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Fábulas con Moraleja para Reflexionar

El documento contiene varias fábulas cortas con moralejas. Cada fábula presenta una breve historia con animales y plantas que ilustran una lección o enseñanza moral. Las fábulas abordan temas como la envidia, la vanidad, la codicia y la importancia de valorar lo que se tiene.

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Fábulas con Moraleja para Reflexionar

El documento contiene varias fábulas cortas con moralejas. Cada fábula presenta una breve historia con animales y plantas que ilustran una lección o enseñanza moral. Las fábulas abordan temas como la envidia, la vanidad, la codicia y la importancia de valorar lo que se tiene.

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 EL PERRO Y SU REFLEJO.

Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer, hasta que un
carnicero le tiró un hueso. Llevando el hueso en el hocico, tuvo que cruzar un río. Al mirar su reflejo en
el agua creyó ver a otro perro con un hueso más grande que el suyo, así que intentó arrebatárselo de
un solo mordisco. Pero cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba cayó al río y se lo llevó la
corriente. Muy triste quedó aquel perro al darse cuenta de que había soltado algo que era real por
perseguir lo que solo era un reflejo.
Moraleja: Valora lo que tienes y no lo pierdas por envidiar a los demás.

 EL LOBO Y LA GRULLA
Un día como cualquier otro, un joven y fornido lobo sintió cómo su garganta se atoraba con el pequeño
hueso de una de sus presas. Viéndose en la más precaria situación, comenzó a aullar con lo poco que
le quedaba de aliento:
—¡Socorro, auxilio! Ayúdame y serás recompensado.
Los animales del bosque ignoraron las palabras del lobo ya que todos sabían que él no era de fiar. Sin
embargo, una grulla incauta que caminaba por ahí escuchó sus lamentos y decidió ayudarlo. Con su
largo y delgado pico, entró en la garganta del lobo y luego de haber extraído el hueso, exigió el pago
prometido. Sin embargo, el lobo sonriendo y rechinando sus dientes, exclamó:
—¿Qué es lo que me pides? Te aseguro que ya tienes la recompensa que te mereces al haber metido
tu cabeza en la boca de un lobo y haber seguido con vida.
Moraleja: Cuando sirves a los malos de corazón, no esperes recompensa. Agradece si escapas
las consecuencias de tus acciones.

 EL GALLO Y LA JOYA
En la granja, un gallo muy hambriento escarbaba la tierra buscando algo de comer para él y las
gallinas con las que compartía su gallinero, cuando descubrió un diamante que la esposa del granjero
había perdido.
—¡Qué desilusión! —dijo el gallo—. Sin duda eres una prenda muy costosa y quien te perdió daría
mucho por encontrarte. Pero yo prefiero un solo grano de maíz o de trigo antes que todas las joyas del
mundo.
Moraleja: Aquello que no es útil no tiene valor.

 EL TORO Y EL MOSQUITO
Un mosquito voló por el prado y se posó en la punta del cuerno de un enorme toro. Después de
descansar por un buen rato, se preparó para volar. Pero antes de irse se acercó al oído del toro para
disculparse:
— Lamento haber usado tu cuerno como lugar de descanso. Debes estar muy contento de que
me vaya ahora —dijo el mosquito.
El toro levantó la vista y respondió con indiferencia:
—Pequeño mosquito, gracias por compartirme tan grandiosa disculpa. Pero piensas demasiado bien
de ti mismo. ¡Ni siquiera me di cuenta de que estabas allí!
Moraleja: Para muchos, la vanidad es reflejo de la ignorancia.
 EL LEON Y EL RATON
En un día muy soleado, dormía plácidamente un león cuando un pequeño ratón pasó por su lado y lo
despertó. Iracundo, el león tomó al ratón con sus enormes garras y cuando estaba a punto de
aplastarlo, escuchó al ratoncito decirle:
—Déjame ir, puede que algún día llegues a necesitarme.
Fue tanta la risa que estas palabras le causaron, que el león decidió soltarlo.
Al cabo de unas pocas horas, el león quedó atrapado en las redes de unos cazadores. El ratón, fiel a
su promesa, acudió en su ayuda. Sin tiempo que perder, comenzó a morder la red hasta dejar al león
en libertad.
El león agradeció al ratón por haberlo salvado y desde ese día comprendió que todos los seres son
importantes.
Moraleja: No menosprecies a los demás, todos tenemos las cualidades que nos hacen muy
especiales.

 EL ZORRO Y LAS UVAS


En un día muy caluroso, una zorra sedienta se topó con un racimo de uvas grandes y jugosas que
colgaban en lo alto de una parra. La zorra se paró de puntillas y estiró sus brazos intentando alcanzar
las uvas, pero estas se encontraban muy lejos de su alcance.
Sin querer darse por vencida, la zorra tomó impulso y saltó con todas sus fuerzas una y otra vez, pero
las uvas seguían muy lejos de su alcance.
Esta vez, la zorra se sentó a mirar las uvas con desagrado.
—Qué ilusa he sido —pensó—. Me he esforzado en alcanzar unas uvas verdes que no saben bien.
Y se marchó muy, pero muy enojada.
Moraleja: Cuando algo es muy difícil de conseguir, lo mejor es ser honestos con nuestros
sentimientos.

 EL ZORRO Y EL ARMIÑO
Un zorro comía plácidamente cuando un elegante armiño pasó junto a él.
— ¿Te apetece un poco de mi comida? —preguntó el zorro.
— No, gracias —respondió el armiño con tono airoso—, yo ya comí.
—¡Ja, ja, ja! —rio el zorro—. Ustedes los armiños son los animales más engreídos del mundo.
Prefieren dejar de comer antes que mancharse el pelaje.
En aquel momento llegaron unos cazadores. El zorro, como un rayo, se refugió bajo tierra, y el armiño,
no menos rápido que el zorro, corrió hacia su madriguera.
Pero había llovido y la madriguera estaba inundada; el armiño, para no mancharse con el fango,
titubeó y se detuvo. Los cazadores lo atraparon al instante.
Moraleja: No dejes que la vanidad te aleje de lo que es en realidad importante.

 EL LOBO CON PIEL DE OVEJA


Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la obtención de su comida. Se metió
entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el rebaño a un encierro, quedando la puerta
asegurada.

Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo
que era un cordero y lo sacrificó al instante.

Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

 LA RANA Y LA GALLINA

Desde su charco, una parlera rana


oyó cacarear a una gallina.
«¡Vaya! -le dijo-; no creyera, hermana,
que fueras tan incómoda vecina.
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?»
«Nada, sino anunciar que pongo un huevo».
«¿Un huevo sólo? ¡Y alborotas tanto!»
«Un huevo sólo, sí, señora mía.
¿Te espantas de eso, cuando no me espanto
de oírte cómo graznas noche y día?
Yo, porque sirvo de algo, lo público;
tú, que de nada sirves, calla el pico».

Moraleja: Al que hace hago se le puede perdonar que lo pregone; el que nada hace, debe
callar.

 LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Érase una gallina que ponía


un huevo de oro al dueño cada día.
Aún con tanta ganancia, mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Mátala; abrió la el vientre de contado;
pero después de haberla registrado
¿qué sucedió? Que, muerta la gallina,
perdió su huevo de oro, y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos,
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones!

Moraleja: El avaro que se desespera por la riqueza, se arriesga a perderlo todo.

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