Hay algo particular detrás de las figuras de los memes y videos graciosos que tanto
nos hacen reír: no sabemos quiénes son, solamente conocemos “esas” imágenes
de “esos” personajes, no vemos la parte de atrás. Podríamos compararlos con lo
que se contaba antes de los locutores de radio míticos, de quienes no se conocía la
cara y solamente la voz, de esos que se rumoreaba que no se mostraban porque
quedaban mal delante de la cámara y preferían ser solo alguien que hablaba en el
éter.
Y sí, puede pasar que cuando nos enteramos de quién era ese del que nos
estábamos riendo la magia se quiebre en mil pedazos. No todos quieren conocer
que el correntino que dice “camisaqui, pantaloncito, qué cortecito, ay ay ay” tiene
problemas de salud mental, que Wendy Sulca hoy en día odia su hit “La tetita” y no
lo quiere cantar o que la carrera de boxeador de Köksal Baba es absurda y no tiene
fundamento. Algunos querrán fingir demencia y seguir riendo con toda la boca; una
opción totalmente respetable.
Para esos que tenemos emparejado el bichito de la curiosidad y el estómago para la
bizarrería chistosa, llega el documental Que no se acabe el show, sobre la vida del
mito cordobés Fabián Show. El cantante estrella de Bell Ville, dueño de dotes
coreográficos fuera de serie, se hizo famoso de forma escalonada: primero en
shows menores de la zona, de ahí a ser un número fijo en el canal de tele de su
pueblo natal y cantar en los bailes cordobeses del fin de semana, luego en viaje sin
escala al programa Sin codificar de Diego Korol, para así aterrizar, después de su
triste y repentina muerte, viralizado como chiste tiktokero, meme o sticker de
Whatsapp. Un dato suelto que nos permite dimensionar el fenómeno sostiene que el
nombre “Fabián Show” alcanzó 1,8 millones de búsquedas en esa plataforma en los
años de la pandemia. Esta viralización rabiosa llevó a que el grupo Los Reyes del
Cuarteto incluyera imágenes suyas en un videoclip de 2021, que Bell Ville dejara de
ser asociado con el futbolista Mario Alberto Kempes y pasara a ser reconocido como
el lugar de donde salió el gran Fabián Show y a que el público del Lollapalooza 2023
tratara de contarle a la cantante española Rosalía sobre la otra Rosalía, llamada
también “la bailarina del pueblo”, una señora de que acompañaba a Fabián en sus
shows bailando con un movimiento de cadera impecable. Esto último es de lo más
curioso: de bailarina de un cantante cuartetero pasa a meme tiktokero y de ahí a
canto popular en un recital de una estrella española. ¿Terminará incluyendo en su
show la creadora de Motomami el pasito a contramano de esa otra Rosalía? Nada
es imposible, el pastiche de información opera de formas misteriosas.
Que no se acabe el show está dirigida y producida por Daro Ceballos, un director
especializado en cine de terror que también hace videoclips. Filmada a partir de
entrevistas a sus familiares y vecinos que lo vieron avanzar en su camino a la fama,
también tendremos la posibilidad de apreciar sus shows privados a los que nunca
habíamos tenido acceso. Todo junto, todo pegado, sin pausas. Durante una hora y
media estaremos en el mundo de Fabián: la voz de la madre y sus hermanas
contando de su infancia, la de su pareja y sus vecinos narrando la vida de ensayos y
sacrificios y la de la vestuarista detallando los parches que le ponía en las rodillas
para que pudiera tirarse sin romperse nada.
Esta información parece, a primera vista, no importarle a nadie, pero la parte de
atrás, el detrás de escena, la construcción del mito, es casi tan encantadora como la
de adelante. Si con el podcast de Andrea Prodan podemos pasar a hacer una
escucha más profunda del postpunk argento de Sumo y Luca Prodan, también
podemos decir que algo parecido pasa con Fabián: conociendo sus secretos
apreciamos mejor lo que nos daba tanta risa. Ahora vamos a saber que él era
consciente de que no era un cantante experto y que le interesaba la idea de
divertirnos, que su carrera artística tenía la épica de arrancar con un accidente de
ruta en el que casi muere y que le indicó que debería dedicarse a la música;
veremos al carnicero que le permitió dar sus primeros recitales en la puerta de su
local y a su madre contando que Fabián soñaba con la locura de volar. El arte del
cuartetero más extraño, que conocimos gracias a TikTok o YouTube en una noche
desvelada, pasa a una nueva instancia y a tener más matices.
Daro Ceballos reside en Bell Ville y conoció a Fabián Show de la mejor forma, en
uno de los recitales que daba en los bailes cuando él ya era reconocido. Su idea
inicial era seguirlo y hacer un verdadero documental retratando a un ídolo. Hubiera
sido hermoso y emocionante, pero no se pudo. Confiesa que al enterarse de su
muerte todo estalló en mil pedazos: el protagonista de su película no estaba más, no
había nada que hacer, no podía revivirlo; por más de que él se dedicara al cine de
terror, hacer un pelicula con un zombie de Fabián Show no era algo posible. Según
sus propias palabras, tuvo que hacer su documental con los restos, los relatos de
los sobrevivientes, los shows que él había dejado registrados en videos. Es curioso
pensar que el documental –disponible en YouTube– es lo que no tenía que ser y, a
la vez, tiene la belleza de algo que tuvo que ser otra cosa. Que no se acabe el show,
que no se pare de bailar, que no se pare, todos bailemos conga. Conga, conga,
conga. Ouhooooo, ouhooooo.
Hasta no hace tanto, los que saben de memes aseguraban que no importaba de
qué nos estuviéramos riendo. Nos daba igual la vida privada de András Arató, pero
la mayoría cambiamos con el Paint o el Canva algo de lo que él dice; todos
mandamos el sticker de la nena con cara graciosa y ninguno sabía que su nombre
es Mia Talerico. Lo divertido era poder tomarlos y hacerlos expresar lo que
queríamos decir, que la mueca de Fabián Show cantando fuera muy parecida a la
nuestra cuando nos quedábamos sin wifi. Ahora, ya habiéndonos reído bastante,
llegó el momento en el que algunos queremos correr el telón: ver si los atributos del
negro del Wathsapp son reales, saber en qué anda la Tigresa del Oriente, conocer
cuál era la playa uruguaya en la que veraneaba la inmortal Mamama de Tiranos
temblad. No para intelectualizar, nada que ver; lo primordial acá es seguir riendo
otro poco, tener más ganas de mandar chistes a grupos de amigues y manejar
nuevos argumentos para subir al Instagram una story ingeniosa. Que no se pare de
memear, que no se pare.