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Delito Urbano en La Argentina-Ciafardini

Este documento analiza la criminalidad urbana en la Argentina, sus causas y posibles soluciones. Examina la evolución histórica de la teoría criminológica y la situación actual en Argentina en el contexto latinoamericano. Propone que las soluciones deben considerar el problema criminal como un asunto que afecta la vida social en su totalidad.

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Delito Urbano en La Argentina-Ciafardini

Este documento analiza la criminalidad urbana en la Argentina, sus causas y posibles soluciones. Examina la evolución histórica de la teoría criminológica y la situación actual en Argentina en el contexto latinoamericano. Propone que las soluciones deben considerar el problema criminal como un asunto que afecta la vida social en su totalidad.

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Criminalidad urbana en la Argentina.

Las verdaderas causas y las acciones posibles

ÍNDICE
Prologo.................................................................................................................
Introducción..........................................................................................................
Capítulo I. Breve reseña acerca de la evolución histórica de la teoría criminológica hasta su estado
actual............................................................................................
El origen de la “cuestión criminal”...........................................................................
Las teorías tradicionales.........................................................................................
El final de la hipocresía criminológica.....................................................................
La “realpolitik” criminal.............................................................................................
Neo-realismo criminológico . La tolerancia cero.....................................................
Nuevo realismo criminológico inglés......................................................................
Capítulo II. La Argentina en el marco de la realidad
Latinoamericana.....................................................................................................
El fracaso del Estado y la Política..........................................................................
Trama mafiosa........................................................................................................
Capítulo III. El delito urbano en la Argentina.........................................................
La situación actual..................................................................................................
La ciudad de Buenos Aires y su conurbano...........................................................
Capítulo IV . Mirando hacia el futuro......................................................................
Dos premisas..........................................................................................................
El cambio policial...................................................................................................
La participación ciudadana en la construcción de la seguridad..............................
Apéndice. Un plan democrático de prevención del delito.......................................
“ Desde la perspectiva de la economía política el modelo teórico más importante para entender el
crimen .....es el dialéctico: la criminalidad refleja y emerge de las contradicciones inherentes a la
1
estructura política y económica de la sociedad” William Chambliss.

Introducción
Este trabajo intenta explicar el punto en que se encuentra actualmente el problema del delito
urbano, especialmente el delito no organizado (pero teniendo particularmente en cuenta sus
relaciones estructurales con el delito organizado), en la Argentina, en el marco del contexto
latinoamericano, y plantear algunas respuestas posibles, realmente eficaces en términos sociales y
2
verdaderamente sostenibles en estos tiempos de acelerados cambios globales y locales . Estas
respuestas, advertimos, sólo pueden ser concebidas, en cuanto a su mentada eficacia y
sustentabilidad, como parte de un proceso mayor, que permita ir encontrado soluciones de fondo al
problema de la violencia estructural en nuestro país, y en la región toda, proceso cuyas
particularidades no pueden ser abordadas aquí porque ello supondría un análisis sociológico,
político, económico e institucional que excede los límites de este trabajo.
Al hablar de delito urbano nos referimos al delito de nulo o bajo nivel de organización en las grandes
ciudades o conglomerados urbanos (más de quinientos mil habitantes), para cuyo análisis vamos a
tomar como ejemplo la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense asumiendo que más allá
de algunas particularidades locales la matriz funcional se repite en todo lugar similar, bajo las
mismas condiciones. Como señaláramos desde un comienzo, el análisis del delito “no organizado” o
“común” como quiera llamárselo, es imposible sin atender sus relaciones con la actividad delictiva
de mayor nivel de organización o realizada desde posiciones más notorias de poder. Como con
genialidad lo resume Chambliss en el epígrafe las distintas formas de delito son parte de un todo que
a su vez es un “continuum” con el funcionamiento total de la sociedad y sus contradicciones internas.
Hablar con seriedad del problema criminal no es fácil. La cuestión de la seguridad y la inseguridad, la
violencia y el conflicto atraviesa todo el cuerpo social y está presente en toda su piel. Todos
hablamos y todos opinamos permanentemente del problema criminal porque todos nos sentimos
tocados directamente por él, y porque cuando pensamos en la cuestión de la seguridad pensamos
en el riesgo de nuestra integridad, de nuestra propia vida y de la de nuestros seres queridos. Pero
también el problema de la seguridad refiere continuamente a la cuestión de la libertad, es decir a un
término que está directamente relacionado con la esencia de la calidad de la vida. Podría decirse
que, en la tardía modernidad en que vivimos y a partir de esta directa incidencia en cuestiones
vitales como son la seguridad y la calidad de la vida cotidiana, el problema criminal se ha
transformado en un bio-problema, así como, según ciertas interpretaciones, el poder se ha
transformado en bio-poder y la política en bio-política. El prefijo bio, instalado por Foucault en la

1
Chambliss, William J. “ On the Take. From Petty Crooks to Presidents” Indiana University Press. Indianapolis
1978 Second Edition 1988 (pag.8)
2
La dialéctica de lo local y lo global, ha sido estudiada, sobre todo en las consecuencias para el espacio urbano
por Jordi Borja y Manuel Castells en “Local y Global . La gestión de las ciudades en la era de la información”
Taurus. Madrid. 1998.
discusión socio-política actual sugiere que la cuestión se relaciona integralmente con la forma en que
existe y se desarrolla la vida sobre el planeta ( el bios social) y sobre el impacto que ciertas formas
de ejercicio del poder tienen sobre la integralidad de la vida de los individuos. A partir de lo cual
Hardt y Negri interpretan que la forma en que, lo que ellos denominan “imperio”, ejerce el poder
político actual sobre todo el globo es una forma de bio-poder porque “el objeto de su dominio es la
3
vida social en su totalidad” “procura gobernar sobre toda la naturaleza humana” y que por tanto a
ello hay que anteponerle una lucha que será biopolítica “porque la voluntad política revolucionaria
4
ataca al bios, lo critica, lo construye , lo transforma” . Como veremos más adelante la “cuestión
criminal” en si misma nace relacionada y determinada por variables demográficas y económicas que
impactaban directamente sobre la biosfera social planetaria, en particular en el continente europeo y
también impactaban sobre esas variables las formas en que la modernidad naciente decidió
“solucionarlas”. Hoy debemos convencernos que cualquier cambio que queramos hacer sobre la
situación de inseguridad que se genera a partir del hecho posible y en algunos casos bastante
frecuente de que un congénere nos ataque nos dañe o afecte nuestra propiedad en el transcurso de
la cotidianeidad del desarrollo de la vida social “normal” (fenómeno que ha dado en llamarse
“criminalidad” o “criminalidad común”) debe ser considerado como el tratamiento de un bio-problema
ya que su solución real compromete inevitablemente la forma en que se organiza y mueve la
sociedad integralmente de manera global.
Más difícil resulta hablar de la cuestión criminal cuando se trata de hacer una interpretación de una
situación concreta, en un contexto determinado, y proponer acciones con aquella pretensión de
“eficacia” y “sustentabilidad”, toda vez que en un marco político singular el propio significado de
estos términos está sujeto a permanentes resignificaciones en medio de una “Babel” de opiniones y
definiciones, teñidas todas de intereses personales, sectoriales, corporativos y de clase. Tanto más,
en un país y en una región en los que todos esos intereses se encuentran agudizados, por las
características propias del momento socio-económico y político que atraviesan.
Por todo ello, resulta previamente conveniente, realizar algunas breves reflexiones acerca de los
argumentos de la criminología en relación con el delito, sus causas y las respuestas al fenómeno
criminal desde el punto de vista teórico a lo largo de la historia , sobre todo porque muchas de las
opiniones que se escuchan actualmente no son más que reiteraciones “aggiornadas” de viejos, y en
algunos casos ya muy viejos, puntos de vistas y de reiterados fracasados intentos de dar una
respuesta adecuada al fenómeno criminal .

3
Hardt, Michael y Negri Antonio “Imperio” Buenos Aires, “Paidos” .2002 (paag 14)
4
Negri Antonio . “¿ Qué hacer con el qué hacer?” Intervención en la conferencia internacional sobre Lenin que
tuvo lugar en Essen Alemania del 2 al 4 de febrero de 2001. Publicado en la revista Posse en el número de mayo
de 2002.
Breve reseña acerca de la evolución histórica de la teoría criminológica5
El origen de la “cuestión criminal”
Si bien los términos “crimen” y “delito” son tan antiguos como la existencia del Estado mismo, la
criminalidad, como fenómeno sociológico y político, es un problema de la modernidad. Recién entre
los siglos XV y XVII apareció como cuestión política y social en Europa, para pasar a conformar la
lista de grandes y graves cuestiones en las agendas gubernamentales durante los siglos siguientes,
6
particularmente desde fines del siglo XIX hasta la actualidad . Es además justamente en ese
momento (siglo XIV) cuando se produce el proceso de concentración de poder monárquico, que
7
daría luego lugar a la formación de los estados nacionales modernos y al proceso paralelo de
“expropiación del conflicto” a manos del estado, al que se refiriera Michel Foucault en su obra “La
8
verdad y las formas jurídicas” , Todo ello indicaría que la delincuencia como fenómeno socio-político
y la formación del estado moderno, con la aparición del sistema penal (ley penal, policía, jueces
penales y cárceles), tienen una misma génesis histórica.
El problema de la criminalidad nace, entonces, con el desarrollo económico y político del capitalismo
y adquiere su status de fenómeno socio-político cuando el capitalismo se consolida políticamente,
es decir en el proceso en el que la clase social impulsora del nuevo sistema económico, la
burguesía, destrona a la nobleza del poder político y se instituye definitivamente como clase
hegemónica. No es casual que coincida con ese momento histórico el nacimiento del derecho penal
y la criminología, como ámbitos del conocimiento académico y materia del discurso político, filosófico
y sociológico.
Justamente el papel de la teoría penal y de la criminología ha sido, desde entonces, el de tratar de
explicar las causas del conflicto social subsistente dentro un sistema político y económico que
había llegado prometiendo la igualdad, la libertad, la solidaridad y el bienestar general para todos; y
de efectuar, a partir de esas explicaciones teóricas, las propuestas para contenerlo o superarlo.
También sería útil señalar, ya que tiene que ver con una de las ideas centrales de este trabajo, que,
con el advenimiento del capitalismo, junto con la criminalidad adquiere también características de

5
Es profusa la bibliografía que reseña las corrientes criminológicas. Queremos destacar aquí Anitua, Gabriel
Ignacio “Historias de los pensamientos criminológicos” Ed. del Puerto Buenos Aires 2005, como una de las más
completas en lengua castellana. También aunque desde un punto de vista más escéptico sobre el sentido de la
teoría criminológica Virgolini, Julio “La Razón Ausente. Ensayo sobre criminología y crítica política. Buenos
Aires Editores del Puerto 2005.
6
El proceso de constitución de la criminalidad como problema social, que surge por primera vez en Europa,
inevitablemente vinculado al control social del desorden generado por la pobreza, la desocupación y la
vagancia, y su dinámica determinada principalmente por las fluctuaciones del mercado laboral y el crecimiento y
decrecimiento de la población, es develado magistralmente por la obra pionera de Georg Rusche y Otto
Kirchheimer “Pena y estructura social” escrita en 1939 (Temis, Bogotá 1984) y desarrollado por diversos
autores pertenecientes a la corriente criminológica denominada “criminología crítica”, como Massimo Pavarini
en “Control y Dominación, Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico”(SXXI México,1988), este
junto con Dario Melossi en “Cárcel y Fábrica. Los orígenes del sistema penitenciario”(SXXI, México,1980) y
otros autores no pertenecientes a estas corrientes de pensamiento como León Radzinowicz “A History of the
Criminal Law (London Stevens 1956).
7
Anderson, Perry “El Estado Absolutista” SXXI México ,1998 y Elias , Norbert “El proceso de la civilización.
Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas” Fondo de Cultura Buenos Aires 1993.
8
Foucault,Michel “La verdad y las formas jurídicas” Gedisa México,1984
9
“problema de agenda gubernamental” otra cuestión social : la pobreza . Ya Tomás Moro en algunos
de los primeros pasajes de su obra “Utopía”, que pueden bien considerarse como las primeras
reflexiones criminológicas progresistas de la modernidad, advierte con singular realismo, en 1516,
la relación entre los dos nuevos “problemas sociales” del sistema que se inauguraba, al afirmar que
.”...... no hay tampoco pena tan grande que pueda disuadir de la rapacería a quienes no poseen otro
10
medio para conseguir su sustento”.

Las teorías tradicionales


Se puede separar el discurso criminológico de la modernidad en tres grandes paradigmas
11
conceptuales .
El discurso del control social a través de la enunciación (amenaza, prescripción) legal o normativa,
iniciado por los padres fundadores del derecho penal desde Beccaría (1738-1794) hasta Carrara
(1805-1888), llevado al absolutismo epistemológico por el positivismo jurídico y sofisticado, hasta la
exageración, por la dogmática jurídico-penal. Esta es la visión que nos legó el falso imaginario de
que de la infracción deviene “naturalmente” el castigo y que los problemas criminales se pueden
resolver con leyes, generalmente con el aumento de las penas previstas en las leyes, a partir de la

9
Las primeras leyes penales contra el bandolerismo, la vagancia y la mendicidad del período isabelino en
Inglaterra son las llamadas leyes de pobres (Poor Acts) del S XVI. Es interesante el punto de vista de Castel en
cuanto a que un hito de inflexión que el ve como demostrativo de la metamorfosis de la cuestión social es el
Estatuto de los trabajadores (Statutus Serventivus, Statute of Labourers) de Eduardo III dictado en 1349
momento en que si bien las relaciones de propiedad continuaban siendo feudales ya se insinuaban las relaciones
de producción capitalistas (Castel Robert,”La metamorfosis de la cuestión social . Una crónica del salario”
Buenos Aires, Paidos. 20004
10
Moro Tomás “Utopía” Altaya Barcelona 1993
11
La trilogía que se refleja en el más alto grado de elaboración del pensamiento moderno como es la dialéctica
Hegeliana está presente además en la teoría político-institucional burguesa cuyo fundador y máximo exponente
indiscutido es Montesquieu. Bien podría trazarse un paralelo entre el esquema de la división en tres poderes ( o
tres momentos del ejercicio del poder) programado por el barón de “la Brède” para el funcionamiento
institucional del estado moderno y el apogeo de estos tres paradigmas del control social que, como se verá,
tienen su apoyo en el poder legisferante, la judicatura ( y sus auxiliares) y el gobierno político , respectivamente.
En la literatura marxista las tres formas del control social moderno son atribuibles a los tres momentos de
desarrollo de la burguesía : uno primero más revolucionario en el que le preocupaban más las garantías de los
derechos civiles y la igualdad y posibilidad de desplazamiento de los individuos frente al todavía amenazante
poder feudal, un segundo momento de consolidación nacional, después de las guerras napoleónicas en el que la
burguesía pierde todo su entusiasmo por la “liberté” y la “egalité” y sobre todo por la “fraternité” revolucionarias
y se saca la máscara libertaria para mostrar todas las fauces de clase dominante dispuesta a ejercer un estricto
control contra las peligrosas clases subalternas que ya hacían oír fuertemente sus reclamos, en este segundo
momento los instrumentos ideológicos que más le sirvieron a las clases dirigentes para la empresa del control
fueron el racismo , el clasismo y el nacionalismo xenofóbo y la tercera la de una burguesía de monopolios
internacionales que intentó permanentemente lograr el consenso y el acuerdo social en casa ( donde estaban las
casas matrices) y exportar el conflicto social junto con la ultra extracción de plusvalía a los países dependientes (
en los que estaban las filiales) la interpretación teórica que acompaño cómodamente este proceso económico y
político fue el funcionalismo y el terreno donde esta estrategia pudo desarrollarse en plenitud sin pasar por el
trauma de la guerra en el propio territorio fueron los EEUU de Norteamérica . Para una idea de cómo salvando
las distancias entre estas etapas del proceso moderno mundial y el de la República Argentina tuvieron sus
coincidencias aunque en tiempos y con dinámicas distintas ( en Argentina nunca se alcanzó el desarrollo de una
burguesía monopolista internacional sino que como es obvio nos tocó como a muchos otros el rol de país
dependiente por lo que las ideas acerca de los instrumentos para el orden social nunca pasaron de una autóctona
combinación entre el constitucionalismo legalista y el higienismo positivista) ver Marteau, Juan Félix “Las
palabras del orden. Proyecto República y cuestión criminal en la Argentina Buenos Aires 1880-1930”. Editores
del Puerto Buenos Aires 2003
suposición simplista de que el problema criminal reside en la insuficiencia de la amenaza de castigo
o en la mala o deficiente confección legal (prevención general). La inteligencia jurídico penal actual
discute desde la mínima recurrencia al derecho penal para la solución de los conflictos, como es el
caso del profesor italiano Luigi Ferrajoli, hasta la extensión del reproche penal al límite de la
responsabilidad objetiva como el profesor alemán Günther Jackobs, pero de todos modos esta es
una discusión que aunque exquisita en términos académicos no evidencia propuesta concreta
alguna con la cuestión del ¿qué hacer? frente al problema criminal real que no sea la amenaza de la
12
pena para contener mayor o menor cantidad de acciones consideradas no deseables o peligrosas .
Por otra parte y bastante alejado de la sofisticación académica de esta “intelligentzia” el debate a
caído en la irracionalidad de oponer al garantismo penal inherente a cualquier sistema jurídico penal
por definición, un supuesto derecho penal “no garantista” es decir una suerte de derecho no
totalmente jurídico que, no se dice, pero queda implícito que sería un orden legal que admitiría
“excesos “ ilegales de excepción o contradicciones internas con los órdenes constitucionales
tradicionales, para “combatir a la delincuencia”. Así han aparecido tipos penales mucho más abiertos
y ambiguos de lo que ya es el tipo penal por su naturaleza semántica, como delitos de peligro
abstracto o de actos preparatorios de delitos o de “relaciones peligrosos” como la famosa
“conspíracy” anglosajona y en el ámbito de lo procesal, situaciones de verdadera legalización de la
extorsión punitiva con el “plea bargain”, de inducción al delito con el “agente encubierto”, de
autorización a cometer delitos ( tipo licencia para matar del famoso 007) con la misma figura del
agente encubierto, del difamador protegido como el “arrepentido” o el “testigo encubierto”, las
estigmatizaciones de por vida a los violadores y abusadores de menores con registros y denuncias
públicas después del cumplimiento de la pena, la reimplantación del “linchamiento” en forma
indirecta con la combinación entre la presión de los medios masivos de comunicación y los sistemas
de libres convicciones y los jurados, y las últimas tendencias a la legalización de la tortura con la
admisión de los “interrogatorios exhaustivos” frente a la inminencia del mal grave en casos de
delincuencia organizada y terroristas. El avance de la admisión legal de estas prácticas ha hecho
que vaya quedando cada vez menos de aquel inicial esquema iluminista ilusionado con el control
legal civilizado del conflicto. Debe decirse que toda esta degradación legal ningún impacto
beneficioso ha tenido sobre los males que pretende combatir y los resultados están cada vez más a
la vista.
Algunos ejemplos regionales de la vigencia de esta profesión de fe en la letra de la ley y la amenaza
13
de la pena. El problema de las “maras” , bandas juveniles de Honduras , El Salvador y Guatemala,

12
Una descripción crítica actualizada de ambos puntos de vista dogmáticos, que deja entrever sus
contradicciones internas y externas en Poquet, Alejandro “Temas de Derecho Penal y Criminología2. Buenos
Aires, Ediar 2005.
13
El problema de las “maras” salvadoreñas y hondureñas constituye una crónica explicita de los efectos
perverso del círculo vicioso que se produce en el país que concentra principalmente el capital mundial y su
“patio trasero” más inmediato constituido básicamente por el istmo centroamericano. Las terribles condiciones
de pobreza falta de trabajo y marginalidad social que afectó crónicamente a los jóvenes de estos países,
especialmente después de finalizado el conflicto armado en el Salvador, empujó a grandes contingentes de
jóvenes hacia los Estados Unidos, principalmente la ciudad de “Los Angeles” en busca de un futuro mejor y
posibilidades de remitir ahorros a sus familias que quedaban en sus países de origen. Por supuesto no ingresaron
al primer mundo sino a la marginalidad del primer mundo, esto es los barrios bajos de Los Angeles donde los
en las que militan chicos en su mayoría de 10 a 20 años, todos marginales, los más pobres de los
países más pobres, lugares donde además las armas, resabios de la guerra, son de fácil adquisición.
O sea que la causa de los hechos violentos en los que estos jóvenes se ven envueltos es más que
evidente. El propio “viejo Lin” uno de sus más famosos líderes, desde la prisión recomendaba
claramente, en un reportaje periodístico, que la mejor política para suprimir o reducir a las maras o
mejor dicho a la actividad delictiva de las maras (ya que la pertenencia a las mismas como referente
subcultural no merece pos si solo ser motivo de demasiada preocupación de nadie), era
proporcionarle a los jóvenes mareros alternativas válidas de vida, sobre todo laborales Sin embargo
a los gobernantes de la región se les ocurrieron sendos planes de acción contra el delito
14
denominados respectivamente “mano dura “ uno y “super mano dura “ el otro.
“El presidente hondureño Ricardo Mauro que perdió un hijo en 1997 en un secuestro, llegó al poder
en el 2001 prometiendo el fin de las maras e impulsó una ley que impone de 20 a 30 años de cárcel
15
por asociación ilícita, es decir por el solo hecho de pertenecer a una mara” . Por supuesto el nivel
de violencia del accionar de las maras sigue tan vigente como siempre. En la Argentina otra víctima
del secuestro extorsivo seguido de muerte el ingeniero Juan Carlos Blumberg, que perdió a su hijo
Axel, se convirtió en el referente de amplios sectores de clase media en el reclamo por acciones de
parte del gobierno frente al delito , entre las diversas medidas reclamadas se encontraba el aumento
de las penas y la restricción a las excarcelaciones durante el proceso.
En toda la historia de funcionamiento del sistema penal moderno no existe experiencia punitiva
alguna que sea demostrativa de que el aumento de la medida de un castigo de, por ejemplo, 5 años
de prisión a 10 de prisión o de 25 años de prisión a 50 años o perpetua o a pena de muerte haya
influido ciertamente en el descenso o modificación de la conducta delictiva de que se trate. EEUU de
Norteamérica resulta un ejemplo muy gráfico de esto mismo por demostración inversa : en los
últimos 30 años las tasas de homicidios y delitos violentos contra la propiedad han experimentado
tendencias alcistas y de baja según las épocas y en ese mismo lapso las penas para este tipo de
delitos no han sido modificadas sustancialmente en los distintos estados ni en el sistema federal. Se
argumenta a veces que es necesario combinar la variable aumento de pena con la variable de
posibilidad de ser detenido por el delito cometido, en lo que insisten los econometristas devenidos
criminólogos como es el caso del premio novel Gary Becker que realizó uno de los mayores
esfuerzos matemáticos para medir por fórmulas algebraicas las probabilidades de que los seres
16
humanos cometamos delito .En este caso también los EEUU nos proporcionan el ejemplo contrario

esperaba una subcultura de pandillas delictiva muy propias del submundo norteamericano, de las que en la
década de los 50 habían estudiado Albert Cohen y otros teóricos de las subculturas. De esa extraña mezcla surge
la mara (simplificación de la palabra “marabunta”) que es una pandilla con ciertos códigos de gran ciudad pero
compuesta por jóvenes de países periféricos predominantemente agrarios y con tradición de guerrilla rural . Una
de las dos maras más famosas de El Salvador adoptó la denominación de M 18 en alusión el número de la calle
de Los Angeles en donde se desarrollo originariamente. Estos jóvenes una vez graduados en el delito en la gran
ciudad contaminados con la droga y entrenados en el enfrentamiento a una policía bien organizada y altamente
represiva como la de Los Angeles terminan regresando a San Salvador o Tegucigalpa con el “doctorado” hecho
en criminalidad de bandas y así se genera este fenómeno de exportación –importación de “excedentes humanos”
muy propio de la globalización actual.
14
Diario “Clarín” de Argentina lunes 13 de junio de 2005
15
Ibid.
16
Becker, Gary “Crime and Punishment” Chicago University Press 1960.
a la hipótesis de que el aumento de las probabilidades de detección influya decisivamente sobre las
conductas infractoras de normas, particularmente cuando hablamos de conductas de carácter
masivo y que implican una “seudo” resistencia material o emocional a condiciones de alienación. En
efecto en dicho país las tasas de encarcelamiento han subido interrumpidamente en forma pareja
durante los últimos veinte años al punto de ubicar a la nación como la más represiva penalmente de
todo el planeta, con más de 2.000.000 de encarcelados ( más del 0,7 por ciento de la población) y
casi 6.000.000 ( 1,5 por ciento de la población) de personas controladas directamente por el sistema
penal a través de mecanismos de libertades condicionales, transitorias o asistidas. Como señalamos
anteriormente, estos tipos de delitos sociales como robos hurtos pequeños tráficos de
estupefacientes violencia y homicidios (cuyos autores son los que llenan las prisiones
estadounidenses), han fluctuado independientemente de esta tendencia de encarcelamiento
creciente sin que la tasa de detención haya influido decisivamente en su alta o baja. Pero quizá el
ejemplo más patente (y patético) del fracaso de esta visión puramente represiva sea el de la política
de represión del tráfico de estupefacientes, a la que el poder global le ha dado un trato privilegiado
en las últimas décadas. La temática de los últimos tres congresos de las Naciones Unidas sobre
17
Prevención del Delito y tratamiento del Delincuente (EL Cairo 1995, Viena 2000 y Bankgog 2005 ) y
las conferencias internacionales como la Conferencia Ministerial Mundial de Nápoles de 1995 sobre
Delincuencia Transnacional Organizada y las sucesivas últimas doce reuniones de la Comisión de
Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Justicia Penal que sesiona en Viena se ha
concentrado en gran medida en la cuestión de la represión del narcotráfico, a tal punto que la
repartición de la Secretaría ocupada de de la cuestión criminal pasó de llamarse División de
Prevención del Delito y Justicia Penal a llamarse Oficina para el control de la droga y la prevención
del delito. Pero además, el aumento de la ratio de encarcelamiento en todos los países del mundo
se debe principalmente a la mayor cantidad de traficantes y tenedores de drogas que han sido
encarcelados en la última década. Sin embargo según las conclusiones de los propios organismos
de las Naciones Unidas el consumo de drogas ( y por tanto su tráfico) se incrementó en los últimos
18
años y especialmente en el último (un 8% en el 2004) Por supuesto que si se recurre a un sistema
“draconiano” que imponga penas gravísimas aún por delitos menores y establezca una situación de
control social ultrapanóptico al estilo de un estado de sitio permanente puede ser que se logre
momentáneamente la reducción relativa de algunas tasas delictivas, pero ello además de hipotecar
la calidad de vida y crear el escenario ideal para arbitrariedades y violaciones a los derechos
humanos y civiles, la libertad y la intimidad, es de un altísimo costo económico y resulta poco
sustentable en el tiempo por la relajación natural de los controles y el desarrollo de la imaginación y
audacia de los infractores. Nuevamente son los EEUU de Norteamérica un ejemplo interesante con
el escandaloso sistema de evaluación penal de la reincidencia denominado en lenguaje beisbolero
“three strikes and you’re out”, que consiste en que si alguien es condenado tres veces aunque sea

17
El último de estos tres congresos recibió ya el nombre de “Congreso de las Naciones Unidas Para la
Prevención del Delito y la Justicia Penal” ya que su denominación fue cambiada en el año 2003 a propuesta de la
delegación argentina ante la Comisión, para erradicar de tal rótulo la referencia al “tratamiento del delincuente”
desactualizada y con reminiscencias del positivismo correccionalista de principios del siglo XX
18
Diario “Clarín” de Argentina del jueves 30 de junio de 2005
por delitos menores en la tercera oportunidad se le puede aplicar una pena ilimitada en el tiempo y
dejarlo con ello “fuera de juego”. No se puede decir que se haya registrado ningún impacto especial
19
evidente en las tasas de criminalidad a partir de tan deportivo recurso legal .
En segundo lugar tenemos el discurso judicial-pericial-disciplinario, que en su etapa originaria va
desde Bentham (1748-1832) a Lombroso (1835-1909), etapa en la que se podría decir que el poder
de los técnicos (jueces, médicos, antropólogos, criminólogos) se “rebela” contra el poder del
mandato legislativo, autotribuyéndose la autoridad de disciplinar y la potestad clasificatoria y
selectiva de los “individuos que deben ser disciplinados” o, en su caso, eliminados (prevención
especial). Esta reacción acusa a los legalistas anteriores, creyentes del libre albedrío del criminal, de
anticientíficos y abstractos y pretende que a los autores de delitos reales o potenciales debe
20
tratárselos como enfermos biológicos o sociales (mal socializados) . Sus instrumentos son el
tratamiento disciplinar-educativo, el tratamiento médico, la esterilización o la eliminación, según el
caso. Este proceso del paso del castigo público ejemplificador a la manipulación oculta del alma del
criminal en los laboratorios intramuros de las instituciones cerradas de la modernidad
21
posrevolucionaria fue descrito, con excelencia también por Foucault en “Vigilar y castigar” . La
concepción acerca de la existencia de “clases peligrosas” por determinación biológica o por
formación social abonó con sus excrecencias el discurso racista exterminador del fascismo y el
nazismo. De esta corriente del pensamiento criminológico subsiste entre nosotros la idea de que la
“maldad “ del delincuente es un problema interno de él que sólo se corrige eliminándolo o
castigándolo o, en el mejor de los casos, sometiéndolo a una reeducación forzada. La falsa idea de
que la manipulación humana puede dar buenos resultados. La confianza en el rol de la cárcel, en los

19
El sistema fue inaugurado a principios de marzo de 1994 en el estado de California y en forma casi inmediata
la siguieron algunos otros estados . Las estadísticas del FBI muestran que entre el período de 1993-1998 es
decir cinco años de aplicación del “three strikes and you’re out” en California los índices totales de delincuencia
bajaron un 32,7 % y específicamente los homicidios un 49,4% y los robos con violencia (robbery) un 48 % pero
este descenso no hace diferencia alguna con la misma tendencia de baja en casi todos los estados de la unión ya
que en el estado de Nueva York que no sancionó legislación alguna en este sentido el descenso de delitos
totales según la misma fuente fue, para el mismo período ,del 35%, para homicidios del 61,8 % y para los robos
violentos del 51,8%, en el distrito de Columbia el descenso en las tasas respectivas fue del 27 %, el 36 % y el 43
% y en Massachussets del 29,8%, el 47,9 % y el 45 % y ninguno de estos estados apeló al estrambótico modelo
californiano, mientras que el estado de Nuevo Méjico que si lo hizo muestra una suba significativa en todos los
rubros referidos en ese período.
20
El enfrentamiento entre el pensamiento de la “escuela clásica” y la “scuola positiva” ha sido reproducido en el
ámbito jurídico penal de posguerra como un enfrentamiento ideológico entre la izquierda y la derecha del
pensamiento penal, la primera defensora de los derechos y garantías del ciudadano, de los derechos humanos y la
segunda como avasalladora de todo ello. Si bien es cierto que en determinados escenarios y coyunturas histórico
políticas esto pudo y estuvo bien que fuera considerado tácticamente así , lo cierto es que como bien señala
Zaffaroni en “En busca de las penas perdidas”(Zaffaroni , Eugenio Raúl Ediar B.A. 1989), ambos discursos
contienen elementos comunes que han determinado la crisis del pensamiento penal tradicional en su totalidad, y
como lo afirma Alessandro Baratta en “Criminología Crítica y Crítica del Derecho Penal” (S XXI México 1989)
ambos saberes conforman un único tronco ideológico que él denomina “ideología de la defensa social”
21
Foucault, Michel “Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión” S XXI Buenos Aires 1989. Sobre el
tratamiento conjunto como parte de un mismos paradigma de pensamiento de las ideas de Jeremy Bentham
(disciplinarismo) y Cesare Lombroso (positivismo biologicista), integrándolas bajo el título de “la
racionalización del control policial racista”, ver Zaffaroni Eugenio, Alagia Alejandro y Slokar Alejandro
“Derecho Penal . Parte General”. Ediar Buenos Aires, 2000 pags. 295 y stes.
22
tratamientos resocializadores y reeducativos. La ceguera de pretender que se “normalicen”, a
imagen y semejanza de nosotros, personas que han tenido trayectos de vida y que tiene proyección
de futuro distintos y hasta opuestos a los nuestros. En última instancia la idea soberbia de que son
sólo ellos los que tiene que cambiar y no que tenemos que cambiar todos, idea que va aparejada a la
conclusión de que el que no se adapte debe ser excluido o eliminado.
Este pensamiento acerca de clases inferiores peligrosas que invierte la relación de causalidad:
pobreza- atraso educativo, precariedad personal por precariedad personal, atraso educativo-
pobreza y atribuye la precariedad personal a la inferioridad biológica, derivando además de todo ello
una natural disposición a la violencia es lo que está en el imaginario de quienes promueven la cárcel
“in situ” o la guethización física a través de muros o barreras aislantes como la asamblea legislativa
de Río de Janeiro que aprobó como medida de seguridad para evitar los asaltos en algunas de las
principales auto-vías de la ciudad, protegerlas con muros de dos metros de altura. A la vera de esas
avenidas se encuentran justamente algunas grandes “favelas” y barrios carenciados. El diario “O
23
Globo” festejó la medida En la Argentina un ex comisario de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires propuso ya sin tapujos, en lo que verdaderamente podría denominarse “plan Auschwitz de
seguridad ciudadana”, que el muro se construyera directamente rodeando la villa de emergencia.
También realizan esfuerzos permanentes en el sentido de esta creencia criminológica los científicos
que buscan denodadamente el gen del mal o alguna disfunción ( en lo posible hereditaria) que
explique la tendencia criminal de algunos. El avance de la ciencia los contradice también
permanentemente. Los últimos estudios en relación al genoma humano han demostrado que no hay
ninguna diferencia genética entre sexos , razas, culturas, religiones, clases sociales, ni entre los
probados autores de delito y los insospechables de tales actos, ni respecto de ninguna
diferenciación moral o de hábito generalizado que se pueda establecer entre los seres humanos. Es
24
más nuestro mapa genético ni siquiera es tan diferente del del chimpancé. . Estas palabras de John

22
Con relación al papel de la cárcel como resocializadora están a la vista los históricos promedios mundiales de
reincidencia de los egresados de los institutos carcelarios que según los datos de Naciones Unidas no bajan del
65% y en algunos casos llegan al 75%. Existe además la experiencia empírica de que en todos los casos que se
han construidos más cárceles para alojar más y “mejor” a los detenidos sin destruir las viejas todo el sistema se
ha visto al poco tiempo nuevamente colmado con sobrepoblación. Ello denota por un lado la alta tasa de
reincidencia pero además un curioso fenómeno de mercado laboral del delito. La hipótesis es que no sólo hay
una gran cantidad de personas cometiendo delitos en las calles sino que además hay grandes cantidades
aguardando para enrolarse en las filas delictiva pero que deben esperar porque los territorios de la actividad
están ocupados. Por ello cuando el sistema atrapa una cuota de estos “trabajadores del delito” y se genera un
espacio el mismo es inmediatamente ocupado por lo que podría llamarse el “ejercito de reserva laboral
delictivo”, los que a su vez son atrapados por el sistema y así sucesivamente con lo que no hay cantidad de
plazas penitenciarias que den abasto a no ser que se encierre a toda una franja generacional de ciertas clases
sociales camino que parece estar empeñado en seguir el sistema penitenciario estadounidense.
23
Diario “La Nación “ de Argentina viernes 3 de junio de 2005, pagina 2.
24
Si bien el descubrimiento es producto del trabajo de numerosos grupos científicos estatales y privados la
presentación pública de la culminación de un borrador de secuencia del genoma humano se efectuó el 26 de
junio de 2000 en la Casa Blanca con la presencia de Francis Collins en representación del Proyecto Genoma
Humano, público, y Craig Venter presidente de “Celera Genomics”, la empresa privada de biotecnología que en
los últimos años había mantenido una dura pugna con el consorcio estatal para intentar terminar primero la
secuencia. Ver al respecto Davies, Kevin “ La conquista del genoma humano Craig Venter, Francis Collins,
James Watson y la historia del mayor descubrimiento científico de nuestra época” Paidos Barcelona 2001y
Sulston, John y Ferry, Georgina “El hilo común de la humanidad .Una historia sobre la ciencia, la política, la
ética y el genoma humano” S XXI. Madrid, 2003.
Sulston, premio nobel por la decodificación del edificio genético de la humanidad son más que
elocuentes. “...Creo que hay algunas influencias genéticas en todo tipo de conducta humana....La
tendencia a ser más positivo, más negativo, a amar.,a odiar...probablemente existan influencias
genéticas, pero son complejas , involucran muchos genes y también se manifiestan mediante el
medio ambiente, lo cultural (nurture). No conozco ningún caso en el que uno pueda decir con certeza
que tal persona tiene un mal genotipo. Si aceptáramos algo así, también podríamos decidir eliminar a
aquellas personas con mal genotipo, que es lo que sueñan algunos políticos Recuerdo a Margaret
Thatcher hablando de esto: de cambiar los genotipos de eliminarlos. Esto no es posible. Está mal
éticamente y es imposible en la práctica. Además no se puede predecir con exactitud cuanto influye
la cultura. Entonces creo que si deseamos modificar, o por lo menos limitar, los excesos de la
conducta humana, tenemos que mirar hacia la cultura, en lugar de eliminar genotipos que es lo que
querrían con estas fantasías. En todo caso tenemos que modificar la sociedad a fin de dar
25
cabida a todos” (el destacado es nuestro)

Finalmente, el discurso sociológico-administrador que, actuando como síntesis superadora (y


conservadora), al sacar la cuestión del marco individualismo analítico y poner sobre la mesa de
discusión científica la relación entre el individuo y la sociedad, hace pie en la sociología naciente de
fines del siglo XIX y principios del XX y va a aportar las ideas de la reforma social y el permanente
ajuste estructural, para admitir la convivencia con una “razonable cantidad” de desorden. Esta visión
hace recaer mucho más la responsabilidad ( y el poder) respecto de la cuestión del control social en
el poder administrador (ejecutivo) del estado, con lo que lo aleja un poco de su consideración
jurídica, moral, disciplinar o bio-técnica y lo remite, aunque con reservas y sin admitirlo
expresamente, hacia el plano político.
El primer ladrillo sólido de esta construcción teórica criminológica lo va a poner Emile Durkheim (
1858-1917) pero es la sociología norteamericana la que, luego de un período muy particular, de auge
del pragmatismo y el ecologismo de escuela sociológica de Chicago, lo va a llevar a su máxima
expresión a través del funcionalismo sistémico de Robert King. Merton (1910-2003) hasta las teorías
subculturales de Albert Cohen, Richard Cloward y Lloyd Ohlin. Y va a transformarlo en una
verdadera sociología criminal o “sociología de la desviación” marco imprescindible para fundamentar
las políticas “integrales” de prevención del delito del capitalismo monopolista desarrollado. Tanto
Drukheim como Merton y los teóricos de las subculturas reconocen la necesidad de cambios en la
organización social para hacer frente a los “excesos” de delito, pero todos van a hacer hincapié
mayormente en los aspectos culturales y funcionales que en los estructurales, preservando con ello
de cuestionamiento alguno a los principios fundamentales de la base económica de la sociedad.
Hay que reconocer que de todos ellos, quien va más a fondo en algún cuestionamiento de la
estructura económica como generadora de anomia (aunque, insistimos, sin llegar al fondo del
asunto) es el propio Durkheim en sus reflexiones sobre la división social del trabajo y su crítica a la
institución de la herencia.

25
Sulston, John “El genoma y la división de clases. Conversaciones con Jorge Halperin” Capital Intelectual SA.
2005 (editado con el periódico mensual “Le Monde diplomatique”) pag. 36
Las teorías sociológicas del delito y la “conducta desviada” (eufemismo lingüístico con el que los
participantes de estas corrientes intentaron, vanamente, sacarse de encima la mancha positivista de
la idea de la defensa social), campearon en el discurso sobre el orden en los E:E:U:U: de
Norteamérica desde los inicios del siglo XX hasta la década del 60. Su mensaje es básicamente el
mismo que el durkheimniano: debe convivirse con una cuota de delito que es funcional al sistema
porque encausa y le da ciertos niveles de organización a lo que de otra manera quedaría totalmente
fuera de lo social. Por supuesto que parte de la funcionalidad de este mecanismo es el hecho de
que la policía persiga a los delincuentes, atrape a los más posibles y se los castigue con todo el
rigor de la ley. La ceremonia punitiva del funcionalismo sistémico consiste en que los desgraciados,
que son criminales porque el sistema los excluyó, deben pagar con sus huesos por el delito
cometido, pero están prestando un servicio funcional para prevenir la anomia generalizada. Su
sufrimiento sirve para que nosotros no cometamos delito. Este es el, sutilmente hipócrita, legado
inmoral del funcionalismo.
La cuota de racionalidad que aportan las teorías sociológica de la criminalidad frente a la estrecha
visión de sus antecesoras radica en que, al menos, estas admiten que cuando se extiende
demasiado el fenómeno delictivo (anomia) esto debe mover a la reforma social. Ello por otra parte
era el pensamiento sociológico adecuado para la Europa del surgimiento de la socialdemocracia
reformista, de fines del siglo XIX, y para los EEUU de Norteamérica de la época del “New Deal”
demócrata que fue el momento en que Durkheim y Merton desarrollaron esta forma de considerar al
problema criminal. De todos modos el discurso de la sociología clásica ya sea desde el punto de
vista del naturalismo positivista de Durkheim o del historicismo de Weber (y también del intento de
síntesis de ambos que realiza Talcott Parsons más contemporáneamente, y que sirve de base al
funcionalismo criminológico norteamericano) tiene, como límite de la crítica al sistema social
dominante, la obsesión por el orden y la racionalidad y termina llevando agua para el molino de la
reforma cosmética superestructural y del asistencialismo social y político.
Como ya se adelantara, toda esta construcción teórica va a hacer crisis en los años 1960 .

El final de la hipocresía criminológica


El pensamiento estructural funcionalista, combinó teóricamente sus postulados con los argumentos
contractualistas, disciplinarios y peligrosistas, que nunca fueron totalmente desechados, por el
contrario se los recicló permanentemente dándoles mayor o menor peso argumental según la época
y la coyuntura ideológica, especialmente en el discurso político institucional, más que en el
académico. Toda esta estructura teórica que había reinado hasta entonces en la criminología, va a
ser cuestionados en los EEUU en década de 1960. La década de los asesinatos de los Kennedy y
de Martín Luther King, de la guerra de Vietnam y de la llegada del hombre a la luna, va a generar el
espacio teórico para una crítica criminológica basada, fundamentalmente, en el pensamiento
fenomenológico. El principal producto de todo ello es la teoría del “etiquetamiento” o de “la reacción
social”, cuyas propuestas concretas no van a pasar de la reducción del alcance de la sanción penal y
de la crítica a la institucionalización total. Un efluvio liberal y abolicionista, que empezó a despuntar
con el naturalismo de David Matza y siguió con el interaccionismo simbólico de Howard Becker, a su
vez reelaboración del de G.H. Mead, que había influenciado, en su momento, a la ya entonces vieja
escuela sociológica de Chicago. Este movimiento sociológico criminal, influenciado fuertemente,
como se dijera, por el pensamiento fenomenológico era propio de ese momento político
norteamericano, y si bien realizó significativos aportes teóricos a la crítica del sistema penal (el más
importante revelar la función criminógena del propio sistema penal) y de las premisas criminológicas
del funcionalismo, no alcanzó por si solo a elaborar las propuestas alternativas al paradigma
consensualista anterior que había venido supuestamente a sustituir, por lo que así fue llamada
26
como una teoría de “mediano alcance” . Lo cierto es que en el fondo en todo el “definicionismo
sociológico”, como en el deconstruccionismo y el multiculturalismo posmoderno y en las teorías
liberales del conflicto, se termina absolutizando el papel de la “construcción social de la realidad” del
rol de las definiciones, de la incidencia de la cuestión cultural en el conflicto lo que va en detrimento
del reconocimiento de las contradicciones de clase realmente existentes y de la base material del
conflicto. Una cosa es reconocer la versatilidad de las expresiones de un poder concentrado en una
clase social y otra cosa es ver al poder difuminado en todo lo existente. Cuando el enemigo (poder)
27
está en todos lados , termina no estando en ninguna parte.
En realidad la crítica más radical al bloque ideológico dominante sobre la cuestión criminal vino de la
nueva Europa saliente de la posguerra . El marxismo (y el anarquismo) de Europa Occidental de la
década de 1960 volvió la discusión criminológica a donde Marx y Durkheim habían dejado la
discusión sociológica , esto es, al punto de si es posible dar respuesta al delito (y a los otros
grandes problemas sociales) con la reforma social o si es necesaria una revolución que transforme
la estructura económica de la sociedad. La criminología crítica principalmente desde la “National
Deviance Conference” inglesa y la escuela italiana de Bolonia, utilizando los elementos teóricos del
marxismo, en combinación con los aportes de la teoría del etiquetamiento (“labelling”), van a
arremeter contra el “efecto criminógeno” del capitalismo como sistema total, productor de alienación
e injusticia social, van ha denunciar los ilícitos cometidos desde el poder político y económico
(transformando la interpretación conductista de E. Sutherland en una interpretación económico-
política) y van a denunciar también las campañas de ley y orden como estrategias políticas
28
realizadas con el único fin de mantener el control del poder y el statu quo . El principal defecto de
esta nueva visión del problema criminal fue que, quizá obnubilada por la sensación que transmitía la
época, de encontrarse a las puertas de la revolución política y social mundial, no puso el énfasis
necesario en el desarrollo de ninguna estrategia político criminal concreta, posiblemente en las
suposición de que el tan tremendo cambio revolucionario vaticinado vendría acompañado de las
verdaderas soluciones de fondo al problema criminal y al conflicto social en su totalidad.

26
Ver Baratta Alessandro “Criminología Crítica y Crítica del Derecho Penal” SXXI editores México 1989, pag.
100.
27
Ver al respecto la agudeza de los análisis de Zizek en relación a los falsos recursos de cierto “progresismo
político” en Zizek, Slavoj “La Revolución Blanda” . Parusia. Buenos Aires 2004 .
28
Una completa descripción del nacimiento y evolución de estas corrientes criminológicas puede hallarse en
Larrauri Elena “La Herencia de la Criminología Crítica”SXXI editores México 1992.
La “realpolitik” criminal.
Como vemos, históricamente son muchas las explicaciones que se han ensayado para justificar y
fundamentar distintos tipos de intervenciones frente al problema de delito . Diversas teorías
criminológicas han formulado interpretaciones acerca de las causas del delito y de las posibles
soluciones o respuestas al fenómeno. En la actualidad, lejos de acallarse el debate, cada vez más
febrilmente se discute acerca de lo que hay que hacer al respecto. Tanto más esto es así cuanto
más se va poniendo en el centro de la escena política y particularmente de los calendarios
electorales el problema de delito y de la violencia.
Lo cierto es que si se examinan cuidadosamente estos discursos, tanto los del pasado como los
actuales, acerca del qué hacer con el problema del delito, se va a encontrar que, siguiendo sus
consecuencias (o las de sus variantes) a ultranza, todos ellos desembocan, aunque no lo quieran
reconocer expresamente en alguna de las siguientes dos grandes visiones ideológicamente
antagónicas: a) las “soluciones”, que podríamos denominar “maltusianas” y b) las que podríamos
llamar soluciones democráticas o de re-inclusión.
Las soluciones maltusianas son aquellas que se rinden ante la fórmula económica inflexible que
afirma que hay momentos en que somos demasiados los seres humanos que habitamos el planeta
en relación a los “recursos disponibles”, en la manera en que la sociedad ha organizado la
distribución y aplicación de esos recursos, y que, por lo tanto, un quantum de esos seres sobrantes
29
deben ser eliminados, o, al menos, excluidos-recluídos .
Muchos de los argumentos de las teorías criminológicas que hemos fugazmente repasado, desde el
contractualismo hasta el funcionalismo sistémico, han tenido como efecto real, más allá de la
honestidad teórica de su autores, el encubrimiento de prácticas que aportaban a la exclusión social y
al maltusianismo. Obviamente ello no se halla explícito en las formulaciones teóricas respectivas,
pero se llega al resultado a través de la simple ecuación teórica siguiente.
Al menos desde el desarrollo por parte de Merton de la teoría de la “tensión”, mediante la que se
devela que el stress (correlación negativa) entre los objetivos (necesidades) culturales y las
posibilidades reales de alcanzarlos, determinadas por la posición en la estructura social, genera
anomia, ha quedado en claro, más allá de lo esquemático y simplista de la explicación funcionalista,
que las desigualdades sociales irritantes sobre todo la producidas violentamente en tiempos
muy cortos, producen permanentemente conductas ilegales de parte de los que han quedado
violentamente en desventaja. Esto puede producirse por el descenso rápido de algunos o por

29
Thomas Malthus fue el autor de la teoría económico-sociológica que tomó a la población como variable
económica en su “Ensayo sobre el principio de la población” de 1798. El ensayo fue el único escrito trascendente
de toda la vida del pastor protestante, pero tuvo una gran influencia en las ideas de la época y en épocas
ulteriores. Malthus nunca planteó el exterminio ni la segregación como soluciones al “problema” del desfase
entre el crecimiento “geométrico” de la población y el crecimiento “aritmético” de los bienes de consumo. Su
principal propuesta era la de educar a las clases pobres para que tuvieran menos hijos. Pero advirtió que en la
medida en que la humanidad no lograra tan noble cometido, las guerras, las enfermedades y otros males se
encargarían de actuar como reguladores “naturales” del exceso de población cumpliendo así, en última instancia,
una “función benéfica”. Malthus no incluye entre los “reguladores naturales” al sistema penal y sus funciones de
captura, deportación y/o eliminación, pero es fácil verlo por ejemplo en los interesantísimos análisis históricos de
Rusche y Kirchheimer (op.cit) cuando estos describen la forma en que se relacionaba, en los tiempos del
surgimiento del sistema económico capitalista, la gravedad y generalización de las penas con el exceso de mano
de obra disponible en el mercado de trabajo.
el ascenso rápido de otros o por las dos cosas a la vez. Y este proceso se da lo largo de todos
los estratos sociales pero principalmente en la base más baja y en el vértice más alto de la
30
pirámide social por razones de subsistencia y de alta competitividad respectivamente . La
delincuencia que se produce en el vértice más alto siempre queda oculta o disimulada o al
menos quedan ocultos sus autores. Cada tanto un chivo expiatorio de la “nobleza delictiva”
es echado a la hoguera de la justicia para aliviar la indignación colectiva. Pero la otra
delincuencia, la de los pobres esa queda absolutamente a la vista.
Soslayar esta verdad “de Perogrullo” y atribuir la génesis del delito a otros motivos cualesquiera,
lleva inexorablemente a la acción político-institucional a la siguiente encerrona . El gobierno y “la
gente” ,particularmente las clases medias, siempre se van a encontrar con una gran y creciente
cantidad de delito, producto obvio de la desigualdad intrínseca del sistema, que no va a encajar en
ninguna de sus explicaciones aceptables porque las explicaciones aceptables, tanto las provenientes
del funcionalismo mertoniano como todas las otras (que no sean marxistas), no cuestionan al
sistema socio-económico mismo como “criminógeno”, cuestionamiento en el que sí hallarían la
respuesta a sus preocupaciones de inseguridad si lo comprendieran y aceptaran. Todo lo que no
encaja en las explicaciones lógicas oficiales y socialmente dominantes se presenta como extraño,
inexplicable y peligroso, como el “malo absoluto” y. frente a lo extraño, la reacción inevitable, es,
ante la falta de explicación coherente a la mano, (al menos momentánea y provisoriamente, ante la
desesperación pública) la exclusión o, preferiblemente, la supresión del agente perturbador. Este es
el callejón sin salida, maltusiano al que nos conduce en última instancia cualquier argumentación
teórica que no ponga en el centro del análisis la relación entre violencia y desigualdad socio-
económica estructural y no se plantee seriamente el problema estructural de la desigualdad social
como productora de violencia y conflicto permanente.
Es por estas razones que debería tratarse con más cuidado en el análisis criminológico progresista la
relación entre criminalidad y pobreza. Muchas bienintencionadas opiniones provenientes del amplio
espectro ideológico del progresismo han sido muy cuidadosas en evitar la relación causal entre
pobreza y delito, correctamente inspiradas por los recelos “antiestigmatizantes” basados en las
enseñanzas de la escuela del “labelling” y de todas las teorías acerca de la “construcción social de la
realidad”, y por la real circunstancia de que, como está comprobado, no sólo la mayoría de los
“pobres” no cometen delitos, sino que además, es perfectamente estimable, que una gran proporción
de aquellos que concentran grandes cantidades de dinero y poder sí los cometen o los han
cometido para encumbrarse en esas privilegiadas posiciones.
Pero este correcto reparo no debe hacernos perder de vista que detrás de la desvinculación teórica
absoluta de delito y pobreza se agazapa la intención encubridora de la realidad de cierta derecha

30
Es importante resaltar aquí que la dinámica social y política que llevó a criminalizar los delitos “comunes”
tuvo su origen como ya lo señaláramos en el capítulo I en los albores del desarrollo del sistema capitalista
mientras que el hecho de que Edwin Sutherland “descubriera” los delitos de los poderosos en la tercera década
del siglo XX más que a una tardía casualidad parece responder a la dinámica propia del proceso de
concentración del capital en su etapa monopolista, que hizo que el grupo de empresas dominantes del mercado
establecieran una cantidad de reglas para pautar la “libre competencia” que solo ellas estaban en condiciones de
cumplir , lo que llevó a los empresarios excluidos del proceso de concentración , especialmente después del
viernes negro de 1929, a tener que entrar en la infracción y la ilegalidad encubierta permanente para subsistir en
el mercado y continuar en carrera
criminológica que intenta atribuir los problemas reales de violencia y conflicto social exclusivamente
a la maldad innata de los hombres o defectos de socialización explicados únicamente en términos
31
abstractos o incluso últimamente como un efecto de la haraganería y la defección moral,
32
fomentada por la ayuda social a los pobres .
Está claro que la vinculación entre pobreza (en sentido lato) y delito no es una relación causal simple
como tampoco hay simple relación entre delito y desocupación, en términos de que los
33
desocupados se transformen en su mayoría en delincuentes , pero esto no desmiente para nada,
sino que confirma, la circunstancia de que efectivamente existe una relación profunda y compleja
entre deterioro socioeconómico de amplios sectores sociales y enriquecimiento desmedido de otros,
34
con el aumento de los índices de violencia social . En última instancia la inequidad y la marginalidad
no son fenómenos autónomos de la pobreza sino que son constitutivos y originarios de la misma, por
lo que la afirmación técnicamente precisa de que no es la pobreza sino la inequidad y/o la
marginalidad las generadoras de violencia muchas veces puede encubrir la artera intención de diluir
la evidencia de que es la esquizofrénica estructura del sistema social fracturado entre ricos y pobres
la verdadera causa material de todas las expresiones de la violencia incluida, principalmente hoy, la
criminalidad. Y que la verticalización de la sociedad es en si misma la principal circunstancia
criminógena tanto en relación al delito cometido desde los márgenes inferiores como el cometido
desde el poder político y económico junto con todas sus ramificaciones y los contactos que existen
entre el uno y el otro. Ello podría graficarse (con las limitaciones que siempre encierran los gráficos)
de la siguiente manera:

31
Hirschi, Travis “Causes of Delinquency”, 1969 Berkeley Universitiy of California Press. Murray, Charles y
Herrnstein, Richard “The Bell Curve, Intelligence and Class Structure in American Life”New York, Free Press.
1994.
32
Murray Charles, “Losing Ground” 1984 New York, Basic books.
33
Kessler, Gabriel, “Sociología del Delito Amateur” Paidos Buenos Aires , 2004, pags.31 y stes.
34
La relación entre la violencia y la denominada privación relativa fue puesta en claro en “What is to be done
with Law and Order” de Jock Young y John Lea London 1984 Pluto Press. Hay traducción castellana “Qué hacer
con la ley y el orden” Editores del Puerto Buenos Aires 2001. ver especialmente capitulo 6 “Marginalidad y
delito”. De todos modos la pregunta que queda pendiente es ¿no es acaso toda privación relativa? ¿la pobreza no
es siempre pobreza en relación a otra situación de mayores recursos que detenta algún otro? En este sentido los
términos privación absoluta y privación relativa tendrían más que ver con la velocidad (violencia) en que se
instala una situación de privación en contraste con otra de mayor abundancia. A la diferencia de posibilidades de
acceso a los recursos materiales que existe desde hace larga data le estaríamos llamando privación absoluta y a
la que se ha producido recientemente en forma veloz privación relativa, pero siempre estamos hablando de
pobreza en relación a otras situaciones de mayor abundancia o riqueza.
Alta acumulación de Corrupción Delito de
Riqueza y Poder cuello blanco

Franja de Ingresos
Criminalidad
Medios

Debajo de la línea de Delincuencia Común


pobreza
Sociedad Sociedad
horizontal Vertical
(ideal) (actual)

El gráfico intenta poner de relieve que proporcionalmente hay mucha más criminalidad en las altas
franjas de ingreso que en las bajas aunque la primera es mucho menos visible pero gravísima en sus
consecuencias, y que si bien la mayor parte del delito común proviene de las clases más bajas, la
mayoría de los que se encuentran debajo de la línea de los ingresos medios no cometen delitos. Y lo
que con mayor evidencia pretende graficarse es la relación entre la verticalidad de la sociedad y la
producción de criminalidad.
En suma la mayoría de los pobres no cometen delitos pero la pobreza genera delincuencia y
la mayoría de los que acumulan riqueza y poder cometen o han cometido delitos para llegar y
mantenerse en el lugar en que están aunque sus acciones criminales sean mucho menos
evidentes. Las acciones más violentas y graves se producen casi en su totalidad en los
extremos de la sociedad verticalizada y en ambos casos los escenarios de violencia están
determinados por características intrínsecas del sistema como son el deterioro y/o la
desesperación personal de la muy baja escala en el orden social o la hipercompetitividad por
el poder económico o político en la muy alta escala del orden social.
No hay que caer tampoco en el falso y ya viejo dilema entre la predominancia de la causalidad o la
oportunidad en la producción del acto delictivo concreto, planteo que pareciere reflejar el viejo
enfrentamiento entre los deterministas mecanicista y los partidarios del libre albedrío. Tanto la
causalidad que es el escenario socio-político en que crece se desarrolla y se encuentra a si mismo el
potencial autor de un hecho violento o delictivo como la oportunidad incidental que se le presenta en
un momento preciso de su vida, son factores que juntos llevan al resultado hecho violento o delictivo,
pero en esta bipolaridad entre causalidad y oportunidad no pueden caber dudas de que la variable
determinante es la forma en que ese ser se encuentra “arrojado al mundo” por decirlo en términos
existencialistas, ya que ese modo de estar en el mundo va a hacer que oportunidades que para
otros pasan desapercibidas para el se constituyan en elementos disparadores del acto. Hablando en
términos generales la pobreza da lugar a las situaciones más extremas de exclusión y marginalidad,
la marginalidad da lugar a la formación de individuos y grupos de individuos más dispuestos que
otros a cometer hechos violentos sobre todo contra la propiedad y a estas personas las
oportunidades se les hacen más evidentes y les sirven como disparador de acciones para las que ya
se encontraban previamente dispuestos. El proceso es clarísimo y más que obvio y resulta una
pérdida de tiempo seguir discurriendo acerca de si es la pobreza o la marginalidad por un lado y si
es su situación social o la oportunidad por otro lo que lleva a alguien a cometer un delito.
El carácter de clase de la casi totalidad del delito urbano especialmente el delito contra la propiedad
y su génesis en las grandes diferencias socioeconómicas salta a la vista cuando vemos que
personas de sectores de muy bajos recursos o marginales “invaden” las zonas elegantes del centro
de las ciudades para mendigar o recolectar residuos o desechos. La situación de tensión que se
genera entre el recelo, el desagrado y el temor de los residentes y el resentimiento contenido de los
“invasores” expresa un equilibrio artificial sostenido sólo sobre la presencia difusa del control social
duro. Están separados por la “delgada línea azul”, como gustan llamar los ingleses a la policía. Tanto
la forzada tolerancia de los residentes y transeúntes “adecuados” como el forzado respeto de los
“invasores” son eso: actitudes forzadas, que no fluyen naturalmente de una dinámica de
convivencia, sino que reposan en el saber de la existencia de una fuerza con poder de fuego y
dispuesta a enfrentarse hasta las últimas consecuencias con el primer “invasor “ que “se pase de la
raya” . A nadie le puede caber dudas de que la insistencia mendicante casi agresiva del joven que
intenta limpiar los vidrios de un vehículo detenido en un semáforo y que ante la negativa del
conductor comienza muchas veces a mojar el parabrisas de todos modos hasta retirarse de mala
gana frente al enojo gesticulante del “propietario”, derivaría en otro tipo de actitud de parte de
ambos si la escena se produjera en un descampado. Todo esto es así aunque la cotidianeidad de
estas situaciones de “stress” social vaya naturalizando estas escenas en nuestro imaginario lo que
para nada implica que estas relaciones puedan fluir constructivamente de alguna manera.
Vale decir entonces que las mismas condiciones sociales que llevan a la mendicidad y a la
realización de tareas sufridas y socialmente devaluadas como recolecciones de desechos o residuos
por cuenta propia o limpiar parabrisas en los semáforos, son las que llevan a la comisión de delitos
contra la propiedad y a las agresiones relacionadas con ellos.
Frente a esta realidad se puede tener una actitud reaccionaria: fortalecer la exclusión, la prohibición
de ingreso de determinadas personas a determinados sectores urbanos, acordonar, separar,
“ghettizar”, o progresista: llevar inmediatamente recursos suficientes a los involucrados en estas
actividades ayudarlos a organizarse laboral y socialmente y posibilitar económicamente su acceso a
buenos sistemas de educación, salud, culturales, deportivos y recreativos, generando además con
ello la posibilidad de su organización política . Lo que no se puede es desconocer la relación de
causalidad entre determinadas injustas situaciones sociales y determinadas reacciones violentas
contra la propiedad, a menos que lo que se quiera es ocultar esa relación causal para no cuestionar
la estructura socioeconómica dominante ni hacerla responsable de lo que es responsable.
Todo esto no significa además que las capas medias no cometan sistemáticamente hechos que
implican violación de disposiciones penales incluso graves a saber, compra de estupefacientes,
cohechos, defraudaciones encubiertas en forma de transacciones comerciales, abortos , además de
cuantiosos pequeños contrabandos, evasiones impositivas, y hurtos en los lugares de trabajo,
cheques sin fondo, falsificación de documentos y recetas médicas etc. pero todo ello pertenece a
una realidad tolerada cínicamente por el sistema y la misma sociedad. Para hacer justicia el gráfico
anterior debería mostrar el sector correspondiente a los sectores medios en un tono gris claro

Las propuestas verdaderamente democráticas pretenden, como se dijo, resolver el problema de la


violencia sin eliminaciones ni exclusiones, lo que las lleva al dilema del planteo de una distinta
organización en la distribución de los recursos y a la cuestión acerca de qué tan profunda debe ser
esa reorganización. Es decir a transformar definitivamente la cuestión sociológico-criminal en una
cuestión política y económica. Con esta visión solo se corresponden las teorías criminológicas que,
desde los años 60 del siglo pasado, efectuaron la crítica real y profunda del pensamiento
criminológico moderno, particularmente la denominada “criminología crítica”, ciertas posturas dentro
del abolicionismo penal y, actualmente, el nuevo realismo criminológico de izquierda, ya que son las
únicas que están dispuestas a aceptar la realización de los cambios sociales que sean necesarios
para desactivar la “tensión”, aún la reformulación total del sistema socio-político-económico (cosa
que, como ya se dijo, no estaba incluida en los cálculos mertonianos quien como buen tributario del
funcionalismo era partidario del retoque reformista pero no de los cambios en las relaciones de
propiedad).

Neo-realismo criminológico. La tolerancia cero


Actualmente estas dos posiciones maltusianas y democrática, aparecen claramente delineadas y
enfrentadas en el plano teórico. Ello, tal vez, a muchos les parezca exagerado, pero a poco que nos
adentramos en el análisis de las distintas propuestas actuales respecto de la prevención del delito
podemos advertir como sus planteos llevan inevitablemente, en su desarrollo y en sus
consecuencias, a algunas de las dos opciones enunciadas.
Un ejemplo de maltusianismo descarado es la famosísima teoría de la “tolerancia cero” y sus
35
diferentes versiones .Este producto del “think tank” del “Manhatan Institute” de Nueva York, nos
dice que la fórmula para ir combatiendo la delincuencia es la de no perdonar ningún tipo de falta,
delito o “incivilidad”. Esto se complementa con la otra versión teórica de lo mismo que es la teoría de
las ventanas rotas o mejor dicho las ventanas sanas ya de lo que se trata es de reparar en forma
urgente cualquier daño por mínimo que sea para evitar la degradación edilicia y urbana de la zona a
mantener segura. No perdonar nada y repararlo todo inmediatamente (incluido el borrado de los
“subversivos” graffitis), por supuesto en las restringidas áreas de la ciudad que para ellos lo
merezcan, ya que a nadie con un mínimo de sentido común se le puede ocurrir que es esta una
receta aplicable “in totum”, simultáneamente, en toda la extensión geográfica, de todas las ciudades,
de todo el país en cuestión, ni que Bratton , Wilson o Kelling hayan estado pensando en la favela
“Rocinha” de Rio de Janeiro, en la villa “Fuerte Apache” del conurbano bonaerense, en los “pueblos
jóvenes” de Lima o en las comunidades suburbanas del distrito federal mejicano, cuando
imaginaban semejante pulcritud de los vidrios y del comportamiento humano. Lo cierto es que ni

35
Resulta interesante ver la génesis del instituto newyorquino y las teorías que propicia en el trabajo de Loïc
Wacquant “Las Cárceles de la Miseria” 1999. Ed cast. 2000 Manantial Buenos Aires, una de las primeras y
principales críticas a la teoría de la “tolerancia cero” y a su recepción latinoamericana y europea.
siquiera estaban pensando en el Bronks newyorquino donde la novísima estrategia criminológica de
Guiliani fue un poco menos pro-activa y se limitó a la sistemática violación de los derechos humanos
. Esta es la elemental receta que la derecha criminológica ha logrado vender al todo el mundo con
un proceso de marketing digno de elogio teniendo en cuenta la simpleza ramplona, la precariedad
teórica y la currícula de estrepitosos fracasos en la aplicación histórica del producto que se vende.
Esta “solución” que puede haber servido para potenciar la imagen turística de la “gran manzana” y
para calmar la sensación de inseguridad de los amplísimos sectores medios de los países hiper-
desarrollados , donde, por otro lado y como se verá más adelante, los niveles de violencia urbana no
han crecido demasiado o han incluso descendido, en la última década, aparece en toda su ferocidad
si nos imaginamos su aplicación en la conflictiva y compleja realidad de los países periféricos donde
la precariedad material y la escasez de recursos hacen que “tolerancia cero” no pueda más que
equivaler, directamente, a exterminio físico.
Los efectos del maltusianismo están a la vista en los propios Estados Unidos que han llegado al
record histórico mundial de porcentaje de población encarcelada, pero en los países periféricos el
efecto eliminatorio no lo produce solo la cárcel, que de por si constituye allí un centro de
confinamiento para la enfermedad y la muerte, sino también la eliminación física por hambre,
enfermedad, enfrentamientos entre pobres y matanzas de la policía, y la exclusión geográfica
(“ghettización”) de porcentajes muchísimo mayores de población.

Nuevo realismo criminológico inglés


Frente a las opciones criminológicas maltusianas de la nueva derecha, desde comienzo de los años
80 uno de los pioneros de la criminología critica, Jock Young, volvió a ser uno de los protagonistas
principales de lo que podría calificarse de “nueva revolución teórica” en la criminología o la crítica de
la crítica. El nuevo realismo criminológico de izquierda inglés, muchos de cuyos argumentos habían
sido adelantados en la compilación dirigida por el propio Young junto a Taylor y Walton
36
“Criminología Crítica” constituye el comienzo de una profunda reflexión criminológica que, sin
abandonar su raíz marxista, se desarrolla con los aportes de las teorías posmodernas o
tardomodernas de la complejidad y del riesgo.
37
En su último libro “La sociedad excluyente” Young muestra claramente la relación entre la violencia
, el delito y el desorden con la privación de la ciudadanía y la exclusión social. Las propuestas que se
deducen de este diagnósticos y que ya habían sido analizadas por el autor en publicaciones
38
anteriores apuntan a entender la complejidad del problema y a tener en cuenta que las
modificaciones, en relación al problema criminal, vienen de la mano de los cambios en el estado,
pero también en la sociedad y, principalmente, en la modificación de la relación entre el estado y la
sociedad que garantice la oportunidad de la ciudadanía para todos, destierre definitivamente la
posibilidad de la exclusión y reproduzca un nuevo sistema de estímulos y sanciones en exclusivo
orden de mérito funcional estableciendo una base de real democracia y justicia.

36
Taylor Ian, Walton Paul y Young Jock “Criminología Crítica Siglo XXI , México 1988.
37
Young Jock“La sociedad excluyente . Exclusión social , delito y diferencia en la modernidad tardía” Marcial
Pons Madrid.2003 Traducción de Roberto Bergalli y Ramiro Sagarduy
38
Young Jock y Lea John “Que hacer ...”
El “núcleo duro” del pensamiento del nuevo realismo de izquierda se halla expuesto en ¿Qué hacer
39
con la ley y el orden? un libro escrito por John Lea y Jock Young en 1984 . Teniendo en
consideración la ideología de sus autores no es difícil colegir que el título parafrasea el del famoso
libro de Lenin ¿Qué hacer? escrito en un momento (1902) de profundo reflujo de las acciones
revolucionarias en Europa y de gran confusión de las ideas en el campo de las organizaciones del
40
partido de la revolución . Y decimos que no es difícil colegir esta relación en la intitulación porque
“Que hacer con la Ley y el Orden? “ es justamente un trabajo teórico que pone el eje en la cuestión
político estratégica y en la reorganización de las ideas para enfrentar políticamente a la reacción
criminológica ( partidaria de las campañas de ley y orden). El siguiente párrafo que encabeza el
primer capítulo del libro es claramente significativo :
“.....gran parte de la derecha están convencidos de que la tasa de criminalidad está aumentando
precipitadamente, de que la lucha contra la delincuencia es de fundamental importancia para la
opinión pública y de que se debe actuar drásticamente para evitar que la situación empeore hasta
llegar al barbarismo. La izquierda por el contrario busca minimizar el problema del crimen en las
clases trabajadoras, la criminología de izquierda ha intentado durante la última década- con algunas
notables excepciones desenmascarar el problema del delito...Considera que la lucha contra el
crimen es una distracción de la lucha de clases, que constituye en el mejor de los casos una ilusión
inventada para vender noticias y en el peor de los casos un intento de crear chivos expiatorios, al
culparlos de la circunstancia brutalizante en la que se encuentran .Un nuevo enfoque realista de
izquierda en lo que concierne al delito debe intentar avanzar entre estas dos corrientes. No debe
contribuir a aumentar el pánico moral ni cometer el grave error político de descuidar la discusión
41
sobre el delito dejándola en manos de la prensa conservadora” .(el remarcado es nuestro) .
En la reedición del libro de 1993 los autores agregan una introducción titulada “Diez años después”
en la que explican que su opinión respecto de las causas del delito ha evolucionado hacia una visión
más “integrada” en la que la privación relativa es analizada como una parte en interrelación dinámica
con otros factores pero continúan con su crítica a lo que denominan el “idealismo de izquierda” para
quienes afirman “la policía no puede y de hecho no ha tenido nunca la intención de controlar el
42
crimen, preocupándose más bien por el mantenimiento del orden social existente” También en esta
crítica a el romanticismo ideológico radical o lo que podría llamarse la “ultraizquierda” del
pensamiento criminológico que termina junto con la ambigüedad liberal haciéndole “el campo
orégano” a la derecha se advierte cierto paralelismo con el pensamiento leninista del Lenin ya en el
poder, criticando el oportunismo político de los representantes de la II internacional y las
43
“desviaciones de izquierda” en “El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo” (1920) .
Lo importante del realismo de izquierda es entonces el haber vuelto la discusión criminológica al
campo de la lucha política teórica y práctica, lugar del que estaba desplazada desde el avance de la
restauración neoliberal global.

39
Ibid.
40
Lenin, Vladimir Ilich Obras Escogidas . Ed. Cartago Buenos Aires 1974 TI pag 389 y stes.
41
Lea, John y Young Jock op cit pag 53
42
Op cit pag. 47
43
Lenin , Vladimir Ilich Obras Escogidas Editorial Cartago Buenos Aires 1974 pags.9 sstes.
La Argentina en el marco de la realidad latinoamericana
La década de los años 90 constituyó un trágico punto de inflexión para todo aquello relacionado con
la seguridad urbana en el área latinoamericana. Los indicadores de las tendencias de los delitos
denominados comunes o urbanos de los distintos países de la región son por demás significativos
al respecto y, aunque la imprecisión la falta de rigor y la precariedad son características de la
mayoría de los sistemas estadístico criminales de estos países, lo cierto es que el aumento notable
de este tipo de hechos es contundente y está corroborada por algunos estudios de cuya seriedad
científica no se puede dudar. Además es claramente percibido por la población y por los medios
masivos de comunicación, más allá de la manipulación que muchas veces se haga de la información
al respecto.
¿Que fue lo que produjo esta crisis de seguridad tan pronunciada en un continente que se había
caracterizado hasta los años 70 por mostrar, en el rubro seguridad con relación al delito común, una
de las pocas ventajas comparativas con el primer mundo, particularmente Estados Unidos de
Norteamérica, en donde justamente hasta los años 80 las tasas criminales no habían hecho más que
subir.
Es casi obvio que no puede desligarse este fenómeno, que tuvo como víctima a Latinoamérica, del
proceso “globalizador” mundial que terminó de consolidarse, como tendencia que marca el nuevo
escenario planetario, precisamente en la década de 1990.
El proceso globalizador no tuvo hasta ahora efecto benéfico alguno en el mejoramiento de las, ya
atrasadas, condiciones de vida de las grandes masas latinoamericanas, todo lo contrario el ingreso
per cápita en comparación con el de los Estados Unidos o Canadá descendió en forma
44
abrumadora . Así también es cierto que mientras en nuestro continente, durante la década de 1990
(y en muchos países desde varios años antes), las tasas de la criminalidad urbana crecían
aceleradamente, tanto en los E.E.U.U. como en el resto del mundo industrializado bajaban pareja y
constantemente o se estabilizaban en niveles comparativamente muy bajos con las nuestras, hasta
llegar a la situación actual que es, al menos en la comparación de las ciudades más populosas de
América Latina con muchas ciudades de los Estados Unidos, prácticamente la inversa de los años
45
60/70 en materia de delito urbano .

44
Sobre el impacto de la globalización en el tercer y el ahora llamado “cuarto” mundo hay profusa bibliografía .
Ver entre otras Castells, Manuel “La era de la información” 1997 Alianza Editorial Madrid (3 volúmenes).
Stiglitz, Joseph “El malestar en la globalización” 2002 Taurus . Buenos Aires. Amir , Samir “El capitalismo en
la era de la globalización” 1997. Paidos Barcelona 1999. Chomsky, Noam y Dieterich, Heinz “La sociedad
global” Contrapuntos .México 1995
45
La afirmación de Jock Young (op cit) acerca del crecimiento del delito en los países desarrollados se efectúa
tomando como referencia temporal los últimos 25 años, período en el que, efectivamente, el fenómeno del delito
creció mucho, en estos países, respecto de los niveles de la “dorada” época de los años 50y 60, pero desde los
comienzos de los años 90 hasta el presente la tendencia general es hacia la estabilización o la disminución .frente
al sostenido aumento en los países subdesarrollados o los de Europa Oriental.
Estados Unidos y Argentina
Tasas de homicidios cada 100.000 habitantes
11

10

0
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
Estados Unidos Argentina

Fuente Estados Unidos: FBI (Uniform Crime Report)


Fuente Argentina: Registro Nacional de Reincidencia (hasta 1998) y Dirección Nacional de Política Criminal (1999 en
adelante) Ministerio de Justicia de la República Argentina
Ciudad de Buenos Aires y Ciudad de Nueva York
Tasas de robos y hurtos cada 100.000 habitantes
10000

9000

8000

7000

6000

5000

4000

3000

2000

1000

0
1985

1986

1987

1988

1989

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001
Nueva York Buenos Aires

Fuente Ciudad de Nueva York: FBI (Uniform Crime Report)


Fuente Ciudad de Buenos Aires: Reg. Nac. De Reincidencia (hasta 1998) y Dirección Nacional de Política Criminal (1999 en
adelante), Ministerio de Justicia de la República Argentina.
MEXICO (Distrito Federal)
Tendencia de la mortalidad por homicidios
en Hombres cada 100.000
50

40

30

20

10

0
1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995

Fuente: INEGI, tabulaciones de mortalidad, varios años.

Evolución de tasas de homicidio en Gran Bretaña y Francia


3

2,5

1,5

0,5

0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
HOMICIDIOS DOLOSOS CADA 100.000 HAB. GRAN BRETAÑA
HOMICIDIOS DOLOSOS CADA 100.000 HAB. FRANCIA

Fuente Gran Bretaña: Home Office


Fuente Francia: Ministère de l’Intérieur, de la Sécurité Intérieure et des Libertés Locales
Evolución de tasas de robos y hurtos en Gran Bretaña y
Francia
10000

8000

6000

4000

2000

0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

ROBOS Y HURTOS CADA 100.000 HAB. GRAN BRETAÑA


ROBOS Y HURTOS CADA 100.000 HAB. FRANCIA

Fuente Gran Bretaña: Home Office


Fuente Francia: Ministère de l’Intérieur, de la Sécurité Intérieure et des Libertés Locales

Como correlativo de estos últimos dos gráficos habría que señalar que según los datos de la OCD las
tasa de desempleo en Francia entre 1990 y 2000 pasaron de 6,8 a 5.6 y en el Reino Unido de 9,2 a
10,1 es decir no tuvieron variación en términos porcentuales significativos. En cuanto a la tasa de
empleo según la misma fuente y para el mismo período mejoraron en Francia del 59,9 al 61,1 y en el
Reino Unido se mantuvieron en el 72,4 toda la década.

Las circunstancias que instalaron la violencia urbana han sido distintas en los distintos países de
Latinoamérica y estas diferencias han sido marcadas principalmente por las distintas estructuras
sociales, por las distintas historias políticas y por la forma en que los países centrales, especialmente
los EE UU han planteado su estrategia geopolítica en términos de seguridad en el continente.
También ha influido en el tenor de las diferencias el impacto de otro producto de la globalización, la
46
delincuencia transnacional organizada , que, entre otras cosas, ha encontrado en Latinoamérica el
único ecosistema mundial que permite la producción comercializable de la coca.
De todos modos resulta innegable que el denominador común sobre el que se insertan todos los
procesos de agudización cuali y cuantitativa de las formas del delito y la violencia en los países del
área está íntimamente relacionado con el impacto socialmente negativo de las políticas de la
globalización y del nuevo escenario económico mundial.

46
Sobre la relación entre el proceso de globalización y la delincuencia transnacional organizada ver Castells
Manuel op. cit. Vol 3 Cap. 3 .
COLOMBIA
Tasas de homicidios cada 100.000 habitantes
80

70

60

50

40

30

20

10

0
1960
1961
1962
1963
1964
1965
1966
1967
1968
1969
1970
1971
1972
1973
1974
1975
1976
1977
1978
1979
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
Fuente: Ministerio de Justicia

El caso colombiano, emblemático en relación a los crímenes violentos muestra si se le presta debida
atención que detrás de la “multicausalidad” de la escalada de homicidios que se produjo en el país
desde la década de 1970 también hallamos el factor determinante de la pobreza y el subdesarrollo.
En uno de los mas profundo estudios de la cuestión desarrollado por Saúl Franco “El quinto: No
matar. Contextos explicativos de la violencia en Colombia” se hace especial hincapié a la relación
entre la historia de violencia colombiana, el auge del narcotráfico , la cultura de la intolerancia política
y social, la impunidad del sistema penal debilitado y la inequidad económica pero más allá de estas
correctas argumentaciones del propio estudio queda en claro que la inmensa mayoría de los
involucrados en las acciones violentas tanto como autores como víctimas especialmente los
homicidios que son considerados como epidemia social son jóvenes varones provenientes de los
estratos sociales más bajos. El ensayo de Franco comienza justamente con una descripción del
47
impactos negativo de las políticas económicas neoliberales en Colombia desde 1974.

47
Franco, Saul “El quinto No Matar. Contextos explicativos de la violencia en Colombia” TM Editores Iepri.
Santafé de Bogotá 1997.
BRASIL
Tasas de homicidios cada 100.000 habitantes
30

25

20

15

10

0
1979
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
Fuente: Ministerio de Salud - Coordinación de Estadísticas y acompañamiento de la Policía

Hay muchos trabajos que relacionan el deterioro social y el aumento de la violencia en las grandes
ciudades de Brasil pero quizá el documento más elocuente sea el filme “Ciudad de Dios” en el que
se demuestra con la eficacia del arte cinematográfico la ecuación juventud y miseria = violencia.
La observación detenida de los procesos de aumento de la violencia delictiva en todas las grandes
ciudades de la región muestra que la incidencia de la crisis económico social es determinante en
relación al aumento del delito, particularmente el delito violento contra la propiedad, cuyo estereotipo
48
es el robo con armas y ya en los últimos tiempos el secuestro extorsivo.

48
El diario Clarín de Argentina del sábado 14 de agosto de 2004 en su pagina 30 publica que según la firma
Control Risk Groups una organización de asesoramiento de riesgos con sede en Londres el 75% de los secuestros
cometidos en todo el mundo se producen en América Latina estimando la cifra en 7500 casos anuales.. Otra
empresa similar Norteamérica Kroll Associates manifiesta que en el 2003 se habrían cometido 4000 secuestros
en Colombia, 3.000 en México y 2.000 en Argentina
Población bajo la línea de pobreza
80

60

40

20

0
1980 1990 1999

Argentina Colombia México

Fuente: UTAL (Universidad de los Trabajadores de América Latina) Caracas - Venezuela

EL gráfico precedente muestra como en los tres países aumentó la pobreza entre los años 1980 y
1990 y se consolidó la tendencia durante la segunda década mencionada.
Sin embargo, y como ya se insistiera anteriormente, no debe entenderse en forma lineal esta
relación . El deterioro económico social no deriva, directa e inmediatamente, en violencia
delictiva sino a través de complejos procesos de degradación de las formas de organización
económica y social que incluyen aspectos individuales y familiares y también institucionales
y políticos. Es la resultante de la nefasta combinación de la destrucción de los individuos con
la destrucción de la organización social y política. Tanto la una como la otra tiene en su base
la destrucción económica y social.
La cuestión de la “privación” relativa frente al la “privación absoluta” ha sido, como ya se dijo,
tratada por la criminología y a quedado en claro que no es la pobreza en si la que está relacionada
con el delito en forma directa, sino el desajuste económico abrupto de un estrato social o grupo
respecto de otro u otros que ocupan espacios adyacentes.
Durkheim mismo ya había observado con claridad en su mayor trabajo estadístico que el aumento de
fenómenos anómicos podía darse tanto en momentos de depresión como de desarrollo económico
49
de la sociedad . Con ello explicitaba, ya en 1897 que lo traumático , generador de violencia, era el
desfase que padecía la situación de ciertas personas en el marco de ciertos cambios sociales
acelerados. Pero queda en claro que estos desfases no son meras diferencias sutiles y

49
Durkheim, Emile “El Suicidio” 1897. Ed. cast. Akal, Madrid, 1995.
momentáneas sino situaciones en las que numerosas personas quedan en un evidente estado de
50
injusticia social.
La mano de obra para los crímenes no aparece generalizada en todas las franjas de la pobreza sino
que está concentrada en áreas de marginalidad principalmente varones y con picos en la franja
etaria de 17 a 27 años de edad, también las víctimas de estos hechos se concentran en el mismo
sector poblacional.
El siguiente cuadro fue extraído de la publicación titulada “Brazil Ministry of Health. Brazilian health
statistics yearbook, 2001”

En las historias de vida de los autores campea la simultánea falta de empleo y escolaridad y la
51
desintegración de los núcleos familiares y sociales tradicionales (deportivos, culturales) . No son

50
Por otra parte la inequidad como causas principal determinante del aumento de la criminalidad en todo el
mundo y particularmente en Latinoamérica no pretende ser un aporte original de este trabajo ya que ha sido
dicho y demostrado innumerables veces . En particular por lo ideológicamente insospechables merece destacarse
los estudios financiados por el Banco Mundial y realizados por los economistas Pablo Fajnzylber, Daniel
Lederman y Norman Loayza “Determinants of crime rates in Latin America and the world” 1998 “What causes
violent crime?” 2000 y “Inequality and violent crime” 2001.
51
Hay numerosa bibliografía y filmografía sobre el tema en toda Latinoamérica, cabe destacar entre ella el film
ya citado “Cidade de Deus”, una producción de Brasil, Francia y EEUU del 2002, dirigida por Fernando
Meirelles con codirección de Katia Lund, basada en la novela de Paulo Lins, distribución en la Argentina
Miramax . Para el caso colombiano otra obra magistral del cine latinoamericano “La virgen de los sicarios”
,producción franco colombiana de 1999, dirigida por Barbet Shoeder y basada en la novela de Fernando Vallejo,
distribución en la Argentina Primer Plano Film Group En la República Argentina esta circunstancia ha sido bien
documentada en numerosos trabajos. Citamos aquí Isla Alejandro y Miguez Daniel “Heridas Urbanas” Ed. De
las Ciencias Buenos Aires 2003 Kessler Gabriel op.cit.. Resulta también sumamente interesante el relato de
algunas de estas historias de vida compilado por el grupo de trabajo del Programa “Comunidades Vulnerables
generaciones de desocupados, sino también de hijos de desocupados y ya también nietos de
desocupados. Las comunidades a las que estos jóvenes y hombres jóvenes pertenecen han sido
sistemática y crónicamente golpeadas por el desamparo económico y social. El resto de los
habitantes de estas comunidades, no están, generalmente, vinculados con las acciones delictivas de
ellos, sino que en la mayoría de los casos son víctimas del delito y la inseguridad aunque muestran
a la vez, actitudes de recelo y desconfianza ante la autoridad policial y expresan muchas veces una
particular forma de comprensión para con las actividades delictivas de los jóvenes. En muchos casos
las mismas familias de las que provienen los inducen implícita o expresamente a que aporten “de la
manera que sea” al sostenimiento del hogar, particularmente cuando se hallan de vuelta de la prisión
o el internado, apareciendo, súbitamente, en el hogar como una carga familiar más.

EL fracaso del Estado y la Política


Todo ello se agrava, se complejiza y se complementa negativamente con el rol de un estado
deteriorado profundamente en la calidad del funcionamiento de sus instituciones.
Las policías de los países latinoamericanos se encuentran, salvo a nivel de la oficialidad superior y
algunos cuerpos de elite, mal pagas, mal formadas profesionalmente, sus integrantes provienen en
una gran mayoría de sectores sociales también profundamente golpeados por la crisis social,
deformadas en una cultura represiva a ultranza, seleccionadora y estigmatizante producto de
prácticas históricas de discriminación y de la influencia militarizante de procesos dictatoriales en las
que fueron conducidas como policías políticas por las fuerzas armadas. Deformadas, también, por la
52
influencia de una política clientelar y partidista que, en los momentos de democracia electoral, las
atrajo al intercambio de favores y negocios con los sectores políticos de turno en el poder, todo lo
que las ha llevado a que un importante número de sus agentes se encuentre directa o indirectamente
vinculado con el delito, la corrupción, la corruptela ,el favoritismo y en último caso el miedo, la
desidia y el oportunismo personal.
El accionar de instituciones policiales en estas circunstancia no solo es altamente ineficaz en cuanto
a la prevención del delito sino que aumenta la cantidad de violencia delictiva y produce graves
violaciones a los derechos humanos. A la vez refuerza el aislamiento de los sectores marginales de
la población que la ven como el enemigo inmoral que pretende utilizarlos como chivos expiatorios de
53
la emergencia de seguridad.
Como se señaló anteriormente el deterioro institucional llega en nuestros países a la base misma
del sistema político. Sería injusto e incorrecto atribuir esta situación a un partido o facción política
determinado o a un gobierno o una época política en particular. Lo cierto es que, desde los orígenes
mismos de nuestras constituciones como naciones, han campeado y se han ido instalando formas
de acceso al poder y gestión de gobierno, tanto local como estadual y nacional, que han echado

del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina integrado por Grinberg A., Canavessi,
J., Mediavilla, S. y Núñez, R . en pagina web de la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de
justicia (wwwpolcrim.jus.gov.ar)
52
Guillén, Diana “¡Y el poder queda en familia! Pistas sobre el desarrollo político de América Latina”.
Cuadernos Americanos. Nueva Época 46, UNAM. Méjico , Julio-Agosto 1994.
53
El interesante trabajo ya citado de Gabriel Kessler, analiza con precisión esta visualización que tiene los
jóvenes delincuentes de las “villas” bonaerenses sobre la policía y la legalidad.
mano a una espuria competencia política, en la que la venalidad, la compra venta del cargo y la
54
elección, la extorsión y el engaño han sido moneda corriente. Se ha instalado fuertemente una
cultura en la que la política ha sido la excusa para hacer negocios y los negocios se han hecho con
la excusa de ser necesarios para la política.
En este sentido, las estructuras policiales han sido usadas como redes recaudadoras tanto de los
ingresos proveniente directamente de ilícitos (piratería del asfalto, tráfico de estupefacientes, tráfico
de armas, cuatrerismo, etc. ), regenteo o concesión de actividades prohibidas, como la prostitución o
el juego clandestino, o cobro de “cánones” vendiendo extorsivamente protección. En economías de
la precariedad de las latinoamericanas el trabajo informal y el comercio a la calle y en la calle, están
permanentemente en infracción con las numerosas disposiciones locales y nacionales y con las
exigencias impositivas, que de respetarse tornarían inexistentes las ya de por si exiguas ganancias
que obtienen quienes las practican . Esto pone a todo este inmenso circuito económico de los
trabajadores y comerciantes más pobres, en una situación de ilegalidad permanente, que es
fácilmente utilizable por quienes detentan el poder de clausura o exclusión lo que transforma el
espacio público en una trama de complicidades silencios , temores , extorsiones y delaciones en la
que todos están en última instancia cautivos. Este síndrome de “todos estamos en libertad
condicional”, que afecta principalmente a los sectores de menores recursos, se repite a veces, en
forma más velada, con los sectores medios, a través de la venta de vigilancia. Muchas agencias de
seguridad son propiedad encubierta de jefes policiales en actividad lo que les permite regular la
reticencia del servicio público (y hasta la estimulación del delito en la zona precisa) para obligar a la
contratación del servicio privado. Por otra parte al existir una semiprivatización de la acción policial
con sistemas de horas extras o servicios adicionales o especiales combinados con el hecho de que
muchos policías en actividad prestan servicio “fuera del horario” institucional en la agencia de
seguridad propiedad del mismo superior jerárquico que tienen en la institución todo ello genera una
concentración de actividad policial privada semiprivada y hasta oficial en las zonas que son negocio
para estos “gerentes mixtos público-privados” de la seguridad y una ostensible desprotección y
desatención de las inmensas áreas de los que no pagan.
Esta forma de hacer política y/o dinero, generalizada en los países de la región, resulta un obstáculo
serio para la implementación de planes y acciones razonable y conducentes en materia de seguridad
( como también en relación a todas las otras política públicas) Las estructuras prebendarias son un
obstáculo permanente contra los principios básicos de una política y una forma de vida

54
El clientelismo político y su relación con la delincuencia pandilleril urbana tiene vieja data incluso en “el gran
país del norte”. En los EEUU de Norteamérica, según nos contaba Whyte al describir la vida de las pandillas de
chicos en el North End de Boston en la década de 1930, luego de la gran depresión y en el comienzo del
prebendarismo del “New Deal” de Roosevelt: “ ...el curso completo de capacitación del chico de la esquina en la
vida social de su distrito lo prepara para una carrera en la ilegalidad o en la política del partido Demócrata”
(Whyte, William “Street Corner Society, pag 273-4. Chicago University Press 1943 (1993) También la
producción cinematrográfica hace un aporte extraordinario a visión de este proceso de maridaje entre la política
clientelar y el delito en los mismos comienzos de la organización nacional de los EEUU, en la película “Las
Pandillas de Nueva York” (Gangs of New York) EEUU 2002, dirigida por Martín Scorsese sobre guión de Jay
Cocks , distribuida en Argentina por Columbia Pictures Argentina
verdaderamente democrática y determinan incluso el funcionamiento del estado mismo. Tanto
geográfica como institucionalmente los territorios y las funciones políticas se encuentran
compartimentados, con dirigencias políticas enfrentadas, en franca competencia destructiva, lo que
impide la combinación dinámica de recursos (multiagencialidad) imprescindible para abordar el
problema eficazmente. Si se necesita la participación de la universidad local , por ejemplo, es posible
que haya un enfrentamiento entre su conducción y el gobierno local o provincial por cuestiones
estrictamente partidistas, si se necesita el trabajo en conjunto entre dos o más áreas de una misma
municipalidad es probable que sus responsables se recelen entre sí. Ni que hablar si se trata de
municipalidades distintas o de áreas municipales y provinciales o nacionales. Incluso entre los
distintos estamentos del estado nacional (secretarías y subsecretarias o direcciones o
departamentos) predominan los que apuestan al boicot de lo que hace el otro. En la dimensión
temporal , los intereses también son contrapuestos y dependen, en gran medida, de los cronogramas
electorales. Todo lo que, sumado , conspira contra la posibilidad de una necesaria articulación,
colaboración y utilización racional del principio de oportunidad política, vital para el éxito de las
acciones que se implementen.
Por si todo lo expuesto fuera poco, se debe agregar a la complejidad del problema la actitud de
“vedettismo” político de los dirigentes nacionales, provinciales y municipales, de alto rango, que
deberían unirse en pos del diseño de planes y acciones, que fueran en un mismo sentido y se
potencien unas a otras para lograr ciertos niveles de racionalidad y eficacia y, en lugar de ello, tratan
de utilizar políticamente la situación para su acervo electoral o de prestigio personal y compiten
intentando hacer los anuncios más espectaculares, las críticas más destructivas, de atribuirse logros
en la coyuntura y de imputar a otros los fracasos, sin que nada haya sido discutido en profundidad ni
evaluado objetivamente.
Otro obstáculo serio para la articulación de medidas integralmente eficaces frente al delito lo
constituyen aquellos que desde posiciones de fanatismo ideológico reaccionario, y con exclusivo
fundamento en dicho fanatismo, hacen su aporte a la confusión general argumentando que todo lo
que sucede es producto de la benignidad de las leyes o de las malas decisiones de los jueces,
cuestión que, a esta altura de la explicación que ensayamos, queda claro que poco o nada tiene que
ver con el complejo modo de producción de los actos delictivos. La historia reciente latinoamericana
muestra con dramática evidencia que la implementación de las acciones de “sangre y fuego” o
“tolerancia cero” solo aportan directamente a la profundización de la exclusión y la eliminación de
sectores enteros de la población, más allá del terrible aumento delos niveles de corrupción y
arbitrariedad policial y política que siempre ha producido el hecho de investir al poder represivo del
estado de la cobertura jurídica, política y comunicacional para llevar adelante la escalada
persecutoria y punitiva a ultranza. El sociólogo brasileño y ex secretario de seguridad pública de Rio
de Janeiro, Luis Eduardo Soares, al explicar el fenómeno de la violencia, particularmente en la
“favelas” de Rio, manifestó lo siguiente: “Historicamente, había una especie de aislamiento de la
favela: el morro era una cosa ; el resto de la ciudad otra. Esto con el tiempo resultó imposible en una
sociedad de masas. Cuando la violencia comenzó a llegar a la ciudad, dos décadas atrás, se les
empieza a dar a los policías una especie de licencia para matar. Durante la década del 90, el general
Nilton Cerqueira que conducía la política de seguridad del municipio había creado el ¨premio far
west¨ para policías. Consistía en una especie de bonificación salarial por cada delincuente eliminado.
Al autorizar la eliminación también se le confiere al policía la posibilidad de no matar . Entonces al
tener ambas opciones muchos agentes pasaron a negociar con el traficante. A medida que el
sistema avanza se organiza : la favela Rocinha ya factura 5 millones de dólares por mes. Los
policías incluso empezaron a alquilar casas para trasladar clandestinamente a los traficantes que
detenían y negociaban su liberación a cambio de dinero. La tercer etapa fue , en términos del
pensador Max Weber, la de la racionalización: como se volvía complicado detener alquilar casas,
negociar rescates , etc. se pasó a hacer un arreglo general. Ese arreglo al que se llega es el que
55
permite la entrada a las favelas de toneladas de drogas y armas” .La descripción de Soares
constituye un modelo explicativo perfecto de la relación entre mano dura, corrupción, violación de
los derechos humanos y aumento del delito y la violencia.

Trama mafiosa
Debe quedar en claro que toda esta maraña de complicaciones tiene su base material en el
deterioro económico y vaciamiento del estado (que produce deterioro institucional), en el
deterioro económico de la población (que produce deterioro de la ciudadanía) y en la
desesperación económica de la marginalidad social (que genera corrupción y violencia en
forma directa). Dentro de la marginalidad social debe incluirse la marginalidad policial ( como ya
se dijera, los bajísimos sueldos y las pocas expectativas de mejora o ascensos de la tropa policial
deja a la mayoría de sus integrantes en el estado de cuasi-marginados). Son en última instancia
jóvenes que, en el intento por escapar a la marginalidad social, ingresan a la policía en busca de un
futuro laboral y de una ubicación social, sin embargo el destrato salarial y el funcionamiento perverso
de los anticuados sistemas internos de las fuerzas no le permiten casi nunca atravesar la delgada
línea gris de la exclusión.
Esta es la mano de obra que está disponible para cometer los ilícitos que están en la base de la
cadena delictiva. Muchos de ellos comenten delitos por “cuenta propia”, son los más fácil de
visualizar porque actúan en la superficie. Otros son elementos imprescindibles de la llamada
delincuencia organizada. Los tráficos de autos robados y las cadenas de venta de autopartes
robadas necesitan de muchos que los roben, la venta de estupefacientes una vez fraccionada
necesita de muchos que la transporten y la lleven al consumidor, el regenteamiento de prostíbulos y
paradas de prostitución necesitan de muchos que las controlen y recauden etc. Eso es lo que
convierte pequeñas o medianas operaciones en millones de dólares. Ninguna de estas redes
mafiosas podría funcionar sin los miles y miles de actores que están en la base de la pirámide
delictiva y que acceden a estar allí básicamente por la falta de otras oportunidades más simples y
menos riesgosas de subsistir o progresar económicamente.
Este esquema que describimos con ciertos rasgos funcionales se ha estructurado con los
componentes interrelacionales y culturales clásicos de una red, sin ser en realidad efectivamente una

55
Diario “La Nación “ de Argentina Lunes 6 de diciembre de 2004. Nota titulada “Narcotráfico el poder
paralelo en Río de Janeiro”
red ya que más allá de la cierta autonomía o autogerenciamiento de muchos de sus nodos, todo ello
constituye un sistema cuasi-piramidal integrado por distintos subsistemas verticales. La trama ilegal,
clandestina o mafiosa es en realidad lo contrario de la red porque provee en última instancia a la
verticalización socio-institucional , es profundamente antidemocrática, se estructura en realidad para
sustraerse a la legalidad democrática formal, sólo utiliza la ventaja nodal de la red para hacerse más
invulnerable, más impune. Su estructuración reticular le permite que aun siendo descubierta una
parte importante del circuito mafioso el resto pueda desconectarse rápidamente y salvarse . Y
también le permite rearticular los nodos perdidos en corto plazo.
Estos “sistemas reticulares” político policiales que utilizan y emplean a la mayoría de esta mano de
obra marginal terminan autoproduciéndose y teniendo una incidencia determinante en la elección de
la carrera delictiva de muchos de los jóvenes que toman contacto con ellos. La existencia actual de
numerosas organizaciones criminales es en si misma un factor que favorece la elección de la
carrera criminal por parte de los nuevos aspirantes, algo que ya había sido descubierto en el trabajo
56
pionero de Cloward y Ohlin. acerca de la oferta disponible de trabajo ilegal. Y la existencia de redes
internacionales favorece, y en algunos casos es imprescindible, para la existencia de las redes
nacionales. Pero todas ellas se han constituido y se alimentan permanentemente sobre la base
social de la marginalidad, aunque muchos de sus integrantes se hayan enriquecido con el delito y la
corrupción política e institucional y otros que no provienen de la marginalidad las utilicen directa o
indirectamente para sus proyectos políticos o económicos personales.

El delito urbano en la Argentina


La situación actual
Los problemas delictivos y de seguridad que padece nuestro país actualmente son graves y
diversos y se inscriben en la realidad del contexto continental anteriormente reseñados con algunas
particularidades específicas.
No obstante que el cometido de este trabajo es el de concentrarse en el fenómeno del denominado
delito “común” es necesario señalar que desde hace tiempo se ha incrementado en el territorio
nacional la práctica de modalidades delictivas que implican importantes grados de organización de
inversión de capital y de contactos con agentes gubernamentales o sectores de poder político y/o
económico cuyas manifestaciones principales son: Narcotráfico (que implica los actos de ingreso al
país, preparación, distribución mayorista y distribución minorista de estupefacientes), tráfico de
armas, trafico de personas, robo de automotor organizado, piratería del asfalto, grandes robos
organizados (bancos, camiones de caudales, hacienda, otros), secuestros extorsivos organizados
por bandas (esta modalidad ha aparecido con intensidad desde el año 2000 casi con exclusividad en
el conurbano bonaerense y también en ciudad de Buenos Aires en un rango menor). También es
parte lamentable del repertorio criminal de la Argentina la corrupción administrativa, judicial o policial
sistemática, el lavado de dinero, la gran evasión impositiva, los grandes fraudes, el contrabando en

56
Cloward R y Ohlin L “Delinquency and opportunity: a theory of delinquent gangs”. Chicago Free Press 1960.
gran escala, el delito ecológico, el delito informático, etc. y todas las ramificaciones de estas
57
prácticas entre sí y con redes extranjeras o internacionales.
Sucintamente se puede decir que las causas del aumento de los delitos organizados obedecen
fundamentalmente a dos factores uno de orden externo y otro de orden interno.
Factor externo: Desarrollo internacional de organizaciones delictivas que buscan proveedores (autos,
armas etc.) y mercados (drogas, armas etc.), lugares para el lavado de dinero o para realizar
maniobras fraudulentas, o como país de tránsito para tráficos ilícitos.
Factor interno: El grave deterioro político institucional de nuestro país que generó la aparición de
procedimientos de recaudación para el financiamiento personal, político y corporativo . Estas
prácticas son crónicas en la historia nacional pero han tenido un pronunciado auge después de que
la última dictadura militar destruyó totalmente las instancias institucionales legítimas y sobre todo el
tejido sociopolítico natural, las agrupaciones política y sindicales de génesis legítima y de espíritu
innovador, que de haberse desarrollado podrían haber producido un efecto político de control de las
vinculaciones espurias entre los funcionarios públicos y el sector privado y un gran contrapeso
frente a la tendencia recaudadora clientelar que impulsaron históricamente y siguieron impulsando
58
con más fuerza aún desde la década de 1980 los sectores corruptos de la política argentina. Como
lo señala con meridiana claridad Basualdo “Se inicia así en el sistema político y en el resto de la
sociedad civil la etapa de ‘absorción gradual pero continua’ de los intelectuales orgánicos del resto
de los sectores sociales. Es decir, de la decapitación de los sectores subalternos como forma de
59
inmovilizar a los sectores populares”
Estas prácticas han generado sistemas de asociación ilícita entre funcionarios, políticos, integrantes
de las policías u otras fuerzas de seguridad y personas del sector privado que, no solo produce
delito organizado de tipo del mencionado más arriba, sino que también crean un marco propicio de
confusión e impunidad que facilita la actuación de otras bandas organizadas no vinculadas
directamente al sistema de corrupción.

Junto con todo ello y particularmente desde mediados de la década de 1990, en paralelo con el
proceso que se dio en todo el continente centro y sudamericano aunque con cierto retardo en
comparación con países como Brasil y Méjico se incrementó sustancialmente el denominado “delito
común” (en términos técnicos delito con bajo o nulo nivel de organización) en las modalidades de
homicidios, robos, hurtos, delitos contra la libertad sexual , lesiones , vandalismos etc.
Un titular del diario Clarín de Argentina, del mes de marzo de 2004, reza “ Se perdieron 1,5millón de
empleos en la década del 90”, la noticia se basa en datos estadísticos oficiales (INDEC) y dice que
sobre 13.202.208 personas en condiciones y disposición para trabajar en 1991 había 833.572
desocupados mientras que en 2001 sobre una población activa de 15.254.783 había 4.351.596
desocupados en el país.

57
Una importante visión teórica sobre el delito “de cuellos blanco” y los crímenes de los poderosos en
Virgolini,, Julio “Crímenes Excelentes” Editores del Puerto . Buenos Aires. 2004
58
Sobre el clientelismo político en Argentina ver Javier Auyero “La política de los pobres” Manantial Buenos
Aires 1997.
59
Basualdo Eduardo “Sistema político y modelo de acumulación en la Argentina” Universidad. Nacional de
Quilmes 2002, pag 47
Los indicadores delictivos muestran simultáneamente un crecimiento exponencial de las tasas de
delitos contra la propiedad en el mismo período particularmente a partir de l996, el año siguiente a
la crisis que elevó a dos dígitos el índice de desempleo.

TOTAL PAÍS
Evolución de Tasas de Delitos Años 1991 - 2003
4.000
3.576 3.504
3.500 3.262
3.051
2.904
3.000
2.555 2.530
2.363
2.500 2.288
2.166 2.167
2.043 1.979 2.035
2.000 1.828
1.650 1.696
1.484 1.553 1.410
1.512
1.500 1.330
1.155
994 1.018 1.058
1.000

500

0
Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
Total de Hechos Delictuosos Delitos contra la Propiedad

Fuente: Registro Nacional de Reincidencia (hasta 1998) y Dirección Nacional de Política Criminal (1999 en adelante)
Ministerio de Justicia de la República Argentina

La línea del total de delito se ,mueve en el mismo sentido que la de los delitos contra la propiedad
porque estos constituyen más del 80% del total o sea que mandan en la tendencia.

También los homicidios sin aumentar en la misma medida ( y esta es la diferencia que aun hoy nos
muestra en ventaja comparativa con otros populosos países de la región) muestran picos de subida
sucesivos que podrían estar significando un despegue hacia arriba de continuarse la tendencia de
alta de los delitos contra la propiedad particularmente del robo con armas que es un indicador fuerte
60
de los niveles de violencia delictiva .

60
Los indicadores de los años recientes 2004 y 2005 (tanto los de desempleo y pobreza como los criminales)
marcan también en forma paralela un detenimiento de las tendencias de alta y un incipiente comienzo de baja.
TOTAL PAÍS
Evolución de Tasas de Homicidios Dolosos. Años 1990 - 2002
20

15

9,52
10
9 8,52 9,02
8,41
8 7,57 7,85
7,48 7,5 7,22 7,29 7,16

0
Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año Año
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002
Fuente: Registro Nacional de Reincidencia (hasta 1998) y Dirección Nacional de Política Criminal (1999 en adelante)
Ministerio de Justicia de la República Argentina

El caso paradigmático ha sido el de robo con armas, que creció desde 1994 a 1999
exponencialmente en las grandes ciudades del país, particularmente en la ciudad de Buenos Aires y
el conurbano bonaerense . La elocuencia de los gráficos anteriores es contundente pero por si ello
no bastara existen estudios econométricos que evaluaron la evolución de indicadores
socioeconómicos –como el índice GINI- en relación a la evolución de delitos, mostrando una gran
correlación. Es de destacar el trabajo realizado por el economista Eduardo Pompei sobre el tema.
A continuación se puede observar la evolución de ambas variables para Ciudad de Buenos Aires en
los últimos años y verificar la fuerte correlación existente:

De todos modos resulta necesario observar un período más prolongado para hacer aseveraciones serias al
respecto.
5000 0.48

4000 0.47

3000 0.46

2000 0.45

1000 0.44

0 0.43
90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 00 01 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 00 01

TASDELPROPCBA GINIPR

Indice de aumento de los delitos contra la Indice gini de distribución negativa del ingreso
propiedad

El cuasi paralelismo de la líneas no admite mayores cuestionamientos aún contemplando el margen


de error estadístico.
Como se vio anteriormente 1990 y 2001 la tasa de hechos presuntamente delictuosos registrados en
las estadísticas oficiales pasó de 1.722 a 3.160 cada 100.000 habitantes, lo que implica un
incremento del 83%.
A su vez el índice de desempleo ronda el 15% y el subempleo alcanza al 25% de la P.E.A. El
aumento de los hogares carenciados y la distribución regresiva de los bienes ha aumentado la
polaridad social que se aceleró en la década del 90. Según los datos de INDEC, en 1975 el 10%
más pobre de la población accedía al 3,1 % de los ingresos totales y ahora pasó a solo el 1,6%. El
20% más rico de la población que en 1975 se apropiaba del 41% del ingreso total, en 1999 se apropia
del 53%.
Observando los resultados de las encuestas de victimización realizadas por la Dirección Nacional de
Política Criminal en la Ciudad de Buenos Aires, desde 1997 más de una de cada tres personas
entrevistadas reveló que fue víctima de un delito (42% en 1997; 38,8% en 1998; 37,5% en 1999;
39,9% en 2000) aunque sólo entre el 38% y el 33% de estos ofendidos (variando en esta franja en
los diversos años) denuncian el hecho a la policía. Este subregistro, que es generalizado en todo el
país, manifiesta una gran desconfianza con respecto a los actores tradicionales del control del delito
e incrementa la magnitud de la problemática.
También los índices de pobreza, delito y encarcelamiento se conforman con los de negatividad en la
distribución del ingreso
Evolución Tasa de Delitos c/100 mil habitantes
TOTAL PAÍS - 1997 a 2003
5.000

4.000 3.697
3.504
3.250
3.051
2.904
3.000 2.555
2.288

2.000

1.000

0
Año 1997 Año 1998 Año 1999 Año 2000 Año 2001 Año 2002 Año 2003
Fuente: Registro Nacional de Reincidencia (hasta 1998) y Dirección Nacional de Política Criminal (1999 en adelante)
Ministerio de Justicia de la República Argentina

Evolución Tasa de Encarcelamiento c/100 mil hab.


TOTAL PAÍS - 1997 a 2003
160
143
140 128
112
120
102
100 87
83 83

80

60

40

20

0
Año 1997 Año 1998 Año 1999 Año 2000 Año 2001 Año 2002 Año 2003

Fuente: Sevicio Penitenciario Federal y Servicios Penitenciarios Provinciales


Evolución del Porcentaje de Población Pobre
Total Aglomerados urbanos
1997 a 2002
70
57,7
60

50
38,5
40 32,8
29,5 30,1 30,6
30

20

10

0
Año 1997 Año 1998 Año 1999 Año 2000 Año 2001 Año 2002 Año 2003

Fuente: SIEMPRO elaboración propia en base a EPH - INDEC

TOTAL PAÍS
Evolución del Coeficiente de GINI (onda EPH Mayo)
1997 a 2003
0,475

0,4694 0,4687
0,470

0,465
0,4608

0,460
0,4561 0,4554
0,4544 0,4548
0,455

0,450

0,445
Año 1997 Año 1998 Año 1999 Año 2000 Año 2001 Año 2002 Año 2003

Coeficiente de Gini: es un parámetro que indica el nivel de desigualdad existente en la distribución de ingresos de la población.
Su valor está entre cero y uno. Cuanto más alto es el mismo, mayor es el nivel de desigualdad existente y viceversa.E.Pompei
La simple visualización comparativa de los cuatro gráficos anteriores para el mismo período 1997-
2003 exime de mayores comentarios respecto de la relación existente entre el deterioro social
general y las tendencias más generales de aumento de la violencia delictiva y marca además, si
prestamos atención a la curva de encarcelamiento, que hasta ahora la reacción del Estado ha sido
solo la de incrementar la respuesta puramente reactiva al problema .

La ciudad de Buenos Aires y su conurbano


En esta área urbana que más allá de sus límites políticos y jurisdiccionales conforma un “todo”
edilicio y poblacional, y vinculado al aumento de robo con armas han aumentado también
significativamente desde el año 1999 los homicidios y los secuestros extorsivos en la modalidad
denominada “express” que es una forma de secuestro con bajo nivel de organización, con exigencias
de rescate menores y con corta duración en el tiempo de privación de la libertad del secuestrado. En
este sentido algunos estudios parecen estar indicando migraciones parciales del hurto simple al robo
61
con armas y del robo con armas al secuestro “express ” aunque esto aparece por ahora solo como
una tendencia incipiente, en comparación con los procesos que se han instalados en Brasil, Méjico
y, con anterioridad y en otro marco conflictivo, en Colombia.

61
Un dato que permite ver la forma en que se produjo el tránsito del robo con armas al secuestro lo proporciona
el hecho de que desde hace varios años y particularmente a partir de la crisis económica del año 2002 ante la
escasa o nula cantidad de dinero que muchas de las personas asaltadas llevaban encima comenzó a proliferar la
práctica delictiva de obligar al asaltado a ir a un cajero automático a extraer dinero. Ello si bien no constituye
un secuestro en términos técnico jurídicos ya que no hay un tercero involucrado al que se le pide rescate si
constituye una privación de la libertad que se extiende más allá de la propia del hecho de robo. A partir de esta
modalidad fue casi “natural” el salto al secuestro de corta duración denominado por ello “express”
Evolución del porcentaje de población víctima de Robo con armas -
Área metropolitana
1995-2003
12%
10,9%
10% 10,0%
9,4% 9,2%
8,8% 8,0%
8% 7,8%
7,1% 6,9%
6,2%
5,8% 5,9% 5,9% 5,7%
6%
5,3%
4%
2,9%

2%

0%
1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003

Ciudad de Buenos Aires GBA

Fuente: Encuestas de Victimización – Dirección Nacional de Política Criminal, Ministerio de Justicia de la República Argentina

EL gráfico anterior y el siguiente permiten advertir que en el mismo período en que aumenta la
modalidad del robo con armas (hay que pensar sobre todo teniendo en cuenta la evolución de las
cifras de denuncias que si la encuesta de víctimización se hubiera iniciado en el año 1990 se podría
apreciar un gran aumento con un amezetamiento a partir de 1998-1999), disminuye dentro del mismo
universo una modalidad delictiva menos violenta como son los hurtos personales (carterismo
descuidismo, “punguismo” “mecheraje”)
Evolución del porcentaje de población victimizada en Hurtos Personales
Ciudad de Buenos Aires - GBA 1997-2003
30%

25%
7,5%
20% 6,1%

15% 12,9% 4,5%


5,0% 4,5%
11,8% 4,3% 4,1%
10%
6,8% 7,6% 6,8% 6,5% 6,6%
5%

0%
1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003

Ciudad de Buenos Aires GBA

Fuente: Encuesta de Victimización – Dirección Nacional de Política Criminal, Ministerio de Justicia de la República Argentina

A su vez, para el mismo momento en que se estabiliza en una alta meseta el robo con armas
comienza a aparecer el secuestro extorsivo que como lo demuestran los gráficos de tortas
posteriores es evidente que pertenece a la modalidad “express”

Evolución del porcentaje de Población Victimizada en


secuestros extorsivos.
Area Metropolitana
0,24

0,21

0,18
0,15 0,15
0,15

0,12
0,09
0,09

0,06
0,02
0,03

2001 2002 2003


Secuestros extorsivos Gran Buenos Aires
Secuestros extorsivos Ciudad de Buenos Aires
* El porcentaje de secuestro corresponde a "porcentaje de hogares en donde hubo al menos un episodio de secuestro"
Secuestros extorsivos
Pago de rescate
Año 2003
4%


No

96%

Secuestros extorsivos
Denuncia del hecho
Año 2003
0%


No

100%

Secuestros extorsivos
Resultó ilesa la víctima?
Año 2003
4,2%

La víctima resultó
ilesa
La víctima resultó
levemente herida

95,8%
Las características de estos hechos de secuestro que indican los gráficos de “tortas” anteriores
evidencian que en casi su totalidad se trata de secuestros de la modalidad denominada “express”
Estas mediciones han sido posibles gracias a las encuestas de victimización realizadas por la
Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Argentina
.La encuesta de víctimización es una metodología adecuada para , por muestreo poblacional
determinar con suficiente aproximación estadística la cantidad de hechos delictivos de ciertas
características que se han producido en un territorio determinado en un lapso de tiempo determinado
independientemente de que este haya sido denunciado o no a la policía, lo que permite a su vez
diferenciar la cantidad de denunciados de los no denunciados (cifra negra) para cada tipo de delito
por territorio y período. Estas encuestas viene siendo aplicadas regularmente desde hace décadas en
países centrales. La ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense son los únicos
aglomeramientos urbanos, en el mundo subdesarrollado, que han sido estudiados, durante nueve
años consecutivos, a través de este tipo de estudios, lo que los ha transformado en los contextos
urbanos potencialmente más “analizables criminológicamente”, de la región, al menos en lo que
62
concierne a los delitos de robos, hurtos vandalismos y secuestros, en sus diversas modalidades .

La explicación más inmediata del aumento del delito “común” en los principales centros urbanos de
la Argentina es, indudablemente, al igual que para el resto del continente, el deterioro de la
situación socioeconómica. Repetimos aquí las salvedades ya dejadas en claro anteriormente acerca
de que no se puede identificar delito con pobreza en términos absolutos, sino que el deterioro
63
abrupto de algunos sectores que ya se hallaban en el nivel de pobreza o que pertenecían a la clase
media baja y que cayeron a la pobreza extrema o marginalidad (marginalidad que a través del tiempo
se transforma en crónica y generacional) ha provocado un gran aumento del involucramiento de las
franjas etarias de adolescentes y hombres jóvenes en el delito. La exclusión social del trabajo y de la
escuela, ha hecho que muchos de estos jóvenes cometan frecuentemente delitos o adopten el delito
como forma de vida. También ha contribuido a ello la existencia de las redes de corrupción y delito
ya mencionadas como delincuencia organizada, ya que estas no solo son un estímulo a la
delincuencia al afectar profundamente la labor preventiva e investigativa de la policía y de los
controles jurisdiccionales y gubernamentales, sino que además generan imagen y cultura de lo ilícito
y de la corrupción que impacta negativamente en la juventud. Algunos de los jóvenes y adultos de
los sectores sumidos en la marginalidad se incorporan al servicio de las redes ilegales pero la

62
Estos estudios, junto con el ordenamiento de la estadística oficial nacional, por estado provincial a través de
la ley de estadística criminal 25 266, han sido unos de los grandes logros de la Dirección Nacional de Política
Criminal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Argentina , organismo creado en el año 1991.
Resulta lamentable y de serias consecuencias para el análisis criminológico realista que se hayan interrumpido a
partir del año 2004.
63
Un artículo del Ismael Bermúdez del diario Clarín del 28 de junio de 2004 titulado “El reparto de los ingresos
llegó a su peor nivel en 30 años” afirma según datos oficiales el 10% más rico de la población se queda con casi
el 40% del ingreso y gana 31 veces más que el 10% más pobre y que el fenómeno se acentuó rápidamente en
los últimos años
mayoría actúa por su cuenta y para si. Estos últimos son en muchos casos víctimas a su vez de
64
homicidios y abusos por parte del aparato represivo .
Es importante ver como a partir de mediados los años 90 época que sigue a los grandes niveles de
desocupación y deserción escolar cambia la edad promedio de los autores de los delitos violentos
contra la propiedad.

Evolución de la edad de los agresores en robo con armas de


fuego. Ciudad de Buenos Aires. Años 1997-2003
70

60 56,6 55,6
54,4 53,3 53,5 53,1
47,9
50

38 38,9 38,2
40
33,9 32,6
28,1 29,2
30

20
11,7 10,6
10,3
7,3 8,5
10 5,2
3,9
1,7 1 8 0,2
2,5 4,3 3,1
0
menores 1998
1997 de 15 años 1999 15 2000
a 17 18 a 25
2001 2002 26 y2003
más

Las dos líneas superiores muestran claramente como se invirtió a partir de 1998 la tasa de
participación en el robo con armas a favor de la franja etaria de 18 a 25 años frente a la de 26 y más.
Las líneas rojas y azul muestran la aparición, en la escena delictiva del robo con armas , de los
menores de diecisiete años, con una aparente instalación estacionaria de la franja de 15 a 17.

64
Centro de estudios Legales y Sociales, “Derechos Humanos en Argentina. Informe 2002” SXXI editores
Buenos Aires 2002.
Evolución de la edad de los agresores en robo con armas de
70 fuego. Gran Buenos Aires. Años 1997-2003
66
62

60 55,6 56,6
52,9 53,5
48,8
50

40

29,9 29,2
30 26
24 24,3 24,3

18,3
20 16,6
13,9 14
11,6 10,6
15,9 9,3
10
3,7
1,9 1,4 0,4
1 6,7
5
0
menores 1998
1997 de 15 años 1999 15 2000
a 17 18 a 25
2001 2002 26 y 2003
más

En el conurbano bonaerense el proceso parece haberse dado de igual forma pero con anterioridad
aunque no es posible determinar el punto exacto de la inversión de la edades y la aparición de la
franja de 15 a 17 dado que esta variable de las encuestas de víctimización sólo se empezó a aplicar
65
como lo demuestra el cuadro desde el año 1997.
Un factor de riesgo importante asociado a esta tendencia es el tiempo ocioso del joven. La
población joven del país es más de 9.5 millones de individuos, lo que representa un poco más
de la cuarta parte del total de la población. Más del 13% de ellos no estudian ni trabajan,
reflejando así una situación preocupante de exclusión social. Casi un tercio de la población
joven vive en condiciones de pobreza, con una tasa de desempleo cercana al 40% para el
segmento entre 15 y 19 años. Asimismo, se observa un aumento del uso de drogas de diverso
tipo, incluyendo alcohol.

65
Las encuestas de víctimización son el único método conocido de investigación criminológica que permite
establecer con alguna aproximación las franjas de edades de los autores en su real proporción ya que la
población carcelaria es, como se sabe un dato sesgado por la selectividad del sistema, y los datos etarios de las
denuncias oficiales no comprenden obviamente los de los hechos no denunciados a más de que los datos acerca
de la edad de los autores no siempre es recogido con intento de precisión en las declaraciones de las víctimas y
los testigos frente a la policía.
Mirando hacia el futuro
Qué hacer entonces frente a la complejidad de una situación que como vemos está anclada a los
crónicos problemas económicos sociales y políticos de la región.
Si como acabamos de demostrar la esencia del problema de la violencia se encuentra en las formas
mismas de la organización económica política y social aparecería la tentación a cerrar la discusión
con la afirmación fatalista de que nada puede hacerse si esta estructura no cambia radicalmente.
Esta afirmación tiene una parte de verdad y otra falsa. Es cierto que la “solución” (si es que así se
puede hablar) del problema de la violencia el delito y la inseguridad está relacionada con cambios
profundos en la forma de organización económica y social y en la forma en que la propia sociedad se
produce a si misma.
Lo que no es cierto es que no pueda empezarse a hacer algo ya al respecto.
Es tan falso afirmar que nada debe cambiar estructuralmente, como que nada puede hacerse si no
se cambia todo ya. Hay muchas cosas que pueden y deben hacerse desde ahora ( y que han de
tener un efecto sensible en la disminución de la violencia ahora) y estas muchas cosas pueden y
deben ser parte de un camino mas largo que lleve a cambios de fondo (y a soluciones de fondo).
Se ha criticado al progresismo el haber caído en esta falsa antinomia en una visión “idealista de
izquierda” que tendió a desentenderse de la discusión sobre medidas concretas a tomarse frente al
delito, recurriendo únicamente al discurso político sobre la necesidad del cambio estructural. Esta
actitud fue la que permitió el desprestigio del progresismo en general y de la izquierda en particular
en relación a los tremas de seguridad y prevención del delito fenómeno que por otra parte afecta
además en gran medida a los sectores populares que se supone que son o deberían ser los
66
representados políticamente por estas corrientes ideológicas
Cuáles son estas cosas que pueden y deben hacerse ahora desde una estrategia democrática y
progresista frente al delito?
Podría adelantarse que la respuesta está en un ámbito que justamente ha sido el recurso histórico
de las estrategias políticas de la izquierda: las masas, la gente, el pueblo , la ciudadanía , términos
cuya distinta significación política no se convierte aquí en un obstáculo conceptual, sino todo lo
contrario, cuando se los considera desde el punto de vista de su instrumentalidad como parte de una
estrategia de prevención de la violencia..
Tal como lo hemos descrito el problema del delito urbano se encuentra fogoneado por así decirlo,
por las viejas formas de organización social e institucional de nuestras sociedades y estados y en
primer lugar por la agudización del problema de la distribución de los recursos inmediatos entre las
distintas clases sociales y la estructuración sobre ello de todo el aparato delictivo y de corrupción
mafiosa, entramado con estructuras institucionales y corporativas corruptas y con un sistema
clientelar de la política.
No hace mucho en Argentina, en una de las pocas veces que el gobierno federal se puso de
acuerdo con el gobierno de la provincia de Buenos Aires al compás del clamor popular por el

66
Ver “ut supra” Young Jock y Lea John , op cit.
aumento del delito, la policía federal y la provincial allanaron una alta cantidad de “desarmaderos”
de autos y procedieron al cierre de la casi mayoría de ellos, al encontrar autopartes de vehículos
robados . El robo de automóviles descendió, por un tiempo, en más del 50% . Lo curioso del caso
fue que estos allanamientos se produjeron en forma inmediata ( menos de 24 hs), a la decisión
política de actuar en contra de los desarmaderos clandestinos , lo que no podría haber sido así si la
policía no conociera de antemano cuales eran y donde estaban . En realidad esto no solo lo sabe la
policía sino que en casos como los desarmaderos su existencia es “vox populi” ya que son negocios
que tiene copiosa clientela de gente de la zona que compra allí sus repuestos mucho más baratos
que los oficiales, repuestos usados de modelos de automóviles muy nuevos que resulta imposible
67
que hayan sido obtenidos de desguase legítimo . Es prácticamente imposible que esto suceda,
particularmente en los municipios del conurbano bonaerense, sin el conocimiento de los que
detentan el poder político local, ya que ellos ejercen un poder real en sus distritos lo que implica un
saber real. Esto a su vez supone una trama de encubrimientos y autorizaciones que en muchos
casos son inexplicables sin una participación en las ganancias. Por supuesto que hay excepciones y
que algunos buenos y honestos políticos intentan hacer lo que pueden contra estas situaciones, pero
la dimensión y persistencia del problema por si solas están evidenciando el necesario
involucramiento de muchas personas con real poder político, tanto en esta modalidad delictiva como
en otras.
Ello como se ha insistido a adquirido en ciertos aspectos algunas formas reticulares sin ser una red
verdadera sino quizá todo lo contrario, pero aprovechando ciertas ventajas del funcionamiento
reticular. La reticularidad es una forma de organización en la que no se puede establecer una única
relación de verticalidad sino que estas relaciones son múltiples con las características de nodos que
actúan simultáneamente a veces unos en función de otros a veces independientemente. Esto es lo
que hace tan fuerte a una red (Internet , Al Quaida) No es posible “descabezarla” de un golpe porque
sus ramificaciones son múltiples y la muerte de una o varias no afecta directamente a las otras.
Tiene poder de regeneramiento continuo de los lazos rotos y un enorme dinamismo. Frente a esta
realidad del fenómeno de trama reticular de los vínculos ilegales, delictivos y de corrupción funcional,
aparece en claro la ingenuidad y puerilidad de aquellas soluciones rimbombantes de purgas de
agentes o funcionarios , cambios de mando, grandes operativos de ocupación con fuerzas de
seguridad, razzias, ordenes contundentes, intentos de influir discursiva o educacional o culturalmente
desde afuera, sanciones verticales desde el poder político, denuncias en los medios de
comunicación etc. No es que muchas de estas medidas tomadas oportuna y adecuadamente no
sean positivas y en muchos casos necesarias, lo que si es claro es que de ningún modo resultan
suficientes ni pueden constituir por si solas un verdadero programa de acción que esté a la altura de
la complejidad y gravedad de la situación.

67
Otro episodio que reveló el manejo preciso ( y especulativo) de información sobre la ubicación y
desplazamiento concreto de ciertas bandas criminales fue el relacionado con los secuestros extorsivos en la
provincia de Buenos Aires. Cuando la irritación de los sectores medios y altos por las frecuencia de estos hechos
amenazó la estabilidad política ,a partir de la iniciación de marchas multitudinarias, se coordinó (previo acuerdo
político, intercambio de información y alineamiento de las estrategias operativas de los servicios de inteligencia
del estado) , la acción de la policía provincial y la policía federal y las bandas fueron desarticuladas en forma
casi inmediata, lo que produjo la, también inmediata, interrupción de este tipo de hechos de gran resonancia.
El recurso del reordenamiento y reestablecimiento del mando político en las policías particularmente
en la Policía de la Provincia de Buenos Aires y en la Policía Federal, ante la histeria social de
inseguridad generada por las seguidillas de hechos alarmante en particular para los sectores medios
como son los secuestros extorsivos de personas de clase media o alta y los asaltos a restaurantes
que tuvo lugar en estos últimos dos años en la Argentina (2003-2004) tiene como es evidente un
efecto inmediato sobre el tipo de hechos. Esta eficacia inmediata se basa obviamente en la
circunstancia de que esas acciones delictivas llevaban el sello de algún tipo de influencia de las
estrategias político-coorporativas de grupos de las propias fuerzas por acción u omisión. De no haber
sido así los resultados no habrían sido tan inmediatos a partir de medidas tan elementales como las
de reestablecer las cadenas de mandos naturales de las fuerzas del orden. Esto poco tiene que ver
con unas estrategia realmente efectiva y sustentable de prevención del delito ( la estrategia político
criminal del estado) ya que si nos atenemos a la descripción diagnóstica anteriormente efectuada
vamos a advertir rápidamente que a poco que transcurra el tiempo las medidas de autoridad de
emergencia que se han tomado en el marco de los acuerdos políticos generados al calor de la
amenaza a la gobernabilidad no pueden sustentarse por si solas ni siquiera para garantizar que ese
tipo de hechos no vuelva a repetirse.
Por un lado han sido medidas como se ha dicho de emergencia y coyunturales que deben
inscribirse en un proceso de reforma institucional policial mucho más profundo la que a su vez para
tornarse posible en su contenido y no solo en la forma exige incluso una profunda reforma político
institucional particularmente en el sentido de la división descentralización y aumento sustancial de la
autonomía de los distritos políticos. Para decirlo con todas las letras tomando como ejemplos
representativos del problema de seguridad en el país a la provincia de Buenos Aires y a la ciudad de
Buenos Aires no sólo la policía de la Provincia de Buenos Aires debería municipalizarse y la policía
metropolitana pasar a depender de la ciudad autónoma de Buenos Aires , sino que debería
replantearse la estructura política de la Provincia de Buenos Aires y sus municipios especialmente
los del Gran Buenos Aires y avanzar en la división de ese monstruo político–administrativo que es
la Provincia de Buenos Aires en varios distritos diferentes y avanzar también en el establecimiento
de las comunas autónomas dentro de la ciudad de Buenos Aires, las que a su vez deberían ser
acreedoras de sus propias policías comunales. Ese sería el verdadero proceso de descentralización
único que garantizaría el control político y democrático institucionalmente sustentable de las
68
acciones de seguridad de las fuerzas policiales .

68
Un ejemplo trágico de las limitaciones elementales para una correcta estrategia de seguridad que produce el
hecho de que la policía de la ciudad de Buenos Aires no esté bajo el mando del Gobierno de la ciudad , lo
constituye el incendio del local nocturno “Cromañon” con el terrible saldo de casi 200 muertos. La estrategia
correcta de prevención de este tipo de hechos para cualquier ciudad de las dimensiones de Buenos Aires se
sustenta necesariamente en una articulación efectiva del control entre los inspectores municipales y los
bomberos en el control periódico y mediato ( habilitaciones) y la policía que es el único cuerpo que está en
condiciones de brindar el control inmediato “in situ” en el momento mismo en que comienzan los espectáculos
y durante el transcurso de estos . Es este cuerpo el que debe verificar como están las cosas en esos precisos
momentos ya que la habilitación remota, aún de haberse producido, pudo haberse burlado con posterioridad.
Además esta función le está impuesta a la policía por su propia ley orgánica que le atribuye la función preventora
con exclusividad Sin embargo en la ciudad de Buenos Aires se da la irracional circunstancia de que los
inspectores pertenecen a un mando gubernamental y los bomberos y la policía a otro, lo que incrementa
notablemente las dificultades de coordinación y favorece las prácticas corruptas y el encubrimiento de las
Además la concentración del poder de gobierno directo de jurisdicciones de semejante envergadura,
sostenidos por una forma centralizadora y controladora de hacer política, produce la paradoja de la
ingobernabilidad, ya que una sucesión de hechos delictivos graves o una catástrofe repercuten
directamente en la figura del gobernador y hacen tambalear al gobierno de todo un estado.
Debe quedar en claro que de todos modos aun todas estas medidas descentralizadoras y des-
concentradoras de poder político tomadas exclusivamente desde lo institucional resultarían
insuficientes si no se produce un proceso de construcción socio institucional de sistemas reales y
permanentes de participación y control ciudadano en el gobierno comunal (incluido el aspecto del
gobierno de la seguridad). Es decir si no se construye una verdadera red socio-institucional Y tal
movimiento participativo convocado por el estado es de imposible concepción si no va acompañado
de actos que revelen la firme decisión política de revertir el proceso de exclusión social que no
permite la integración plena de la ciudadanía como sujeto político . Sin la reconstrucción (o mejor
dicho, construcción por primera vez en la historia de desencuentro y escisión social y política de
nuestros, económicamente postergados, países) de la red socio institucional constituida por la gente
y el estado, no sólo los proceso de descentralización y democratización institucional son imposibles
sino que de lograrse algún cambio este no tardaría en ser cooptado en forma perversa por el
mecanismo devorador de la trama mafiosa, corrupta y corporativa.

responsabilidades. Esta circunstancia afecta por supuesto todas las estrategias de seguridad de la ciudad
autónoma, principalmente la de vigilancia y control del delito y la única razón por la que no se avanza en el
mandato constitucional del traspaso policial al gobierno local es un fuerte “lobby” proveniente de la propia
Policía Federal impensable sin algún contubernio político correspondiente.

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