UNIDAD 4
LAS ESCUELAS PSICOLÓGICAS
COMPENDIO
Fundamentos Filosóficos y Epistemológicos de la Psicología
En esta unidad examinamos los fundamentos de principales escuelas psicológicas, sus
fortalezas, debilidades y aplicaciones.
Resultado de aprendizaje de la unidad: Conocer, evaluar y aplicar aspectos relevantes
de las escuelas psicológicas psicodinámica, conductista, humanista y cognitiva.
El presente compendio reúne cuatro obras, cada una de ellas encaminada a introducir
una de las cuatro escuelas psicológicas que se examinan en el curso de Fundamentos
Filosóficos y Epistemológicos de la Psicología. Para la Escuela Psicodinámica, también
conocida como Psicoanalítica, tenemos un fragmento del clásico de Sigmund Freud de
1899, La Interpretación de los Sueños. El mismo nos permite examinar aspectos
centrales para esta escuela, como son la importancia de las experiencias de la infancia,
el inconsciente, los sueños, la patología, y la metodología utilizada, con sus fortalezas y
debilidades. En segundo lugar, tenemos el artículo de John Watson, también conocido
como el Manifiesto Conductista. En este, Watson crea la visión del Conductismo como
una de las principales escuelas psicológicas, centrada en el estudio de la conducta como
forma de hacer de la psicología una ciencia objetiva, similar a la física, la química y la
biología. En tercer lugar, tenemos una revisión sistemática de la tercera escuela, la
Humanista, que hace énfasis en la particularidad y potencial de cada ser humano, en el
marco de una serie de necesidades cuya satisfacción es esencial para su realización.
Por último, tenemos una breve revisión histórica del surgimiento del Cognitivismo,
también conocida como la Ciencia Cognitiva, que nace como crítica filosófica y
metodológica de la eliminación del estudio de la mente del conductismo y el desarrollo
de la lingüística, la neurociencia y las ciencias de la computación.
Índice
1. Freud, S. (1899). La interpretación de los sueños. Elejandría. P. 2.
2. Watson, J.B. (1913). La psicología como la ve el conductista. Traducido de
Psychology as the behaviorist views it. Psychological Review, 20, 158-177. P. 5.
3. Martorell, J. L. (2008). La psicología humanista. Fundamentos de Psicología.
Editorial Ramón Areces. P. 13.
4. Miller, G. A. (2006). La revolución cognitiva: una perspectiva histórica. Revista de
Psicología, 25(2), 79-88. P. 27.
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1. La Interpretación de los Sueños
Sigmund Freud
Según mi experiencia, ya muy repetida sobre estas cuestiones, desempeñan los
padres el papel principal en la vida anímica infantil de todos aquellos individuos
que más tarde enferman de psiconeurosis, y el enamoramiento del niño por su
madre y el odio hacia el padre -o viceversa, en las niñas- forman la firme base del
material de sentimientos psíquicos constituido en dicha época y tan importante
para la sintomática de la neurosis ulterior. Sin embargo, no creo que los
psiconeuróticos se diferencien en esto grandemente de los demás humanos que
han permanecido dentro de la normalidad, pues no presentan nada que les sea
exclusivo y peculiar. Lo más probable sea que sus sentimientos amorosos y
hostiles con respecto a sus padres no hagan sino presentarnos amplificado
aquello que con menor intensidad y evidencia sucede en el alma de la mayoría de
los niños, hipótesis que hemos tenido ocasión de comprobar repetidas veces en
la observación de niños normales. En apoyo de este descubrimiento nos
proporciona la antigüedad una leyenda cuya general impresión sobre el ánimo de
los hombres sólo por una análoga generalidad de la hipótesis aquí discutida nos
parece comprensible.
Aludimos con esto a la leyenda del rey Edipo y al drama de Sófocles en ella
basado. Edipo, hijo de Layo, rey de Tebas, y de Yocasta, fue abandonado al nacer
sobre el monte Citerón, pues un oráculo había predicho a su padre que el hijo que
Yocasta llevaba en su seno sería un asesino. Recogido por unos pastores, fue
llevado Edipo al rey de Corinto, que lo educó como un príncipe. Deseoso de
conocer su verdadero origen, consultó un oráculo, que le aconsejó no volviese
nunca a su patria, porque estaba destinado a dar muerte a su padre y a casarse
con su madre. No creyendo tener más patria que Corinto, se alejó de aquella
ciudad, pero en su camino encontró al rey Layo y lo mató en una disputa. Llegado
a las inmediaciones de Tebas adivinó el enigma de la Esfinge que cerraba el
camino hasta la ciudad, y los tebanos, en agradecimiento, le coronaron rey,
concediéndole la mano de Yocasta. Durante largo tiempo reinó digna y
pacíficamente, engendrando con su madre y esposa dos hijos y dos hijas, hasta
que asolada Tebas por la peste, decidieron los tebanos consultar al oráculo en
demanda del remedio. En este momento comienza la tragedia de Sófocles. Los
mensajeros traen la respuesta en que el oráculo declara que la peste cesará en el
momento en que sea expulsado del territorio nacional el matador de Layo. Mas
¿dónde hallarlo?
Pero él, ¿dónde está él?
¿Dónde hallar la oscura huella de la antigua culpa?
La acción de la tragedia se halla constituida exclusivamente por el descubrimiento
paulatino y retardado con supremo arte -proceso comparable al de un
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psicoanálisis- de que Edipo es el asesino de Layo y al mismo tiempo su hijo y el
de Yocasta. Horrorizado ante los crímenes que sin saberlo ha cometido, Edipo se
arranca los ojos y huye de su patria. La predicción del oráculo se ha cumplido.
Edipo rey es una tragedia en la que el factor principal es el Destino. Su efecto
trágico reposa en la oposición entre la poderosa voluntad de los dioses y la vana
resistencia del hombre amenazado por la desgracia. Las enseñanzas que el
espectador, hondamente conmovido, ha de extraer de la obra con la resignación
ante los dictados de la divinidad y el reconocimiento de la propia impotencia.
Fiados en la impresión que jamás deja de producir la tragedia griega, han
intentado otros poetas de la época moderna lograr un análogo efecto dramático,
entretejiendo igual oposición en una fábula distinta. Pero los espectadores han
presenciado indiferentes cómo, a pesar de todos los esfuerzos de un protagonista
inocente, se cumplían en él una maldición o un oráculo. Todas las tragedias
posteriores, basadas en la fatalidad, han carecido de efecto sobre el público.
En cambio, el Edipo rey continúa conmoviendo al hombre moderno tan profunda
e intensamente como a los griegos contemporáneos de Sófocles, hecho singular
cuya única explicación es quizá la de que el efecto trágico de la obra griega no
reside en la oposición misma entre el destino y la voluntad humana, sino en el
peculiar carácter de la fábula en que tal oposición queda objetivizada. Hay, sin
duda, una voz interior que nos impulsa a reconocer el poder coactivo del destino
en Edipo, mientras que otras tragedias construidas sobre la misma base nos
parecen inaceptablemente arbitrarias. Y es que la leyenda del rey tebano entraña
algo que hiere en todo hombre una íntima esencia natural. Si el destino de Edipo
nos conmueve es porque habría podido ser el nuestro y porque el oráculo ha
suspendido igual maldición sobre nuestras cabezas antes que naciéramos. Quizá
nos estaba reservado a todos dirigir hacia nuestra madre nuestro primer impulso
sexual y hacia nuestro padre el primer sentimiento de odio y el primer deseo
destructor. Nuestros sueños testimonian de ello. El rey Edipo, que ha matado a su
padre y tomado a su madre en matrimonio, no es sino la realización de nuestros
deseos infantiles. Pero, más dichosos que él, nos ha sido posible, en épocas
posteriores a la infancia, y en tanto en cuanto no hemos contraído una
psiconeurosis, desviar de nuestra madre nuestros impulsos sexuales y olvidar los
celos que el padre nos inspiró. Ante aquellas personas que han llegado a una
realización de tales deseos infantiles, retrocedemos horrorizados con toda la
energía del elevado montante de represión que sobre los mismos se ha
acumulado en nosotros desde nuestra infancia. Mientras que el poeta extrae a la
luz, en el proceso de investigación que constituye el desarrollo de su obra, la culpa
de Edipo, nos obliga a una introspección en la que descubrimos que aquellos
impulsos infantiles existen todavía en nosotros, aunque reprimidos. Y las palabras
con que el coro pone fin.a la obra: «…miradle; es Edipo; -el que resolvió los
intrincados enigmas y ejerció el más alto poder; - aquel cuya felicidad ensalzaban
y envidiaban todos los ciudadanos. -¡Vedle sumirse en las crueles olas del destino
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fatal!», estas palabras hieren nuestro orgullo de adultos, que nos hace creernos
lejos ya de nuestra niñez y muy avanzados por los caminos de la sabiduría y del
dominio espiritual. Como Edipo, vivimos en la ignorancia de aquellos deseos
inmorales que la Naturaleza nos ha impuesto, y al descubrirlos quisiéramos
apartar la vista de las escenas de nuestra infancia.
En el texto mismo de la tragedia de Sófocles hallamos una inequívoca indicación
de que la leyenda de Edipo procede de un antiquísimo tema onírico, en cuyo
contenido se refleja esta dolorosa perturbación, a que nos venimos refiriendo, de
las relaciones filiales por los primeros impulsos de la sexualidad. Para consolar a
Edipo, ignorante aún de la verdad, pero preocupado por el recuerdo de la
predicción del oráculo, le observa Yocasta que el sueño del incesto es soñado por
muchos hombres y carece, a su juicio, de toda significación: «Son muchos los
hombres que se han visto en sueños cohabitando con su madre. Pero aquel que
no ve en ellos sino vanas fantasías soporta sin pesadumbre la carga de la vida.»
Este sueño es soñado aún, como entonces, por muchos hombres, que al despertar
lo relatan llenos de asombro e indignación. En él habremos, pues, de ver la clave
de la tragedia y el complemento al de la muerte del padre. La fábula de Edipo es
la reacción de la fantasía a estos dos sueños típicos, y así como ellos despiertan
en el adulto sentimiento de repulsa, tiene la leyenda que acoger en su contenido
el horror al delito y el castigo del delincuente, que éste se impone por su propia
mano. La ulterior conformación de dicho contenido procede nuevamente de una
equivocada elaboración secundaria, que intenta ponerlo al servicio de un propósito
teologizante (cf. el tema onírico de la exhibición, expuesto en páginas anteriores).
Pero la tentativa de armonizar la omnipotencia divina con la responsabilidad
humana tiene que fracasar aquí, como en cualquier otro material que quiera
llevarse a cabo.
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2. La Psicología tal como la ve el Conductista
John Broadus Watson
La psicología desde el punto de vista conductista es una rama experimental puramente
objetiva de la ciencia natural. Su objetivo teórico es la predicción y control de la conducta.
Las formas de introspección no son parte esencial de sus métodos, ni el valor científico
de sus datos depende de la disposición con la cual ellos se presten a sí mismos a
interpretación en términos de la conciencia. El conductista, en sus esfuerzos para obtener
un esquema unitario de la respuesta animal, no reconoce línea divisoria entre el hombre
y el bruto. La conducta del hombre, con todo su refinamiento y complejidad, forma solo
una parte del esquema total conductista de investigación.
Se ha mantenido por sus seguidores generalmente, que la Psicología es el estudio de la
ciencia de los fenómenos de la conciencia. Es aceptado que la introspección es el método
por excelencia por medio del cual los estados mentales pueden manipularse para
propósitos de la psicología. En esta suposición, los datos de la conducta (incluyendo en
este término todo lo que abarca el nombre de psicología comparativa) no tienen valor per
se. Estos poseen significado solo en cuanto a que deben arrojar luz sobre los estados de
la conciencia. Tales datos deben tener por lo menos una referencia análoga o indirecta
para pertenecer al dominio de la psicología.
Sin duda, en ocasiones uno encuentra psicólogos que son escépticos aún a esta
referencia análoga. Tal escepticismo es a menudo mostrado por la pregunta que se le
hace al estudiante referente a la conducta ¿Cuál es la relación del trabajo animal con la
psicología humana? Acostumbro a estudiar esta pregunta. Sin duda esta siempre me ha
abochornado de alguna manera. Yo estaba interesado en mi propio trabajo y cría que
este era importante y aún no trazaba ninguna conexión cercana entre este y la psicología
como mi interrogador la entendía. Espero que tal confesión aclarará la atmósfera a tal
grado que ya no tengamos que trabajar con falsas apariencias. Debemos admitir
francamente que los hechos tan importantes para nosotros, los que hemos podido
recoger del extenso trabajo sobre los sentidos animales por el método de conducta, han
contribuido solo en parte a la teoría general de los procesos orgánicos sensoriales
humanos ni han sugerido nuevos puntos de ataque experimental. La enorme cantidad de
experimentos que hemos llevado a cabo sobre el aprendizaje, de alguna manera han
contribuido poco a la psicología humana. Parece razonable aclarar que debe efectuarse
alguna clase de compromisos: ya sea que la psicología debe cambiar su punto de vista
para tomar los hechos de la conducta, tengan o no, relación con los problemas de la
conciencia. Además la conducta debe permanecer sola, como una entidad separada y
una ciencia independiente. Los psicólogos humanos no podrían ver con buenos ojos
nuestras propuestas y rehusarse a modificar su posición; los conductistas se verán
impulsados a utilizar a los seres humanos como objetos y a emplear los métodos de
investigación que son exactamente comparables a los empleados ahora en el trabajo
animal.
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Cualquier otra hipótesis que aquella que admite el valor independiente del material de
conducta a pesar de cualquier relación que pueda tener tal material con la conciencia,
inevitablemente nos forzará a la posición absurda de intentar construir el contenido
consciente del animal cuya conducta hemos estado estudiando. Sobre este punto de
vista, después de haber determinado la habilidad de nuestros animales para aprender,
la simplicidad o complejidad de estos métodos de aprendizaje, el efecto del hábito pasado
sobre la respuesta presente, el rango de estímulos al cual este generalmente responde,
el amplio rango al cual pueden responder bajo condiciones experimentales – en términos
más generales sus diferentes problemas y formas de resolverlos – debemos sentir que
la tarea no está terminada y que los resultados no tienen valor hasta que podamos
interpretarlos mediante analogía, a la luz de la conciencia. Aunque hemos resuelto
nuestro problema, nos sentimos molestos e inquietos debido a nuestra definición de la
psicología: nos sentimos forzados a decir algo acerca de los posibles procesos mentales
de nuestro animal. Decimos que, sin tener ojos, su flujo de conciencia no puede contener
brillantez y sensaciones de color, como la sabemos; - sin tener gusto, este flujo no puede
contener sensaciones de dulce, ácido, salado y amargo. Pero por otro lado, dado que
responde a estímulos térmicos, táctiles y orgánicos, su contenido consciente debe
elaborarse con mucho de estas sensaciones y por lo general agregamos, para
protegernos a nosotros mismos contra la censura de ser antropomórficos si esto tiene
alguna conciencia. Seguramente esta doctrina que aboga por una interpretación análoga
de todos los datos de conducta puede mostrar que es falsa la posición de que la utilidad
de la observación de la conducta, se determina por su fecundidad en proporcionar
resultados que son interpretables solo en el estrecho dominio (realmente humano) de la
conciencia.
Este énfasis sobre analogía en psicología ha llevado al conductista de alguna forma al
campo. No deseando sacudirse de la opresión de la conciencia, se siente impulsado ha
hacer un lugar en el esquema de la conducta donde pueda determinarse el surgimiento
de la conciencia. Este punto ha sido cambiante. Hace algunos años se suponía que
ciertos animales poseían memoria asociativa mientras que algunos otros carecían de
esta. Uno encuentra esta investigación del origen de la conciencia bajo una buena
cantidad de encubrimientos. Algunos de nuestros textos declaran que la conciencia surge
en el momento cuando el reflejo y las actividades instintivas no conservan
apropiadamente al organismo. Un organismo perfectamente ajustado podría carecer de
conciencia. Por otro lado, siempre que encontremos la presencia de actividad difusa que
resulta en formación de hábito estamos justificados al suponer la conciencia. Debemos
confesar que estos argumentos han pasado para mí, cuando comencé a estudiar la
conducta. Temo que bastante de nosotros aún estemos viendo los problemas de la
conducta con algo parecido a esto en mente. Más de un estudiante de la conducta ha
intentado encuadrar criterios de la psiquis o estudiar un conjunto de objetivos,
estructurales y funcionales los cuales, cuando se aplican a un caso particular, nos
capacitan para decir cuales respuestas son positivamente conscientes, indicativas
meramente de conciencia, o si estas son puramente psicológicas. Problemas como estos
ya no pueden satisfacer a los conductistas. Sería mejor renunciar a la obligación
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totalmente y admitir francamente que el estudio de la conducta de animales no es
justificado, que el admitir que nuestra búsqueda tiene carácter de fuego fatuo.
Se puede suponer o bien la presencia o la ausencia de conciencia en cualquier parte en
la escala filogenética, sin afectar los problemas de la conducta por un ápice y sin
influenciar en ninguna forma el modo del ataque experimental a ellos. Por otro lado, no
puedo por un momento suponer que el paramecio responde a la luz, que la rata aprende
un problema más rápidamente trabajando en la tarea cinco veces al día en vez de una,
o que el niño muestra mesetas en sus curvas de aprendizaje. Estas son preguntas que
conciernen vitalmente a la conducta y que deben decidirse mediante observación directa
bajo condiciones experimentales.
Este intento de razonar por analogía del proceso de conciencia en animales y viceversa:
hacer el conocimiento como lo sabe el ser humano, el centro de referencia de toda la
conducta, nos fuerza a una situación similar a la que existía en la biología en el tiempo
de Darwin. En psicología, aún estamos en esa etapa del desarrollo en la que sentimos
que debemos seleccionar nuestro material. Tenemos un lugar general para descartar
procesos, que anatematizamos en lo concerniente a su valor para la psicología diciendo:
este es un hecho puramente fisiológico que no tiene ninguna relación con la psicología.
No estamos interesados (como psicólogos) en obtener todos los procesos de ajuste que
emplea el animal como un todo y en encontrar cómo esas diferentes respuestas se
asocian y cómo se apartan, trabajando por tanto en un esquema sistemático para la
predicción y control de la respuesta en general. A menos que nuestros hechos
observados sean indicativos de conciencia, no los utilizamos y a menos que nuestro
aparato y método estén diseñados para utilizar tales hechos como una ayuda, se piensa
que estos están en un camino equivocado. Siempre recordaré la observación que hizo
un psicólogo al observar el aparato de color diseñado para probar las respuestas de
animales a la luz monocromática en el ático en John Hopkins. Era este y ellos llaman a
esto psicología.
Parece que ha llegado el tiempo en que la psicología debe descartar toda referencia a la
conciencia; en que esta ya no necesita engañarse a sí misma con el pensamiento de que
pueda hacer de los estados mentales objetos de observación. Nos hemos enredado tanto
en preguntas especulativas relativas a los elementos de la mente, la naturaleza del
contenido consciente (la imagen, el pensamiento, las actitudes) que yo, como estudiante
experimental, creo que algo anda mal con nuestras premisas y los tipos de problemas
que se desarrollan de estas. Ya no hay una garantía de que todos queremos decir lo
mismo cuando utilizamos los términos actuales en psicología. Tómese el caso de la
sensación. Una sensación se define en términos de sus atributos. Un psicólogo declarará
rápidamente que los atributos de una sensación visual con cualidad, extensión, duración
e intensidad. Otro agregará claridad y aún otro orden. Yo dudo si alguno de los psicólogos
puede bosquejar un conjunto de enunciados que describan lo que queremos decir por
sensación con el que estamos de acuerdo otros tres psicólogos de diferente
entrenamiento. Volvamos por un momento a la pregunta del número de sensaciones
aislables. Hay una cantidad de extremadamente grande de sensaciones de color ¿o son
solo cuatro rojo, verde, amarillo y azul? Nuevamente el amarillo mientras que es
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psicológicamente simple, puede obtenerse sobreponiendo los rayos espectrales rojo y
verde sobre la misma superficie difusa. Si por otro lado, decimos que cualquier diferencia
notable en el espectro es una simple sensación y que cualquier incremento notable en el
valor del blanco de un color dado, de sensaciones simples, nos vemos forzados a admitir
que el número es tan grande y las condiciones para obtenerla tan complejas, que el
concepto de sensación es inutilizable, ya sea con propósito de análisis o de síntesis.
Los problemas relacionados con otros procesos mentales son igualmente caóticos
¿Puede imaginar que el tipo sea probado y verificado experimentalmente? ¿Existen
procesos de pensamiento recónditos, dependientes mecánicamente y completamente de
la imaginación? ¿Están de acuerdo los psicólogos en lo que es un sentimiento? Uno
declara que los sentimientos son aptitudes. Otro encuentra que son trucos de
sensaciones orgánicas que poseen una cierta solidaridad. Aún otro grupo mayor,
encuentra que son elementos nuevos correlativos con y de mismo rango que las
sensaciones.
Mi disputa psicológica no es solo con los psicólogos sistemáticos y estructurales. Los
últimos quince años han contemplado el crecimiento de lo que se ha llamado psicología
funcional. Este tipo de psicología desacredita el uso de elementos en la sensación
estática de los estructuralistas. Enfatiza especialmente el significado biológico de los
procesos de la conciencia, en vez de los análisis de elementos de conciencia aislables
introspectivamente.
He hecho lo mejor para comprender la diferencia entre la psicología funcional y la
estructural. En vez de claridad crece confusión en mí. Los términos de sensación,
percepción, afecto, emoción, volición, se utilizan tanto por el funcionalista como por el
estructuralista. La adición de la palabra proceso (acto mental como un todo y términos
parecidos se encuentran frecuentemente), después de cada término, sirve de alguna
manera para eliminar la palabra contenido y dejar función en su lugar. Seguramente si
esos conceptos son elusivos cuando se buscan desde el punto de vista de un contenido,
son aún más decepcionantes cuando se ven desde un ángulo de función y en especial,
cuando esta se obtiene por el método de introspección. Es más bien interesante que
ningún psicólogo funcional ha distinguido cuidadosamente entre percepción (y esto aplica
también para los demás términos psicológicos) como se utiliza en la psicología funcional.
Parece ilógico y bastante injusto criticar la psicología que nos proporciona el sistematista
y luego utilizar los términos sin mostrar cuidadosamente los cambios en el significado
que se les tienen que dar. Me sorprendía bastante hace algún tiempo, cuando abrí el
libro de Pillsbury y leí la definición de la psicología como la de CIENCIA DE LA
CONDUCTA. Un texto aún más reciente enuncia que la psicología es la CIENCIA DE LA
CONDUCTA MENTAL. Cuando vi estos prometedores enunciados pensé ahora
seguramente tendremos textos basados sobre lineamientos diferentes. Después de
hojear algunas páginas la ciencia de la conducta decae y se encuentra en el tratamiento
convencional de sensación, percepción, imaginación, etc. Junto con ciertos cambios en
el énfasis y hechos adicionales que sirven para darle el sello propio del autor.
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Una de las dificultades para la formulación de una psicología funcional consistente es la
hipótesis paralelística. Si el funcionalista intenta expresar sus formulaciones en términos
que hacen que los estados mentales realmente parezcan funcionar, desempeñando un
papel activo en el mundo del ajuste, casi inevitablemente cae en términos que son
connotativos de interacción. Cuando se comparan con este, contesta que es más
conveniente hacerlo así y que lo hizo así para evitar los circunloquios e incomodidades
que son inherentes a cualquier paralelismo completo. A propósito, creo que el
funcionalista realmente piensa en términos de interacción y recurre al paralelismo solo
cuando se ve forzado a expresar sus puntos de vista. Creo que el conductismo es el
único funcionalismo consistente y lógico. En este, uno evita tanto la Scylla del paralelismo
como la interacción. Esas antiguas reliquias de la especulación filosófica, deben
perturbar al estudiante de la conducta en forma tan mínima, como perturban al estudiante
de física. La consideración del problema mente cuerpo no afecta ni el tipo de problema
seleccionado, ni la formulación de la solución de ese problema. No puedo enunciar mejor
mi posición que diciendo que me gustaría educar a mis estudiantes en la misma
ignorancia de tales hipótesis, como la encuentra uno entre los estudiantes de otras ramas
de la ciencia.
Esto me lleva al punto donde me gustaría elaborar el argumento constructivo. Creo que
podemos escribir una psicología, definirla como Pillsbury y nunca volver a nuestra
definición: nunca utilizar los términos conciencia, estados mentales, mente, contenido,
introspectivamente verificable, imaginación y la vida. Creo que podemos hacerlo en unos
cuantos años sin correr en la absurda metodología de Beer, Bethe, Von Uexkull, Nuel y
el de las llamadas generalmente escuelas objetivas. Esto puede hacerse en términos de
estímulo respuesta, en términos de formación de hábitos, integraciones de hábitos y
términos similares. Además, creo que realmente vale la pena hacer este intento ahora.
La psicología que yo intentaría estructurar tomaría como punto de partida, primero, el
hecho observable de que los organismos, tanto humanos como animales, se ajustan a sí
mismos a su medio ambiente por medio de sus equipos hereditarios y de hábitos. Estos
ajustes pueden ser adecuados, o tan inadecuados, que el organismo difícilmente
mantiene su existencia. En segundo lugar, que ciertos estímulos conducen a los
organismos a elaborar la respuesta. En un sistema totalmente elaborado de psicología,
dada la respuesta, el estímulo puede predecirse; dado el estímulo, puede predecirse la
respuesta. Tal conjunto de enunciados es tosco y crudo en extremo, como deben ser
tales generalizaciones. Aún estas, son bastante más crudas y menos realizables que las
que aparecen en los textos de psicología de hoy en día. Posiblemente. Posiblemente
debiera ilustrar mejor mi punto de vista, seleccionando un problema cotidiano que a nadie
le gustaría tener en el curso de su trabajo. Hace un tiempo fui llamado para elaborar un
estudio de ciertas especies de pájaros. Hasta que fui a Tortugas, nunca había visto esos
pájaros vivos. Cuando llegué allí encontré a los animales haciendo ciertas cosas: algunos
de sus actos parecían funcionar peculiarmente bien en tal ambiente, mientras que otros
parecían no estar adecuados a su tipo de vida. Primeramente estudié las respuestas del
grupo como todo y posteriormente en forma individual. A fin de comprender más la
relación entre lo que era hábito y lo que era hereditario en esas respuestas, tomé a los
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pájaros jóvenes y los crié. De esta forma pude estudiar el orden de aparición de los
ajustes hereditarios y su complejidad y posteriormente los principios de formación de
hábito. Mis esfuerzos en determinar los estímulos que pusieron de manifiesto tales
ajustes, sin duda fueron crudos. En consecuencia, mis intentos de controlar la conducta
y producir respuestas a voluntad, no tuvieron mucho éxito. Su comida, agua, sexo y otras
relaciones sociales, luz y condiciones de temperatura, estuvieron dadas más allá del
control en un estudio de campo. Encontré que era posible controlar sus reacciones en
alguna medida, utilizando el nido y huevo como estímulos. No es necesario en este
artículo extenderse más en como se debería haber llevado a cabo tal estudio y como un
trabajo de esta clase debería estar suplementado por experimentos de laboratorio
cuidadosamente controlados. Si hubiera sido llamado para examinar a los nativos de
algunas tribus de Australia, tenía que haber emprendido mi tarea de la misma forma.
Podría haber encontrado más difícil el problema: los tipos de respuestas manifestadas
mediante estímulos físicos hubieran sido más variadas y mayor el número de estímulos
efectivos. Tendría que haber determinado el ambiente social de sus vidas de una forma
bastante más cuidadosa. Esos salvajes podrían haber estado más influenciados por las
respuestas de los otros, que en el caso de los pájaros. Además, los hábitos podrían haber
sido más complejos y las influencias de los hábitos pasados sobre las respuestas
presentes, podrían haber aparecido más claramente. Finalmente, si hubiera sido llamado
para trabajar sobre la psicología de los europeos educados, mi problema hubiera
requerido varias vidas. Pero en el que tenía a mi disposición, debería seguir la misma
línea general de ataque. Principalmente mi deseo en tal trabajo, es obtener un
conocimiento exacto de ajustes y la manifestación de estímulos. Mi razón final para esto
es aprender métodos generales y particulares mediante los que pueda controlar la
conducta. Mi objetivo no es la descripción y explicación de estados de conciencia como
tales, ni de obtener tal proficiencia en la gimnasia mental que pueda inmediatamente
asirme a un estado de conciencia y decir: Esto, como un todo, consiste de la sensación
gris núm. 350, de tal y tal extensión, que ocurre en conjunto con la sensación de frío de
una cierta intensidad, una sensación presión de una cierta intensidad y grado y así
sucesivamente.
Lo que me da esperanza de que la posición del conductista es defendible, es el hecho
de que aquellas ramas de la psicología que ya han retirado parcialmente de la psicología
experimental paterna y que son por consecuencia menos dependientes de la
introspección, se encuentran hoy en día en una condición más floreciente. La pedagogía
experimental, la psicología de las drogas, la psicología del consejo, la psicología legal, la
psicología de las pruebas y la psicología están creciendo vigorosamente.
Actualmente estoy más interesado en tratar de mostrar la necesidad de mantener
uniformidad en el procedimiento experimental y en el método del enunciado de resultado,
tanto en el trabajo humano como en el animal, que en el desarrollo de cualquier idea que
pudiera tener sobre los cambios que ciertamente vendrían en el campo de la psicología
humana. Consideremos por un momento el problema del rango de estímulos al cual
responden los animales. Hablaré primero del trabajo sobre la visión en animales:
Colocamos a nuestro animal en una situación donde responderá (o aprenderá a
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responder) a una de dos luces monocromáticas. Lo alimentamos en una (positiva) y lo
castigamos en otra (negativa). En poco tiempo, el animal aprende a dirigirse a la luz en
la cual es alimentado. En este punto surgen las preguntas que se pueden formular de
dos maneras: se puede elegir la forma psicológica y decir ¿ve el animal esas luces como
yo las veo, es decir como dos colores distintos, o las ve como dos grises, que difieren en
brillantez como el daltónico? Formulada por el conductista, se podría leer como sigue:
¿Está respondiendo mi animal sobre la base de la diferencia en intensidad de dos
estímulos, o sobre la diferencia en longitud de ondas? No piensa en la respuesta del
animal en términos de sus experiencias de colores grises. Desea establecer el hecho si
la longitud de onda es un factor en ese ajuste del animal. Si es así, ¿Qué longitudes de
onda son efectivas y qué diferencia debe mantenerse en la longitud de onda en las
diferentes regiones para aportar bases para las respuestas difernciales? Si la longitud no
es un factor en el ajuste, desea saber que diferencia en intensidad servirá como base
para la respuesta y si es que la misma diferencia será suficiente a través de todo el
espectro. Además, desea probar si el animal puede responder a las longitudes de onda
que no afectan el ojo humano. También está interesado en comprobar el espectro de la
reta con el del pollo, en comparación con el hombre.
El punto de vista, cuando se comparan los diferentes conjuntos no cambia en lo más
mínimo. Sin embargo, nos formulamos el problema, tomamos nuestro animal después
que se ha formulado la asociación y luego introducimos ciertos experimentos de control
que nos capacitan a dar respuestas a las preguntas que acaban de surgir. Existe un
deseo tan sutil de nuestra parte para probar al hombre bajo las mismas condiciones y
enunciar los resultados, en ambos casos, en términos comunes.
El hombre y el animal deberán colocarse tan cercanamente como sea posible bajo las
mismas condiciones experimentales. En vez de alimentar o castigar al sujeto humano, le
pediríamos que respondiera manipulando un segundo instrumento, hasta que el estándar
y el control no ofrecieran base para una respuesta diferencial. ¿Podría mostrarme al
descubierto al cargo de que estoy utilizando la introspección? Mi respuesta es, no del
todo; que mientras pueda tener bien alimentado a mi sujeto humano por una selección
correcta y castigarlo por una equivocada, produciendo así la respuesta si el sujeto puede
darla, no hay la necesidad de ir a los extremos aun sobre las bases que sugiero. Pero
entiéndase que estoy solamente utilizando este segundo método como un método de
conducta abreviado.
Lo que necesitamos hacer es comenzar a trabajar sobre la psicología, haciendo a la
conducta, no a la conciencia, el objetivo de nuestro ataque.
Ciertamente hay suficientes problemas en el control de la conducta como para
mantenernos a todos trabajando durante mucho tiempo sin siquiera darnos tiempo para
pensar en la conciencia. Una vez acometido el intento, nos encontraremos en poco
tiempo un tanto divorciados de una psicología introspectiva, como la psicología del
tiempo actual está divorciada de la psicología de las facultades.
RESUMEN:
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1. La psicología humana ha fallado en confirmar su proclama de ser una ciencia natural.
Debido a una noción errónea de que sus campos de hechos son fenómenos conscientes
y que la introspección es el único método directo para descubrir estos hechos, esta se
ha enredado en una serie de preguntas especulativas, las cuales mientras que son
fundamentales a sus principios actuales, no están abiertas al tratamiento experimental.
En la búsqueda de respuestas a estas preguntas, cada vez, se ha divorciado más del
contacto con problemas que conciernen a su interés humano.
2. La psicología como la ve el conductista, es puramente objetiva, una rama experimental
de la ciencia natural que necesita introspección en la misma medida en que las ciencias
de la química y la física la necesitan. Es aceptado que la conducta de animales puede
investigarse sin aludir a la ciencia. Hasta ahora el punto de vista prevaleciente ha sido
que tales datos tienen valor solo en cuanto a que pueden interpretarse por analogía con
los términos de la conciencia. Se toma aquí la posición de que la conducta del hombre y
de los animales debe considerarse en el mismo plano, como que son igualmente
esenciales a la comprensión general de la conducta. Puede dispensarse la conciencia
en el ámbito psicológico. La observación separada de los estados de conciencia es en
esta suposición, ya no más un interés del psicólogo de la que podría tenerlo para el físico,
debemos llamar a esto un regreso al uso no reflexivo e ingenuo de la conciencia. En este
sentido puede decirse que la conciencia es un instrumento o herramienta con la cual
trabajan los científicos. Si esta herramienta se utiliza o no en forma apropiada en la
actualidad por los científicos, es un problema para la filosofía y no para la psicología.
3. Desde el punto de vista sugerido aquí, los hechos en la conducta de la ameba tienen
valor para sí mismos, sin referencia a la conducta del hombre. En los estudios de biología
la diferenciación de raza y herencia en la ameba es un área separada de estudio que
debe evaluarse en términos de las leyes que encuentro. Las conclusiones a las que se
llegan no pueden sostener esto de ninguna otra forma. A pesar de la posible falta de
generalidad, tales estudios deben elaborarse, si se pretende regular y controlar la
evolución como un todo. En forma similar, las leyes de la conducta en la ameba, el rango
de respuestas, la determinación de los estímulos efectivos,, la formación de hábitos, la
persistencia de hábitos, la interferencia y el reforzamiento de hábitos deben estar
determinados y evaluados en y para sí mismos, a pesar de su generalidad, o de su
incidencia en leyes de otros dominios, si es que los fenómenos de la conducta quieren
llevarse dentro de la esfera del control científico.
4. Esta eliminación sugerida de los estados de conciencia, como objetos apropiados de
investigación en sí mismos, derribará la barrera que existe entre la psicología y las otras
ciencias. Los hallazgos de la psicología se vuelven correlatos funcionales de estructura
y se prestan a explicación, en términos psicoquímicos.
5. La psicología como conducta tendrá, después de todo, que retener solo unos pocos
de los problemas que realmente son esenciales y de los cuales la psicología como una
ciencia introspectiva ahora se interesa. Muy probablemente, aun este residuo de
problemas puede estar formulado de tal manera, que los refinados métodos de conducta
conducirán a su solución.
12
3. La Psicología Humanista
José Luis Martorell
1. La aparición de la “tercera fuerza”
La psicología humanista, en su sentido más amplio, incluye a todos aquellos autores
que han desarrollado sus propuestas apuntando a una cierta concepción del ser
humano, del objeto de la psicología, de la patología, de la intervención psicológica y
del método para obtener conocimientos sobre todo lo anterior que se engarzan en la
tradición filosófica humanista. Considerada de este modo, es en la primera mitad del
siglo XX cuando surgen las primeras aportaciones de peso: en muchos aspectos la
obra de William James en Estados Unidos y las de Ludwig Bingswanger y Medar Boss,
entre otros, en Europa. Sin embargo, la psicología humanista, bajo esta denominación
y como movimiento relativamente organizado, se gesta durante las décadas de los
cincuenta y sesenta del siglo
XX. En su aparición se pueden identificar influencias de tres tipos: a) filosóficas; b)
sociales y culturales; y c) propiamente del ámbito de la psicología. Empecemos por
estas últimas.
Desde una perspectiva estrictamente psicológica el movimiento de la psicología
humanista nace con la pretensión de configurarse como una alternativa a la visión del
ser humano que proporcionan tanto el psicoanálisis como el conductismo (las dos
grandes fuerzas de la psicología en esos años), de ahí que este movimiento sea
también conocido como “tercera fuerza”. El psicoanálisis y el conductismo serían
criticados por sostener concepciones del ser humano explícita o implícitamente
negativas, deshumanizadas o reduccionistas así como por su mecanicismo y
determinismo. Las propuestas alternativas se van a caracterizar, además de por este
rechazo, por su variedad, hasta el punto de que es más apropiado hablar de un
movimiento que de una escuela.
Esta crítica y el consiguiente posicionamiento como tercera fuerza dentro del campo
de la psicología, vienen también influida por factores sociales y culturales. El desánimo
y desasosiego que sucedieron a la Segunda Guerra Mundial, la conciencia de la
amenaza atómica y la guerra fría, la insatisfacción social que culminó en los
movimientos contraculturales de los años sesenta, son elementos que conformaron el
13
caldo de cultivo en el que nació la psicología humanista. Sin embargo no hay que
perder de vista que este “malestar de la cultura” no era nuevo -aunque sí tenía algún
elemento nuevo como la posibilidad de destrucción masiva de la humanidad-, y que
desde el punto de vista de la historia del pensamiento la crítica tanto al pensamiento
abstracto, como a los mecanicismos y reduccionismos en la concepción del hombre
tiene una larga tradición. De esta tradición filosófica humanista y de su influencia en la
psicología humanista hablaremos en el apartado siguiente, pero adelantemos aquí
que incide directamente en el desarrollo en Europa de la psicología existencial,
anterior a la eclosión norteamericana de la psicología humanista. De hecho, en muchos
textos se utiliza el término humanístico-existencial para agrupar en un todo ambas
corrientes.
En lo referente a los principales representantes de este movimiento ya se ha nombrado
a William James (ver cap. 5) dado que su concepción de la psicología y del método
son un marco en el que la psicología humanista se puede sentir cómoda. Autores como
Gordon Allport, Abraham Maslow o Carl Rogers junto a Ludwig Bingswanger, Medar
Boss, Rollo May, Victor Frankl, Eric Fromm o Ronald Laing forman un heteróclito grupo
del que trataremos de ver los elementos comunes.
2. Humanismo, existencialismo y fenomenología
El término humanismo escapa, como tantos otros en el terreno del pensamiento, a una
definición unívoca. En general, se tiende a asociar este término con las concepciones
filosóficas que colocan al ser humano en cuanto tal como centro de su interés. El
humanismo como movimiento filosófico resalta de un modo u otro la dignidad del ser
humano y postula algún tipo de ideal con respecto a él: según el tipo de ideal se ha
podido hablar de un humanismo cristiano, socialista, existencialista, científico, etc. La
defensa de las libertades individuales y de la democracia como forma de gobierno han
sido características de los dos Manifiestos Humanistas firmados en el siglo XX (1933 y
1974) por intelectuales y científicos. (Por cierto, uno de los firmantes del segundo
manifiesto fue Skinner.) Ferrater Mora señala que el humanismo puede ser entendido
como una determinada concepción del ser humano, concepción de la que acabamos
de describir algunos rasgos básicos, y también como un “método”, aspecto este de un
gran interés para comprender algunos elementos esenciales de la psicología
14
humanista.
Es en un autor de la importancia para la psicología como William James en quien
podemos ver que el humanismo propone, en cuanto que método de conocimiento,
romper con todo absolutismo y con toda negación de la variedad y espontaneidad de
la experiencia. El pensador humanista preferirá una mayor flexibilidad en la descripción
de lo real aunque eso suponga una pérdida de la exactitud racionalista. Estas
características del humanismo – rechazo del absolutismo y preferencia por la
flexibilidad frente a la exactitud racionalista-, suponen que los conocimientos más
relevantes sobre el ser humano se obtendrán focalizándose en los fenómenos
puramente humanos tales como el amor, la creatividad o la angustia.
Quizá de un modo más específico se ha hablado, con los matices que veremos más
adelante, de la influencia del existencialismo y de la fenomenología en lo que luego
sería la psicología humanista.
El énfasis en la existencia, en cómo los seres humanos viven sus vidas, en la
experiencia del ejercicio o de la renuncia a la libertad será característico de los filósofos
existencialistas. Si el centro del interés es , en palabras de Unamuno, “el hombre de
carne y hueso”, entonces las especulaciones abstractas, por un lado, y el cientifismo
racionalista, por otro, serán rechazados. Es decir, el existencialismo se niega a reducir
al ser humano a una entidad cualquiera, sea esta la de animal racional, ser social, ente
psíquico o biológico. El método privilegiado, desde determinadas visiones filosóficas,
para acercarse al hombre y su experiencia será la fenomenología. Del complejo
método fenomenológico sólo apuntaremos aquí su propuesta de descubrir lo que es
dado en la experiencia, de reconsiderar los contenidos de la conciencia tratando de ver
más allá de los prejuicios, preconcepciones y teorías del observador. Su propuesta de
que la consciencia es siempre consciencia que tiende a algo, es decir, que la
consciencia es esencialmente intencional (no un computador que recoge
asépticamente datos) será importante en los planteamientos de la psicología humanista
y existencial.
Una matización antes de abandonar el capítulo de las influencias filosóficas de la
psicología humanista. Se ha hablado de humanismo, existencialismo y fenomenología.
Es decir, de Kierkegaard, Unamuno, Heidegger, Brentano, Husserl o Sartre, nada
menos. Si consideramos la psicología humanístico-existencial como un todo es justo
15
reconocer esta influencia. Si atendemos a las grandes diferencias dentro del
movimiento humanístico-existencial hay mucho que matizar: en Europa la psicología
existencial se basa directamente en las propuestas de estos autores; sin embargo, en
Estados Unidos algunas de las principales figuras de la psicología humanista
desarrollan primero sus propuestas y luego encuentran en los filósofos del
existencialismo una afinidad de planteamientos. Dos de los principales representantes
del movimiento humanista, Maslow y Rogers, reconocen expresa y continuadamente
no sólo la influencia de estas corrientes filosóficas sino la necesidad de fundamentarse
en ellas para dar una base filosófica sólida a sus propuestas; de hecho, esta fue la
motivación de la reunión sobre Psicología Existencial celebrada en 1959 y en la que
intervinieron Rogers, Maslow, Allport y May. Las intervenciones de estos autores fueron
recogidas en Existential Psychology (May, 1961). De todos modos, como se ha dicho,
la influencia de la filosofía existencial está más específicamente representada en las
obras de Bingswanger y su daseinanalyse basado en el concepto heideggeriano de
Dasein o ser-en-el-mundo, Merleau-Ponty, Boss o, incluso, Ronald Laing, quien dedica
junto con David Cooper (Laing y Cooper, 1969) un libro al comentario de El Ser y la
Nada de Sartre, que en la obra de los representantes norteamericanos del movimiento
humanista, con la brillante excepción de Rollo May. Con todo, ya se ha dicho que no
es infrecuente que ambos colectivos sean presentados agrupados bajo una de las dos
denominaciones (existencial o humanista) o bajo la denominación de humanístico-
existenciales.
3. Los postulados básicos de la psicología humanista
La psicología humanista es mucho más un movimiento que una escuela, y si
consideramos el conceptualmente amplio grupo de los autores humanístico-
existenciales es, aun más que un movimiento, el reflejo de una actitud sobre el ser
humano y el conocimiento. Con todo, no han faltado los intentos de unificación en torno
a las propuestas de unos postulados básicos. Bugental, el primer presidente de la
Asociación Americana de Psicología Humanista, propuso los siguientes cinco puntos:
1) El hombre, como hombre, sobrepasa la suma de sus partes
2) El hombre lleva a cabo su existencia en un contexto humano.
3) El hombre es consciente.
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4) El hombre tiene capacidad de elección
5) El hombre es intencional en sus propósitos, sus experiencias valorativas, su
creatividad y su reconocimiento de significación.
Por su parte, dicha Asociación, propone cuatro puntos que compartirían los
integrantes del movimiento:
1) La psicología humanista se centra en la persona humana y su experiencia interior,
así como en su significado para ella y en la autopresencia que esto le supone.
2) Enfatización de las características distintivas y específicamente humanas: decisión,
creatividad, autorrealización, etc.
3) Mantenimiento del criterio de significación intrínseca, en la selección de
problemas a investigar en contra de un valor inspirado únicamente en el valor de la
objetividad.
4) Compromiso con el valor de la dignidad humana e interés en el desarrollo pleno
del potencial inherente a cada persona; para la psicología humanista es central la
persona tal como se descubre a sí misma y en relación con las restantes personas y
grupos sociales. Gordon Allport, uno de los más sólidos y respetados fundadores
de este movimiento, propuso la distinción entre las orientaciones idiográficas y
nomotéticas en psicología. La orientación idiográfica pone el énfasis en la
experiencia individual, en el caso único, mientras que la orientación nomotética se
interesa por abstracciones estadísticas tales como medias o desviaciones típicas.
Allport se preguntaba si la psicología, en su carrera por ganar credibilidad científica,
no estaría negando lo que debería ser la más importante realidad de la psicología:
la experiencia individual. Allport no negaba la importancia de la orientación nomotética
para la psicología, pero reclamaba un lugar importante, también, para la orientación
idiográfica.
Como se ve, más allá de fundamentarse en una tradición de pensamiento
relativamente común y de compartir, hasta cierto punto, unos postulados básicos muy
generales sobre la naturaleza del ser humano y sobre cómo la psicología debe incidir
sobre él, no hay más elementos que respondan a lo que sería una escuela
estructurada. Seamos idiográficos pues y busquemos el interés en los autores
individuales: veamos alguna de las aportaciones de Ludwig Bingswanger, Rollo May,
Abraham Maslow y Carl Rogers.
17
4. Propuestas de la psicología humanístico-existencial
4.1. Ludwig Bingswanger
Ludwig Bingswanger fue discípulo de Husserl y un atento lector de Heidegger. Por
medio de la aplicación de las categorías heideggerianas a la terapia pretendió
desarrollar unprocedimiento que abarcase al hombre en su totalidad y no sólo a alguna
de sus dimensiones. La comprensión y descripción del mundo del paciente son sus
objetivos principales; para ello propondrá un encuentro interpersonal libre de prejuicios
entre el terapeuta y el paciente.
Bingswanger criticó a Freud por su énfasis en la visión biologicista y mecanicista del
ser humano. Señaló que Freud se centró en el mundo natural de los impulsos y los
instintos – terreno en el que, según Bingswanger, Freud había avanzado más que
nadie desde Aristóteles- pero que su tratamiento del hombre como miembro de una
sociedad fue sólo epifenoménico, e, igualmente, que tampoco se refirió
adecuadamente al yo en relación consigo mismo. Como consecuencia de esto,
Bingswanger consideraba que las actividades humanas en las que el hombre
trasciende el ambiente (como el amor o la creatividad) no estaban adecuadamente
tratadas en el psicoanálisis freudiano.
Con todo, a pesar la contundencia de sus discrepancias, Binswanger expresó siempre
un profundo respeto y admiración por la persona y la obra de Freud, con quien se
mantuvo en contacto a lo largo de su vida: Bingswanger fue el único hombre, de entre
quienes manifestaron serias objeciones a la teoría de Freud, con quien éste mantuvo
una estrecha relación.
Bingswanger propuso que el punto de partida para comprender la personalidad es la
tendencia humana a percibir significados en los sucesos y, por ello, ser capaz de
trascender las situaciones concretas. El énfasis en la descripción ha llevado a
considerar como una de sus principales aportaciones las descripciones de los
“mundos” de los esquizofrénicos y de las “formas frustradas” de existir tales como la
extravagancia, el retorcimiento y el amaneramiento. Toma el concepto de Heidegger
de ser-en-el-mundo (Dasein) para centrar su modo de concebir la acción terapéutica,
llamada daseinanalyse o análisis del ser-en-el-mundo. De este modo, la terapia estaría
basada en los siguientes puntos:
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a) Los trastornos psicopatológicos representan una alteración del ser-en-el-mundo.
b) El ser-en-el-mundo tiene estructura y por lo tanto puede ser estudiado, descrito y
rectificado.
c) La psicoterapia pretende entender el proyecto existencial de la persona.
d) La psicoterapia procura ayudar a asumir la propia experiencia en toda su plenitud,
descubriendo las formas y áreas de alienación, para recobrar la autoposesión y la
autodeterminación.
Este modo pionero de entender la labor terapéutica a partir de una cierta concepción
de la naturaleza humana, puede considerarse continuado en nuestros días por algunos
teóricos de la terapia existencial (como Van Kaam, Kobasa o Maddi), los cuales han
intentado desarrollar con rigor una teoría de la personalidad que ayudase tanto a la
terapia como a la investigación. A partir de la consideración de que el auténtico sentido
del significado es el que las personas construyen por sí mismas, proponen que el modo
por el que las personas construyen ese significado es el proceso de toma de
decisiones. Los dos modos básicos de toma de decisiones son la elección del futuro
o la elección del pasado. En cuanto a las posibilidades de desarrollo es la elección del
futuro la que es considerada más adecuada, dado que facilita el crecimiento o la
realización de la posibilidad (la vida humana se entiende en este contexto como
posibilidad de desarrollo). La elección del pasado, en cambio, ahoga el crecimiento al
limitar la posibilidad a aquello que ya es experiencialmente conocido.
Por lo que se refiere al análisis de las diferencias individuales, se entienden estas a través
de un continuo que va desde el ser auténtico (verse capaz de influir en la propia vida a
través de las decisiones y elegir el futuro en pensamiento y acción) al conformismo
(considerarse indefenso ante las fuerzas externas con una orientación pasiva, eligiendo
el pasado cuando deciden algo, decisiones que, de todos modos, tratarán de evitar).
Derivado de lo anterior, la psicopatología existencial se interesa por los estados que
incluyen la falta de significado. Uno de los pioneros de la terapia existencial, Medard Boss,
en cierto modo continuador de la obra de Bingswanger, ya describió diferentes
contenidos y niveles de eficacia en las construcciones sobre el sí mismo y el mundo.
4.2. Rollo May
Rollo May se alinea claramente en el lado existencial del movimiento humanista
19
norteamericano. Las continuas referencias en su obra a los autores existencialistas
europeos y, sobre todo, la actitud con la que define y afronta las tareas que, en su
opinión, debe llevar a cabo la psicología así lo atestiguan. Antes de entrar en los
contenidos de sus propuestas digamos que, quizá, uno de los principales méritos de
este autor estriba en la independencia de su pensamiento. Como ejemplo, lo que sigue:
-Expresa su crítica al reduccionismo que el psicoanálisis freudiano hace, en su opinión,
del ser humano, pero señala expresamente el error que supone desechar la obra de
Freud incidiendo sólo en los desacuerdos con ella.
-Es uno de los principales impulsores de la visión humanista de la psicoterapia pero
critica la exclusión de los elementos negativos de la naturaleza humana que postulan
algunos autores humanistas.
-Defendió activamente y con éxito (desde puestos directivos en asociaciones de
psicólogos) el derecho de los psicólogos a trabajar como psicoterapeutas frente a los
intentos repetidos de las poderosas asociaciones de médicos de considerar la
psicoterapia como una especialidad médica, pero denunció la evitación de la
confrontación con los dilemas del hombre que la psicología ha realizado en su camino
hacia la aceptación social (de nuevo el reduccionismo como problema principal de la
psicología).
Se acaba de nombrar el concepto de dilema del hombre, un concepto central en la
psicología de May. El dilema del hombre es el que se origina en la capacidad de éste
para sentirse como sujeto y como objeto al mismo tiempo. Para May ambos modos de
experimentarse a sí mismo son necesarios para la ciencia de la psicología, para la
psicoterapia y para alcanzar una vida gratificante. El psicoterapeuta alterna y
complementa la visión del paciente como objeto, cuando piensa en pautas y principios
generales de la conducta, y como sujeto, cuando siente empatía hacia su sufrimiento y
ve el mundo a través de sus ojos. Rechaza las dos alternativas de la consideración del
ser humano como “puramente libre” o “puramente determinado” argumentando que
ambas suponen negarse a aceptar el dilema del hombre.
Dentro de esta concepción introdujo como fundamentales en el contexto de la terapia
las experiencias existenciales de la ansiedad, el amor y el poder. Algunas de las
características que May propone como propias de la terapia existencial son las
siguientes:
20
1) El objetivo de la terapia existencial es el de aumentar la conciencia del cliente
respecto de su propia existencia y, así, ayudar a que experimente su existencia como
real.
2) La técnica debe estar subordinada al conocer, y seguir, más que preceder, al
conocimiento. La técnica, por lo tanto, debe ser flexible y ajustarse a las necesidades de
cada cliente.
3) El terapeuta y el cliente son dos personas en una auténtica relación. El terapeuta no
interpreta los hechos sino que los pone de manifiesto en su relación con el cliente.
4) Los dinamismos psicológicos no son primariamente considerados comunes a la
especie humana, sino que se pone el énfasis en considerar que la significación
particular de las dinámicas del cliente se deriva del contexto de su vida. El terapeuta no
siempre sabe qué es lo que motiva al cliente, y su actitud, más que aplicar una teoría,
consiste en escucharle con atención y respeto.
5) El terapeuta procura analizar todas las formas de comportamiento, tanto de él mismo
como del cliente, que impiden el encuentro real entre ambos.
6) La terapia existencial se caracteriza por la importancia que da al compromiso. Estar
comprometido es el verdadero modo de estar vivo.
4.3. Abraham Maslow
Abraham Maslow (1908-1970) es una de las figuras más conocidas del movimiento de
la psicología humanista; su influencia y su prestigio le llevaron a ser elegido en 1968
presidente de la American Psychological Association. Comparte con otros representantes
del movimiento humanista el intento de formular un sistema holístico abierto a la
variedad de la experiencia humana y, por tanto, el rechazo al establecimiento de un
método único para acercarse a esta diversidad. Nunca está de más insistir, en un
campo a menudo tan infantilmente excluyente como el nuestro, que la crítica a sistemas
como el conductismo o el psicoanálisis no supone la exclusión o negación de dichos
sistemas sino el señalamiento de sus limitaciones. Concretamente, Maslow propone
que se integren en sistemas más amplios, evitando sobre todo la tendencia, en sus
palabras, inmadura y dicotómica de ser, por ejemplo, freudiano o anti-freudiano: “soy
freudiano, soy conductista y soy humanista” dejó escrito en uno de sus últimos trabajos.
Posiblemente, una de las peculiaridades del trabajo de Maslow sea su interés por las
21
personas humanamente excepcionales, lo cual puede marcar una diferencia con los
sistemas que han obtenido sus datos de la patología o con los que los obtienen de la
norma. De este modo, se trataría de ir conformando una visión de la humanidad que
muestra lo que el hombre puede llegar a ser. El modo en que se actualiza ese llegar a
ser, tanto como el modo en que se puede frustrar y sus consecuencias centraron el
interés de Maslow.
A partir de lo anterior se entiende que el concepto central en la psicología de Maslow sea
el de autorrealización, entendida como culminación de la tendencia al crecimiento que
Maslow define como la obtención de la satisfacción de necesidades progresivamente
superiores y, junto a esto, la satisfacción de la necesidad de estructurar el mundo a
partir de sus propios análisis y valores.
Con relación al tema de la satisfacción de necesidades, Maslow establece su jerarquía
de necesidades, quizá la más conocida de sus aportaciones. Maslow rechazaba las
teorías de la motivación que partían de determinantes únicos de la conducta
proponiendo una teoría de determinantes múltiples jerárquicamente organizados. Esta
organización sería como sigue:
En el primer nivel estarían las necesidades fisiológicas (comida, agua, sueño, etc.),
necesidades que aún perteneciendo a este nivel tan básico tienen un componente de
individualidad. Si estas necesidades fisiológicas son razonablemente satisfechas
aparece el segundo nivel de necesidades: las necesidades de seguridad. Del mismo
modo el siguiente nivel sería el de necesidades de pertenencia y amor; Maslow
consideraba que la frustración en este nivel es el principal trasunto de los problemas
humanos de ajuste. El siguiente nivel sería el de necesidades de estima, que incluiría
la necesidad de sentirse competente, de ser reconocido por los propios logros y de
sentirse adecuado. Finalmente, el hombre se abre a las necesidades de desarrollo de
autorrealización, definida más arriba, como necesidades tan integrantes del ser
humano como las primeras.
El proceso que lleva a la autorrealización culmina en lo que Maslow (1962) llama
“experiencia cumbre”, aquello que se siente cuando se alcanza una cota como ser
humano, un estar aquí y ahora “perdido en el presente”, con la conciencia de que lo que
debería ser, es. Para Maslow, estas experiencias son perfectamente naturales y
fácilmente investigables (aunque no especifica cómo) y nos enseñan sobre el
22
funcionamiento humano maduro, evolucionado y sano. Maslow identifica la sanidad, la
autorrealización y la creatividad.
Cuando el proceso hacia la autorrealización se corta, aparecen reacciones
desanimadoras, compensatorias o neuróticas y la conducta se focaliza hacia la
evitación impidiendo el desarrollo autónomo. Maslow propone una concepción de la
patología, relacionando la privación de los Valores del ser (o Valores-B, del inglés
“being”=ser) con la aparición de determinadas alteraciones, que él llama metapatologías
y que entiende como disminuciones de lo humano. Por ejemplo, cuando el Valor-B
“verdad” es privado patógenamente y sustituido
por deshonestidad, la metapatología específica que aparece es la incredulidad,
desconfianza, cinismo o recelo.
4.4. Carl Rogers
Las propuestas de Carl Rogers (1902-1987) son, quizá, las más influyentes y conocidas
de entre las que surgieron dentro del movimiento humanista. Su enfoque terapéutico, la
terapia centrada en el cliente, también es conocido como terapia no directiva. La
hipótesis central de este enfoque la establece así brevemente Rogers: el individuo posee
en sí mismo medios para la autocomprensión, para el cambio del concepto de sí mismo,
de las actitudes y del comportamiento autodirigido; estos medios pueden ser
explotados con sólo proporcionar un clima determinado de actitudes psicológicas
favorables. De un modo resumido la terapia centrada en el cliente parte de dos
premisas fundamentales:
1) La confianza radical en la persona del cliente.
2) El rechazo al papel directivo del terapeuta.
Para Rogers el ser humano nace con una tendencia realizadora (el concepto central
en la teoría de Rogers) que, si no se falsea o se tuerce por los sucesos de la crianza,
puede dar como resultado una persona de pleno funcionamiento, es decir, alguien
permeable a nuevas experiencias, capaz de reflexión, espontáneo, y capaz de valorar
a otros y a sí mismo. La persona mal adaptada sería, pues, cerrada, rígida y
autodespreciativa.
El enfoque psicoterapéutico de Rogers enfatiza la actitud y cualidades del terapeuta
como elemento esencial del cambio. De este modo, cualidades tales como empatía,
autenticidad y congruencia son requeridas al terapeuta como condición esencial para
23
producir un cambio terapéutico: el peso recae en el terapeuta más que en la técnica.
Rogers se interesó particularmente por la comprensión y descripción del proceso de
cambio en las personas cuando estas se sienten aceptadas y comprendidas tal como
son por el terapeuta. En un primer momento del proceso de cambio, se produce una
relajación de los sentimientos. Estos pasan de describirse como algo remoto a ser
reconocidos como propios, para finalizar experimentándolos como un flujo siempre
cambiante. También se da un cambio en el modo de experimentar: el individuo comienza
muy alejado de su vivencia hasta que progresivamente la va aceptando como un
referente al que se puede acudir en busca de significados y, finalmente, la persona se
permite vivir de manera libre y permisiva y emplea sus vivencias como principal referente
de sus conductas. En este proceso igualmente se da un paso de la incoherencia a la
coherencia. En un extremo estaría el máximo de incoherencia, desconocida para el
propio individuo; progresivamente iría tomando conciencia de sus contradicciones para
terminar experimentando sólo la incoherencia de modo ocasional puesto que ya no
percibe como amenazadora su experiencia. Cambia también su relación con los
problemas, desde su negación, pasando por su reconocimiento, hasta la conciencia de
la propia participación en su génesis. Igualmente, el modo de relacionarse cambia
desde la evitación de las relaciones íntimas hasta una vivencia abierta y libre de su
relación con los demás.
5. Valoración de la psicología humanista
A la hora de evaluación de la psicología humanista se le ha atribuido el mérito de que
conceptos como subjetividad, experiencia o construcción de significado hayan tenido su
lugar. Myers (1994), da cuenta de una serie de investigaciones en las que a través de la
comparación de los resultados de encuestas de los años 30 y los años 80, se concluye
que las ideas de Maslow y Rogers han influido notablemente en las creencias de la
sociedad norteamericana. De un modo más específico, las propuestas de Rogers sobre
la importancia de la actitud del terapeuta, y por extensión las del educador, parecen
tener un alto grado de aceptación (Orlinsky y Howard, 1986), sino como condición
suficiente para inducir el cambio tal como creía Rogers, sí como condición necesaria.
En lo que respecta a las críticas recibidas, la más relevante es la ausencia de validación
empírica de sus propuestas. Se ha señalado que esta crítica no es del todo justa (Feixas
24
y Miró, 1993; Rosal, 1982) y que Rogers señala la necesidad y conveniencia de
entender como hipótesis sus propuestas y someterlas a validación empírica (véase
Rogers, 1968, quinta parte, para su posición con respecto a la investigación y Rice y
Greenberg, 1984, para una compilación sobre investigaciones sobre supuestos
humanistas). Gendlin (1988) ha señalado, incluso, que Rogers fue pionero en insistir en
la unión entre la psicoterapia y las técnicas objetivas de la psicología experimental,
grabando las sesiones y evaluando el efecto de las sesiones por medio de la aplicación
de tests antes y después de la terapia.
A pesar de estas matizaciones, no se puede ignorar que la crítica inicial humanista a
los excesos en cuanto a artificialidad y reduccionismo del experimentalismo y su
énfasis en la riqueza de la subjetividad derivó, en muchas ocasiones, en un rechazo
frontal que incluso provocó, por sus excesos, el abandono del movimiento de alguno de
sus fundadores, como fue el caso de George Kelly (Feixas y Miró, op. cit.).
Como una consecuencia de este rechazo, los conceptos básicos y postulados
humanistas (autorrealización, experiencia cumbre, tendencia realizadora) han adolecido,
en muchos casos, de una falta de definiciones operacionales que dificulta su
investigación.
Junto a lo anterior hay que señalar que el énfasis en una visión positiva y optimista del
ser humano, sobre todo en los autores norteamericanos, a dado lugar a un lenguaje
abusivo y a una posición poco realista que no es ajena al declive de este movimiento,
como ya señalara uno de sus fundadores, Rollo May: “El tema del mal, o mejor el tema
de no enfrentarlo tiene unos profundos y, a mi entender, adversos efectos en la
psicología humanista. Creo que es el error más importante de la psicología humanista.
Por lo tanto Yankelovich puede decir que la psicología humanista es el narcisismo de
nuestra cultura. Yo creo que está en lo cierto” (May, 1982, citado en Villegas, 1984, p.74).
Wertz, en un estudio de 1998, revisó el tratamiento dado a la psicología humanista en
24 textos norteamericanos de historia de la psicología. Sus conclusiones son que el
tratamiento es muy desigual: en algunos textos el movimiento es minimizado, mientras
que en otros se trata extensamente, pero prevaleciendo las inconsistencias entre varios
textos. Wertz achaca esta situación, en parte, a los historiadores pero también señala
que refleja el fracaso de los psicólogos humanistas en darse a conocer en toda su
complejidad. El impacto directo de la psicología humanista en la profesión puede ser
25
medido a través de los estudios de autocaracterización (declaración de adscripción a
una orientación teórica u otra); si bien los resultados de estos estudios varían según se
formule la pregunta (listas cerradas o abiertas de orientaciones teóricas, posibilidad de
elegir una o varias opciones) proporcionan datos interesantes. En 1988 el 4% de los
psicólogos clínicos norteamericanos se autocaracterizaban como humanistas (Barrom,
Shadish y Montgomery, 1988); este porcentaje subía al 7,9 en 2001 también entre los
psicólogos clínicos norteamericanos (fuente: National Register); en un estudio más
cercano, de 1998, el 8,7% de los participantes (psicólogos adscritos al Colegio de
Psicólogos de Madrid) se autocaracterizaban como humanistas. Como se ve, se puede
hablar, quizá, de una minoría estable en cuanto al impacto directo y, como se ha
señalado al principio de este apartado, de una influencia de algunos de los principios de
la psicología humanista en campos tales como la educación o los estudios sobre el efecto
de la relación terapeuta paciente en el resultado de la terapia.
LECTURAS SUGERIDAS
MASLOW, A. (1973). El hombre autorrealizado. Barcelona: Kairós (Orig. 1963.
MAY, R. (2000). El dilema del hombre. Barcelona: Gedisa (Orig. 1967).
MAY, R. (Comp.) (1963). Psicología Existencial. Buenos Aires: Paidós.
ROGERS, C. (1968). El proceso de convertirse en persona. Buenos Aires:
Paidós.
VILLEGAS, M. (1982). Origenes y fundamentos de la psicología humanista. Revista
de Psiquiatría y Psicología Humanista, 1, 115-120.
26
4.La revolución cognitiva: una perspectiva histórica
George A. Miller
Resumen
La Ciencia Cognitiva es una criatura de los años cincuenta,
producto de una época cuando la psicología, la antropología y la
lingüística se redefinían a sí mismas y la ciencia de la computación
y la neurociencia surgían como disciplinas. La psicología no podía
participar en la revolución cognitiva hasta tanto no se librara del
conductismo, restableciéndole así a la cognición respetabilidad
científica. Para entonces, empezaba a resultar evidente en varias
disciplinas que la solución a algunos de sus problemas dependía
en resolver problemas que tradicionalmente se asignaban a otras
disciplinas. Se requería colaboración: este es un relato personal
de cómo surgió todo esto.
Palabras clave: Psicología, Ciencia cognitiva, Historia personal
Summary
Cognitive science is a child of the 1950s, the product of a time
when psychology, anthropology and linguistics were redefining
themselves and computer science and neuroscience as disciplines
were coming into existence.Psychology could not participate in the
cognitive revolution until it had freed itself from behaviorism, thus
restoring cognition to scientific respectability. By then, it was
becoming clear in several disciplines that the solution to some of
their problems depended crucially on solving problems traditionally
allocated to other disciplines. Collaboration was called for: this is a
personal account of how it came about.
Keywords: Psychology, Cognitive science, Personal account
Cualquiera puede hacer
historia. Solamente un gran hombre
puede escribirla.
El aforismo de Oscar Wilde resulta apropiado. Para entonces, la sugerencia de
que estábamos haciendo historia hubiera sonado presuntuoso. Pero cualquiera puede
hacer historia; escribir historia es otro asunto. Estoy al tanto de la preparación requerida
y nada que se le aproxime se expresa en la historia que contaré aquí. Sin embargo,
ofrezco este relato personal con la esperanza de poder ser de interés y ayudar a los
verdaderos historiadores de la ciencia. Cuando estaba sucediendo no me daba cuenta
que de hecho, era un revolucionario y dos historias diferentes se entretejieron en mi
27
vida. Aunque se develaron simultáneamente, contaré aquí primero la historia
psicológica.
28
La revolución cognitiva en psicología
La revolución cognitiva en psicología fue una contra revolución. La primera
revolución ocurrió mucho antes cuando un grupo de psicólogos experimentales, influido
por Pavlov y otros fisiólogos, propusieron redefinir a la psicología como la ciencia de la
conducta. Ellos argumentaban que los eventos mentales no eran observables
abiertamente. La única evidencia objetiva disponible es, y debería ser, la conducta.
Cambiando el objeto al estudio del comportamiento, la psicología podía convertirse en
una ciencia objetiva basada en las leyes científicas del comportamiento. La revolución
conductista transformó la psicología experimental en los Estados Unidos. La
percepción se convirtió en discriminación, la memoria en aprendizaje, el lenguaje en
comportamiento verbal, la inteligencia se convirtió en lo que la pruebas de inteligencia
medían. Para cuando fui a la escuela de postgrado en Harvard, a comienzos de los
años 40, la transformación era completa. Me educaron para estudiar el
comportamiento y aprendí a traducir mis ideas a la nueva jerga del conductismo. Como
estaba muy interesado en habla y audición, la traducción llegó a veces a requerir de
trucos. Incluso la propia reputación como científico podía depender de cuan bien se
manejaran esos trucos.
En 1951, publiqué el libro Lenguaje y comunicación (Language and
Communication )
[1], producto de cuatro años de dictar en Harvard el curso Psicología del lenguaje.” En
su prefacio, escribí: “el sesgo es conductista--no fanáticamente conductista, pero
ciertamente contaminado por una preferencia. No parece haber un tipo más científico
de sesgo, o, si lo hay, resulta después de todo conductista. ” Cuando ahora leo este
libro es ecléctico, no conductista. Unos cuantos años después B.F. Skinner publicó
Conducta verbal (Verbal Behavior) [2], un tratamiento verdaderamente conductista del
lenguaje y la comunicación. Para los estándares de Skinner, mi libro tenia poco o nada
que ver con la conducta. En 1951, al parecer todavía esperaba ganar respetabilidad
científica jurando lealtad al conductismo. Cinco años más tarde, inspirado por
colegas como Noam Chomsky y Jerry Bruner, había dejado de fingir ser conductista.
De tal manera que fecho tal revolución cognitiva en psicología a esos años a
comienzos de los 50.
Limitaciones de la teoría de la información
Durante esos años personalmente resulté frustrado en mis intentos por aplicar
la teoría de la información de Claude Shannon a la psicología. Después de cierto éxito
inicial, no podía aplicarla más allá del propio análisis de Shannon de las secuencias
de letras en textos escritos. Los procesos de Markov, en los cuales se basaba el
análisis de Shannon del lenguaje, tenían la virtud de ser compatibles con el análisis
de estímulo-respuesta preferido por los conductistas. Pero la medida de la
información se basa en probabilidades y las probabilidades parecían cada vez más
interesantes que sus valores logarítmicos y ni las probabilidades ni sus logaritmos,
derramaron mucha luz sobre los procesos psicológicos responsables. Estaba por lo
tanto listo para el alternativa de Chomsky a los procesos de Markov. Una vez que
comprendí que los procesos de Markov de Shannon no podrían desembocar en
lenguaje natural, comencé a aceptar la teoría sintáctica como un mejor recuento de los
29
proceso cognitivos responsables de los aspectos estructurales del lenguaje humano.
Las reglas gramaticales que gobiernan frases y oraciones no son conductas. Son
hipótesis mentales sobre los procesos cognitivos responsables de los
comportamientos verbales que observamos.
El final del conductismo
El conductismo fue una emocionante aventura para la psicología experimental,
pero a mediados de los años cincuenta era evidente que no podría tener éxito. Como
Chomsky afirmó, definir a la psicología como la ciencia del comportamiento era como
definir a la física como la ciencia de la lectura de medidores. Si la psicología científica
fuera a tener éxito, los conceptos mentalistas tendrían que integrar y explicar los datos
del comportamiento. Seguíamos siendo renuentes a utilizar términos tales como
“mentalismo” para describir lo que necesitábamos, así que hablábamos en su lugar
de cognición. Como quiera que le llamáramos, la contra revolución cognitiva en
psicología trajo a la mente de nuevo a la psicología experimental. Pienso que es
importante recordar que lo mental nunca había desaparecido de la psicología social
o clínica. Eran solamente los psicólogos experimentales norteamericanos quienes
realmente creían que el conductismo funcionaría. En mi propio caso, cuando me sentí
descontento en Harvard entre el conductismo de B.F. Skinner y la psicofísica de S.S.
Stevens, recurrí a la psicología social de Jerry Bruner y en 1960 esto llevó a la creación
en Harvard del Centro de Estudios Cognitivos. El grupo de Bruner de la calle Bow se
había estado llamando el Proyecto Cognitivo, así que simplemente lo cambiamos de
proyecto a centro. Bruner obtuvo una subvención de la Carnegie Corporation de Nueva
York y el decano Bundy nos dio el espacio para cobijar el proyecto. Reunimos a un
grupo de brillantes jóvenes graduados y algunos académicos mayores que compartían
nuestros intereses. Peter Wason, Nelson Goodman y Noam Chomsky ejercían la
mayor influencia en mi pensamiento en aquella época. El Conductismo floreció sobre
todo en los Estados Unidos y esta revolución cognitiva en psicología abrió de nuevo la
comunicación con algunos distinguidos psicólogos del exterior. En Cambridge, en el
Reino Unido, el trabajo de Sir Frederic Bartlett sobre memoria y pensamiento habían
seguido siendo inmunes al conductismo. En Ginebra, los insights de Jean Piaget sobre
la mente de los niños habían inspirado a un pequeño ejército de seguidores. En Moscú,
A.R. Luria era uno de los primeros en ver al cerebro y a la mente como un todo.
Ninguno de estos tres últimos estuvieron en el Centro pero conocíamos bien su trabajo.
Siempre que teníamos dudas de nosotros pensábamos en esta gente y nos daban
valor sus logros.
Me complace decir que el centro de Estudios Cognitivos de Harvard fue un éxito.
Los brillantes jóvenes graduados crecieron hasta convertirse en importantes psicólogos
sin temor a palabras como mente, expectativas, percepción y memoria. Así fue como
experimenté la revolución cognitiva en psicología.
La revolución cognitiva y la ciencia cognitiva
Mientras los psicólogos experimentales repensaban la definición de psicología,
otros progresos importantes ocurrían en otro sitio. La cibernética de Norbert Winer
ganaba renombre, Marvin Minsky y John McCarthy inventaban la inteligencia artificial,
y Alan Newell con Herbert Simon utilizaban las computadoras para simular procesos
30
cognitivos. Finalmente, Chomsky redefinía él solo la lingüística. En el epílogo histórico
a Solución de problemas humanos (Human Problem Solving) [3] Newell y Simon dicen:
“1956 se podría tomar como el año crítico para el desarrollo de la psicología del
procesamiento de la información” (p. 878). Esto no es difícil de justificar. Fue en 1956
cuando McCarthy, Minsky, Shannon y Nat Rochester organizaron una conferencia
sobre inteligencia artificial en Dartmouth a la que asistió casi todos los que en aquella
época que trabajaban en ese campo. En 1956 Shannon y McCarthy editaron Estudios
en autómatas (Automata studies) [4] y Minsky distribuyó un informe técnico que,
después de muchas revisiones y 5 años más tarde, se convirtieron en su influyente
artículo, Pasos hacia la inteligencia artificial (Steps toward artificial intelligence) [ 5].
Fue también en 1956 cuando Bruner, Jackie Goodenough y George Austin publicaron
Un estudio del pensamiento (A Study of Thinking) [6], que consideró seriamente la
noción de estrategias cognitivas. En 1956 la teoría de detección de señales fue
aplicada a la percepción por Tanner, Swets, Birdsall y otros en Michigan. Publiqué el
artículo titulado el “Mágico numero siete, más o menos dos” (‘The magical number
seven, plus or minus two’) [7] el cual describe algunos límites en nuestra capacidad
humana para procesar la información. En 1956 Ward Goodenough y Floyd Lounsbury
publicaron varios artículos sobre el análisis componcial2 (componential analysis) que
se convirtieron en modelos para la antropología cognitiva; J.B. Carroll editó una
colección de artículos de Benjamín Lee Whorf sobre los efectos del lenguaje en el
pensamiento. En resumen, 1956 fue un buen año para los interesados en las teorías
de la mente, pero fue apenas mejor que los años que le precedieron y le siguieron.
Muchos cabalgaban sobre las olas que comenzaron durante la Segunda Guerra
Mundial: los de la servo teoría, la teoría de la información, la teoría de la detección de
señales, la teoría de la computación y las propias computadoras.
El momento de la concepción
Newell y Simon estaban en lo correcto al señalar a 1956, el cual era no
solamente crucial para su propio desarrollo sino para todos nosotros. De hecho, puedo
precisarlo mejor. Fecho el momento del concepto de la ciencia cognitiva como 11 de
septiembre de 1956, el segundo de día de un simposio organizado por el Grupo de
interés especial en Teoría de la Información en el Instituto de Tecnología de
Massachusetts [8]. Por supuesto, para entonces nadie se daba cuenta de que había
sucedido algo especial por lo cual nadie pensó que necesitaba un nombre; eso ocurrió
mucho más adelante. El presidente del comité organizador era Peter Elias, quien solo
recientemente había llegado al MIT con una beca Junior de Harvard. El primer día, el
10 de septiembre, estuvo dedicado a la teoría de la codificación, pero fue el segundo
día del simposio que considero como el momento de la concepción de la ciencia
cognitiva. La mañana comenzó con un trabajo de Newell y de Simon sobre su
“máquina lógica.” El segundo trabajo era de la IBM: Nat Rochester y colaboradores
habían utilizado la computadora más grande entonces disponible (una IBM 704 con
una memoria de base de 2048 palabras) para verificar la teoría neuro psicológica de
Donald Hebb de los ensambladores de celdas (cell assemblies). Víctor Yngve dio
luego una charla sobre el análisis estadístico de brechas (statistical analysis of gaps)
y su relación con la sintaxis. La contribución de Noam Chomsky utilizaba teoría de la
información como un complemento para la exposición pública de la gramática
generativa transformacional. Elias comentó que otros lingüistas le habían dicho que el
31
lenguaje tiene toda la precisión de la matemática pero Chomsky fue el primer lingüista
que sustentaba ese planteamiento. Su trabajo de 1956 contenía las ideas que amplió
un año más tarde en su monografía, Estructuras sintácticas (Syntactic Structures) [9]
que inició una revolución cognitiva en lingüística teórica. Para completar el segundo
día, G.C. Szikali describió algunos experimentos sobre la velocidad del reconocimiento
perceptivo; yo hablé sobre cómo evitamos el embotellamiento creado por nuestra
limitada memoria a corto plazo; luego Swets y Birdsall explicaron el significado de la
teoría de la detección de señales para el reconocimiento perceptivo. El simposio
concluyó al día siguiente.
Dejé el simposio con la convicción, más intuitiva que racional, de que la
psicología
experimental, la lingüística teórica y la simulación por computadora de los procesos
cognitivos son todos parte de una totalidad más grande y que el futuro vería una
elaboración y coordinación progresiva de estas preocupaciones compartidas.
El nacimiento de la ciencia cognitiva
Para 1960 estaba claro que algo interdisciplinario estaba ocurriendo. En Harvard
lo llamamos estudios cognitivos, en Carnegie-Mellon lo llamaron psicología del
procesamiento de información y en La Jolla lo llamaron ciencia cognitiva. Como lo
llamaran realmente no importaba hasta 1976, cuando la Fundación Alfred P. Sloan
se interesó. Esta fundación acababa de terminar un programa de apoyo altamente
exitoso para un nuevo campo llamado
2Método de análisis semántico. No debe confundirse con el método estadístico de
análisis de componentes principales. También se conoce como método de
Descomposición léxica. N.T.
32
“neurociencia” y dos vice presidentes de la fundación, Steve White y Al Singer,
pensaban que el siguiente paso sería tender un puente para cerrar la brecha
entre el cerebro y la mente. Necesitaban alguna manera para referirse a este
próximo paso y seleccionaron ciencia cognitiva. Crearon un programa especial
Sloan en Ciencia Cognitiva para explorar las posibilidades. Me enteré del
interés de la fundación en 1977 por Kenneth A. Klivington, quien era del
personal directivo de la fundación. Mi recuerdo es que Ken había hablado
con Marvin Minsky y otros en el MIT y consideraban recomendar que la
fundación invirtiera en inteligencia artificial. Temerariamente, planteé que en
ese caso el dinero de la fundación fuera empleado en comprar computadoras.
Planteé que la IA era simplemente parte de un movimiento mucho más amplio.
En aquella época la fundación Sloan era susceptible a la imputación de
solamente estar patrocinada por el MIT, así que mi gestión para un frente más
amplio fue bien recibido.
Las actividades interdisciplinarias
Argumenté que por lo menos seis disciplinas estaban involucradas:
psicología, lingüística, neurociencias, computación, antropología y filosofía.
Veía a la psicología, la lingüística y la computación como centrales y, a las
otras tres, como periféricas. Estos campos representaban y todavía
representan, una conveniente división institucional pero intelectualmente
resulta incómoda. Cada una, por accidente histórico, había heredado una
manera particular de ver la cognición y cada una había progresado lo suficiente
como para reconocer que la solución a algunos de sus problemas dependía
en forma crucial de la solución de los problemas asignados tradicionalmente a
otras disciplinas. La fundación Sloan aceptó mi argumento y se organizó en
1978 un comité con personas de los diferentes campos para resumir el estado
de la ciencia cognitiva, y preparar un informe que recomendara las acciones
apropiadas. El comité se reunió una sola vez, en la ciudad de Kansas. Muy
pronto fue evidente que cada quien conocía su propio campo y había oído
hablar de un par de resultados interesantes en otros campos. Después de
horas de discusión, los expertos en la disciplina X estaban poco dispuestos a
emitir juicios sobre otra disciplina y así sucesivamente. Al final, cada quien hizo
algo en lo que era competente: cada quien resumió su propio campo y los
editores--Samuel Jay Keyser, Edward Walker y yo mismo-- acomodamos
juntos un informe (Keyser, S.J., Miller, G.A., y Walker, E., Ciencia Cogntiva en
1978 (Cognitive Science in 1978). Un informe no publicado presentado a la
Alfred P. Sloan Foundation, Nueva York). Nuestro informe tenía una figura, que
se reproduce aquí (Fig. 1). Los seis campos están conectados en un
hexágono. Cada línea en la figura representaba un área de la investigación
interdisciplinaria que estaba bien definida en 1978 y que comprendía las
herramientas de las dos disciplinas que vinculaba. Así, la cibernética utilizó
conceptos desarrollados por la computación para modelar funciones del
cerebro dilucidadas en neurociencia. Igualmente, la computación y la
lingüística ya estaban vinculadas a través de la lingüística computacional. La
lingüística y la psicología están vinculadas por la psicolingüística, la
antropología y la neurología estaban vinculadas por los estudios de la
33
evolución del cerebro y así sucesivamente. Creo que hoy, los quince posibles
vínculos podrían ser ilustrados con investigación respetable, y los once
vínculos que consideramos existían en 1978 se han consolidado sólidamente.
El informe fue presentado, revisado por otro comité de expertos y aceptado
por la fundación Sloan. El programa que se inició ofreció becas a varias
universidades con la condición que los fondos fueran utilizados para promover
la comunicación entre disciplinas. Una de las becas más pequeñas fue para
Michael Gazzaniga, entonces en la Escuela de Medicina de Cornell lo cual le
permitió iniciar lo que desde entonces se ha convertido en la neurociencia
cognitiva. Como consecuencia del programa Sloan, muchos académicos se
familiarizaron y fueron más tolerantes con los trabajos de otras disciplinas. Por
varios años florecieron los seminarios, coloquios y simposios interdisciplinarios.
Fig. 1. La Ciencia Cognitiva en 1978. Cada línea
vinculando dos disciplinas representa investigación
interdisciplinaria que existía en 1978. (Psicología,
Computación, Lingüística, Antropología,
Neurociencia, Filosofía).
Las ciencias cognitivas hoy
Desafortunadamente, la Fundación Alfred P. Sloan no continuó con
esta iniciativa, pero las interacciones propiciadas a principios de los años 80
han dejado huella. Algunos veteranos de esos días se preguntan si el
programa fue acertado y si realmente hay algo ahora que podamos llamar
“ciencia cognitiva.” En mi caso prefiero hablar de las ciencias cognitivas, en
plural. Pero el sueño original de una ciencia unificada que descubriría las
capacidades de representación y de cómputo de la mente humana, así como
de su realización estructural y funcional en el cerebro humano, todavía
mantienen un atractivo que no puedo resistir.
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Referencias
1 Miller, G.A. (1951). Language and Communication, McGraw-Hill.
2 Skinner, B.F. (1957). Verbal Behavior, Appleton-Century-Crofts.
3 Newell, A. & Simon, H.A. (1972). Human Problem Solving, Prentice-Hall.
4 Shannon, C.E., McCarthy, J. eds (1956). Automata Studies, Annals of
Mathematics Studies (Vol. 34) Princeton University Press.
5 Minsky, M. (1961). Steps toward artificial intelligence. Proc. IRE 49, 8–29.
6 Bruner, J.S. et al. (1956). A Study of Thinking, John Wiley.
7 Miller, G.A. (1956). The magical number seven, plus or minus two.
Psychological Review, 63, 81–97.
8 Elias, P. et al. (1956). Information theory. IRE Trans. Information Theory, IT-
2(3).
9 Chomsky, N. (1957). Syntactic Structures, Mouton.
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