrenalina volvió por sus fueros y la Hillary pudo conversar con cierta coherencia 45
minutos más y yo, por mi cuenta, decidí que era el momento ideal de revisar correspondencia atrasada y de hojear
"Proceso" y los periódicos pendientes de lectura. Así me vine a enterar de que el enigmático capirucho político-eclesial
que sacó de la jugada a don Raúl Vera sigue haciendo ruido y, hasta el momento, no se entiende, ni se acepta bien.
Vicente Fox, por su parte, se trepó al retinto porque el TRIFE decidió en sentido contrario al IFE y prohibió la clonación
de la imagen del guanajuatense en las boletas electorales; unos chavos aceleradones se fueron al aeropuerto y
enarbolaron unas pancartas que decían: Avisen al mundo que ya comenzó la represión en México (no me imagino a
los plomeros de Milwaukee que vinieron a Huatulco avisándole nada al mundo; en cuanto a lo de "ya comenzó la
represión", creo que el anuncio lo tendrían que haber hecho, en su momento, los aztecas y generaciones
subsecuentes). Si me permiten opinar, la decisión del TRIFE puede ser más benéfica que perjudicial para Fox,
máxime que ya encontró la sutil añagaza de dejar en blanco su silueta. El único daño real es que hayan dejado al
ecológico tucán.
Otro asunto: los trabajadores recibieron un raquítico aumento al salario mínimo y los líderes que dicen luchar por sus
derechos y por obtener hermanas de los periodistas declararon que los tiempos no estaban para exigir más (será cosa
de esperar otros tres milenios que, para un líder obrero, se pasan volando). Muy sucintamente, de esto me enteré.
Hacia las cinco de la mañana, no sin dificultades, el sueño me ganó (como México a Irán) y me dormí con la
convicción de que mi cuenta cronológica es la correcta: el siglo XX continúa y el tiempo mexicano se aferra a un
pasado impresentable.
Una sóla vez he podido platicar largamente con el tenor Ramón Vargas. Conservo (y confirmo) la impresión de que es
un ser de excepcional calidad humana. Leí hace unas horas acerca de la muerte de su pequeño hijo y también leí las
amorosas declaraciones que al respecto hizo Ramón Vargas. No hay mucho que añadir. Le envío a su esposa y a él
un abrazo que quisiera expresar emociones, perplejidades y, todo junto, dolor y alivio compartidos.
Dábale arroz a la zorra el Abad. Hubiera querido dormir más; pero el teléfono comenzó muy temprano sus sonoros
afanes. Es lo bueno de tener amigos. Todos ellos con alegre consternación me preguntaban: ¿Ya leíste la camotiza
que te ponen en "El fistol del diablo"? No la había leído, pero ya la leí (como solía decirme mi alabastrina madre: Ya
me diste mi copita de bilis para desayunar). Salvo el título de "Abad" que me endilgan y que tan peligrosamente me
acerca a Schulenburg, creo que no es para tanto. Si voluntaria y libremente nos ponemos en el escaparate y, de vez
en cuando, se nos pasa la mano, es explicable el revire que puede ser más o menos sensato que nuestro exabrupto.
Creo que polémicas que no le den algo al lector (y, bien mirado, ni a los polemistas) no tiene caso emprenderlas. Dos
citas de dos mexicanos queridos y respetables: Ya nos peleamos; ya podemos ser amigos. ¿Por qué discutir si lo
podemos arreglar a golpes? Por lo tanto y en mi calidad de Abad, emplazo a mi inesperado coadjutor a que nos
vayamos a comer y platiquemos. No es imposible que descubramos que el enemigo común está en otra parte. Va mi
pluma (y mis disculpas) en prenda. A lo macho (expresión idiota, pero significativa).
Cualquier correspondencia con esta insomne columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(12-Ene-2000).-
Sigue de amor la flama. Chente Fox -que había jurado que este año ya se iba a portar bien y que su imagen, su
lenguaje y su comportamiento lo convertirían en el De Gaulle del Bajío-, en cuanto el TRIFE, con razones atendibles,
le prohibió el uso de su vera efigie en las boletas, olvidó sus promesas de año nuevo y proclamó que había sido
víctima de una "marranada", palabra especialmente fuerte y no del todo propia en boca de alguien que pretende
representarnos en los foros internacionales (he de reconocer que yo a Fujimori, Chávez y Castro les diría que hacen
muchas marranadas; pero yo no aspiro ni a la presidencia de mi condominio). Como F. Reyes Heroles, dudo de que
Fox haya leído con atención (o sin ella) las cien páginas del dictamen del TRIFE y es grave que, sin haberlo hecho, ya
esté poniendo el grito (y el marranito) en el cielo. Sea como fuere, los foxyasesores (dejarían de ser mexicanos) ya
encontraron la manera de darle la vuelta al dictamen y colocar en la boleta la pura silueta del candidato panista (a un
amigo mío se le ocurre que pongan uno de estos dibujitos con números para que los votantes dibujen la efigie de Fox.
Si esto no pega, pueden poner la silueta de una bota). Esto por lo que se refiere al PAN. Algo habrá que decir también
del PRI y de su hipersensible candidato que acaba de descubrir que las elecciones (nos) salen carísimas. Gran
verdad, pero si Labastida ya compró esa línea de investigación, tendría que irse detrás de su primer servicio, llevarla a
sus últimas consecuencias y aceptar que un alto porcentaje de ese multimillonario costo es el oneroso precio que
estamos pagando por la desconfianza que en México generan los procesos electorales conducidos, sesgados,
manoseados y trampeados a lo largo de muchas décadas por un partido llamado PRI que, hasta donde yo sé, no es
ajeno al afamado tenista Labastida. Y si ya estamos en esto y si el TRIFE ha decidido que las elecciones de julio se
den en condiciones de la mayor equidad, ha llegado la hora de volver a poner en el tapete el asunto del uso, a mi
juicio totalmente inequitativo, de los colores nacionales en el logotipo de un partido. Me parecería aberrante estar de
acuerdo en la desaparición de la imagen tipo Marlboro del candidato panista y no inconformarse con el hecho de que
el PRI utilice un emblema que crea la muy alarmante posibilidad de identificar y confundir a un país con un partido.
Todo esto sin contar con la inmensa aplanadora oficial (Leo Lavalle incluído) puesta al servicio del quisquilloso
candidato que nos vino a decir lo que todos ignorábamos: las elecciones en México son monstruosamente costosas.
¿Por qué será, mi estimado Pancho?
¡Clases ya!
Desgraciadamente no me refiero a los alumnos y maestros de la UNAM (sería imperdonable que no participáramos en
el plebiscito convocado por el Rector de la Fuente). Hablo de un asunto de índole totalmente doméstica. El Capitán
Bucle, después de recorrer con ejemplar disciplina el puente Guadalupe-Reyes, se ha visto en el duro trance de
retornar a las labores académicas. Salvo por el hecho de volver a ver a sus cómplices y a sus minicontlapaches, el
micromosh que habita esta casa no le ve mucho sentido a la formación escolar. Si sus vocaciones fundamentales
oscilan entre la piratería y la conducción de ferrocarriles, no le queda muy claro para qué tiene que asimilar las
diferencias entre un cuadrado y un paralelepípedo (que es una palabra casi tan fea como "marranada"). De cualquier
manera, en un acto de disciplina que mucho le honra, aceptó retornar a su Almoloyita particular. No voy a decir que
iba feliz y gorjeante, pero no hizo mayor pancho y accedió a ser trasladado con sereno estoicismo. Al despedirse me
hizo una pregunta de honda raíz mexicana: ¿verdad, papá, que ya pronto va a haber vacaciones?
El Club Rubens
Mi agradecimiento con los lectores es más copioso que un presupuesto de campaña. Gracias a que un buen número
de ellos se toman el trabajo de utilizar el correo electrónico, el solipsista monólogo del que escribe a diario al bote
pronto, apresuradamente y como va, se convierte en un fructífero diálogo de cuates que va de la felicitación a la
mentada, pero pasa por la corrección atinada, la pregunta sagaz y el comentario pertinente. Un caso vivo y de
particular interés ha sido la candente cuestión de las dietas tipo Gandhi a las que ha decidido someterse el mujerío
tenochca. Plantear este asunto ha sido como un pistoletazo en mitad del concierto. Muchos y muy contradictorios
correos han llegado. En un primer conteo podemos decir que el personal femenino me tupe con el frágil argumento del
inmenso trabajo que les ha costado reducir sus abundosas medidas, para que yo ahora venga a soliviantar a los
señores (también ha de costar mucho trabajo cercenarse un brazo con una tarjeta de crédito y esto no lo hace
necesariamente bueno). Los cibermachines me han brindado su total apoyo y su inmediata disposición a darse de alta
en el Club de Rubens. Confirmado: las mujeres son de Venus y los hombres son de Tizayuca.
Cualquier correspondencia con esta columna tipo logotipo, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
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Gaceta del Angel / Borrachas de sol
Por
Germán Dehesa
(13-Ene-2000).-
¡Dáme, Señor, la tenacidad de la palmera! Esto pensé hoy miércoles 12 a la altura del mediodía, mientras recorría el
profundo sur de la avenida Revolución. Como luego se verá, no fue un arrebato gratuito. Las palmeras se han dado
maña para entretejerse frecuentemente con mi vida. Podríamos comenzar con mi temprana afición por Agustín Lara,
podríamos proseguir con las múltiples palmeras que le daban a la ciudad de México una exótica atmósfera arábigo-
tropical que Gengis Hank se encargó de obliterar en honor de la vialidad. Mi magra pero intensa biografía sentimental
conserva una palmera de la Colonia del Valle, a cuya sombra le declaré con líricos fulgores mi casto amor (lo de casto
lo dije, pero no lo pensé) a una caprichosa jovencita de origen leonés (por cierto ¿alguien me podría informar qué
problemas de contaminación tienen en la ciudad cuerera?); retomo: y la mentada jovencita, en lugar de rendirse sin
condiciones ante los efluvios de mi prosa modernista y la cómplice presencia de la palmera, me salió con que lo tenía
que consultar con sus papás (¡hágame el C. favor, C. licenciado!) y que, en la remota posibilidad de que el cónclave
familiar accediera a mis requerimientos, éstos tendrían que ser con estrictos fines matrimoniales y todavía me dió la
puntilla con este parlamento: Yo tengo mucha ilusión de casarme en el Templo Expiatorio de León en cuanto lo
terminen. Ahí nació y se tronchó en flor un posible, aunque tenue y virtual, vínculo entre Miguel Alemán y Vicente Fox;
se acabó el amor, el Templo Expiatorio todavía no lo terminan, quitaron la palmera que, sin embargo, se mantiene
lozana y umbría en la eterna noche de mi desconsuelo.
En 1999, la buena sociedad tapatía tuvo graves conflictos provocados por la decisión municipal de plantar palmeras
en una atareada avenida. La opinión mayoritaria afirmaba con certeza que una especie vegetal tan ajena a sus usos y
costumbres estaba condenada a la vida breve y a la dilatada muerte. Fallóles el pronóstico y las palmeras ahí siguen.
Ahora las palmeras invaden Monterrey (enclave tropical, lujuriante y costeño cual ninguno) y ya los regios cayeron en
profunda crisis por el costo y las posibilidades de sobrevida de la datilera especie. Con respecto al costo, nada puedo
decir de momento, aunque ofrezco consultar con Wall Street para averiguar si la cotización de la palmera ya se
disparó a 18,000 pesos por unidad. En lo referente a la durabilidad, puedo afirmar que las multimencionadas palmeras
son más tercas que Cuauhtémoc Cárdenas y lo puedo avalar con dos razones: en la capitalina avenida Revolución ya
reaparecieron las pertinaces palmeras. Segunda razón: pensándolo bien y desde mi condición de palmera
veracruzana bruscamente trasplantada a Tacubaya, yo mismo soy prueba viviente de la adaptabilidad de esta
especie, pues a los 55 años sigo vivo y, buenos o malos, opimos o mustios, sigo dando frutos.
Una actriz-enfermera prepara una jeringa para vacunar a un actor-niño que tiene precoz mente macroeconómica.
Todavía no lo vacunan y ya está preguntando cuánto le va a costar el drástico arponazo. La sonriente actriz le
contesta que no es nada, aunque no le vendría mal un beso. Publicidad oficial torpe, tramposa y malévola. La
impostada enfermera tendría que contestar: Mira, niño, las vacunas ya las pagó la sociedad mexicana vía impuestos y
pagó igualmente los raquíticos salarios de médicos y enfermeras; pagó también, sin ser consultada, el oneroso e inútil
costo de este promocional y nos pagó a tí y a mí por hacer el numerito de que yo hago como que te vacuno y tú haces
como que, en vez de pegar de alaridos, distribuyes besos y, para que me entiendas bien, los contribuyentes
mexicanos pagaron hasta la jeringa. Hasta aquí lo que tendría que haber dicho la enfermera; ahora va lo que digo yo:
es una infamia que, después de enterarnos cotidianamente de los mil modos de la corrupción, nos quieran vender
como gratuito favor lo que es su mínima obligación dado que son los administradores de nuestro dinero. Lo peor es
que hay quien lo cree y hasta se siente con la obligación moral de caer postrado y sentirse agradecido hasta las
lágrimas porque un gobierno utiliza algo de nuestra lana en cumplir una mínima parte de sus múltiples obligaciones.
Sugerencia: ¿por qué no destinan íntegro al presupuesto del sector salud el dinero que se gastan en campañas tan
estúpidas y tan tramposas?
Nuestro Juramento
Por la salud de mis hijos, os juro que cuanta ayuda han puesto en mis manos ha llegado a sus destinatarios. El
próximo embarque sale la semana que entra rumbo a Meztitlán, Hidalgo. Si alguien se quiere poner guapo con un
tráiler, comuníquese; si no, yo veo cómo le hago, pero de que llega, llega. Continuará...
Cualquier correspondencia con esta columna con ojeras y palmeras, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Por
Germán Dehesa
(14-Ene-2000).-
Labastida fue terminante (esperemos que lo siga siendo): la maniobra foxypanista de dejar en la boleta la pura siluetita
para colorear del, ya de por sí colorido, Vicente Fox era un "artilugio" (¿conocerá don Pancho el significado real de
este vocablo?) y una "triquiñuela". En el septuagenario PRI nada saben de artilugios y triquiñuelas y se explican
sobradamente su asombro y su molestia; de cualquier manera, tan avezada y biliar pirotecnia verbal resultó inútil,
pues el TRIFE, ya levemente encabritado, falló en contra de la segunda propuesta panista. Así ha rematado
provisionalmente esta extraña comedia de las equivocaciones cuyo reparto incluye al PAN-PVE que presentaron el
logotipo de la discordia; al IFE que lo autorizó, al TRIFE que lo prohibió y en el rol estelar: Vicente Fox que, para abrir
juego, proclamó que la cuinoprohibición era una "marranada"; luego escogió entre los 17 millones de abogados que
hay en México (la cifra fue obtenida utilizando el afamado y nacional "tanteómetro" que tiene, de acuerdo con el
mismo instrumento, un grado de confiabilidad de .01%) a su íntimo amigo y simpatizante Diego Fernández de
Cevallos para que defendiera como león queretano su causa ante el TRIFE; luego a la cantina le corrieron a avisar
que, a pesar de que el jefe Diego se rifó hasta la barba por defenderlo, los trifecas se le echaron de a montón y le
quitaron la silueta; luego Chente no se dió por charrasqueado y declaró que la adversa decisión la considera un triunfo
(¿y los marranitos?), que está más contento que Aguinaga cuando le anotó al Vasco de Gama y que la intención de
voto a su favor ha crecido que es una shulada; luego remató (de media chilena) con un sincero agradecimiento para el
PRI. Minutos después, apareció Bravo Mena (que parece sobrino de Lenin) y confirmó lo declarado por Fox: como
está visto que a los trifecas nada les gusta y que no hay arroz al que no le encuentren prietitos, entonces que sean
ellos los que diseñen un logotipo a su gusto y satisfacción. Ya pusieron a dibujar a los gorditos. Yo les sugeriría que
prolongaran la raya intermedia de la "A" de PAN hasta que adquiera forma de bigote; o bien que inviertan esa misma
letra para que adquiera la forma de "V" de la victoria. Todavía está pendiente el asunto del uso de los colores
nacionales por cuenta y provecho del PRI; pero, como bien me comentó telefónicamente un amigo priísta que infesta
la zona Tijuana-San Diego, es una mera coincidencia histórica que el verde, el blanco y el rojo fueran, a la vez, los
colores favoritos de don Plutarco Elías Calles y -asunto menor- los de la bandera de México. Mucho me temo que la
comedia no ha terminado. Esto es un entreacto.
"A la Legalona"
La expresión la escuché por vez primera hace muchos años en voz de un priísta histórico. Si no recuerdo mal, yo le
había preguntado acerca de las posibilidades de triunfo o de derrota que tenía el PRI en equis elecciones. Mi
dinocuate era priísta de la vieja guardia y como tal no le soltaba información ni a su pariente más cercano; pero
conmigo, por ignotas razones, hacía de vez en cuando una excepción. Esto explica la sibilina respuesta a mi pregunta:
mire, Don Germán, a la legalona lo que se dice la legalona, esa elección la perdemos; pero vamos a ganar. Pasan
años, meses, minutos y hoy en plena y fragorosa redacción de este artículo, me telefonea mi cuadernaza Wichita Falls
(Luisita cae, diríamos en español) que es priísta de la nueva ola. Su llamado cimbra mi sosiego espiritual con dos
noticias de primordial importancia: a) Ya aprehendieron en Brasil a Gloria Trevi, a Sergio Andrade y a Mari Boquitas
(un nombre que inspira toda la confianza del mundo); b) En julio del 2000, el PRI va a ganar de todas todas y a la
legalona. La precisión del vaticinio está por verse y es un asunto que habremos de decidir nosotros; lo que es toda
una novedad es que el partido tricolor ya piense en la legalidad como un aceptable método para contender y no un
recurso extremo (y abundantemente empleado) para no perder. Vamos a ver si es cierto y vamos a ver qué entiende
el PRI por legalidad.
El Plebiscito.
"Pleibiscito", "plesbiscito", "pleisbiscito". Así y de maneras aún más exóticas lo llama la gente. Da igual. Lo importante
es recordar que el 20 de enero los universitarios tenemos una cita con la UNAM. Para asentir, para disentir, para lo
que quieran; lo importante es no faltar a la cita. En lo que ésta llega, no olviden que hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta silueteada columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
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Por
Germán Dehesa
(17-Ene-2000).-
Es bien sabido que la expresión que encabeza este segmento no suele ser elogiosa; con frecuencia se utiliza para
denostar a tal o cual gobierno que, en vez de resolver las necesidades sociales más sustantivas y apremiantes, lo
entretiene y lo distrae arrojándole mendrugos y proporcionándole alguna de las mil variantes de lo circense. Mal por
ese gobierno y mal por esa sociedad que se conforma. Dicho esto, no me negarán que un buen pan mexicano (para
mi gusto, el mejor del mundo) y la asistencia a un buen espectáculo nos caen de purititos peluches. ¿A dónde quiere
llegar este zopenco zoperútano? se preguntará la señora potosina. Ahi voy, señora, no me presione. A lo que voy es a
la afirmación ñprobablemente controversial- de que el pan y el circo tienen que formar parte de nuestra canasta
básica; comer amorosos (sabrosos) alimentos en buena compañía y cancelar temporalmente nuestra angustia y
divertirnos son, o tendrían que ser, parte de una vida realmente humana. Aquí es donde los ricos muy muy ricos
inauguran su aburrimiento; como viven en el permanente lujo y en la atenta vigilancia de sus caudales, su Rólex, su
Mercedes y su inminente secuestro; se abisman en las formas más refinadas del aburrimiento, o deciden inhalar
cilantro con tachuelas en busca de inexistentes paraísos. Los mortales comunes, los del mediano pasar, podemos de
vez en cuando ir al centro de la ciudad y procurarnos el lujo de un exquisito pan en el Centro Castellano, o en el
Danubio, o podemos ir a un concierto, o como es el caso, llevar al capitán Bucle (que ahora quiere ser "investigador";
es una refinada tortura tener un hijo que cambia de carrera con más frecuencia que "el Rocco") al único y auténtico
Circo Atayde hermanos. Hace unos días me habló un representante de estos últimos para invitar a toda la familia. Por
supuesto que iré, pero pagando mi boleto; lo haré para que el Bucles vaya conociendo los rigores de la vida y para
que mi memoria reviva aquellas épocas enigmáticas y gozosas de un Circo Atayde que orgullosamente presentaba a
los 15 hermanos Wallenda ¡los alambristas más audaces del mundo!, ¡trabajan sin red! (como Porfirio Muñoz Ledo). A
la mitad del alambre, siempre se caían y con envidiable intrepidez el periódico anunciaba: ¡Venga a ver a los 11
hermanos Wallenda! (y así, como en la canción de "Yo tenía 10 perritos"). Bueno, y todo esto ¿por qué? Pues porque
hoy es lunes y, para acabarla de fricar, es enero y México ñdoble víctima de la lujuria brasileña y de la agresividad
norteamericana- no recibe a Gloria Trevi (dicen los policías cariocas que la quieren tener un año en observación) y en
cambio, tiene que soportar el erótico cimbronazo de la visista de esa chica Ye-yé que es Madeleine Albright que es
como la peor pesadilla de Sergio Andrade. Con la pena, pues, de que es lunes; ergo: es de primera necesidad pensar
que, en algún rincón del fin de semana, nos esperan el buen pan y el melancólico circo.
Y Hablando de...
...Gloria Trevi, el Abad Dehesa se permite opinar que ya está up to the mother del niño Eliancito y del hiperinflado
escándalo de la otrora admirada cantante neoleonesa. Ya todos juzgaron y ya todos condenaron. Yo conservo el
recuerdo de los calendarios, de aquella inteligente carta que ella me envió y de la buena amistad que hicimos. Hoy la
rodean tanto morbo y tanto odio, que me parece pertinente refrendar mi amistad, dejar su juicio en manos de las
autoridades y de afirmar, vengan como vengan las cosas, que yo la quiero mucho. La justicia no cancela la compasión
y si ya se trata de juzgar, habrá que hacer algo con esos estúpidos padres que llevaban a sus hijas para que Mary
Boquitas les hiciera el especial favor de entrenarlas para "que salieran en la tele" y habrá que juzgar a todos los
medios que han decidido que este sórdido y menor asunto es del prioritario interés de la nación y, ya envuelados,
habrá que enviarle un "extrañamiento" (como a Paoli) a la legión de mensos que se lo han creído. Palabra de Abad.
Una Cita
Es un lujo perfectamente asequible leer "Letras Libres", la grácil e inteligente revista que dirige E. Krauze. En su
número de ¡junio de 1999!, la muy fina pluma de Adolfo Castañón, al comentar un libro de George Steiner, escribe lo
siguiente: "(Steiner) Sólo se limita a advertir en los capítulos finales de Errata que la civilización occidental tal y como
hasta ahora la hemos conocido ha dependido (y todavía depende) de esas bolsas de aire, de esos espacios de recreo
exigente y de tensa gimnasia intelectual (los claustros universitarios) donde en cada generación se inventa y reinventa
(seminario y semilla son palabras hermanas) la memoria y la fábula, donde la humanidad resucita en el recuerdo de
las humanidades." ¿Recuperaremos nuestra UNAM? La cita es el 20 de enero. Aikir.
Cualquier correspondencia con esta columna que trabaja sin red, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Por
Germán Dehesa
(18-Ene-2000).-
En su cuarta acepción, el Diccionario de María Moliner (Ed. Gredos) nos avisa que "marrano" es un vocablo
despectivo que la España "reconquistada" empleó para designar a los judíos supuestamente conversos que en
secreto seguían practicando su religión. Intolerante y vil como es esta acepción, no es menos nauseabunda que las
otras. Con todo y eso, me creo más facultado que Indiana Fox para denunciar ante el mundo que he sido víctima de
una marranada atrox. El insomnio engendra ociosidad y ésta suele conducirme a prender la TV que, gracias a los
beneficios de Sky TV, me permite ver a las 4 am la televisión árabe con subtítulos en caligrafía arábiga (nunca sé si
están planeando un golpe de Estado, o están dando la receta del keppe charola); si esto no me aletarga, busco otras
opciones y fue así como topé con un programa inglés que me informaba de los afanes de un adiposo científico que se
emperró en enseñarle computación a unos cochinitos (no piensen en los cibermapaches del PRI; éstos eran cuinitos
comunes y corrientes). Construyeron un tablero especial, una pantalla de gran tamaño y los marranitos comenzaron a
ser entrenados con bíblica paciencia; si el condenado cuino apachurraba la tecla correcta, de inmediato recibía una
ración de su comida favorita. La tarea abarcó muchos meses, pero al final de ella, los coshinitos manejaban la
computadora con una destreza mucho mayor que la de varias cajeras bancarias que conozco. ¿Se imaginan lo que yo
sentí?, yo que hasta la fecha no logro apachurrar la tecla correcta ni rezándole a Schulenburg que es tan milagroso.
Desde entonces y hasta hoy, mi insomnio se ha fortalecido. Yo sí he sido víctima de una perfecta marranada. Ayer
domingo, como venganza simbólica, me refiné un excesivo número de tacos de carnitas. Creo que ésa es la clave: no
he aprendido computación, porque la Hillary no me ha premiado con mis alimentos favoritos.
¿Nomás la Mitad?
Aparece Labastida en la pantalla (...y entonces, llegaste tú con tu aire de hombre internacional...) y nos avisa -adusto
el gesto, firme la voz- que cuando él fue Gobernador de Sinaloa metió a la mitad de los policías a la cárcel. En
principio, me suena marvelous, pero me quedan algunas dudas: ¿qué irresponsable y corruptor partido gobernaba
previamente en Sinaloa como para permitir que, por lo menos, la mitad de la policía mereciera la cárcel? Y otra: ¿los
que se quedaron afuera eran espejos de honestidad, o se quedaron muy contentos al saber que ahora tenían doble
clientela?, ¿cómo seleccionaron a ese 50% de hampolicías?, ¿fue por sorteo?, ¿o se turnaban un semestre y un
semestre? Quizá esta inquisitiva nota regocije al panismo, pero no olvidemos los lamentables y recientes hechos
ocurridos en Guadalajara donde, con video y todo, se comprobó que la policía también le entra a la uña con un
regocijo y una ferocidad similares a las que mostraron las Chivas en su juego con el Morelia.
...y como bien lo advierte René Delgado en su último "Sobreaviso", la recuperación no será fácil ni rápida, pero
necesariamente pasa por el plebiscito del jueves 20. Participarán exclusivamente estudiantes, trabajadores y maestros
de la UNAM. No saben las maromas que he tenido que dar y los papeles que se han tenido que desempolvar, pero ya
estoy incluído en el padrón de la Facultad de Filosofía y Letras y, en cuanto despache las chivas que se van al Edo.
de Hgo. me voy cual microbús enloquecido a la casilla que me corresponde. Aikir.
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Por
Germán Dehesa
(19-Ene-2000).-
Supongo que nadie ignora que el título de estos renglones rinde un doble homenaje a un colorido capítulo de la
historia del México prehispánico y a Don Salvador Novo que de tantos modos fue el mejor cronista de la vida
mexicana. Cumplida esta venia con el pasado, podemos venir al presente y encontrarle dos caminos actuales a una
historia tan antigua.
La primera tiene que ver con el descontonero e inopinado aumento a las tortillas. Por influjo del habla paterna, yo
aprendí tardíamente el sustantivo "tortilla" y durante todo lo que podríamos llamar mi "período azul" nombré a esos
cilindroides de maíz nixtamalizado con el entrañable nombre de "gordas". ¡Calienten las gordas que ya voy para allá!
decía mi padre a través de aquellos cuaternarios teléfonos Ericsson que presidieron mi acontecida infancia. Yo recibía
el recado y pensaba en meter a mis tías al horno. No es importante lo que yo pensaba; sí lo es saber que cada vez
serán menos familias y menos gordas las que puedan hoy disfrutar de un taco. Nuestros macrochamanes, con la
sensibilidad social que todos les reconocemos, han decidido aumentar el precio de la tortilla. Supongo que aparecerán
en la televisión y nos ofrecerán un ramillete de explicaciones a cual más plausibles, a cual más ininteligibles de los
patrióticos motivos que tuvieron para proceder así. Me temo que no nos van a explicar nada de la siniestra historia de
Conasupo, los fraudes, las trapacerías, los inexplicables apoyos a Maseca y las bestiales cantidades de dinero
nuestro que en todos estos oscuros contubernios se dilapidaron. Nosotros estamos para callar y obedecer. Ojalá y en
todo esto el asunto a tratar fuera la libre competencia entre los que se obstinan en fabricar tortillas más frescas y los
que ya encontraron su mina de oro en flagelarnos con sus tortillas más secas. Si así fuera, estaríamos hablando de
una aceptable guerra de las gordas que, de un modo u otro, redundaría en beneficio del exprimido bolsillo y/o del
estragado paladar del consumidor tenochca. Desgraciadamente no es así; las buenas tortillas, las regulares y las
indigeribles ("nejas", diría mi nana) imitaciones que ya no pasan por el nixtamal, todas valdrán lo mismo. El por qué y
el cómo de este nuevo asalto, supongo que no nos lo explicarán porque -pensarán ellos- no lo entenderíamos. Insisto:
me preocupa y me asombra nuestra capacidad para -literalmente- tragarnos todo.
Capítulo II: Están las otras gordas (aquí sí clasifican mis tías); el correo electrónico me trae desde los más feroces
"extrañamientos" hasta las sentidas súplicas de hombres y mujeres que me piden que en el Club Rubens abra yo lo
que podríamos llamar la "división Botero". Puesto que aquí sí se trata de una libre competencia, lo hago con enorme
gusto (y busto).
Otro Extrañamiento
Hasta donde alcanzo a saber, un "extrañamiento" equivale dentro de una empresa o una organización o un partido, a
lo que en la vida familiar es la más suave de las reprimendas o al más leve papirotazo en la oreja. Vuelvo al viejo
adagio mexicano: Si tienes el pistolín, no uses el pistolón. Me refiero, ya lo habrán imaginado, a los épicos arrebatos
del señor Paoli Bolio que, sin explicación de por medio, abandonó la votación medular del presupuesto 2000 y al
hacerlo provocó no tan sólo entre sus compañeros de partido, sino en la opinión pública una justificada sensación de
molestia e incomodidad. Pasaron los días y Paoli decidió abrir un poquito su corazón y notificarnos que su conducta,
aparentemente inexplicable, tenía que ver con su grave preocupación por el incierto destino del IPAB. Creo que, como
ya lo han señalado muchos otros columnistas, todo esto lo podría haber comentado de viva voz y antes de la votación.
No lo hizo. Pasan otros días; se reúne la cúpula de su partido y decide manifestarle su "extrañamiento". De nuevo
Paoli se sobreactúa y presenta su renuncia. Estimándolo como lo estimo, me parece que una vez más reaccionó de
manera inexplicablemente desmesurada. Yo sé que es demasiado pedir, pero no sería bueno que los hombres
públicos se olvidaran por un rato de su broncínea personita y entendieran que el país ya saturó su capacidad de
tolerancia para con los líricos arrebatos de sus políticas divas. Con su renuncia, Paoli contrarresta el extrañamiento
del PAN; ¿qué va a hacer ahora con el extrañamiento de toda la sociedad?
Envío
Esta columna es para Manuel Marrón, mi amigo y el directo responsable de mi perseverancia periodística. Gracias.
Cualquier correspondencia con esta columna entre nixtamalizada y pechugona, favor de dirigirla a
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Por
Germán Dehesa
(20-Ene-2000).-
Como ya informé oportunamente, mi voluble benjamín ha decidido postergar sus ímpetus náuticos y tranviarios en
favor de las policíacas tareas de la investigación (no le quiero contar la historia de Miyazawa, o la de Coello Trejo para
no frustrar sus infantiles ímpetus). Estarán de acuerdo conmigo en que México es un verdadero vergel de misterios no
resueltos. Tengo entendido que, por citar un caso, ya se ha abierto una nueva línea de investigación en el misterioso
ilícito (así dicen ahora) que culminó con el santo pedradón que le acomodaron a Moctezuma Xocoyotzin (se fortalece
la teoría del asesino solitario); de este caso en adelante, prácticamente todo es misterio: desde la muerte del Pípila
hasta el affaire Andrade. No quiero sobrevalorar al Bucles, ni afirmar que él podría resolver todos los pendientitos de
la justicia nacional; aunque ya tiene lupa, cachucha, disfraz de Power Ranger y acceso a los laboratorios El Chopo.
Quizá podría entrenarse realizando una investigación a fondo del misterioso caso del hipódromo de Guadalajara en
cuya concesión y posterior explotación están implicados -según noticias publicadas hoy miércoles 19 (mi presente)- el
fallido prócer guanajuatense Ramón Aguirre (uno de los peores sismos que ha padecido la Capital), la hija del no
menos prócer Gutiérrez Barrios y un excolaborador de Cosío Viadaurri, el explosivo paladín jalisciense. En torno a
estas señaladas figuras políticas repentinamente seducidas por el hipismo, hay una maraña de intereses,
descontentos y maniobras que le da al caso un fascinante toque de misterio tenochca. Hoy por la tarde nombraré a
Sherlock Bucles fiscal especial (nombramientos más extravagantes ha habido y ni quién parpadié). No descarto la
posibilidad de que no se encuentre delito que perseguir, o de que se presente esa surrealista eventualidad que los
leguleyos llaman "desvanecimiento de pruebas". En el remoto caso de que el Bucles tope con algún ilícito, de
inmediato informará al Presidente y, años después, se lo platicará a López Dóriga y abundará sobre el mismo tema en
algún rumboso hotel. No creo que el pequeño detective tenga tan mala suerte como para que se le aparezca el hijo de
un caballo y le aviente la bronca; pero nunca se sabe. Chacotas aparte, le envío un saludo a J.J. Salinas Pasalagua
de quien desconozco si ha leído o presenciado la historia de Antígona (Sófocles), pero que, con o sin bibliografía, ha
demostrado que sabe que más allá de las perecibles y falibles (e indispensables) leyes del Estado, están las leyes de
la sangre que nos obligan a la lúcida solidaridad y a la filial compasión.
El PRI en su tetradedazo interno obtuvo diez millones de votos. Bueno. No son horas de poner en duda la probidad y
exactitud de una entidad tan confiable y provecta. El cada vez más afamado y popular CGH obtuvo, en su primer día
de votación, 500 mil votos (aproximadamente el doble de la población estudiantil de la UNAM) que reflejan y refrendan
el prestigio y la confianza que el CGH ha sabido ganarse a pulso entre la población capitalina que está pensando con
seriedad lanzar al Mosh para la Presidencia de la República. Frente a esta consulta que no tiene más respaldo ni
confiabilidad que la diamantina palabra del ya mencionado comité; hoy, precisamente hoy, los universitarios seremos
consultados por los universitarios en torno a la propuesta del Rector Ramón de la Fuente para resolver un conflicto
que nació, creció y prosiguió en el absurdo y la arbitrariedad; pero, eso sí, con el puntual y surrealista "respeto" de
Zedillo por la autonomía universitaria. El CGH puede darse el lujo de inventar cifras y subrayar su irresponsabilidad,
del mismo modo que puede saquear el patrimonio universitario y tener en vilo a la ciudad. La UNAM no puede. El
plebiscito de hoy, jueves 20 (tu presente) estará supervisado por el mismo organismo internacional que vigilará las
elecciones primarias en Estados Unidos, será respaldado por un padrón y tendrá el aval moral de varios distinguidos
mexicanos. Ni en sueños se obtendrán 500 mil votos. Quizá la única y pequeña diferencia que obtengamos sea que
estos votos serán reales. No descartemos el anuncio del CGH de que ellos ya obtuvieron 300 milllones de votos
porque toda Sudamérica y buena parte de Africa reconoció su vocación democrática, su claridad mental y su luminoso
liderazgo. Universitarios: votemos hoy a sabiendas de que este plebiscito no es la solución (ya el lúcido Fox lo
advirtió); pero puede ser (esto no lo advirtió Fox) el principio de una recomposición. Si no asistes, recuerda lo que
hace poco comenté: no llores como rata lo que no supiste defender como Puma. Aikir.
Cualquier correspondencia con esta columna con ribetes investigadores, favor de dirigirla a [email protected] o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(21-Ene-2000).-
Quizá así sea mejor, pero me consta que los humanos hacemos tal o cual cosa, decimos ésta o aquella palabra y, ni
de lejos, calculamos la resonancia, las consecuencias, los futuros que pueden provocar lo que hicimos o lo que
dijimos. Ahí tienen a mi amigo Federico que, ante el magno espectáculo de la bienamada Hillary en su octavo mes de
embarazo (a ratos parecía el Titanic y a ratos el iceberg que mandó a calacas al barco supuestamente insumergible).
Todo fue verla para que Federico emitiera un consejo con carácter de irrechazable y perentorio: esa criatura va a
necesitar "brazos" y ya es tiempo de buscarlos. Con la expresión "brazos", mi entrañable cuate define a esa mujer que
estará cerca de nuestro hijo y que, en las artísticas ausencias de la madre biológica, funge como madre adoptiva. Sin
tanto firulete, los tenochcas las llamamos "nanas" y conociéndolas he podido comprobar que sólo una entre mil
mujeres tienen la paciencia, la generosidad, la amorosa disposición y los cálidos brazos para amar como propio al hijo
ajeno. Esa es la infinita gracia y la agradecible virtud de la Tractor. Vivaracha, sonriente, dulce y disciplinaria a la vez,
ha vivido con Sherlock Bucles un idilio que pronto cumplirá cinco años. Si falta Margarita, Andrés anda como la
zarzamora llora que llora por los rincones; si Andrés se ausenta, Margarita dice con voz quebrada que extraña al amor
de su vida. Un Edipo diferido y no previsto en la literatura clásica. Si han pasado por una situación así, ya sabrán lo
que ocurre cuando la nana anuncia que está embarazada: el organigrama doméstico se desquicia hasta quedar como
el esquema operativo de la Conasupo (piensa un número). Con esa pena andamos, mijitos. La Hillary es una novísima
versión de Bernarda Alba, el Bucles padece de hamletianas y constantes melancolías y yo me siento el Tucán de
González Torres. Así de grave es la situación. En general, me encanta y luminosamente me asombra ver a las
mujeres embarazadas; esto de que estén habitadas les confiere una dignidad, una fuerza y una mirada tan intensa y
doblemente viva que irremediablemente me emociona y me coloca en el umbral de eso que llamamos lo sagrado. Con
la Tractor el trámite no ha sido tan sencillo; pero es tal su generosidad que ha terminado por imponerse. Ayer
miércoles Margarita nos anunció que el inquilino que la ocupa es inquilina. Tendrían ustedes que haber visto la súbita
serenidad que descendió sobre el Bucles, el gozo de la Hillary y las emocionadas lágrimas de Margarita. Ya tenemos
a la Tractor II en la tercera base y a punto de arrancar a jom. Creo que lo que a mí me toca ahora es ofrecer mis
brazos y disponerme a darle la bienvenida a otra petaconcita más. Si Margarita amó y ama a nuestro hijo; a nosotros
nos corresponde amar y festejar a la minitractor con la misma ternura, con la misma constancia. Lo decía mi tía
Amparo: no es bien nacido el que no es agradecido. No sé muy bien por qué escribí esto, pero espero que resulte
edificante e instructivo.
Me dicen que tengo el don de la ubicuidad. De hecho, estoy a punto de conseguirlo, pero me informan que tengo que
pagar doble tenencia de cuerpo y esto me tiene muy frenado. Cómo me hubiera gustado el día de ayer haber podido
estar en el escenario donde estuve y, a la vez, materializarme en la presentación del libro de Luis de la Barreda
titulado "El alma del ombudsman" (Ed. Aguilar). En cierto modo, estuve y saludé la aparición de la obra de un
mexicano decente, sensible y de aguda inteligencia. Estoy leyendo el libro y algo comentaremos. Por lo pronto, saludo
al autor, recomiendo la lectura a todos aquellos que han decidido que los derechos humanos son un estorbo y le
recuerdo a Luis que estamos comprometidos junto con Miguel Limón en la creación de un "Parlamento de los Niños".
Creo que es un buen camino (no el único) para que los niños adquieran tempranamente el hábito del diálogo, la
civilizada confrontación de puntos de vista y la buena costumbre de la democracia. Creo que si lo logramos, podremos
en un futuro próximo, ahorrarnos "tomas de instalaciones", enconos absurdos, competencias de plebiscitos,
extrañamientos y tantos otros males que hoy padecemos. Por cierto, compañera compañero Puma: ¿acudiste a votar?
Ojalá y no me digas que no y aduzcas que tal consulta no es ninguna solución. Bien lo sé. Es apenas el principio de
una solución o el final de nuestro largo y total eclipse de luna.
Tengamos el Sexo en Paz
Sabio consejo del matrimonio Fo puesto en boca y alma y cuerpo de Margarita Gralia (Telón de Asfalto. Viernes,
sábado y domingo); dirige Angélica Aragón; el público disfruta y eventualmente entiende que el encuentro amoroso es
la gran hora del recreo. Yo asistiré el domingo porque me dicen que es la función a la que asistimos los de la
selección sub-60. Para no llegar entumido tengo muy presente que hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna llena de antojos y mareos, favor de dirigirla a [email protected] o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Gaceta del ángel / Parábola del telefonema virtual (clic, clic, clic
Por
Germán Dehesa
(24-Ene-2000).-
(En algún lugar del ciberespacio de cuyo nombre no quiero enterarme sonó no ha mucho -nueve meses- un teléfono).
-¿A dónde hablo? -Al pináculo del poder, la autoridad y el Estado de Derecho. -¿Con quién hablo personalmente? -
Con el mero mero; tengo como invariable costumbre contestar personalmente. -¡Qué bueno que lo encuentro! ¿Se
acuerda de lo que me dijo del aumento de rentas? -¿Yooo?, eeeste, no lo tome como mal modo, pero con tanto viaje y
tanta bronca, y lo de mi operación del dedo, no me es humanamente posible retener tanta información, pero ha de
estar en el disco duro. -Da igual. Lo que le quiero informar es que llegué a mi casa, que es también la de mis 300 mil
familiares y me encontré con que estaba tomada. -¿Borracha, dice usted?- No, señor; se metieron unos cuates y
ahora resulta que no nos dejan entrar. ¿Qué hago? -¿Cómo se le ocurre?-No sé. Por eso le estoy hablando a usted. -
Ah. Pues creo que es mi deber aconsejarle que sea usted flexible. -¿Con los que nos despojaron de nuestra casa?-
¡Exacto! Veo que nos vamos entendiendo. Flexibilidad y diálogo. Esas son las grandes herramientas de la
democracia. -¿Y usted no puede hacer nada? -Yo que más quisiera, pero mi respeto a la autonomía de los domicilios
me impediría violentar las leyes que nos gobiernan; dialogue, amigo, dialogue. Es que ya dialogué y todo resultó peor.
Ahora ya pusieron barricadas, ya metieron políticos a la casa, ya me mentaron la madre, y ya hicieron
manifestaciones. -¡Ah, que caray!, pues habrá que seguir dialogando. -¿Y como para qué? -No sé, siempre es bueno
platicar. -¿No sería mejor aplicar el estado de derecho? -Buenísimo; pero necesitaría yo que la comunidad me
explicara qué es el estado de derecho. -¿No sabe? Pero si siempre está hablando de él. -Bueno, a veces tiene uno
que decir tantas cosas. Ya ve; me pasé meses diciendo que yo sé cómo hacerlo, pero, por darle un caso, arreglar una
licuadora no sé, necesito que la comunidad se pronuncie. -Y a mi casa que se la coman los leones. -Tampoco sea
alarmista; no se ponga así. -No, no me pongo; más bien me quito. Le voy a pasar al nuevo encargado. -¡Qué carácter
el suyo! (pausa larga) Bueeeno. Habla el nuevo encargado. -Dialogue, amigo, dialogue. -Ya lo intenté y como nomás
me tiraban de a loco, decidí consultar con la comunidad. -¿Y qué pasó? -Acudieron 180 mil votantes y el 90% votó por
la devolución de nuestra casa, por su reconstrucción y por reunirnos todos en santa paz y modificar todo lo que haya
que modificar para que todos los que quieran vivir en ella estén bien y sean útiles para ellos y para el país. -¡¿90 por
ciento?! Ya quisiéramos en mi partido tener votaciones así. ¿Y ahora qué sigue? -Para eso le hablé, creo que ahora
necesitamos oír de usted un pronunciamiento firme y claro. -Ya va a empezar usted como el otro. No traigo cash.
Además, estoy por salir de gira a Guanajuato a las zonas más fregadas para darle su balconeadita a Fox y luego me
tengo que ir a Suiza a dejar muy en alto el nombre de nuestro país. -¿Y la casa? -Dialogue, amigo, que para eso son
autónomos. Le deseamos la mejor de las suertes. -Gracias, señor, su ayuda ha sido invaluable. -No hay nada que
agradecer, para eso estamos. Si las cosas se arreglan, será un triunfo indiscutible para mi partido más cerca de tí y si
fracasan, será un daño histórico provocado por el PRD. -Gracias, señor, que tenga usted buen viaje. (clic).
En un plebiscito tipo CGH, al puro bananazo y sin la menor seriedad ni supervisión, los mexicanos se han pronunciado
a favor de la repulsa mayoritaria e iracunda al oprobioso puente Guadalupe-Reyes. Es intolerable. No da tiempo para
aligerar tensiones, ni soltar el cuerpo. Como complemento a este dictamen, nos manifestamos masivamente a favor
del puente Muertos-Candelaria, más amplio, con mayor vialidad y con mejores márgenes etílico-afrodisíacos. Esto es
prólogo. Viene ahora la sustancia: el jueves pasado, al final del debate -máscara contra cabellera- entre los candidatos
a gobernar la Ciudad de México, la vida premió mis afanes con un módico whisky ("el whisky es el mejor amigo del
hombre; es como un perro embotellado", decía Vinicius de Moraes) patrocinado por mi amigo xalapeño y en compañía
de dos náyades tenochcas que con su amistad le dan a mi alma esa calidad total que pide M.A. Cornejo. La
conversación fue como agüita de mayo y culminó en Tlacotalpan. Si han estado en el carnaval de Venecia, si han ido
al festival de Bayreuth pero no han ido a la Candelaria en Tlacotalpan, les comunico que no han vivido. Yo me largo el
30 y me regresan por paquetería el día 2 por la noche. Es pecado no asistir. Las más grandes reservas probadas de
alegría que tiene el mundo están en Veracruz y más específicamente en el puerto, en Coatepec, en Banderilla, en
Alvarado y muy especial en Tlacotalpan. De allá mandaré noticias, aunque dudo que sean muy claras. "Mi razón es a
la par luz y firmeza/ firmeza y luz como el cristal de roca" (con whisky).
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Germán Dehesa
(25-Ene-2000).-
Mesurado, puntual y firme fue el mensaje público del Rector Juan Ramón de la Fuente pronunciado la mañana de este
lunes 24 de enero. Su notificación es tan clara y tan contundente como lo fueron los resultados del plebiscito del
jueves pasado: por supuesto que habrá reanudación de diálogo; por supuesto que tendremos un congreso para
debatir con respeto y democracia todo lo que la UNAM necesite para cumplir los dos objetivos que México le
demanda: excelencia académica y vocación social. Todo esto se hará, dijo el Rector, pero en una universidad
reintegrada a sus tareas y liberada de todo secuestro. Para avisar de todo esto y para entregar al CGH en propia
mano los resultados del plebiscito, el intrépido Rector citó a los paristas en la explanada de la UNAM a las 11 de la
mañana de este martes 25. Los destinatarios de la cita respondieron con esa velocidad que sólo se consigue
ahorrándose el trámite de pensar lo que va uno a responder. Con su serenidad habitual, los chicos del CGH se
soltaron a vociferar como locos y dijeron que no recibirían ningún documento, que asistirían a la cita con el único
objetivo de insistir frente al Rector en sus demandas y que deseaban plantear con toda claridad (la misma que jamás
les ha faltado) que consideraban la presencia del Rector en CU como un injustificable acto de provocación. El
razonamiento es cartesiano y diamantino: ¿qué demonios tiene qué hacer el Rector de una universidad en el interior
de ésta? Comparto el agravio inferido a los democráticos y tenaces estudiantes del CGH. Es una provocación tras
otra. Ahí tienen al pobre Roco, fósil emérito, quien, ante la perfidia oficial, decidió declararse en huelga de hambre tipo
Carlos Salinas (la tipo Gandhi es demasiado pesada y muy baja en calorías); hecha su declaración, el roqueño Roco
se ha negado a comer lo que sirven en el penal y se alimenta exclusivamente de lo que le llevan sus familiares,
proveedores y amigos; que unos taquitos de huevo, que un arrocito, que póngale salsita mi Roquiux para que no se
nos desmejore. A mí -no sé a ustedes- estas hazañas me parten el alma. Bien mirado, ésos que le llevan al Roco sus
taquitos estilo Siqueiros, han de ser también provocadores natos.
¡Suerte, Señor Rector! y no olvide ni por un momento que es usted el portador del mandato y la voluntad de, por lo
menos, 160 mil universitarios y de muchos miles de mexicanos.
Si Llegare a Delinquir
Cosa improbable, pero posible. Si me viniera el síndrome de Sergio Andrade. Si me echara a perder del alma. Si me
brotara pelo y se me hiciera un repostero copete como a Gutiérrez Barrios. Si me otorgaran concesiones para
hipódromos, centros de apuesta y eventualmente, casinos. Si todo esto me pasara; sólo le pido a Dios que mi
defensor no sea José María Guardia.
Yo Soy la Morsa
Hace un rato, mientras -cosa rara- baboseaba por la calle, contemplé cómo se pandeaba un taxi ecológico al recibir la
brutal carga de una ñora modelo Pánzer que tranquilamente pesaba más que cualquiera de los toros que se han
lidiado en la Plaza México. Permanente rubio y engrifado, brazotes de galantina, vacuna enorme, amplísimos
mallones color encía tumefacta, carpa floreada que le servía de batita, trasero de mapamundi tamaño natural; su
presencia me tenía hipnotizado. De reojo alcancé a ver al chofer del taxi cuyo crispado rostro me anunciaba que
estaba pensando en lo que le iba a costar cambiar la vencida suspensión de su frágil unidad. Tarde se les hizo a dos
neoesbeltas chicas que me acompañaban para preguntarme: ¿así es como te gustan, nooo? Acusación sofista y
falaz. No es ese el objetivo del Club Rubens. Las rellenitas son bienvenidas; las tipo Botero son aceptadas; pero si
llegamos al modelo morsa, entonces mis neuronas podrán apreciarlo, pero mis hormonas se negarán a cualquier
movilización. Es cuestión de defensa propia; en un descuido y quedo peor que el ya mencionado minitaxi.
No siempre he hablado favorablemente de ellos. Por eso me parece de estricta justicia felicitar al Dr. Jorge Carpizo
por su muy brillante, articulada y apasionada intervención, noches ha, en el Noticiero de Ortega Ruiz. Me enteré
también que, fiel a su palabra, José Angel Gurría está entregando a APAC el 50% de su traída y llevada jubilación. Mi
tercer reconocimiento es fruto de la casualidad: me enteré de un hermoso y no publicitado acto de amistad y
compasión del Dr. Ernesto Zedillo. Los tres son felicitables. Reconocido esto, podemos seguir peleándonos, pero
civilizadamente. Ya dije.
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Por
Germán Dehesa
(26-Ene-2000).-
En abierto contraste con las sospechosamente tímidas evaluaciones del INEGI, el muy respetado maestro e
investigador Julio Boltvinik proporcionó, en entrevista telefónica con Javier Solórzano, algunas cifras que forman parte
de un libro que ha elaborado en compañía de otro respetable académico. Dos cifras son particularmente aterradoras:
75 millones de mexicanos viven en estado de pobreza y 45 millones de ellos se encuentran en pobreza extrema. Esa
es nuestra condición: malestar para todos. Nadie puede asombrarse de la cada vez más generalizada tensión social.
La solución no es fácil, pero tenemos que encontrarla porque, de otro modo, la irracionalidad y la violencia nos
alcanzarán a todos. No podemos ahondar ya más la brecha entre los dueños de México y las víctimas de México. No
es sencillo pedirle sensatez y civilidad a un joven que a los 16 años ya se sabe condenado. La situación empeora si
este joven recibe dosis masivas de ideologización y de un utopismo trasnochado que promete la restauración de la
justicia, por más que históricamente nos haya dejado lecciones tan amargas como la URSS y como Cuba. Se me
ocurre que la verdadera solución -quizá no tan deslumbrante, ni tan inmediata- pasa necesariamente por la educación,
por el trabajo intenso, por la adquisición de valores ciudadanos; factores todos estos que nos permitirían darnos y
exigir mejor gobierno. Todo lo demás me suena a querer remediar un desastre con otro.
En todo esto pensaba yo al contemplar en la mañana de hoy martes 25 al Rector De la Fuente rodeado de un grupo
de universitarios distinguidos intentando vanamente reingresar a su casa. El fracaso de este intento lo explotará el
CGH (y Panchos Villa súbitamente caracterizados como "padres de familia" que lo acompañaba) y nos hablarán de un
"triunfo del movimiento". Yo lo miro como un tristísimo fracaso y como una exasperada solicitud de ultramartirio. En
rigor ya no hay nada que dialogar: los puntos del pliego han sido satisfechos y el congreso podría realizarse bajo una
condición que me suena perfectamente sensata: la restauración de la normalidad académica. Bien lo dijo Carpizo en
su momento: lo que ya no podemos permitir es que un supuesto alumno de la UNAM solicite y repruebe 150 veces el
mismo examen extraordinario; o que el Roco, compañero generacional de Carpizo y de quien esto escribe, siga
"estudiando" a costillas de los que ya llevamos tantos años trabajando. Continúo citando de memoria a Jorge Carpizo:
la responsabilidad de la UNAM es formar triunfadores en el sentido más generoso de la palabra: seres humanos
preparados, útiles y que, cada uno en su ámbito, sea el detonador de alguna forma de progreso. Contra esto, hoy por
la mañana se formó una valla de intolerancia, de amenaza y de violencia. En el terreno de lo académico todos
perdemos; en el terreno de lo moral De la Fuente y su comitiva triunfaron pues su intento por restablecer la legalidad y
hacer cumplir el claro mandato de los universitarios, fue derrotado de la peor manera por aquéllos que viven en la
contradicción de saberse sin futuro y, en absurda consecuencia, destruír una de sus escasas y firmes opciones de
esperanza. La historia seguramente continuará.
El Beso
Con ustedes es por demás; no hay manera de hacerlos gente. Así nos arengaba mi matrioshka en pose de Sarah
Bernhardt cuando nos descubría a mí, a mi primo el Sugus y al Chilaquil en abierta y flagrante colusión criminal. Ese
mismo y fogoso parlamento me gustaría dirigírselo ahora a los lactantes y sofistas encargados de la publicidad oficial.
Por más que les dice uno, no entienden. ¿A quién pretenden hacerle creer que vacunar a nuestros niños no tiene más
costo que ese pegostioso beso que el niño caracterizado como niño le estampa en el moflete a la joven promesa
caracterizada como enfermera? Somos ya muchos los que exigimos que se haga una segunda versión (¡arponazo II!)
y que en ella, en lugar de salir con su babosada de que es gratis, la sediciente enfermera le explique al infante que las
vacunas son caras, que son especialmente costosas si el jefe de compras encargado de la adquisición de jeringas y
vacunas lleva moche, que el promocional mismo resulta carísimo y en su realización suele haber también moche de
por medio y que todo ese dineral (piensa un número) lo pagan los papás de los niños y los papás de los papás de los
niños. Ese sería un testimonio realista y no lo que es ahora: un pokémon clínico-tenochca. Si persisten en su xalada
de que sólo cuesta un beso, un buen grupo de ciudadanos nos comprometemos a agarrar a besos y a no darle ni un
peso al recaudador fiscal cada vez que éste aparezca. No es por antojarlos, pero besamos más rico que el niño.
Envío
Este artículo es para mi amigo Carlos Albert. Ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Su joven hermano ha
muerto en Santiago de Chile. Quedamos él y yo para tramitar la pena y recuperar la esperanza.
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Por
Germán Dehesa
(27-Ene-2000).-
Espero que el PAN no intente cobrarme derechos de autor por su nuevo y muy efectivo grito de guerra: ¡ya! En México
tal expresión es como diría G. Celaya: "un arma cargada de futuro"; pero también de pasado y de presente. Me
explico: decimos ¡ya! Cuando finalmente concluímos una tarea, un compromiso, un asunto molesto o doloroso;
también decimos ¡ya! cuando estamos hartos de una situación que nos rebaja o nos infama; decimos ¡ya! cuando
finalmente se dan las condiciones para comenzar una tarea o un gozo largamente anhelados. La lista no es
exhaustiva, pero para mis fines es suficiente. Mi inaplazable necesidad de emplear la mágica, polisémica y enjundiosa
palabra se ha venido incubando en mi espíritu al contemplar la persistente y sobredimensionada atención de los
medios al pantanoso asunto del "(bata)Clan Andrade-Trevi". Dehesa sufre. Ayer, martes por la noche, al oír que los
conductores de los noticieros televisivos anunciaban: trifulca en CU; el Rector no pudo entrar... Sigue complicándose
el asunto Trevi-Andrade... Cae una banda de secuestradores que incineraba a sus víctimas... Siguen los problemas
con el balserito... Nace la primera pulga clonada; algo se derrumbó dentro de mí y le comuniqué a la Hillary: ¡ya!,
¿podríamos apagarle? ¡ya! en verdad, me tienen harto; lo de Andrade en particular es insoportable. ¿Por qué no dejan
las cosas en manos de la justicia y si el indiciado resulta culpable, que lo dejen sin pene ni gloria. ¡Y ya!
Están entrecerrados. Yo los conocí abiertos y luminosos. Uno se llamaba Pátzcuaro y el otro Chapala. Me ha tocado
también atestiguar cómo han ido enfermando, languideciendo, agonizando. Triste asunto. López Velarde, en su
amorosa derechura poética, no pudo imaginar una suave patria claudicante y ciega ("Quieren morir tu ánima y tu
estilo..."). Espero que no nos dé la gana que tan lamentable cosa nos suceda; de la tenacidad de michoacanos y
jaliscienses y de la solvencia profesional de Julia Carabias (que, por lo visto, ya no le gusta andar de pelo suelto)
espero que logren el rescate de Pátzcuaro y Chapala; si así lo hicieren, México abrirá sus dulces y hondos ojos y
echará a andar solita y por su cuenta.
Y Hablando de Patria
Su Charro Negro padece un post-moderno encamotamiento cívico-ontológico. Mi padre y mis maestros me imbuyeron,
cada uno a su modo, la idea de amor a la Patria. Hoy sigue conmigo; pero resulta que me vienen a avisar que el
concepto mismo de Patria se encuentra en un grave entredicho frente a la noción de aldea global. Ahora resulta que a
lo más que podemos aspirar es a nombrar nuestro "nicho étnico" o nuestro "site geográfico". El asunto me parece
repulsivo e insustentable; por lo menos para mí que me siento agredido personalmente y desplazado rumbo al siglo
XIX en compañía de Altamirano y Zarco. Es más: aunque quisiera aceptar tales modernidades, no podría pues me
asaltaría una insuperable sensación de viudez y una implacable y pertinaz pregunta: ¿y ahora, qué hago yo con tanto
amor?
Se Va el Caimán
Es una licencia poética. Lo que se va es el camión. En vista del éxito que tú y yo y él y ella (nosotros) obtuvimos en
Meztitlán, nuestros siguientes objetivos son (no necesariamente en ese orden) Puebla, Veracruz y la Tarahumara. En
mi restaurada oficina y en su democrático cantón esperamos su benévola, cívica y generosa ayuda. Nuestro tutelar y
anónimo transportista sigue puestazo, pero para que el camión se vaya hay que llenarlo de algo. No sean chacales ni
cicateros. Pónganse con su cuerno y la Patria se los pagará con hijos y Nafin con una jubilación emergente. Me
cuentan que por ahí en un foro internacional el gran Zedillo dijo, palabras más o menos, ¡cuídense de la sociedad civil!
Es una información por comprobar. Lo que yo afirmo es que como sociedad civil tenemos que cuidarnos unos a otros.
¡Ya!
Mensaje al Mosh
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Germán Dehesa
(28-Ene-2000).-
Si algo hemos descubierto es que la palabra "autonomía" tiene una elasticidad incalculable. Sólo se trata de crear
ciertas condiciones y todo cabe en ella. Caben, por ejemplo, todos los agravios justificados e injustificados; todos los
intereses confesables e inconfesables; todos los atropellos a la legalidad; todas las justificaciones para que los que
cobran un sueldo para mantener el orden y la convivencia se disculpen y se laven las manos; todas las tentaciones de
la indiferencia y/o del fascismo. Esto último me (nos) preocupa enormemente. Si no logramos que, en medio de tanta
sinrazón, se impongan la sensatez, la cordura y el diálogo; no veo cómo vamos a evitar la colisión entre un sector duro
de la sociedad que clama por una represión violenta y ejemplar y un núcleo igualmente duro del CGH que parece
exigir a gritos el martirio. No es poca cosa. Si en las circunstancias actuales y habiendo permitido que el conflicto se
haya enconado a lo largo de tantos meses, la UNAM detona, la grieta puede fracturar al país entero. No caigamos en
las facilidades de la absolución general, ni en las costosas torpezas de ¡mátenlos en caliente! Tú y yo sabemos de
miles de cosas y de seres que nos molestan en nuestro país (comenzando mayoritariamente por nosotros mismos que
hemos sido cómplices activos o pasivos de tanto pudridero). Frente a esto (y éstos) la tentación polpothiana es fuerte:
¡aniquilemos a los impuros! Preguntas: ¿alguien sabe en este país dónde comienza y dónde termina la impureza? ¿de
qué lado vengo quedando yo? ¿si alguien decide que tú o yo debemos desaparecer, dónde me resguardo si
previamente he patrocinado la cancelación de la legalidad? Ojalá y hubiera respuestas fáciles, pero todo se vuelve
difícil si consideramos que la pobreza de este país es una herida que se emponzoña aceleradamente cada día. Yo no
tengo con qué ni por qué aniquilar a un joven que muy probablemente comenzó a rezagarse desde el vientre materno;
con él sólo puedo intentar una plática y decirle: mira, manito, la pobreza no se arregla empobreciendo más o
destruyendo nuestros escasos bienes; si ya lo hiciste, atente a las consecuencias legales; pero si lo que quieres es
una universidad que sea casa para todos los que quieren trabajar fuerte y mejorar su vida y la de su país, entonces ya
no podemos perder un minuto más; ya estuvo suave de poses heroicas y de baladronadas; reabramos la escuela,
pongámonos a platicar y reflexionemos todos juntos acerca de todo lo que hay que rescatar y de todo lo que hay que
modificar para que la UNAM honre su compromiso de crear ciudadanos mejores. No seas necio. Lo que tenías que
ganar ya está ganado. El costo ha sido excesivo y ha espoleado las inquinas nacionales. Si, a pesar de todo esto, tu
elección sigue siendo la inmolación en el hoyo negro, conmigo no cuentes; tú solito -para hoy o para mañana- te
estarás dando más dilatada muerte, diría nuestra poeta. ¿Vale la pena?
Y Sin Embargo...
...se mueve. Y sin embargo, la UNAM sigue viva. Tienen 72 horas para comprobar esto del modo más gozoso. El
domingo 30 termina en San Ildefonso la exquisita muestra titulada "Arte de las Academias". Yo no sé qué cantidad de
gestiones habrá que hacer para conseguir que el Louvre acceda a prestarle a México un maravilloso lote de dibujos; lo
que me consta es que ahí están y para muchos de nosotros será quizá la única oportunidad que tengamos de verlos.
Sin menospreciar la pintura, el dibujo tiene el poder inmenso de lo inacabado y de lo que se hace como jugando, como
ensayando. El dibujo solicita nuestra imaginativa complicidad para darle color y vuelo a lo que el trazo sugiere. Si
sienten que el chip está a punto de tronarles con tanta UNAM, tanta Trevi y tanto candidato ¿qué esperan, criaturas?
En San Ildefonso, o en el museo, o en la biblioteca, o en el parque la tenaz felicidad mexicana nos está esperando.
Creo que no hay que flagelarse de más. Así como los grandes académicos (o nuestros hijos) dibujaban como jugando;
nada ni nadie nos impide dibujar con nuestros pasos, nuestros buenos modos, nuestra voluntad de vida, algún
transitorio pero exacto mapa del contento. ¿Pretendes decir que yo también puedo dibujar? Respondo: pues claro,
menso. Y dibujar acompañado es la loquiur: hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna que le apuesta a la palabra, favor de dirigirla a [email protected]
o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(31-Ene-2000).-
Es un cisne. Así me dijo mi cuate Néstor López Aldeco. La tienes que conocer. Yo ya la había visto cruzar desnuda un
escenario ("La señorita de Tacna") como esa nube perfecta que inútilmente buscamos en los cielos de nuestra
infancia. Finalmente la conocí y no era cisne ni nube; era algo mejor: era (y es) una mujer hermosa, bienhumorada,
amiga fiel y dotada actriz. Se llama Margarita Gralia y la acabo de ver en "Tengamos el sexo en paz" que, en abierta
oposición con las desatentas, sesgadas y pueblerinas opiniones de algunos "críticos" que escriben porque ya tienen
computadora y algo tienen que hacer con ella, me pareció un espectáculo hermoso e inteligente que conjunta el
excelente oficio dramático de sus autores con la sobriedad del trazo y el montaje escénicos y la gracia y la honestidad
artística de Margarita. Me dirán: se expresa tan favorablemente porque está hablando de su amiga. No es el caso. Los
espectadores que llenaban el teatro no eran amigos de Margarita y aplaudieron con el mismo entusiasmo que su
Charro Negro. Digo más: esos espectadores terminaron con la fundada convicción de que ya eran amigas y amigos
de la Gralia. No es poca hazaña llenar un teatro en un viernes negro con Tenochtitlan sitiada hasta por aquellos que
están para defenderla, con el Periférico infartado, marchas y contramarchas (¡ya no marchen!), ciencia ficción
declaratoria fabricada en Suiza por técnicos mexicanos, avisos de que los regios todavía no saben si bailar arriba o
abajo de las mesas; notificaciones de que los transportistas tapatíos quieren llevarse el camión a su casa, seguro
social y licencia para matar. En un viernes así y frente a la pesadilla urbana, E. A. Poe es autor de la pequeña Lulú.
Un buen modo de salir de tanta tiniebla es mirar a Margarita y presentir que está linda la mar. Con tal motivo y con el
fin de comprobarlo, levo anclas rumbo a Veracruz y ya en el puerto me quiebro rumbo a Tlacotalpan para cumplir con
el duro deber de divertirme como enano que soy en compañía de la Hillary (que ya quiere también ser Senadora
plurinominal) y de mis cuates xalapeños. Parto sin dolor con la alegre certeza de que allá no estará Rodríguez Alcaine
diciendo babosadas y pidiendo hermanas y con la promesa de enviar -entre torito y torito- mis crónicas tlacotalpeñas.
Tendremos el sexo en fax.
El Arzobispo de Globalifobia...
...se quiere desglobalifobizar. Entre Davos y México hay una sana distancia. Esto es lo que le permite a Ernesto
Zedillo soltar el brazo y la lengua y concederle entrevistas a la prensa suiza que vivía la terrible angustia de no saber
si Zedillo apoyaba o no a Labastida (un apoyón fuerte de Zedillo puede matar a cualquiera). Horas después de la
coleccionable entrevista, Don Ernesto volvió a agarrar por su cuenta los micrófonos para puntualizar que el alado
vocablo "globalifobia" no era de su autoría (de hecho, Cervantes lo usa mucho) aunque de que es bonito, es bonito;
puede usarse en fiestas infantiles; lo podemos emplear todos aquéllos que ya estamos hartos de política globera; es
muy útil para aflojar la lengua y es bajo en calorías. Oé, oé, oeeeeé.
Usurpación de Funciones
Todo hogar necesita orden y una buena distribución de las tareas. Esto lo saben muy bien los hombres y lo ejecutan
las mujeres (lo ejecutaban; ahora andan muy insurrectas). Invoco un caso de lacerante actualidad: en mi domicilio de
interés social (y sexual) a mí me corresponde por escalafón y por carga genética ser el enfermo oficial; a los demás
les toca mantenerse sanos y gorjeantes. Si este frágil equilibrio se trastorna, padece todo el ecosistema doméstico.
Sherlock Bucles fue el primero en caer como apedreado por el rayo con su enésima infección en el oído (el
Patopedíatra ya quiere mudarse a Ciudad Mante y dedicarse a la escultura erótica); dos días después, Aunt Jemima,
nuestra flamante cocinera, comenzó a toser como dóberman. Mi amada Tractor con su embarazada panza tamaño
iglú también mordió el polvo y desde hace cinco días, la elocuente y cantarina Hillary se quedó afónica (lo cual no deja
de tener sus ventajas). En resumen, mi otrora dulce hogar donde tanto me cuidaban y me apapachaban, es hoy una
clínica del ISSSTE donde mi dulce compañera me saluda con voz del Gallo Claudio, la cocinera azota sobre el fogón y
el Bucles me pica la panza a las cinco de la mañana porque le duele el oído (y eso que no ha escuchado las
declaraciones de Zedillo). Me desglobalizo por minutos. Quedan dos caminos: comprarme una peluca de doble gato,
un termómetro y una cofia de Florence Nightingale, o largarme a Tlacotalpan. Por el bien de México, he optado por lo
segundo (me llevo una muda de ropa y una muda de esposa).
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Gaceta del Angel / El terror y la catástrofe
Por
Germán Dehesa
(01-Feb-2000).-
Después de un fin de semana perfecto (ganaron los Pumas, perdió el América y el Súper-Bowl fue un orgasmo
metafísico) ya estoy -sin merecerlo- en Tlacotalpan. Rayando el cuaco y con la Hillary mentándome la madre en voz
baja (no es lo suyo, pero está afónica) llegamos al aeropuerto dos décimas de segundo antes de que cerrara el vuelo.
Si se tratara de un ciudadano común, no me hubieran dejado abordar; pero, en previsión de alguna contingencia, yo
llevaba mi sombrero de Indiana Fox que doblega y fustiga cualquier voluntad y dulcifica a la más bragada
despachadora de Aeroméxico. Para la chica del mostrador, fue -estoy seguro- una experiencia inolvidable: nos
perdonó la vida, nos dió nuestro pase de abordar y no me lo dijo, pero estoy seguro de que ya quiere organizar
cadenas de esperanza en el Periférico. El vuelo a Veracruz fue una veloz y tersa shulada. Llegamos al Puerto,
abordamos chika kamionetota y en una hora estábamos en Tlacotalpan. Boca del Río, Tlalixcoyan (de tan dulce y
militar recuerdo), Alvarado el puente que ostenta en la entrada un atento y oficial recado que dice, no vaya a ser que
no nos demos cuenta: comienza puente (ya no hubo presupuesto para poner el que anunciara: termina puente).
Tlacotalpan, 14:00 horas, 31 de enero. Cielo gris, el río manso y paciente, el hotel de Doña Lola, jaranas y bullicio en
el cielo y en la tierra, la plaza deslumbrante e inverosímil, sonrisas que relumbran por todas partes, todos bailan, todos
cantan: comienzan las fiestas de La Candelaria. Todo huele a fresco y a mujer engalanada. Como es tradición, hoy es
el día de la cabalgata y aquí y allá los hombres se afanan en sacarle lustre a su caballo para lucirlo en el desfile de la
tardecita. A la orilla del río un amigo nos ha invitado a comer, a platicar, a descansar y juntar fuerzas para el festejo.
En pleno aperitivo, irrumpe Don Angel Rodríguez decimero ilustre. Nada más para abrir boca, este hombre de 80 años
que parece hijo mío, se abisma en su memoria y nos recita su inmortal oda a la inseminación artificial que ya la
quisiera Ezra Pound (la oda, no la inseminación). Camarones, arroz con platanitos, frijolitos negros, pejcaíto frejco,
dulces de leche; todo esto desfiló por el fresco comedor que mira al río y a la plaza. Un último y moroso trago de vino
blanco antes de salir en estampida rumbo a la calle por donde desfilará la cabalgata. Mi mecenas y amigo xalapeño
junta sus ojos claros con los luminosos ojos de su esposa (así se juntan la tarde y el río) y traman recuerdos y gozos
compartidos y por compartir. El desfile lo encabeza una banda de marina que toca la marcha Zacatecas cobijada por
los gritos y los aplausos de tlacotalpeños y fuereños. Ahora avanzan los jinetes, hombres y mujeres, niñas y niños, de
dos en dos y cada uno en su cuaco retozón. Ellos van de blanco y ellas traen su atuendo veracruzano que
seguramente les costó muchas horas de trabajo. Nomás faltaba, para eso ahorramos; para darnos nuestro gusto.
¡Adiós, terror! grita alguien y un joven jinete voltea sonriente al sentirse reconocido por su bien ganado apodo: "el
Terror". Minutos después, garbosa y erguida, pasa frente a nuestros ojos una jovencita que cabalga con sosiego.
Sobre su pecho una banda anuncia con mansedumbre: "La catástrofe" ¿Y si se casaran? pienso yo. Bueno, pues si
se casaran serían una metáfora de México...la tlacotalpeña historia continuará. De hecho, México continúa.
¡Ay, Rosario!
¿Por qué, ante el colapso capitalino del viernes pasado, no se te ocurrió mejor cosa que decir que tú no veías ningún
caos? Tan fácil que hubiera sido que dijeras que si bien el Ejecutivo Federal "delegó" en el gobierno capitalino las
tareas policíacas y del resguardo del orden y la convivencia, eso no lo releva ni lo dispensa de sus responsabilidades.
Hubo tantas "coincidencias" y tanto "caos" tan precisamente organizado que cuesta trabajo pensar en la pura
casualidad. Pero el Jefe del Ejecutivo estaba en Suiza iluminando simultáneamente a los lectores suizos, a la
gramática española (que es globalifílica) y a Labastida. Te dejaron con el cuete prendido y la ciudadanía te pasó a tí
toda la factura. Lo molesto es que la hayas pagado con tanta docilidad. Mal. Tú eres mucho más inteligente que eso
que dijiste.
Envío
Una vez más te nombro Virginia González. No hace mucho el New York Times se ocupó largamente de tu lucha
infatigable en favor de los discapacitados mentales que, en México, habitan el infierno y enriquecen a todos los que
los despojan parejamente de sus bienes, sus alimentos y su dignidad. Ahora "Proceso" en su ejemplar del domingo se
detiene en el mismo asunto. Todos te queremos, todos te admiramos y te acompañamos en tus afanes. Todos, menos
los que podrían poner algún remedio. Esos te odian.
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Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
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Germán Dehesa
(02-Feb-2000).-
El encuentro de jaraneros. Aquí nadie viene a pelearse, ni a demostrar superioridades. Es encuentro y no pleito (¡ojo,
mexicanos!): el encuentro es posible si todos se ayudan. Entonces llega un grupo, pero no hay quien toque el
pandero; de inmediato surgen un turista suizo, un burócrata de Irapuato y un personaje local. Los tres echando mano
al pandero como queriendo pelear. Rápido conciliábulo de los jaraneros y los tres aspirantes se incorporan al
fandango. Todo esto ocurre hacia la madrugada. Terminó el 31 y apunta el primero de febrero. El manso rumor del río
es apenas un presentimiento junto al trajinar de los tlacotalpeños. El 33% de la población está fabricando música y/o
bailando sobre una sonora tarima; el otro 33% está colocando vallas para prevenir la inminente irrupción de los toros
(eso tendrían que hacer los candidatos); el último 33% anda desbalagado por el pueblo bailando otros ritmos, o
tramitando algún amoroso lance. El 1% restante paseamos atónitos y maravillados. No es posible que en este
colapsado país exista un sitio tan abrumadoramente poblado por tanto loco gozador. La tarima de los jaraneros
retumba en la noche con el zapateo de las parejas que no paran de imprimir sobre la madera la huella de todas sus
sangres: indígena, andaluza, negra y la que se ofrezca. Feliz reunión que ha permitido el garbo, el ritmo, la sonrisa
inacabable y las mujeres de talle mimbreño, piernas terrestres, ojos de mental mirada y cabelleras que son un misterio
fluvial y bruno. Todas las razas y todas las edades andan por aquí. El nuevo grupo se arranca con "El Ahualulco"
(Bonito es Guadalajara/ ¿quén estuviera en el puente?/ abrazadito a mi amor/ mirando pasar la gente...) ¡Oh, ilusa! La
Hillary ha decidido agonizar y, eventualmente, dormir (la pobrecita ignora que en La Candelaria de Tlacotalpan no
duerme nadie). Yo estoy aquí mirando y no creyendo. Una mujer que anda por los 75 baila con un niño de 11. Lo
regaña, le corrige el paso y el niño le responde con un zapateado tan drástico que no admite objeciones. Sólo que sea
genético, dirían mis doctores. Pues ha de ser, respondo yo. Para el sufrimiento hay que ser muy fuertes, decía mi
matrioshka y volteaba sus ojitos. Ha de ser verdad, pero estas fiestas me avisan que para el gozo hacen falta la
fortaleza y otra cosita. Diálogo entre una señora de tierra adentro y una jovencita local (y locochona): perdone, yo
quiero bailar, pero no conozco las reglas. Miré uté, aquí no hay reglas; bailan los que saben y los que no. Bailando se
aprende. Todo es cosa de entrar cuando hay que entrar, callarse cuando toque y salirse cuando le toque salir. Yo
escucho todo esto con total y jaranero regocijo. La señora se sumerge en la perplejidad, pues quiere bailar, pero no
sabe a qué horas entrar, a qué horas callarse y a qué horas salirse. No la culpo. Es un mal generalizado. No sabemos
vivir sin reglas y maridos y gobernantes no sabemos ninguna de las tres cosas. Mañana, si merezco su hospitalidad,
les cuento los dramáticos lances del "día del toro".
¡Qué Envidia!
Pero envidia de la buena, como dicen las señoras decentes cuando están a punto de estrangular a una amiga que
trae un vestido más bonito que el de ellas. No sabemos, lectora lector querido, la envidia que siento al pensar que
ustedes se levantaron temprano para irrumpir en el frío y la contaminación después de haber visto a su cuñada
Ramona con tubos. Me muero al pensar que ustedes están trabajando, o embotellados en alguna vía rápida, o están
lidiando a muerte con el trámite del predial y las cuentas de la telefonía celular u otros servicios igualmente
excelentes. De veras que nadie sabe el mal que tiene hasta que se muere su doctor. Ustedes gozando de la
civilización y yo aquí en Tlacotalpan extraviando el calendario y los relojes; bailando y cantando noche y día, bebiendo
sustancias harto nocivas, platicando con muchachas guapísimas que atentan contra mi monogámico blindaje;
desayunando unas miserables picaditas con queso y jitomate, taquitos de chorizo, huevos revueltos, jugo de pomelo,
tortillitas recién hechas, queso de tira y café humeante y exquisito.
Créanme que sólo lo hago por ustedes. Entiendo que nadie me lo va a agradecer, pero no me importa. Yo me sacrifico
igual. Así es la canija vida: igualita a Labastida.
Pregunta y Sugerencia
¿Y si todos los que aún fuéramos adictos a las mujeres llenitas y bien dotadas fuéramos conocidos como
globalifílicos?
Envío
Esta tlacotalpeña crónica es para mi joven amigo Pablo. Está asustado y tiene derecho. Yo le aviso que con el musical
amor de sus padres y de todos los que lo queremos, volverá a la vida y visitará Veracruz que son una y la misma
cosa. Ahí nomás, nomás.
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Germán Dehesa
(03-Feb-2000).-
Si vienes a Tlacotalpan, procura por tu bien dejar en el camino tu pesado gabán de "intelectual". Aquí nada más te va
a estorbar. La tentación de racionalizar te asaltará (a mano armada) frente a este fenómeno entre goliárdico y jarocho.
De nada sirven los juicios al vapor, las aproximaciones psico-sociales y los mensajes ecologistas. Las fiestas son
como son y en ellas la violencia y la ternura bailan juntas y consiguen la paz. El asunto no es de pensar, es de
imaginar, de escuchar, mirar y disfrutar. ¿Quién decidió que las palmeras, las umbrías arcadas, los balcones de
primorosa herrería, las camas con dosel y los muebles de bejuco cayeran en su lugar y formaran armonía? El tiempo,
el terco tiempo. Lo demás lo ignoro y por lo tanto lo imagino. ¿De dónde el cadencioso garbo de las muchachas que
danzan al caminar y bailan como si caminaran? ¿Quién inventó las gorditas de frijol negro? ¿Por qué un tlacotalpeño
si no tiene tres apodos, por lo menos, no merece ser de aquí? ¿Quién tuvo la ocurrencia de que La Candelaria, la
virgen navegante, estaría particularmente satisfecha si en las vísperas de su fiesta, soltaran por el pueblo seis toros
enloquecidos que siembran el pánico, el destrozo y el júbilo democrático por toda la población? Para todas estas
preguntas tengo una sóla y contundente respuesta: sepa.
No había yo acabado de aterrizar en Veracruz, cuando una chica de la TV local me acercó el micrófono y así me
inquirió: ¿viene usted a autorizar con su presencia las salvajadas y la crueldad? Yo respondí: no sabía yo que el PRI
estuviera organizando algo (yo no podía presentir los hechos de la Prepa 3).
Hoy es el día del toro y la generosidad de dos amigos de reciente adquisición: El Vitico y Don Paleto, también
conocido como El Yeti o el Chocochip, me ha permitido navegar por el río de las mariposas y mirar a prudente
distancia las tropelías de los toros y de los lugareños. Los toros los regalan los rancheros ricos y los destrozos que
hagan los cebúes no los paga nadie. O sea que todo es gratis. En el amplio lanchón llamado "el Mi" cabemos todos:
visitantes, señoras con bebé (o en trance de fabricarlos), los "chuchumbé", jaraneros ilustres y personajes de toda
laya y condición. La democracia fluvial. Desde la ribera, Tlacotalpan hierve de playeras rojas que se mueven y
destellan a golpe de toro. "¡Virgen de La Candelaria!/ Te pedimos por el mundo/ te pedimos por el río/ te pedimos por
el bosque/ te pedimos por los niños". Mi amigo xalapeño y su Charro Negro escondemos el rostro para que los
jaraneros que cantan esta salmodia no nos vean llorando. El cielo se ha puesto azul y allá en la orilla, sobre una
labrada farola de hierro blanco se ha posado un cardenal de rojo pecho. El hierro y el vuelo: día del toro.
Hacia las tres de la tarde desembarcamos. Los toros siguen sueltos. La Hillary se espanta, voltea e intenta correr; no
lo logra porque topa conmigo y me acomoda un mulazo peor que embestida de cebú. Tardaré en sanar dos semanas.
En una callejuela, un preclaro y joven tlacotalpeño se ha bebido cinco o seis toritos. El efecto es fulminante: se va de
bruces y ni las manos mete; la banqueta hasta se cuartea con el cerebrazo. Un ribereño mira mi cara de espanto y me
dice: ni se preocupe, Don Germán, en una de esas, se le acomodan las ideas al muchachito y nos resulta un Einstein.
Bueno.
Don Bautista es caporal y es un hombre bueno y firme. Ojos claros y manos de hierro. Ninguna faena campirana le es
desconocida; pero su fuerte es capar potros, toros y gatos. El gato, me dice, es muy delicado. Hay que darle su lechita
con su poco de aguardiente; luego lo agarra uté de la cola y con todo el brazo le da vueltas y vueltas. El gato maúlla
como loco (yo también maullaría); uté le sigue hasta que el maullido se le vuelva suavecito como arrullo; señal de que
ya está listo; con cuidadito lo acuesta lo pone de pancita y le quita sus cositas. Nada más de oírlo hasta me tambaleo
del dolor. Luego me viene la duda: ¿no llevarán 70 años jondeándonos de la cola? Esa es mi duda tlacotalpeña.
Continuará.
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Por
Germán Dehesa
(04-Feb-2000).-
¿Han probado ustedes una buena sopa de acuyo con camarones y bolitas de masa? ¿Nooo? ¿Pues dónde han
andado, criaturas? Como ya es o debería ser sabido, su Charro Negro ha andado por Tlacotalpan ejecutando lo que
técnicamente se llama tirar baba. Ya no me cabe más color en los ojos, ni más aromas en el olfato, ni más calideces y
sonrisas en el alma. Les notifico que, por obra y gracia de un obeso músico tlacotalpeño, ya no soy Germán Dehesa,
sino "el Salinas". Ya con el mote a cuestas, desperté el día 2, el mero día de La Candelaria. Desayunamos variada y
tranquilamente; yo me retiré a escribir mi artículo y la Hillary se fue al "Mercado Dehesa" y al fascinante Museo
Ferrando, fruto del tenaz amor ribereño de Humberto Aguirre Tinoco (con él he estado tramando una magna
exposición de pintura sotaventina con jaraneros, fandango y todo). Concluídas las gustosas tareas, la expedición se
dirige a pie a casa de Vitico donde nos espera el ritual banquete que comenzó (y todavía no acaba) con la
mencionada sopa de acuyo. Esto de comer entre las enhiestas palmas y mirando al río es otro de los sacrificios que
me impongo por el bien de todos ustedes. Llevo tres días sin ver la televisión, sin leer periódicos y sin toparme con
ningún funcionario. ¿No es el paraíso? Comienzan a circular los tamalitos, pero ya no hay tiempo: viene atracando "El
Mi", lanchón afamado que nos llevará a ver la procesión fluvial de la Virgen de La Candelaria que, cual corresponde,
viene estrenando vestido y con el Niño Jesús en los brazos. El río hierve de lanchas de todos los tamaños y de todos
los colores. En el muelle, los lugareños forman valla (y bulla) para darle paso a la Señora (su Señora) que viene,
guapa y airosa, a pasear por el río en compañía de su hijo que tiene 40 días de nacido. Retumban los cuetes, los
vítores y las jaranas mientras la Señora es colocada en "El Amateco", un inmenso y rojo transbordador engalanado
con flores y cientos de globos (los tlacotalpeños son globalifílicos). La Virgen, me dicen, llegó de Barcelona en el siglo
XVIII y originalmente traía al pequeño Jesús sentado en una mano de su madre y sostenido por la otra. Esto le pareció
muy mal a las damas tlacotalpeñas que solicitaron urgentemente una cita con el obispo. Es una crueldad, señor
obispo; la criatura tiene apenas 40 días y se le va a pandear el espinazo, le dijeron. Es el hijo de Dios y tiene poderes
sobrenaturales, aventuró el prelado. Pué será muy hijo de Dios, pero se le va a pandear el espinazo. Discutir con una
mujer es tarea inútil; discutir con varias mujeres tlacotalpeñas es mortal de necesidad: ahora el Niño viene recostado y
se le mira muy a gusto. Rodeada por las barcas, el atardecer y la música, La Candelaria navega por el Río de las
Mariposas. Todos aplauden, todos gritan, todos cantan, todos agradecen, todos suplican. El paisano que me ha
tocado a mi derecha se quita el sombrero y le reza en voz baja a su Señora que va con la cabellera al viento. Yo que
me he quitado mi sombrero de Indiana Fox le pregunto: ¿cree usted en La Candelaria? El me mira con asombro y
dice: ¿En quién voy a creer si no? ¿En Zedillo? Silencio. Continuará.
La Celada
Regresamos de Tlacotalpan (muy poco) y llegamos (en exceso) a la Capital. Abro los periódicos y contemplo un
prescindible curso de ciclismo y una brutal e ilegible falta de civismo. Huyo rumbo al radio y ahí me están esperando
los telefonemas más airados y descalificatorios: para empezar, yo soy el Pinochet radiofónico; el plebiscito es un
burdo atropello; De la Fuente debe renunciar; los paristas deben ser "aplastados" y los artistas, académicos e
intelectuales que se pronunciaron en contra de la violencia y a favor de la restauración de la normalidad vienen a ser
oportunistas, "orgánicos" y gobiernistas. Y su baboso -el Pinochet del Papaloapan- dirigiendo el tránsito de las
pedradas y esquivando las que le corresponden. No me preocupa a mí, pues bien que mal tengo modo de revirar; me
preocupa comprobar que, ante la sexenal y metódica erosión de las clases medias, el país (nuestro único país) se
esté polarizando violentamente entre los que todo tienen (hasta bicicleta) y los que no se tienen ni a sí mismos. Unos
y otros quieren "aplastarse". Globalifílicos contra globalifóbicos. En este pleito las ausencias son notorias; las que
quedan en la penumbra (la tenebra) son las ominosas presencias (podrían ser las mismas que las ausencias). Por las
buenas quedan dos caminos: a) entregar las instalaciones y aprovechar lo ganado y b) aplicar el sagaz consejo de
René Delgado y comenzar de inmediato en las sedes alternas el Congreso Universitario. Lo demás es un incalculable
horror.
Por cierto.
Hoy toca.
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Por
Germán Dehesa
(07-Feb-2000).-
¿Habrá sido el final? Hoy nadie puede saberlo. Despertar de una pesadilla no garantiza necesariamente la lucidez y la
recuperación del sentido de realidad. La UNAM no está recuperada más que en un estricto sentido topográfico. Mucho
tendremos que hacer para lograr no tan sólo la verdadera recuperación, sino la superación de un modelo de
enseñanza superior que, con o sin CGH, ya mostraba esclerosis y una acentuada parálisis burocrática. El proceso ha
sido, me parece, excesiva e innecesariamente largo. Todo comenzó mal, pero siguió peor. No fue prudente lanzarse a
una modificación de las condiciones de vida universitaria cuando ya el caldero previo a las elecciones estaba en
ebullición. Nadie tomó en cuenta, por ejemplo, que tal modificación avisase con toda claridad que si algún alumno no
podía pagar las nuevas cuotas, se aceptaría su palabra y se le admitiría. Así comenzaron a fluír en cascada los
errores: toma de las instalaciones, endurecimiento gradual de posiciones, propalación de rumores fundados e
infundados, intentos de diálogo siempre fallidos, sacrificio inútil e indigno (solicitado a gritos por el PRD) de un
excelente universitario llamado Francisco Barnés, descalificaciones sistemáticas, 250 mil muchachos despojados de
más de un año de vida académica, demagogia de ida y vuelta, daños materiales y morales incuantificables, manos
cada vez más abundantes y negras metidas en el caldo gordo de la impunidad disfrazada de autonomía,
respetabilísimos maestros e investigadores expuestos absurdamente al escarnio y al desprecio de quienes ni siquiera
sabían con quién estaban tratando, partidos, grupos, grupúsculos reclamando su tajada del botín; visita de Rosario
Green que declara (¡canta, oh diosa!) que en el extranjero el prestigio de la UNAM está intacto; nuevo Rector y nuevos
desprecios de un CGH ensoberbecido; académicos que se presentaban puntualmente en Minería para "dialogar" con
un "comité" que llegaba tarde, o no asistía, o se presentaba con una nueva exigencia; una ciudad semanalmente
colapsada por una creciente multitud de quejosos que, en el mejor de los casos, aceptaba marchar por la lateral del
Periférico; un hecho definitivo: el plebiscito y, a partir de esta coda, el lamentable final, el horror de la Preparatoria 3 (y
de ahí nadie salió del todo limpio), las aprehensiones, las inexplicables fugas, el último e inútil diálogo y la
recuperación de las instalaciones por cuenta de la PFP. Yo, por mi cuenta y riesgo, digo tres cosas: ¡qué bueno!, ¡qué
triste!, y ¡qué tarde! En su mensaje el Rector pidió justicia y benevolencia; en su momento, el Presidente se ha
comprometido a salvaguardar a la UNAM como institución pública y a no permitir que sea herramienta política de
nadie; si esto es así, lo agradezco, lo apoyo y deseo fervientemente que este evitable temblor no tenga réplicas; si así
no fuere, pronto estaremos asistiendo al capítulo II de esta tragedia que ni la UNAM, ni tantísimo pobre de este país
que tiene en la educación superior toda su esperanza, ni nadie nos merecemos. La UNAM es y debe seguir siendo la
casa de todos.
La Tentación Austríaca
La ultraderecha no tan sólo existe en Austria. Su torvo rostro se asoma en todos los rincones de la globalizada aldea.
Tienen a su alcance todos los medios (materiales y de comunicación) y pueden suponer que lo ocurrido esta mañana
en CU marca la pauta de cómo deben resolverse los conflictos en nuestro país. Aventuro que, en el otro extremo del
espectro, hay otros ultras que ya están pensando en guerrillas y/o en terrorismo urbano. Son dos rostros del fascismo.
Mantener a ambos a raya es el nuevo reto de la sociedad y del Estado mexicanos. No será tarea fácil: hay
muchísimos pobres, hay unos cuantos hombres riquísimos y las clases medias están golpeadas, enflaquecidas y
depauperadas. En condiciones así, no será sencillo, pero es indispensable, mantener la paz y no reprivatizar la
esperanza.
Esta mañana recibí un telefonema del Secretario de Gobernación que me notificaba...Estoy citando de memoria, pero
eso dijo. Creo que se lo podría haber ahorrado. ¿Alguien puede creer que una acción tan delicada y de tales
consecuencias se decidió a espaldas del Rector? El resto de su mensaje es plausible y digno; el arranque es
inverosímil y suena como a curarse en salud. Es como suponer que Barnés se aventó su horripilante salto mortal sin
platicarlo con Zedillo y con Cuauhtémoc. Si todos asumiéramos nuestras responsabilidades; si las decisiones que a
todos nos afectan dejaran de tomarse en lo oscurito; si nos interesara defender más nuestra verdad y menos nuestra
parcela de popularidad; tanto mejor nos iría a todos. Dicho más llanamente: ¿y si nos pusiéramos a pensar en
México?
Cualquier correspondencia con esta aliviada y alarmada columna, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Por
Germán Dehesa
(08-Feb-2000).-
Crónicas de la Candelaria V:
No. No es fácil regresar de Tlacotalpan y diré algo todavía peor: me urge regresar a mi jarocho y subvertido edén
donde la felicidad me fue propicia, rítmica y navegable. Es horroroso aterrizar en México ( por lo menos, no fue junto al
periférico ) y enterarse (en el supuesto de que realmente nos estemos enterando) de la sangrienta trifulca de la Prepa
3 que, como suele suceder, puso bajo sospecha a todos y terminó provocando -Zedillo dixit- lo que ya sabemos (o
comenzamos a saber); pasan los días y las cosas, lejos de aclararse, se enconan y revuelven bajo un cúmulo de
informaciones cruzadas; mi congestionado entendimiento saca tres cosas en claro: hay que liberar a la inmensa
mayoría de los muchachos; hay que reestablecer la vida académica y hay que ir al Congreso Universitario. Con la
mirada triste recorro los diarios en busca de algún alivio. No hay mucho. La selección mexicana en un partido
aburridísimo apenas pudo derrotar por 1-0 a un grupo de pokemones cuya estrella se llama Ito (vocablo nipón que,
según el perro Bermúdez, significa "oreja sangrante", tal cual). Un fiasco. Del juego de los Pumas prefiero no hablar.
En Guadalajara ya se armó el tapatipancho protagonizado por Carpizo, Cárdenas y el Cardenal, carcachas caradura
que carcomen cargos y caridades con cargantes carantoñas (¡caramba!). Voy de desaliento en desaliento. Mi
"información" se redondea con la surrealista y muy simbólica fotografía de un avión del Estado Mayor (¿o menor?)
Presidencial sin alas y remolcado por la vía pública. Ante todo esto, yo quisiera regresar a Tlacotalpan y a su gozo
casi perfecto. Dije "casi" porque ahí sólo dos cosas me incomodaron: la ominosa sensación de estar comiendo sin
saber a qué horas irrumpirá sobre mi plato un cebú torturado y enloquecido y la triste comprobación de nuestra
arrasadora capacidad para fabricar basura y dejarla tirada en las calles (y en las universidades) que, si en la mañana
estaban limpias y relucientes; para la noche ya son un absoluto muladar. Vuelvo a mi historia de siempre: si queremos
mejores gobiernos, el único camino eficaz es que seamos mejores ciudadanos. Estas dos cuestiones son mis
personales y tlacotalpeños números rojos; los números negros, el saldo a favor, es inmenso: tanta música, tanto
embrujo, las morosas caminatas, el hospitalario afecto de José Luis Rodríguez, de Vitico, alcalde honorario y vitalicio
del lugar; la cercanía de varias deschavetadas familias que me saludaban al grito de "estamos aquí porque usted
escribió que era pecado no venir a La Candelaria" (me conforta haber atestiguado que se miraban felices); la
indeclinable alegría de los lugareños y la amorosa comprobación de que, con todo y globalización, eso que llamamos
"lo mexicano" ahí sigue y no me ciño exclusivamente a Veracruz; bien he aprendido que la laboriosidad norteña, el
señorío del centro, los firmes y locos colores de Oaxaca -por nombrar algunos rasgos- siguen y prosiguen. No es hora
de empantanarse; si el Papaloapan fluye tenazmente, nosotros no podemos ser menos. Digamos como el poeta:
Vamos Patria a caminar/ yo te acompaño.
Aclaración No Pedida
Personas de mi más entera confianza me aseguran que, en efecto, el Rector Ramón de la Fuente desconocía la
decisión del Ejecutivo de recuperar las instalaciones universitarias. Con tal motivo, vuelvo sobre mis pasos y reintegro
mi crédito al comunicado del Dr. de la Fuente. Aprovecho el viaje para recordarle (y apoyar) su público compromiso de
defender a todos los universitarios mayores y menores de edad que están en la cárcel; eso y exigir la desaparición de
cargos tan desmedidos y amenazantes como el de "terrorismo" tienen que ser prioridades universitarias.
La Casa de la Sal
En algún lugar de la Ciudad de México, un entrañable grupo de mujeres mantiene viva la Casa de la Sal que es
refugio y morada para los niños enfermos de Sida. No doy la dirección exacta porque ya ocurrió que las buenas y
austríacas conciencias capitalinas apedrearan ese "foco de infección y de vicio" (¡háganme el c. favor!). Alimentar,
vestir, proteger, educar y proporcionar atención médica a estos chaparrines cuesta mucho dinero. Habrá que ayudar.
La tarde de este domingo Sherlock Bucles, sus abnegados padres y un buen número de cuates nos disponíamos a
asistir al Circo Atayde para tener el honor de que nos acompañaran los chiquilistrines de la Casa de la Sal. Agradezco
al circo las facilidades que nos dió, me lamento de no haber asistido (el Bucles tose cual perro y él sí es un foco de
contagio como de mil watts) y, muy en especial, agradezco a las intrépidas ñoras que día a día se la rifan para
mantener cálida y activa la Casa de la Sal.
Cualquier correspondencia con esta columna urgida de salir del pantano, favor de dirigirla a [email protected]
o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(09-Feb-2000).-
Los territorios de la intolerancia, de la agresión verbal y física y de la voluntad de ruina eran muy grandes y ahora son
inmensos. Estoy hablando de la tierra baldía. El resultado de esta desertificación (tan grave ésta, como inane es la
descertificación yanqui) es el adelgazamiento y la contaminación del que tendría que ser el anchuroso río de la
sensatez, del respeto y del civilizado desacuerdo. Camino por el mundo como por un bosque de espejos, decía
nuestro prehispánico antepasado (la metáfora es mexicana y terrible); ya me gustaría tener en la vida un bosque de
frescas ventanas para mirar "lo otro" y "al otro". Sucintamente: ha llegado la hora de abrir las ventanas, airear nuestra
casa, defender lo que queda del naufragio, reconocernos y navegar juntos lo que nos queda de vida en lo que nos
queda de río.
Sin el menor ánimo ejemplarizante, pero con voluntad fraternal, quiero compartir con ustedes una buena lección que,
no ha mucho, me dió la sorprendente vida. Los agradecibles y tenaces lectores quizá recordarán el muy absurdo litigio
que yo solito me organicé con un colega de "La Jornada" llamado Edgardo Bermejo. El opinó sobre el Teletón y acá
su Charro montó en el retinto y con perfecta desmesura reviró su resto. En su turno, Edgardo hizo lo propio. Nos
insultamos, nos descalificamos y nos dijimos lo que los clásicos (que, en puntos de honor, eran muy quisquillosos)
designarían como "lo imperdonable", "lo que no se puede tolerar", "la infamia" (puros títulos de telenovela). La sangre
estuvo a punto de llegar al río y contaminarlo más. Aquí es muy importante subrayar y enaltecer la activa participación
de los ciberlectores que comenzaron a enviar razonables mensajes que con buen tino señalaban mi desmesura y me
hacían la futbolística seña de "rudeza innecesaria". Los agradezco cumplidamente. Gracias a ellos recuperé la
sensatez y le extendí mi mano y una invitación a comer a ese "rival" que yo me había fabricado. En honor de Edgardo
he de decir que aceptó inmediatamente. La comida fue muy buena; la plática fue mejor y el pavoroso drama culminó
con una mutua solicitud de perdón y con un amistoso abrazo más amplio que Fobaproa. Pudimos haber creado un
durable y estéril odio; gracias a la vida, tramitamos una incipiente amistad que habrá de crecer y fructificar con el
tiempo y un ganchito. No todas las historias tienen que terminar mal. Supongo que el primer deber de la inteligencia es
construír finales felices, por más provisionales que éstos sean.
El viento trae los mezclados olores de la sangre y la venganza; pero, a poco que aguzemos el olfato, también trae los
aromas de la reconciliación, del perdón, de la civilidad y del respeto. El viento y los tiempos mexicanos nos proponen
esto. Por supuesto que estoy hablando de la UNAM y de todas las crispaciones mayores y menores que hoy
acongojan a nuestro país. Como ciudadano, como universitario, como padre de universitarios declaro: no asistiré a la
manifestación de hoy (no creo que sea hora de echar montón), pero desde este rincón periodístico demando: a)
clemencia y justicia para todos los que por acción u omisión le fallamos a nuestro país; b) la urgente reanudación de la
paz y del trabajo; c) el retorno de estudiantes, campesinos, ciudadanos, soldados y policías a sus ámbitos y tareas
naturales; d) el generoso perdón (y la justicia) que todos merecemos y necesitamos.
La Mata de Mota
Mal, muy mal se vieron los medios electrónicos mostrándonos "n" mil veces las improvisadas y estupefacientes
matitas como prueba irrefutable de la condición diabólica e irredimible de los paristas. No es, ni de lejos, mi intención
hacer la trasnochada exégesis de los "paraísos artificiales"; conociendo los horrores del narcotráfico, esto sería una
irresponsable estupidez. Lo que intento señalar es que, una vez más, la televisión mexicana (tan ajena ella a la
drogadicción) prefirió el sesgo satanizante y amarillista a la información ponderada, contrastada, seria e incluyente. Si
a horrores vamos, a mí me horrorizó infinitamente más ver los resultados (todavía incuantificados) del vandalismo, el
abandono y la voluntad de aniquilación (hace uno o dos días, un parista declaró -y esto también es estupefaciente-
que lo único que pasaba es que no habían tenido tiempo de volver a acomodar). Y pensar que todo comenzó con un
"recorte de presupuesto"...
Envío
Estas palabras fugaces como río son (quisieran ser) un homenaje y un beso a la Maestra Clementina Díaz y de
Ovando, universitaria ejemplar, sonrisa firme y luminosa, o para decirlo más brevemente: clemente y bella mujer
mexicana.
Cualquier correspondencia con esta columna con más preguntas que respuestas, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(10-Feb-2000).-
No me hagan mucho caso (desde tierras potosinas llega el alarido: ¡jamás le hemos hecho el menor caso! Gracias).
Ando muy mal dormido; traigo saturado el disco duro y padezco postración auditiva provocada por ese inevitable corto
circuito que se produce cuando, en un oído, una voz amistosa y respetable me dice: ¡Qué bueno que finalmente el
gobierno hizo algo; ahora que se pudran en el bote los vándalos greñudos! y en el oído contrario, otra voz igualmente
respetable te dice: ¡Esto es otro 68; es urgente que liberen a todos y que evitemos que la "escalada represiva" vaya
ahora sobre Chiapas! Lo real (de París) es que, sin ignorar la masiva marcha del día de hoy (un conflicto de intereses
para Rosario Robles y Andrés Manuel: ¿cómo conciliar el apoyo a la marcha ostensiblemente copatrocinada por el
PRD y el colapso de la ciudad y los casi 240 puntos de ozono que nos tienen al borde de la contingencia ambiental?);
sin dejar de acusar gozoso recibo de la noticia del retiro de la PFP de la UNAM y el comienzo de la larga
reconstrucción; sin ignorar el extraño y condenable jarabe tapatío que están ejecutando don Procurador y doña
Tortura (el viernes 11 me materializaré en Guadalajara); sin olvidar, en pocas palabras, las molestias y las
exaltaciones de México, afirmo que ya me están sonando las punterías; que, con respecto al rompecabezas de la
UNAM, ya dije lo que honradamente podía decir y que para terminar de bosquejar una opinión más amplia y
ponderada, me faltan piezas que -espero- el tiempo me irá trayendo; considerado todo esto, reivindico mi derecho al
silencio (la tensa calma dirían los reporteros chambones) y mi urgente necesidad de salir a recreo (re-crearse: volver a
crearse).
En el microcosmos que habito, las perspectivas no mejoran mucho: Sherlock Bucles ha decidido toser con un ímpetu
que ya quisieran los del Frente Pancho Villa; la afónica Hillary, con abnegación margalopeciana, se ha entregado a
velar el entrecortado sueño del pequeñuelo y su deteriorado Charro Negro que pasa las noches de claro en claro y los
días de turbio en turbio atestiguando los arrebatos pulmonares del frutito de su vientre y condoliéndose por el gradual
pandeamiento de la heroica madre. Tras una semana de brega contra los virus, las partículas suspendidas, el ozono y
vayan ustedes a saber qué más, el resultado es harto lamentable: Sherlock Bucles reanuda su florecimiento, pero la
abnegada madre y el estoico padre parecen haber sido víctimas de una radical y prolongada toma de sus
instalaciones. Pómulos hundidos, beodo caminar, ojeras de mapache, cuerpo cortado y malestar general; tal parecería
que ambos nos hemos dedicado a una perversa maniobra de automomificación; ella no habla porque no puede y yo
no respondo (chipote con sangre) porque no se me ocurre nada. En torno a los dos se va edificando una invisible pero
perceptible pirámide egipcia. Pronto habrá visitas guiadas: éstos que ven son los sorprendentes sarcófagos que
blindan el viaje definitivo de Nefertiti-Hillary, dama muy principal de Teka-Mah-Shalko y de su amado esposo, el
Faraón de Tlacotalpan, Ramsés Dehella; corresponden al período tardío y, para ser momias, están magníficamente
conservadas.
Piñón Maduro, la agraciada y fogosa cibersecretaria que me ayudaba a responder los mensajes recibidos, fue víctima
de un fulminante e internético flechazo que, para estas horas, ya habrá culminado con la celebración nupcial en
lontanas tierras. Como dice Leo Maslía: Fue mejor para los dos, pero muy malo para mí, porque, a raíz de la súbita y
erótica deserción, la computadora está empachada de mensajes pendientes de contestación. Dadas estas
circunstancias, suplico perdón para el que sufre, piedad para el que llora y paciencia para los que esperan respuesta.
A partir de ayer martes comencé las hercúleas tareas de la puesta al día de la copiosa correspondencia atrasada.
Agradezco de anticutimano su comprensión frente a esta indeseada catástrofe entre cibernética y nupcial. O sea.
Lo dijo el domingo y lo repitió hoy miércoles 9. El Rector De la Fuente y de la UNAM (a quien manifiesto mi entera
solidaridad) ha usado ya en dos ocasiones la expresión "resarcir las heridas". Suena rara. Doña María Moliner dice
que, en efecto, el verbo tiene el mismo origen que zurcir, pero que en el español común vendría a significar:
"compensar o indemnizar a una persona por cierto gasto que ha realizado o alguna pérdida que se le ha causado".
Aplicado a la UNAM, es indudable que tendremos -con la lana de todos- que resarcirla moral y materialmente. Con
respecto a sus heridas, se me ocurre que serían más aplicables los verbos "restañar" o "suturar", operación esta
última muy del tabasqueño gusto de Roberto Madrazo quien sutura que es un primor.
Cualquier correspondencia con esta yacente e insomne columna, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
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Germán Dehesa
(11-Feb-2000).-
...pero comienzo a abrigar (con bufanda, gorro tejido y suéter de Chiconcuac) un razonable optimismo. Me gusta
emprender el vuelo rumbo a Guadalajara y me gusta irme con el alma apaciguada por la visible mejoría del Bucles, de
su heroica madre y azafatas domésticas que la acompañaron en su pulmonorrabia. Me gusta también saber que mis
hijitos los mayorcitos (expresión azteca cual ninguna) regresan a clases y se disponen alegremente a recuperar el
tiempo perdido. Disfruté muchísimo el retiro de la PFP y el ingreso sereno, prudente y sin triunfalismos de Juan
Ramón de la Fuente a su territorio natural. También fue una dicha atestiguar la excarcelación de cientos de jóvenes (y
no tan jóvenes) que habían sido detenidos en los últimos y aciagos días; mientras esto ocurría, muchísimos
universitarios trabajaban arduamente en la dura talacha de limpiar, escombrar y rehabilitar sus escuelas. Festinar el
supuesto paralelismo entre los hechos del 68 y los de 99-2000 es un insostenible absurdo; son otros tiempos y me
permito apuntar que en el 68 todos perdimos frente a la brutalidad y la violencia; hoy ha habido también pérdidas,
enconos y deterioros, pero buenas y sustantivas victorias están al alcance de los que permanecimos vivos y
dispuestos a dar la pacífica batalla por la nueva UNAM. Creo que si logramos recuperar la excelencia académica y la
verdadera conciencia social en nuestra educación superior, promoveremos el inaplazable encuentro de rumbo que
precisa nuestro país. Me complace igualmente percibir que la contienda electoral que culminará el 2 de julio no
necesariamente resultará en el nefasto "carro completo", sino que empieza a dar muestras de que una ciudadanía
alerta ya está pensando en un voto razonado y sabiamente diversificado (¡cuánto mejora el Ejecutivo cuando mejora
la conciencia ciudadana!). Me voy cansado y contento. Voy y vuelvo. No le abran a nadie.
Hemos tenido la visita de Barry McCaffrey que llegó con unas ojeras como de Boris Karloff (¿no se meterá algo?). Su
información no acaba de cuadrar. Según nos cuenta, el consumo de drogas en su país se ha abatido de manera muy
notable. Esto es muy bueno porque pronto podremos "certificarlo" sin restricciones. Lo malo es que, al mismo tiempo,
nos avisa Mr. McCaffrey que el ingreso de estupefacientes y estimulantes a su belicosa nación se mantiene estable o,
en algunos casos, creciente. Aquí es donde no salen las cuentas. Si cada vez son menos los consumidores, por qué
el tráfico se mantiene a la alza. No es fácil responder. A lo mejor los fidelísimos adictos que antes consumían un
gramo ahora consumen un kilo (se les va a aparecer Fidel Velázquez); a lo mejor Estados Unidos ya nada más sirve
de bodega para reexportar a Africa las letales sustancias; a lo mejor -y ésta es mi última hipótesis- el que le hace las
cuentas a McCaffrey (Miss McPachecka) está consumiendo una tonelada diaria de las más diversas y psicotrópicas
sustancias. No lo sé. Lo que me consta es que no hay nada más alucinante que la vida misma, ni nada más
estupefaciente que la escuelita con Ortiz de Pinedo.
La Rosa Transfigurada
Esta hermosa expresión titula y encabeza el más reciente libro de Ernesto de la Peña. La obra está bellamente
editada por el FCE y sería muy triste no disfrutarla. Estamos entrando en una materia muy delicada para el Club de
Scrooge. Con motivo del 14 de febrero y utilizando como pretexto al pobre San Valentín que jamás previó su naco y
rudo futuro de peluchitos y cajas de chocolate en forma de órgano cardíaco, los colmilludos comerciantes han decidido
que, para reponerse de las penurias de la cuesta de enero, era necesario buscar alguna fecha y algún asunto
consumidor y celebrable en febrero. En eso estaban cuando se acordaron de las amorosas festividades de las
"lupercalias" romanas; ¡ya estufas! dijeron los concanacos que de inmediato le encargaron a un guionista la
elaboración de una historia edificante y amorosa para endosársela al indefenso San Valentín que ya estaba muerto.
Por lo hasta aquí dicho, comprenderán que el líder histórico de la fracción ultrascrooge no puede recomendar regalos
para tan señalado día; pero sí puede con leguleya audacia recordarle a la tribu que, otra cosa no seremos; pero el ser
buen cuate y de amorosa disposición es parte sustantiva de la esencia nacional. Ya con esta coartada, puedo
recomendarte, lectora amada lector amigo, el delicioso, aromado, informado y poético texto de Ernesto de la Peña
como el regalo ideal para la novia, para el amigo, para el ser amado en el día que ya se avecina, o en la noche en que
se junten amado con amada/ amada en el amado transformada. "La Rosa Transfigurada" tiene un precio accesible y
un valor incuantificable. Es un amago de la humana arquitectura. "Rosita de olivo/ blanca flor de azahar/ me das un
besito/ cuando haya lugar." Y ya en éstas y, previa y especialísima dispensa: desde hoy y hasta el martes toca.
Cualquier correspondencia con esta columna alucinada de por vida, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
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Germán Dehesa
(14-Feb-2000).-
Sería un poco absurdo crear una liga de enemigos del amanecer; aunque existiera, venturosamente seguiría
amaneciendo y la vampírica agrupación viviría permanentemente frustrada. Algo semejante ocurre con respecto a la
globalización en estos coléricos tiempos. La globalización ya ocurrió y seguirá ocurriendo. Sería ocioso oponerse a
ella. El esfuerzo que, a mi juicio, nos toca hacer es exigir la creación de reglas claras que normen este novedoso
juego electrónico. La globalización requiere de un marqués de Queensberry. ¿Quién era este carnal? preguntará
alguno de ustedes. Respondo: un charifas británico bastante bruto y asaz zafio, pero que en lo suyo ñque era el
intercambio de golpes- tuvo la buena ocurrencia de crear una reglamentación que dotara de algo de civilidad y
equidad a los guantazos y mamporros. De lo que se trata hoy es de que todas las naciones concurran a la plaza de la
aldea global y se cotejen unas con otras. La parte positiva de esta realidad es la exigencia universal de desarrollo de
la creatividad y de la competitividad. Todos tenemos que ponernos pilas nuevas; pero -aquí comienzan los asigunes-
todos tenemos que pensar que hay de globalizaciones a globalizaciones y que éstas sólo generarán civilización y
futuro si al juego le imponemos reglas claras y justas que contemplen y respeten, por ejemplo, las asimetrías entre
una nación y otra (el resultado de la pelea entre un peso mosca y un peso completo está a la vista); los tiempos y los
niveles de educación cívica, de acceso a la tecnología y de educación a secas de cada cultura; las diferencias y
distancias entre las naciones ricas, las naciones emergentes y las naciones postradas. Si éstos y tantos otros
aspectos más no se regulan adecuadamente, el globalizador globo va a tronar de modo estruendoso; de hecho, ya
está tronando. Por lo dicho en Davos, Zedillo parece ignorarlo y curiosamente, es Bill Clinton quien lo advierte. Si se
mira con cierta distancia y serenidad, el ruinoso paro de la UNAM tiene más que ver con la rebeldía de millones de
desesperados frente a la globalización selvática (que beneficia a unos cuantos y condena a millones), que con
cuestiones estrictamente académicas o de financiamiento de la educación superior. Decir esto no cancela el
aprovechamiento político del desastre por tal o cual partido, o tal o cual interés. Los intelectuales y los opinadores de
nuestro país podremos seguir peleando y envolviéndonos cada uno en su particular bandera para arrojarnos de
nuestro particular castillo; lo cierto es que unos cuantos se están quedando con todas las fichas y que cada vez son
más los que, al darse cuenta de que ya no juegan, le apuestan a la exasperación, a la radicalización y a la ira. Se me
ocurre que tanto ímpetu y tanta neurona podrían dedicarse a la exigencia de un diálogo global que culminase con una
reglamentación humana y propositiva de la nueva convivencia. Sólo así nos aplacaremos los globalidúdicos (los que
dudamos).
De ese modo fulgurante, caótico e inmanejable, fluye la información en nuestros cibernéticos tiempos. Supongo que
cuando Gutenberg apareció en el escenario con su nuevo aparatito, creó instantáneamente a millones de seres de
lento aprendizaje. Para muchos de nosotros no es fácil el viaje de la galaxia Gutenberg a la estación espacial Internet.
Hace una semana, la mayoría de los que escribimos expresamos nuestros juicios sobre lo ocurrido en la UNAM.
Durante siete días la información ha llovido sobre nosotros y ha sido, en algunos casos, tan esclarecedora y, en tantos
otros, tan confusa y contradictoria que los juicios expresados hace siete días ya van -por lo menos en mi caso-
quedando archivados como pre-juicios. Para bien o para mal, ahora sé más. Sé de la renuncia de un universitario
respetabilísimo: el arquitecto Ernesto Velasco. Sé de las surrealistas declaraciones de C. Cárdenas ("El Cuate Mosh",
le dice el méndigo de Porfirio) acerca de que no quiere crear la impresión de que se quiere aprovechar el conflicto
universitario como botín político. Sé de la fulminación que el CGH lanzó sobre el PRD. Sé que contra lo que muchos
pensábamos, no hubo, en el origen de todo, el supuesto recorte presupuestal ( Cf. Declaraciones del Srio. Miguel
Limón, 9-II-2000). Sé de la jubilosa declaración de Gurría acerca de su total disposición de soltarle la pachocha a la
UNAM y de la molestia que esto ha provocado en las universidades estatales que ya aprendieron que no hay nada
más rentable que ponerse en huelga. Sé de la ética y la lucidez de F. Reyes Heroles; de la serenidad analítica de S.
Sarmiento y de la feroz guerra de papel que se ha desatado en las publicaciones periódicas. Sé de los que piden
amnistía general, benevolencia focal y ejecución sumaria. He leído a los tontos, a los inteligentes y a los delirantes. He
recibido opiniones fundadas y de buena fe y he padecido las necedades partidistas y/o cerebralmente postradas. Fox
opina por encimita y muchos otros opinan por abajito. Pocos hablan de México. Labastida y Silva Herzog intercambian
inciviles guayabazos grafiteros (Omáigod!); López Obrador me avisa radiofónicamente que asistirá a la marcha, pero
que lo hará como "ciudadano común"(?). Todos hacemos mucho ruido y las nueces no aparecen. Los jueces se
avientan cada día un nuevo capirucho "legal" y prefieren dedicar sus energías al inminente juicio de Gloria Trevi. Mi
doctor me avisa que estoy al borde de la meningitis. De lo dicho hace siete días sobreviven tres cosas: ¡qué bueno!,
¡qué triste!, ¡qué tarde!.
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Germán Dehesa
(15-Feb-2000).-
Para un ultrascrooge, el 14 de febrero no es el día ideal para bordar en torno de los amorosos lances; pero hay que
estar atento a las confabulaciones de los tiempos, a las visitaciones y a eso que quizá con excesiva simpleza
llamamos "coincidencias". Todo esto viene ocurriendo en los molinos de mi mente desde hace unos días y ha
permitido que esos súbitos y malignos brotes de ira, de incomprensión, de intolerancia recuperen su natural condición
de razones de amor. Amor por la institución que me educó y que me permitió educar; amor por ese espacio que le ha
enseñado a mis hijos que México es ancho, variado y, muchas veces, ajeno; amor por mis alumnos que, si bien
algunos salieron políticos, la mayoría han resultado seres de bien; amor por mis maestros que no son responsables de
mis barrabasadas, pero que mucho hicieron por atenuarlas, articularlas y dotarlas de bibliografía. Con la ayuda de
opiniones tan ponderadas y lúcidas como las de Gilberto Rincón Gallardo he podido reinstalarme en mis naturales
quicios y entender, por ejemplo, que no será factible fundar una nueva UNAM sobre los frágiles cimientos de la
ilegalidad. Señalar y en su caso castigar los delitos en que ha incurrido un Estado que permite el despojo a la fuerza y
que por más de nueve meses invoca el diálogo como una forma de desentendimiento es un punto importante. Juzgar
y castigar, así sea tardíamente, a los autores de ese despojo ayudará también a establecer esas bases firmes que
necesitamos. Lo otro: el castigo general y desmesurado, o la amnistía indiscriminada nos conducen, me temo, a otra
contrahechura y a la prolongación del desentendimiento.
El jueves 10, al término de mi numerito teatral, me estaban esperando un grupo de universitarios que trabajan para
una notable universitaria llamada Julia Carabias. Venían a platicarme de un amplísimo y razonado proyecto para
rescatar definitivamente a Chapala y a Pátzcuaro (de ellos acababa yo de escribir una nota titulada "Los ojos de la
Patria"). Su idea era que nos coordináramos para lograr que la Patria conserve sus ojos bien abiertos. Como ya
supondrán, me puse a disposición de mis compañeros Pumas, pues no creo que a ningún buen mexicano se le antoje
prescindir de tan bellos y acuáticos ojos. Mi entero entusiasmo fue premiado con un conmovedor presente del pasado;
el Doctor J. Carlos Belausteguigoitia me obsequió la inasequible edición española de la poesía de mi maestro
universitario y añorado amigo Luis Rius; el libro se titula "Cuestión de amor y otros poemas" (Ed. Universidad Castilla-
La Mancha). No sé si mi amistoso donante midió las consecuencias de sus actos; pero con su regalo me devolvió
completos mis años de estudiante, mis cursos con ese arcángel trasterrado que era Luis, mi cercanía con esa lección
viva de dignidad e inteligencia que fue (y es) el exilio español. Recordé a Luis en el Café Sajonia, en el Sorrento (ahí
conocí a León Felipe), en el Konditori, en el de Las Américas. En esos cafetines nos reuníamos los que sabíamos
poco o nada con los que lo sabían casi todo y nos hacían el beneficio de tomarnos en cuenta. Eran deleitosos cursos
de extensión universitaria que nos permitían -privilegio excepcional- escuchar los manuscritos de Rius, algún cuento
de Souto, un consejo de León Felipe y muchas otras voces aleccionadoras y amadas. Llevo tres días navegando
rumbo a mis orígenes como si fuera salmón. Por un extraño camino, Luis Rius me ha venido a avisar que nuestra
única razón de vida es una razón de amor. (Además, ganaron las Chivas. En pleno Guadalajara lo profeticé y como
que no quisieron creerme).
A título personal, afirmo que, más allá de ese higadito que es Mickey Mouse y de esas desmesuras de la
megalomanía que son los súper-héroes, los monitos de Schulz representan lo más entrañable de la gráfica popular
estadounidense. Los seres que creó este hombre que acaba de morir son todos ellos portadores de algún rasgo de
humanidad y constituyen un microcosmos reconocible. Por lo pronto, yo siempre me sentí transitando entre la tímida y
siempre fallida audacia de Charlie Brown y he compartido la inseguridad de Linus; me he beneficiado de la filosófica y
abierta disposición de Snoopy, de los enrevesados vuelos de Woodstock, de la solipsista genialidad de Schroeder.
Igualmente mi vida ha estado cercada por mujeres implacables y levemente neuróticas como Lucy van Pelt. El título
del mejor imitador de Pig Pen lo disputamos arduamente Monsiváis y su Charro Negro y hoy, aunque sea 14 de
febrero, le envío a Charles M. Schulz -a su humorosa, amorosa y humana compasión- y a su estrambótica familia todo
mi amor y mi amistad.
Se va Justo Mullor
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Por
Germán Dehesa
(16-Feb-2000).-
Pasó con su madre/ ¡qué rara la vieja!... Lo que acabas de leer, lectora lector querido, es una versión levemente
modernizada de un famoso poema de Amado Nervo que, como bien recordarás, termina con estos versos: "y no
obstante toda mi sed de ternura/ cerrando los ojos la dejé pasar" (hagan de cuenta portero del América). El texto se
titula "Renunciación" y ha sido convocado por mi memoria involuntaria a raíz de que leí lo de la renuncia del
Procurador de Jalisco. Coincidentalmente estuve hace unos días en Guadalajara donde fuí tratado con inaudita
amabilidad. El Charro Negro está completamente agradecido. Platicando con los lugareños (ya ven que ni me gusta
platicar) percibí un alto grado de aceptación de la gestión del Gober, aunque varios me comentaron muy
mexicanamente "que podría haber dado más" (nosotros como ciudadanos también podemos dar más); percibí
asimismo el desasosiego y la molestia que provocaba el asunto del Procurador. Hoy vengo a enterarme de que las
denuncias, entredichos y sospechas han terminado con la renuncia del indiciado. No estoy de acuerdo. Es una fácil
solución que, en su período clásico tardío, solía aplicar el PRI, pero que en los tiempos actuales y estando en el
gobierno otro partido provoca más irritación que sosiego. Una vez más tropezamos con el traído y llevado "Estado de
Derecho" que no puede aplicarse o suspenderse a voluntad, pues de su estricta aplicación dependen la credibilidad y
el aval moral que todo gobierno y toda vida comunitaria necesitan. ¿Cómo que renunció y que ahí muere el asunto? Si
es inocente, no tiene por qué renunciar; si no lo es, debe ser sometido a juicio y eventualmente a una condena. Basta
con revisar las últimas siete décadas de la vida mexicana para encontrarnos con una interminable lista de renuncias
inexplicables que dejaron en suspenso a la legalidad y en pleno florecimiento a la impunidad. Entre los que renuncian,
los que tranquilamente se van a Irlanda, los que desaparecen indiciados y reaparecen amparados, los que dicen con
estentórea voz "...y si no, que la Patria me lo demande" con plena conciencia de que la Patria no les va a demandar
nada, o que, cuando la Patria se ponga en ánimo de demandar, ellos ya estarán muy lejos; entre toda esta
muchedumbre (y la sociedad que ha permitido su medro) la Patria se nos ha ido enfermando de cinismo, lasitud y
resignada aceptación de que nadie es culpable de nada. Los daños, los saqueos, las heridas, los atropellos, el
empobrecimiento y la sordidez moral la pagamos nosotros. Es una injusticia. ¿En qué capítulo de qué artículo de cuál
de los códigos que nos gobiernan está estipulado que la renuncia es pena y reparación suficiente para un daño
cometido en contra de una comunidad? Hasta donde alcanzo a saber, en ninguno. No sé ustedes, pero yo ya estoy
harto de encontrarme por el mundo a cientos de malos mexicanos que se dan la gran vida, pues como ya renunciaron,
ya no hay nada que reclamarles. Acá se quedan sus bueyes a resarcir los daños.
Mi Renunciación
Con fecha de hoy y hasta que el cuerpo aguante, me propongo renunciar a cualquier forma de discurso apocalíptico o
acalambrante. Ese sexto sentido masculino que me acompaña desde la niñez me avisa que nuestro país ya llenó su
cupo de intensitos, desmelenados y catastrofistas. Ya me tienen hasta el copete (que en mi caso, se ubica en lo que
Gabriel Vargas nombra como la región del aguayón). Decía H. James que la imaginación del desastre es mucho más
devastadora que el desastre mismo. Por lo tanto y en vista de que la primavera ya comienza a dar indicios, renuncio a
tales imaginaciones. Si alguna me asaltara, cerrando los ojos, la dejaré pasar. ¿Sale?
Cualquier correspondencia con esta columna que no renuncia, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(17-Feb-2000).-
Sé que a algunos les importa poco y que a la mayoría no le importa en lo absoluto, pero yo cumplo con informar que la
paz va retornando lentamente a mi domicilio. Todavía hace unos días era mi casa una exasperada sucursal de la
perrera municipal, pues todos sus habitantes habían sido víctimas de una especie de broncolepra y así, entre horrà!
sonas toses, tráfico de jarabes, visitas a Andy Panda, nuestro apacible y eficaz otorrino, dantescas inhaloterapias y
consumo masivo de pañuelos desechables, mi vida era una de las peores canciones de los Tucanes de Tijuana. Con
un ritmo similar al de la UNAM, la normalidad se va restableciendo. El personal doméstico ya respira a pleno pulmón
y, lo que es mejor, ya no se me aparece en la madrugada con sus alarmantes tapabocas zapatistas. A la Hillary ya le
permiten manifestar en voz baja su alado pensamiento y el Capitán Bucles se dispone con renovados bríos a celebrar
el quinto aniversario de su comparecencia en este mundo. Las dos semanas de ociosa convalecencia han llenado su
loca cabecita de todo tipo de proyectos descabellados. La reiterada y obsesiva contemplación de la película de Tarzán
lo ha llevado a incluír en su cumpleañero pliego petitorio la irrenunciable exigencia de que la fiesta de aniversario
tenga como tema único la susodicha película. Con una ejecutiva creatividad que ya quisiera Spielberg, el Bucles ha
decidido que él encarnará a Tarzán (para eso es su fiesta); todos los seres y animales malignos que pululan por la
película serán encarnados por familiares y amigos que le vayan al América; una agraciada enaneta ha sido premiada
con el papel de Jane; pero aún falta lo peor: los originales padres del hombre mono son dos humanos bastante
presentables, pero que desaparecen en los primeros diez minutos de la cinta y son suplidos por dos gorilas que, para
efectos prácticos y desde la muy impresionable sensibilidad infantil, fungen como los verdaderos padres de Tarzán.
Los daños de esta argumentación son incuantificables: ahora resulta que el Bucles ya se emperró en que su frágil y
agostada madre y su adusto padre nos vistamos de gorilas para darle a la fiesta un realismo nunca antes visto en la
pantalla. La posición del Bucles es inflexible y, por el momento, el diálogo se ha roto. En este caso específico sí
podríamos hablar de motín y terrorismo. Al menor intento de negociación, el hipersensible chamaquín se tira al piso,
se retuerce como almeja con limón y se voltea como cachucha con los alaridos que lanza. La fecha se acerca y los
acongojados padres no sabemos qué hacer. Hemos pensado en tomarle las instalaciones; en aventarle a la PFP, pero
bien sabemos que sólo queda una opción: disfrazarnos de gorilas (lo cual traerá aparejada nuestra muerte social o
nuestro ingreso a la policía judicial) o financiarle a nuestro hijo 10 años de terapia psicoanalítica. La duda nos corroe.
¿Nadie tiene un disfraz de gorila en buen estado que me pudiera prestar?
Puntualización Económica
ón de que nunca las interrumpió. Antes de metamorfosearme en gorila, cumplo con divulgar la información recibida y
con manifestar mi firme deseo de que México y sus instituciones recuperen sus naturales quicios y todos nos
pongamos a trabajar en rescatar lo rescatable y en mejorar todo lo que hay de mejorable. Se me hace que ya estuvo
suave de argüendes.
Cualquier correspondencia con esta columna donde habita la changada, favor de dirigirla a [email protected] o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Germán Dehesa
(18-Feb-2000).-
Dentro de la escala del aprecio nacional el bombero y el policía ocupan niveles muy distantes uno del otro. Los
bomberos gozan de la simpatía mayoritaria; los patrulleros se han ganado golpe a golpe y verso a verso nuestra
desconfianza. Percepciones aparte, lo cierto es que unos y otros son imprescindibles para la sociedad. A ningún
ciudadano civilizado (expresión que tendría que ser pleonástica) le gusta ser víctima de un asalto y saber que la
policía no tan sólo no lo ayudará, sino que muy probablemente esté coludido con los asaltantes. Tampoco es grata la
escena que contemplamos hace poco: se declara un incendio en un enorme negocio; llegan los bomberos; aprestan
sus mangueras y no sale una gota de agua (sofocus interruptus). Al lado de estas experiencias nos vamos enterando
de las paupérrimas condiciones en las que tienen que trabajar bomberos y policías. Con enorme y gravoso despliegue
comercial se organiza una campaña para ayudar a los bomberos que arroja como resultado lo siguiente: de cada diez
pesos que tú y yo aportamos para el H. Cuerpo, a los bomberos sólo le tocan tres y fracción. Ya nos podrían haber
dicho que la campaña era para apoyar al H. Cuerpo de Publicistas. Por lo que se refiere a los policías, ni quien piense
en una campaña para ayudarlos. Frente a toda esta batea de mondongo se me ocurre que los ciudadanos, además de
quejarnos (que es nuestro fuerte) podríamos hacer cosas más prácticas y beneficiosas. Ni que fuera tan difícil darle la
vuelta a los ayudadores y benefactores de oficio y beneficio. Yo no veo qué nos impide acercarnos a las estaciones de
bomberos y platicar con ellos de ciudadano a ciudadano; averiguar quiénes son, qué problemas tienen, qué necesitan
y ayudarlos en la medida de nuestras posibilidades y sin reverendos patronatos de por medio. De la misma manera,
no le veo el problema a adoptar a los patrulleros de nuestro barrio, conocerlos, ayudarlos, respetarlos, saber
sencillamente cómo se llaman y ponerlos de nuestra parte. Ustedes podrán opinar que todo lo que estoy diciendo es
una ingenua mezcla de utopía y carta a los Santos Reyes, pero mi experiencia personal me mueve a pensar que no
estoy tan loco. Antes, mucho antes de que adquiriera yo la muy precaria fama de famoso, he recibido buen trato y
mejor ayuda de soldados, bomberos y patrulleros. Rasgo persistente de los mexicanos es dañar a quien los trata mal
y rifarse la vida por quien los respeta, los conoce y espera lo mejor de ellos. Creo que el intento vale la pena (vale la
alegría). Ya no es hora de esperar a que las quelonias autoridades arreglen las cosas; mientras tal milagro sucede,
muchos y muy sustantivos pasos podemos dar los ciudadanos si es que partimos del supuesto de que deseamos vivir
mejor, con mayor seguridad y con servicios más eficientes. Acércate a los maestros, a los bomberos, a los soldados, a
los patrulleros y descubrirás que son tan mexicanos como tú y que, como tú, ya están hartos de vivir en la sordidez.
Digo.
Jugo de Guanábana
El mexicano medio inaugura su desayuno (cuando hay desayuno) con un vaso de jugo de naranja. Yo que soy
mexicano medio-diabético, me tomo (me zumbo, me infiero, me empujo) un florero copeteado de jugo de nopal. Con
esto podría bastarme para instalarme en la depresión y/o para que un águila se posara en mi lomo a ingerir una Big
Mac de serpiente. Mi manera de prevenir tales desfiguros es variarle de vez en cuando y concederme permiso y
responsiva médica para degustar los prodigios de la fruticultura nacional. Con esa noble intención acudí esta mañana
del jueves 17 a desayunar con un querido amigo que merecería ser veracruzano honorario por la abundancia y
exquisitez de los almuerzos que ofrece a sus cuates. Nada más en la sección jugos había seis variedades distintas
que incluían jugo de zapote y jugo de guanábana. Tras ciertas vacilaciones, opté por este último. Hice bien. Era como
estar bebiendo sorbo a sorbo la parte más tierna, aromada y deleitosa de México. En el paladar se me organizó una
suerte de 15 de septiembre instantáneo. Hasta la palabra es bonita, femenina y fresca: guanábana. La puritita vida. Y
hablando de guanábanas: hoy toca (holy guanábana!).
Cualquier correspondencia con esta columna que adopta y adapta, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Por
Germán Dehesa
(21-Feb-2000).-
Es muy consolador saber que siempre que causamos alguna mala impresión, nos queda la oportunidad de causar una
peor. Espero que no sea el caso actual. Allá por 1994, narré con una cierta dosis de leche Lala mis fragorosas
experiencias como conscripto. Creo recordar que el pachanguero artículo se titulaba "Chiricuto" y me granjeó múltiples
y cordialísimas mentadas de madre de varios mílites de distintas graduaciones. Espero resarcirlos con estas líneas,
pero cabe también la ya señalada posibilidad de quedar peor.
En general, mi relación con el personal castrense ha sido buena y a veces excelente. Mi siempre recordada tía Queta
tuvo una belicosísima vida conyugal con el General Brigadier Raúl Fernández Robert (a) "El Foch", gloria del
basquetbol nacional y azote de la colonia Nápoles. Con cierta frecuencia, mi rudísimo tío invitaba a sus sobrinos a
jugar tochito y, de vez en cuando, a pesar de sus ostensibles marrullerías, lográbamos ganarle. Con esto bastaba para
que nos declarara en arresto inmediato "porque a un superior que además obtuvo medalla de bronce en la Olimpíada
de Londres no le va a ganar una bola de escuincles raquíticos, chamagosos y sin el menor sentido táctico." Dicho
esto, le zumbaba dos o tres cuerazos a sus hijos y a sus sobrinos nos decía: Para que aprendan, mocosos, les voy a
contar de la Olimpíada en Londres. Yo alzaba la mano y hacía oír mi tenue voz civil: tío, lo de Londres nos lo has
contado como mil veces; preferimos que nos pegues. Ese era el lado oscuro de mi tío; en su lado brillante fue amable
y generoso. Gracias a él y a otros contactos militares que había en la familia, mi madre fue atendida en múltiples
ocasiones en el Hospital Militar; casi se ganó el grado de Capitana por méritos en quirófano. Según me consta, los
médicos y enfermeras militares fueron y son un orgullo nacional.
Todos estos recuerdos acudieron a mí hace tres o cuatro días cuando la vida me dió la oportunidad de visitar,
después de muchos años, las renovadas instalaciones del Hospital Militar. Mentiría si dijera que están como antes;
están mucho mejor que antes. Todo está en orden y todo está limpio; su infraestructura tecnológica es de primer nivel
y la prontitud y la eficacia de la atención que reciben los pacientes internos y externos es insuperable. Ya metido en
gastos, me asomé a la recién estrenada clínica dedicada a atender al personal femenino; ahí son atendidas de todo a
todo, pero las tareas más frecuentes son las relacionadas con la atención de las parturientas. Ahí nacen los hijos de
los soldados y/o de las mujeres dedicadas a la vida militar. Contemplar el cunero y comprobar que hay en México
instituciones oficiales que funcionan con tan altos niveles de excelencia es algo muy emocionante. Contra lo que yo
pensaba, los bebés no son verde olivo, sino de saludable color rosado. Nadie me lo dijo, pero supongo que ya nacen
con el grado de cabo. Estas líneas son a la salud de los cabitos y de los hombres y mujeres que los reciben en el
mundo.
Durante varias décadas, las compañías extranjeras se llevaron nuestro petróleo sin pagar nada y nadie nos aconsejó.
Cuando Lázaro Cárdenas decidió que era bueno el encaje, pero no tan ancho; nadie nos aconsejó acerca de la
manera de obtener nuestro tetraetilo de plomo. Cuando en los últimos años del sexenio de López Portillo, los precios
de nuestro petróleo se desplomaron, no se conserva memoria de que nadie nos haya brindado consejo o consuelo.
Más recientemente, cuando el bajísimo precio de nuestro crudo nos impuso un doloroso recorte presupuestal, México
volvió a quedarse solo. Con buen tino, buscamos pactos y alianzas con otras naciones petroleras y el resultado está a
la vista: el precio del barril está cerca de los 30 dólares. Con tal motivo, los estadounidenses se dejan venir y nos
cuentan que vienen a pedir consejo. ¡Akelá! Ahora resulta que estamos desequilibrando la economía mundial. Solícito
y veloz, Luis Téllez brinda su consejo y afirma que, en efecto, el petróleo está muy caro (¿para quién?). Supongamos
que tiene razón. Por fin de temporada, pongámoslo a 24 dólares, por decir algo; pero previamente firmemos un
compromiso internacional para que ese precio se mantenga durante un tiempo razonable. De otro modo, la impresión
que queda es que las decisiones se toman de acuerdo con los intereses de los grandes centros de poder y no para el
bien de México. Opino.
Cualquier correspondencia con esta columna que avanza a la vanguardia, favor de dirigirla a [email protected]
o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
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Germán Dehesa
(22-Feb-2000).-
La expresión es de Mario Benedetti, pero la tomo prestada por urgencia ontológica (del griego ¿on'toy?). Cual
Segismundo calderoniano, experimento la sensación de que ya se me borró la raya entre la realidad, la imaginación,
la catástrofe presentida y el mal sueño. Mi piña ya se hizo tepache y tengo la fundada sospecha de que ya se me
metió un hacker en el cerebro y me lo está dejando del asco. Si me duermo, sueño alternativa o conjuntamente que
soy parista de El Mexe, la mamá de Gloria Trevi, orador oficial de Labastida, el niño Eliancito, brazo derecho de los
Arellano Félix, oceanógrafo zacatecano o palmera regiomontana. La Hillary comienza a verme como si estuviera yo
enlamado y mis hijos me oyen hablar y se miran como si estuvieran calculando la dosis de Tafil que necesito. Sherlock
Bucles que está a unas cuantas horas de ingresar triunfalmente a los cinco años de su edad, se apresta para la
selvática celebración, pero no manifiesta mucha confianza en que su padre vaya a estar a la altura de los rumbosos
festejos que se preparan. Difíciles momentos, ¡vive Dios!. Como decía la tortuguita: ¡qué bueno que voy despacio,
porque casi seguro voy mal! Quiero creer que no soy el único nacional que está empachado con la brutal sobredosis
de información cruzada y mal jerarquizada que hemos recibido en las últimas semanas. El resultado es caótico: me
asomo a mi chicloso universo mental y me viene el certero recuerdo de aquellos exámenes escritos que me
entregaban mis alumnos de preparatoria; eran como mapas perversos con instrucciones que no eran tales: maestro,
el primer párrafo léalo hasta el final, el segundo no lo lea, lo que viene tachado sí cuenta, pero lo que está entre
paréntesis puede servir o no servir. Así está mi monólogo interior. Con tal motivo y sin perder contacto con la inasible
realidad nacional, he decidido tomar distancia y ocupar unos cuantos días en pasarme en limpio con el noble fin de ver
luego para dónde me hago. Decía San Ignacio: en tiempo de crisis no te muevas, pero si aplicáramos esto con rigor,
los mexicanos estaríamos paralizados desde la caída de Tenochtitlan cuyas consecuencias macroeconómicas aún
padecemos. Prefiero el consejo de Gracián: si el tiempo está tormentoso, lleva tu barco a una bahía tranquila, arregla
lo que tienes que arreglar, espera que el tiempo aclare y reanuda tu navegación. Precisamente en eso estoy. He
venido a las nevadas cumbres norteñas y en la protectora soledad de una cabaña estoy tratando de rearmar el
rompecabezas. Serán dos o tres días; mientras tanto, ahi les encargo el país no le abran a nadie y tengan a raya al
Osito Téllez que es un oso muy prejuicioso.
Cito de memoria un renglón de la novela "Medianoche de amor" de Tournier: pasada cierta edad (que su Charro
Negro ya pasó) los hombres lo que buscan son oídos vírgenes. Me acaba de suceder. Perdido como ando en estos
andurriales de la geografía, me he venido a topar con una recia y joven mujer de Shihuahua. Se llama Alma y es
oriunda de un lugar llamado Cuauhtémoc (que, aunque lo pasearon mucho, no creo que lo hayan llevado a
Shihuahua). Una vez más he podido comprobar mi gusto y facilidad para hacerme cuate de las féminas. Lo que
comenzó con un saludo, terminó en plática de 40 minutos. Me contó una vida dura, difícil, llena de trabajos, de hijos,
de deberes y lo hizo con ánimo sonriente y firme. En ningún momento puso cara de mártir, ni externó la menor queja.
Su conclusión es que le ha ido bien y que nunca se deja ganar por la tristeza, porque sólo los tontos se ponen tristes.
Su balance final indica que hay
musho que agradecer. Disho esto, pasó a preguntar: ¿y usté qué hace po' aquí? Estoy tratando de olvidar, le dije, a
un joven rubio de ojos azules que destrozó mi vida y puse cara de Zurita. Paso a creer, me comentó, usté se ve
hombrecito ¿por qué no se busca una señora?, ésas rinden musho más y no andan de veleidosas. ¡Ay, Almita! si
usted supiera cómo están las mujeres en las grandes ciudades; son terribles, por eso yo me desvié. Adió, pues no las
busque en las capitales, váyase a Cuauhtémoc y allá tengo primas muy mujercitas y que no les importa la edad. Este
último comentario sí me caló hondo, pero no acusé recibo del rudo golpe. No es mala la oferta. Voy a platicar con la
Hillary a ver cómo lo toma. Por lo pronto Almita ya tomó mi regeneración como deber personal. Seguiré informando.
Hoy lunes 21, Jesús Silva-Herzog M. publica una columna tan inteligente como todas las suyas. De los muchos y muy
sustanciosos renglones que la forman, rescato uno: Vicente Fox es el candidato más entretenido. Pues sí.
In Memoriam
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Por
Germán Dehesa
(23-Feb-2000).-
En México, mi estimado Bucles, no es demasiado inusual tener hijos; de hecho, es más raro tener papás. Nuestro
caso es una verdadera ganga: naciste asediado por el amor de tus padres, de tus tres hermanos, de muchos amigos y
de cientos de lectores que nos han acompañado a lo largo de cinco años de andanzas por un país que, ya te has ido
dando cuenta, es fascinante y complicado; todavía está hecho un tiradero, pero cuánto mejor es para mí desde que tú
llegaste. Dicen que los 50 años no son la edad ideal para tener un hijo. Es posible que, en general, no lo sea; pero de
mí, sólo sé decir que tú viniste a reinaugurar mi vida y a ponerle parques y jardines. Eres un agasajo marinero y una
estrella vespertina, mi querido Sherlock. Todo ha sido distinto a partir de aquella mañana en el cunero del Hospital
Santa Mónica. Tú tenías los ojos cerrados y la enfermera te aseaba y te forraba como tamal para la presentación
oficial con tu padre. Te acercó al cristal, te puso de pie y por primera vez en tu vida mundana, abriste los ojos y yo,
desde entonces y para siempre (el frágil "siempre" de los humanos) vivo ahí y desde ahí vislumbro al resto de mis
amores. Naciste sonriente y persistes en la sonrisa. Naciste amigable y cada día tienes más amigos. Te quiere la
escoba y el recogedor y esto es muy importante Bebeto-Tamal-Bucles.
Busca en el subsuelo de tu memoria y acudirá un lejano rumor de autos y un extraño balanceo: tú estabas a punto de
nacer y tu madre voceaba periódicos en Altavista e Insurgentes. Eres el primer (ba)voceador nonato de la historia. Ya
por ahí podrás calar de qué temple es tu madre tan firme, tan tierna, tan enamorada. Te gustan los libros y te gusta
jugar. De mi cuenta corre que tus gustos persistan y culminen, como en el caso de tus hermanos, en la inteligencia, la
salud mental, el amor al trabajo y el puritito gozo de ser mexicanos. Hoy cumples cinco años y ya tienes una
capacidad negociadora que excede por mucho a la de Rosario Green y el Osito Téllez. Que sea para bien. Como diría
San Agustín: ama y haz lo que quieras. Vas creciendo por tu cuenta y nuestros caminos se irán separando. No es del
todo cierto. Estarás para siempre en el corazón de tu madre y tus ojos me llevarán por ese nuevo mundo que nos
espera y que será mejor si tú y yo nos ponemos muy almejas. Felicidades, queridísimo Andrés. Perdona los males y
celebra los bienes.
Los Murmullos
Con pasmosa velocidad, la revista "Letras Libres" se me ha vuelto parte imprescindible de mi canasta básica. Mes tras
mes llega cargada de dones. En el número de febrero del 2000 viene reproducido ("Historia de unos premios") el
discurso que Sergio Pitol pronunció al recibir con sobrados merecimientos el Premio Juan Rulfo. En las palabras
iniciales, Pitol traza algunas viñetas de sus recuerdos rulfianos. Permítanme citar una: "Juan Rulfo en las comidas de
los lunes en casa de Alba y Vicente Rojo, con Fernando Benítez, Jaime y Celia García Terrés, Tito Monterroso,
Bárbara Jacobs, Catalina Sierra y Carlos Monsiváis siguiendo en silencio algunas incisivas conversaciones sobre la
actualidad mexicana." No es difícil deducir que el de los silencios no era Monsiváis, sino Rulfo; pero mi emoción va por
otro rumbo: varios de los comensales citados por Pitol ya han sido tomados por el silencio. Don Fernando Benítez, tan
inteligente, tan bravo, tan generoso se acaba de incorporar -en lunes- a esta asamblea de murmullos. No tengo la
menor duda de que la conversación prosigue y que, tarde o temprano, seremos parte de ella.
Envío
Estas línes son para J.S. que, cuando estábamos pariendo a Bebeto y según lo ofrecido, se presentó para tomarme la
manita y hacerme llevaderas las contracciones. También llevó champaña y se dió tiempo para seducir a las múltiples
féminas ahí presentes. Gracias.
Cualquier correspondencia con esta columna que felicita a la madre del cordero, favor de dirigirla a
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Por
Germán Dehesa
(24-Feb-2000).-
En el año de 1951, mi maestro Ruano nos contó la pavorosa historia de un automovilista que, al perder tapón del
tanque de gasolina de su auto, no encontró mejor remedio que hacer bolas una Bandera mexicana y utilizarla como
sustituto del tapón; cuadras adelante se encontró con dos buenos y fornidos ciudadanos que lo interceptaron, le
acomodaron dos bofetadas y en vilo lo presentaron ante la policía (que todavía era una entidad confiable) y lo
acusaron formalmente de falta de respeto a los símbolos patrios. La historia terminaba ahí y el infantil, público
severamente afectado por la encendida oratoria del profesor Ruano, nos quedamos sin saber si el gasolinero
blasfemo había terminado su existencia en las Islas Marías y si el maestro Ruano nos estaba contando la verdad o era
víctima de alguna hierba estupefaciente. Detalles menores. El mensaje principal había llegado a su destino: con los
símbolos patrios no se jugaba, pues eran dignos de toda veneración y respeto. El 24 de febrero era un día muy
importante y formar parte de la escolta de la bandera era un señaladísimo honor que yo alcancé varias veces por
méritos académicos y a pesar de mi inconfundible silueta de chile relleno. En tales ocasiones yo me sentía un injerto
de Niño Héroe y el General Zaragoza y recitaba con voz pituda pero bravía aquello de "Como renuevos cuyos aliños/
un viento helado marchita en flor..." Eran los tiempos heroicos.
49 años después, el globalifílico panorama es muy distinto. Tal parecería -me dice un amigo- que la Bandera hubiera
sido secuestrada por el PRI-gobierno y/o por los intereses de la industria deportiva. Los colores patrios sirven por igual
como identificación de un partido político que como uniforme de once chilapastrosos que se van a San Diego a tirar
baba y a perder con Canadá. De aquélla distante y emocionada veneración de mi infancia ya va quedando muy poco
aunque considero obligatorio confesar que a mí me siguen conmoviendo las ceremonias de izamiento y arriamiento de
Bandera allá en el Zócalo y me emociona ver cómo la gente que es toda bullicio guarda un súbito silencio mientras
desciende la bandera. No creo que se trate de algo totalmente racional o racionalizable, pero no me digan que no es
un gusto enorme encontrarse a la vuelta de un camino con un enorme mástil coronado por nuestra Bandera que
ondea al viento colorida y libre. Allá por San Jerónimo hay una que se alcanza a ver muy bien desde la recámara de
Andresito el Bucles. Antes se asomaba a la ventana y decía: ahí está la Bandera; ahora dice: ahí está mi Bandera.
Dicho esto, sonríe y se queda muy a gusto. Los humanos no necesitamos símbolos. Yo le pediría a quien haya que
pedirle que nos devuelva la Bandera que es de todos y que ya no la usen como disfraz de intereses políticos, o como
cobija de rentables enajenaciones deportivas. Terminemos diciendo una obviedad: la Bandera de México es de
México.
Y todos dentro de ella. Ni modo de bajarse, aunque ganas no faltan sobre todo cuando escuchamos hablar a la
"oficialidad". Si Solís Cámara habla con tanto fervor de Vicente Labastida (panprisic); si el Góber de Hidalgo M. Angel
Núñez Soto organiza un enorme zacahuil verbal para intentar explicar lo de las armas en El Mexe; si Vicente Fox
comenta que ha platicado con varios Premios Nobel como Octavio Paz y Carlos Fuentes (suecosic); si Pancho-Chente
Labastida agarra vuelo lírico y comenta con la debida mansedumbre que él no vive del Fobaproa como la familia Fox;
si el jurado que otorga el premio a la babosada de la semana ha decidido suicidarse con pambacitos descompuestos,
ante la imposibilidad de discernir un ganador. Si todo esto sucede en unos cuantos días, los mexicanos comunes nos
sentimos como la tripulación del "Pequod" cuando descubrió que el Capitán Ahab ya estaba firuláis y en lugar de
portarse como Dios manda se dedicaba a corretear ballenas blancas. No quedan muchas opciones; podemos hacer
un Teletón para darle ayuda psiquiátrica a candidatos, funcionarios, o podemos imponerles una cura de silencio, o
podemos arrojarlos del barco. No suena mal. Sigan votando, campeones.
Cualquier correspondencia con esta columna que ondea su Bandera, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(25-Feb-2000).-
Van a decir que soy un irresponsable y que estoy faltando a mis más elementales deberes, pero mientras los
candidatos se agarran del chongo y Chente le dice a Pancho que se ven a la salida para arreglar sus diferencias como
hombrecitos y que ya no le mande recados con los chícharos; y en Guadalajara andan con el jelengue del hipódromo;
y las instituciones de educación superior se andan cuarteando por todos lados; y el tal Andrés Caletri reparte
mentadas mientras se interna en Almoloya; y en la Secretaría de Hacienda, Gurría -en el mejor estilo de Manuel
Lapuente- hace cambios netamente defensivos que muy a las claras indican que ya se conformó con el marcador; y
un investigador sajón ya hizo el estremecedor descubrimiento de que en México, como en la Dinamarca de Hamlet,
todos nos dedicamos a espiarnos unos a otros; mientras todo esto sucede, su Charro Negro está contemplando por
primera vez, en su ya larga vida, una nevada. Yo la nieve la conocía en bolitas y sin salir de la Capital. Me bastaba ir a
"La especial de París" o a "La Siberia" o a "Chiandoni" y la nieve venía a mí en módicas y sabrosas raciones. Ahora la
estoy conociendo al natural y en raciones que se miden por toneladas. Es muy emocionante y novedoso. Veo caer la
nieve con la misma cara de payo que pondría un esquimal que contemplara a las bikinadas de Acapulco. Parezco
entre gallina comprada y gamuza en fábrica de chamarras. Me siento amenazado, descolocado y encantado. Es una
experiencia sin antecedentes biográficos. Los próceres que tenemos raíces xalapeñas no tenemos otro antecedente
nevado que el Pico de Orizaba; pero esto de caminar por una calle mientras todo se va tornando blanco como si se
tratara de un beatismo congelado, nunca me había tocado vivirlo. Mis únicas referencias son literarias y pienso en
Tolstoi, en el imprescindible Chejov, me transformo en Raskolnikov, o recuerdo "De blanco" un poema de Gutiérrez
Nájera, o una línea de Díaz Mirón donde habla de "la veste Zarca" (la túnica blanca) de Jesús; o me asaltan Jack
London y Bioy Casares que tiene un hermoso relato que se titula "El perjurio de la nieve". Los nativos descienden por
la laderas en skis o en "snowboard"; los mexicanos descienden casi todos en camilla y mientan madres igualito que
Caletri. Yo tengo mi propia pista que es esta hoja en blanco por donde desciendo con mi pluma que trata de deslizarse
limpiamente y sin cometer ningún perjurio. Ya conocí la nieve. Ya contemplé desde mi ventana a los que parten
gozosos rumbo a la montaña para regresar horas después, con aspecto de que los acaba de atropellar un microbús.
Ya mi amiga Alma me proporcionó la dirección de sus primas en Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua y ya me dijo que
ellas me regresarán al buen camino. Que Dios la oiga. Saciada mi curiosidad, regreso a México lindo y querido. En lo
que llego y para compensar tanto frío, no olviden que hoy toca.
Agradecimientos
Gracias, Señor, por la nieve y por el abrigo. Gracias a una señora muy linda que se puso guapa con unos disfraces de
gorila para que en la fiesta del Bucles no faltara nada. Gracias a Ana, mi amiga de Barcelona y del alma por aumentar
el arsenal de investigador del mini-Sherlock. Gracias a mis amigos que tanto me acompañan y a mis enemigos que
tanto me estimulan. Vuelvo a Díaz Mirón: "En versos que perduren/ publicaré a los siglos mi venganza." (Mira, mira).
Envíos
Este artículo es para la Rubia Misteriosa que es mi brazo derecho, pero también es el lado derecho de mi corazón y
mi cerebro. Tanto amor que la protege no permitirá más que su salud y bienestar.
Recordatorio
El espía que vino del frío, o sea yo, se permite recordarles que hoy tienen que nevar amores y arrebatos. Es viernes y
hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna presidida por un muñeco de nieve, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(28-Feb-2000).-
Alguna vez ya dejé constancia escrita de la singular fascinación que ejercen en mí los villanos. No es un cargo fácil de
ocupar y preservar. El mundo está lleno de aspirantes a villano, de villanejos, de vicevillanos y de postvillanos; pero
escasean los villanos sólidos, perseverantes, profesionales, orgullosos de su oficio y coherentes hasta el final.
Dostoyevsky y la historia de México han logrado crear algunos de estos caracteres notables. El más reciente de ellos
se apellida Caletri y físicamente podría ser el resultado del improbable matrimonio entre El Caballo Rojas y Mario
Villanueva. Los medios se han encargado de contarnos su horripilante carrera delictiva (que incluía hasta la
subcontratación de secuestros), su posterior aprehensión en una caseta telefónica (por andar de pizpireto) y su
fragorosa y florida presentación en sociedad, representada en este caso por los chicos de la prensa que tuvieron que
aguantar a grabadora firme el oratorio diluvio de denuestos que Caletri lanzó sobre ellos y sobre las mamacitas de los
reporteros (if any, diría Cosío Villegas). La brillante andanada remató con el siguiente y galano parlamento: ¡nos
vemos en el infierno! Esta lapidaria línea no tiene que ser leída necesariamente como una maldición. Si se piensa
bien, para la mayoría de los que hoy habitamos en las grandes urbes del país, podría sonar hasta como promesa de
campaña y esperanza de mejoramiento. Quiero pensar que el infierno es una negociación más segura, más confiable
y hasta más divertida que la que hoy nos ofrece el diario vivir en Monterrey, Guadalajara o México. Por muy
congestionado que esté el infierno, tendrá más orden y vialidad que las que nos brindan las grandes ciudades. Los
trámites infernales serán seguramente más sencillos y todos los condenados tendremos la enorme ventaja de saber
que estamos tratando con puros e inocultables desgraciados que no se disfrazarán de servidores públicos, ni podrán
decirnos que lo único que desean es el bien del infierno, ni utilizarán artilugios tan burdos como el Fobaproa para
robarnos. En el infierno toda la educación será inferior, pero a nadie le molestará; el tráfico y consumo de enervantes
no tan sólo será legal, sino recomendable; en una sección especial estarán todos los embajadores de Estados Unidos
haciendo declaraciones fulminantes que serán el regocijo de todos los avernícolas y, lo mejor de todo, no habrá
elecciones, ni candidatos metidos en la sórdida competencia para ver quién dice la burrada más grande. Como ya
habrán percibido, las ventajas del infierno son sustanciales. Sólo resta agradecerle al señor Caletri sus buenos
deseos: nos vemos en el infierno y ahí juntitos los dos haremos de las flamas terciopelo.
...que es el único americanista que disfruta las crónicas que escribo cuando pierde el América. Me duele mucho
contrariarlo, pero por culpa del Toluca (para que vean que el infierno también puede desprestigiarse) no puedo ahora
celebrar la caída del águila. Toluca ganaba 2-0, los perros bravos ya se habían encuerado; 40 minutos después,
América ganaba 4-2, los perros se tuvieron que vestir y yo sentí en el alma unas ganas inmensas de llorar. Como dijo
el gangoso: dibodobadito.
El Reiterado Homenaje
Van a decir que ya se me hizo vicio esto de elogiar a Gilberto Rincón Gallardo y a Gabriel Zaid. Es posible, pero en
mitad del coro de los grillos que cantan a la urna, siempre es una felicidad comprobar que el tino y la inteligencia
sobreviven. Con su serenidad habitual, Rincón Gallardo, un verdadero hombre de izquierda, reflexiona sobre la
educación en México y nos avisa que la solución de sus graves problemas no es exclusivamente monetaria; es una
cuestión de imaginación y de voluntad que nos lleven a un replanteamiento a fondo de los objetivos que perseguimos
al educar a los mexicanos y de los medios que hay que poner en juego para lograr esto. Por su parte, Zaid nos habla
en su artículo titulado "Fomento microempresarial" de las absurdas e infinitas trabas que le aguardan al ingenuo
mexicano que pretende establecer una microempresa. No hay político, ni funcionario que no alabe a la microempresa
y que, en teoría, no vea en ella el gran detonador de la siempre diferida prosperidad nacional. Todos hablan
maravillas, pero ninguno ha hecho una propuesta articulada para darle fluidez y viabilidad a la microempresa y al
microcrédito que, según me consta por los resultados del Programa "Compartamos", es útil y es exitoso. ¿Sería
demasiado pedir a los candidatos que dejaran un ratito de darse fobaproazos y pensaran en propuestas y soluciones
de este tipo?.
Cualquier correspondencia con esta columna que yadibodo, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(29-Feb-2000).-
La geometría política de México ha entrado de lleno en su fase no euclidiana. De por sí, nuestro temperamento
rumbero y jarocho le ha dado a conceptos aparentemente tan nítidos como "derecha" e "izquierda" las connotaciones
más coloridas y barrocas que registra la historia de la ciencia política. A los que tenemos edad suficiente nos bastaría
con recordar ese magno capirucho verbal que se aventó López Mateos cuando habló de que su gobierno era de
"izquierda atinada". Y era apenas el período clásico temprano. De entonces para acá, hemos vapuleado de tal modo
las nociones de derecha e izquierda que las hemos dejado irreconocibles (de hecho, ya se rindieron por default); tan
inservibles quedaron una y otra que, muy en la globalimoda, echamos mano de la noción de "centro" para que de
inmediato los ideólogos, los jilgueros, los chícharos y los partidos se mudaran a vivir en él. Casi de un día para otro y
sin previa reflexión (trámite perfectamente evitable en la política mexicana) todos se volvieron "centristas"; unos
guardaron su escapulario verde, otros pulverizaron su busto de Marx y el camaleónico PRI no hizo nada porque, entre
sus múltiples dones naturales, está el de adquirir instantáneamente el color y la textura de la escenografía ideológica
que se vaya presentando.
Con todo y el hacinamiento, vivir en el centro es enormemente cómodo y exitoso. Como realmente ser del centro no
significa nada, puede ser la justificación para todo. Tan exitoso ha sido el centrismo, que pronto será necesario crear
franquicias y abrir sucursales de modo que se cumpla el viejo delirio verbal provocado por Santana: "y retiemble en
sus centros(?) la tierra". Insisto: en política ser centrista no compromete a mucho, pero tiene una balsámica y relajante
acción sobre los ciudadanos que, al saber que tal o cual candidato es de centro, reciben subliminalmente el mensaje
de que ese señor o señora que quiere nuestro voto es algo pero no mucho. Si así solita la noción ya es borrosona,
todavía puede empeorar cuando se le añaden otros conceptos. Tratemos, por ejemplo, de pensar en el brutal
desmantelamiento de la lógica cartesiana que está implícito en el hecho de afirmar que se es "de centro izquierda" (es
como ser sureño del norte, o nórdico súrdico); más que un posicionamiento ideológico es un delirio geométrico cuyo
autor, si aprendiera las ventajas y virtudes del silencio, nos podría haber ahorrado. Si necesitaba decir algo (que no
era el caso) podría haber dicho que era de izquierda moderada, o de derecha liviana, o algo más sensato y coherente.
Con tan malos ejemplos, pronto aparecerán los políticos que nos digan que son de centro abajito, o de centro
diagonal. Me permitiría proponer que nombráramos al centro patrimonio de la humanidad para que nadie se meta con
él. Lo que realmente nos interesa saber de los candidatos es si tienen compasión por México, si tienen un proyecto
viable e incluyente para que todos salgamos del atolladero; si son decentes y si conocen y disfrutan su propio centro.
Dicho más sucintamente: ¿no podrían ser más centrados?
w Mira, Papá...
...de veras que yo intento leer tus artículos, pero comienzas a hablar de políticos y entre que me desespero y me
aburro. Demoledoras palabras de mi hija Mariana (a) la Ninfa Montessori. A sus doce años ya tiene opiniones nítidas y
contundentes; la política -y éste es un síntoma de salud mental- le importa un puro, celestial y globalifóbico pistache.
Añade: ¿no podrías hablar de cosas más interesantes? Repongo: ¿cómo cuáles, princesita tenochca? No sé, me dice
la jovencita de tersa piel, podrías hablar de mí; sería un éxito. Esta sección es un acto de obediencia; espero que la
lea y todavía mejor: espero que me quiera.
Cambio en la Alineación
La Tractor que ha dedicado su vida a malcriar al Bucles, a alburear al padre de la quinquenal criatura y a organizarse
un magno embarazo, ha salido temporalmente de la alineación titular. En su posición de carrilera ha ingresado a la
cancha la ruda Delfina (a) la Chupitos II. Ayer se presentó con un modernísimo corte de pelo que antaño sólo usaban
los sobrevivientes del tifo. Como de pasadita, rompí a cantar: "¡Ya llegaron las pelonas!". La Chupitos II detuvo su
recio paso, me miró con femenina mordacidad y me dijo: ¿las pelonas? mire quién habla. Dehesa sufre.
Cualquier correspondencia con esta columna que es de centro arribota, favor de dirigirla a [email protected] o
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Germán Dehesa
(01-Mar-2000).-
Mis buenos y muy queridos lectores jaliscienses (por cierto; mi más sentido pésame para las Chivas y un abrazo
erótico y varonil para Trino) ya tienen antecedentes de un asunto que comenzó siendo local y que, en los últimos días,
se ha vuelto globalifílico (supongo que la creación del hombre también comenzó siendo un incidente local). Me refiero
a las cuantiosas e ilícitas maromas del ínclito personaje llamado Cirilo José Ocampo Verdugo, conocido entre la mejor
sociedad (que es la peor) como JOV. Su enorme y ramificado tendedero donde -dicen los medios- ponía a secar los
dólares recién lavados se le comenzó a deshilachar en una caja de ahorros que regenteaba en Puerto Vallarta. Todo
fue -dicen las siempre confiables autoridades- tan burdo e irritante, que ahí comenzaron a entrar en sospechas y a
darle "seguimiento" al asunto y a abrir "líneas de investigación". El hecho es que en este caso (¡oh, magnífico
milagro!), mediante el sencillo trámite de averiguar hasta dónde llegaba el tendedero, se vino a descubrir que el señor
JOV que cuidaba los ahorros de los neovallartinos, hacía lo propio en decenas de lugares y que lo hacía tan bien y
con tanto escrúpulo y eficacia que, si le hubieran dado un poquito más de tiempo, podría haber comprado completo el
territorio africano a precio de locura (¿no hubiera sido maravilloso anexarle a nuestra Federación el Estado de Africa,
capital Nairobitlán de Comonfort?). La justicia mexicana tronchó en flor los patrióticos afanes de don JOV. Me parece
bien. Sobreviven algunas preguntas: ¿por qué las autoridades mexicanas tardan tanto en descubrir las evidentes
anomalías de tantos y tantos desplumaderos civiles que se encubren bajo el rubro (ya casi giro negro) de
"instituciones de crédito y ahorro"?; ¿son en verdad tan difíciles de detectar las ganancias ilícitas, los manejos
fraudulentos y las entradas y salidas de divisas de origen sospechoso?; ¿en qué están pensando los H. mexicanos
que depositan sus pocos o muchos ahorros en manos de alguien como don JOV del cual basta con ver la fotografía,
para cancelar toda posibilidad de comprarle ya no digamos un auto usado, pero ni una bolsita de arrayanes o Glorias
de Linares? Alguien en nuestro país tiene una ingenuidad y una paciencia que dejan al Santo Job en calidad de
neurótico limítrofe. ¿Serán las autoridades? o ¿acaso seremos nosotros, Maestro?
Tercera Llamada
La primera fue la UNAM. La segunda se cifra en la estremecedora fotografía de decenas de "agentes del orden"
semidesnudos y arrodillados. La tercera ocurrió este domingo en la martirizada Tijuana. ¿Qué ocurre? Ojalá y alguien
lo sepa. Yo sé de una sociedad exasperada y arrinconada y sé de una frágil legalidad (que es, para tí y para mí, la
única protección asequible) que se está desfondando por muchas partes. Nada de esto puede ser bueno para los
ciudadanos honrados (expresión que tendría que ser un pleonasmo).
Tres Regalos
Hace unos meses, mi amigo Palisandro Colina me regaló "Las afueras de Dios" de Antonio Gala (Ed. Planeta); si van
o vienen o están en el amor y sus desfiguros caudalosos y emocionantes, disfrutarán de este andalucísimo relato que
es un bello cuaderno para iluminar (la vida). La semana pasada, la Hillary me regaló "Borges, sus días y su tiempo" de
María Esther Vázquez (Ed. Argos) que re-produce y re-presenta las sabias, lúcidas, sosegadas, bienhumoradas y
precisas conversaciones de Borges, mi amadísimo minotauro. El domingo, mi hija Juana Inés que es sabia y que es
mula (¡ahi, nomás, nomás!) me regaló "1791. El último año de Mozart" de H.C. Robbins Landon (Ed. Siruela) que es
una hermosa crónica de la belleza que pueden producir la enfermedad y el desconsuelo. Loados sean los dioses que
nos dan amores que nos regalan libros y nos dan paciencia y curiosidad para leerlos y, a veces, hasta para
entenderlos.
Cualquier correspondencia con esta columna con la paciencia muy mermada y mormada, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
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Germán Dehesa
(02-Mar-2000).-
Todo parece indicar que los australianos son muy soflameros, preocupones y sacaletiras. Nada más porque ya
quedaron de organizar la Olimpíada andan como pepita en comal, como perico en alfombra, como Alka Seltzer con
Tehuacán. Ni que fuera tan difícil. Aquí nos salió a todo dar y al gobierno le dió tiempo hasta de organizar una
matanza cuya investigación va muy avanzada. Me imagino que de lo que estamos hablando es de las abismales
diferencias que existen entre las culturas espasmódicas como la mexicana y las culturas metódicas como la
australiana. El imposible diálogo entre un guajolote y un ornitorrinco. A este respecto, invoco un asunto que me parece
particularmente conmovedor: a seis meses y medio de la inauguración olímpica, los australianos están
preocupadísimos ante la eventualidad de que pudiera presentarse en Sidney un congestionamiento de tránsito
provocado por la súbita afluencia de visitantes de todo el mundo. Este asunto de la vialidad los tiene con
dillisusindimaud. Tan alarmados están, que se han dado a la tarea de diseñar operativos y dispositivos interinos para
prevenir esa grave contingencia. Lo creamos o no, ya están listas estas medidas preventivas; ahora su problema es
similar al de nuestro señor Don Quijote cuando se vió en el trance de disponer sus armas: ya las tenía, pero no sabía
si servían; reaparece la diferencia: Don Quijote decidió que era cuestión de averiguarlo sobre la marcha; los
maniáticos australianos, para probar la eficiencia de su dispositivo, han decidido organizar un "simulacro de
embotellamiento" y para ello han solicitado la colaboración de 2000 automovilistas que estén dispuestos a
encamotarse en la salida "Queensland-Pericoapa" del periférico de Sidney. ¡Qué ganas de complicarse! En
situaciones así hay que recurrir a los expertos y no vacilo en afirmar que, en todo lo referente a embotellamientos, los
mexicanos tenemos la mera tecnología de la mera punta. Un telefonema a doña Rosario Green y en 72 horas (para no
quedarles mal: en un mes) trasladamos a Sidney mil microbuseros, tres marchas de maestros, ambulantes y
barzonistas de Puruándiro; 3000 pujantes amas de casa con camionetota, dos comitivas oficiales, 300 juniors que
juegan arrancones, 800 mil oficinistas con su Tsuru y su Amigo Kit, dos transportes de redilas con sendas y huidizas
cargas de marranitos y cebucitos, un helicóptero de Radio Red y un enloquecido camión del Politécnico. Todo esto, si
quieren un congestionamiento light; si lo quieren xxx (hard-porno), les mandamos a los policletos rebeldes, a los
chapingueros y al Mosh. Consulten a los expertos y déjense de austroxaladas; porque los que sabemos de esto nos
permitimos, sin menoscabo de la soberanía australiana, hacer tres respetuosas observaciones: a) no es muy seguro
que en toda Australia junten 2000 coches; b) en caso de que éstos existan, es poco probable que los conductores
australianos estén dispuestos a colaborar eficazmente sin ese indispensable entrenamiento previo que todo
manejador mexicano tiene ya de por sí; y c) a modo de reflexión final, nos permitimos hacer una pertinente
consideración geográfica: es indudable que a las Olimpíadas de Sidney acudirán miles de observadores, pero no es
muy factible que lleguen por automóvil, a menos que éste sea anfibio. Digo.
Pro Domo Sua
Intentaré decir algo a favor de mi casa y algo a favor de los míos. Comencemos con la casa: si alguien me propusiera
vivir una semana con esos dos letrados peluchochos que se apellidan Burgoa Orihuela y Carrancá y Rivas, creo que
preferiría cortarme las venas con una galleta María; pero aquí lo importante es que la UNAM es mi casa (por
agradecido amor y no por excluyente propiedad) y me ofende verla convertida -de ida y vuelta- en espacio de la
intolerancia. Si en ella ya hablaron los ultralíderes hasta que se ahorcaron con su propia lengua, no entiendo ni acepto
por qué no han de hablar ahí dos ilustres universitarios. Es justo y civilizado (Jus semper loquitur) aceptar o disentir,
pero lo imperdonable, lo ofensivo es no escuchar.
Hablo ahora por los míos. Mi libre y voluntario testimonio es éste: Alejandro Aura es un hombre íntegro y de bien.
Juntos (ba)voceamos y juntos nos habrá de encontrar la muerte, desdicha fuerte. Lo demás, a mi juicio, son tarugadas
láser.
Cualquier correspondencia con esta olímpica columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(03-Mar-2000).-
Yo nací en el período pre-clásico de la cultura mexoamericana; en mi conmemorada infancia estuve muy ocupado;
tenía que ir a la escuela, honrar a mi padre y a mi madre (esto era lo más laborioso) y cumplir dos estratégicas faenas
domésticas: ir a la miscelánea a comprar fideo del delgadito y a la panadería a adquirir los cocoles de mi mamá, las
teleras de la familia y las campechanas (en aquel entonces no existía Laida Sansores) de mi papá; mi temprana
capacidad negociadora me había granjeado la buena voluntad de las expendedoras y las cordiales concertaciones me
garantizaban el inalienable derecho a recibir pilones y recortes; estos últimos consistían en trocitos de jamón,
rebanadas de queso, pedacería de galletas y bolillos cuchos pero comestibles. Esos
eran buenos recortes. Más sin en cambio (así hablan muchos capitalinos), los de ahora más que recortes, parecen
amputaciones. Las respectivas dependencias podrán declarar esto o aquello; los voceros oficiales nos recetarán las
previsibles justificaciones; pero los ciudadanos del común no entenderemos fácilmente por qué el golpe de cimitarra
tenía que caer en tan estratégicos lugares (así dijo el compañero de Lorena Bobbit). Veamos: sin la pericia necesaria
para juzgar sobre el tema, se me ocurre que recortar el gasto de Pemex es un acto de temeridad y un sinuoso modo
de justificar a priori las fugas, los derrames, las explosiones y todo aquello que pueda achacarse a la falta de
mantenimiento en una industria que hoy (tristemente) es clave para la captación de dólares. Recortar el presupuesto
en Comunicaciones -cuando éstas se han vuelto la llave del futuro- es otro modo de patrocinar nuestro rezago y ese
ancestral aislamiento que sólo beneficia a aquéllos que, en favor de la desinformación y la impunidad, optan por el
autoritario monólogo de la soledad, o su equivalente: la canalización exclusiva y excluyente de la información y la
publicidad por vía de una entidad tan sospechosa como Notimex. Mermar la inversión educativa que, al fin y al cabo,
es nuestro único camino de superviviencia digna, suena también a ceguera y a falta de compasión por México.
A reserva de discutir si tales recortes eran indispensables, o se hicieron a nombre de Fobaproa y de las buenas
cuentas macroeconómicas que el sistema tiene que entregar a sus verdaderos patrones, quedan pendientes otras
preguntas: ¿es calculable el daño que dichos recortes nos van a producir a los que no somos mexicanos sexenales?;
¿quitarle dinero a estas tres dependencias significa que antes se les estaba otorgando demasiado?; ¿se ha vigilado
que el dinero público se aplique rigurosamente a su único objetivo justo que es el beneficio de la comunidad?; ¿por
qué, puestos a recortar, no impusieron previamente una total cancelación de rubros tan estúpidos como choferes,
transportes lujosos, celulares, guaruras, chayotes, viajes tan absurdos como el de Rosario Green a la Unión Soviética
(es que no conocía, dice la muy recuperada Rubia Misteriosa), las giras internacionales del Presidente, la multitud de
burócratas ineptos e inútiles, los desvíos de fondos y el financiamiento de las campañas políticas más onerosas del
mundo? Yo pregunto. Nosotros preguntamos. Vosotros deberíais responder. Hay de recortes a recortes.
Ya completo, el delicioso parlamento que Oscar Wilde pone en boca de la joven protagonista de "The importance of
being earnest" dice así: "Qué angustia tan espantosa...espero que se prolongará." Pues así estamos con el
espantable caso de Enrique Borja, humorista involuntario y autor de un parlamento que también podría ser wildeano:
"Presentaré mi renuncia...si me la aceptan, me va a dar mucha tristeza." Como si los mexicanos no tuviéramos ya
suficiente con la pulverizante disyuntiva entre Luis Miguel y Ricky Martin, ahora Joserra nos damnifica el alma con
esta otra: ¿Borja o la secretaria? Omaigod! La única luz en el metafísico apagón es saber que hoy toca.
Envío
Estas líneas son para mi amiga Gloria. ¡Gloria a Gloria! No saben qué fiesta de cumpleaños se aventó. Insisto: hoy
toca.
Cualquier correspondencia con esta recortada columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Gaceta del ángel / Piensa otro número (Un nuevo mito genial
Por
Germán Dehesa
(06-Mar-2000).-
Con asombro, quizá con alarma, los lugareños dicen haber atestiguado el prodigio. No es imposible que se trate de un
caso ñpor lo demás, tan frecuente en estas latitudes tropicales- de alucinación colectiva. Los que dicen haberlo visto
hablan de dos manos afantasmadas, como recién extraídas de las narcofosas, que en sus abiertas palmas sostenían
un pálido globo tricolor; parecía como que se iba, o como que se venía en el más correcto sentido de la palabra. Ahí
estaba sostenido mágicamente en el espacio para dicha y estupor de don Pedro Ferriz y Jaime Maussán. El rumor fue
casi simultáneo a la aparición: es el nuevo PRI le decía en voz baja un lugareño a otro y a otro y así hasta llegar a
Tapachula; ahí el rumor decidió cambiar de dirección y emprender el viaje rumbo a Tijuana que es un risueño
pueblecillo al que acuden los que buscan la paz, el silencio y el recato provinciano. Según me cuentan, esto sucedió
no hace mucho. Todos, cuentan las voces anónimas, sintieron, presintieron o resintieron al nuevo PRI más cerca de
sí. La tricolor y evanescente pelota volaba de pueblo en pueblo como esos pases de taquito que hacen los futbolistas
nacionales que culminan con el balón surcando los aires y abandonando el estadio. Así de voz en voz y de pueblo en
pueblo se fue creando el mito del nuevo PRI. Hoy ya nadie está seguro de nada. Hay quien dice que la megabola sí
existió, pero se elevó y desapareció en lo azul (o en lo blanquiazul); los hay que dicen que jamás se concretó su
transferencia porque los documentos que acreditaban el uso de cielo del novedoso cuerpo astral traían una firma
falsificada; también se comenta que el flotante asteroide sí existió, pero que no resistió ni las presiones inflacionarias,
ni el fantasma de la altura y tronó de horrísona manera y se disipó en la atmósfera que quedó muy enrarecida. Todo
esto cuenta la tradición oral. Historiadores y politólogos serios no aceptan esta elaboración del inconsciente colectivo
que se forma, como todo mundo sabe, al juntar a un chorro de inconscientes cuya insensatez apunta en la misma
dirección. Según los doctos en la materia, todo fue un simulacro y un estéril intento por fundir y confundir dos
incompatibilidades: el concepto nuevo anula por fuerza al concepto PRI. Las imposibles nupcias entre un saurio y un
horno de micro-ondas. Algunos ejemplos: si los virtuales neopriístas se hubieran atrevido a externar su deseo de que
el poder sirviera a la gente, tácitamente provocaban la pregunta ¿antes a quién servía?; si hubieran dicho:
acabaremos con la impunidad, nos estarían contando sintéticamente su propia historia de 70 años de
impunidad...Dicho de modo más apretado: hubiera sido el harakiri huasteco. La bola fue eso: una pura bola. Piensa un
número; le sumes lo que le sumes, le restes lo que le restes, te dará 71. Es mágico.
Un Mensaje de Esperanza
Esto ocurrió en un concurrido semáforo de avenida Constituyentes. Decenas de transportes esperábamos la luz
verde. En ese momento apareció un desafiante personaje masculino que enarbolaba una pancarta: "Yo tragaría
lumbre; pero hace mucho daño a los pulmones. Colabore a mantenerlos sanos." ¿Y qué hiciste? me pregunta la
señora potosina siempre atenta a los pequeños detalles de mi biografía. Pues le di lana y le dije: aquí te estás
desperdiciando; tú tendrías que estar en la campaña de Silva Herzog con una manta: "Yo haría campaña; pero ya
entré en la web."
Se comunica conmigo una mujer de la tercera edad que me dice: yo necesito atención médica, pero si gana
Labastida, no me va a pelar porque ya no me puedo embarazar. Impecable razonamiento. Ya del inglés y de la
computación ni hablamos.
Envío
La honrada e inteligente voz de Humberto Murrieta ya le salió al paso a tantísima xalada que escuchamos
diariamente: a) no todos los que cayeron "en la panza de Fobaproa" son necesariamente defraudadores y criminales;
b) una cosa es el turbio Fobaproa y otra es la que con el nombre de IPAB están tratando de construir varios
mexicanos honorables; c) la única manera de disipar las mencionadas turbiedades de Fobaproa es publicar íntegras
las costosas listas de los que se treparon en ese barco. Las listas están en manos de los legisladores. Ellos tienen la
palabra. De ellos depende que la expresión ¡hijo de tu fobaproica madre! no sobreviva como insulto postmoderno (o
que, por lo menos, se vuelva más especializado y menos genérico). Oportunas y agradecibles aclaraciones de H.
Murrieta, el relámpago azul y oro de Sotavento.
Cualquier correspondencia con esta columna coronada por una bola tricolor, favor de dirigirla a
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Gaceta del Angel / El país Scherezada
Por
Germán Dehesa
(07-Mar-2000).-
Han comenzado las celebraciones por el Día de la Mujer. No tengo objeción, aunque, como presidente de la fracción
ultra-Scrooge, tampoco tengo la menor intención de festejar. Antes de que se me arranquen las ñoras, declaro que
estoy estructuralmente imposibilitado para cantar las virtudes de nuestro mujerío, pues considero que la vida de un
hombre o está dedicada, instante por instante, a cultivar, a procurar, a agradecer y a celebrar el afecto y la compañía
de las mujeres; o está irremisiblemente condenada a cien años de soledad. Jaime Sabines solía decir que en la
gramática de la humanidad, las mujeres eran el sustantivo y los hombres, en el mejor de los casos, seríamos
desechables adjetivos. Aunque en mi vida me he encontrado con algunas féminas que no llegaban a ser ni artículos
indeterminados; estoy de acuerdo con lo dicho por mi amigo el poeta.
Recuerdo ahora un vetusto texto de mi período azul. En él expresaba yo mi admiración por una notable fabricación
literaria, oriental y femenina: Scherezada, la intrépida mujer que noche a noche, a golpes de imaginación y de
palabras, se ganaba un día más de vida. En los tiempos actuales, varios asuntos me han hecho recordar a esta
muchacha que se mantenía viva gracias al canto y al cuento. He pensado, por dar un caso, en el lastimoso asunto de
la certificación que, año con año, obliga a todo el país a ser Scherezada y a inventar un cuento para obtener
misericordia y perdón del Sultán del Norte. Lamentable Scherezada. He pensado también en los candidatos y en sus
vacuos discursos que pretenden ganar nuestro favor. El que pronunció Labastida en la febril fiestecita del cumpleaños
del PRI fue un fallidísimo intento por combinar la grisura lamadridista con el rojo colosista y el jaspeado e indefinible
color del zedillismo. El resultado me pareció lamentable, sentimentalón y triunfalista. Si de lo que estamos hablando es
de la magia de las palabras y de su capacidad para convocar un fervor que las transforme en actos, ninguno de los
tres candidatos mayores corre el peligro de aproximarse a los poderes de Scherezada. Otras virtudes tendrán; pero si
esto es así, que se eviten y nos eviten la pena de tanta declaración mal tramada y tanta promesa incumplible e
ingenua. Olvidémonos del nivel de zafiedad que ha alcanzado la interlocución política; ya bastante sufrimos con la
cursilería.
Todos queremos obtener la voluntad del otro a base de palabras. Yo mismo estoy aquí pastoreando vocablos para
ganarme la vida. Muy lejos de todo este mundanal ruido, permanece alguien que no desea el poder temporal, sino el
encanto de la estricta belleza ("Este era un rey que tenía...): Scherezada.
Así estoy. Sospecho que Mayito dejó un taco encargado para mí. Los análisis dirán si es influenza o tifoidea. Lo único
que me consta es que me siento perro café y a la orilla de palmar (a punto de darme de baja).
Un Drama Tapatío
Bueno, es tapatío y es nacional. Son tantos los puestos de elección que están por dirimirse y son tantos los partidotes
y los partiditos que, en un descuido, no van a quedar votantes, pues todos vamos a resultar candidatos a algo.
Justicia Pronta
Aunque no sean Scherezada, a nuestros leguleyos y a nuestro (es un decir) Poder Judicial siempre se les ocurre
algún confuso laberinto verbal para disfrazar ésta o aquella ofensa a la paz ciudadana. Se trata ahora de terminar de
colapsar el Periférico Sur mediante el uso de dos torres de oficinas para instalar ahí mismo en la lateral del Periférico
Sur, entre el puente de las Flores y la calzada del Desierto de los Leones, diez juzgados de distrito y once tribunales
de circuito. Según los sapientes letrados todo está en orden; todo está en paz; la lateral del Periférico es un "corredor
comercial" (???); se procede así para darle a la ciudadanía "justicia pronta" y, si alguien no está de acuerdo con tanta
bondad y sabiduría, se le cubrirá con una descalificadora manta con un letrero que dice "Un grupo de vecinos".
Considérenme uno más del multitudinario grupo y permítanme preguntar: ¿cómo pretenden impartir una justicia que,
está fincada -no se hagan que McCaffrey les habla- en perjudiciales maromas, todas ellas injustas e ilegales?
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Por
Germán Dehesa
(08-Mar-2000).-
No me digan que Diego no se siente príncipe y que Andrés Manuel no es pero bien méndigo. Al comienzo de su
rudísima pelea en súper-libre, Diego (que había llegado con noble porte y saludando hasta a un perico disecado que
tienen ahí en Televisa) ingresó al foro, se sentó regiamente en una como mesa de tepachería que había dispuesto
López Dóriga, lo saludó y comenzó a esbozar una sonrisa que se congeló. Este preciso instante es el que me interesa
rescatar: Diego ha quedado estupefacto y sus brillantes ojos contemplan algo con antiguo asombro. Esa cara es la
que debe haber puesto Cortés cuando miró a Moctezuma por primera vez. ¡Un maya! habrá pensado Diego. Ahí
estaba Andrés Manuel López Obrador vestido con una exótica sinfonía en verdes que le podríamos haber diseñado
Monsiváis y yo. Andrés Manuel saludó brevemente (¡un maya hispanohablante! pensaría Diego) y de inmediato puso
sobre la mesa un amenazador tambache de documentos similar al de su contrincante. Se ve que López Dóriga iba a
decirles: quiero una pelea limpia, no quiero cabezazos y tal, pero ni tiempo tuvo. Andrés Manuel desenfundó un
videocassette rojo como de película porno y solicitó que lo pusieran en transmisión nacional (luego se averiguaría que
era Diego exigiendo la quema de los "míticos documentos" del 88). Diego iba de estupor en estupor. El resto, como
bien les consta a ustedes, fue una violentísima zacapela. Tengo la impresión de que Diego llegó frío al ring y supuso
que en este pleito la victoria sería tan sencilla como en el debate del 94. Lo malo es que su rival le salió respondón y
le devolvió golpe por golpe. En estrictos términos de técnica, Diego es muy superior: su manejo del español es
impecable, su gesticulación es elegante y exacta y es notable su capacidad para rematar con algún letal sarcasmo sus
ráfagas verbales. Los viejos aficionados al boxeo sabemos que cuando se enfrentan un estilista y un ponchador, este
último es el que suele ganar. Andrés Manuel tiene un repertorio verbal más limitado; su lengua tropieza
reiteradamente con la expresión "de que", su acento sureño suena raro en el altiplano y, por si le faltara algo, en estos
pleitos tan apretados tiene que responder por él y por Cuauhtémoc (esto le sucedió en el debate en el Club de
Industriales y le volvió a suceder hoy martes por la mañana. Ya sería tiempo de que, a ese tipo de ataques,
respondiera sencillamente: esa pregunta hágasela a Cuauhtémoc; por el momento, la bronca es conmigo). Con todo y
esto, Andrés Manuel es contundente, revira rápido y se tira a matar al menor descuido de su contrincante. Del penoso
nivel de los argumentos e improperios que intercambiaron es mejor guardar silencio. Más que hablar de debate
político (que no lo hubo) lo que procede es hacer la reseña del entre que se dieron dos ciudadanos que se traían
muchas ganas. El dudoso premio a la mayor bajeza es para Diego que trajo a la discusión el tema de la muerte del
hermano de Andrés Manuel. La rudeza innecesaria corrió a cargo de Andrés Manuel que exhibió la fotografía de
Diego junto a Salinas. A mí no me pregunten quién ganó; la única seguridad que tengo es que en estos pleitos la que
pierde necesariamente es nuestra vida política.
La televisión mexicana parece salir de su marasmo oficialista. La realidad, así sea cruda y ausente de propuesta
comienza a asomarse a las pantallas. No se trata de un milagro, ni de una dádiva gratuita. La vocación natural de los
políticos y de los medios de comunicación es (tendría que ser) informar veraz, oportuna e inteligentemente a su
comunidad. Veo con alegría que el "espectador" comienza a entender que su tarea no es pasiva. Doy un admirable
ejemplo: el exitoso programa "Primer Plano" que transmite Canal 11. Si al debate-riña le sobró crudeza y le faltaron
inteligencia y horizonte político, a la sociedad le toca demandarlo y modularlo. Lo que es indudable no es que vaya a
ocurrir un cambio; sino que estamos cambiando vertiginosamente. Encuentro muy deseable que seamos parte de él.
Justicia Pronta II
Delegadas y Delegados del PRD, les tengo otras dos noticias: 1) Pronto no serán dos, sino tres los edificios
construídos en ese bello y despejado corredor comercial que es la lateral del Periférico Sur y "algunos vecinos"
estamos cada día menos dispuestos a tolerarlo. 2) Un cibercorresponsal me envía la interminable lista de llamadas y
mensajes que ha mandado infructuosamente durante siete meses para denunciar una fuga de agua que hay en la
esquina de ¿dónde creen? Lateral del Periférico Sur y Camino a Santa Teresa. ¿Se trata quizá de un caso de justicia
lenta?
Cualquier correspondencia con esta rijosa columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado Postal
19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(09-Mar-2000).-
¡Otra vez la pollina encamina sus pasos al bíblico cereal! (¡otra vez la burra al trigo!). Los ociosos lectores y
cibernautas insisten en que quieren saber quién, según yo, ganó el debate-pugilato entre Diego y Andrés Manuel.
Según Sergio Sarmiento, cuya serena lucidez lo ha convertido en el fiel de la balanza, el ganador fue López Obrador,
pero lo fue por malas razones y con argumentos poco sustentados. Según Calderón, excelente dibujante y mejor
amigo, Diego se vistió de torero y le hizo la faena a Andrés Manuel que embestía de mala manera. Según su Charro
Negro, en el corto o mediano plazo, los ganadores fueron la sinrazón y muy especialmente el PRI (cuyo tramposo e
ilícito financiamiento regiomontano parece no ser advertido por el ciudadano común en toda su ilegal dimensión). ¡Una
trampa más! parece decir la ciudadanía con voz resignada y sumisa. Todo esto me lleva a la sospecha quizá
paranoica de que una vez más estamos frente a los...
...Tres Actos
La obra se estrenó en 1994 bajo la dirección de Carlos Salinas. Consta de tres actos cuya sinopsis ofrezco al curioso
lector.
PRIMER ACTO: Hay tres protagonistas llamados PRI, PAN y PRD. El candidato del PRI (Zedillo o Labastida) se
mantiene en la gris y confortable penumbra del bajo perfil (cosa fácil de lograr para Zedillo y Labastida). Mientras el
priísta permanece en una esquina neutral, el candidato panista (Diego o Foxidiego) se encarga de pulverizar al
candidato perredista. Si se analizan y se comparan con cuidado los debates del 94 y éste que acaba de ocurrir, en
ambos casos, en presencia y en ausencia, el más raspado ha sido Cuauhtémoc. Mientras tanto, el sistema se encarga
de mantener viva y a fuego lento una amenaza de desorden y de peligro de violencia (Chiapas, el narco y la UNAM)
que predispone a las conciencias y a las subconciencias a favor del malo por conocido. La frágil ciudadanía supone
que, a pesar de todos sus horrores, el PRI es el único que puede lidiar con la "amenaza enmascarada". Las últimas
encuestas confiables avisan que el 50% de los mexicanos prefiere el mantenimiento del orden(?) actual y que el 30%
añora el autoritarismo. El libreto funciona.
SEGUNDO ACTO: Una vez golpeado y mermado el candidato perredista; los medios y la inducción de conflictos
internos se encargan de bajarle el volumen al candidato panista que, por enfermedad, cansancio, declaraciones
absurdas, bloqueo mediático y alguna otra razón misteriosa; se va desdibujando y dilapida tristemente el capital
político adquirido en el primer acto. El candidato priísta se mantiene en la grisura y el miedo sigue haciendo su trabajo.
Confirmado: el libreto funciona.
TERCER ACTO: Con sus oponentes reducidos a la virtualidad, emerge glorioso el candidato priísta que, casi de
golpe, le sube el volumen a su campaña y se encamina a un triunfo arrasador. El melodrama ha sido un éxito. PRD,
PAN, EZLN y CGH hicieron su papel de modo insuperable. Ellos saben cómo hacerlo.
Preguntas a los candidatos opositores: ¿así van a estar?; ¿así van a seguir?; ¿para eso les pagamos?
Pregunta a la ciudadanía: ¿habrá una segunda función de esta gótica tragedia musical?
Si en la democracia sólo se tratara de discernir quién representa a la mayoría para, acto seguido, depositar en sus
manos las decisiones y los actos de gobierno que nos conciernen a todos; no estaríamos hablando de verdadera
democracia, pues en nada se distinguiría del fascismo, del autoritarismo y/o de la dictadura. En la democracia
necesita comparecer la mayoría, pero también es indispensable que las minorías adquieran voz, opinión y presencia.
Si no entendemos que un gobierno democrático se construye a través de la interlocución de las mayorías y las
minorías, les puedo asegurar que hay un Pinochet en nuestro futuro y que éste, llegado el momento, no podrá ser
juzgado por falta de condiciones físicas y mentales (¡háganme el C. favor!). Por esto, precisamente por esto, me dió
tanto gusto tener en mi programa de radio a Don Gilberto Rincón Gallardo que representa dignamente a ese grupo de
mexicanos que quiere edificar una izquierda moderna y democrática que, por el momento y ante la esplendorosa
inteligencia (y opulencia) de los candidatos grandotes, es todavía un grupo minoritario, pero perfectamente atendible y
apoyable. No olvidemos que toda mayoría comenzó siendo minoría. O sea.
Cualquier correspondencia con esta columna que imagina melodramas, favor de dirigirla a [email protected] o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Gaceta del ángel / Autores intelectuales
Por
Germán Dehesa
(10-Mar-2000).-
Si he de pasar a la historia, exijo pase automático, me niego a ser evaluado por el Ceneval, demando admisión
gratuita, libre permanencia, renuncia del rector, sea quien sea y llámese como se llame, la entrega por adelantado de
mi título y mi mención honorífica, el cese absoluto de la brutal represión, la incondicional liberación de Mayito y la
creación inmediata de condiciones propicias para un monólogo libre y respetuoso acerca de los puntos de este pliego
petitorio y de los que se me vayan ocurriendo conforme vaya agarrando vuelo. Este monólogo democrático será
transmitido mundialmente y sin cortes comerciales, ni mensajes de los candidatos. De no cumplirse estas
irrenunciables demandas, yo y los quince padres y las treinta madres que me han ido apareciendo procederemos a
tomar respetuosamente las instalaciones del Castillo de Chapultepec en cuanto terminen de restaurarlo. Ya
fortificados allí, vamos a organizar la orgía del milenio en la recámara de Carlota. Ustedes tienen (por lo pronto) la
palabra. Firma: Germosh Dehesha.
¿Nunca les ha ocurrido esto de tener muy claro lo que se va a decir (o a escribir); pronunciar con mucho aplomo las
primeras siete palabras ("si he de pasar a la historia") para, de inmediato, extraviarse en una absurda e impensada
divagación? A mi me acaba de suceder. Con su venia, voy a intentarlo de nuevo.
Si he de pasar a la historia, quiero dejar avisado que todo se deberá a un lamentable error. A mí, casi nunca se me
ocurre nada. Es mucho más lo que me ocurre, que lo que se me ocurre. Dudaría de la originalidad de lo que pienso,
de lo que leo y de lo que escribo. Mis trabajos más eficientes y productivos son ver, leer y escuchar; siempre aparece
algún autor que me regala piadosas palabras e ideas. Siempre aparecen amigos y cibercuates urgidos de decir,
denunciar, reclamar, declamar, o proclamar algo. Siempre me topo con algún transeúnte que me dice, o le dice a
alguien las palabras que yo necesitaba. Yo me limito, ya lo dije, a vivir, a ver, a leer y a escuchar. Mi único esmero es
reproducir con la mayor legalidad ese aluvión de palabras y silencios que inundan implacablemente la tunda sin
sosiego de mis días y mis noches. Yo suministro exclusivamente conjunciones, disyunciones y comas que, a veces,
son diabéticos. Ellos, los escritores y los habladores son los verdaderos autores intelectuales de cuanto escribo y digo.
Para ellos habrían de ser los derechos de autor que incluyen mentadas y reconocimientos. Quien guste reclamarlos,
váyase formando (o deformando). La lista es más larga que la mítica lista de beneficiarios del Fobaproa. Por lo pronto,
agradezco a mis beneficiarios e insisto en declarar: "Si he de pasar a la historia...").
Lo Necesario
Puesto que es viernes y dado que somos personas de bien, olvidémonos por un rato de la copiosa nota roja y de sus
debatientes precursores y recordemos, así nomás por que sí, aquellas clases de etimologías que alguna vez
cursamos, o quisimos cursar. Hecho esto, recordemos aquel vocablo de apariencia tan humilde y de exigencias tan
soberbias: "necesitar" que literalmente significa, según apunta Don Fernando, "no cesar". De aquí, no es descabellado
(para descabellados, yo) deducir que lo necesario puede significar lo que fluye fatal e inconteniblemente, o bien, todo
lo que hacemos para no cesar o ser cesados. Si entendemos esto, podemos darle una dimensión más real a lo que
llamamos nuestras necesidades; asimilaremos también, no sin escándalo, que la muerte es etimológicamente
necesaria y quizá descubriremos la pletórica (¡órale!) de cosas innecesarias que tenemos, hacemos y decimos. El
excesivo dinero, por ejemplo, es innecesario, dañino insensibilizador y puede conducirnos al cese propio y ajeno.
Cosas similares podríamos decir del poder, la fama, la violencia, los logros egoístas, los avaros prestigios y los
pantalones pescadores o acampanados. Cada quien, tú o yo, puede (podemos) hacer sus propias cuentas, sumar,
restar (¡piensa un número!) y creo (necesito creer) que todos llegaremos a una conclusión similar: sólo el amor es
necesario (el amor no cesa; el amor nos hace fluir eternamente). Remato: leer estos renglones no es necesario.
Cualquier correspondencia con esta columna entre histórica y necesitada, favor de dirigirla a [email protected]
o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(13-Mar-2000).-
Cuatro días en Cancún. Parece premio de "Atínale al precio", pero, en principio, no fue mi caso pues yo iba a trabajar;
sin embargo, la vida se reserva su misterioso derecho a regalarnos los premios más inesperados e inmerecidos. Ya
dispuesto mi laborioso viaje (una puntual relatoría, una conferencia, presentación de un espectáculo y vigoroso
[ba]voceo de un nuevo periódico); apareció la Hillary con noticias frescas: dice el Patopediatra que nada sería mejor
para el Bucles que respirar el aire marino en compañía de su agraciada y abnegada madre. Fue así como un viaje de
trabajo se convirtió en expedición punitiva. No voy a relatar la escalofriante odisea que vivimos en un
inexplicablemente afamado hotel de Cancún (esta columna no es para desahogar agravios personales); lo importante
es señalar que tras el horror, vino el milagro en forma de dos muchachas llamadas Iliana Rodríguez y Martha Balandra
quienes, a temprana hora del jueves 9, nos rescataron del hotel de la ignominia y nos llevaron a pasear por Xcaret.
Para que esta historia rinda lo que debe, hay que mirarla desde los ojos de un niño de cinco años. El es capitalino y de
pronto se encontró en un mundo totalmente ajeno; él ha estado enfermo y ni siquiera tiene claro el concepto de
enfermedad (¿alguien lo tendrá?) y lo traduce en desánimo y tristeza; él tiene muchos miedos (¿alguien no los tiene?)
y venturosamente todavía no aprende del todo a censurarlos y a disfrazarlos de bravata; él se siente extranjero entre
los adultos y no entiende por qué ellos no se asombran ni se admiran con todo lo que ocurre minuto a minuto. Dicho
muy brevemente: es un niño. En la entrada misma de Xcaret tienen una incubadora transparente donde han
depositado muchos huevecillos de codorniz para que el curioso paseante pueda ver el momento exacto en el que
ocurre el milagro: éste o aquel huevecillo comienza a agrietarse; aparece un pico y, detrás de él, surge contento y
atónito un polluelo que comparece en la vida. Su andar y su expresión son las de alguien que acaba de salir del metro,
o de alguna concentración de masas. El Bucles estaba muy interesado en saber si así había nacido él. Así nacemos
todos, le dije a reserva de explicarle más adelante la irrelevante diferencia entre ovíparos y mamíferos. Ya por este
gozoso asombro hubiera valido la pena el viaje; pero faltaban otros prodigios. Aquí vas a poder nadar junto con los
delfines, le dijo Iliana al Bucles, ¿no es emocionante?. El Bucles dijo que sí, pero lo hizo con esa cara entre confusa y
alarmada que pone Jo-Jo-Jorge Madrazo cuando lee las cartas de Izábal. Como dicen las antiguas crónicas
indígenas: El capitán Bucle estaba temeroso, estaba asustado, tenía miedo; quería huir, quería escaparse, quería
desaparecer. Antes de que se cumpliera el encuentro con los delfines recorrimos todo el Parque y yo miraba al
pequeñuelo que, por una parte, disfrutaba de todas las maravillas que ahí se ofrecen y, por la otra, no olvidaba que,
de un momento a otro, tendría que cumplir su delfínico y ominoso destino. Finalmente ¿qué ocurrió?. No se pierdan,
amiguitos, nuestro capítulo de mañana.
Así lo declaró el todavía Procurador General: estoy transparente. No le falta razón. Yo también lo estaría. Díganme en
qué país que se diga moderno, civilizado y democrático, un Procurador de Justicia sobrevive al ignominioso
descubrimiento de que su brazo derecho ha reunido enormes cantidades de dinero "difícil de explicar". La lectura de
las cartas que supuestamente lo aclaran todo; en realidad no aclaran nada y lo único que confirman es que su finado
redactor era un cursi perdido. Se abren dos líneas de investigación: Izábal se dedicó afanosamente a la uña, pero se
regeneró instantáneamente cuando ingresó a la Procu. Pregunta: ¿Madrazo fue tan irresponsable y tan lelo como para
darle tareas especialmente delicadas a un sujeto que no había sido investigado exhaustivamente. Segunda: Con todo
y lo que dice la providencial tercera carta ¿será cierto que Izábal se comportó con absoluta limpieza al lado de
Madrazo?; ¿no habrá seguido en el noble oficio de ratón de cuello blanco? Pregunta: ¿Jo-Jo-Jorge no se habrá
enterado nunca de que el hombre de todas sus confianzas se llevaba hasta las engrapadoras?. Diagnóstico: Madrazo
o es un estúpido, o es cómplice activo o pasivo; en cualquier caso: ¿qué hace en el cargo de Procurador de Justicia?
Digo.
Envío
Este recado es para Diego que se siente "injuriado" por mí. Achíquele máichif. ¿Por qué no platicamos?
Cualquier correspondencia con esta columna jabonada cual delfín, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(14-Mar-2000).-
Amiguitos: en el capítulo anterior, dejamos al capitán Bucles en serios aprietos. Desde su mirada, todo le era hostil: se
encontraba lejos del asfalto citadino; estaba a la mitad de una ominosa jungla poblada por cocodrilos, jaguares,
tiburones, manatíes, turistas europeos y nacionales (que son una subespecie de los manatíes) y todo tipo de bichos
que, según la absurda mitología televisiva que consume, son amenazantes y peligrosos. La mínima dosis de
confianza que le inspiraba la presencia de su madre quedaba neutralizada por la asistencia de su padre que traía esa
cara de terror que suelen poner los pollos cuando llegan a Kentucky. Vimos, compartimos y disfrutamos muchas
cosas, pero para el buen Andresín, todo tenía un regusto amargo, pues sabía que tarde o temprano sería arrojado a la
fosa de los delfines. Un breve alivio nos fue proporcionado cuando presenciamos un auténtico y original juego de
pelota, tal como se practicaba en la antigua Mesoamérica: el graderío rebosante; un excelente grupo de música
prehispánica; ofrendas de copal; silencio ritual; suenan las caracolas y vienen a la liza -penachos, taparrabos y
tatuajes- los dos grupos que habrán de enfrentarse a puro golpe de cadera. Los ojos de Andrés parecen como de
personaje de caricatura japonesa, así de grandes los pelaba. Comienza el juego. Andrés me pregunta en voz baja:
papá, ¿cuáles son los Pumas? Con gran aplomo, respondo: los de taparrabo amarillo (felizmente esos fueron los que
ganaron).
¡Y ahora, vamos a los delfines! Chín, pensó Andrés, que abrigaba la ilusión de que el asunto se hubiese pospuesto o
traspapelado. Avanzamos rumbo al delfinario. El Bucles caminaba como cristiano que fuese conducido a un menú de
degustación con los leones. Es muy fácil minimizar los problemas de los niños. Es fácil y es tonto. Toda proporción
guardada, el novedoso y delfínico asunto era para Andrés lo que para tí o para mí significaría escalar el Everest sin
entrenamiento previo. Era obvio que el pequeño estaba a punto de decir que no quería, pero ya se había
comprometido con Iliana y con Martha y no es cosa de fruncirse delante de dos chavas amorosas, atractivas y recién
conocidas. Todos fuímos provistos de un chaleco salvavidas e instruídos acerca de que no deberíamos gritar, ni
rasguñar a los delfines, ni perseguirlos. El Bucles tiritaba agachado y con la quijada trabada. Para mejorar las cosas,
el agua estaba helada y Andrés se aferraba a su madre cual Procurador a su cargo. Aparecieron los delfines y uno de
ellos decidió adoptar a Andrés; se le acercaba, se ponía panza arriba y el Bucles finalmente fue hechizado, extendió
su mano, acarició a esa sedosa criatura de Dios y ocurrió el milagro: el Bucles se desprendió de su mamá y se dedicó
a jugar y a platicar con el delfín. Estaba encantado. ¿Ves papá, cómo sí soy valiente? Cuando logramos que saliera
del estanque, las chicas le entregaron una fotografía con "su" delfín. Horas después, la seguía mirando. Tiempo de
dormir: Gracias, Papá Dios, por un día maravillooossso. Después se durmió, abrazado a su fotografía.
Otro Debate
El Canal 40, tan querido por tantas razones, trasmitió el pasado domingo 12 a las nueve de la noche, un verdadero
debate entre los tres principales candidatos a la Gubernatura del DF. La excelente y afilada conducción corrió a cargo
de Denise Maerker que es inteligente y atractiva. Nadie se rebajó al insulto personal y todos pudieron externar y
cotejar sus ideas, puntos de vista y planes de gobierno. Andrés Manuel proyectó firmeza y valentía, aunque su
obsesión por el Fobaproa ya está resultando reiterativa; Jesús Silva-Herzog tiene muchas tablas y se manifestó sagaz
y bienhumorado, aunque con un dejo de altivez; Santiago Creel fue quizá el más sereno y articulado. Podría ser que,
en la medida que es el menos conocido, haya resultado el más gratamente recibido. ¿Quién ganó? Eso se sabrá el 2
de julio. Por lo pronto, agradezco a nombre de muchos, la pulcritud y civilidad de los tres, la eficiencia del personal de
Canal 40 y la aguda inteligencia de Denise Maerker. Con debates así, ganamos todos.
Santísima Notimex
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Por
Germán Dehesa
(15-Mar-2000).-
En los versos finales del romance "Finjamos que soy feliz", Sor Juana manifiesta su pesar por la inexistencia de una
escuela donde se aprendiera a ignorar. Sor Juana era quien era y podía darse esos lujos. De haber vivido en la
actualidad mexicana, ya sabría inglés y computación y ya habría escrito un romance titulado "Finjamos que soy del
PAN" que culminaría con la urgida solicitud de una escuela donde se aprendiera a callar. Pienso todo esto (y ya llueve
sobre mojado) al leer en un sólo golpe de vista dos declaraciones de dos conspicuos panistas: Vicente Fox y Alberto
Cárdenas. El rey de la patineta verbal acaba de expeler otra perla: "Tengo el voto de los ricos y de los que piensan";
en principio, no suena mal; el problema es que adujo esta singular razón como si en ella fuera implícita la garantía de
su victoria. ¿Será? Veamos: los ricos en este país constituyen una ínfima minoría que, además, no gozan de eso que
podríamos llamar "idolatría popular" ¿o sí?. Los pensantes me temo que tampoco alcanzarían a llenar el Auditorio
Nacional y, como en el caso de los ricos, no tienen el arrastre popular del prolífico Potrillo Alejandro Fernández, ni del
simpatiquísimo Luismi. Todavía más: si después de leer una declaración así, los "pensantes" insisten en apoyar a Fox
es que son pensantes honorarios. Pregunta que trabaja como conclusión eventual: ¿qué inch'necesidad tenía Fox de
decir lo que dijo? Aprendamos a callar.
El caso de Alberto Cárdenas es para mí más penoso. Creo que ha sido un buen Gobernador y que sus gobernados
mayoritariamente lo respetan y lo estiman. Como en el caso de Fox, su órgano más damnificado es la lengua. La
situación en Jalisco dista de ser tersa. Entre el santo JOV, el narco, el transporte, la Universidad, el sórdido jaloneo
pre-electoral (de los chalecos y las palmeras, ya no voy a decir nada) el Estado se ha puesto bronco y rijoso. En ese
ambiente ya cargado de partículas suspendidas, surge la inenarrable imbecilidad de suministrar a varios enfermos, en
un hospital del Estado, bióxido de carbono en lugar de oxígeno. Resultado: cinco muertos. Aún no se ha hecho un
deslinde de responsabilidades y yo no me propongo hacerlo. Lo único que subrayo es mi extrañeza ante la insensible,
gratuita e inoportuna declaración del Gobernador Cárdenas quien, según los medios, declaró lo siguiente: se trata de
un "acontecimiento aislado". Bueeeno; si se mira con panista amplitud de criterio, la declaración puede ser certera. El
diluvio universal, la invención de la imprenta, Hiroshima, Acteal, Chernobyl; todos éstos fueron hechos aislados; los
ingleses son seres aislados; según Leibnitz, todos los mortales vivimos aislados. Así pues, la afirmación del gran
Bebeto es sustentable, pero me sigue pareciendo enormemente irritante e inoportuna ante la evitable muerte de cinco
de sus gobernados. Aprendamos a callar.
El Crepuscular Perdón
Un hombre encorvado y de andar vacilante tuvo, hace unos días, la nobleza y la inteligencia de pedir perdón. Se llama
Karol Wojtyla y para los católicos del mundo es el representante de Dios en la tierra. Con voz que ya es casi un
susurro, pidió perdón por tanta sangre derramada, por las guerras religiosas, por las Cruzadas, por la pasividad ante
el exterminio de los judíos, por la falta de un compromiso mayor con los desposeídos, por la intolerancia y por la
Inquisición. Habrá quien mire en esto solamente una tardía y cosmética venia de arrepentimiento. A mí me parece un
acto trascendente, definitorio y enormemente respetable que bien podría haber culminado con la evangélica precisión:
el que tenga oídos que oiga.
Por lo mismo, me extrañaron y me molestaron la actitud y las palabras de Norberto Rivera que, para decirlo en pocas
palabras, salió con que la Iglesia mexicana no debe nada. Ni siquiera viene al caso alborotar el avispero del pasado y
el presente mexicanos (Schulenburg, Reinoso, Onésimo...); señalaré simplemente el radical contraste entre la
generosa humildad de Juan Pablo II ("...y tomó sobre sí todos los pecados del mundo...") y la arrogancia de nuestros
jerarcas (que no toman sobre sus regordetes hombros ni la más venial de las faltas).
Hipogrifo Violento
La expresión es de Calderón de la Barca; el actual encargado del grifo se apellida Medina Viedas y fue comunista
hasta que vió la lux. El despacha en Notimex que es una cochambrosa tiendita de anuncios del gobierno. La tiendita la
financiamos tú y yo, lectora lector querido. La oferta es por tiempo limitado (hasta Dic. del 2000): si te portas bien, te
dan muchos muchos anunciotes; si te portas mal, te cierran el grifo. Más allá de esto, la que resulta anacrónica y
perversa es la existencia misma del grifo y del grifero. Ya volvimos a los gloriosos y sofísticos tiempos de "no les pago
para que me peguen"; Jólimouses!
Cualquier correspondencia con esta columna náufraga y aislada, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Por
Germán Dehesa
(16-Mar-2000).-
Gracias a que Aerolíneas Tzompantli ofrecen el vuelo directo Cancún-San Miguel de los Jagüeyes, pude llegar a
tiempo a la cita que tenía en este último lugar. Mi madre me definía como "oyón y metiche"; estaba en lo correcto.
Paso a probarlo: hace algunos meses, Adolfo Aguilar Zinser, en franco tono de amenaza, avisó que se proponía
escribir como Germán Dehesa. Estas laceraciones son de las que exigen venganza. Sólo me queda, pensé, ponerme
a escribir como Aguilar Zinser. La oportunidad se presentó hace algunos días cuando el Cyrano de Conasupo (Aguilar
Zinser) publicó un disfrutable artículo que versaba sobre los bienes que traen los males y viceversa. Su tesis la
ilustraba con el caso de la presencia militar en Chiapas y la casi milagrosa preservación de ese último y hermosísimo
reducto de selva boscosa llamado Montes Azules. De no estar ahí el ejército dedicado a cuidar, vigilar y reforestar; lo
más probable es que los (in)civiles ya lo hubiéramos arrasado. El texto de mi colega me gustó y me intrigó. Como
ando escaso de broncas en esta vida, me dije: voy a comprar otra. De inmediato me comuniqué a la Secretaría de la
Defensa para pedir informes sobre las tareas de reforestación. Con eficacia y prontitud inusuales en las instancias
civiles, recibí un cúmulo de noticias y una invitación para visitar el Campo Militar de San Miguel de los Jagüeyes, Hgo.
(¿me querrán reclutar como tropa selecta? preguntéme). Llegué y el mismísimo Secretario de la Defensa me
acompañó a hacer una visita completa por las pulcras, modernas y eficientes instalaciones donde muchos mexicanos
como tú y como yo reciben conocimientos, adiestramiento y salud. El momento estelar de la visita fue sin duda el
amplísimo y eficiente vivero donde con métodos muy avanzados que no me son del todo desconocidos (en algún
emocionante capítulo de mi vida, me dediqué a los cultivos hidropónicos), los militares en colaboración con hombres y
mujeres de la comunidad preparan millones (dije millones) de arbolitos para ser plantados donde hagan falta; es decir,
en todo el territorio nacional, pero pensando siempre en las especies más favorables para cada zona del país. Los
verdes y lo verde, podría titularse este artículo. Pregunté muchas tonterías y todas tuvieron una respuesta paciente y
sensata. Los árboles replantados tienen un 80% de posibilidades de crecer y de cumplir su destino. Esos brotecillos
que yo ví estarán listos para ser plantados en su domicilio definitivo en julio de este año. Millones de mexicanos
lloramos por la muerte de nuestros bosques; miles de mexicanos la provocan; unos cuantos cientos la restauran.
Habrá que andarse con cuidado a la hora de repartir condenas y absoluciones. Preguntas sueltas: ¿qué ha hecho el
EZLN por preservar la Selva Lacandona?; ¿cuántos árboles ha plantado Marcos? (si me manda un correo electrónico,
lo publico y lo contesto). Lo último que quisiera es que lo dicho sea leído como un perdón a los miserables talamontes,
o como una dispensa para los civiles que cumplen con quejarse, pero que nada hacen por conservar y acrecentar
nuestro mejor patrimonio: el verdor. Ya con ésta me despido/ de inteligentes y bueyes/ bonito pueblo afamado/ San
Miguel de los Jagüeyes.
De Quirófanos
Creo que estamos de acuerdo en que es muy desagradable que existan los quirófanos; pero sería más desagradable
que no existieran. Tranquilos. No se trata de un nuevo episodio de mi amplio historial médico. El torturado ahora es el
Capitán Bucles que está siendo sometido a la extirpación de anginas y adenoides. Es el resultado del nefasto
encuentro de un infante con la atmósfera del DF. Mi mejor deseo es que los Humanos Vázquez, el Patopedíatra y el
Dr. Andrés Delgado procedan con tersura y felicidad. Pronóstico: Andrés tardará en sanar una semana; los padres dos
años. Sirvan estos renglones a modo de mil flores e incontables apapachos para Carmen Aristegui -cuya inteligencia y
profesionalismo acabo de comprobar en la reunión que condujo en Cancún- que convalece -deseo que felizmente- de
una inesperada operación de vesícula (si la información es inexacta, pásenle la factura a Javier Solórzano Caletri).
Que los quirófanos nos sean propicios.
La Casa Pierde
Hace unos días, tuve el gusto de conocer personalmente a Juan Villoro. Barbón, sonriente y humillantemente alto. Su
obra tengo tiempo de disfrutarla. Curiosamente llegué a ella por recomendación de varios amigos adolescentes. Su
más reciente obra "La casa pierde" (que no es la historia de Notimex) le ha ganado merecidamente el Premio Xavier
Villaurrutia. Asunto celebrable. El mejor fin de fiesta sería leer a Juan Villoro.
Cualquier correspondencia con esta columna tipo arbolito, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(17-Mar-2000).-
¿Sería Ixtlahuaca? Creo que sí, pero podría ser cualquier otro polvoso, desertado, desertificado (y pronto
descertificado) lugarejo de esa inombrable tristeza que llamamos campo mexicano. Mujeres y hombres han sido
acarreados desde temprana hora: harapos, huaraches viejísimos, rasgos indígenas, dientes muy blancos rodeados de
asombrada tristeza. Parecen bibliografía de Rulfo, o de Benítez, o de Rojas González. Pero aún están vivos. Sus
postradas palabras son el título de un cuento "Es que somos muy pobres". Piden todo, aunque llevan años sabiendo
que no recibirán nada. Si su cuerpo es raquítico, su espíritu está aniquilado. Como en milagro bíblico, el encarnizado
sol se ha detenido para achicharrarlos. Llevan cuatro horas (podrían ser cuatro siglos) esperando la visita del
sacratísimo candidato Labastida. Para que los mire, para que entienda que ahí siguen y para que, si no fuera
demasiado pedir, los escuche. Alguien, alguna vez, les dijo que eran mexicanos y que su voto contaba. Se dicen
tantas cosas. Fresco, sonriente y protegido llega por fin Labastida; se adueña del templete y frente a la melancólica y
asoleada perplejidad de su auditorio, proclama que él sí sabe del campo (lo dudo: si supiera, sabría que el tiempo y la
persona de un campesino mexicano son tan respetables como el tiempo y la persona de un presidente chileno) y que
ahora sí llegó la hora de hacerle justicia a los campesinos (¿no llegará tarde?). Jovial, bien nutrido y con amplios
conocimientos en computación e inglés, Labastida gesticula (Usigli) por todo el templete y remata gritando -como
queriendo convencerse y obtener su propio voto-: ¡Vamos a ganar! Los campesinos, tan tristes como llegaron, se
retiran rumbo a los camiones que los regresarán a la nada de siempre.
Mientras tanto, a mi fax llega un mensaje del equipo de Fox. Lo recibo tarde porque he estado en el hospital
acompañando al acarreado Bucles que libró con exitosa galanura y gracias a sus médicos, su quirofánico trance. Fox
sufre. Mis comentarios acerca de los ricos y los pensantes, le parecieron aviesos y fuera de contexto. Es muy
probable que así sea. La extraña legislación que rige el discurso de Chente tiene muchos vacíos y oquedades. Dos
mensajes de regreso: a) si no leí a fondo y me fuí por la fácil, mil disculpas; b) el golpeadísimo campesino mexicano,
solía ser rico en historia, tan o más pensante que cualquiera de nosotros; tan digno como cualquier nacido de mujer;
tan respetable como cualquier graduado en Yale y tan emprendedor y creativo como cualquier mortal amenazado.
Señor Fox y señores candidatos, dejémonos de lástimas y de limosnas clientelistas y pongámonos a crear las
condiciones para que nuestra buena gente del campo recupere con su esfuerzo: su historia, su pensamiento, su
dignidad, su respetabilidad y su iniciativa.
Bonito Guadalajara.
El lunes estaré por allá para brindarle apoyo moral a los atlistas. Al borde mismo de las jacarandas y de la primavera,
sé que llevo un abrazo y que regresaré con muchísimos.
¿Seguro Médico?
Si te retrasas un sólo día en cubrir esa cuota que te "garantizará" la módica y oportuna atención médica de tu
achacosa persona y la de "tus seres queridos" (expresión pringosa y manipuladora como pocas), pueden caer sobre tí
todas las plagas de Egipto y de Zacatecas. En cambio, si te enfermas y requieres hospitalización o atención costosa,
la aseguradora que tan diligente se vió para cobrar, se convertirá en quelonio pachorrudo que buscará todos los
subterfugios, "deducibles", clausulitas y clausulotas para pagarte lo menos posible y lo más tarde que pueda. Hablo
específicamente de Seguros Grupo Nacional Provincial que a mí ya no me pagan ni la risa, porque entiendo que mi
deducible es mayor que el Fobaproa. Así pues, no hablo de mi persona, sino de todos los pacientes que, en mis
múltiples visitas a hospitales, encuentro blandiendo su tarjeta de "gastos médicos" frente a una iguánica señorita que
probablemente ya no esté viva, porque no reacciona, ni manifiesta la menor disposición de allanarle el camino a su
supuesto "cliente". Son divinas. Felizmente estamos en el país donde nadie es culpable de nada (ni de saqueo de
instituciones, ni de enriquecimiento de Oficial Mayor, ni de lo que gastamos en nuestros "seguros", ni en nuestra
salud). Conclusión: el seguro de gastos médicos es excelente, siempre y cuando jamás te enfermes de nada. Dicho
de otro modo: te dan bióxido por oxígeno.
El Inminente Calorcito.
Se ve y se siente. Las flores regresan, la vida resurge, la minifalda reaparece, la ropa se adelgaza, la piel y los ojos
vuelven a brillar...¡Ay, Jojutla cuánto arroz! Termina el invierno y la nueva estación nos impone un erotismo fiero como
mortero casero: hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna acarreada y asoleada, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Gaceta del ángel / Los dolores de Lolita
Por
Germán Dehesa
(20-Mar-2000).-
Señor José Angel Gurría, titular de la SHCP. Presente (aijoup): Nombraré, para comenzar, un territorio que nos es
común: La benemérita APAC que, para deleite de ambos, cumple 30 años de alocada y efectiva existencia. Usted y
yo, creo, nos felicitamos por la humanísima existencia de Carmelina Ortiz Monasterio y su escuadrón melódico. Este
es nuestro punto de encuentro, aunque yo no pierdo de vista (de oído) lo que tan puntualmente acaba de expresar
Pablo González Casanova: hoy millones de seres reciben como caridad lo que tendrían que recibir como justicia.
Hablemos ahora de nuestros desacuerdos. En mi calidad de muy oficioso representante de los causantes de nuestro
país que, según me informan, estamos más bien cabreados por la reaparición de las estrategias amenazantes y
conminatorias de la Secretaría a su cargo. La maloliente resurrección de Lolita. Si no recuerdo mal, hace algunos
años, tuve el (dis)gusto de redactar un textículo dirigido a Guillermo Ortiz, su prensil y sudoríparo antecesor. El artículo
se titulaba "No me amenace" que fue premiado con una invitación a desayunar y con una inacabable auditoría fiscal.
Ténquius. Ahora el tiburón ataca de nuevo en forma de un "gracioso", musical, baboso y amenazante mensaje que
muy gentilmente nos aplica la llave china mientras nos dice: si pagas, bienamado causante, te esperan en el tálamo
los más secretos deleites de Lolita; pero si no pagas, hijo de tu pinkpanther, conocerás los dolores en sus más
novedosas presentaciones. Todo esto con musiquita mensa y, en el caso de la TV, reforzado con la "actuación" de un
respetable colega (me parece que es el mismo que promociona la angustia que nos corroe al percibir que ya llevamos
muchos meses sin ese indispensable bien que es el Hipódromo) magistralmente caracterizado como neogutierritos a
merced de Dolores, Lolita, Lola. Pienso luego insisto: no nos amenacen. ¿Con qué autoridad moral se permiten
tratarnos así?; ¿Para qué van a servir nuestros impuestos?; ¿Para que los incontables Izábal abran más cajas
bancarias y contraten a más aviadores?; ¿Para resarcir a la UNAM del impune saqueo que padeció durante diez
meses?; ¿Para que paguemos esa cuantiosa partida del Fobaproa que se utilizó para comprar cartera chatarra como
si fuera buena?; ¿Para pagar la incalculable corrupción de Conasupo?; ¿Por qué no gravan al capital especulativo?;
¿Por qué abrir la más ínfima microempresa cuesta, como mínimo, 20 mil pesos y millones de dolores?. Piense un
número, señor Gurría, y dése cuenta que, en la medida en que ustedes se han refocilado con Lolita, a ustedes les
toca cargar también con los dolores. Es posible, señor Gurría, que no le sea fácil entender por qué no nos entusiasma
particularmente pagar "impuestos"; pero si finalmente nos avenimos a una obligación tan poco rentable, preferimos
una campaña como la que dice "el que paga manda" que la que usted patrocina con tan ridículos y primitivos
argumentos. A los que no robamos, ni permitimos que nos roben, no nos traten como si fuéramos estúpidos. No me
amenace.
Dorita Pascual
Es mi más duradera novia. La acabo de ver en TV sentada al lado de Cuauhtémoc Cárdenas en la reunión que éste
tuvo con la buena gente del exilio español. Yo podría objetar ese apoyo irrestricto a Cárdenas; pero de la misma
manera, entiendo que es mi gustosa obligación respetar la coherencia de esa añeja y generosa adhesión a la causa
cardenista de Dorita y de todos los que ella representa. Tendría que estar más loco de lo que estoy, para suponer que
entiendo más, o que soy más sabio que una mujer que por tantos apasionados años ha sido benéfica para lo mejor de
México. Los hay que hacen señas con los dedos (lenguaje digital); los hay que callada y firmemente están con el país.
Prefiero a estos últimos.
¡Primavera!
Ya no hay pretextos. Llegó el tiempo de alumbrar y de florecer. Aún los que militamos en la fracción ultra del Club de
Scrooge nos rendimos ante el asedio de las flores. Desde Xochimilco llega el aromado mensaje que, a nombre de la
alegría, nos exige la inmediata entrega de las instalaciones. Me doy. Aprovecho el espacio (dijo el astronauta) para
felicitar al olvidado y trampeado Benito Juárez. Me imagino que ha de estar paseando por la Alameda, porque acabo
de ver su Hemiciclo estacionado en Reforma. Diría Sabines: ¡Levantémonos a vivir!.
Cualquier correspondencia con esta columna con Lolita y sin dolores, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
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Germán Dehesa
(21-Mar-2000).-
Según me consta (y le constará a muchos de ustedes) nadie sobrevive sin daño a la severa experiencia de un
quirófano. Se puede tratar de una operación mayor, o de una talachita amigdalítica. Según el batracio es el pétreo
golpe. Nadie queda igual. Ahí tienen al Capitán Bucles que llegó al hospital hablando un español amplio e inteligible y
con sus convicciones claras, sólidas, contundentes. Entró el miércoles y salió el jueves, pero ya era otro (dirán
ustedes: no es cosa del otro jueves). Les platico. Llegamos a la casa y el otrora articulado infante me preguntó: Gagá,
¿de gadadon gos bumas al grusasú? (traduzco: Papá: ¿le ganaron los Pumas al Cruz Azul?). Podría yo haber
recurrido a una mentira piadosa, pero en esta casa hemos decidido gobernar con la ley en la mano y la verdad en el
corazón. No, Andrés, te tengo una noticia terrible: un sujeto llamado Paco Palencia decidió meter el mejor gol de su
vida y el Cruz Azul nos zumbó tres a uno. Demoledora noticia cuyas consecuencias no pude calcular. Bien que mal, el
Bucles, en su calidad de firme aficionado a los Pumas, ya sabe del estoicismo que hace falta para mantenerse firme
en una opción tan devaluada. Por lo menos eso pensé, pero el Bucles cayó en un abismo profundo y negro y, tras
varios minutos de silencio pesado y meditabundo, alzó su voz y profirió las palabras fatales: ¿ gabes, gagá?, ga no
guiero igde a los gumas (ya no quiero irle a los Pumas). En los buenos y patriarcales tiempos, un motín a bordo de
estas dimensiones se resolvía arrojando al minimosh por la ventana, o -ya en plan benevolente- borrándolo del
testamento y retirándole la palabra para siempre. Ahora, en estos tiempos de diálogo y concertación, ya no se puede.
Muy bien, Andrés, y ahora ¿a quién vas a irle? No se detuvo un segundo a pensar; mortífero como áspid, tiró el
segundo lancetazo: guiero igle ad Abéguica (ya ni traduzco). No seas méndigo, Bucles ¿cómo me haces eso?. Está
malito, ya el doctor me había dicho que podía tener conductas extravagantes, me dijo en tono conciliador la madre del
ex-felino convertido en súbita águila. No puede ser, repuse yo, en unos cuantos años va a estar comprando cajas de
seguridad, escribiendo cartitas mamilas y contratando más aviadores que TAESA. Dicho esto, pasé a retirarme con
ánimo de encontrar consuelo en mi trabajo.
Por la tarde, saludé al pequeño con toda naturalidad y pregunté por su estado físico y anímico. ¿Gabes gagá?: ya do
le voal Abédiga (¡aleluya!, ¡ozono, ozono en las alturas! pensé yo); aoga le voalas shivas (¡chin!). Nada le dije, porque
pensé en Agustín de Hipona (que jugó de medio de contención en el Patrística F.C.) y en la teología del mal menor.
Guedo, gagá, ti te paguece le voa los bumas y a das shivas. Un triunfo de la negociación respetuosa. De cualquier
manera, a nadie le deseo que tenga un hijo chivuma o pumiva; pero podría haber sido peor. Su dinoabuelo que es
chiva pertinaz está muy contento. Yo no tanto, pero acepto la pluralidad.
Mexicanos Notables
No tienen el nivel heroico (ni las percepciones económicas) de un Juan Gabriel, o de un Cuauhtémoc Blanco.
Difícilmente ocuparán las primeras planas. Son talentosos, trabajadores, creativos y apasionados de sus tareas. No
les queda tiempo para el borlote ni para la promoción. Son la espina dorsal de nuestro país. Ya hablé de la maestra
Dorita y de su generosa entereza. Podría hablar también de un notable hematólogo que se llama Rafael Hurtado. El y
su equipo son los únicos que han recibido invitación formal a un importante congreso europeo donde mostrarán sus
avances en transplante de médula. Todos son mexicanos. Lo es también Ignacio Gómez Palacio, hombre de múltiples
talentos que acaba de publicar "La arregladera y el panadero sabedor" (Ed. Plaza y Janés) que es una divertida y
brutal alegoría de la corrupción mexicana. Es otro compatriota ilustre. Muy probablemente lo eres tú, lectora, y lo eres
tú lector. Si es así, recibe el título de mexicano notable y, con él, recibe mi súplica de que no cejes, no te dejes ganar
por la mediocridad, la ira o el desánimo. Ser buen mexicano es una de las mejores y más alegres cosas que pueden
ocurrirnos. Gracias.
La Tofiquita
Sigo con mi nómina de buenos mexicanos. Mi ginecólgo de cabecera y el generoso Patopedíatra se han encargado,
con amor y solvencia, de traer a la luz a la hija de la Tractor y de Hugo, coautor de los hechos. Es una niña grande y
hermosa. Es morena y el Patopedíatra ha decidido que es un bello tofico. Ha nacido con la primavera y todos estamos
muy contentos. Además, hoy es cumpleaños del palmípedo galeno y se impone felicitarlo porque es bueno, es
eficiente y es amoroso. Hasta el Bucles aceptó ya la feliz llegada de la competencia y entendió que, puesto que el
corazón de Margarita la Tractor es amplísimo y hospitalario, no hay tal competencia. Los amores no se excluyen; se
multiplican.
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Por
Germán Dehesa
(22-Mar-2000).-
Cuando aparecieron los primeros teléfonos celulares (móviles, les dicen en España), mexicanos y mexicanas
experimentamos una suerte de orgasmo colectivo: la tecnología al servicio de las palabras (ociosas casi todas ellas).
Una vez más nos pasó lo que con Zedillo: no medimos las consecuencias. Si no se es médico o bombero ¿a quién le
importa o le ayuda estar localizable las 24 horas del día?; ¿es imprescindible la angustia de oír que suena el celular y
no encontrarlo (mi hijo el más pequeño lo puso un día en el refrigerador)?; ¿han visto a las señoras vaciando su
bolsón del Mapimí en un restorán porque su celular suena, pero está sepultado en esa sucursal de Sanborns que toda
dama moderna trae consigo: frasquitos, frascotes, amplio surtido de cosméticos, zicos ye-yé, ropa íntima de recambio,
fotos del ingrato, estampitas enmicadas de las Animas del Purgatorio y adminículos menos confesables pero
vibradores?, para cuando encuentran el celular, éste ya dejó de sonar y ellas, siempre atentas al manual de Carreño,
dicen con voz ahogada: inch'teléfono. Y nos faltaba todavía lo peor: la sobresaturación que hoy nos devora como el
mar al que se hunde. Les habrá pasado: horas y horas pensando cómo declarar nuestro amor o nuestra decisión de
divorcio al elegido o elegida; respirar hondo, activar el celular, marcar un chorro de dígitos y que contesten "Plomería
la Hormiga" (chín. Va de nuez). Por fin, responde la voz amada (o repudiada); uno pone voz de Jorge Negrete y dice:
mira, Lupe...lo he estado pensando muy bien (falso, el que piensa bien no se declara) y ya decidí que no puedo vivir
sin tí (o contigo, según el caso) porque eres la estrella de mis noches, el hielo de mi Titanic, la mostaza de mi
hamburguesa... Y la mensa de Lupe nos sale con: ¡no te oigo nada! ¿quién eres? (ultrachín. Va de nuez): ¿yamioyes?
Soy Epigmenio y de esta llamada depende mi vida, porque tiamo y se me ocurre que el amor es el silencio más fino
(impune plagio de Sabines) y la méndiga Lupe: nada más oí hasta Epigmenio y luego un ruidajo (megachín. Va de
nuez): móndriga, Lupe, véte mucho...Y Lupe: bueno, mi amor, ahi nos vemos. ¿Sabían ustedes, queridos Epigmenios,
que cada interrupción (fonus interruptus) y cada reanudación se miden y cuentan y son cobradas como llamadas
completas? De veras que aguantamos todo. Basta con que salga algún gordito en la tele para decirnos que es un
problema tecnológico muy complejo, pero que es temporal y que la compañía ya está pensando en algún modo de
compensarnos por la molestia, para que nuestra tímida ira se aplaque y Lupe reaparezca en nuestra existencia. Si el
problema es de sobresaturación ¿quién fue el responsable (o el irresponsable) que permitió la venta irrestricta de
tantos aparatos que tan impunemente nos roban tiempo, dinero y posibilidades eróticas? Todos dirán que es el
gobierno, pero ya va siendo tiempo de entender que el gobierno somos todos o no es nadie. ¿Es una compensación
justa para tanta ineficiencia la "bonificación" que nos ofrecen? Ahi les dejo este mensaje en su correo de voz para que
le den una pensadita. Muy probablemente ocurrirá lo que acontece con mi celular que me avisa que tengo mensajes;
los solicito y oigo uno por uno todos los mensajes que yo dejé en algún otro teléfono y, al final, uno que no era para mí
y que dice con voz tímida: ¿mioyes, Lupe?
El triste duelo de vulgaridades digitales entre Labastida y Fox ya ha sido suficientemente comentado. Me parece que
fue un duelo donde todos perdimos. Si la realidad pudiera regresarse como videocassette, me gustaría retomar la
escena de Fox dirigiéndose al público y más me gustaría corregir sus palabras. En mi versión, Fox diría: el candidato
Labastida dijo ayer que esta seña (la Churchillseñal, la llama Monsiváis) la hacen nada más los penitentes. No estoy
de acuerdo. Me gustaría proponerle otra señal al candidato del PRI: la mano extendida como gesto de buena voluntad
que pretende ayudarlo en su caída y que le recuerde que, aunque yo llegue a Los Pinos y él no, los dos, puesto que
somos mexicanos, podemos ser de utilidad para el país. Lectora, lector querido: ¿qué te parece esta nueva versión?
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Por
Germán Dehesa
(23-Mar-2000).-
¿En qué consiste ser importante? En el vasto escenario de los efectos y las causas no es fácil discernir por qué tú o
yo seríamos más importantes que la Tractor o que un aldeano cura polaco, o que la primavera, o que los
rigurosamente sumergibles barcos de cemento que patrocinó el General Jara. No tengo respuestas, pero sí muchas
molestias. Entiendo a mi amigo Caíto que periódicamente me recuerda que lo importante no es ser famoso, sino tener
fama de famoso. Con la herida todavía abierta, recuerdo mi reciente viaje a Cancún: todo comenzó en el aeropuerto.
Como era yo "importante" nos fue a recibir un amable personaje que nos trasladó al faraónico hotel. Una vez que
llegamos, me dijo: creo que a los "importantes" los están registrando aquí abajo. La información resultó falsa; a los
"importantes" les tocaba arriba (no estoy hablando de preferencias sexuales). Llegamos al nivel superior y había una
cola monumental para registrarse. Me formé (y esto es siempre formativo). La señora que me precedía volteó y me
dijo: señor Dehesa, usted no debe hacer cola; usted es "importante"; no más que usted, señora, le respondí. Cuando
por fin llegó mi turno, la chica del mostrador me dijo: a las personas "importantes" las están registrando allá abajo. Le
dije que de ahí venía y que no era cierto. Con tal motivo, la joven mayita giró en redondo y desapareció; 15 minutos
después regresó y así dijo: perdón, es que a los muy "importantes" los están registrando aquí a la derecha. Nueva
peregrinación con el Bucles y su madre ya en plan de crucificarse en Rectoría. Después de 30 minutos nos asignaron
dos cuartos estilo early Almoloya con vista al pantano. Uno de ellos no abría. Vino el de "mantenimiento" con un
desarmador en la mano; desapareció y luego reapareció con un martillo; volvió a desaparecer y regresó con un marro;
tan certero fue el golpe que tumbó la chapa y dejó inservible la puerta. El Bucles agonizaba en traje de baño y con
goggles. Apareció la encargada de relaciones públicas: señor Dehesa, estoy muy apenada; nadie me dijo que estaba
aquí alguien tan "importante"; ya le tengo dos cuartos a su altura, ¿me acompaña? Ahí fue su baboso. No lo voy a
negar, el cuarto era muy bonito y tenía sala de estar. La chica sonreía complacida, pero en ese momento escuchamos
dos voces particularmente soeces. Un matrimonio debatía como Andrés Manuel y Diego. ¡Qué barbaridad! dijo la
eficiente funcionaria, está ocupado. Yo abandoné precipitadamente el lujoso cuarto y minutos después, me alcanzó la
joven ejecutiva: no entiendo nada, no es posible que alguien "importante" se lleve una mala impresión. Yo sólo acerté
a preguntar: ¿es cierto que en este hotel durmieron los Reyes de España? Así es, me contestó ufana la núbil gacela.
Pues han de ser importantísimos; otra pregunta, señorita: ¿cómo tratan a los que no son "importantes"? La señorita
desapareció. Pregunta general: ¿no será lo más correcto establecer que una de dos: o todos somos "importantes", o
nadie lo es?.
Toda historia tiene su contraparte. La actual Viuda del Señor Izábal me envió un correo electrónico. En él me muestra
su explicable inconformidad ante el juicio que expresé acerca de la cursilería de las cartas que su difunto marido
escribió (o dicen los peritos que escribió); su respetable molestia aterriza en un argumento: está usted, señor Dehesa
hablando de alguien que ya no se puede defender. Aquí difiero. Estamos hablando de asuntos públicos y, aunque no
puedo estar de acuerdo con lo que hoy sabemos que fue el desempeño público del señor Izábal (cajas, cuentas y
aviadores), el objeto de mi ataque está vivo y bien peinado. Se llama Jo-jo-jorge Madrazo. Para lo que estrictamente
se refiere a su condición de viuda, Doña Alejandrina, no tengo más que respeto y compasión. No soy animal
carroñero, ni me interesa irrumpir en la vida privada de nadie. Sea como fuere, le pido perdón, señora, por haber
añadido una molestia a su dolor.
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Por
Germán Dehesa
(24-Mar-2000).-
DALLAS: Pocas estrategias intelectuales implican tanta actividad, tanto riesgo y tanta resistencia como la de dar ese
paso que nos lleve a cambiar de patrones, de modelos y de paradigmas. Para decirlo en términos de charrería, es
algo muy similar al paso de la muerte, pues se trata de abandonar un caballo que todavía galopa y así, sobre la
marcha, saltar a otro que apenas va arrancando. ¿Qué me traigo? Les cuento: mi arcaico período de formación estuvo
marcado por el autoritarismo, el indiscutido y unánime gobierno priísta, la escasa y filtrada información, los boletines
de prensa y la omnisapiente opinión de unos cuantos periodistas y locutores cuya palabra jamás refutada fungía como
verdad oficial. En unas cuantas décadas, todo este dosificado control de las verdades oficiales ha entrado en crisis.
Hoy los que quieren saber la verdad comienzan por poner en duda las versiones oficiales y de aquí deciden
embarcarse en navegaciones cibernéticas que les allegan información que complementa, contextualiza y,
eventualmente, refuta aquella versión oficial. Un caso que comprueba esto acaba de llegar a mis manos y a mis ojos:
una cibercorresponsal me envía un reportaje escrito por mi colega Timothy O'Leary del "Dallas Morning News". De
entrada, O'Leary reseña la conferencia de prensa que concedió Ernesto Zedillo a varios periodistas sajones. Es una
shulada. Zedillo habla de su denodada lucha en pro de la democratización de México; de su sana distancia con el PRI;
de su inocultable simpatía personal por Labastida que de ninguna manera se traducirá en un apoyo institucional que
sería, a la vez, ilegal y contraproducente. What a wonderful world!, diría Satchmo. Todo el planteamiento es bellísimo,
salvo por un detalle menor: es falso. El mismo O'Leary manifiesta su perplejidad ante la obvia contradicción que
percibe cuando, horas después de haber escuchado las serenas e imparciales palabras de Zedillo, recibe el
telefonema de un colaborador cercano al señor de Los Pinos que, bajita la mano, le pide a él y a sus colegas que no
acudan a la entrevista con Fox, sino que se presenten a charlar con Labastida el anglocibercandidato del PRI. Las
conclusiones de O'Leary son poco halagüeñas: tal como están las cosas, asear y oxigenar las empantanadas aguas
de la política mexicana requerirían de una alternancia en la Presidencia; pero, tal como están las cosas y con toda la
maquinaria del poder volcada a favor de un candidato, el cambio, al parecer, tendrá que esperar. No; no es fácil
entender a Zedillo que defiende el "Estado de Derecho" y lanza a J. Madrazo a homenajear a Juárez; que se declara
imparcial y luego pone toda la maquinota al servicio de Labastida.
LA REGIA AFICION: Ya quisieran Italia o Argentina una afición futbolística como la regiomontana. El sábado la ví en
acción en el juego Tigres-Tecos. Están como locos. Son entrones, solidarios, alegres y tenaces. Lo mejor es que así
son para todo. En esto hay una buena lección para el melancólico altiplano.
SEGURO MEDICO II: Los dinámicos y pungentes comentarios que me permití hacer sobre los poco eficientes seguros
de gastos médicos cayeron en tierra doblemente infértil: ¿a quién se le ocurre cuestionar a una empresa cuyos altos
funcionarios están a punto de usufructuar un puente? En condiciones así, es explicable que la única respuesta
recibida haya sido un cortés telefonema en el cual me ofrecían resolver eficaz y prontamente cualquier problema que
yo tuviera con la empresa. No fue fácil convencerlos de que yo no empleo este espacio para patrocinar mis broncas
personales. El problema es con los médicos (que ya me manifestaron sus cuitas personales con la aseguradora); con
los hospitales; con el personal de la empresa y con los pacientes que de modo cada vez más numeroso me cuentan
sus odiseas particulares. En síntesis: yo veré cómo arreglo mis problemas; espero que la aseguradora arregle los
suyos.
UN QUINQUENIO DE AUREOLAS: El original y prolífico club de lectura "Las Aureolas" celebra este sábado 25 a
partir de las 10 am sus primeros y felices cinco años de vida. El festejo orgiástico-literario se realizará en un lugar de
Chapultepec llamado "Las tazas" y culminará con el insólito y plausible anuncio que hará Rosario Robles de la
creación de 1000 bibliotecas-clubes de lectura para la ciudad (de hecho, ya hay 500). Aikir.
ATENCION A TODAS LAS UNIDADES: Debido llegada primavera e inminencia viernes, notifícase a todos los
efectivos deberán presentarse tálamo. Misión: hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta atejanada y atejonada columna, favor de dirigirla al correo electrónico
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, D.F.
Por
Germán Dehesa
(27-Mar-2000).-
A buenas horas. Son ya seis años de esperar la oportunidad de platicar con Marcos y de resignarme exclusivamente a
leer sus comunicados, a veces conmovedores, a veces discutibles, a veces difusos, pero siempre patrocinados por la
inteligencia, el humor y el buen dominio de la palabra y es ahora, precisamente ahora que ando de bracero cultural,
cuando recibo un mensaje desde las montañas del sureste. Hace ya varios meses y con la buena mediación de varios
amigos, acepté la invitación de la Biblioteca Pública de San Antonio, Texas (ciudad que tiene más del 60% de
población hispana) para tirar un inefable rollo titulado "El Derecho a la Esperanza" ( perciba, Marcos, que somos
varios los que nos obstinamos en mantener firme el mexicano árbol de la esperanza). La Biblioteca la diseñó y la
realizó Legorreta y es un grato y colorido hogar para los libros, los lectores y el aire que ahí se empoza mansamente.
Mi viaje fue una verdadera expedición punitiva (para mí), pues me hice acompañar exclusivamente por mi hija Mariana
y por el convaleciente Capitán Bucles que, nada más para abrir juego, decidió que tenía que llevarse un matamoscas,
porque tenía fundadas noticias de que en Texas abundaban los dípteros. No fue un viaje fácil. No le cuento, Marcos,
mis penurias, porque sería contarle cuentos a Walt Disney, o pedirle milagros a Schulenburg. Los ángeles de la
bondad estuvieron de mi parte y logré conjurar todos los malos augurios de la Hillary: pude estar con mis hijos y
mantenerlos más o menos a raya; pude pronunciar mi charla con cierta derechura y convencer a mi audiencia de que
era algo monstruoso que en esa biblioteca sólo hubiera 4 mil volúmenes en español; pude recibir como único y
generoso pago el afecto de la gente y una pequeña silla plateada que es apenas una metáfora de la que andan
correteando los candidatos; pude regresar moribundo a mi hotel y supervisar todas las extrañas maniobras que la
infancia postmoderna ejecuta antes de dormirse. A todo esto, el teléfono de mi cuarto centelleaba sin cesar: tenía yo
diez recados y un fax (mi fax os dejo). Todo este material electrónico tenía un común denominador: Marcos. Ya te
contestó...mañana se publica...¿no piensas contestar?...te han estado hablando del "Reforma" y yo quiero saber si no
has perdido a Andresito...le estamos enviando copia por fax...parece que lo va a publicar "La Jornada". Yo me había
levantado a las cinco de la mañana y llevaba 21 horas en estado de vigilia. La curiosidad y el morbo fabrican
adrenalina; no fue fácil movilizar a los texanos, pero conseguí dos cosas: una copia del comunicado y un sólido
insomnio que aún me dura. Creo que ya memoricé el texto. Procedo a responderlo. No es el resultado de una sesuda
reflexión, ni he recibido la menor asesoría. Casi toda mi respuesta la urdí en un asoleado y exótico paraje llamado
"Sea World" que visité porque al Bucles le urgía comprobar la existencia de las "gallinas submarinas" que yo, en un
arrebato lírico le había anunciado. Ya estando allí, decidió (y aquí se percibe la nefasta influencia materna) que quería
un "churro". Como comprenderá, Marcos, no es fácil cumplir simultáneamente la tarea de buscar un churro en Texas,
describir a las gallinas submarinas y pensar en pendientitos chiapanecos.
En 1954 visité por primera vez Chiapas y, en particular, San Cristóbal las Casas y San Juan Chamula. Mi padre me
mostraba a los indios que no podían hacer uso de las banquetas, me señalaba a las indias cargadas de leña y a sus
maridos alcoholizados con la venia y bendición de patrones y jerarquías. Vi a otro comiendo una tortilla con una hebra
de tasajo que iba jalando de modo que le alcanzara para cuatro tacos ilusorios. Por meras cuestiones calendáricas, es
posible, Marcos, que haya visto más horrores que usted y también es posible que la selva haya estado más
deslumbrante y tupida que la que hoy ve usted ("aquí Dios se detuvo", dice Sabines).
Volví a Chiapas el 4 de enero de 1994. ¿Recuerda, Marcos, el humeante panorama de Ocosingo? Por aquellos
tiempos, los protagonistas eran Samuel Ruiz, Manuel Camacho y Marcos. Por muy distintas razones, los dos primeros
han desaparecido del escenario. Terco, discutido, lúcido sobrevive usted. Yo no lo considero un "secesionista"; pero le
mentiría si le dijera que alcanzo a percibir lo que se ha logrado en estos durísimos seis años. No caeré en la facilidad
de tildarlo de maximalista. Ahí están los acuerdos de San Andrés Larráinzar para recordarnos las gravísimas
incongruencias del Estado Mexicano (¿verdad, Javier Sicilia?). Con la partida de Monseñor Vera, con la reactivación
de los grupos paramilitares, con la interferencia del Narco, con la indudable sensibilidad social del Croquetas Albores,
con el recrudecimiento de los fanatismos religiosos; con Acteal y Chenalhó todavía sangrantes, con el desquiciamiento
de la civilidad que supone la presencia de dos ejércitos (uno infinitamente mejor pertrechado que el otro); con todo
esto (más los usos y abusos políticos que el PRI se sirva urdir mediante la fácil conexión UNAM-EZLN), el destino de
Chiapas se mira particularmente sombrío. Por supuesto que quiero ir para allá y quiero, sin ánimos periodísticos,
platicar con usted. Tenemos que hablar de muchas cosas, diría Miguel Hernández. No me pida que vaya de incógnito;
me parezco demasiado a Salinas (en lo físico) como para lograr algo así. Hablaremos de Chiapas, de usted, de mi, del
árbol de la esperanza y de los árboles en general. A eso fui a San Miguel de los Jagüeyes y a eso iría yo a Chiapas: a
palabrear. Si lo hacemos con la deferencia y buen ánimo que han presidido estos dos comunicados, quizá
consigamos que nuestra conversación sea un árbol bien plantado más danzante. Vale.
P.D.) Jamás conseguí el churro y jamás vimos ni a una mosca, ni a una gallina submarina. Revale.
Cualquier correspondencia con esta columna que responde con preguntas, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(28-Mar-2000).-
Todos aquéllos que han contraído el feo vicio de leer esta columna pueden atestiguar las frecuentes menciones que
hago de Vicente Fox y los daños que se causa al enredarse con su patineta verbal. Creo que en favor de la justicia
hay que repartir parejo, pues también el foro político resiente daños estructurales, cuando el "abanderado" priísta se
suelta el chongo y hace declaraciones automáticas de ésas que se profieren sin pasar por cerebro (si alguno de
ustedes jugó "Turista" en su infancia, recordará esa fatídica carta que anunciaba: pase al garage sin pasar por
México). Sin ánimo de agotar tan rica veta, me quiero detener en tres nacaradas efusiones del inconspicuo
sinaloense. El primer lugar le corresponde (¡y la ganadora es...!) a la publicitadísima campaña de "inglés y
computación" que rápidamente degeneró en pachanga y regocijo popular; tal chacota se armó, que todos
esperábamos una rectificación que de algún modo dijera: ya lo pensé bien y me he dado cuenta de que las prioridades
de la mayoría de los niños mexicanos son otras, aunque no dejo de considerar que, cumplidas éstas, sociedad y
gobierno tienen que esforzarse en proporcionar a esos niños y a los jóvenes y a los adultos dos herramientas útiles
para manejarse en el presente y en el futuro. Creo que hubiera sonado bien, pero todavía está por nacer el funcionario
mexicano que oportuna y frontalmente reconozca que cometió un error; y así, en lugar de tal reconocimiento, nos
envió la segunda edición del mismo mensaje que, bajita la mano, nos dice: algunos méndigos pocalucha me han
agarrado de botana, pero como mi alma es morenita y luminosa, ni los veo, ni los oigo y persistiré en mi empeño;
considera, mugre criticón, que lo hago por tus hijos (y a nosotros que nos atropelle un microbús). En segundo lugar,
quiero detenerme en el vehemente pendejeo (pueblito michoacano) que Labastida fulminó sobre los que hacían la
foxiseñal (luego los jilgueros de campaña -ésos que dicen "Vicente Labastida", o que gritan "¡Viva Fox!"- aclararon que
nunca los había pendejeado "oficialmente" (¡ay, si no fuera por estos ratos!). Remato este veloz muestreo con el más
reciente pasmo psicolingüístico del candidato del "nuevo" PRI: según Labastida, Manuel Camacho es el responsable
"moral" del asesinato de Colosio. Se trata de una declaración tramposa, insostenible, oportunista y que tendría que ser
respondida con una demanda por parte del agraviado. Creo que don Pancho tendría que cederle el uso exclusivo de
la palabra a su hermano Jaime, magnífico prosista y deleitoso poeta. Como diría mi comadre Carmen: no es lo mismo
batirse en retirada, que retirarse batido.
Futbol
Mal que me pese, abandono las reservas y retorno como titular de la afición Puma. Me alarman los equipos regios y
agradezco inmensamente a los Tecos de la UAG el favor recibido. ¡Qué profunda emoción!.
El asunto se está ventilando en el Congreso jalisciense, pero quiero suponer que es de interés nacional. Se trata de
una añeja imbecilidad: la violencia intrafamiliar. Los que quieran defenderse diciendo que ellos no golpean ni a su
mujer, ni a sus hijos, pueden hacerlo; pero no olviden que la crueldad y la violencia pueden tener infinitos rostros y
muy refinadas modalidades. El maltrato conoce muchísimas variantes y es un camino que puede ser de ida y vuelta
entre el hombre, la mujer y los hijos. No es difícil convertir un dulce hogar en un discreto infierno. Entre los humanos
tendríamos que crear un amoroso código que previniera estos delitos intangibles; pero esto no dispensa al Estado de
prevenir y, en su caso, castigar esta violencia cuando aparece en sus formas más visibles y cruentas. Lo ideal, lo
humano es no lastimar a ese ser que voluntaria y libremente decidió que su voluntad, su corazón y su destino
confluyeran con los nuestros. Lo ideal, lo humano sería no ejercer violencia en contra de los hijos, esas maravillosas
calamidades que el amor le impone al universo. No dejo de reconocer que, a veces, mujeres e hijos dan una lata
infernal; pero también reconozcamos que tú y yo andamos más cerca de Mario Villanueva que de San Francisco de
Asís. Somos machos, somos muchos y, para peor, somos mochos (la mochería también tiene infinitas variantes en la
derecha, en la izquierda y en el centro-izquierda). Entonces, legislemos.
Cualquier correspondencia con esta columna con batidora incluída, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(30-Mar-2000).-
"En este sosegado apartamiento,/ lejos de cortesanas ambiciones,/ libre curso dejando al pensamiento/ quiero
escuchar suspiros y canciones./ ¡El himno de los bosques!..." (Manuel José Othón 1858-1906). El injustamente
olvidado
Othón fue un poeta de muchas singularidades; nombro dos: jamás experimentó la tentación de venir a la Capital a
buscarse un lugar en nuestro Olimpo de huacales y prefirió gozar y sufrir en San Luis Potosí; como poeta se propuso
un extraño objetivo: cantarle únicamente a aquello cuya existencia le constara. De esta segunda peculiaridad
podemos deducir que en el siglo XIX mexicano había bosques y que éstos eran merecedores del canto. En el año
2000 no sería tan sencilla la tarea para el poeta; nuestros bosques están heridos, desgarrados, disminuídos e
irracionalmente explotados. Los mexicanos nos hemos enfrascado en una competencia monstruosa: en esta esquina,
la parte más consciente de la ciudadanía mexicana y el sector más patriótico del Estado mexicano (que también
existe); en esta otra esquina, los que incendian, los que talan, los que rozan y queman; los que consiguen frondosas
fortunas mediante la creación de desiertos; los que miran todo esto como si no fuera asunto suyo, o no pudieran hacer
nada. Los primeros plantan, conservan, defienden, denuncian y se comprometen; los segundos se alían con lo peor
de México, reparten dinero, aducen tradiciones, pobreza e ignorancia; se apoltronan en facilismos ideológicos, o
sencillamente saquean sin más coartada que la impunidad. ¿Quién va a ganar en este enfrentamiento? No hay
respuesta. Tal enfrentamiento no tendría por qué existir y no se requiere mucha ciencia para saber lo fácil y rápido que
es destruír y lo lento y costoso que es edificar. Granados Chapa con su habitual pulcritud nos contó el lunes la
grotesca historia de Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, dos campesinos guerrerenses que están por cumplir un año
de cárcel acusados del extraño delito de defender la zona boscosa de Guerrero y Oaxaca de la tala bestial
patrocinada por los caciques locales y por una empresa canadiense. Para saber lo que ocurre en Chihuahua y
Durango basta con ir allá. Lo de la selva de los Tuxtlas y las noticias que ayer martes recibimos acerca de los alegres
talamontes, me ofende particularmente porque tengo (y mantengo) un compromiso personal con el rescate de esa
manchita de verdor. Con respecto a Montes Azules, Chiapas, no hablo de oídas, ni bajo instrucciones del Ejército;
bien sé -señor Marcos- que, por lo pronto, hay cuatro nuevas invasiones de terrenos en el corazón mismo de ese
último pulmón que nos queda; bien sé que, a pesar de la rigurosa vigilancia que -según Marcos- ha impuesto el EZLN,
la destrucción de la Selva Lacandona prosigue. Me conmueve que el Subcomandante haya sembrado un naranjo y
que cibercultive el árbol de la esperanza; pero, en mi calidad de prosista, afirmo que ese árbol poético estará formado
por millones de árboles reales, o no será. El remate va por cuenta de M. J. Othón: "Abajo, entre la malla de raíces/ que
el tronco de las ceibas ha formado,/ grita el papán y se oye en el sembrado/ cuchichear a las tímidas perdices./ Mezcla
aquí sus ruídos y sus sones/ todo lo que voz tiene: la corteza/ que hincha la savia ya, crepitaciones/ su rumor
misterioso la maleza/ y el clarín de la selva sus canciones."
El Pájaro Madrugador
¿Lo recuerdan? Fue un satélite y su nombre original era "Early bird". Me imagino que actualmente es chatarra humana
que vaga por el cosmos. No os preocupéis, ya reapareció en México bajo el encubierto y tropical nombre de Félix
Salgado Macedonio. Bastaría con visualizar la intrepidez de que hace gala el tribuno sureño al combinar sus ropajes,
para deducir que se trata de un hombre valiente que ha superado todo prejuicio. El martes 28 tuvimos oportunidad de
comprobarlo. Don Salgado ocupó la tribuna y nos brindó un argumento irrefutable para apoyar la sobredimensionada y
politizada causa de la oposición al cambio de horario. En un momento de efusión íntima, don Macedonio confesó urbi
et orbi que a él le gusta echarse "el tempranero" (dichoso él) y que el cambio de horario lo afectaría terriblemente
porque con el nuevo horario, él despertará y ya no encontrará a la indispensable colaboradora de su erótico y
madrugador arrebato (habría que preguntarle a la señora si don Salgado es tan brioso como dijo en tribuna). Otras
razones que han proclamado perredistas y ciudadanos pueden ser tildadas de oportunistas o de infundadas; pero lo
de Salgado sí merece reflexión y quizá hasta el examen de un tribunal internacional.
Envío
Estas líneas son un abrazo fraterno para Alejandro Montaño y una ola no por individual menos masiva para Carlos
Monsiváis, padre y maestro mágico...
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Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
German Dehesa
(31-Mar-2000).-
Si vas a pedir algo, pide justicia; pero sería mejor que no pidieras nada. Estas son palabras de don Pedro Bonifacio
Palacios (1854-1917), poeta argentino que firmaba sus obras con el fiero sinónimo de "Almafuerte". Su declaración
arriba consignada apunta hacia un esencial pesimismo con respecto a la posibilidad (o imposibilidad) que tenemos los
humanos para impartir justicia. No estoy hablando de un asunto menor. La literatura occidental lo hace suyo por lo
menos desde "La Orestíada" de Esquilo. La filosofía y la teoría del Estado han reflexionado largamente también sobre
este tema. Si me apuran un poco (expresión que nunca he entendido del todo), la impartición de justicia sería una de
las justificaciones fundamentales para la existencia del Estado. Puesto que es viernes y puesto que llevo una semana
muy cargada de rollo, aquí refreno mis ímpetus teorizantes e invito a mis lectores sobrevivientes a que echemos una
mirada sobre lo que, en la práctica y sobre la marcha, está aconteciendo con nuestro tan publicitado "Estado de
Derecho". Preguntas para una posible encuesta: ¿considera usted que en el México actual tenemos un sistema de
impartición de justicia confiable y eficiente?; ¿usted como ciudadano confía en la justicia que imparte el Estado y, por
lo mismo, se abstiene de erigirse en juez, dictar condena "moral" (la expresión es de Labastida) y ejecutarla
simbólicamente, sin más base que lo dicho en algún noticiero, o publicado por algún medio? Desconozco cuál sería el
resultado de esta encuesta, pero me consta que, para el ciudadano medio, el proceso probatorio, los juzgados y las
cortes podrían abolirse, sin menoscabo de la condena que automáticamente fulminamos sobre todo personaje cuya
posible culpabilidad sea insinuada en alguna "columna", o proclamada por los medios electrónicos. Mal por los
ciudadanos que descalifican con tal ligereza y peor por nuestros órganos de justicia (y aquí las indiscutidas palmas se
las lleva la patética PGR) que con tanto esmero y con tan aplicada corrupción han conseguido convertir a cada hogar
mexicano en una especie de tribunal alternativo. Ha llegado el momento de escuchar una pregunta que quizá se estén
haciendo ustedes: ¿a quién está defendiendo este cuate? Respondo: a mí mismo y, eventualmente, a todos nosotros.
Ilustro: en su eficaz escenificación de la vida de Tomás Moro, el dramaturgo Robert Bolt incluye este diálogo entre ese
sereno abogado que era Moro y su fanático y acelerado yerno: Moro -Supongamos, querido yerno, que las leyes
humanas son un tupidísimo bosque y que en ese bosque se hubiera ocultado el demonio, ¿qué harías?. Yerno -¡Con
tal de atrapar al demonio, yo arrasaría el bosque!. Moro -Muy bien, ¿y si en ese momento, el demonio se revolviera
contra tí, cómo te protegerías?... Creo que la pregunta del antiguo canciller martirizado conserva validez. Concluyo sin
ánimos moralizantes: exijamos justicia, confiemos en las falibles leyes humanas, no las cancelemos y no las
confundamos con los muchos miserables que las corrompen. Si no me dí a entender, tengo diagramas.
Levantar el Tiradero
Es un drama nacional; pero también es un conflicto doméstico. La anunciada secuela de la visita que el Bucles realizó
al quirófano es su presente y ofensiva actitud levantisca y subversiva. De por sí los mexicanos preferimos tirar a
levantar, regar a recoger y aventar a reunir. Con esa carga histórica, imagínense a un infante tenochca que ha -
decidido que la más leve intromisión de un bisturí funciona como salvoconducto para sembrar la desolación. El
resultado está a la vista: su recámara parece San Juanico un minuto después de la explosión (que ya se está
investigando). Las negociaciones han sido pesadísimas. El méndigo enano salió maximalista y nieto aventajado de
Bakunin. Se le han ofrecido las más jugosas recompensas y las penas más apocalípticas, y unas y otras le valen
Hillarys. Ahí sigue abodollado en la mitad del caos y hagan de cuenta que no fuera su padre quien le hablara, sino
Ramón de la Fuente. Es una experiencia espantosa comprobar que el auditorio no está con nosotros. De todo corazón
les deseo mejor suerte a los que, por vía electoral, han decidido levantar el tiradero nacional. Supongo que será más
fácil.
Ultima Llamada
Todo indica que estamos a punto de cambiar de horario. Si esto es así, éste es el último viernes -según Salgado
Macedonio- para poder cumplir con el epitalámico ritual popularmente conocido como "el mañanero". Si la fatalidad se
cumple, el próximo viernes, nuestro tropical tribuno tendrá que hacerse justicia por su propia mano. Ultima llamada:
hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna con leyes como árboles, favor de dirigirla a gdehesa @infosel.net.mx o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, D.F.
Por
Germán Dehesa
(03-Abr-2000).-
El airado regocijo se lo debo a "Monitor de la tarde", un noticiero radiofónico que, sin aspavientos ni protagonismos,
cumple eficazmente su tarea. Gracias a sus puntuales colaboradores, me pude enterar de la sublevación que está
ocurriendo en el interior del Sindicato de Electricistas, adscrito a la CTM (que es similar a darse de alta como momia
de Guanajuato), organismo dirigido (es un decir) por el que, según Javier Solórzano, es el cuñado de todos los
periodistas: Leonardo (a) la Güera, (aa) el Güero, (aaa) Periquín Rodríguez Alcaine. Según se vea, el conflicto es
normal, o es un capítulo más de la interminable historia de los robos a los que hemos sido sometidos los mexicanos y,
en particular, los más fregados: campesinos y obreros. La historia es inmensa y no hay tiempo para contarla. Dejemos
a un lado Infonavit, fondos para el retiro, cajitas y cajotas de ahorro y, por pura higiene informativa, hablemos del
Fondo Mutualista de los Trabajadores del Sector Eléctrico. Rodríguez Alcaine lo organizó; él mismo lo dirigió y él
mismo se encargó de darlo por desaparecido. El ilusorio y mítico objetivo era proteger a esos trabajadores (que
mensualmente recibían su sueldo con el correspondiente descuento) de eventualidades adversas como el despido, la
jubilación, o la muerte. Según el primer informe, el fondo administraba (es otro decir) 730 mil millones de pesos en
1990. Actualmente no queda nada y el fondo, por lapidaria decisión del faraón Periquín I, ha desaparecido. Un grupo
de trabajadores despedidos y de deudos de trabajadores muertos ha cometido la osadía de inconformarse con esta
situación y de proceder por la vía legal (y/o penal) contra los que resulten responsables de este robo que, no obstante
su cuantía, se diluye en las impensables cifras (piensa un número) del permanente saqueo que hemos permitido por
cuenta de la pandilla de truhanes que tienen secuestrado a este país (ellos saben cómo hacerlo). Supongo que esa
contrahecha y borrosísima copia de Fidel Velázquez que es Rodríguez Alcaine ni siquiera se dignará responder. En
nuestro país, la impunidad es una perversa forma de la aristocracia. Los tardíos quejosos se atreven a decir que,
aunque "tradicionalmente" han votado por el PRI, ya están pensando seriamente en no hacerlo; su amenaza es
explicable, pero quizá un poco tardía: a buenas horas se vienen a enterar de que han sido manipulados, usados y
despojados. Algo semejante nos ocurre a millones de mexicanos. No sé si han observado ese enérgico, brusco y
entero movimiento que hacen los perros para sacarse de encima el agua y las alimañas. Creo que algo similar
tenemos que hacer nosotros. ¡Ya estuvo suave!. Los despojados, los humillados, los ofendidos no son solamente los
electricistas; estamos hablando de todo un país (pensemos un numerote) amedrentado, silenciado, transador y
transado y desposeído de esperanza y de honor y ética ciudadana. Señor Rodríguez Alcaine: piense un número,
perciba (si puede) su despreciable indigencia moral y, a modo de primera e insignificante retribución, aviéntenos una
hermana.
Algo es Algo
Cuando la derrota es casi cotidiana, las mínimas victorias son fuente de entusiasmo. Miguel Angel Granados Chapa
denunció el caso y yo le hice una épica sordina. Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera fueron encarcelados por atreverse
a defender la selva guerrerense y oaxaqueña. Amnistía Internacional ha hecho suya esta causa y deseo imaginar que
el Estado mexicano, tan sordo a los reclamos locales y tan atento a su "imagen internacional", hará algo al respecto.
¿Qué habría que hacer?, aventuro dos acciones: la liberación inmediata de estos dos hombres y la vigilancia extrema
de nuestra explotación maderera; digo "nuestra"por decir algo; los beneficiarios son canadienses y son también unos
cuantos caciques de la zona (¿no quieres también tu helado de limón?...Pueees, si no fuera mucha molestia,
también).
Así se titula la más reciente novela de Mario Vargas Llosa (Ed. Alfaguara). Leerla ha sido todo un reencuentro, pero ya
hablaremos de eso. Por lo pronto, lo que me tiene obsesionado es comprobar que cada sexenio mexicano tiene su
chivo expiatorio. ¿Qué hace falta para desempeñar tan riesgoso papel?: a) estar en una posición pública, notoria y
vulnerable (salvo contadísimas excepciones, los que llenan los dos primeros requisitos llenan también el tercero); b)
tener urgencia de castigo y, por lo mismo, aceptar con plena aquiescencia la piedra de los sacrificios y el fulgurante
puñal de obsidiana (quien resuelva este insondable misterio recibirá una sorpresa y podrá hacer de Almoloya un
nuevo destino turístico).
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Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(04-Abr-2000).-
En mi escritorio y en mi mesilla de noche se acumulan dos torres gemelas; una es de manuscritos por leer (la mayoría
de los cuales, me temo, tendrán que esperar a que su Charro Negro reencarne en scanner); la otra torre es de
invitaciones para asistir a los acontecimientos y a los espectáculos más importantes, o extravagantes que los
mexicanos al grito de fiesta son capaces de organizar. Día con día, una vez cumplidas las impostergables tareas de
corretear la chuleta, de asistir a mi vida familiar y de cultivar la parcela de ciudad que me ha sido asignada; juro que
me esmero en mantener las susodichas torres a una altura lo suficientemente razonable para no tener que pagar uso
de suelo. La tarea no es fácil, porque lo que alcanzo a avanzar por las noches se recupera al día siguiente. Con
particular alarma observo que, por comienzo de primavera, por fin de sexenio, o cambio de horario; las invitaciones
para asistir a bodas han aumentado desmesuradamente. No seré yo quien desaliente la intrépida voluntad nupcial de
los jóvenes tenochcas. Me limito a advertirles que el viaje de Colón fue un plácido paseo en trajinera junto a la
navegación que han emprendido. Al principio , la convivencia no es nada fácil; luego llegan los hijos y comienza el
crujir de biberones y el entrechocar de sonajas. Fresca está en mi lacerada conciencia la nítida huella del último
pancho organizado por el quinquenal Capitán Bucles. Antecedentes: en un plazo brevísimo, el frutito de mis entrañas
vivió el amenazante embarazo y alumbramiento de la pequeña Tractor; padeció una intervención quirúrgica y el
alejamiento temporal de su venerada madre que tenía sus propios achaques que atender. Resultado: al buen Sherlock
se le tronó el chip, se le desprogramó la conducta y sintió como si hubiera sido súbitamente despojado de la
inmunidad oficial y de la candidatura de Tabasco. La rebelión en las cañadas no se hizo esperar. El pequeño
desadaptado ha incurrido en todo tipo de conductas antisociales que, hace unos días culminaron, con ese anuncio
que todos los padres hemos escuchado: me voy de la casa. Esto ocurría hacia las ocho de la noche y supongo que el
Bucles esperaba que de inmediato retemblara en su centro la tierra. Fue un grave y antidramático golpe que su madre
le contestara: está bien. Cuando una mujer contesta así, un hombre sensato y con experiencia sabe que ha llegado la
hora de sentarse a negociar. No fue el caso del Bucles que, abandonando toda prudencia, endureció posiciones: me
voy a vivir a un árbol y no me van a volver a ver nunca. ¿Has oído hablar de la tala inmoderada? intervine yo; si te
vas, yo te aconsejaría que te fueras ahora mismo. El Bucles entró en acelerado proceso de descomposición, pero
todavía alcanzó a revirar: ahorita no me puedo ir porque es de noche y no se ven los árboles. Mutis paterno con
parlamento de gran efecto: lo que tendrías que hacer, hijo mío, es ponerte a pensar... Siempre no me voy, nos
anunció todosonrisas media hora después. Quedó conjurada la primera amenaza; ahora habrá que enfrentar la
segunda: cuando los hijos no se van.
Una invitación que no quise ni pude rechazar fue la que me hicieron para conducir y "moderar" una reunión
particularmente gozosa y alentadora. Se trataba de la presentación ante la cibersociedad mexicana del "Portal
Cervantes", una biblioteca virtual que pretende poner a disposición de los cibernautas interesados en esa memoria
colectiva que es la literatura en español, un creciente y magnífico caudal de obras escritas en nuestro idioma en todos
los tiempos y en todos los espacios del orbe hispánico. ¿Se imaginan poder tener acceso a 30,000 obras más las que
se vayan acumulando? El servicio es gratuito y gratificante. Se puede leer, pero también se está formando un acervo
para que se pueda escuchar. La Universidad de Alicante y la Fundación Botín pusieron a navegar esta inmensa
carabela de palabras en julio del 99. El éxito ha sido instantáneo. Cervantes tiene ahora un portal en México.
Estaremos de acuerdo en que hay que recibirlo con todo júbilo. Bienvenido, don Miguel e ingenios que lo acompañan
http://www.cervantesvirtual.com.
Tiene razón. En el PRI son muy mañosos. Además, como diría el inmortal Negro Durazo a la hora de su aprehensión:
¿qué pasó, muchachos?, perro no come perro (lo que está por averiguarse es si Dinoperro come o no come
Pejeperro).
Envío
A un buen y cordial enemigo hay que cuidarlo como oro en paño. Ahora que ha perdido "Por una cabeza", le recuerdo
a Jacobo Zabludovsky que nos debemos una comida en honor de los urólogos. Vayan por lo pronto, estas líneas y un
abrazo.
Cualquier correspondencia con esta columna responsable y paterna, favor de dirigirla al correo electrónico
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, D.F
Por
Germán Dehesa
(05-Abr-2000).-
Para Samuel del Villar: Sólo la garantía de impunidad puede orquestar jugadas tan obvias. Usted es un hombre pulcro
e inteligente. La facilidad de palabra no es ninguna garantía de solvencia o insolvencia moral. Usted en muchos
frentes ha decidido dar la batalla en favor del justo castigo y en contra de la apadrinada impunidad. Usted ha decidido
tocar (lastimar) los intereses de los patéticos grupos mediáticos y de los crepusculares grupos políticos. Usted merece
nuestro total apoyo. Le advierto que estoy a punto de solicitar el patrocinio (González Garrido) del C. Gobernador de
Puebla y del no menos C. Srio. de Gobernación del Estado (en nuestro país, federalista por vocación y tradición, nadie
puede influír en las decisiones de ningún Estado soberano), para que TV Azteca (imparcial como ninguna) y Televisa
(que nos sorprendió otorgándole el derecho de réplica) para que ambas instancias me concedan, en el reclusorio en
que me encuentren, una conferencia de prensa (previamente manuscrita en el español más descalabrado, trampeado
e ilegible que se pueda) para que yo diga que lo que dije, en mi imbécil declaración, quede anulado por mi nueva
declaración que, no por más imbécil, ni menos convincente; deje de ser menos ilegal y oportunista. Entienda, don
Samuel, que su lucha es la de millones de mexicanos que, por lo mismo, le pedimos que se ponga las pilas, que
aprenda a articular su discurso (o que no hable más que en defensa propia) y que sustente bien sus acusaciones y
alegatos. Entienda usted, don Samuel, que sus litigios ya no son personales, sino que incluyen a toda una sociedad
agraviada por un poder perverso, por los rejuegos de los medios que no incluyen nuestro bien entre sus prioridades y
que no buscan (poder y medios) el bien común, sino el medro de sus particulares intereses. Don Samuel: yo no tengo
ningún sombrero nacional o extraño que quitarme frente a usted (ni me hace falta); tengo eso sí una módica cachucha
de la UNAM que lanzaré al aire si usted con mi total apoyo (no a su discurso; no a sus buenas intenciones; sí a su
solvencia política) sale adelante en su lucha contra las tinieblas. Pienso, señor Del Villar, que para no ser un mártir
mas en la abultada nómina de México, no bastan la buena fe y el conocimiento teórico; tenemos que ser inocentes
como palomas y letales como serpientes. Es un deber moral apoyarlo; pero, por favor, no nos haga la tarea tan difícil.
SEÑOR LUIS DE LA BARREDA: Sus argumentos podrían ser plausibles. No es hora de negar el apoyo y el respeto
que usted me merecen; pero en el endiablado caso de Paco Stanley creo que usted ha equivocado la dirección del
destinatario de sus reclamos. Opino que, en este momento, no es hora de meterse con el Procurador, sino con el Juez
que está conociendo del asunto. Usted y yo sabemos de la roncha que ha levantado la irrupción de los derechos
humanos en un aparato de justicia que solía actuar por su cuenta y/o a nombre de las instrucciones del Ejecutivo, o
del poder económico del acusado. Por eso -precisamente por eso- el caso de Paola Durante no es asunto menor. Si el
asunto revela una injusticia, ahora está en manos del Juez; si está en manos de TV Azteca o del "cocinero", entonces
lo mejor sería no meterse (ni comprometerse).
PARA ROSARIO ROBLES: Estará usted de acuerdo conmigo en que los gastos de su campaña mediática (¡grandes
acciones!) son desmedidos. Para usted están bien, puesto que le han creado una "imagen" de la que vino a hacer
bien lo que se estaba haciendo mal, o simplemente no se estaba haciendo. Me imagino que tampoco le habrá hecho
daño a la campaña de Andrés Manuel, ni a la tercera cruzada (post-mortem) de Cuauhtémoc Cárdenas. A todo esto,
me permito oponer mis reparos éticos. Si su Procurador ha declarado la dispareja lucha contra el robo impune y contra
los intereses del narco, no me acaba de convencer su dispendiosa actitud. Por supuesto que ya sé que, en los
tiempos actuales, quien no está en los medios, simplemente no existe; pero, al mismo tiempo, me pregunto si esta
nación depauperada y esta capital secuestrada se merecen el uso político de bienes que podrían aliviar sus
incontables males. Hace unas horas, una amiga me contó la ya muy trillada historia de la coladera destapada y de su
coche, difícilmente adquirido, que quedó severamente dañado (me ahorro las infinitas y horrorosas historias que
recibo día con día). Por supuesto que ella tendrá que pagar los cuantiosos daños. Nada más le pido, doña Rosario
(tan dispuesta a luchar a muerte contra el nuevo horario) que piense en cuánto dolor y cuánto daño inútil se podría
haber ahorrado esta ciudad si usted hubiera usado bien lo que ha gastado en su lastimosa campaña de la gran ciudad
y las grandes acciones.
Cualquier correspondencia con esta recadera columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(06-Abr-2000).-
Un fantasma recorre México: ¡el federalismo!. Ya veo venir a la señora potosina, Constitución en mano, avisándome
con arisca voz de tuna que México tiene mucho tiempo de ser federalista. En teoría tiene razón mi ilustre corresponsal
(que me tiene con dillisusindimaud, porque hace mucho que no se comunica con su benévolo redactor capitalino-
xalapeño); nuestra Carta Magna consagra nuestro pacto federal, pero, por muchas décadas, esto no se ha cumplido
en la práctica; bien sabemos que por décadas y décadas "el centro" velada o descaradamente hacía y organizaba o
desorganizaba a su entero antojo la agenda política de toda la nación. Para usar palabras de actualidad: políticamente
hablando, no había más horario que el del centro. Creo que esta férrea, paralizante y contrahecha situación va
llegando a su terminación definitiva. Imagínense: ahora va a resultar que Roberto Madrazo puede pasar a la historia
como el restaurador del federalismo. De veras que los caminos del Señor son inescrutables y que la Providencia
puede valerse de los más abochornantes seres para cumplir sus designios. Si nos siguiéramos por aquí, acabaríamos
deduciendo que R. Madrazo es el San Agustín tabasqueño y esto no sería justo con el autor de "Las confesiones", ni
conveniente para mí, pues no deseo que la eclesiástica jerarquía capitalina, ahora improvisada como crítica
cinematográfica, declare que mi película verbal es "irreverente". Además, todavía no queda muy claro que el tal
federalismo del temible bucanero tropical no haya sido pactado desde el centro lo cual dejaría todo en calidad de
simulacro.
A este respecto, es más interesante y un poco menos tortuoso el caso de Jalisco donde ni el PAN en el poder, ni el
PRI en la oposición (tan dignamente representado por el señor Silerio Esparza de límpido historial) se hallan muy
dispuestos a ajustar sus tiempos electorales a lo que el centro les marca. Esto, por fuerza, crea problemas y conflictos
inéditos que no tendrían que sorprender ni atemorizar a nadie. La libertad es difícil; la democracia es lenta; el
autoritarismo es fácil, fluído y brutal. De este último los mexicanos hemos tenido ya una sobredosis casi letal; ahora
tenemos que aprender que es más difícil pensar, decidir, elegir por nuestra cuenta e incluír en esa cuenta la libre
decisión de los demás; esto es más tardado pero es hasta ahora la mejor fórmula y la mejor garantía de que los
nuevos pasos que dará nuestro país tendrán el aval de todos, puesto que entre todos los hemos decidido. Quizá no a
la velocidad y con la derechura que quisiéramos, pero las cosas van cambiando. Para mí es algo inédito y
emocionante escuchar las voces de los Estados que forman mi país y que ahora dicen lo que por muchas décadas
callaron: mis tiempos, mis decisiones, mi agenda política interna no tienen por qué programarse, aprobarse y decidirse
en el centro. Habrá quien se asuste por tamaños desacatos; yo los celebro como indicio claro de que ya comienza a
amanecer. Si Pérez-Reverte dice que la honra de una nación no es más que la suma de las pequeñas honras de cada
uno de sus habitantes; yo añado: la libertad de mi país habrá de ser la suma de las libertades sensata y firmemente
obtenidas por cada uno de nosotros. Digo.
Cuando me dedico al solitario vicio de la escritura -ya lo habré confesado- lo hago con pluma. Supongo que con esto
basta para no calificar como habitante digno del siglo XXI. Dibodobadito ¿quevashashé? Lo más grave es que voy
empeorando consistentemente. Alguna vez tuve una muy legible letra Palmer y fui el orgulloso propietario de una
pluma fuente con snorkel de la acreditada marca Sheaffer's que me costó la mitad de mi reino y que perdí a las dos
semanas; luego perdí la de mi papá, la de mi tío Eduardo y luego me convencí de que era el Premio Nobel del
despiste y la distracción y comencé a comprar plumas desechables. De todo este calamitoso pasado conservo el
distante amor por las plumas finas y la invencible pasión por las papelerías. En La Jolla, Cal. hay una papelería-
librería maravillosa que se llama "Warwicks" que ejerce sobre mí ese irresistible hechizo que las pornoshops ejercen
sobre los erotómanos y los malls sobre las mujeres que son totalmente Palacio. Ahí compré hace algunos años una
hermosa pluma que reunía el diseño antiguo y todos los beneficios de la modernidad. Conociéndome, es obvio que no
la compré para mí; la compré para un escritor admirado y querido. En cuanto regresé a México, la puse en manos de
Jaime Sabines y hoy me emociona verlo en la TV con nuestra pluma asomándose discretamente en la bolsa de su
camisa. Lo que quiero decir es que no extraño la pluma; extraño a Jaime. Por eso, hace unos meses, compré una
igual y se la regalé a otro querido amigo que también está "lletra ferit" (herido por la letra). El tácito compromiso es que
este amigo dure más. En eso quedamos.
Cualquier correspondencia con esta columna gustosamente federal, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(07-Abr-2000).-
...lo sé, doctor; usted es lacaniano y no habla, pero tampoco es cosa de que se duerma... sufro, doctor, de un mal tan
espantoso... no, no es problema de autoestima; creo que es muy firme, muy sólida, muy satisfactoria, lo malo es que
la tengo depositada en otra persona... sí, doctor, estoy muy confundido, por el momento no sé quién soy; a veces creo
que estoy en mí, pero luego me veo en otra ciudad y con otra gente, luego me descubro en una sillota verde y luego
se me va la imagen y nomás ya no me veo... ¿puedo tomar un Kleenex, doctor?; ¡doctor, no esté baboseando! deje el
TV Novelas y excúcheme ¿ve, doctor? ¿por qué dije excúcheme?, en mi vida todo se ha convertido en "ex"... En exte
(¡otra vuelta!) momento ya no sé si soy tigre o soy clon. Extoy seguro de que algo hice mal, pero no sé en cuál
reencarnación comencé a fallar; y a lo mejor no soy yo ¿pero quién soy yo?, sino ex el mundo el que extá fallando
gachísimo. Cuando extaba aquí, todos me tupían; entonces me fui para allá y me tupieron peor. Cuando llega la
noche, doctor, trato de hablar con Dios, pero no me toma la llamada; ya me extoy cansando de dejarle recados con
San Ignacio... De los que no tengo nada que decir ex de mis amigos, bola de infelices, pocarropa, sacones, méndigos,
entreguistas y lacayos que a la hora buena, pusieron todos cara de que se les extaba apareciendo el Niño de Atocha y
me dejaron morir como perro acuático. ¿Tendrá algún caso seguir viviendo, o hablo con Nafin? Mi partido me ofrece el
nombramiento de director supremo de relaciones intergalácticas, pero presiento que me extán dando el avión y ex de
Taesa. ¡No se cuaje, doctor!, dígame algo...¿cómo dice?, ¿tiempo transcurrido?; no sea mariqueta, doctor; usted no
sabe los abismos de violencia a los que puedo llegar; lo del "cocinero" ex serenidad mística junto al descoyunte
mental que yo me cargo...¿qué dice, doctor?, apenas puedo dar crédito a mis trompas de Falopio, ¿que me vaya una
temporadita a Tabasco?, ¿que Tabasco ex un edén? Mire, doctor; no lo mato ahorita porque perjudicaría la campaña
de Labastida, pero nos vemos el 3 de julio. Doctor, yo soy Arturo Núñez ¡cambiadme la receta!
El Son de Maracumbé
el rey de todos los sones./ Querido de las mujeres/ y apreciado de los hombres. Este bonito son fue lo único que le
faltó a mi Góber Bebeto para rematar las prolijas alabanzas a Zedillo. Digamos que lo sepultó a puros guayabazos y
boca le faltó para lanzar más incienso verbal y para decirle que nunca cambie porque piensa padre y vale chorros; y
también le dijo que, gracias a él, ahora nos van a querer en todo el mundo y que no habrá nación extranjera que no
nos encuentre irresistiblemente atractivos. Zedillo feliz y aventándole la bronca a los que criticamos desde un café, o
desde alguna biblioteca (que para él, ha de ser como un table dance pero más pecaminoso). ¿No se habrá excedido,
mi estimado Bebeto? Ahi piénsele.
Acuse de Recibo
Don Luis de la Barreda: agradezco sus oportunas y puntuales precisiones con respecto al caso de Paola Durante.
Puesto que no soy defensor de oficio (ni beneficio) de la PGJDF, entiendo que ésta tiene que ser la destinataria de
sus recomendaciones; le reitero, sin embargo, mi horror ante las acumuladas impunidades y crímenes y atracos sin
esclarecer que caen dentro del saldo negativo de este sexenio (por hablar de lo inmediato). Sigo creyendo que la
defensa de los derechos humanos apunta rumbo a la vida y a la claridad; en ese contexto ¿qué opina usted de la
insólita "conferencia de prensa" del "cocinero" diligentemente organizada por la SEGOB (de Puebla) con la
obsequiosa y eficiente participación del director del CERESO (también de Puebla, nomás faltaba)? Me interesa su
opinión, porque creo que usted y yo algo podremos hacer para que la justicia comparezca en este país tan injusta
(culpa del sistema) y tan impunemente (culpa de nosotros) ha sido tratado.
Don Samuel del Villar: agradezco su telefonema. Mi trabajo quisiera estar más a favor de las causas que de las
personas; sin embargo, las causas encarnan en personas. Si como creo, su causa es buena y la informa la
inteligencia, su causa es correcta, su salario se justifica y su persona adquiere realidad y sentido. Como dijo un
próspero anciano conocido mío a punto de morir asistido por su hija: nomás no te me apendexes. Dicho esto, murió.
...al búho sabio: ¿qué te metes para hacer esos comerciales de brandy tan mafufos?
"El mañanero" se ha vuelto imposible; quedan el vespertino y, para los faltos de imaginación, el nocturno (el búho
sabio): hoy toca.
Por
Germán Dehesa
(10-Abr-2000).-
Viaje a Mexicali. Nada más para no perder prestigio, me presenté en el aeropuerto rayando el cuaco y con la Hillary
que llevaba el hígado más retorcido que la declaración de "el cocinero". Calor feroz en el aeropuerto de México y don
Saúl, el dinámico encargado de atender a los viajeros de última hora en el mostrador de Mexicana, todavía con
ánimos de hacer humor negro: el vuelo ya está cerrado y no puedo hacer nada porque sus boletos son de clase
turista. La Hillary traba las quijadas, hace unos bizcos horribles y sus manos (que son totalmente Palacio) avanzan
sobre mi garganta. Lo que puedo hacer, dice don Saúl, es enviarlos en primera clase sin costo adicional. Lo dijo en el
momento justo: esposa dulcificóse súbitamente y charro-marido hizo gesto de "soy un talento incomprendido". Vuelo
grato y sin sobresaltos. Cabe aclarar que yo iba a dar una charla patrocinada por un organismo empresarial de
Mexicali; la Hillary (que allá es conocida como "la Adrianita") iba en pos de su vasta familia y de los mejores recuerdos
de su infancia; es decir: no había una sintonía perfecta; yo tenía cara de que iba a Mexicali; pero ella mostraba tal
arrobo que hagan de cuenta que iba a un territorio que fuera la mezcla de Camelot, la tierra prometida y Disneylandia.
No lo digo yo; me lo dijo una oriunda del lugar: ¿a quién demonios se le ocurrió que aquí se podía vivir? Y sin
embargo, viven y viven bien (la tasa de desempleo es de las más bajas del país) y ya llevan casi un siglo viviendo ahí.
Todo esto pensé cuando sentí el brutal hornazo que me pegó seco, en cuanto bajé del avión. La Adrianita repartía
sonrisas, mientras yo sentía que se me craquelaba la madre del puro fogonazo. Luego viene la pasteurización: te
meten a un restorán chino con aire acondicionado para que pruebes esos chiles empanizados que son tan famosos en
Beijing y luego te sacan otra vez a la caldera del diablo y así te traen hasta que el pubis se te hace como chamoy. La
Adrianita se dió un retuch superficial (hora y media) y yo zarpé rumbo a mi charla (¡con traje y corbata!) que estuvo de
agasajo. El único problema fue el costo de los boletos (por eso y en un acto de locura, me he comprometido a
regresar a Mexicali city of love y dar una charla a un costo accesible y cuyos beneficios se destinen íntegramente a la
Universidad). Una vez que terminó la interminable sesión de preguntas y respuestas, me dirigí al encuentro de la
Hillary y su enorme batallón de tías, primas y parientas en general. No lo digo en menosprecio de los hombres que tan
gentilmente me trataron, pero las mujeres de Mexicali son hermosas, entronas, emprendedoras, protectoras,
resistentes y tiernamente firmes. Son mexicanas flores del desierto. Son como el título de aquella película: Magnolias
de Acero. Para ellas (y puntualizando que entre ellas no desentona la Adrianita) son estos renglones.
SKYFOX
Calurosa estaba la noche. La Hillary dormía como pantera en reposo y su acalorado charro sufría enormidades por
culpa de la pachanga que organizó Televisa con los horarios de la transmisión del juego México-Costa Rica. No es
fácil leer un libro de Simone Weil ("Gravedad y Gracia"), oir a Fox diciéndole a Javier Solórzano cosas muy raras
sobre la cultura y descubrir que en el canal 9 van a pasar el partido, pero en un canal de Tijuana están pasando una
mesa redonda con Fox, Aguilar Zinzer, Silva-Herzog Márquez y Aguilar Camín como anfitrión. Todo esto a las dos de
la mañana. Me concentré en la mesa redonda y en el partido. México, por orden presidencial, jugó muy bien y liquidó
al combinado de plomeros y repartidores de pizza de Costa Rica. Yo que tan mal he hablado del desempeño verbal de
Fox, debo reconocer que estuvo francamente bien en la mesa redonda: lúcido, articulado, con excelente información y
con un concepto muy claro y muy cabal de por qué es candidato y para qué quiere ser Presidente. Jamás lo había
visto tan dueño de la escena. Habrá que felicitar también a Aguilar Camín y a Federico Wilkins porque una serie que
comenzó en el rigor mortis, se ha convertido en algo interesante, real y llamativo. Al parecer, nuestra televisión le está
dando oportunidad a la inteligencia (¿me estará leyendo Adal Ramones? Si fuera así, que no se considere incluído).
En el futbol, ya lo dije, ganó México; en esa mesa redonda que yo ví, también ganaron cuatro inteligencias mexicanas.
Celebrar estos triunfos no es un mal modo de comenzar la semana. Te envío, lectora lector querido, un abrazo desde
Mexicali hasta Chiapas.
Cualquier correspondencia con esta columna al pastor, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(11-Abr-2000).-
Ya que nos metimos en trabajos de ingeniería calendárica y de horarios, creo que ha llegado el momento oportuno de
organizar un plebiscito en pro de la abolición de los lunes. No hay quien pueda con el lunes. El peso de lo que ya se
hizo y, sobre todo, el peso de lo que tenemos que hacer convierten el alma en una torturada oblea. No he visto las
estadísticas, pero podría asegurar que los que cometen suicidio, los que abandonan hogar y trabajo, los que cambian
de sexo, los que se van a vivir a Comondú, los que se autosecuestran, los que deciden que Janet Reno es un símbolo
sexual y, en general, todos los que tienen drásticas transformaciones en su conducta, toman estas decisiones en
lunes. Mi vida, por darles el caso más a mano, es en este lunes 10 de abril, un torbellino de adversidades: González
Schmal reinició su fea costumbre de decir crípticas mafufadas, los Pumas perdieron de manera ignominiosa (si
pierden con el América, abro diez cajas de seguridad en diez bancos distintos y dejo diez cartas y diez huatos de
dólares); Zedillo estuvo muy contento en la inauguración del Tianguis Turístico; un cronista de TV declaró que "a un
equipo que quiere avanzar no le conviene jugar para atrás"; Del Villar ya quiere declarar la guerra de las galaxias.
Esto por lo que se refiere al pasado inmediato. El futuro no pinta mejor: la semana viene abrumadora y mañana,
particularmente mañana, seré sometido a una prueba que muy pocos espíritus intrépidos han superado. En el jardín
de niños donde, mañana a mañana, se la rifan con el Bucles, no han encontrado mejor venganza que organizar un
ciclo de encuentro entre padres e hijos; la mecánica es muy sencilla: si el padre es ingeniero, va con los niños y les
explica cómo se construye un puente; si el padre es aviador les cuenta en cuántas oficinas cobra; pero si el padre es
periodista ¿qué puede contar? Mañana martes, mientras tú lees esto, yo estaré rodeado de 50 miniultras que -estoy
seguro- me van a dejar irreconocible. Muchos retos he enfrentado en esta vida; pero ninguno me había provocado
tanto terror. Considera, caro lector, que mi auditorio fluctuará entre los tres y los seis años de edad; ni modo que les
cuente de Gloria Trevi o de las elecciones en Perú. A lo mejor me incorporo a la moderna moda de las encuestas
instantáneas y comienzo mi perorata diciendo: de cada diez infantes que no se están sosiegos en la plática de un
adulto, los diez experimentan daños gravísimos. La verdad, no sé qué hacer ante tan terribles riesgos. Espero
sobrevivir. Como le dijo el Bucles a la Tractor después del nacimiento de la bella Tractorcita: ya la vida no es igual.
Al Puritito Bananazo
Así arregla la Femexfut sus broncas, cochineros e imprevisiones cotidianas. Se reúnen a elaborar un calendario, salen
de la junta con cara de que ya diseñaron un submarino nuclear y, unos cuantos días después, anuncian que el tal
calendario ya valió gorro, porque nos acaban de invitar a la Copa Merconorte y al Torneo Panafricano y ni modo de no
ir. Resultado: los juegos se realizan en las fechas más impensadas y los equipos que se presentan tienen que alinear
al hijo del cubetero y a un cuñado del masajista. Como es costumbre, la derrota es para la afición. Omaigod!
Apocalípticos e Integrados
Así rebautizó Umberto Eco a la vieja querella entre optimistas (Leibnitz) y pesimistas (Voltaire). Me imagino que, antes
de llegar a ser materia de discusión intelectual, la bronca entre los que creen que todo está bien o se arreglará por
pura inercia y los que creen que todo está mal y que nada se puede hacer, salvo maldecir, ha pintado de un color u
otro el temperamento de los que en el mundo han sido. Con su proyecto de "pesimismo activo" Savater nos ha
recordado que hay un tercer camino; a su vez, Silva-Herzog Márquez con su artículo "La complacencia de la
indignación" refuerza nuestra sospecha de que los aplaudidores de tiempo completo y los mientamadres profesionales
son, unos y otros, perfectamente inútiles en las tareas de restauración de nuestro mundo y de mejoramiento de
nuestros proyectos de vida. En estos tiempos de ira y de miedo que nos quieren imponer, es necesario recordar que
los dos ya citados bandos en pugna representan, cada uno a su modo, formas de la complacencia y de la abdicación
neuronal. Todo pasa y todo queda; pero lo nuestro es pensar, analizar, criticar, proponer, mirar en profundidad y
comprometerse totalmente con la caótica, contrastada, contradictoria y hermosa vida. No es fácil pensar esto en
lunes, pero es lo que pienso (luego insisto).
Cualquier correspondencia con esta columna que ya se hizo bolas, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(12-Abr-2000).-
El primer reporte me indica que sobreviví sin demasiado daño y que los infantes sólo tienen raspones leves. Cuando
llegué a la pequeña biblioteca que fue el escenario de mi riesgoso encuentro, todos los pérfidos enanetes fingían
dormir (se supone que ése es el efecto que provoca mi charla, pero suele presentarse hacia el final). Conminados por
sus misses adquirieron cierta, resignada y no muy durable compostura. De inmediato tomé por mi cuenta la palabra y
nos pusimos a platicar de palabras. A puro golpe de vocablo logré defenderme y mantener más o menos a raya a la
infantil turbamulta que venturosamente no me tomó las instalaciones, ni derramó sus biberones por el caño, ni exigió
la legalización de sus triciclos chocolate. Saldo blanco. Yo le obsequié a los miniparistas unos cuentecillos
previsoramente adquiridos por la Hillary (será tuyo cuando puedas leerlo y ya que lo logres, se me ocurre que lo
podrías regalar a esta biblioteca para que todos lo lean; así le dije, con voz de patriarca bíblico o bibliófilo, a cada
infante); ellos me regalaron unos dibujos muy bonitos. Así pues, podemos hablar de un nuevo y arduo triunfo de la
diplomacia mexicana.
El Basurero Virtual
Hasta ahora, para mí, Internet es un país lejano e inaccesible. Amigas y amigos me traen noticias de allá o me
mandan recados. Me cuentan que es una carretera inmensa, recién inaugurada y que ya está llena de basura. Me
cuentan también que, de vez en cuando, aparezco por ahí y, lo que es peor, aparecen textos firmados por mí con tal o
cual intención y/o insidia política. Basura. Si de algo sirve, declaro que hasta el día de hoy nada he escrito para su
exclusiva utilización en el ciberespacio; afirmo también que algunos artículos periodísticos de su Charro Negro andan
navegando por ahí casi siempre fuera de contexto y con claras intenciones políticas. Se han reproducido sin mi
autorización. Falta lo peor: entiendo que no hay manera de protegerse legalmente de la multitud de piratas
oportunistas que encuentran un inexplicable deleite en acumular calumnias, verdades a medias, severos ataques a la
sintaxis y lozanas tonterías; ya que les descansa el alma (si la tienen), proceden a firmar con mi nombre. Pregunta:
¿no podrían firmar con el nombre de su ciberhackermamacita?. Seríamos todos tan felices.
La Jubilación de Zapata
Como hay tantos individuos y grupos que se consideran los únicos y legítimos herederos del ideario de Zapata, el
calamitoso lunes 10 de abril, todos ellos consideraron su exclusivo derecho recordar el asesinato de don Emiliano. El
discurso oficial fue una joya de lo que podríamos llamar la agrociencia-ficción. Según el jilguero en turno, las
demandas de Zapata ya están cumplidas íntegramente y, por lo mismo, el mártir morelense puede ya estarse tranquilo
y pasar cada quincena a Procampo o a la Reforma Agraria por los 400 pesotes de su jubilación. Y nosotros que
pensábamos que el campo mexicano era un total desastre; pero no es así: vivimos en un secreto e invisible vergel.
Pues qué padre.
Las Paulinas
Apenas hace dos días, hice el fundado elogio de las mujeres de Mexicali. Lo que ahora escribo no es una retracción,
sino un apenado refrendo. La jovencita Paulina me trae con el alma desacomodada y desgraciada. ¿Cómo le
hacemos para permitir tantos horrores y tantos atropellos? Anoche ví en la televisión al C. Gobernador del Estado con
cara de perfecta inocencia y enjuagándose la boca con algo que llamó "ética personal" que le sirvió para otorgarse la
absolución inmediata y para hacerla extensiva a todos aquéllos que fueron parte de un atropello que no tan sólo
incluye a una mujer, sino a eso que ilusamente llamamos "Estado de Derecho". A mi juicio, Paulina, como tantas otras
mujeres de este país, ha sido víctima de múltiples violaciones. Enumero algunas: la física, la moral, la psicológica, la
emocional y la legal. La primera corrió a cargo de un miserable; de las demás, son responsables unos cómodos
fanáticos que lucran con los prejuicios y que todavía no se enteran en qué año y bajo qué Constitución están viviendo;
unos cuantos funcionarios médicos y funcionarios políticos que dan por no recibido el mensaje legal y fundamentado
que reciben y una sociedad que prefiere no meterse en problemas (hasta que los problemas la alcancen a ella). Me
imagino (espero) que el conflicto no termine aquí. Por lo pronto, en Nuevo León (con un PRI bajo fundadas
sospechas), los panistas se aprestan a echarle más lumbre al fuego con su "legislación" sobre "el derecho a la vida".
Me queda una pregunta: ¿qué opinarán sobre esto las cada vez más lúcidas mujeres (y un buen número de hombres)
de este país?.
Envío
Estos renglones van rumbo a Tijuana y son para mi amigo Rattán que, con motivo de su cumpleaños, va a debutar
vestido de Shakira. Se los envía Bambi.
Cualquier correspondencia con esta columna que sobrevivió a la matanza de los inocentes, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Gaceta del Angel / Las altas cumbres
Por
Germán Dehesa
(13-Abr-2000).-
Hace algunas semanas, asistí gustoso a una charla videoilustrada que cuenta, en voz y presencia del protagonista
llamado Martín Hernández, la hazaña de alcanzar la cumbre del Everest y de lograrlo no una, sino dos veces (y me
cuentan que va por la tercera). Comprenderán que a mí que miro al Ajusco como una cima inalcanzable, la historia me
impresionó hondamente por lo que implica de energía moral y física, pero también por la sencillez y la serenidad de
quien fue doblemente su protagonista y narrador. Martín Hernández tiene el aspecto y la actitud de un ciudadano
mexicano tal cual; no asume poses heroicas, es de sonrisa fácil y de palabras precisas y gratas. Me cayó muy bien y,
sin permiso de Krauze, incluí a Martín en mi personal lista de mexicanos eminentes; lo hice no tan sólo por el Everest,
sino por la conquista de una cumbre todavía más alta: su propio ego que, gracias a su disciplina interior, ha dejado de
ser el ultrapopocatépetl propio de los "ídolos" mexicanos y se ha convertido en una accesible colina para pasear con
los amigos. El martes 11 de abril, en la rumbosa celebración de los 30 años de APAC (felicidades y jacarandas para
Carmelina y su Sonora Dinamita), recordé a Martín Hernández al contemplar a esa cantidad de niñas y niños, de
mujeres y hombres de nuestro país dedicados día con día a superar los mil modos de la discapacidad. Fue un acto de
memoria involuntaria (favor de leer a Bergson y a Proust); lo que yo realmente estaba viendo eran los hospitalarios
ojos de una mujer que reposaba su belleza en una silla de ruedas. Por eso me dió por hablar del Everest y de las
cumbres que tenemos que escalar todos los días. Vivir no es fácil para nadie; pero si además la vida o la caprichosa
ortografía de Dios deciden que nos van a poner a prueba y nos van a hacer "distintos"; o sea más "otros" que los otros
(quiero decir: tzotziles, o cuadrapléjicos, o pames, o con parálisis cerebral); entonces, la existencia sólo se puede
cumplir si hacemos acopio de valor y de valores. Sin demérito de Martín Hernández, entendí y traté de comunicar que
existen millones de seres (y una mujer) que sin mayor prestigio ni publicidad escalan noche y día las elevadas
cumbres de una montaña, no por invisible, menos helada y hostil que el Everest; su aventura es difícil y esencialmente
incompartible; a lo más que podemos aspirar es a acompañarlos a distancia, a allanarles en lo posible el camino y a
incluírlos sustantivamente en esa difícil página que cotidianamente se ofrece (nos reta) a nuestra lectura. Más
fácilmente dicho: lector, levántate y anda.
Existe la Teoría...
...de que Trino es de Guadalajara, pero como se parece al Macetón Cabrera, ha logrado -en solapada complicidad con
el potente Salgado Macedonio (a) Early Bird- infiltrarse en los medios (y aún en los enteros) nacionales, desde donde
cumple su nociva tarea de convertir a todos los tenochcas en atlistas que dejan de creer en Gurría, para entregarse al
excéntrico y pagano culto de La Volpe que es ¿quién lo ignora? una deidad menor. Estemos atentos; no caigamos en
la tentación de rendirle culto a esta empobrecida versión de la TRINIdad (es chafa, pero es cuate).
Cualquier correspondencia con esta columna en forma de helada cumbre, favor de dirigirla a [email protected]
o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(14-Abr-2000).-
Para interrumpir mi embarazo, una corrección: en mi columna de ayer ("Las altas cumbres") nombré al mexicano que
ha llegado dos veces a la cumbre del Everest y, por una mala trampa de la memoria, decidí que se llamaba Martín
Hernández, cuando en ese prolongado sueño que llamamos realidad, se llama Hugo Rodríguez. Desde mi grandísima
culpa, espero la generosa disculpa de Hugo, de todos los Rodríguez y, eventualmente, de todos los Hernández. Sirva
como paliativo y contrición proclamar que yo me llamo Germán Dehesa Violante y que todavía está por nacer el
funcionario, mayor o menor, que retenga o escriba correctamente mis patronímicos y mis matronímicos. Gracias a
Borges, entiendo que nuestro último destino es ser nadie; pero esto no nos dispensa de honrar y poblar nuestro
nombre de modo que en la inescrutable parcela de tiempo y espacio que nos han concedido, lleguemos a ser alguien.
¿Qué hay en un nombre? se pregunta Shakespeare por boca de la asombrada y dulce Julieta. En el siglo XX le
responde una mexicana llamada Esther Cohen ("El silencio del nombre" Ed. Anthropos) que, por decir algo, dice (la
interpretación corre al sospechoso cargo de su Charro Negro): nacer es obligarnos a abandonar la más tibia e
ingrávida felicidad y es también colocarnos de golpe en la más brutal e intolerable intemperie; ese alarido inaugural es
simultáneamente aviso de vida y declaración de temblor pánico; hemos sido expulsados; quizá por eso se acongojan
todos los que nos esperaban en la mejor disposición de amarnos; quizá por eso su tierna compasión se expresa en
una pregunta central: ¿cómo se va a llamar? Darnos un nombre (en espera de todos los que nos dará la vida y nos
quitarán la muerte y el olvido) es darnos nuestra primera casa, nuestro primer cobijo (quizá el único que en verdad
podremos llamar nuestro). Con el nombre comienza la vida y, de hecho, vivir será validar, justificar, poblar y hacer
habitable nuestro nombre; vivir será adquirir otros nombres (sólo poseeremos lo que podamos nombrar) y conseguir
por las perplejas artes de la inteligencia y del amor, que esos nombres avistados y formulados se comuniquen con el
mío y formen un nombre mayor (se me ocurre uno: México; se me ocurre otro: nosotros). Dice Derrida (que, como
buen intelectual, exagera) que toda palabra es un nombre; es posible, yo conozco a seres que tendrían que llamarse
¡Guácala! Rodríguez, conozco a otros con francas actitudes de Preposición Antúnez; he encontrado también a Trigal
al Viento, a Cucharita Deslumbrante, a Nubeselva Porqué, a Firmeamigo Sonriente, a Chiapas Capucha y a
Funcionario Malhueles. Puesto que todos tienen -o se han fabricado- un nombre, todos son mis semejantes; de todos
ellos ¿quién es el más opulento?, aventuro que no es el que tiene más bienes (que suelen ser males), sino el que
tiene más nombres que amorosamente confluyen con el suyo. Aceptemos provisionalmente que mi nombre es mi casa
y que Hugo Rodríguez es Hugo Rodríguez (aunque en verdad se llame Cumbreamigo); esto me otorga el provisional
permiso para preguntarte: ¿cómo te llamas?.
El Patio de mi Casa
Es muy particular. Dos lujos tiene: una jacaranda que da a nuestra ventana y un jardín central que, como es de todos,
felizmente no es de nadie. La tierra aportó el verde pasto y los imperturbables árboles; nosotros lo mejoramos o lo
afligimos con los niños prolijamente fabricados. Llega la tarde y mientras los árboles se dan sombra a sí mismos, los
niños se iluminan como cuadernos. Entonces, llega el papá del Bucles y lo sorprende jugando (compitiendo)
fragorosamente con una niña a la que llamaremos Microfiera. Andrés me reconoce (ya es una ventaja), se acerca y
me informa que está jugando con una nueva amiga (en verdad, la ingenuidad masculina hace esquina con lo patético);
el subtexto de su anuncio es muy claro: ahorita, no me molestes. Prosigo mi camino y topo (roedor subterráneo
venerado por Marx) con Microfiera. Muy propia se presenta: hola, señor, yo estoy jugando con su hijo (ya lo adivinaba
yo). Le pregunto a la frágil criaturita: ¿Andrés es tu amigo? Ella pone cara de total rechazo a las sucias maniobras de
Rectoría y me da un avance, no de su pliego petitorio, sino de su lista resolutiva: no, señor, no es mi amigo; es mi
novio. Se acerca el Bucles sin saber lo que le espera y le dice a Microfiera: ¿seguimos jugando? (omaigod!).
y con nombre, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez,
México D.F.
Por
Germán Dehesa
(17-Abr-2000).-
¿De qué se trata?; ¿existen o no las leyes?; ¿su existencia y observancia es tan variable como puedan serlo los
intereses y/o las fobias y filias personales?; ¿nuestros Poderes Legislativo y Judicial han sufrido una erosión tan
grande como para que ya sólo sean "bosques simbólicos" para el particular recreo del señor Salgado Macedonio y del
no menos indescriptible y chirinesco señor Yunes?; ¿todavía existen las "autoridades competentes" o ya han sido
suplantadas por las pantallas de TV, los verbosos arrebatos periodísticos y los juzgados con guillotina virtual que se
erigen en cualquier mesa de restaurante? ...ustedes dirán (con razón) que son demasiadas preguntas para ser
formuladas en lunes Santo ("está muy avanzada la cuaresma" solía responderme mi madre cuando le solicitaba yo
una opinión, o le proponía alguna forma de regocijo por más virtual que éste fuera). En mi defensa puedo aducir que
precisamente por eso lo hago; porque es lunes Santo y, por lo mismo, tengo la dolorosa conciencia de que la inmensa
mayoría de esa inmensa minoría que son mis lectores no están; sé que todos ellos se encuentran ahora en estado
etílico-catatónico tiradotes con su pelota de colores y su madre política en alguna reducida porción de playa (muy
probablemente ya habrán pisado una colilla, o su señora ñcomo no se aplicó uniformemente el protector solar- ya se
le jaspeó el espaldar o se le puso cara de waffle). El caso es que aquí no hay nadie (hasta Ramón de la Fuente se fue
y dejó a unos veladores que cuidaran Rectoría). De mi selecto grupo de amistades, sólo quedó mi abogado (que, lo
crean o no, es decente y conocedor) y ha sido en la despaciosa plática con él, que han surgido las preguntas que
inauguran esta columna. La materia de el mexicano y las leyes es amplia y compleja de suyo, pero además la
trepidante actualidad nacional le añade una dramática urgencia. Pensemos en algunos nombres. Andrés Manuel
López Obrador: valioso, respetable, creíble y con probada capacidad de organización y liderazgo; en cuanto a dotes
personales es inobjetable como candidato a Gobernador del DF; sin embargo, hay una ley de por medio que exige la
comprobación de cinco años de residencia (no de permanencia) en la Capital. Esa ley le obliga a probar esto frente a
la autoridad competente. Si lo hace (y creo que puede hacerlo) será candidato (de hecho, el IFE ya lo reconoció); si no
lo hiciera, tendría que renunciar. Así sería de fácil si nuestro país fuera en verdad un país de leyes (nuestra obligación
es que lo sea). El problema es que la grilla (priiii-priiii-priiii...dice el punzante mensaje radiofónico de Rincón Gallardo)
lo tuerce y lo complica todo. No deja de ser novedoso y divertido que el PRI evolucione como Pokémon y resulte un
tardío paladín de la justicia que exige que caiga "todo el peso de la ley", no sobre "el Divino", ni sobre Robertico
Madrazo; sino casualmente, sobre un adversario político que va punteando en las expectativas de voto. Conclusión
provisional: aunque sea el PRI el que la demande la ley es, debe ser, la ley. Mañana le seguimos con Samuel del
Villar.
La Conversión de la Magdalena
Podría ser el título de un cuadro del Tiziano; pero yo quiero hablar de la Magdalena Mixhuca. Mis numerosos años me
permiten recordar la primera inauguración de ese espacio creado con nuestro dinero y destinado al ejercicio y al
entretenimiento gratuito (en México llamamos gratuito a todo aquello que pagamos anticipadamente) de todos los
capitalinos; pero en especial de los múltiples sectores menesterosos que viven en las cercanías (paradójicamente,
tenía un autódromo que servía para el regocijo de López Mateos y de los hermanos Rodríguez). También me tocó vivir
y atestiguar su gradual deterioro, abandono y agandalle (de nuevo tropezamos con la ley) por cuenta de esos
minicaciques (deportivos en este caso) que convierten la propiedad común en feudo para el lucro personal. El
resultado -nos consta a Carlos Albert y a mí- fue desastroso. Para los legos en la materia, no es fácil imaginar las
complicadas tareas de fumigación que -entre periodicazo y periodicazo- tuvo que realizar la administración perredista.
Mi invariable cercanía con Carlos me permitió conocer paso a paso los infinitos trabajos de recuperación que este
sábado 15 llegaron a feliz término. Como el sistema se esmera en proclamar como victorias propias las derrotas del
actual gobierno capitalino, creo que es de justicia señalar que ha habido muchas e importantes victorias. Una de ellas
se llama la Magdalena Mixhuca. Salud, Carlos; salud, Rosario. ¡¡¡SALUD, PUMAS!!! (¡Ay, si no fuera por estos ratos!).
Cualquier correspondencia con esta columna obediente de sus leyes, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(18-Abr-2000).-
Capítulo primero: no tengo el menor elemento tangible para dudar de la inteligencia y rectitud de Luis de la Barreda
como Ombudsman y como ser humano. En el ámbito del trato privado y cotidiano y en el ámbito de su desempeño
profesional (que es el que nos interesa) su trayectoria me parece impecable. Lo que pudiera tener en su contra surge
de comentarios rinconeros, imputaciones gratuitas y rezongos no fundamentados de aquéllos que, en tal o cual
coyuntura, se sienten agraviados por la nada fácil (ni necesariamente popular) tarea de defender al ciudadano
injustamente atrapado en esa tupida maraña de bosques legales que no permiten ver el árbol de la justicia.
Sopesados todos estos elementos, me envío la recomendación 1/2000 que consta de dos apartados: a) No vivas sin
tener confianza plena en alguien y en algo; b) Confía en Luis de la Barreda.
bien nos consta a los mexicanos, ha sido el perverso y añejo alimento de la corrupción en cuya fórmula no es difícil
detectar el trampeado manejo de las leyes (si me conviene, las acato y exijo su cumplimiento; si me perjudican, me las
brinco y las declaro monstruosas) y el frecuentísimo (quasi consuetudinario) atropello de la independencia y
autonomía de las que deberían gozar los poderes Legislativo y Judicial. Dicho esto, aterrizo con ciertas dificultades, en
un hombre público llamado Samuel del Villar de cuya sólida formación teórica, arrojo e intrepidez no tengo razones
fundadas para dudar. La crispada actualidad nacional y su propia decisión lo han colocado en trance de heroísmo o de
martirio. No es asunto menor aceptar el triple y frontal reto de TV Azteca, el narco y la corrupción del sistema. Es la
postmoderna versión de la lucha de San Jorge contra el dragón (es bien sabido que un dragón de 71 años está en la
flor de su edad). Las muchas personas de bien que habitamos este país deseamos que gane este duelo a muerte
(porque es a muerte); pero por lo mismo, de modo tácito o explícito, le hemos señalado que con aliados como "el
Cocinero" y con acusaciones tan frágiles como las que pesan sobre Paola Durante no se puede ir muy lejos. No es
atropellando la ley como se pueden subsanar tantos atropellos que nuestras leyes han sufrido. Dicho de otra manera:
para que prevalezca la ley, no bastan el buen conocimiento teórico, ni las buenas intenciones, ni siquiera el heroísmo
con vocación de martirio. Hoy necesitamos héroes eficaces (leer "Galileo Galilei" de B. Brecht), funcionarios eficientes
y ciudadanos que, para su provecho o su daño, se atengan a las leyes y dejen, con las peores o mejores coartadas,
de estar hojalateando los códigos.
Capítulo tercero (intransitorio; o sea, que no admite "transitas"): Oído, en reunión virtual, el testimonio de todas las
partes, me permito emitir la recomendación 2/2000 que a la letra dice: "Tanto el C. Luis de la Barreda como el C.
Samuel del Villar están al servicio de la sociedad para cumplir una tarea específica: posibilitar la legalidad y
mantenerse equidistantes del atropello y de la colusión (por interés o impericia) con la impunidad; si cumplen con su
tarea, la Patria los premiará; si incumplen, se van a ver chafísimas." ¿Florecerá el árbol de la justicia? Faltan muchos
capítulos, amiguitos.
Pumas-América. De lo que ocurrió en la cancha, sólo me queda la blanca y feliz espuma de ser Puma; mi rendido
agradecimiento a las facilidades otorgadas por el portero americanista y mi comedido recordatorio a la plétora de
deudores que, por primera vez en este año, van a tener que transferir a mi cuenta personal una importante cantidad
de divisas, pachocha, marmaja o firulilla. Por lo que ocurrió fuera de la cancha, sólo tengo pesadumbre y malestar. Yo
ví a las hordas tirar un tramo de reja, golpear a un policía y destruír lo que encontraron a su paso. Lo que no ví, pero
me apena igual, fue la agresión a Vinicio Bravo y a Carlos Hermosillo,estimado gentilhombre. ¿Servirá de algo
pedirles perdón?. Vuelvo al asunto de la legalidad y hago una declaración que casi va a sonar como herejía: si tantos
y tan imbéciles abusos van a ser el costo de un triunfo, prefiero que gane el América (aunque un empate no caería
mal).
Se Blindan Economías
Aaaacá. Seriedad y experiencia. Traiga su economía y aquí se la blindamos. Resistirá resorterazos, diávolos y
municiones. Termine su sexenio en paz. Aplican restricciones: si el obús es internacional, no hay garantía; truena
usted, truena su gabinete, truena su país y truena esta empresa. Llámenos: Blindajes "Noaitox".
Cualquier correspondencia con esta columna legal y perpleja, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(19-Abr-2000).-
"Y yo te miro, flor, tender el vuelo/ (...)/ y cubrir con tu velo de crepúsculo triste/ la jacaranda de Guadalajara/ que
inmola alfombras tenues/ a los pasos románticos/ (...)/ Lo menos que yo puedo/ para darte las gracias porque existes;/
para alabar a Dios que te ha creado,/ ¡Oh, flor, milagro múltiple!/ es conocer tu nombre y repetirlo/ en una letanía de
colores/ y en una sinfonía de perfume." Lo menos que yo puedo para darte las gracias por leerme en Miércoles Santo,
lectora lector querido, es compartir ñasí sea fragmentariamente- esta flor de palabras que, en la primavera de 1944,
cultivó Salvador Novo ("Florido Laude"). Viene además muy a cuento porque precisamente desde la jacarandosa
Guadalajara recibo noticias de un proceso ejemplar y de un ejemplar como para el "Proceso".
Los panistas andaban inquietos, andaban intranquilos, no tenían sosiego, pues la hora había llegado de elegir a su
candidato para la gubernatura de Jalisco. Aspirantes y suspirantes había muchos y el jaloneo, nomás faltaba, estuvo
fuerte. Los anuncios de cismas y divisiones comenzaron a pulular (para la infinita tristeza -ya se imaginarán- del PRI).
Al final quedaron dos contendientes Tarsicio Rodríguez y Francisco Ramírez Acuña (que, según me dicen, fue un
buen Alcalde de Guadalajara). Como no soy afiliado, ni exégeta del PAN, lo que me interesa es consignar la limpieza
y la civilidad de este proceso de elección que culminó con la victoria de Ramírez Acuña y con la inmediata adhesión
de Tarsicio Rodríguez (y la bendición de Sandoval Iñiguez que, hasta donde me consta, es un personaje con mucha
jiribilla). Bien por el PAN y bien por la democracia. Ahora le tocará al PRI escoger a su candidato (tampoco va a estar
fácil ni terso).
En el otro extremo del tapatipaquete noticioso me encuentro con el extraño caso del Dr. Jekyll y Antonio Gómez
Cristóbal, quien fungió como Director de Egresos de Zapopan; luego lo chisparon y luego le dijeron que ya podía
regresar, pero no ha regresado. Hasta aquí estamos hablando de los normales ires y venires de la burocracia media;
el dato escueto y extraño lo consigna muy sucintamente la prensa: necesitan que el señor Gómez Cristóbal regrese,
porque en la caja fuerte dejó 246 mil dólares. Como la nota no añade nada más, ipso facto queda abierto un amplio
espacio para la inquisitiva imaginación tenochca: ¿estaremos frente al inaudito acontecimiento de un funcionario que,
en un arrebato de honestidad, se va, pero deja los dólares?; ¿será que tendría que haber dejado más?; ¿será que no
los vió?; ¿será que es el único que conoce la combinación y que sus superiores no quieren dinamitar la caja?. La
angustia me corroe. Espero que mis cibercorresponsales tapatíos y muralísticos ilustren mi perplejidad.
Si comenzamos hablando de Guadalajara y sus románticas alfombras de jacarandas, concluyamos esta efusión con el
envío de un consolador mensaje a las Chivas que no ha muchos días fueron convertidos en rayados tapetes de
Temoaya por una aplanadora cementera. Dibodobaditos; es Semana Mayor y les tocó cargar bajo el ardiente sol una
pesada Cruz Azul. Si de algo les sirve, piensen que le fue peor al América (¡ay, poishitos!).
w Yo No Soy
la Tigresa...
Los refranes los van construyendo el tiempo, la memoria y las sintonizadas voces populares. Me imagino que, como
en el caso de los chistes, alguien tiene que haber arrojado la primera piedra, pero ésta tiene que caer en zona
acuática para producir esos ondulantes círculos que se van ampliando en el espacio y en el tiempo hasta constituir un
chisme, un rumor político, un chiste y finalmente inmovilizarse en una conseja, dicho o refrán. Una vez puntualizado
esto, me gustaría suplicarle a la voz popular y al fluyente tiempo que conserven eterna memoria de ese edificante
pasaje de nuestra historia legislativa protagonizado por Irma Serrano (a) la Tigresa; Dionisio Pérez-Jácome (a) el
Nicho y por Félix (¿será Fálix?) Salgado Macedonio (a) el Early Bird. Guerra tropical: Chiapas, Veracruz y Guerrero en
abierta y oratoria pugna. Abrió fuego la Tigresa con su anuncio de que se iba a "madrear" a Pérez-Jácome (luego
pidió disculpas y anunció que iba a votar por Fox que es una simbólica manera de "madrear" al PRI y, dicho esto,
pasó a abandonar el ring). Frente a frente quedaron Salgado Macedonio (que de tanto "mañanero" ya trae ojeras de
mapache; ¿quién le manda?) y Pérez-Jácome (que, en el caso de que el encuentro se hubiera concretado, era mi
favorito por razones de paisanaje). Hasta la fecha todo ha quedado en rispideces verbales; lo que deseo que la
historia salve está constituido por las aladas e inmortales palabras de S. Macedonio: "Yo no soy la Tigresa; yo sí te
madreo." Piensen, compatriotas, en los múltiples usos que puede tener la expresión.
w Envío
Como no tengo mando de tropa, ni contratos con la SEDENA, puedo dedicar estas líneas a mi firme amigo, el General
Enrique Cervantes. Quien no confía en sus amigos, no confía en sí mismo.
Cualquier correspondencia con esta columna con ojos de jacaranda en flor, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(20-Abr-2000).-
Cuando a la vida le da por hacer poesía rimada, ocurren las coincidencias (pruebas hechas en Alemania, así lo han
demostrado). A este respecto, el caso de André Maurois es muy ilustrativo. El nació y murió en Francia y sus días en
este mundo abarcaron de julio de 1885 a octubre de 1967. Vivió quizá con excesiva fama y a su muerte, su obra
padeció de un excesivo olvido. El nombre que la vida le otorgó fue Emile Herzog. Puedo asegurar que no escribió para
mí, pero lo he leído con frecuencia y atención; digamos que ha sido un autor inevitable (cada figura materna que ha
comparecido en mi vida -desde mi madre biológica, hasta Rosario Castellanos- se ha encargado de ponerme a leer a
Maurois). Mediante un hábil golpe de timón, pasemos ahora al vuelo Mexicali-México que realicé hace algunos días.
El azar se encargó de asignarme en la clase turista del avión, un lugar distante del de la Hillary y colindante del de un
señor que estaba magnéticamente concentrado en la lectura de un libro que, así de reojo, se veía viejo sin ser antiguo
y barato sin ser corriente. No era la suya una lectura apresurada o superficial; parecía que estaba descifrando una
estela maya. Nada estimula más mi metichería que el espectáculo de un lector -un cómplice- hipnotizado. En cuanto
se distraiga un momento -pensé- le voy a preguntar qué está leyendo. No hubo modo. Leyó sin pausa desde antes del
despegue, hasta después del aterrizaje, su método era asaz extraño: leía fluidamente 30 renglones y de pronto se
detenía largamente en uno como si éste fuera el secreto nombre de Dios, o una cita en chino mandarín. Mi curiosidad,
ya se imaginarán, era brutal. Cuando fuimos conminados a abandonar la aeronave, ya no resistí más y le dije: usted
ha de pensar que qué me importa, pero es muy posible que muera yo de aerotétanos si no me dice qué libro está
usted leyendo. ¡Ay, don Germán! (la temblorosa ventaja de ser conocido por quien uno no conoce), es una historia
muy complicada: es un libro de un francés (adivinaste, lector, era André Maurois) que mi mujer leía mucho y le
encantaba subrayar las frases que más le gustaban; por eso lo leo, porque, aunque sea a destiempo, quiero averiguar
quién era mi mujer. Este tendría que ser el fin de la historia; pero la historia es muy desatenta con Fukuyama y
conmigo. Días después, me reúno a comer con un queridísimo cuate que tiene la agradecible manía de regalarme
libros personales cercanos a su corazón. Entenderán el vago horror sagrado que experimenté cuando me acercó un
fatigado libro de André Maurois y me dijo: estaba subrayado, pero intenté borrar esos subrayados. Venturosamente
las marcas permanecen. Leo aplicadamente el libro. Pronto sabré quién es mi amigo (conoceré por lo menos, una
porción del mapa de su espíritu).
Así decía Clavillazo (¡ahnonó!) y así digo yo cuando contemplo la santa y flamígera ira del PRI y del PAN ante la
presunta, posible, virtual ilegalidad de Andrés Manuel que, según esto, no puede probar concluyentemente su
pentanual residencia en la ciudad de México. Esto podría ser exclusivamente un problema de López Obrador, pero
resulta que el ataque kamikaze que se están aventando ambos partidos repercute y modifica todo el escenario
(palabra particularmente odiosa) político de nuestro país. Puestos a encamotar el asunto (una de las ciencias
nacionales más avanzadas), resulta que dos de los supuestos beneficiarios directos de la pejeinmolación han
manifestado pública y explícitamente su voluntad de dejar las chicanerías por la paz y de aguardar cívicamente a que
el asunto se decida en las urnas el 2 de julio (no sé si ya se dieron cuenta de que lo que se ha logrado, por oscuros
caminos, es adelantar la elección para Gobernador del DF). Estos dos presuntos beneficiarios son Vicente Fox y
Santiago Creel. Ambos le han pedido al PAN (que, hasta donde entiendo, es el partido que orgullosamente los
postula) que saque las manos de esta equívoca maniobra. ¿No suena raro?; ¿lo hacen por estricta decencia? (es una
posibilidad); ¿lo hacen por elemental olfato político, pues ya se dieron cuenta de que ellos no son necesariamente los
beneficiarios de tan refinada carambola?. Puntualizaré que ninguna pregunta cancela a las otras. Poco vivirá el que no
conozca las respuestas. Como diría el buzo: yo me sumo; yo me sumo a los que le piden al PAN que no se incorpore
a la sordidez que -bien lo sabemos- es el territorio natural del PRI.
Envío
Hoy 19 de abril cumplieron años María Elena Chapa que se está partiendo el regioapellido por el respeto a la dignidad
de la mujer. Mauricio Achar (a) "el Gordo" que, como en Macbeth, hizo caminar a un bosque de libros, también cumple
años. Para ambos son estos renglones, estos subrayados y un abrazo no por virtual, menos sabroso. O sea.
Cualquier correspondencia con esta columna con subrayados secretos, favor de dirigirla a [email protected] o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, D.F
Por
Germán Dehesa
(21-Abr-2000).-
En 1944, mi madre me dió un click y yo navegué galanamente del amniótico universo virtual y aparecí en la inmensa
pantalla del mundo real. En aquellos años 40 y 50 creo recordar que los días y los años venían en más variados y
brillantes colores; el aire, el agua, la tierra y el fuego eran lo que eran y no lo que son ahora. Los días grises eran
escasos y estaban correctamente colocados en el calendario; la luz estaba muy a gusto y las campanas (las de
Catedral, las del recreo, la del señor de la basura, la del carro de bomberos y las del carrito de paletas) organizaban
nuestras horas y tensaban y relajaban nuestras emociones. Era muy divertido vivir. Lo sigue siendo porque ahora el
melancólico recuerdo encarna en este presente vertiginoso y emocionante. Hoy, por ejemplo, con la fundada certeza
de que nadie me va a leer, decido ausentarme por un rato del chaparro presente y huronear en los calendarios de mi
infancia. Al hacerlo, me encuentro con que en aquellos multicolores años había siempre un día negro: el Viernes
Santo. Mi Mater Veneranda pertenecía a la escuela paroxístico-tenebrista y convertía la sagrada fecha en un
ininterrumpido oficio de tinieblas: nadie hablaba más que lo indispensable, todos teníamos que mostrar en el rostro
nuestra infinita pena; las mujeres vestían luto riguroso y los señores ponían cara de estar muy arrepentidos de su
licenciosa vida y musitaban edificantes reflexiones que solían rematar con la original expresión "no somos nada"; toda
actividad era suspendida y la tenebra lo abarcaba todo (como en el PRI). Los más damnificados por este eclipse de
vida éramos los menores que no entendíamos muy bien a qué se debía la tajante interrupción de nuestro natural y
mexicano ímpetu pachanguero, pajarero y gozador; por órdenes de muy arriba no podía yo leer más que la vida de
San Juan Bosco que ya me tenía hasta la cachucha, no podía jugar cuirias, andar en bicla, ni mucho menos ponerme
mi máscara de Blue Demon que era mi tesoro más preciado. La tiniebla total. Lo único que podía yo hacer era
acompañar a mi mamá a alguna oscurecida iglesia que olía a incienso y a sobaquina plus. Yo me asfixiaba y mi mamá
lloraba como si fuera la novia del "Cocinero": ¿por qué lloras, mami? -Porque murió Jesucristo -Pero fue hace mucho -
No importa, murió para que te salves -¿De qué me tengo que salvar? -No entenderías y no me estés molestando. Era
un día difícil, pero de algo habrá servido porque, sin ánimos heréticos, siento que día con día me voy salvando. Por
eso y porque recordar a mi madre que se llamaba Margarita me produce una oscura ternura; por eso -y porque ahora
estas fechas vienen descoloridas o en color gris ozono- en mi memoria aquellos Viernes Santos han quedado como
días dignos de guardar.
Labastida Electrónico
Puesto que ya me receté su comparecencia con Aguilar Camín (asesorado -es un decir- por Jorge Alcocer cuyo charm
televisivo casi iguala al de Raúl Sánchez Carrillo) y su reciente visita al todavía lánguido noticiero de López Dóriga, me
siento con derecho a hacer algunas observaciones: a) Urge, señor candidato, que tenga usted una enérgica plática
con su ortodoncista, pues la Hillary opina que se excedió con la sonrisa Colgate que le colocó. Hágalo para que el
poder sirva a los dientes; b) Un comediante de añeja trayectoria se lo puede decir: no es buena estrategia celebrar los
propios chistes antes de que la clientela acuse recibo; c) Tampoco es eficaz repetir, palabra por palabra, los mismos
argumentos y gracejadas en el mismo ámbito y con escasas 72 horas de diferencia; d) No es muy verosímil jugar el
papel de recién llegado y acusar a un sistema -del cual se ha sido parte por más de 30 años- de los males que el
propio candidato del sistema pretende, o dice que pretende, remediar; e) Tampoco suena muy atinado responderle al
pelado de Fox que lo tilda de "chaparro" (vinculándolo subliminalmente a Salinas), pidiéndole un diálogo "de altura"; f)
Si como dice, las encuestas realmente respetables le dan 10 o más puntos de ventaja, no veo por qué, ni para qué se
afana tanto en su campaña; con una ventaja así, puede dormir tranquilo hasta el 2 de julio. Aquí la dejamos.
Oferta de Temporada
En esta recia columna el dogmatismo no tiene cabida y, por lo mismo, emite la siguiente recomendación: si su
amorosa enjundia es laica y secular: hoy toca; si por alguna respetable y religiosa convicción deciden que mejor hoy
no, se les recomienda que en la noche del sábado al domingo abran la puritita gloria y resuciten. ¿Me entienden o les
mando el manual?
Cualquier correspondencia con esta columna que es de no guardar, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(24-Abr-2000).-
Ya nada es como antes; pero, añadiría Robert Graves, las cosas nunca fueron antes como las recordamos hoy. El
caso es que, hasta donde recuerdo, las Semanas Santas eran una extraña y petrificada isla de quietud y aburrimiento
que nos sorprendía en plena primavera y cancelaba toda forma de acción o movimiento. En Semana Santa nunca
pasaba nada; la vida pública se ponía entre paréntesis y la vida privada era un aburrido péndulo que se movía del
murmullo rezandero a la catatonia. Mi eminente hermana conserva todavía en su antebrazo la minúscula cicatriz que
testimonia, según ella, su heroica defensa de los valores cristianos. Jamás olvidaré la escena: era Jueves Santo y su
Charrito Negro había conseguido, tras meses de ahorro, comprar el envidiado y ambicionado elepé (33 rpm) de Elvis
Presley titulado "King Creole". En la primera canción -¡cómo olvidarlo!- el gran Elvis decía con voz amenazante: "If
you're looking for trouble"... hasta ahí llegué; mi hermanita súbitamente convertida en la versión premoderna de Irma
Serrano se lanzó como enloquecida sobre el tocadiscos marca Garrard y al grito de ¡En Jueves Santo no se oye
música!, retiró el brazo del tocadiscos con tal vehemencia que rayó todo el disco y lo dejó inservible. Sé que no hice
bien, pero he de reconocer que tan artero ataque a las vías generales de comunicación provocó en mí ese demoníaco
sentimiento conocido con el nombre de "enchilamiento"; ciego de ira, tomé lo primero que tuve a mano que resultó ser
un cuchillo de mesa y, lo juro por la estatura de Labastida, le di a la hoy admirable gastroenteróloga un golpe
meramente correctivo en el brazo. Con lo que yo no contaba era con que, por aquel entonces, mi devota hermanita
tenía los brazos como morcillas y una capacidad melodramática muy superior a la de Libertad Lamarque; habrá sido
un levísimo corte de cinco centímetros que sangró profusamente: ¡Maaamaaaá, mi hermano me quiso matar de una
cuchillada porque no cree en Dios!. No saben el pancho que se organizó, e ignoran igualmente la brutal reprimenda de
la que fui objeto. Básteles saber que si mi madre aún viviera, yo todavía seguiría castigado y sin mi disco. Conté esta
historia por dos razones: a) Porque mi méndiga hermana sigue mostrando la cicatriz y sobredramatizando la historia;
ahora cuenta que la ataqué con un machete guerrerense; b) Porque es la única anécdota realmente memorable que
conservo de todas las Semanas Santas que viví en mi infancia y juventud; se trata pues, de la muestra inequívoca de
que en aquellos días no pasaba nada, todo mundo se quedaba quieto, o ya en plan de orgía, visitaba las Siete Casas
o atestiguaba el Lavatorio y ahí moría. Los políticos se aplacaban, Raúl Salinas Lozano no anunciaba el triunfo de
Fox, la Rumorosa no existía, el "Grandote" era chiquito, nadie acusaba a nadie de chaparro y mandilón; Salgado
Macedonio y Pérez Jácome todavía no tenían intimidad entre ellos y Andrés Manuel nadaba tranquilamente en el
Grijalva sin necesidad del apoyo de Creelifox. Dicho más llanamente: esta Semana Santa resultó meneada y
acalambrante; yo estoy muy contento de que hayamos sobrevivido y resucitado en Pascua Florida y, con tal motivo,
me largo una semana de vacaciones con mi disco de Elvis Presley. Desde algún secreto lugar, seguiré informando.
Aquí estuvo tal templo; aquí había un jardín muy hermoso; en este expendio de hamburguesas estuvo la casa donde
nació tal prócer... expresiones comunes en la muy caníbal ciudad de México. Los capitalinos y me temo que los
mexicanos en general tenemos una extraña devoción por el olvido; una maligna obsesión por destruir nuestra
memoria. Hemos destruido desde templos maravillosos, edificios insignes y lugares que algún día fueron vida y gozo
para muchos de nosotros. Tal es el caso del antiguo Parque Delta, luego Parque del Seguro Social y luego nada.
Herido y molesto mi yucabogado me telefoneó: oye, reo (un día con más calma les cuento por qué me dice reo), ¿ya
viste que nos dieron prórroga y que todavía no van a destruir nuestro templo beisbolístico?, tenemos que ir. Fue así
como el de la pluma (Diablo Rojo de toda la vida) se presentó en el Parque del Seguro Social en pleno Viernes Santo
y atestiguó el encuentro entre los Tigres y los Acereros de Monclova. Esto ocurría en el presente; el pasado estaba
pletórico de fantasmas: mi padre que me inculcó el amor al beisbol, Angel Castro, la Muñeca Iturralde, Al Pinkston,
Alfredo Ortiz, el Diablo Montoya, los mañosísimos apostadores, las fragorosas series Tigres-Diablos, el Rápido
Esquivel, el Mago Septién, el Brujo Rossell, Ramón Arano (orgullo de Cosamaloapan) y miles de sucesos y de seres
que ya casi son olvido y polvo. Contra la desmemoria y a favor de esa pasión inteligente que se necesita para el juego
de pelota y para la vida, ahí estuvimos aún a sabiendas de que pronto ya no estaremos. Lectora, lector querido: si ya
resucitaron, ahora toca procurar la felicidad y la memoria (que es otra forma de la felicidad).
Cualquier correspondencia con esta columna gloriosamente resucitada, favor de dirigirla al correo electrónico
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Por
Germán Dehesa
(25-Abr-2000).-
Desde mi apartado retiro con vista al mar, avizoro dos cosas: el inminente "debate "va a ser más aburrido que un
documental sobre los helechos (o que las amortecidas charlas radiofónicas del electrizante Dr. Zedillo) ; adivino
también que, por el tumulto de participantes y por el pleistocénico formato que se le impuso al encuentro, nadie va a
ganar o a perder demasiado. Por supuesto que lo voy a ver (los candidatos se pondrían tristísimos si no lo hiciera) ,
pero espero más de la presencia y de los siderales ojos de Mayte Noriega, que de los estremecimientos que puedan
provocarme Cárdenas, Labastida, Camacho y carismáticos que los acompañan (omaigod!) . Difícilmente se repetirá
un sobresalto como el que provocó la encendida y descontonera verba del Jefe Diego en el debate del 94; me temo
que algo así no volverá a ocurrir (una vez es gracia, dos es leperada; solía decir mi tía la Gorda) . En previsión de
cualquier desafuero, los organizadores (que algo tienen de agentes funerarios) se han encargado de diluír las posibles
tensiones mediante el momi . cador formato de este primer debate y mediante la división del cotejo en dos capítulos;
el que hoy contemplaremos tendrá que ser considerado preliminar y de calentamiento y el segundo (si llega a
realizarse) se vivirá como una suerte de nota de contratapa y así, entre un prólogo y un epílogo nos quedaremos sin
libro (¿dónde quedó la bolita?) .
Si resultan reales las hipótesis aquí planteadas, lectora lector querido, creo que muchas cosas podemos esperar del
debate; muchas, pero entre ellas no esperes emociones estrujantes y quemaduras de tercer grado como las que hubo
en el 94. ¿Qué cosas sí podemos razonablemente esperar de los sincronizados monólogos que oiremos y/o veremos
esta noche?Enumero: 1) Que empiece. Esto puede sonar como una estupidez (probablemente lo sea) pero a todos
nos consta que, desde hace meses, varios candidatos y miles de politólogos, "comunicadores ", "líderes de opinión "y
taxistas ya saben o creen saber qué va a decir cada candidato, qué van a responder los otros, quién va a ganar y
cuánto van a tardar en sanar los damni . cados; 2) Hay que estar muy almejas para ver cómo administra cada
candidato sus 14 minutos (puede proponer, puede agredir, puede defenderse, . ngir demencia, mostrarse, ocultarse,
etc. ) ; me parece que es una buena oportunidad para que algo aprendamos de la capacidad de administración moral
y material de los que pretenden gobernarnos; 3) Será interesante la inclusión o exclusión que haga cada expositor de
sus compañeros de debate, ¿jugarán a "no hay más ruta que la mía ", o se mostrarán dispuestos a aprovechar el
talento de los otros?; 4) En la medida en que lo permita el manejo de cámaras, habrá que estar atento a los lenguajes
no verbales que emitan tanto el que está hablando como los que están escuchando; 5) ¿Quién me está hablando?,
¿con qué palabras me lo está diciendo?, ¿qué me está diciendo?, ¿está hablando a nombre propio, o a nombre de su
partido, o a nombre de nuestro país? mucha información podremos obtener si estamos atentos a estas preguntas y
somos buenos lectores de fondo y forma; de palabras y silencios. En Internet podríamos decir muchas cosas más; en
una gaceta encorsetada por el número de renglones, aquí tenemos que dejar las cosas. Mañana las comentaremos.
. LA UNAM YELNIÑO ELIANCITO Tiene razón Gilberto Rincón Gallardo: si no nos atenemos todos a la ley, no
sobreviviremos como sociedad. Esto lo entienden y lo aceptan los estadounidenses, pero enloquece a los mexicanos.
A ningún ser pensante y sensible le gusta ver a un niño encañonado por un o . cial armado; tampoco nos gusta ver a
los policías cercando la UNAM. En ambos casos un gobierno se desgasta y eventualmente pone en riesgo su futuro
político. En Estados Unidos la prevalencia de la ley fue prioridad y a ella se supeditaron todos los demás intereses. En
el caso de México ya hemos visto los costos generados (más los que se acumulen) por las debilidades, los
destiempos, las "negociaciones "y los trapicheos políticos que aceptan o rechazan la ley de acuerdo a intereses cada
vez menos discernibles. Algo importante está fallando y los medios de comunicación no somos ajenos a esta falla: nos
apresuramos a darle voz y pantalla a los enloquecidos esquizofrénicos "ultras "y bien nos abstenemos de mostrar
cómo, todavía en la mitad del caos, las bibliotecas vuelven a ser visitadas, los laboratorios prosiguen sus tareas y en
las aulas reaparecen alumnos y maestros empecinados en recuperar el tiempo perdido. Yo saludo con entera
solidaridad a esos 300 mil mexicanos que han optado por la legalidad del estudio y que han preferido trabajar en lugar
de . ngir cruci . xiones.
Cualquier correspondencia con esta columna que debate consigo misma, favor de dirigirla al correo electrónico
gdehesa
Por
Germán Dehesa
(26-Abr-2000).-
Debate entre algodones; así lo llamó Manuel Camacho, en alguna de sus escasas intervenciones memorables (la otra
-veneno puro- fue la de la "sorpre- sa" que le tenía a Labastida y que consistió en la pública comprobación de la
capacidad elusiva de Speedy Labastida. Muchos anticiparon un debate sin el menor interés; en ese sentido trabajaron
todos los cerebros que en su preparación colaboraron: desde los que decidieron el mediocre horario (para que si
alguien "importante" perdía no salpicara mucha sangre), hasta los que diseñaron el formato tipo museo de cera con
las cámaras amarradas en una toma fija y excluyente (hubiera sido un maravilloso golpe de efecto que algún
candidato dijera a cuadro: ¡Abran la toma porque mi proyecto es incluyente y quiero que se vean las reacciones de los
otros candidatos!); un permanente y depresivo fondo gris y cada candidato escondiendo el cuerpo tras su respectivo y
amniótico podium. Horas antes del debate, F. Labastida se reunió a jugar tenis con Gamboa Patrón y otros honorables
personajes (me dicen que cesó al 40%); minutos antes, los perros de la acreditada agencia "Lobo" subieron y bajaron
por el WTC buscando algún explosivo o alguna idea profunda: no encontraron nada. Comenzó el debate y yo, a falta
de podium, me parapeté no en la objetividad ni en la seriedad que no están a mi alcance, sino en la mayor
imparcialidad y serenidad que pude conseguir. En tal ánimo puedo afirmar que si bien el debate estuvo muy lejos de
serlo, tuvo muchos ángulos interesantes y reveladores. Digamos algo sobre lo que me pareció el desempeño de cada
uno de los ponentes quasi contendientes: Manuel Camacho es de oratoria difícil, de gesticulación previsible y mucho
más eficiente en el diálogo murmurado que en la oratoria pública; sus intervenciones le ahorraron tiempo y trabajo a
Fox, pues a falta de posibilidades reales de ganar la Presidencia, ya se conformaba con la yugular de Labastida.
Porfirio Muñoz Ledo venía cargando la lépera y oportunista carta abierta del inefable Patrocinio González G. y, para mi
gusto, le puso mucho merengue a su pastel en su esfuerzo por parecer Cicerón o tribuno ilustrado. Cuauhtémoc
Cárdenas apenas destacó en el fondo gris al insistir que el petróleo debe seguir siendo nuestro (pregunta: ¿Pemex es
nuestro, o es de la Quina y de sus borrosos sucesores y de sus entreguistas beneficiarios?) y al subrayar, sin excesivo
apoyo en la realidad, que con su gobierno la ciudad de México había sido arrebatada de las manos de la corrupción; la
verdad, se esperaba de Cárdenas un discurso más bravo, más real y mucho más punzante; gris pintado de gris.
Francisco Labastida llegó sobrado y con la creencia quizá infundada de que él era el protagonista y el dueño de las
propuestas; desperdició el tiempo atacando a Fox y tratando de cubrirse de los enérgicos revires del guanajuatense; si
mañana fuera la elección para la jefatura de su manzana, podría perderla. G. Rincón Gallardo habló con altura, con
humanidad, con inteligencia y nos recordó a todos que sin respeto a los que son minoría y a los que son distintos, no
hay democracia que valga; yo lo quiero mucho y ahora lo quiero más (somos mucho máx que dox y que Fox). Vicente
Fox está que se come la lumbre a puños; le quitó el reflector a Labastida y con lo que dijo y con el modo como lo dijo
acabó con el cuadro (menos con Rincón Gallardo al que, con buen colmillo, le rindió homenaje). En mi ponderada
opinión, tuvimos dos ganadores: un ganador moral, humanista e intelectual: Gilberto Rincón Gallardo y un amplio
ganador político: Vicente Fox.
Me lo Dijo Kissinger
No es fácil la vida para el que decide dedicarse al periodismo. Las aduanas son difíciles, los chayotes abundan y las
oportunidades son escasas. En esas condiciones, es una especie de regalo celestial tener la oportunidad de hacer un
reportaje sobre la visita de Henry Kissinger a México. Ocurrió hace ya muchos años y yo era uno entre las decenas de
periodistas que queríamos oír algo de la boca de tan poderoso caballero. Lo que yo oí (sin grabadora) lo conservo en
mi mente. Kissinger salía de alguna de estas barrocas ceremonias con ocho exquisitos oradores que suele organizar
el Estado Mexicano. Kissinger traía cara de cosmiweb (flojera cósmica) y comentó: ustedes los mexicanos son muy
raros; creen que hacer buena política es hacer discursos bonitos. Aplíquense estas palabras a nuestra situación actual
y por favor, compatriotas, voten por el futuro y no por la oratoria.
El Gran Salto
Adelante
Las autoridades de la UNAM ya consiguieron que las postmodernas divas del CGH nos hagan el inmenso favor de
sentarse a discutir los puntos del pliego petitorio. Ahora sí nos vamos a ir en ráfaga huracanada y para el 2099 habrá
un proyecto de solución. Omaigod!
Cualquier correspondencia con esta columna que no quiere perderse en la grisura, favor de dirigirla al correo
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Gaceta del ángel / Polvos de aquel debate
Por
Germán Dehesa
(27-Abr-2000).-
PALABRAS FRECUENTES: Creo que era suizo y creo que se apellida Friederici (en vacaciones, la Hillary no me deja
traer mis libros de consulta). Este hombre o quien resulte responsable se dedicó a estudiar a los "Cronistas de Indias"
y, cuando todavía no había computadoras, se impuso la tarea de establecer cuáles eran los sustantivos más
frecuentemente usados por aquellos imaginativos y casi siempre prejuiciados relatores de la caudalosa e inabarcable
realidad americana. El resultado, no por previsible, es menos sobresaltante; los tres sustantivos más usados por los
cronistas son: oro, Cristo y sangre. Aunque yo no soy suizo, ni tengo intimidad con la computadora, le tengo cierta
confianza a mi capacidad retentiva y, después de oír y de repasar la copia escrita del semidebate del 25 de abril (día
de San Marcos; día de gallos en palenque) puedo afirmar que las dos palabras más reiteradas por los candidatos en
sus monodiálogos (invento mexicano) fueron: Fobaproa y cambio. Esto en el terreno del discurso real y polémico; en
lo referente a las propuestas virtuales y/o utópicas, dos conceptos reiterados fueron "la mujer" que, salvo en el caso
de Rincón Gallardo que le concedió pleno nombre y entera realidad, fue nombrada como una especie de etnia
alienígena que comienza a aterrizar en México (¡háganme el C. favor!) y a la cual, sin decirlo tan obviamente, se le
puede conferir las nobles tareas de darle una alzadita al país, pasar la aspiradora y ayudarla a tramitar su permiso de
existencia y su visa de humanidad. La otra utopía verbal que compareció fue "la nueva Constitución" que de hecho ya
existe, pues entre aquel documento que se elaboró en Querétaro en 1917 y esta colcha de abuelita (retazos y retazos)
que tenemos ahora no hay muchas semejanzas. Si me permiten decir, creo que los mexicanos antes de darnos
nuevas leyes, necesitamos asumir una nueva actitud frente a la ley; pero una cosa no cancelaría la otra.
VOCES POPULARES: El actual reto de Vicente Fox es el de evolucionar como Pokémon y aparecer como un
estadista con capacidad de mando y gobierno, sin perder sus primeros atributos de Pedro Infante postmoderno. En el
terreno de lo verbal lo está logrando con enorme astucia. Cita cifras, propone alianzas y de pasadita le comenta a
Labastida "hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre"; recupera el casimir y la corbata, se maneja
con pulcritud gramatical y de pronto suelta otro descontón, éste sí directo a la mandíbula: a mí se me podrá quitar lo
majadero, pero a ustedes no se les quitará nunca lo corrupto (¡zácatelas!, gritó la nación entera). Curiosa mezcla entre
Lawrence Olivier y Javier Solís.
La Eme con la A
Para estar de vacaciones, ando muy revolucionado; cuando no estoy haciendo encuestas banqueteras sobre el
debate, me estoy autoencuestando (un 20% de mi ser no sabe, no opina, no contestó), o, lo que es más laborioso, le
estoy enseñando a leer y a escribir al Capitán Bucle que ya experimenta la urgencia de lanzar sus primeros
comunicados desde algún lugar de la costa. Es un trabajo arduo y emocionante; es también pagar una vieja deuda
con mi padre que tantas tardes dedicó a enseñarme las letras que nombran (o aluden) al mundo. Un segundo efecto
de la pedagógica labor es comunicarle mi convicción de que la única fuente legítima de prosperidad es el trabajo. Los
juguetes que desea ya no se cotizan en dinero, sino en planas de escritura que realiza con esmero y con la inusitada
alegría del que sabe que no va a recibir una dádiva, sino un pago justo (creo que por aquí comienza la libertad). Hace
un rato, el pequeño filibustero realizó una muy legible plana con la eme, con la a y con la palabra mamá; vendrá luego
un clásico: mi mamá me mima, proseguiremos con mi mamá me ama y yo espero que en próximas fechas pueda
escribir: mi papá y la vida también me aman. Santo y bueno.
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Por
Germán Dehesa
(28-Abr-2000).-
"EL LEGADO DE COLOSIO": Sin detrimento del buen recuerdo que de él guardan sus amigos, me parece que
Labastida, en su verbosa restauración del mito Colosio, está utilizando para verse más alto un banquito político-
emocional bastante frágil y peligroso. Yo no sé (nadie puede saber) qué tanto y qué tan a fondo hubiera renovado y
transformado el sistema Luis Donaldo de haber llegado a la Presidencia; lo que sí sabemos es que en vida, lejos de
mostrarse crítico y opositor al proyecto salinista, fue una pieza útil para éste. Si así son las cosas, en verdad no
entiendo muy bien qué quiso decir Labastida en el debate cuando habló de "recuperar el legado de Colosio". A mi
juicio, no hay mucho que recuperar: un discurso moderadamente crítico muy en la tradición del candidato que
comienza a marcar distancias con el que, por una parte, es su creador; pero que, por la otra, es ya el mandatario
saliente. Este sobrevaluado texto y una muerte injusta, impune y atroz constituyen a mi juicio el legado de Colosio que
así visto, no da para mucho, ni sirve para crear los nuevos modos de gobierno que en el 2000 necesitamos los
mexicanos. Ya puestos en esto y ateniéndome estrictamente a la vida pública, no puedo dejar de preguntarme: ¿por
qué el padre de Luis Donaldo permite que lo utilice como mera figura emblemática un sistema que no ha querido y/o
no ha podido paliar con un mínimo de justicia y claridad la experiencia más dolorosa y más oscura que puede vivir un
padre?
¿QUIEN GANO?: Amalia dice que Cuauhtémoc; la PISOAPO (Pitufa Sociedad de Amigos de los Pokémones) dice
que Labastida; todas las encuestas importantes dicen que Fox; yo (que no soy encuesta importante) ya dije que
ganaron Rincón Gallardo y Fox, pero añado que resulte quien resulte electo el 2 de julio, el verdadero triunfo o la triste
derrota dependerán de la elección que hagamos los ciudadanos entre seguir dejando nuestro diario destino en manos
de unos cuantos, o volvernos parte activa del gobierno. Creo que en esto reside que gane o pierda México.
Chocolate Batido
Y que se enoja Zedillo y se tupe a los Diputados de la oposición que autorizaron la legalización de los transportes
chocolates. ¡Demagogos! les dijo el ya crepuscular inquilino de Los Pinos. No deja de tener razón el Presidente,
porque la jugada es de muchas bandas y trae detonantes diferidos. Veamos: la iniciativa de los Diputados
"demagogos" pasará al Senado y ahí me permito suponer que la detendrá la recia defensiva priísta; lo malo es que si
lo hace, esto tendrá costos político-electorales considerables; si en un rapto de locura, el Senado aprueba la iniciativa,
la bronca con los que fabrican, venden y compramos transportes legales también tendrá costos elevados. O sea que,
serán muy demagogos, pero ya le metieron al PRI-gobierno un gol de alto grado de dificultad. En el aire se quedan
algunas cuestiones que algo tienen que ver con este nudo ciego: ¿cómo llegaron a México los famosos chocolates?
(si me responden que de uno en uno, los agarro a cachetadas); ¿se ha hecho una investigación a fondo para ver si
por una extrañísima casualidad, algún funcionario o funcionarios del partido no demagógico está metido en la industria
chocolatera?; la demagogia es horrible y nociva, pero, a seis años de distancia, ¿los mexicanos hemos escuchado
propuestas más demagógicas que aquéllas que decían "yo voto por la paz" o "bienestar para tu familia"?; para
rematar de media chilena: ¿por qué resulta tan escandalosa la diferencia entre el precio de un transporte adquirido
aquí y otro similar adquirido en el terreno de nuestros socios, amigos y benefactores estadounidenses?. Una vez más,
topamos con LA LEY que, para aplicarse, necesita procuración que a su vez, necesita investigación que sólo puede
cumplirse con información. Mientras todo esto no se cumpla, nadie estará a salvo de la demagogia. Por lo pronto, lo
único claro es que hoy toca.
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Germán Dehesa
(01-May-2000).-
Amiguitos, ya están de regreso Hank Vader, Chewbacca Albores, el Jedi Alcaine y todos los archivillanos que, durante
tantas décadas, han hecho las delicias de chicos y grandes. No fue fácil ni gratuito tramitar su regreso a la pantalla
grande. Si han regresado es para cumplir la difícil misión de contrarrestar el ataque comandado por Obi-Guan-a-juato
que se ha convertido en una seria amenaza contra el imperio de las Tinieblas. La acción ocurre en el año 2000 en una
república tradicionalmente sumisa al Imperio; todo habría seguido así, pero en el monte de Chi mataron a Ri, vino Fox
y dijo ¡ya!. El grito se extendió por toda la comarca (¡yayayayá!) y en menos de lo que México (o el Atlas) se tarda en
fallar un penalty, la rebeldía se había generalizado. Era un momento de particular debilidad para el Imperio que fue
sorprendido en pleno proceso de cambio del viejo Imperio al nuevo Imperio que iba a ser igualito al viejo, pero con
Web y más cerca de ti. Según lo planeado, este cambio llevaría varios siglos (tampoco eran enchiladas), pero vinieron
los alzados y el aspirante al trono, el debatido Labastida, que estaba claramente posicionado como el más viejo de los
nuevos, decidió modificar la estrategia y dejar los cambios para mejores tiempos. Claramente lo dijo: con una buena
ajustadita, el viejo todavía puede dar excelente servicio, porque el nuevo todavía está "en gestación" y se puede
malograr si lo sacamos tan tiernito. Así pues, el discutido aspirante tomó su celular con gesto enérgico y después de
quince llamadas interrumpidas y tres absurdas comunicaciones a la taquería "La Reina de los Alamos", logró hacer
contacto con un secretísimo lugar llamado "El Club de Gobernadores" (los domingos rica pancita) y así dijo con firme
voz: ¿no está Madrazo?... ¿no?...¡qué bueno!; oye, chaparrito, convócame a todos porque nos están jalando la cobija
gacho; así es, mi buen; tú diles que o nos vamos todos a la ofensiva o no calificamos para la olimpíada de julio; tú así
diles; es un mensaje en clave, güey; los necesito a todos; sí, también a los que ya están en formol; sáquenlos, dénles
su oreadita, les pones Aqua Velva y me los mandas; quiero que vayan organizando dos que tres agrupaciones de
nombre cachetón; sí, haz de cuenta la PLAPAPA, Plataforma de Patriotas Paleozoicos o alguna otra xalada que se les
ocurra; lo importante es que hagan actos de masas -yo pongo los Boings, las tortas de galantina y un toleco por
piocha- y que publiquen desplegados pero diamóders; los abajo firmantes los sacan del directorio, o del censo, o del
obituario; díle al babas de Albores que ya no hable por teléfono; sí, pero es para hoy; una mujer se me acercó y me
dijo: Pancho, te traen como perico a toallazos y yo no le puedo fallar a esa mujer.
He aquí la historia exclusiva del por qué y del cómo estamos asistiendo al retorno de las momias (y probablemente de
la violencia y de las súbitas "guerrillas"). El Imperio contraataca.
El Ciberbucles
Día del Niño: una más de las fechas no autorizadas por el Club de Scrooge; para el caso que nos hacen, da igual. El
Bucles amaneció pimpante y recibió de manos de su irresponsable madre una cajota de cartón retacada de esos
letales dulces tenochcas (chupifritos aciditos, power-chamoys explosivos y muchas delicias más) y así le dijo al
sonriente minitruhán: éste es un regalo de mami y de papi (¡sácate!, dije yo en voz baja) pero no es para que te los
comas todos en un día. Claro que no, mamita linda (me los voy a zampar en una hora, pensó); y tú, papito, me dijo sin
dejar de abrazar su cajota, como es día del niño me vas a acompañar a jugar con un sidirrom interactivo padrísimo
que tengo. Si la infeliz criatura supiera que los conocimientos cibernéticos de su padre son similares a los del Hombre
de Tepexpan. Sufrí lo indecible. El méndigo chaparro mandilón me rebasa ampliamente en la hermética ciencia de la
computación. Me salvé gracias a mis indudables dotes de improvisación verbal e imaginativa. Papito: ¿por qué no me
obedece el mouse?. Pausa larga. Esteee, yo creo que nos falta un módem de más gigawatts y un disco duro de
Magneto y Café Tacuba, mijito. Ah, y ¿cómo le hago para que se ponga todo verde?...Esteee, de poderse, sí se
puede; pero es mejor no intentarlo porque se puentean los microchips y podemos explotar con horrísono estruendo.
Ah ¿y qué es horrísono? (ya lo tenía yo en mis terrenos). Lo que suena horrible, mijito. Ah ¿y por qué con mi amigo
Toño no pasa nada de lo que tú dices?. Mira escuincle cabresto: porque Toño y la mamá de Toño y tú mismo son
alienígenas y te propongo que mejor juguemos guerras de agua, porque no estás preparado para usar estos aparatos.
¡Sale! dijo el Bucles y aquí me tienen jugando guerras de agua y celebrando el Día del Niño. Dehesa sufre.
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Por
Germán Dehesa
(02-May-2000).-
No ha sido un día fácil. Es una respetabilísima tradición mexicana ésta de que nadie quiera trabajar el 1¦ de mayo.
Según mis encuestas banqueteras, el 92% de los mexicanos no tan sólo se atuvo a la noble tradición, sino que han
decidido aprovechar la oportunidad histórica y aventarse un megapuente del día 1¦ que cayó en lunes al día 5 que
caerá en viernes (si son madres y/o maestros, se abre todo un océano de posibilidades). Volvamos a la encuesta: 5%
de los interrogados prefirieron no responder, o desconectaron el teléfono, o mandaron decir que estaban en la web.
Sólo el 3% fuímos tan zopencos como para pretender laborar en una fecha secularmente consagrada al trabajo. Con
esa intención tan subversiva, nos levantamos a buena hora, tomamos un desayuno ligero y le dimos un vistazo a la
primera plana del periódico. Ahí comenzó el desasosiego: con motivo del día del niño, Labastida fue a Tabasco a
tomarse una foto en la amistosa y benevolente compañía de Robertico Madrazo y Manuel Andrade (100 kilos de rock
y de PRI); cada uno le levanta un brazo a Labastida, aunque el pie de foto no aclara si es con intención de arrojarlo al
Grijalva, o de, eventualmente, declararlo vencedor; el institucional coro encabezado por la considerable Dulce María
Sauri aplaude y sonríe como si fuera la inauguración de Six Flags y en la gran familia todo es dicha y avenimiento
(conste que lo advertí: el Imperio contraataca); en la foto no aparece Arturo Núñez, pero no es difícil deducir que su
delicadísima encomienda como jefe de relaciones intergalácticas, utópicas y no verbales, absorba todo su tiempo.
Enigmática fotografía ¡vive Dios!, decía yo para mis adentros, mientras, viva aún la voluntad de trabajar, hacía mis
abluciones matutinas y cantaba con levantada voz "Seré tu amante bandido". Salí a la calle y no había nadie; llegué
temprano a todas partes; y de todos aquéllos que hace unos días me dijeron que les "urgía" hablar conmigo no
encontré a ninguno. Al momento de redactar estas líneas, sólo puedo decir que me consta que hay cuatro capitalinos
trabajando: la Rubia Misteriosa, Carmen Aristegui, su Charro Negro y mi cuñado virtual Leonardo Rodríguez Alcaine
que se levantó tempranito, se puso su traje de lámina galvanizada, las indescriptibles camisa y corbata; se trasladó al
Zócalo en humilde carruaje y se aventó una declaración todavía más enigmática que la fotografía ya comentada: la
CTM estará con Zedillo hasta el último día de su mandato y ya después se pondrá a las órdenes del candidato que
resulte triunfador (aún en la lealtad aplican restricciones). En la total perplejidad, aventuro algunas preguntas: ¿no
querrán, no podrán, no merecerán los obreros de México organizarse de manera más digna y con representantes
menos marrulleros, menos pillos, menos serviles y más a la altura de sus derechos amenazados como nunca?; ¿no
sería interesante contemplar la posibilidad de trabajar en el día del trabajo?; ¿no podrían los jugadores del Atlas
ponerse a practicar tiros penales?.
Donación de Organos
Desde una perspectiva civil y secular, donar total o parcialmente nuestro perecible cuerpo me parece una exquisita
forma del amor y un misterioso modo de la inmortalidad; desde un horizonte religioso y caritativo, encuentro todavía
más justificaciones para esta forma extrema de la dádiva y de la compasión. Me cuesta trabajo entender los infinitos
reparos de los que se oponen a la donación y aprovechamiento de sus órganos; sus argumentos serían válidos para
Yamaha Inc., para Casa Veerkamp y para la Catedral de Puebla (que tiene ñcomo tantos señores- un órgano enorme,
pero descompuesto); para los mortales comunes, tales argumentos me crean la imagen del narcisismo, de la
estupidez y del prejuicio. Desde aquí y desde ahora, me comprometo a donar lo que de mí quede de útil o de
aprovechable. El problema es que, al paso que voy, no va a quedar mucho; pero si alguna de mis orejas, o algo de mi
memoria resulta reciclable, se lo regalo con todo amor a los que vienen llegando. Si esto se cumple, podré decir como
Gutiérrez Nájera: "No moriré del todo, amiga mía."
Circo en el Zócalo
Nunca faltan las buenas conciencias dispuestas a tirarse al piso y a desgarrarse las vestiduras adquiridas en
¡Eeecalli!. Ahora se sienten personalmente agraviadas porque en el Zócalo, con motivo del día del niño, instalaron un
circo. A mí me parece un perfecto encanto que nuestra Plaza Mayor, bajo el gobierno del PRD, haya recuperado su
vocación de lugar de encuentro y de jolgorio. En verdad, no creo que los "símbolos patrios" corran peligro; si ya
aguantaron los desfiles de borregos y los balconeros discursos presidenciales, pueden aguantar cualquier otro circo.
¿No podríamos invertir nuestra patriótica ira en algo más relevante?.
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Germán Dehesa
(03-May-2000).-
"Oídlo, soberanos y vasallos; próceres y mendigos: todavía no tengo la más pinacatera idea sobre mi intención de
voto. Por lo pronto, me conformo con tener alguna noción clara acerca de por quién, o por quiénes no voy a votar.
Puesto que para decidir el uso que le voy a dar a mi boleta electoral todavía me quedan sesenta días, me conformo
sereno y tranquilo con mi actual situación y resisto sin demasiada merma las encuestas, los debates y los terrorismos
del évoto útilé. Creo percibir que todos los que aquí somos nos encontramos en el difícil y pospuesto aprendizaje de la
democracia que requiere, entre tantas otras cosas, de pensar y decidir (y repensar y equivocarnos) por nuestra cuenta
y no con cargo a nuestras inercias, ni a fobias y prejuicios heredados, o contagiados por vía electrónica. Creo que de
lo que se trata es de encontrar la mejor y más justa forma para que todos los mexicanos convivamos, nos respetemos
y podamos ser. Si alguien comparte mi punto de vista, entenderá que, hasta el momento, muy poco nos han permitido
saber los candidatos acerca de ese proyecto de convivencia, pues le han dedicado demasiado tiempo a la injuria, a la
descalificación, a exhibir encuestas (que, gracias a los mexicanos, ya son consideradas un subgénero de la ciencia
ficción) y a avisarnos que ellos y sólo ellos son la salvación de la patria. Nada de esto me ofende; entiendo que así es
la mercadotecnia; pero me consta que antes de ellos, México ya era y que, después de ellos, seguiremos siendo. Veo
el panorama y me propongo votar por el que menos le estorbe al país y por el que me ofrezca mejores propuestas
para la recuperación de la legalidad perdida. Importante y todo, es un episodio más de nuestra complicada historia.
Para decidir en qué va a topar, todavía tenemos sesenta días; así es que ¿cuál es la prisa?; el calambre es para los
candidatos, no para nosotros que ya tendremos seis años para acalambrarnos. Como dicen los oficiantes del dominó:
espérenme tantito, porque esta jugada salió de pensar. Bueno, pues pensemos.
Supongamos que yo fuera un capo (o capote) del narco. Pregunta: ¿me interesaría actuar en el mayor sigilo,
mantenerme inadvertido y no hacer olas; o me dedicaría a ejecutar judiciales, a encajuelar individuos y a ametrallar al
que me mirara feo?. Si yo fuera un capo discreto optaría por lo que ahora llaman éel bajo perfilé y sólo en caso
extremo me adueñaría de los horarios estelares y de las ocho columnas. Pregunta: ¿cuáles serían estos écasos
extremosé?. Respuestas posibles: a) Disputa territorial con otro cártel; b) Guerra declarada contra un sistema que, por
un lado, acepta mis dólares y por otro, me persigue; c) Solicitud expresa de algún jumbonarcofuncionario que, con
miras al 2 de julio, quiere crear un clima de pánico y amedrentamiento que garantice triplemente la existencia del
cártel, del sistema y de su rentable complicidad. El que pueda escoger la hipótesis correcta recibirá una sorpresa.
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Por
Germán Dehesa
(04-May-2000).-
En vista del indiscutido triunfo de los catrachos Fox y Rincón Gallardo sobre el poderoso TRI en el último debate
eliminatorio, paletas Tootsie-pop anuncia: cambios en la alineación; salen (pero no mucho) Moctezuma y el juvenil
Gamboa; entran (pero no tanto) dos recios y agresivos defensas centrales: Manuel Bartlett (todavía no acaba de
entrar y ya se le barrió con todo al delantero Fox) y Jesús Murillo Karam que dejó honda huella a su paso por el
Pachuca y en su federal desempeño con los esquivadores de Gobernación; como medio de contención, carrilero,
extremo mentiroso, enlace chocolate y lo que se vaya ofreciendo, ha entrado Humberto "el Señitas" Roque, un jugador
que ya pensaba en el retiro (es el Benjamín Galindo de la política) pero que está dispuesto a poner su toque
privilegiado al servicio del TRI. Si a estas novedosas reapariciones le añadimos la ya cumplida contratación de Carlos
"el Atlacomulco" Hank, Roberto "el Severo" Madrazo y de todos los gobernadores de fuerzas básicas; no es difícil
deducir que para este tramo final del partido, los tricolores saldrán con una actitud netamente ofensiva y en la
aguerrida disposición de poner la pierna (la prierna) fuerte. La fanaticada espera impaciente la reacción del equipo
azul (que también se está reforzando, pero con jugadores más bien cascareros) frente a esta nueva alineación Sub-80
que, como dijo recientemente su abanderado, me recuerda al viejo PRI.
¡Maldito Dinero!
¿Recuerdan aquellas doradas épocas de la total ausencia de rendición de cuentas con respecto al uso de los dineros
públicos? las divisas, los cheques, las concesiones, las partidas torcían su destino sin problema alguno y tal o cual
dinero destinado originalmente a obras de bacheo (por decir algo) desaparecía de su lugar original y reaparecía en la
tejana o europea cuenta personal de algún funcionario, o se destinaba a la compra de cachuchas y otros patrióticos
gastos del partido en el poder. Lejos estoy de pensar que esto ya se acabó; lo que sí podemos afirmar es que se ha
vuelto más difícil y más riesgoso. Ahí tienen el caso del PRI en Nuevo León y el no menos intrigante asunto de la
Alcaldía de Zapopan, Jalisco que cada día se parece más a la Femexfut. Desde 1995, esta conflictiva Alcaldía ha
estado gobernada por el PAN y ha tenido cinco Alcaldes. El último titular, don Cornelio Ramírez Acuña dejó a un
suplente porque pretendía la nominación como candidato a la gubernatura. Mientras él andaba en esas danzas (de los
viejitos), el suplente aceptó la realización de una auditoría que, como primeros resultados, descubrió la existencia de
una misteriosa caja fuerte cargada de dólares y de un buen número de recibos por "compensaciones" presuntamente
alterados (no traen la firma de Donizete, pero casi). Frustradas sus ansias gobernadoras, don Cornelio anunció que
regresaba a Zapopan y que regresaba "como un león" (de hecho, ahora le tendrían que decir don Corleone) y lo
cumplió: ya le aventó la bronca jurídica a todos los Alcaldes (incluído el de Toronto) y a los Legisladores que le
metieron el gol de la auditoría. No me parece una buena estrategia, pues casi implica el reconocimiento tácito de una
culpabilidad. Y todo por el maldito dinero.
Realmente opinan muchas cosas. Doy dos ejemplos extremos: un ciberiracundo lector presumiblemente regiomontano
(se apellida Garza) me pregunta (supongo que a partir del artículo titulado "El imperio contraataca") si es que yo creo
que el pueblo de México sólo entiende cuentos estúpidos, o qué. Respondo dos cosas: a) tengo un buen amor y un
mejor respeto por mi pueblo, pero no descarto la posibilidad de que, entre sus múltiples etnias, alguna habrá que sólo
entienda "cuentos estúpidos", pero reconozco que no soy experto en la materia; creo que en las abigarradas filas del
viejo PRI podría encontrar una mejor y más probada respuesta a su curiosidad; b) con respecto a la opción "¿o qué?"
la suscribo totalmente, pues en ella caben, por nombrar a alguien, personas como Ma. Dolores e Ignacio que me
acaban de enviar una carta que manifiesta su indignación ante un incendio forestal que atestiguaron en una fallida
excursión al Nevado de Toluca; de mil modos y por mil caminos trataron de reportar esa destrucción que crecía por
minutos; desperdiciaron su tiempo y su angustia; nada lograron (aunque luego se enteraron por TV que ese incendio
que ellos vieron extenderse había sido "combatido oportunamente"). Me interesó particularmente esta carta, porque
no se trata de un simple desahogo a favor de la buena conciencia, sino que plantea la inaplazable y doble necesidad
que hoy tiene México: una ciudadanía lúcida, participativa y demandante y un sistema de gobierno que atienda con
eficacia y prontitud estas demandas que tienen el respetable aval de nuestro bienestar presente y futuro. Al señor
Garza se le envía un cordial saludo y el honorífico nombramiento de Señora Potosina II (¿o qué?) y a Ma. Dolores e
Ignacio un solidario y fogoso abrazo.
Cualquier correspondencia con esta columna reforzada e incluyente, favor de dirigirla a [email protected] o al
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Por
Germán Dehesa
(05-May-2000).-
"Trabaja, niño, sin cesar trabaja/ que la frente honrada que en sudor se moja/ jamás ante otra frente se sonroja,/ ni se
inclina servil a quien la ultraja." Así me recitaba (y me recetaba) aquella Margarita que tuvo el discutible honor de
traerme a este mundo; que vivió en la improbable convicción de que era una cimera recitadora y que actualmente está
en el cielo y se asoma a verme torear. Lo peor de todo este asunto es que los poco defendibles versos que acabo de
citar quedaron pirograbados en mi alma y en mi voluntad. Desde que me acuerdo estoy trabajando (del latín: tripaliare,
torturar -omaigod!) y sin embargo, bien me guardo de adjudicarme el título de "trabajador", pues en nuestro idioma, tal
vocablo nombra a esos millones de seres que, bien o mal, ejercen un oficio y sólo obtienen un magro y perecible
beneficio. No sin disturbios importantes, en muchos lugares del mundo, el lunes de esta semana fue recordada, casi
anecdótica y simbólicamente, la importancia de lo que día y noche hacen los trabajadores para mantener funcionando
a nuestro mundo y para mantener a una multitud de zánganos, rentistas, vividores, especuladores, ciberintelectuales,
artistas becados y abajo firmantes, "chistosos" y funcionarios caudalosamente ineptos. Insisto: en esos términos, yo
no soy "trabajador", ni entiendo muy bien en qué consiste esto de ser "trabajador de la cultura" (¿será que la cultura
resulta trabajosa?); los que me han provocado una triste perplejidad son los datos publicados este primero de mayo
que me informan que si un trabajador (sin adjetivos) quiere adquirir cada semana una "canasta básica", tiene que
trabajar en esa semana 120 horas. Si tienen una calculadora a mano, pueden dividir esta cantidad entre cinco
(semana inglesa) y descubrirán que un obrero mexicano tendría que laborar 24 horas diarias, cantidad que para las
maquiladoras y trasnacionales empresas mexicanas, resultaría apenas satisfactoria. Si Rodríguez Alcaine (¡oh,
cuñado!) no estuviera demasiado ocupado con su teñidor de pelo (que, sin ánimo de ofender, está abusando del azul
pitufo y panista) podríamos ofrecerle a los obreros una posibilidad menos extenuante: siete días de trabajo (semana
turca) con jornadas de 17.142 horas de faena. Suena ideal. Los obreros tendrían su canastota básica y la friolera de 6
horas con 40 minutos para dormir, aprender inglés y computación, cumplir con el mañanero, hacer aerobics, ver el fut,
contarle a sus hijos historias de la Revolución y presentarse puntualmente a las marchas que organice la CTM. Este
es el paraíso que con 70 años de denodados esfuerzos hemos construido para los trabajadores de México. Realmente
el esfuerzo ha valido la pena. Y que conste que, si los comparamos con los campesinos (que han optado por
ausentarse para que los venadeen en Arizona), los obreros están en el puritito edén. Trabaja, niño, sin cesar trabaja.
Ahora Mando Yo
Artículo transitorio: todos los que pública o íntimamente proclamen que las declaraciones de Labastida son oportunas,
contundentes, favorables y no botaneables serán perseguidos por los delitos de calumnia, difamación, peligrosidad
social y estupro gramatical. ¡Ahora mando yo! dicen los periódicos que dijo Labastida, aunque no aclararon si el
dictamen era de aplicación doméstica, partidista, nacional o galáctica. Por el contexto, alcanzo a deducir que se refiere
a su campaña y que incluye a los valores juveniles que acaba de incorporar a su épica lucha por treparse a Los Pinos.
Supongamos que es así y, a partir de la quemante declaración, hagamos NPF (nomás por fregar) algunas preguntas:
¿quién mandaba antes?; ¿en horas y en minutos qué tanto va a durar ese "ahora"?; ¿acaso será eterno, o durará
hasta que algún otro candidato lo permita?; ¿ya le avisó a Hank, a Madrazo, a Roque, a Bartlett, a Gamboa, a Murillo
Karam (siguen firmas) que ahora es usted el que manda?; ¿no se rieron?; ¿no le avisaron que el viejo y aventurero
PRI vende caro su amor?; ¿cómo va el proceso de "gestación" del nuevo PRI? (me parece prudente hacer un
ultrasonido para averiguar si no se trata de un embarazo psicológico, o si la criatura viene cucha). Poco vivirá el que
no averigüe los provechos y los daños que se deriven de la enérgica declaración: ¡ahora mando yo! (bueno).
Envío
Hoy cumple años mi ahijado que se apellida Basave; mi amor atraviesa el Atlántico y lo abraza. Mi cuate JAPS está en
los mismos trances y merece igual tratamiento. Tú, lectora lector querido, no sé qué cumplirán, pero igual los abrazo y
les envío un atento recordatorio: hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna que prefiere no desfilar, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, DF.
Germán Dehesa
(08-May-2000).-
Domingo 7 de mayo; 7:45 AM. Es muy posible que este artículo resulte un mero escurrimiento de la desmañanada
exasperación. Quizá el señor Garza (a) "El Potosino" lo ignore, pero yo suelo dormirme entre 3 y 4 de la mañana y,
por lo mismo, despertarme antes de las nueve de la mañana no me es posible, ni deseable. Tengo comprobado que si
por obra de un extraño enemigo, me levanto antes, lo que me espera es una jornada sonámbula y con el cerebro en
pausa o en "delete" todo él lleno de virus I Love You. Respeto mucho a los amantes del amanecer; he visto varias
fotografías de amaneceres muy llamativas, pero la afirmación de que "al que madruga Dios lo ayuda" me parece, por
lo menos, discutible. De hecho, a mí no me ayuda nada madrugar; me deteriora gravemente. Imagina ahora, lectora
lector querido, lo que puede ocurrir en mi delicado organismo si en una semana escasa tengo que madrugar no uno,
sino tres días. El tercero es hoy domingo y me siento peor y más amenazado que Cuauhtémoc Blanco y Esteban
Moctezuma juntos. Un sediciente "amigo" dio en la absurda idea de que el domingo a las 8 de la mañana, en Tlalpan
eran la hora y el lugar ideales para que su inocente hija hiciera la Primera Comunión (ahora que sea la confirmación
del Bucles, la voy a hacer en Cuautla a las 5 de la mañana y lo voy a invitar de Padrino). Aikir, dijo la Hillary cuya
tenacidad es deliciosa. Al Bucles le pusieron corbata y lo peinaron como Pikachú que es un Pokémon muy
evolucionado; yo voy de Tortuga Ninja y los dos vamos mentando madres; la Hillary en cambio, viene bella, dorada y
fresquecita como salsifí. Con tal de despertar (ya una vez me ocurrió esto de dormirme en una ceremonia religiosa e
irme de bruces sobre las veladoras) vengo hojeando periódicos y tratando de enterarme del estado que guardan los
asuntos de la Nación. Por dos días seguidos, la capitalina Plaza de la Constitución (a) "El Zócalo" ha sido el ámbito
central de la vida mexicana. El viernes, Andrés Manuel, el PRD y C. Cárdenas (en ese orden) pintaron esa plaza de
tumultuoso y brioso amarillo. El sábado le tocó a la grey católica manifestar su fervor en ese mismo espacio. No deja
de ser un tema de reflexión esta doble y pacífica toma del corazón del país por cuenta de las fuerzas civiles y de las
huestes religiosas. Creo que es, por una parte, señal de tolerancia y democracia; pero también nos puede avisar de la
tensión de esas fuerzas que por tantos siglos han polarizado a este país. Cualquier ayuda para leer con corrección
esta llama doble será bienvenida.
Ya vamos llegando a Tlalpan. El patio y la Capilla del Convento son dos obras maestras de Barragán. Unos cuantos
desmañanados nos miramos con mutua compasión. La niña de la fiesta ha escogido como madrina a su nana de
hermosos rasgos mesoamericanos y pidió decir el primer párrafo de "Me encanta Dios" de Sabines en calidad de
oración. Oficiando la misa está Alberto Athié, buen sacerdote y entrañable amigo. Pidamos por Chiapas y por México
nos dice con su voz grave y conciliadora. Pidamos. Con todo y todo, fue bueno madrugar. Ya desperté. Dios me
ayuda porque es un viejo magnífico que no se toma en serio.
Y ellas (felizmente) no son como La Tigresa; ellas sí nos madrean. Año con año experimento el mismo terror y el
mismo desacomodo espiritual conforme se acerca el 10 de mayo. Alguien dirá que mi problema es la carencia de
materia celebrable. Craso error. Cuando mi mamuchis pululaba como cracker-hacker por la pantalla de este mundo,
yo me sentía todavía peor. No es que no la quisiera; más simplemente: la quería casi todos los días (en otros, nos
detestamos cordialmente) , pero nunca estuvo a mi alcance esto de darle todo mi amor en un sólo pago anual
convertido en aparato electrodoméstico. Sé que no me van a hacer caso; la Hillary me informa que por Perisur
avanzan las hordas ultraedípicas que le quieren dar a su jefecita adorada un práctico microondas, o un tratamiento
completo de "Nariz bella en cinco minutos" (quedan como Miss Piggy); insisto: no me van a pelar, pero a nombre del
Club de Scrooge les aviso que si quieren que el poder sirva a las madres, lo mejor que pueden hacer es ahorrarles el
nefasto y momificador agasajo. Déjenlas en paz; si ellas no han encontrado cómo celebrarse; será en vano
obsequiarles una olla express de la acreditada marca "Presto". Es mi firme convicción que el 10 de mayo las únicas
que gozan son las virtuales mamacitas de los comerciantes. Ellas los amaron antes de conocerlos y sólo antes de
conocerlos. Dicho esto: el bohemio calló (y cayó).
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(09-May-2000).-
Cosa rara en México: el asunto de la postulación de Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Jefatura de
Gobierno del DF ya se enredó. De hecho, nació enredado por las impugnaciones de sus propios compañeros de
partido: Pablo Gómez y Demetrio Sodi. Ambos, por sus propias razones, decidieron dejar en suspenso sus reparos y
acatar la decisión mayoritaria que concedió la candidatura a Andrés Manuel. Percibo que este conflicto interno ha sido
sobredimensionado y manipulado en los medios por los partidos y grupos de poder contrarios a la alianza encabezada
por el PRD y al mismo Andrés Manuel que, curiosamente, ha ido ganando en respaldo popular lo que sus rivales han
querido irle restando en cuanto a legitimidad. Si de lo que se tratara fuera de escandalizarse, podríamos asomarnos al
proceso interno-externo-digital-democrático que el PRI montó para seleccionar a su candidato a la Presidencia; está
bien que seamos desmemoriados, pero todavía recordamos las lindezas, las descalificaciones y los golpes bajos que
se asestaron Madrazo, Bartlett, Roque y Labastida; mismos que hoy, después de un proceso de votación organizado,
"vigilado" y contabilizado (¡10 millones de votos!) por el mismo PRI, se miran y se toman dulcemente de las manos en
bella muestra de osteoerotismo (amor al hueso).
Ya nominado por su partido, Andrés Manuel arrancó formalmente su campaña y, llegado el momento, presentó y
documentó su registro oficial como candidato ante la autoridad competente: el Instituto Electoral del DF (Granados
Chapa ha reseñado puntualmente la limpieza de este proceso). El IEDF le otorgó por mayoría su registro y ahí podría
haber terminado el asunto; pero resulta que el PRI y el PAN (éste con los honrosos y muy significativos deslindes de
Santiago Creel y de Vicente Fox) decidieron inconformarse y llevar su bronca a otra instancia legal: el Tribunal
Electoral del DF que supuestamente tendrá que emitir un fallo en el curso de la semana que hoy comienza. En este
capítulo ocurrieron dos lances dignos de nota: la mágica aparición de una "fotocopia"(?) de una supuesta y no pedida
constancia de residencia de López Obrador en Tabasco y la aparición de nuevas encuestas que claramente indicaban
(e indican) que el Defelagarto había obtenido, en un breve plazo, 10 puntos más en la intención de voto de los
capitalinos (malas nuevas para el PRI y para el contradictorio PAN). Como verán, una vez más, ya se logró hacer un
batidillo de legalidad y política con grave daño para ambas. Así las cosas, la coalición que encabeza el PRD decidió
hacer una consulta ciudadana acerca de esta controversia que, en un descuido, puede terminar en algún tribunal de
La Haya en el año 2040. Tomada esta decisión, Andrés Manuel y su coalición convocaron a un grupo de ciudadanos
apartidistas en su mayoría y enteramente a favor de la legalidad, para que cumpliéramos una tarea limitada y
específica: observar la consulta y, en su caso, validar su pulcritud y transparencia; y publicar los resultados sean
cuales fueren en el entendido de que no se pretende crear una "metalegalidad", sino de poner las cifras de este
ejercicio a la consideración de la sociedad en general y de las autoridades competentes en particular. Como Consejo
no es nuestro interés apoyar u obstaculizar a ningún candidato de ningún partido. Invertimos nuestro nombre y nuestro
tiempo a favor de la recta aplicación de la justicia; nada más, pero nada menos.
Ave, Cesaria
Sobre las ruinas de una historia -negra historia- y de una vida, amanece un cuerpo de luz y de agua: es la voz de
Cesaria Evora. Ella está en México, pero canta y mira rumbo a Cabo Verde en la costa atlántica de Africa. Hierática y
distante, los intensos aplausos la dejan entre perpleja y acongojada. El éxito también puede ser una esclavitud. No es
fácil (ni necesario) desmenuzar las texturas, los colores, los sabores que concurren en esa iluminada lágrima que
brota cuando canta Cesaria Evora. Como muchos otros capitalinos, fui a escucharla y salí confortablemente
desasosegado. Pensé en Toña la Negra, en Mahalia Jackson, en Elena Burke y en muchas voces de mujeres y de
hombres que, por el hecho mismo de cantar, denuncian el maltrato y reafirman su voluntad de vivir. Rodeada de
excelentes músicos, conducida certeramente por el ritmo, la descalza Evora le impone a la noche velaturas que
acumulan negro sobre negro y todas juntas suscitan el amanecer. (¿Me están oyendo, inútiles?).
Cualquier correspondencia con esta observadora columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
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A falta de madre, de lo que quiero hablar es de la reunión gastronómico-política que tuvo, hoy mayo 9, el señor
Francisco Labastida con un selecto grupo de colaboradores del periódico "Reforma". Yo quedé sentado entre Lorenzo
Meyer y Sergio Sarmiento y exactamente enfrente de Guadalupe Loaeza (quedé pues, en el puritito Triángulo de las
Bermudas). No voy a detallar el menú, pero sospecho que el plato principal fueron filetitos de Vucetich rellenos con
hígado picado de Benito Floro. El Candidato del PRI llegó flanqueado por Esteban Moctezuma (que es buen cuate) y
por Jorge Alcocer. Con civilidad y buen modo, Labastida le dirigió la palabra a la herética jauría reformista y comenzó
con una caballerosa disculpa por no haber acudido a un fallido encuentro pactado anteriormente. Dicho esto, pasó a
hacer una exposición bien razonada, pero quizá excesivamente sintética (taquigráfica por momentos) de su proyecto
de gobierno. Tres temas sobresalieron: la lucha contra la pobreza; el enriquecimiento (lícito) del programa educativo y
la restauración de la legalidad. Cumplida esta exposición, pasamos al capítulo de preguntas y respuestas. Opino que
quizá hubo más preguntas que respuestas; pero es de justicia señalar que Labastida no dejó ninguna interrogante sin
responder, aunque varias veces la respuesta fue generalizadora, previsible y no respondía puntualmente a la
pregunta. Como era de esperar, un tema recurrente en el interrogatorio fue la reciente y repentina inclusión en el
equipo de campaña de los viejos y ya consagrados villanos del cine nacional (el Tiranomanlio, el Brontobartlett y otros
ejemplares que creíamos ya extintos). Labastida respondió con meditaciones acerca de la unidad del partido; de lo
bien que se ven los viejos cuadros en la nueva casa; de lo enternecedora que puede resultar una melodía oldie but
goldie y otros capiruchos verbales que a él lo dejaron muy satisfecho y a varios de nosotros no tanto. Abrió fuego
Guadalupe Loaeza con un exótico ejercicio de teatro terapéutico: Sr. Labastida, imagínese que yo soy su sobrina y le
pregunto acerca de la democracia y los 70 años del PRI. El fulgurante parentesco dejó atónito a don Pancho que se
replegó visiblemente tocado. En su oportunidad, Sarmiento pidió los nombres del nuevo Gabinete, pero le fueron
negados. En mi turno, yo (que soy un feliz chaparro mandilón) hice tres señalamientos: con o sin la aquiescencia y/o
la coherencia de Labastida, el nuevo PRI ya existe gracias a una sociedad cada vez más participativa y vigilante que
ya no permite trapacerías como la ya denunciada y castigada en Nuevo León; pregunté también acerca del por qué y
el para qué del fantasmal pugilato con Carlos Salinas y terminé preguntando por el virtual "legado de Colosio".
Labastida acusó recibo de mi primera observación y con respecto a Colosio y Salinas me dijo que eran ante todo
emblemas de lo que quería y de lo que no quería hacer en política. Terminé haciéndole un último cuestionamiento:
ante la opinión pública, Sr. Labastida, ha creado la impresión de que fue usted quien convocó recientemente al viejo
PRI, ¿es esto cierto, o fueron ellos los que lo llamaron?. La respuesta del Candidato es una variante del cuento "El
dinosaurio" de Monterroso: ellos siempre han estado ahí.
A la salida, me sentí en la obligación moral de reconvenir a Rafael y así le dije: Maestro, es usted una bestia; con tal
de lucirse, perdió usted el puesto de Jefe de la PFP que ya tenía prácticamente amarrado; por sus chistecitos, a lo
más que puede aspirar es a una patrulla. Respondióme: no me suena mal, maestro Dehesa, siempre y cuando funja
usted como mi pareja. Ya está. Ahora sí que se prepare el crimen organizado (y el desorganizado, que es el favorito
de los mexicanos). El 2 de diciembre entra en acción el dúo dinámico. ¡Santos comicios, Batman!
Luna Desleída
Los japoneses han descubierto que la tierra tiene otra luna que es casi invisible y que pronto se disolverá en el
Universo. Tenía razón Sabines: la luna se puede tomar a cucharadas. Yo quiero regalársela a mi novia Dorita Pascual
que cumple años, al Capitán Bucles que se consiguió una madre de puritito lujo y a México que es la dura,
emocionante y entrañable Matria de todos nosotros.
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A punto de naufragar en una vorágine de madres que avanzan por la ciudad cual marsopas enloquecidas, intento
concentrarme para jugar a las variaciones y ahondar en un tema que ya enunciábamos ayer. En la cotidiana y
afectuosa charla con mis conciudadanos (que han decidido conferirme el no solicitado cargo de receptor oficial de
quejas y gestor-coyote designado), de unos días para acá, me he encontrado con un reclamo que podría formularse
así: ¿cómo se atreve el candidato Labastida a seguir hablando del "nuevo PRI" si ya está totalmente rodeado y
cobijado por el PRI más viejo, sospechoso y desprestigiado?. Ya comprenderán que la respuesta a esta pregunta es
responsabilidad de Labastida y comprenderán también que, entre mis variadas tareas, no está la de ser vocero oficial
u oficioso de éste, ni de ningún otro candidato. Mi oficio es platicar con ustedes y tratar de escuchar con mis
parabólicos oídos lo que ustedes tengan que decir, para luego formularlo con toda la derechura que mis
conocimientos e ignorancias de la palabra me permitan.
Yo sigo creyendo en la perfecta factibilidad del nuevo PRI, siempre y cuando este país contrahecho, saqueado y
engañado se decida a engendrar a ese nuevo actor histórico al que provisionalmente podemos llamar la ciudadana y
el ciudadano activos, comprometidos y dispuestos a darse buen gobierno. Si en lugar de esperarnos a ver qué pasa
en julio, decidimos comparecer ¡ya! en el escenario social y somos los suficientes como para constituir lo que en la
física nuclear se llama "masa crítica", estamos en la plena posibilidad de fundar y de comenzar las tareas de
edificación de un nuevo país que no tiene por qué negar o destruir mucho de lo que ya hemos logrado; lo que
lograremos será comenzar a crear cauces para la legalidad, para la equidad, para la convivencia, para el orden y para
el respeto a nuestra gran casa y a todos los que en ella habitan. Estoy convencido de que esta no es tarea que
puedan cumplir los partidos políticos, todos ellos minoritarios frente a la muchedumbre de los apartidistas; éste es un
reto para toda la sociedad mexicana. El señor Garza que me lee con tanto gusto y atención, preguntará: ¿y los
dinosaurios?. Respondo: en un nuevo país (vale decir: en un nuevo ecosistema) las grandes bestias políticas están
condenadas a desaparecer por una razón elemental: carecerán de alimento; para que el atropello ocurra tienen que
reunirse el que está dispuesto a abusar y el que permite el abuso; si esta segunda especie evoluciona, la primera
desaparecerá (o irá a la cárcel) más temprano que tarde. Por esto comentaba ayer que, con o sin la voluntad de sus
jerarcas, al PRI no le queda más opción que convertirse en un verdadero partido, o desaparecer; pero no olvidemos
que para que esto ocurra, el cambio tiene que cumplirse con nosotros en primerísimo término. A mí me suena muy
estimulante esto: nos ha tocado -a ti y a mí lectora lector querido- aprovechar la energía acumulada por los años y las
generaciones y dedicarla íntegra a la creación de un nuevo país. Si lo logramos, habrá nuevo PRI, nuevo PAN,
nuevas opciones políticas, nuevas maneras de entender y practicar las religiones y nuevos modos de estar (bien-
estar) en México. Como dirían Los Panchos: caminemos.
¡Que se Oiga Recio!
Así dice Cuauhtémoc Cárdenas en una reiterada aparición electrónica: ¡Que se oiga recio; el petróleo es nuestro! Sin
dejar de entender y compartir lo que Cárdenas intenta expresar, tengo, sin embargo, que hacerme algunas preguntas:
¿actualmente los mexicanos podemos llamar "nuestro" al petróleo?; ¿no ha estado por muchas décadas en las no
muy limpias manos de un sindicato que expropió el petróleo para el beneficio de unos cuantos?; ¿no está actualmente
al servicio de una camarilla tecnocrática y globalifílica que emplea discrecionalmente para sus maromas
macroeconómicas los beneficios que genera el petróleo?; ¿son óptimas las condiciones de seguridad y de rentabilidad
de nuestra industria petrolera?; ¿si el petróleo es nuestro, por qué hay tantos países no petroleros que venden los
derivados de este producto a mejores precios que los nuestros?. Más y mejores preguntas podrían hacerse, pero creo
que todas las respuestas avisarían que el petróleo puede ser nuestro (en un nuevo país), pero que en la actualidad
está secuestrado por unos cuantos grupos de poder. Esto sí sería importante que se oyera recio: hay que rescatar el
petróleo mexicano y lo tienen que hacer los buenos mexicanos. Quizá este planteamiento político, por ser más
complejo, no tenga tanta efectividad (o efectismo) política; pero la verdad es que simplismos como el aquí examinado
ya no nos convencen; como tampoco nos convence ese acto reflejo que hace decir a tal o cual candidato que ese otro
candidato que va a Estados Unidos (todos han ido) es un méndigo traidor que seguramente va a vender "nuestro"
petróleo. ¿Pues cuál?
Cualquier correspondencia con esta columna rodeada de madres, favor de dirigirla al correo electrónico
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Por
Germán Dehesa
(12-May-2000).-
Yo nunca, ni bajo el influjo de la droga más enérgica al alcance de "el Mayel", me propondría el (para mí) extravagante
objetivo de ser Presidente de México, ni Jefe de Gobierno del DF, ni Director del Club de Diabéticos de mi manzana
(hay quienes dicen que algunos nacieron para mandar y otros para obedecer. Los que esto dicen no contemplan la
tercera vía que está constituida por todos aquéllos que no nacimos para mandar y somos muy reacios a obedecer).
Hecha esta puntualización, puedo afirmar sin riesgo para mis inexistentes candidaturas, que a mí me encanta bailar
(lo cual no significa que a la gente le encante cómo bailo). Desde la cumbia hasta el rap, pasando por el folclor y el
danzón, ningún ritmo me es ajeno. No pretendo pues, hablar mal del baile por el baile mismo; de hecho, no pretendo
hablar mal de nada, ni de nadie. Más prudentemente, quiero pensar en voz alta en la pertinencia y en la eficacia del
ejercicio coreográfico como instrumento de captación de votos dentro de una campaña política. Hay quien piensa que
esto ya degeneró en pachanga; pero hay también quien opina que entregarse públicamente a los arrebatos
dancísticos es un instrumento válido para granjearse la simpatía popular. Yo todavía estoy perplejo y demasiado atado
a lo que, todavía hace unas décadas, era una campaña política; por lo mismo, me cuesta trabajo imaginar, por poner
un caso, a Adolfo Ruiz Cortines bailando "El manicero" dentro de un acto de campaña, o a Gustavo Díaz Ordaz
reventándose el "Rock del angelito". Que yo no pueda imaginarme esto, no significa necesariamente que esté mal; a
lo mejor lo único que indica es que he sido rebasado por la impetuosa marcha de los tiempos posmodernos. En la
duda, dejo suspendido mi veredicto sobre la validez política de menear el bote en busca del voto y me ciño a lo que
sería una estricta calificación estética. Ignoro si ya bailaron todos los candidatos; yo he visto a Silva-Herzog
asegundeado por Oscar Levín Coppelia y, en ocasión muy reciente, a Francisco Labastida. A los dos primeros no me
queda más que felicitarlos por su audacia y por haber escogido la política y no el ballet como modo de vida; creo que
si audicionaran ante Amalia Hernández, la prueba duraría 15 segundos y de ella saldrían dos hombres decididos a ser
conductores (de masas o de microbús), pero jamás bailarines. El caso de Labastida es más complejo; varias cuatas
mías expertas en esto del rítmico meneo me han externado unánimemente su opinión: no lo hace mal, tiene ritmo,
cadencia y sabrosura; es como Panchito el Ché: tiene la cintura montada en flan. Yo acato el veredicto popular y
puesto ya en la vereda del optimismo, puedo aventurar que si se diera el remoto caso de que a Labastida no le fuera
propicio el voto popular, no tendría necesariamente que dedicarse a vender computadoras como quiere Fox, sino que
podría abrir una academia de aerobics, baile regional, moderno y hawaiano (tap a domicilio): Labastida's Dancing
Club. Es una sugerencia.
El Monsiclón
Me rindo. Son ya varios años de inútil lucha por intentar igualar el pasmoso don de ubicuidad y de asistencia total que
tiene Carlos Monsiváis. Cada vez tengo más elementos para sospechar que nuestro premiado escritor ha sido clonado
y que son varios Monsiváis los que andan por el mundo: los Monsiclones. Sólo él puede estar al mismo tiempo en el
recital de Cesaria Evora, en Salzburgo recibiendo las llaves de la ciudad y en su casa escribiendo una magnífica
reflexión sobre el debate. Por muchos años intenté competir. Ya no lo haré. Como diría mi no celebrada progenitora:
Mijito, es por demás. Bueno.
Desgraciadamente esta rendición coincidió con el primer aniversario del CRIT (Centro de Rehabilitación Infantil
Teletón). De muchos modos, me siento parte de ese esfuerzo y soy admirador y amigo de los que día a día lo hacen
posible. Estoy seguro de que habrá muchos aniversarios más y que yo encontraré alojo en ese hospitalario corazón.
Ahí estaré y eso será señal de que ya logré descansar un poco, o de que ya me clonaron (lo que ocurra primero).
Aikír
Si eres ciudadano y resides en la ciudad de México (y tienes tu credencial de elector) te invito (casi te conmino) a que
participes en la consulta popular que el PRD y Alianza que lo acompaña organizaron en torno a la discutida
candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Si estás de acuerdo con tal candidatura, opina; si estás en
desacuerdo, opina. El compromiso que hemos adquirido muchos ciudadanos es observar este ejercicio y poner los
resultados a disposición de los tribunales que son las únicas instancias respetables para aplicar la ley sin torcer el
cauce de la legalidad. A eso nos atenemos. Asistamos. Y hablando de asistencia: hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna rítmica y sensual, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, DF
Por
Germán Dehesa
(15-May-2000).-
- Si me niego a creer en los miríficos 10 millones que supuestamente obtuvo el PRI en su votación interna; me va a
costar trabajo creer que Andrés Manuel obtuvo un millón de votos (a favor o en contra) en la Consulta Popular
convocada por la alianza que lo apoya. Su Charro Negro y sus voluntarios colaboradores-observadores visitamos
largamente 31 casillas en las Delegaciones A. Obregón e Iztapalapa y el promedio de votantes difícilmente llegaba a
20.
- Lo más rescatable de este ejercicio fue la generosidad y buena disposición de los responsables de las mesas de
votación. Todos se quejaban de la falta de preparación y de apoyo, pero todos estaban ahí apostándole a la
esperanza.
- La violeta de genciana (supuestamente indeleble) es una porquería. También lo son las boletas no foliadas y, en
muchos casos, no contadas (¿qué va a pasar con las sobrantes?).
- La gran mayoría de los encargados de las mesas carecía de la mínima capacitación para realizar con pulcritud y
eficiencia su trabajo.
- Coincido plenamente con P. González Casanova: la decisión de los tribunales competentes es respetable; pero es
igualmente respetable la exigencia de la ciudadanía a favor de que estos tribunales se conduzcan con apego a la ley y
al margen de las presiones políticas (o de maniobras pripanperredepaleolíticas).
- Opino por mi cuenta. El DF no se agota en A. Obregón (en el Pedregal no pude encontrar una mesa de votación) y/o
en Iztapalapa (ahí sobraban los lugares para votar).
- En democrática votación, mis ayudantes y yo decidimos que la consulta popular fue respetable (por el entusiasmo de
la gente), pero poco confiable por su aplicación (en un buen número de lugares, cualquiera podía votar; en casi todos
no había un espacio para hacerlo en libertad y en secreto).
- En la fatigosa jornada de hoy, he comprobado parejamente la urgencia de consultar con los ciudadanos y lo
indispensable que es hacerlo con disciplina, preparación y seriedad.
- Andrés Manuel: si gracias o a pesar de esta inconsistente pachanga que gustosa y fatigosamente observé, obtienes
la Jefatura del DF, acuérdate de la buena gente de Iztapalapa que tan fervorosa y esperanzadamente te apoyó.
Escribo estos renglones a horcajadas en el precario techo de dos aguas formado por una semana coreográfica,
ominosa, signada por la incertidumbre y por la creciente bravuconería del viejo PRI que ha decidido ser portavoz del
nuevo PRI (la coherencia ante todo) y una semana que comienza con las nubes muy cargadas y los vientos muy
contrarios; pronóstico: turbulencia. Releo lo hasta aquí dicho y lo encuentro tan catastrofista, que de inmediato me
digo en voz baja: sereno moreno, no te calientes, plancha; no te rellenes, urna. La obvia consigna de un sistema
dispuesto a defenderse no como un perro, sino como un brontodóberman es precisamente sembrar el pánico y
generalizar el calambre. Es una lógica muy simple: en cuanto se alzan los umbrales del miedo, la voluntad de cambio
disminuye (tan bonita estrategia ya sirvió para legitimar a Salinas, ya le dio el triunfo a Zedillo y se dispone a rescatar
a Labastida, el Nureyev tropical). Por todo esto, me niego a incorporarme a la negra zopilotiza y reafirmo mi voluntad
de caminar alegremente con ustedes rumbo a la restauración de México. Como la prensa ha informado: Labastida ya
bailó (pero luego, para corregir, don Pancho se comprometió en Morelia a ayudar a la Alianza para el Cambio que es
la coalición de Fox. Aaah: la baba); los inversionistas japoneses y norteamericanos ya se quieren ir bailando y a
Porfirio ya lo llevaron al baile (recado para mi amigo Labra: como dijo el fabricante de confetti: ¡qué méndigos
papelitos!). O sea que San Vito amenaza con adueñarse del país. No lo permitamos. No es de mi interés promover
abierta o solapadamente la candidatura de nadie. Mi objetivo es consignar que nos están queriendo hacer manita de
puerco; avisar que el voto del miedo es el voto más inútil de todos; que, en la medida de lo posible, tenemos que votar
con honradez, patriotismo y dignidad (no por temor al PRI, sino por amor a México). Esta es la única receta que
encuentro para que no nos bailen una vez más. Coreografía pura.
Por pura deducción (único método al alcance de los mexicanos que ¡oh, ilusos! queremos entender) podemos concluir
que en el caso Stanley están involucrados asuntos muy graves e intereses enormes y ramificados. De otro modo no
se entiende la intensidad de la guerra entre TV Azteca y la Procuraduría del DF. Patética y anticlimática figura de este
sainete (que es la cara visible de una novela negra) es el inconspicuo señor Valencia (a) el Cocinero; (a) el Flama. Su
último lance es de antología. Pobre flamita. Tras mucho meditar, decidió casarse y frente a la ley y por las buenas se
animó a decirle te amo a su fiel compañera. Ya con los preparativos hechos, las autoridades cancelaron la ceremonia.
Cruel destino del Flamita: la primera vez que intentó decir la verdad, no lo dejaron. No hay que ser.
Pronósticos Deportivos
En la que cursilonamente llaman "la fiesta grande del futbol mexicano" se aproximan dos guerras civiles: Atlas-Chivas
y Pumas-Necaxa. Deseo que gane el mejor, siempre y cuando los mejores sean Atlas y Pumas (San Hugo, no nos
desampares ni de noche ni de día). ¿Están de acuerdo?; ¿no lo están?. Mi abuela me lo dijo: no discutas; apuesta.
Ustedes dicen.
Cualquier correspondencia con esta columna que no danza, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F
Por
Germán Dehesa
(16-May-2000).-
Según mi equipo de asesoras (o solapadas patronas)mi vida carecería de rumbo, madurez y consistencia en tanto no
adquiriese yo una agenda. Así me dijeron.
Me conseguí la agenda y he logrado encimar un caos sobre otro. Me explico: la Rubia Misteriosa guarda la agenda
como oro en paño y sólo la extrae de su tabernáculo para anotar los compromisos doblemente certificados por el
contratante (una variada multitud de personas y agrupaciones igualmente extravagantes)y por la parte contratada (su
Charro Negro).
Esta agenda tendría que ser mi exclusiva carta de navegación que me condujera por el proceloso mar de la
existencia; lo malo es que no es así; lo malo es que, mientras la enigmática rubia construye con precisión y paciencia
mis rumbos de navegación cotidiana, yo ando suelto por el mundo construyendo una agenda paralela que muy rara
vez coincide con la o . ficial. Me encantan los repentes y por lo mismo, decido súbitamente que será mejor no asistir a
tal compromiso, que prefiero ver a un amigo, o hablar de mujer a mujer con alguno de mis hijos, o terminar algún libro
que me trae con dillisusindimaud. Y todavía hay algo más grave: la bitácora moral que, en mi caso, es la que acaba
gobernando mi talante y mi disponibilidad energética. Creo que a todos nos ocurre que, de tiempo en tiempo,
amanecemos tristones y -agenda o no agenda-no nos da la gana hacer nada y si, agotados los pretextos, tenemos
que hacerlo, las tareas más simples se convierten en una especie de edificación personal y contra reloj de las
pirámides de Egipto. Porque lo tengo fresco y a mano, invoco aquí el terrorífico ejemplo del reciente domingo 14 de
mayo. Mis agendas decían: 1)Estar muy triste por la muerte del admirable Héctor Azar (¿te acuerdas, Martha
Ofelia?)que correspondía a mi afecto con una ciega con . fianza en lo que yo podría hacer; 2) Releer "La . esta del
chivo "del mejor M. Vargas Llosa como preparación para una plática con él (luego les cuento); 3)Levantarme a las 8
para recibir a las 9 a las huestes que habrían de ayudarme en la observación de la consulta ciudadana; 4)Participar
gustosamente con una breve ponencia en el coloquio sobre educación organizado por S. Creel (la reunión felizmente
se pospuso); 5)Observar personalmente lo que ocurría en las mesas de consulta en A. Obregón; 6)Asistir al Museo J.
L. Cuevas y ser uno de los presentadores de esa zarza ardiente que es el libro "El silencio del nombre "de Esther
Cohen; 7) Coordinar, evaluar e informar la observación del comportamiento de 21 mesas de consulta en Iztapalapa;
8)Comer con mi alegre tropa de escrutadores; 9)Enviar mi informe comentado a la Fundación A. Rosenblueth;
10)Escribir mi artículo; 11)Reclamarle a la Hillary sin demérito del amor-el uso de pantalones pescadores;
12)Participar con el Bucles en la sesión plenaria de la cofradía de piratas cibernéticos; 13)Ver el huracanado
enfrentamiento Chivas-Atlas; 14) Hablar con Mariví Llamas, mi maestra de vida y hermana de elección;
15)Entregarme a la nocturna pokariza y ganar para remontar la melancolía; 16)Hacer un serio intento por pensar.
Creo que no dejé nada pendiente. Me costó uno y 7á8 del otro. Resultado: ya no estoy triste.
Consejo Final
Mi muy apreciado J. A. Ortiz Pinchetti que tanto tiempo y esfuerzo dedicó a la organización del Consejo Ciudadano de
Observación me comenta que los resultados particulares de la observación que realizaron el Charro Negro y su
mariachi plebiscitario son más alarmantes que los presentados por el resto de los observadores. Puesto que afirmé
que hablaba a título personal, no me ofende reconocer que es más que probable que lo observado por mí (con todo y
su batallón)quede disminuído y matizado por lo observado por los otros veintitantos compañeros de observación.
Dicho de otro modo: las irregularidades observadas terminan por no ser significativas en el marco de la totalidad del
ejercicio. De acuerdo.
Una consideración última: no es improbable que el ejercicio mismo, visto desde sus magros resultados, termine por no
ser significativo. Lo importante es que hoy muy probablemente tengamos el veredicto del Tribunal Electoral del DF. Mi
voluntad coincide con la de otros dos ilustres subversivos: Santiago Creel y Vicente Fox; Andrés Manuel -pero me
atengo a lo que la dura lex decida-debe ganar o perder en las urnas de julio.
Ya terminé de observar.
Los vientos más encontrados han decidido hacer su asamblea en este mayo mexicano. El sábado 13 hacia las seis de
la tarde, estaba yo en dos lugares: en Inglaterra conversando con los poetas de "La generación del cordero "y en el
breve espacio que me ha concedido la Hillary para que me apoltrone a leer.
Un largo silbido canceló mi ubicuidad; alcé los ojos y vi tras la ventana la frenética locura de un árbol al viento. Era
como una descontrolada y verde ebullición. Cada hoja iba por su cuenta, aunque todo el árbol se remecía de aquí
para allá.
Espasmo de vida e inminencia de muerte. Se va a caer, pensé. Habrá durado 30 minutos largos. A las 12 de la noche,
el copado árbol estaba quieto, . firme y enhiesto. Pensé (sentí): así pasará con México y con su árbol de la esperanza.
Cualquier correspondencia con esta columna atareada y feliz, favor de dirigirla a gdehesa.
Por
Germán Dehesa
(17-May-2000).-
Nos ocurre una vez tras otra: en la multitud de las ovejas, aparece un chivo mutante que a tarascadas, embestidas y
topetazos impone su ley (o su no ley), se adueña del rebaño y desde su caprina corrupción, lo corrompe todo.
Abiertamente sórdido es quien lo atropella todo a nombre del Estado, la democracia, la paz social, las buenas
costumbres, la ortodoxia y el progreso. Secretamente infame es el que lo tolera, el que cierra los ojos y la boca, el que
decide que no le conciernen los daños que sufren sus vecinos y aún sus parientes. Esta mansedumbre del borrego
alimenta, fortalece y le da longevidad al chivo. Orwell y Kapuscinsky, por citar dos nombres, han reflexionado
amargamente sobre este asunto. La novela de la dictadura la han escrito dilatadamente los "caudillos", las sociedades
y los narradores de nuestra América. Todos los testimonios apuntan en una dirección: para que el chivo exista hacen
falta los borregos (muchos de ellos transformados en perversos clones del chivo). En condiciones así, la sociedad
acostumbra asumir el papel de mártir de la infamia que la gobierna; no se da cuenta que esta misma sociedad ya
también se ha vuelto infame. El infierno es implacablemente difusivo y va colmando los espacios de las conciencias y
las voluntades vacías. Los individuos, las familias, los grupos, los pueblos son todos ellos ámbitos propicios para que
el chivo medre. Siempre hay alguien dispuesto a imponer su voluntad y a anular la de los demás. La pálida esperanza
de los borregos es una: alguien aparecerá, en algún indeterminado día futuro, que se hartará de tanta afrenta, de tanta
violación de intimidades, cuerpos, inteligencias y voluntades, y asumirá el papel de héroe para así convertir al chivo en
sacrificial chivo expiatorio. Cumplido este ritual, las ovejas pueden (¿deben?) volver a pastar sin darse cuenta de que
el héroe, ante lo propicio de las condiciones, se transformará más temprano que tarde en el nuevo chivo. Con enorme
sagacidad narrativa y echando mano de su larga experiencia humana y literaria, Mario Vargas Llosa nos recuenta esta
pesadilla real y la ubica en un tropical infierno que, por llamarse de algún modo, se llama República Dominicana (pero
tiene tantos otros nombres); el chivo y los borregos también tienen nombres y apellidos, pero son perfectamente
sustituibles e identificables en el infierno por todos compartido. Con implacable eficacia narrativa, el autor de "La casa
verde" y "Conversación en la catedral" edifica "La fiesta del chivo" (Ed. Alfaguara) y al hacerlo, pone ante nuestros
ojos un insoslayable, veraz y doloroso espejo. No es su asunto extraer moralejas; quizá el lector deduzca y aprenda
que estos mundos de borregos, chivos y héroes están esencialmente contrahechos y no ofrecen bienestar posible.
Por ausencia y sólo por ausencia se perfila como lejana posibilidad la esperanza de una sociedad habitada por
ciudadanos y encauzada por la democracia profunda y corresponsable. ¿Será?.
Agravios y Compromisos
"Agravios a la Nación" (Ed. Galileo) es el título de un libro preparado y editado por la Fundación Arturo Rosenblueth.
Podría ser también el secular subtítulo de la vida mexicana. Lo presentaremos esta tarde en el Centro Cultural San
Angel y trataremos de hacerlo sin ánimo revanchista, pero con la firme voluntad de que nadie olvide los cuantiosos
daños que se le han hecho a nuestro país. El libro que vamos a comentar públicamente es apenas el primer tomo (la
Fundación avisa que serán dos) de una serie que podría ser infinita, o tender al infinito como dicen los matemáticos y
las lavanderas (que tienden infinitamente); así son de numerosos y hondos los agravios que hemos permitido y que,
en un descuido, podríamos seguir permitiendo. Con respecto al pasado, ya basta de desmemoria; con respecto al
presente y al futuro inmediato, nosotros -en tanto sociedad agraviada- no podemos tolerar que nuestro destino se
decida a base de denuestos, de promesas huecas, de bombardeos mediáticos, de decálogos traídos desde la cumbre
del Cerro del Cubilete (no muy distante del Cerro de las Campanas, ¡ojo!), de invocaciones o denuncias en torno a
cuál candidato tiene sangre más legítimamente mexicana (¿leyeron la inserción pagada de un tal Banuet, politiquillo
franco-tabasqueño?, es un ejemplo magnífico de lo que se puede lograr en política cuando la estupidez se pone al
servicio de la insidia). Todo esto es basura. Lo que un país agraviado exige hoy es un explícito, claro y firme
compromiso que especifique (hasta con nombres y apellidos como quiere R. Delgado) un proyecto de nación, un
pronunciamiento sobre los temas fundamentales y una jerarquización de objetivos acompañada de un listado de los
medios y los recursos que se emplearán para cumplir tales objetivos. Lo demás es mala literatura, o perfecta infamia
como es el caso de G. Rincón Gallardo en CU.
Cualquier correspondencia con esta columna que no quiere chivos pero que acepta a las Chivas, favor de dirigirla a
[email protected] o al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, DF
Por
Germán Dehesa
(18-May-2000).-
Expresión pendular que va de lo retórico a lo baboso. Si Jalisco, o Guanajuato, o Veracruz son el "interior" de la
República, la ciudad de México qué vendría siendo: ¿el exterior?, ¿el hueso del aguacate?, ¿el mamey del hueso?,
¿la terra incógnita?. Sepa. Supongo que todo deriva de nuestro asfixiante y anticonstitucional centralismo. Para los
efectos de este artículo, da igual. Sin ánimos catastrofistas, lo que me interesa comentar es el perceptible aumento de
los índices de desasosiego en todo el país. Para decirlo coloquialmente: está rechinando bien feo. Desde Baja
California a Tabasco; desde Nuevo León a Chiapas. Los apocalípticos (y los dinopriístas) nos envían, abierta o
veladamente, el siguiente diagnóstico: los fuertes crujidos que se perciben a lo largo y a lo ancho del cuerpo nacional
son apenas un indicio del mortal colapso que podría sufrir este organismo si, en un gravísimo error clínico, se
procediera a la ablación de la estratégica glándula llamada PRI. No estoy inventando; ya varios conciudadanos me
han traído este diagnóstico y sólo he podido darles un consejo: yo que ustedes, consultaba otra opinión. Podríamos,
por ejemplo, ser más serenos, menos viscerales y renunciar a nuestro secreto apetito de desgracia. Ya con ese
ánimo, podemos aventurar el diagnóstico contrario: las extrañas crepitaciones que se perciben en nuestro país
pueden ser indicio de parto inminente; doloroso, difícil, laborioso (parece que la criatura viene atravesada y con el
cordón muy enredado). El alumbramiento, ya se imaginarán, está provocando reacomodos y deslizamientos; si
existimos muchos que deseamos el nacimiento, también existen muchos otros que quieren impedirlo; ennumero
algunos: el narco y su inmensa red de afiliados políticos, policíacos y empresariales; la corrupción que teje su tela y la
enreda con la del narco; la legión de impunes usufructuarios de nuestro dinero y /o de nuestras deudas; los
beneficiarios de la injusticia, los que ya se acostumbraron a vivir en la tiniebla, los que absurdamente prefieren "las
cosas como están" a las cosas como podrían estar, los sufridores profesionales, los sectores corruptos del PRI (por
supuesto que creo que en el PRI hay logros y personas respetabilísimas; de otro modo no se explicarían las obvias
fisuras en el otrora monolítico partidazo), los falsos opositores que de tantos modos medran con la actual situación y,
así en general, los sacatones. Aventuro un pronóstico: la criatura va a nacer y nacerá viva y proferirá un grito hindú:
¡Llahshinghamhos!. Simultáneamente expreso un deseo: que nadie muera sin verlo. Lo dice la canción caribeña:
nadie se va a morir, menos ahora. Lo mejor del PRI se convertirá en un verdadero partido y conocerá la inédita y
emocionante experiencia de vivir fuera de Los Pinos; el PAN, el PRD, Gilberto y todos los verdaderos y legítimos
actores políticos de México (por supuesto que tú y yo nos incluimos) tendremos que ser los tutores, las felices madres
y los preocupados padres de la criatura. Todos cabemos; es cuestión de acomodarnos de otra manera (a algunos la
cárcel les vendría de maravilla). A mi juicio, por esto se oye tanto tronido; algo muy emocionante está ocurriendo en el
interior (en el mero vientre) de la Patria.
Tampoco es Hipódromo
Tarde se les hace. En cuanto anuncié que aceptaba yo apuestas para el Pumas-Necaxa, comencé a recibir
cibermensajes de generosos y desinteresados lectores que querían averiguar qué momio estaba yo ofreciendo, pues
deseaban colocar fuertes sumas a favor de Aguinaga y sus rayadas huestes. No sean payasos. Si de eso se tratara,
ya hubiera instalado (y ya hubiera quebrado) una casa de apuestas en Tijuana. Con apego a Derecho, yo apuesto
cenas, taquizas, encuentros eróticos, románticos y/o amistosos. Lo único que está en juego es la cuenta o, en su
caso, el riesgo de aparecer retratados en alguna publicación escandalosa. Todo es, como quien dice, de a pellizco;
pero tomen en cuenta que hay de pellizcos a pellizcos (omaigod!).
La Rosa Múltiple
Rosa me regaló una rosa. Parece ejercicio de latín, pero no es así: mi secretaria auxiliar se llama Rosa y, con motivo
del día del maestro, me regaló una rosa que no es cualquier rosa; es un santo rosón (si fuera con "z" no sería santo).
La miro y creo adivinar que tres rosas decidieron nacer simultáneamente y no encontraron más que un tallo (un santo
tallón). La triple rosa cumple su breve vida aquí en mi escritorio. Yo se la envío a los buenos maestros de México y, en
particular, a mi respetado amigo Gilberto Rincón Gallardo. Va de parte de alguien que fue alumno, maestro adjunto y
maestro titular de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Perdón, Gilberto.
Cualquier correspondencia con esta parturienta columna, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado
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Por
Germán Dehesa
(19-May-2000).-
Antes de que me fulminen con una enérgica cibercorrección, me adelanto y hago dos puntualizaciones: conozco por
vía filial estos ingeniosos enigmas gráficos que en español se llaman "¿Dónde está Wally?" y en homenaje a ellos, me
permití hacer un traslado del sajón al tenochca y escribir, por razones que luego se verán, Hualli; he hecho todo esto
con el ánimo de tramar un texto que, me temo, va a resultar un tanto recamado y barroco, porque pretendo tejerlo con
muchos hilos y así, hablaré de la SEP, de los mapas, de los niños y de la estremecedora visita que hice en compañía
del Bucles y de varios heroicos padres y madres al Museo de Historia Natural del nuevo Chapultepec. Si nos
atenemos a la temblorosa cronología, habría que comenzar por la mano de mi padre que tomaba la mía para
conducirme a la emocionante y reiterada visita al Museo del Chopo, exótica reliquia franco-porfirista que albergaba,
creo recordar, dinosaurios y borregos bicéfalos. Hoy ya no están ni mi padre, ni el Museo del Chopo (sí están, pero
disueltos en mí), sin embargo el país sigue siendo habitable gracias a gente derecha como Miguel Limón; con él hablé
para que la idea de organizar un congreso de los niños de México no se quedara en el aire (ya se efectuó y los
esperanzadores resultados merecen artículo aparte); él en venganza me envió "Los cuentos del abuelo" de Rubén
Bonifaz Nuño y un mapa de la República Mexicana que ilustra nuestra emocionante pluralidad que abarca desde
etnias hasta flores (al Bucles y a mí nos es particularmente útil para jugar a encontrarnos -¿dónde está Hualli?- en esa
emocionante diversidad. Lo más exaltante es descubrir que estamos y somos en cada rincón de México). En esas
estábamos cuando llegó el inapelable aviso miniacadémico: el miércoles 17, de 9:30 a 13:30, los niños realizarán una
visita al Museo de Historia Natural en compañía de sus papás. La conminatoria orden nada decía de la posibilidad de
ampararse, o de llevar el asunto al TRIFE. Ya en el transporte escolar que nos conducía a Chapultepec, arengué a
padres y madres emergentes para que los niños se fueran al museo y los padres nos fuéramos al "Mirador" a jugar
dominó y a ponernos hasta el queque; de igual modo les propuse a las maestras que soltaran a los niños en la lateral
del Periférico y, en compensación, yo las llevaba a un full monty que es la loquiur. Mi propuesta fue recibida con
amplia simpatía, pero terminó imponiéndose la mexicana voluntad de martirio. ¿Vamos a ver muchos dinosaurios? me
preguntó Andresito. No sé, le dije, creo que los más grandes están en la Fundación Labastida, pero alguno habrá
quedado. La visita confirmó mi pronóstico: el único dinosaurio que está completo es obsequio de un grupo
norteamericano; los demás andan en campaña. En menos de una hora, agotamos el museo, compramos papitas con
Pokémones y recibimos el aviso de que teníamos un buen rato para subirnos al trenecito (ésta hubiera sido mi
opción), o para remar (ésta fue la opción del marítimo Bucles). Remar en un artificial lago--pantano en compañía de un
poliviceconcuño que, nomás por caliente, afirmó que el arte del remo no tenía secretos para él (chocamos con todas
las mulas lanchas de la comarca), es una congoja que no le deseo a nadie. Agradezco a San Hugo Pichichi mi
milagrosa sobrevivencia. Rematemos con dos preguntas: ¿dónde quedó Hualli? y ¿entre los dinosaurios, dónde
vamos a quedar nosotros?.
Las Campañas
En general, la propaganda radiofónica y televisiva de los candidatos me ha parecido de un nivel bastante miserable,
bravero, roñoso o naftalínico. En mi muy discutible opinión, se salvan -por su oportunidad y filo- algunos mensajes de
Fox y, por su pertinencia y agudeza, los mensajes radiofónicos (pri-pri-pri ... "tres veces te engañé...") de Gilberto
Rincón Gallardo. Anoche ví en la TV un mensaje de este mismo candidato que, en su estrategia visual, me parece
tramposo e ineficiente: vemos un semáforo en cuya luz roja se ve el rostro de Vicente Fox; en la luz verde (la luz del
¡siga!) se ve la cara de Labastida. Al mismo tiempo, escuchamos alguna declaración no muy afortunada de estos dos
candidatos; viene un corte y aparece G. Rincón Gallardo reiterando la frase de Benedetti (inutilizada por N. Guevara)
"somos mucho más que dos". Mensaje final: yo Gilberto no aspiro a ganar, ni siquiera estoy en el semáforo; pero no
importa; lo urgente es darle el siga a Labastida y ponerle el alto a Fox. En este planteamiento, Cuauhtémoc no existe.
Opino que me hubiera parecido más coherente ver en el siga a Gilberto; a Cuauhtémoc y a Fox en preventiva y a
Labastida en el alto; pero es obvio que Rincón Gallardo piensa distinto. ¿Por qué?.
Robar un Helicóptero
Se puede, pero no lo recomiendo. De acuerdo con el libreto, el aéreo lance termina en suicidio. Hay mejores maneras
de volar. Sugiero una: hoy toca.
Cualquier correspondencia con esta columna remera, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado Postal
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Por
Germán Dehesa
(22-May-2000).-
Habrá durado unas catorce horas. Temprano salí de México, fui a Oaxaca, resistí con aceptable prestancia las feroces
dentelladas del sol jaguar, visité las magníficas obras de restauración del Convento de Santo Domingo (aikir), platiqué
en el auditorio "Alvaro Carrillo" con maestros, alumnos y amigos de la Universidad Mesoamericana y entre todos
hallamos la grafía y la entonación correctas para pronunciar en tono bajo, firme e inaugural la palabra México. Oaxaca
es un antidepresivo que produce adicción. No conozco el mundo entero; pero en el entero mundo que yo conozco, no
he estado jamás en una ciudad en la que quepan tantos colores, tantas formas, tantos olores y sabores, tantos y tan
libres modos de ser como en Oaxaca. Sospecho que su ubicación no es geográfica, ni histórica; es mítica. Llegar a
Oaxaca no es asunto ni de tiempo, ni de aviones; supongo que requiere de una disposición espiritual y de una
voluntad de riesgo personal. En Oaxaca nada es como nuestro (pre)juicio dicta; sino como nuestra imaginación desea.
Oaxaca es una zona abierta, generosa y hospitalaria.
Terminada la charla, tuve tiempo y modo de platicar con la gente. El tema obligatorio fue previsiblemente: ¿quién va a
ganar?. Mi respuesta también fue previsible: si participamos todos y si el IFE, que debe gozar de toda nuestra
confianza, no denuncia ninguna anomalía, gane quien gane, ganaremos nosotros. ¿No hay por aquí un maestro?
pregunté yo a sabiendas de que todos se habían ido al DF; yo, me contestó una mujer fornida, morena, sonriente y
austera al mismo tiempo (podría ser directa descendiente de Benito Juárez); me llamo Hortensia Domínguez y soy la
directora del Centro de Integración Social (internado para niños indígenas) # 8 que recibe a niños y a jóvenes mixes,
chinantecos y zapotecos (algunos tienen que caminar tres días para llegar); el Centro lo inauguró don Lázaro
Cárdenas en 1967 y ahí atendemos a 229 muchachos. No ha sido fácil sobrevivir, pero nos ayudamos con un taller de
panadería y con la fabricación de tortillas. Lo más bonito es nuestra banda que toca toda la música de nosotros (desde
sones de Betaza hasta "Dios nunca muere"); la dirige aquí don Ismael Méndez y sus alumnos mejor preparados se
van a los pueblos y ayudan a formar otras bandas; nuestro Centro está en San Bartolomé Zoogocho, aquí cerquita,
como a tres horas y necesitamos mucha ayuda, no porque nos estemos muriendo de hambre, sino porque queremos
crecer, hacer más cosas y mantener vivo lo que somos; usted, señor periodista, ¿puede ayudarnos?. El "señor
periodista" lo que quería era darle de besos a doña Hortensia, pero se contuvo, se comprometió a visitar San
Bartolomé Zoogocho y a pedir con enérgico buen modo la ayuda que hace falta. Si un niño se enamora de la música,
salva su alma y si esa música que hace es la suya, adquirirá una dignidad (ésa que no muestran ni Zedillo, ni Rosario
Green) que lo arraigará en su tierra y, si ésta lo expulsa, le ayudará a impedir que lo conviertan en el humillante objeto
de la explotación y la cacería más imbéciles e intolerables. México, Oaxaca, Arizona, el cielo y el infierno. Por la noche
llovía sobre Monte Albán. Es largo nuestro viaje.
Artículo 33
En su semanal sonatina periodística, O. Levín Coppelia se refina (sin red protectora) un alegato sociopsicolingüístico
contra M. Vargas Llosa. Según el fallido danzante folclórico, Vargas Llosa no ha superado el trauma Fujimori y como
el autor de "La Fiesta del Chivo" (¿ya la leyeron?) es un narcisista perdido, lo que desea es que todos tengamos un
Fujimori; ergo: por eso se pronunció a favor de Fox (¿no es un razonamiento de rigor alabastrino?). Cae en blandito
Levín; previamente algún diputado del PRI y un señalado senador del PRD habían pedido que se extrajera del formol
en que reposa el Artículo 33, para que se aplicara con pompa y majestad al autor peruano que ya se había ido a
Costa Rica. Los leo y los oigo y siento una vaga ternura. También siento alarma porque, hasta donde sé, nadie ha
divulgado debidamente las lúcidas y sensatas declaraciones de Amalia García (mi amor imposible); ella con toda
oportunidad dijo que no estaba de acuerdo con lo dicho por Vargas Llosa, pero que respetaba firmemente el derecho
que tenía a opinar el autor de "La Casa Verde" y que exigía la revisión y la eventual pero necesaria derogación de
nuestro manoseadísimo Artículo 33. Bien por Amalia que tiene una idea correcta acerca de los tiempos presentes y
futuros; mal por los extraviados que se obstinan en vivir en el copretérito condicional.
Enemigo de Fox
No lo soy. Tampoco soy su amigo; pero si fuera su enemigo y quisiera torpedearlo sin misericordia, no encontraría
mejor estrategia que lanzarle una letal y campechana bomba de profundidad modelo Layda Sansores. Pobre Chente,
no sean así. Si en los días por venir le mandan a la Tigresa y a Raquel Sevilla, el jinete sin cabeza está perdido. Los
hombres somos adjuntos de la maldad; las titulares son las mujeres. Omaigod!.
Cualquier correspondencia con esta columna que es una guelaguetza, favor de dirigirla a [email protected] o al
Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(23-May-2000).-
Tranquilos, compatriotas, nada pienso decir por el momento acerca del vatiofertón de elevar a los altares a 25
connacionales. Ya habrá tiempos menos ríspidos para explayarnos sobre el tema sin que nadie solicite la excomunión
de nadie. Por lo pronto, empleo el vocablo "santo" en su sentido más coloquial y tenochca (me tomé mi thé de
gordolobo y santo remedioàme levanté en la noche y me acomodé un santo tarugazoà) y es en ese sentido de
encomio exagerado, de radical magnificación, de incrédula admiración (àes que te cargas una santa flojeraà) que lo
uso hoy lunes 22 de mayo, después de revisar las notas más salientes de la prensa nacional y otras fuentes
informativas que tengo a mi alcance: ¡santos mexicanos! En verdad, no nos damos reposo en nuestra disciplinada
tarea de complicar lo sencillo, de enturbiar lo claro y de hacer puntualizaciones que lo único que logran es crear
nuevas suspicacias.
Un caso: apenas concluyó el primer debate, por puro sentido común, anuncié públicamente mi convicción de que no
habría un segundo encuentro. Todos me dijeron que estaba yo loco; lo estaré, pero el debate ya tronó como zeppelín.
Cada santo opinador mexicano tiene su santa teoría acerca de quién fue el beneficiario y quiénes fueron los
damnificados en este previsible aunque incoherente caso del coloquio frustrado. Fox dice que él estaba puestísimo,
pero quería un jumbochat transmitido en cadena nacional desde el Estadio Azteca donde todos pudieran preguntar y
todos pudieran responder. Labastida comentó que a él ya le andaba por darle su sopapos verbales a Kid Guanajuato,
pero se atenía al ya tradicional y funéreo formato tipo almas en pena de Comala con banquito. Cárdenas -que cada
vez que debate, se debate- mostró su estoica contrariedad y se fue a seguir placeando. Los candidatos de la primera
A se quejaron, una vez más, de los feos modos y los desprecios que les hacen los que ya están en la fiesta grande de
la política mexicana. A mí se me hace que ninguno tenía, en ese tortuoso laberinto de la soledad que es su
conciencia, muchas ganas de aventarse una segunda balconeada. Así pues y aunque nosotros éramos los invitados,
se suspendió esta fiesta porque no llegó la orquesta (como una opción, podemos ir a ver "Los muchachos no lloran").
¡Santos mexicanos!. Para enriquecer el panorama, los maestros de todo el país han decidido que el DF es el polo
turístico por excelencia; en Nuevo León, clausuran los table dance, pero prosiguen las luchas en lodo organizadas por
el PRI; el país se estremece por las "cajas de ahorro" (personal) del santo JOV; "La Jornada" da la noticia: "En seis
años crecieron 3500% las importaciones de maíz"; el reportero Melitón García se consigue, por el mismo precio, una
acta de nacimiento chocolata, una segunda credencial de elector, dos acusaciones y un endemoniado margallate
ético-jurídico. Del camión del Necaxa y del notable talento defensivo del doctor Mejía Barón, es mejor no hablar.
¡Santos mexicanos, Batman!
w A falta de debate...
àtenemos lavadero. Dicen que Pedro Cerisola dijo que Carlos Ortiz Tejeda pronunció con respecto a los artistas,
comunicadores e intelectuales la telenovelera sentencia: "Todos tienen su precio" (¡Cuidado, Margot, cuidado!;
¡Dispara, Carlos, dispara!). Tempranito, ya estaba COT hablando a los "medios" para aclarar que PC era un rajón y un
mentiroso y que él tenía buena opinión y mejor relación con muchos y muy afamados "comunicadores" (hasta me
incluyó a mí). A lo largo del día, el argüende ha brincado de estación en estación. A título personal, yo le diría a mi
cuate COT y al muy sagaz PC que ya se estén y que no olviden que los asesores de candidatos están en barata. Mi
inapreciable opinión es que lo mejor para un buen colaborador de campaña es que no se vea, ni se oiga. Dicho esto:
atínenle al precio.
Cualquier correspondencia con esta santa columnota, favor de dirigirla a [email protected] o al Apartado Postal
19-111, Delegación Benito Juárez, México D.F.
Por
Germán Dehesa
(24-May-2000).-
En Canal 11, los hombres de negro (L. Meyer, J. Silva-Herzog M., F. Reyes Heroles, C. Elizondo M.S.) en torno de
una mesa de cantina, conversaban lúcida y serenamente. El tema inevitable era la suspensión del debate. Silva-
Herzog opinaba que no era para tanto, que de hecho el debate es permanente y que no tiene peso importante en la
intención de voto. Reyes Heroles no estaba muy de acuerdo pues decía que los tres candidatos habían faltado a un
compromiso que tenían con la ciudadanía y que eso no estaba bien. En el mismo sentido se pronunció Elizondo; L.
Meyer añadió que el debate sí era importante porque permitía al ciudadano observar el comportamiento de los
candidatos en igualdad de circunstancias y frente a retos inesperados. Todos tenían buenas razones y el hecho de
que hubiera acuerdos y desacuerdos no canceló en ningún momento la atmósfera de respeto y cordialidad. Vino un
corte y en ese momento le cambié al noticiero de López Dóriga: ¡recórcholis! Ahí estaban de busto presente (parecían
angelitos barrocos; el cuerpo nunca se les vio) Labastida, Fox y Cárdenas. Por obra y magia de la tecnología, estaba
por realizarse un debate virtual que, según pudimos ver, no difirió demasiado del que se realizó en el WTC. Una vez
más, a Labastida lo maquillaron como para la Opera de Pekín y lo proveyeron de argumentos y alegatos manidos y
retóricos (lo del cambio en reversa lo ha dicho 10 mil veces para ser exactos). Vicente Fox con los ojos entrecerrados
tomaba notas, extraía papeles, saludaba a la afición, aprovechaba sus manos de raqueta (tipo Clavillazo), le hacía
venias a Cuauhtémoc y le asestaba chicos mandarriazos a don Pancho. Cuauhtémoc optó por la línea conciliadora,
prudente y sólo al final entró a la pelea en corto cuando, para acabar pronto, tildó de salinistas a sus dos
contrincantes; por momentos, Cárdenas ponía cara de espectador entretenido y, de cuando en cuando, manifestaba
cierta consternación muy parecida a la que podría tener un acongojado padre que descubre que sus hijos salieron
extremadamente rijosos. Labastida ya tendría que haber aprendido que a Fox, como a todo buen fajador (en el sentido
boxístico de la palabra) hay que pelearle a distancia y no comprometerse en esos intercambios violentos donde Kid
Guanajuato es fulminante. Fox va a todas y responde todas. Una sola le falló: Labastida le dijo, tú, Vicente, has
atacado a la iglesia católica. Si yo hubiera estado en la esquina de Fox le hubiera sugerido esta respuesta: mi querido
Pancho, sólo dije que se parecía al PRI ¿consideras un insulto ser priísta? No lo dijo, pero casi puedo jurar, por la cara
de mula que puso Chente, que algo semejante pasó por su cabeza. Se dieron con todo. Labastida reclamó para sí la
herencia de Lázaro Cárdenas y Cuauhtémoc no acusó recibo. Al final, Fox dio por noqueados a sus rivales y se dirigió
al público televidente. Los tres con sonrisita de conejo quedaron de verse hoy martes en algún Vips para seguirse
sonajeando. Para mi gusto, faltaron dos cosas: 1) que al final del encuentro, los tres se despidieran entre sí con
civismo y cordialidad y 2) que los tres pusieran sus banderas a un lado y se pronunciaran enérgicamente contra la
monstruosa cacería de mexicanos en Estados Unidos. Eso faltó.
¿Quién Ganó?
Creo que podemos hablar de varios premios. Ganó Televisa; lograr que se realizara el debate, supuestamente
inviable, fue un enorme éxito informativo. El premio a la corbata más vistosa fue para Labastida; el premio a la
ponderación y a la prudencia (que no son malas cualidades para un estadista) lo obtuvo C. Cárdenas. En todo lo
demás, me parece que ganó Fox; pero tú sabes más, lectora lector querido.
Debatv II
Crispados y emocionantes días. Terminada una fragorosa clase, dirigíame yo a una rutinaria visita a mi
cardiólogo.Encendí el radio y topéme con un infinito argüende telefónico -C. Aristegui de por medio- organizado por
Fox que reproducía al aire sus conversaciones con Cuauhtémoc y con Labastida (que se resistía a tomar la llamada).
Para felicidad de Telmex, fueron muchos minutos de jaloneada conversación. Por fin, los tres tenores llegaron a un
acuerdo: la cita ya no sería en Vips, sino en la casa de campaña de C. Cárdenas a las 5 de la tarde y con la presencia
de los medios (se servirán corundas y charanda). Alarma general. El cardiólogo, pensaba yo, me va a encontrar
agonizante. No fue así, me encontró
bien (para mi edad), me garantizó que llego al 2 de julio y me platicó lo feliz que es sin leer periódicos, ni asomarse al
radio y la TV. Hombre sabio. A las 15 hrs. estaba yo en el Club de Industriales atestiguando el nada fácil encuentro de
A.M. López Obrador con un buen número de empresarios capitalinos (mañana les cuento bien). Salgo, llego a mi
casa, prendo la tele y me encuentro a Groucho Fox, Harpo Cárdenas, Chico Labastida y Zeppo Vargas que ya
organizaron su mercado sobre ruedas. De tanto agasajo y relevancia fue este sketch que, por razones de espacio, lo
platicaremos mañana (¡hoy!, diría Fox).
Cualquier correspondencia con esta columna que se debate en la duda, favor de dirigirla a [email protected] o
al Apartado Postal 19-111, Delegación Benito Juárez, México, DF.
Por
Germán Dehesa
(25-May-2000).-
El martes 23 de mayo fue, a mi juicio, un día negro para Vicente Fox. Ofuscación, protagonismo, mala asesoría,
urgencia de reforzar su imagen de "hombre recio que no se deja de nadie"à yo no sé por qué hizo lo que hizo, pero le
salió contraproducente. Hay días así. Te habrá ocurrido, curioso lector, que hacia la una de la tarde de una fecha
determinada, ya tienes elementos para afirmar con plena certeza: hoy no debería haberme levantado; nada más ando
regando caudalosas cantidades de baba. A ver, explíquenme: si el público llamado al avenimiento y a la serenidad
corrió a cargo de C. Cárdenas, ¿por qué tenía el desatinado Chente que solicitar el reflector desde temprana hora y
arrogarse oficiosamente en vivo y en directo el papel de telefónico "organizador" de la deliberación previa al hipotético
debate?; y ya desatado ¿por qué solicitó la "cargada" de los medios en una plática que, por meras cuestiones de
efectividad y fluidez, tendría que haber sido reservada y libre? (y esto no equivale a "arreglos en lo oscurito"); ¿por
qué aceptó que el lugar de encuentro fuera la casa de campaña de Cárdenas y no un territorio neutral?; ¿por qué
denuncia una perversa complicidad entre Cárdenas y Labastida si es obvio que cuando tres quieren algo y uno
asegura que ya lo tiene, los otros dos harán por fuerza causa común para quitárselo, o para quitarle la impresión de
que ya lo tiene?; ¿por qué a nombre de un muy tembloroso "compromiso con la ciudadanía" se empecinó en que el
debate fuera ese mismo día, si sus propios "negociadores" habían ya declarado incumplible tal compromiso?; ¿por
qué en TV Azteca, Fox declara que le sorprendió negativamente la presencia de J. Vargas? (a mí también me pareció
un extraño en el paraíso), si esta presencia le pareció tan ominosa, no hubiera sido muy difícil solicitar la ausencia del
Presidente de la CIRT hasta que se lograra un acuerdo; pero no olvidemos que quien solicitó la presencia de los
"medios" fue el propio Fox; ¿a título de qué, en la mencionada e inopinada aparición en TV Azteca, el señor del "Ya
ganamos" le pidió perdón a Lilly Téllez?à quedarían muchas preguntas más, pero todas apuntan en una dirección: en
la "histórica jornada" (todas lo son) del 23 de mayo, Fox estuvo muy por debajo de la confianza que en él han
depositado muchísimos mexicanos. Dicho más rápidamente: el jinete sin cabeza se embotó. En este subibaja que ya
comienza a marearnos, el que estuvo muy por encima de lo que previamente había mostrado fue Cuauhtémoc
Cárdenas quien procedió con soltura, paciencia y hasta feroz y feliz ironía purépecha. Digamos que Labastida salió
tablas, aunque no sé qué tan bien le cayó el programa que, al final de su dura jornada, presentó Enrique Krauze sobre
la historia del PRI.
Opino que a Fox le convendría presentarse el viernes (¡ULTIMA HORA!: Con felicidad me entero de que Fox ya se
animó. ¡Ozono en las alturas!); opino que Cárdenas no debería hablar de la "necedad" de Fox (como sinónimo de
terquedad), pues si a tercos vamos, Cuauh es medalla de oro y opino que ni a Labastida, ni a Vargas les conviene
sentarse juntitos y hablarse al oído en cadena nacional. Pregunta al cívico lector: ¿no nos mereceremos algo de más
altura que estos pedestres y animados frescos de Bonampak?.
La respuesta "¡le pletequemes tedes!": quiere ser Jefe de Gobierno del DF y probablemente lo logre y más ahora que
ya tiene la postergada canonización legal. A todas va; en todo está y acude a donde lo llamen. Decía C. Peraza que
hay candidatos "párrocos" que sólo se preocupan por atender a sus fieles y que hay candidatos "misioneros" que se
lanzan a predicar ante los infieles. Fox, Gilberto y Andrés Manuel pertenecen a este segundo grupo. En el muy
exclusivo Club de Industriales, se presentó este martes e hizo, sin más ayuda que un pequeño guión, un puntual
recuento de los grandes problemas de la ciudad y de lo que podemos hacer para resolverlos. El público no era
"clientela cautiva", pero se produjo con inteligencia, respeto y, por momentos, con admiración. Fue muy interesante
ver cómo el hidráulico Andrés Manuel tendía puentes entre los acomod