0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas17 páginas

Bolilla 2

El documento describe los diferentes elementos que componen un contrato según la doctrina clásica, incluyendo elementos esenciales, naturales y accidentales. También explica conceptos como oferta, aceptación, formación del contrato y otros aspectos legales relacionados a la celebración de contratos.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas17 páginas

Bolilla 2

El documento describe los diferentes elementos que componen un contrato según la doctrina clásica, incluyendo elementos esenciales, naturales y accidentales. También explica conceptos como oferta, aceptación, formación del contrato y otros aspectos legales relacionados a la celebración de contratos.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Elementos del contrato: la doctrina clásica distingue tres clases de elementos de los contratos:

esenciales, naturales y accidentales.

Elementos esenciales: son aquellos que deben estar presentes en todo contrato, sea típico o
atípico, y la ausencia de alguno de ellos implicaría que el contrato carezca de validez. Sobre
estos elementos no puede actuar la autonomía de la voluntad, ellos son:

a) Consentimiento: declaración de voluntad de sujetos que deben ser capaces, para celebrar
un contrato, debe ser un acto que contenga discernimiento, intención y voluntad; y que a su
vez sea exteriorizado expresa o tácitamente.

b) Objeto: deben ser cosas que estén dentro del comercio, que sean exigibles, posibles, lícitos
y no deben ser contrarios a la moral, orden público, buenas costumbres o la dignidad humana.

c) Causa: es la finalidad que persigue el contrato, es decir, el acuerdo de voluntades, por lo que
las partes se obligan que debe estar presente, subsistir o existir al momento de ejecución de
este, sino se daría una frustración de la finalidad del contrato.

Elementos naturales son aquellas consecuencias que se siguen del negocio, aun ante el
silencio de las partes; así, la gratuidad es un elemento natural de la donación; las garantías por
evicción y por vicios redhibitorios, un elemento natural de los contratos a título oneroso. son
aquellos que están previstos para cada tipo de contrato, y que formarán parte de este, salvo si
las partes deciden eliminarlos (un ejemplo sería que el contrato de préstamo es gratuito,
aunque las partes pueden pactar intereses). Son aquellos elementos o requisitos que deben
darse para la configuración de un determinado tipo de contrato, pues los elementos o
requisitos que hacen a la esencia del tipo (ej. La cosa y precio en la compraventa; uso y goce de
la cosa y precio en la locación).

Elementos accidentales son las consecuencias nacidas de la voluntad de las partes, no


previstas por el legislador, por ejemplo, la condición, el plazo, el cargo. Estos pueden no estar
presentes en el contrato sin que la validez de este se encuentre comprometida, debido a que
su concurrencia deriva de la voluntad de las partes para ser incluidos en el contrato.

Carga: es toda obligación excepcionalmente que se impone a un contratista, o que se conviene


por ambas partes, y que debe cumplir el adquiriente de un derecho, sea a título gratuito u
oneroso

Algunos ordenamientos legales extranjeros incluyen otros elementos esenciales. Así, el Código
Civil francés menciona la capacidad de los contratantes; y el italiano, la forma cuando ella es
requerida bajo pena de nulidad. Veamos cada caso.

La capacidad no constituye un elemento del contrato, sino un presupuesto del consentimiento.


En efecto, el consentimiento no puede ser dado válidamente sino por quien tiene capacidad
para obligarse. En otras palabras, si la persona no es capaz para otorgar un acto jurídico en
particular, el consentimiento que presente será nulo.

En cuanto a la forma, es cierto que, si las partes la incumplen, el acto jurídico celebrado será
nulo, pero ello ocurrirá solamente en los pocos casos en los que la ley así lo establece. En la
mayoría de los contratos, el incumplimiento de la forma no acarrea la nulidad. Por ello, no
parece posible incluir a la forma dentro de los elementos esenciales del contrato en general.

La moderna doctrina, a diferencia de la clásica distingue entre presupuestos, elementos y


circunstancias del contrato: Los presupuestos del contrato son requisitos extrínsecos al
mismo, pero que determinan su eficacia y son valorados antes de él existen para cualquier
negociación. En general, los presupuestos son: La voluntad jurídica, la capacidad, la aptitud del
objeto y la legitimación.

Los elementos del contrato son, en cambio, requisitos intrínsecos, constitutivos del mismo, o
sea, son las cláusulas del contrato. Hay cláusulas esenciales, naturales y accidentales:
Esenciales son los sujetos, el objeto, la causa-fin y en algunos casos la forma. Un elemento
natural podría ser, por ejemplo, la garantía por evicción en la compraventa. Accidentales
pueden ser cualesquiera que convengan las partes en ejercicio de la autonomía de la voluntad.

Medios de manifestación del consentimiento: dispone el art. 971 al establecer como se


produce la formación del consentimiento, que los contratos se concluyen con la recepción de la
aceptación de una oferta o por una conducta de las partes que sea suficiente para demostrar la
existencia del acuerdo.

El consentimiento es una declaración de voluntad, por lo que resultan aplicables las normas
que regulan la manifestación de la voluntad. La voluntad puede manifestarse de manera
expresa o tácita; es expresa cuando se exterioriza de manera oral, por escrito, por signos
inequívocos, o por la ejecución de un hecho material. Es tácita cuando resulta de actos que
permitan conocer la voluntad con certidumbre, y siempre que la ley no exija una manifestación
expresa. Incluso, en limitados casos, el silencio puede importar una manifestación de voluntad.

Entonces decimos que “es el acuerdo de voluntades que salieron del fuero interno y tuvieron
que manifestarse, expresarse, hacerse común con la otra parte”.Esa expresión de voluntad se
da a través de los “términos del consentimiento”: la oferta y la aceptación.

Formación del contrato:

Oferta: es la manifestación dirigida a personas determinada o determinable con la intención


de obligarse y con las precisiones necesarias para establecer los efectos que debe producir
para ser aceptada. Así, solo hay oferta cuando el contrato puede quedar cerrado con la sola
aceptación de la otra parte, sin necesidad de una nueva manifestación del que hizo la primera
proposición.

La oferta tiene que ser completa, vinculante y autosuficiente, cosa que el aceptante con el solo
hecho de aceptar la oferta el contrato ya quede [Link] oferta debe ser distinguida:

a)De la invitación a oír ofertas, en la cual una persona se limita a hacer saber que tiene interés
en celebrar cierto negocio y que escucha ofertas. Ejemplo en una subasta pública, donde el
martillero invita a formular propuestas, pero el contrato no queda cerrado sino cuando hace la
adjudicación a la más alta.

b) De la llamada oferta al público, que como es hecha a personas indeterminadas no obliga al


oferente, excepto que de sus términos o de las circunstancias de emisión resulte la intención
de contratar del oferente, en cuyo caso, se la entiende emitida por el tiempo y en las
condiciones admitidas por los usos (art.973), Por ello, a menos que se trate de la excepción
prevista, se requiere una declaración de voluntad del interesado y una ulterior aceptación de
quien hizo la oferta general.

La ley 24.240establece que la oferta dirigida a consumidores indeterminados obliga a quien la


emite durante el tiempo en que se realice, debiendo contener la fecha precisa de comienzo y
de finalización, así como sus modalidades, condiciones o delimitaciones.
c) De la opción contractual, que es un contrato por el cual una oferta es aceptada como oferta
irrevocable durante un cierto tiempo en el cual el aceptante debe aceptar o rechazar lo que se
le propone. En esta hipótesis hay algo más que una promesa unilateral, desde que ha mediado
ya un acuerdo de voluntades.

d) De las tratativas previas al contrato y aun de los contratos preliminares. En estos no hay
todavía una voluntad definitiva de vincularse jurídicamente; se está solo en tanteos y
negociaciones más o menos adelantadas, pero que no han llegado a la concreción de una
propuesta firme y definitiva.

Requisitos de la oferta según el art. 972:

- Que se dirija a una persona o personas determinadas o determinables. Por ello es por lo que
la oferta al público no es en principio obligatoria, sino que debe mas bien considerarse como
una invitación a oír ofertas, a menos que se trate: de la excepción prevista en el art. 973, de
una oferta a celebrar un contrato de consumo la oferta al público obliga de tal modo que, si no
se hiciera efectiva, el oferente será sancionado conforme a las pautas fijadas por la ley 24.240.

Por lo dicho, el ofrecimiento público de mercaderías, hecho por los comerciantes con
indicación de precio en escaparates, vidrieras u otros medios, constituye una oferta cuya
aceptación obliga a vender. Es un típico caso de contrato de consumo.

Por último, ¿cuándo la oferta es dirigida a personas determinables? Cuando la oferta contenga
un procedimiento claro para la determinación de la persona a la cual se dirige, en cuyo caso es
obligatoria para el oferente; tal como ocurre con la promesa de recompensa a quien encuentre
y devuelva un objeto.

- Que tenga por objeto un contrato determinado, con todos los antecedentes constitutivos de
los contratos. O, que tenga las precisiones necesarias para establecer los efectos que debe
producir de ser aceptadas. Es decir que, la propuesta debe contener todos los elementos
necesarios como para que una aceptación permita tener por concluido el contrato. Así, por
ejemplo, si se trata de una compraventa, será necesario que la oferta contenga la
determinación de la cosa y el precio, faltando cualquiera de estos elementos, no habrá oferta
válida.

- Que exista intención de obligarse. Todo acto jurídico (y la oferta lo es) requiere que sea
ejecutado con intención para ser válido. Por ello, si no hay verdadera intención de obligarse,
no hay oferta.

Contrato plurilateral: el art. 977 dispone que, si el contrato ha de ser celebrado por varias
partes, y la oferta emana de distintas personas, o es dirigida a varios destinatarios, no hay
contrato sin el consentimiento de todos los interesados, excepto que la convención o ley
autoricen a la mayoría de ellos para celebrarlo en nombre de todos o permitan su conclusión
solo entre quienes lo han consentido. En otras palabras, cuando la oferta emana de diferentes
personas y es dirigida a varios destinatarios, es necesario como regla (a menos que la ley o
convención permitan otra cosa) el consentimiento de todos para que exista contrato.

Duración de la oferta; revocación; caducidad:

a) Oferta hecha a persona presente: es una regla universal que la oferta hecha a persona
presente ha de ser aceptada de inmediato para que se considere celebrado el contrato. Lo
dispone el CCyC en el segundo parrado del art 974 “la oferta hecha a una persona presente o
la formulada por un medio de comunicación instantáneo, sin fijación de plazo, solo puede ser
aceptada inmediatamente”.

b) Vigencia de la oferta hecha a persona no presente y sin plazo: el tercer párrafo del art 974
dice: “cuando se hace a una persona que no está presente, sin fijación de plazo para la
aceptación, el proponente queda obligado hasta el momento en que puede razonablemente
esperarse la recepción de la respuesta, expedida por los medios usuales de comunicación”.
Principios Unidroit conforme “la oferta debe ser aceptada dentro del plazo que sea razonable,
teniendo en cuenta las circunstancias, incluso la rapidez de los medios de comunicación
empleados por el oferente”. Esta norma esta desubicada.

c) oferta con plazo de vigencia: la oferta tiene vigencia durante todo el plazo establecido en
ella y por lo tanto la aceptación debe ser recibida por el oferente dentro de este término (art
980 inc. a). El plazo de vigencia de la oferta comienza a correr desde el momento indicado en
ella; y si no lo determina, entonces comienza a correr desde su recepción por el destinatario
(art 954 párrafo cuarto).

Finalmente, existen supuestos de caducidad de la oferta; esto es, que pierde su fuerza
obligatoria. Ello acaece cuando el proponente o el destinatario de la oferta fallecen o se
incapacitan, antes de la recepción de su aceptación. Con todo, se le reconoce un derecho a
quien aceptó la oferta ignorando la muerte o incapacidad del oferente: si a consecuencia de su
aceptación ha hecho gastos o sufrido pérdidas, tiene derecho a reclamar su reparación (art.
976). La indemnización se limita al daño emergente y no comprende el llamado lucro cesante,
o sea lo que el aceptante hubiera podido ganar de haberse concluido válidamente el contrato.
Es claro que, si la caducidad se produce por la muerte del oferente, la acción deberá ser
dirigida contra sus herederos (art. 1024).

RETIRO Y RETRACCION DE LA OFERTA: EL CCyC reconoce que la oferta puede ser revocable o
irrevocable. La regla es que la oferta con plazo es irrevocable, pues obliga por todo el término,
salvo que expresamente se diga que es revocable y se la retracte. Conforme al art 975, si la
oferta ha sido dirigida a persona determinada la retractación es eficaz si llega al destinatario
antes o al mismo tiempo que la oferta.

Toda oferta- aun concebida como irrevocable o con plazo de vigencia- dirigida a la persona
determinada es eficazmente reiterada si la comunicación del retiro llega al destinatario antes o
al mismo tiempo que la oferta (art 975). Se justifica en que mientras la oferta no llegue a
conocimiento del destinatario no produce ningún efecto jurídico; el oferente puede cambiar
libremente de idea y decidir no celebrar el contrato reemplazar la oferta por otra.

Después de la recepción de la oferta y mientras esté vigente, ella solo puede ser revocadao
retractada, como prefiere el art 975- si ha sido concebida como revocable.

La aceptación formulada por el destinatario durante el plazo de vigencia de la oferta hace que
se haya formado el contrato, careciendo de eficacia la retractación o retiro de la oferta que
hubiera pretendido formular el oferente en ese mismo lapso.

Aceptación: la aceptación de la oferta consuma el acuerdo de voluntades. Para que se


produzca su efecto propio (la conclusión del contrato) es preciso:

Que sea lisa y llana, es decir, que no esté condicionada ni contenga modificaciones de la
oferta.
Que sea oportuna; no lo será si ha vencido ya el plazo de la oferta, que puede ser expreso o
resultar de los usos y costumbres o de un tiempo que pueda considerarse razonable para
recibir la respuesta.

La aceptación debe referirse a todos los puntos de la propuesta; basta el desacuerdo con uno
solo de ellos, para que el contrato quede frustrado.

Hay aceptación cuando existe una declaración o acto del destinatario que revela conformidad
con la oferta. Incluso, el silencio, si bien como regla no puede ser tenido como aceptación, sí lo
será si existe el deber de expedirse, el que puede resultar de la voluntad de las partes, de los
usos o de las practicas que las partes hayan establecido entre ellas, o de una relación entre
silencio actual y las declaraciones precedentes (art. 979).

Modificación de la oferta: si la oferta se aceptara con modificaciones, el contrato no queda


concluido; y la aceptación se reputa como una nueva oferta (contraoferta) que debe
considerar el oferente originario. Sin la aceptación de éste, no hay contrato.

El art. 978 añade que las modificaciones hechas por el aceptante pueden ser admitidas por el
oferente si lo comunica a aquél de inmediato. En verdad, poco importa que la aceptación del
oferente sea de inmediato. Aunque ello no ocurra, es claro que, si el oferente acepta los
cambios introducidos por el aceptante, habrá contrato. Es que, en este caso, la modificación
hecha por el aceptante importa colocarlo a el como oferente, y el oferente inicial, al aceptar la
propuesta recibida, se ha convertido en el aceptante del contrato.

Contratos por teléfono: ¿Los contratos concluidos por teléfono deben considerarse celebrados
entre presentes o ausentes? Esta cuestión dio origen a controversias. Se hace el siguiente
distingo:

a) En lo relativo al momento de la conclusión del contrato, se reputa celebrado entre


presentes. Por consiguiente, la aceptación debe seguir inmediatamente a la oferta.

b) En lo relativo al lugar de la conclusión se lo reputa entre ausentes. Por consiguiente, la


forma del contrato se regirá por las leyes y usos vigentes en el lugar de la aceptación, que es el
lugar donde quedó perfeccionado el contrato.

Retractación de la aceptación: la aceptación puede ser retractada si la comunicación de su


retiro es recibida por el destinatario antes o al mismo tiempo que aquella (art.981). Como
puede advertirse, se sigue un criterio idéntico al de la retractación de la oferta.

Contratos entre ausentes. Momento en que se reputa concluido el contrato: El CCYC, ha


consagrado la teoría de la recepción, donde es necesario que el oferente haya recibido la
aceptación. En efecto, dispone el art. 983 que la manifestación de voluntad de una de las
partes (sea la oferta o aceptación) es recibida por la otra parte, cuando esta última la conoce o
debió conocerla, trátese de comunicación verbal, de recepción en su domicilio de un
instrumento pertinente, o de otro modo útil.

Consentimiento entre presentes y entre ausentes: es una denominación que surge del código
civil y el nuevo código lo vuelve a regular con la misma denominación.

El código regula, en cuanto al consentimiento entre presentes y entre ausentes, era la


inmediatez o no entre la oferta y la aceptación. Lo que hacía era presumir que cuando se
trataba de contratos de consentimiento entre presentes era porque las partes tanto oferente
como aceptante estaban en el mismo lugar y tiempo. Como estaban en el mismo lugar no
había tiempo, lapso de tiempo entre la oferta y la aceptación.

Y cuando se refería al consentimiento entre ausentes, lo asociaba con la existencia de un lapso


de tiempo entre la oferta y la aceptación. En los tiempos de Vélez, si las partes no estaban en
el mismo lugar geográficamente hablando, iba a ver un tiempo entre esa oferta y la
aceptación; no había los medios que hay hoy para comunicarnos.

Contratos entre presentes: hablamos de un contrato en donde en el consentimiento, en la


oferta y aceptación no hay lapso de tiempo.

Contrato entre ausente: hablamos de un contrato en donde el consentimiento a través de sus


términos, hay un lapso de tiempo. Hoy ya no es geográfica, podemos estar en el mismo lugar y
haber un lapso de tiempo, o bien puedo contratar con una persona en China a través en Skype.

¿En qué momento queda concluido el contrato cuando hay un lapso de tiempo entre la oferta
y la aceptación? Hay varias teorías o sistemas:

Teoría de la declaración: el destinatario exterioriza su voluntad, el consentimiento queda


perfeccionado cuando el destinatario (oferta) exterioriza su voluntad.

Teoría de la expedición: cuando la aceptación es enviada al oferente queda concluida el


consentimiento y por ende el contrato.

Teoría de la recepción: el consentimiento queda perfeccionado cuando el oferente recibe o


puede recibir (que este dentro de su campo de acción, es decir, yo envié la oferta a través de
una carta, cuando llego al correo se considera que la recibió).

Teoría de la información: se perfecciona el consentimiento cuando la persona conoce la


aceptación. Es decir, cuando definitivamente la tiene en la mano.

NUESTRO CÓDIGO RECEPTA LA “TEORÍA DE LA RECEPCIÓN”.

Acuerdos parciales en el derecho argentino: “Los acuerdos parciales de las partes concluyen el
contrato si todas ellas, con la formalidad que en su caso corresponda, expresan su
consentimiento sobre los elementos esenciales particulares. En tal situación, el contrato queda
integrado conforme a las reglas del Capítulo 1. En la duda, el contrato se tiene por no
concluido. No se considera acuerdo parcial la extensión de una minuta o de un borrador
respecto de alguno de los elementos o de todos ellos.” (art 982)

La disposición debe ser leída junto con el art. 964, que establece que “el contenido del
contrato se integra con: a) las normas indisponibles, que se aplican en sustitución de las
cláusulas incompatibles con ellas; b) las normas supletorias; c) los usos y prácticas del lugar de
celebración, en cuanto sean aplicables porque hayan sido declarados obligatorios por las
partes o porque sean ampliamente conocidos y regularmente observados en el ámbito en que
se celebra el contrato, excepto que su aplicación sea irrazonable.

Es claro que para el art. 982, aquel acuerdo parcial en el que las partes expresen su
consentimiento sobre los elementos esenciales particulares del contrato vale como un
contrato concluido. La norma, otorga al acuerdo parcial, reunidos ciertos recaudos, carácter de
contenido definitivo y no un mero valor vinculante.

Valoración de los contratos parciales: estimamos que esta figura es inconveniente. Para
demostrarlo tomamos como ejemplo una compraventa. Adviértase, ante todo, que el art. 982
se limita a establecer que hay contrato si las partes expresan su consentimiento sobre los
elementos esenciales particulares. Entonces, la norma no se refiere a los elementos esenciales
de los contratos, sino a los elementos esenciales del contrato en particular. Afirmemos que,
tales elementos esenciales particulares son la cosa y el precio, lo que constituye el objeto del
contrato.

Ahora, ¿es suficiente que haya acuerdo sobre la cosa y el precio, y que exista la causa, para
que se tenga por concluido el contrato? Nos parece claro que si las partes reconocen que lo
que hay es un acuerdo parcial, están afirmando que no hay todavía un acuerdo integral o
pleno; por lo tanto, no hay contrato. Hay que recordar que el art. 978 dispone que para que el
contrato se concluya, la aceptación debe expresar la plena conformidad con la oferta; esto es,
con todas las clausulas que se propongan, sean principales o accesorias.

En otras palabras, avanzando sobre la autonomía de la voluntad de las partes, se está creando
un contrato al que ellas todavía no califican de esa manera y que, además, nace incompleto, lo
que necesitará la inmediata intervención del juez para integrarlo, en caso de desacuerdo con
las partes, conforme con las pautas del art. 964.

Por lo demás, hasta que no haya un acuerdo integral, no puede hablarse de contrato. A las
partes les interesa no solamente acordar lo que se quiere comprar o vender o el precio a pagar
(siguiendo el ej, de la compraventa). También les importa determinar el lugar de
cumplimiento, la fecha de pago, si será al contado o en cuotas, si la entrega de la cosa se hará
antes o después del pago, si la garantía será real o personal, etc.

Aplicación de los acuerdos parciales: la norma exige que para que el contrato se concluya, la
aceptación debe expresar la plena conformidad con la oferta. Además, en la dudael contrato
se tiene por no concluido. La doctrina de los acuerdos parciales establece que hay contrato
cuando las partes lograron un conceso sobre los elementos esenciales, aunque queden
abiertos puntos o temas accidentales de la negociación.

Contratos por adhesión. Son aquellos contratos donde uno de los contratantes presta su
conformidad o, se adhiere a clausulas generales predispuestas unilateralmente por la otra
parte o por un tercero, sin que el adherente haya participado en su redacción (art. 984).

Las partes no se encuentran en un mismo plano de igualdad jurídica a la hora de celebrar el


contrato, como ocurre en el contrato paritario, en el que tienen la posibilidad de discutir el
contenido contractual. En cambio, en los contratos por adhesión, las diferencias se patentizan
en el hecho de que la redacción del contrato es impuesta por una de las partes y a la otra no le
queda otra opción que aceptarla o no contratar.

Estos contratos constituyen el grueso de los negocios contractuales modernos. Piénsese en los
contratos de seguro, tarjetas de crédito, compraventa de automotores sin uso, cementerios
privados, servicio de medicina prepaga, etc.

En algunos casos, dentro de este contrato prerredactado, existe un cuerpo de disposiciones


impuestas por el estipulante, que están concebidas para la generalidad de los negocios que ese
sujeto pueda celebrar en el futuro más allá del contrato en sí mismo que se quiere realizar.

Requisitos: la ley exige que las cláusulas generales predispuestas sean compresibles y
autosuficientes. También exige que la redacción sea clara, completa y fácilmente legible. Por
ello, se tienen por no convenidas aquellas cláusulas que efectúan un reenvío a textos o
documentos que no se facilita a la contraparte del predisponente, previa o simultáneamente a
la conclusión del contrato (art. 965).

Las precedentes reglas se aplican también a otros tipos de contratación como la que se lleva a
cabo por vía telefónica o electrónica o por cualquier otro medio de comunicación similar.

CONTRATOS POR ADHESION A CLAUSULAS GENERALES: La razón de ser de esta decisión


legislativa radica en que la inmensa mayoría de los contratos que se celebran diariamente se
expresan en formularios, por ej.: pólizas de seguro, contratos bancarios, etc., son instrumentos
que acreditan la celebración de contratos que no están precedidos de ninguna negociación,
simplemente el consumidor adhiere a un contenido predispuesto por un proveedor al que a
veces ni conoce a ciencia cierta. En argentina el tema tiene especial regulación en la Ley 24240
de Defensa al Consumidor; otras leyes contienen normas particulares que subsisten
actualmente y completan el marco regulatorio de estas formas comúnmente llamadas
“modernas de contratación” aunque ya tienen muchas décadas de existencia. Puede
mencionarse la Ley 22320 sobre la Capitalización y Ahorro Previo, la Ley 20091 en materia de
Seguros, etc. El CCyC lo trata derechamente de los “contratos por adhesión a clausulas
generales predispuestas”.

Clausulas particulares: en el marco de los contratos por adhesión, se llaman clausulas


particulares a aquellas que, negociadas individualmente, amplían, limitan, suprimen o
interpretan una cláusula general (art. 986). Añade la norma que en cada caso de
incompatibilidad entre clausulas generales y particulares, prevalecen estas últimas.

La cláusula particular debe prevalecer sobre la general, ya que la particular ha sido negociada
por las partes y no ha sido impuesta por una de ellas. Sin embargo, hay casos donde esta
disposición resulta inaplicable. Así ocurre cuando la condición general resulta más beneficiosa
para el adherente que la particular.

También debe señalarse que las cláusulas manuscritas o mecanografiadas prevalecen sobre las
impresas, que las cláusulas incorporadas prevalecen sobre las preexistentes, y que los usos y
las costumbres no pueden ser valorados como en los contratos paritarios, pues pueden
responder a las prácticas abusivas o pueden modificar la economía del negocio.

CONTRATO POR ADHESION A CLAUSULAS GENERALES PREDISPUESTAS: El CCyC establece que


es aquel por el cual uno de los contratantes adhiere a clausulas generales predispuestas
unilateralmente por la otra parte o por un tercero, sin que el adherente haya participado en su
redacción. Los contratos por adhesión participan de algunas características de los contratos en
general, en cuanto no estén modificadas por sus disposiciones específicas, pero al mismo
tiempo las normas que los regulan se extienden a los contratos de consumo conforme lo
establece el art 1117 sea que en estos existan o no clausulas predispuestas por una de las
partes. Clausula general es la que tiene un alcance general y para ser utilizada en todos los
contratos particulares de la misma especie; caso típico: contrato de seguro. Es predispuesta
porque ha sido determinada unilateralmente por una de las partes.

Cláusulas abusivas: el ccyc ha establecido que ciertas clausulas, consideradas abusivas para el
adherente, se deben tener por no escritas (art. 988). Se anuncia como abusivas a las cláusulas
que desnaturalizan las obligaciones del predisponente; a las que importan renuncia o
restricción a los derechos del adherente, o amplían derechos del predisponente que resultan
de normas supletorias; y las que, por su contenido, redacción o presentación, no son
razonablemente previsibles.
Aunque no han sido expresamente previstas en nuestra legislación, también debe considerarse
abusivas las cláusulas que limitan la responsabilidad del predisponente, y las que impongan la
inversión de la carga de la prueba en perjuicio del adherente.

Tratativas preliminares: en la vida diaria, los contratos se celebran sin una negociación previa.
En efecto, la compra de mercadería, de un pasaje, de una entrada para un espectáculo público,
entre otros ejemplos, no requieren de una negociación previa, basta conocer el precio y
pagarlo.

Pero otros contratos, los que tengan una mayor importancia económica, necesitan de esta
negociación, que podrá llevar a concretar su celebración, o no. LA contratación de un servicio
profesional, la compra de un inmueble, entre otras, necesitan de esa negociación previa, que
finalmente podrá ser fructífera o no, según se logre o no el acuerdo contractual.

Por eso, se puede decir que existen dos etapas: una que abarca todos los actos que pueden
realizarse durante el periodo previo a la celebración del contrato, que llamamos tratativas
preliminares; y, otra que comienza con la celebración del contrato y llega hasta su plena
ejecución.

La etapa anterior a la celebración del contrato, que alcanza incluso el momento en que se
emite la oferta y la aceptación, comienza con las conversaciones que van preparando el
terreno para hacer la propuesta, y se llama tratativas preliminares o precontractuales. Durante
esa etapa pueden darse conversaciones sobre aspectos circunstanciales o secundarios, sin que
ellas, todavía, tengan verdadera esencia contractual.

Durante este periodo las partes deben obrar de buena fe, mantener el secreto de todo lo que
sea confidencial, dar la información necesaria y, mantener y conservar los elementos
materiales que resulten de la esencia del futuro acuerdo. Además, no pueden abandonar los
tratos de manera abrupta, de mala fe y sin causa.

Es posible diferenciar entre tratativas preliminares y tratativas preliminares avanzadas. En la


primera, ambas partes deben cumplir con los deberes de información, seguridad,
confidencialidad y custodia; y si los violan, deberán reparar el daño causado. Pero cuando se
habla de las segundas, se hace hincapié no solo en esos deberes, sino también en la necesidad
de no romper intempestivamente, sin justificación alguna, la negociación que ha permitido
generar en las partes una confianza cierta de que el negocio se formalizará. Esta
responsabilidad no deriva de la obligación de celebrar un contrato futuro, sino de la injusta
frustración de las tratativas contractuales avanzadas, que perjudica los intereses de la
contraparte.

ARTICULO 991.- Deber de buena fe. Durante las tratativas preliminares, y aunque no se haya
formulado una oferta, las partes deben obrar de buena fe para no frustrarlas
injustificadamente. El incumplimiento de este deber genera la responsabilidad de resarcir el
daño que sufra el afectado por haber confiado, sin su culpa, en la celebración del contrato.

Deber de confidencialidad. Si durante las negociaciones, una de las partes facilita a la otra una
información con carácter confidencial, el que la recibió tiene el deber de no revelarla y de no
usarla inapropiadamente en su propio interés. La parte que incumple este deber queda
obligada a reparar el daño sufrido por la otra y, si ha obtenido una ventaja indebida de la
información confidencial, queda obligada a indemnizar a la otra parte en la medida de su
propio enriquecimiento.
Cartas de intención. Los instrumentos mediante los cuales una parte, o todas ellas, expresan
un consentimiento para negociar sobre ciertas bases, limitado a cuestiones relativas a un
futuro contrato, son de interpretación restrictiva. Sólo tienen la fuerza obligatoria de la oferta
si cumplen sus requisitos.

¿Qué es lo que se indemniza? El art. 991 dice que debe resarcirse el daño que sufra el afectado
por haber confiado, sin su culpa, en la celebración del contrato. Lo que debe indemnizarse es
el llamado daño al interés negativo, que comprende los gastos comprometidos con la finalidad
de celebrar el contrato frustrado y, en su caso, una indemnización por la pérdida de
probabilidades concretas para celebrar otro negocio similar; cuya prueba debía ser apreciada
con criterio estricto (art. 1600).

El daño al interés negativo abarca: el daño emergente (los gastos que hubiera realizado para
concretar el contrato), y la ganancia frustrada por la no realización de otro contrato con un
tercero, siempre que acredite que este último fue desechado para poder cerrar el contrato
que finalmente se frustró.

En los supuestos de daños causados por la interrupción injustificada de las tratativas


preliminares no corresponde indemnizar el lucro cesante, entendido éste como la ganancia
esperada por el contrato que se estaba negociando y que no se percibe como consecuencia de
su frustración, pues se trataría de un daño al interés positivo resarcible en caso de
incumplimiento contractual, contrato que -como se ha visto- no ha sido formalizado.

En síntesis, el derecho a no contratar no puede ser ejercido de manera arbitraria, como


cualquier otro derecho debe ser ejercido de manera coherente. Desde luego, la interrupción
de la negociación dispuesta por una de las partes puede no ser abusiva y, por tanto, no
generar responsabilidad alguna: si han habido conductas que justifican la interrupción, tales
como la insuficiente información dada o la violación de un pacto de confidencialidad, o si
existe una verdadera imposibilidad de llegar a un acuerdo, que podrá motivarse por diferentes
motivos, tales como las diferencias entre las partes en el precio o en la calidad de la cosa que
se promete.

Contratos preliminares: es el que contiene un acuerdo sobre los elementos esenciales


particulares que identifiquen el contrato futuro definitivo (Art. 994). Las partes han alcanzado
un acuerdo sobre las bases esenciales de la negociación, pero falta conformidad sobre
clausulas secundarias u ocurre que ellas necesitan un estudio más profundo para dar el
consentimiento definitivo.

Si las partes han celebrado este tipo de contrato, es claro que ya han dejado atrás las tratativas
preliminares y han avanzado sobre la etapa contractual. Esto produce un cambio respecto del
derecho a abandonar la negociación. Si hay un contrato preliminar, desaparece tal derecho,
porque se ha ingresado en el campo contractual.

El art. 994 dispone que las promesas previstas en esta sección, que abarca los contratos
preliminares, las promesas de celebrar un contrato y el contrato de opción tienen el plazo de
vigencia de un año, o el menor que convengan las partes, sin perjuicio de reconocer que ellas
pueden renovarlo a su vencimiento.

La capacidad para contratar: toda persona humana goza de la aptitud para ser titular de
derechos y deberes jurídicos. Es lo que se denomina capacidad de derecho. Además, toda
persona humana puede ejercer por si misma sus derechos, excepto las limitaciones
expresamente previstas en dicho cuerpo legal y en una sentencia. Es lo que se denomina
capacidad de ejercicio o de hecho.

Capacidad de derecho. Toda persona humana goza de la aptitud para ser titular de derechos y
deberes jurídicos. La ley puede privar o limitar esta capacidad respecto de hechos, simples
actos, o actos jurídicos determinados.

Capacidad de ejercicio. Toda persona humana puede ejercer por sí misma sus derechos,
excepto las limitaciones expresamente previstas en este Código y en una sentencia judicial.
Son incapaces de ejercicio: a) la persona por nacer; b) la persona que no cuenta con la edad y
grado de madurez suficiente, con el alcance dispuesto en la Sección 2ª de este Capítulo; c) la
persona declarada incapaz por sentencia judicial, en la extensión dispuesta en esa decisión.

Inhabilitados: quienes padecen adicciones (antiguamente individualizados como toxicómanos


o ebrios consuetudinarios) y los disminuidos en sus facultades quedan comprendidos en la
categoría de personas con capacidad restringida que prevén los arts. 32 y ss. De allí que el
CCyC limita la categoría de los inhabilitados solo a los pródigos. El art 48 dice “pueden ser
inhabilitados quienes por la prodigalidad en la gestión de sus bienes expongan a su cónyuge,
conviviente o a sus hijos menores de edad o con discapacidad, a toda persona que padece una
alteración funcional permanente o prolongada, física o mental, que en relación con su edad y
medio social implica desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional
o laboral. La acción solo corresponde al cónyuge, conviviente y a los ascendientes y
descendientes”. La finalidad es la protección del patrimonio familiar, por ello una persona
mayor de edad, soltera y sin hijos, podrá hacer con su patrimonio lo que desee. Para que
pueda declararse la inhabilitación deben existir los beneficiarios de la norma. El presupuesto
requerido es que la gestión de los negocios del prodigo exponga a las personas protegidas a la
pérdida del patrimonio que constituye su sustento. En el nuevo CCyC solo se requiere la
exposición, es decir, el peligro inminente que se trasluce por la actitud de la persona, cuya
conducta habitual comienza a desordenarse. Las personas amparadas son: el cónyuge, el
conviviente, los hijos menores de edad o con discapacidad.

Las inhabilidades para contratar:las personas, aunque sean capaces, no siempre pueden
contratar con cualquier otra persona o sobre determinados objetos. En efecto, ciertas
personas no pueden contratar entre sí, por la contraposición de intereses que puede existir
entre ellas.

a) La ley establece dos regímenes posibles para gobernar el sistema patrimonial del
matrimonio: el de comunidad y el de separación de bienes. En este último, cada uno de los
cónyuges conserva la libre administración y disposición de sus bienes personales. En el
primero, la ley le asigna el carácter de supletorio (esto es, que debe ser aplicado en caso de
que los conyugues no hayan acordado el régimen de separación de bienes), se diferencian los
bienes según su origen, en propios y gananciales y se imponen normas sobre la administración
y disposición de ellos, debiéndose dividir por partes iguales la masa de bienes gananciales
cuando se extinga la comunidad. Los cónyuges que están bajo el régimen de comunidad no
pueden contratar en interés propio, entre si. Pero, los que hayan elegido el de separación de
bienes pueden celebrar libremente entre sí, todo tipo de contratos. En verdad, lo que importa
es determinar si existen intereses contrapuestos o si se puede llegar a afectar a terceros.

La prohibición legal alcanza a los contratos de compraventa, cesión de derechos, permuta o


donación. Pero, pueden celebrar por ej, contratos de mandato o deposito, incluso pueden
integrar entre sí sociedades de cualquier tipo. También pueden darse recíprocamente los
“presentes de uso” y celebrar contratos de seguro de vida en el que el beneficiario sea el
cónyuge. Los contratos prohibidos son aquellos que traen aparejado un cambio de la
titularidad de dominio; y esto es un riesgo para los terceros que podrían ver desaparecer con
facilidad, mediante actos simulatorios o fraudulentos, los bienes que garanticen su crédito.
Además de todos estos casos, la locación entre cónyuges también está prohibida, aunque no
exista un cambio de titularidad en ele dominio, pero parece claro que el arrendamiento genera
una disminución de la garantía.

b) Los padres no pueden contratar con sus hijos menores, a menos que se trate de una
donación pura y simple hecha por el padre a favor del hijo menor. No pueden, ni aun con
autorización judicial, comprar por si ni por persona interpuesta, bienes de su hijo, n
constituirse en cesionario de créditos, derechos o acciones contra su hijo, ni hacer partición
privada con su hijo de la herencia del progenitorprefallecido. Al referirse a la compra de bienes
del hijo, quedan comprendidos otros supuestos en que la propiedad pase de manos del hijo al
padre, como son los casos de permuta y donación.

Hay contratos que pueden celebrarse con autorización judicial, como la locación o el depósito,
en los que no existe transmisión de la propiedad. También es validad la sociedad constituida
entre uno de los padres y sus hijos para continuar los negocios del progenitor fallecido.

c) Los tutores y curadores no pueden contratar con sus pupilos, ni contando con una
autorización judicial, los actos prohibidos a los padres respecto de sus hijos menores de edad
(art. 120 y 138).

d) No pueden contratar, en interés propio, los jueces, funcionarios, y auxiliares de la justicia,


los árbitros y mediadores, respecto de bienes relacionados con procesos en los que
intervienen o han intervenido. Quedan incluidos en la prohibición, fiscales, defensores de
menores y peritos. La prohibición abarca la imposibilidad de ser cesionarios de acciones
judiciales que fuesen de la competencia del tribunal que integre. La obligación obliga a
declarar la nulidad del acto celebrado violando la norma, y esa nulidad es absoluta, ya que
existe un fundamento de orden público.

e) No pueden contratar, en interés propio, los abogados y procuradores, respecto de bienes


litigiosos en procesos en los que intervienen o han intervenido (art. 1002).

f) No pueden contratar, en interés propio, los funcionarios públicos respecto de bienes de cuya
administración o enajenación estén o han estado encargados. Quedan incluidos el presidente,
gobernadores, ministros, y los empleados públicos. La prohibición impide que puedan ser
cesionarios de créditos en los que la Nación, las provincias y municipalidades sean deudores
cedidos. DE lo contrario, hay una nulidad absoluta, con fundamento de orden público.

g) No pueden contratar en interés propio o ajeno, según sea el caso, los que están impedidos
para hacerlo conforme a disposiciones especiales.

Nulidad del contrato: ARTICULO 1000.- Efectos de la nulidad del contrato. Declarada la nulidad
del contrato celebrado por la persona incapaz o con capacidad restringida, la parte capaz no
tiene derecho para exigir la restitución o el reembolso de lo que ha pagado o gastado, excepto
si el contrato enriqueció a la parte incapaz o con capacidad restringida y en cuanto se haya
enriquecido.

Restitución. La nulidad pronunciada por los jueces vuelve las cosas al mismo estado en que se
hallaban antes del acto declarado nulo y obliga a las partes a restituirse mutuamente lo que
han recibido. Estas restituciones se rigen por las disposiciones relativas a la buena o mala fe
según sea el caso.

La nulidad relativa sólo puede declararse a instancia de las personas en cuyo beneficio se
establece. Excepcionalmente puede invocarla la otra parte, si es de buena fe y ha
experimentado un perjuicio importante. Puede sanearse por la confirmación del acto y por la
prescripción de la acción. La parte que obró con ausencia de capacidad de ejercicio para el
acto, no puede alegarla si obró con dolo.

La nulidad absoluta puede declararse por el juez, aun sin mediar petición de parte, si es
manifiesta en el momento de dictar sentencia. Puede alegarse por el Ministerio Público y por
cualquier interesado, excepto por la parte que invoque la propia torpeza para lograr un
provecho. No puede sanearse por la confirmación del acto ni por la prescripción.

Ineficacia del contrato: cuando nos referimosA la eficacia del contrato apuntamos a ciertos
vicios qué pueden afectarlo ya hemos visto como la incapacidad ola restringida capacidad de
uno de los contratantes provoca la nulidad del contrato celebrado, y, por lo tanto, lo torna
ineficaz.

Pero, además, la ineficacia puede tener otras causas. en efecto, el contrato puede estar
afectado por los vicios del consentimiento, esto es, que el contratante ha dado su conformidad
bajo los efectos de un vicio (error, dolo o violencia) qué afectaba su voluntad. Otras veces, el
contratante tiene plena conciencia del contrato qué está celebrando, pero ocurre que el
propio acto jurídico puede estar viciado, sea por la situación de inferioridad de uno de los
contratantes, sea porque se trata de un contrato simulador o hecho en fraude de terceros. En
todos estos casos, será nulo.

La nulidad del contrato y sus efectos entre las partes: El principio general de esta materia estás
sentado en el artículo 390: la nulidad pronunciada por los jueces vuelve las cosas al mismo
estado en que se hallaban antes del acto declarado nulo. La solución es perfectamente lógica,
puesto que anular implica tenerlo porno ocurrido. Es necesario distinguir dos hipótesis: a) que
el contrato no haya sido ejecutado;en tal caso, declarada la nulidad,no es posible exigir el
cumplimiento de las obligaciones que de él derivan, másaún, si la nulidad aún no ha sido
declarada,puede ser opuesta por vía de excepción por el interesado; b) que el contrato haya
sido parcial o totalmente ejecutado; esta es la hipótesis que da lugar a mayores dificultades.

La nulidad obliga a las partes a restituirse mutuamente lo que han recibido en virtud del acto
declarado nulo. La norma añade que estas restituciones se rigen por las disposiciones relativas
a la buena o mala fe, según sea el caso. Pero la obligación de restituir proviene, más que de la
nulidad,del título que puede invocar cada parte sobre la cosa entregada. El fundamento de la
restitución es la sustancia del derecho preexistente al acto nulo,que éste ha dejado inalterado.

Ahora bien,puede ocurrir que,como consecuencia de un acto nulo,las partes hayan entregado
cosas productoras de frutos. El art. 1934 diferencia entre los frutos percibidos y pendientes.
Llamamos fruto percibido al que,separado de la cosa, es objeto de una nueva relación
posesoria. A su vez, distingue ese fruto del fruto civil, el cual se considera percibido sí ha sido
devengado y cobrado. llama fruto pendiente al que todavía no ha sido percibido,y fruto civil
pendiente hay que ha sido devengado, pero todavía no ha sido cobrado.

Cuando se trata de productos, la cuestión es más clara: la buena o mala fe irrelevante. En


ambos casos deben restituirse los que hayan obtenido de la [Link] extracción de un producto
siempre implica un empobrecimiento de la cosa (por no tratarse de un recurso renovable), lo
cual justifica la solución legal.

Finalmente,el art. 1936 prevé que el poseedor de buena fe no responde por la destrucción
total o parcial de la cosa, sino hasta la concurrencia del provecho subsistente. En cambio,el de
mala fe responde por la destrucción total o parcial de la cosa,excepto que se hubiera
producido igualmente de estar la cosa en poder de quien tiene derecho a su restitución.

Más grave es la situación de quien posee cosas muebles por hurto, estafa,o abuso de
confianza,o inmuebles por violencia,clandestinidad, o abuso de confianza. Este poseedor
responde por la destrucción total o parcial de la cosa,aunque se hubiera producido igualmente
de estar en poder de quien tiene derecho a su restitución.

OBJETO DEL CONTRATO: Como el contrato es un acto jurídico, el objeto del contrato será su
materia, los hechos (conductas) y los bienes. El CCyC añade que el contrato puede tener como
objeto derechos sobre el cuerpo humano (art 1004 in fine).

Prestaciones que pueden ser objeto de los contratos: como regla, toda prestación puede ser
objeto del contrato. El código ha establecido que no pueden ser objeto del contrato los hechos
imposibles o prohibidos por la ley,o que sea contrario a la moral y al orden público,o que sea
lesivo de los derechos ajenos o de la dignidad de toda persona humana . tampoco puede serlo
un bien que por un motivo especial se haya prohibido que lo [Link] hecho tampoco puede ser
contrario a las buenas costumbres.

si el contrato tiene por objeto derechos sobre el cuerpo humano, se deben aplicar los artículos
17 y 56. estas normas disponen que las partes del cuerpo humano carece de valor comercial ,
qué pueden ser disponibles por el titular sólo si se respeta el valor afectivo terapéutico
científico humanitario o social , que el contrato debe ajustarse a lo que dispongan las leyes
especiales , y que están prohibidos los actos de disposición sobre el propio cuerpo que
ocasionen una disminución permanente de su integridad o resulten contrario a la ley la moral
o las buenas costumbres excepto que sean requeridos para mejorar la salud de la persona, y,
excepcionalmente, de otra persona, de conformidad con lo que se dispone el ordenamiento
jurídico. por lo tanto, reiteramos que toda prestación puede ser objeto del contrato, a menos
que encuadre en alguna de las provisiones ex puestas.

Asimismo, se establece que el objeto debe ser determinado o determinable, posible, lícito,
susceptible de valoración económica y corresponder a un interés de las partes, aun cuando
éste no sea patrimonial. Requisitos:

-Determinado o determinable: No sería posible constreñir al deudor a la entrega de una cosa o


el cumplimiento de un hecho si no se puede precisar cuál es la cosa o el hecho debido. muchas
veces, el objeto es precisado en su individualidad, por ejemplo, un edificio ubicado en la calle
salta número 944, aquí el objeto es determinado. Además, el código considera también que el
objeto es determinado cuando sólo precisa su especie o género, según sea el caso, aunque no
lo esté en su cantidad, si ésta puede ser determinada (art. 1005). en efecto, puede ser
suficiente limitarse a indicar la cosa, sí ella es fungible, siempre que exista la posibilidad de
determinar la cantidad por otra vía.

-Licitud: el art 1003 comienza por exigir la licitud del objeto. De acuerdo con el art 1004 no
pueden ser objeto del contrato los hechos prohibidos por las leyes ni los bienes que por un
motivo especial se prohíbe que lo sean; tal expresión viene a coincidir con el art 279 que
excluye como objeto de los actos jurídicos a los “bienes especialmente prohibidos”.

-Posibilidad: en el CCyC el requisito de posibilidad parece aplicarse exclusivamente a los


hechos; así surge el texto del art 1004 que expresamente alude a los hechos imposibles,
mientras que no aparece tal calificación para las cosas. Resulta evidente que, si una parte se ha
obligado a entregar una cosa “imposible”, la otra no podría pretender el cumplimiento en
especie ni las prestaciones sustitutas. Cuando el objeto del acto es un hecho o conducta la
imposibilidad debe ser absoluta y objetiva, no debe ser propia del sujeto de negocio, sino
afectar por igual a todas las personas. El objeto debe ser imposible a todos por igual, por ser
contrario a una ley física o natural. La imposibilidad debe ser originaria, contemporánea al
acto. Si ella sobreviene luego de celebrado el acto, entraran en juego las disposiciones que
tratan la imposibilidad de pago.

-Susceptible de valoración económica y corresponder a un interés de las partes, aun cuando


este no sea patrimonial.

Casos especiales:

Bienes futuros: No sólo los bienes presentes pueden ser objeto de los contratos,también
pueden ser los bienes futuros. La promesa de transmitirlos está subordinada a la condición de
que lleguen a existir,excepto que se trate de contratos aleatorios (art. 1007).

los supuestos contemplados en la ley son dos: a) se contrata sobre una cosa que no existe,
Pero se espera que existirá(ej, la compra de una cosecha antes de que esté en estado de
recogerse). sí más tarde la cosa no llega a existir, por ej, porque la ha destruido un granizo, el
contrato es nulo. B) se contrata sobre una cosa que todavía no existe, asumiendo el
comprador el riesgo de que no llegue a existir nunca: el contrato tiene carácter aleatorio y es
por tanto válido, aunque la cosa no llegue a existir.

Bienes litigiosos o sujetos a gravámenes o medidas cautelares: establece el art. 1009 que
pueden ser objeto de los contratos los bienes que sean discutidos en un litigio o juicio.
También pueden los bienes sujetos a un gravamen, como ocurre con la cosa que ha sido dada
en prenda, o en anticresis, o en hipotecada. Incluso, pueden ser objeto las cosas que estén
afectadas por una medida cautelar, como las embargadas. Esta posibilidad de que sean objeto
de un contrato no implica desconocer los derechos del tercero que puede quedar afectado por
tal contrato; la norma prevé el resguardo de sus derechos, lo que implica que debe ser
satisfecho por los contratantes el perjuicio que le pueda resultar.

Ahora, si el contrato se realiza con ocultación de la medida cautelar o del gravamen, la parte
que prometió su entrega y ha actuado de mala fe, debe reparar los daños causados a la otra, si
esta ha obrado de buena fe.

Bienes ajenos:los bienes ajenos pueden ser objeto de los contratos. Si el que promete
transmitirlos no ha garantizado el éxito de la promesa, sólo está obligado a emplear los medios
necesarios para que la prestación se realice y, si por su culpa, el bien no se transmite, debe
reparar los daños causados. Debe también indemnizarlos cuando ha garantizado la promesa y
ésta no se cumple. El que ha contratado sobre bienes ajenos como propios es responsable de
los daños si no hace entrega de ellos.

Herencia futura: lo trata el art 1010. El CCyC ha mantenido el principio de prohibición de la


contratación sobre herencia futura, pero con una excepción que refiere a los pactos relativos a
una explotación productiva o a participantes societarias de cualquier tipo con miras a la
conservación de la unidad de la gestión empresarial o la prevención solución de [Link]
art 1010 que dice: “la herencia futura no puede ser objeto de los contratos ni tampoco pueden
serlo los derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares”. El fundamento clásico
de esta prohibición radica en que se pretende excluir el deseo de provocar la muerte del
causante, aunque es bastante relativo pues es sobre esa base también debería excluirse el
seguro de vida pues el beneficiario querría la muerte del asegurado. Se sostienen también que
es inmoral hacer contratos sobre bienes de otras personas que aún están vivas.

Distintos tipos de pactos: la doctrina sigue: - Institutivo; por el cual se designa un heredero,
ello está claramente prohibido en nuestro derecho donde la calidad de heredero se deriva de
la ley o del testamento; sería impensable en nuestro régimen un contrato que tuviera por
objeto la institución de un heredero. - Dispositivo, es el contrato por el cual alguien dispone de
los bienes que pudieran corresponderle en una futura sucesión; prohibido expresamente por
el art 1010; - Renunciativo, por el cual una persona renuncia a una herencia que aún no le ha
sido deferida pues el causante no ha muerto, prohibido expresamente en el art 2286 -
Distributivo, es el acto jurídico por el cual los herederos dividen su futura herencia.

EXCEPCION: pactos válidos. El CCyC en el art 1010 dice “los pactos relativos a una explotación
productiva o a participaciones societarias de cualquier tipo, con miras a la conservación de la
unidad de la gestión empresarial o a la prevención o solución de conflictos, pueden incluir
disposiciones referidas a futuros derechos hereditarios y establecer compensaciones en favor
de otros legitimarios. Estos pactos son válidos, sean o no parte el futuro causante y su
cónyuge, si no afecta la legitima hereditaria, los derechos del cónyuge, ni los derechos de
terceros”. La expresión “explotaciones productivas” no tiene un contenido jurídico preciso; el
código quiere referirse a la empresa individual o familiar en la que trabajan padre e hijos y
eventualmente otros parientes, muchas veces de manera informal y que suele constituir la
fuente del sustento familiar. La finalidad de la norma es convalidar los pactos que cuyo
propósito es la conservación de la unidad de gestión empresarial o la prevención o solución de
conflictos.

Límites:son válidoslos pactos de esta naturaleza si no afectan la legitima hereditaria, los


derechos del cónyuge ni los derechos de terceros. Estos pactos persiguen conservar la unidad
de la gestión empresarial y/o la prevención y solución de conflictos. Los conflictos entre los
futuros herederos se sujetan a mediación o a la decisión de los árbitros. En cualquier caso, se
pueden pactar compensaciones económicas, si unos reciben acciones de la empresa otros
podrán ser compensados con otros bienes. Se puede convenir que la administración de la
empresa quede en manos de alguno de los herederos y los demás ejerzan el control; se
pueden establecer cláusulas de indivisión, pactos de preferencia y otras cláusulas que son
frecuentes en los negocios societarios.

CONTRATOS DE LARGA DURACION: dentro del capítulo relativo al objeto de lo contratos, se


incluye el art 1011 que se refiere a ellos. Art 1011 “contratos de larga duración. En los
contratos de larga duración el tiempo es esencial para el cumplimiento del objeto, de modo
que se produzcan los efectos queridos por las partes o se satisfaga la necesidad que las indujo
a contratar. Las partes deben ejercitar sus derechos conforme con un deber de colaboración,
respetando la reciprocidad de las obligaciones del contrato, considerada en relación con la
duración total”. “la parte que decide la rescisión debe dar a la otra la oportunidad razonable
de renegociar de buena fe, sin incurrir en ejercicio abusivo de los derechos”. En vez de
adversarios los contratantes pasaron a ser caracterizados como socios que pretenden tener,
uno con el otro, una relación equilibrada e igualitaria, teniendo en vista una mayor fraternidad
y justicia.

El contrato es concebido como un bloque de derechos y obligaciones para ambas partes. Se


reconocen que los contratos de duración, aunque sean de cambio, deben ser vistos como
contratos similares a los asociativos, transformados por esa relación con el exterior, y
caracterizados por tener un fin común y exigir solidaridad. El CCyC toma como elemento
definitorio el tiempo cuando el resulta esencial para el cumplimiento del objeto. Comprende
aquellos contratos en los cuales las inversiones de las partes requieren un tiempo para ser
amortizadas, lo que puede ir desde la explotación de un bosque a la construcción y alquiler de
una estación de servicios o el suministro de gas para una planta, etc.

Deberes de las partes: el CCyC exige a las partes satisfacer un deber de colaboración
respetando el carácter reciproco de las obligaciones, considerada en relación con la duración
total. El deber de colaboración es una derivación del principio de buena fe en la etapa de
ejecución del contrato. Deber de Renegociar: el último párrafo establece que la parte que
decide la rescisión debe dar a la otra la oportunidad razonable de renegociar de buena fe. La
doctrina reconoce una suerte de deber de renegociación cuando el contrato ha sido alterado
en su conmutatividad, sin que sea necesario para ello que una de las partes pretenda
rescindirlo.

DERECHOS SOBRE EL CUERPO: El art 17 por su lado dispone “derechos sobre el cuerpo
humano. Los derechos sobre el cuerpo humano o sus partes no tienen ningún valor comercial
sino afectivo, terapéutico, científico, humanitario o social y solo pueden ser disponibles por su
titular siempre que se respete alguno de esos valores y según lo dispongan las leyes
especiales”. El art 56 ubicado en el capítulo de derechos personalísimos, “actos de disposición
sobre el propio cuerpo” establece “están prohibidos los actos de disposición del propio cuerpo
que ocasionen una disminución permanente de su integridad o resulten contrarios a la ley, la
moral o las buenas costumbres, excepto que sean requeridos para el mejoramiento de la salud
de la persona yexcepcionalmente de otra persona, de conformidad a lo dispuesto en el
ordenamiento jurídico. La ablación de órganos para ser implantados en otras personas se rige
por la legislación especial”.

Partes separadas: las partes separadas del cuerpo pueden ser objeto de contrato. Ej. la leche
materna y el cabello una vez separados del cuerpo humano son bienes sobre los cuales es
imposible transar y por lo tanto pueden incluso tener un precio. La dación en sangre se rige
por la Ley 22990 que en primer lugar limita en los establecimientos que puedan recibirlas; en
su art 15 establece que la extracción de sangre solo podrá efectuarse en los bancos de sangre
legalmente autorizados y habilitados por la respectiva autoridad de aplicación”; la donación
está articulada en el art 43.

También podría gustarte