La Era de Rivadavia
A partir de 1819 en el país se fueron definiendo claramente dos tendencias políticas: los
federales, partidarios de las autonomías provinciales, y los unitarios, partidarios del poder
central de Buenos Aires. Estas disputas políticas desembocaron en una larga guerra civil
cuyo primer episodio fue la batalla de Cepeda en febrero de 1820, cuando los caudillos
federales de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, derrocaron al
directorio. A partir de entonces, cada provincia se gobernó por su cuenta. La principal
beneficiada por la situación fue Buenos Aires, la provincia más rica, que retuvo para sí las
rentas de la Aduana y los negocios del puerto.
Pronto Buenos Aires conocería “la feliz experiencia”, una serie de reformas impulsadas por el
ministro Rivadavia, influido de ideas liberales, que intentaron modificar la estructura del
Estado bonaerense, incluyendo su relación con el poder eclesiástico, sancionando entre otras
medidas la fundación de la Universidad de Buenos Aires, el Colegio de Ciencias Morales y la
reforma eclesiástica, que implicaba desde la expropiación de importantes bienes hasta la
supresión de los fueros privados. Debió por ello enfrentar algunas conspiraciones. Al mismo
tiempo, Rivadavia se destacó también por suprimir los cabildos y dictar una novedosa ley
electoral, al tiempo que contrató el recordado y denostado empréstito con Baring Brothers,
que hipotecó todas las tierras públicas de la provincia, aplicó el sistema de “enfiteusis” que
terminó beneficiando a los grandes propietarios y firmó un tratado de libre comercio con
Gran Bretaña.
Una de las políticas de mayor importancia fue la convocatoria a la Convención Constituyente
de 1824, que, entre otras decisiones, abrió el camino para que fuera designado como primer
presidente de las Provincias Unidas. Ya en esta última posición, su tendencia a la
centralización, identificada como unitarismo, se hizo patente con la ley de Capital del Estado.
Fracasado su proyecto de reorganización del país, Rivadavia renunció el 27 de junio de 1827.
Se terminaba lo que ha sido conocido como la “feliz experiencia”. Pocos días después, el
poder nacional quedaba disuelto cobrando nuevos impulsos la guerra civil y las autonomías
provinciales.
Rivadavia se retiró definitivamente de la vida pública. En 1829 partió hacia Francia. Cinco
años más tarde, intentó volver, pero le fue negado el ingreso. Con sus hijos mayores
sumados a la causa federal, Rivadavia viajó a Colonia y posteriormente a Brasil.