Gascon
Gascon
LA FASE DE
CONFIGURACIÓN: 1580-1680.
Margarita Gascón
Conicet
Fecha presentación: 11 de abril de 2011
Fecha de aceptación: 31 de mayo de 2011
RESUMEN
El artículo analiza el proceso de configuración de una periferia dentro del
espacio imperial español. El caso de referencia es el Corregimiento de Cuyo del
Reino de Chile que, en comparación con los centros administrativos y económicos
del virreinato del Perú (incluso con respecto a Santiago de Chile), se ubicaba en
los límites más australes que había alcanzado el avance colonizador hacia
mediados del siglo XVI. Lo que ocurrió en Cuyo desde entonces y durante gran
parte del siglo XVII ha sido estudiado en relación a las características de
cualquier otra zona periférica: baja población, economía reducida, encomiendas y
mercedes. Su articulación a un espacio imperial donde primaba la estrategia
defensiva a partir de 1580 constituye un proceso desconocido por la
historiografía. De esto trata este artículo. Reconstruye la configuración del
espacio cuyano dentro de un esquema defensivo para el virreinato del Perú. Se
pone de relieve la relación que hubo con los recursos humanos y materiales,
especialmente con la encomienda huarpe y los requerimientos de la frontera
araucana.
Palabras claves: Cuyo, huarpes, siglo XVI, siglo XVII, defensa imperial,
frontera.
ABSTRACT
The article elaborates on the idea of a peripheral space of the Spanish
Empire such as the Corregimiento de Cuyo. It is the case-study. Cuyo was a
borderlland at the very rims of the Spanish colonization by mid-sixteenth
century, but nevertheless it was incorporated into a broader space in order to
defend Peru. We will relate the local conditions to this more general Spanish
defense strategy that the crown implemented from 1580 onward to protect the
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
1
viceroyalty of Peru. The process that articulates this peripheral area to the
defense framework has been hitherto ignored by the historiography. We will
underline the relationship between this defense strategy and the local resources,
in particular, the Spaniards´ desire to take over the Huarpes encomiendas and
the situation with the fborder with the Araucanians.
Key words: Cuyo, Huarpes, sixteenth century, seventeenth century, imperial
defense.
INTRODUCCIÓN
A mediados del siglo XVI, Cuyo se ubicaba en los límites australes del
avance colonizador español. Esto era la última periferia austral imperial, si la
comparamos con los centros administrativos y económicos del virreinato del
Perú, o incluso de si la comparamos con Santiago de Chile. Lo que ocurrió en
Cuyo desde mediados del siglo XVI (fechas en que fueron fundadas las colonias
del Corregimiento de Cuyo) y durante gran parte del siglo XVII ha sido estudiado
resaltando las características de cualquier otra zona periférica de
Hispanoamérica: su baja población española, su economía reducida con pocos
saldos exportables y sus encomiendas sin residencia, junto con las mercedes y
las alteraciones que ambas provocaron en las relaciones interétnicas (Comadrán
Ruiz 1969; Cueto 1989; Herrera 1997). Todos estos sucesos, podemos decir,
ocurrían en el espacio colonial, es decir, en escala local. La articulación de las
colonias de Cuyo al espacio imperial constituye un proceso desconocido por la
historiografía. En el espacio imperial primaba el diseño de una estrategia
defensiva para el virreinato del Perú. Nos proponemos elaborar sus principales
componentes en el siglo que fue desde 1580 a 1680.
La incorporación de Cuyo al esquema defensivo del virreinato del Perú fue
crucial para entender numerosos episodios del siglo XVII. El esquema defensivo
tenía como consecuencia la configuración del espacio para la defensa de sitios
productivos y de rutas vitales. Esa estrategia defensiva, entonces, configuraba
un espacio imperial, pero a su vez, esa estrategia debía considerar la situación
local, en particular, la situación con los indígenas y con los recursos humanos y
naturales. La demanda de los españoles por acceder a mano de obra indígena,
por ejemplo, motivó la atención tanto de Santiago como de Córdoba para
avanzar sobre Cuyo y obtener encomiendas de huarpes (Morales Guiñazú 1938;
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
2
Levillier 1945; Jara 1959). Esa situación colonial tendría efectos en la articulación
de Cuyo dentro del espacio imperial; lo que ocurrió después de 1580, tras el
paso del general Alonso de Sotomayor hacia Santiago, en una acción que
respondió claramente a la necesidad de defender del Perú tras lo que había sido
la exitosa campaña de Francis Drake. A continuación mostraremos cómo se
desenvolvieron esos episodios.
Esa estrategia defensiva del Perú que articuló a Cuyo al espacio imperial
se comenzó a implementar con el objeto de proteger el Mar del Sur con envíos
de tropas desde España. Eso debió realizarse tras el paso de Drake por las costas
peruanas en 1579. La expedición del inglés había despertado justa preocupación
en el Consejo de Indias cuando además de atacar a embarcaciones de civiles,
Drake atrapó al galeón con el tesoro real a tres días de que llegase a Panamá.
Toda aquella última periferia austral fue así articulada para responder al
inminente peligro de naves inglesas y luego holandesas que aparecieran por el
sur. Y esta configuración del espacio imperial permaneció prácticamente sin
mayores cambios hasta 1680 en que la preocupación comience a ser el decisivo
avance de los portugueses sobre el Río de la Plata. Después de Drake, la corona
miró con atención la situación de la última periferia austral para diseñar la
defensa y la situación que encontró es la que referimos a continuación.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
3
“…decíanle los indios a don Diego de Almagro que eran unos indios que habían
traido del Perú a este valle Anchachire, que quiere decir “gran frío”. Quedole al
valle el nombre de Chire, corrompido el vocablo le llaman Chile”. Agregaba que
“los indios le dijeron como hacía invierno y verano, y que el invierno venía cerca
en que llovía mucho. Luego mandó el general a los españoles que hicieran casas
en que se guareciesen del invierno porque no pereciesen ellos y su servicio en
caballos” (Bibar 1966:37 y 39).
“…llueve mucho, más que en ninguna parte de las provincias que he dicho. El año
que se pobló esta ciudad fue de cincuenta y dos. Hubo tantos ratones que no se
defender que no comiesen las sementeras que… no se cogía la semilla, y nos roían
los vestidos” (Bibar [Link].:59).
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
4
1549, Pedro de Valdivia debía dejar a los nativos que hubiese en Santiago
porque acá había pocos mientras que se sabía que hacia el sur había muchos;
claro que no contaban con la resistencia de los araucanos.1 La urgente necesidad
de trabajadores fue el motor de las entradas que tuvieron dos direcciones. Una
fue hacia la Araucanía donde los españoles encontraron, además de un clima
hostil, tribus tan hostiles que hicieron opacar cualquier otro condicionamiento
ambiental adverso. La otra dirección fue el este, hacia Cuyo, que es nuestro
objeto de análisis.
Cuyo no parecía ser una dirección prometedora para expandirse, ya que
Cuyum significa “arena” en lengua nativa. El término anunciaba el paisaje propio
de un clima árido y semiárido, y anunciaba también que habría limitaciones en la
producción de alimentos; sin embargo, la atracción seguía la regla general de la
presencia de minerales (que se sabía que existían en el valle de Uspallata) y la
disponibilidad de mano de obra indígena. Acá los huarpes carecían de la tradición
guerrera de los araucanos y eso favoreció su extracción (Canals Frau 1945;
Michieli 1983; Prieto 1989). Esto a su vez provocó cambios demográficos
significativos que se sumaron a los efectos de las pestes introducidas por los
españoles.2 Dado este contexto, la historiografía sobre Cuyo en los siglos XVI y
XVII tiene como eje a esta conexión trasandina en la que primaba la extracción
del recurso humano a través de las encomiendas sin residencia. La primera
fundación oficial fue Mendoza, en 1561. En el acta se lee que Pedro del Castillo
dio encomiendas sin que los nativos objetaran: “señalando a cada uno la
parcialidad de indios que habían de tributarle, lo cual se ejecutó sin contradicción
por parte de ellos”. Los indígenas debían creer que la radicación de los
encomenderos, al realizarse oficialmente la fundación de Mendoza, los eximiría a
1
Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional. Tomo
1, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1861: 213-214.
2
No tenemos datos sobre las epidemias en esta región que, sabemos por lo que sucedió
en otros lugares, constituyeron una constante en las sociedades indígenas de finales del
siglo XVI y principios del XVII. Sobre la situación previa, han aportado con sus
investigaciones los profesores de las Universidades de Cuyo y de San Juan: Mariano
Gambier, Juan Schobinger, Pablo Sacchero, Roberto Bárcena, Humberto Lagiglia,
Catalina Michieli, María del Rosario Prieto, Alejandro García, Víctor Durán y Horacio
Chiavazza, entre otros; más recientemente María José Ots está realizando excavaciones
en Uco.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
5
ellos de tener que cruzar los Andes para ir a prestar servicios:
“… están tan sujetos a los españoles que siendo enviados de ellos suelen ir a
servir a otras ciudades como son Santiago y La Serena que cualquiera de ellas
está distante de sus tierras más de 70 leguas en cuyo camino está interpuesta la
grande cordillera nevada” (Mariño de Lovera 1960:250-251).
“Fue Dios servido hacerles bien y pocas veces la suele hacer sino es en un año en
que el invierno fue benigno: tres meses que tiempo que él pasó, suele caer mucha
nieve y hacer frío” (Bibar [Link].:157).
3
Juan Draghi Lucero, Prefacio a las Actas del Cabildo de Mendoza. Tomo I, Mendoza,
Best, 1945, [Link].
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
6
Quizás esta primera experiencia hizo minimizar las penurias que los
nativos tendrían durante el cruce de los Andes y, por eso, los huarpes prefirieron
quedarse viviendo en Santiago antes que volver a Mendoza. La experiencia de
cruzar la cordillera una vez en un sentido era más que suficiente como para no
quererlo intentar en sentido inverso, o tener que volver a Santiago desde
Mendoza en el futuro. Teniendo en cuenta esto, no debería extrañarnos que los
indígenas “celebraran” la fundación de Mendoza, si se les había dicho que así se
establecerían aquí los españoles y ellos no deberían atravesar los Andes para
cumplir con las demandas de sus encomenderos. La extracción continua de
huarpes hizo que dos viajeros ingleses de finales del siglo XVII refirieran a
Mendoza en “Ciio” o “Chucuito” como una colonia importante por dos motivos:
por ser el paso a Chile y por ser un lugar de extracción de cuatro recursos
valiosos: cobre, trigo, vino e indios (Seep y Behme 1728). Nos interesa resaltar
que Villagra estaba utilizando la ruta del incario. El Camino del Inca, con su eje
norte-sur, bajaba desde el NOA y cruzaba la cordillera a la altura de Uspallata,
donde tenemos ese documento que refiere una encomienda temprana que
claramente no tuvo residencia. Lo importante es que este camino era el eje de la
configuración del espacio imperial inca y, al usarlo, Villagra no estaba por lo
tanto articulando otro espacio imperial diferente al dado por los incas. En otras
palabras, el espacio imperial que recorría Villagra mantenía su configuración
incaica, que es una configuración de matriz andina. La última periferia austral en
Cuyo seguía siendo la misma que en el espacio imperial incaico: el valle de
Uspallata, que está ubicado aproximadamente a los 32º de LS (Cahiza y Ots
2002-2005).
Se hace necesaria una aclaración porque Bibar ha sembrado confusión al
referir que los incas habrían llegado hasta el río Diamante y dejado una piedra
clavada como marca de este “dominio” (Bibar [Link].:164-165). De acuerdo con
esto, la última periferia austral del incario no estaría a los 32º LS sino a los 34º
de LS. Esto podría tener algún tipo de evidencia a su favor, como que un
historiador, sin citar la fuente, afirmó que un grupo de los hombres de Villagra
habían seguido hasta el Valle de Uco en busca de la Ciudad de los Césares (Gez
1910:13). Podríamos postular que hubo una avanzada inca que llegó a donde
nace el río Diamante, esto es, a la Laguna del Diamante que se encuentra al pie
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
7
del volcán Maipú, en el paso llamado Cajón del Maipú. Esto es en el Alto Valle de
Uco. Y quizás sería ésta la dirección hacia el sur que habrían seguido unos
hombres de Villagra que, se decía, buscaban a los Césares. Agreguemos que
puede volverse relevante la información del mapa que acompaña al texto de
Acarate de Biscay (1657), donde “Cuito” es un área que, efectivamente, llegaba
hasta el río Diamante, mientras que, hacia el sur, este mapa localizaba a
Trapalanda, como tierra de diaguitas, juríes y querandíes; y a Magallanica Land,
como tierra de puelches.4
Cuando ocurrió la expedición de Drake, en Cuyo se habían fundado
solamente Mendoza en 1561 y, hacia el norte, San Juan de la Frontera,
protegiendo la ruta de entrada desde Córdoba. Las dos colonias eran bastante
pequeñas, con muy pocos residentes permanentes y con sus encomenderos
llevando los nativos al Norte Chico y a Santiago. En el esquema defensivo, sin
embargo, estas dos colonias se configurarían dentro de un espacio imperial
destinado a la defensa del Mar del Sur.
4
Publicado en 1658, disponible online en [Link].
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
8
volveremos más adelante. Ahora, para continuar con el hilo del relato, digamos
que la ruta que unía Santiago con Buenos Aires vía San Luis pasaba por el Valle
de Uco (que incluía a los valles de Xaurúa y Llacorón), cruzando la cordillera por
el paso de Piuquenes o Portillo de los Piuquenes (Chaca 1941; ver mapa 1). Para
el gobernador chileno, esta ruta por San Luis facilitaba un vínculo más directo
entre Chile y España. Es decir, esta fundación surge de un proceso de
configuración del espacio imperial y no de una necesidad colonial de acceder a
recursos como ocurrió con Mendoza y San Juan.
Para los civiles, esta ruta por San Luis significaba una mejora en las
posibilidades económicas de ingresar al circuito atlántico. El hecho de que en
1619 San Luis pidiese formar con La Rioja una provincia totalmente
independiente tanto de Chile como de Córdoba del Tucumán, debe indicarnos
que algún tipo de flujo de recursos existía y que debía ser muy interesante
también (Gez [Link].:24). Ese vínculo, postulamos como hipótesis, podría ser que
San Luis quedaba en la ruta que permitiría drenar plata potosina sin quintar.
Instalada en 1622-1623, la aduana de Córdoba buscaba impedir la bajada de
plata potosina y su ingreso al circuito atlántico por Buenos Aires para pagar por
el recurso más codiciado que circulaba en el mundo atlántico: los esclavos
sacados de África. Por eso, la ruta por San Luis esquivaba Córdoba y enlazaba a
Buenos Aires con Perú a través de Chile.
Un dato para corroborar la hipótesis es que el capitán chileno Francisco de
Urbina junto con otros vecinos fue el autorizado a realizar “una jornada para el
descubrimiento del camino que hay de esta ciudad de Mendoza al puerto de
Buenos Aires”, evitando Córdoba. Se trataba de la ruta por San Luis y lo de
“descubrimiento” era bastante falso pues nadie se atrevía a meterse tan
alegremente en zonas con riesgo a perderse y morir. Eso era tan tangible como
la probabilidad de ser esclavizado por los indios. Casi seguro que Urbina y los
suyos tenían información por los indígenas amigos sobre cómo llegar a Buenos
Aires por este borde de las pampas. Y también en relación con las intenciones de
estos vecinos de unirse al circuito atlántico por una ruta menos vigilada que la de
Córdoba figura el hecho de que, en el siglo XVII, los Urbina estuvieron asociados
a la más poderosa red de introducción de esclavos que operaba en esta periferia
imperial, con contactos tanto en Santiago de Chile como en Mendoza y Buenos
Aires (Roa y Ursúa 1945).
Desde el punto de vista de la corte española precisamente, Cuyo se volvió
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
9
relevante por el valor de estas rutas que vinculaban el Atlántico con el Pacífico en
el virreinato peruano, evitando la navegación del Estrecho de Magallanes. Ahora
nos corresponde remontarnos a la configuración de este espacio imperial donde
quedó Cuyo incluido. Como hemos venido anunciando, se debió a la necesidad de
defender el Mar del Sur que, hasta 1580 había sido de exclusivo uso castellano.
A fines de 1578 y principios de 1579, señalamos, el inglés Francis Drake cambió
la configuración de aquel espacio enteramente español cuando atravesó el
Estrecho de Magallanes en tiempo récord y comenzó a atacar a las naves que
comerciaban entre Chile y Perú, e incluso se hizo con el cargamento del galeón
de la plata potosina. Inmensamente rico, emprendió la circunvalación de la Tierra
para retornar a Inglaterra, después de tres años de haber iniciado su empresa
(ver mapa 2). Después de Drake, España debió revisar la estrategia defensiva
del Mar del Sur que ponía en peligro la circulación del tesoro de Indias, además
del comercio de civiles.
Lo primero que se propuso en el Consejo fue fortificar el Estrecho. Para
hacerlo, se envió a Pedro Sarmiento de Gamboa y a Alonso de Sotomayor, el
recién nombrado gobernador de Chile. Varios inconvenientes en la navegación
hicieron que Sotomayor desembarcara en Buenos Aires mientras que Sarmiento
de Gamboa seguía rumbo al Estrecho, donde levantó dos fortificaciones que no
sobrevivieron por mucho tiempo, dadas las condiciones climáticas (Sarmiento de
Gamboa 1894). Mientras, Sotomayor buscó la ruta terrestre a Chile, partiendo
con un puñado de hombres mientras su hermano Luis se quedaba en Buenos
Aires a la espera de las indicaciones. La ruta de Sotomayor, desde Buenos Aires
a Santiago, fue lo que configuró ese espacio imperial en que Cuyo se articula con
un eje este - oeste. A diferencia de Villagra, Sotomayor ahora sí fue el español
que hizo girar en 180º el eje de articulación del espacio imperial (ver mapa 3).
Cuyo quedó incorporado a este espacio imperial español con su nuevo eje
de este a oeste, y su matriz atlántica, cuando desde Córdoba Sotomayor entró
en el Corregimiento de Cuyo por San Juan de la Frontera y preparó en Mendoza
el cruce de la cordillera por el paso de Uspallata. Luego, dado el fracaso de la
fortificación del Estrecho, la ruta de Sotomayor adquirió importancia en el
esquema de la defensa del Perú. Luego, cuando los araucanos se levantaron
sobre fines del siglo XVI y se planteó la posibilidad de que pudiesen ser los
aliados de los enemigos europeos de España, los consejeros usaron la ruta de
Sotomayor para enviar soldados a Chile.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
10
En esta configuración del espacio imperial, veamos cuál fue el impacto que
tuvo la extracción de huarpes que, como vimos, constituía la característica
sobresaliente del espacio colonial. La relación con el esquema defensivo imperial
es que la extracción hacía que hubiese pocos pobladores y la escasa población,
lógicamente, deprimía la producción de alimentos. A su vez, había pocos
recursos para alimentar a las tropas que llegaban con rumbo a Chile. Había otra
ruta hacia Chile, que era la tradicional por Tierra Firme, pero había sido un dolor
de cabeza. Por empezar, en España las naves embarcaban productos que iban al
contrabando usando como pantalla la excusa de que embarcaban pertrechos
para los soldados. En América, los soldados desertaban en el camino. Y para
peor, muchos eran retenidos en Lima por las autoridades esgrimiendo alguna
que otra urgencia como defender sus propios territorios. Parecía entonces que el
corredor abierto por Sotomayor salvaría esos inconvenientes.
Sin embargo, las condiciones locales pronto mostraron ser determinantes.
Había escasez de comida y de españoles para ayudar. A principios del siglo XVII,
en efecto, la llamada expedición de los Mil Hombres del general Alonso de
Mosquera que iba rumbo a Chile por la ruta de Sotomayor tuvo varios
inconvenientes para hacerse con los alimentos imprescindibles en Mendoza. La
derrama para ganado, vino y trigo encontró muy pocos vecinos establecidos con
suficiente patrimonio. Los encomenderos, ya lo dijimos, residían en Chile. La
expedición de Mosquera encima llegó con retraso y no pudo llegar antes de que
el invierno cerrase la cordillera. Tanto desde Santiago como desde Córdoba se
debió mandar ganado y otros recursos alimenticios, pero debió ser penoso
aunque no tenemos las actas de esa fecha para poder aportar registro
documental. Desde entonces, el Consejo de Indias comprendía que la
encomienda sin residencia atentaba seriamente para la instalación de españoles
en Cuyo y que esto, a su vez, atentaba seriamente en la estrategia defensiva si
es que iba a usarse la ruta de Sotomayor para enviar recursos desde la península
a Chile. Había que tener vecinos que pudiesen sostener el peso del envío de esos
soldados en ruta hacia la frontera araucana (Gascón 2007).
No contar con vecinos encomenderos en Cuyo era parte de una
contradicción dentro del seno mismo de la defensa del espacio imperial porque la
situación de los encomenderos que residían en la otra vertiente de la cordillera,
pero tenían su encomienda en Cuyo, era sólo parcialmente ilegal. Incluso, fue
parte de la articulación de Santiago a un espacio imperial que hasta ese
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
11
momento se centraba en el control de la Araucanía. Había sido el gobernador
Pedro Osorez de Ulloa (1554-1624) quien había autorizado a los encomenderos a
desobedecer el requisito de residencia si los vecinos a cambio ayudaban con la
alimentación del ejército en la frontera. Una autorización se había dado también
durante el gobierno de García Oñez de Loyola (Jara 1981:94-123). Pero eran
medidas contrapuestas a las disposiciones reales; por ejemplo, un decreto del 29
de junio de 1619 recordaba la obligación de residir donde se tuviese la
encomienda. No obstante, los gobernadores privilegiaban la situación de la
frontera interétnica. El razonamiento era que si Santiago debía afrontar el peso
de la defensa, algunas excepciones eran justas.5 Y de hecho era cierto que, en
las precarias condiciones demográficas de Santiago y ante las dificultades de
ayudar al ejército en el sur, los gobernadores debían favorecer la instalación de
colonos que aumentaran la producción y el comercio. Dejarles llevar la mano de
obra indígena desde Cuyo para que se cumpliese con ese objetivo parecía ser
una respuesta adecuada ya que los beneficios finales para la corona
sobrepasaban ampliamente la consigna de respetar las leyes.
Pero el despoblamiento de huarpes iba más allá del incumplimiento de las
leyes ya que ningún español quería vivir donde no hubiesen indios produciendo
riqueza para ellos, de modo que la extracción de huarpes resolvía dificultades en
Santiago al favorecer la instalación de españoles, pero afectaba a los residentes
cuyanos. Los de Santiago habían procurado que la situación se volviese legal y
en 1604 dos personas fueron comisionadas para gestionar ante las autoridades
virreinales con el objetivo de se pudiesen alquilar los huarpes “como cada uno
pudiese y fuese el servicio y que en esto hubiese libertad”.6 Para entonces, se
rentaban con una ganancia anual del doble de un tributo regular dentro del
sistema de encomiendas. Mejor todavía era que ese dinero se recibía por
adelantado. En 1607, el protector de huarpes, el capitán Gregorio Serrano, se
quejaba por la desmesura de las extracciones en medio de discusiones sobre
cómo compatibilizar las órdenes de residencia con las necesidades de Santiago.
Al año siguiente se nombró a un nuevo protector, el capitán Tomás Núñez
5
Expediente 1628, Archivo Nacional de Chile, Real Audiencia, folio 111.
6
Acta del 13 de agosto de 1604, Actas del Cabildo de Santiago de Chile (en adelante
ACCH), tomo XXI.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
12
Ramírez y a mediados de junio del año siguiente asumió otra persona.7 Los
cambios de personas poco cambiaron la situación que dejaba consecuencias
demográficas. En Santiago, para 1614, el 37 por ciento de los indígenas que
vivían en los suburbios eran huarpes, según el cronista Vázquez de Espinosa
(Jara 1956:185, 199, 204). El resentimiento de quienes vivían en Cuyo hizo que,
en 1632, los sanjuaninos se rebelaran contra el gobierno, negándose a contribuir
con la guerra en Arauco si no se frenaba la extracción de indios. (Cahiza et al.
2008).
La necesidad de asegurar la defensa del Mar del Sur después de la
experiencia de Drake, utilizando ahora la ruta de Sotomayor para llevar auxilio al
sur de Chile, colocó a Cuyo en el espacio imperial. Y se necesitaba de una
Mendoza poblada. Esto era claro en el Consejo desde comienzos del siglo XVII
cuando en 1600 la Junta de Guerra había decidido el envío de un ejército
profesional a Chile tras la rebelión araucana de 1598-1599. Sería un ejército de
unas dos mil plazas y se financiaría con un situado de las Cajas peruanas. Fue en
ese momento que se organizó la expedición de los Mil Hombres guiados por el
general Mosquera. La decisión se basaba en la necesidad de asegurar el Mar del
Sur frente a la creciente presencia de navíos holandeses y los indígenas
rebelados eran los aliados disponibles para los enemigos europeos. Con ayuda de
los nativos, los holandeses podían instalarse en la Araucanía y, desde allí, atacar
a los centros peruanos o a la ruta de la plata desde Arica a Tierra Firme, como
había hecho Drake.
En España, asegurar el sur chileno era visto como fundamental, teniendo
todavía muy fresco el recuerdo de Drake y teniendo muy a la vista los galeones
holandeses. En 1599 fueron Simón de Cordes y Oliverio Van Noort quienes
hicieron sonar las alarmas cuando cruzaron el Estrecho en lo que fue el comienzo
de una seguidilla de exitosas expediciones holandesas que se reabastecían en las
islas de La Mocha (como lo había hecho Drake) o en la isla de Juan Fernández.
La defensa del Mar del Sur continuaba manteniendo la configuración del espacio
que incorporó a Cuyo en 1580. En la primera parte del siglo XVII, condiciones
coloniales que veremos seguidamente se sumaron al proceso que consolidó la
configuración del espacio imperial.
7
Actas del 25 de noviembre de 1607 y del 19 de septiembre de 1608, ACCH, tomo XXI V.
Acta del 22 de junio de 1612, ACCH, tomo XXIV.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
13
LA CONSOLIDACIÓN DE LA CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO IMPERIAL
Varias situaciones locales actuaron en la consolidación del espacio
imperial. Una que referimos es el clima ya que no siempre ha sido visto como un
actor en la historia. En Cuyo, las fluctuaciones climáticas actuaron favoreciendo
una configuración del espacio y nos interesa en particular lo que sucedió con el
Valle de Uco, que incluía a las zonas del valle de Xaurúa (en el actual
departamento de Tupungato) y de Llacorón (en el actual departamento de San
Carlos). Hay relaciones de la articulación de esta zona al sur de la capital de
Mendoza con la apertura de la ruta por San Luis. Ya dijimos que la ruta por San
Luis articulaba al Atlántico con el Pacífico desde finales del siglo XVI cuando el
gobernador chileno vio la necesidad de una ruta más directa hacia el puerto, que
la ruta que había abierto Sotomayor vía Córdoba.
La articulación de Uco al espacio imperial, con eje en la ruta por San Luis y
en referencia al clima, tuvo lugar en las primeras décadas del siglo XVII cuando,
coincidiendo con dos El Niño muy fuertes en 1630 y 1631, hubo un aumento en
las precipitaciones. Era justo cuando los gobernadores en Santiago querían
tierras para parientes y colaboradores.8 Estas tierras de Uco servían como
potreros de engorde y de invernada del ganado que se traía desde las pampas
del sur de Córdoba y de Buenos Aires con destino en los mercados de Santiago y
para el ejército de la frontera araucana. Los datos anteriores a 1630 sobre la
posesión de las tierras y sobre lo que sucedió con los nativos son escasos y
fragmentarios. Sin embargo, permiten registrar la evolución y marcar la
articulación en el espacio imperial hacia 1630. Una de las primeras encomiendas
en Uco se le había concedido a Diego de Velasco en 1563 (Medina 1957:427-
428; Espejo 1967) y lo llamativo del caso es que se trata de un apellido ligado a
la historia colonial temprana de la provincia del Tucumán. Posiblemente
tengamos un paralelo con lo que ocurría con la entrega de encomiendas y
mercedes en el valle de Uspallata. Igual de hipotético es que esto pueda ser un
rastro, tenue, de la conexión temprana (¿incaica?) que existía entre Uspallata y
Uco. Luego, hubo una visita de los jesuitas a Barracas y Uco, ayudados en su
manutención por el capitán José de Montes, quienes informaron hallar a la
8
Documento 81, volumen 123; documento 82, volumen 1892; y documento 847,
volumen 696, Archivo Nacional de Chile, Real Audiencia.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
14
población nativa muy disminuida y algo de ganado de los españoles pastando en
la zona (Enrich 1891:281-283). En 1620 la ocupación de esta periferia está
repartida entre civiles y religiosos. “Uco” figuraba como encomienda de Manuel
González Farías y como parte de la estancia jesuítica de “La Arboleda” (Enrich
[Link].:424).
La incorporación de Uco al espacio imperial ya sobre la década del 30 se
daba sobre la base del despoblamiento indígena y de las demandas por
mercedes que permitían traer ganado desde las pampas al este. El eje de
configuración espacial ahora correspondía a una circulación de bienes en sentido
este-oeste. Esta circulación consolidaba el espacio imperial en la medida en que
los requerimientos de ganado surgían de la decisión que había tomado España de
dejar el ejército profesional a la altura del río Bíobio a principios del siglo XVII.
Había que alimentar a un ejército de alrededor de dos mil plazas más indios
amigos. Dado que España veía a Chile como su pieza fundamental en la defensa
del Mar del Sur, el ejército en la frontera araucana vigilaba las acciones de los
nativos y mantenía una presencia del imperio en un área despoblada de
españoles; o sea, en un área que podía servir de asentamiento a algún enemigo
europeo. Mantener el ejército en la Araucanía sostuvo la demanda por ganado y
de otros recursos que llegaban por la ruta desde las pampas a San Luis y que
aprovechó las condiciones óptimas del Valle de Uco para engorde de animales y
pasaje cordilleranos por el Paso del Portillo de los Piuquenes. El espacio imperial
en el cual se incorporó el Valle de Uco comenzó a configurarse a finales del siglo
XVI. Mendoza se volvió central a la hora de la preparación del ejército para el
cruce. Luego fue Uco que se articuló como zona de recursos naturales. Y esto se
mantuvo prácticamente igual hasta 1680 en que hubo cambios en el espacio
imperial que estaban promovidos por otros peligros por los avances portugueses
en el Río de la Plata.
CONCLUSIÓN
Elaboramos la noción de un espacio imperial donde regiones periféricas se
articulan en función de las necesidades defensivas para un amplio territorio del
virreinato peruano. En esa configuración, Cuyo quedó articulado al contener las
rutas terrestres a Chile. Asimismo, los elementos locales referidos a los recursos
naturales y humanos pusieron condiciones a la forma en que se fue consolidando
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
15
este espacio. El proceso tuvo como punto inicial 1580. En torno a la estrategia
defensiva implementada tras la perforación que hizo Drake del dominio español
del Mar del Sur, la expedición de Sotomayor fue para Cuyo el acontecimiento
clave de la articulación de San Juan y Mendoza. Como periferias, habían sido los
lugares a donde los españoles de otras jurisdicciones habían llegado en busca de
recursos. Decidido por España que Cuyo fuera un corregimiento, los de Santiago
apuraron estas dos fundaciones para garantizarse el seguir sacando recursos.
Esto después afectaría la estrategia de la corona cuando Cuyo pase a formar
parte del espacio imperial diseñado para la defensa del Perú.
La fundación de San Luis en 1594 la vimos en función ya de un espacio
imperial que daba sostén a una ruta más corta y rápida que la que había
establecido Sotomayor vía Córdoba, para unir el Mar del Sur con España, sin
cruzar por el Estrecho de Magallanes y sin usar la ruta de Tierra Firme. Esta ruta
puso un nuevo eje de articulación que pasaba por una periferia dentro de Cuyo.
Se trata del Valle de Uco por donde se puede cruzar la cordillera por el paso del
Portillo de los Piuquenes. El que ya no hubiese nativos prácticamente, el que
hubiese un clima favorable y el que un mercado trasandino estuviese ávido de
comida se combinaron cómodamente para que este espacio periférico pasase a
consolidar la configuración del espacio imperial.
Para la corte española, a fines del siglo XVI Cuyo era una remota periferia
imperial en el confín sur del Perú, pero se volvió relevante precisamente por el
valor de contener a esas rutas que vinculaban el Atlántico con el frente del
Pacífico del virreinato. A principios del siglo XVII, como señalamos, asegurar el
sur de Chile tras la rebelión nativa de 1598-1599 aceleró un proceso de
configuración del espacio imperial destinado a evitar que los enemigos de Europa
se estableciesen en el sur de Chile. A las rutas por Cuyo se sumaron las
demandas de recursos naturales para el ejército que se estableció en la frontera
con el Bíobio. Entonces se cimentó una configuración espacial que se mantuvo
prácticamente sin variaciones hasta 1680 en que los avances decididos de los
portugueses hacia el Río de la Plata orientan la mirada de la corona hacia la boca
de entrada de la ruta de Sotomayor.
En suma, Cuyo quedó dentro de un espacio imperial debido a una
estrategia defensiva que comenzó con la protección de las rutas marítimas por el
Mar del Sur tras Drake y frente a las amenazas holandesas. La estrategia
defensiva de España descansaba en las rutas terrestres de unión del frente
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
16
atlántico con el frente pacífico del virreinato del Perú por la última periferia
austral, que iba desde Buenos Aires a Santiago. Para fortuna de los Habsburgos
españoles, la apertura de estos corredores terrestres entre un océano y otro
revirtió la imposibilidad de la defensa del Mar del Sur con fortificaciones en el
mismo Estrecho. Dada esta situación imperial sobre fines del siglo XVI, lo que
pasaba localmente en Chile tenía importancia. Las encomiendas sin residencia en
Cuyo, por ejemplo, o la revuelta araucana en el sur chileno lejos de ser episodios
locales debían pasarse por los filtros imperiales en la medida en que se
necesitaba conocer cómo podían afectar a la defensa del Perú. En otras palabras,
en el Consejo, estos asuntos coloniales eran evaluados porque podían alterar
seriamente las estrategias defensivas para Hispanoamérica.
BIBLIOGRAFÍA
BIBAR, Gerónimo de 1966 Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos
de Chile. Tomo II, Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina. Copia de la
Newberry Library de Chicago, disponible online en [Link].
CAHIZA, Pablo y María José OTS 2002-2005 “La presencia Inka en el extremo sur
oriental del Kollasuyo”, Xama: 217-228.
CAHIZA, Pablo, Jorge García Llorca y Juan Pablo Aguilar 2008 “Aportes para el
análisis de la configuración del espacio colonial temprano de Valle Fértil, San
Juan”, Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana 2: 79-114.
CANALS FRAU, Salvador 1945 "Etnología de los Huarpes", Anales del Instituto de
Etnografía 8: 9-147.
CANALS FRAU, Salvador 1943 “Algunos datos documentales sobre la primitiva
San Luis”, Anales del Instituto de Etnografía Americana IV.
CHACA, Dionisio 1941 Tupungato. Buenos Aires, Del Autor.
COMADRAN RUIZ, Jorge 1969 Evolución demográfica argentina durante el
período hispano. Buenos Aires, Eudeba.
CUETO, Adolfo 1989 "La legislación hispánica sobre tierras y su vigencia en la
Mendoza colonial, siglos XVI-XIX", Revista de Estudios Regionales 3: 65-108.
DE BISCAY, Acarate, Voyage up the River de la Plata. Publicado en francés en
1672, en inglés en 1698; disponible online en [Link].
ENRICH, Francisco 1891 Historia de la Compañía de Jesús en Chile.
Barcelona, Rosal.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
17
ESPEJO, Juan Luis, ed. 1954 La Provincia de Cuyo del Reino de Chile. Tomo I,
Santiago, Universitaria.
ESPEJO, Juan Luis 1967 Nobiliario de la Capitanía General de Chile.
Santiago, Andrés Bello.
GASCÓN, Margarita y César CAVIEDES 2010 “Trazas de la Pequeña Edad Glacial
en el extremo sur de Sudamérica (1618-1810)”, Proceedings del Sexto Congreso
del International Center of Earth Sciences, E-ICES 6, Malargüe.
GASCÓN, Margarita 2007 Naturaleza e Imperio. Araucanía, Patagonia, Pampas,
1598-1740. Buenos Aires, Dunken.
GEZ, Juan 1910 Historia de San Luis (publicada originalmente en 1910);
disponible online en [Link].
HERRERA de Flores, Marta 1997 Tierra y propiedad en la Mendoza colonial.
Mendoza, Ediciones culturales.
JARA, Alvaro 1956 “Importación de trabajadores indígenas en el siglo XVII",
Revista Chilena de Historia y Geografía 124:177-213. Santiago.
JARA, Alvaro 1959 Los asientos de trabajo y la provisión de mano de obra para
los no-encomenderos en la ciudad de Santiago, 1586-600. Santiago, Universidad
de Chile.
JARA, Alvaro 1981 Guerra y Sociedad en Chile. La transformación de la guerra de
Arauco y la esclavitud de los indios. Santiago, Universitaria.
LEVILLIER, Roberto 1945 Guerras y conquistas en Tucumán y Cuyo. Fundación
de Mendoza, San Juan, San Miguel de Tucumán y Córdoba por españoles de
Chile y Charcas. 1554- 1574, Colección de publicaciones históricas de la
Biblioteca del Congreso Argentino, Buenos Aires, Porter Hermanos.
MARIÑO de LOVERA, Pedro 1960 Crónica del Reino de Chile. Madrid, Atlas; y
“Crónica del Reino de escrita por el capitán D. Pedro Mariño de Lobera, dirigida al
Excelentísimo Sr. D. García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Vicerrey y
Capitán General de los Reinos del Perú y Chile, Reducido a Nuevo Método y
Estilo por el Padre Bartolomé de Escobar de la Compañía de Jesús”, en Biblioteca
de Autores Españoles. Tomo 131, Crónicas del Reino de Chile: 226-325. Madrid,
Maribel.
MORALES GUIÑAZÚ, Fernando 1938 Primitivos habitantes de Mendoza. Mendoza,
Best.
MEDINA, José Toribio 1957 Colección de documentos inéditos para la historia de
Chile. Tomo XIV, Santiago, Fondo histórico y bibliográfico José Toribio Medina.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
18
MICHIELI, Catalina 1983 Los Huarpes Protohistóricos. San Juan, Universidad
Nacional de San Juan.
PRIETO, María del Rosario y Roberto HERRERA 1998 “Southernmost South
America climate and glaciers in the 16th century through the observations of
Spanish navigators”, en Jorge Rabasa y Mónica Salemne, Quaternary of South
America and Antartic Peninsula: 153-178. Rotterdam, Balkema.
PRIETO, María del Rosario 1989 "La frontera meridional mendocina durante los
siglos XVI y XVII", Xama 2: 117-131.
ROA y URSÚA, Luis 1945 El Reino de Chile, 1535-1810. Valladolid, Cuesta.
SARMIENTO de GAMBOA, Pedro (1532?-1608?) Narratives of the voyages of
Pedro Sarmiento de Gambóa to the straits of Magullan. Londres, Hakluyt Society,
Report for 1894, disponible online en [Link].
SEEP, Anthony y Anthony BEHME 1728 [1697], Account of a Voyage from Spain
to Paraquaria; London, Churchill; disponible online en [Link].
VILLALBA, Ricardo 1994 “Tree-rings and glacial evidence of the Medieval Warm
Epoch and the Little Ice Age in Southern South America”, Climatic Change 30: 1-
15.
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309
19
Revista TEFROS – Vol. 9 – Agosto 2011. Copyright © 2005 – Registro de la Propiedad Intelectual Nº 617309