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umario:
1-Los contratos de medicina prepaga –que son aquéllos en que una empresa especializada
se obliga a prestar el servicio de asistencia médica a una persona o grupo de ellas
recibiendo, como contraprestación, el pago de una suma de dinero que es generalmente
periódico-, no están contemplados dentro de ninguna de las figuras previstas por los
códigos de fondo o leyes especiales, siendo en consecuencia innominados o atípicos.
2-La característica principal de los contratos de medicina prepaga es que, a través del
ahorro consistente en pagos anticipados verificados en el transcurso del tiempo, los
pacientes se protegen de riesgos futuros en su vida o salud. Es decir, el beneficiario se
asegura que si necesita los servicios prometidos, podrá tomarlos, aunque no tenga certeza
de cuándo ni en que calidad, pudiendo ocurrir inclusive que nunca los requiera, en cuyo
caso el gasto realizado se traducirá únicamente en la tranquilidad que le dio la cobertura
durante todo ese tiempo.
4-Es primordial tener en cuenta en los contratos de medicina prepaga que tratándose del
derecho a la salud, que está comprendido dentro del derecho a la vida –primer derecho
natural de la persona humana preexistente a toda legislación positiva- es menester buscar
una adecuada solución, que resulte flexible y no implique un abordaje severo y
estrictamente contractual del problema, sino desde un lugar que tome en cuenta las
circunstancias del actor y las particularidades del sistema en que la relación se inserta,
alejada del riguroso encuadramiento de la vinculación de los negocios comerciales.
6-En los contratos de consumo con cláusulas predispuestas, se impone una interpretación
restrictiva de las cláusulas generales que excluyen la cobertura para determinados
supuestos. Por tal motivo, y aunque la previsión reglamentaria fuera clara al respecto, es
importante examinar de qué modo se llevo a cabo la relación entre las partes y cuál fue la
conducta observada por la empresa desde que se celebró el contrato y hasta que se hizo
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valer la cláusula de exclusión; sólo así podrá indagarse cuál es el alcance concreto que de
común acuerdo y con independencia de las estipulaciones predispuestas, se debe dar a las
prestaciones recíprocamente asumidas.
11-Es sabido que las actitudes discriminatorias son inconstitucionales e ilícitas y merecen la
repulsa del ordenamiento jurídico, pero para identificarlas, no sería correcto ni razonable
tomar como punto de partida otro prejuicio, es decir, concluir que ante la sola presencia de
un paciente seropositivo cualquier incumplimiento tiene su causa en una conducta
irracional y discriminatoria, ya que implicaría sustituir uno por otro. De allí es necesario
que existan indicios suficientes que autoricen a concluir de ese modo, extremos que no
encuentran apoyo probatorio en el caso, toda vez que de la profusa prueba rendida, se
desprende que el tratamiento deshumanizado que fue dado al actor obedeció a cuestiones
administrativas.
12-La incertidumbre, el desamparo y hasta se puede decir, el maltrato a que fue sometido el
actor en un trance tan difícil de su vida, la negativa a asistirlo no obstante su vulnerabilidad,
las alternativas ficticias que se le presentaban y que no solucionaban en absoluto su
dolencia inmediata –enfermedad infectocontagiosa- demuestran de forma inequívoca la
procedencia del reclamo por agravio moral.
E.G.A.S.
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Fallo:
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los días del
mes de junio de 2003, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Sala "G" de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Civil, para conocer en los recursos de apelación interpuestos
en los autos caratulados: "R.C.E.A. C/ ASOCIACION FRANCESA FILANTROPICA DE
BENEFICIENCIA Y OTRO S/ DAÑOS Y PERJUICIOS", respecto de la sentencia de fs.
924/37, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:
Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en el siguiente orden: Señores
Jueces de Cámara Doctores: CARLOS ALFREDO BELLUCCI- OSVALDO D. MIRAS-
LEOPOLDO MONTES DE OCA.-
I.- La sentencia de fs. 924/937 admitió la demanda en la medida y con los accesorios que
indica, y condenó a Asociación Francesa Filantrópica y de Beneficencia al pago de la suma
de pesos treinta y dos mil cuatrocientos, con más sus intereses y costas. Ambas partes
apelaron en resguardo de sus respectivos intereses. La actora expresó agravios a fs. 977/980
, en tanto la demandada lo hizo a fs.982/989. Las respuestas obran a fs. 996/1004 y
993/995, respectivamente.
La accionada sostiene que el alcance dado por la "a quo" al fallo de esta Sala en el juicio
sumarísimo seguido con anterioridad es equivocado, y que -sobre esa base errónea-
exorbitó el marco de esta litis en clara infracción al principio de congruencia. Reprocha -
además- que no valoró correctamente las pruebas de las cuales -a su modo de ver- no surge
incumplimiento contractual.
II.- En primer lugar habré de detenerme en la secuela del juicio sumarísimo resuelto
anteriormente por este pretorio y cuáles fueron los alcances del pronunciamiento, no sólo
porque advierto que ambas partes realizan una interpretación distorsionada, sino
fundamentalmente porque a partir de allí se allana en gran medida la suerte del presente. Al
hacerlo, repasaré también los hechos porque -en definitiva- son los mismos que aquí se
esgrimen, aunque con un objeto diferente, pues en estos autos se persigue una reparación
por la alegada infracción del deber contractual de prestar asistencia médica.
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Al promover acción de amparo -el 6 de diciembre de 1996 (ver cargo de fs.14 de ese
expediente)- el actor manifestó que con motivo del cuadro febril que lo aquejaba y luego de
consultar con su médica de cabecera, el 19 de octubre de ese año, concurrió a la guardia del
Hospital Francés. Afirmó que como no había abonado la cuota correspondiente a ese
período le negaron atención. Añade que -pese a su predisposición- no pudo abonarla en ese
acto porque era día inhábil. No obstante la mora, le informaron que si quería ser atendido
debía suscribir un pagaré por cinco mil pesos, a lo cual se negó, aunque -finalmente- por
intercesión de la médica de guardia compró un bono de consulta. Previo examen clínico, le
indicó una serie de estudios, los que no pudieron ser realizados debido a los inconvenientes
administrativos referidos. Como solución alternativa le indicaron que suscribiera un pagaré.
Al no estar dispuesto a lo que denomina "chantaje", decidió retirarse.
Relató que si bien el lunes siguiente, canceló las cuotas impagas, cuando comenzó a
realizar los trámites de internación, no lo admitieron por ser portador de HIV. Nuevamente
le manifiestaron que accederían contra la firma de un pagaré, esta vez de pesos dos mil.
Atento a que su estado de salud era sumamente delicado por un presunto cuadro de
meningitis, reclamó atención médica pero se le informó que debía ser trasladado al Hospital
Ramos Mejía. Como la demandada no ponía a su disposición una ambulancia permaneció
en el Hospital Francés hasta que la Dra. Viaggio, en contra de las directivas de las
autoridades administrativas del nosocomio y bajo su exclusiva responsabilidad, ordenó su
internación y unas prácticas diagnósticas. En esa ocasión se le practicó una punción lumbar
para descartar la existencia de meningitis. En las primeras horas del día siguiente,
precisamente a las 7:00, se le informó que debía retirarse toda vez que allí no se internaban
pacientes con SIDA. No obstante su negativa fue enviado al Hospital Penna. En este
establecimiento le realizaron una nueva punción, pues si bien comentó que ya se la habían
efectuado en el Hospital Francés, por averiguaciones realizadas le manifestaron que el
material había sido destruido.
Con motivo de los hechos y ante la negativa a ser tratado, el actor solicitó medida de no
innovar -siempre en el juicio sumarísimo- a fin que se restableciera de inmediato la
prestación médica denegada y hasta tanto se resolviera el planteo principal. A fs. 15, el 9 de
diciembre de 1996, la juez "a quo" accedió al pedido y ordenó reponer de inmediato la
prestación médica, decisión que, notificada a la emplazada a fs.16, no fue recurrida.
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Una vez más, el 18 de marzo de 1997, el actor denunció incumplimiento. En esta
oportunidad la demandada se había negado a autorizar la cobertura del medicamento
denominado "Crixivan" recetado por la médica de cabecera. Según el responde de fs.
223/225, la autorización no fue concedida en razón de no hallarse comprendido en el
manual farmacéutico, ni incluido en el contrato. Este planteo no fue tampoco resuelto,
porque con posterioridad se declaró la causa de puro derecho y se dictó resolución
definitiva (ver fs. 325/326).
Al conocer en los recursos contra la sentencia, esta Sala dejó sentadas varias premisas. Por
un lado, -en respuesta a los agravios de la emplazada- aclaró que la derivación del actor al
Hospital Penna estuvo motivada por las exclusiones previstas por el art. 7º del Estatuto de
la demandada y el Reglamento del Cefran, y no en la falta de pago de las cuotas. Por otro,
que al tiempo del dictado de la sentencia resultaba de aplicación al caso la disposición que
contiene la ley 24.754 -promulgada el mismo día en que se contestó la demanda- en la que
se dispuso que las empresas o entidades que prestan servicios de medicina prepaga, se
encontraban precisadas a cubrir -como mínimo- las mismas prestaciones obligatorias
dispuestas para las obras sociales. En este contexto, esta Sala concluyó que a la fecha de los
mencionados incumplimientos, la actitud de la emplazada importaba tanto un alzamiento
contra la medida cautelar decretada como un desconocimiento de la ley citada, por cuanto
las prestaciones exigidas se hallaban establecidas en la ley 24.455, reglamentada por el
Decreto 580 del 12 de octubre de 1995 y complementadas por la Resolución 625/97 del
Ministerio de Salud y Acción Social. Y es así que, subsanando la omisión incurrida en la
anterior instancia, este tribunal ordenó concretamente a la demandada brindar al actor, por
medio de Cefran, la cobertura médico asistencial establecida en las leyes 24.455 y 24.754, y
en el decreto y en la resolución ministerial antes citados.
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III.- Sostiene la demandada que en ningún momento se apartó del cumplimiento de las
prestaciones prometidas según el Reglamento de Cefran y del plan contratado por el actor.
Afirma que el día 19 de octubre de 1996, no obstante la morosidad del adherente, le
proporcionó asistencia médica a través de la guardia contra el pago de un bono. Y aun
cuando la Dra. Peralta que lo atendió en la ocasión, aconsejó su internación para la
posterior realización de los estudios que se indican en la pieza agregada a fs. 113/114 del
proceso sumarísimo, el actor -luego de haber sido informado de los riesgos- decidió
retirarse del establecimiento por propia voluntad.
La lectura de la pieza que obra a fs. 113/114 del expediente apiolado no puede ser
interpretada fuera de contexto. Es cierto que en la historia clínica se asentó que el
accionante se retiró voluntariamente, pero también se dejó expresa constancia que la
internación no se realizó por "problemas administrativos", expresión que debe ser entendida
en el marco de justificación que surge de la contestación de la demanda y que explicaron
después los testigos. En el escrito de fs.164/201 se dice que cuando el actor concurrió a la
guardia -Servicio de Neurología- del Hospital Francés con los síntomas que se describen en
la historia clínica -astenia, cefalea progresiva a predominio frontal y retroorbitaria, náuseas,
fotofobias y registros febriles- todo hacía presumir un probable cuadro de meningitis, pero
los "problemas administrativos" que tenía con la prepaga obstaban a la internación
médicamente prescripta. Estos estarían relacionados con la deuda de las tres cuotas de
afiliación impagas, de lo cual la demandada derivó el incumplimiento del paciente y la
consiguiente aplicación de lo dispuesto en el art. 1201 de la ley sustantiva. No obstante,
para superar el trance, se le exigió la firma de un pagaré en lugar de hacer efectiva la
caducidad de la afiliación como -sostiene- hubiera correspondido, recaudo que es
mencionado como estrategia defensiva para dar cuenta del trato considerado que se tuvo
para con el paciente.
Según manifestó la Dra. Monticelli, médica de cabecera del actor, el día antes mencionado
recibió un llamado telefónico de aquél, oportunidad en la que le refirió los síntomas que
padecía. Frente al riesgo de presentar un cuadro de meningitis le indicó que se dirigiera de
inmediato a la guardia mientras ella ponía en antecedentes a la profesional a cargo del
servicio para que tomara las medidas tendientes a descartar la mencionada enfermedad (ver
fs.11/12 de la causa penal nº 11.830/71, a la vista y fs. 552/555 de estos autos). Según surge
de la H.C la médica de guardia, Dra. Peralta, procedió a revisar al paciente e indicó
determinados estudios, los que no se llevaron a cabo, precisamente, por la falta de pago de
las cuotas, impedimento que sólo podía ser levantado contra la firma de un pagaré.
Hasta aquí no existe controversia entre las partes porque los hechos han sido reconocidos
por una y otra y fueron avalados -además- por las pruebas testificales rendidas y las
constancias de la historia clínica, que también las corrobora. El problema radica en
determinar si la negativa de la empresa merece o no ser justificada por las particularidades
del caso. He aquí el meollo de la "quaestio".-
Del peritaje de fs. 593/597 se desprende que la atención recibida en el Hospital Francés por
el actor el día 19 de octubre de 1996 fue nula, por cuanto -más allá de la perspectiva
histórica de los hechos, que revelaron la inexistencia de meningitis- en ese momento los
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indicadores imponían la realización de determinados estudios, y no consistía sólo en un
examen externo del paciente. Era indispensable obtener de la manera más rápida posible,
los resultados de laboratorio e instrumentales que avalaran o rectificaran la impresión
diagnóstica, y que no dejaran al paciente sin tratamiento sintomático. De la historia clínica
no surge que se hubiere proporcionado al enfermo ningún tratamiento y, como se vio, los
exámenes no fueron realizados por inconvenientes de índole administrativa. No obstante, la
sintomatología persistió al menos durante todo el fin de semana siguiente, a tal punto que el
lunes 22 de octubre, el accionante concurrió nuevamente -previo pago de las cuotas
insatisfechas- con el mismo cuadro que había presentado el sábado anterior.
Prefiero parecer reiterativo antes de que se pierda el hilo conductor del razonamiento y
recuerdo que, en el caso, no se trata de valorar si existió error de diagnóstico o si finalmente
se corroboró o no la patología temida al ingreso del establecimiento, sino si se brindó la
atención médica recibida que, en el caso, es inequívocamente de resultado, ya que se
trataba de poner a disposición del paciente los recursos médicos y técnicos para descartar la
existencia de la presunta enfermedad. La atención de la Dra. Peralta fue sólo un eslabón de
la cadena de recaudos que se vieron frustrados por cuestiones administrativas. Ya se verá el
alcance que cabe asignar al incumplimiento del actor, alegado por la emplazada.
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IV.- Los contratos de medicina prepaga -que son aquéllos en que una empresa especializada
se obliga a prestar el servicio de asistencia médica a una persona o grupo de ellas
recibiendo, como contraprestación, el pago de una suma de dinero que es generalmente
periódico-, no están contemplados dentro de ninguna de las figuras previstas por los
códigos de fondo o leyes especiales, siendo en consecuencia innominados o atípicos. La
característica principal de estos negocios jurídicos es que, a través del ahorro consistente en
pagos anticipados verificados en el transcurso del tiempo, los pacientes se protegen de
riesgos futuros en su vida o salud. Es decir, el beneficiario se asegura que si necesita los
servicios prometidos, podrá tomarlos, aunque no tenga certeza de cuándo ni en qué calidad,
pudiendo ocurrir inclusive que nunca los requiera, en cuyo caso el gasto realizado se
traducirá únicamente en la tranquilidad que le dio la cobertura durante todo ese tiempo
(C.S. Fallos 324:693, cons. 9°). Se ha dicho también que en razón de que las empresas de
medicina prepaga administran una hacienda cuyo objeto respecto de los asociados o
afiliados es cubrirles, facilitarles o financiarles necesidades de índole médico asistencial, tal
actividad guarda analogía con la disciplina aseguratoria, por lo que le son aplicables ciertas
reglas específicas del contrato de seguro, como la buena fe, o el mayor rigor con que cabe
apreciar la configuración de responsabilidad en los titulares de las haciendas especializadas
en razón de su objeto (conf. Andorno, Luis O., "La interpretación de los negocios
jurídicos". Derecho Privado. Libro homenaje al Dr. Alberto J. Bueres, Hammurabi, Bs.As.,
2001, pág. 595 y ss.; en el mismo sentido Lorenzetti, Ricardo L. "Cláusulas abusivas en el
contrato....", cit. pág. 791; ).
En el caso, como bien destaca la "iudex", es cierto que al tiempo del primer incumplimiento
-19 y 21 de octubre de 1996- no se encontraba vigente la disposición que hacía extensivas a
las empresas de medicina prepaga las prestaciones mínimas de salud previstas en las leyes
23.660 y 23.661 para las obras sociales. Pero también lo es que regía la ley 24.240 -
publicada en el Boletín Oficial el 26-4-93 - cuya aplicación al caso es indudable, ya que se
trata de una prestación de servicios contratada por usuarios para su consumo o destino final
(arts. 1 inc. b) (conf. Lorenzetti, Ricardo L., "La empresa médica", Rubinzal-Culzoni, 1998,
págs. 132 y ss.; Garay, Oscar E. "La medicina prepaga", ed. Ad Hoc, 2002, pág.111 y ss y
138 y ss.Weingarten, Celia, "El contrato de medicina prepaga y cláusulas abusivas", ed.
Juris, pág.25 ss; Zentner, Diego H. "Perfiles actuales y cláusulas abusivas en el contrato de
medicina prepaga", JA 1999-IV, pág.1257; Lorenzetti, Ricardo L. "Cláusulas abusivas en el
contrato de medicina prepaga", J.A. 1997-III, pág.738; Vázquez Ferreyra, Roberto A.
"Medicina prepaga, contratos de adhesión y tutela del consumidor", J.A. 1998-III, pág. 405;
Andorno Luis O. "Un importante fallo de la Corte Suprema en materia de cláusulas
predispuestas en el contrato de medicina privada", en rev. Responsabilidad Civil y Seguros,
pág. 33 ss.). Resulta innegable que el contrato de prestación médica prepaga es un modo de
consumo social y que, en la práctica, existe un verdadero monopolio de hecho entre los
organizadores del servicio. El asociado está precisado a adherir o no al plan de una empresa
u otra, pero cualquiera sea que elija, las reglas habrán de ser similares (conf. Ghersi-
Weingarten-Ippolito, "Contrato de medicina prepaga", pág. 132 ss.).
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toda legislación positiva (Fallos 302:1284; 310:112; 323: 1361)- es menester buscar una
adecuada solución, que resulte flexible y no implique un abordaje severo y estrictamente
contractual del problema, sino desde un lugar que tome en cuenta las circunstancias
concretas del actor y las particularidades del sistema en que la relación se inserta, alejada
del riguroso encuadramiento de la vinculación de los negocios comerciales. Pues, si bien la
actividad que asumen las empresas de medicina prepaga es de esa índole (arts. 7° y 8° inc.
5° del código de comercio), en tanto ellas tienden a proteger garantías constitucionales a la
vida, a la salud, seguridad e integridad de las personas (art. 3 de la " Declaración Universal
de los Derechos Humanos"; 4 y 5 de la "Convención Americana sobre Derechos
Humanos", 42 y 75 inc. 22 de la Ley Fundamental), también adquieren un compromiso
social con los usuarios que obsta a que -sin más- puedan desconocer un contrato al amparo
de contrariar su propio objeto, ya que deben asegurar a los beneficiarios las coberturas tanto
pactadas como legalmente establecidas. En el Preámbulo de la CN "ya se encuentran
expresiones referidas al bienestar general, objetivo preeminente en el que, por cierto, ha de
computarse con prioridad indiscutible, la preservación de la salud" (Fallos 238:313).
Recuérdese que el hombre es el eje y centro de todo el sistema jurídico y en tanto fin en sí
mismo -más allá de su naturaleza trascendente- su persona es inviolable y constituye un
valor fundamental con respecto al cual los restantes tienen siempre carácter instrumental
(Fallos 316: 479).-
En los contratos de esta índole, se impone una interpretación restrictiva de las cláusulas
generales que excluyen la cobertura para determinados supuestos. Por tal motivo, y aunque
la previsión reglamentaria fuere clara al respecto, es importante examinar de qué modo se
llevó a cabo la relación entre las partes y cuál fue la conducta observada por la empresa
desde que se celebró el contrato y hasta que se hizo valer la cláusula de exclusión. Sólo así
podrá indagarse cuál es el alcance concreto que de común acuerdo y con independencia de
las estipulaciones predispuestas, se debe dar a las prestaciones recíprocamente asumidas.
Cabe destacar que el contenido de la obligación asumida por la empresa frente al adherente
se asienta sobre un deber de garantía contractual (art. 1198 código civil), que impone la
prestación del efectivo suministro de atención médica en los términos del plan convenido,
verdadero deber de resultado que impone a la organización contar con los medios
necesarios para proveer al adherente la asistencia adecuada en el momento en que lo
requiera, sin perjuicio de la facultad del usuario de procurarse la satisfacción por otro (art.
505 código civil), con derecho al reembolso de lo pagado (conf. Zentner, Diego H. op.cit.,
pág.1259; Ghersi-Weingarten-Ippolito, op.cit.). También tienen un deber paralelo de
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seguridad, que consiste en resguardar la indemnidad del paciente mediante la eficiente
prestación asistencial (conf. Zentner, op. y loc. cit.; Bueres, Alberto J. "Responsabilidad de
las clínicas y de los establecimientos médicos", págs. 57/58; Gregorini Clusellas, "La
obligación de seguridad en el contrato de medicina prepaga", LL 1996-C, pág.232 ss.).
Vale decir, en esta clase de contratos no sólo debe brindarse al paciente la atención
necesaria sino que, además, ello debe hacerse en la forma más segura posible.-
Al sostener una interpretación del contrato según la cual el demandante, por encontrarse
presumiblemente afectado por una enfermedad infectocontagiosa, no se hallaba cubierto
por el reglamento, y estimar -por tanto- que estaba excluido del programa de cobertura, la
demandada negó hallarse obligada. Con ese argumento intentó justificar su actitud, pero lo
cierto es que indirectamente reconoció el incumplimiento. En el marco conceptual antes
expuesto es claro que con la conducta observada por la Asociación Francesa Filantrópica de
Beneficencia durante los días 19 y 21 de octubre de 1996, se infringió el deber de
seguridad. Es cierto que el paciente adeudaba tres cuotas de afiliación, pero también lo es
que la aparente gravedad de su estado -sospecha que se agudizó por ser portador de HIV- le
impedía rehusar la atención que el cuadro clínico exigía para no comprometer su vida y
salud. No es un hecho discutido que el actor estaba en mora, pero tampoco lo es que el día
que requirió urgente asistencia no tenía posibilidad de redimirla, ya que por disposiciones
de la propia entidad, sólo se realizan las cobranzas durante los días hábiles. No obstante,
para ser atendido, abonó un bono de consulta y si se retiró del establecimiento pese a la
advertencia de riesgo, no fue por su "propia voluntad" como dice la historia clínica, sino
porque la condición impuesta -firma de un pagaré cuyo monto menciona el accionante pero
que no fue probado fehacientemente- importaba una falsa disyuntiva. Debía optar entre
internarse previa suscripción de la cartular, o marcharse, exigencia que se advierte como
desproporcionada frente a la voluntad de cumplimiento, la seriedad del cuadro clínico y la
función que la empresa está llamada a cumplir. Es inaceptable que la demandada se ampare
en la voluntad declarada del paciente cuando ella misma por cuestiones estrictamente
burocráticas, lo colocó en situación de decidir su retiro (brocárdico "dolo vel culpa
determinatur").-
El día 22 de octubre las cuotas ya estaban al día, pero la demandada insistió en la presencia
de inconvenientes administrativos que impedían la internación. La gravedad del cuadro
provocó que una de las médicas del establecimiento dispusiera la internación y la
realización de ciertos exámenes médicos. Pero no obstante haberse descartado la sospecha
de compromiso meníngeo, la emplazada insistió en la probabilidad de una enfermedad
infectocontagiosa -posibilidad y no certeza- que desembocó en que sin haber consultado a
la Dra. Viaggio, decidiera el traslado al Hospital Municipal Penna. En un excesivo apego a
la letra del contrato de adhesión, la demandada se apoyó en la cláusula 7 del reglamento
que excluye de la internación a las patologías de esa naturaleza. Cabe tener particularmente
en cuenta -como pauta orientadora- que en los casos de contratos con cláusulas
predispuestas cuyo sentido es equívoco y ofrece dificultades para precisar el alcance de las
obligaciones asumidas por el predisponente, en caso de duda, debe prevalecer la
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interpretación que favorezca al consumidor que contrató o contra el autor de las cláusulas
uniformes (CSJN. Fallos 317:1684; 321: 3493; 325:690). Esta regla hermenéutica se
impone en razón de expresas disposiciones legales (art.1198 del Código Civil, art. 218, inc.
3° del Código de Comercio, art. 3° de la ley 24.240), y se acentúa en el supuesto del
contrato de prestación médica, habida cuenta de la jerarquía de los valores que se hallan en
juego: la vida y el derecho a obtener la conveniente y oportuna asistencia sanitaria (Fallos
321: 3493).
A la luz de lo expuesto concluyo que la excusa con que se pretende justificar la negativa de
la empresa no es atendible, desde que se funda en las condiciones generales del contrato
que imponen una evidente restricción a los derechos del consumidor y en su perjuicio, esto
es, en abierta contradicción con la pauta rectora que sientan los arts. 3 y 37 de la ley 24.240.
Tampoco pasa inadvertido para este vocal, que la propia demandada afirmó que desde el
inicio de la relación contractual proporcionó al actor la atención médica que le fue
requerida, tal como por otra parte correspondía de acuerdo al plan suscripto por el
demandante. Si es así -y este punto no fue controvertido- no se explica la modificación
operada en el curso del contrato por la cual la empresa endureció su posición a punto tal de
negar asistencia al paciente en un trance sumamente delicado, en el que se llegó a sospechar
el probable diagnóstico de meningitis -felizmente descartado- actitud que, en palabras del
cimero tribunal, importó dejar librado al actor a su suerte y fortuna en cuanto acreedor de la
prestación asistencial (CS Fallos 325:690).
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resistencia debió levantarse con la intervención directa de la jurisdicción -intimación
mediante- y no en forma espontánea como hubiere correspondido, aunque más no sea por
hallarse vigente la orden judicial. Esta actitud fue evaluada en la sentencia de amparo
precedentemente reseñada y no voy a extenderme en mayores consideraciones, porque en
este punto aquélla es bastante elocuente. Sólo agrego hoy que pretender justificar la
negativa haciendo jugar la fecha de entrada en vigencia de las normas sobre prestaciones
mínimas obligatorias, importa un intento de revisar esa decisión, extremo que resulta a
todas luces improcedente.
VI.- No encuentro que la parte actora tenga razón en cuanto sostiene que ha mediado una
actitud discriminatoria, porque sus dichos no tienen correlato en los hechos comprobados
de la causa. No surge que se le hubiere negado atención por la razón de ser el actor portador
de HIV, sino por una cuestión estrictamente económica. La negativa se asentó primero en
que no había abonado las cuotas de afiliación y luego en que la enfermedad, el estudio de
Carga Viral y los medicamentos recetados, no estaban cubiertos por las estipulaciones
convenidas. La demandada es una sociedad comercial. Su fin es la obtención de lucro y,
más allá de las consideraciones efectuadas anteriormente, en cuanto a que la prestación de
los servicios de las empresas de medicina prepaga no puede ser vista como un mero
negocio y de que se estime que la actividad de este tipo de empresas importa un
compromiso social con sus cocontratantes (CNCiv., Sala H, del 4-6-98, B., V. c/ Amil
Asistencia Médica Internacional S.S. s/ amparo"; ídem,, Sala I, expte. 90.738/96, del 4-5-
2000, del voto del Dr. Fermé), lo cierto es que su actitud aparecía como orientada a
optimizar su lucro, según su parcializada interpretación del contrato y a mantener
estrictamente los términos en que concebía la aplicación del reglamento, tal vez para no
generar un antecedente favorable a reclamos masivos de esa índole porque los consideraba
costosos.
Tampoco se me escapa que en la época en que ocurrieron los hechos, era más frecuente que
ahora el temor al contagio y los planteos ético- filosóficos que revelaban por parte de la
población en general y de los médicos en particular, una suerte de rechazo hacia los estilos
de vida que generalmente llevaban los pacientes infectados de HIV/SIDA, factores que
generaban prejuicios que -aunque injustificables- operaban a niveles subliminares. Pero ni
antes, ni ahora tampoco pueden descartarse las consideraciones de tipo económico que en
un nivel de la medicina regida por criterios empresarios, suma al aspecto irracional
antedicho las pérdidas económicas (ver. Ferrer, Jorge J. "Sida y Bioética", Universidad
Pontificia de Comillas, Madrid, 1997, pág. 204/205).
Es sabido que las actitudes discriminatorias son inconstitucionales e ilícitas y merecen -por
tanto- la repulsa del ordenamiento jurídico. Pero, para identificarlas, no sería correcto ni
razonable tomar como punto de partida otro prejuicio, es decir, concluir que ante la sola
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presencia de un paciente seropositivo cualquier incumplimiento tiene su causa en una
conducta irracional y discriminatoria, ya que ello implicaría sustituir uno por otro. Por la
severidad del reproche, el juzgador debe adquirir suficiente convicción de que la actitud
que se endilga obedeció a un móvil tan aberrante. De allí que es menester, a mi criterio, que
exista indicios suficientes que autoricen a concluir de ese modo, extremos que no
encuentran apoyo probatorio en el caso, toda vez que de la profusa prueba rendida, se
desprende que el tratamiento deshumanizado que fue dado al actor obedeció a cuestiones
administrativas con sustento en la cláusula 7º del reglamento. Me parece un exceso afirmar
que la condición de paciente infectado por HIV fue la causa determinante del
incumplimiento, sobre todo porque conociéndola, siempre se le había brindado atención,
sin que la preexistencia de la enfermedad al tiempo de la contratación sirviera de excusa
para rehusarla. La conducta obedece más bien a una interpretación distorsionada del
reglamento y a la desorganización interna de la entidad, que el día 22 de octubre de 1996
demoró en computar los pagos efectuados -recuérdese que fueron realizados ese mismo día-
e insistió con la postura del incumplimiento. No por pertenecer a una minoría a la que una
parte de la sociedad -por ignorancia o prejuicio- le asigna connotaciones peligrosas, puede
sostenerse que cualquier hecho o conducta desfavorable o agraviante, importe
discriminación.
Es cierto que, como postula la accionada, en el caso, el daño moral debe ser apreciado
desde la óptica que proporciona el art. 522 de la ley fondal. Encuentro que no le asiste
razón, en cambio, en que no ha sido acreditado. Cierto es que no cualquier angustia,
molestia o frustración importan un daño moral resarcible. Sólo debe computarse aquél que
produce una alteración del equilibrio espiritual, que pudo causar a quien lo sufre una
aflicción de envergadura por la cual el demandado deba responder (conf. CNCiv., Sala H,
L. 319.926, del 30-8-01). La incertidumbre, el desamparo y hasta me atrevo a decir, el
maltrato a que fue sometido el actor en un trance tan difícil de su vida, la negativa a
asistirlo no obstante su vulnerabilidad, las alternativas ficticias que se le presentaban como
opciones viables y que no solucionaban en absoluto su dolencia inmediata, demuestran
inequívocamente el progreso del reclamo por este concepto. También pondero la renuencia
de la demandada que quedó en evidencia en el juicio de amparo, que sólo pudo ser
removida por la intervención de la jurisdicción. En cuanto a su monto, la suma de pesos
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treinta mil concedida por la "a quo", constituye en mi opinión, un adecuado ejercicio de la
potestad evaluatoria (art. 165 código procesal).
Resta examinar cómo habrá de dirimirse el tironeo por el sube y baja de la indemnización
por los deterioros de índole psicológico. La deficiencia incurrida en la demanda -no
advertida por la "iudex" al resolver la excepción de fs. 286 y vta.- importa ciertamente una
dificultad para determinar cuál ha sido el monto concretamente reclamado por esta partida,
aunque -hasta es ocioso recordar- la suma de todos los rubros no podría exceder los treinta
y cinco mil pesos pedidos.
VIII.- En cuanto a los réditos, por las sobradas razones reiteradamente dadas por esta Sala
en su composición habitual que entre otras, han sido publicadas en los ejemplares de L.L.
del 26 de junio de 2002, fallo n° 103.945, datado el 2 de abril de 2002 (pág.14),
considerando D) y sus citas), y en el del 17 de julio de 2002, fallo n° 104.061, fechado el 10
de abril de 2002, pág.12, considerando III del primer voto, 10° párrafo en adelante y sus
citas a las que por publicadas remito por razón de brevedad, y sólo agrego hoy el dato
conocido del 42, 8 % de inflación desde el día de reyes del año pasado y al mes de febrero
del corriente (conf. PeriódicoEconómico Tributario, del 7/3/2003, pág. 12, cuadro
comparativo de T.A.B.N.A. conforme suplemento L.L. índices económicos y financieros,
febrero 2003, pág. 16, índices de precios al consumidor que se muestra en la página 21,
margen derecho de esta última publicación; y la rata activa en pesos que se lee en pág. 62
de la Revista del CPACF, n° 63 del mes de febrero de 2003; el índice de inflación habido
en los precios de la canasta familiar que ronde el 74,6%; entre otras variables objetivas
meritadas), propongo acceder a los agravios del actor, modificando en este punto el fallo en
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recurso, con condena impuesta, y establecer que el daño moral se liquide con interés
moratorio del 5% mensual a partir del 6 de enero de 2002 y hasta el efectivo cumplimiento
de toda la condena (arts. 619 y su nota; 622 y su nota, 623 y cc. del código civil; 165.277 y
cc. del procesal). En cuanto a las sumas admitidas por tratamientos psicológicos futuros -no
erogadas- se computará la misma rata a partir de la sentencia de primera instancia y hasta el
efectivo pago, ya que aquélla fue dictada el 3 de octubre de 2002, vale decir, luego de la
derogación del régimen de convertibilidad que hizo desaparecer las bases sobre las cuales
se dictó la doctrina plenaria.
IX.- En suma, invito a confirmar la sentencia en lo principal que decide y modificarla sólo
en cuanto a los réditos que computarán según las pautas expuestas en el acápite anterior.
Las costas de alzada deberán ser soportadas por la emplazada que resultó perdidosa y
porque en los juicios de este caletre, no son sanción, sino que representan el gasto que el
actor se vio precisado a realizar para obtener el reconocimiento de su derecho, aún
menguado (Sentís Melendo, "Teoría y Práctica del proceso", tº II, pág.315 y 308; esta Sala,
libre nº 255.755, del 25-11-98). Es que, el principio de la reparación integral hace a la
esencia misma de la respetabilidad de la pretensión, ya que de tal suerte, se satisface la
función social encomendada a la jurisdicción, consistente en restablecer, lo más
exactamente posible, la situación patrimonial de la víctima a la que se hubiera encontrado
de no acontecer el porcentual imputable a la conducta del condenado (conf. Vieney,
Genevieve, "Traité de Droit Civil", bajo la dirección de Ghestin, "Les obligations, la
responsabilité:effects", pág.80, nº57; esta Sala, libre nº 255.755, del 25-11-98, entre otros;
art. 1083 y cc.de la ley sustantiva).
Tal, mi parecer.-
Por análogas razones, me adhiero al meduloso voto del distinguido colega Dr. Bellucci, con
excepción de lo relativo a los intereses posteriores al 6 de enero de 2002, dado que
invariablemente he propiciado que la tasa a aplicar sea la pasiva promedio por imperio de la
doctrina plenaria en fallo "Vázquez c/ Bilbao", publicado en J.A 1993-IV-189, L.L 1993-E-
126 y E.D 155-142, que obliga por disposición del art. 303 del Código Procesal.-
El Dr. Juez de Cámara Dr. Montes de Oca, por análogas razones adhirió al voto del Dr.
Bellucci.- Con lo que terminó el acto.-
Y VISTOS:
Por lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, y oído el Dr.
Fiscal de Cámara, SE RESUELVE: I.- por unanimidad confirmar la sentencia de fs.924/937
en lo principal que decide y fue materia de agravios II.- Por mayoría, modificarla sólo en
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cuanto a los réditos que en lo que concierne al daño moral se liquidarán a la tasa plenaria
desde el incumplimiento y hasta el 6 de enero de 2002 y a partir de allí a la rata del 5%
mensual y hasta el efectivo pago. Los correspondientes a los "gastos de futuros
tratamientos" se calcularán desde la fecha de la sentencia de primera instancia y hasta el
pago al 5% mensual. Con costas de alzada a la demandada vencida (art. 68 código
procesal). Vueltos los autos, en la otra instancia se arbitrará lo conducente al logro del
ingreso del faltante tributo de justicia, recordándose al efecto, la personal responsabilidad
que en ello trae e impone la ley 23.898, en sus artículos 3, 10, 13 inc. a), 14 y cc. III.-
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