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Biografía de Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte fue un militar y político francés nacido en Córcega que se destacó durante las Guerras Revolucionarias francesas. Derrotó a varias coaliciones europeas y expandió considerablemente el territorio francés, pero finalmente fue derrotado en Waterloo y exiliado en Santa Elena, donde murió.

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Biografía de Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte fue un militar y político francés nacido en Córcega que se destacó durante las Guerras Revolucionarias francesas. Derrotó a varias coaliciones europeas y expandió considerablemente el territorio francés, pero finalmente fue derrotado en Waterloo y exiliado en Santa Elena, donde murió.

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Napoleón Bonaparte (nacido Napoleone Buonaparte; Ajaccio, 15 de agosto de 1769-Santa

Elena, 5 de mayo de 1821) más tarde conocido por su nombre regio Napoleón I, fue un
militar y político francés de origen italiano nacido en Córcega que saltó a la fama durante
la Revolución francesa y dirigió exitosas campañas durante las Guerras revolucionarias.

Su familia formaba parte de la nobleza local. Su padre, Carlo Buonaparte, abogado, fue
nombrado en 1778 representante de Córcega en la corte de Luis XVI, lugar donde
permaneció durante años, por lo que fue su madre, María Letizia Ramolino, la figura
fundamental de su niñez. Adelantada a su época, exigía que sus ocho hijos se bañaran a
diario, cuando lo común era una vez al mes. Napoleón, huraño y taciturno, se mantuvo
apartado de sus compañeros. Le gustaba estar solo para meditar y sentía profunda
aversión hacia los franceses, a quienes acusaba de ser los opresores de los corsos. No era
buen estudiante y solo le preocupaban las matemáticas, en las que progresaba. Se dedicó
a la lectura de obras clásicas, como la Historia universal de Polibio, las Vidas
paralelas de Plutarco o la Expedición de Alejandro de Arriano de Nicomedia, que tuvieron
una profunda influencia en su espíritu.
Su padre consiguió que Napoleón y su hermano José se trasladaran a
la Francia continental, para estudiar en la escuela militar francesa de Brienne-le-Château a
la edad de 10 años. Antes de entrar debía aprender francés, idioma que habló con un
marcado acento italiano por el resto de su vida. Obtuvo notas destacadas
en Matemáticas y Geografía, y consiguió las necesarias para aprobar las demás materias.
Tras su graduación en 1784, fue admitido en la École Royale Militaire de París. Aunque
había buscado en un principio una formación naval, terminó estudiando artillería en
la École Militaire. Después de su graduación en septiembre de 1785, fue comisionado
como teniente segundo de artillería. Tomó sus nuevas obligaciones en enero de 1786, a los
16 años.

En noviembre de 1799, ante una Francia gobernada por un Directorio desprestigiado y


amenazado por posibles revueltas internas a favor de la monarquía, Napoleón encabezó el
golpe de estado del 18 de Brumario. Nombrado, al cabo de unos días, primer cónsul de
Francia, su férreo y autoritario gobierno le conduciría a la proclamación como emperador
de Francia
Durante los años que había pasado en guarniciones de provincias (Valence y Auxonne),
Napoleón había aprovechado su tiempo para ampliar su preparación castrense (profundizó
en sus estudios de matemáticas, artillería y táctica militar); entró entonces, además, en
conocimiento de los pensadores políticos clásicos (en especial Maquiavelo y Montesquieu)
y descubrió su pasión por la historia (le deslumbraron las biografías de Alejandro Magno,
de Julio César y en especial la de Federico II de Prusia).

Qué batallas ganó Napoleón

Las Guerras Napoleónicas se desarrollaron enfrentándose a diferentes alianzas de


países e imperios europeos, que unían fuerzas para hacer frente al aguerrido ejército
francés que poseía un gran afán de expansión. Durante las guerras con la Primera y
Segunda Coalición Napoleón consiguió importantes victorias, principalmente ante el ejército
austriaco, en batallas como la de Marengo o la de Hohenlinden (1800), en sus primeros
años como líder de Francia.

También mantuvo batallas con Gran Bretaña para las que Napoleón tuvo que concentrar
sus fuerzas en Europa, y que dieron lugar a la formación de una Tercera Coalición, en la
que ya eran muchos los enemigos de Francia en el Viejo Continente. Aún con
todo, Napoleón siguió venciendo contiendas importantes como la de Ulm o la de
Austerlitz (1805), donde derrotó a las tropas asutriacas y rusas y siguió expandiendo el
territorio hasta conquistar Viena.

En 1806 se formó una Cuarta Coalición entre Rusia, Gran Bretaña y Suecia, que no impidió
al ejército francés salir victorioso ese mismo año de la batalla de Jena, en la que tomó
Berlín, o de la batalla de Friedland, en 1807, donde obligó a Alejandro I, Zar de Rusia, a
firmar la paz. Durante este proceso Napoleón había ido nombrando a sus hermanos y
personas de confianza como reyes de los diferentes territorios conquistados, dando lugar
así a las insurrecciones nacionalistas que acabaron por provocar su caída.

Gran Bretaña fue el principal enemigo y una obsesión de Napoleón.


La batalla de Leipzig (16 al 19 de octubre de 1813),2 también llamada batalla de las
Naciones,3 fue el mayor enfrentamiento armado de todas las guerras napoleónicas y la
batalla más importante perdida por Napoleón Bonaparte.
El 18 de junio de 1815, cerca de la localidad belga de Waterloo, tiene lugar la batalla de
Waterloo en la que una alianza de fuerzas británicas, holandesas y alemanas empuja
a Napoleón a la retirada. Él todavía espera hallar una salida digna a aquella derrota, pero es
demasiado tarde.

La retirada francesa es penosa, como lo son las de todos los ejércitos vencidos. Los
napoleónicos se ven perseguidos por la caballería aliada, y solo la disciplina de la Guardia
Imperial consigue detener sus ataques. La mañana del 19, Bonaparte entra en Francia con
los aliados pisándole los talones.

Santa Elena no era la primera isla en la que Napoleón, corso de nacimiento, había
encontrado refugio. En 1814, tras el desastre de la campaña de Rusia y la derrota en la
batalla de Leipzig, se había visto forzado a abdicar por primera vez y a retirarse a Elba, una
isla situada entre Córcega y la costa italiana. Las circunstancias, sin embargo, eran muy
diferentes. Tras Leipzig, Napoleón se había rehecho y había repelido en una campaña
fulgurante a las tropas extranjeras que habían entrado en Francia.
Derribado por un movimiento político interno que consideró una traición, en las
negociaciones subsiguientes Napoleón fue tratado como un soberano que iba a reinar
sobre un nuevo dominio, la isla de Elba. Un territorio que, a diferencia de Santa Elena,
estaba muy cerca de Francia, lo que explica que menos de un año después el Emperador
desembarcara con sus fieles cerca de Cannes, y en veinte días, "volando como un águila
de campanario en campanario", se plantara en París, forzando a Luis XVIII, el Borbón a
escapar de forma poco gloriosa. Tras la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815)
Napoleón no podía esperar repetir la historia. La derrota había sido total, y las posibilidades
de defender Francia de la invasión de los aliados eran ahora nulas.
Presionado por la opinión hostil del parlamento, cuatro días despúes de la
derrota Napoleón abdicaba por segunda y última vez, consciente de que esta vez su
suerte estaba echada. Los franceses, cansados de más de veinte años de revoluciones y
guerras, no pedían más que la paz, bajo cualquier régimen que pudiera garantizarla. En
esas condiciones, nadie podía oponerse a la restauración de la dinastía borbónica, como
querían las potencias beligerantes, en especial Gran Bretaña

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