Departament d'Ensenyament Comprensión lectora
Institut Jaume Huguet
Valls
Una nueva lectura del Quijote con un suceso que ocupa varios capítulos: el entierro de
Grisóstomo, enamorado de Marcela, y la historia de su fracasado amor. Don Quijote y Sancho
encuentran a unos pastores que están lamentando la muerte de uno. De noche, cerca de una hoguera y
cenando, cuentan toda la historia.
En este momento, el libro deja de contarnos la historia principal, hace una pausa (se detiene el
tiempo), y se abre un nuevo relato. A este relato dentro del relato se le llama relato intradiegético,
donde el narrador principal cede la palabra a un personaje para que explique una historia, convirtiéndose
así, por un momento, en el narrador.
La historia de Grisótomo y Marcela consiste en que él se ha enamorado de ella por su belleza y
ella le ha dicho que no (lo ha desdeñado); entonces, él se suicida y acusa a ella del crimen 1. Con esta
historia, en realidad, Cervantes está parodiando otros libros de la época, las llamadas novelas pastoriles,
donde los pastores hablaban de amor como si fueran poetas. Se trataba de unos pastores idealizados. El
género también había estado de moda y Cervantes parece certificar su muerte con el final inesperado de
esta historia, que en lugar de acabar cómo lo hacen estas novelas de amores idealizados, acaba con este
suicidio y con la sencilla reivindicación de Marcela de que la dejen en paz. Respecto a la focalización
del relato, es curioso ver cómo la primera parte de la historia la han contado los pastores, Ambrosio,
Vivaldo... , pero el final de la historia sucederá delante de don Quijote y Sancho al hacer acto de
presencia Marcela y hacer su discurso.
Tras la lectura de este texto tienes un cuestionario moodle. Debes considerar que este ejercicio no
es un análisis literario, que es lo que deberíamos hacer si estuviéramos en clase, sino una simple
comprensión lectora donde no se profundiza en ningún aspecto del texto. Esto es así por las
características de los cuestionarios y sus automatismos. Las preguntas están relacionadas con tu
capacidad de encontrar informaciones concretas en el texto para así asegurar que se ha leído y que se
manejan conceptos lingüísticos o literarios mínimos. A pesar de esto, espero que puedas encontrarle
valor y puedas relacionarlo con cosas dichas en clase y expuestas en los apuntes.
Capítulo XIV
Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos
Canción de Grisóstomo
Ya que quieres, cruel, que se publique,
de lengua en lengua y de una en otra gente
del áspero rigor tuyo la fuerza,
haré que el mesmo infierno comunique
al triste pecho mío un son doliente,
con que el uso común de mi voz tuerza.
(...)2
Y al par de mi deseo, que se esfuerza
a decir mi dolor y tus hazañas,
Canción desesperada, no te quejes
1 Bien podría decirse que el de Grisóstomo es propiamente un amor loco. Esta actitud del personaje nos hace
pensar en el eje central de una obra que estudiaremos este curso y que es también una de las fuentes del
Quijote: la Celestina.
2 Estos puntos suspensivos dentro de unos paréntesis significan que se ha suprimido un fragmento del texto. Así
es, en realidad este poema ocupa unas cinco páginas. Lo he recortado porque no hace falta leer todo el lloriqueo
del personaje.
Departament d'Ensenyament Comprensión lectora
Institut Jaume Huguet
Valls
cuando mi triste compañía dejes;
antes, pues que la causa do naciste
con mi desdicha augmenta su ventura,
aun en la sepultura no estés triste.
Bien les pareció, a los que escuchado habían, la canción de Grisóstomo, puesto que el que la leyó dijo
que no le parecía que conformaba con la relación que él había oído del recato y bondad de Marcela,
porque en ella se quejaba Grisóstomo de celos, sospechas y de ausencia, todo en perjuicio del buen
crédito y buena fama de Marcela. A lo cual respondió Ambrosio, como aquél que sabía bien los más
escondidos pensamientos de su amigo:
-Para que, señor, os satisfagáis desa duda, es bien que sepáis que cuando este desdichado escribió
esta canción estaba ausente de Marcela, de quien él se había ausentado por su voluntad, por ver si usaba
con él la ausencia de sus ordinarios fueros; y como al enamorado ausente no hay cosa que no le fatigue
ni temor que no le dé alcance, así le fatigaban a Grisóstomo los celos imaginados y las sospechas
temidas como si fueran verdaderas. Y con esto queda en su punto la verdad que la fama pregona de la
bondad de Marcela; a la cual, fuera de ser cruel, y un poco arrogante, y un mucho desdeñosa, la mesma
envidia ni debe ni puede ponerle falta alguna.
-Así es la verdad -respondió Vivaldo.
Y queriendo leer otro papel de los que había reservado del fuego, lo estorbó una maravillosa visión
(que tal parecía ella) que improvisamente se les ofreció a los ojos; y fue que, por cima de la peña donde
se cavaba la sepultura pareció la pastora Marcela, tan hermosa, que pasaba a su fama su hermosura. Los
que hasta entonces no la habían visto la miraban con admiración y silencio; y los que ya estaban
acostumbrados a verla no quedaron menos suspensos que los que nunca la habían visto. Mas apenas la
hubo visto Ambrosio, cuando con muestras de ánimo indignado le dijo:
-¿Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco destas montañas!, si con tu presencia vierten sangre
las heridas deste miserable a quien tu crueldad quitó la vida, o vienes a ufanarte en las crueles hazañas
de tu condición, o a ver desde esa altura, como otro despiadado Nero, el incendio de su abrasada Roma,
o a pisar arrogante este desdichado cadáver, como la ingrata hija al de su padre Tarquino? Dinos presto a
lo que vienes, o qué es aquello de que más gustas; que por saber yo que los pensamientos de Grisóstomo
jamás dejaron de obedecerte en vida, haré que, aun él muerto, te obedezcan los de todos aquéllos que se
llamaron sus amigos.
-No vengo ¡oh Ambrosio! a ninguna cosa de las que has dicho -respondió Marcela-, sino a volver
por mí misma, y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquéllos que de sus penas y de la muerte
de Grisóstomo me culpan; y así, ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no será menester
mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo,
según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os
mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a
amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable;
mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien
le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser
aborrecido, cae muy mal el decir: «Quiérote por hermosa: hasme de amar aunque sea feo». Pero, puesto
caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos; que no todas
hermosuras enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas
Departament d'Ensenyament Comprensión lectora
Institut Jaume Huguet
Valls
enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían
de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he
oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo
creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me
queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me
quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la
hermosura que tengo: que, tal cual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y así
como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela
dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer
honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos
no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no
debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más
adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la
intención de aquél que, por sólo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo
nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles destas montañas son mi
compañía; las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis
pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la
vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado
alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno, en fin, de ninguno dellos, bien se puede decir que antes le mató su
porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba
obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura
me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola
la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este
desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en
la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi
mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si será
razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese el engañado; desespérese aquel a quien le faltaron
las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare; ufánese el que yo admitiere; pero no me llame
cruel ni homicida aquél a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito. El cielo aún hasta ahora no ha
querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es excusado. Este general
desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho, y entiéndase de aquí
adelante que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere, a
ninguno debe dar celos; que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama
fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que
desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta
cruel y esta desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a
Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y
recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda
el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las
ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a éste,
ni solicito a aquél; ni burlo con uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las
zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas
Departament d'Ensenyament Comprensión lectora
Institut Jaume Huguet
Valls
montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su
morada primera.
Y en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas y se entró por lo más cerrado
de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados, tanto de su discreción como de su hermosura, a
todos los que allí estaban. Y algunos dieron muestras (de aquellos que de la poderosa flecha de los rayos
de sus bellos ojos estaban heridos) de quererla seguir, sin aprovecharse del manifiesto desengaño que
habían oído. Lo cual visto por don Quijote, pareciéndole que allí venía bien usar de su caballería,
socorriendo a las doncellas menesterosas, puesta la mano en el puño de su espada, en altas e inteligibles
voces, dijo:
-Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela,
so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o
ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los
deseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea
honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan
honesta intención vive.
O ya que fuese por las amenazas de don Quijote, o porque Ambrosio les dijo que concluyesen con
lo que a su buen amigo debían, ninguno de los pastores se movió ni apartó de allí hasta que, acabada la
sepultura y abrasados los papeles de Grisóstomo, pusieron su cuerpo en ella, no sin muchas lágrimas de
los circunstantes. Cerraron la sepultura con una gruesa peña, en tanto que se acababa una losa que, según
Ambrosio, dijo, pensaba mandar hacer, con un epitafio que había de decir desta manera:
Yace aquí de un amador
el mísero cuerpo helado,
que fue pastor de ganado,
perdido por desamor.
Murió a manos del rigor
de una esquiva hermosa ingrata,
con quien su imperio dilata
la tiranía de Amor.
Luego esparcieron por cima de la sepultura muchas flores y ramos, y, dando todos el pésame a su
amigo Ambrosio, se despidieron dél. Lo mismo hicieron Vivaldo y su compañero, y don Quijote se
despidió de sus huéspedes y de los caminantes, los cuales le rogaron se viniese con ellos a Sevilla, por
ser lugar tan acomodado a hallar aventuras, que en cada calle y tras cada esquina se ofrecen más que en
otro alguno. Don Quijote les agradeció el aviso y el ánimo que mostraban de hacerle merced, y dijo que
por entonces no quería ni debía ir a Sevilla, hasta que hubiese despojado todas aquellas sierras de
ladrones malandrines, de quien era fama que todas estaban llenas. Viendo su buena determinación, no
quisieron los caminantes importunarle más, sino, tornándose a despedir de nuevo, le dejaron y
prosiguieron su camino, en el cual no les faltó de qué tratar, así de la historia de Marcela y Grisóstomo
como de las locuras de don Quijote. El cual determinó de ir a buscar a la pastora Marcela y ofrecerle
todo lo que él podía en su servicio; mas no le avino como él pensaba, según se cuenta en el discurso
desta verdadera historia, dando aquí fin la segunda parte.