AS OCIACIÓN DE ACOMPAÑANTE S T E RAPÉ UTICOS
PE RS ONE RÍA J URÍDICA: MAT RÍCULA 1 6 .2 4 7 LE GAJ O: 1 /8 4 6 9 5 DE L 2 0 /0 2 /9 7
ADOLESCENCIA-Generalidades
La adolescencia es un período vital del individuo comprendido entre el final de la niñez
y el comienzo de la juventud adulta. Se produce en ella una metamorfosis, un cambio
desde el punto de vista biológico, psicológico y social.
La palabra adolescente tomada de “adulescens”, participio presente del verbo
“adolecere”, significa crecer. La adolescencia se considera como un proceso, como un
camino hacia, como el paso obligado de un estadio a otro. Representa una de las etapas
más crítica de la vida humana de crecimiento y desarrollo.
El psicoanalista S. Freud plantea la evolución del sujeto desde diferentes fases que
tendrían que ver con el desarrollo de la sexualidad, estableciendo así: fase oral, anal,
fálica, latencia y genital. Señaló como algo específicamente humano (además de habitar
un mundo de palabras) esa característica excepcional de la sexualidad de presentarse en
su emergencia como dividida en dos momentos separados por el período de latencia. Se
trata de dos enfrentamientos cruciales con lo Real el goce, goce que llega al sujeto
exigido como demanda pulsional de ese Otro que lo hizo venir al mundo. Como toda
ocasión de contacto brusco, despertante, con lo Real, el sujeto se verá obligado a limitar
con significantes esa mas que irrumpe así como también a vestirla y velarla con
imágenes. Si logra ese anudamiento con el registro Simbólico y el Imaginario habrá
podido apartar a lo Real de su tendencia inercial hacia la muerte, además de conjugarlo
con la sexualidad.
Lacan establece que el sujeto se constituye desde el deseo del Otro y que para su
constitución subjetiva necesita atravesar por tres tiempos lógicos del mito Edípico.
La adolescencia puede ser abordada desde diferentes enfoques, entre los que se
incluyen:
1) Punto de vista cronológico
2) Punto de vista biológico
3) Punto de vista antropológico
4) Punto de vista social
5) Punto de vista psicológico
1) PUNTO DE VISTA CRONOLÓGICO
La adolescencia puede delimitarse en tres fases, dentro de las cuales pueden ubicarse
subfases:
*Adolescencia Temprana:
Prepubertad (8 a 11 años):supone el crecimiento corporal y la puesta en marcha
de las glándulas sexuales sin consecuencias visibles un en el exterior;
Pubertad (11 a 13 años): aparición de signos visibles del crecimiento corporal;
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Adolescencia temprana propiamente dicha (13 a 15 años)
*Adolescencia media: salida hacia la exogamia;
*Adolescencia Tardía: alude a estados adolescentes prolongados o de aparición en una
etapa en que ya no son esperables manifestaciones.
Los autores atribuyen nombres variado a estas etapas, así como también las clasifican
diferentemente, pero todos coinciden en llamar pubertad al período en que se
desarrollan los caracteres sexuales. El ritmo y la aparición de los caracteres primarios y
secundarios en los cambios corporales encierra un problema cronológico que está
determinando por los sexos. En las niñas el proceso de crecimiento se inicia antes que
en el varón.
Respecto de la temporalidad cabe aclarar que existen diferencias entre un tiempo lineal,
cronológico, donde el pasado caduca y aquel donde este cobra eficacia psíquica. Por
medio del tiempo cronológico se transita por edades evolutivas en términos de números
y de fechas, mientras que por el tiempo lógico, se alude períodos en que ocurren
sucesivas instalaciones de nuevos sistemas mnemicos, a una necesidad de traducción de
las representaciones previas almacenadas en la memoria.
Pensar que se puede tratar el problema de la temporalidad suponiéndolo exclusiva
cuestión del adolescente sería desconocer que implica al sujeto desde que este se
pregunta por su origen.
En la adolescencia es posible observar distintos momentos respecto de la consideración
del tiempo de acuerdo a cómo se pueda ir procesando la tarea de duelo, tarea que habla
de un despojarse de identificaciones y procurar otras. Existen dos momentos lógicos en
la consideración del tiempo y en relación al duelo:
a) Un esfuerzo por negar el paso del tiempo, aspirando triunfar de tal modo sobre
lo inmanejable, en tanto como significantes, tiempo y muerte están indisolublemente
unidos. Esta negación, en realidad encierro mortífero, implica un quedar pegado al Otro
familiar que amenaza recuperarlo para sí exigiéndole que ocupe el lugar del niño que
fuera antes.
b) Reconocimiento de los límites que la vida impone al hombre. Tras el esfuerzo
por tratar de evitar el reconocimiento de la importancia del paso del tiempo en otro
tramo de la adolescencia el sujeto hace muchas pregunta acerca del sentido de la
existencia, sobre el por qué de la vida y la muerte, que lo enfrentan a la impotencia.
Aceptar la muerte del niño que fue supone poder asumir la soledad y la muerte propia y
la inserción en un lugar en el cual la paternidad será posible en un futuro. En cuanto a
los duelos eimologicamente significa dolor y también desafío o combate entre dos, que
conduce al momento de enfrentamiento entre dos, en forma espectacular, de un nivel
absolutamente imaginario.
Aberasturi distingue tres tipos de duelos que debe realizar el adolescente:
Por el cuerpo infantil perdido: (base biológica de la adolescencia) cuando los caracteres
sexuales secundarios lo ponen ante la evidencia de su nuevo status y la aparición de la
menstruación en la niña y en semen en el varón, que les imponen el testimonio de la
definición sexual y el rol que tendrán que asumir, no solo en la unión con la pareja sino
en la procreación. Solo cuando el adolescente puede aceptar simultáneamente los dos
aspectos, el de niño y el de adulto, puede empezar a aceptar los cambios de su cuerpo y
comienza a surgir su nueva identidad.
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Por la identidad y el rol infantil: desde donde deberá renunciar a la dependencia y
deberá aceptar responsabilidades que desconoce. También se da una confusión de roles
al no poder mantener la dependencia infantil y al no poder asumir la independencia
adulta, delegando así gran responsabilidad en el grupo y en los padres. La
irresponsabilidad es la característica típica.
Por los padres de la infancia: el adolescente trata de retener en su personalidad a sus
padres, buscando el refugio y la protección que ello significa, situación que se ve
implicada o complicada por la propia actitud de los padres que también tienen que
aceptar su envejecimiento y el hecho que sus hijos ya no son niños. El adolescente tiene
que dejar de ser a través de los padres para llegar a ser él mismo.
2) PUNTO DE VISTA BIOLÓGICO
Se refiere al momento en que los órganos reproductores maduran y comienzan a
funcionar, y paralelamente a las modificaciones de los órganos de la reproducción se
producen transformaciones en el resto del cuerpo. Se evidencia un aumento del tamaño
corporal (peso y estatura), cambios en las proporciones del cuerpo, desarrollo de las
características sexuales primarias y secundarias.
Lo Real irrumpe de tal manera que conmociona la imagen exigiendo nuevas
significaciones e imágenes nuevas que permitan reestablecer el equilibrio perdido.
3) PUNTO DE VISTA ANTROPOLÓGICO
El fenómeno adolescente se presenta inserto en una estructura social que pertenece a un
tiempo histórico y un espacio geográfico, estructura que posee una cultura que, a su vez,
la determina y la ubica en una cadena de significaciones que conforman los mitos de
origen de esa cultura.
Cada cultura propone para la adolescencia, a través de sus ritos, un momento de inicio
que se apoya en el hecho biológico y un fin que es altamente variable.
El concepto de adolescencia dependerá de los valores ideológicos de esa cultura, los que
son expresados a través del mito de los orígenes. Estos mitos se presentan como si
hubieran existido y en tanto alude a los orígenes se propone como una visión
totalizadora.
Cada cultura crea sus propios lugares para entender lo humano, ningún fenómeno está
fuera de la cultura, lo cual hace que los adolescentes constituyan un lugar que va
variando con el marco histórico en que se va desarrollando.
El lenguaje preexiste al sujeto por lo tanto implica Otro, son los significantes de la
culura ajustados a las leyes del lenguaje los que atraparán al sujeto incluyéndolo en un
orden cultural.
4) PUNTO DE VISTA SOCIAL
Hace mención al pasaje de la adolescencia temprana a la cultura en el seno de dos
organizaciones grupales primarias: la familia, como agente socializador del individuo, y
el grupo, que actúa de mediador en los primeros contactos exogámicos a través de las
barras y/o los grupos de organización formal.
El adolescente y su familia: padres e hijos entran en colisión por varias razones, la
principal es reconocer que los hijos son seres individuales cuya vida les pertenece.
La adolescencia temprana comporta dos problemáticas básicas para la familia: elaborar
el crecimiento corporal de los hijos, y aceptar el comienzo de salidas del hogar en forma
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reiterada y con amplitud de horarios, donde interactúan con otros grupos, familias,
costumbres que permiten al adolescente hacer comparaciones y nuevos juicios acerca de
la propia familia. El hijo suele decepcionarse no solo por la co0mparación real sino
porque hasta entonces los padres habían sido idealizados, modelos garantes de su ser.
Comienza así un proceso de duelo, de separación del contexto familiar que le requerirá
un trabajo psíquico intenso y difícil que durará toda la adolescencia. El adolescente se
transforma en un motor de cambio para la estructura familiar que deberá ir accediendo a
nuevas complejidades psicosociales y apertura hacia los distintos grupos que la cultura
ofrece. Este advenimiento en la familia genera en los padres ciertas actitudes que hacen
a los hijos depositarios de afectos ambivalentes poco discriminados, conflictivos y
segregativos. Por ejemplo:
*Ven al hijo como peligroso o en peligro: a partir de que l hijo empieza a tomar
decisiones, desde nuevos juicios y opiniones sobre sí mismo, la familia si es rígida
vivirá esta situación como amenazante, por lo cual se tratará de erigir defensas frente al
proceso, las cuales se instalan en dos polos opuestos: tratar de expulsar al hijo o tratar
de doblegarlo. Esta última se manifestará como “el excesivo temor de lo que puede
pasar en la calle”.
*Ven al hijo sexuado: la irrupción sexual del adolescente genera conductas en los
padres que se manifiestan como protestas centradas alrededor de la suciedad,
desprolijidad, desatención y encierro del hijo.
*Ven al hijo como envidiado, salvador o rival: la reacción envidiosa ante los cambios
corporales de la pubertad asume varias formas, ya sea por la superioridad muscular del
hijo varón, ya se por la belleza puberal de la hija ante la madre. Estos cambios
determinan que los adolescentes sen mirados por los de afuera con atención, como antes
lo eran sus padres, lo que provoca conflictos dentro del grupo.
*Ven al hijo como alguien que los abandona: los padres presentan síntomas depresivos,
que se revelan como patológicos a través de enfermedades psicosomáticas u otros
síntomas que retienen al hijo culposo.
Otros padres intentan retener al hijo ofreciendo, de maneras seductoras, toda clase de
concesiones que impidan la salida, como viajes, falta de límites, exceso de dinero,
libertades sexuales promiscuas que anuncian la rebelión necesaria del hijo para el
desprendimiento.
El vagabundeo, la promiscuidad sexual con el inicio prematuro de las relaciones
sexuales, la búsqueda de un objeto para chupar, inhalar, comer, (adicciones) que impida
surgir el sentimiento de vacío y soledad y borre la diferencia entre el sujeto y el objeto,
son algunas de las formas frustradas de salida del adolescente temprano desde la familia
a la cultura cuando no hay continencia parental para ese proceso.
El adolescente y el grupo: cada grupo está organizado por su líder, que es alguien del
mismo sexo y que a su vez responde a las ordenes o deseos de otro líder, también del
mismo sexo. El vínculo con el líder es de identificación. Líderes que toman contacto
con el otro sexo se prestan como modelos para ambos grupos y generan
representaciones mentales como el héroe y la heroína, y la prostituta y el seductor,
ambas representaciones temidas y deseadas.
Se incrementa el placer por el movimiento y el deambular es una forma de descarga.
El incremento de la tensión sexual carece aún de formas sociales adecuadas de descarga
y provoca un aumento de la agresividad en los grupos, que suele terminar con alguna
descarga impulsiva de descontrol y autoagresividad.
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En esta época se constituyen las primeras parejas heterosexuales que tiene escasa
duración y son muy variada, aparecen los primeros bailes, reuniones donde se realizan
juegos reglados, con características eróticas. Así la fidelidad es al grupo y no a la pareja.
Aparecen los “iniciadores grupales”, que si bien son encontrados en el contexto social,
constituyen un lugar psíquico posible en la mente del púber para resolver aquellos
misterios que quisiera develar con respecto a la iniciación sexual y laboral.
El iniciador laboral puede ser por ejemplo un deportista, un músico, alguien que gana
admiración, poder, prestigio y dinero sin esfuerzo personal, es alguien que se lo
concibe “tal como se lo ve”, que obtienen triunfos por alguna suerte especial. El
esfuerzo personal, las postergaciones, las frustraciones, todo aquello perteneciente al
juicio de realidad, es difícil de comprender. Suponen que el iniciador es un elegido por
la suerte.
5) EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO
El Otros (o los Otros) preexisten o anteceden al sujeto y por sus deseos y por sus
proyectos es posible la constitución del sujeto. El deseo de la madre por el niño es lo
primero, es lo que posibilitará su condición de sujeto. El infans pura necesidad, en un
registro puramente biológico da cuenta de su pasaje a un registro diferente, el de la
demanda, en el preciso instante en que tiene que pedir en que tiene que pedir aquello
que necesita, y para hacerlo tiene que pasar por los significantes del Otro. Así cuando
un niño llora y la madre dice “tiene hambre”, y le da la leche, está sancionando el
mensaje como un dicho. Un significante se articula a otro significante, pero no todo
pudo ser dicho, no todo pudo ser satisfecho, algo se perdió, algo ligado a la pura
necesidad. La pérdida dejó un vacío, vacío de significación, algo va a faltar para
siempre y esto que falta retornará como deseo. La condición de deseo, de su
permanencia, es su insatisfacción.
El mito de Edipo permite dar cuenta de los tiempos lógicos por los que pasa un sujeto
para constituirse como tal.
En un primer tiempo aparece la madre como interrogada, ¿qué quiere ella?, el niño
busca satisfacer el deseo de su madre, ser objeto de su deseo. La respuesta que
sobreviene a esta pregunta, si es que el padre intervino es: “quiero otra cosa, que me
satisface además de vos”.
En un segundo tiempo el padre interviene como privador de la madre. Vuelve el niño a
la ley del padre. La madre reenvía una ley que no es la suya y confirma al niño de que el
objeto de su deseo es poseído por ese otro al que ella reenvía. De esta forma la madre
depende de un objeto que no tiene. Pero no es la palabra del padre lo que constituye
(imaginariamente para el hijo) la ley, sino el padre. Es decir que el padre ocupa el lugar
de un rival amenazante.
En un tercer tiempo está el padre como el que “tiene” esa “otra cosa”, ese algo que la
madre va a buscar para satisfacerse, quedando el padre como el portador, como
representante de la ley. Se da cuenta en este tiempo de una operación simbólica, que
Freud llama Castración. El padre es interiorizado como Ideal del Yo en el sujeto...”para
tener tendrás que parecerte”...., entonces el padre donando emblemas, permitiendo al
sujeto si inserción en el mundo de la cultura y sus leyes, produciendo un efecto
ordenador, le permitirá al sujeto una salida y la posibilidad de circular como sujeto
deseante.
El Nombre del Padre no es el apellido del padre legal, legitimado por el Estado, sino
una función ejercida por aquel al que la madre reconoce y nombra como tal.
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La novela edípica permite la adquisición los emblemas de la para sexual femenina o
masculina. Cuando culmina el tramo dela primera vuelta edípica el sujeto contará con
algunos “títulos en el bolsillo”, que son esas letras que señalan el resto no apropiado por
el campo del Otro en lo Simbólico, en lo Imaginario y en lo Real: Van a parar al bolsillo
porque esas letras serán exigidas para responder a las demandas del Otro sexo cuando
llegue el momento de la posibilidad del acto sexual (el segundo despertar sexual).
Frente a la súbita reaparición de la demanda de goce del Otro, que en la pubertad asume
la figura del Otro sexo, el niño correrá a buscar y utilizar los títulos que tenía en su
bolsillo, poniendo a prueba en lo Real al valor de estos para “pasar del individuo a la
especie”. El segundo despertar sexual reclamará la reescritura de los títulos y de la falta
ya que el sujeto está volviendo a pasar por el Edipo, es una segunda vuelta a la
constitución subjetiva. Este segundo despertar finalizará con estabilidad (madurez) en la
asunción de la identidad sexual.
EL ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO Y EL ADOLESCENTE
Como la adolescencia es período de crisis, de resignificación, de desasimiento de la
autoridad de los padres, de búsqueda de una nueva identidad, de riesgos y desafíos, de
nuevos caminos para lograr el pasaje al mundo adulto, el acompañante terapéutico
asistiría a éste desde la contención para acotar dichos momentos de crisis y desafíos,
que es diferente a tratar de evitar esos momentos, para que logre ese pasaje lo más
sanamente posible, a partir de la búsqueda conjunta de recursos que lo hagan posible. El
adolescente es un sujeto vulnerable a caer en cualquier tipo de situación que le ayude a
atravesar esta etapa o bien que le ayude a taparla. Ahogarla y hasta desafiarla, como en
el caso de jóvenes que consumen todo tipo de sustancia para dicho fin, jóvenes que
ingieren “nada” como en la anorexia, o adolescentes muy jóvenes embarazadas, jóvenes
violentos que llegan a cometer actos delictivos. Todas conductas de “acting out”, es
decir que actúan (muestran) lo que no pueden poner en palabras, cuando el sujeto no
puede disponer de los recursos que el significante ofrece como es el “síntoma”.
A los adolescentes les cuesta encontrar un espacio en su familia para hablar sobre lo que
les pasa, un espacio que brinde seguridad y confianza, donde se les demuestre una
presencia receptiva. En estos casos el acompañante trataría de brindar dicho espacio,
considerando las distancias óptimas entre ambos, además trataría allí aprovechar a
percibir o detectar la capacidad creativa del paciente, los recursos con que cuenta para
este momento y desde ahí desarrollarlos de manera óptima.. Por ejemplo si el
adolescente disfruta de actividades artísticas (como el teatro, la literatura, la música, el
dibujo, el baile), deportivas, laborales, recreativas, etc., espacios a los que sienta como
propios y donde pueda expresarse libremente. En otros casos quizás sólo gusten de estar
simplemente sin desarrollar una actividad, actitud que el acompañante deberá
comprender en su verdadera significación y si es un tiempo propio y necesario del
joven, deberá sostenerlo allí hasta que pueda pasar a otra cosa. Debe el acompañante,
como su función lo indica, acompañarlo respetando sus tiempos de silencios, de
angustia, de ansiedad.
En algunos adolescentes la angustia irrumpe al no encontrar en el Otro una respuesta
clara a la pregunta acerca de qué se quiere de sí (así también frente a la nueva identidad
que debe asumir). No puede reconocerse, cuestionando el sentimiento de sí del sujeto,
en un re-planteo, en un movimiento que afecta o conmociona los cimientos mismos de
la estructura.
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Cuando hay acto (en la adolescencia) hay angustia, y posicionado ante un real, el sujeto
no encuentra palabras, quedando imposibilitado de procesarla por otros medios que no
sean los que se encuentran en la gama del acto, en un decir sin palabras que adquiere
envergadura de repetición producido un cortocircuito en el pensar. En el mejor de los
casos la angustia puede ser tramitada psíquicamente.
En el acto cualesquiera de sus variantes, o en las patologías del acto cuando este se halla
instalado como recurso, estereotipado o rígido, habría: cuestionamiento, déficit o
ausencia del significante del Nombre del Padre, según sea: esperable o normal en un
sujeto adolescente, o patológico.
El acto en sus variantes, como pasaje al acto (identificación total del sujeto al objeto) o
como acting out, se constituye como llamado al Otro, bordeándose o esquivando la
angustia, exigiendo a riesgo de la propia vida una respuesta que no se recibe, en una
búsqueda de abrir un lugar para sí respecto del deseo del Otro, consolidándose el
recurso del acto como cortocircuito del trabajo psíquico, como goce, por fuera de la
palabra.
A partir de la consideración de estos elementos el acompañante deberá ayudar al
adolescente a que pueda conectarse con algún proyecto vital acorde a sus necesidades y
posibilidades, a la par de trabajar con la familia del joven como un nexo que posibilite
un encuentro con sus seres significativos y la inserción aquí de dicho proyecto.
Intentará junto al joven que se pueda modificar este proyecto tantas veces sea necesario
pero evitando que esta modificación sea vivenciada con frustración o como un fracaso,
que pueda llegar a aumentar la angustia presente, propia de esta etapa o paralizarlos
estancándolos en dicha etapa. Que logren paulatinamente aprender la tolerancia y la
espera, las postergaciones.
Ayudará a incluir en su persona la noción de futuro,
Comprender el lenguaje no solo verbal sino corporal , siendo ambos muy particulares de
este período. Saber que el lenguaje corporal suele ser más revelador que el verbal y
advertir que los códigos nuevos que puede manifestar este lenguaje son propios de la
edad o de la moda adoptada entre los adolescentes.
Acompañar y permitir el descubrimiento y aprendizaje de situaciones nuevas en
interacción con los otros, descubriendo paulatinamente los códigos propios del mundo
adulto.
Constatar periódicamente el progreso del adolescente desde los diferentes enfoques
antes mencionados.
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