La Estación de Las Cejas Cumple 90 Años
La Estación de Las Cejas Cumple 90 Años
Se organizó un festejo, que tendrá lugar mañana, con actividades culturales y espectáculos de
música.
Es imponente y coqueta. A pesar del descuido por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento,
la vieja estación sigue mostrándose señorial. Su inconfundible estilo inglés de construcción de
principios del siglo XX le da un aire de grandeza. Es el rostro del pueblo y, por esa razón, ahora
quieren devolverle vida, tal como la tuvo en los años de esplendor.
Ubicada al final de la calle 9 de Julio, “la calle principal” como dicen los lugareños. El balcón
central y los enormes ventanales todavía atraen las miradas de los ocasionales visitantes del
pueblo. El edificio, que se construyó en 1928, es una réplica de la estación Muñecas; sin embargo
esta última ya no existe: fue demolida completamente. Es decir que la única que sigue en pie es
la estación de tren de Las Cejas.
La celebración de los 90 años de su inauguración se realizará mañana, a partir de las 18. “El
objetivo es volver a congregar a los lugareños en torno a la vieja estación”, explicó Raúl López,
administrativo y gestor cultural de la Universidad de San Pablo Tucumán.
La agenda de festejos incluye muestra de artes visuales (pinturas, esculturas y fotografías, con
participación de artistas locales y colaboración de ex trabajadores ferroviarios). También habrá un
mercado de productores locales y zonales independientes. Se abrirá una feria gastronómica y
charlas sobre Patrimonio Arquitectónico y Turismo. En forma paralela se realizarán talleres
artísticos y música en vivo con artistas locales.
La boletería del pórtico de acceso a la estación se clausuró hace varias décadas, pero su brillo
sigue vigente. Para revalorizarla es necesario un trabajo de mantenimiento edilicio. A eso
apuestan los vecinos y buscan contar con el apoyo de la comuna, del Gobierno provincial y de los
sectores independientes.
“La estación es la cara del pueblo -dijo López-; figura en la lista de Patrimonio Cultural de la
provincia y queremos preservarla para que no suceda lo mismo que pasó con la estación
Muñecas”, agregó.
Una reliquia
Otro añejo edificio que figuraba en la lista de Patrimonio era la comisaría del pueblo; sin embargo,
fue demolido, y se convirtió, primero en un sitio baldío, y después en una pista de salud. El
destino del pueblo se forjó a la par de las vías del ferrocarril. La estación de doble piso, sin duda,
es una reliquia, erigida a poco más de 300 metros de la ruta provincial N° 303, en la jurisdicción
comunal del departamento Cruz Alta, en el límite con Santiago del Estero.
Una vez cerrado el ramal, en la década del ‘90, la vida pueblerina comenzó a apagarse
lentamente. El tesón y el empuje de los lugareños mantuvo de pie la vieja estación. Los vecinos
todavía recuerdan con nostalgia que desde Las Cejas salía el tren cargado con soja hacia
Clodomira, en Santiago del Estero, y después llegaba al puerto de Rosario. La administración
sigue en manos de la firma Belgrano Cargas. Otro sector del edificio es administrado por la
comuna rural, a cargo de Cristina Contreras.
La celebración del sábado cuenta con el apoyo de Dirección de Extensión y Cultura de la
Universidad San Pablo T, de la comuna de Las Cejas, de la Municipalidad de Banda del Río Salí
y del Ente Cultural de Tucumán.
25 junio, 2017
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Vecinos y autoridades provinciales colmaron el centro cívico y la plaza principal para compartir
una jornada de festejos. El origen de Las Cejas y su importancia como posta en el límite este con
la provincia de Santiago del Estero surgió con el ferrocarril.
La celebración, que comenzó el sábado por la mañana, contó con la participación de alumnos y
docentes de diferentes escuelas de la zona que realizaron la promesa de Lealtad a la Bandera,
en conmemoración del 20 de junio, Día de la Bandera.
Las Cejas es un pueblo de gente humilde, buena y trabajadora que quiere vivir mejor. Hoy la
gente nos recibió en la calle con mucha alegría y entusiasmo. En estos 166 años de vida, los
vecinos renuevan su esperanza en un futuro mejor”, dijo el gobernador, Juan Manzur, quien visitó
la comuna acompañado del vicegobernador, Osvaldo Jaldo.
En 1862 una comisión del Gobierno de la Provincia elaboró un informe sobre los límites de
Tucumán. El documento indicó que desde 1780 en las fronteras con Santiago del Estero al este
existían varias estancias: Juliana, La Gramilla, Los Mistolitos, Cañada Pozo, El Paraíso, los
pueblos del Puesto Cejas, Los Pereyra, Las Tacanas, Pozo Hondo, La Florida, entre otras.
Se recuerda la fundación del pueblo el 24 junio por su primer habitante: el coronel Roque Sejas,
quien compró la estancia – hoy la comuna del departamento Cruz Alta– al fisco el 24 de junio de
1851. Sejas tenía alrededor de 50 años y había nacido en el lugar. Según explicó, la delegada
comunal de Las Cejas, Cristina Contreras, la localidad tomó relevancia como posta cuando llegó
hasta allí la red del ferrocarril, con el ramal Cejas – Antillas (Salta) en 1915.
“La historia de este pueblo es muy larga. Año a año, los vecinos celebramos este aniversario,
porque sentimos un orgullo profundo y más hoy con el acompañamiento de gobernador y las
autoridades del gobierno”, afirmó Contreras.
Por su parte, Jaldo sostuvo que “en estos momentos la Argentina necesita que quienes tenemos
roles institucionales estemos a la par de la gente. Acompañamos al interior de la provincia hoy en
la comuna de Las Cejas, compartiendo con cada una de las familias”.
Localizado en la región Tucumán, Las Cejas es un municipio cuya superficie, población, altitud y
otra información importante se proporciona a continuación.
Para todos sus procedimientos administrativos, puede dirigirse al ayuntamiento de Las Cejas en la
dirección y horarios indicados en esta página, o contactar a la recepción del ayuntamiento por
teléfono o por correo electrónico según su preferencia y datos disponibles.
2.5 / 5 para Las Cejas por Municipalidad-Argentina.com.ar el 6
Comentarios sobre el municipio
Abril 2018
“La historia la cuentan siempre los vencedores y las mujeres hemos sido las vencidas en
todas las guerras, no solo de las bélicas [...] Es urgente contar la historia de nuevo tal y
como ha transcurrido. Dando a las mujeres la verdadera dimensión que merecen,
sacándolas del silencio que las niega en los libros de historia y dándoles el protagonismo
real que han tenido, limpiando a los personajes femeninos del destino o bien
ejemplarizante de reinas o santas o bien de contramodelo para que el resto de mujeres
aprendamos lo que no debemos hacer”. Les Comadres. La otra historia.
Hace pocas décadas que tenemos la posibilidad de empezar a descubrir una historia ocultada
durante siglos. Las mujeres, además de su aportación para sostener el hogar como madres y
cuidadoras, han realizado una importante labor en el desarrollo político, científico, social y
económico que la historia -escrita por los hombres- ha invisibilizado.
El Renacimiento, por ejemplo, es un “renacer” sólo para los varones, que ven mejoradas en esa
época sus posibilidades educativas y laborales. Para las mujeres fue todo lo contrario: no
pudieron acceder a la educación humanista y los nuevos estados, centralistas y uniformadores, y
se dictaron leyes que restringieron aún más sus posibilidades. También la fundación de las
universidades se estudia siempre como un factor positivo de desarrollo pero nunca se ha tenido
en cuenta su repercusión negativa para las mujeres. Hasta el siglo XIII la presencia e influencia
femeninas en la educación son mayores que las de los varones, son activas enseñantes,
intelectuales, mecenas y escritoras pero la universidad excluye a las mujeres y el saber pasa a
ser patrimonio del varón. Desde la perspectiva de la educación y la cultura Joan Kelly-Gadol
publica un artículo titulado provocativamente “Did Women Have a Renaissance?” planteando la
necesidad de repensar las cronologías en función de las mujeres [2]. Si se refiere a la historia de
las mujeres ¿no se debería destacar más bien la Reforma y la Contrarreforma, puesto que a partir
de entonces, la Iglesia multiplica los conventos que dispensan una instrucción básica a las niñas,
algo que en los países católicos tiene como consecuencia una considerable mejora en la
educación de las mujeres y sus posibilidades culturales? [3]
Pero releer la historia en clave femenina no significa sólo rescatar el protagonismo de las mujeres
en el pasado sino presentar instrumentos para repensar la dinámica histórica en su conjunto, dice
Mary Nash [4] fundadora del Centro de Investigación Histórica de la Mujer en la Universidad de
Barcelona creado 1982 y dedicado a la investigación y docencia de la historia de la mujer. Implica
que cuando se estudia la sociedad contemporánea debe estudiarse el papel decisivo del ámbito
privado en el desarrollo histórico y el papel de las mujeres en ese ámbito.
La mirada con perspectiva de género en la historia permitirá tener una perspectiva del impacto tan
diferente que para hombres y mujeres han tenido la industrialización del siglo pasado, las
revoluciones liberales del siglo XIX o las dinámicas democratizadoras del siglo XX. [5] Había que
reinterpretar la historia, cuestionarse todo lo aprendido hasta la fecha, incorporar los nuevos datos
y las nuevas categorías. Si entre los hechos históricos tenemos sólo en cuenta las actividades
como la guerra y no la producción de ropas y alimentos, la posesión de propiedades en vez de la
producción y el trabajo, la mujer quedará fuera. El resultado ha de ser necesariamente la
transformación de nuestra visión del mundo y de la historia [6]
Y el trabajo de rastreo de la historia de las mujeres no ha sido fácil. Muchas firmaron obras con el
nombre de sus maridos como la escritora María Lejárraga, o con un seudónimo masculino como
Fernán Caballero o Georges Sand; otras son consideradas oficialmente solo colaboradoras como
al principio Madame Curie que trabajó al lado de su marido durante diez años y sólo después del
Premio Nobel conjunto obtuvo su primer puesto de trabajo remunerado.
¿Por qué se ha ocultado a las mujeres? ¿Es fruto del pensamiento de la época que ignoraba su
papel y simplemente mala fe? El historiador y el copista cuando en los siglos XIV o el XVIII
selecciona los elementos de la realidad lo hace con los prejuicios sexistas que le llevan a no
considerar las obras de quien considera inferior.
En el estudio de la prehistoria se dio por hecho que todas las figuras humanas sin rasgos
sexuales -ni masculinos ni femeninos- eran varones y se adjudicaron al varón todas las funciones
representadas, llegando a la conclusión de que la mujer que tenía menos presencia, ocupaba un
rango jerárquicamente menor en esas sociedades.
¿Es casualidad que la obra de Trótula, una médica ilustre del siglo XI autora de un tratado de
medicina femenina traducido y copiado durante siglos, en el siglo XVI cuando se imprimió, justo
en un momento en el que se alejó a las mujeres de la medicina y la ciencia, fuera adjudicada a un
nombre de varón? En Francia se sabía de la existencia de Dhuoda, autora de la primera obra
francesa de pedagogía, escrita en el siglo IX, pero en las escuelas se enseñaba que el primer
autor era Rabelais seguido de Montagne.
¿Y las fuentes, puede continuar siendo válido considerar que las fuentes jurídicas o las religiosas
son las más creíbles tal como se ha hecho durante siglos cuando éstas reproducían la visión del
mundo desde la exclusiva mirada masculina?
Nuestras primeras antepasadas aprendieron a preparar barro y hornear cerámica; trabajaron los
esmaltes y mezclaron cosméticos origen de la ciencia química. Al encargarse de la agricultura y la
recolección, también descubrieron las propiedades medicinales de las plantas y aprendieron a
secar, almacenar y mezclar las sustancias vegetales. Las mujeres siempre han sido curanderas,
cirujanas y parteras [7].
¿Porqué esos trabajos no han sido considerados con la misma importancia que los realizados por
el varón? El movimiento feminista empezó a cuestionarlo y las feministas universitarias -no
necesariamente historiadoras- empezaron a poner interrogantes y a buscar respuestas [8]. Una
dinámica apoyada con gestos, como el organizado por las feministas de París en 1970 al
convocar una concentración ante el Arco de Triunfo para depositar una ofrenda floral “a la mujer
del soldado desconocido”. ¿Quién se ha molestado en recordar las consecuencias para las
mujeres de las guerras organizadas en su mayoría por los hombres?
¡Hace menos de veinte años que el derecho de las mujeres a ser reconocidas en la historia de la
humanidad ha dejado de ser un interrogante!
* El contexto romano fue más favorable que el griego a la participación de las mujeres en la
ciencia y sobre todo en la medicina porque tras la conquista de Grecia en el siglo II a.C. los
romanos llevaron a Roma varias médicas, las cuales influyeron decisivamente en el
desarrollo de esta actividad en los siglos siguientes. De esta tradición quedan testimonios
como las figuras de Sorano de Efeso, Olimpia de Tebas, Metrodora y Aspasia.
*La Edad Media hizo posible que las mujeres estudiaran y gozaran de una libertad
intelectual que según algunos, no se repetirá hasta nuestros días. Las Beginas fue una
comunidad de mujeres que decidieron vivir juntas, libres, activas, solidarias y sin
jerarquías. La comunidad se extendió por Holanda, Baviera, Francia y llegó hasta Cataluña.
A ella pertenecieron Matilde de Magdeburgo, Beatriz de Nazaret, o Margarita Porete que se
empeñaron en abandonar el latín y escribir en lengua vulgar. Sus obras son consideradas
como el origen de las lenguas europeas modernas.
* Las mujeres han realizado una gran aportación al mundo de la matemática, física,
biología trabajando en condiciones especialmente difíciles. ¿Cómo olvidar la historia de
Hipatia de Alejandría , maestra matemática o Ada Byron la primera programadora de la
historia?
Mujer y educación. Educar para la igualdad, educar desde la diferencia. Ana González Rodríguez;
Carlos Lomas García (Editorial Graó)
Maria Teresa Ayuso López. Fuentes documentales sobre el trabajo de las mujeres. Madrid. Akal.
1997
Anderson, Bonnie S; Zinsser Judith P. 1991. Historia de las mujeres: una historia propia. 2 vols.
Ed. Crítica. Barcelona.
La otra historia. Mujeres hablando de mujeres. Dido, Hipatia, Cleopatra, Hildegard von Bingen,
Catalina Benincasa. Ed. Tertulia feminsita Les Comadres. Gijón
La mujer a través de la historia
Las mujeres han estado aparentemente ausentes en muchos ámbitos de la ciencia y de la cultura
a lo largo de la Historia. Aparecen escasamente en la Historia, en la Literatura, en el Arte, en la
Ciencia... Por un lado, porque han tenido muchos obstáculos para poder desarrollar sus intereses
y capacidades, y por otro lado, porque a las que han conseguido hacerlo no se les ha reconocido
y ni siquiera han sido nombradas en los libros o en las enciclopedias.
La invisibilidad histórica que han sufrido las mujeres, a menudo apartadas de la "historia oficial",
hace que desconozcamos a muchas que utilizaron su imaginación, su voluntad, sus fuerzas y a
veces su vida para contribuir en la construcción de una sociedad más justa para mujeres y
hombres. En contra de múltiples barreras las mujeres en todas partes del mundo han participado
en nuestro desarrollo social desde el amanecer de la civilización hasta nuestros días. Muchas
mujeres sobre todo las que osaron a salirse de la norma tuvieron que luchar contra la
incomprensión de la sociedad de su tiempo, o contra el fascismo o el racismo, o simplemente
contra una absurda discriminación basada en el sexo, la clase social o la identidad étnica.
Algunas como Marie Curie con sus dos premios Nobel han pasado a la posteridad pero muchas
otras han caído en el olvido convirtiéndose en las grandes olvidadas de nuestra historia.
La consecución de los derechos de que disfrutan en la actualidad las mujeres del mundo
occidental se ha debido a los esfuerzos de muchas de ellas que a lo largo de los siglos han
trabajado para conseguirlos. A lo largo de la historia han sido muchas las mujeres que se han
intentado hacer un hueco en un mundo de hombres. Las costumbres con el paso de los años
fueron cambiadas gracias a muchas de ellas (también gracias a algún hombre), para poco a poco
irse acercando a la sociedad que conocemos a día de hoy, que si bien es cierto que aún hay
mucho que avanzar, se ha ganado mucho terreno.
Nuestras primeras antepasadas aprendieron a preparar barro y hornear cerámica; trabajaron los
esmaltes y mezclaron cosméticos origen de la ciencia química. Al encargarse de la agricultura y la
recolección, también descubrieron las propiedades medicinales de las plantas y aprendieron a
secar, almacenar y mezclar las sustancias vegetales.
En el antiguo Egipto las mujeres tuvieron gran libertad de movimientos. Podían ejercer multitud de
oficios, andar libremente por las calles, comprar y vender, recibir herencias y tener acceso a la
educación, aunque las campesinas desarrollaban un trabajo extremadamente duro. En
Mesopotamia las mujeres no estaban sometidas a los hombres, sino que gozaban de un cierto
estatus de igualdad. En el famoso Código de leyes de Hammurabi las mujeres disfrutaban de
importantes derechos, como poder comprar y vender, tener representación jurídica o testificar
libremente. Muchas mujeres actuaron como escribas en el palacio del rey y las reinas eran
respetadas como tales llegando incluso a ejercer la regencia de sus hijos menores de edad,
formaban los documentos y vivían en un palacio con esclavos y siervos. Podían asimismo ejercer
diversos empleos y participar en la vida pública de las ciudades.
La posición de la mujer en la antigua Grecia no fue muy positiva. Para el filósofo Aristóteles, que
ejerció gran influencia en la Europa medieval, la mujer no era más que un hombre incompleto y
débil, un defecto de la naturaleza. La mujer fue considerada como un ser sin terminar al que
había que cuidar, proteger y guiar, lo que implicaba su sometimiento total al varón y su
alejamiento de la vida pública, en la que no podía participar. Las muchachas se casaban a los 14
años con hombres mucho mayores que ellas. Era el padre quien le encontraba marido y discutía
la dote. Ella pasaba a ser propiedad del marido como antes lo había sido de su padre y en caso
de enviudar de su hijo. La educación de las mujeres estaba orientada a su función como esposa.
Las niñas aprendían a hilar y tejer, música y a tocar la lira. Su educación terminaba con el
matrimonio. Una vez casada, el marido recluía a su esposa en una parte de la casa apartada del
exterior o la vida social que él llevaba. Allí vivía con sus hijos y sirvientas tejiendo sus propios
vestidos y preparando los alimentos para el esposo. Nunca salía de la casa, pues al mercado iban
las esclavas. Las ciudadanas de Atenas se dedicaban exclusivamente a la casa y al cuidado de
los hijos. Por su parte, las mujeres más libres eran las prostitutas, que no estaban sometidas al
régimen riguroso de las demás mujeres. La división de la sociedad griega era muy clara: el
mundo de la política y la libertad estaba reservado a los hombres y el de la casa a las mujeres. En
algunas ciudades como Esparta, dado su carácter guerrero y la ausencia prolongada de los
hombres, las mujeres gozaron de mayor libertad: estudiaban música, hacían gimnasia, competían
como atletas e incluso algunos casos de adulterio les estaban permitidos. El mundo intelectual
estaba casi vedado a la población femenina, pero aun así algunas mujeres destacaron en poesía.
Cuando la niña tenía alrededor de los 13-15 años, los padres concertaban un matrimonio,
eligiendo al pretendiente más adecuado. La chica iba con una dote, destinada a protegerla en
caso de que el matrimonio fracasara por cualquier motivo, y el novio debía a su vez comprar
hacer regalos a la familia. Tras la boda, tocaba estar encerrada en la zona de la casa para
mujeres o gineceo y criar hijos, y por supuesto llevar la casa. Cuanto más alta la clase social de
los esposos, más rígido era este régimen.
Las mujeres romanas disfrutaban de mayor libertad que las griegas, pero la participación política
y ciudadana les seguía estando vetada. Su condición social seguía siendo la de un ser inferior al
que había que tutelar, dirigir y utilizar. No tenían nombre propio, pues adoptaban el del padre en
femenino, y las niñas no deseadas eran abandonadas al nacer y condenadas a la esclavitud si
conseguían sobrevivir. Hasta los 12 años, cuando contraían matrimonio, asistían a la escuela
pública las hijas del pueblo, mientras que las de la clase patricia tenían sus preceptores en casa.
La enseñanza que se les facilitaba estaba encaminada a hacer de ellas buenas esposas:
aprendían canto, matemáticas, recitado de poemas y costura. En el campo trabajaban igual que
los hombres en las labores agrícolas y en la ciudad podían ser incluso comerciantes y llevar sus
propios negocios, aunque bajo la tutela de los hombres. Mientras que a las griegas les estaba
prohibida la vida social, las romanas andaban libres por las calles, aunque acompañadas,
acudían a los banquetes junto con los hombres, iban al mercado, participaban en juegos y
asistían a los espectáculos, pero debían llevar siempre la cabeza cubierta como señal de recato.
En una sociedad de economía esclavista como la romana las esclavas no tenían valor alguno.
Podían ser compradas, vendidas, maltratadas o dedicadas a la prostitución.
Una vez casadas, podían incluso salir a la calle sin necesidad de ser acompañadas por un
hombre, acudir acompañadas al teatro o algún banquete y ocasionalmente visitar a las amigas.
En el plano sentimental, los romanos compartían la distinción griega entre el afecto por la esposa
por una parte y las bajas pasiones por otro. El matrimonio tenía como objetivo perpetuar el linaje,
y en las clases altas, forjar alianzas políticas y sociales. En ese aspecto, el amar a la esposa era
algo que estaba fuera de lugar, pocos se lo tomaban en serio. Las mujeres, para merecer el título
de “madres de familia”, debían estar en condiciones de dar a su marido hijos legítimos. El
matrimonio era tan importante en la sociedad romana que Augusto impuso sanciones para
aquellos que no lo realizasen. La media de vida era de unos 30 años, así que el matrimonio se
celebraba a partir de los 12 en las chicas. La anticoncepción y el aborto eran frecuentemente
utilizados por las mujeres. Como en Grecia, las romanas estaban excluidas de la vida política: no
podían votar ni acceder a las magistraturas. En varias ocasiones las mujeres tomaron las calles
de Roma para defender sus derechos manifestándose violentamente contra algunas leyes que
limitaban el uso de determinados vestidos o la posesión de oro y joyas.
La edad media
La mujer en el periodo medieval mayoritariamente era campesina y trabajaba en el campo. Su
papel económico era muy importante: realizaban las tareas agrícolas como los hombres y tenían
que trabajar para mantenerse ellas y a sus hijos. A la mujer le correspondían las labores del
hogar, el cuidado de los hijos, de los enfermos, la asistencia a los partos.
Protagonizaban las labores agrícolas de siembra y recolección, el cuidado de los rebaños, y todo
ello con salarios muy inferiores a los de los hombres. Las mujeres jóvenes podían encontrar
trabajo como criadas y sirvientas de damas nobles por un mísero salario o, como ocurría la
mayoría de las veces, a cambio de la comida y el alojamiento, lo que para los agobiados hogares
campesinos que tenían que mantener muchas bocas era una liberación. Entre las sirvientas
existía una gran diversificación de labores: las que atendían personalmente a los señores, las
encargadas de la cocina y las que trabajaban en los talleres. Algunas podían aprender un oficio
en los talleres de hilado y tejido de las haciendas y castillos. De todas formas la importancia de
las mujeres campesinas, junto con la de sus maridos, era fundamental para el mantenimiento de
la economía agrícola.
La boda la pactan los padres de la muchacha, que fijan la dote y reciben una cantidad estipulada
por parte del novio en concepto de la “compra” del poder paterno. Si no se casa con la novia
pactada, se paga una multa estratosférica a la familia afectada. Si se finge un secuestro, la
muchacha pasa a ser oficialmente adúltera.
El aumento demográfico en la Baja Edad Media propició la aparición de núcleos urbanos en torno
a lugares fortificados. En estos núcleos creció una nueva clase social, la de los burgueses, que
basaba su economía en el comercio y la industria. Hombres y mujeres acudían a las ciudades,
donde se realizaba un trabajo especializado y donde era cada vez más necesaria la mano de
obra barata. La proliferación de numerosos oficios dio entrada a las mujeres en el mundo laboral,
pero siempre en precario, pues el trabajo estaba controlado por los hombres y el salario de las
mujeres se mantenía en inferioridad con respecto al de los hombres. Aunque las mujeres
trabajaban en casi todos los gremios, era en la industria textil y elaboración de vestidos donde lo
hacían mayoritariamente. También copaban los trabajos relacionados con la alimentación, como
la elaboración del pan o la cerveza. Asimismo dirigían pequeños negocios y tiendas de
comestibles vendiendo frutas, pescados, carnes.
Si bien la mujer se encontraba en una situación jurídica muy adversa, ya que estaba subordinada
al hombre, su papel, en este tiempo, es más activo que en periodos posteriores. De hecho, en
algunos países la mujer podía tener tierras, contratar trabajadores, demandar y ser demandada,
hacer testamento y le correspondía otra tarea de gran responsabilidad: la representación del
marido ausente. Los conventos cumplieron una función de gran utilidad durante la edad media ya
que eran refugio de las hijas que no contraían matrimonio, único camino para otras de acceder a
la cultura y solución para las mujeres que no encontraban salida a una mala situación económica.
A pesar de todo la discriminación femenina era notoria: se les fueron cerrando las puertas de
acceso a los gremios y sólo en el caso de ser viudas de un maestro o tener un hijo mayor que se
hiciera cargo del negocio se les permitía continuar con él. A finales del siglo XV y dada la
creciente crisis económica, las mujeres fueron expulsadas de los gremios y se hizo todo lo posible
para impedir que siguieran trabajando.
La Edad Moderna
La Edad Moderna supone un periodo de profundas transformaciones que van a constituir las
bases del mundo contemporáneo: el descubrimiento de América, con el encuentro de diferentes
culturas, el aumento del poder del estado, la pérdida de poder de la Iglesia y la aparición de
nuevos valores basados en el hombre -el humanismo- y en la ciencia experimental, fueron
cambios que afectaron, negativamente, la vida de las mujeres. El Renacimiento supuso un
“renacer” pero sólo para los varones, que ven mejoradas en esa época sus posibilidades
educativas y laborales. Para las mujeres fue todo lo contrario: no pudieron acceder a la educación
humanista y los nuevos estados, centralistas y uniformadores, dictaron leyes que restringieron
aún más sus posibilidades.
En el mundo rural la mano de obra en el campo seguía basada en el trabajo de las mujeres- las
labores agrícolas y las manufacturas caseras-. A partir de los siglos XVII y XVIII se ampliaron los
trabajos de encajes y bordados, industria que quedó en manos femeninas por la posibilidad de
realizarlas en el hogar. Las condiciones de vida de las mujeres campesinas no variaron desde la
Edad Media: todo el peso del trabajo en la casa recaía sobre ellas desde la mañana hasta la
noche y debían participar, además, en las tareas agrícolas y trabajar como temporeras en épocas
de vendimia, aunque su salario era siempre inferior al del hombre. Los métodos anticonceptivos
apenas se usaban y las mujeres tenían un hijo cada dos años, aunque la mortandad infantil era
muy alta. Por ejemplo en París, un tercio de los niños de la época eran abandonados al nacer.
Las mujeres participaban en escaso número en la actividad productiva de las ciudades y las que
trabajaban, en su mayoría, lo hacían como sirvientas. Con frecuencia eran objeto de explotación
económica y sexual por parte de sus patronos.
En 1792 Mary Wollstonecraft escribió Vindicación de los derechos de la mujer. En ella se hacía
una defensa de los derechos de las mujeres contra su anulación social y jurídica. Esta obra es
tenida como el comienzo del movimiento feminista contemporáneo, pues en ella se defiende el
derecho al trabajo igualitario, a la educación de las mujeres y a su participación en la vida pública.
Siglo XIX
La aparición en Inglaterra del proceso de industrialización lanzó a las mujeres a las fábricas,
sobre todo textiles, que junto con el servicio doméstico eran las ocupaciones mayoritarias de las
más pobres. Se explotaba a los trabajadores con jornadas agotadoras de 16 horas, trabajo
infantil, despido libre, falta de asistencia sanitaria, hacinamiento o ausencia de seguridad laboral.
En el sector de la confección las mujeres se esforzaban hasta el anochecer dirigidas por oficialas
y patronas que regentaban los talleres.
Las mujeres de clase alta utilizaban a numerosas criadas como signo de distinción y éstas
trabajaban con total dependencia de los señores prácticamente las 24 horas por salarios de
miseria. Como consecuencia de los agotadores y mal retribuidos salarios aumento la prostitución
en las grandes ciudades ejercida por jóvenes que trataban de sobrevivir. En Inglaterra, a
mediados del siglo XIX, el 40% de las mujeres que trabajan lo hacen en el servicio doméstico. En
las jóvenes de clase media se hizo frecuente emplearse como institutrices y damas de compañía
y es a mitad de este siglo cuando nació el oficio de enfermera.
En Finlandia, en 1878, la ley reconoció a las mujeres rurales el derecho a la mitad de la propiedad
y de la herencia en el matrimonio y en 1889, las mujeres casadas pusieron disponer libremente
de sus salarios. O leyes aún más tempranas en Noruega en los años 40 y 50 permitieron la
igualdad hereditaria (1845). En cambio el Código Napoleón (1803) de Francia y en el Código Civil
español de 1889 disponían que la mujer casada carecía de autonomía personal y tanto sus
bienes como sus ingresos eran administrados por el marido. Solo en el siglo XX se conseguirá en
Francia y España romper la legislación discriminatoria.
Los movimientos feministas del siglo XIX se concentraron en conseguir el sufragio para las
mujeres. El camino hacia el voto no fue fácil y estuvo lleno de escollos. En 1848 se reunió en
Nueva York la primera convención sobre los derechos de la mujer, pero no fue hasta 1920
cuando se consiguió el derecho al voto en Estados Unidos. La lucha en Europa fue dirigida por
las mujeres inglesas, que crearon una organización propia dentro del partido socialista. En
ocasiones la lucha de las mujeres no estuvo exenta de enfrentamientos violentos con la Policía y
la obtención del voto femenino fue posible tras una lucha de un siglo. Las leyes electorales que
consagraron el derecho de sufragio femenino en general en Nueva Zelanda (1893) y en Australia,
progresivamente otros países se fueron sumando, Imperio ruso (1906), Noruega (1913),
Dinamarca (1915), Alemania (1918), Estados Unidos (1920), Suecia (1921), Gran Bretaña (1928),
España (1931), Francia e Italia (1945).
La mujer en el Siglo XX
El siglo XX se caracteriza por la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral. Las dos
guerras mundiales fueron un factor desencadenante: al marchar los hombres al combate (65
millones de soldados entre todos los contendientes) las mujeres tuvieron que hacerse cargo del
trabajo, hubo que recurrir a la mujer para mantener la producción, 430.000 mujeres francesas y
800.000 británicas pasaron de ser doncellas y amas de casa a obreras asalariadas. Las
estructuras sociales comenzaron a cambiar. Las modas impusieron faldas y cabellos más cortos,
aparecieron las guarderías para los hijos de las trabajadoras y la participación femenina en los
sindicatos obreros. Tras la Segunda Guerra Mundial en los países capitalistas la mano de obra
femenina representaba un tercio de los trabajadores, mientras que en el mundo socialista era de
un 50 por ciento, ya que la Revolución Rusa de 1917 fue la primera en legislar que el salario
femenino debía ser igual al masculino: a igual trabajo, igual salario. Las mujeres de la Unión
Soviética se instalaron en todos los sectores de la producción. La Europa de la posguerra vio
cómo las mujeres se resistían a abandonar sus trabajos para volver a encerrarse en el hogar o
trabajar en el servicio doméstico.
En general, hasta la víspera de la Segunda Guerra Mundial (y hasta 1965 en Francia y años más
tarde en España) la mujer debe solicitar el permiso del marido para ejercer una profesión. La
esposa no puede presentarse a un examen, matricularse en una universidad, abrir una cuenta
bancaria, solicitar un pasaporte o un permiso de conducir. Tampoco puede actuar ante la justicia.
Para iniciar una acción procesal ha de solicitar una autorización especial, excepto en el caso de
que ejerza un comercio separado y autorizado.
Los nuevos tiempos suponen un cambio significativo en la concepción del trabajo femenino: se
empieza a considerar que es necesario y que, además, dignifica a la mujer. Las mujeres de clase
media, acceden cada vez más a un trabajo más cualificado y mejor retribuido. El aumento fue tan
importante que, a finales de los años sesenta, había en Europa occidental, más mujeres
oficinistas que hombres. También fue mayoritaria la participación de la mujer en trabajos como el
de enfermera, telefonista, comercio, limpieza, peluquerías, etcétera. Actualmente las mujeres
copan las universidades y son fuertemente competitivas en todo tipo de trabajos, incluidos los
técnicos. Pese a todo en el tercer Mundo continúan marginadas y esclavizadas.
Han existido a lo largo de la Historia, pueblos que se condujeron por caminos diferentes al resto.
Algunos son muy llamativos y rompen con el molde típico que expresa que la mujer jamás tuvo
libertad ni poder, sino que por el contrario, tuvieron mucho más que el mismo hombre.
Puede parecer sorprendente, pero no lo es. Las sociedades que giran en torno a la naturaleza y
viven en contacto directo con ella actúan de manera más igualitaria. Y no hace falta remontarse
en el tiempo para comprobarlo. Las comunidades amazónicas que subsisten aún, inmersas en la
naturaleza, atestiguan estas pautas de comportamiento.
Tenemos otro ejemplo en la historia, el pueblo celta, en el que antes y en los comienzos de la era
cristiana, la mujer no conoció de feminismo, ni machismo, ni matriarcado/patriarcado, y por
supuesto, menos de tener la necesidad de luchar por sus derechos, sus espacios.
Luego del matrimonio ella no era propiedad de su marido, eran compañeros en una aventura
matrimonial. La esposa permanecía como dueña exclusiva de sus propiedades, tampoco las
propiedades habidas juntamente o poseídas por ambos podían ser vendidas o cedidas por el
marido, sus derechos sobre los bienes comunes eran iguales y para disponer de ellos era
necesario el voluntario consentimiento de ambos.
La mujer en la vieja Irlanda- único lugar del mundo celta que nunca fue visitado por las legiones
romanas, mantiene su independencia hasta el siglo XII, y a los fines prácticos unos tres siglos
más- estaba casi en un plano de igualdad con el hombre. En particular las mujeres importantes
que no sólo imponían esta igualdad, sino también en algunos casos su superioridad. La mujer
permaneció emancipada y fue a menudo elegida por su profesión, rango y fama.
De igual forma en medio de una época medieval en la que la mujer europea no era tenida en
cuenta e incluso se la llegaba a considerar como inferior, los vikingos fueron la excepción a la
regla. Ellos tenían mujeres líderes, gobernantes, guerreras. Tenían un estado igualitario en la
cultura vikinga, tanto legal como social. La mujer vikinga era la jefa en el interior de la casa y a
menudo se hacía cargo de la marcha de la granja cuando su marido y sus hijos estaban ausentes
por motivos guerreros o comerciales. Se casaban entre los 12 y los 16 años, normalmente por
matrimonios acordados, aunque se conocen historias de amores turbulentos consumados al
margen de los acuerdos familiares. Si quería divorciarse en caso de que el marido fuera
perezoso, insultase a la familia o la maltratara, lo único que tenía que hacer ella era llamar a
algunos testigos, y anunciar que se divorciaba. Las mujeres vikingas tenían un estatus que
ninguna otra mujer de la época tenía, y que sólo lograron en períodos más recientes.
Curiosamente y siglos después hoy en día las mujeres escandinavas siguen siendo el mejor
ejemplo de equidad conocido entre hombre y mujer.