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El impacto de los emoticonos en la actividad cerebral
Eva María Rosa Martínez, David Martínez Rubio
Facultad de Psicología, Magisterio y Ciencias de la Educación, Universidad Católica de Valencia “San Vicente
Mártir”, España
Tipo de artículo: Actualidad.
Disciplinas: psicología, neurociencias.
Etiquetas: comunicación digital, emoticonos, actividad cerebral, emoción.
En los últimos años estamos viviendo una auténtica revolución de la comunicación digital y de sus elementos
más singulares: los emojis (ideogramas o pictogramas) y sus antecesores, los emoticonos (combinaciones
de signos de puntuación que representan caras con distintas expresiones o emociones). Estos iconos,
permiten transmitir e identificar emociones sin el uso de palabras, al mismo tiempo que enriquecen la
comunicación y reducen la ambigüedad de la información, mejorando nuestras interacciones digitales.
Además, diversos estudios demuestran que nuestro cerebro reacciona ante estos iconos, en algunos
aspectos, de manera muy parecida a como lo hace con los rostros.
En 2015, el diccionario Oxford eligió un
emoji, concretamente el que llora de risa,
como palabra del año. Este acontecimiento
se debió al auge de los emojis en la
comunicación digital. El origen de estos
elementos se encuentra en los emoticonos,
una combinación de signos de puntuación
que representan caras con distintas
expresiones. El uso en 1982 del primer
emoticono, que representaba una cara
sonriente, se atribuye al ingeniero
informático Scott Fahlman, que comenzó a
usarlo en los foros para evitar confusiones
en los mensajes informales o en tono
humorístico.
(cc) Eva Rosa y David Martínez.
Emoticonos y emojis han supuesto una
revolución que nos permite comunicarnos sin el uso de palabras, al revelar nuestra emoción, o al evitar la
ambigüedad de los mensajes escritos, cuando lo que el hablante quiere transmitir no es exactamente lo que
Rosa Martínez, E. M., y Martínez Rubio, D. (2016). El impacto de los emoticonos en la actividad cerebral. Ciencia Cognitiva, 10:2, 53-55.
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dice, como, p.ej., en el caso del sarcasmo, la ironía o el humor. Estos iconos suplen lo que en los mensajes
orales expresamos a través de los gestos y del tono de voz, enriqueciendo la comunicación digital y
aumentando la satisfacción de los usuarios, lo que a su vez fomenta el uso de la mensajería instantánea, la
conexión social y la expresión de la identidad de los usuarios (Hsieh y Tseng, 2015).
Este desarrollo plantea la cuestión de cómo procesamos estos nuevos elementos culturales. En una
investigación en la que se midió la actividad cerebral de los participantes mediante la técnica de resonancia
magnética funcional se llegó a la conclusión de que los emoticonos se perciben como expresión de
emociones, aunque no sean reconocidos como caras (Yuasa, Saito y Mukawa, 2006). En concreto,
encontraron que el giro fusiforme derecho, que normalmente se activa en respuesta a las caras (Tong,
Nakayama, Moscovitch, Weinrib y Kanwisher, 2000), no respondía a los emoticonos, pero el giro frontal
inferior derecho, implicado en tareas de decisión con contenido emocional (Nakamura, 1999), se activaba
tanto con las caras como con los emoticonos.
Posteriormente, Yuasa, Saito y Mukawa
(2011) utilizaron también la técnica de
resonancia magnética funcional para
estudiar el efecto de los emoticonos como
información no verbal. El estudio incluyó
tres experimentos en los que se
presentaron a los participantes fotografías
de caras, emoticonos y frases
enriquecidas con emoticonos. Los
resultados mostraron que al presentar
frases enriquecidas con emoticonos se
Figura 1.- Las áreas sombreadas muestran las regiones
activaban los giros frontales inferiores
cerebrales activadas: (1) giro fusiforme derecho; (2) giro
derecho e izquierdo, implicados en el
frontal inferior derecho; (3) giro frontal medio derecho; (4)
procesamiento de información verbal y no
lóbulo parietal inferior derecho. Imagen adaptada de
verbal. Sin embargo, al igual que en el
Yuasa y col. (2011).
estudio de Yuasa y col. (2006), el giro
fusiforme derecho, implicado en el reconocimiento de caras, no se activaba ante estos estímulos (Figura 1).
Los autores concluyeron que los emoticonos constituían un recurso sencillo para mejorar la comunicación
emocional a través de información no verbal, que se procesa de forma diferente a las expresiones faciales o
el tono de voz.
Sin embargo, Churches, Nicholls, Thiessen, Kohler y Keage (2014) llegaron a la conclusión de que el
cerebro humano no sólo asocia los emoticonos a los rostros humanos, y reacciona a ellos de manera similar,
sino que, además, ambos desencadenan respuestas en las mismas áreas cerebrales localizadas en la
corteza occipito-temporal. En este estudio se mostraron fotografías de caras humanas con expresión alegre y
emoticonos sonrientes a los 20 participantes en el estudio, tanto en su posición natural, como en posición
invertida, mientras se medían sus potenciales evocados (es decir, los cambios registrados en la actividad
electroencefalográfica tras presentar un estímulo, que sirven como marcadores neurofisiológicos, en tiempo
real, de operaciones cognitivas). A la luz de los resultados obtenidos, los autores señalaron que las caras, en
su posición natural, eran reconocidas a través de procesos globales, que activan regiones de la corteza
occipito-temporal, mientras que en posición invertida activaban regiones laterales, implicadas en el
procesamiento de rasgos faciales específicos. En cuanto a los emoticonos, en su posición habitual eran
reconocidos por un proceso holístico similar al de las caras, debido a su asociación con éstas. Pero cuando
se presentaban invertidos, no eran capaces de activar ninguno de los procesos implicados en el
reconocimiento de caras debido a la falta de familiaridad en la configuración.
En conclusión, la efectividad del uso de emoticonos y emojis ha hecho que se conviertan en elementos
enriquecedores de la comunicación digital de uso generalizado. Conocer cómo se procesan estos elementos
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es un reto para la psicología cognitiva, ya que no parece existir una respuesta cerebral innata a los
emoticonos, sino que se trata de una respuesta aprendida a través de la asociación con el rostro humano,
una respuesta neural creada de manera cultural (Churches y cols., 2014). En resumen, la evidencia apunta a
que, debido al aprendizaje asociativo, los emoticonos son capaces de activar algunas áreas cerebrales del
mismo modo que los rostros humanos, concretamente, aquellas implicadas en el procesamiento de
información emocional, a pesar de que no activan otras áreas cerebrales específicas del procesamiento de
rostros. Por todo ello, es necesario seguir profundizando en los mecanismos de procesamiento específicos de
los emoticonos y los emojis.
Referencias
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mechanisms: Electrophysiological evidence. Psychologial Science, 13, 190–193.
Churches, O., Nicholls, M., Thiessen, M., Kohler, M., y Keage, M. (2014). Emoticons in mind: An event-related
potential study. Social Neuroscience, 9, 196-202.
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Playfulness in mobile instant messaging. PACIS 2015 Proceedings. Paper 220.
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Nakamura, K. (1999). Activation of the right inferior frontal cortex during assessment of facial emotion.
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Tong, F., Nakayama, K., Moscovitch, M., Weinrib, O., y Kanwisher, N. (2000). Response properties of the
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Yuasa, M., Saito, K., y Mukawa, N. (2006). Emoticons convey emotions without cognition of faces: An fMRI
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York, NY, USA, 1565-1570.
Yuasa, M., Saito, K., y Mukawa N. (2011). Brain activity when reading sentences and emoticons: An fMRI
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Manuscrito recibido el 19 de abril de 2016.
Aceptado el 1 de julio de 2016.
Rosa Martínez, E. M., y Martínez Rubio, D. (2016). El impacto de los emoticonos en la actividad cerebral. Ciencia Cognitiva, 10:2, 53-55.
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