La Tejedora de Cuentos® - La Magia de Lucas® - Mara García de Leaniz
La Magia de Lucas
A Lucas le encantaba la magia. En sus seis años de vida, no habían sido muchas las
ocasiones en que había podido asistir a un espectáculo de magia, pero desde la
primera vez todo aquello le había llamado poderosamente la atención.
¿Cómo podía alguien sacar un conejo de una chistera?, ¿cómo podía adivinar las
cartas?, ¿y mover objetos?
Por más que se mantenía alerta y sin pestañear, Lucas no conseguía dar respuesta al
millón de preguntas que se amontonaban en su cabecita cada vez que tenía a un
mago delante.
El día que cumplió siete años, le regalaron un pequeño maletín de magia. Lucas lo
estudió atentamente y descubrió decepcionado que tan sólo se trataba de unos
cuantos trucos fáciles, que bien podría hacer cualquiera.
Entonces comenzó a dudar, a pensar que tal vez la magia era sólo eso, un montón
de buenos trucos, y que antes o después los descubriría todos, tal vez cuando
cumpliera ocho, nueve, diez años como mucho. Y cuando eso ocurriera, la magia
desaparecería para él.
Dispuesto a conocer la verdad, Lucas fue una tarde a la Biblioteca y sacó todos los
libros que encontró relacionados con la magia. Y empezó a leerlos, uno por uno,
hasta que muchos meses después, Lucas creyó saberlo TODO sobre la magia.
Eso significaba que había llegado el momento de la verdad, la hora de saber si era
cierto que la magia existía. Entonces, convenció a papá para que le comprara un
pequeño conejo blanco. Mamá convirtió una vieja tela negra en una estupenda capa
y, rebuscando en la buhardilla, encontró una vieja chistera.
Con su atuendo de mago, Lucas se dio cuenta de que necesitaba una varita.
Entonces recordó que en aquel maletín de magia que le habían regalado había una,
aunque tal vez fuera de mentira. La cogió confiando en su eficacia, se miró al espejo
y se mostró satisfecho: ya no le faltaba nada.
Por fin, con su mágico atuendo y la jaula del conejo bajo el brazo, El Gran Lucas
(como así se hizo llamar) comenzó la función, con su hermanito Leo y el perro del
vecino, Toby, como únicos espectadores.
- ¡Ta chán, empieza el espectáculo! – dijo con voz solemne.
Primero cerró los ojos, agitó la varita tres veces y miró en el interior de su chistera.
Al hacerlo, no vio nada. ¡Se suponía que el conejo tenía que salir del sombrero! Pero
el animal seguía en su jaula, mirándole tranquilo mientras mordisqueaba una
zanahoria. El Gran Lucas pidió disculpas al público e intentó lo mismo varias veces,
pero ni una sola consiguió que el conejo saliera de la chistera.
Anotó entonces en una pequeña libreta: los conejos no salen de las chisteras.
La Tejedora de Cuentos, S.L. 1 www.latejedoradecuentos.es
La Tejedora de Cuentos® - La Magia de Lucas® - Mara García de Leaniz
Dejó al conejo tranquilo y probó con una baraja de cartas.
- Toby, escoge una carta – dijo Lucas al perro.
Éste, obediente, mordió una. Leo echó un vistazo y la memorizó (por si Toby no lo
hacía) antes de que Lucas volviera a introducirla de nuevo entre la baraja. El
pequeño mago sostuvo el taco entre las manos, sopló tres veces sobre él y luego
levantó la primera carta:
- ¿Era el tres de corazones?
El perro ladró dos veces y movió la cabeza de lado a lado. Y Leo no tuvo más
remedio que confirmar la respuesta:
- Pues no, era el siete de rombos.
Lucas suspiró e hizo otra anotación en su libreta: no es posible adivinar las cartas.
Antes de confirmar definitivamente sus sospechas, Lucas quiso hacer un último
intento:
- Leo, colócate aquí por favor.
El niño se colocó donde su hermano indicaba y Lucas le cubrió con su capa negra.
- Abracadabra, pata de cabra… ¡Desaparece! – gritó Lucas agitando su varita.
Pasaron unos segundos; después, Leo preguntó:
- ¿Qué ha pasado, he desaparecido ya?
Lucas levantó la capa y encontró a su hermano pequeño mirándose de arriba a
abajo.
No necesitaba más pruebas. Cuando aquel último experimento tampoco funcionó,
Lucas anotó en su libreta: no es posible hacer desaparecer objetos ni hermanos. Y
más abajo escribió con letras mayúsculas: LA MAGIA NO EXISTE.
Entonces, recogió todos sus bártulos y los metió en una bolsa junto a la libreta. La
cerró y la tiró al cubo de basura.
Aquella noche, Lucas estuvo tristón durante la cena y se acostó tremendamente
decepcionado. A la mañana siguiente, cogió al conejo y se fue a la tienda de
animales para devolverlo. De camino, sintió la necesidad de despedirse de su
mascota:
- No te enfades, conejito, pero es que…
- ¿Es que qué, amigo Lucas?
El chico casi se cayó del susto. ¡El conejo hablaba!
- ¿Qué pasa, no me oyes? – insistió el conejo.
La Tejedora de Cuentos, S.L. 2 www.latejedoradecuentos.es
La Tejedora de Cuentos® - La Magia de Lucas® - Mara García de Leaniz
- Sí, sí, es que… nunca había visto hablar a un conejo.
- Pues ya lo has visto y no soy el único, pero bueno, esa no es la cuestión, ¿por
qué ya no crees en la magia?
- Pues porque no existe.
- ¿Cómo que no existe? ¿Estás bien de la cabeza, muchacho?
- Pues sí, conejo, siento darte esa mala noticia – respondió Lucas con
resignación- Yo también me he llevado un buen chasco. Me encantaba la
magia, pensaba que era maravillosa. Pero ya tengo siete años y, tras mucho
estudio y ensayos, he descubierto que no existe.
El conejo le miraba fijamente con las orejas tiesas. Movió los bigotes y habló de
nuevo:
- Pues te equivocas, ¡claro que la magia existe! La magia es magia, no se puede
explicar, ni ensayar, ni estudiar…
- ¿Y qué se supone que hay que hacer, conejo? – preguntó Lucas enfadado.
- Creer, sólo hay que creer en ella.
Ahora era Lucas el que miraba atónito al conejo. Éste volvió a mover sus bigotes y
comenzó a mordisquear una hoja de lechuga.
- Pero, ¿cómo lo hacen, conejo, cómo hacen los magos para sacarte de la
chistera?
Esta vez el conejo no habló. Y nunca más lo hizo. Lucas regresó a casa con el animal
y explicó a su familia que había cambiado de opinión, que se lo quedaba.
A partir de entonces, Lucas volvió a creer en la magia y a disfrutar con cada
espectáculo como el primer día. Se quedaba embelesado contemplando al mago en
su escenario, sin importarle la manera en que el conejo salía de la chistera. Y cuando
rara vez sentía curiosidad, el niño repetía para sus adentros: “la magia es magia, no
se puede explicar, ni ensayar, ni estudiar; tan sólo creer en ella”.
Y Lucas nunca contó que, un día, con siete años recién cumplidos, mantuvo una
interesante conversación sobre magia con un bonito conejo blanco.
Y… nada por aquí, nada por allí, el cuento de Lucas ha llegado a su fin.
La Tejedora de Cuentos, S.L. 3 www.latejedoradecuentos.es