0% encontró este documento útil (0 votos)
47 vistas8 páginas

Psicología Ambiental: Interacción y Conducta

Este documento trata sobre la psicología ambiental, que estudia la interacción entre personas y sus entornos naturales y construidos. La psicología ambiental analiza cómo el ambiente influye en la conducta y cómo la conducta afecta al ambiente. Algunos de sus ámbitos de estudio incluyen la influencia del diseño arquitectónico y urbano en las interacciones sociales, la cognición espacial y la orientación, y el impacto del entorno residencial en el bienestar de las personas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
47 vistas8 páginas

Psicología Ambiental: Interacción y Conducta

Este documento trata sobre la psicología ambiental, que estudia la interacción entre personas y sus entornos naturales y construidos. La psicología ambiental analiza cómo el ambiente influye en la conducta y cómo la conducta afecta al ambiente. Algunos de sus ámbitos de estudio incluyen la influencia del diseño arquitectónico y urbano en las interacciones sociales, la cognición espacial y la orientación, y el impacto del entorno residencial en el bienestar de las personas.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TEMA 3: PSICOLOGÍA AMBIENTAL.

1. Introducción: definición y características.


La Psicología Ambiental estudia la interacción entre las personas y sus entornos (tanto naturales
como construidos), así como las variables conductuales y psicológicas que modulan dicha
interacción. Concierne a la Psicología Social Aplicada en tanto que la Psicología Ambiental sucede
dentro de un contexto de interacción social, siendo su objetivo el análisis y explicación de las
conductas relacionadas con el medioambiente, por ejemplo, el deterioro y conservación de este.

Así, las características de la Psicología Ambiental son:


• Relaciones recíprocas conducta-entorno.
• Entorno sociofísico: propiedades físicas y sociales del ambiente.
• Entorno natural y construido.
• Perspectiva holística: ambiente tal y como lo vivimos.
• Orientación aplicada.
• Interdisciplinariedad.
• Metodología ecléctica.

2. Ámbitos de estudio de la Psicología Ambiental.


Desde una perspectiva básica, la Psicología Ambiental estudia la influencia de las características
físicas del ambiente en la conducta, de las características cognitivas y cualidades de personalidad en
la percepción del ambiente y las actitudes y comportamiento proambiental, mientras que, desde una
perspectiva aplicada, su ámbito de estudio se centra en la creación de programas de intervención
sobre conductas ecológicas responsables, en la educación ambiental o en el diseño de ambientes, ya
sean urbanos, naturales, residenciales, institucionales...

2.1. Influencia del ambiente en la conducta.


Así, la psicología ambiental estudia la conducta humana (variable dependiente) manipulando el
entorno o el ambiente (variable independiente), es decir, la relación causal entre ambas y sus
procesos de interacción social, por ejemplo, en los siguientes ámbitos:
• Ambiente natural (temperatura, luz, viento...) y su impacto en la conducta social.
• Ambiente físico (construido) y cómo favorece o dificulta la interacción interpersonal, por
ejemplo, los diseños arquitectónicos o la disposición de los asientos en un espacio y su influencia
en las relaciones sociales, ya que no genera el mismo impacto un aula abierta de enseñanza que
otras que favorecen el aislamiento social, como las salas de espera de hospitales y aeropuertos.
• Ambiente social (densidad, hacinamiento...) y cómo favorece o dificulta la interacción
interpersonal.
• Cognición ambiental. Somos conscientes de que los seres vivos se desplazan constantemente
por el espacio hacia un lugar, pero ¿cómo toman decisiones para alcanzar el destino a lo largo del trayecto?
• Mapa cognitivo, es decir, la propia representación mental que la persona tiene de un espacio
determinado, así como el proceso cognitivo por el cual se capta, almacena y recupera
información del ambiente y que se utiliza para tomar decisiones.
• Señalización. La señalización es uno de los campos más aplicados dentro de la Psicología
Ambiental. En concreto, se trata de estudiar procesos de toma de decisión para encontrar el
camino u orientarse (como los mapas de “usted está aquí”), conocer la información almacenada
a la que recurrimos para resolver un problema espacial (rutas, tipos de transporte...) y abordar
los sentimientos negativos que genera desorientarse (estrés, frustración, hiperventilación...).
• Ambiente residencial. Hace referencia a cómo la vivienda, el barrio y el vecindario influyen
sobre la conducta, ya que el ambiente puede provocar estrés a las personas que residen en él, así
como sentimientos de apego, identidad social y personal o satisfacción residencial.

2.1.1. Cognición ambiental y mapas cognitivos.


Los mapas cognitivos son los constructos utilizados para investigar las decisiones que seguimos
los seres humanos para alcanzar nuestros objetivos de desplazamiento. En concreto, estos mapas
vienen conformados por dos elementos:
• Representación mental de un especio determinado.
• Proceso cognitivo que capta, almacena y recupera información del ambiente y que contiene
información sobre tamaño, distancia y/o dirección, lo que nos permite tomar decisiones.

Las funciones de los mapas cognitivos residen en organizar la experiencia social y cognitiva, influir
en la organización del espacio, generar decisiones (acciones o secuencias de acción) y conocer
dominios no espaciales que formen parte de la experiencia, por ejemplo, saber qué bares hay en el
realejo.

Además, tienen varios elementos, tales como sendas, límites, nodos, mojones o hitos y barrios, los
cuales, para formar parte de un mapa cognitivo, deben tener al menos alguna de las siguientes
propiedades:
• Identidad, es decir, ser diferente del resto.
• Estructura, esto es, contar con varios objetos relacionados entre sí y que dicha relación sea
percibida.
• Significado. Hace referencia al valor emotivo o funcional para la persona.

Generalmente, el orden en que se aprenden los elementos es, en primer lugar, los mojones, seguidos
de las sendas y los barrios, aunque depende del ambiente, ya que, si la distancia entre los mojones es
grande, suelen aprenderse primero las sendas. Considerando el entorno a gran escala, organizamos
jerárquicamente las representaciones mediante mojones o nodos, es decir, aquello que nos resulte
familiar, por lo que simbolizan nuestros puntos de anclaje.

Cómo se representa cognitivamente el espacio genera un debate entre si la representación del espacio
se hace de manera analógica (análoga al espacio real) o proposicional, es decir, derivada de
asociaciones de conceptos. Generalmente, este último es el más aceptado porque suelen darse faltas
de correspondencia mapa-realidad y sesgos de recuperación de la memoria, tales como:
• La estimación de distancias entre dos puntos. Varía según el punto de partida y llegada y
según el número de intersecciones en el camino, por ejemplo, a más número de calles o mayor
familiaridad de los nombres se percibe mayor distancia.
• Dulcificar las curvas. Suelen ser más suaves en ciudad.
• Esquinas como ángulos rectos, lo que suele pasar también más en las ciudades, donde vemos
las calles convergentes como paralelas.

Estos sesgos generan errores al localizar lugares entre los que se busca una relación, lo que
suele pasar si son elementos de categorías diferentes, por ejemplo, países (“¿qué está más al norte,
Bilbao o Perpiñán?” Tendemos a decir Perpiñán, pero es Bilbao). Además, afecta al tamaño
percibido del centro, que lo percibiremos como más cerca o más lejos según donde vivamos, de
forma que, cuanto más cerca del centro vivas, más pequeño lo percibirás, lo que demuestra que
acercamos el centro percibido a donde vivimos.
2.1.2. Señalización (Wayfinding).
Hace referencia a las estrategias que usamos para orientarnos al desplazarnos por el espacio, usando
para tomar decisiones y orientarnos el mapa cognitivo. Así, en la ciudad, solemos guiarnos por
mojones o intersecciones, de manera que, si manejamos bien las distancias y diferenciamos los
ángulos de las calles, aumentará el número de caminos alternativos a los que podemos recurrir.

Además del mapa cognitivo, hay una serie de propiedades del ambiente que facilitan la orientación:
• Diferenciación.
• Grado de acceso visual, es decir, cuántas partes pueden verse desde otro lugar.
• Complejidad del trazado espacial, por ejemplo, cantidad y complejidad de la información
que hace falta para movernos.

Por su parte, existen otros factores que hacen que nos perdamos en un edificio, como la estructura
espacial, nuestro mapa cognitivo o las estrategias y habilidades espaciales de cada cual.

La señalización es uno de los campos más aplicados de la Psicología Ambiental, por ejemplo:
• Estudiar procesos de toma de decisión para encontrar el camino (orientarse), como los mapas
de “usted está aquí”. Este tipo de mapas solo funcionan si podemos identificar al menos dos
puntos (en el mapa y en el espacio) y están colocados en paralelo al espacio que representan.
• Conocer la información almacenada a la que recurrimos para resolver un problema espacial
(rutas, tipo de transporte...).
• Identificar los sentimientos negativos que se producen con la desorientación, tales como
estrés, frustración e incluso hiperventilación.

2.1.3. Ambiente residencial.


Como ya hemos mencionado, el ambiente residencial se compone de tres elementos: la vivienda, el
barrio y los vecinos. En este sentido, la
satisfacción residencial puede ser tanto
cognitiva (diferencia entre lo que tengo y lo
que quisiera tener) como afectiva (placer de
vivir en el lugar).

Dentro de los modelos de estudio, la


mayoría de ellos aborda la relación persona-
ambiente. Por ejemplo, Amérigo (2002)
estudió qué predictores (factores) de
satisfacción favorecen situaciones futuras.
En concreto, organizó esos factores en dos
dimensiones: físico-social y objetivo-
subjetivo, de forma que se genera un
cuadrante 2x2 con 4 factores en función de la combinación de los polos de dichas dimensiones.

2.2. Influencia de la conducta en el ambiente.


La Psicología Ambiental, al contrario que lo explicado con anterioridad, también puede estudiar los
efectos del ambiente (variable dependiente) manipulando la conducta humana (variable
independiente), es decir, cómo la conducta humana influye y modifica el medio ambiente. Por
ejemplo, en la preocupación por el medio ambiente; el cambio climático; estudiando cómo las
personas evalúan, perciben y justifican el estado del medio ambiente y sus posibles causas; el
altruismo verde; o los factores psicológicos que afectan a la preocupación ambiental (culpa,
atribución de responsabilidad, empatía...). En este sentido, entra en juego la conducta ambiental.

A pesar de que no un acuerdo generalizado a la hora de utilizar una denominación común para este
tipo de acciones (acción ambiental positiva, conducta ecológica, conducta de conservación, conducta
ecológica responsable, comportamiento sostenible, comportamiento ambiental o proambiental...),
han tratado de darse algunos abordajes al concepto de comportamiento ambiental:
• “Acción que realiza una persona, ya sea de forma individual o en un escenario colectivo, a favor
de la conservación de los recursos naturales y dirigida a obtener una mejor calidad del medio
ambiente” (Castro, 2001).
• Desde una perspectiva psicosocial, se ha definido como “conjunto de actitudes, valores y
creencias, incluyendo las capacidades personales y hábito con relación al contexto, siendo un
gran número de factores los que influyen sobre dicho comportamiento” (Berenguer, Corraliza,
Martín y Oceja, 2001).

En cuanto al concepto de conducta ecológica responsable, se ha definido como:


• “Acciones que contribuyen a la protección y/o conservación del medio ambiente: reciclaje de productos, reducción
de residuos, conservación de la energía, reducción de la contaminación...” (Axelrod y Lehman, 1993; Grob,
1990).
• “Toda aquella acción humana que resulta en el cuidado del entorno o su preservación” (Corral, 1998).

Además, se han planteado algunas de sus características, tales como:


• Es el resultado de un proceso sociocognitivo, ya que implica una intención de producir
cambios a corto, medio o larga plazo en el medio, así como un análisis que permite la
anticipación y planificación del resultado ambiental positivo que se espera alcanzar.
• Presenta una naturaleza multidimensional. Las conductas ecológicas responsables son
complejas porque incluyen una serie de acciones relativamente independientes entre sí. De
hecho, Kaiser y cols. (2000) las entendían como un todo estable, consistente y congruente de 65
conductas, mientras que Bratt (1999) encontró una baja correlación o independencia entre sus
comportamientos (por ejemplo, ahorro energético en casa, pero consumo de automóviles).
• Heterogeneidad. Utilizamos mecanismos psicológicos diferentes y específicos para cada
acción, lo que podría explicar la heterogeneidad de las conductas ambientales. En 2006, Fujii
demostró que el interés ambiental y las actitudes sobre la austeridad en la generación de residuos
predicen de forma diferencial las conductas proambientales, de forma que:
o El interés por el medio ambiente predice la reducción de residuos generados.
o La actitud sobre la austeridad predice el ahorro en el consumo del gas y la electricidad.
o Ninguna predice la reducción en el uso del automóvil.

En la actualidad se habla de comportamiento sostenible con el fin de integrar expresamente en el


comportamiento ecológico la valoración del bienestar humano o calidad de vida. Así, las
dimensiones que debe cumplir un comportamiento sostenible son la efectividad, la deliberación, la
anticipación, la solidaridad y la austeridad.

Entre los factores que determinan la conducta ambiental podemos mencionar aspectos
sociodemográficos (sexo, edad, nivel de ingresos, nivel de estudios...), cognitivos (conocimiento
que tienen las personas sobre las condiciones generales y específicas del medio ambiente), asociados
a la intervención ambiental (conocimiento que tienen las personas sobre lo que pueden hacer para
cambiar sus conductas), psicosociales (variables personales y representacionales como los valores,
actitudes, locus de control...), afectivos o emocionales...

2.2.1. Los problemas ambientales.


Las conductas antiecológicas o conductas de “violencia” ambiental son conductas que, por si solas
y tomadas de una en una no generan un impacto relevante, pero cuyo efecto acumulado suele tener
importantes consecuencias (Situ y Emmons, 2002). Al ser comportamientos que dañan el medio
ambiente, afectan también a las personas, además de que pueden implicar conductas que no todo el
mundo considera reprensibles y que solo se consideran ilegales cuando pasan ciertos límites
establecidos por la ley, como ocurre con la emisión de residuos, o cuando no hay permiso para
hacerlas, como sucede con la construcción en zonas protegidas.

Se ha demostrado mediante el uso de


etiquetas genéricas en escalas y
cuestionarios que no todas las conductas se
perciben igual, es decir, no nos preocupa lo
mismo a todos, por lo que elegir un
problema ambiental como indicador del
grado de preocupación ambiental conlleva
sesgos. Por ejemplo, la hipermetropía
ambiental implica que cuanto más lejano
se perciba un problema se percibirá como
más preocupante (cambio climático,
deforestación amazónica...), lo que se ha
relacionado con la falta de
responsabilidad individual. En la gráfica contigua puede observarse cómo los problemas que más
le preocupa a la gente son la deforestación y el cambio climático teniendo en cuenta el carácter global,
consecuencias a largo plazo, causas y soluciones complejas del problema en sí.

Además, los problemas percibidos en el entorno próximo suelen tener un componente cívico,
mientras que los problemas percibidos a nivel mundial suelen venir dados por un componente
ecologista, es decir, de cuidado del medio ambiente.

Por su parte, los medios de comunicación influyen en la interpretación, tanto local como global:
• Los problemas locales suelen ser mencionados por quienes se preocupan por las
consecuencias del deterioro del medio ambiente en su salud y estilo de vida.
• Los problemas globales suelen ser mencionados por personas preocupadas por las
consecuencias sobre los elementos no humanos del planeta.

En síntesis, diferentes contextos geográficos se asocian con problemas ambientales específicos, así
como diferentes preocupaciones priman un problema u otro.

2.2.2. Cambio climático.


Los seres humanos no vemos el cambio climático, sino que lo inferimos de los medios de
comunicación e instituciones científicas. A continuación, plantearemos algunos asuntos sobre cómo
las personas entienden el cambio climático.
• Las creencias sobre la naturaleza afectan al grado de preocupación por el cambio climático.
En concreto, se ha encontrado que percibir la naturaleza como caprichosa e impredecible se
asocia con falta de preocupación por el cambio climático.
• En general, los seres humanos no sentimos que haya una verdadera amenaza (Weber, 2006).
Sin embargo, cuando las consecuencias se hacen visibles e inmediatas (a través de documentales
o noticias), sí que se percibe el cambio climático como algo más que un aumento de temperatura.
• Existe una mayor probabilidad de llevar a cabo conductas proambientales cuando hay
reacciones afectivas y experiencias personales de por medio (las estadísticas no funcionan).
• Además, la afiliación política influye, dándose un mayor escepticismo en conservadores
(cuestionamiento de la existencia, causa humana, consecuencias...), al igual que en aquellos que
tienen poco conocimiento del cambio climático.

2.2.3. Altruismo verde.


En la actualidad, se ha extendido la idea de que el medio ambiente debe ser protegido y respetado,
lo que ha suscitado el interés en estudiar el altruismo y la conducta prosocial, ya que se entiende que
va a beneficiar a otras personas o a la sociedad en general (ahorro de energía, reciclaje...). En este
sentido, se han propuesto algunos modelos de comportamiento ambiental, como el modelo de
influencia normativa (Shalom Schwartz, 1977), la teoría del valor creencia-norma (Stern, 2000) y el
modelo integrador de Bamberg y Möser (2007).

Por su parte, también se han propuesto algunos factores psicológicos que afectan a la
preocupación ambiental:
• Culpa. Anticipar culpa y/o vergüenza provoca más conductas prosociales.
• Atribución de responsabilidad. Sobre todo si la atribución es individual, la persona se siente
más responsable y más capaz para solucionar el problema.
• Empatía. A mayor empatía, mayor acciones proambientales y mayor preocupación biosférica.
• Normas sociales o las creencias sobre la forma de comportamiento adecuado en una situación
concreta. Hay dos tipos de normas sociales: las descriptivas (lo que hacemos) y las
prescriptivas (lo que deberíamos hacer).

En cuanto a las normas sociales, los mensajes sobre el número de personas que no hace algo
(por ejemplo, personas que no usan el punto limpio) indican la gravedad del problema, pero
también dicen cuánta gente no hace la conducta, lo que puede legitimar indirectamente el
problema. Sin embargo, indicar cuánta gente sí hace algo (aplicando una norma descriptiva, por
ejemplo, cuánta gente ahorra energía), es más efectivo que informar sobre cómo ahorrar energía.

Además, la conducta previa es relevante, ya que adecuamos nuestra conducta actual a la


norma, es decir, según la información que recibimos:
o Si consumimos más energía que la media (descriptiva), consumimos menos.
o Si consumimos menos energía que la media (descriptiva), consumimos más.

Para evitar este efecto contraproducente de la norma descriptiva, usamos la norma


prescriptiva. En un estudio de Schultz, Nolan, Cialdini, Goldstein y Griskevicius (2007)
manipularon la norma prescriptiva usando emoticonos . Así, las personas recibían en sus
casas la información sobre su consumo eléctrico, el consumo medio de la población (norma
descriptiva) y la valoración de su consumo mediante emoticonos (norma prescriptiva). Lo que
se encontró fue que, cuando las personas consumían energía eléctrica por debajo de la media de
consumo de la población, pero su conducta recibía aprobación social ( ), no se producía un
aumento del consumo energético.

3. Intervención proambiental.
3.1. Taxonomía de estrategias de Dwyer y cols. (1993).
Basándose en las teorías clásicas del aprendizaje (condicionamiento clásico, operante y modelo),
Dwyer y sus colaboradores identificaron dos tipos generales de estrategias para el cambio de la
conducta ambiental (antecedentes y consecuentes) atendiendo a las contingencias de los
programas. También aplican otros dos criterios de clasificación: el nivel de aplicación individual-
grupal y el papel activo-pasivo del individuo o grupo respecto a la estrategia propuesta para el cambio.

3.1.1. Estrategias antecedentes.

3.1.2. Estrategias consecuentes.


3.2. Estrategias basadas en la promoción de la implicación personal (Geller y cols., 1995).
Según estos autores, la implicación personal aparece determinada por tres factores relacionados
entre sí: autoestima, sentimiento de pertenencia grupal/social y capacidad de control (autoeficacia,
optimismo), sobre los cuales se puede influir:
• Sobre la autoestima, podemos influir mediante comunicación, incentivos y castigos y liderazgo.
• Sobre los sentimientos de pertenencia, pueden definirse metas grupales y dar feedback.
• Sobre la capacidad de control, pueden definirse objetivos a corto plazo y proporcionar
recompensas e información retroalimentada sobre los procesos más que sobre los resultados.

3.3. Programa de intervención Ecoteam de Staats y Harland (1997).


El objetivo de este programa consistió en disminuir el volumen de residuos domésticos y ahorro en
el consumo de agua y electricidad de un barrio, para lo que se formaron 60 grupos de 6-10 vecinos
(ecoteams) a los que se les proporcionó información sobre los antecedentes de los problemas
ambientales y conductas proambientales específicas de bajo costo personal en su ejecución para
posteriormente recoger información periódica sobre los resultados colectivos de las acciones de
ahorro de cada ecoteam y finalmente discutir los efectos para promover compromiso y apoyo social.

En cuanto a la eficacia del programa, pudo disminuir significativamente el consumo y la cantidad de


residuos generados, manteniéndose los cambios incluso 6 y 9 meses después.

También podría gustarte