Sentencia por Accidente Laboral en Buenos Aires
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II.- Tal decisión suscita la queja de la demandada, con arreglo a
la exposición vertida en el memorial digitalizado el 04.10.2022, que mereció
réplica de su adversaria mediante presentación de fecha 12.10.2022
A su turno, elperitomédico y la representación letrada de la parte
actora cuestionan los honorarios que les fueron regulados en el 16% y 6%
respectivamente, del monto de total de condena, por estimarlos insuficientes
para retribuir las tareas desarrolladas. Por su lado, la accionada cuestionalos
honorarios regulados a los profesionales actuantes por considerarlos
excesivos.
III.- Recuerdo que el Sr. Alejandro Guillermo FARÍAS afirmó
en la demanda que el 15.03.1994 ingresó a trabajar en condiciones óptimas de
salud para INC. S.A, que cumplía tareas como Repositor en un supermercado
Carrefour situado en esta Capital Federal con una jornada de trabajo de 8
horas diarias con horarios rotativos, de lunes a sábados, y que como
remuneración percibía la suma de $16.645,35. Refirió -y el hecho llega firme a
esta instancia- que el 07.02.2015, mientras cumplía con sus tareas normales y
habituales en el sector de la cámara de lácteos, intentó cargar la mercadería en
los pallets y que en dicha circunstancia percibió dolor, de manera súbita, en la
espalda. Señaló que al día siguiente hizo reposo ante las dolencias que
presentaba; que se dirigió al Sanatorio Itoiz en el que por guardia recibió
atención médica; que allí le diagnosticaron lumbalgia yque se lo derivó a la
aseguradora de riesgos del trabajo demandada. Expuso que,a cargo de
ésta,recibió prestaciones médicas en Centro Seres de Salud, que allí le
practicaron estudios por imágenes, que le indicaron reposo y que el
18.02.2015 se le otorgó el alta médica sin incapacidad. Añadió que como
continuaba con las dolencias físicas, se dirigió a su Obra Social, a través de la
cual fue asistido por un especialista en columna y que a través de placas y
resonancias se determinó que presentaba deshidratación en el disco L5-S1 con
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10% de incapacidad psíquica, conforme el decreto N° 659/96. La Jueza de
origen, luego de computar los Factores de Ponderación (Dificultad para
realizar tareas: 10% y Edad: 1%), determinó la incapacidad psicofísica
resarcible (parcial, permanente y definitiva) en el 17.5% de la total obrera. En
torno a la cuantificación del resarcimiento, la Magistrada rechazó la aplicación
del RIPTE, con invocación de la doctrina de la CSJN del caso “Espósito,
Dardo Luis c/ Provincia ART S.A. s/accidente-ley especial”, del 07.06.2016
(Fallos: 339:781), y también la inconstitucionalidad del artículo 12 de la LRT
planteada por el demandante. Asimismo, la jueza de origen cuantificó el
ingreso mensual base (IBM) en $15.390,31, fundándose en el informe extraído
del sitio web de AFIP, agregado a fs.330. Así, cuantificó la indemnización
prevista por el art. 14 apartado 2 a) ley 24.557 en la suma de $231.960,82 (53
x $15.390,31.- x 17.5% x 1.625 -65/40-) -superior al piso de la Resolución
SSS Nro. 22/2014- y en $ 46.392,16 la indemnización del artículo 3° de la ley
26.773, cálculos que derivaron en un capital total de $ 278.352,98el que difirió
a condena con intereses. Impuso las costas a la demandada y reguló los
honorarios de la representación letrada del actor, de la demandada y del perito
médico en el 16%, 12% y 6% respectivamente, del monto total de condena.
VI.- OMINT ART S.A. cuestiona: 1) que se la haya condenado a
resarcir incapacidad psicológica; 2) que se haya fijado como fecha de inicio,
para el cómputo de los intereses diferidos a condena, aquella en la cual tuvo
lugar el siniestro y 3) que se haya aplicado el Acta de esta CNAT Nro.2764
del 07.2022 con capitalización anual de los intereses.
IV.- La demandada objeta que al determinarse la incapacidad
resarcible al amparo de la ley 24.557, se haya computado un 10% de
incapacidad psicológica por RVAN grado II, la que afirma no tiene
vinculación con el siniestro. Objeta que la sentenciante haya aceptado el
examen pericial para fundar su decisión. Indica, en resumen, que el trauma
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producido una lesión física que lo imposibilita de realizar varias tareas
cotidianas…ante las cuales evidencia en la evaluación oponerle una actitud
positiva y conciliadora” y que sin embargo “estas lesiones le han producido un
menoscabo en su capacidad de goce laboral, recreativo y personal que se
expresa en ansiedad leve y de tipo fóbica, que el evaluado enmascara y ubica
en términos de ‘precaución". El experto finaliza aseverando que: “De acuerdo
al baremo ART decreto N° 659/96 el presente cuadro se condice con un
desarrollo anormal neurótico reactivo vivencial…R.V.A.N. Fóbica Grado II”
mensurable en un 10% de incapacidad.
En lo que aquí interesa, OMINTimpugnó el dictamen afirmando
que si “bien la parte actora puede presentar afectación psíquica, la misma no
se considera correspondiente a los fines de reconocer incapacidad laborativa”,
ya que no se “corresponde con proceso considerado de origen laboral”. Indicó
asimismo la demandada que “el experto arriba a la consideración de que el
trabajador posee una incapacidad TRANSITORIA que ha de ser subsanada
con la realización de un tratamiento diagnóstico”. Sin embargo, el perito
médico legista, con sólida fundamentación científica, refutó las apreciaciones
de la demanda, ratificó su diagnóstico y la estimación de la incapacidad
psíquica que realizara en su informe inicial. Puntualizó, en lo que interesa, que
el porcentaje mensurado se “corresponde en su totalidad a un desarrollo
reactivo con relación a los hechos traumáticos vivenciados”, añadiendo que
estos pueden ser considerados “como un agente estresante traumático”.
Aseveró el galeno que la incapacidad está cronificada; que encuentra “un nexo
causal entre el siniestro, los síntomas y rasgos devenidos a posteriori del
mismo” y que su cuadro “ha provocado la existencia de una incapacidad
psíquica que requiere de tratamiento a fin de evitar su agravamiento o
profundización”.El perito explicitó que los indicadores “surgen del análisis
pormenorizado de las entrevistas efectuadas y del material protocolar de las
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mediata, también resarcible, o sea, por la conexión que tiene con las
dificultades que pesarán sobre el trabajador en su futuro laboral, las que
lógicamente tienen aptitud para provocar una reacción vivencial anormal
neurótica en el grado hallado por el perito. Obsérvese que el panorama que se
abre para el actor, un hombre joven de 40 años, a partir de las secuelas que el
accidente le dejó en su columna lumbosacra no es neutra, pues el perito dijo,
verbigracia, que “el actor no puede ejecutar movimientos completos,
hallándose limitados en región lumbar”. Así, es natural y lógico que una
persona que en plena etapa vital y con un mercado laboral en el que, en la
competencia por un empleo, se preferirá a quien no tenga problemas de salud,
vivencie un fuerte impacto en su psiquis el encontrarse disminuido o limitado
en la plenitud de capacidades físicas, máxime si se repara en que se trata de un
trabajador que realiza tareas en las que compromete su esfuerzo físico
(repositor de mercadería en un supermercado).
Por otro lado, no parece ocioso recordar que, si bien en nuestro
sistema la prueba pericial no reviste el carácter de prueba legal, la
prudencia aconseja aceptar los resultados a los que llega el perito en tanto no
adolezcan de errores manifiestos, o no resulten contrariados por otra probanza
de igual o parejo tenor. Ello es así, porque elexperto es una persona
especialmente calificada por su saber específico y se desempeña como auxiliar
judicial distinto de las partes. En tales condiciones no parece coherente con la
naturaleza del discurso judicial apartarse (del consejo experto) sin motivo y,
menos aún, abstenerse de ese aporte" (conf. CSJN, Fallos: 331:2109).
Por las razones expresadas, propongo que lo decidido en relación
a la incapacidad psicológica quede al abrigo de revisión.
V.- La demandada cuestiona que se haya fijado, como fecha de
inicio de cómputo de los intereses la del accidente (07.02.2015). No le asiste
razón en su planteo. Digo esto porque el artículo 2° de la ley 26.773 es claro al
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homologación, el monto del ingreso base devengará intereses. La misma
solución mantiene el decreto 669/2019.
Es decir, las normas especiales resultan armónicas con la pauta
general que prescribe el artículo 1.748 del CCCN el que, por otra parte,
consagra un sistema único para el cómputo de intereses al establecer que éstos
corren a partir de la producción del daño, acorde al principio de integralidad
de la reparación.
De adoptarse un criterio diferente, se generaría un nuevo daño a
la persona trabajadora al no computarse los intereses por un tiempo, a veces
prolongado, originado en el lapso que demanda el reclamo, violándose de tal
manera el principio de indemnidad y la suficiencia de la indemnización al
otorgarse una reparación que reflejaría un valor disminuido.
VI.- La demandada objeta la aplicación de las tasas de las Actas
CNAT 2601/14, 2630/16 y 2658/17 y su capitalización anual desde la fecha de
notificación de traslado de demanda, según fuera propiciado por esta CNAT
en el Acta 2764 del 07.09.22. Argumenta OMINT ART S.A. que, si se
pretende estar a la igualdad de las condiciones, bien se podría aplicar la
actualización aplicándose la tasa activa del Banco Nación para hechos
anteriores y posteriores a la entrada en vigencia de la ley 27.348.
Señala la quejosa, en resumen, que la tasa aplicada con la
capitalización anual es desmedida, desproporcionada, irrazonable,
confiscatoria, contrariaa la moral y a las buenas costumbres; que provoca un
enriquecimiento sin causa; que viola su garantía de la propiedad amparada por
el artículo 17 de la CN, derecho que califica como “absoluto, exclusivo y
perpetuo”. Argumenta que lo decidido en grado fractura “la ecuación
económica financiera del contrato de afiliación” en perjuicio de la masa de
asegurados/as. Cita las ideas de Aristóteles y John Rawls para cimentar su
tesitura de que el fallo desatiende los parámetros de la justicia. Reconoce que
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suma de $ 1.378.467,05, monto que representa, aproximadamente, 17,2
canastas alimentarias (de aproximadamente $ 80.000a octubre 2022), o sea,
el monto total a la fecha no representa ni un tercio del poder adquisitivo de la
prestación dineraria cuantificada a la fecha del siniestro. Si como afirma la
quejosa, la obligación a su cargo entraña una deuda valor, surge ostensible
que, seguir la posición de la recurrente implicaría avalar el pago de una
acreencia completamente licuada y desvalorizada, en razón de la depreciación
de la moneda (peso) que se produjo entre febrero de 2015 y noviembre de
2022.De ese modo, el derecho de propiedad verdaderamente afectado sería el
del demandante, a quien la accionada pretende cancelarle la acreencia (que
reitero, asegura que es de valor) a través de la entrega de una suma de dinero
que no equivale ni siquiera al 30% de la valía originaria.
Siguiendo la posición argumental que asume la quejosa en su
memorial, o sea, que el crédito del actor es de valor y no dinerario, no regiría
la prohibición que instituye el artículo 7° de la ley 23.928 de aplicar
actualización monetaria, indexación por precios, variación de costos o
repotenciación de deudas, la que exclusivamente ha sido fijada para las deudas
de dinero. En ese marco, de aplicarse al capital adeudado el Índice de Precios
al Consumidor (IPC) más un interés puro del 7% anual desde la fecha del
accidente (07.02.2015), o sea, un 54,83%, la deuda alcanzaría la suma de $
6.897.797,11 ($ 4.455.077,90 de capital actualizado + $ 2.442.719,21 de
intereses puros al 7% anual).Es decir, el capital de condena ($ 278.352,98)
más los intereses de las Actas de la CNAT capitalizados anualmente desde a
fecha de notificación de la demanda (30.03.2016), como se ordenó en grado,
alcanzaría -a la fecha- la suma de $ 6.718.268,61, o sea, una suma inferior a la
que arrojaría la actualización del capital nominal con IPC más una tasa pura
razonable, que históricamente se ha considerado entre el 6% y el 8%.
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Finalmente, que el Acta 2764 de esta CNAT no sea obligatoria, por no
tratarse de un acuerdo plenario dictado en los términos del artículo 303 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. no significa que la jueza de
grado no haya estado facultada a aplicar la recomendación de la mentada Acta.
Efectivamente, la capitalización anual de los intereses moratorios de la
obligación de dar dinero demandada judicialmente, a partir de la fecha de
notificación de la demanda, es autorizada por el artículo 770 inciso b del
CCyCN; ycomo el inciso b del precepto citado, que establece que la
acumulación opera desde la fecha de notificación de la demanda, omite fijar
con qué cadencia temporal corresponde fijarla, es razonable aplicar, por
analogía (artículo 2°, CCyCN), la periodicidad prevista por el inciso a del
art.770 del CCyCN para la capitalización de fuente convencional, es decir, por
un período no inferior a seis meses. Esa interpretación del artículo 770 inciso
b del Código Civil y Comercial de la Nación es la adoptada por el Acta 2764
del 07.09.2022 y también la seguida por otros tribunales (v. Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Comercial, sala F, 16.12.2020, “Borras, Ricardo Alfredo
y otro c/ Caja de Seguros s/ordinario” y 19.10.2021, “Olam Argentina SA
c/ConmecaSRL s/ ordinario”).
En síntesis, las críticas formuladas por la demandada no son atendibles.
Sin perjuicio de lo expuesto, considero que lo resuelto en origen debe ser
modificado ya que al crédito objeto de la controversia le resulta aplicable el
régimen establecido por el artículo 12 de la ley 24.557 según el texto del
decreto del PEN 669/19, el que dispone una valorización de la acreencia
mediante el índice salarial RIPTE (Remuneración Imponible para
Trabajadores Estables), de acuerdo a lo que se explicará en el considerando
siguiente, régimen que excluye la aplicación de las tasas de interés de las
Actas CNAT 2601/14, 2630/16 y 2658/17.
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cuestión no cumple con los requisitos constitucionales que permiten al Poder
Ejecutivo dictar actos de naturaleza legislativa fundados en la necesidad y
urgencia (esta Sala, S.D. del 16/07/21, “Mendoza, Leonel Maximiliano c/
Prevención ART S.A. s/ Recurso – Ley 27.348”; S.D. del 9/12/21,
“Palavecino, Carlos Aureliano c/ Experta ART S.A. s/ Accidente – Ley
Especial”; entre muchos otros). El decreto analizado no supera el examen de
constitucionalidad enfocado en la concurrencia de razones de necesidad y
urgencia que justificaran la imposibilidad de alcanzar los resultados
perseguidos por intermedio del ejercicio de la función legislativa del Congreso
de la Nación. En efecto, para que el/la Presidente/a de la Nación pueda ejercer
con legitimidad constitucional las facultades legislativas que la Constitución le
asigna, resulta indispensable la efectiva concurrencia de dos presupuestos: 1)
la imposibilidad de dictar la norma procurada acudiendo al trámite ordinario
estipulado en la Constitución; o 2) la necesidad de obtener la solución
legislativa pretendida en forma perentoria, inmediata, en un plazo
incompatible con el que demanda el trámite normal de las leyes, (v., en igual
sentido, caso “Verrocchi”, Considerando 9º y Fallos: 333:633 "Consumidores
Argentinos", Considerando 13º). Basta una lectura de los considerandos del
decreto en cuestión para advertir su insuficiencia a los fines de conferir
fundamento al ejercicio de la potestad legislativa de necesidad y urgencia
reconocida al Poder Ejecutivo de la Nación, en tanto no permiten avizorar -
siquiera sutilmente- cuál sería el obstáculo que impediría obtener el resultado
pretendido por intermedio de los canales regulares previstos para sancionar
normas. Las deficiencias señaladas conducen a descartar la validez de la
norma en análisis en tanto decreto de necesidad y urgencia, por no
configurarse los presupuestos que habilitan al Poder Ejecutivo a ejercer esas
facultades legislativas extraordinarias (art. 99 inciso 3 de la Constitución
Nacional).
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Ahora bien, existen buenas razones para que esa descalificación -en
tanto decreto de necesidad y urgencia- no conduzca necesariamente a despojar
a dicho instrumento de toda validez. El artículo 11, inc. 3º de la ley 24.557
expresamente otorga al Poder Ejecutivo nacional la facultad de “mejorar
las prestaciones dinerarias establecidas en [tal]… ley cuando las condiciones
económicas financieras generales del sistema así lo permitan”, encomienda
que constituye una auténtica delegación de una facultad destinada a
mejorar el contenido económico de las reparaciones, en un todo de acuerdo
con el principio de progresividad que debe imperar en la disciplina.
Desde ese punto de vista, conviene emplear una hermenéutica que, aun
señalando las anomalías procedimentales que neutralizan su consolidación
jurídica como decreto de necesidad y urgencia (art. 99, inc. 3º de la
Constitución Nacional) y -por consiguiente- descartar la identificación
normativa con la cual fue bautizado, permita resguardar las mejoras que sus
preceptos consagran para las personas trabajadoras afectadas por una
minusvalía derivada de una contingencia laboral. Esa interpretación,
identificable como una interpretación desde la Constitución (v. Bidart
Campos, Germán, Teoría General de los Derechos Humanos, Astrea, 1989,
Buenos Aires, págs. 400/401), no sólo exhibe virtuosidad al preservar un
avance nada desdeñable hacia una aventajada y más progresiva realización del
derecho a percibir un resarcimiento frente a la pérdida de capacidad para el
trabajo, sino que también permite interpretar la norma infraconstitucional en
crisis a través de una mirada que evita la tacha de inconstitucionalidad. Cabe
recordar que esa descalificación representa la más delicada de las funciones
susceptibles de encomendarle a un órgano jurisdiccional y configura un acto
de suma gravedad que, frente a tal entidad, debe ser considerado la razón
última del orden jurídico (CSJN; Fallos 314:424; 328:91 y 331:1123, entre
muchos otros). Como corolario de ello, constituye un remedio extremo del que
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debe prescindirse -de ser posible- mediante una interpretación del texto
normativo compatible con la Constitución Nacional. Valga decir también, en
otras palabras, que no cabe acudir a esa tacha sino cuando un reflexivo análisis
del dispositivo conduzca a la convicción ineludible de que su aplicación
conculca algún precepto de máxima jerarquía normativa, luego de descartar
toda posibilidad de compatibilizar la norma objetada (v., en igual sentido:
CSJN, Fallos: 330:855; 331:2799 y 344:391). Se trata, sin más, de asimilar el
texto bajo examen plenamente conscientes del fenómeno de
constitucionalización del ordenamiento jurídico, uno de cuyos efectos
cardinales implica que los dispositivos infra constitucionales deban descifrarse
bajo la luz del texto constitucional, pues las proyecciones del carácter
normativo que la inviste no se agotan en la exigencia de confrontar los
preceptos de menor jerarquía con sus contenidos, ni tampoco se deriva tan
sólo la anulación de las prescripciones eventualmente incompatibles con ella.
Muy por el contrario, también interpela -acaso con más intensa vocación- la
interpretación y aplicación de las normas legales de conformidad con la
constelación de instrumentos que componen el bloque de constitucionalidad,
rectores del ordenamiento jurídico en su integridad (en igual sentido: Carpió
Marcos, Edgar, "Interpretación conforme con la constitución y las sentencias
interpretativas", Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM, 2008, págs.
159/160). Se trata, en definitiva, de interpretar el Derecho en “su mejor luz”
(Dworkin, Ronald, El imperio de la Justicia Editorial Gedisa, Barcelona,
2012).
Las consideraciones vertidas son todavía más pertinentes en sistemas de
control difuso, donde la custodia de la supremacía constitucional aparece
depositada en el quehacer de cada juez o jueza, quienes tienen la atribución y
obligación de examinar las normas en los casos que son sometidos a su
conocimiento, cotejándolas con la Constitución Nacional para verificar si
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bien dirigidos a morigerar el monto de las prestaciones y que con ese cometido
sustituyó la aplicación de la tasa activa de interés para actualizar el ingreso
base desde la primera manifestación invalidante hasta la liquidación por la
variación del índice RIPTE; pero -salvo un breve período en que las tasas de
interés superaron a la variación de los salarios- lo cierto es que éstas superan
desde hace tiempo las tasas de interés y, por ende, el resultado económico de
aplicar el decreto 669/19 termina -en la generalidad de los casos- mejorando
notablemente las prestaciones. En efecto, desde la fecha de dictado del decreto
en cuestión sólo durante el año 2019 la tasa de interés superó decididamente a
la variación de salarios medida por el índice RIPTE, tendencia que se revirtió
muchísimo en el año 2021 y en lo que va del año 2022.
Por otra parte, parece mucho más adecuado y realista -desde un punto
de vista conceptual- actualizar el ingreso base de los trabajadores y las
trabajadoras mediante un coeficiente que mide la evolución de los salarios,
antes que con una tasa de interés que está sujeta a las variaciones financieras
de la macroeconomía. En nada obsta a lo expuesto la existencia y vigencia de
la prohibición de indexar establecida en forma general por la ley de
convertibilidad del austral 23.928 y ratificada por la ley 25.561, toda vez que
aquí la actualización se establece por una norma especial y posterior que,
como tal, prevalece por sobre la norma general y anterior. También existe una
mejora en el hecho de que el decreto 669/19 prevé su aplicación a todos los
infortunios en trámite, independientemente de la fecha de la primera
manifestación invalidante, lo que permite actualizar incluso las prestaciones
de los infortunios cuya primera manifestación invalidante hubiera ocurrido
con anterioridad a su vigencia. Nada hay de cuestionable en esta aplicación
hacia el pasado, en tanto el Código Civil y Comercial prevé expresamente que
las normas tengan efectos retroactivos cuando así lo indican, salvo que afecten
derechos constitucionales. Está claro que el sistema de actualización previsto
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en el decreto 669/19 no vuelve más onerosa la obligación del deudor, sino que
-por el contrario- evita su licuación. Desde ese punto de vista, es evidente que
esa aplicación retroactiva no afecta ningún derecho constitucional, pues nadie
puede alegar que tiene el derecho constitucional a ver licuado el contenido
económico de su deuda por el mero paso del tiempo. Por último, otra mejora
que el decreto trae con respecto a las previsiones de la Ley 27.348 es que -para
el caso de mora- prevé la capitalización semestral de los intereses, lo que
supera el estándar contenido en la ley 27.348 que establecía la capitalización
sin indicar cada cuánto tiempo debía hacerse. En resumen, de lo dicho se
desprende que el decreto 669/19 -al menos en el caso que aquí se juzga-
mejora las prestaciones y, por tanto, aunque inválido como decreto de
necesidad y urgencia, resulta válido y aplicable como un decreto delegado que
ejerce la prerrogativa expresamente autorizada por la LRT en su artículo 11.3
(art. 76 Constitución Nacional).
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interpretación se confirma completamente con lo expuesto en los
considerandos del decreto. La norma mencionada señala en sus considerandos
5° y 6° lo siguiente: “Que dada la necesidad de continuar con esa misma línea
de correcciones regulatorias que contribuyen a mejorar las condiciones de
sostenibilidad del sistema, se advierte que en el inciso 2 del artículo 12 de la
Ley N°24.557 y sus modificaciones, se establece que a los fines de la
actualización de las indemnizaciones se aplique un interés equivalente al
promedio de la tasa activa cartera general nominal anual vencida a TREINTA
(30) días del BANCO DE LA NACIÓN ARGENTINA.”; “Que esa modalidad
de ajuste, implementada por la Ley N°27.348, complementaria de la Ley
N°24.557 y sus modificaciones, tuvo la finalidad de incluir una tasa de
actualización que evite que los efectos de procesos inflacionarios afecten
desfavorablemente la cuantía del monto del “Ingreso Base” (los subrayados
son míos).
Si ello es así, forzoso es concluir que el mecanismo de los dos
primeros incisos del nuevo artículo 12 de la ley 24.557 (según decreto
669/2019) permite llegar a un valor actualizado de la tarifa legal, lo que se
corresponde con la noción de “deudas de valor” contenida en el artículo 772
del Código Civil y Comercial de la Nación. Este mecanismo de actualización
opera perfectamente aun cuando siga en vigencia la prohibición general de
indexación de los créditos contenida en los artículos 7° y 10 de la ley 23.928;
toda vez que ha sido establecido por una ley especial protectoria de sanción
posterior y, por tanto, constituye un régimen de excepción a dicha prohibición.
Por otra parte, esas excepciones tampoco resultan extrañas a otras normas del
Derecho Social vigentes que, tanto en materia de seguridad social (art. 2°, ley
26.417, sobre movilidad jubilatoria), cuanto en materia laboral (art. 70, ley
26.844, Estatuto de Trabajo en Casas Particulares), e incluso en el propio
sistema de riesgos del trabajo (arts. 8° y 17.6, ley 26.773, ajuste por RIPTE de
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indemnización se calcula a valores contemporáneos a la fecha en que se
practique la liquidación en la etapa del art.132 L.O., parece más correcto
liquidar los intereses devengados aplicando, como tradicionalmente se
establecía en relación con todas las modalidades de actualización, una tasa de
interés puro; es decir, el accesorio destinado a la retribución de la privación
del capital, despojado de otros componentes (entre otros, la pérdida del valor
adquisitivo de la moneda, producto del fenómeno inflacionario) a fin de evitar
distorsiones en el cálculo. Por ello se estima razonable, en el caso, utilizar una
tasa de interés puro del 6% anual, la que corresponderá ser impuesta al crédito
indemnizatorio en cuestión desde la fecha de la primera manifestación
invalidante (24.08.2015) y hasta la fecha de la liquidación de la indemnización
(arts. 772 y 1748 Código Civil y Comercial).
Para concluir, se recuerda que en el caso no resulta de aplicación la
doctrina de la CSJN del caso “Espósito, Dardo Luis c/ Provincia ART S.A.
s/accidente-ley especial”, del 07.06.2016 (Fallos: 339:781) pues tal
pronunciamiento fue emitido con anterioridad al dictado del decreto del PEN
669/19.
VIII.- Por las consideraciones precedentes, para cuantificar el monto
total de condena que deberá pagar OMINT ART S.A.al demandante, se debe
aplicar el artículo 12 de la ley 24.557 según el texto fijado por el decreto del
PEN669/19, cuyas previsiones se aplican a todos los accidentes,
independientemente de la fecha del siniestro o de la primera manifestación
invalidante (artículo 3°).
Así, al capital que se fijó en grado ($278.352,98), que fue expresado
por la jueza de grado a valores vigentes a la fecha del accidente (07.02.2015) y
que, por lo tanto, se considera una cuantificación provisoria, se actualizará (o
lo que es lo mismo, se le aplicará un interés equivalente a la tasa de variación
de RIPTE) desde esa fecha (07.02.2015) hasta la fecha en que se liquide el
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Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
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representación letrada del actor y de la demandada, en el 30% de lo que le
corresponda percibir a cada una de ellas como retribución por los trabajos
efectuados en la etapa anterior (artículo 30, ley 27.423).
XI.-En síntesis, de prosperar mi voto, correspondería: 1)Confirmar la
sentencia apelada en lo principal que decide y modificarla en lo concerniente a
la cuantificación del crédito (capital e intereses), disponiendo que éste se fije
con ajuste a las pautas establecidas en el considerando VIII; 2) Imponer las
costas de ambas instancias a la demandada; 3) Regular los honorarios de la
representación letrada del actor, de la demandada y del perito médico, en el
16%, 12%, 6% respectivamente, calculados los respectivos porcentajes sobre
el monto total de condena; 4) Regular los honorarios de la representación
letrada del actor y de la demandada, en el 30% de lo que le corresponda
percibir a cada una de ellas como retribución por los trabajos efectuados en la
etapa anterior.
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