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Psicología y Sociología de la Vejez

Este documento trata sobre la psicología y sociología de la vejez. Explora temas como la definición de la vejez, la psicología de la vejez, la personalidad del anciano, las relaciones sociales, los malos tratos a los mayores y la sexualidad en la vejez.

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Psicología y Sociología de la Vejez

Este documento trata sobre la psicología y sociología de la vejez. Explora temas como la definición de la vejez, la psicología de la vejez, la personalidad del anciano, las relaciones sociales, los malos tratos a los mayores y la sexualidad en la vejez.

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Introducción

Contenidos de la Unidad 4

Unidad 4. Psicología y Sociología de la vejez

4.1. Definición de la vejez

4.2. Psicología de la vejez

4.3. La personalidad del anciano

4.4. Relaciones sociales

4.5. Malos tratos en los mayores

4.6. Sexualidad en la vejez


4.1. Definición de la vejez

La vejez es la última etapa del ciclo vital de una persona que tiene sus propios valores y
defectos, y como tal, deberá ser vivida con naturalidad y alegría como cualquier otra etapa
anterior, ya que la vejez es inherente a la condición humana; ser adulto mayores algo natural
y universal. Para llegar a la aceptación de la vejez es necesaria la aceptación de la realidad
de uno mismo y de la propia vida a través de una actitud positiva ante la vida.

En el envejecimiento van a influir tanto factores genéticos como ambientales; es decir, va a


depender de las características del individuo y del medio que le rodea, por lo que podemos
decir que este proceso no se produce por igual ni de manera uniforme en todas las personas.

Para mejorar la calidad de vida de los mayores, es necesario que comprendamos lo que
significa ser mayor, estar al final del ciclo de la vida. Sólo conociendo primero cómo los
mayores se ven a sí mismos, cómo ven su vida y la naturaleza de la ancianidad, podremos
aspirar a moldear un presente y un futuro significativos para ellos. Esto no implica que sea
imprescindible que uno sea viejo para conocer la ancianidad, basta con ser humano.

¿Qué es la vejez según la OMS?

Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es la consecuencia de la


acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del
tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, un
aumento del riesgo de enfermedad, y finalmente a la muerte.
4.2. Psicología de la vejez

La sociedad tiene un estereotipo básicamente negativo de las personas mayores. Los


estereotipos, prejuicios y discriminación contra las personas por su edad es lo que
define la OMS como edadismo. Se suele creer que los mayores de 65 años sufren
carencias de salud, discapacidades físicas y problemas de memoria. Se piensa que
los ancianos no saben resolver problemas, son poco activos, rígidos e inflexibles. Por
ello sigue existiendo la imagen de la vejez como una carga, lo que favorece el
surgimiento de actitudes de rechazo hacia el colectivo.

Actualmente se ha creado un nuevo modelo de persona mayor, la de aquella


relacionada con el deporte, buena salud y belleza. El cuidado del cuerpo se
contempla como un medio para combatir el envejecimiento y evitar ciertas
características asociadas a los ancianos. Pero de poco sirve este envejecimiento
activo, si no va acompañado de un bienestar psicológico y social (evitar la soledad,
relaciones familiares, amistades, enriquecimiento intelectual, etc.)

Estereotipos de los mayores sobre sí mismos: En cuanto a la imagen que


los mayores tienen de sí mismos, se puede decir que la mayoría no se
identifican con la vejez, especialmente entre los más jóvenes de ellos, lo que les
lleva a crear un grupo separado y distinto. No quieren meterse en el saco de lo
que llamamos ‘tercera edad’ y por ello hasta niegan su propia edad.

¿POR QUÉ EL MIEDO A ENVEJECER?

Las restricciones a la relación social aumentan el problema preexistente de


soledad y aislamiento de las personas mayores y las consecuencias en la
salud de la desconexión social que existían ya antes de la pandemia. La
pandemia COVID-19 nos inunda de noticias alarmantes que nos llenan de
incertidumbre, miedo, amenaza, soledad y todo ello provoca en el ser humano
emociones tan comunes y naturales como la ansiedad, el estrés, la frustración
y el malestar debido a la incertidumbre de la situación, los riesgos de contagio
reales para la salud, y la sobreinformación a la que estamos expuestos. Será
necesario examinar las respuestas adaptativas y no adaptativas al estrés y la
puesta en marcha de conductas de autocuidado eficaces (por ejemplo, dieta
equilibrada, ejercicio y hábitos de sueño) como recurso para regular las
experiencias y emociones negativas que surgen. La pandemia por sí misma
genera angustia y miedo, pero todavía no se han publicado estudios sobre el
impacto del confinamiento sobre el estado emocional de las personas
mayores.

Antes de la pandemia, el miedo a envejecer se ha extendido en las


sociedades modernas y este síntoma se da porque la vejez está relacionada
con el temor al declive físico y mental. Todos sabemos que actualmente está
muy de moda el culto al cuerpo: belleza, cirugías estéticas, moda...; es decir,
“no querer envejecer”. Por otro lado, hay que ver las visiones que los otros
grupos sociales tienen sobre los mayores e intentar cambiarlas, puesto que se
encuentran en un proceso de transformación social importante. Se tienen que
aprender nuevos roles y redefinir qué quiere decir ser viejo.
4.2.1. Percepción social de la vejez

En cuanto a esta percepción social de la vejez parece que la sociedad considera a


los mayores como a personas sabias, serenas, moderados..., pero también está de
acuerdo en que el envejecimiento es una combinación de deterioro físico y mental; de
ahí la mala imagen de los mayores.

Por ello, la opinión general de los europeos se divide en dos:

Imagen positiva de la vejez: considera que una persona mayor es una


alegoría de tradición, lo auténtico, la comprensión, ternura, etc.

Imagen negativa de la vejez: personas aisladas, con falta de medios


económicos, mala salud, mal carácter, etc.

Estas circunstancias explican la resistencia de los mayores a identificarse con


el grupo de la tercera edad, ya que su papel en la sociedad está
desvalorizado. Existe una tercera imagen de la visión de la vejez en la
pandemia: son vistas desde unas perspectivas más tiernas e intentando cubrir
las necesidades básicas ya que están en un momento de indefensión y no
pudiendo cubrir las necesidades afectivas que tanto necesitan en estas
edades.

ACEPTAR LA PROPIA EDAD

Ante los males de la edad pueden darse distintas actitudes: puede hablarse de
personas a las que parece que les gusta la vejez, es decir, que se recrean en sus
males. Y puede hablarse también de la actitud opuesta, personas que se sobreponen
a las limitaciones, ocultan achaques y asombran a sus allegados con actividades más
o menos juveniles.

De este modo los mayores juegan unas veces a parecer más viejos y otras a parecer
más jóvenes de lo que son. No es, sin embargo, tan contradictorio como puede
parecer, pues se trata de dos formas de rechazar la edad real. Unos buscan
inconscientemente inspirar lastima y hacerse mimar, mientras que los otros quieren
hacerse admirar.
En realidad, el hombre sigue siendo un niño toda su vida en muchos aspectos; un
niño que tiene sed de amor, de homenajes y de caricias: la caricia de la ternura o la
caricia de la gloria. Ser uno mismo significa vivir exactamente la propia edad, no más
o menos, y esto no es fácil sobre todo en una civilización que segrega a la vejez, que
admira más la fuerza que la sabiduría. Debemos ayudar a los mayores a que acepten
su edad, a que se acepten a sí mismos tal y como son.

¿Cómo ayudarles?: Aceptándoles verdaderamente como son, con sus límites,


con sus recursos, sin pedirles esfuerzos de los que ya no son capaces, pero sin
caer en el error de tratarles como niños.
4.3. La personalidad del anciano

¿EXISTEN CAMBIOS EN LA PERSONALIDAD CON LA EDAD?

La conducta del ser humano depende en gran medida de su situación, pero aún más de su
personalidad, teniendo en cuenta que ese concepto incluye tanto el temperamento y el
carácter, como las aptitudes y conocimientos, las motivaciones, intereses, valores y actitudes.
La única dimensión que cambia sistemáticamente con la edad es la introversión, el
desplazamiento del interés hacia el interior y hacia uno mismo, más que hacia los demás.

Los cambios que surgen con la edad parecen deberse a una respuesta a las condiciones
nuevas que experimenta la persona: disminución de responsabilidades, disponibilidad de
tiempo libre, reducción de las capacidades físicas, más que a una tendencia inevitable de la
personalidad que envejece. Aquellos ancianos que se mantienen activos, con
responsabilidades y plena aptitud funcional, apenas muestran cambios en su personalidad.

Autoimagen

La autoimagen, es decir, la imagen que tienen de sí mismos, tiene gran influencia


sobre el funcionamiento de la personalidad, un deterioro de ésta repercute
inevitablemente sobre las actitudes y los comportamientos, así como en la propia
estima.

Ejemplo de autoimagen positiva: un/a anciano/a que está seguro/a de sí


mismo/a, sabe tratar a muchas personas, se lleva bien con ellas, está
acostumbrado/a a relacionarse y habla de todo tipo de temas, si tuviese que
vivir en una residencia le sería más fácil relacionarse con personas de su
misma situación, cuidadores, etc.

Ejemplo de autoimagen negativa: una persona que no se acepta ni le gusta


su forma de ser, no está acostumbrada a conocer gente o que es introvertida,
tendría más dificultades para convivir en una residencia.

TIPOS DE ACTITUDES EN LA PERSONALIDAD DEL ANCIANO

Existen dos actitudes básicas y contrapuestas que suelen predominar en la personalidad del
anciano:
De tipo abierto (positiva): que incluye la actividad productiva y la estima del contexto
social y de sí mismo. Esta actitud puede mantener el sujeto en la perspectiva dinámica
dirigida al logro del ideal de una vejez con sentido y plenitud de vida, con la conciencia
existencial de una vejez asumida pero vivida en sentido juvenil.

EJEMPLO

Anciano/a que necesita cuidados y acepta que esos cuidados se los proporcione una
persona desconocida, asume que tiene problemas de salud y que la persona que ha elegido
le cubrirá sus necesidades y le ofrecerá una compañía distinta a la que recibe de sus
familiares.

De tipo cerrado (dependiente): frustrado, de rechazo a sí mismo y de los demás; todo


esto impide tener una vida activa, creativa y autorrealizadora.

EJEMPLO

Anciano/a que precisa cuidados debido a que su estado de salud lo requiere, pero no acepta
que una persona ajena le cuide, sólo deja que sus hijas se hagan cargo de él/ella, como hizo
él/ella cuando ellas eran pequeñas.

FACTORES DETERMINANTES PARA CONSEGUIR UNA PERSONALIDAD AJUSTADA Y


CREADORA

Autoconcepto positivo.

EJEMPLO

Una persona recién jubilada en vez de no asumir esa situación, acepta que ese es un buen
momento para descansar, cuidarse un poco más, pasar más tiempo con su familia y
dedicarse a otras actividades que por el trabajo no podía realizar.

Tener afán de vivir.

EJEMPLO

Anciano/a con problemas de salud que necesita ir a menudo al hospital para controlar su
estado general, no olvida quedar todos los jueves con sus amigos en el centro de día para
disfrutar del baile que dicho centro organiza.
Tener capacidad de resolución y fortaleza.

EJEMPLO

Una pareja de ancianos, el hombre no tiene problemas de salud importantes pero la mujer
empieza a mostrar signos de pérdida de memoria, el hombre ante la situación decide
volcarse en su mujer y ayudarla a retrasar el proceso

degenerativo acompañándola al médico, ayudándola a que realice los ejercicios de memoria,


a tomar la medicación, etc.

Un ejemplo de fortaleza sería el de una mujer anciana que por su enfermedad (cáncer) se
ve sometida a muchas pruebas médicas para ver en qué fase se encuentra, tiene la
posibilidad de lograr una mejoría importante pero debe someterse a un tratamiento durante
un tiempo en el que su cuerpo sufrirá algunos cambios como la pérdida de cabello o pérdida
de peso, entre otros; ella lo medita y decide llevar a acabo el tratamiento, se esfuerza por
conseguirlo y logra después de mucho tiempo mejorar su salud

POSIBLES CRISIS DE LA VEJEZ

Crisis de Identidad

Las pérdidas asociadas al proceso de envejecimiento crean para el individuo un campo de


experiencias que pueden ser una agresión a su identidad personal, tanto desde el punto de
vista de la autoimagen como de la autoestima.

Más aún que la disminución de las fuerzas físicas y de la salud, el deterioro de la imagen
corporal es lo que agrede en su identidad personal a la persona que envejece. Sin embargo,
las pérdidas físicas no son las únicas que experimentan las personas de edad, están también:

la disminución, y a menudo la pérdida de autonomía,


la creciente soledad,
la pérdida del papel social, junto con las defunciones cada vez más numerosas de los
miembros de la propia generación.

La pérdida de la función social es particularmente traumatizante, puesto que los roles sociales
suelen ser fuentes de pertenencia, dinamismo y valoración. Hay que considerar también el
efecto de devaluación que producen los estereotipos negativos que crea la sociedad respecto
a la vejez. La crisis de la vejez es ante todo una crisis de identidad.

EJEMPLO

Un hombre de 64 años a punto de jubilarse, tiene un trabajo que le gusta y lo mantiene


activo, no depende de nadie, tiene su círculo de amigos, su familia. Con el paso del tiempo
tiene pocas actividades a realizar, sus hijos son mayores y están trabajando, sus amigos del
trabajo se distancian, vive solo y está empezando con problemas de salud. Ante los nuevos
acontecimientos se siente cada vez más solo, piensa que ya no vale para nada, que su
tiempo ya pasó, que es un anciano y no puede disfrutar de lo que antes le daba placer.
Progresivamente tiene más problemas de salud, alejado por completo de sus amistades y
aferrándose a lo que un día fue su identidad.

Crisis de Autonomía

La disminución o pérdida de autonomía personal es la manifestación más frecuente de un


deterioro de la identidad personal en las personas de edad.

Debido a esta dependencia tienen una percepción cada vez más negativa de la eficacia de su
actuación. Esta crisis de autonomía es un punto clave para desembocar en el éxito o fracaso
de la vejez.

Para cada persona la autonomía le permite pensar, decidir, actuar de una forma u otra sin
contar con la aprobación de otras personas. Cuando llegamos a la vejez nos vamos dando
cuenta que cada vez en más difícil mantener nuestra autonomía, y que empezamos a
depender más de los demás.

El ser conscientes de que estamos cambiando es un factor que puede producirnos


sentimientos de inutilidad, de fracaso, de carga para nuestros familiares y, sobre todo, de
nostalgia por los momentos del pasado en que nos valíamos por nuestros propios medios. Lo
más eficaz en estas situaciones es hacerle saber al anciano lo importante que es para
nosotros, tratar de que realice por sí solo las actividades que pueda desempeñar y que poco
a poco acepte que está cambiando de una forma positiva sin que su autoestima se vea
mermada por la nueva situación.

Es muy difícil definir cómo ha afectado la pandemia en la personalidad de los


ancianos, ya que no se han realizados estudios en relación personalidad y vejez en el
anciano, los estudios que se han realizado:

IMPACTO PSICOLÓGICO DE LA CUARENTENA EN ADULTOS MAYORES

Los adultos mayores se encuentran entre los grupos más vulnerables durante la pandemia de
COVID-19 y también entre los más segregados. Incluso se han reportado campañas dirigidas
específicamente a estimular la discriminación de los ancianos a través de la elaboración de
memes, llegándose a sugerir, explícitamente, que la vida de un adulto mayor vale menos que
la de un joven. Los adultos mayores son especialmente vulnerables ante las medidas de
cuarentena y aislamiento social, teniendo en cuenta que en esta etapa se reducen las redes
de apoyo social y disminuye la participación en actividades sociales. Estudios recientes
confirman que el efecto del confinamiento en los adultos mayores, durante la pandemia de
COVID-19 ha conllevado a un profundo deterioro de la salud mental en estas personas. En
algunos estudios se reporta la existencia de miedo recurrente a la muerte, miedo a la
separación de la familia, insomnio, pesadillas, síntomas de ansiedad generalizada, síntomas
depresivos, aparición de sintomatología obsesiva (lavarse las manos y el aseo frecuente de
objetos de uso personal), síntomas de estrés postraumático y también el incremento de uso
de sustancias, especialmente de alcohol. Además, se ha observado un agravamiento de
condiciones preexistentes, como la diabetes, hipertensión arterial, angina de pecho y eventos
cardiacos, así como de condiciones psiquiátricas (trastornos depresivos, ansiosos, obsesivo-
compulsivo, abuso de sustancias y déficit neurocognitivos). Sobre este último aspecto es
importante señalar que posterior a la pandemia podría observarse un incremento en las
quejas relacionadas con el funcionamiento cognitivo, incluso podría incrementarse el número
de adultos mayores con síntomas demenciales o de deterioro cognitivo leve (DCL).
4.3.1. Tipos de actitudes en la personalidad del anciano

Existen dos actitudes básicas y contrapuestas que suelen predominar en la personalidad


del anciano:

De tipo abierto (positiva): que incluye la actividad productiva y la estima del contexto
social y de sí mismo. Esta actitud puede mantener el sujeto en la perspectiva dinámica
dirigida al logro del ideal de una vejez con sentido y plenitud de vida, con la conciencia
existencial de una vejez asumida pero vivida en sentido juvenil.

EJEMPLO

Anciano/a que necesita cuidados y acepta que esos cuidados se


los proporcione una persona desconocida, asume que tiene
problemas de salud y que la persona que ha elegido le cubrirá sus
necesidades y le ofrecerá una compañía distinta a la que recibe de
sus familiares.

De tipo cerrado (dependiente): frustrado, de rechazo a sí mismo y de los demás; todo


esto impide tener una vida activa, creativa y autorrealizadora.

EJEMPLO

Anciano/a que precisa cuidados debido a que su estado de salud


lo requiere, pero no acepta que una persona ajena le cuide, sólo
deja que sus hijas se hagan cargo de él/ella, como hizo él/ella
cuando ellas eran pequeñas.

FACTORES DETERMINANTES PARA CONSEGUIR UNA PERSONALIDAD


AJUSTADA Y CREADORA

Autoconcepto positivo: Una persona recién jubilada en vez de no asumir esa


situación, acepta que ese es un buen momento para descansar, cuidarse un
poco más, pasar más tiempo con su familia y dedicarse a otras actividades que
por el trabajo no podía realizar.

Tener afán de vivir: Anciano/a con problemas de salud que necesita ir a


menudo al hospital para controlar su estado general, no olvida quedar todos los
jueves con sus amigos en el centro de día para disfrutar del baile que dicho
centro organiza.

Tener capacidad de resolución y fortaleza: Una pareja de ancianos, el


hombre no tiene problemas de salud importantes pero la mujer empieza a
mostrar signos de pérdida de memoria, el hombre ante la situación decide
volcarse en su mujer y ayudarla a retrasar el proceso degenerativo
acompañándola al médico, ayudándola a que realice los ejercicios de memoria,
a tomar la medicación, etc.

Un ejemplo de fortaleza sería el de una mujer anciana que por su enfermedad


(cáncer) se ve sometida a muchas pruebas médicas para ver en qué fase se
encuentra, tiene la posibilidad de lograr una mejoría importante pero debe
someterse a un tratamiento durante un tiempo en el que su cuerpo sufrirá
algunos cambios como la pérdida de cabello o pérdida de peso, entre otros;
ella lo medita y decide llevar a acabo el tratamiento, se esfuerza por
conseguirlo y logra después de mucho tiempo mejorar su salud
4.3.2. Crisis en la vejez

Crisis de Identidad

Las pérdidas asociadas al proceso de envejecimiento crean para el individuo un


campo de experiencias que pueden ser una agresión a su identidad personal, tanto
desde el punto de vista de la autoimagen como de la autoestima.

Más aún que la disminución de las fuerzas físicas y de la salud, el deterioro de la


imagen corporal es lo que agrede en su identidad personal a la persona que
envejece. Sin embargo, las pérdidas físicas no son las únicas que experimentan las
personas de edad, están también:

Disminución, y a menudo la pérdida de autonomía.


Creciente soledad.
Pérdida del papel social, junto con las defunciones cada vez más numerosas
de los miembros de la propia generación.

La pérdida de la función social es particularmente traumatizante, puesto que los


roles sociales suelen ser fuentes de pertenencia, dinamismo y valoración. Hay que
considerar también el efecto de devaluación que producen los estereotipos negativos
que crea la sociedad respecto a la vejez. La crisis de la vejez es ante todo una crisis
de identidad.

EJEMPLO

Un hombre de 64 años a punto de jubilarse, tiene un trabajo que le


gusta y lo mantiene activo, no depende de nadie, tiene su círculo de
amigos, su familia. Con el paso del tiempo tiene pocas actividades a
realizar, sus hijos son mayores y están trabajando, sus amigos del
trabajo se distancian, vive solo y está empezando con problemas de
salud. Ante los nuevos acontecimientos se siente cada vez más solo,
piensa que ya no vale para nada, que su tiempo ya pasó, que es un
anciano y no puede disfrutar de lo que antes le daba placer.
Progresivamente tiene más problemas de salud, alejado por completo
de sus amistades y aferrándose a lo que un día fue su identidad.
Crisis de Autonomía

La disminución o pérdida de autonomía personal es la manifestación más


frecuente de un deterioro de la identidad personal en las personas de edad. Debido a
esta dependencia tienen una percepción cada vez más negativa de la eficacia de su
actuación. Esta crisis de autonomía es un punto clave para desembocar en el éxito o
fracaso de la vejez.

Para cada persona la autonomía le permite pensar, decidir, actuar de una forma u
otra sin contar con la aprobación de otras personas. Cuando llegamos a la vejez nos
vamos dando cuenta que cada vez en más difícil mantener nuestra autonomía, y que
empezamos a depender más de los demás. El ser conscientes de que estamos
cambiando es un factor que puede producirnos sentimientos de inutilidad, de fracaso,
de carga para nuestros familiares y, sobre todo, de nostalgia por los momentos del
pasado en que nos valíamos por nuestros propios medios.

Lo más eficaz en estas situaciones es hacerle saber al anciano lo importante que es


para nosotros, tratar de que realice por sí solo las actividades que pueda
desempeñar y que poco a poco acepte que está cambiando de una forma positiva sin
que su autoestima se vea mermada por la nueva situación.
4.3.4. Impacto de la pandemia

Es muy difícil definir cómo ha afectado la pandemia en la personalidad de los ancianos,


ya que no se han realizados estudios en relación personalidad y vejez en el anciano. Sí que
tenemos información sobre el impacto psicológico de la cuarentena en adultos mayores.

IMPACTO PSICOLÓGICO DE LA CUARENTENA EN ADULTOS MAYORES

Los adultos mayores se encuentran entre los grupos más vulnerables durante la
pandemia de COVID-19 y también entre los más segregados. Incluso se han
reportado campañas dirigidas específicamente a estimular la discriminación de los
ancianos a través de la elaboración de memes, llegándose a sugerir, explícitamente,
que la vida de un adulto mayor vale menos que la de un joven. Los adultos mayores
son especialmente vulnerables ante las medidas de cuarentena y aislamiento social,
teniendo en cuenta que en esta etapa se reducen las redes de apoyo social y
disminuye la participación en actividades sociales.

Estudios recientes confirman que el efecto del confinamiento en los adultos


mayores, durante la pandemia de COVID-19 ha conllevado a un profundo
deterioro de la salud mental en estas personas.

En algunos estudios se reporta la existencia de miedo recurrente a la muerte,


miedo a la separación de la familia, insomnio, pesadillas, síntomas de
ansiedad generalizada, síntomas depresivos, aparición de sintomatología
obsesiva (lavarse las manos y el aseo frecuente de objetos de uso personal),
síntomas de estrés postraumático y también el incremento de uso de
sustancias, especialmente de alcohol.

Además, se ha observado un agravamiento de condiciones preexistentes,


como la diabetes, hipertensión arterial, angina de pecho y eventos cardiacos,
así como de condiciones psiquiátricas (trastornos depresivos, ansiosos,
obsesivo-compulsivo, abuso de sustancias y déficit neurocognitivos).

Sobre este último aspecto es importante señalar que posterior a la pandemia


podría observarse un incremento en las quejas relacionadas con el
funcionamiento cognitivo, incluso podría incrementarse el número de adultos
mayores con síntomas demenciales o de deterioro cognitivo leve (DCL).
4.4. Relaciones sociales

Toda persona mayor está especialmente necesitada de la ayuda y protección de sus


semejantes en ciertos momentos claves de su vida. Las relaciones sociales son totalmente
imprescindibles para la buena salud de las personas, tanto en su dimensión social como
afectiva. Ejercen un rol importante sobre el bienestar de las personas, ya que relacionándose
con los demás, pueden encontrar alivio a muchas de sus diferentes situaciones y van a
encontrar a alguien que sepa escucharles y les quiera. Pero para ello, los mayores han de
procurar contribuir a que las relaciones sean favorables mediante una actitud optimista.
Podríamos decir que esta es la situación ideal, aunque como veremos más adelante hay
ocasiones en las que se producen casos de abusos y malos tratos en el anciano.

Las personas que están inmersas en las relaciones familiares y las amistades son las que
más satisfacción proporcionan a las personas mayores inspirándoles confianza, haciéndoles
compañía en su soledad, orientándoles en sus decisiones, proporcionándoles ayuda
emocional en la enfermedad y en la discapacidad, además de ayuda material, siempre que
ellas puedan y los mayores lo necesiten.

LAS RELACIONES FAMILIARES

El mantenimiento de los contactos familiares es considerado como uno de los


factores más positivos, ya que mantienen a las personas de edad avanzada en
actitudes participativas de comunicación y actividad, alejándolas del aislamiento y de
las tendencias introvertidas e incluso depresivas que pueden aparecer a esa edad.

La familia tiene conceptualmente una doble importancia para las personas mayores:

Por una parte, se relaciona con la existencia de quienes pueden brindarles los
cuidados y la ayuda que pudiesen requerir. Conviene recordar que la familia
ha sido siempre la institución social encargada de satisfacer las necesidades
del cuidado diario de estas personas y les otorga la confianza y la seguridad de
contar con respaldo en caso de necesitarlo.

Por otra parte, tiene que ver con el apoyo afectivo y cognitivo tan necesario
para asumir las pérdidas que conlleva el envejecimiento, para contrarrestar las
discriminaciones sociales, apoyando la autoestima y siendo una base para
darle sentido a su vida. También para alentar la confianza en sí mismos, y así
facilitar el asumir un papel activo.

En el proceso de envejecimiento los mecanismos de defensa y equilibrio de la


personalidad están amenazados por numerosas tensiones. La familia puede
proporcionar un medio favorable para mantener la identidad personal y evitar los
peligros del medio. La autoestima del anciano se afirma cuando los miembros de las
generaciones jóvenes reconocen la importancia del abuelo o bisabuelo. El amor y
afecto no se enseñan, por lo que los nietos repetirán con sus abuelos lo que vean
hacer a sus padres.

La familia de tres generaciones es aquella que, conviviendo o no, integra


dentro de su ámbito a los abuelos, proporcionándoles oportunidades para
encontrar el rol que la sociedad no les otorga.

LA SOLEDAD

La soledad de las personas mayores es uno de los principales problemas de la


vejez y supone un empobrecimiento de la calidad de sus relaciones sociales. Las
visitas, las llamadas telefónicas, los regalos, todo cuenta, pero no siempre es
suficiente. Además de visitar lo más a menudo posible a las personas mayores,
habría que facilitarles los medios para que pudiesen relacionarse por sí mismos. Para
escapar de la soledad los ancianos no necesitan solamente meras actividades, sino
actividades que tengan sentido para ellos. Poco importa el carácter de las mismas,
esas actividades son verdaderos estímulos para los ancianos por el hecho de tener
un sentido.

En un futuro cercano será necesario también abordar el agotamiento provocado por


el estrés mantenido durante la crisis sanitaria a la que habrá que sumar los efectos
retardados que dejarán los duelos pendientes y la valoración a posteriori de los
comportamientos profesionales realizados bajo tanta presión. Para atajar esas
debilidades será fundamental implementar protocolos de intervención con personal
sanitario.

Las demandas a los psicólogos en situaciones de emergencia son variadas: explicar


la normalidad que hay en las reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y
conductuales que pudieran manifestar los implicados; dar claves para reducir la
ansiedad; fomentar y reforzar las estrategias de afrontamiento, el sentimiento de
control y de autoeficacia; valorar factores de vulnerabilidad y protección; observar el
proceso de asimilación de la pérdida, ayudar a elaborar el duelo.

OCUPACIÓN Y OCIO EN LA VEJEZ

“La vejez equivale a un gran tiempo de ocio, supone la posibilidad de


dedicarse a las actividades que verdaderamente engrandecen al hombre...”
El trabajo es para algunas personas la única actividad que le suscita suficientes
intereses, a la vez que constituye lo que de modo casi exclusivo llena su vida. Con la
jubilación, o al abandonar el trabajo por otros motivos, se produce un vacío que no se
puede llenar de forma improvisada.

Es verdaderamente necesario que a lo largo de la vida, cada persona, y según sus


propias tendencias, amplíe su círculo de actividades e intereses, para que al llegar a
la vejez pueda ocupar el tiempo tan amplio que en esos momentos tiene a su entera
disposición, de modo que no sea una carga que no se sabe cómo llenar hasta el
punto de plantearse «cómo pasar el tiempo», sino una auténtica oportunidad para
dedicarse a aquellas actividades que, precisamente por falta de tiempo, no pudo
desarrollar más en etapas anteriores de su vida. El desarrollo de actividades
intelectuales dificulta el deterioro mental que se puede producir como consecuencia
del proceso fisiológico del envejecimiento.

También es éste un buen momento para desarrollar hobbies que se emprendieron en


otras épocas de la vida y, sobre todo, para afianzar lazos afectivos con otras
personas que, tal vez, se habían descuidado anteriormente por falta de tiempo;
incluso, se pueden establecer nuevas amistades que enriquezcan nuestra vida en el
terreno social y afectivo. Puede ser una buena época para viajar, para leer, para
disfrutar y conocer con mayor profundidad a los grandes maestros de la música, para
crear, en cualquier parcela del arte (pintura, dibujo, literatura, etc.) o de la artesanía
manual.

Con una buena planificación del tiempo se pueden abarcar simultáneamente un buen
número de facetas, escogidas en función de los propios intereses y tendencias, a la
vez que en relación con los medios y disponibilidades de cada persona, de modo que
la vida puede resultar más plena y satisfactoria que en edades anteriores de la vida.

De este modo, además, se consigue una buena prevención de las dificultades y


problemas que puede acarrear el envejecimiento. La vida puede llenarse de
intereses, motivaciones de proyección hacia el futuro: de sentido, en definitiva. La
vejez equivale así a un gran tiempo de ocio, supone la posibilidad de dedicarse a las
actividades que verdaderamente engrandecen al hombre, sin las obligaciones que
implica la necesidad de realizar un trabajo remunerado.

Por otro lado hay que considerar que las personas de edad avanzada tienen
disminuida su capacidad de adaptación a situaciones nuevas, por lo que les resulta
particularmente difícil acoplarse a posibles cambios de vida, con lo que todo cambio
de cierta relevancia, al igual que la pérdida de seres queridos, son posibles
desencadenantes de una depresión.
4.5. Malos tratos en los mayores

En el estudio de los malos tratos hacia las personas mayores, se han distinguido varios
modelos a la hora de abordar dicho problema:

BLOCK y SINNOT

Según BLOCK y SINNOT hay cuatro tipos de abuso:

Físico: malnutrición, heridas como torceduras y magulladuras, dislocaciones,


abrasiones y laceraciones.

Psíquico: insultos, amenazas atemorizantes, aislamiento...

Material: robo, uso inapropiado o fraudulento de dinero o propiedades.

Médico: retirada de medicación o ayudas necesarias.

JOHNSON

JOHNSON distingue tres etapas en el abuso:

Definición intrínseca: sufrimiento que puede ser infringido por la propia


persona o por otros, innecesario para el mantenimiento de la calidad de vida de
la persona anciana. EJEMPLO: Ignorar, menospreciar o tratar como carga a un
anciano que ya no tiene la misma autonomía que antes y que necesita más
cuidados.

Definición extrínseca: las categorías del abuso según las manifestaciones de


la conducta que se observen, que pueden ser categorizadas en circunstancias
físicas, psicológicas, sociológicas o legales. EJEMPLO: Maltratar físicamente al
anciano, descuidar su higiene, aislarlo de la sociedad o de su conjunto de
amigos o conocidos.

Definición casual: el abuso activo, la negligencia activa, el abuso pasivo y la


negligencia pasiva (todo ello considerado dentro de un continuum de
“intervenciones agresivas” e “intervenciones pasivas”). EJEMPLO: No darle la
medicación, ignorar si se alimenta o no, ir a las citas médicas que tenga
previstas.

FULMER y O´MALLEY

FULMER y O´MALLEY diferencian entre abuso y negligencia:

Abuso: Las acciones de una persona cuidadora que crea necesidades no


satisfechas para la persona anciana. EJEMPLO: Malgastar el dinero de la
pensión del anciano en lujos no necesarios.

Negligencia: El fallo de una persona responsable del cuidado en responder


adecuadamente a las necesidades de cuidado que presenta la persona
anciana. EJEMPLO: Olvidar proporcionarle la medicación necesaria, es decir,
si es una persona anciana diabética, necesita su dosis de insulina diaria.

PENHALE y KINGSTON

Teorías que intentan explicar el abuso y negligencia con las personas mayores
(fuente: PENHALE, B., KINGSTON, P.):

Intraindividuales: contemplan la causa de la violencia centrada en las


características de las personas o de los efectos del alcohol y las drogas (como
la psicopatología).

Socio-psicológicas: se fijan en la interacción de la persona con los demás, y


en el rol del aprendizaje en el desarrollo de la conducta violenta (teoría del
aprendizaje social, la del intercambio, la de la frustración/agresión, o el
interaccionismo simbólico).

Socioculturales: que enfatizan la importancia de las estructuras sociales y las


organizaciones institucionales en el desarrollo de la violencia.
4.5.1. Causas y consecuencias de los malos tratos

Parece que uno de las principales causas del maltrato hacia las personas mayores es el
cambio de valores en nuestra sociedad actual, en la que el anciano es visto con frecuencia
como un ser dependiente e improductivo, es infravalorado y resulta una “carga o molestia
para la familia”.

Sin género de dudas, los factores culturales y sociales están implicados, pero también hay
que tener en cuenta los factores individuales y familiares. Entre estos últimos, se conoce
que el estrés del cuidador, problemas socioeconónicos, antecedentes de violencia familiar,
etc., están muy relacionados con los malos tratos, pero no tanto como variables causales sino
como factores de riesgo. Es decir, no producen directamente la aparición de malos tratos,
pero hay mayor probabilidad de que aparezcan si estos factores están presentes.

CONSECUENCIAS DE LOS MALOS TRATOS

Lesiones físicas: lesiones por traumatismos, desnutrición, deshidratación,


fracturas por caídas, úlceras por decúbito por negligencia, abandono o falta de
cuidados, heridas por ataduras, abrasiones, quemaduras e intoxicaciones.

Sociales: aislamiento físico, psicológico o social. Se estima que los malos


tratos tienen una importante repercusión en la utilización de servicios
sanitarios; el aumento de la frecuentación, y de las hospitalizaciones
condicionada por la morbilidad asociada a síntomas de la negligencia, el
abandono o la violencia física.

Consecuencias psicológicas: tristeza, trastornos emocionales, sufrimiento,


depresión, ansiedad, ideación suicida, inhibición, somatizaciones y
pseudodemencias.
4.5.2. Epidemiología de los malos tratos

Carecemos de datos fiables en nuestro medio para estimar la magnitud de este problema en
nuestro país. Existen algunos trabajos que han intentado aproximarse al estudio del abuso o
maltrato en el anciano desde el punto de vista epidemiológico. Ninguno de estos estudios
está hecho con una base poblacional, por lo que sus resultados no son extrapolables a la
población general, y tampoco están validadas las escalas o baremos utilizados.

Las cifras más altas corresponden a ancianos atendidos por los servicios
sociales (35%) y hospitalizados (8,5%).

En un estudio sobre prevalencia de sospecha de malos tratos a ancianos se


obtienen prevalencias altas, de 11,9%, pero se trata de sospecha sin
confirmación del abuso.

Según la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria, entre el 5-


10% de los ancianos son maltratados.

Respecto a la situación del problema en otros países, estudios realizados en


Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, llevados a cabo mediante encuestas,
encontraron que entre el 3-6% de las personas mayores de 65 años son
víctimas de maltrato físico, psíquico o abandono de forma continuada.

FACTORES DE RIESGO Y VULNERABILIDAD DE SER VÍCTIMA DE MALOS


TRATOS

PARA EL AGRESOR SITUACIONES DE


PARA EL ANCIANO (CUANDO ES EL ESPECIAL
CUIDADOR) VULNERABILIDAD

Edad avanzada Padecer Vivienda


Deficiente estado trastornos compartida
de salud psicopatológicos Malas relaciones
Incontinencia Abuso de alcohol entre la víctima y
Deterioro u otras el agresor
cognitivo y toxicomanía Falta de apoyo
familiar, social y
alteraciones de Experiencia financiero
conducta familiar de Dependencia
Dependencia maltrato a económica o de
física y emocional ancianos o vivienda del
del cuidador violencia familiar anciano
Aislamiento social previa.
Antecedentes de Incapacidad del
malos tratos cuidadorpara
soportar
emocionalmente
los cuidados
4.5.3. Evaluación y diagnóstico del maltrato

SEÑALES DE ALERTA Y SIGNOS PRECOCES DE MALTRATO

Explicaciones poco coherentes respecto al mecanismo de producción de las


lesiones.
Retraso en solicitar la asistencia.
Visitas reiteradas a servicios de urgencia y hospitales por motivos cambiantes.
Administración involuntaria de medicamentos.
Ausencia de respuesta ante tratamientos adecuados.
Mala evolución de las lesiones (úlceras) tras aplicación de las medidas
adecuadas.
Desnutrición sin motivo aparente.
Deshidratación.
Caídas reiteradas.
Contradicciones en el relato de lo sucedido entre paciente y maltratador.
Actitud de miedo, inquietud o pasividad.
Estado emocional: alteración del estado de ánimo, depresión, ansiedad o
confusión.
Negativa del cuidador a dejar solo al anciano.

La forma de atención del médico de familia sería la siguiente:

Entrevista con el paciente y con el cuidador.


Identificar factores de riesgo o vulnerabilidad.
Investigar señales de alerta a través de indicios o signos precoces de malos tratos.
Realizado el diagnóstico, hacer un examen físico y una valoración psicológica y social.

Se evaluará la magnitud del maltrato, valorando la gravedad inmediata de las lesiones, estado
psicológico (valorar el riesgo autolítico, inhibición) y riesgo social (situación de dependencia,
abandono y los riesgos para una nueva agresión).
4.5.4. Estrategias e intervenciones de ayuda al anciano
maltratado

Ante una situación de maltrato hacia personas mayores, podemos diferenciar dos tipos de
estrategias. Unas enfocadas al anciano, víctima del maltrato, y otras dirigidas hacia el
agresor, cuando este es cuidador o familiar de la persona maltratada.

Orientadas al anciano

Evitar el aislamiento social mediante: Servicios de atención a domicilio, Centros


de día, Tutela por parte de Servicios Sociales.

Organizar la atención clínica del paciente facilitando medios y simplificando la


medicación.

Evaluar la adecuación de la vivienda a las limitaciones del anciano.

Valorar la necesidad de institucionalizar al anciano si la familia no puede


garantizar su atención.

Orientadas a la persona que maltrata, cuando ésta es el


cuidador o familiar

Reducir el estrés de la familia o del cuidador a través de medidas como:

Compartir el cuidado con otros miembros de la familia o facilitar si fuera preciso


cambios al domicilio de otro familiar mas capacitado.

Contactar con grupos de apoyo (voluntariado, asociaciones de enfermos o de


familiares de enfermos, etc.).

Garantizar periodos de descanso al cuidador (facilitando personas de apoyo de


atención a domicilio de servicios sociales o voluntarios, estancias en centros de
día, o centros de corta estancia).

Dar apoyo técnico y emocional al cuidador.


Si el cuidador padece un problema psiquiátrico o de consumo de alcohol o
drogas, debe realizarse entrevista intentado conocer el estado emocional de la
persona y facilitar apoyo y tratamiento de problemas psiquiátricos o
toxicomanías si las hubiere.

Valorar la capacidad de la familia para garantizar los cuidados.


4.6. Sexualidad en la vejez

La sexualidad se ve afectada por aspectos emocionales, físicos y cognitivos. Algunos


factores psicológicos pueden afectar el disfrute de una adecuada sexualidad en la vejez:

HOMBRES

Los hombres pueden temer que la impotencia se convierta en un problema


más común a medida que van envejeciendo. La excesiva preocupación por la
posibilidad de volverse impotente puede causar el estrés suficiente para
producir problemas de erección.

La excesiva preocupación puede hacer que el hombre centre su atención en


ese aspecto durante el acto sexual, que suele producirle ansiedad ante la
posibilidad de que la erección sea difícil o imposible. También puede pensar
que la impotencia es algo “normal” en la etapa de la vida en la que se
encuentra, y que la persona no se plantee la posibilidad de solucionar el
problema o busque algún tipo de ayuda.

MUJERES

Algunas mujeres pueden sentirse menos atractivas debido a los cambios


físicos normales del envejecimiento, y debido a esto pueden vacilar antes de
expresar su interés sexual.

Algunas pueden pensar que sus compañeros ya no las encuentran atractivas


debido a los cambios producidos por el envejecimiento, y estos pensamientos
pueden asociarse a conductas no favorecedoras de la salud sexual, tales como
emitir menos conductas de seducción, disminuir la frecuencia con la que inicia
interacciones de tipo sexual, arreglarse menos, etc.

El mantener estándares y metas de belleza física juvenil puede interferir con la


forma de disfrutar del sexo tanto de hombres como de mujeres, aunque es
probable que ocurra de forma especial en el caso de las mujeres, puesto que
en nuestra sociedad la presión social para cumplir metas de belleza física se
ha ejercido y se ejerce (si bien las cosas están cambiando en los últimos años)
de manera especialmente intensa con las mujeres.

Algunas creencias erróneas también pueden contribuir a obstaculizar el disfrute de una


adecuada sexualidad en la vejez:

“La vejez se asocia inevitablemente a declive del interés sexual”.

“La menopausia disminuye el interés sexual”.

“Es indecente, de mal gusto, que las personas mayores tengan intereses
sexuales”.

“El sexo es, básicamente, el coito; otro tipo de relaciones sexuales son
extrañas o inadecuadas” .

“La actividad sexual en la vejez es mala para la salud, debilita a las personas”.

“Las personas mayores ya no necesitan tanto como los jóvenes el mantener


relaciones sexuales”.

También influyen sobre la sexualidad determinados estereotipos sociales sobre los


roles masculino y femenino y sobre las personas mayores. La imagen social de las
mujeres como menos interesadas en el sexo que los hombres, menos necesitadas de
relaciones sexuales, así como la imagen social de las personas mayores como
“desenganchadas” de este tipo de necesidades más típicas de los jóvenes, son otras
barreras que hay que eliminar para favorecer el disfrute sexual en la vejez.
4.6.1. Actuaciones informativas y orientativas

Actuaciones que se pueden llevar a cabo para ayudar a las personas mayores en sexualidad
(estas actuaciones informativas son una orientación, por si se presenta un caso con una
situación parecida):

Normalizar el tema de la sexualidad, favoreciendo la comunicación e


intercambio de opiniones sobre ello y la expresión por parte de las personas
mayores de la problemática que pueden vivir en este ámbito de su vida.

No crear nuevas exigencias que contradigan los deseos o creencias religiosas


de las personas mayores.

Proporcionar información a las personas mayores sobre los cambios normales


que ocurren con el envejecimiento y que pueden generar cambios en la forma
de experimentar la sexualidad; asimismo, darles información sobre los factores
fisiológicos y psicológicos que pueden influir en el inicio y mantenimiento de
disfunciones o dificultades sexuales, así como de las vías existentes para su
posible superación.

Facilitar que las personas mayores se reconcilien con su figura corporal y


acepten los cambios que supone el proceso de envejecimiento, cambiando los
estándares de belleza de la juventud basados en criterios físicos y estéticos,
por nuevos estándares más realistas y alcanzables, basados en los valores de
la comunicación, el afecto, la intimidad y la sensualidad.

Potenciar una visión de la sexualidad creativa, menos coital, que reconozca el


valor como potenciales fuente de placer de otros tipos de actividades.

Favorecer la creación de redes sociales adecuadas para las personas


mayores, que les permitan satisfacer sus necesidades de afecto e intimidad en
los casos en que haya bajo apoyo social o situaciones de soledad por
viudedad, separaciones, etc.
Intervenir en aquéllas áreas o problemas como las ya tratadas u otras como las
relaciones de pareja, el estado de salud o el estrés y la depresión, que afectan
de forma significativa a las relaciones sexuales.

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