Nombre del catedrático:
Abog. Thania Lizzeth Aguilar Ponce
Nombre del alumno:
Josselin Carolina Cano Castellón
201710030021
Asignatura:
Derechos Humanos
Trabajo asignado:
análisis sobre el caso de violencia de género. Modulo 8.
INTRODUCCION:
El tema que será mostrado en este informe es el: Tortura post-masacre en contra de la
mujer no tanto acerca de la masacre, si no más bien enfocado en la violencia sexual
que los agentes del Estado peruano infligieron en violencia física y psicológica y seria
que, en su conjunto, constituyó tortura en las sobrevivientes de la masacre (además de
otras formas de violencia). Elegí este tema porque creo que es muy fuerte y me
estremecí leyéndolo, además de los demás relatos en el modulo 8.
OBJETIVO GENERAL:
En este documento, se señala que “la persona nunca es tan vulnerable como cuando
se encuentra desnuda y desvalida y es abusada.
OBJETIVO ESPECIFICO:
Evidencializar, visibilizar y reconocer la situación de la violencia de genero y sexual,
también revelando los avances, como las medidas para responder a los rezagos por
parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Para entender la parte explicativa de la violencia sexual Tortura post-masacre es
importante antes, comenzar describiendo que Las bases temáticas del caso del Penal
Miguel Castro Castro vs. Perú, son sumamente importantes no solo para la región. Por
un lado, al revisar una amplia gama de prácticas de tortura tanto en hombres como en
mujeres prisioneras, este caso es sin duda uno de los más importantes en materia de
derechos de las personas privadas de libertad en los anales de litigación internacional
ante un tribunal de derechos humanos. (pág. 3) Muchas de estas prácticas de tortura
(tales como los golpes de falanga o el uso de perros entrenados y sin bozal contra
personas privadas de libertad en estado de indefensión) nunca antes habían sido
objeto de jurisdicción contenciosa ante un tribunal de derechos humanos.
Violencia sexual
En este caso que podemos decir que es muy grave y emblemático en el sentido
tortuoso y violencia de género, basándose en la jurisprudencia internacional, la Corte
reconoció correctamente que “la violencia sexual se configura con acciones de
naturaleza sexual que se cometen en una persona sin su consentimiento, que además
de comprender la invasión física del cuerpo humano, pueden incluir actos que no
involucren penetración o incluso contacto físico alguno.
En el caso Fiscalía v Akayesu ante el TPIR, el fiscal acusó a Akayesu de asesinatos y
agresiones sexuales cometidos en contra de residentes tutsis durante 1994. La Sala
consideró que, a pesar de su posición de mando, Akayesu no hizo nada para evitar las
agresiones sexuales cometidas ni para castigar a los autores. Por el contrario, facilitó y
alentó la comisión de estos actos y por tanto fue declarado penalmente responsable.
En cuanto a la definición de violación y violencia sexual dentro del DPI, Akayesu fue el
primer caso que reconoció el elemento coercitivo del delito. Como punto de
partida, Akayesu definió el delito de violación como una “una invasión física de
naturaleza sexual, cometida sobre una persona en circunstancias
coercitivas”. Posteriormente, en el caso Furundzija, el TPIY complementó esta
definición y desarrolló una definición técnica que incluye la comisión de actos físicos de
penetración sexual contra la víctima. Luego, en el caso Kuranac, el mismo Tribunal
aclaró que la oposición de resistencia por parte de la víctima contra el agresor no es un
criterio necesario para que se configure una violación.
Por último, en Muhimana, al realizar un análisis de la jurisprudencia del TPIY y del
TPIR se concluyó que la definición conceptual que fue originalmente planteada en el
caso Akayesu ya incorporaba las aportaciones señaladas en el caso Kuranac. El TPIR
afirmó que mientras que “Akayesu se refería en términos generales a una “invasión
física de naturaleza sexual”, Kunarac pasó a articular los parámetros de lo que
constituiría una invasión física de naturaleza sexual equivalente a una violación”. Sobre
esta base, “la Sala hace suya la definición conceptual de violación establecida en
Akayesu, que engloba los elementos expuestos en Kunarac”
Desde la creación del TPIR y el TPIY, la adopción del Estatuto de Roma se reconoce
como el siguiente avance significativo en el desarrollo de la violencia sexual en el DIH,
su adopción simbolizó un hito crucial en el camino hacia la superación de la desigual e
insuficiente regulación de la violencia sexual en el derecho internacional. La expedición
del estatuto fue extremadamente importante en su momento, no solo porque fue el
documento fundacional de la CPI, sino también porque categorizó consecuentemente
la violencia sexual como crímenes de guerra.
El desnudo forzado como forma de violencia sexual contra la mujer:
La Corte constató, por ejemplo, que todos los heridos conducidos al hospital de la Policía en
condiciones deplorables, fueron sometidos a un prolongado período de desnudez forzada -al
mismo tiempo de estar resguardados por agentes armados-, y que esto fue un trato violatorio de
su dignidad personal. En lo referente a las mujeres que se encontraban en esa situación, el
tribunal consideró que en ellas “esta desnudez forzada tuvo características especialmente graves”
La violencia sexual, en sus diversas manifestaciones, constituye una grave afectación a
los derechos a la integridad, la salud y a vivir una vida libre de violencia reconocidos en
los tratados de derechos humanos y, en el caso de las mujeres, en la Convención
Belém do Pará. Además, tiene consecuencias físicas, emocionales y psicológicas
devastadoras que se ven agravadas en los casos en los que se encuentren
detenidas (Corte Interamericana de Derechos Humanos, Penal Miguel Castro Castro
vs. Perú.
A pesar de ello, su uso por agentes estatales en períodos de conflicto es una práctica
común que ha sido reconocida y sancionada por la Corte Interamericana de Derechos
Humanos. De hecho, en el caso Penal Miguel Castro Castro vs. Perú, la Corte señaló
que: “la violencia contra la mujer en el caso incluyó violencia sexual de varios tipos.
Esta violencia no se limitó a violación sexual, sino que las mujeres fueron sometidas
una gama más amplia de violencia sexual que incluyó actos que no envolvían
penetración o contacto físico, otras formas de violencia sexual incluyeron amenazas de
actos sexuales, manoseos, insultos con connotaciones sexuales, desnudo forzado,
golpes en los senos, entre las piernas y glúteos, golpes a mujeres embarazadas en el
vientre y otros actos humillantes y dañinos que fueron una forma de agresión sexual”
Así, en estos contextos, estos hechos se fundamentan en una estructura patriarcal en
el que el cuerpo de las mujeres es considerado un objeto de disputa en el que se
proyecta el control y se reafirma el poder. Entonces, además de las relaciones sexo-
género existentes, se muestra otra relacionada al poder que el Estado, a través de las
fuerzas del orden, ejerce sobre las personas. De este modo, el hecho de que sea una
autoridad, en ejercicio de esa atribución, la que somete y vulnera los derechos de una
ciudadana hace ineludible la responsabilidad estatal sobre estos actos.
En la misma línea, la violencia sexual contra la mujer en particular “implicaría un
simbolismo que trasciende a la propia mujer y que se representa sobre lo colectivo, en
la medida en que la violación sistemática y la vejación incorpora un significado de
humillación generalizada al colectivo social sobre el que tiene lugar”
De este modo, la comisión de estos hechos por agentes estatales tiene como trasfondo
instrumentalizar el cuerpo de la mujer para dar un mensaje y lección a la sociedad.
Ahora bien, por las características de estos hechos, es probable que puedan ser
calificados como tortura. De acuerdo con la Corte Interamericana, en atención a la
Convención Interamericana para prevenir y sancionar la tortura, un acto puede ser
considerado como tortura si:
es intencional
causa severos sufrimientos físicos o mentales, y
se comete con determinado fin o propósito”
De lo señalado por las víctimas, podemos evidenciar que la exigencia a que se
desnuden es un acto deliberado cometido por los y las agentes policiales que las
detuvieron en la comisaría de Alfonso Ugarte y la Dirincri respectivamente. Asimismo, la
desnudez forzada ha sido reconocida en el Protocolo de Estambul como el acto inicial
de tortura sexual.
En este documento, se señala que “la persona nunca es tan vulnerable como cuando
se encuentra desnuda y desvalida.
La desnudez aumenta el terror psicológico de todos los aspectos de la tortura pues
abre siempre la posibilidad de malos tratos, violación o sodomía.
Para la mujer el toqueteo es traumático en todos los casos y se considera tortura,
respecto a la finalidad, la Corte Interamericana ha señalado que, en el caso de
personas detenidas, la tortura configura un castigo adicional al de la privación de la
libertad.
El Estado tiene una posición de garante:
Sumado a ello, no debemos olvidar que el Estado tiene una posición de garante de los
derechos fundamentales, más aún cuando las personas están totalmente sujetas a su
control, como sucede cuando están detenidas. Así, la Corte Interamericana, en el
caso J. vs Peru, ha afirmado que “en casos donde las víctimas alegan haber sido
torturados estando bajo la custodia del Estado, el Estado es responsable, en su
condición de garante de los derechos consagrados en la Convención, de la
observancia del derecho a la integridad personal de todo individuo que se halla bajo su
custodia”
De la misma manera, en la Observación Nº02 del Comité de Naciones Unidas contra la
tortura, se señala que “la obligación del Estado de impedir la tortura también se aplica a
todas las personas que actúen, de jure o de facto, en nombre del Estado Parte, en
colaboración con éste o a instancia de éste”.
Al respecto, recalcamos que la obligación de prevenir e impedir que estos hechos
sucedan, así como de investigar y sancionar cuando ocurren, se encuentra reforzada
cuando sus operadores/as se encuentran involucrados.
En la misma Observancia, se señala que la obligación de investigar y sancionar se
extiende, además de los autores directos, a la cadena jerárquica.
Esto se debe, entre otros, a que la tortura es una práctica prohibida de manera
absoluta, de modo tal que no puede ser justificada en ningún caso y los agresores no
pueden eludir responsabilidades. En razón a ello, tras las denuncias realizadas por
estas jóvenes, nuestra atención debe estar puesta en el proceso judicial y disciplinario
que se deberá seguir para sancionar a los integrantes de la policía que realizaron,
conocieron y consintieron el desnudo forzado practicado a estas mujeres.
La representación del grupo mayoritario de víctimas recalcó que ya la jurisprudencia del
Tribunal Internacional Criminal para Ruanda en el caso Akayesu había definido
“violación sexual” como: “una invasión física de naturaleza sexual, cometidas en una
persona en circunstancias que son coercitivas”. Dicho tribunal además notó “que
mientras violación sexual ha sido históricamente definida en las jurisdicciones
nacionales como relaciones sexuales no consentidas, variaciones en la forma de
violación sexual pueden incluir actos que envuelven la inserción de objetos y/o el uso
de orificios del cuerpo no considerados intrínsicamente sexuales.
Estos procesos deberán estar sujetos a los estándares de derechos humanos para la
investigación de casos de tortura, así como de violencia contra la mujer. En relación a
ello, para hechos de violencia sexual, se deberá garantizar lo siguiente:
que la declaración de la víctima se realice en un ambiente cómodo y seguro, que
le brinde privacidad y confianza
se evite o limite la necesidad de la repetición de las declaraciones de la víctima
se brinde atención médica y psicológica a la víctima
se realice inmediatamente un examen médico y psicológico completo y detallado
por personal idóneo y capacitado
se documenten y coordinen los actos investigativos y se maneje diligentemente
la prueba
se brinde acceso a asistencia jurídica gratuita
(Corte Interamericana de Derechos Humanos, J. vs Perú)
En relación con lo anterior, es preciso enfatizar que dicha desnudez forzada tuvo
características especialmente graves para las seis mujeres internas que se ha
acreditado que fueron sometidas a ese trato. Asimismo, durante todo el tiempo que
permanecieron en este lugar a las internas no se les permitió asearse y, en algunos
casos, para utilizar los servicios sanitarios debían hacerlo acompañadas de un guardia
armado quien no les permitía cerrar la puerta y las apuntaba con el arma mientras
hacían sus necesidades fisiológicas.
El Tribunal estima que esas mujeres, además de recibir un trato violatorio de su
dignidad personal, también fueron víctimas de violencia sexual, ya que estuvieron
desnudas y cubiertas con tan solo una sábana, estando rodeadas de hombres
armados, quienes aparentemente eran miembros de las fuerzas de seguridad del
Estado.
Lo que califica este tratamiento de violencia sexual es que las mujeres fueron
constantemente observadas por hombres. La Corte, siguiendo la línea de la
jurisprudencia internacional y tomando en cuenta lo dispuesto en la Convención para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, considera que la violencia
sexual se configura con acciones de naturaleza sexual que se cometen en una persona
sin su consentimiento, que además de comprender la invasión física del cuerpo
humano, pueden incluir actos que no involucren penetración o incluso contacto físico
alguno.
La Corte hace notar el contexto en el que fueron realizados dichos actos, ya que las
mujeres que los sufrieron se hallaban sujetas al completo control del poder de agentes
del Estado, absolutamente indefensas, y habían sido heridas precisamente por agentes
estatales de seguridad.
También es preciso señalar que el cadáver de la interna Julia Marlene Olivos Peña
presentaba “signos visibles de tortura” Esta circunstancia muestra la violencia
extrema con que los agentes estatales actuaron durante el “operativo”
El ataque inició contra el pabellón de mujeres 1A del Penal Miguel Castro Castro.
En cuanto a la intervención y estudio de este suceso por parte de la Corte, constituye
un paso importantísimo dado que, en primer lugar, la competencia de la Corte para
vigilar el cumplimiento de la Convención de Belem do Pará no es expresa. Recordemos
que, en su artículo 11, esta Convención otorga a los Estados parte y a la Comisión la
facultad de requerir a la Corte una opinión consultiva sobre su interpretación, pero no
se manifiesta sobre su jurisdicción contenciosa. Más importante aún, según el artículo
12 de ese mismo tratado, la Comisión puede recibir peticiones que contengan
denuncias o quejas de violación del artículo 7 de la Convención de Belem do Pará. En
ese caso, la Comisión las considerará de acuerdo con las normas y requisitos de
procedimiento para la presentación y consideración de peticiones. Este artículo
tampoco menciona algo sobre la jurisdicción de la Corte para ver estos casos.
La Corte también contribuyó al tratamiento de la violación sexual en el sistema
interamericano. Al analizar las inspecciones vaginales dactilares a las que fue sometida
una de las reclusas por varios agentes encapuchados, la Corte estableció que dichas
inspecciones, de acuerdo al derecho penal internacional y derecho penal comparado,
constituyen violación sexual.
Ello porque la violación sexual no implica necesariamente una relación sexual sin
consentimiento, por vía vaginal.
También incluye actos de penetración vaginal o anal, sin consentimiento de la víctima,
mediante el uso de otras partes del cuerpo del agresor u objetos, así como la
penetración bucal mediante el miembro viril.
Sin embargo, la Corte da todavía un paso más adelante, no solo catalogando esta
conducta como violación sexual, sino al considerarla como tortura por infringir el
artículo 2 de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura.
Ello va de acuerdo con lo ya establecido en jurisprudencia internacional y con lo
establecido también por la Comisión Interamericana, quien ya había establecido que la
violación sexual constituía tortura en el caso ya antes mencionado.
Por otro lado, también se dan avances en el tratamiento de la violencia sexual en el
sistema interamericano. La Corte encontró que la desnudez a la que se sometió a las
mujeres y su constante observación por los varones aún cuando tenían que ir al baño
constituía no solo una violación de la dignidad personal, sino también violencia sexual.
La Corte determina que las violaciones a los derechos ocurridas durante el operativo
Mudanza 1 constituyen crímenes de lesa humanidad La Corte da un paso sin
precedentes no solo para la justicia de género, sino también para el juzgamiento de
crímenes de lesa humanidad en el sistema interamericano.
En la actualidad, diversos países, entre ellos el Perú, no juzga determinados delitos
como crímenes de guerra o de lesa humanidad porque dicha tipificación no existía en el
Código Penal al momento en que ocurrieron los hechos.
De esta manera, muchos de los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante el
conflicto armado interno peruano no pueden ser juzgados como tales, sino que eran
investigados y sancionados de acuerdo al tipo penal existente con el que tuvieran
mayor semejanza. Con ellos estaban sometidos al tratamiento de delitos comunes
sujetos a plazos de prescripción.
Opinión general del tema
Para los supervivientes de la tortura, las consecuencias sobre la salud mental pueden
durar toda una vida. Los refugiados y los solicitantes de asilo que han sufrido torturas
afrontan problemas adicionales: han experimentado profundas pérdidas e incluso
corren el riesgo de exponerse a otros traumas durante su huida a una zona más segura
y un nuevo país.
Muchos solicitantes de asilo también pierden el acceso a servicios básicos debido a las
leyes migratorias de sus nuevos países, esto en caso de huir. Menciono esto porque
muchas personas que han sido víctimas de violencia en su propio país por sus
autoridades, no les queda mas que desconfianza y dichas leyes pueden limitar su
acceso a servicios como la sanidad, el empleo y la vivienda y sobre todo protección.
En la actualidad, El procedimiento de búsqueda de ayuda, protección y justicia puede
ser “traumatizante” para los supervivientes de la tortura por sus propias autoridades y
demás victimarios y da temor de lo que pueda pasar al respecto.
Cuando un superviviente te cuenta su historia, hay un factor tuyo como testigo y otro
suyo como declarante de su experiencia.
Finalmente, es relevante agregar que es responsabilidad del Estado prevenir, sancionar
y erradicar la violencia contra las mujeres. A través de sus instituciones, debe
garantizar el acceso a la justicia de las víctimas; sin embargo, ¿cómo una mujer
agredida puede acudir a una entidad en la que se la cuestiona, no se le escucha y,
además, se la tortura?
Las comisarías y el sistema de justicia en general tienen la importante tarea de brindar
protección, auxilio y reparación a quienes lo requieran, en base al enfoque de género y
respetando en todo momento su dignidad.
El marco normativo contra la violencia no tiene ningún efecto si los funcionarios y
funcionarias no lo aplican. Entonces, lo que ha sucedido, en medio de una agitación
social, demuestra una vez más que las mujeres están expuestas a riesgos particulares
que objetivizan su cuerpo y menoscaban su participación ciudadana, fundado en
estereotipos discriminatorios que aún estamos lejos de superar. Frente a ello, la
respuesta estatal sigue siendo muy limitada y marcada por la estructura patriarcal.
La violencia afecta de manera diferenciada a mujeres y hombres según la edad. Las
denuncias de mujeres son en su mayoría por delitos sexuales, violencia doméstica e
intrafamiliar. Entre más jóvenes, las niñas y mujeres denuncian en mayor medida
delitos sexuales. A medida la edad incrementa, la violencia doméstica e intrafamiliar
acumulan la mayor cantidad de denuncias. 88 de cada 100 víctimas de delitos sexuales
son mujeres.
La violencia sexual es un alarmante problema de salud pública que afecta a la sociedad
en general, en este informe también se revisa la situación de esta problemática en
cuanto a su caracterización, incidencia y condiciones en las que se desarrolla esta
problemática.
Pienso en el impacto de esta problemática en la sociedad en su conjunto, así como en
la salud mental. Posteriormente analizo acciones importantes a considerar en el
abordaje de la prevención y eliminación de violencia sexual, entendiendo que la
problemática requiere de una intervención multisectorial, considerando aspectos
socioculturales, biosociológicos y jurídicos. Había escuchado y leído hace un tiempo
acerca de este caso y la violencia de genero que vivieron muchas mujeres y estando
algunas otras en estado de gestación, pero ya al trabajar en un análisis de ellos, me
deja perpleja y consternada de lo que vivieron las mujeres en ese entonces. El abuso
que sufrieron me parece doloroso, apenado y traumático e inhumano.
Asimismo, pienso entre las reacciones psicológicas se encontrarían estas mujeres, “las
pesadillas, recuerdos, depresión, dificultad para concentrarse, trastornos alimentarios,
fobias y baja autoestima. Además, entre las reacciones físicas estarían los riesgos en
cambios en patrones de alimentación o sueño, incremento de susceptibilidad,
inseguridad personal, preocupación por embarazos o contracción de ITS/VIH.
El impacto de la violencia sexual sería amplio en las personas: “Es importante resaltar
que la afectación y el daño físico, psicológico y emocional tienen un impacto a nivel
individual pero también a nivel comunitario y nacional.
Este impacto varía por diversos factores, entre los que se encuentran: el soporte social
frente al evento de agresión sexual, la edad del suceso, el tipo de abuso o violación
sexual y la intervención que reciba la persona agredida por el evento. Dentro del
impacto a nivel individual, se tienen las consecuencias psicológicas y físicas.