CURSO
9. LA LASCIVIA
Pastor Luis Búcaro
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ECE PRESENCIA Trece pasos de sanidad del corazón
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13 PASOS DE SANIDAD DE NUESTRO CORAZÓN ESPIRITUAL
El Señor Jesús nos revela la condición de nuestro corazón, con el propósito que
busquemos ser liberados y sanados, para que seamos de los bienaventurados de limpio
corazón que verán a Dios nuestro Padre eterno.
Marcos 7:21-23
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos,
los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades,
el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas
maldades de dentro salen y contaminan al hombre”
La novena maldad que Jesús menciona y que debemos sanar en nuestro corazón, es la
LASCIVIA. Es un término amplio y para que podamos comprenderlo veamos algunas
definiciones que encontramos al respecto.
De acuerdo al Diccionario Strong: La palabra LASCIVIA viene del griego asélgeia que
significa: libertinaje, principalmente sexual, disolución, nefanda (conducta abominable por
ir contra la moral y la ética).
Diccionario Tuggy: Imprudencia, descaro, desvergüenza, libertinaje, insolencia.
Diccionario Swanson: Sensualidad, licenciosidad, obscenidad, no tener control sobre las
actitudes y conductas morales.
Diccionario Vine NT. Disolución, exceso, Desenfreno (ausencia de freno), indecencia.
En términos generales, la lascivia es el deseo excesivo por algo o alguien. Es un apetito
excesivo por una cosa y propensión excesiva a los placeres sexuales, lo que lleva a realizar
actos de carácter inmoral.
Por lo tanto, la lascivia va más allá de solamente el concepto de desenfreno sexual que
nosotros normalmente tenemos de la misma. No solo debe entenderse como los deseos y
comportamientos sexuales descontrolados, sino también, al apetito inmoderado de algo o
propensión a los deleites carnales en general.
La lascivia es lo que nos impulsa a la indecencia, al desenfreno o una conducta sin
restricciones en cualquier sentido. Con este término se puede describir a una persona que
posee un vicio, que no se controla y que no tiene límites. También se relaciona con
disolución.
Todos tenemos esta maldad que sale de dentro de nuestro corazón, manifestándose de
muchas maneras, cuya intensidad varía de una persona a otra, dependiendo, entre otros
factores, de la condición de la genética espiritual o iniquidad heredada, en el sentido de
cuanto nuestros antepasados alimentaron la lascivia, o bien, de cuanto trabajaron en la
liberación y sanidad de esta maldad en su corazón.
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I. ALGUNAS FORMAS EN QUE SE MANIFIESTA LA LASCIVIA.
1. Resistencia a afrontar nuestras actitudes pecaminosas.
Con frecuencia no estamos conscientes de nuestros pensamientos o actitudes
pecaminosas, hasta que Dios nos las muestra; pero la lascivia en nuestro corazón, nos
impulsa a hacernos los desentendidos con el pecado y con la amonestación de Dios.
Muchas veces cuando vamos a la iglesia o buscamos a Dios en oración, inconscientemente
nos rehusamos a aceptar y confesar nuestra falta o pecado, aun cuando el Espíritu Santo
nos esté redarguyendo al respecto. Un ejemplo claro lo tenemos en Proverbios 30:20 donde
dice que la mujer adúltera “come y limpia su boca y dice: no he hecho maldad”. Es decir,
limpia la evidencia de su pecado y luego dice que no ha hecho nada, que es inocente... Por
supuesto que esto aplica a hombres y mujeres. Por lo tanto, necesitamos pedirle al Señor
que nos ayude a ser sensibles, cuando nuestra conciencia y el Espíritu Santo nos redarguyan,
para confrontar nuestro pecado e iniquidad con sinceridad y verdad, como está escrito en
1 Corintios 5:7-9 “Límpiense de la vieja levadura, para que sean una nueva masa, sin
levadura, como en realidad lo son. Nuestra pascua, que es Cristo, ya ha sido sacrificada por
nosotros. Así que celebremos la fiesta, pero no con la vieja levadura, ni con la levadura de
malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”
2. Resistencia a aceptar restricciones o límites en nuestra conducta.
La lascivia también se manifiesta con nuestra resistencia o insolencia a no querer aceptar
restricciones en cualquier sentido. Todos tenemos la tendencia innata a no querer ser
gobernados o controlados. Por lo tanto, la lascivia nos impulsa a la rebelión, a la falta de
respeto a la Palabra y a la autoridad establecida por Dios. Nos impulsa a resistirnos a las
instrucciones que nos dictan… Queremos hacer las cosas como nosotros queremos o
pensamos que deben ser.
Cuando dejamos que el Señor nos libere y nos sane de ésta maldad, tendremos su humildad
que nos permitirá aceptar la soberanía y gobierno de Dios en todas las cosas.
3. Glotonería y embriaguez. Indecencia y desenfreno de emociones y deseos.
La lascivia también se manifiesta con la tendencia a la indecencia y al desenfreno de
emociones, apetitos, actitudes o deseos. Algunas veces no recibimos liberación de algún
problema, actitud o adicción, porque inconscientemente estamos gozando las emociones
desenfrenadas y no estamos dispuestos a renunciar a lo que le da placer a nuestra carne,
aunque eso nos tenga en problemas y sufrimientos serios.
Todos tenemos en lo más profundo de nuestro corazón esta lascivia, que nos impulsa al
desenfreno de todo tipo, ya sea en relación a la perversión sexual y placeres de este mundo,
o bien, con diversos sentimientos y actitudes de auto lástima o enojo.
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Es por eso que el Señor Jesús nos amonesta respecto a la glotonería y embriagueces de todo
tipo, como está escrito en el evangelio de Lucas 21:34
“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería
y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”.
Glotonería es darle rienda suelta a cualquier tipo de deseo carnal. Es entregarse a los
placeres, vicios, perversiones o excesos de este mundo.
La lascivia nos impulsa a deleitarnos más en las cosas del mundo, que en las cosas de Dios.
Por ejemplo, cuando somos fanáticos de algún deporte o de algún otro entretenimiento y
nos esforzamos en conocer todo respecto a esos asuntos, pero en relación a la Biblia y
voluntad de Dios sabemos muy poco. No es que esté mal hacer deporte, al contrario, es
saludable, pero si encuentro más placer en ello que en buscar a Dios, eso evidencia la
condición de mi corazón y en donde está mi satisfacción. Cuán diferente es esto, a lo
expresado por Asaf en el Salmo 73:25 "¿a quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de
ti nada deseo yo en la tierra" ¿Puede Usted también decir lo mismo?
La lascivia manifestada con la glotonería, nos impulsa a tener para pereza buscar de Dios,
pero ánimo y placer en las cosas pecaminosas. Es por eso que nos da pereza y nos resistimos
a las convocatorias de oración y ayuno en la iglesia, debido a que nuestro corazón carnal no
quiere ser restringido, solo quiere darle rienda suelta a lo que deleita nuestra carne,
incluyendo al sueño y a la pereza, que son contrarias a la naturaleza de Dios.
Embriaguez en griego significa intoxicación, perder el juicio, la razón y la cordura.
Es por eso que la Palabra de Dios nos manda: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay
disolución; antes bien sed llenos del Espíritu" Efesios 5:18. Esto no solamente se refiere a
embriagarse con licor, sino principalmente, con los placeres de este mundo y con ira y odio.
Por ejemplo, hay personas que pierden el juicio o la cordura, cuando se embriagan con un
sentimiento de ira al que le dan rienda suelta, a tal punto que pierden la razón y hacen
escándalos y locuras, actuando igual o peor que alguien que se ha emborrachado con licor.
Cuantas veces nos sentimos disgustados o irritados, sin que tengamos alguna razón o
motivo valedero y nos impulsa a buscar cualquier pretexto para expresar nuestro disgusto.
Tener disgusto o aversión ante la más mínima provocación son evidencia de la lascivia en
nuestro corazón.
La lascivia en nuestro corazón, es la que nos impulsa a resistirnos a dejar las actitudes
constantes de enojo, amargura y de llamar la atención con el pobrecito yo… Esto es porque
en lo profundo de nuestro corazón y normalmente sin percatarnos de ello, disfrutamos o
nos deleitamos teniendo estos sentimientos perversos desenfrenados, aunque nos estén
dañando espiritual, emocional y físicamente.
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4. Vivencia constante de fantasías mentales perversas.
La lascivia y lujuria se manifiestan también con imágenes o pensamientos enfermizos o
perversos, principalmente de índole sexual. Estas son experiencias de las que casi nadie
habla, pues se experimentan en solitario y nadie más que la persona misma lo sabe… Ese es
el peligro de la pornografía, porque activa la lascivia en el corazón, con imágenes que
generan fantasías que luego provocan el desahogo, por ejemplo la masturbación. Además,
impulsan de manera inconsciente a mirar a las personas del sexo opuesto de forma lasciva,
con lo cual también provocan que las personas los rechacen, porque sienten ese espíritu
lascivo.
La lascivia es una carga pesada y produce esclavitud y fuertes ataduras, haciendo que
las personas estén expuestas a sus propios pensamientos enfermizos y perversos,
convirtiéndolos en un ser completamente débil ante la tentación.
La lascivia trabaja de manera perversa en nuestra imaginación. Es por eso que Jesús dijo
que el codiciar de manera lasciva o lujuriosa a otra persona, es equivalente al acto sexual
mismo (Mateo 5:27-29). Por lo tanto, esto algo que no puede ser tratado con superficialidad
o la ligera, porque la lascivia nos puede llevar tan bajo en toda clase de impurezas, que
incluso pueden sacarnos de la gracia de Dios. Es por eso que la Palabra de Dios nos
amonesta de forma contundente al respecto. Veamos:
Efesios 4:17-19 “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros
gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido,
ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los
cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer
con avidez toda clase de impureza”.
1 Pedro 4:3-5 “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles,
andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables
idolatrías. A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo
desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para
juzgar a los vivos y a los muertos”.
El Apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos exhorta a los cristianos a que no
andemos como los gentiles o personas que no han rendido sus vidas al Señor Jesucristo
como su Salvador. Porque los gentiles se entregan a toda impureza al darle rienda suelta a
la lascivia de sus corazones. Es por eso que, principalmente en esos días difíciles, debemos
reconocer nuestra necesidad de la gracia de Dios y del poder de la sangre de Cristo, de su
Palabra y su fuego santo, por obra del Espíritu Santo, para así sobrellevar las luchas en
nuestras mentes y cuerpos; perseverando en llenar nuestra mente con la luz y la vida de la
Palabra de Dios, la cual nos sana y nos libra de toda ruina en nuestro espíritu, alma y cuerpo,
como está dicho en el Salmo 107:20
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En los momentos en que la lascivia, con cualquiera de sus manifestaciones, se levante desde
dentro de nuestro corazón, corramos confiadamente al trono de la gracia para recibir el
socorro oportuno que necesitamos. Sabiendo que tenemos un sumo sacerdote que sabe
compadecerse de nuestras debilidades, como está escrito en Hebreos 4:15-16
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y
hallar gracia para el oportuno socorro”
Recordemos que Dios también nos da espíritu de dominio propio, para que, mientras
recibimos plena liberación y sanidad de toda maldad, tengamos continencia y podamos ser
sobrios y restringirnos de los deseos carnales pecaminosos, como está escrito:
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio
propio” 2 Timoteo 1:7
Esto es poderoso !!
CONCLUSIÓN:
Como hemos visto, en la Biblia, la lascivia va más allá de un concepto de desenfreno sexual
que nosotros normalmente tenemos de la misma. Es una maldad de la que debemos
urgentemente ser sanados para ser santos como nuestro Señor y Padre celestial son santos.
TODOS tenemos esta maldad de lascivia en nuestro corazón, por lo tanto, humillémonos
bajo la poderosa mano de Dios, para que pueda perdonarnos, liberarnos y sanarnos, con la
virtud y poder de la sangre de Cristo Jesús, de su Palabra y de su fuego santificador, para
ser de los bienaventurados de limpio corazón que verán a Dios nuestro Padre celestial.
Recordemos que debemos ser honestos con nosotros mismos, para ser honestos con Dios.
Amén !!
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Vamos hacia una nueva dimensión espiritual
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TAREA:
5. Comente brevemente tres cosas, que el Espíritu Santo avivó en su corazón con esta
lección.
6. Medite como ha operado la lascivia en su corazón y pídale al Señor que le ayude a
arrepentirse genuinamente y a renunciar en su corazón a esta maldad.
7. Dedique tiempo a orar:
Arrepentirse y pedir perdón, por la lascivia que hay en su corazón y de todo tipo de
lascivia que usted y los de su casa han cometido.
Pedirle al Señor Jesucristo que le limpie, libere y sane…. Con el poder de su sangre,
su Palabra y su fuego santo. 1 Juan 1:8-9
Renunciar a toda lascivia en su corazón y reprender todo espíritu de lascivia que esté
influenciado su vida y a su familia… Tito 2:12
Darle gracias a Dios por la oportunidad de recibir este conocimiento, liberación y
sanidad…
Debemos ser honestos con nosotros mismos, para ser honestos con Dios.
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