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Tito

Tito era una tortuga que soñaba con volar como las aves pero no podía debido a su caparazón y patas cortas. Consultó a otros animales y leyó libros pero no encontró solución hasta que el sabio búho le dijo valorar sus propias habilidades. Tito inventó entonces un planeador con su caparazón y patas y logró volar a su manera única.
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Tito

Tito era una tortuga que soñaba con volar como las aves pero no podía debido a su caparazón y patas cortas. Consultó a otros animales y leyó libros pero no encontró solución hasta que el sabio búho le dijo valorar sus propias habilidades. Tito inventó entonces un planeador con su caparazón y patas y logró volar a su manera única.
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Los deseos de la vida

Tito era una tortuga que vivía en un hermoso bosque cerca de un lago cristalino. Desde
que era una tortuguita, miraba con envidia a las aves que volaban majestuosamente por
el cielo. Soñaba con poder volar y explorar el mundo desde las alturas, pero siempre se
encontraba limitado por su caparazón y sus cortas patas.
Cada día, Tito observaba con fascinación a los pájaros que pasaban volando
sobre su cabeza. Se maravillaba con su libertad y su capacidad para explorar
lugares lejanos. Sin embargo, por más que lo intentaba, Tito no lograba
despegarse del suelo.
Un día, mientras Tito descansaba junto al lago, vio a un grupo de gansos
migratorios volando en formación hacia el sur. Sus alas batían con fuerza,
llevándolos a través del cielo en un viaje emocionante hacia tierras
desconocidas. Tito sintió un profundo anhelo en su interior y decidió que ya era
suficiente de solo soñar con volar. ¡Quería hacerlo realidad!
Decidido a alcanzar su sueño, Tito comenzó a buscar una solución. Consultó a
otros animales del bosque, leyó libros sobre vuelo y observó detenidamente a
las aves para comprender cómo lo lograban. Pero todas sus investigaciones y
esfuerzos parecían inútiles. Su caparazón era demasiado pesado y sus patas
demasiado cortas para despegar del suelo.

Pero Tito no se rindió. Decidió buscar ayuda en el lugar más insospechado: la


cueva del sabio búho del bosque. El búho, conocido por su sabiduría y
conocimiento de los secretos de la naturaleza, escuchó atentamente la historia
e Tito y reflexionó durante un largo momento.
Finalmente, el búho habló con voz grave y profunda: “Tito, tu deseo de volar es
noble y valiente, pero debes comprender que cada criatura en este mundo
tiene sus propias habilidades y limitaciones. En lugar de intentar cambiar lo que
eres, debes aprender a valorar tus propias cualidades y encontrar una forma
única de volar.”

Las palabras del sabio búho resonaron en el corazón de Tito. Reflexionó sobre
lo que había dicho y se dio cuenta de que había estado buscando en el lugar
equivocado todo este tiempo. No necesitaba cambiar su naturaleza para volar;
solo necesitaba descubrir cómo hacerlo con lo que ya tenía.

Con renovado vigor, Tito regresó al lago y se sumergió en sus aguas


cristalinas. Allí, se dio cuenta de que su caparazón, aunque pesado en tierra, le
proporcionaba flotabilidad en el agua. Se sintió ligero y libre mientras nadaba a
través del lago, y una idea comenzó a formarse en su mente.
Decidió construir un planeador con ramas y hojas que encontró en el bosque.
Utilizando su caparazón como base y sus patas como timón, diseñó un
ingenioso artefacto que le permitiría deslizarse por el aire como lo hacía en el
agua.
Con gran entusiasmo, Tito probó su invento desde lo alto de una colina. Con un
impulso firme, se lanzó al vacío y, para su sorpresa y deleite, ¡comenzó a volar!
No con la elegancia de un pájaro, pero sí con la gracia única de una tortuga
determinada a alcanzar sus sueños.
A medida que Tito surcaba el cielo, se dio cuenta de que no se trataba solo de
volar, sino de la sensación de libertad y aventura que experimentaba en cada
vuelo. Descubrió que su verdadera habilidad no radicaba en imitar a las aves,
sino en encontrar su propio camino en el mundo.

Desde ese día, Tito se convirtió


en una leyenda en el bosque.
Inspiró a otros animales a
perseguir sus propios sueños y a
encontrar soluciones creativas a
los desafíos que enfrentaban. Y
aunque nunca se convirtió en un
ave en el sentido tradicional, Tito
encontró algo aún más valioso: el
coraje de ser él mismo y la alegría
de volar a su manera.

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