Efectos del humo de tabaco en la salud
Efectos del humo de tabaco en la salud
ARTÍCULO
EL HUMO DE TABACO
Y SUS EFECTOS ADVERSOS
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“El humo de tabaco y sus efectos adversos”
Jorge Antonio García Álvarez
1 de agosto de 2015 | Vol. 16 | Núm. 8 | ISSN 1607 - 6079
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ture to which a human being can be exposed. Once the smoke penetrates through the
oral cavity, the organism generates a series of answers to avoid serious damages. The
most studied addictive component in the cigarette is the nicotine. It affects mainly the
central nervous system, stimulating the activation of some receptor molecules that are
in neuronal cells (nicotinic acetylcholine receptors), producing the liberation of a messen-
ger chemical called dopamine. At the moment, the tobacco dependence is a problem of
health that increases day by day, far from diminishing, and the way to face the problem
is based fundamentally on warnings. The objective of this paper is to give a simple vision
on what happens since a person lights a cigarette, how the addiction is created and what
consequences it has.
Introducción
E
n principio, es pertinente mencionar que el tabaquismo implica un problema de sa-
lud pública. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2015), el tabaquismo
es responsable de la muerte de más de cinco millones de personas al año ya que
uno de cada diez individuos muere por esta causa. Es un factor de riesgo en enferme-
dades como la cardiopatía isquémica y el cáncer, tanto de pulmón como de bronquios
y tráquea (para reconocer los componentes del sistema respiratorio se puede observar
la Figura 1). Esto implica, además de los problemas de salud, un costo económico muy
grande, ya que no permite al individuo continuar con su vida productiva y el costo por
servicios de salud es muy alto. A pesar de ser uno de los mayores factores de riesgo, se
puede prevenir. Algunas de las medidas realizadas por las autoridades han sido eliminar
la publicidad de los productos que inducen tabaquismo, aumentar los impuestos en es-
tos productos, crear lugares libres de humo en sitios públicos y lugares de trabajo, entre
otros. Evidentemente, hace falta más todavía para poder disminuir el problema. En las
últimas cuatro décadas se ha establecido que la nicotina es el componente principal que
promueve y mantiene la adicción al tabaco, pero se han encontrado más componentes
que participan en este proceso. Cabe recordar, además, que no sólo causa daño en las
personas que lo inhalan, sino también a quienes se encuentran alrededor de los fuma-
dores. Así, a quienes inhalan el humo de tabaco involuntariamente se les conoce como
fumadores pasivos (OMS, 2015).
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Las semillas de esta planta fueron introducidas a España y Portugal a principios del siglo
XVI. Hacia finales de este siglo fue importada por Walter Raleigh a Inglaterra. Jean Nicot, embaja-
dor francés ante la corte portuguesa, la envío a su país extendiendo su uso. En el siglo XVIII, Linneo
clasificó al tabaco en su sistema de clasificación de plantas con base en sus órganos reproductivos,
colocándola en la familia de las solenáceas. Al elaborar el nombre científico del tabaco, se le asig-
nó el de Nicotiana tabacum, haciendo alusión al apellido Nicot; de la misma manera, uno de los
primeros componentes identificados lleva un nombre semejante (nicotina) (NAVARRO, 1992).
Durante el siglo XVI, algunos médicos de la Nueva España realizaron descripciones
sobre las propiedades curativas. Se le atribuían propiedades expectorantes y estimulantes del
sistema nervioso, dado que se decía incrementar el ánimo y aminorar la carga de trabajo (HER-
NÁNDEZ, 1959).
Debido a estas propiedades, el tabaquismo se extendió rápidamente en todo el mundo.
En la Nueva España comenzaron a surgir algunas descripciones que advertían sobre los efectos
adversos si se abusaba del tabaco (AJOFRÍN, 1986). Para cuando se conformó la nación mexicana
en 1821, el tabaquismo estaba completamente extendido. A mediados del siglo pasado, prácti-
camente se fomentaba el uso del tabaco, pero ahora en una nueva presentación: los cigarros.
Así, durante los años cincuenta, los anuncios de cigarros comenzaron a poblar las páginas de las
revistas, el cine, la televisión y las calles. El mensaje que se utilizaba en estos anuncios era aquel
que asociaba la actividad de fumar con “ser más grande o fuerte”, “verse como un adulto”, “ser
más atractivo sexualmente” o inclusive ser “más maduro e interesante” (MONTES DE OCA, 2013)
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b) los que pueden inducir la formación de cáncer, como los hidrocarburos aromá-
ticos policíclicos, nitrosaminas, algunos compuestos metálicos como el cadmio,
cromo, arsénico, cobre, entre otros, y
Una vez que el humo penetra por la cavidad oral, el organismo genera una serie
de respuestas para evitar daños serios.
La adicción es una enfermedad crónica (dura mucho tiempo), que se desarrolla gradual-
mente permitiendo al sujeto de la adicción ir realizando ajustes momentáneos a la enfer-
medad y volviéndolo capaz de continuar funcionando aún enfermo. El componente adic-
tivo más estudiado hasta el momento en el cigarro es la nicotina. Las concentraciones
de ésta afectan principalmente al sistema nervioso central, estimulando la activación de
unas moléculas receptoras que se encuentran en las células neuronales y que se llaman
receptores nicotínicos de acetil colina (ALBUQUERQUE et al., 1995), de los cuales existen
varias formas ligeramente diferentes (isoformas) que han sido objeto de estudio para
diseñar terapias que reduzcan el hábito de fumar. Una vez que estas concentraciones de
nicotina interaccionan con los receptores, se induce la síntesis de un mensajero químico
llamado dopamina (PICCIOTTO et al., 1998). A su vez, este mensajero químico estimula
a otras neuronas en otras zonas del cerebro, provocando que los efectos de la nicotina
se refuercen, motivando el establecimiento y mantenimiento del hábito de fumar cada
vez más, y permitiendo, con la inhalación constante, que niveles significativos de nicotina
puedan permanecer en la sangre manteniendo la adicción (BREWER et al., 2004; HEN-
NINGFIEL et al., 1993; HUKKANEN et al., 2005).
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Esto sugiere que los factores genéticos pueden desempeñar un papel determinando en
la susceptibilidad a los efectos tóxicos del humo de tabaco. Los estudios realizados en
ratones apoyan este concepto, y en estudios de transcriptómica (estudio de los genes
que se están expresando debido a un estímulo), se han definido los grupos de genes que
podrían estar involucrados en la susceptibilidad. Al realizar este tipo de comparaciones
en ratones, se ha observado que existe un rango amplio de susceptibilidad a los efectos
tóxicos del humo de tabaco, es decir, hay ratones con poca o nula susceptibilidad, otros
con mediana y otros que son mayormente o muy susceptibles (LEME et al., 2010).
En un estudio reciente, se compararon las células del epitelio de vías aéreas, tan-
to de personas fumadoras como de no fumadoras. En el estudio se analizaron los cam-
bios que se presentaban en el ADN en una sola base (conocidos como polimorfismos) de
genes relacionados al tabaquismo (haciendo un paréntesis, los polimorfismos pueden
regular la expresión de genes que, en este caso, están involucrados en la respuesta al
humo de tabaco). Existe una porción del ADN que regula el encendido o apagado de ge-
nes (conocido como elemento de respuesta); un sólo cambio en ese fragmento de ADN
puede significar una diferencia importante en la respuesta que genere la célula al ser es-
timulada con humo de tabaco. Así pues, un individuo que presente la secuencia A tendrá
una respuesta favorable aun fumando, mientras que si existe un cambio en esa secuen-
cia para generar la secuencia B, este individuo podría tener una respuesta no favorable
al estar fumando. El análisis funcional mostró que existen genes que son regulados por
el elemento de respuesta a antioxidantes ARE, mismos que fueron menos expresados en
fumadores enfermos en comparación con los fumadores no enfermos o sanos. Dichos
genes están relacionados con una actividad protectora (WANG et al., 1934).
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Hay otros estudios, realizados a lo largo de los años, que apoyan aún más la
hipótesis de esta carga genética, que se llevaron a cabo dando seguimiento a personas
con hermanos gemelos mellizos que vivieron juntos o que fueron separados. En muchos
de estos casos, ambos hermanos eran fumadores. A pesar de ello, no todo entra en el
contexto de la genética, y aunque un individuo posea una carga genética fuerte para
contraer el hábito de fumar, el medio en el que se desarrolla también puede tener una
profunda influencia para evitar que sea fumador (una cuestión conocida como epigéne-
tica). En cualquier caso, el que los padres sean fumadores no significa necesariamente
que el hijo lo vaya a ser, pero la probabilidad de que adquiera el hábito del tabaquismo
es muy alta.
Imagínese que una persona comienza a fumar a los quince años de edad, inicialmente
con un cigarro por día. A los diecisiete años tal vez ya esté fumando dos o tres cigarros
diarios. Para los 25, la cantidad de cigarros que fuma alcanza los diez cigarros diarios. Es
importante mencionar que las células de nuestro cuerpo son formidables cuando son
jóvenes, pues tienen una capacidad de respuesta al daño muy alta, misma que se va
perdiendo poco a poco cuando se alcanza la edad adulta, hasta que en la edad senil se
encuentra totalmente disminuida. Así, cuando una persona que inicia el hábito de fumar
es joven, suele no tener tantos problemas a menos que su organismo se encuentre com-
prometido con otras enfermedades.
Como es difícil (a veces imposible) conocer la respuesta del humo de tabaco
dentro de una persona, la ciencia ha recurrido a modelos animales en ratas, ratones y
cobayos para obtener datos que permitan dilucidar los efectos celulares y moleculares
que ocurren por este estímulo. Esto ha generado mucha información que, combinada
con la investigación clínica (que no se revisa en este escrito), arroja datos muy interesan-
tes. Con base en ello, se sabe que las primeras células que reciben el impacto del humo
de tabaco son las que recubren la cavidad oral y posteriormente el tracto respiratorio,
en el cual, la motilidad ciliar de las mucosas se reduce y se incrementa el número de
células llamadas caliciformes, lo cual estimula la secreción exagerada de mucosidad. Los
efectos mencionados disminuyen la capacidad antimicrobiana de los epitelios, y esto
explica parcialmente por qué los fumadores son más susceptibles a las infecciones por
microorganismos.
Es importante mencionar que el filtro que tienen incorporados muchos cigarros
no retiene las especies reactivas de oxígeno, las cuales afectan principalmente a las vías
aéreas. Estos radicales libres generan a su vez otros radicales libres y el daño se acentúa,
afectando con ellos sas células epiteliales de las vías aéreas, induciendo peroxidación de
lípidos y otros constituyentes de la membrana plasmática, activando respuestas celula-
res sensibles a la oxidación e induciendo daño al ADN. Los constituyentes producidos por
la combustión del humo de tabaco son capaces de provocar una respuesta de defensa
en las células epiteliales del tracto respiratorio, lo que ocasionará que comiencen a pro-
ducir mensajeros químicos que a su vez activan cascadas de señalización intracelular
que llevan a la activación de genes de respuesta inflamatoria (Interleucina 8, Factor de
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Uno de los factores más comunes que dan como resultado una función pulmonar y salud
respiratoria reducidas es la exposición al humo de tabaco materno. El nivel de exposición
determinará la severidad de los efectos en la función pulmonar. Entre los problemas de
salud se puede enlistar el bajo peso al nacer, así como complicaciones perinatales, el
síndrome de muerte infantil súbita, enfermedad pulmonar obstructiva, neurodesarrollo
alterado, infecciones y canceres (ABBOTT y WINZER-SERHAN, 2012; COOK y STRACHAN
1999). Como ya se mencionó, la nicotina es el mayor componente activo del humo de
cigarro y es absorbido muy rápidamente en el tracto respiratorio de los fumadores. Aun-
que suele asumirse que la absorción pulmonar de la nicotina a partir del humo de cigarro
es más rápida por otras rutas (oral y transcutánea), el pulmón parece servir como un
reservorio de nicotina, la cual entra lentamente en la circulación arterial. La nicotina
atraviesa fácilmente la placenta y entra a la circulación fetal. Ésta puede entrar al líquido
amniótico y ahí puede ser absorbida a través de la piel del feto. También puede incor-
porarse a la leche materna y tener concentraciones tan altas que rebasan 2-3 veces el
contenido que se encuentra en el plasma de la madre. Una persona que consume 17
cigarros al día, absorbe 0.3 mg de nicotina por cada kilogramo de peso corporal por día.
Por poner un ejemplo, si una persona con este consumo pesa 60 kilos estará consumien-
do 0.02 gramos aproximadamente de nicotina diarios. Los niveles en la concentración de
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nicotina en el plasma sanguíneo de una persona fumadora por las tardes, oscila entre 10
a 50 mg por mililitro. Los tejidos con la afinidad más alta a la nicotina son el hígado, el
riñon, el bazo y evidentemente los pulmones. El tejido con menor afinidad a la nicotina
es el tejido adiposo. También se une con alta afinidad al tejido nervioso. Mucha de la ni-
cotina que entra en el feto, regresa a la circulación materna para su eliminación, aunque
alguna parte entra al líquido amniótico vía la orina fetal. Como consecuencia la nicotina y
un producto de esta, la cotinina, se acumulan en el líquido amniótico de las mujeres em-
barazadas porque la nicotina eliminada por el feto se suma a la nicotina que proviene de
los vasos sanguíneos de la membrana amniocoriónica. Así, el feto queda expuesto a altas
concentraciones de nicotina mientras que la madre ha experimentado una reducción de
esta en su torrente sanguíneo (VOTAVOVA et al., 2011; VOTAVOVA et al., 2012).
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Conclusión
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