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Influencia Griega en la Lingüística Romana

Los romanos adoptaron las ideas gramaticales griegas y las aplicaron al latín. Durante la Edad Media, las gramáticas latinas adquirieron gran importancia ya que el latín alcanzó una posición privilegiada. Los gramáticos medievales se interesaban exclusivamente por el latín y consideraban sus propias lenguas como 'vulgares' y no dignas de estudio.

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Influencia Griega en la Lingüística Romana

Los romanos adoptaron las ideas gramaticales griegas y las aplicaron al latín. Durante la Edad Media, las gramáticas latinas adquirieron gran importancia ya que el latín alcanzó una posición privilegiada. Los gramáticos medievales se interesaban exclusivamente por el latín y consideraban sus propias lenguas como 'vulgares' y no dignas de estudio.

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Roma

Los romanos conocían muy bien las gramáticas griegas y adoptaron prácticamente todas sus
ideas principales. Las aplicaron al latín, aunque muchas veces de una manera mecánica y sin
tomar en cuenta el carácter distinto de esta lengua. A pesar de ello, sus obras adquirieron
mucha importancia, sobre todo durante la Edad Media, cuando el latín alcanzó una posición
privilegiada, con lo que creció también la importancia de las gramáticas latinas .

Al pasar de Grecia a Roma entramos en un mundo muy distinto. Es correcto hablar de la era
grecorromana como una época de civilización unificada en torno a la zona del Mediterráneo,
pero los respectivos papeles de Grecia y Roma fueron diferentes y complementarios. Sin la
otra, la comparación de cada una de ellas a la civilización europea habría sido menos
importante o menos productiva.

Los romanos habían disfrutado durante largo tiempo del contacto con la cultura material y las
ideas intelectuales griegas en todos los asentamientos del sur de Italia, y habían aprendido a
escribir de los griegos occidentales. Pero fue en el curso de los siglos II y III a.C. cuando el
mundo griego entró progresivamente en el ámbito del dominio de Roma, para entonces
dueña de la totalidad de Italia. La expansión del dominio romano se había casi completado en
la era cristiana; el que ya era Imperio Romano había alcanzado una posición relativamente
permanente que, con cambios a escala bastante reducida en Britania y en las fronteras
septentrional y oriental, se mantuvo libre de guerras importantes otros doscientos años.

Durante los años en los que Roma rigió el mundo civilizado occidental hubo sin duda contactos
entre latino hablantes y hablantes de otras lenguas a todos los niveles y en todos los lugares. Debió
de haber una gran demanda de intérpretes, y la enseñanza y el aprendizaje del latín (y, en las
provincias orientales, del griego) debió de interesar a todo tipo de personas tanto en los hogares
privados como en escuelas organizadas.

Las traducciones fueron numerosas. La primera traducción al griego del Antiguo Testamento (los
Septuaginta) fue obra de eruditos judíos de la época helenística; desde el siglo III a.C. la literatura
griega se tradujo sistemáticamente al latín. El prestigio de los escritos griegos prevaleció en tal
medida que la poesía latina abandonó sus metros nativos y durante la época clásica y después se
compuso en metros aprendidos de los poetas griegos. Esta adaptación de los metros griegos al
latín halló su culminación en los magníficos hexámetros de Virgilio y en las perfeccionadas elegías
de Ovidio. Los romanos eran conscientes del multilingüismo como un logro. Aulo Gelio habla del
notable Mitrídates del Ponto (120-63 a.C.), que era capaz de conversar con cualquiera de sus
súbditos, divididos en más de veinte comunidades lingüísticas diferentes.

En la ciencia lingüística, la experiencia romana no fue una excepción a la condición general de sus
relaciones con la producción intelectual griega. La lingüística romana era en buena parte la
aplicación del pensamiento griego, las controversias griegas y las categorías griegas al latín. Las
estructuras básicas relativamente similares de las dos lenguas, junto con la unidad de civilización
que se había conseguido en el mundo grecorromano, facilitó la transferencia metalingüística.

La introducción de los estudios lingüísticos en Roma se atribuye a una de esas anécdotas


pintorescas que animan el relato del historiador. Crates, un filósofo y gramático estoico, fue a
Roma con una delegación política y mientras estaba visitando los monumentos se cayó en una
zanja abierta y tuvo que guardar cama con una pierna rota. Mientras se recuperaba pasó el tiempo
dando conferencias sobre temas literarios a un público admirado. Es probable que Crates, como
estoico, introdujese principalmente doctrinas estoicas en sus enseñanzas, pero los pensadores
griegos y los saberes griegos en general entraron en el mundo romano de manera creciente en
esta época; en tiempos de Varrón (116-27 a.C.) se conocían y discutían las opiniones alejandrinas y
las estoicas sobre el lenguaje.

Varrón fue probablemente el escritor que cultivó los temas lingüísticos con más independencia y
originalidad entre los romanos aunque el estilo de Varrón ha sido criticado por ser poco atractivo,
pero él fue probablemente el más original de todos los estudiosos latinos en cuestiones
lingüísticas. Fue muy influido por el pensamiento estoico, incluyendo el de su propio maestro Stilo,
pero estaba igualmente familiarizado con la doctrina alejandrina; un fragmento que pretende con-
servar su definición de gramática, «el conocimiento sistemático del uso de la mayoría de los
poetas, historiadores y oradores». Fue muy admirado y citado por quienes escribieron
posteriormente sobre lingüística, aunque en la corriente dominante de la teoría lingüística su
tratamiento de la gramática latina no llegó a ejercer tanta influencia sobre los sucesores medie
vales de la Antigüedad como otros eruditos más derivados tales como Prisciano, los cuales
pusieron su empeño en describir el latín dentro del marco ya fijado para el griego por la Téchně y
las obras sintácticas de Apolonio.

Un rasgo importante de la obra lingüística de Varrón es su extensa exposición y formalización de


las opiniones opuestas de la controversia analogía-anomalía; buena parte de su descripción y
análisis del latín aparece en su tratamiento de este problema. Él es de hecho una de las fuentes
principales para los detalles de dicha controversia; puede argumentarse que la interpretó
equivocadamente como materia de permanentes ataques y contraataques académicos en lugar de
como coexistencia de tendencias o actitudes contrarias, más probable. En cualquier caso está claro
que algunas irregularidades, excepciones léxicas sancionadas por el uso, deben ser aceptadas, pero
el objeto de todo gramático es ordenar su descripción de manera que abarque lo máximo posible
del lenguaje dentro de reglas gramaticales o generalizaciones.

Los únicos estudios lingüísticos de los latinos se redujeron al campo gramatical y se realizaron en
estrecha dependencia de los gramáticos griegos. Sin embargo, estos trabajos lingüísticos de los
gramáticos latinos fueron de incalculable importancia para la cultura occidental, puesto que
transmitieron al resto de Europa a lo largo de toda la Edad Media los conocimientos lingüísticos de
los griegos. Roma produjo excelentes gramáticos, entre los que sobresalen Varron (siglo I antes de
Cristo), Donato (s. IV) y Prisciano (s. VI). Este último, por su época y por su docencia en
Constantinopla, es más bien un autor bizantino, aunque su lengua y su cultura es latina.

En cuanto a la lingüística general, no encontramos muchas novedades en los romanos. Tal vez valga
la pena mencionar una cantidad considerable de opiniones relativas al origen del hombre y de la
lengua. Entre las opiniones religiosas que prevalecían- apareció también una muy diferente. Su
autor, excelente poeta Tito Lucrecio Caro (aprox. 98-55 a. C.), apoyándose en los atomistas griegos
Demócrito y Epicuro, defendió en su obra «Sobre la naturaleza» (De rerum natura) una tesis
convincente de carácter materialista sobre el origen de la lengua, opinión que se quedaría aislada
durante todo el largo período de la Edad Media.
La Edad Media

La Edad Media es un período histórico que abarca desde el siglo V al XV, coincidiendo con la
invención de la imprenta.

Con el término Edad Media suele designarse el período de la evolución de Europa que duró
unos mil años, que estaba limitado en el comienzo por la desintegración del Imperio Romano,
en el siglo V, y que terminó con la aparición del pensamiento renacentista, eventualmente
con el «descubrimiento» del Nuevo Mundo el continente americano- en el siglo XV. A
diferencia del régimen prepondera mente esclavista de los Imperios antiguos, para la Edad
Media es característica la transición hacia el feudalismo. Como su otro rasgo característico
puede considerarse la propagación del cristianismo, el poder creciente de la Iglesia, así como
el desarrollo prácticamente exclusivo de las ciencias y artes dentro de la ideología cristiana.

Los gramáticos de Europa medieval se interesaban casi exclusivamente por la muerta lengua
latina, considerando sus propias lenguas maternas como «vulgares» y no dignas de estudio.
Semejante falta de interés por la lengua «vulgar» podía observarse ya en los gramáticos
romanos que se dedicaron solamente al latín clásico, ignorando por completo el «vulgar ».
Gracias a su actitud los romanistas conocen perfectamente el latín clásico, pero tienen sólo
una visión general y aproximada sobre el latín «vulgar» y sobre la evolución de las lenguas
románicas que de él se derivaron.

La gramática configuró pues la base del saber medieval, como arte liberal por sí misma y
como necesidad de leer y escribir en latín correctamente. Todos estos estudios estaban
subordinados a la teología, el estudio de la fe y la doctrina cristianas, pero como ejemplo de
la pervivencia de los temas culturales se puede rastrear la organización de las siete artes
hasta la época clásica. Se sabe que Varrón escribió las Disciplina, una enciclopedia sobre
temas educativos que incluía las siete artes junto con la medicina y la arquitectura. Éste fue el
modelo del panorama de las siete artes de Agustín, en el cual éste sustituyó a la astronomía
por la filosofía, y hacia la misma época Marciano Capella (siglo v d.C.) redactó una descripción
de las siete artes en forma de alegoría de las bodas de Mercurio y la Filología, en las cuales
las siete damas de honor eran Gramática, Lógica, Retórica, Geometría, Aritmética, Astronomía
y Música. Éste era el contexto en el que se estudiaba y enseñaba la gramática en los primeros
siglos después de la caída del Imperio Romano de Occidente. Las obras mismas eran en lo
esencial prácticas y normativas.

Otros escritos adquirieron la forma de numerosos comentarios y glosas, principalmente sobre


Prisciano; en otros campos esta erudición lingüística tuvo el apoyo de obras etimológicas y
lexicográficas como la que debemos a Isidoro de Sevilla (siglo VII), bien conocida. Varias de las
obras editadas por Keil en sus Grammatici latini pertenecen a los autores utilizados para la
enseñanza de la gramática latina.

De ellos, Donato fue la principal autoridad hasta alrededor de 800, Tépoca en que la
gramática de Prisciano, mucho más extensa y completa, llegó a ser ampliamente conocida en
Occidente. Posteriormente Donato y Prisciano compartieron el puesto de principal gramático
de la Edad Media como autores de libros de texto para profesores. Hay desde luego
importantes diferencias de teoría y método entre las gramáticas de Donato, más breves, y
otras de parecido extensión, pero entre los gramáticos tardolatinos hay un autor conocido
como Virgilio Marón Gramático, cuya obra, escrita probablemente a comienzos del siglo VII,
ha sido despachada hasta ahora como producción de un escritor totalmente incompetente e
incluso trastornado. Un estudio reciente ha mostrado que no pretendía escribir un libro de
texto didáctico sino más bien una crítica, desde diversos puntos de vista, de las relaciones
entre la enseñanza tradicional de la gramática latina y el pensamiento clásico y religioso y el
contexto intelectual de la Alta Edad Medias.

Lo que se considera con mucho como el acontecimiento más interesante y significativo en la


lingüística en el curso de la Edad Media es la producción de «gramáticas especulativas» o
tratados De modis signifi- candi («sobre los modos de significar») por parte de una serie de
escri- tores durante el período culminante de la filosofía escolástica (h. 1200- 1350). La
gramática especulativa fue mucho más allá de las exigencias de la enseñanza del latín; los
escritos en los que se expuso coexistieron al lado de manuales patrón de enseñanza como la
Doctrinale de Alejandro de Villedieu.

La teoría del lenguaje propuesta por los modistas en términos de los modi essendī,
intelligendi y significandi, sin embargo, se basa en un «realismo moderado», en lo esencial
una visión aristotélica en su interpretación por santo Tomás de Aquino y uno de los dogmas
de la filosofía tomista. En esta opinión, por lo que atañe al conocimiento humano, los
universales son abstraídos de propiedades reales de cosas concretas y luego considerados
aparte de ellos por la mente. En términos modistas, la mente abstrae los modi essendi de las
cosas y los considera como modi intelligendi y la mente permite que esas abstracciones sean
comunicadas por medio de los modi significandi.

Se suponía que todos los hombres llevan a cabo este proceso de la misma manera y que a
pesar de diferencias superficiales todas las lenguas comunican de la misma manera, o, como
lo expresaron los modistas, los modi essendi y los pasivos modi intelligendi y significandi son
materialmente los mismos.

La exigencia de que la descripción gramatical se integrase en la teoría filosófica motivó


grandes cambios en la actitud de la gente hacia los estudios lingüísticos. La filosofía, en su
sentido más amplio, había sido la cuna de la lingüística y de la primera especulación sobre el
lenguaje en la antigua Grecia, pero desde la aparición de la escuela alejandrina representada
en la Tédmě, cuyas posturas seguían siendo dominantes I en Apolonio y sus sucesores griegos
y latinos, el estudio de la literatura clásica y de la lengua y el estilo de reconocidos poetas y
prosistas había constituido la finalidad y el contexto aceptados de los trabajos lingüísticos.
Hasta tal punto había sido ésta una tradición aceptada y con- tinuada que después de la
declaración explícita de la Téchné los autores posteriores o bien la repitieron sumariamente,
limitándose a breves frases como el conocimiento de la forma de hablar correctamente y de
escribir correctamente» (scientia recte loquendi rectè scribendi) o bien, como Prisciano,
consideraron innecesario ofrecer una aseveración o definición para introducir su tema. Pero
la transformada perspectiva de la Baja Edad Media exigía un reconocimiento explícito de un
cambio en las definiciones de la ciencia lingüística.

La discusión de los universales lingüísticos y de la gramática universal se ha prolongado desde


puntos de vista y posiciones teóricas en contraste desde la Edad Media hasta nuestra época
Renacimiento

Renacimiento es característico el desarrollo de las ciencias naturales astronomía, física,


química y otras-, que se separaron de la teología y llegaron a oponerse a ella. Como su rasgo
característico puede considerarse también su pensamiento humanista, que reconocía la
capacidad del hombre para influir sobre las condiciones sociales, acentuando su actividad y
considerando como el objetivo de su vida el desarrollo armónico actual de su personalidad y
no la preparación para la vida en el otro mundo.

El Renacimiento es también un período de importantes descubrimientos marítimos, durante


los cuales los europeos lograron llegar a las partes más remotas del mundo. Se intensificaron
considerablemente también las relaciones comerciales y culturales entre los distintos países.
Además, comenzaron a formarse las naciones modernas que, además de darse cuenta de su
comunidad cultural y lingüística, empezaron a darse cuenta también de su comunidad
económica y, por otra parte, comenzaron a manifestar su interés por la creación de sus
lenguas literarias nacionales. Entre los rasgos característicos del Renacimiento hay que
mencionar también el hecho de que todas las fuerzas de la sociedad atacaron a la Iglesia
católica, considerándola como el soporte más poderoso del feudalismo medieval.

El pensamiento trascendental del Renacimiento tuvo su repercusión positiva también en las


obras de carácter lingüístico; por una parte, cambiaron algunas opiniones sobre la gramática
y, ante todo, sobre la fonética; por otra parte, aparecieron algunas cuestiones nuevas que la
Edad Media había ignorado por completo y que llegaron a formar parte de la lingüística
moderna. Sobre todo en este último aspecto consiste el aporte principal de la lingüística
renacentista.

A medida que crecía el interés por las lenguas nacionales -que estaban desemplazando poco a
poco al latín de sus funciones oficiales en contactos administrativos y culturales- crecía
también el interés por las cuestiones de su ortografía y, por consiguiente, de su parte
fonética. Así, p. ej., el italiano Trissino propuso, en 1524, distinguir en la ortografía las vocales
abiertas y cerradas e, o, escribir Ij en vez de gl, к en lugar de ch, etc.

Toda una serie de semejantes proposiciones apareció en Francia, Inglaterra y en otros países.
En checo, una importante reforma ortográfica tuvo lugar ya hacia 1400, basada en la obra «De
ortographia Bohémica» escrita probablemente por Juan Hus; la reforma eliminó la torpe
designación de algunos sonidos con dos letras (cz, rz, etc.), introduciendo los signos
diacríticos respectivos (c, n etc.). Contenía también algunas descripciones fonéticas muy
avanzadas de los sonidos checos. En los países de Europa Occidental, la mayor parte de las
proposiciones no se realizó.

Ya a fines del siglo xv apareció la Gramática de la lengua castellana, con mucha probabilidad
la primera gramática de una lengua moderna; la publicó Antonio de Nebrija en 1492. Poco
después, hacia 1495, fue publicada la gramática del dialecto toscano que más tarde sirvió de
base para el italiano literario- bajo el nombre de Le rególe della lingua florentina; se supone
que su autor fue el propio Lorenzo dei Medici.

En la primera mitad del siglo xvi aparecieron muchas otras gramáticas, de las cuales algunas
todavía fueron escritas en latín, otras ya en la lengua respectiva o en otra lengua moderna. La
primera gramática sistemática del francés fue publicada en Inglaterra por J. Palsgrave, en
1530, bajo el nombre de Uesclarcissement de la langue franęoyse\ tenía más de mil páginas y
trataba con detalle sobre la ortografía, pronunciación y gramática del francés. Casi al mismo
tiempo, en 1531, Jacques Dubois publicó en París otra gramática francesa escrita en latín, y
poco después, en 1536, apareció la primera gramática portuguesa de Oliveira: Gramática da
linguagem portuguesa.

El aporte de los gramáticos renacentistas fue notable sobre todo en cuanto a la aplicación de
las reglas gramaticales a las más diversas lenguas vivas. En lo que se refiere al desarrollo de
sus propias teorías, había pocas novedades. Al clasificar las partes de la oración, p. ej.,
algunos autores adoptaron de una manera mecánica los modelos latinos, desde la Edad
Media hasta el siglo xviii sin tomar en consideración, el artículo que formaba parte integrante
de sus lenguas.

Uno de los pocos innovadores fue Petrus Ramus (1515-72), que escribió las gramáticas del
griego, latín y francés; además, en la obra Scholae grammaticae explicó su propia teoría de la
gramática; en su descripción dejó aparte los criterios filosóficos y lógicos, basándose sobre
todo en las relaciones que existen entre las partes diferentes de la oración. Por consiguiente,
suele ser designado a veces como uno de los precursores del estructuralismo.

La lingüística del Renacimiento y, sobre todo, del siglo xvi se caracterizaba por haber dejado
de interesarse exclusivamente por el latín, concentrándose en el estudio de otras lenguas
clásicas y, ante todo, de las lenguas nacionales vivas. Además empezó a dedicarse a temas
que sus precursores ni siquiera se habían planteado. Al tratar de solucionarlos, los gramáticos
renacentistas muchas veces llegaron a conclusiones erróneas, por haberse servido de
métodos poco científicos. Sin embargo, muchas de las cuestiones llegaron a formar parte
integrante de la lingüística moderna, motivando a las futuras generaciones de lingüistas a
nuevas investigaciones. Superando las tradiciones medievales y planteando nuevas
cuestiones, la gramática renacentista se convirtió en el precursor importante de la lingüística
moderna.

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