En el año 1838, el naturalista y lingüista suizo Jacob von Tschudi
llegó a Perú. Tschudi estaba fascinado por las antiguas culturas
peruanas, y durante su estancia en el país andino, que se prolongó
cinco años, conoció a uno de sus arqueólogos más reputados y
famosos: Mariano Eduardo de Rivero, fundador del Museo Nacional
de Antropología, Arqueología e Historia del Perú, a quien ofreció su
colaboración.
En 1841, Tschudi y Rivero viajaron por todo el país investigando las
ruinas de ciudades perdidas, tanto en los Andes como en la costa
norte del Pacífico. Al término de su viaje recogieron los resultados de
sus investigaciones en un libro titulado Antigüedades peruanas, que se
publicó en Viena en 1851. En su prólogo, ambos estudiosos dan
cuenta de lo penoso de su trabajo de campo durante todos estos
años: "Muchos fueron los obstáculos […] los diversos climas, malos e
intransitables caminos, peligros que vencer al visitar sitios
abandonados, la falta absoluta de un itinerario o guías que nos
indicasen las antigüedades dignas de observarse; pero nada pudo
arredrarnos para persistir en nuestro intento".
EXCAVANDO CHAN CHAN
Una de las ciudades más estudiadas por Tschudi y Rivero fue Chan
Chan, la otrora floreciente y sofisticada capital del reino chimú
entre los siglos IX y XV. En Chan Chan, Tschudi dejó constancia de su
asombro al contemplar por primera vez la magnitud de sus restos:
"Las inmensas ruinas de los palacios del Gran Chimú son uno de los
más interesantes monumentos de la arquitectura de América del
Sur". Tschudi y Rivero estudiaron a fondo las impresionantes ruinas,
dibujaron mapas detallados de la ciudad y realizaron descripciones
del monumento: "Las ruinas del Chimu comprenden un espacio de
tres cuartos de legua […] sus paredes son de cascajo amasado con
barro […] Cada uno de los palacios era circundado por una muralla
exterior que los encierra completamente".
Pero, al mismo tiempo, todo lo que los investigadores veían
manifestaba que la ciudad había sido objeto de destrucción y
ruina. En efecto, hacia el año 1470, los incas atacaron el reino chimú,
doblegaron a sus gobernantes y destruyeron su fastuosa capital,
Chan Chan.
Pero la memoria de Chan Chan nunca se perdió completamente. Tras
la destrucción y saqueo por los incas, la ciudad se hallaba
prácticamente en ruinas, siendo un pálido reflejo de lo que fue,
aunque todavía estaba parcialmente habitada cuando llegó allí
Francisco Pizarro en 1532. Durante el virreinato, entre 1532 y 1821,
Chan Chan fue objeto de saqueos y destrucciones, ya que se creía
que entre sus ruinas se escondían magníficos tesoros de oro y
plata. El gobierno de la colonia hizo "concesiones oficiales" a quienes
lo solicitaban para la extracción de piezas arqueológicas, lo que
ocasionó la pérdida irreparable de grandes sectores del monumento.
De este hecho también se hicieron eco Rivero y Tschudi: "En tiempos
pasados se han sacado de aquí muchas momias, tejidos, varias piezas
de plata y oro, herramientas y un ídolo de madera con pedacitos de
concha de perla".
LA GRAN CAPITAL CHIMÚ
Chan Chan, que significa "la ciudad del sol" en qignam, la lengua
hablada en la región, fue fundada en el año 850 por el pueblo chimú.
Herederos de los mochicas y los huari, los chimú florecieron antes de
que los incas se convirtieran en la potencia más importante del
continente y alcanzaron la cúspide de su gloria entre los siglos XIV y
XV. Este pueblo construyó una inmensa red de canales para llevar el
agua de los arroyos a una tierra árida, olvidada por las lluvias. Chan
Chan, levantada en adobe, ocupaba una extensión de veinte
kilómetros cuadrados y se convirtió en el mayor centro urbano de
América del Sur.
Chan Chan no se parece a ninguna otra ciudad del continente. Se
compone de nueve ciudadelas, construidas totalmente en adobe,
una sucesión de complejos reales ocultos tras imponentes muros de
barro de hasta doce metros de alto y seiscientos de largo. Cada una
estaba formada por un conjunto de corredores que conectaban
almacenes, patios, albercas (huanchaques), residencias, inmensos
patios ceremoniales de planta rectangular y grandes plataformas
funerarias. Los muros de las ciudadelas estaban decorados con frisos
geométricos que reproducían mamíferos, aves, peces, criaturas
míticas…
Junto a las ciudadelas reales se alzaban complejos más pequeños,
seguramente el hogar de nobles y burócratas que hacían funcionar la
administración del Estado. Los barrios y distritos artesanos así como
los huertos se hallaban en la periferia. Tschudi y Rivero también
estudiaron estas zonas adyacentes a las grandes ciudadelas: "Fuera
de estos edificios notables hay infinidad de cuadros y casitas [… ],
seguramente habitaciones de las clases inferiores, y cuya gran
extensión proporciona datos de que la población debió ser muy
considerable". Se cree que en su época de máximo esplendor Chan
Chan pudo tener unos 35.000 habitantes.
Cuando un gobernante o curaca moría era enterrado en su propia
morada, junto a sus bienes, pero no realizaba solo el viaje al
inframundo: se hacía acompañar de una nutrida comitiva de jóvenes
mujeres que habían sido sacrificadas. Ejemplo de ello es la plataforma
funeraria de una de las ciudadelas, conocida en la actualidad como
Nik An ("Casa del Centro"), donde además de la tumba del gobernante
se hallaron 44 huecos para enterrar a sus acompañantes. Tras el
suntuoso entierro, el sucesor construía otro complejo, una nueva
ciudadela para él y su corte.
EL FUTURO DEL YACIMIENTO
Tras los exhaustivos estudios de Tschudi y Rivero, ya entrado el siglo
XX se realizaron en Chan Chan trabajos de limpieza, consolidación y
restauración de las estructuras de la ciudad. De 1969 a 1975 se puso
en marcha el Proyecto Chan Chan-Valle de Moche, que estuvo dirigido
por los arqueólogos Michael Moseley y Carol J. Mackey de la
Universidad de Harvard, y en 1998 se implementó el Proyecto
Especial Complejo Arqueológico de Chan Chan, para fomentar la
investigación, restauración y difusión del yacimiento.
En 2006 se aprobó un Plan de Emergencia destinado a la
conservación de las frágiles estructuras de barro de la ciudad,
expuestas a factores climáticos tan destructivos como la erosión
provocada por el viento y las lluvias, y también al impacto humano
como el uso agrícola de ciertas zonas del yacimiento y el aumento del
turismo. Asimismo, los arqueólogos han de hacer frente a otro tipo de
problemas como fallos en la construcción original, ya que para erigir
Chan Chan los obreros chimús usaron materiales con alto contenido
en sal que han provocado el colapso de algunas estructuras.
Hoy en día, en Chan Chan sólo puede visitarse la ciudadela Nik An
(que anteriormente recibió el nombre de Tschudi en honor a su
investigador), la más estudiada y restaurada, que constituye un
magnífico ejemplo de la pericia constructiva de los chimús, una
de las grandes culturas preincaicas que dominaron el antiguo Perú.
[Link]
chimu_6850.