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Sentencia por Accidente Laboral en Buenos Aires

Este documento presenta una sentencia judicial que analiza un caso de accidente laboral. La sentencia confirma que el demandante sufrió una lesión en la espalda mientras trabajaba y que posee una incapacidad del 17.5% como consecuencia. También resuelve cuestiones sobre los honorarios de los peritos y profesionales involucrados.

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Sentencia por Accidente Laboral en Buenos Aires

Este documento presenta una sentencia judicial que analiza un caso de accidente laboral. La sentencia confirma que el demandante sufrió una lesión en la espalda mientras trabajaba y que posee una incapacidad del 17.5% como consecuencia. También resuelve cuestiones sobre los honorarios de los peritos y profesionales involucrados.

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CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL


TRABAJO - SALA I

SENTENCIA DEFINITIVA CAUSA NRO. 5698/2016/CA1


AUTOS: “FARIAS ALEJANDRO GUILLERMO c/ OMINT ART S.A. s/
ACCIDENTE – LEY ESPECIAL”.
JUZGADO NRO. 11SALA I

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la fecha de registro que figura en


el Sistema Lex 100, la Sala Primera de la Cámara Nacional de Apelaciones del
Trabajo, procede a dictar sentencia en la causa del epígrafe, y de acuerdo al
correspondiente sorteo, se procede a votar en el siguiente orden:

La Doctora Gabriela Alejandra Vázquez dijo:


I.-La Señora Jueza de primera instancia, en el pronunciamiento
del28.09.2022, admitió la acción resarcitoria orientada al cobro de las
prestaciones dinerarias establecidas por el sistema de riesgos del trabajo (leyes
24.557 y 26.773). Para así decidir, la Magistrada consideró acreditado que el
actor sufrió un accidente laboral el 07.02.2015 y, con base en el informe
pericial médico producido en autos al que otorgó pleno efecto probatorio,
concluyó que el demandante porta una incapacidad psicofísica, parcial,
permanente y definitiva del 17.5% de la total obrera en relación causal con el
infortunio. Por esa razón, difirió a condena la suma de $ 278.352,98 con
imputación a la prestación prevista por el art. 14 apartado 2 a) ley 24.557 y a
la partida del artículo 3° de la ley 26.773. Asimismo, condenó a la demandada
a pagar intereses desde la fecha de toma de conocimiento (07.02.2015) hasta
la del efectivo pago, calculados según las tasas establecidas en las Actas de
esta CNAT Nro. 2601/2014, 2630/2016 y 265872017 con capitalización anual
desde la fecha de notificación de demanda (30/03/2016).

Fecha de firma: 29/11/2022


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Firmado por: GABRIELA ALEJANDRA VAZQUEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ENRIQUE CATANI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MARIA VICTORIA ZAPPINO VULCANO, SECRETARIA

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II.- Tal decisión suscita la queja de la demandada, con arreglo a
la exposición vertida en el memorial digitalizado el 04.10.2022, que mereció
réplica de su adversaria mediante presentación de fecha 12.10.2022
A su turno, elperitomédico y la representación letrada de la parte
actora cuestionan los honorarios que les fueron regulados en el 16% y 6%
respectivamente, del monto de total de condena, por estimarlos insuficientes
para retribuir las tareas desarrolladas. Por su lado, la accionada cuestionalos
honorarios regulados a los profesionales actuantes por considerarlos
excesivos.
III.- Recuerdo que el Sr. Alejandro Guillermo FARÍAS afirmó
en la demanda que el 15.03.1994 ingresó a trabajar en condiciones óptimas de
salud para INC. S.A, que cumplía tareas como Repositor en un supermercado
Carrefour situado en esta Capital Federal con una jornada de trabajo de 8
horas diarias con horarios rotativos, de lunes a sábados, y que como
remuneración percibía la suma de $16.645,35. Refirió -y el hecho llega firme a
esta instancia- que el 07.02.2015, mientras cumplía con sus tareas normales y
habituales en el sector de la cámara de lácteos, intentó cargar la mercadería en
los pallets y que en dicha circunstancia percibió dolor, de manera súbita, en la
espalda. Señaló que al día siguiente hizo reposo ante las dolencias que
presentaba; que se dirigió al Sanatorio Itoiz en el que por guardia recibió
atención médica; que allí le diagnosticaron lumbalgia yque se lo derivó a la
aseguradora de riesgos del trabajo demandada. Expuso que,a cargo de
ésta,recibió prestaciones médicas en Centro Seres de Salud, que allí le
practicaron estudios por imágenes, que le indicaron reposo y que el
18.02.2015 se le otorgó el alta médica sin incapacidad. Añadió que como
continuaba con las dolencias físicas, se dirigió a su Obra Social, a través de la
cual fue asistido por un especialista en columna y que a través de placas y
resonancias se determinó que presentaba deshidratación en el disco L5-S1 con

Fecha de firma: 29/11/2022


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abombamiento posteromedial y recalificación de la lordosis lumbar. Manifestó


que la atención de la demandada fue incompleta, que no recibió atención
psíquica ni rehabilitación y que, como consecuencia de sus tareas laborales, en
la actualidad padece disminución de movilidad e impotencia funcional en la
zona lumbar, dolor agudo y crónico, neurosis depresiva reactiva con
alteraciones en el sueño, estrés postraumático, secuelas que lo afectan en su
vida diaria y laboral. El trabajador estimó portar un 10% de incapacidad física
y un 10% por daño psicológico. Planteó la inconstitucionalidad de la ley
24.557, solicitó la aplicación del índice RIPTE para la cuantificación de la
indemnizacióny que se incluyera en la condena el adicional del 20% previsto
en el art. 3° de la ley 26.773.
Al repeler la acción, OMINT ART S.A. negó los hechos
expuestos en la demanda y solicitó su rechazo. Reconoció, no obstante, el
contrato de afiliación suscripto con la empleadora del actor en los términos de
la ley 24.557; aceptó haber recibido la denuncia del infortunio, haber otorgado
al actor prestaciones médicas y finalmente haberle otorgado el alta médica sin
incapacidad. En otro orden de ideas, la demandada impugnó la liquidación
practicada por el demandante y negó que pudiera aplicarse el RIPTE al valor
que resulte de aplicar la ecuación prevista por el artículo 14, inciso 2, a de la
LRT
La Magistrada que me precedió consideró que no estaba
controvertida la existencia y naturaleza laboral del infortunio. Luego,
basándose en el dictamen médico elaborado por el perito médico legista Dr.
Carlos Alberto De Martino y las aclaraciones que realizara a fs.316/317 y 322
a las impugnaciones formuladas por la demandada a fs.311/314 y 319/320,
concluyó que el Sr.FARÍAS presenta, con causa en el siniestro denunciado,
lumbalgia crónica, que lo incapacita en el 5% de la total obrera y una
Reacción Vivencial Anormal Neurótica Fóbica Grado II, que le genera un

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10% de incapacidad psíquica, conforme el decreto N° 659/96. La Jueza de
origen, luego de computar los Factores de Ponderación (Dificultad para
realizar tareas: 10% y Edad: 1%), determinó la incapacidad psicofísica
resarcible (parcial, permanente y definitiva) en el 17.5% de la total obrera. En
torno a la cuantificación del resarcimiento, la Magistrada rechazó la aplicación
del RIPTE, con invocación de la doctrina de la CSJN del caso “Espósito,
Dardo Luis c/ Provincia ART S.A. s/accidente-ley especial”, del 07.06.2016
(Fallos: 339:781), y también la inconstitucionalidad del artículo 12 de la LRT
planteada por el demandante. Asimismo, la jueza de origen cuantificó el
ingreso mensual base (IBM) en $15.390,31, fundándose en el informe extraído
del sitio web de AFIP, agregado a fs.330. Así, cuantificó la indemnización
prevista por el art. 14 apartado 2 a) ley 24.557 en la suma de $231.960,82 (53
x $15.390,31.- x 17.5% x 1.625 -65/40-) -superior al piso de la Resolución
SSS Nro. 22/2014- y en $ 46.392,16 la indemnización del artículo 3° de la ley
26.773, cálculos que derivaron en un capital total de $ 278.352,98el que difirió
a condena con intereses. Impuso las costas a la demandada y reguló los
honorarios de la representación letrada del actor, de la demandada y del perito
médico en el 16%, 12% y 6% respectivamente, del monto total de condena.
VI.- OMINT ART S.A. cuestiona: 1) que se la haya condenado a
resarcir incapacidad psicológica; 2) que se haya fijado como fecha de inicio,
para el cómputo de los intereses diferidos a condena, aquella en la cual tuvo
lugar el siniestro y 3) que se haya aplicado el Acta de esta CNAT Nro.2764
del 07.2022 con capitalización anual de los intereses.
IV.- La demandada objeta que al determinarse la incapacidad
resarcible al amparo de la ley 24.557, se haya computado un 10% de
incapacidad psicológica por RVAN grado II, la que afirma no tiene
vinculación con el siniestro. Objeta que la sentenciante haya aceptado el
examen pericial para fundar su decisión. Indica, en resumen, que el trauma

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psíquico por accidente de trabajo se caracteriza por provenir de un estímulo


súbito, de inusual intensidad, que sorprende y desarticula la arquitectura
simbólica del aparato psíquico. Añade que además de súbito y violento, el
hecho debe ser de inusual magnitud, con aptitud para conmover las defensas
naturales de los individuos y establecerse con carácter permanente como una
pérdida de capacidad. Afirma que la pericia rendida en autos exagera por
demás las supuestas dolencias cuya causa se atribuye al siniestro de marras,
realizando falsas mediciones tendientes a generar convicción acerca de una
supuesta extensión del daño, mayor a la que realmente existe; que “la
incapacidad informada por el perito no se corresponde con la realidad del
caso”; “que en una mera afirmación sin ningún tipo de fundamento médico el
perito sostiene que existe relación de causalidad entre las consecuencias
dañosas y el accidente relatado en la demanda” y que resulta “a todas luces
inconcebible”.
La queja no procede.
En el dictamen pericial en medicina, el experto informó que el Sr.
FARÍAS padece “lumbalgia crónica”
“Atención espontánea y voluntaria disminuidas” “La afectividad
se presenta ambivalente, dirigida fundamentalmente hacia el polo
displacentero, el curso y contenido del pensamiento son adecuados dentro de
su temática de tipo depresivo”.
El perito hizo suyo el estudio psicodiagnóstico del que se
desprende que no se observaron “signos de simulación en las técnicas
administradas”, concluyéndose que FARÍAS “respondió con sinceridad en
todo el proceso psicodiagnóstico”. Se observó a través de ese estudio
complementario que en “el actor se observan índices de personalidad
estructurada en forma normal, o neurótica”; que no tiene “antecedentes de
alteraciones en su salud mental”; que el “accidente laboral sufrido le ha

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producido una lesión física que lo imposibilita de realizar varias tareas
cotidianas…ante las cuales evidencia en la evaluación oponerle una actitud
positiva y conciliadora” y que sin embargo “estas lesiones le han producido un
menoscabo en su capacidad de goce laboral, recreativo y personal que se
expresa en ansiedad leve y de tipo fóbica, que el evaluado enmascara y ubica
en términos de ‘precaución". El experto finaliza aseverando que: “De acuerdo
al baremo ART decreto N° 659/96 el presente cuadro se condice con un
desarrollo anormal neurótico reactivo vivencial…R.V.A.N. Fóbica Grado II”
mensurable en un 10% de incapacidad.
En lo que aquí interesa, OMINTimpugnó el dictamen afirmando
que si “bien la parte actora puede presentar afectación psíquica, la misma no
se considera correspondiente a los fines de reconocer incapacidad laborativa”,
ya que no se “corresponde con proceso considerado de origen laboral”. Indicó
asimismo la demandada que “el experto arriba a la consideración de que el
trabajador posee una incapacidad TRANSITORIA que ha de ser subsanada
con la realización de un tratamiento diagnóstico”. Sin embargo, el perito
médico legista, con sólida fundamentación científica, refutó las apreciaciones
de la demanda, ratificó su diagnóstico y la estimación de la incapacidad
psíquica que realizara en su informe inicial. Puntualizó, en lo que interesa, que
el porcentaje mensurado se “corresponde en su totalidad a un desarrollo
reactivo con relación a los hechos traumáticos vivenciados”, añadiendo que
estos pueden ser considerados “como un agente estresante traumático”.
Aseveró el galeno que la incapacidad está cronificada; que encuentra “un nexo
causal entre el siniestro, los síntomas y rasgos devenidos a posteriori del
mismo” y que su cuadro “ha provocado la existencia de una incapacidad
psíquica que requiere de tratamiento a fin de evitar su agravamiento o
profundización”.El perito explicitó que los indicadores “surgen del análisis
pormenorizado de las entrevistas efectuadas y del material protocolar de las

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técnicas administradas”. Añadió que “la parte demandada no ha entrevistado


al actor, ni participado de la producción gráfica del mismo, de manera que las
explicaciones solicitadas [en la impugnación] no se basan en ninguna prueba
objetiva”. Explicó además que los datos “vertidos en el informe fueron
extraídos del material producido por el peritado durante las entrevistas” y que
todo ello “pudo ser corroborado a través de: la técnica de observación, el
discurso, la interpretación de las técnicas administradas y las convergencias y
recurrencias analizadas”. Aclaró además que “los test, no son las únicas
operaciones técnicas que se utilizan en el campo de la psicología” y que la
“observación general y actitudinal y las entrevistas son herramientas
patognomónicas para la comprensión, descripción, corroboración y
fundamento de un diagnóstico”.
Las impugnaciones vertidas por la demandada, que han sido en
términos generales reeditadas en el memorial recursivo, no resultan suficientes
para desvirtuar los sólidos fundamentos expuestos por el perito médico, quien
explicitó en forma suficientemente clara cuáles son las distintas secuelas que
ha dejado el infortunio, así como la metodología científica utilizada para
verificarlas. Y ello evidencia que su opinión está basada en razones objetivas y
científicamente comprobables, que dan adecuado sustento a su conclusión
pericial, circunstancia que permite avalar que la Magistrada de origen le haya
otorgado plena eficacia probatoria a la luz de lo establecido por los artículos
386 y 477 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
En definitiva, el dictamen pericial médico proporciona suficiente
verosimilitud acerca de que la RVAN grado II que se halló en el trabajador
tiene su causa en el siniestro sufrido por el actor y así lo acepto desde una
valoración jurídica emplazada en las reglas de la sana crítica (artículo 386
CPCCN). Y digo esto, no porque la minusvalía psicológica sea consecuencia
inmediata del hecho, sino porque se presenta como una consecuencia

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mediata, también resarcible, o sea, por la conexión que tiene con las
dificultades que pesarán sobre el trabajador en su futuro laboral, las que
lógicamente tienen aptitud para provocar una reacción vivencial anormal
neurótica en el grado hallado por el perito. Obsérvese que el panorama que se
abre para el actor, un hombre joven de 40 años, a partir de las secuelas que el
accidente le dejó en su columna lumbosacra no es neutra, pues el perito dijo,
verbigracia, que “el actor no puede ejecutar movimientos completos,
hallándose limitados en región lumbar”. Así, es natural y lógico que una
persona que en plena etapa vital y con un mercado laboral en el que, en la
competencia por un empleo, se preferirá a quien no tenga problemas de salud,
vivencie un fuerte impacto en su psiquis el encontrarse disminuido o limitado
en la plenitud de capacidades físicas, máxime si se repara en que se trata de un
trabajador que realiza tareas en las que compromete su esfuerzo físico
(repositor de mercadería en un supermercado).
Por otro lado, no parece ocioso recordar que, si bien en nuestro
sistema la prueba pericial no reviste el carácter de prueba legal, la
prudencia aconseja aceptar los resultados a los que llega el perito en tanto no
adolezcan de errores manifiestos, o no resulten contrariados por otra probanza
de igual o parejo tenor. Ello es así, porque elexperto es una persona
especialmente calificada por su saber específico y se desempeña como auxiliar
judicial distinto de las partes. En tales condiciones no parece coherente con la
naturaleza del discurso judicial apartarse (del consejo experto) sin motivo y,
menos aún, abstenerse de ese aporte" (conf. CSJN, Fallos: 331:2109).
Por las razones expresadas, propongo que lo decidido en relación
a la incapacidad psicológica quede al abrigo de revisión.
V.- La demandada cuestiona que se haya fijado, como fecha de
inicio de cómputo de los intereses la del accidente (07.02.2015). No le asiste
razón en su planteo. Digo esto porque el artículo 2° de la ley 26.773 es claro al

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disponer: “El derecho a la reparación dineraria se computará, más allá del


momento en que se determine su procedencia y alcance, desde que acaeció el
evento dañoso o se determinó la relación causal adecuada de la enfermedad
profesional”, precepto que avala el diez a quo para la aplicación de los
accesorios aplicables sobre el capital indemnizatorio.
Sobre el cuestionamiento relativo a la fecha de inicio del cómputo
de los intereses que deben adicionarse a la condena, cabe resaltar que el hecho
generador de la incapacidad laboral genera un daño cierto y determina el
momento en que nace el derecho de la persona trabajadora a percibir las
indemnizaciones que prevé la ley (conf. “Zalazar, Ramón Ignacio c/ Mapfre
Argentina ART SA s/ accidente-ley especial”, sentencia definitiva nº 88.727
del 17 de mayo de 2013 y en “Salgado, Damián Enrique c/ Consolidar ART
SA s/ accidente - ley especial”, sentencia definitiva nº 88.403 del 21 de
diciembre de 2012, entre otros). Estos argumentos fueron ampliados por este
Tribunal en la causa “Herrera, Jorge Manuel c/ QBE Argentina ART SA s/
accidente-ley especial” (sentencia definitiva nº 92.129 del 27 de octubre de
2017), en el sentido que el criterio original resulta congruente con lo resuelto
por el Alto Tribunal en el precedente “Espósito, Dardo Luis c/ Provincia ART
SA s/accidente-ley especial” (CSJN, Fallos: 339:781), en el que no se
descalificó la solución adoptada sobre la oportunidad en que deben
computarse los intereses.
La solución se corresponde con las disposiciones incorporadas en
el texto de la ley 26.773, artículo 2º, tercer párrafo, transcriptas
precedentemente. En la misma línea, en la ley 27.348 (publicada en el boletín
oficial el 24.02.2017) el artículo 11, que sustituyó al artículo 12 de la ley
24.557, previó expresamente que desde la fecha de la primera manifestación
invalidante y hasta el momento de la liquidación de la indemnización por
determinación de la incapacidad laboral definitiva, deceso del trabajador u

Fecha de firma: 29/11/2022


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homologación, el monto del ingreso base devengará intereses. La misma
solución mantiene el decreto 669/2019.
Es decir, las normas especiales resultan armónicas con la pauta
general que prescribe el artículo 1.748 del CCCN el que, por otra parte,
consagra un sistema único para el cómputo de intereses al establecer que éstos
corren a partir de la producción del daño, acorde al principio de integralidad
de la reparación.
De adoptarse un criterio diferente, se generaría un nuevo daño a
la persona trabajadora al no computarse los intereses por un tiempo, a veces
prolongado, originado en el lapso que demanda el reclamo, violándose de tal
manera el principio de indemnidad y la suficiencia de la indemnización al
otorgarse una reparación que reflejaría un valor disminuido.
VI.- La demandada objeta la aplicación de las tasas de las Actas
CNAT 2601/14, 2630/16 y 2658/17 y su capitalización anual desde la fecha de
notificación de traslado de demanda, según fuera propiciado por esta CNAT
en el Acta 2764 del 07.09.22. Argumenta OMINT ART S.A. que, si se
pretende estar a la igualdad de las condiciones, bien se podría aplicar la
actualización aplicándose la tasa activa del Banco Nación para hechos
anteriores y posteriores a la entrada en vigencia de la ley 27.348.
Señala la quejosa, en resumen, que la tasa aplicada con la
capitalización anual es desmedida, desproporcionada, irrazonable,
confiscatoria, contrariaa la moral y a las buenas costumbres; que provoca un
enriquecimiento sin causa; que viola su garantía de la propiedad amparada por
el artículo 17 de la CN, derecho que califica como “absoluto, exclusivo y
perpetuo”. Argumenta que lo decidido en grado fractura “la ecuación
económica financiera del contrato de afiliación” en perjuicio de la masa de
asegurados/as. Cita las ideas de Aristóteles y John Rawls para cimentar su
tesitura de que el fallo desatiende los parámetros de la justicia. Reconoce que

Fecha de firma: 29/11/2022


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el interés compuesto (capitalización) no transgrede principios éticos, pero


afirma que su aplicación depende de una decisión legislativa y así cita los
casos admitidos, como cuando interviene un banco (se refiere seguramente a
la capitalización trimestral admitida por el art.1398 del CCyCN). Añade que la
capitalización constituye un instituto propio de las deudas dinerarias, que no
se aplica a las deudas de valor y así caracteriza a la deuda de la presente causa.
Puntualiza que la diferencia entre la aplicación de la tasa de las Actas de la
CNAT (2601/14, 2630/16 y 2658/17) y la del Acta 2764/22 es millonaria, ya
que, en el primer caso, la liquidación asciende a $ 1.341.899,60 y, en el
segundo (con capitalización anual), alcanza la suma de $ 6.174.373,73,
afirmando que el importe final carece lógica, proporción y razón.
Asimismo,expresa la recurrente que el Acta 2764 de esta CNAT no es
obligatoria.
Sin perjuicio de la modificación de la sentencia que propiciaré en
el considerando siguiente, pues entiendo que en autos deben aplicarse las
prescripciones de la ley 24.557, según el texto del decreto 669/19, los
argumentos que vierte la demandada no son compartibles. Digo esto, porque a
lo largo de su discurso argumental, la quejosa pareciera pretender que se le
reconozca un derecho constitucional a ver licuado el contenido económico de
su deuda por el mero paso del tiempo. En efecto, haciendo un ejercicio en
términos de valorismo, para seguir la línea de pensamiento que propone la
quejosa que califica el crédito de autos como de deuda de valor, el capital de
condena ($ 278.352,98), expresado por la Magistrada de origen al 07.02.2015,
permitía al trabajador accidentado adquirir 61 canastas de alimentos, según
las estadísticas que provee el GCBA, ya que esa canasta alcanzaba la suma de
$ 4569,90 (febrero de 2015). Ahora bien, la aplicación plana y lineal de la tasa
de las Actas de esta CNAT 2601/2014, 2630/2016 y 2658/2017, sin ninguna
capitalización, alcanzaría a la fecha de redacción de este voto (11.11.2022), la

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suma de $ 1.378.467,05, monto que representa, aproximadamente, 17,2
canastas alimentarias (de aproximadamente $ 80.000a octubre 2022), o sea,
el monto total a la fecha no representa ni un tercio del poder adquisitivo de la
prestación dineraria cuantificada a la fecha del siniestro. Si como afirma la
quejosa, la obligación a su cargo entraña una deuda valor, surge ostensible
que, seguir la posición de la recurrente implicaría avalar el pago de una
acreencia completamente licuada y desvalorizada, en razón de la depreciación
de la moneda (peso) que se produjo entre febrero de 2015 y noviembre de
2022.De ese modo, el derecho de propiedad verdaderamente afectado sería el
del demandante, a quien la accionada pretende cancelarle la acreencia (que
reitero, asegura que es de valor) a través de la entrega de una suma de dinero
que no equivale ni siquiera al 30% de la valía originaria.
Siguiendo la posición argumental que asume la quejosa en su
memorial, o sea, que el crédito del actor es de valor y no dinerario, no regiría
la prohibición que instituye el artículo 7° de la ley 23.928 de aplicar
actualización monetaria, indexación por precios, variación de costos o
repotenciación de deudas, la que exclusivamente ha sido fijada para las deudas
de dinero. En ese marco, de aplicarse al capital adeudado el Índice de Precios
al Consumidor (IPC) más un interés puro del 7% anual desde la fecha del
accidente (07.02.2015), o sea, un 54,83%, la deuda alcanzaría la suma de $
6.897.797,11 ($ 4.455.077,90 de capital actualizado + $ 2.442.719,21 de
intereses puros al 7% anual).Es decir, el capital de condena ($ 278.352,98)
más los intereses de las Actas de la CNAT capitalizados anualmente desde a
fecha de notificación de la demanda (30.03.2016), como se ordenó en grado,
alcanzaría -a la fecha- la suma de $ 6.718.268,61, o sea, una suma inferior a la
que arrojaría la actualización del capital nominal con IPC más una tasa pura
razonable, que históricamente se ha considerado entre el 6% y el 8%.

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Lo que quiero significar a través de los cálculos realizados, es que


nada hay de desmedido, desproporcionado, irrazonable, confiscatorio o lesivo
del derecho de propiedad de la quejosa, quien como señalé, parecería
pretender cancelar una deuda, que caracteriza como de valor, con una suma de
dinero que en modo alguno conserva la misma suficiencia que el capital
nominal, medido en términos de aptitud para adquirir bienes o servicios.
Por otro lado, en las obligaciones de valor a las que se refiere el
artículo 772 del Código Civil y Comercial de la Nación -categoría en la cual la
demandada ubica a la acreencia del actor- si bien lo adeudado no es una suma
de dinero sino un valor, ese valor necesariamente se mide en dinero, se
cristaliza en dinero al ser liquidada la deuda, o sea, la obligación de valor se
convierte en dineraria, operando una suerte de novación objetivao bien una
modificación del objeto obligacional. En este marco conceptual, no puede
pasarse por alto que la Magistrada de origen realizó esa cristalización o
conversión a la fecha del accidente (07.02.2015), con lo cual el instituto de la
capitalización de intereses que objeta la quejosa, argumentando que no sería
aplicable a una obligación de valor, no puede aceptarse, porque la a quo aplicó
el instituto en relación a los intereses de una deuda ya convertida en dineraria.
El argumento de la recurrente relativo a que el derecho de propiedad,
garantizado por el artículo 17 de la Constitución Nacional, es absoluto,
exclusivo y perpetuo es improponible. Esos caracteres son los
correspondientes al derecho real de dominio, regulado por el Título III del
Libro Cuarto del CCyCN y la controversia de la causa es ajena a esa materia.
A todo evento, el derecho de propiedad, en su concepto amplio, no es
absoluto, en el sentido de carecer de límites, ya que el artículo 14 de la
Constitución Nacional es claro cuando predica que éste se ejerce conforme a
las leyes que reglamentan su ejercicio.

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Finalmente, que el Acta 2764 de esta CNAT no sea obligatoria, por no
tratarse de un acuerdo plenario dictado en los términos del artículo 303 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. no significa que la jueza de
grado no haya estado facultada a aplicar la recomendación de la mentada Acta.
Efectivamente, la capitalización anual de los intereses moratorios de la
obligación de dar dinero demandada judicialmente, a partir de la fecha de
notificación de la demanda, es autorizada por el artículo 770 inciso b del
CCyCN; ycomo el inciso b del precepto citado, que establece que la
acumulación opera desde la fecha de notificación de la demanda, omite fijar
con qué cadencia temporal corresponde fijarla, es razonable aplicar, por
analogía (artículo 2°, CCyCN), la periodicidad prevista por el inciso a del
art.770 del CCyCN para la capitalización de fuente convencional, es decir, por
un período no inferior a seis meses. Esa interpretación del artículo 770 inciso
b del Código Civil y Comercial de la Nación es la adoptada por el Acta 2764
del 07.09.2022 y también la seguida por otros tribunales (v. Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Comercial, sala F, 16.12.2020, “Borras, Ricardo Alfredo
y otro c/ Caja de Seguros s/ordinario” y 19.10.2021, “Olam Argentina SA
c/ConmecaSRL s/ ordinario”).
En síntesis, las críticas formuladas por la demandada no son atendibles.
Sin perjuicio de lo expuesto, considero que lo resuelto en origen debe ser
modificado ya que al crédito objeto de la controversia le resulta aplicable el
régimen establecido por el artículo 12 de la ley 24.557 según el texto del
decreto del PEN 669/19, el que dispone una valorización de la acreencia
mediante el índice salarial RIPTE (Remuneración Imponible para
Trabajadores Estables), de acuerdo a lo que se explicará en el considerando
siguiente, régimen que excluye la aplicación de las tasas de interés de las
Actas CNAT 2601/14, 2630/16 y 2658/17.

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VII.- Sobre la aplicación del decreto 669/19 a controversias análogas a


la presente, esta Sala ha realizado algunas consideraciones en la causaN°
4140/2019/CA1, caratulada “Medina, Lautaro c/ PROVINCIA ART S.A. s/
recurso ley 27.348”, sentencia del 25.10.2022, que resulta oportuno reiterar.
El decreto 669/2019, publicado en el Boletín Oficial el 30.09.2019,
modificó el artículo 12 de la ley 24.557 sustituyendo – para el período
comprendido entre la fecha de la primera manifestación invalidante y la fecha
de la liquidación de la indemnización- la aplicación de la tasa de interés activa
por una actualización en base a la variación del índice RIPTE. Desde su
dictado, el decreto 669/2019 mereció fuertes reparos y críticas; por lo que
resulta pertinente formular dos interrogantes: 1)- ¿se trata de una norma
vigente? y 2)- ¿se trata de una norma constitucional?
1)- ¿Se trata de una norma vigente?
El este primer interrogante debe responderse de manera afirmativa. El
decreto en cuestión nunca fue derogado y tampoco fue rechazado por el
Congreso de la Nación conforme el procedimiento reglado en la ley 26.122
(art. 24), por lo que se encuentra plenamente vigente. Conviene mencionar que
en el marco de la causa 36004/2019 caratulada “Colegio Público de Abogados
de la Capital Federal c/ Estado Nacional Poder Ejecutivo Nacional s/ Acción
de Amparo” el Juzgado Nacional de Primera Instancia del Trabajo n°76 dictó
una medida cautelar que suspendió su aplicación mientras se sustanciaba la
causa; pero ésta ha sido definitivamente concluida mediante la sentencia de la
Sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal del 29.09.2022
que rechazó la acción de amparo que pretendía invalidar en forma general el
decreto 669/2019; por lo que la norma ya no se encuentra suspendida.
2)- ¿Se trata de una norma constitucional?
Con respecto a este segundo interrogante resulta pertinente señalar,
como lo ha hecho esta sala en anteriores oportunidades, que el decreto en

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cuestión no cumple con los requisitos constitucionales que permiten al Poder
Ejecutivo dictar actos de naturaleza legislativa fundados en la necesidad y
urgencia (esta Sala, S.D. del 16/07/21, “Mendoza, Leonel Maximiliano c/
Prevención ART S.A. s/ Recurso – Ley 27.348”; S.D. del 9/12/21,
“Palavecino, Carlos Aureliano c/ Experta ART S.A. s/ Accidente – Ley
Especial”; entre muchos otros). El decreto analizado no supera el examen de
constitucionalidad enfocado en la concurrencia de razones de necesidad y
urgencia que justificaran la imposibilidad de alcanzar los resultados
perseguidos por intermedio del ejercicio de la función legislativa del Congreso
de la Nación. En efecto, para que el/la Presidente/a de la Nación pueda ejercer
con legitimidad constitucional las facultades legislativas que la Constitución le
asigna, resulta indispensable la efectiva concurrencia de dos presupuestos: 1)
la imposibilidad de dictar la norma procurada acudiendo al trámite ordinario
estipulado en la Constitución; o 2) la necesidad de obtener la solución
legislativa pretendida en forma perentoria, inmediata, en un plazo
incompatible con el que demanda el trámite normal de las leyes, (v., en igual
sentido, caso “Verrocchi”, Considerando 9º y Fallos: 333:633 "Consumidores
Argentinos", Considerando 13º). Basta una lectura de los considerandos del
decreto en cuestión para advertir su insuficiencia a los fines de conferir
fundamento al ejercicio de la potestad legislativa de necesidad y urgencia
reconocida al Poder Ejecutivo de la Nación, en tanto no permiten avizorar -
siquiera sutilmente- cuál sería el obstáculo que impediría obtener el resultado
pretendido por intermedio de los canales regulares previstos para sancionar
normas. Las deficiencias señaladas conducen a descartar la validez de la
norma en análisis en tanto decreto de necesidad y urgencia, por no
configurarse los presupuestos que habilitan al Poder Ejecutivo a ejercer esas
facultades legislativas extraordinarias (art. 99 inciso 3 de la Constitución
Nacional).

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Ahora bien, existen buenas razones para que esa descalificación -en
tanto decreto de necesidad y urgencia- no conduzca necesariamente a despojar
a dicho instrumento de toda validez. El artículo 11, inc. 3º de la ley 24.557
expresamente otorga al Poder Ejecutivo nacional la facultad de “mejorar
las prestaciones dinerarias establecidas en [tal]… ley cuando las condiciones
económicas financieras generales del sistema así lo permitan”, encomienda
que constituye una auténtica delegación de una facultad destinada a
mejorar el contenido económico de las reparaciones, en un todo de acuerdo
con el principio de progresividad que debe imperar en la disciplina.
Desde ese punto de vista, conviene emplear una hermenéutica que, aun
señalando las anomalías procedimentales que neutralizan su consolidación
jurídica como decreto de necesidad y urgencia (art. 99, inc. 3º de la
Constitución Nacional) y -por consiguiente- descartar la identificación
normativa con la cual fue bautizado, permita resguardar las mejoras que sus
preceptos consagran para las personas trabajadoras afectadas por una
minusvalía derivada de una contingencia laboral. Esa interpretación,
identificable como una interpretación desde la Constitución (v. Bidart
Campos, Germán, Teoría General de los Derechos Humanos, Astrea, 1989,
Buenos Aires, págs. 400/401), no sólo exhibe virtuosidad al preservar un
avance nada desdeñable hacia una aventajada y más progresiva realización del
derecho a percibir un resarcimiento frente a la pérdida de capacidad para el
trabajo, sino que también permite interpretar la norma infraconstitucional en
crisis a través de una mirada que evita la tacha de inconstitucionalidad. Cabe
recordar que esa descalificación representa la más delicada de las funciones
susceptibles de encomendarle a un órgano jurisdiccional y configura un acto
de suma gravedad que, frente a tal entidad, debe ser considerado la razón
última del orden jurídico (CSJN; Fallos 314:424; 328:91 y 331:1123, entre
muchos otros). Como corolario de ello, constituye un remedio extremo del que

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debe prescindirse -de ser posible- mediante una interpretación del texto
normativo compatible con la Constitución Nacional. Valga decir también, en
otras palabras, que no cabe acudir a esa tacha sino cuando un reflexivo análisis
del dispositivo conduzca a la convicción ineludible de que su aplicación
conculca algún precepto de máxima jerarquía normativa, luego de descartar
toda posibilidad de compatibilizar la norma objetada (v., en igual sentido:
CSJN, Fallos: 330:855; 331:2799 y 344:391). Se trata, sin más, de asimilar el
texto bajo examen plenamente conscientes del fenómeno de
constitucionalización del ordenamiento jurídico, uno de cuyos efectos
cardinales implica que los dispositivos infra constitucionales deban descifrarse
bajo la luz del texto constitucional, pues las proyecciones del carácter
normativo que la inviste no se agotan en la exigencia de confrontar los
preceptos de menor jerarquía con sus contenidos, ni tampoco se deriva tan
sólo la anulación de las prescripciones eventualmente incompatibles con ella.
Muy por el contrario, también interpela -acaso con más intensa vocación- la
interpretación y aplicación de las normas legales de conformidad con la
constelación de instrumentos que componen el bloque de constitucionalidad,
rectores del ordenamiento jurídico en su integridad (en igual sentido: Carpió
Marcos, Edgar, "Interpretación conforme con la constitución y las sentencias
interpretativas", Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM, 2008, págs.
159/160). Se trata, en definitiva, de interpretar el Derecho en “su mejor luz”
(Dworkin, Ronald, El imperio de la Justicia Editorial Gedisa, Barcelona,
2012).
Las consideraciones vertidas son todavía más pertinentes en sistemas de
control difuso, donde la custodia de la supremacía constitucional aparece
depositada en el quehacer de cada juez o jueza, quienes tienen la atribución y
obligación de examinar las normas en los casos que son sometidos a su
conocimiento, cotejándolas con la Constitución Nacional para verificar si

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observan -o no- debida conformidad con ésta, y abstenerse de aplicarlas


cuando resultan incongruentes con ella. Si ello es así, y si los alcances de tal
misión comprenden inclusive la derogación de un precepto normativo en el
caso concreto bajo juzgamiento (esto es, su tacha por inconstitucionalidad)
con la consecuente privación de efectos jurídicos dentro de tal marco, no cabe
sino preguntarse cuánto más facultados se encuentran los órganos
jurisdiccionales para favorecer una interpretación positiva de la norma
objetada, para conciliarla con el articulado, directrices y principios del bloque
de constitucionalidad, optimizando exégesis “constitucionales” y desechando
las “inconstitucionales”.
El decreto 669/19 -como ya ha dicho esta sala y aquí se ratifica- es
inválido en cuanto decreto de necesidad y urgencia porque no se verifican en
él los requisitos constitucionales exigidos para el ejercicio por parte del Poder
Ejecutivo de esa facultad legislativa extraordinaria. Sin embargo, la Ley de
Riesgos del Trabajo expresamente faculta al Poder Ejecutivo a “mejorar las
prestaciones dinerarias” y por tanto existe una expresa delegación del
Congreso para que el Poder Ejecutivo establezca modificaciones sobre la
forma de calcular las prestaciones, siempre que las mejore. Desde este punto
de vista, el decreto 669/19 puede ser inválido en tanto decreto de necesidad y
urgencia, pero -si mejora las prestaciones puede valer como decreto delegado
(art. 76 de la Constitución Nacional) por expresa delegación efectuada por el
Congreso en el art. 11.3 de la LRT. El devenir de la coyuntura económica
muestra que la forma de cálculo que establece el decreto 669/19 mejora -en la
generalidad de los casos- las prestaciones de la ley y, por tanto, ese decreto
que -en tanto decreto de necesidad y urgencia puede ser invalidado- es
perfectamente válido como un decreto que cumplimenta con la manda
legislativa establecida en el artículo 11.3 de la LRT (art. 76 de la Constitución
Nacional). No se me escapa que los considerandos del decreto parecen más

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bien dirigidos a morigerar el monto de las prestaciones y que con ese cometido
sustituyó la aplicación de la tasa activa de interés para actualizar el ingreso
base desde la primera manifestación invalidante hasta la liquidación por la
variación del índice RIPTE; pero -salvo un breve período en que las tasas de
interés superaron a la variación de los salarios- lo cierto es que éstas superan
desde hace tiempo las tasas de interés y, por ende, el resultado económico de
aplicar el decreto 669/19 termina -en la generalidad de los casos- mejorando
notablemente las prestaciones. En efecto, desde la fecha de dictado del decreto
en cuestión sólo durante el año 2019 la tasa de interés superó decididamente a
la variación de salarios medida por el índice RIPTE, tendencia que se revirtió
muchísimo en el año 2021 y en lo que va del año 2022.
Por otra parte, parece mucho más adecuado y realista -desde un punto
de vista conceptual- actualizar el ingreso base de los trabajadores y las
trabajadoras mediante un coeficiente que mide la evolución de los salarios,
antes que con una tasa de interés que está sujeta a las variaciones financieras
de la macroeconomía. En nada obsta a lo expuesto la existencia y vigencia de
la prohibición de indexar establecida en forma general por la ley de
convertibilidad del austral 23.928 y ratificada por la ley 25.561, toda vez que
aquí la actualización se establece por una norma especial y posterior que,
como tal, prevalece por sobre la norma general y anterior. También existe una
mejora en el hecho de que el decreto 669/19 prevé su aplicación a todos los
infortunios en trámite, independientemente de la fecha de la primera
manifestación invalidante, lo que permite actualizar incluso las prestaciones
de los infortunios cuya primera manifestación invalidante hubiera ocurrido
con anterioridad a su vigencia. Nada hay de cuestionable en esta aplicación
hacia el pasado, en tanto el Código Civil y Comercial prevé expresamente que
las normas tengan efectos retroactivos cuando así lo indican, salvo que afecten
derechos constitucionales. Está claro que el sistema de actualización previsto

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en el decreto 669/19 no vuelve más onerosa la obligación del deudor, sino que
-por el contrario- evita su licuación. Desde ese punto de vista, es evidente que
esa aplicación retroactiva no afecta ningún derecho constitucional, pues nadie
puede alegar que tiene el derecho constitucional a ver licuado el contenido
económico de su deuda por el mero paso del tiempo. Por último, otra mejora
que el decreto trae con respecto a las previsiones de la Ley 27.348 es que -para
el caso de mora- prevé la capitalización semestral de los intereses, lo que
supera el estándar contenido en la ley 27.348 que establecía la capitalización
sin indicar cada cuánto tiempo debía hacerse. En resumen, de lo dicho se
desprende que el decreto 669/19 -al menos en el caso que aquí se juzga-
mejora las prestaciones y, por tanto, aunque inválido como decreto de
necesidad y urgencia, resulta válido y aplicable como un decreto delegado que
ejerce la prerrogativa expresamente autorizada por la LRT en su artículo 11.3
(art. 76 Constitución Nacional).

VIII.- Sobre la aplicación de intereses. Como se ha dicho, el decreto 669/2019


establece que las prestaciones deben calcularse a partir de una variable salarial
(el IBM) actualizada y, por tanto, ello implica que el monto del resarcimiento
se establece a valores actuales. Es, lisa y llanamente, un sistema de
actualización basado en la evolución de los salarios. Si bien el decreto en
cuestión utiliza impropiamente la palabra “interés” (“Desde la fecha de la
primera manifestación invalidante y hasta la fecha en que deba realizarse la
puesta a disposición de la indemnización por determinación de la incapacidad
laboral definitiva, deceso del trabajador u homologación, el monto del ingreso
base devengará un interés equivalente a la tasa de variación de las
Remuneraciones Imponibles Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE)
en el período considerado”), es claro que lo que la norma establece es un
índice de actualización basado en la evolución de los salarios. Esta

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interpretación se confirma completamente con lo expuesto en los
considerandos del decreto. La norma mencionada señala en sus considerandos
5° y 6° lo siguiente: “Que dada la necesidad de continuar con esa misma línea
de correcciones regulatorias que contribuyen a mejorar las condiciones de
sostenibilidad del sistema, se advierte que en el inciso 2 del artículo 12 de la
Ley N°24.557 y sus modificaciones, se establece que a los fines de la
actualización de las indemnizaciones se aplique un interés equivalente al
promedio de la tasa activa cartera general nominal anual vencida a TREINTA
(30) días del BANCO DE LA NACIÓN ARGENTINA.”; “Que esa modalidad
de ajuste, implementada por la Ley N°27.348, complementaria de la Ley
N°24.557 y sus modificaciones, tuvo la finalidad de incluir una tasa de
actualización que evite que los efectos de procesos inflacionarios afecten
desfavorablemente la cuantía del monto del “Ingreso Base” (los subrayados
son míos).
Si ello es así, forzoso es concluir que el mecanismo de los dos
primeros incisos del nuevo artículo 12 de la ley 24.557 (según decreto
669/2019) permite llegar a un valor actualizado de la tarifa legal, lo que se
corresponde con la noción de “deudas de valor” contenida en el artículo 772
del Código Civil y Comercial de la Nación. Este mecanismo de actualización
opera perfectamente aun cuando siga en vigencia la prohibición general de
indexación de los créditos contenida en los artículos 7° y 10 de la ley 23.928;
toda vez que ha sido establecido por una ley especial protectoria de sanción
posterior y, por tanto, constituye un régimen de excepción a dicha prohibición.
Por otra parte, esas excepciones tampoco resultan extrañas a otras normas del
Derecho Social vigentes que, tanto en materia de seguridad social (art. 2°, ley
26.417, sobre movilidad jubilatoria), cuanto en materia laboral (art. 70, ley
26.844, Estatuto de Trabajo en Casas Particulares), e incluso en el propio
sistema de riesgos del trabajo (arts. 8° y 17.6, ley 26.773, ajuste por RIPTE de

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las prestaciones dinerarias) establecen herramientas similares para actualizar


el importe de créditos de naturaleza alimentaria. El inciso tercero, destinado a
regular la hipótesis de eventual incumplimiento de pago, en la etapa posterior
a la aprobación de la liquidación prevista en el art. 132 L.O., ordena proceder
de conformidad con lo normado en el artículo 770 del Código Civil y
Comercial. Es decir, acumular los intereses al capital en forma semestral
utilizando el promedio de la tasa activa cartera general nominal anual vencida
a treinta (30) días del Banco de la Nación Argentina. Ahora bien, si la
aplicación del RIPTE que prevé el segundo inciso del artículo 12 de la ley
24.557 (según decreto 669/2019) está prevista a los efectos de actualizar una
de las variables de la fórmula (o en su caso del capital que es piso mínimo),
está claro que no cumple el propósito de compensar al acreedor o acreedora
laboral por la privación del capital. Sin embargo, la ley 26.773 establece en su
artículo 2º, tercer párrafo que “[e]l derecho a la reparación dineraria se
computará, más allá del momento en que se determine su procedencia y
alcance, desde que acaeció el evento dañoso o se determinó la relación causal
adecuada de la enfermedad profesional”. Por su parte, el artículo 1748 del
Código Civil y Comercial establece, en la misma línea, que los intereses deben
calcularse desde la fecha en que se produjo el perjuicio. Existe entonces un
período de tiempo, el que va desde el accidente o primera manifestación
invalidante hasta la determinación del monto indemnizatorio, en el que la ley
contempla la actualización de la fórmula, pero no prevé una tasa de interés que
compense al acreedor o acreedora laboral por la privación del uso del capital.
Frente a ello, se impone que el juez o la jueza supla dicha omisión y la fije. En
ese cometido, resulta inapropiado acudir a la aplicación de una tasa bancaria
dado que éstas suelen contener también un mecanismo de recomposición del
capital frente a la pérdida del valor del dinero, algo inadecuado en los casos en
que el monto de condena se calcula a valores actualizados. Como la

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indemnización se calcula a valores contemporáneos a la fecha en que se
practique la liquidación en la etapa del art.132 L.O., parece más correcto
liquidar los intereses devengados aplicando, como tradicionalmente se
establecía en relación con todas las modalidades de actualización, una tasa de
interés puro; es decir, el accesorio destinado a la retribución de la privación
del capital, despojado de otros componentes (entre otros, la pérdida del valor
adquisitivo de la moneda, producto del fenómeno inflacionario) a fin de evitar
distorsiones en el cálculo. Por ello se estima razonable, en el caso, utilizar una
tasa de interés puro del 6% anual, la que corresponderá ser impuesta al crédito
indemnizatorio en cuestión desde la fecha de la primera manifestación
invalidante (24.08.2015) y hasta la fecha de la liquidación de la indemnización
(arts. 772 y 1748 Código Civil y Comercial).
Para concluir, se recuerda que en el caso no resulta de aplicación la
doctrina de la CSJN del caso “Espósito, Dardo Luis c/ Provincia ART S.A.
s/accidente-ley especial”, del 07.06.2016 (Fallos: 339:781) pues tal
pronunciamiento fue emitido con anterioridad al dictado del decreto del PEN
669/19.
VIII.- Por las consideraciones precedentes, para cuantificar el monto
total de condena que deberá pagar OMINT ART S.A.al demandante, se debe
aplicar el artículo 12 de la ley 24.557 según el texto fijado por el decreto del
PEN669/19, cuyas previsiones se aplican a todos los accidentes,
independientemente de la fecha del siniestro o de la primera manifestación
invalidante (artículo 3°).
Así, al capital que se fijó en grado ($278.352,98), que fue expresado
por la jueza de grado a valores vigentes a la fecha del accidente (07.02.2015) y
que, por lo tanto, se considera una cuantificación provisoria, se actualizará (o
lo que es lo mismo, se le aplicará un interés equivalente a la tasa de variación
de RIPTE) desde esa fecha (07.02.2015) hasta la fecha en que se liquide el

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crédito definitivo en la etapa del art.132 de la ley 18.345. Al capital así


obtenido se le sumará un interés moratorio puro del 6% anual desde la fecha
delaccidente (07.02.2015) hasta la fecha en que se practique en primera
instancia la liquidación del art.132 L.O.(art.2°, ley 26.773). A partir de esta
última fecha, se aplicará un interés equivalente al promedio de la tasa activa
cartera general nominal anual vencida a treinta (30) días del Banco de la
Nación Argentina hasta el efectivo pago.
Si luego de practicada la intimación de pago que se curse a la
demandada en la etapa de ejecución de sentencia, ésta no pagase la
indemnización, los intereses se acumularán al capital en forma semestral,
según lo establecido por el artículo 770 inciso c del Código Civil y Comercial
de la Nación y art.12 de la ley 24.557, según texto del decreto 669/19.
IX.- De conformidad con lo normado por el artículo 279 del CPCCN
corresponde una nueva decisión sobre costas y honorarios, tornándose
inoficiosos los cuestionamientos vertidos en su relación. Propongo que las
costas de ambas instancias se impongan a la demandada, quien ha resultado
vencida en el reclamo y en lo sustancial del planteo recursivo (artículo 68,
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
X.-En materia arancelaria, teniendo en cuenta el mérito, la eficacia, la
extensión de los trabajos realizados, el monto involucrado, las facultades
conferidas al Tribunal por el art. 38 L.O., arts. 6, 7, 8 y 19 de la Ley 21.839 y
ley 27.423, según las normas arancelarias de aplicación vigentes a la época de
las tareas ponderadas a los fines regulatorios (Fallos: 319:1915 y Fallos
341:1063), propongo fijar los honorarios de la representación letrada del actor,
de la demandada y del peritomédico, en el 16%, 12%, 6%respectivamente,
calculados los respectivos porcentajes sobre el monto total de condena.
Con respecto a los aranceles de Alzada, por las mimas razones
expresadas en el párrafo anterior, propongo se regulen los honorarios de la

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representación letrada del actor y de la demandada, en el 30% de lo que le
corresponda percibir a cada una de ellas como retribución por los trabajos
efectuados en la etapa anterior (artículo 30, ley 27.423).
XI.-En síntesis, de prosperar mi voto, correspondería: 1)Confirmar la
sentencia apelada en lo principal que decide y modificarla en lo concerniente a
la cuantificación del crédito (capital e intereses), disponiendo que éste se fije
con ajuste a las pautas establecidas en el considerando VIII; 2) Imponer las
costas de ambas instancias a la demandada; 3) Regular los honorarios de la
representación letrada del actor, de la demandada y del perito médico, en el
16%, 12%, 6% respectivamente, calculados los respectivos porcentajes sobre
el monto total de condena; 4) Regular los honorarios de la representación
letrada del actor y de la demandada, en el 30% de lo que le corresponda
percibir a cada una de ellas como retribución por los trabajos efectuados en la
etapa anterior.

El Dr. Enrique Catani dijo:


Que adhiere al voto que antecede por compartir sus fundamentos
y conclusiones.
A mérito de lo que resulta del precedente acuerdo, el
TRIBUNALRESUELVE: 1) Confirmar la sentencia apelada en lo principal
que decide y modificarla en lo concerniente a la cuantificación del crédito
(capital e intereses), disponiendo que éste se fije con ajuste a las pautas
establecidas en el considerando VIII; 2) Imponer las costas de ambas
instancias a la demandada; 3) Regular los honorarios de la representación
letrada del actor, de la demandada y del perito médico, en el 16%, 12%, 6%
respectivamente, calculados los respectivos porcentajes sobre el monto total
de condena; 4) Regular los honorarios de la representación letrada del actor y
de la demandada, en el 30% de lo que le corresponda percibir a cada una de

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ellas como retribución por los trabajos efectuados en la etapa anterior y


5)Hacer saber a las partes que la totalidad de las presentaciones deberán
efectuarse en formato digital (CSJN punto Nº 11de la Ac. 4/2020, reiterado en
los Anexos I y II de la Ac. 31/2020).
Regístrese, notifíquese, oportunamente comuníquese (art.4º,
Acordada CSJN Nº 15/13) y devuélvase

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