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La Novia Verdadera: Cuento de Grimm

La historia cuenta la vida de una joven huérfana que es maltratada por su madrastra, quien le impone tareas imposibles de completar. Una anciana aparece y ayuda mágicamente a la joven a terminar las tareas, construyendo incluso un palacio. La madrastra muere al inspeccionar el palacio, dejando a la joven como dueña de sus bienes. La joven parte en busca de su prometido que no regresó.

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La Novia Verdadera: Cuento de Grimm

La historia cuenta la vida de una joven huérfana que es maltratada por su madrastra, quien le impone tareas imposibles de completar. Una anciana aparece y ayuda mágicamente a la joven a terminar las tareas, construyendo incluso un palacio. La madrastra muere al inspeccionar el palacio, dejando a la joven como dueña de sus bienes. La joven parte en busca de su prometido que no regresó.

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La novia verdadera

Érase una vez una muchacha joven y hermosa. Era manos! Pronto estuvieron listas las doce libras: y
muy pequeñita cuando quedó huérfana de madre, y su cuando la niña se despertó, encontróse con grandes
madrastra la trataba con suma dureza. La niña ponía montones blancos como nieve. Toda la habitación
toda su buena voluntad y todas sus fuerzas en estaba limpia y despejada, pero la vieja había
cualquier trabajo que le mandase la mujer, por duro desaparecido. La chiquilla dio gracias a Dios y
que fuese; pero ni aun así lograba satisfacer a la aguardó sentada y en silencio la llegada de la noche.
malvada; siempre se mostraba ésta descontenta, nunca Al entrar, la madrastra asombróse al ver la tarea
tenía bastante, y cuanto mayor era la diligencia de la terminada.
pequeña, más carga le imponía. Sólo pensaba en cómo - ¿Ves, lo que puede hacerse cuando se trabaja con
podría amargar la vida de la infeliz muchacha. aplicación? - le dijo -. Podías haber hecho más aún, en
Un día le dijo: lugar de permanecer aquí mano sobre mano -. Al salir,
- Ahí tienes doce libras de plumas; desbárbalas antes dijo: - Esta moza sirve para algo más que para comer
del anochecer; de lo contrario, recibirás una tanda de pan. Tendré que ponerle tareas más duras.
azotes. ¿Piensas que has de pasarte el día A la mañana siguiente llamó a la niña y le dijo:
holgazaneando? - Ahí tienes una cuchara; con ella me vaciarás el
La pobre niña se puso a trabajar; pero las lágrimas le estanque grande del lado del jardín, y si al anochecer
corrían por las mejillas, pues se daba cuenta de que no no has terminado, ya sabes lo que te espera.
podía terminar la tarea en un día. Colocaba ante sí un La muchachita tomó la cuchara y vio que estaba
montoncito de plumas, y, al menor movimiento que agujereada; pero aunque no lo hubiese estado, jamás
hacía o al más leve suspiro que daba, todas echaban a habría podido vaciar el estanque con ella. Púsose
volar y tenía que comenzar de nuevo. Desesperada, inmediatamente a la faena, arrodillada al borde del
apoyó los codos sobre la mesa y, ocultando la cara en agua, a la cual caían sus lágrimas, y vacía que vacía.
las manos, exclamó: Volvió a presentarse la buena vieja y, al conocer el
- ¡Dios mío! ¿No habrá nadie en el mundo que se motivo de su pesar, le dijo:
apiade de mí? - Cálmate, hijita mía, échate a dormir entre las matas,
Y he aquí que oyó una dulce voz que le decía: que yo haré el trabajo.
- Consuélate, hijita, que yo vengo a ayudarte. Cuando la mujer se quedó sola, tocó el agua con el
La niña alzó los ojos y vio a una anciana, que estaba dedo, y el líquido se elevó como vapor,
de pie a su lado. La mujer le cogió cariñosamente la confundiéndose con las nubes, y poco a poco fue
mano y le dijo: secándose el estanque. Cuando, por la tarde, se
- Confíame tu pena. despertó la niña y se acercó a la orilla, sólo vio los
Como le hablaba tan cordialmente, la muchachita le peces que coleteaban en el légamo. Fuese a la
contó su triste vida; cómo debía soportar carga tras madrastra, y le anunció que la tarea estaba lista.
carga, y no podía con los trabajos que le mandaban. - Rato ha que debiste terminar -, respondióle ésta,
- Si esta noche no he terminado estas plumas, mi pálida de rabia: y se puso a cavilar nuevos medios para
madrastra me pegará; me lo ha dicho y sé que cumplirá fastidiarla.
la promesa. A la tercera mañana dijo a la muchacha:
Y sus lágrimas volvieron a manar a raudales; pero la - Vas a construirme en la llanura un hermoso palacio,
vieja le dijo: y habrá de estar terminado al anochecer.
- Tranquilízate, hija mía; échate a descansar y yo me Asustada, exclamó la niña:
encargaré del trabajo. - ¿Cómo queréis que haga tal cosa?
La niña se tendió en la cama, y al poco rato se quedó - ¡No me repliques! - gritó la madrastra -. Si con una
dormida. La mujer se sentó a la mesa y se puso a cuchara agujereada eres capaz de vaciar un estanque,
desbarbar las plumas. ¡Era de ver cómo saltaban las también lo serás de edificar un palacio. Esta misma
barbas de los cañones, no bien las tocaban sus resecas noche quiero alojarme en él, y si falta el menor detalle

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en la cocina o la bodega, ya sabes lo que te aguarda -. defecto: pero todo era perfecto.
Y despachó a la chiquilla. - Ahora iremos al piso bajo - dijo a la muchacha,
Al llegar ésta al valle, encontróse con un caos de rocas echándole una mirada maligna -. Quedan por revisar la
amontonadas; por más que se esforzó no logró mover cocina y la bodega; y como te hayas olvidado de un
ni la más pequeña, por lo que se sentó a llorar, aunque solo detalle, no escaparás al castigo -. Pero el fuego
le quedaba la esperanza de que acudiera en su auxilio ardía en el hogar; en los pucheros se cocían las
la anciana. En efecto, la buena mujer no se hizo viandas; las tenazas y la pala se hallaban en su sitio, y
aguardar mucho rato; la tranquilizó de nuevo y le dijo: de las paredes colgaba la reluciente batería de latón.
- Tiéndete en la sombra, y duerme; lo haré yo. Y si te Nada faltaba: ni la carbonera, ni el cubo del agua-.
gusta, podrás vivir en él. ¿Dónde está la bodega? - preguntó -. ¡Como no esté
Cuando la niña se hubo marchado, la mujer tocó las bien provista de barriles de vino, vas a pasarla negra!
grises rocas, las cuales pusiéronse en movimiento, Levantó el escotillón y empezó a bajar la escalera;
alineándose y se acoplaron como si unos gigantes pero al segundo peldaño cayósele encima la pesada
hubiesen construido una muralla. Encima surgió el trampa, que sólo estaba entornada. La niña oyó un
edificio, y habríase dicho que innúmeras manos grito y apresuróse a levantar la madera para correr en
invisibles trabajaban colocando piedra sobre piedra. su auxilio; pero la mujer se había caído al fondo y
Retumbaba el suelo, y grandes columnas se levantaban estaba muerta.
por sí mismas y se colocaban en el debido orden. En el Así, la muchacha se encontró única dueña del
tejado, las tejas se disponían también de la manera magnífico palacio. Al principio no podía creer en tanta
debida, y, al mediodía, en el punto más alto de la torre dicha, pues los armarios estaban llenos de hermosos
giraba una gran veleta, en forma de una doncella de vestidos, y las arcas, de oro y plata, piedras preciosas y
oro, cuyas ropas ondeaban al viento. El interior del perlas, y no había deseo que no pudiera satisfacer.
palacio quedó listo al anochecer. Cómo se las compuso Pronto se extendió por el mundo la fama de su
la vieja, yo no sabría decirlo; lo cierto es que las hermosura y riqueza, y empezaron a presentarse
paredes de las salas estaban tapizadas de seda y pretendientes. Ninguno era de su agrado, hasta que
terciopelo; sillas multicolores se alineaban en torno a llegó un príncipe que supo conmover su corazón, y se
las habitaciones; primorosos sillones rodeaban mesas prometió a él. En el jardín del palacio había un verde
de mármol, y arañas de límpido cristal colgaban de los tilo, a cuya sombra solían sentarse los dos enamorados,
techos, reflejándose en los bruñidos pavimentos; y un día le dijo él:
verdes papagayos ocupaban jaulas doradas, y otras - Me marcho a casa a pedir el consentimiento de mi
aves exóticas cantaban deliciosamente; por doquier padre. Aguárdame bajo este tilo. Volveré dentro de
desplegábase una magnificencia digna de un rey. pocas horas.
Ocultábase el sol cuando se despertó la muchacha y La muchacha, dándole un beso en la mejilla izquierda,
vio relucir el brillo de mil lámparas. Corrió al palacio le recomendó:
y entró por la puerta abierta: la escalera estaba - Séme fiel y no dejes que nadie más te bese en esta
alfombrada en rojo, y en la dorada balaustrada mejilla. Te aguardaré bajo este tilo hasta que regreses.
aparecían floridos árboles. Al contemplar la belleza de Y la muchacha siguió sentada al pie del árbol hasta la
los salones, quedó extasiada. ¡Quién sabe el tiempo puesta del sol; mas el príncipe no regresó. Tres días
que habría permanecido allí, de no haberse acordado estuvo aguardándolo en vano, de la mañana a la noche.
de la madrastra! "¡Ay - se dijo -, si al menos se diese Y el cuarto día, al ver que no regresaba, dijo:
por satisfecha y no me atormentara más!". Y fue a - Seguramente le ha ocurrido alguna desgracia. Iré en
anunciarle que el palacio estaba terminado. su busca y no volveré hasta encontrarlo.
- Enseguida voy - respondió la mujer, levantándose. Y Envolvió tres de sus más bellos vestidos: uno, bordado
cuando llegó al edificio tuvo que ponerse la mano ante con brillantes estrellas; el segundo, con argénteas
los ojos, pues tanto resplandor la deslumbraba. lunas, y el tercero, con áureos soles, y, atando un
- ¿Ves - dijo a la muchacha - qué fácil ha sido? Debía puñado de piedras preciosas en un pañuelo, se puso en
mandarte una cosa más difícil. camino. Preguntaba en todos los lugares por su
Y recorrió todos los aposentos, escudriñando todos los prometido, pero nadie lo había visto ni sabía de él.
rincones por si faltaba algo o encontraba algún Recorrió gran parte del mundo, sin hallarlo. Al fin,

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colocóse como pastora en casa de un labrador, y que ni por un momento se acordó de su novia. Al
enterró sus ropas y piedras preciosas bajo una piedra. terminar la fiesta, desapareció la muchacha entre la
Y se puso a hacer vida de pastora, guardando los multitud y regresó al pueblo, donde se vistió
rebaños, siempre triste y pensando en su amado. Una nuevamente de pastora.
ternerita mansa acudía a comer en su mano, y cuando Ala noche siguiente púsose el vestido de las lunas de
ella decía: plata y se adornó el cabello con una diadema de
"Ternerilla, dobla la rodilla brillantes. Al presentarse en palacio, todas las miradas
y no olvides a tu pastorcilla, se concentraron en ella. El príncipe, embargado de
como el príncipe olvidó amor, corrió a saludarla, bailó toda la noche con ella y
a la doncella que bajo el tilo lo esperó", no hizo caso de ninguna otra. Antes de marcharse, la
El animal se echaba a sus pies y se dejaba acariciar. obligó a prometerle que la tercera noche no faltaría a la
Llevaba ya dos años en esta existencia solitaria y fiesta.
melancólica, cuando corrió por el país el rumor de que Cuando se presentó por tercera vez llevaba el vestido
la hija del Rey se disponía a celebrar su boda. El de estrellas, que centelleaban a cada paso, y la
camino de la ciudad pasaba por el pueblo donde diadema y el ceñidor eran estrellas de piedras
residía nuestra muchacha, y sucedió que un día en que preciosas. El príncipe llevaba larga rato aguardándola
estaba apacentando su manada, acertó a pasar por allí y se apresuró a salir a su encuentro.
su prometido. Iba montado a caballo, con porte - Dime quién eres - le preguntó -. Tengo la impresión
arrogante, y no la vio; pero ella reconoció al momento de que te conozco desde hace mucho tiempo.
a su amado. Parecióle que un agudo cuchillo le partía - ¿No sabes qué hice cuando te despediste de mí? -
el corazón. respondióle ella.
- ¡Ay! - exclamó -. Creía que me era fiel, pero me ha Y, acercándosele, lo besó en la mejilla izquierda. Y en
olvidado. el mismo momento parecióle al príncipe que se le caía
Al día siguiente, el príncipe recorrió el mismo camino. una venda de los ojos, y reconoció a su verdadera
Cuando lo tuvo cerca, dijo la moza a la ternera: prometida.
"Ternerilla, dobla la rodilla - Ven - le dijo -, no tengo por qué seguir aquí - y,
y no olvides a tu pastorcilla, tendiéndole la mano, la condujo al coche.
como el príncipe olvidó Como impelidos por el viento corrieron los caballos
a la doncella que bajo el tilo lo esperó", hasta llegar al palacio encantado, cuyas ventanas
Al oír él su voz, bajó la mirada y detuvo el caballo. brillaban ya desde muy lejos. Al pasar por delante del
Miró el rostro de la pastora y luego se llevó la mano a tilo, lo vieron invadido de innúmeras luciérnagas que,
la frente, como esforzándose por recordar algo; pero sacudiendo las ramas, esparcían sus aromas. En la
enseguida reemprendió la marcha y desapareció. escalera aparecían abiertas las flores, y de las
- ¡Ay! - suspiró ella -. Ni siquiera me conoce ya - y habitaciones llegaba el griterío de las aves exóticas;
sintióse mas triste que nunca. pero en la sala principal se hallaba reunida toda la
Anuncióse para muy pronto una gran fiesta en palacio; Corte, y el sacerdote aguardaba para bendecir la unión
debía durar tres días, y a ella fueron invitados todos los de los dos enamorados.
súbditos del Rey. "Haré el último intento", pensó la
muchacha; y, cuando llegó la primera noche, levantó la ***
piedra bajo la cual guardaba sus tesoros, sacó el
vestido de los soles de oro, se lo puso y se atavió con
las piedras preciosas. Soltándose la cabellera que
ocultaba bajo un pañuelo, desprendiéronse largos y
magníficos bucles. Entonces se encaminó a la ciudad,
y, como era noche cerrada, nadie la observó. Al
penetrar en la sala, espléndidamente iluminada, todos
los presentes le dejaron paso asombrados, sin que
nadie la reconociera. El hijo del Rey salió a recibirla,
bailó con ella y quedó tan prendado de su hermosura,

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