Celebración de la Palabra en Familia
para usarse durante la contingencia sanitaria
IV DOMINGO DE CUARESMA
De acuerdo con lo señalado por los Obispos de la Conferencia del
Episcopado Mexicano, y lo instruido por nuestro Arzobispo, el Carlos
Aguiar Retes, en torno a la dispensa para asistir a la celebración
eucarística dominical, en aquellas comunidades donde no sea posible por
razones sanitarias, ofrecemos el siguiente subsidio, con un esquema de
celebración de la Palabra para el IV Domingo del tiempo de Cuaresma,
que se pueda usar en el seno familiar, y que sirva a los fieles para
alimentarse de la Palabra de Dios. Cada familia podrá hacer las
adaptaciones pertinentes. Dirige la oración el Jefe (la Jefa) de familia.
Canto inicial
Caminaré en presencia del Señor. (2)
1. Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.
Invocación Inicial
V. En el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo.
R. Amén.
V. Dios Padre, que es fuente de bendición
para el hombre, nos conceda
estar en comunión con la fuerza del Espíritu,
en Cristo Jesús nuestro hermano.
R. Bendito seas por siempre, Señor.
Comentario para la disposición interior
Lector 1:
Hacemos silencio en nuestro interior, y disponemos nuestro
corazón, para escuchar la voz de Dios que nos habla en los
acontecimientos que vivimos, tanto en el mundo como en
nuestra Patria. Dejamos que la certeza de su amor, nos
consuele y nos disponga para su mensaje.
Todos guardan silencio durante algún tiempo.
ORACIÓn
V. Señor Dios, que por tu Palabra
realizas admirablemente
la reconciliación del género humano,
concede al pueblo cristiano prepararse
con generosa entrega y fe viva
a celebrar las próximas fiestas de la Pascua.
R. Amén.
Salmo Responsorial
Del Salmo 22, 1-3a, 3b-4. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nade me faltará.
1. El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
2. Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
3. Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
4. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
Comentario
Lector 1:Jesús es la luz del mundo, que ilumina aún los
rincones más profundos del alma del hombre. El conoce
nuestra persona, y se hace solidario con nosotros, en
nuestros sufrimientos y necesidades. El intercede ante el
Padre por cada uno, y nos ama como cada uno lo necesita.
Incluso en este tiempo de prueba, camina con nosotros,
para guiarnos en la tribulación.
Todos se ponen de pie.
Evangelio
V. Escuchemos ahora el Evangelio según san Juan
Jn 9, 1-41
Lector 2: En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de
nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro,
¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?”
Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació
así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es
necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras
es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede
trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del
mundo”.
Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo
puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina
de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con
vista.
Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes
pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se
sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”.
Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo
soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los
ojos?” Él les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo
lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’.
Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron:
“¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”.
Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego.
Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos.
También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido
la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y
veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no
viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros
replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes
prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron
a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió
los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”.
Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había
sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus
padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que ustedes
dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres
contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació
ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista,
no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente
y responderá por sí mismo”. Los padres del que había sido
ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya
habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien
reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres
dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.
Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: “Da
gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es
pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé
que yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez:
“¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya
se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué
quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren
hacerse discípulos suyos?” Entonces ellos lo llenaron de
insultos y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros
somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a
Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde
viene”.
Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de
dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos.
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que
lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se
había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de
nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún
poder”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que
naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron
fuera.
Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo
encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él
contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?”
Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo,
ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.
Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que
se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que
ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que
estaban con él le preguntaron: “¿Entonces también
nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran
ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven,
siguen en su pecado”.
Palabra del Señor.
R. Te alabamos, Señor.
Meditación del Evangelio
Lector 3: Para meditar en el pasaje evangélico de este
domingo, reflexionamos con estas preguntas (se hace una
pregunta, y todos aportan sus ideas; después la que sigue).
¿Qué dice Jesús de la ceguera del limosnero?
¿Qué maravillas está dispuesto a hacer Jesús por ti?
¿Estoy dispuesto a dar testimonio de lo que Jesús ha
hecho por mí?
¿Tengo la humildad necesaria para ser capaz de
reconocer cuando alguna acción es obra de Dios,
indistintamente de las personas de las que se vale para
realizarlas?
Continúa la oración común.
Preces
V. Oremos, hermanos, al Señor, que no desea la muerte
del pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle
que tenga misericordia de su pueblo penitente:
1. Para que Dios aumente la fe y fortalezca la voluntad de
los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales
el sacramento de la penitencia y les conceda un
verdadero arrepentimiento de sus culpas, roguemos al
Señor.
R. Te rogamos, óyenos.
2. Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón de los
incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de
la verdad, y en la fe encuentren aquel descanso que
tanto desea su corazón, roguemos al Señor.
3. Para que Dios conceda su ayuda a los enfermos, a los
pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos
que con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo,
roguemos al Señor.
4. Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo
cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las
fiestas de Pascua que se acercan, roguemos al Señor.
Se pueden añadir las intenciones de los presentes.
Oración del Señor
V. Con la certeza de que Jesucristo es la luz del
mundo enviada por el Padre, pidamos su ayuda
diciendo: Padrenuestro…
Invocaciones a Cristo
V. Jesús, enviado por el Padre para realizar sus
maravillas entre los hombres.
R. Ilumina, Señor, nuestro caminar.
V. Jesús, que das la vista a los ciegos. R.
V. Jesús, dueño del sábado y del hombre. R.
V. Jesús, que fortaleces al hombre para dar
testimonio de ti. R.
Comunión Espiritual
Cuando no es posible recibir a Cristo en forma sacramental, se le puede
recibir espiritualmente, pronunciando la siguiente fórmula:
Creo, Jesús mío, que estás presente
en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente
Recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven por lo menos espiritualmente a mi pobre corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.
Amén.
Bendición final
V. Concede tu bendición a nuestra familia,
oh Padre, para que seamos felices
en la esperanza, fuertes en tribulación,
constantes en la oración,
atentos a las necesidades de los hermanos
y diligentes en el camino de la conversión
que estamos recorriendo en esta Cuaresma.
Todos se persignan.
En el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones que te dirigimos
en nuestras necesidades, antes bien
líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Oración a Dios ante la pandemia de Coronavirus
V. Dios omnipotente,
que con gran misericordia
te muestras cercano con tus hijos
en los momentos de incertidumbre y aflicción
mira con piedad nuestras aflicciones y temores
ante las epidemias que nos acechan
y fortalece nuestra fe en ti de tal manera,
que confiemos siempre sin vacilación
en tu providencia paternal.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Se puede concluir con el canto.
1. Mientras recorres la vida tú nunca solo estás,
contigo por el camino Santa María va.
Ven con nosotros al Caminar, Santa María ven. (2)
2. Aunque parezcan tus pasos inútil caminar,
tú vas haciendo caminos, otros los seguirán.