Devociones Marianas
Huacas, Montañas y Vírgenes
La identificación de María con su monte, sea este de Potosí, Pucarani o Sabaya, es simultánea a su
identificación con la Madre Tierra. María sustituye a los espíritus de las montañas identificándose con la tierra,
que es materia con que están hechas. (Gisbert, 1994:20)
En América colonial la Virgen se manifiesta de muchos modos y está relacionada con
deidades preexistentes en todo el territorio americano. La manera como muchas
comunidades escondieron a sus diosas detrás de la Virgen deja ver el complejo proceso de
conquista y evangelización.
Uno de los resultados pictóricos más interesantes y ricos dentro de la pintura colonial son las
Vírgenes Triangulares. En estas representaciones las Vírgenes son relacionadas con las
montañas - huacas prehispánicas- razón por la que cambian sus atributos para relacionarse
con las diosas o dioses a los que sustituyen transformando así el culto prehispánico en uno
católico. Estas Vírgenes reciben el nombre del lugar donde “aparecieron” llenando el vacío
dejado por las huacas: Virgen de Sabaya, Virgen de Pomata, Virgen de Cocharcas…
Estas imágenes aprovechan los recursos propios del barroco para convencer, tocar las fibras
más sensibles de los devotos, así como transmitir y mantener vivo el culto de antiguos
ancestros.
Virgen de la Candelaria
La advocación mariana de la Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria tuvo
su origen en Tenerife (España). La tradición canaria cuenta que la Virgen apareció en lo alto
de una roca en un barranco, en 1392, a unos pastores guanches (indígenas de la
zona).(Orellana, 2015:96)
Como las Canarias eran una parada obligatoria en el camino hacia el Nuevo Mundo, muchas
costumbres así como la veneración a la Virgen de la Candelaria, llegaron a los Andes.
Autores como Juan Orellana (2015) o Felipa Huanca Yupanqui y Saturnina Quispe Choque
(2004) sugieren que fueron los jesuitas quienes trajeron la advocación a la Virgen de la
Candelaria a los Andres. Sin embargo, en el caso específico del culto a la Virgen de la
Candelaria, conocida como Virgen de Copacabana, fueron los agustinos los más importantes
difusores de los milagros de la Virgen, en específico a través de las crónicas de los frailes
Alonso Ramos Gavilán (1621) y Antonio de la Calancha (1653).
Iconográficamente, la Virgen de la Candelaria se presenta sólo como una mujer, con un niño
en brazos -generalmente el izquierdo-, una canasta con dos palomas o tórtolas y una vela
encendida, ambos elementos en el brazo derecho. Es justamente de la vela que deriva su
nombre, la candela o luz que guía por el buen camino y la redención.
En Charcas, la Virgen de la Candelaria fue entronizada en Copacabana, sobre el ídolo del
mismo nombre descrito por Ramos Gavilán como una “piedra azul vistosa y no tenia mas de
la figura de un rostro humano, destroncado de pies y manos...miraba este Ídolo hacia el
templo del Sol” (Ramos Gavilán, [1621] 1976:160-161).
De acuerdo con Querejazu (2023) la escultura de la Virgen de Copacabana, fue creada por
Francisco Tito Yupanqui (1550-1616), en colaboración con sus hermanos, en Potosí y
terminada en La Paz, en el año de 1582. La imagen fue entronizada en febrero de 1583 como
imagen de la Cofradía de la Candelaria, misma que fue fundada por miembros del linaje
noble de los incas.
Fueron los fundadores de esta cofradía los que encargaron a Francisco Tito Yupanqui y Felipe
de León la elaboración de la imagen, razón por la que Tito Yupanqui viaja a Potosí en 1582
para aprender el oficio. Para ello es aceptado en el taller de un tal Diego Ortiz los prototipos,
o modelos, que utiliza Tito Yupanqui en Potosí para hacer su imagen. (Querejazu, 2023: 115).
Querejazu, siguiendo a los esposos José de Mesa y Teresa Gisbert, quienes señalan que el
artista había elegido a la Virgen de la Candelaria de la iglesia de Santo Domingo como
modelo. Sin embargo, de acuerdo con Arzáns en el templo de Santo Domingo–que en 1582
estaba todavía en construcción–existía una imagen de la Virgen del Rosario traída de España
sin dar referencia alguna a la Virgen de la Candelaria. La autora no descarta la existencia de
una segunda virgen en el templo, a pesar de ello y “a partir de una apreciación estilística
encuentra que la imagen de la Virgen del Rosario, que se halla en el altar mayor, es la que
con mayor probabilidad sirvió de modelo a Tito Yupanqui. Por lo que muy posiblemente
nuestro artista tomó esta escultura como prototipo y, con ayuda de la estampa que dice
tener, completa los atributos iconográficos correspondientes a la Candelaria” (Querejazu,
2023: 117-118).
De esta manera, la Virgen del Rosario al parecer fue el modelo para la elaboración de la
Virgen de la Candelaria, convertida posteriormente como Virgen de Copacabana al “tomar”
el lugar de la huaca o ídolo de Copacabana.
Las historias de los milagros de la Virgen de Copacabana se extienden y hacen famosas en
varias regiones, por lo que Francisco Tito Yupanqui realizó más imágenes, “copias de la
original”, para diferentes comitentes que salieron a varios pueblos: Pucarani, Huarina,
Cocharcas, Humahuaca y “otra más que se quedó en el mismo templo del pueblo de
Copacabana” (Querejazu, 2023: 119-120).
Virgen de Sabaya
Tal como señala Gisbert (1994) al sur de la región de Carangas, en el actual departamento de
Oruro, se veneraba al cerro Sabaya. Un volcán apagado que, se recuerda estuvo activo.
Históricamente, se sabe que, en el siglo XVII el pueblo edificado a los pies del Sabaya
desapareció. Este dato no es menor, pues a partir de él se puede entender la entronización
de la Virgen de Sabaya a partir de las leyendas del origen del pueblo de Sabaya recolectadas
por Gisbert. De acuerdo a esta autora, la leyenda relata que, tras la destrucción del pueblo
debido al retraso de Sabaya en llegar a la misa y una maldición lanzada por éste, apareció la
Virgen de Copacabana en forma de fuego celestial en el lugar, específicamente en el cerro
Pumiri, donde se veneraba una piedra azul con dos aparentes huellas de pies que llaman en
aymara Mammitan saty´apa (donde la virgen se paró). La tradición dice que la aparición de
la Virgen causó la repoblación de Sabaya. La aparición de la Virgen sobre el cerro de Pumiri
en forma de fuego evidencia la presencia activa de los volcanes. “El relato muestra, cómo
sobre muy débiles bases prehispánicas, se construye una leyenda cristianizada alegorizando
hechos históricos virreinales” (Gisbert, 1944:24)
Fueron los agustinos quienes entronizaron a la Virgen de la Candelaria en Sabaya, para
sustituir el culto del volcán. No fue hasta el siglo XVIII que el santuario cobró importancia,
misma que se refleja en la pintura realizada hacia 1736 por el pintor potosino, Luis Niño,
quien además talló la imagen que es parte de la iglesia de Sabaya
Los dos lienzos conocidos de la Virgen de Sabaya tienen la iconografía habitual de la
Candelaria con el niño,amplio manto triangular y corona en la cabeza. Asimismo el lienzo de
Luis Niño cuenta con una cartela que dice “Retrato de la Milagrosa Ymagen de Ntra Sra de
Sabaya de la Provincia de Carangas, una de las que embió el Sr. Emperador Carlos Quinto
desde Roma en el descubrimiento de estos Reynos. De cuias portentosas maravillas
participan todas las que se le encomiendan.” Es importante destacar que es el artista el que
insiste en que se trata de un retrato, por lo que la imagen “toma y posee” para sí las
características milagrosas de la original.
Otra característica es la reproducción de la arquitectura del retablo, hornacina y columnas
salomónicas, que rodean la imagen mariana: cubiertas de pan de oro, al igual que las
coronas, joyas, canastilla, candela, bastón de mando y pendientes. Asimismo resalta el
detalle del vestido (encajes) de la Virgen. Mientras la media luna, la peana y los detalles del
brocado del manto ostentan pan de plata. La imagen en definitiva tiene el propósito de
crear un efecto de realidad.
Virgen de Cocharcas
De las copias realizadas por Tito Yupanqui de la Virgen de la Candelaria - convertida en
Copacabana - la más famosa es la imagen llevada a Cocharcas, a su vez, convertida en la
Virgen de Cocharcas, hecho que ocurre cuando la copia de la imagen original, realizada por
Tito Yupanqui, es trasladada por el indígena Sebastián Quimichi, natural del pueblo de San
Pedro de Cocharcas, quien, buscando el alivio para su mano inutilizada por un accidente, se
dirigió en romería hasta el santuario de Copacabana. Ya en el camino fue bendecido con la
sanación milagrosa de su mano lo que lo convenció más aún de llegar al santuario. En torno
a esta imagen, también milagrosa, surgió la tradición de pintar sus milagros en lienzos que
retratan la escultura rodeada de escenas de milagros, en una iconografía única de esta
Virgen (Querejazu, 2023:120)
De la misma forma que en el caso de Copacabana, la advocación adquiere el denominativo
topográfico de "Cocharcas”. Ángela Pacheco (2020) señala que las referencias históricas y
arqueológicas, así como las prospecciones realizadas por la Dirección Desconcentrada de
Cultura Cusco en la zona evidenciaron la existencia de un camino prehispánico el cual
interconecta centros ceremoniales entre sí, evidencias claras de que se trata de una zona
sagrada durante el periodo prehispánico.
Ya los primeros misioneros llegados a la zona de Cocharcas entronizaron como patrono a San
Pedro, pero los indígenas continuaban aferrados a su antiguo culto, por lo que los jesuitas
vieron por conveniente apoyar el culto y entronización de la Virgen de Cocharcas.
Iconográficamente la virgen, además de una vela, sostiene un ramo de rosas o de amancay,
la corona de la virgen y del niño confirman su poder real. En la representación se muestra a
la virgen en el centro dentro de un baldaquino, un altar con cuatro columnas, todo coronado
por ángeles que sostienen filacterias, resaltando además la proporción de la virgen frente a
los demás personajes presentes en la imagen. La vestimenta de la virgen se encuentra
decorada con joyas, perlas y flores.
El paisaje circundante tiene varias escenas que mezclan la vida cotidiana colonial con el
paisaje andino, en el que resaltan las montañas, a la izquierda un largo camino que recorre
algunas casas con distintos personajes que inician su peregrinaje al santuario de Cocharcas,
en la parte inferior aparecen algunos demonios que pretenden jalar a los peregrinos a las
profundidades del Río Pampas. A los pies del altar se encuentran representados autoridades
eclesiásticas y civiles que son anunciados por el toque de trompetas tocadas por
afrodescendientes. A la derecha se encuentra el camino que lleva al centro del pueblo
donde resaltan religiosos y fieles que parecen celebrar la fiesta.
Virgen del Rosario
La devoción y difusión de la Virgen del Rosario en América está estrechamente relacionada
con la Orden Dominica.
La leyenda ubica el origen de esta devoción en la aparición de la Virgen a Santo Domingo de
Guzmán en 1208, a quien le entregó y enseñó a rezar el rosario, convirtiendo este objeto en
uno de los símbolos de los dominicos, junto al culto de la Virgen del Rosario. A partir de
entonces, se difundió el culto al rosario y su rezo, una de las formas de oración más
tradicionales.
Los tipos de representación de la Virgen del Rosario obedecen a un mismo patrón y tienen
elementos que varían el tipo temático vinculados a aspectos iconográficos diferentes. La
imagen tradicional corresponde a una imagen de María que, como atributo iconográfico,
sostiene al Niño Jesús y, por lo general, ambos tienen un rosario en sus manos. Sobre este
modelo básico comienzan los cambios de composición, como sucede en América, pues
como sabemos durante el proceso de conquista y evangelización el rosario cumplió una
función evangelizadora importante al difundir los misterios del cristianismo, fortaleciendo la
fe a través de una oración basada en la repetición de letanías y plegarias repetitivas, por lo
tanto de fácil acceso en una sociedad poco letrada. (Borja, 2021)
En América, la devoción se difundió con mucha fuerza en los Andes, con especial énfasis en
la Audiencia de Charcas, Nueva Granada y Brasil, llegando a aparecer variadas devociones y
advocaciones. Por ejemplo en Nueva Granada tenemos a la Virgen de Chiquinquirá, un
lienzo, que, según su relato hagiográfico, se renovó milagrosamente en 1567; el “prodigio”
ocurrió en una región en la que tradicionalmente se rendía culto indígena a las deidades
femeninas, caso similar a lo que representó en Nueva España con la Virgen de Guadalupe,
cuya aparición se llevó a cabo en el cerro del Tepeyac, en el mismo lugar donde los indígenas
le rendían culto a la diosa Tonatzin. Igualmente, una virgen española reinterpretada por los
indígenas. (Borja, 2021)
Virgen de Pomata
La iconografía de la Virgen de Pomata tuvo gran culto en la región andina central y, pese a
que no se sabe exactamente cuándo fue creada, se considera que fue introducida por la
orden dominica hacia la segunda mitad del siglo XVI en el pueblo de este nombre cerca a
Copacabana, en la ribera sudoeste del lago Titicaca. De acuerdo con Margarita Gentile, es
posible que la Virgen de Pomata haya reemplazado a una antigua divinidad prehispánica, el
topónimo indica que ésta sería “la madre de todos los tigres” (Gentile, 2012: 1152).
La pintura tiene como base la escultura de la Virgen ubicada en la iglesia de Santiago de
Pomata, conocida por ser una escultura milagrosa que obraba cuando sus devotos la
invocaban utilizando medallas o estampas que la representaban. Su carácter milagroso dio
pie a que se reprodujeran muchas imágenes que hacen referencia a esta advocación entre
los siglos XVII y XVIII sobre todo en la región del Cuzco, desde donde fue ampliamente
difundida en la zona andina, convirtiéndose en una de las vírgenes más populares de la
región.
La iconografía de esta advocación se inspira en la de la Virgen del Rosario, en la que María
carga al Niño en uno de sus brazos, mientras sostiene un rosario en otra mano. A este
esquema tradicional se incorporaron diversos elementos de naturaleza indígena, entre ellos
el cabello largo y crespo de la Virgen y la corona de plumas, elemento de uso común entre
las mujeres de la nobleza incaica. Además, la forma triangular del vestido evoca una
montaña. Resaltan también los cortinajes y las flores que rodean la figura de María, mientras
que el vestido se encuentra ricamente decorado por ristras de perlas y moños. En algunas
versiones la Virgen lleva flores en la mano, en otras sostiene la “S” y el clavo, símbolo del
esclavo. De acuerdo a Gisbert (2017), los dominicos tenían a su cargo las cofradías de
negros, generalmente asimiladas a la devoción del Rosario, por lo que su patronato se
extendió entre indígenas, africanos y su descendencia. “La de Pomata es, sin duda, la Virgen
americana por excelencia con su tocado de plumas indias y su protección a los nativos y los
esclavos” (Gisbert, 2017: 131).
De acuerdo con la misma autora, otra característica indígena de la virgen es el parasol,
dándole así el tratamiento propio de una coya. En tanto la imagen de Jesús se adorna con las
insignias del rey inca. (Gisbert, 2017: 132).
Virgen de Guadalupe
La Virgen de Guadalupe es una de las imágenes más complejas en significados y contexto de
cuantas se produjeron en la América colonial. De origen extremeño, la devoción a Virgen de
Guadalupe fue adoptada en Nueva Granada, Charcas y Perú, entre otros, quizá sin tanta
fuerza como en Nueva España, pero sí presente como virgen mestiza y morena. La Virgen de
Guadalupe es, entonces, una de las manifestaciones de la cultura indígena, mestiza y criolla
de los siglos coloniales.
Históricamente, la aparición de la Virgen de Guadalupe, es una de las primeras apariciones
registradas históricamente de una virgen en territorio americano. El hecho, documentado
levemente en su época, fue fortalecido a partir del siglo XVII, ocurrió según la tradición en
1531 (Lafaye, 1985: 328), 10 años después de la conquista de Tenochtitlan (1521).
De acuerdo a la leyenda, la Virgen apareció ante un indígena, en el monte Tepeyac donde se
rendía culto a la diosa prehispánica Tonatzin.
Independiente del culto y la fe suscitada por la aparición, para la investigación reciente se
trata de un caso, como muchos otros en la América colonial, de traslapo de un conjunto de
valores y prácticas indígenas prehispánicas en una figura de una nueva religión recién
impuesta, en este caso, sobre la Virgen Morena extremeña de Guadalupe. (Borja, 2021)
Ricard (1995) ve que detrás de la adaptación de la Virgen de Guadalupe se encuentran,
como contexto, las dificultades del proceso de evangelización, que generó fuerte resistencia
indígena (Ricard, 1995: 387).
En el caso específico de Charcas, la Virgen de Guadalupe es visualmente muy parecida a la
de Extremadura, en especial la representación de la virgen morena. En estas imágenes se ve
a la Virgen entronizada con el Niño Jesús en el regazo. La “Morenita” descansa sobre una
peana rodeada por ángeles, vestida con un manto de forma triangular exquisitamente
adornado.
En el caso específico de la Virgen de Guadalupe de la ciudad de La Plata (hoy Sucre) la
imagen fue realizada por fray Diego de Ocaña, quien ya había pintado un lienzo de esta
virgen para el convento de San Francisco. De acuerdo con Querejazu, Ocaña no tenía
intención de ir a la Plata, pero el encuentro en Potosí con el obispo Alonso Ramlrez de
Vergara - invitado a las fiestas que se celebraban en honor de la Virgen de Guadalupe
realizada por Ocaña- fue decisivo para cambiar el rumbo de su itinerario. En su encuentro
en Potosí, Ramírez de Vergara pide a fray Ocaña una imagen de la Virgen de Guadalupe para
la capilla que el Obispo había mandado a construir. Ocaña accede a la solicitud. Finalizada su
obra, los devotos de La Plata “cosieron” sobre el lienzo joyas de oro, perlas y piedras
preciosas.
Virgen de Guápulo
Nacida de la devoción a la Virgen de Guadalupe, traída por los conquistadores españoles, se
construyó la iglesia de Guápulo en la Audiencia de Quito, actual Ecuador.
La Virgen de Guápulo es una de las cuatro advocaciones que se desarrollaron en la Real
Audiencia de Quito: Guápulo, Quinche Cisne y Agua Santa. Guápulo fue la advocación más
fuerte, hasta mediados del siglo, cuando la Virgen del Quinche se convierte en la principal
advocación mariana de la Audiencia de Quito.
Para llegar a la iglesia de Guápulo se debe recorrer la vía empedrada conocida como el
Camino de los Conquistadores, que fue utilizada por Francisco de Orellana en 1542 como
ruta que le llevó a descubrir el río Amazonas.
Cabe anotar que los mayores santuarios en Ecuador fueron colocados en las bocas de
montañas que dan acceso a la Amazonía.
Guápulo constituyó un espacio estratégico y significativo por ser una de las entradas a la
ciudad, especialmente de grupos que llegaban de la Amazonía o del Valle de Tumbaco con
productos para comerciar, famoso por su Santuario que le otorgó al sector importancia
devocional.
Según la leyenda que da cuenta de la aparición de la virgen, el significado del nombre
Guápulo se relaciona con un lugar sagrado. Se dice que en 1696 aquí se dio una aparición de
la Virgen María, que según los muchos que la vieron y transmitieron el evento de generación
en generación, la imagen se presentó posada sobre una nube en medio de las dos colinas,
sobre la hondonada de Guápulo y el camino a las tierras bajas o valles del sol (Tumbaco,
Cumbayá, Yaruquí y otros), es decir, en un espacio históricamente habitado por indígenas.
(Andino, 1997:5)
El territorio de Guápulo, siglos antes a la conquista incaica estuvo habitado por los Chibchas
y otras civilizaciones. Evidencias arqueológicas encontradas señalan que en el territorio,
además de la existencia en el sector más de dos civilizaciones, este era un lugar destinado al
culto, en este sentido la entronización de la Virgen fue de gran ayuda en la evangelización de
los indígenas.
Las referencias históricas indican que el Cabildo de Quito, en 1787, pidió a la Real Audiencia,
se instituya una fiesta perpetua en honor de la Virgen de Guápulo. Asimismo, durante la
colonia Nuestra Señora de Guadalupe de Guápulo, a veces sola y otras acompañada de la
Virgen del Quinche, se movilizaban al centro del poder político y religioso de la Real
Audiencia, donde se ubica la Catedral de Quito, a fin de hacerle rogativas por sucesos
relacionados a la naturaleza, terremotos, sequías, inundaciones e inclusive eventos políticos.
(Moscoso, 2020)