ANALES DE LA EDUCACIÓN COMÚN Volumen 4 | N°1-2 | 2023
Gustavo Galli
Director Provincial de Educación Secundaria
Dirección General de Cultura y Educación
La Escuela Secundaria
como derecho en los 40 años
de Democracia
RESUMEN
Con la Ley de Educación Nacional n° 26.206 y, en el caso de la provincia de
Buenos Aires, con la Ley Provincial de Educación nº 13.688, se produjo un hito
al establecerse la obligación estatal de garantizar el derecho a la Educación
Secundaria para todas las jóvenes y todos los jóvenes de nuestra patria. La
educación ya no es un servicio, la educación es para todo el pueblo argenti-
no y el Estado es responsable de su implementación. Sin embargo, sabemos
que ninguna ley modifica los modos de hacer, las relaciones sociales, las sub-
jetividades individuales y colectivas por el hecho de aprobarse. Los cambios
sociales y los educativos suponen sistematicidad, tiempo y, centralmente, po-
líticas públicas y presupuesto. En la provincia de Buenos Aires el conjunto
de políticas educativas y sociales, desarrolladas desde el 2006 a esta parte,
significaron que habiten nuestras Escuelas Secundarias cientos de miles de
estudiantes más.
Palabras clave: Educación Secundaria, Derechos, Democracia, Políticas pú-
blicas, Jóvenes.
El gran conjunto de lectoras y lectores de esta tradicional Revista, docentes,
pedagogas, pedagogos, investigadoras e investigadores del campo educati-
vo, conocen el recorrido histórico de la Escuela Secundaria argentina. Saben
de sus inicios para una población más bien acotada, su posterior extensión
y masificación para llegar a su universalización. Sin dudas, un hito central en
Anales de la Educación Común, 2023, Volumen 4, N° 1-2.
Gustavo Galli. La Escuela Secundaria como derecho
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en los 40 años de Democracia. pp. 215-221
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esta historia se produce con la obligación estatal de garantizar el derecho a la
Educación Secundaria para todas las jóvenes y todos los jóvenes de nuestra
patria, tal como lo establece la Ley de Educación Nacional nº 26.206 y tam-
bién, en nuestra jurisdicción, la Ley de Educación de la Provincia de Buenos
Aires nº 13.688.
Un año antes de la aprobación de la Ley de Educación Nacional hubo un
cambio jurídico profundo respecto a la forma de comprender a niñas, niños y
adolescentes como sujetos de derecho. La Ley de Protección Integral de los
Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes nº 26.061 trajo consigo un nue-
vo paradigma que es coherente con la Constitución Nacional, que en el año
1994 incorporó la Convención sobre los Derechos del Niño.
Como sabemos ninguna ley modifica los modos de hacer, las prácticas,
las relaciones sociales, las subjetividades individuales y colectivas por el he-
cho de elaborarse y aprobarse. Los cambios sociales y los educativos supo-
nen sistematicidad, persistencia, tiempo y, centralmente, políticas públicas
y presupuesto.
La Ley de Educación Nacional establece tres finalidades para la Escuela
Secundaria: habilitar a las estudiantes y los estudiantes para el ejercicio ple-
no de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuidad de los estudios su-
periores. Ninguna de estas tres finalidades pueden leerse por fuera de un
proyecto de país, de la construcción de un horizonte común y de la efectiva
ejecución de políticas públicas que hagan posible el derecho a educarse de
todas nuestras jóvenes y todos nuestros jóvenes.
En la provincia de Buenos Aires el conjunto de políticas educativas y socia-
les, desarrolladas desde el 2006 a esta parte, significaron que habiten nues-
tras Escuelas Secundarias cuatrocientos mil estudiantes más. Esa cifra está
fundamentalmente conformada por jóvenes de sectores socioeconómicos
medios-bajos y bajos por lo que las políticas nacionales y provinciales de
distribución de la riqueza que buscan achicar la brecha de desigualdad son
fundamentales para el acceso, la permanencia y el egreso de las estudiantes
y los estudiantes. Su discontinuidad o interrupción, que hemos comprobado,
tiene fuertes efectos sobre las trayectorias educativas.
El cientista social Alfredo Carballeda (2017), en los años posteriores a
la instauración de la obligatoriedad de la Escuela Secundaria, observó que
irrumpían en las escuelas sujetos inesperados. Es interesante primero dete-
nernos en la idea de irrupción: no es invitación, no es una espera, es quien
llega. Que viene sin avisar, que se presenta y tiene que entrar. Un sujeto des-
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conocido por la escuela, simplemente porque nunca había estado allí. La
Escuela Secundaria (generalizando con los riesgos que esto supone) no lo
había contado entre las esperadas y los esperados. La escuela debió repen-
sar su hospitalidad.
¿Cómo recibir a quien llega? ¿Se lo deja pasar o pasa porque es su lugar?
¿Se le hace un lugar o es su lugar? ¿Quién es la otra o el otro que llega, que no
deja de llegar, en una comunidad? ¿Quién es la que llega o el que llega sin ser
invitada o invitado? ¿Qué produce quien viene sobre quienes están? Derrida
nos ayuda a comprender la hospitalidad como en medio de una tensión que
se produce entre la hospitalidad incondicional y la hospitalidad condicional.
Para Derrida, la hospitalidad silenciosa e incondicional, está sucediendo ya,
“pues el otro llega de todas maneras” (1998, p. 39). No hay manera de detener
que la otra o el otro venga, no hay dispositivo que haga que el sujeto inespe-
rado no golpee la puerta.
El problema entonces se presenta en tanto derecho. La irreversibilidad y
la imposibilidad de renunciar a ellas y a ellos hace que la titularidad de un
derecho sea siempre un camino hacia adelante; los derechos se conquis-
tan, se apropian, se viven y se naturalizan al punto que ya no son percibidos
como derechos.
Como sostiene Rinesi:
El mero asiento de tales derechos en los textos que conforman el plexo nor-
mativo de un país no los vuelven ipso facto derechos ciertos y efectivos de
los que tengamos la seguridad de que podemos disfrutar. En segundo lugar,
por otro lado, porque la verdad es que muy rara vez decimos que tenemos un
efecto cuando en efecto lo tenemos. En general, no decimos que tenemos los
derechos que tenemos y decimos que tenemos los derechos que de hecho no
tenemos (2016, p. 26).
Sin embargo, el debate por el derecho a la educación se encuentra abierto de
modo tal que por más que desde lo jurídico el tema hoy se encuentra saldado
(aunque recordemos que hay políticas regresivas), en la vida cotidiana escolar
afloran discusiones que a la vez que cuestionan ciertas prácticas históricas
(excluyentes) favorecen, en las instituciones, nuevas prácticas pedagógicas
que buscan hacer efectivo el derecho a la educación, que es por supuesto, el
derecho a aprender. Es necesario atender, en estos tiempos, a aquellos dis-
cursos que pretenden retroceder décadas en relación a la consolidación de
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derechos que a esta altura son conquistas del conjunto de la sociedad y cuya
regresión afectaría a los sectores más humildes.
El derecho a la educación como derecho social es quizás el rasgo central
de la Ley de Educación Nacional: la educación ya no es un servicio, la educa-
ción es para todo el pueblo argentino y el Estado es responsable de su im-
plementación. Como dice Derrida la ley no es justa por el hecho de ser ley, o
mejor: “Las leyes no son justas en tanto que leyes. No se obedecen porque
sean justas sino porque tienen autoridad” (2014, p. 29). Más adelante conti-
núa: “La autoridad de las leyes solo reposa sobre el crédito que se les da. Se
cree en ellas, ese es su único fundamento. Este acto de fe no es un funda-
mento ontológico o racional” (p. 30). No hay institución con más crédito so-
cial que la escuela. La autoridad en este caso reside en la democratización
de la Educación Secundaria, en la democratización del saber, en la fe en su
potencia transformadora, en la convicción profunda de que nadie por su con-
dición –sea cual fuere– puede quedar al margen de la Escuela Secundaria.
La autoridad está en el todas y todos para un nosotras y un nosotros común.
La escuela es por definición el proyecto de construcción de lo común en las
sociedades. En otras palabras, es convivir, plantearnos un proyecto colectivo
en el que quepan todas y todos sin ninguna distinción. Este desafío de la vida
en común nos propone que debemos resignar algo en función de un modo
de estar más justo, más igualitario, más comunitario. La vida democrática
supone la construcción de la posibilidad de vivir con otras y otros con quie-
nes acordamos y con quienes disentimos, pero en el que los desacuerdos no
significan la eliminación de la otra o el otro, por el contrario, uno de los va-
lores que nos propone la Democracia es el reconocimiento del semejante, y
eso está dado por la incorporación subjetiva de la idea de ley. Estos 40 años
de Democracia nos desafían especialmente a construir en las escuelas es-
pacios de diálogo, debate, circulación de ideas, participación y protagonismo
estudiantil.
Durante el año 2013 se sancionó la Ley de Centros de Estudiantes nº 26.877,
que básicamente garantiza el derecho de las estudiantes y los estudiantes de
Escuelas Secundarias a organizarse, a ser escuchadas y escuchados, a te-
ner a disposición a adultos que en la escuela puedan acompañarlas y acom-
pañarlos en esta tarea. Hay instituciones que tienen historia en este tipo de
organización, otras que incipientemente van dando pasos. El derecho a parti-
cipar y a organizarse en la vida escolar supone la obligación del Estado para
acompañar su desarrollo desde las políticas públicas y de los Equipos direc-
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tivos y de las profesoras y los profesores de habilitar los espacios y tiempos
institucionales que lo hagan posible.
La Escuela Secundaria se construye con escucha; a participar se enseña
y se aprende con propuestas que acompañen el desarrollo de la autonomía.
Las personas adultas tenemos la responsabilidad de asumir una posición de
asimetría con las estudiantes y los estudiantes, de construir una autoridad pe-
dagógica democrática que eduque la autonomía y el protagonismo de forma
progresiva. Nadie aprende solo. La Democracia solo se enseña y se aprende
en el ejercicio, en la vida diaria. Los vínculos democráticos que nuestra socie-
dad necesita se construyen en las aulas y en los patios, en la puerta y en la
vereda, en una clase y en una elección del Centro de Estudiantes, en un parti-
do o en la lectura de una poesía.
La Escuela Secundaria puede, desde sus propuestas institucionales, ha-
cer que se celebre la palabra, que se diga de diferentes modos, con lengua-
jes diversos, buscando que la relación dialógica se produzca en lo cotidiano.
Muchos proyectos y dispositivos que se llevan adelante en nuestras Escuelas
Secundarias bonaerenses buscan institucionalizar la circulación de la pala-
bra, su democratización. Nada de esto es por fuera de la enseñanza, no pue-
de pensarse en forma aislada de una escena propia del hecho educativo en
su modo más integral. Se trata de comprender a las jóvenes y los jóvenes
como sujetos productores de discursos desde los cuales puedan enunciar su
propia historia, sueños, utopías, dirimir conflictos y desarrollar proyectos co-
lectivos. La palabra hace del individuo un sujeto con historia, con presente y
con la posibilidad de soñar otros mundos.
En estos 40 años de Democracia las jóvenes y los jóvenes demandan –mu-
cho más que las personas adultas– que nos preocupemos y ocupemos del
cuidado de la casa común. El mundo que viene será mejor, entre otras
cosas, porque es ineludible educar para el cuidado del ambiente. La Ley
nº 27.621/2021 de Educación Ambiental Integral nos obliga como Estado
a establecer líneas de trabajo que supongan la efectiva enseñanza de los
problemas ambientales desde una perspectiva compleja y holística. Se
pone aquí en juego no solo el desafío del desarrollo del pensamiento com-
plejo y crítico, sino además la necesidad de profundizar una enseñanza que
proponga el abordaje de un mismo problema desde diversas disciplinas
o ciencias.
Nuestra Escuela Secundaria bonaerense está en debate: la enseñanza, la
convivencia, su formato, la evaluación como parte constitutiva del proceso
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de enseñanza. Necesitamos intercambiar ideas profundas y argumentadas.
Necesitamos más pedagogía anclada en las aulas, recuperar los saberes
construidos en las clases; es fundamental pensar desde allí y con la comuni-
dad los cambios que necesitamos.
Es muy importante que nuestras estudiantes y nuestros estudiantes apren-
dan más, ciencias, lenguajes, arte, deporte; de todo, más. Estamos en el tiem-
po de profundizar la enseñanza, de su mejora, sabemos que hay políticas,
decisiones, experiencias que quizá no han tenido los resultados esperados,
muchas otras sí; tenemos que profundizar y sostener en el tiempo políticas
de mejora, presupuesto y recursos.
La Escuela Secundaria bonaerense es para todas y todos, en ella se enseña
y se aprende, se convive, se construye ciudadanía, se trabaja intensamente,
se hacen amigas y amigos, se consolida la Democracia.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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NORMATIVA
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tegral-de-los-derechos-de-ninos-ninas-y-adolescentes
Legislatura de la Provincia de Buenos Aires (2007, 22 de diciembre). Ley
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