Niños Héroes: Valor en Chapultepec
Niños Héroes: Valor en Chapultepec
Nombre genérico con el que se designa a los seis cadetes mexicanos del Colegio Militar que murieron
heroicamente en la defensa del castillo de Chapultepec durante la invasión estadounidense de 1847. Los seis
cadetes fueron Juan de la Barrera, originario de la Ciudad de México, nacido en 1828; Juan Escutia, nacido
en Tepic, Nayarit, alrededor de 1830; Francisco Márquez, nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1834; Agustín
Melgar, oriundo de Chihuahua, nacido entre 1828 y 1832; Fernando Montes de Oca, originario de
Azcapotzalco, y Vicente Suárez, quien nació en Puebla en 1833.
Un enclave histórico
Chapultepec, que en lengua nahuátl significa "En el cerro de chapulín" (que equivale a langosta), era un
lugar perteneciente a la jurisdicción de los tepanecas del señorío de Azcapotzalco. Cuando llegaron al lugar,
los mismos aztecas lo calificaron de paradisíaco. Instalados en Chapultepec después de su larga
peregrinación desde la mítica Aztlán, los aztecas realizaron grandes obras para fortificarlo y convertirlo en
un lugar inexpugnable (probablemente, en 1280). Pero la frecuencia de sus guerras floridas y su crueldad
levantaron la animosidad de los pueblos vecinos, que se aliaron contra ellos y les infligieron una dura
derrota en el año Caña (1299), expulsándolos de Chapultepec para confinarlos en las inhóspitas tierras de
Culhuacán.
Tras la fundación de Tenochtitlán en 1325, Chapultepec se convirtió en un santuario para los mexicas, en el
que construyeron diversos monumentos. Nezahualcóyotl, rey de Texcoco y aliado de los aztecas, mandó
construir en 1428 un adoratorio, y en 1465 Moctezuma Ilhuicamina, hermanastro de Itzcoatl e iniciador del
imperio azteca, hizo construir en la misma loma un acueducto con la finalidad de abastecer de agua a los
habitantes de Tenochtitlán.
Cuando, a comienzos del siglo XVI, Hernán Cortés quiso tomar la populosa ciudad azteca, dirigió la estrategia
desde el inmejorable puesto de mando que constituía el cerro de Chapultepec, lugar donde el virrey español
Bernardo de Gálvez, a finales del siglo XVIII (1783-1787), hizo levantar sobre las ruinas aztecas un edificio
que sería destinado a albergar la residencia estival de los máximos representantes de la Corona española en
el país mexicano, aunque las obras fueron abandonadas. Aprovechando parte de este edificio, en 1842 se
instaló en él el Colegio Militar, bajo la dirección del general José Mariano Monterde, que sería tomado al
asalto por las tropas de Pilow durante la invasión estadounidense de 1847, marco de la defensa heroica de
los cadetes.
La batalla de Chapultepec
(12-13 de septiembre de 1847)
Al frene de un ejército de 13.000 hombres, el general Winfield Scott avanzó hacia la capital, batiendo a su
paso al ejército mexicano en distintos puntos: Cerro Gordo, Contreras y Churubusco. Más tarde ocupó Casa
Mata y Molino del Rey. Tras esta serie de victorias, la columna del mayor Gideon Johnson Pillow se presentó
el 12 de septiembre de 1847 ante el castillo de Chapultepec, último obstáculo cuya caída dejaría expedito el
paso a la capital mexicana.
De nuevo el cerro de Chapultepec volvía a ser escenario de un acontecimiento histórico. La defensa, que
corrió a cargo de 200 cadetes y 632 soldados del Batallón de San Blas, no pudo evitar la pérdida del bosque y
el cerro, y la resistencia se trasladó al Colegio Militar. Los cadetes, en lucha cuerpo a cuerpo, resistieron
heroicamente el asalto de las tropas norteamericanas, muy superiores en número. Tras sufrir graves
pérdidas, los soldados norteamericanos consiguieron tomar la plaza. La tragedia de la derrota no pudo
empañar la gloria del heroísmo sin par de unos jóvenes cadetes que prefirieron la muerte a entregarse al
invasor.
Los seis cadetes, junto con parte de la guarnición de la Academia, tuvieron en jaque durante dos días al
ejercito estadounidense antes de perecer en la trágica batalla. Si bien hasta el momento se había atribuido
erróneamente a Juan Escutia el acto heroico de haberse envuelto en una bandera mexicana y lanzado al
vacío desde la azotea del Castillo, con objeto de que el enemigo no se apoderara de la enseña patria, en la
actualidad todo parece indicar que el autor de este sublime acto patriótico fue Fernando Montes de Oca.
Hubo de transcurrir, sin embargo, algo más de un siglo para que los restos mortales de los seis jóvenes
cadetes fueran descubiertos en el bosque de Chapultepec y reconocidos como tales oficialmente en 1947.
En la actualidad, sus despojos descansan desde 1952 en el Monumento a los Niños Héroes, erigido en su
memoria y situado al pie del cerro de Chapultepec. Dicho monumento es el resultado del trabajo conjunto
del escultor Ernesto Tamariz y el arquitecto Enrique Aragón Echegaray.
José María Morelos
Nada de ello, sin embargo, fue duradero: reforzado con importantes contingentes de tropas, el virrey
español, Félix María Calleja, hostigó permanentemente al Congreso y al propio Morelos, hasta lograr su
captura y ejecución a finales de 1815. Aunque la lucha por la independencia prosiguió, tras la muerte de
Morelos inició un franco declive. Hubo que esperar seis años para que nuevas circunstancias históricas en la
colonia y en la metrópoli aglutinasen al movimiento emancipador en torno a la figura de Agustín de Iturbide,
quien, lograda la adhesión de amplios sectores sociales, nutrió un poderoso ejército que le permitió dominar
rápidamente el país y proclamar la independencia de México (28 de septiembre de 1821).
Biografía
José María Morelos era hijo de Manuel Morelos, carpintero de ascendencia india, y de Juana María Pérez
Pavón, una criolla cuyo padre había sido maestro de escuela en la ciudad. De sus primeros catorce años sólo
se sabe que ayudó en lo que pudo al sostenimiento de la familia, y que la enseñanza de las primeras letras
corrió a cargo de su madre.
La muerte del padre en 1779 significó un importante cambio. Confiado a la custodia de su tío Felipe
Morelos, se trasladó a una hacienda cerca de Apatzingán (Michoacán) y se dedicó primero a la labranza y,
poco después, a conducir como arriero una recua de mulas que su tío empleaba para transportar los ricos
cargamentos de mercancías entre el puerto de Acapulco (terminal de los galeones de Manila) y la ciudad de
México. Esta actividad le proporcionó unos ingresos regulares, que el joven Morelos empleaba en comprar
mulas y en sostener a su madre y hermana.
Así vivió hasta cumplir los 25 años; en 1790, ante la insistencia de su madre, que deseaba su ingreso en la
carrera eclesiástica con la ilusión de que accediese a una capellanía o beneficio dejado por su bisabuelo
materno, José María Morelos se separó de su tío Felipe y regresó a Valladolid para ingresar en el colegio de
San Nicolás. Allí tuvo ocasión de conocer a Miguel Hidalgo y Costilla, entonces rector del colegio, con el que
coincidió durante dos años. Estudió gramática y latín y dos años más tarde amplió estos estudios en el
Seminario Tridentino de la misma ciudad, recibiendo instrucción en retórica y filosofía. El 28 de abril de 1795
recibió el título de bachiller de artes en la ciudad de México.
Durante este periodo mantuvo y mejoró un negocio de ganado que había iniciado en su época de arriero,
administró la herencia de su madre, transfirió a su hermana la casa familiar (actualmente Casa de Morelos
en la ciudad de Morelia) y tuvo dos hijos ilegítimos; más tarde, durante el periodo revolucionario, tendría
dos hijos más. En 1807 compró en Valladolid una casa a la que añadió un piso en 1809, sin que se tenga la
menor certeza de que le llegara noticia alguna de que se estaba preparando una revolución. Bien es cierto
que los historiadores señalan, en claro paralelismo con la trayectoria de Hidalgo, la creciente insatisfacción y
en todo caso la frustración de Morelos, acumulada a lo largo de muchos años en el ejercicio de sus labores
de cura parroquial.
El Grito de Dolores
Hidalgo y Morelos
En octubre de 1810, conocedor del levantamiento de Hidalgo, que había sido su rector en San Nicolás, José
María Morelos decidió visitarle y hablar con él. Al parecer, su intención era ofrecerse como capellán, pero en
el transcurso del encuentro, que tuvo lugar el 20 de octubre, Hidalgo lo convenció de que aceptara una
misión más importante: marchar a la costa del sur, reunir tropas y tomar el puerto de Acapulco, que
Morelos conocía muy bien. El 25 de octubre, acompañado de una veintena de voluntarios mal armados,
Morelos partió de Carácuaro hacia las tierras calientes del sur, en calidad de lugarteniente de Hidalgo.
La actividad insurgente de Morelos duró cinco años, a lo largo de los cuales fue capaz de desarrollar cuatro
campañas militares, además de una obra política, doctrinal y administrativa en la que se recoge un
pensamiento avanzado, innovador y cargado de sentido popular y social. Se le reconoce además un
incipiente genio de estratega militar, despiadado y cruel en algunas ocasiones, pero capaz de enfrentarse y
doblegar en varias ocasiones a los ejércitos realistas superiores en número, bajo el mando del temible
mariscal español Félix María Calleja.
La primera campaña, de octubre 1810 a agosto 1811, le permitió organizar y constituir un cuerpo de tropas
disciplinado y bien armado, con el que intentó sin éxito la ocupación de Acapulco en febrero de 1811. Se
retiró con sus fuerzas a Tecpan, desde donde preparó el asalto a Chilpancingo el 24 de mayo y la toma de
Tixtla (actual Ciudad Guerrero) dos días más tarde. En el curso de esta campaña se le unieron los hermanos
Miguel y Víctor Bravo, nacidos en la hacienda de Chichihualco; Vicente Guerrero, oriundo de Tixtla, y
Hermenegildo Galeana, de Tecpan. En esta época contó con la colaboración del estadounidense Peter Ellis
Bean, aventurero cosmopolita que fabricó gran cantidad de pólvora para las tropas insurgentes.
Desgraciadamente, en junio de 1811 fueron ejecutados Miguel Hidalgo y sus principales ayudantes. El
sucesor de Hidalgo en la dirección del movimiento fue Ignacio López Rayón, que se retiró a Zacatecas y se
internó en Michoacán, mientras maduraba y concretaba un ideario político que diese coherencia y unidad a
las iniciativas surgidas por todo el país. Junto con José María Liceaga (años más tarde compañero de
Francisco Javier Mina) y José Sixto Verduzco (enviado de Morelos), López Rayón estableció en agosto de este
año la Suprema Junta Nacional de América.
La mayor objeción que Morelos puso a esta Junta fue su declarado acatamiento de la autoridad del rey
español Fernando VII (en ese momento prisionero de Napoleón), obediencia defendida por Rayón como una
medida de prudencia y moderación. Éste fue, por lo tanto, el primer núcleo de gobierno insurgente, que se
atrajo la simpatía de los intelectuales y hacendados criollos que deseaban establecer un sistema de Juntas
similar al implantado en las provincias de España. En la ciudad de México se inició, en este tiempo, la
formación de una sociedad secreta llamada Los Guadalupes.
En agosto de 1811 Morelos contaba, según sus propias palabras, "con cuatro batallones en pie de guerra:
uno para proteger los puertos de la costa; otro en El Veladero, fuera de Acapulco; un tercero en Tixtla y el
último en Chilpancingo, para encargarse del abasto de pólvora". Desde el primer momento Morelos se
inclinó por la proclamación de algunos principios revolucionarios, tomados de sus conversaciones con
Hidalgo.
La segunda campaña de Morelos, tras unos meses dedicados a la reorganización y preparación de sus
huestes, se desarrolló de noviembre de 1811 a mayo de 1812. Una vez tomado Tlapa reunió a todas sus
fuerzas en Chiautla para establecer una nueva estrategia: dividió su ejército en tres grandes cuerpos, uno al
mando de Miguel Bravo, que marcharía hacia el sur y trataría de conquistar Oaxaca; el segundo dirigido por
Hermenegildo Galeana, que atacaría y dominaría Taxco; y el tercero, bajo la dirección del propio Morelos,
que avanzaría hacia el norte y entraría en Izúcar sin combatir el 12 de diciembre, para atacar Tenango y
Tenancingo, antes de llegar a Cuautla (Morelos), ocupada el día de Navidad.
Se ha discutido acerca de por qué Morelos no siguió hasta Puebla, cuya conquista hubiera constituido el
anticipo a la caída de la capital. En su lugar, dejando guarecida Cuautla, prefirió correr hacia el oeste, para
unirse a las tropas de Galeana estacionadas frente a Taxco. Fue uno de sus más graves errores militares,
porque mientras tanto Félix María Calleja, con un numeroso cuerpo de ejército, sitió Zitácuaro (Michoacán),
residencia de la Junta de Ignacio López Rayón, obligando a sus miembros a huir y dispersarse sin ofrecer
resistencia. Este fue el comienzo del declive de López Rayón y de sus seguidores y constituyó un duro golpe
al inicial optimismo insurgente.
Tercera campaña
Durante varias semanas Oaxaca fue el cuartel general de Morelos, que fortaleció y extendió su dominio de la
zona, al tiempo que intensificaba su labor administrativa y el ordenamiento de la insurgencia. Creó la
intendencia de la provincia y el ayuntamiento de la ciudad, expidió reglamentos relativos a los horarios
comerciales, a la tenencia de armas, al toque de queda y al uso de una insignia de identificación personal.
También creó una Junta de Protección y Seguridad Pública, responsable del orden y la seguridad del pueblo.
En la fiesta de acatamiento a la Junta Suprema, Morelos se presentó vistiendo un uniforme nuevo con la
insignia de capitán general, símbolo de aquel punto álgido en su carrera militar.
En aquel momento dudó entre penetrar en el Valle de México (como le pedían sus seguidores de la capital,
asociados en la agrupación de Los Guadalupes) o ceder a una intuición que le señalaba la necesidad de
apoderarse de un puerto de mar, para fortalecer sus relaciones con Estados Unidos y facilitar la llegada de
ayudas procedentes del exterior. Inclinado por esta segunda opción, salió de Oaxaca el 9 de enero de 1813,
atravesó la cordillera realizando marchas increíbles y, a partir de abril, estableció el asedio de Acapulco, que
se prolongó durante varios meses hasta que, el 20 de agosto, consiguió su capitulación.
Pese al éxito, actualmente se piensa que, con esta decisión, Morelos perdió siete preciosos meses que
hubieran podido inclinar el resultado final del lado de la insurgencia. De todos modos, con la conquista de
Acapulco, Morelos controlaba un territorio que se extendía desde Guatemala hasta Colima, incluyendo la
mayor parte de los actuales estados de Oaxaca y Guerrero, así como el sur de los de Veracruz, Puebla,
México y Michoacán. En la ciudad de Oaxaca, a lo largo de casi todo el año 1813, se publicó, por iniciativa de
Morelos, el periódico insurgente Correo Americano del Sur.
El Congreso de Chilpancingo
Mientras tanto se habían producido algunas novedades en el terreno político. Conocedor Morelos de las
intenciones de Ignacio López Rayón de promulgar una Constitución americana, retrasó la contestación y,
cuando lo hizo, pocos días antes de conquistar Oaxaca, le expresó sus objeciones principales: había que
excluir definitivamente la mención a Fernando VII, limitar el número de consejeros de Estado y aceptar que
la elección del propuesto generalísimo de la república fuese de por vida, sin más límites que "la incapacidad,
la enfermedad o la edad de sesenta años". López Rayón no convirtió en ley su proyectada constitución,
entre otras razones porque en la ciudad de México se había publicado y acatado públicamente la nueva
Constitución española promulgada en Cádiz.
Mediado el mes de mayo, mientras sitiaba Acapulco, se le ocurrió a Morelos la idea de convocar un
congreso nacional de representantes provinciales, como respuesta a las iniciativas de López Rayón. Después
de solicitar a López Rayón que enviase a los miembros de su Consejo en Chilpancingo, donde serían
"reelegidos o depuestos", dirigió un decreto a las provincias para que nombraran electores y los convocó a
reunirse el 8 de septiembre, con la finalidad de elegir un nuevo congreso. Llegado el momento, redactó el
texto conocido como Sentimientos de la Nación, que sirvió de base para las deliberaciones de los allí
reunidos. En realidad, la mayoría de las propuestas, discursos y proclamas de Chilpancingo serían redactadas
por Carlos María Bustamante, fiel seguidor de Morelos.
El Congreso de Chilpancingo
El 14 de septiembre, una vez instalado el Congreso, Morelos leyó un discurso y los diputados iniciaron el
examen de las propuestas contenidas en Sentimientos de la Nación. Al día siguiente fue elegido generalísimo
por aclamación, con todos los poderes y la facultad de nombrar a sus lugartenientes, cargos que recayeron
en Mariano Matamoros y Manuel Muñiz. Hubo que esperar durante algo más de un mes a que llegaran
López Rayón, Bustamante, Liceaga y Cos, pero en noviembre se celebraron sesiones regulares y el día 6 el
Congreso aprobó una declaración de independencia redactada por Carlos María Bustamante.
Última campaña
Su última campaña se desarrolló a partir de septiembre de 1813 y finalizó con su caída en Tesmalaca, en
noviembre de 1815; si se atiende a toda la actividad desplegada en el Congreso de Chilpancingo, es obvio
que esta fase final tuvo más contenido político que militar. Deseoso de conquistar Valladolid, porque
entendía la necesidad de contar con una ciudad en la que establecerse, Morelos decidió su asalto, llegando a
sitiarla a partir del 22 de diciembre de 1813. Pero los realistas, reforzados los últimos meses con la llegada
de importantes contingentes de tropas, obligaron a Morelos a retirarse en confusa desbandada, lo que
diezmó y desalentó a sus seguidores. De este modo se iniciaba la decadencia militar y política del líder
insurgente, en una lenta agonía que se prolongaría a lo largo de casi dos años.
Félix María Calleja, que había sido nombrado virrey de Nueva España en substitución de Francisco Javier
Venegas, aprovechó esta situación para ejercer presión en todos los frentes. Avanzó sobre Chilpancingo, lo
que obligó al Congreso a emprender una marcha incesante que lo llevaría finalmente a la ciudad de
Apatzingán, rumbo a Jalisco, donde acabó de discutirse y se proclamó el texto constitucional el 22 de
octubre de 1814. Morelos, entre tanto, había renunciado al poder ejecutivo y dejó de ejercer mando militar
alguno, excepto el de las tropas de su escolta.
De regreso a Acapulco, vivió momentos muy dolorosos al enterarse de la muerte de sus más fieles
seguidores: Mariano Matamoros y Hermenegildo Galeana, los brazos ejecutores de su estrategia militar.
Corriendo de un lugar a otro, medio escondido y rodeado de un escaso contingente de tropas, repelió a las
fuerzas enviadas para capturarle, participó con fidelidad admirable en los trabajos del Congreso, mantuvo
sus principios y discutió algunas de las medidas que pretendían tomar los dirigentes de la insurgencia.
A mediados de 1814 solicitó a su colaborador Peter Ellis Bean que se trasladara a Estados Unidos, en
demanda de ayuda y armamento. Bean conoció al francés Joseph A. Humbert y, a través de éste, contactó
con José Álvarez de Toledo, refugiado en Nueva Orleáns tras su fracaso de Texas. En mayo de 1815 Toledo
escribió al Congreso, recibió un nombramiento de general insurgente en el exterior firmado por Morelos, y
se ofreció para organizar una expedición en apoyo de la independencia. Cuando José Manuel Herrera,
diputado que había sido presidente del Congreso en Chilpancingo, se trasladó a Nueva Orleáns junto con
Toledo, se abrió una ventana a la esperanza insurgente.
El Congreso, mientras tanto, abandonó Apatzingán y se estableció en Uruapan, a la vez que elegía un nuevo
poder ejecutivo tripartito integrado por Morelos, Cos y Liceaga. Obligado por su deseo de acercarse a un
puerto de mar que le permitiera recibir la ansiada ayuda exterior, pero también por las disensiones y
enfrentamientos de sus líderes, se decidió el traslado del Congreso a Tehuacán, encargándose Morelos de
escoltar y defender a los integrantes del legislativo. Con la incorporación de Nicolás Bravo, el contingente
militar se componía de un millar de soldados, la mitad de ellos armados. Sin embargo, llegados a Tesmalaca,
seis millas más allá del río Mezcala (cerca de la actual Iguala), un destacamento realista al mando del coronel
Manuel de la Concha cayó sobre el convoy y aprehendió a Morelos; Bravo logró escapar, y protegió el
convoy hasta su llegada a Tehuacán.
Fusilamiento de Morelos
Benito Juárez
Biografía
Hijo de Marcelino Juárez y Brígida García, matrimonio indígena de humilde condición, Benito Juárez quedó
huérfano siendo niño y cursó sus primeros estudios en su pueblo natal. Tenía veinte años cuando ingresó en
el Instituto de Ciencias de Oaxaca, donde se licenció en derecho. Su preocupación por la realidad social y en
particular por la situación de los campesinos lo llevó a adherirse a los ideales liberales que venían
difundiéndose por América desde la Revolución Francesa y a participar activamente en la política.
En 1831 Benito Juárez fue elegido regidor del ayuntamiento de Oaxaca y, un año después, diputado al
Congreso del Estado. Era éste el primer paso de una actividad que le llevaría a ser el máximo mandatario de
la nación, aunque para ello debió ascender lentamente en el escalafón político, sortear dificultades sin
cuento, padecer el exilio, sufrir la cárcel, encabezar una guerra civil y atraerse la ira de numerosos enemigos.
La energía con que defendió los intereses que representaba le valió en 1846 ser diputado por Oaxaca ante el
Congreso de la Unión. Un año más tarde fue designado gobernador de su estado natal, cargo en el que
permaneció hasta 1852.
Su oposición al tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que México perdió vastas zonas de su territorio en
favor de Estados Unidos, encontró cauce en las filas liberales y en la defensa de un proyecto federalista. Sin
embargo, los conservadores lograron una vez más hacerse con el poder en 1853, acaudillados por el general
Antonio López de Santa Anna, y Juárez se vio obligado a exiliarse en Cuba.
Benito Juárez
Al cabo de dos años regresó y se adhirió al plan de Ayutla, entre cuyos firmantes figuraban los generales
Villarreal, Comonfort y Álvarez. Al triunfar el pronunciamiento fue designado consejero de Estado y, bajo la
presidencia de Ignacio Comonfort (1855-1857), ministro de Justicia. Como tal promulgó una serie de leyes
que restablecían las libertades de enseñanza, imprenta y trabajo y anulaban las prerrogativas del clero y el
ejército.
La guerra de Reforma
Sus disposiciones legislativas, que inspiraron la Constitución de 1857, de corte liberal, motivaron la reacción
de los conservadores, quienes se pronunciaron al año siguiente en el plan de Tacubaya. Comonfort pactó
con ellos, dio un golpe de Estado y encarceló a Juárez, lo cual fue el detonante del conflicto civil llamado la
guerra de Reforma (1858-1860).
La ocupación francesa
Sin embargo, las graves dificultades económicas por las que pasaba el país obligaron a Juárez a suspender el
pago de la deuda externa. La medida motivó la intervención armada del Reino Unido, España y Francia en
1861 y sumió de nuevo al país en una tensa situación de guerra. Las promesas de Juárez determinaron la
retirada de las dos primeras potencias, pero Francia, en connivencia con los conservadores, invadió México
en 1863, y en 1864, tras ocupar la capital, acabó por imponer al archiduque Maximiliano de Austria como
emperador de México.
Ante la instauración del Imperio de Maximiliano I, Benito Juárez se retiró a Paso del Norte y desde allí
organizó la resistencia. Hombre de leyes por encima de todo, prorrogó no sin profunda vergüenza y violencia
interna sus poderes presidenciales hasta que terminase la guerra, y emprendió enseguida la ofensiva
republicana, que triunfaría tras el sitio de Querétaro en 1867 y se saldaría con el fusilamiento de
Maximiliano el 19 de junio en el Cerro de Campanas.
Con el país empobrecido y desunido, fue reelegido por séptima vez en agosto de 1867. Juárez restauró la
República federal y dio vigencia a las leyes de Reforma. Pero el último lustro de su vida política estaría
marcado por revueltas y conflictos de toda índole. Por una parte, proliferaban en México brotes de
bandolerismo y grupos guerrilleros revolucionarios, y por otra el sistema constitucional, que se había
impuesto tras arduas luchas contra las poderosas fuerzas de la reacción, comenzaba a desacreditarse ante
las acusaciones de fraude electoral. Para colmar el vaso, el presidente inició impopulares reformas con
objeto de acumular en sus manos un mayor poder ejecutivo.
Benito Juárez
Este hecho y el temor a que buscara perpetuarse en el cargo motivaron la reacción dentro de su propio
partido. Porfirio Díaz, cuyo nombre resume por sí mismo el siguiente capítulo de la historia de México, se
pasó a la oposición, tras haberse destacado como victorioso militar en la guerra contra Maximiliano, y en
1871 Sebastián Lerdo de Tejada, principal colaborador de Juárez en política interior, no aceptó presentarse a
las elecciones y fundó el partido lerdista. Durante ese año el presidente debió asimismo sofocar diversos
levantamientos, como los de Treviño y Naranjo, agotando en esta extenuante empresa sus ya enflaquecidas
fuerzas.
Pese a que Juárez sobrevivió también a esta postrera andanada de sus enemigos políticos, reprimir el
levantamiento constituyó su último acto público, pues con secreto estoicismo de indígena zapoteca venía
soportando, desde tiempo atrás, una prolongada serie de difunciones cardíacas que por fin lo llevaron a la
tumba el 18 de julio de 1872. Tras su muerte el Congreso lo declaró Benemérito de la Patria y de las
Américas.
Emiliano Zapata
Emiliano Zapata
Biografía
Miembro de una humilde familia campesina, era el noveno de los diez hijos que tuvieron Gabriel Zapata y
Cleofás Salazar, de los que sólo sobrevivieron cuatro. En cuanto a la fecha de su nacimiento, no existe
acuerdo total; la más aceptada es la del 8 de agosto de 1879, pero sus biógrafos señalan otras varias:
alrededor de 1877, 1873, alrededor de 1879 y 1883. Emiliano Zapata trabajó desde niño como peón y
aparcero y recibió una pobre instrucción escolar. Quedó huérfano hacia los trece años, y tanto él como su
hermano mayor Eufemio heredaron un poco de tierra y unas cuantas cabezas de ganado, legado con el que
debían mantenerse y mantener a sus dos hermanas, María de Jesús y María de la Luz.
Su hermano Eufemio vendió su parte de la herencia y fue revendedor, buhonero, comerciante y varias cosas
más. En cambio, Emiliano permaneció en su localidad natal, Anenecuilco, donde, además de trabajar sus
tierras, era aparcero de una pequeña parte del terreno de una hacienda vecina. En las épocas en que el
trabajo en el campo disminuía, se dedicaba a conducir recuas de mulas y comerciaba con los animales que
eran su gran pasión: los caballos. Cuando tenía alrededor de diecisiete años tuvo su primer enfrentamiento
con las autoridades, lo que le obligó a abandonar el estado de Morelos y a vivir durante algunos meses
escondido en el rancho de unos amigos de su familia.
Una de las causas de Revolución mexicana fue la nefasta política agraria desarrollada por el régimen de
Pofirio Díaz, cuya dilatada dictadura da nombre a todo un periodo de la historia contemporánea de México:
el Porfiriato (1876-1911). Al amparo de las inicuas leyes promulgadas por el dictador, terratenientes y
grandes compañías se hicieron con las tierras comunales y las pequeñas propiedades, dejando a los
campesinos humildes desposeídos o desplazados a áreas casi estériles. Se estima que en 1910, año del
estallido la Revolución, más del noventa por ciento de los campesinos carecían de tierras, y que alrededor de
un millar de latifundistas daba empleo a tres millones de braceros.
Tal política condenaba a la miseria a la población rural y, aunque era un mal endémico en todo el país,
revistió particular gravedad en zonas como el estado de Morelos, donde los grandes propietarios extendían
sus plantaciones de caña de azúcar a costa de los indígenas y los campesinos pobres. En 1909, una nueva ley
de bienes raíces amenazaba con empeorar la situación. En septiembre del mismo año, los alrededor de
cuatrocientos habitantes de la aldea de Zapata, Anenecuilco, fueron convocados a una reunión clandestina
para hacer frente al problema; se decidió renovar el concejo municipal, y se eligió como presidente del
nuevo concejo a Emiliano Zapata.
Tenía entonces treinta años y un considerable carisma entre sus vecinos por su moderación y confianza en sí
mismo; pasaba por ser el mejor domador de caballos de la comarca, y muchas haciendas se lo disputaban.
Como presidente del concejo, Zapata empezó a tratar con letrados capitalinos para hacer valer los derechos
de propiedad de sus paisanos; tal actividad no pasó desapercibida, y posiblemente a causa de ello el ejército
lo llamó a filas. Tras un mes y medio en Cuernavaca, obtuvo una licencia para trabajar como caballerizo en
Ciudad de México, empleo en el que permaneció poco tiempo.
La Revolución mexicana
La política agraria y las abismales desigualdades sociales que trajo consigo el Porfiriato figuran entre las
causas profundas de la Revolución mexicana, pero su detonante inmediato fue la decisión de Porfirio Díaz de
presentarse a las elecciones de 1910. Tales "elecciones" eran en realidad una farsa pseudodemocrática para
prolongar otros seis años su mandato; el viejo dictador, tras reprimir y eliminar la libertad de prensa y
cualquier atisbo de disidencia política, mantenía el formalismo de hacerse reelegir periódicamente.
Francisco I. Madero, fundador del Partido Antirreeleccionista (formación política que aspiraba precisamente
a interrumpir esa perpetuación), había presentado su candidatura a la elecciones de 1910, pero fue
perseguido y obligado a exiliarse. Comprendiendo la inutilidad de la vía democrática, Francisco Madero
lanzó desde el exilio el Plan de San Luis, proclama política en la que llamaba al pueblo mexicano a alzarse en
armas contra el dictador el 20 de noviembre de 1910, fecha de inicio de la Revolución mexicana. La clave del
éxito de su llamamiento en las zonas rurales radicaba en el punto tercero del Plan, que contemplaba la
restitución a los campesinos de las tierras de que habían sido despojados durante el Porfiriato.
En Morelos, muchos se sumaron de inmediato a la insurrección; no fue el caso, sin embargo, de Zapata. No
confiaba plenamente en las promesas del Plan de San Luis, y quería previamente ver reconocidos y
legitimados con nombramientos los repartos de tierras que había efectuado al frente de la Junta de Villa de
Ayala. Para la dirección del levantamiento en Morelos, Francisco Madero escogió a Pablo Torres Burgos; tras
ser nombrado coronel por Pablo Torres, Zapata se adhirió al Plan de San Luis y en marzo de 1911, a la
muerte de Torres, fue designado «jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur».
Con ese rango tomó en mayo la ciudad de Cuautla, punto de partida para extender su poder sobre el estado,
y procedió a distribuir las tierras en la zona que controlaba. En el resto del país, mientras tanto, se extendía
y triunfaba rápidamente la Revolución: el ejército del dictador fue derrotado en apenas seis meses. En mayo
de 1911, Porfirio Díaz partió al exilio después de traspasar el poder a Francisco León de la Barra, que asumió
interinamente la presidencia (mayo-noviembre de 1911) hasta la celebración de las elecciones.
El Plan de Ayala
Tras la caída de la dictadura de Porfirio Díaz, y ya durante la presidencia interina de León de la Barra,
surgieron prontamente las discrepancias entre Zapata, quien reclamaba el inmediato reparto de las tierras
de las haciendas entre los campesinos, y Francisco Madero, que por su parte exigía el desarme de las
guerrillas. Finalmente, Zapata aceptó el licenciamiento y desarme de sus tropas, con la esperanza de que la
elección de Madero como presidente abriera las puertas a la reforma.
Pero, pese al triunfo revolucionario, buena parte de la maquinaria del régimen seguía en manos de antiguos
porfiristas (comenzando por León de la Barra), que ocupaban altos cargos en la administración y en el
teóricamente vencido ejército. Cuando, en julio de 1911, gran parte de los zapatistas habían entregado las
armas, empezó el acoso del ejército sobre los campesinos y luego sobre el propio Zapata, que escapó por
poco a su detención; a lo largo de aquel verano, las tropas gubernamentales echaron por tierra la obra de
Zapata, pero su acción unió en su contra a los campesinos que, tomando de nuevo las armas, recuperaron
posiciones y resultaron a la postre fortalecidos.
El resultado de ello fueron nuevos y continuos enfrentamientos armados; las fuerzas gubernamentales
obligaron a Zapata a retirarse a Guerrero; el gobierno controlaba las ciudades, y la guerrilla se fortalecía en
las áreas rurales. Pero ni la brutalidad inicial ni los gestos reformistas encaminados a restarle apoyo
lograrían debilitar el movimiento zapatista.
Atrapado entre los revolucionarios agraristas y los porfiristas reaccionarios, e incapaz de satisfacer a nadie,
el presidente legítimo difícilmente podía sostenerse durante mucho tiempo. Madero cayó víctima de la
traición de un antiguo militar porfirista, Victoriano Huerta, general de su confianza prestigiado por su
victoria sobre Pascual Orozco. En febrero de 1913, con el apoyo de Estados Unidos, Huerta derrocó a
Madero (al que mandó ejecutar) e instauró una férrea dictadura contrarrevolucionaria (1913-1914). Con
Huerta en el poder, los ataques del ejército gubernamental sobre los zapatistas se recrudecieron, pero sin
éxito. Nombrado jefe de la revolución en detrimento de Orozco, que había sido declarado traidor, Emiliano
Zapata frenó la ofensiva huertista y fortaleció su posición en el estado de Morelos.
Mientras tanto, en el resto del país, la traición del usurpador Huerta suscitó el unánime rechazo de los
revolucionarios. El gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, se erigió en el líder de los
constitucionalistas, cuyo primer objetivo era expulsar a Huerta y restablecer la legalidad constitucional;
Carranza obtuvo el apoyo de Pancho Villa, que lideraba a los revolucionarios agraristas del norte. Entre
ambos lograron derrotar a Victoriano Huerta en julio de 1914.
El apoyo de Zapata había sido más tácito que efectivo, pues exigía a Carranza la aceptación del Plan de
Ayala, que no llegó a producirse. Por otra parte, las campañas contra Huerta habían provocado numerosas
fricciones entre figuras de tan distinto ideario y condición como Venustiano Carranza, un político procedente
de la abogacía, y Pancho Villa, un popular bandolero convertido en revolucionario. Vencido Huerta, el país
quedaba en manos de tres dirigentes escasamente afines.
Poco después, en noviembre de 1914, Zapata y Villa entraron en la capital, pero su incapacidad política para
dominar el aparato del Estado y las diferencias que surgieron entre los dos caudillos, a pesar de que Villa
había aceptado el plan de Ayala, alentaron la reacción de Carranza. La ambición de Villa produjo la ruptura
casi inmediata de su coalición con Zapata, el cual se retiró a Morelos y concentró su acción en la
reconstrucción de su estado, que vivió dieciocho meses de auténtica paz y revolución agraria mientras
luchaban villistas y carrancistas.
El aporte de algunos intelectuales, como Antonio Díaz Soto y Gama y Rafael Pérez Taylor, dio solidez
ideológica al movimiento agrarista, y ello permitió a los zapatistas organizar administrativamente el espacio
que controlaban. En este sentido, el gobierno de Zapata creó comisiones agrarias, estableció la primera
entidad de crédito agrario en México e intentó convertir la industria del azúcar de Morelos en una
cooperativa. William Gates, enviado de Estados Unidos, destacó el orden de la zona controlada por Zapata
frente al caos de la zona ocupada por los carrancistas.
Últimos años
Sin embargo, la guerra proseguía; en 1915, la derrota de Villa permitió que Carranza centrara sus ataques
contra Zapata, que por su dedicación exclusiva a Morelos carecía de proyección nacional. En febrero de
1916, Zapata autorizó conversaciones entre representantes suyos y el general Pablo González, a quien
Carranza había encomendado la recuperación de Morelos. Estas conversaciones terminaron en fracaso y, al
frente de sus tropas, González se adentró en Morelos. En junio de 1916 tomó el cuartel general de Zapata, el
cual reanudó la guerra de guerrillas y logró recuperar el control de su estado en enero de 1917.
Emiliano Zapata
Ante la imposibilidad de acabar con el movimiento y la amenaza que Zapata suponía para el gobierno
federal (en la medida en que radicales de otros estados podían seguir su ejemplo), Carranza y González
urdieron un plan para asesinar a Zapata. Haciéndole creer que iba a pasarse a su bando y que les entregaría
municiones y suministros, el coronel Jesús Guajardo, que dirigía las operaciones gubernamentales contra él,
logró atraer a Zapata a un encuentro secreto en la hacienda de Chinameca, en Morelos. Cuando Zapata,
acompañado de diez hombres, entró en la hacienda, los soldados que fingían presentarles armas lo
acribillaron a quemarropa.
Pablo González trasladó el cuerpo a Cuautla y ordenó fotografiar y filmar el cadáver para evitar que se
dudase de su muerte. Pero, igualmente, muchos de sus paisanos y correligionarios no creyeron que hubiera
muerto. Unos decían que era demasiado listo para caer en la trampa y que había enviado a un doble; otros
encontraban a faltar una característica en el cadáver exhibido.
Genovevo de la O sucedió al fallecido líder al frente del movimiento, pero la guerrilla perdió de inmediato su
fuerza e independencia política al apoyar a Álvaro Obregón, que derrocó a Carranza y asumió la presidencia
(1920-1924). Aunque varios de los principios del movimiento zapatista fueron formalmente recogidos en las
primeras legislaciones revolucionarias mexicanas (empezando por la Constitución de 1917), ni Venustiano
Carranza ni sus sucesores, que ejercerían la presidencia a la sombra del influyente Plutarco Elías Calles, los
llevarían a sus últimas consecuencias; hubo que esperar a la llegada de un estadista de la talla de Lázaro
Cárdenas (1934-1940) para asistir a decididas políticas de redistribución de la propiedad agrícola.
Lázaro Cárdenas
(Lázaro Cárdenas del Río; Jiquilpán, 1891 - Ciudad de México, 1970) Militar y político mexicano que fue
presidente de México entre 1934 y 1940. Recordado y querido como uno de los mayores estadistas
mexicanos de todos los tiempos, Cárdenas hizo más que cualquier otro presidente para consolidar la
Revolución mexicana y llevar a la práctica sus ideales de justicia e igualdad.
Lázaro Cárdenas
Biografía
Procedente de una familia indígena muy modesta, Lázaro Cárdenas del Río recibió apenas una educación
elemental. En 1914 se unió a la Revolución mexicana (que había estallado cuatro años antes), dando
comienzo a una carrera militar en la que ascendería con rapidez: diez años más tarde era ya general de
brigada. Durante la misma defendió la causa constitucionalista de Venustiano Carranza, fue designado jefe
de operaciones en Veracruz y Michoacán y resultó herido en la batalla de Huejotitlán (1923).
Lázaro Cárdenas saltó a la política bajo la protección de otro militar revolucionario, el presidente Plutarco
Elías Calles. En 1928 fue elegido gobernador de Michoacán, cargo que aprovechó para realizar una
importante labor reformadora que acreditó su valía política en todo el país: creó numerosas escuelas,
impulsó el reparto de tierras y promovió las asociaciones sindicales y la democratización de la universidad.
Posteriormente fue ministro del Interior (1930-32) con Pascual Ortiz Rubio y ministro de la Guerra (1932-34).
En 1934 ganó las elecciones presidenciales, siempre bajo la protección de Calles, que seguía ejerciendo gran
influencia en la vida política mexicana; pero, una vez en el poder, Lázaro Cárdenas se emancipó de su tutela
y adoptó una línea política propia, más inclinada hacia la izquierda. Llegó incluso a expulsar del país a su
antiguo protector, que hubo de exiliarse en Estados Unidos (1936). Creó el Partido Revolucionario Mexicano
(antecedente del posterior PRI), en el cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas:
comunistas y socialistas, liberales radicales, la Confederación de Trabajadores Mexicanos y la Confederación
Nacional de Campesinos.
Bajo el lema «México para los mexicanos», Cárdenas llevó adelante una política de nacionalizaciones,
especialmente trascendente por lo que respecta al petróleo; ello le enfrentó con Estados Unidos y le obligó
a buscar compradores en Alemania. También se ocupó de proteger a la población indígena, impulsó la
reforma agraria, combatió el latifundismo, nacionalizó los ferrocarriles y estableció una enseñanza pública
laica, gratuita y obligatoria. En definitiva, todo un giro socializante del México posrevolucionario, que hay
que situar en el contexto de la depresión económica mundial de los años treinta y el New Deal de Franklin D.
Roosevelt en Estados Unidos.
De estas realizaciones debe destacarse su ambicioso programa de reforma agraria. El gobierno de Cárdenas
organizó el reparto de más de dieciocho millones de hectáreas entre los desposeídos mexicanos, casi el
doble de lo que todos los gobiernos de sus predecesores juntos habían llegado a distribuir. Pero la
distribución de tierras sin proporcionar los servicios de infraestructura necesarios conduce a una agricultura
de subsistencia en la que el campesino es capaz de alimentar a su familia, pero no de producir excedente
para el mercado. Para evitar los problemas del abastecimiento de las ciudades y del mercado de
exportación, Cárdenas recurrió a un sistema comunal genuinamente mexicano, el ejido. Los ejidos incluían a
cientos de familias a las que el Banco de Crédito Ejidal proporcionaba financiación, escuelas y hospitales.
Lázaro Cárdenas
Más polémica fue la implantación de una educación "socialista", término que quedó envuelto en la
indefinición; pero, aparte del problema ideológico, la educación se extendió por el país y llegó a sectores y a
amplias áreas rurales que nunca había alcanzado: en seis años se duplicó el número de escuelas. En la lucha
contra los fascismos, cuyo auge llevaría a la Segunda Guerra Mundial, fue significativa la acogida que
Cárdenas dispensó a los refugiados republicanos españoles que, perdida la Guerra Civil en 1939, huían del
régimen de Franco.
El sexenio de Cárdenas, en resumen, fue un periodo de estabilidad política que legó a la posteridad avances
significativos en materia de economía, educación y obras públicas. Cárdenas dejó la presidencia en 1940,
pero no la vida política, en la que siguió ejerciendo considerable influencia: promovió la candidatura de
Manuel Ávila Camacho, que le sucedió en el periodo 1940-1946, y él mismo aceptó el cargo de ministro de la
Guerra entre 1942 y 1945. También colaboró con el presidente Adolfo López Mateos (1958-1964).
Francisco I. Madero
Francisco I. Madero
Redactó entonces desde el exilio el Plan de San Luis, un programa político que incluía un llamamiento a
alzarse en armas contra el régimen dictatorial de Díaz el 20 de noviembre de 1910, fecha de inicio de la
Revolución mexicana. El triunfo revolucionario lo elevó a la presidencia (1911-1913), pero, incapaz de
contentar a los líderes agraristas radicales y presionado a la vez por los sectores conservadores y por los
Estados Unidos, acabó siendo traicionado y asesinado por Victoriano Huerta, uno de sus generales de
confianza. De este trágico modo terminaron los empeños reformadores de un hombre honesto; un final que,
por desgracia, no fue infrecuente en los turbulentos inicios de la Revolución.
Biografía
Miembro de una acaudalada familia de terratenientes e industriales, Francisco Ignacio Madero recibió una
esmerada educación en Francia y en Estados Unidos. A su regreso a México (1892), se estableció en San
Pedro de las Colonias y se hizo cargo de parte de la hacienda familiar, etapa en que se puso de manifiesto su
espíritu progresista y emprendedor: modernizó los sistemas de cultivo y de riego y se esforzó en mejorar la
situación de sus trabajadores. Aunque ya por aquellos años albergaba ideales democráticos y de reforma
social, así como una preocupación por las condiciones de vida de los campesinos, no empezó a participar
activamente en la vida política hasta muchos años después.
La larga dictadura paternalista de Porfirio Díaz (1876-1910) había supuesto la consolidación del principio del
orden frente al de las libertades públicas como instrumento para conseguir el desarrollo económico de
México. Benefactor de la oligarquía agraria y protector de los privilegios de la Iglesia y de las inversiones
anglosajonas, Porfirio Díaz se había eternizado en el poder gracias a la anulación del principio de no
reelección, recogido en la Constitución de 1857. El gobierno del dictador descansaba sobre una triple
alianza: hacienda, sacristía y cuartel, sectores en que se concentraba todo el poder y todas las tierras.
Francisco I. Madero
La estabilidad política y las mejoras económicas que logró Díaz, sin embargo, no
fueron a la par con la situación que vivía la mayoría de la población, que no se
beneficiaba por igual de las ventajas de la industrialización y del comercio. Los
desequilibrios sociales se agudizaron, y se extendió el deterioro de las condiciones de
vida entre el campesinado y el proletariado urbano. La inactividad del Parlamento
impidió la puesta en marcha de los cauces apropiados para corregir los desequilibrios.
En los últimos años del Porfiriato, el descontento no se limitaba a las clases más desfavorecidas; surgieron
voces críticas entre las mismas élites, se gestaron nuevos partidos políticos y aparecieron nuevos líderes,
entre ellos Francisco Madero. Hacia 1905, los abusos de poder del gobernador de Coahuila, Miguel
Cárdenas, determinaron el inicio de su activismo político: fundó el Partido Democrático Independiente y
empezó a exponer sus ideas en el rotativo El Demócrata.
De la elección a la Revolución
Pero un repentino cambio de opinión de Díaz, que volvió a postularse candidato, dio al traste con las
expectativas y causó gran indignación. Todo ello no hizo sino intensificar el activismo de Madero. En 1909
fundó el Centro Antirreeleccionista de México, al frente del cual difundió sus ideas por todo el país. En la
convención celebrada en abril de 1910, el Partido Nacional Antirreeleccionista designó a Madero candidato
a la presidencia. Temeroso de su popularidad, Porfirio Díaz ordenó el acoso a Madero, que fue detenido en
Monterrey el 7 de junio, en plena campaña electoral, y trasladado a San Luis Potosí; con su rival bajo libertad
vigilada, el Congreso reeligió a Díaz para un nuevo sexenio.
Para Madero, esta manifiesta imposibilidad de acceder al poder por la vía democrática evidenciaba que sólo
el levantamiento armado podía llevar a un verdadero cambio. En octubre de 1910, tras lograr eludir la
vigilancia, Francisco Madero huyó a Estados Unidos y, desde su exilio en San Antonio (Texas), hizo público el
programa político llamado Plan de San Luis (en alusión a San Luis Potosí, donde fue fechado el documento
pese a hallarse ya en el país vecino).
Madero denunció en aquel manifiesto los abusos de la dictadura y expuso, entre otros proyectos, la
intención de favorecer a los sectores agrarios restituyendo a los campesinos los terrenos que el porfirismo
les ha arrebatado arbitrariamente (Ley sobre terrenos baldíos de 1894). Se señaló el 20 de noviembre de
1910 como fecha del alzamiento, y, gracias a aquella apelación al apoyo rural, el campesinado terminaría
por responder al levantamiento en armas de manera unánime: era el inicio de la Revolución mexicana.
Entre los insurrectos figuraban, junto a otros caudillos locales, algunos de los líderes destinados a jugar un
papel trascendental en la Revolución: Pascual Orozco, Emiliano Zapata y Pancho Villa. Pese a los fracasos
iniciales, entre la redacción del manifiesto y el triunfo de Madero mediaron tan sólo seis meses. El desgaste
del sistema había convertido al ejército de Porfirio Díaz en una fuerza escasamente articulada y debilitada, y,
ante la impotencia del ejército y la incapacidad del Gobierno, la Revolución no tardó en extenderse por todo
México. La toma de Ciudad Juárez por los rebeldes, a fines de mayo de 1911, supuso la renuncia de Porfirio
Díaz y el fin de la dictadura. El 7 de junio Madero entró triunfalmente en la capital mexicana.
La presidencia de Madero
La destitución de Porfirio Díaz dejó el camino despejado para la formación de un sistema político
democrático que aspiraba a la puesta en marcha de sustanciales reformas sociales. Una vez formado el
gobierno provisional, Madero presentó su dimisión, a la espera de acceder al poder por la vía democrática.
El anterior ministro de Relaciones, Francisco León de la Barra, asumió mientras tanto la presidencia interina
del país.
Este gobierno de transición pronto hubo de hacer frente a las exigencias sobre la puesta en marcha
inmediata del Plan de San Luis: las tropas revolucionarias reclamaban la restitución efectiva de las tierras a
los campesinos como condición previa a la entrega de las armas. La tensión y el descontento forzaron la
convocatoria de elecciones. Los comicios, celebrados en octubre de 1911, permitieron que, al siguiente mes,
Francisco I. Madero accediera al poder al frente del recién creado Partido Constitucional Progresista.
En sus quince meses de gobierno, Francisco Madero quiso reconciliar a la Revolución con los restos del
antiguo régimen, pero la división del movimiento revolucionario pondría fin a sus planes. Aunque llegó a
establecer un régimen de libertades y de democracia parlamentaria, no lograría satisfacer las aspiraciones
de cambio social que latían en las masas revolucionarias. El principal problema de la nueva presidencia era la
descomposición del bloque social que la había conducido a la victoria: frente a la solidez del bloque
reaccionario, la alianza entre el campesinado y las clases urbanas iba perdiendo cohesión.
Madero promovió medidas para redistribuir la tierra, pero a los campesinos les parecieron demasiado tibias;
los sectores más radicales exigían expropiaciones. En otros ámbitos de la producción, como el textil y la
minería, se inició una campaña de huelgas para reclamar mejoras laborales. Entretanto, el gobierno de
Madero puso en marcha acciones para mejorar la atención sanitaria y educativa de la población, y aprobó la
reducción de la jornada laboral, que pasó de doce a diez horas. Intentó también racionalizar la recaudación
de impuestos y evitar el encarecimiento de los artículos de primera necesidad.
Pero, a la postre, los esfuerzos de Madero resultaron infructuosos. Desde el principio hubo de enfrentarse,
por un lado, a los líderes revolucionarios agraristas, descontentos con su tibieza reformista, y, por otro, a las
fuerzas contrarrevolucionarias conservadoras. Emiliano Zapata fue el primero en levantarse en armas contra
Madero. El llamado Plan de Ayala (redactado por Zapata el 25 de noviembre de 1911 en la Villa de Ayala)
acusaba a Madero de traidor, desconocía su autoridad y proponía como jefe de la Revolución a Pascual
Orozco o, en caso de que éste no aceptara, al propio Zapata. Pero lo más importante de aquel documento,
pieza clave de la ideología de la Revolución mexicana, era su contenido social: se establecía la reforma
agraria y la distribución de tierras como eje de la política e ideología revolucionarias.
Los zapatistas, en definitiva, se levantaron contra el gobierno porque Madero no había cumplido la promesa
de devolver las tierras comunales. Durante los doce meses siguientes, las fuerzas gubernamentales fueron
incapaces de sofocar completamente el levantamiento zapatista. Algunas mentes lúcidas, como Luis
Cabrera, comprendían que era necesario encontrar una solución jurídica a las demandas campesinas. En
diciembre de 1912, Cabrera elaboró una iniciativa de ley para una reforma agraria que no pudo concretarse.
A ello hubo de añadir diversas insurrecciones de signo contrarrevolucionario. Tan temprana como la de
Zapata fue la del general Bernardo Reyes, antiguo secretario de Guerra y Marina de Porfirio Díaz; aunque fue
pronto sofocada, nuevas rebeliones y pronunciamientos tomaron el relevo.
En medio de esta luchas fue ganando relevancia el general Victoriano Huerta; gozaba de la confianza de
Madero y había logrado derrotar a Pascual Orozco. Comandante de las fuerzas que debían defender al
gobierno, Huerta protagonizó una célebre e ignominiosa traición durante la llamada Decena Trágica,
nombre con que son conocidos los violentos sucesos acaecidos en la capital mexicana del 9 al 19 febrero de
1913; con el beneplácito de Estados Unidos, Victoriano Huerta depuso a Madero y mandó fusilarlo alegando
que había intentado escapar. De este modo Francisco I. Madero, que no había conseguido en vida mantener
unidos a los revolucionarios, se convirtió tras su muerte en un símbolo de la unidad de la Revolución contra
el usurpador Huerta
Vicente Guerrero
(Vicente Ramón Guerrero Saldaña; Tixtla, actual Guerrero, 1782 - Cuilapan, 1831) Militar y político
mexicano. Entre los valerosos patriotas que se adhirieron al levantamiento independentista del cura Hidalgo
(1810), la figura de Vicente Guerrero sobresale tanto por su firme lealtad y compromiso como por su
incansable tenacidad: cuando José María Morelos fue capturado y ejecutado en 1815, Guerrero le sucedió
como líder del movimiento y continuó luchando por una causa que ya todo el mundo daba por perdida.
Vicente Guerrero
Biografía
Vicente Guerrero
Morelos reconoció los méritos de Guerrero y le otorgó el grado de capitán, ordenándole instruirse en el
manejo de las armas, la fabricación de pólvora y las estrategias de guerra. Cuando el cura Hidalgo fue
detenido y ejecutado en julio de 1811, el liderazgo de la revuelta pasó a manos de Ignacio López Rayón y
José María Morelos. Siempre al servicio de Morelos, en 1812 tomó parte en la conquista de Oaxaca, y de
nuevo por su demostración continua de valor fue ascendido a teniente coronel.
Comisionado por Morelos para que reforzara la zona costera del sur, Vicente Guerrero conquistó Puerto
Escondido y Santa Cruz de Huatulco y participó en la toma de Acapulco. En 1814, Guerrero y su ejército
escoltaron a los miembros del Congreso a Tlacotepec para darles seguridad, y después fue enviado a la
mixteca como apoyo a las fuerzas insurgentes de Juan N. Rosáins y Ramón Sesma. Su táctica consistía en
ataques sorpresivos y rápidos, lo cual le dio gran fama por su efectividad.
En 1815, tras la aprehensión y fusilamiento de Morelos, Guerrero se replegó a la sierra del Sur. Al relevar a
Morelos en el liderazgo de la causa emancipadora, Guerrero se convirtió en la última cabeza visible de un
levantamiento que parecía ya definitivamente sofocado: los jefes insurgentes Rosáins y Sesma aceptaron el
indulto del gobierno; las tropas realistas controlaban ya casi todo el territorio mexicano. El virrey español
Juan Ruiz de Apodaca intentó coaccionar a Guerrero, valiéndose de su padre, para que también él aceptara
el indulto, pero se negó. En 1818 Guerrero, reconocido como general en jefe del ejército del Sur, mantenía
contacto con Pedro Ascencio, en la zona de Iguala y Taxco.
La independencia
Cuando aquella primera intentona independentista parecía agonizante, el inicio en España del trienio liberal
(1820-1823) dio un giro a la situación. Entre las élites coloniales empezaron a gestarse conspiraciones para
impedir la implantación de un régimen liberal. A finales de 1820 el coronel Agustín de Iturbide fue designado
por el virrey Apodaca para que pusiera fin a la insurgencia. Viendo que no podía derrotar fácilmente a
Guerrero y consciente de que las autoridades virreinales podían aceptar la independencia como modo de
preservar el régimen absolutista, Iturbide se pasó al bando insurgente y redactó el llamado Plan de Iguala
(1821), programa político integrado por una proclama de independencia y un plan para el establecimiento
de un Gobierno mexicano.
Con el apoyo de Guerrero, Iturbide avanzó al frente de su Ejército Trigarante hacia Ciudad de México,
ganando adhesiones en todas partes. En septiembre de 1821, Iturbide entró triunfalmente en la capital,
proclamó la independencia y se puso al frente de un gobierno provisional. Pero cuando, un año después,
Iturbide se coronó emperador de México, Guerrero tomó las armas para apoyar la sublevación republicana
del general Antonio López de Santa Anna. Iturbide cayó en 1823, y, tras un periodo constituyente, el
Congreso eligió como primer presidente de la República de México a Guadalupe Victoria (1824-1829), quien
incluyó en su primer gabinete a Vicente Guerrero como ministro de Guerra.
Vicente Guerrero
En la presidencia
El desmantelamiento en 1827 de una conspiración españolista supuso un triunfo para la logia yorkina, pero
pronto surgieron divisiones en el seno de la misma. Para la elección presidencial de septiembre de 1928, una
parte de sus miembros apoyaba la candidatura de Vicente Guerrero, mientras otra facción prefería la del
moderado Manuel Gómez Pedraza. Éste último resultó elegido, pero las irregularidades detectadas en el
proceso electoral y las rivalidades internas desencadenaron el levantamiento llamado de La Acordada,
dirigido en la capital por el propio Guerrero y apoyado por el general Santa Anna, que exigía la anulación de
las elecciones. Sometido a una fuerte presión, el Congreso acabó por destituir a Gómez Pedraza y proclamó
presidente constitucional a Guerrero.
El mandato de Vicente Guerrero sería muy breve: desde abril hasta diciembre de 1829. El nuevo presidente
quiso llevar a la práctica un programa de reformas radicales; la primera de ellas fue el tercer decreto para la
abolición de la esclavitud, que tendría efectos definitivos. Sin embargo, la gran mayoría de sus iniciativas
legislativas, ya fueran de tipo económico o de reforma social, resultaron inefectivas a causa de la grave
penuria en que se hallaban las arcas públicas.
En septiembre de 1829, para complicar más la situación, un ejército comandado por general Isidro Barradas
protagonizó el último intento de la monarquía española de recuperar su antigua colonia. El general Antonio
López de Santa Anna logró derrotar a los españoles, incrementando así todavía más su prestigio, y se unió al
vicepresidente Anastasio Bustamante para derrocar a Guerrero. De nuevo bajo presión, el Congreso declaró
a Guerrero incapacitado para el gobierno y nombró presidente a Anastasio Bustamante (1830-1832).
En un denodado intento de recuperar el poder, Vicente Guerrero emprendió una rebelión armada que
obtuvo resonantes éxitos, especialmente tras la derrota del ejército de Armijo en Texca. Para conjurar el
peligro que suponía Guerrero, Bustamante y su ministro de Guerra, José Antonio Facio, fraguaron una
traición. Éste último contrató los servicios de un mercenario genovés llamado Francisco Picaluga; en
Acapulco, Picaluga invitó a Guerrero a subir a bordo del bergantín El Colombo. Allí fue hecho preso y, tras ser
llevado a Oaxaca, se le sometió a un juicio sumarísimo y fue fusilado en Cuilapan el 14 de febrero de 1831.
Por su traición, Picaluga recibió del ministro de Guerra cincuenta mil pesos; en tal cantidad se tasó la valía de
un patriota que había dedicado veinte años de su vida a edificar una nación libre y justa. Sólo
póstumamente se reconocieron sus méritos y su papel trascendental en la emancipación del país y en la
fundación de la República: en 1833 fue declarado benemérito de la patria, y, en 1849, el recién creado
Estado de Guerrero recibió su nombre en su honor
Guadalupe Victoria
(Tamazula, Nueva Vizcaya, 1786 - San Carlos de Perote, Veracruz, 1843) Político y militar independentista
mexicano que fue el primer presidente de la República (1824-1829).
Guadalupe Victoria
Biografía
Guadalupe Victoria, cuyo verdadero nombre era José Miguel Ramón Adaucto
Fernández Félix, quedó huérfano a corta edad y creció bajo la protección de
su tío Agustín Fernández, por aquel entonces cura de su localidad natal,
Tamazula. Estudió en el Seminario de Durango y en el colegio de San
Ildefonso de México.
Fue por ello ascendido a coronel y se encargó de la campaña de Veracruz. Defendió los puertos de Nautla y
Boquillas de Piedras, aunque los realistas consiguieron recuperarlos más tarde. Guadalupe Victoria inició una
estrategia de guerra de guerrillas con ataques breves pero fulminantes; organizó además un gobierno en el
territorio que dominaba, fijó impuestos para el sostenimiento de la guerra, nombró jueces e impulsó los
preparativos para la creación de una fuerza marítima. Logró asediar y aislar las ciudades de Córdoba, Orizaba
y Jalapa.
Guadalupe Victoria
Cuando el movimiento insurgente declinó con la muerte de Morelos, Victoria continuó manteniendo viva la
causa; al igual que Vicente Guerrero, rechazó el indulto ofrecido por el virrey Juan Ruiz de Apodaca. A
principios de 1819 se ocultó, y reapareció en 1821 para apoyar el Plan de Iguala, suscrito entre Agustín de
Iturbide y Vicente Guerrero. Se entrevistó con Iturbide, con el que tendría diferencias: de ideario netamente
republicano, Guadalupe Victoria se opuso siempre al establecimiento de una monarquía imperial.
De la independencia a la presidencia
El Plan de Iguala logró amplísima adhesión y, al frente de su Ejército Trigarante, Iturbide entró en la capital
mexicana y puso fin a tres siglos de colonialismo español. Lograda así la independencia, un Congreso
Constituyente proclamó a Iturbide emperador del Imperio mexicano, que quedaba configurado como una
monarquía hereditaria, levantando ampollas tanto entre los borbónicos (partidarios de entregar el cetro a
un príncipe español) como entre los republicanos.
Durante su breve reinado como Agustín I de México (1822-1823), Iturbide hubo de hacer frente a la
sublevación republicana liderada por Antonio López de Santa Anna (diciembre de 1822), que obtuvo el
inmediato respaldo de otros militares, entre ellos Guadalupe Victoria. Cuando en 1823 Iturbide se vio
forzado a abdicar y partir al exilio, Guadalupe Victoria formó parte, junto con Pedro Celestino Negrete y
Nicolás Bravo, del triunvirato que ostentó el Supremo Poder Ejecutivo, designación que se dio al gobierno
provisional (1823-1824).
Durante su mandato decretó por segunda vez la abolición de la esclavitud, dio una amplia amnistía a los
presos de conciencia y respetó la libertad de prensa. Con la rendición de la fortaleza de San Juan de Ulúa
(1825), logró eliminar los últimos reductos del poderío español; dos años después decretó la expulsión de los
españoles, medida de doble filo que supondría el éxodo del capital de muchos comerciantes acaudalados.
En clave interna, la inicial unanimidad republicana dio paso a una lucha interna en los círculos del poder, que
se agruparon en torno a dos logias masónicas: la logia yorkina, de tendencia federalista y liberal, y la
escocesa, centralista y conservadora.
Aunque se hallaba más próximo a los yorkinos, Guadalupe Victoria adoptó uno posición conciliadora e
intentó apaciguar las disensiones. Todo fue en vano: en 1827 hubo de hacer frente a la rebelión de su propio
vicepresidente, Nicolás Bravo, uno de los principales líderes de la masonería escocesa. Victoria sofocó la
sublevación gracias al apoyo de Guerrero y Santa Anna, y conmutó a Bravo la pena capital por el destierro.
Con ello parecía imponerse la facción yorkina; sin embargo, hacia el final de su mandato, nuevas disensiones
fueron causa de un accidentado relevo presidencial. Manuel Gómez Pedraza fue elegido sucesor de Victoria,
pero no llegó a jurar el cargo; las sospechas de fraude y las rivalidades internas motivaron el Motín de la
Acordada (1828), que condujo a la elección de Vicente Guerrero como presidente (1829).
Guadalupe Victoria abandonó por unos años la vida pública y se retiró a su hacienda de Jobo en Veracruz.
Posteriormente fungió como senador por Durango y Veracruz de 1832 a 1834, y simultáneamente combatió
rebeliones en Veracruz y Oaxaca; más tarde sería investido gobernador interino de Puebla. En 1838 asumió
la comandancia general de Veracruz ante la amenaza de la guerra con Francia. En 1841 contrajo matrimonio
con María Antonia Bretón y Velázquez. Entretanto, un viejo padecimiento epiléptico había ido quebrantando
su salud; falleció dos años después.
Venustiano Carranza
(Cuatro Ciénegas, Coahuila, 1859 - Tlaxcalaltongo, Puebla, 1920) Político mexicano que lideró la etapa
constitucionalista de la Revolución. Venustiano Carranza logró aunar las voluntades de los distintos caudillos
revolucionarios frente a la dictadura contrarrevolucionaria del general Victoriano Huerta (1913-1914), pero,
tras una rápida victoria, hubo de enfrentarse a las reivindicaciones de los dos líderes agraristas que le habían
apoyado: Pancho Villa y Emiliano Zapata. Después de afianzar su posición, convocó un Congreso
Constituyente en Querétaro del que saldría la Constitución de 1917 y que le eligió como presidente de la
República (1917-1920), poniendo fin a la fase más desgarradora de la Revolución mexicana.
Venustiano Carranza
En 1913, el presidente Madero fue asesinado por sicarios de quien sería su sucesor en la presidencia:
Victoriano Huerta, que instauró una férrea dictadura militarista (1913-1914) de signo claramente
contrarrevolucionario. Poco después del asesinato de Madero, Venustiano Carranza proclamó el Plan de
Guadalupe (marzo de 1913), manifiesto a la nación en que negaba la autoridad del gobierno usurpador de
Victoriano Huerta y se nombraba a sí mismo Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. Su bandera política
era la obediencia a la Constitución y la restauración del orden alterado.
En su lucha contra Victoriano Huerta, Carranza recibió el apoyo de otros líderes revolucionarios. En el norte
contaba con la ayuda de Álvaro Obregón, Pablo González y Pancho Villa, mientras que en el sur otro
revolucionario, Emiliano Zapata, iniciaba una lucha independiente. En 1914, los Estados Unidos invadieron
México; Carranza estableció acuerdos con los estadounidenses para evitar la intromisión en la política
interna mexicana. Mientras tanto, los ejércitos constitucionalistas triunfaban en todos los frentes, obligando
a Victoriano Huerta a renunciar a la presidencia en julio de 1914.
Carranza entró victorioso en Ciudad de México; sin embargo, pronto surgieron diferencias entre los distintos
jefes revolucionarios. Para intentar paliarlas se convocó la Convención de Aguascalientes (octubre de 1914),
en la que se abrieron brechas irreconciliables, haciéndose insalvable la división en dos bandos: el
revolucionarismo agrario de Pancho Villa y Emiliano Zapata, que se negaron a disolver sus ejércitos y a
reconocer la autoridad de Carranza, y la tendencia moderada y legalista que encarnaba el mismo Carranza y
que contaba con el apoyo de Álvaro Obregón.
Venustiano Carranza
La retirada de Carranza a Veracruz dejó el camino libre a Villa y Zapata, que entraron en Ciudad de México e
instalaron en la presidencia primero a Eulalio Gutiérrez y luego a Roque González Garza. Pero entre abril y
junio de 1915, una serie de victorias de Álvaro Obregón forzaron a Pancho Villa a abandonar la ciudad y
permitieron a Venustiano Carranza regresar a la capital del país. Carranza convocó entonces un Congreso
Constituyente en Querétaro que elaboró la nueva Constitución de 1917 y le eligió como presidente
constitucional. Terminaba con ello la Revolución mexicana, o al menos su fase más convulsa.
La gestión de Carranza se caracterizó, en primer término, por los esfuerzos de pacificación del país, no del
todo infructuosos. Ni Zapata ni Villa habían depuesto las armas, pero vieron muy rebajado su poder; el
primero fue asesinado en 1919, y Villa no abandonó la lucha hasta 1920. Por otra parte, el gobierno de
Carranza emprendió la reconstrucción de las infraestructuras devastadas por la guerra, promovió la
reactivación de la economía e inició una tímida reforma agraria, con el reparto de doscientas mil hectáreas
de tierra. Pese a la avanzado de las ideas contenidas en la Constitución de 1917 que había impulsado,
Carranza terminó interpretándola en dirección claramente conservadora; reprimió las manifestaciones
obreras y acabó paralizando la reforma agraria. El asesinato de Zapata redujo todavía más su popularidad.
El sucesor natural de Carranza era el general Álvaro Obregón, pero, al aproximarse el relevo presidencial,
Carranza cambió de idea y designó a un civil. La reacción no se hizo esperar. En 1920, Álvaro Obregón y los
generales sonorenses Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta desconocieron, mediante el Plan de Agua
Prieta, la autoridad presidencial. Carranza se sintió amenazado y decidió trasladar el gobierno a Veracruz,
pero fue emboscado en Tlaxcalaltongo, Puebla, y asesinado. Le sucedió interinamente Adolfo de la Huerta y,
una vez celebradas las elecciones, Álvaro Obregón (1920-1924)
Cuauhtémoc
(Tenochtitlán, hoy Ciudad de México, 1496 - Yucatán, actual Honduras, 1525) Último emperador azteca,
llamado por los españoles Guatimocín. Sucesor de Moctezuma II y de Cuitláhuac, defendió tenazmente la
ciudad de Tenochtitlán, capital del Imperio azteca, del asedio de las tropas españolas al mando de Hernán
Cortés. La caída de la ciudad y la captura y posterior ejecución de Cuauhtémoc puso fin a una de las más
brillantes civilizaciones precolombinas.
Hijo del rey azteca Ahuízotl, quedó huérfano siendo todavía un niño y recibió una
educación aristocrática, como correspondía a un miembro de la realeza: adquirió
los conocimientos que lo preparaban para la vida adulta en un calmecac (centro
con funciones de colegio y monasterio). Contrajo matrimonio con Tecuichpo, una
de las hijas del entonces emperador Moctezuma II, que había sucedido a Ahuízotl
en el trono.
Cuauhtémoc, nombre que significa «águila que cae», fue un encarnizado enemigo
de los españoles, especialmente después de la matanza perpetrada en Tenochtitlán (el 23 de mayo de 1520)
por el lugarteniente de Hernán Cortés, Pedro de Alvarado. La brutal acción del capitán español provocó la
violenta reacción del pueblo azteca. Exasperados por la sumisión de Moctezuma II a los españoles, los
indígenas apedrearon a su propio emperador, que murió poco después, y sitiaron a los españoles; bajo la
dirección de Cortés, que había regresado a la ciudad, consiguieron huir de la capital azteca la noche del 30
de junio al 1 de julio, posteriormente llamada «Noche Triste».
Mientras Hernán Cortés y sus hombres, apoyados por los tlaxcaltecas, se preparaban para atacar de nuevo
Tenochtitlán, la corona azteca recayó en un hermano de Moctezuma II, Cuitláhuac. Pero Cuitláhuac falleció a
los pocos meses, víctima de la epidemia de viruela que, introducida por los españoles procedentes de Cuba,
causaba estragos en los aztecas. Tras su muerte, la nobleza designó como sucesor en el trono a
Cuauhtémoc, que se había distinguido por su arrojo contra los españoles. Había sido además cacique de
Tlatelolco y, pese a sus 24 años, contaba con una notable experiencia militar.
Rendición de Cuauhtémoc
Desgraciadamente, Cuauhtémoc no podía contar con el apoyo de las ciudades y comunidades hasta
entonces sometidas al dominio azteca, que Cortés había hábilmente atraído al bando español. Intentó ganar
para su causa a diversos grupos indígenas del valle, pero fracasó y quedó en una situación de extrema
debilidad. Ante la inminente ofensiva de los invasores, el nuevo emperador mandó construir fortificaciones y
organizó la defensa de Tenochtitlán.
Después de más de tres meses de sitio, los españoles lograron vencer la tenaz resistencia y arrasaron la
ciudad; sus habitantes recibieron un trato cruel y sus suntuosos templos y palacios, símbolos de su
civilización, fueron destruidos. Cuauhtémoc fue hecho prisionero el 13 de agosto de 1521, cuando intentaba
huir hacia Texcoco.
Desde entonces y hasta el momento de su muerte permaneció cautivo, siendo torturado para que revelase
el lugar donde se ocultaba el tesoro real. Finalmente, ante el temor de que organizara una nueva rebelión,
Cortés llevó consigo a Cuauhtémoc, junto a otros nobles aztecas, a una expedición al territorio de la actual
Honduras. Durante la misma, un tal Mexicalcingo acusó a Cuauhtémoc de haber participado en una
supuesta conspiración, y fue ahorcado junto con otros aztecas principales.
Natalia Serdán
Natalia Serdán nació el 29 de mayo de 1875 en la ciudad de Puebla, fue la segunda de los hermanos Serdán
Alatriste. Cuando contrajo matrimonio recibió de regalo de bodas, una casa ubicada en Portería de Santa
Clara número 4, en la ciudad de Puebla. (Actualmente el Museo de la Revolución Mexicana). Natalia rentó a
su hermano Aquiles, una habitación en la planta baja de la casa de la Portería de Santa Clara no. 4 para que
realizara sus labores como miembro activo del Partido Antirreleccionista. Por las noches acompañaba a su
hermana Carmen y a Natividad a pegar propaganda antirreeleccionista en las paredes de la ciudad. También
compraban provisiones para cuando estallara la revolución. Natalia no sólo fue el sostén de sus hermanos
en el lapso que se dedicaron a preparar el movimiento revolucionario, sino que facilitó su casa de la calle de
Portería de Santa Clara no. 4, lugar donde sucedieron los hechos históricos que aceleraron el estallido de la
revolución mexicana.
Natalia Serdán no permaneció junto a su familia el 18 de noviembre de 1910, durante el ataque a su casa
porque fue la encargada de salvar la vida de los dos hijos de Aquiles y de sus cinco hijos ayudada por Miguel
Rosales. Durante el ataque, Natalia pudo hacer un agujero en la pared de su recámara que la comunicó a
una casa contigua que en ese entonces era una camotería; por ese orificio logró sacar a sus hijos y a los de
su hermano Aquiles. Natalia, sus hijos y sus sobrinos pudieron escapar momentos antes del ataque de los
soldados del gobierno. Natalia pagó abogados para defender a su hermana Carmen y a su cuñada, esposa de
Aquiles quienes permanecieron en prisión por alterar el orden durante los hechos del 18 de noviembre en
Puebla, tiempo después quedaron en libertad.
(1824/07/02 - 1894/11/29)
Juan Nepomuceno Méndez nació el 2 de julio de 1824 en Tetela de Ocampo, Puebla, México.
Segundo hijo de José Mariano Méndez, comerciante y capitán revolucionario, y de María de Jesús Sánchez.
Empezó sus estudios de letras en la escuela de primera en 1830, los que continuó en el Colegio Carolino de
Puebla. Dejó su carrera para ayudar a su progenitor en los negocios familiares, así como en la fabricación de
velas, jabón y licores. Su padre le enseñó el oficio artesanal del oro y la plata a los 16 años, llegando a perder
la vista temporalmente por el uso excesivo de sustancias tóxicas.
Uno de los integrantes del grupo Los tres Juanes de la sierra Norte junto a Juan Crisóstomo Bonilla, y Juan
Francisco Lucas. Los tres líderes liberales de la sierra Norte de Puebla que vivieron y combatieron bajo un
mismo contexto ideológico.
Fue testigo de asistencia en el Juzgado de Paz (1845), funcionario de vigilancia de la Compañía
Lancasteriana de Tetela del Oro (1854), Gobernador del Estado de Puebla (1880) y Presidente de la
Suprema Corte de Justicia Militar (1884). Desempeñó una larga carrera militar, llegando a ser nombrado
general de división del Ejército Nacional.
El 6 de diciembre de 1876, Porfirio Díaz nombró a Juan Nepomuceno Méndez presidente interino,
acogiéndose al artículo 6° del Plan de Tuxtepec, proclamado por Díaz para derrocar a Sebastián Lerdo de
Tejada. Se mantuvo en el cargo hasta el 16 de enero de 1877, dejando el poder a Porfirio Díaz. Durante su
mandato decretó la educación primaria obligatoria, abolió la pena de muerte civil y los castigos corporales,
también organizó el Ejército Nacional y la Guardia Nacional.
Fue nombrado Ciudadano del Estado de México y Benemérito del Estado de Puebla.
Contrajo matrimonio con Trinidad González Castruera en 1843, cuyo matrimonio no era apoyado por su
padre. El 7 de febrero murió su esposa, cayendo Méndez en una profunda tristeza y alejándose de la vida
pública. En 1867 contrae segundas nupcias con Isabel Ortega.
Juan N. Méndez falleció el 29 de noviembre de 1894 en la Ciudad de México. Su cuerpo fue enterrado en la
Rotonda de las Personas Ilustres. Tras su muerte, se creó un municipio con su nombre en 1895, Zapotitlán
de Méndez. Su nombre fue inscrito con letras de oro en el salón de sesiones del Honorable Congreso
Constitucional del Estado de Puebla en 1961.
Cargos
Presidente de México
Predecesor
Porfirio Díaz
Sucesor
Porfirio Díaz
1880
1884
Los zacapoaxtlas, héroes de la
batalla de Puebla.
Investigador Histórico
Es la entrada a la sierra nororiental del estado de puebla, de gran importancia económica por la actividad
comercializadora de los productores y campesinos de toda la región. También es la cabecera del distrito 22.
Si bien existen pocas referencias arqueológicas, se sabe que en ésta región vivían pueblos nahua-
chichimecas con antecedentes totonacas. Al principio de nuestra era, casi todo el noreste del actual Estado
de Puebla pertenecía a la región del Totonacapan que para el siglo XII formaba parte del Chichimecatlalli, al
cual pertenecía el señorío de Tlatlauhquitepec, que comprendía Zacapoaxtla. Otras versiones indican que
para el año de 1270, el volcán Apaxtepec hizo erupción sepultando al pueblo de Xaltetelli, dando origen,
posiblemente a Zacapoaloyan, actualmente Zacapoaxtla. De cualquier forma, los pueblos que aquí residían
fueron sometidos por la Triple Alianza "Huey-Tlatocayotl", y adjudicados al señorío de Texcoco.
En 1524, después de la conquista, Tlatlauhquitepec (junto con Zacapoaxtla) quedó encomendado a Jacinto
Portillo, conquistador que después sería misionero minoritario de la Orden de San Francisco, conocido como
fray Cintos. Zacapoaxtla tendría su primera iglesia en 1576, muy rústica, bajo la advocación de san Pedro.
Más tarde sería sustituida por otra durante el transcurso de la primera mitad del siglo XVII.
Durante la Guerra de Independencia se reúnen forman tropas realistas que atacarían diversos puntos
defendidos por los insurgentes acaudillados por el General Francisco Osorno en mayo de 1815 los
zacapoaxtecos atacarían la casa y el rancho de Acatlán, propiedad del cura párroco insurgente José Antonio
Martínez de Segura, párroco de Tetela de Xonotla, donde se ocultaba don Carlos María de Bustamante.
El 3 de mayo de 1862 la 5a Compañía "Única" del Distrito de Zacapoaxtla de 26 elementos, comandada por
el Capitán José María Huidobro y su 2o en Jefe, el Capitán habilitado José Manuel Molina, se incorporan al
6o Batallón Guardia Nacional del Estado de Puebla, al mando de los ilustres liberales tetelenses Coronel Juan
N. Méndez, Teniente Coronel Pilar Rivera y Comandante Mayor de Batallón (Mayor de infantería) Tomás
Segura. En julio y en noviembre de 1862 el indígena cacique Cenobio Cantero oriundo de Atacpan se
pronuncia en favor de la Intervención Francesa en Tlatlauquitepec y Zacapoaxtla respectivamente.
A principios de 1863 se organiza el "Batallón Mixto de la Sierra", compuesto exclusivamente por individuos
provenientes de los Distritos de San Juan de los Llanos, Teziutlán y Zacapoaxtla, quedando al mando del
Coronel Eduardo Santín, participando en la defensa del Convento de Santa Inés el 25 de abril de 1863
durante en sitio de la Ciudad de Puebla.
Por este hecho de armas el 4 de diciembre de 1864 el General Fernando María Ortega, Gobernador y
Comandante Militar del Estado de Puebla, le concede a la Villa de Zacapoaxtla la categoría de Ciudad y el
título del 25 de abril, denominándose en lo sucesivo "Ciudad del 25 de abril"
Entre finales de 1863 y principios de 1864 se organiza el Batallón Guardia Móvil de la Imperial Zacapoaxtla,
al mando del Coronel Anastacio Roldán hermano del Coronel conservador Agustín Roldán, que asestará
duros golpes contra los milicianos republicanos de Tetela de Ocampo, Xochiapulco, además de los barrios de
Cuahuigtic (Ixtacamaxtitlán) y Las Lomas y Tetoxcac (Zacapoaxtla) continuando en esta situación hasta
septiembre de 1866 en que en virtud de las presiones republicanas, el Distrito de Zacapoaxtla es obligado
por la Jefatura Política y Comandancia Militar de la Línea de la Sierra Norte del Estado de Puebla, prescidida
por el General Juan N. Méndez a formar su Batallón de Guardia Nacional, quedando con la denominación de
"PRIMER BATALLÓN ACTIVO DE ZACAPOAXTLA", es hasta este momento que el Distrito de Zacapoaxtla
forma un batallón de Guardia Nacional y no antes, como erróneamente se ha venido utilizando.
El 5 de junio de 1868 la población de Zacapoaxtla se pronuncia en favor del movimiento acaudillado por el
General Juan Francisco Lucas, en represión al fraude electoral cometido contra el General Juan N. Méndez,
al imponer el gobierno federal al periodista Rafael J. García como Gobernador de la entidad, el "[Link] Batallón
Activo de Zacapoaxtla" al mando de los hermanos Arriaga (Francisco Javier, Mariano y Miguel) liderean el
movimiento. De igual forma el 20 de noviembre de 1869 el Coronel Francisco Javier Arriaga se subleva en
contra del gobierno de Benito Juárez, uniéndose al movimiento rebelde diversas poblaciones de la Sierra
Norte, hasta el 4 de junio de 1870 en que se firma la paz.
Durante la Revolución Mexicana el Coronel Miguel Arriaga quién había entablado amistad con Porfirio Díaz
entre 1885 - 1905 se une a los ideales de Francisco I. Madero, organizando el "[Link] Batallón de Cazadores de
Zacapoaxtña" tomando la plaza de Zacapoaxtla y destituyendo al entonces Jefe Político Pomposo Macip,
participando en diferentes combates de guerra durante la revolución, posteriormente, la población se divide
en constitucionalistas y huertistas, librando diferentes acciones militares en apoyo de los ideales
enarbolados por los pobladores de ambos bandos.
A partir de 1913 sobresale el Capitán 2o Tomás Molina Rosales, oriundo del barrio de Tetoxcac y nieto del
Coronel liberal José Manuel Molina, quién ocuparía los cargos de Jefe Político y Comandante Militar Interino
del Distrito de Zacapoaxtla en 1914-1915, Comandante Militar de la Plaza de Zacapoaxtla en 1917 y 1920,
además de Comandante Militar del Barrio de Tetoxcac y Jefe de los Armados del mismo barrio desde 1921 y
hasta 1929, participando en diversos hechos de armas durante sus 21 años de servicio hasta 1934 en que
solicitó su baja del Ejército Nacional.