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Este dossier presenta una selección de artículos académicos sobre el humor y la política en el Cono Sur entre 1970 y 2020. Incluye un análisis de caricaturas de Salvador Allende bajo su gobierno en Chile y caricaturas políticas durante la dictadura militar en Argentina. También presenta un estudio sobre el personaje de cómic Bob Cuspe en Brasil.

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Este dossier presenta una selección de artículos académicos sobre el humor y la política en el Cono Sur entre 1970 y 2020. Incluye un análisis de caricaturas de Salvador Allende bajo su gobierno en Chile y caricaturas políticas durante la dictadura militar en Argentina. También presenta un estudio sobre el personaje de cómic Bob Cuspe en Brasil.

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Dossier | Humor y política en

el Cono sur, 1970-2020


ISSN sección Dossier 2618-415x

Dossier | Humor y política en el Cono sur,


1970-2020

Mara Burkart (CONICET – TAREA IIPC / UNSAM)

El humor se encuentra en todas las culturas y esta


universalidad se debe a que es una parte central y necesaria
de la vida social. Sin la posibilidad de la risa, la vida
social “seria” no podría sostenerse. Entre quienes extreman
esta posición y reivindican el poder de la risa, están los que
le confieren al humor la posibilidad, por ejemplo, de derribar
presidentes como -dicen- habría sucedido con Arturo Illia y
Fernando de la Rúa en la Argentina. Por el contrario, muchas
veces el humor ha sido subestimado como un entretenimiento
simple y banal. Más aún, esta mirada que considera
intrascendente a lo risible es habitual cuando alguien trata
de restarle importancia a un chiste que resultó ofensivo,
cuántas veces hemos escuchado decir “¡pero es solo una
broma!”. Es decir, “no deben tomárselo en serio”.

El humor entretiene y distiende, sí, pero es mucho más que


eso: puede ser también una forma de percepción y de acceso al
conocimiento. Para el sociólogo Peter Berger[i], lo cómico es
la visión del mundo más seria que existe y, volcado a temas
políticos, tiene la particularidad de poner en entredicho la
realidad de la vida cotidiana. Esto se debe a que el humor
tiene la capacidad de enseñar a ver de manera novedosa y
ridícula la realidad, de revelar incoherencias, de desvelar
las otras realidades que acechan detrás de las fachadas del
orden social, y de desenmascarar (y, si recurre a la sátira,
de atacar) a los poderosos. El humor ofrece una visión del
mundo que no es necesariamente la consagrada, de ahí su
potencial peligrosidad como agente de disrupción.

Muchos autores coinciden en que la eficacia del humor reside


en la capacidad de involucramiento que el humorista logra por
parte de su interlocutor. Este involucramiento consiste en la
complicidad contra un tercero al que se torna cómico
volviéndolo inferior, incluso, despreciable. Laura Malosetti
Costa aludió a la cohesión alcanzada por las imágenes cómicas:
“Aun las caricaturas más feroces no tienen como objetivo
principal atacar o provocar la violencia, sino más bien
cohesionar y tranquilizar a quienes ya están convencidos,
estableciendo conexiones entre lo familiar y lo no
familiar”[ii].

Ahora bien, el humor también puede, a través de lo cómico,


reforzar estigmas, prejuicios y, así, el orden social
establecido. Michael Billig advierte que la centralidad del
humor en la vida social no se debe tanto a su carácter rebelde
y su capacidad de cohesión, sino más bien a la práctica del
ridículo. Es esta la que rebela los aspectos disciplinarios
del humor: “el ridículo es el núcleo de la vida social, ya que
la posibilidad del ridículo asegura que los miembros de la
sociedad cumplan rutinariamente con las costumbres y hábitos
de su medio social” [iii].

A este múltiple carácter del humor, le tenemos que agregar el


hecho de que la comicidad es histórica, es decir, aquello que
hacía reír a las generaciones pasadas es posible que ya no nos
haga reír hoy día. La risa está siempre presente en la vida
social, pero cambian sus motivos porque la sensibilidad
también cambia a lo largo del tiempo y en distintas
sociedades. Y, si la comicidad es histórica, el humor político
es una de sus expresiones más ligadas al tiempo y también al
lugar de su producción. Todo ello convierte al humorista en un
cronista voluntario o involuntario de la época y a su
elaboración en algo que a posteriori (o en otras coordenadas
geográficas o sociopolíticas) es necesario explicar, describir
y contextualizar para que adquiera sentido. Eduardo Romano
sostiene que la caricatura política “es arte de
circunstancias, la caricatura pierde vigencia rápidamente o se
convierte en un auxiliar de la información histórica en tanto
crónica informal y expresiva de una época, un lugar, un
proceso”[iv].

En estos casos, el trabajo del investigador se vuelve clave,


ya que consiste en reponer no sólo el contexto y los códigos
sino más bien los sentidos posibles que tales producciones
humorísticas generaron más allá de las intenciones originarias
de su autor, porque ?como señala Gombrich al reseñar esta
fugacidad? “si hay un tipo de imagen que se queda muda sin
ayuda del contexto, el texto y el código, [esa] es la
caricatura política. Su sentido quedará inevitablemente
perdido para quienes no conozcan la situación que comenta”[v].
Asimismo, reponer el contexto, los códigos y los sentidos
posibles permite identificar también los riesgos, las audacias
y los actos de autocensura que asumieron los autores de las
humoradas y sus editores.

En los últimos años, los estudios sobre el humor y lo cómico


han despertado renovado interés para las ciencias sociales.
Distintos aspectos de las producciones y manifestaciones
cómicas y humorísticas han sido tomados como documentos para
dar cuenta de procesos políticos, sociales, históricos,
culturales e incluso, tecnológicos más amplios. Como
resultado, se han escrito tesinas de grado, tesis de maestría
y doctorado y ponencias; se han publicado artículos y libros y
se han realizado jornadas temáticas específicas. Este dossier
se propone difundir apenas una porción pequeña de esa
producción académica reciente.
La selección de artículos y autores es arbitraria, como toda
selección, pero no azarosa. Opté por autores y autoras que se
hayan destacado en los últimos años por sus aportes a los
estudios del humor en sus diferentes registros y países. En
segundo lugar, hay un recorte temático dado por la relación
entre humor y política, entendida esta última de manera
amplia. Es decir, no meramente como aquello que remite a los
asuntos del gobierno de una sociedad y a quienes lo ejercen,
sino a partir de su significado etimológico que remite a la
vida en la ciudad, en la polis. Luego, un recorte espacial y
temporal: el Cono Sur, más precisamente Argentina, Brasil y
Chile en los últimos 50 años, es decir, desde los años setenta
a la actualidad. Periodo extenso y complejo, atravesado por
transiciones a la democracia después de largos años de
dictaduras institucionales de las Fuerzas Armadas,
consolidación del neoliberalismo y sus reiteradas crisis, auge
y derrota de gobiernos “progresistas” y ascenso de una ¿nueva?
derecha.

Asimismo, en la elección de los textos quise dar cuenta de las


mutaciones de la risa y de la sensibilidad social para reírse,
así como también de los cambios registrados en los soportes
mediáticos a través de los cuales se expresa el humor. Estos
soportes y su materialidad le imprimen al humor marcas
particulares que hacen a su producción, circulación y
recepción, y también a la autoría o más bien, al
desdibujamiento de la marca de autor que impone, como sucede,
por ejemplo, en el caso del meme. Asimismo, reconocemos que no
hay exhaustividad y esperamos que los vacíos que se adviertan
-que son tan dispares como, por ejemplo, la ausencia de
mujeres productoras de humor o la falta de estudios sobre el
caso uruguayo-, sea considerado como una invitación a explorar
y proponer nuevas investigaciones.

El recorrido que ofrece este dossier comienza con el artículo


de Jorge Montealegre, en el cual analiza las caricaturas de
Salvador Allende producidas bajo su gobierno y cómo la
deformación satírica que proponen resulta funcional,
programáticamente, al derrocamiento violento su gobierno, que
a su vez contemplaba la muerte del entonces presidente. Es
más, Montealegre entiende que esa sátira política contribuyó a
crear la atmósfera que allanó el camino a la intervención
militar, familiarizando a la población con amenazas fatales,
incluida la muerte del presidente como un desenlace posible y
hasta deseable. Con la dictadura, Allende desaparece: su
cuerpo es enterrado, pero se desconoce dónde, y su imagen es
proscrita. A los diez años de su derrocamiento y muerte, la
imagen de Allende reaparece paulatinamente convertida ya en
alegoría, en la representación simbólica de un proceso y de un
ejemplo de consecuencia democrática y de integridad personal.
También reaparece en caricaturas que regresan sin la
irreverencia natural a la sátira, pero sí revelando una
paradoja, señala Montealegre: la oposición de derecha al
gobierno de Allende lo dibujó sarcásticamente en el cielo: lo
quería ver muerto. Curiosamente, a cuarenta años de su muerte,
desde la izquierda también se le dibuja en el cielo, como
queriéndolo ver vivo.

A continuación, sigue un texto de mi autoría en el cual


analizo la caricatura política realizada en la Argentina
durante la última dictadura militar (1976-1983) por tres
destacados dibujantes, Hermenegildo Sábat, Landrú y Andrés
Cascioli para el diario Clarín y las revistas Tía Vicenta y
HUM®, respectivamente. A diferencia de otras dictaduras
militares, el autodenominado “Proceso de Reorganización
Nacional” habilitó la caricatura política en su primera
distensión a mediados de 1978 y este arte ganó prominencia en
combinación con la sátira, convirtiéndose en un arma eficaz y
mordaz contra el poder de los militares. En el artículo se
distinguen tres dimensiones de análisis, por un lado, las
trayectorias y las características distintivas del trazo de
cada uno de estos caricaturistas, por otro, los medios de
prensa que fueron soporte de estas imágenes y su relación con
el régimen militar y, por último, la iconografía y las
representaciones plasmadas en las imágenes cómicas producidas
por cada dibujante y su relación con la censura. El estudio se
centra en las representaciones cómicas de José Alfredo
Martínez de Hoz, ministro de Economía entre 1976 y 1981 y
blanco predilecto de la sátira, del dictador y presidente de
facto entre 1976 y 1981, Jorge Rafael Videla, y, por último,
del régimen militar como un todo.

El trabajo de Conceição Pires sobre Bob Cuspe, el personaje


creado por Angeli para la revista Chiclete com banana, nos
sumerge en el Brasil de la transición democrática y, de modo
más amplio, en la coyuntura que se abrió con la crisis de las
grandes ideologías a comienzos de los años noventa. En este
caso, estamos además frente a un tipo de humor que se inscribe
en la tradición del grotesco y del absurdo, a la vez que se
aleja de la caricatura y la sátira que atacan a una figura
política. Contra las interpretaciones que conciben a Bob Cuspe
como “alienado” del contexto social y político, Pires sostiene
que más bien representa nuevas e innovadoras formas de
resistencia política en una atmósfera de profundas crisis que,
a su vez, se diferencian del compromiso que caracterizó a la
juventud de los años sesenta. Es más, Bob Cuspe es un recurso
empleado por el intelectual humorista, sostiene Pires, para
abordar de forma densa y compleja la precariedad
característica del sujeto contemporáneo que vive en
condiciones de inestabilidad propias de aquel contexto
histórico sin, con eso, tener la pretensión de convertirse en
un traductor de la verdad.

Cristián Palacios nos devuelve a la Argentina y nos introduce


en el humor político televisivo de Tato Bores. A lo largo de
sus casi cuarenta años, el programa de Tato Bores atravesó
distintas circunstancias socio-históricas, técnicas y
tecnológicas que fueron configurando su discurso. El objetivo
de Palacios es analizar la relación entre humor, ideología e
historia en la última etapa del programa, situada entre 1988 y
1993 cuando la “televisión no sólo adquiere relevancia en la
vida política argentina, sino que es consciente de su nuevo
poder y los políticos no sólo orientan sus apariciones
públicas con la mirada puesta en el medio televisivo sino que
muchas de sus performances específicas no habrían existido sin
su presencia.” En este período, el programa incorporó
tecnologías de vanguardia y nuevas formas de narratividad
televisiva, entre ellas las presentaciones que tenían como
elemento común la apelación a la historia, el recurso de la
nostalgia y la utilización de imágenes emblemáticas de la
historia pasada y presente. Palacios concluye que el humor
político configuró una lectura de la historia, que no fue
específica del campo del humor, sino que estaba a tono con la
que proponían los medios televisivos en general; y una lectura
de la democracia, donde el ironista era el tábano socrático
que mantenía despiertos a los ciudadanos para educarlos en una
“realidad nacional” que se presentaba esquiva, incomprensible,
pero determinante.

Paul Alonso analiza los casos de dos revistas satíricas


contemporáneas –The Clinic (Santiago, Chile) y Barcelona
(Buenos Aires, Argentina)- que desafiaron los valores
hegemónicos después de experiencias nacionales traumáticas (la
dictadura de Pinochet en Chile y la crisis económica de 2001
en Argentina). Ambas revistas usan el humor políticamente
incorrecto como un recurso principal. Incluyen jerga local,
referencias de cultura popular y noticias satíricas/falsas
para transmitir ideas subversivas e irreverentes.
Autodefinidas como revistas políticas, ambas publicaciones
apelan al humor para crear un lenguaje accesible y llegar a
audiencias más amplias con ideas y representaciones contra-
hegemónicas. Sus críticas no solamente se dirigen a políticos
corruptos, líderes poco éticos, partidos políticos y las más
altas figuras del gobierno sino, también, acaso
principalmente, a los medios de comunicación y el periodismo
nacional. El artículo explora cómo estas publicaciones
satíricas negociaron su espacio dentro del panorama mediático
nacional a partir de características alternativas,
oposicionales y tradicionales (o mainstream). En una era de
creciente globalización, estas publicaciones resaltaron la
relación entre los medios y la cultura popular local.
Establecieron un diálogo directo con el contexto nacional y
pueden considerarse catalizadores sociales con un papel
importante dentro de un proceso de cicatrización colectiva
después de una crisis traumática.

El texto de Matías Muraca analiza los “contenidos políticos e


ideológicos de la sociedad pos (?) menemista” a partir de
Micky Vainilla, personaje creado por Diego Capusotto y Pedro
Saborido para su programa televisivo Peter Capusotto y sus
videos. Muraca entiende que es en las radicalizaciones cómico-
grotescas de personajes como Micky Vainilla, un cantante de
música pop que es nazi, donde se advierten aspectos nodales de
una sociedad profundamente liberal, hiperindividualista y
dudosamente democrática. Asimismo, Muraca ubica la aparición
“silenciosa y cómplice” de este personaje en la historia
reciente en un momento preciso: en el conflicto político más
grave del año 2008, conocido como conflicto “del campo”. Por
último, concluye con una reflexión sobre el humor y el poder
de la risa como activadora de cambio en “nosotros”.

En “Derrisão e Ironia Cínica no Humor Contemporâneo: os


limites entre o politicamente incorreto e o incorretamente
político”, Conceição Pires analiza las transformaciones
efectuadas en el humor gráfico contemporáneo poniendo el
énfasis en los recursos subjetivos e ideológicos utilizados
para garantizar su expansión y consolidación en diferentes
soportes mediáticos. El estudio toma como unidad de análisis a
tres artistas brasileños: Henrique de Souza Filho, que firmaba
sus trabajos como Henfil, Arnaldo Angeli Filho, conocido como
Angeli, y Dr. Pepper, que es el seudónimo adoptado por el
humorista Daniel M.T.; e identifica la apelación a una
racionalidad cínica que fomenta un carácter burlón que
desprecia las alteridades en las sociedades contemporáneas.

Por último, Damián Fraticelli analiza un modo de


transformación de la sátira política en las redes sociales: su
integración con lo cómico negro. Para Fraticelli, la
hipermediatización trajo como novedad la posibilidad de que la
sátira con humor negro tome cualquier blanco sin límites
morales. El estudio historiza esa conjugación y describe cómo
se dio en un caso con gran repercusión en Argentina por su
gravedad para la vida democrática, como fue la desaparición
forzada de Santiago Maldonado en 2017 bajo el gobierno de
Mauricio Macri. Tal es así que Fraticelli identifica dos tipos
de enunciación en el humor negro, la cómica y la humorística.
La primera estuvo presente tempranamente en la mediatización
de la sátira hasta que los grandes medios se asumieron
independientes de los partidos políticos. Por entonces, el
humor negro se refugió en las revistas cómicas y prevaleció su
carácter humorístico, tomando por blanco a los poderosos antes
que a sus víctimas. Con la aparición de la hipermediatización,
el escenario cambió. Lo cómico negro volvió a integrarse con
la sátira sin miramientos al elegir sus blancos y traspasar
límites morales. En el caso Maldonado, cayó sobre Santiago y
su familia y defendió a los poderosos alentando crímenes de
lesa humanidad, sostiene Fraticelli. El uso cómico de la
víctima no sólo se dio en quienes denigraron la importancia de
la desaparición, sino también en quienes la defendieron,
indicando un modo de hacer que parece haberse instalado sin
distinción partidaria.

Textos seleccionados para el dossier:

Montealegre, Jorge (2014). Salvador Allende: caricatura y


monumento. Meridional, pp. 39-62.

Burkart, Mara (2014). La caricatura política bajo la dictadura


militar argentina (1976-1983). Contemporânea, Año 4, n. 4,
vol. 2, pp. 1-36.
Pires, Conceição (2017). Bob Cuspe: resistências
microscópicas, contracondutas e a potência do “não” nos
quadrinhos underground de Angeli. Tempo & Argumento, 20, pp.
75-98.

Palacios, Cristián (2010). La única realidad es la realidad.


La proyección de la historia en los monólogos de Tato Bores.
En Graciana Vázquez Villanueva (dir.). Memorias del
Bicentenario: Discursos e Ideologías (pp. 185-205). Buenos
Aires: Facultad de Filosofía y Letras.

Alonso, Paul (2019). Satiric Magazines as Hybrid Alternative


Media in Latin America. Latin American Research Review, 54
(4), pp. 944–957.

Muraca, Matías (2010). ¡Yo solo hago pop! Micky Vainilla y una
crítica a la sociedad pos (?) menemista. En Rocco Carbone y
Matías Muraca (comps.), La sonrisa de mamá es como la de
Perón. Capusotto: realidad política y cultura (pp. 15-21).
Buenos Aires: UNGS/ Imago Mundi.

Pires, Conceição Pires (2014). Derrisão e ironia cínica no


humor contemporâneo: os limites entre o politicamente
incorreto e o incorretamente político. História, 2, pp.
470-488.

Fraticelli, Damián (2020). Sátira política y humor negro en la


hipermediatización. El caso Maldonado. Intus-Legere Historia,
1, pp. 142-167.

[i] Berger, Peter (1999). Risa redentora. La dimensión cómica


de la experiencia humana. Barcelona: Kairós.

[ii] Malosetti Costa, Laura (2002). Don Quijote en Buenos


Aires. Migraciones del humor y la política. V Jornadas de
Estudios e Investigaciones del Instituto de Teoría e Historia
del Arte “Julio E. Payró”. Buenos Aires, Facultad de Filosofía
y Letras, UBA. p. 2.

[iii] Billig, Michael (2005). Laughter and ridicule. Towards a


Social Critique of Humour. London: Sage Publications, p. 2

[iv] Romano, Eduardo (1990): Breve examen de la historieta. En


Aníbal Ford, Jorge B. Rivera y Eduardo Romano. Medios de
comunicación y cultura popular (pp. 89-90). Buenos Aires:
Legasa.

[v] Gombrich, Ernst (1982). El experimento de la caricatura.


En Arte e ilusión. Estudio sobre la psicología de la
representación pictórica. Barcelona: Editorial Gustavo Gilli.

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