Módulo 2
Módulo 2
Sabemos que todos aquellos que son parte de un sistema familiar junto a sus destinos tienen los mismos
derechos de pertenecer a él; al igual que aquellos que pasaron a ser parte. Y cuando alguno de ellos o
sus destinos por alguna razón quedó excluido, un descendiente por amor al vínculo lo va a adoptar
viviendo como propio. A esto lo llamamos implicancia, que no son más que intentos fallidos de
solución, porque lo que lo que sí facilita el orden, es el reconocimiento, la honra, la gratitud, la inclusión
etc. Es decir, los que llegaron antes en el sistema de origen siempre merecen un reconocimiento
especial.
Dependiendo del lugar que ocupa la persona dentro de la familia es la forma en la que se siente; cuando
está en el lugar correcto, esto le proporciona una sensación de seguridad, serenidad y fuerza para seguir
con sus propósitos y su vida. En cambio, cuando el individuo no ocupa el lugar que le corresponde, no
tiene fuerza, se siente sin deseos, desganado o tiene fantasías de grandeza y esto lo debilita. La
conciencia de grupo: desde esta mirada, podemos nombrar dos tipos de conciencia: la personal, que
es la de cada individuo, y la de grupo, que es aquella que no sentimos, pero que atraviesa nuestras vidas,
condicionan nuestras decisiones y se pueden percibir sus consecuencias. Esta última es la que le da al
grupo, la conciencia de supervivencia, para lo cual a veces, algún miembro del grupo tiene que ser
“sacrificado” –es lo que llamamos implicancias-para mantener este equilibrio.
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destino de un ancestro.
Observar que y/o a quien trae cada implicancia tiene como objetivo ser consciente de aquello que
está pendiente de reconocer para restituir el orden original permite la circulación normal de su
vida. Este tipo de abordaje no sólo ordena al individuo, sino que alcanza al grupo o familia al que
pertenece y no sólo tiene efecto en el pasado y presente, sino que también despeja los caminos
para las futuras generaciones que podrían recibir un beneficio, al no tener que conlleva consigo
patrones de repetición en sus vidas por amor al vínculo.
A partir de la mirada que ofrecen las Constelaciones Familiares, facilita que la persona reconozca sus
problemas, con la finalidad de brindarle una comprensión mayor, más inclusiva, ayudándola a que
tome el lugar que le corresponde dentro de su sistema origen, propiciando bienestar y armonía en su
diario vivir.
En el plano del alma, observamos con frecuencia, lo que Bert Hellinger llamo arrogancia.
La arrogación es cuando un descendiente toma algo que no le pertenece o corresponde, apropiándose
el derecho o la responsabilidad de otra persona que llegó antes que él.
La Parentalización: es una de las posibles consecuencias de la arrogación: los descendientes toman el
lugar de los anteriores, como máximo dos generaciones atrás.
Por ejemplo, el hijo mayor toma el lugar del padre y se hace cargo de sus hermanos.
Doble Transferencia: Cuando se transfieren el sujeto y el objeto, tal como cuando un descendiente
tiene sentimientos de un antepasado y lo manifiesta hacia alguien exterior a la familia. Por ejemplo,
una nieta se enoja con su esposo al transferir el enojo de su abuela con su abuelo.
Doble transferencia: en los sistemas humanos, es inevitable que lo reprimido vuelva a aparecer, y con
más frecuencia concretamente en aquellos que menos pueden defenderse, por ser ellos los que más
aman. En la familia, este es el caso de los hijos y los nietos. La identificación también abarca la dinámica
de la doble transferencia. La primera transferencia es la del sujeto: así, por ejemplo, los sentimientos
de un excluido son asumidos por un post genito. Ej. Una hija rechaza al padre, y lo hace por adoptar
transferencialmente sentimientos de la madre: es el rechazo de la madre al padre.
La doble transferencia es cuando estos sentimientos no se exteriorizan frente a quien corresponda,
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sino que ser dirigidos a otro sujeto. Ej. la hija se casa y vuelca sobre su hombre el rechazo de la madre
al padre.
Expiación: para hablar de expiación vamos a hablar de culpa. La culpa más pesada es que nuestra
conducta ponga en peligro nuestra pertenencia a la familia de origen: el miedo a la exclusión es nuestra
culpa más pesada. Cuando hablamos de expiación tenemos que hablar necesariamente de culpa.
Porque sin culpa no hay expiación. La culpa más difícil es cuando un integrante del sistema es desleal
a algunas reglas o valores del sistema y pone en peligro su pertenencia. Por ejemplo, cuando una
persona de una religión en una familia tradicionalista o religiosa se casa con alguien de otra religión. Y
la forma de compensar esa culpa es la expiación ya que necesitamos hacer algo para preservarla o para
recuperar la pertenencia que está amenazada. Tengamos presente que la conciencia inconsciente
familiar siempre va a velar para que todos seamos parte, vela por la pertenencia. Entonces cuando
hacemos algo que la pone en peligro, la conciencia nos va a llevar a que hagamos algo para volver a
tener el permiso a ser parte del sistema. Esa es una de las formas de la culpa.
Luego hay otra forma de la culpa que tiene que ver con la compensación entre el dar y el tomar. Por
ejemplo, si yo tomo de vos mucho más de lo que te doy, me voy a sentir culpable, porque yo sé en el
fondo que te debo. Por ejemplo, si en una pareja uno da mucho más de lo que toma, frecuentemente
quien tomó más, siente en el plano del alma que debe tanto, que la culpa lo lleva a retirarse. Es decir,
este tipo de culpa genera una obligación para con el otro.
Es decir, cuando recibo el regalo de una persona siento que le debo algo, eso que recibo no me deja
tranquilo hasta que no devuelva algo equivalente: a ese tipo de culpa lo percibimos como
obligación. Hay un orden oculto por el cual el hijo comete una infracción: se coloca por encima de una
persona que tiene prioridad frente a él.La culpa en este caso es el atrevimiento, la soberbia. Cuando se
trata de algo grave el hijo se castiga con la necesidad de fracaso y ruina, no es consciente, pero se ve
por sus efectos, muchas veces es el trasfondo de las enfermedades graves.
Otra forma de la culpa es cuando en una relación no se corresponde el orden del equilibrio del dar y
tomar. Por ejemplo, si yo tomo de vos mucho más de lo que te doy, me voy a sentir culpable, porque yo
sé en el fondo que te debo. Por ejemplo, si en una pareja uno da mucho más de lo que toma,
frecuentemente quien tomó más, siente en el plano del alma que debe tanto, que la culpa lo lleva a
retirarse. Es decir, este tipo de culpa genera una obligación para con el otro.
La expiación también podemos pensarla como un intento de recompensa, de un amor ciego, que se
realiza inconscientemente. Es muy frecuente en familias donde una madre murió al dar la vida. El hijo
es inocente por la muerte de la madre, pero para ese hijo el conocer su inocencia no le aporta ningún
alivio. Es inevitable que su vida queda integrada a la muerte de la madre y nunca consigue deshacerse
de la culpa.
La solución para el hijo que siguió con vida al morir la madre en el parto, no es suicidándose parta
expiar la culpa de la vida, sino” ya que perdiste tu vida al nacer yo, que tu muerte no haya sido en vano.
Porque te costó tanto, te demuestro que valió la pena. Acepto la vida al precio que te costó a ti, y al
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precio que me cuesta a mí, y lo hago honrando en tu memoria”. Es el mismo amor, en otra dirección.
Otros ejemplos, en familias donde hubo asesinatos, es frecuente que hijos varones en generaciones
posteriores lo expíen, muchas veces aún nietos, bisnietos etc, se suicidan por la muerte de alguien que
fue asesinado. Es una forma de recompensa primaria, antiquísima, ciega. Por ejemplo, otros renuncian
a una relación de pareja (asesinato de una mujer) y a tener hijos haciéndose sacerdotes o casándose
con una mujer que no puede tener hijos. Este tipo de muerte crea miedo, y por miedo, este ello, se calla,
se excluye, Es la, pero exclusión en un sistema y es la que crea consecuencias más graves.
Amor interrumpido: Hellinger ha revelado dos conceptos muy valiosos y novedosos, entre otros: son
tanto las historias de amor interrumpido como el concepto donde los hijos quedan implicados con el
destino de las parejas de los padres.
Amor interrumpido se llama cuando el amor no circula y se interrumpió de golpe, por ejemplo, los
abandonos, los abortos, las guerras, los hijos naturales, adoptivos, enfermedad o muerte de la madre
en los primeros años de la vida etc.
Es decir, algo se interrumpió y el amor deja de circular desde atrás hacia delante.
Otras dimensiones
Lo hago en tu lugar. Lo hago en tu lugar significa que uno es capaz por lealtad o por amor a alguien
sacrificarse, enfermarse, o morirse en lugar del otro. Supongamos que una madre quiere ir detrás de
su propia madre que falleció hace un tiempo, el hijo de esa mamá es capaz de irse en lugar de la madre
con la pretensión de salvarle la vida.
Otro ejemplo, hay niños que a veces tienen problema de aprendizaje o de atención, están distraídos, y
en la constelación se puede ver que en el plano del alma ese chiquito está mirando a un hermano no
nacido y lo mira en lugar de la madre o del padre que no lo está mirando; ese hijo lo está haciendo en
el lugar de uno o de sus dos padres. Hay muchas maneras en que uno puede jugar en esta dimensión,
los hijos somos capaces de enfermarnos en el lugar de la madre o el padre, cuando el hijo sabe que sus
padres están en riesgo porque están mirando, por ejemplo, a sus muertos; el hijo es capaz de empezar
a tener problemas o trastornos para llamar la atención de sus padres para que éstos se queden en la
vida. Muchas veces pasa que los hijos llaman la atención de los padres porque es la forma de
reclamarles que se queden con ellos. También esta dinámica se ve a veces entre los esposos, cuando
uno de ellos se va en el lugar del otro. Y esto se puede traducir como: “lo miro en tu lugar”, “lo llevo en
tu lugar” “pago en tu lugar” etc.
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Te sigo: la otra dimensión es “te sigo” es por ejemplo, el caso cuando una madre se muere y el hijo se
muere detrás de la madre; un hermano detrás de otro. En el caso, por ejemplo, de un nene que muere
a los tres años, y sus padres ya habían abortado. Ahí un hermano le dice al otro” te sigo”, y al mismo
tiempo ese hermano mira al padre o a la madre y le dice “lo hago en tu lugar”, ahí se ven las dos
dimensiones.
Anorexia: la dinámica es “mejor yo que tu”, en el sentido de una salvación. Es “mejor desaparezco yo
que tu”, “más vale que muera yo que tu” “mejor que este enfermo yo que tu”. Detrás de esta actitud,
hay un amor ciego, con la idea de sacrificarse él, el otro puede salvarse, puede quedarse. También se
los puede considerar en los casos de suicidios” “mejor yo que tu”
“Mejor yo que tú”, por ejemplo, me voy en tu lugar, me muero en tu lugar, uno al dejar de comer pone
en riesgo su vida, se ve habitualmente donde alguien lo está haciendo en lugar del otro, sacrificándose
para salvar al otro, y a esto que llamamos “amor ciego”.
Ejemplo, si un padre murió cuando la hija tenía 4 años, a los 14 la hija desarrolla una anorexia, al no
tener reconocido el destino de su padre que ha sido irse dice: “mejor me voy yo que tu”.
“La frase sanadora es: aunque tú te hayas ido, acepto tu muerte, yo me quedo”
Bulimia: también las madres le dicen” solo lo que viene de mi es bueno, lo que viene de tu padre no
debes tomarlo” entonces la hija come y luego escupen al padre por lealtad a la madre.
En este caso, el tomar representa el respeto a la madre y el escupir el rechazo al padre por lealtad a su
madre. La solución es que la hija mire al padre y le diga: “, a tu lado, papá, me gusta”. Aún resulta más
efectivo en una constelación hacerlo mirando a la madre.
Dolores de cabeza: cuentan acerca del amor contenido: ¿Hacia dónde tiene que ir el amor? Cuando
hubo un movimiento del amor que quedó sin poder expresarse, en cualquiera de sus formas y se puede
traducir como dolor de cabeza.
Dolores de espalda: tienen que ver con la falta de la honra hacia los padres o hacia uno de ellos. Un
hijo se puede resistir a la honra por arrogancia, por falta de gratitud. Uno puede tomar distancia de la
madre o el padre pero jamás no darle el lugar que se merecen por el hecho de haberle dado la vida. El
darles la honra, el inclinarse frente a ellos, es la sanación.
Adicciones: habitualmente debajo de las adicciones se observa que son las madres que se apropian de
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los hijos y no habilitan a que los hijos lleguen al padre. Esa falta de ley paterna hace que el hijo no tenga
un encuadre, un contexto que contenga y regule una tendencia, por ejemplo, al alcohol, a las sustancias
etc.
Entonces el hijo dice a la madre” si solamente puedo tomar de ti, me vengo tomando tanto que me
perjudica”. Es decir, la adicción es la expiación y la venganza por no poder tomar al padre.
El hijo no tiene la posibilidad de autorregularse porque no hay límite, la ley es la función paterna, la
ley como autoridad, límites, pautas, normas, si no están ahí aparece la adicción cuando hay tendencias
a generar estos síntomas. Para que se desarrolle una adicción como síntoma tiene que haber hechos
desencadenantes. Hay muchísimos contenidos del porqué una adicción se instala.
En las comunidades de adictos las reglas son tan estrictas porque es la ley fallida que se tiene que
reemplazar y compensar hasta que se inscriba en el psiquismo de quien padece el síntoma.
A través del cuerpo se denuncian implicancias de acuerdo al síntoma que cada uno pueda tener. El
amor del padre no lo puede reemplazar la madre. La adicción a nivel de lo sistémico se cura cuando la
madre le dice al hijo: “tenés mi permiso a tomar a tu padre” o “te reconozco como hijo de papá y mío”.
Por eso en las adicciones, dice Hellinger, lo recomendable que en un grupo de tratamiento haya un
referente masculino, no femenino, porque lo que falta es el padre, y eso facilita las imágenes interiores
de solución.
SOLUCIONES SISTÉMICAS
¿Cuál es el lugar por el que tenemos que empezar todos para alcanzar la solución? La madre. Para
empezar a encontrar la solución a las implicancias que nos alejan de lo propio, de lo que nos
corresponde, siempre tenemos que empezar por tomar la vida, y la vida se toma a través de la madre.
El vínculo con la madre es muy fuerte, el padre entra después en la vida del hijo, no por eso es menos
importante. Pero el amor se conoce primero con la madre, es a través de quien el alimento nos ha
llegado, el amor nos ha llegado, aún durante la gestación. Con ella empezamos a conocer de qué se trata
el amor. Las soluciones sistémicas se alcanzan cuando uno empieza a tomar la vida, se toma a la vida,
cuando le decimos SÏ a nuestros padres, cuando tomamos de ellos todo lo que nos han dado, todo lo
que no nos han dado cuando dejamos de sentir que algo nos falta y cuando los tomamos enteros como
son, tal como son, con todo lo que traen, con lo disponible y no disponible y se deja de sentir en el
interior el reclamo y el reproche y aparece la gratitud y lo que les falta los buscan adentro. Cuando un
hijo toma la vida tiene toda la fuerza para alcanzar lo que se proponga en su vida personal, esto no tiene
que ver con los padres sino con la tarea que realice el hijo. Cuando un hijo puede verdaderamente tomar
esto, sentir esto, agradecer esto, la vida le va a sonreír porque va a tener toda la fuerza para alcanzar lo
que se proponga y ahí empezamos a acercarnos a la solución. Es decirles “si” a nuestros padres,
especialmente a nuestra madre. Hay movimientos que empiezan en las constelaciones y terminan en
la vida personal. Ejercicio de la honra a la madre Es tomar conciencia de que la madre es el regalo y si
hay algo más, mejor aún, sino más que suficiente. Es ella quien ha puesto en riesgo su salud, cuando
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nos mantuvo en su vientre para que nos desarrollemos y quien puso en riesgo su vida cuando nos dio
a luz. ¿Qué más? Por más que una madre no esté disponible, se animó a pasar la vida y a darnos la vida.
En un punto siempre estuvo el amor, y las constelaciones familiares lo que tiene de grandioso es que
muestran por donde pasó el amor, en qué instante estuvo el amor y cuando se reconoce eso, cambia la
vida para siempre, nos da una fuerza inconmensurable. Hellinger dice que para ser un buen
constelador o facilitador, primero hubo que haber tomado el amor de los padres Mientras vamos
adquiriendo información, conocimientos, les propongo que no dejen este trabajo personal de lado y
téngalo presente siempre, coloquen a sus padres detrás y al consultante con sus padres detrás también.
Estas tres palabras son las que ordenan entre padres e hijos, la primera palabra que le tiene que decir
un hijo a un padre es GRACIAS, gracias por la vida, gracias por lo dado y lo no dado; por las noches y
por los días, gracias por todo tal como ha sido y como es. La segunda palabra es POR FAVOR, desde
donde se encuentren cuídenme, acompáñenme y la tercera palabra es SI, porque el sí es la honra es el
asentir a todo, tal como fue, tal como es, tal como son.
En cuanto encontramos esos pasos fundamentales, terminamos nuestro trabajo de supervisión. De esta
manera, juntos nos ejercitamos en ayudar tan sólo hasta donde el otro lo necesita, cuando lo esencial
ha sido reconocido, de inmediato confiamos a la persona a su propia independencia. Así, en poco
tiempo, los participantes se familiarizaron con una gran variedad de procedimientos. Al mismo tiempo
1
2 Bert Hellinger Los Órdenes de la Ayuda
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agudizaron su percepción a través de muchos ejemplos que les permitieron comprobar en ellos mismos
los efectos de dichos procedimientos. Pudieron distinguir inmediatamente qué tipo de intervención
ofrecía perspectivas de éxito. Al mismo tiempo, todos los participantes presentes se incluían en este
proceso de percepción.
En primer lugar, el presente libro se dirige a aquellas personas que profesionalmente ayudan a otros:
médicos, psicoterapeutas, colaboradores de diferentes servicios sociales, maestros, párrocos, asesores
de organizaciones. No obstante, en general la ayuda es algo humano. Por tanto, también se trata de un
libro didáctico para muchos otros, por ejemplo, para padres.
En muchos ejemplos se muestran diferentes tipos de intervenciones de terapia breve.
El lector encontrará en este libro una gran variedad de destinos humanos, destinos que nos tocan. Si
contactamos con ellos, nos hacemos más humanos y más humildes. Aquí experimentamos la vida en
su diversidad y su grandeza. Dado que muchas soluciones resultan sorprendentes por su sencillez,
también se trata de un libro alegre y liberador.
Bert Hellinger Junio 2003
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Introducción:
¿Qué significa ayudar?
La ayuda es un arte. Como todo arte, requiere una destreza que se puede aprender y ejercitar.
También requiere empatía con la persona
que viene en busca de ayuda. Es decir, requiere comprender aquello que le corresponde y, al mismo
tiempo, la trasciende y la orienta hacia un contexto más global.
La ayuda como compensación
Los humanos dependemos, en todos los sentidos, de la ayuda de otros. Únicamente así podemos
desarrollarnos. Al mismo tiempo, también dependemos de ayudar a otros. Quien no es necesario, quien
no puede ayudar a otros, acaba solo y atrofiado. La ayuda, por tanto, no sólo sirve a los demás, también
nos sirve a nosotros mismos.
Por regla general, la ayuda es mutua, por ejemplo en la pareja, y se regula por la necesidad de
compensación. Quien recibió de otros aquello que deseaba y necesitaba, también quiere dar algo, para
así compensar la ayuda.
Muchas veces, compensar mediante la devolución sólo es factible hasta un cierto límite, por ejemplo
en relación a nuestros padres. Lo que ellos nos dieron es demasiado grande como para poder
compensarlo dando. Así, en relación a ellos, sólo nos queda reconocer el regalo y agradecerlo de todo
corazón. En este caso, cuando pasamos lo recibido a otros -por ejemplo, a nuestros propios hijos-,
logramos compensar a través del dar y también logramos la consiguiente descarga.
El dar y el tomar, por tanto, se mueven en dos niveles: por una parte, entre iguales, donde se mantienen
en un mismo nivel y requieren reciprocidad. Por otra parte, entre padres e hijos o entre aventajados y
necesitados, donde se presenta un desequilibrio. Aquí, el dar y el tomar se asemejan a un río que
transporta más allá aquello que recoge. Este dar y este tomar son más grandes: su mirada abarca
también lo posterior. En este tipo de ayuda, lo donado se expande. El ayudador se ve transportado e
integrado en algo más grande, más rico y duradero.
Esta ayuda supone que antes hayamos recibido y tomado nosotros mismos. Sólo así sentimos la
necesidad y la fuerza de ayudar también a otros, sobre todo cuando esta ayuda nos exige mucho. Al
mismo tiempo supone que aquellos a quienes pretendemos ayudar necesitan y desean aquello que
somos capaces de, y nos disponemos a, darles. De lo contrario, la ayuda resulta vana; separa en lugar
de unir.
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El primer orden de la ayuda
El primer orden de la ayuda significa, por tanto, que uno sólo da lo que tiene, y sólo espera y
toma lo que realmente necesita.
El primer desorden en la ayuda comienza cuando uno pretende dar lo que no tiene y otro quiere tomar
lo que no necesita. O cuando uno espera y exige de otro lo que éste no le puede dar porque no lo tiene.
O también, cuando uno no debe dar, ya que asumiría en lugar de otro algo que sólo éste puede o debe
llevar o hacer. Así, pues, el dar y el tomar tienen límites. Percibir esos límites, y respetarlos, forma parte
del arte de la ayuda.
Esta ayuda es humilde; muchas veces, ante determinadas expectativas, o también ante el dolor,
renuncia a ayudar. Lo que este paso exige, tanto de la persona que ayuda como de quien busca ayuda
en ella, se nos muestra claramente en el trabajo con Constelaciones Familiares. Esta humildad y esta
renuncia contradicen muchos conceptos convencionales de la ayuda adecuada y frecuentemente
exponen al ayudador a graves reproches y ataques.3
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ayudador como a la persona que espera la ayuda. Lo mismo le ocurre a la persona a quien se le ofrece
ayuda, e incluso a quien se ve obligado a aceptarla.
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desarrollo y la maduración personal del ayudador. Lo explicaré en un ejemplo: Cuando un hombre
joven se casa con una mujer mayor, muchos reciben la imagen de que está buscando sustituir a su
madre. ¿Y qué busca ella? A un sustituto de su padre. Lo mismo se da también a la inversa. Cuando un
hombre mayor se casa con una chica joven, muchos dicen que ella se ha buscado un sustituto de su
padre. ¿Y él? Él ha buscado sustituir a su madre. Es decir, por muy extraño que suene, quien se
mantiene largamente en una posición superior e incluso la busca e intenta conservarla, se niega a
ocupar su lugar de igual a igual entre adultos.
No obstante, existen situaciones en las que durante un breve tiempo resulta beneficioso que un
ayudador represente a los padres, por ejemplo, cuando es necesario que el movimiento amoroso,
interrumpido a una edad temprana, sea retomado y completado.
Sin embargo, a diferencia de la transferencia hijo-padres, los ayudadores representan aquí a los padres
verdaderos, sin pretender sustituirlos como si fueran una mejor madre o un padre mejor. Por eso, los
clientes tampoco necesitan desligarse de ellos. Los ayudadores mismos los conducen a sus padres
verdaderos. Así, ambas partes permanecen libres.
Lo mismo se aplica a la ayuda para niños. Cuando los ayudadores sólo representan a los padres, los
clientes pueden sentirse cobijados con los ayudadores, ya que no pretenden ocupar el lugar de los
padres.
Cuando un niño pequeño no pudo estar con la madre o el padre, aunque los hubiera necesitado
urgentemente y anhelara volver con ellos -por ejemplo, en caso de una estancia prolongada en el
hospital- el anhelo del niño se convierte en dolor, desesperación y rabia. A partir de esta experiencia,
el niño se retira de los padres y, más tarde, también de otras personas, aunque anhele estar con ellas.
Estas secuelas de una interrupción temprana del movimiento amoroso se superan retomando el
movimiento original y completándolo. En este caso, el ayudador representa a la madre o al padre de
aquel entonces, y el cliente, como el niño de entonces, puede llevar a cabo el movimiento interrumpido
en aquel momento.
El tercer orden de la ayuda significa, por tanto, que ante un adulto que acude en busca de ayuda,
el ayudador se presente también como adulto. De esta forma rebate los intentos de colocarlo en el
papel de madre o de padre. Es comprensible que muchos reciban esto como dureza y lo critiquen.
Paradójicamente, esta “dureza” se clasifica como arrogancia, aunque, bien mirado, en una
transferencia hijo-padre, el ayudador es mucho más arrogante.
El desorden en la ayuda consiste aquí en permitir que un adulto demande al ayudador tal como un niño
lo hace con sus padres, y permitirle al ayudador tratar al cliente como si fuera un niño, asumiendo en
su lugar asuntos cuyas responsabilidades y consecuencias únicamente puede y debe asumir él.
El reconocimiento de este tercer orden de la ayuda marca la diferencia más profunda entre el trabajo
con Constelaciones Familiares y la Psicoterapia convencional.5
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El cuarto orden de la ayuda
Bajo la influencia de la Psicoterapia clásica, muchos ayudadores tratan al cliente como si fuera un
individuo aislado. También caen con facilidad en el peligro de la transferencia hijo-padres.
Sin embargo, el individuo es parte de una familia. Sólo cuando el ayudador lo percibe como parte de su
familia, también percibe a quién necesita el cliente y a quién, quizá, le debe algo. Si el ayudador ve a la
persona junto con sus padres y antepasados, quizá también con su pareja y sus hijos, lo percibe tal
como es en realidad.
Así también percibe y comprende quién es, en esta familia, la persona que necesita primero su respeto
y su ayuda; a quién se ha de dirigir el cliente para darse cuenta cuáles son los pasos decisivos, y darlos.
Es decir, la empatía del ayudador ha de ser menos personal y, sobre todo, más sistémica. No se
establece ninguna relación personal con el cliente. Éste sería el cuarto orden de la ayuda.
Aquí, el desorden en la ayuda sería no mirar ni reconocer a otras personas decisivas que, por así decirlo,
tienen en sus manos la clave para la solución. Entre ellos cuentan, sobre todo, aquéllos que fueron
excluidos de la familia porque, por ejemplo, son considerados una vergüenza para ella.
También aquí existe el peligro de que el cliente reciba esta empatía sistémica como dureza, sobre todo
aquél que aborda a sus ayudadores con demandas infantiles. En cambio, quien busca ayuda de una
forma adulta, recibe este procedimiento sistémico como liberación y como fuente de fuerza.6
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La percepción especial
Para poder actuar según los órdenes de la ayuda, se requiere una percepción especial. Lo que aquí
acabo de decir de los órdenes de la ayuda no se debe aplicar de forma estricta ni metódica. Quien
pretende actuar de esta manera, piensa en lugar de percibir, reflexiona
y se basa en experiencias anteriores en lugar de exponerse a la situación en su totalidad para así captar
lo esencial. Por tanto, esta percepción abarca ambos elementos: está enfocada y, a la vez, libre de
intenciones.
En esta percepción me focalizo en una persona, pero sin ninguna intención concreta más allá del deseo
de captar a esa persona de una forma abarcativa y en relación al actuar que se le presenta como
siguiente paso necesario.
Esta percepción nace del centramiento interior. En él abandono el nivel de las reflexiones, de las
intenciones, de las distinciones y de los temores. Me abro para algo que me mueve inmediatamente,
desde dentro. Quien alguna vez, como representante en una Constelación, se abandonó a los
movimientos del alma, viéndose dirigido e impulsado por ellos de una manera absolutamente
sorprendente, sabe de qué estoy hablando. Percibe algo que, más allá de los conceptos habituales, le
capacita para realizar movimientos precisos, para escuchar en su interior, para percibir imágenes
internas y sentimientos insólitos. Estos movimientos le dirigen desde fuera y desde dentro al mismo
tiempo. Aquí, la percepción y el actuar coinciden. Esta percepción, por tanto, es menos receptiva y
representativa, es productiva. Conduce a la acción y se amplía y profundiza en el hacer.
Por regla general, el tiempo que dura la ayuda desde esta percepción es corto. Se centra en lo esencial,
muestra el siguiente paso y se retira rápidamente para inmediatamente dejar al otro con su propia
libertad. Es una ayuda que se presta de paso. Se da el encuentro, surge una indicación, y cada uno sigue
su camino. Esta percepción reconoce cuándo está indicada la ayuda y cuándo más bien resulta
perjudicial, cuándo incapacita en lugar de impulsar, cuándo sirve más para satisfacer la propia
necesidad, no la del otro. Es una ayuda humilde.8
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extensa y global, ve los detalles en su contexto y en su lugar. Sin embargo, en lo que a los detalles se
refiere, es imprecisa. Éste sería un lado de la percepción. El otro sería su comprensión de lo observado
y percibido. Comprende el significado de una cosa, de un asunto o de un proceso observado y percibido.
La percepción, por así decirlo, mira detrás de lo observado y percibido, comprende su sentido. A la
observación y percepción externas se suma, pues, una comprensión.
La comprensión supone una observación y una percepción previas. Sin observación ni percepción,
tampoco nace comprensión alguna. O a la inversa: sin comprensión, lo observado y percibido queda
sin contexto.
Observación, percepción y comprensión forman un todo. Sólo donde las tres confluyen, nuestra
percepción nos permite actuar con sentido, sobre todo, ayudar con sentido.
A la realización y al actuar muchas veces se suma un cuarto elemento: La Intuición. Ella guarda
relación con la comprensión, se parece a ella, pero no es lo mismo.
La intuición es la comprensión repentina del actuar que se impone como siguiente paso necesario.
La comprensión muchas veces es generalizada, comprende todo el contexto y el proceso completo. La
intuición, en cambio, reconoce el siguiente paso y es exacta. La relación entre intuición y comprensión
es similar a la relación entre observación y percepción.
La concordancia es la percepción desde el interior, en un sentido amplio. También la concordancia
se orienta hacia el actuar. Es similar a la intuición, sobre todo, hacia el actuar en la ayuda. La
concordancia me pide sintonizar con el otro, vibrar en una misma sintonía, para así comprenderlo.
Para comprenderlo, tengo que sintonizar también con su origen, sobre todo con sus padres, pero
también con su destino, sus posibilidades, sus límites –también con las consecuencias de sus actos, con
su culpa y, finalmente, con su muerte.
Así, pues, en la concordancia me despido de mis propias intenciones, de mi propio juicio, de mi super
ego y de aquello que éste me exige como deber. Es decir, entro en concordancia conmigo y también con
el otro. De esta forma, también el otro puede entrar en concordancia conmigo sin perderse, sin tener
que temerme. En esta concordancia con el otro, a la vez puedo quedarme conmigo. No me entrego ni
me rindo ante él; en la concordancia con él mantengo la distancia, y justamente así puedo percibir qué
puedo y debo hacer a la hora de ayudarle. Por tanto, la concordancia también es pasajera. Sólo dura
mientras dura el actuar en la ayuda. Después, cada uno vibra nuevamente a su manera especial. Así,
en la concordancia tampoco se da la transferencia ni la contratransferencia. No se da la llamada
relación terapéutica, tampoco se asumen responsabilidades en lugar del otro. Cada uno permanece
libre del otro.9
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NECESIDADES BÁSICAS (PSÍQUICAS) DEL SER HUMANO
Harry Merl
• Amor o reconocimiento
• Sentirse competente
• Sentido y significado
• Lealtad
• Valores y / o espiritualidad
Amor o reconocimiento
Todos seres humanos necesitan sentirse amados o reconocidos. Depende de la relación: en casos de
familiares o de parejas se trata de “amor”. En casos de amistades u otras relaciones de
“reconocimiento”. Este amor o reconocimiento no está relacionado con un saber o una capacidad.
Sentirse competente
Todos seres humanos necesitan de alguna manera sentirse competente por algo. Necesitamos saber y
sentir que tenemos capacidades y que podemos lograr algo en nuestra vida y en nuestras relaciones.
Sentido y significado, todo actuar tiene un sentido y un significado. Todo lo que uno hace tiene un
sentido y un significado. Nadie hace algo sin sentido. Encontrar este sentido significa comenzar a
entender. Asimismo, necesitamos que los demás nos conceden el significado y que lo respeten, aún no
lo entienden.
Lealtad, la lealtad es constitutiva en el ser humano. Somos leales a nuestro sistema de origen, este es
un sentimiento muy primario; de pertenecer a ese sistema depende nuestra subsistencia. La
pertenencia debe circular en ambos sentidos: sentirnos pertenecientes y dar el derecho de pertenecer.
Por respetar lealtades en nuestro sistema primario, se nos dificulten los vínculos fuera de éste.
Valores y/o espiritualidad, los seres humanos tenemos valores. Los valores son centrales en nuestras
vidas, sin embargo, no todos compartimos los mismos. Necesitamos tomar los valores del sistema de
origen y los transmitimos a otros. Hacer circular nuestros valores es un modo de perpetuarlos, de
legitimarlos y de honrar aquellos que se nos trasmitieron. La espiritualidad puede ser la religión u otras
formas de la trascendencia de nuestros aspectos terrenales.
(Valores pueden ser: honestidad, buena vida, educación, dinero, la familia, etc.)
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CARACTERÍSTICAS DEL CONSTELADOR
EL AUTOCONOCIMIENTO
EL TRABAJO SOBRE SI CON LA MIRADA SISTEMICA LA FORMACIÓN ACADÉMICA
TRABAJO INTERIOR PERCEPCION EMPATIA CONTACTO
EL PRIMER CONTACTO EL PROPIO CUERPO REGISTRO DEL OTRO LA ESCUCHA EMPATICA
LA ESCUCHA FLOTANTE Y LA INFORMACION NO DICHA EL NIVEL DE LA CONCIENCIA
CONDICIONES BÁSICAS PARA SER CONSTELADOR
ORDENES DE LA AYUDA
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