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Lecciones de la Parashat Sheminí

La parashá habla sobre el octavo día después de la construcción del Tabernáculo, cuando los hijos de Aharón, Nadav y Avihu, ofrecieron un fuego extraño y murieron. También cuenta la historia de un rabino que comió después de estudiar para recordar la importancia de la acción en el mundo material y no solo la espiritualidad.

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Lecciones de la Parashat Sheminí

La parashá habla sobre el octavo día después de la construcción del Tabernáculo, cuando los hijos de Aharón, Nadav y Avihu, ofrecieron un fuego extraño y murieron. También cuenta la historia de un rabino que comió después de estudiar para recordar la importancia de la acción en el mundo material y no solo la espiritualidad.

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Parashat Sheminí

En el judaísmo, el 7 simboliza la perfección, es un número místico, pero su equilibrio llama a


romperse. Ahí entra el 8 que es un número especial, nos habla de un nuevo inicio.
7 días la fiesta de Pesaj en Israel. Ya fuera de Egipto empieza el uso responsable de nuestra libertad. 7
Brajot en la Jupá: luego del noviazgo, arranca la vida real en pareja, el desafío de construir una vida
juntos. 7 días tiene la semana: la mística de empezar un nuevo ciclo es seguida por su segunda
semana con la misma rutina. 7 días de la Creación (¡el 7º día creó al Shabat!): en cada día, Hashem
tenía una tarea clara, todo estaba planificado paso por paso. Y cuando terminó ese primer Shabat,
¿Qué pasó al día siguiente?
Según el Midrash, fue en el 8º día que Adam y Javá comieron del fruto prohibido y fueron expulsados
del Gan Eden. Desde entonces, se transformaron en seres humanos reales, con todo lo que eso
implica. En el 8º día, todo cambió. Antes estaba todo definido, ahora empieza el juego de la verdad, el
mundo debe girar por sí mismo. 8 días del Brit Milá. Desde ahora, el niño llevará consigo la marca del
Pacto.
Y nuestra Parashá de hoy se llama justamente SHEMINÍ, que literalmente significa OCTAVO. Estos
últimos meses, vivimos la construcción del Mishkán, el Tabernáculo o Santuario en el desierto.
Recibimos todas las instrucciones de los sacrificios y las tareas de los Cohanim y Leviim. Todo muy
ordenado y planificado. Los Cohanim tuvieron 7 días de entrenamiento intensivo antes de inaugurar
el Mishkán. Hoy, la Torá nos habla de lo que pasó el Día 8º, el Iom HaSHEMINÍ. Ya está, se terminaron
las instrucciones, empezó el funcionamiento autónomo de nuestra vida judía en el desierto.
Y entonces ocurre algo trágico, que ha tenido muchas interpretaciones y todos muy disímiles entre sí.
Nuestra Parasha comienza diciendo: “Tomaron los hijos de Aharón, Nadav y Avihu sus Incensarios;
pusieron en estos, fuego y colocaron incienso sobre este, acercando ante D´s un fuego extraño, que Él
no había ordenado. Y salió un fuego de ante D´s, consumiéndolos y murieron delante de Hashem”.
La primera pregunta que surge de manera espontánea es, ¿Acaso hicieron algo tan malo para
terminar sus vidas de esta manera?
Y una de las exégesis de nuestros sabios, quizás la que más quisiera creer yo, es que ellos sentían una
pasión y un anhelo tan profundo por acercarse a la Divinidad que sus almas no pudieron permanecer
dentro de sus cuerpos, entonces el fuego, que siempre está en una actitud ascendente se los llevo. La
pasión desmedida los llevo a hacer algo, que como dice el pasuk “Asher lo Tziva otam” (Que no se les
había ordenado).
¿Y para qué, la Torah nos cuenta esta historia? Hay una pequeña historia jasídica que nos va a ser de
mucha ayuda.
El hijo del Maguid de Mezritch, Rav Abrahham, era conocido como Rab Abraham el Malaj (Ángel). Era
tan santo y puro como un ángel, dedicando todo su tiempo al estudio de la Torá y la plegaria. Comía,
bebía y dormía con mucha moderación ya que lo consideraba una pérdida de tiempo.
Una vez, luego de estudiar un concepto muy profundo de filosofía Jasídica junto a su compañero de
estudios, el Rab Shniur Zalman – el Baal Hatania- quedo estupefacto al ver a este último comer una
rosca con manteca después de haber terminado con el tema que los ocupaba. Al notar la perplejidad
de Rab Abraham frente a la indulgencia en una comida de lujo luego de acabar de terminar de
estudiar conceptos tan elevados, Rab Shniur Zalman, le explico a su compañero de estudio que
durante el estudio había sentido su alma tan apegada a lo que estaban aprendiendo que casi quería
abandonar el cuerpo. Por lo tanto, decidió comer la rosca para reconectar su neshama con su cuerpo
y recordarle que su propósito es permanecer aquí abajo en este mundo.
No vinimos a este mundo para ser ángeles. Pero en pocas palabras nos dice: La intención en el estudio
de la Torah y la plegaria es un paso necesario para llevarnos a la acción. No podemos aferrarnos
apasionadamente,” Solo” a rezar y a estudiar.
La Tefilah y el estudio son el vehículo para direccionarnos a la acción correcta, recién cuando
terminemos de realizar el acto, habremos de cerrado el circulo. Claro que no se termina ahí ya que
nuestros maestros nos dicen siempre, que una buena acción nos lleva a otra buena acción y así
sucesivamente.
Como muchas veces decimos, venir al templo rezar y estudiar está buenísimo. Pero ¿qué hacemos
cuando cruzamos el umbral de la sinagoga y salimos a la calle con toda la espiritualidad que
acumulamos dentro? Los monjes tibetanos se colocan una toga naranja suben al monte, se alejan de
todo y meditan allá arriba. La verdad debe ser un ejercicio interesante, pero no tiene nada que ver
con la vida real. ¿Qué le reclamaba el pueblo a Moshe cuando subia al monte? Lo querían abajo con
ellos, liderándolos para la acción.
Es por eso mis queridos amigos, que la parashá de esta semana nos invita a la acción en este mundo
material, usemos el GPS de la Torah para llevar a buen puerto nuestras acciones. No es casualidad
que la Torah, después de relatarnos lo acontecido con los hijos de Aharon, nos va a detallar cuales son
los animales que podemos usar para nuestra dieta diaria. La comida no es santa, nosotros le damos
santidad al momento de la comida. Simplemente haciendo una bendición antes y otra después de
cada comida, hace que convirtamos un acto instintivo en un acto sagrado.
Hagamos, como nos enseña el gran rabino de Liadi, busquemos un compañero para estudiar Torah,
que es muy bueno y hace muy bien, pero no nos olvidemos que todo lo que aprendemos, es para
cerrarlo con una buena acción.
Y para eso tenemos a nuestra Kehila, para estudiar y para poder desarrollar nuestra acción como
judíos, deportes, bailes, actividades, acciones sociales, ir a la plaza este domingo, en fin, como para
poder canalizar todo lo que nos llevamos aprendido.
Nadav y Avihu no hicieron nada malo, pero sólo el exceso de pasión los dejo a mitad del camino.

Shabat Shalom

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