Autoridad Docente en Cambio
Autoridad Docente en Cambio
El replanteamiento
sobre la autoridad
de los docentes:
Aportes para una reflexión necesaria
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Mayo 2003 EL REPLANTEAMIENTO SOBRE LA AUTORIDAD DE LOS DOCENTES: APORTES PARA UNA REFLEXIÓN NECESARIA
Nuevos alumnos:
las características sociales y culturales
de los destinatarios de la acción educativa1
Juan Carlos Tedesco2
Emilio Tenti Fanfani3
Los docentes de hoy se en- trabajo docente pueden producir vis de los mayores, sino que se les
cuentran en las aulas con nuevos dosis significativas de frustración reconocen capacidades y dere-
alumnos. Estos poseen caracterís- y malestar profesional. Las insti- chos.
ticas socioculturales inéditas. tuciones encargadas de la forma- La incorporación práctica-
Aquí interesa reflexionar sobre ción inicial y permanente de do- mente universal de la Conven-
dos ejes. El primero, tiene que ver centes no han incorporado en ción Internacional de los Dere-
con la modificación significativa forma sistemática esta temática a chos del Niño (aún falta una
en el “equilibrio de poder entre sus programas. firma significativa, la de los
las generaciones”. La segunda, Por una serie de razones es- EE.UU.) es un indicador del gra-
con la cultura propia de los ni- tructurales que se despliegan en do de institucionalización alcan-
ños, adolescentes y jóvenes de el tiempo largo de la historia, el zado por estas nuevas relaciones
hoy. Muchos educadores no po- equilibrio de poder entre las ge- de poder intergeneracional.
seen las competencias actitudi- neraciones ha sufrido cambios Las instituciones educativas
nales y cognitivas necesarias para sustanciales (Elías, N., 1999)4. En tienen que tomar nota de esta rea-
responder a los desafíos propios la actualidad, aunque las relacio- lidad y transformar sus dispositi-
de la formación de las nuevas ge- nes intergeneracionales siguen vos, en especial aquellos que re-
neraciones. Estos desfases están siendo asimétricas y a favor de los gulan las relaciones de autoridad
en el origen de algunos proble- “más grandes”, esta asimetría se entre profesores, directivos y
mas de comunicación que dificul- ha modificado profundamente alumnos, las que organizan el
tan tanto la producción de un or- en beneficio de las nuevas gene- orden y la disciplina y aquellas
den democrático en las institucio- raciones. Hoy los niños y adoles- que estructuran los procesos de
nes como el desarrollo de apren- centes son considerados como su- toma de decisión.
dizajes significativos en los alum- jetos de derecho. No sólo tienen Habrá que reconocer que los
nos. Estas nuevas condiciones del deberes y responsabilidades vis a adolescentes y jóvenes tienen de-
1 Texto extraído del documento de trabajo (versión preliminar) Nuevos Tiempos y Nuevos Docentes. Juan Carlos Tedesco. Emilio Tenti
Fanfani. Junio 2002. Texto completo se encuentra en:
www.iipe-buenosaires.org.ar/pdfs/ndocentes_tenti-tedesco.pdf
2 Ex Director de la Oficina Internacional de Educación de la UNESCO, en Ginebra. Actualmente Director de la sede regional del
Instituto Internacional de Planificación de la Educación (IIPE-Unesco) en Buenos Aires. Ha publicado numerosos artículos y libros
sobre las relaciones entre educación y sociedad.
3 Doctor en sociología, Coordinador Area de Diagnóstico y Política Educativa del Instituto Internacional de Planeamiento Educativo
(IIPE-Unesco). Sus especialidades son: Educación y políticas sociales; formación de recursos humanos y diagnóstico de sistemas
educativos.
4 Elías Norbert (1999); La civilización de los padres. Editorial Norma. Bogotá.
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5 Tenti Fanfani, Emilio (2001); La escue- 6 Simone, Raffaele (2001); “La Tercera 7 Op. Cit.
la desde afuera. Diogenis/Lucerna, Fase. Formas de saber que estamos per-
México. diendo”. Editorial Taunus. Madrid.
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sociedad (en especial la cultura nicación (sobre todo la televisión) equilibrio de poder entre las ge-
que se usa en la vida cotidiana), y el resto de la oferta de bienes neraciones como la emergencia
la cultura de los jóvenes y la cul- culturales (internet, video, video- de nuevos modos de producción
tura de la escuela encarnada en juegos, música, etc.). y apropiación de cultura, im-
los docentes. Pero en la pactan directamente so-
etapa donde predomina- bre la profesionalidad de
ba la visión alfabética po- los docentes. En ambos
dría suponerse que exis- casos éstos necesitan de-
tían dos factores que faci- sarrollar un conjunto de
litaban la tarea de la es- competencias específicas
cuela: que los vuelvan aptos
a) ella y su cultura goza- para el diálogo con estos
ban de una alta legiti- nuevos alumnos con el
midad social en la me- fin de garantizar las con-
dida en que tenía una diciones sociales (convi-
especie de monopolio vencia) y pedagógicas
sobre los procesos de (comunicación e inter-
distribución del cono- acción) que hagan posi-
cimiento evoluciona- ble el desarrollo de
do; aprendizajes significati-
b) existía una alta de- vos. Los docentes debe-
manda de conoci- rán ser cada vez más “ex-
miento basado en la pertos en cultura de las
lectoescritura y en el nuevas generaciones”,
lenguaje proposicio- en la medida que la
nal. Incluso muchos transmisión de la cultu-
niños llegaban a la es- ra escolar (el currículum)
cuela sabiendo leer y deberá tener en cuenta
escribir o al menos do- no sólo las etapas biopsi-
tados de cierto apres- cológicas del desarrollo
tamiento que facilita- infantil, sino también las
ba su alfabetización. diversas culturas y rela-
Las condiciones en ciones con la cultura que
que hoy se desenvuelve la caracteriza a los destina-
relación sociedad escuela tarios de la acción peda-
son distintas. Las nuevas gógica. Esta exigencia es
generaciones tienen otras aún más pertinente en
oportunidades de apren- un mundo donde el
dizaje antes y durante la etapa de En las condiciones actuales se multiculturalismo tiende a con-
la escolarización. Su experiencia vuelve cada vez más problemáti- vertirse en una situación cada vez
escolar tiene un significado que ca la vieja cuestión de la relación más frecuente e incluso cada vez
deviene de la relación que man- entre “experiencias” y “viven- más valorada. El nuevo docente
tienen con otras ofertas cultura- cias” de la vida cotidiana y su ex- deberá ser capaz de comprender,
les. El conflicto cultural entre las presión en términos de determi- apreciar y “hacer dialogar” las cul-
nuevas generaciones y sus docen- nadas tradiciones culturales que turas incorporadas por los alum-
tes no es sólo y sobre todo una todavía reinan en el mundo de la nos de las instituciones escolares.
cuestión de valores, sino que re- escuela y la educación formal. El
mite a la difícil cuestión de la co- trabajo docente en estas condicio-
existencia de dos modos de apro- nes implica un desafío particular
bación y uso de la cultura, uno que pone a prueba todo el sistema
tradicional y proposicional, que de competencias implicado en la
reina en las cosas de la escuela, y definición clásica del maestro.
otro que tiende a lo no propo- La escolarización masiva y
sicional y que los jóvenes “expe- obligatoria de adolescentes y jó-
rimentan» y viven en su vida co- venes parece constituir una “ten-
tidiana y que se ejercita y apren- dencia pesada” del desarrollo de
de al mismo tiempo en la relación nuestras sociedades y en este con-
con los medios masivos de comu- texto tanto la modificación del
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mero de estados físicos, intelec- maestros y profesores.17 Vinculan- dente por ejemplo en los cambios
tuales y mentales que reclaman do esta definición de la autoridad en las relaciones padres-hijos, que
de sí la sociedad política en su con la de educación ya reseñada, cuestionaban el valor de la tradi-
conjunto y el medio especial al puede argumentarse que Durk- ción y que proclamaban el “rei-
que él está particularmente des- heim proponía la construcción de nado de lo nuevo” ante el autori-
tinado»14. Tal como la concibe un vínculo pedagógico centrado tarismo de las relaciones sociales
Durkheim, la educación es una en el adulto, pensado como “as- prevalentes19. Los movimientos
relación definida y estructurada cendencia moral”, tendiente a la sindicales y estudiantiles, las van-
por los adultos, en la que los ni- conservación de las relaciones guardias artísticas, las formas de
ños (sujetos inmaduros) deben sociales instituidas, y en el que la vida comunitarias (como las co-
“aprender” el destino social que transmisión cultural parecía des- munas hippies, por ejemplo), la
les está asignado. tinada a no dar lugar a la crítica y radicalización política, fueron
Esta definición de la educa- a la recreación de estos manda- parte de esta crítica a la autoridad.
ción implica también una visión tos, sino a la aceptación de un En la pedagogía, aparecieron mo-
particular de la autoridad; quién legado incuestionable. vimientos autogestivos, coopera-
la ejerce, cómo la ejerce, cuáles La idea de autoridad como doras de docentes y experiencias
son los saberes que se consideran “ascendencia moral incuestiona- de auto-gobierno de los niños, y
verdaderos en esa transmisión y ble” fue precisamente uno de los comenzaron a propagarse las pe-
cuáles son los que quedan exclui- ejes del cuestionamiento a las for- dagogías constructivistas y psi-
dos. Durkheim sostenía que la mas de autoridad instituidas que cologistas. Esta crisis, potenciada
educación debía tender a la for- aparecieron en los años ’60. La años más tarde por la irrupción
mación moral del individuo, pro- difusión del constructivismo y de de las condiciones de vida pos-
moviendo una cierta regularidad las pedagogías psicológicas18 ex- modernas, puso en cuestión la
(norma) en la conducta de la gen- tendieron ciertos supuestos sobre utilidad y la relevancia de la trans-
te. Decía el francés: “para cum- el aprendizaje y la cultura que misión cultural.
plir las obligaciones y actuar mo- aparentemente desafiaban al
ralmente (...) es necesario que la adulto-centrismo y que proponía
persona se constituya de tal ma- en cambio que el adulto/docente
nera que sienta que hay una fuer- fuera “facilitador” y “guía” de
za más allá de él que no depende procesos de aprendizaje que se
de sus preferencias personales, y darían más o menos espontánea-
a la que obedece»15. Esta figura mente en los niños/alumnos.
moral estaba ejemplarmente re- Aun cuando la autoridad seguía
presentada en el maestro de es- siendo ejercida por los pedago-
cuela, que debía actuar como si gos/adultos (a través de proponer
estuviera hablando en nombre de modelos y tipos de desarrollo de-
una realidad superior y elevada, seables, comportamientos apro-
y sentirse investido de una fuer- piados e inapropiados, deseos y
za superior a sí mismo. El maes- estéticas, todos ellos actos de au-
tro era quien debía inculcar en los toridad más sutiles pero no me-
niños ese respeto por la sociedad nos penetrantes), estas nuevas
instituida, mostrándose como formas parecieron “difuminar” la
una autoridad legítima, justa y autoridad y diluirla en una serie
necesaria16. de conductas y objetivos “natu-
Esta concepción del trabajo rales” y “apropiadas a la edad/in-
docente y de la construcción de tereses del niño”.
la autoridad fue también la base La propagación de estas peda-
desde la cual muchos pedagogos gogías se vio impulsada también
argentinos definieron el perfil de por una crisis de las formas de
autoridad más generalizadas, evi-
14 Durkheim, E. (1911). “Educación”, en
Buisson, Ferdinand (dir.) Dictionnaire 17 Puiggrós, Adriana (1990). Sujetos, dis-
de Pédagogie et dÍnstruction Primaire. ciplina y curriculum en los orígenes del
París, Librairie Hachette, pág. 532. sistema educativo argentino (1885- 19 Arendt, Hannah (1961). Between Past
15 Durkheim, Emile (1997). La Educación 1916). Buenos Aires, Galerna. and Present. Six exercises in political
moral, Buenos Aires, Losada (segunda 18 Tal es la denominación que proponen thought. Cleveland, Meridian Books;
edición). Julia Varela y Fernando Alvarez Uria Sarlo, Beatriz, “Política cultural e insti-
16 Una de nosotras trabajó estas ideas con (1995) en “Clases sociales, pedagogías tución escolar”, entrevista con Inés
profundidad en otro texto; ver Dussel y reforma educativa”, en su arqueolo- Dussel, Propuesta Educativa, Año 6 Nº
y Caruso, op.cit. gía de la escuela. Madrid, La piqueta. 11, Diciembre de 1994, págs. 43-50.
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