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El Bautismo

Este documento describe los requisitos y procedimientos para el sacramento del bautismo según el derecho canónico de la Iglesia Católica, incluyendo el consentimiento de los padres, la educación en la fe, y las funciones y requisitos de los padrinos.
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El Bautismo

Este documento describe los requisitos y procedimientos para el sacramento del bautismo según el derecho canónico de la Iglesia Católica, incluyendo el consentimiento de los padres, la educación en la fe, y las funciones y requisitos de los padrinos.
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EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO

1. Requisitos que se piden a los padres que solicitan el


bautismo de su hijo
De acuerdo con el canon 868 § 1, para poder bautizar a un niño es necesario contar
con el consentimiento de los padres o al menos de uno de los dos, y que haya
esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la fe católica. Este es el tenor
literal de dicho canon:
Canon 868 § 1: Para bautizar lícitamente a un niño se requiere:
1º que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes
hagan legítimamente sus veces.
2º que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión
católica; si falta por completo esa esperanza, debe diferirse el bautismo, según
las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.
Una Respuesta particular de la Santa Sede de 2017 indica que no debe ser inscritos en
el registro de bautismos como padres a dos personas del mismo sexo y a las llamadas
"personas transgénero". Al hablar de inscripción en el registro, se debe entender que el
niño en estas situaciones puede ser admitido al bautizo. Por lo que afirma este
documento, se debe interpretar que la decisión de bautizarlo la deberá tomar el padre
natural, que forme parte de esa unión, no su compañero.
El canon 97 § 2 define hasta qué edad se debe considerar niño a una persona; según
este canon, es niño (infans, en latín) quien no ha cumplido siete años de edad; el canon
99 previene que quien carece de uso de razón se equipara a los niños a estos efectos.
Por lo tanto, para poder bautizar a un niño hasta los siete años de edad solo se piden
estos dos requisitos enunciados: que consienta al menos uno de los dos padres, y
que haya esperanzas fundadas de que va a ser educado en la fe de la Iglesia. Como se
puede observar, el Código no exige ningún requisito referente a la, digamos, calidad
moral de la relación de los padres. Si a los padres les une una relación contraria a las
enseñanzas de la Iglesia, el Código no les prohíbe pedir el bautizo de su hijo; si los
padres no están casados o han atentado matrimonio civil, o sólo pide el bautizo la
madre porque el padre no aparece, por el derecho universal de la Iglesia puede ser
bautizado, con tal que esté garantizada de algún modo la educación cristiana del hijo.
No se puede juzgar a nadie; no es el objetivo de este artículo juzgar la conciencia de
quienes se encuentren en las situaciones morales descritas arriba, o en otras similares,
en contradicción objetiva con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia. Por eso, si se
habla aquí de culpa o incluso de pecado, se hace sólo en referencia al hecho objetivo
de que tales conductas son contrarias a la doctrina de la Iglesia. Pero no es
nuestra intención juzgar la culpabilidad de cada uno, pues solo Dios juzga.
El criterio de la Iglesia en este precepto es el de no castigar al hijo por la conducta
de los padres. Se debe tener en cuenta que el bautismo es el sacramento que abre la
puerta a los demás sacramentos (cfr. canon 849), y que, por ser sacramento, confiere la
gracia. En el caso de que los padres hayan cometido una culpa, no se debe impedir que
los hijos de esa unión puedan acceder a las fuentes de la gracia. Por lo tanto, la norma
de derecho universal permite que estos niños puedan incorporarse a la Iglesia. Para
mayor abundancia, hay que observar que el Código ni siquiera exige que los padres
estén bautizados.
Es más, el bautizo que piden puede ser una ocasión para que el párroco hable con
los padres y les anime a que reemprendan su vida cristiana. Probablemente actúe mal
el pastor que recibe a estos padres, y ni siquiera les recuerde -con caridad y
comprensión, intentando ayudar- que su modo de vida es contrario a las indicaciones
de la Iglesia. Pero tampoco debe olvidar el párroco que el bautismo que piden es una
oportunidad que se le presenta para intentar acercar a esos padres a Dios. Como es
obvio, el derecho de la Iglesia no impone a los padres la obligación de llevar una vida
cristiana, por lo que el párroco no lo puede exigir. El único requisito es que haya
esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la fe de la Iglesia.
Sin embargo, no se debe obviar un matiz: es el párroco -autoridad competente como
norma general, por el canon 857 § 2 el que debe juzgar que existen esperanzas
fundadas de la educación cristiana de los niños que le presentan para ser
bautizados; se trata de un mandato del Código de difícil interpretación en la práctica,
dada la variedad de situaciones en que se debe aplicar el Código a lo largo de la Iglesia
universal. Por eso se remite el canon a las disposiciones de derecho particular. Puede
haber indicaciones de derecho particular, que den criterios a los párrocos al respecto.
Lo cual tiene gran interés pastoral, para poder unificar criterios en una nación, territorio
o diócesis. Pocas cosas causan tanto daño a los fieles como la disparidad de criterios
entre los sacerdotes de unas parroquias o de otras, frente al mismo problema pastoral.
Y entre estas disposiciones de derecho particular, puede haber normas que indiquen
cómo debe actuar un párroco si le pide el bautizo unos padres en una de las
situaciones indicadas arriba, contrarias a las enseñanzas de la Iglesia. En ese caso, el
párroco deberá atenerse a la legislación particular en vigor en su diócesis.
Supuestas estas normas, el párroco no podrá bautizar al niño, o deberá pedir garantías
adicionales de la educación cristiana. Entonces el párroco legítimamente podrá diferir el
bautismo del niño.

2. Los padrinos del bautismo en el derecho canónico


Fruto de la larga experiencia de la Iglesia Católica, el Código de Derecho Canónico ha
establecido la conveniencia de que quien vaya a ser bautizado reciba un padrino.
El padrino cumple funciones de apoyo y ayuda al nuevo cristiano, que el derecho
canónico establece oportunamente. Así lo indica el canon 872: En la medida de lo
posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es
asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres,
presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida
cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al
mismo.
El pastor de almas, y los padres y el mismo neófito, no deben olvidar que -sin
menoscabo de la importancia de los padrinos no se trata de una figura esencial para
el sacramento del bautismo. De hecho, como se verá más abajo, es posible celebrar
bautizos sin que haya padrinos.
En ocasiones se ha resumido la función del padrino como la del sustituto del padre.
Hemos visto que el Código de Derecho Canónico prefiere enumerar sus funciones. Y lo
hace estableciendo para el padrino distintos encargos, dependiendo de si quien se
bautiza es niño o es adulto. Es posible comparar estas funciones con las del padre,
pero desde luego a la vista del canon 872 parece una simplificación reducir estas
funciones a la actuación del padrino si eventualmente faltaran los padres. Quien asume
el encargo de padrino en un bautizo asume unas obligaciones graves con su
ahijado, que deben empezar a desplegarse desde el primer momento, no en el
momento en que faltaran los padres si esto sucediera.
El derecho canónico instituye al padrino en guía del nuevo bautizado, pretende que
sea en cierto modo su modelo de vida cristiana. El padrino ha de velar por el
crecimiento espiritual del recién bautizado niño o adulto, acompañarle en sus primeros
pasos en la fe, que aprenda, como de su mano, los fundamentos doctrinales y morales
de la fe cristiana. Ya se ve que estas funciones son tan graves que en absoluto se
pueden considerar de suplencia de los padres, en el caso de los niños que se bautizan:
más bien se complementan con las funciones de los padres, por supuesto sin
sustituirles.
Muchas veces el padrino del niño recibe posteriormente el encargo de ser padrino de la
confirmación. El canon 893 § 2 lo recomienda. Desde luego no siendo obligatorio en
esta recomendación va implícita la concepción del padrino como guía del fiel cristiano.
Si se trata del padrino de quien recibe el bautismo a la edad del adulto, sus funciones
son la asistencia a la iniciación cristiana. Para el bautizando adulto, como se sabe,
se constituye el periodo de catecumenado. El padrino no es necesariamente quien se
encarga de la formación catequética previa del adulto que desea bautizarse. Puede ser
conveniente que el catecúmeno escoja como padrino a quien le está preparando en su
formación cristiana, pero el Código no parece que pretenda establecer una obligación al
respecto, ni siquiera una regla general. El padrino se instituye en el momento del
bautismo, no en el catecumenado, y las obligaciones del padrino nacen en ese
momento, no antes.
La iniciación cristiana de que habla el canon 872 se debe referir, por lo tanto, a la
iniciación cristiana posterior al bautismo. Como es sabido, por regla general el
neófito adulto recibe en la misma ceremonia los sacramentos de iniciación cristiana. La
iniciación cristiana a la que debe asistir el padrino se refiere, por lo tanto, a la iniciación
en su vida de cristiano, no a los sacramentos de la confirmación y de la eucaristía,
puesto que normalmente ya los ha recibido en el momento en que el padrino comienza
a ejercer sus funciones.
En cuanto al padrino de un niño, sus funciones son las de presentar al niño que va a
recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente
con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo. La
presentación del niño se refiere no sólo a la ceremonia litúrgica prevista en el ritual del
bautismo solemne de un niño, en el que los padres y los padrinos presentan al niño.
Más bien esa ceremonia alude a una realidad previa, y es que son los padres y los
padrinos quienes presentan a la Iglesia al niño para que sea recibido. La ceremonia
indicada lo que pretende es reflejar esta realidad previa.
Las funciones de procurar que lleven una vida cristiana y ayudar al niño a cumplir los
compromisos del bautismo, como se ve, se prolongan indefinidamente. Son
obligaciones graves, y se debe ayudar a quienes vayan a aceptar el encargo de ser
padrino a que lo hagan con plena conciencia de la responsabilidad que asumen
ante Dios y ante el niño. Ciertamente no se responsabilizan del crecimiento espiritual
del niño que corresponde a los padres, pero han de procurar cumplir diligentemente sus
funciones, ayudando a los padres y siendo, como venimos diciendo, guía y modelo del
niño en las diversas etapas de su crecimiento y maduración.
Es posible bautizar a una persona sin designarle padrino: el canon 872 así lo prevé.
Pero parece que salvo en los casos de bautismos de urgencia por peligro de muerte
muchas veces será posible designar un padrino al bautizando. Desde luego, en caso de
urgencia, se debe bautizar a la persona, aunque no se encuentre alguien que pueda ser
designado como padrino, puesto que prima el derecho de la persona a recibir el
sacramento que abre las puertas del cielo, sobre la norma eclesiástica de designar
padrinos. En estos casos, si el neófito sale del peligro de muerte está previsto que se
completen las ceremonias: y entre ellas se debe contemplar la designación de padrinos.
En todo caso, en este punto se debe destacar que (en los bautizos sin peligro de
muerte) si no se encuentra una persona capaz de asumir con responsabilidad el cargo
de padrino, no se debería retrasar el bautismo. Más importante es que el niño inicie su
vida de cristiano y que el Espíritu Santo comience a actuar en su alma.

3. Requisitos para ser padrino


El canon 873 exige que haya un padrino, o una madrina, o un padrino y una madrina:
Canon 873: Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una.
Por su parte, el canon 874 establece los requisitos para ser admitido como padrino:
Canon 874 § 1: Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:
1º. haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan
su lugar o, faltando éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta
misión e intención de desempeñarla;
2º. haya cumplido dieciséis años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra
edad, o que, por justa causa, el párroco o el ministro consideren admisible una
excepción;
3º. sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el Santísimo Sacramento de la
Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que
va a asumir;
4º. no esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada;
5º. no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar.
§ 2: El bautizado que pertenece a una comunidad eclesial no católica sólo puede ser
admitido junto con un padrino católico, y exclusivamente en calidad de testigo del
bautismo.
Por otro lado, una Respuesta particular de la Santa Sede de 2017, comentando el can.
877 § 2, recuerda que no se debe admitir como padrino a un no católico, aunque se
pueden admitir dos testigos bautizados no católicos. Más abajo se habla del caso de los
padrinos ortodoxos.
Respuesta particular sobre la admisión de testigos no católicos y la
anotación de personas transgénero como padres en el registro de
bautismo

Pontificio Consejo Para los Textos Legislativos

Ciudad del Vaticano, 15 de noviembre de


2017

Excelencia:

Le escribo para responderle a su carta del pasado 28 de junio, en la que usted


preguntaba por la opinión de este Pontificio Consejo acerca de la admisión de
dos no católicos como testigos del bautismo y la anotación de dos personas del
mismo sexo y de las llamadas “personas transgénero” como padres en el
registro de bautizos.

Después de una cuidadosa consideración de la materia dicha, me complace


ofrecerle las siguientes indicaciones.

El can. 874 § 2 establece que un bautizado no católico puede ser admitido


como testigo en el bautismo solo junto a un padrino católico. En este sentido,
este Pontificio consejo considera que, dada la particular función del padrino,
dos bautizados no católicos pueden ser admitidos como testigos solo si hay un
padrino católico.

En el vigente Código, no hay una ley específica acerca de la anotación de


parejas del mismo sexo o “personas transgénero” como padres en el registro de
bautizos. El término “padres” usado en el can. 877 CIC se refiere claramente al
padre y a la madre, hombre y mujer creados por Dios que están unidos en el
sacramento del matrimonio (cf. can. 1055 § 1 CIC) o a aquella pareja que
adoptó un niño.

De acuerdo con la disposición del can. 877 CIC, el párroco debe anotar en el
registro de bautizos el nombre del padre y madre natural o adoptivo (hombre y
mujer) o el de la madre soltera (mujer) así como el del padre (hombre) si su
paternidad está acreditada por un documento público.

La anotación de compañeros del mismo sexo o “personas transgénero” como


padres sería contraria al susodicho canon y a la enseñanza de Nuestro Señor y
de la Iglesia sobre el matrimonio como ha sido deseado por Dios, como una
unión entre un hombre y una mujer. Si uno de los compañeros es el padre o la
madre natural del niño, él o ella debe ser mencionado en el registro; el otro
compañero no puede ser anotado.

Dadas estas indicaciones, no consideramos posible anotar en el registro


bautismal dos madres o dos padres o un “padre transgénero” cuya naturaleza
real es una mujer o una “madre transgénero” cuya naturaleza real es un
hombre.

Confiamos que esta indicación sea útil a usted. Le aseguramos nuestras


oraciones y los mejores deseos fraternales en su ministerio.

Suyo en Cristo,

+Francesco Card. Coccopalmerio


Presidente

+Juan Ignacio Arrieta


Secretario

Habrá de ser el ministro ordinario del bautismo o el párroco quien juzgue si se


cumplen los requisitos del canon 874. Los requisitos son todos objetivos, aunque se
debe realizar una estimación personal del 3º, y también del 2 º en cuanto a la
posibilidad de establecer una excepción. El ministro o el párroco deben tener en cuenta,
a la hora de apreciar el cumplimiento de los requisitos, que el derecho a escoger
padrinos es del bautizando adulto, o de los padres si es niño. El párroco o el ministro no
pueden establecer otros requisitos distintos de los previstos por el derecho de la Iglesia,
ni tampoco rechazar a una persona que cumple los requisitos. Pero a la vez les
compete la obligación de rechazar a las personas que no cumplen con los requisitos
previstos, por el bien del bautizando. Esto es especialmente importante en el caso del
requisito 3º. Ningún padre o ningún bautizando adulto se debe extrañar si el párroco
rechaza un padrino que lleva un estilo de vida incompatible con las enseñanzas de la
Iglesia Católica, pues es obligación del párroco actuar así.
En la práctica se impone, a la hora de preparar un bautizo, que el ministro o el
párroco hablen con los padres acerca del nombramiento de los padrinos. De ese
modo, si se hace necesario, se pueden con tiempo solucionar los inconvenientes que
surjan. Por parte del párroco se impone que actúe con la necesaria fortaleza para
rechazar un padrino que podría causar escándalo entre los fieles: el hecho de que
determinada conducta pública e inmoral esté muy difundida entre los fieles no hace que
estos fieles puedan ser admitidos como padrinos. Es esta una ocasión práctica de
actuar como el buen pastor, que impide que sus ovejas se dejen confundir. La fortaleza
con que debe actuar se debe ejercer, naturalmente, con amabilidad y empleando el
tiempo que sea necesario para explicar los motivos de su actuación, pero nunca
admitiendo a alguien al que no se puede admitir como padrino.

4. Duración del oficio de padrino


La designación de padrinos por parte del catecúmeno adulto o de los padres del niño es
de duración indefinida. El derecho canónico no prevé la revocación del
nombramiento. Se recomienda por lo tanto que el catecúmeno o los padres seleccionen
bien las personas a las que piensan designar para un encargo tan delicado. Deben
tener en cuenta no solo consideraciones sociales o familiares, sino sobre todo que los
designados sean verdaderos modelos de vida cristiana para los que se van a bautizar.
Si a pesar de la atención puesta para escoger bien al padrino, este no corresponde con
las expectativas puestas en él, no se puede revocar o anular su nombramiento.
Cuando llegue la confirmación sí es posible escoger un padrino o una madrina distintos,
pero esto no anula el nombramiento de padrinos de bautismo. Son padrinos que se
añaden a los de bautismo sin sustituirlos.
Si el padrino o madrina incurre en censura de excomunión, se debe entender que
queda prohibido el ejercicio del oficio de padrino de acuerdo con el canon 1331. A tenor
del § 2, 4 del mismo canon, sería inválido nombrar padrino o madrina a una persona
cuya excomunión ha sido declarada o impuesta.

5. Los padrinos y testigos no católicos


La regla general es que solo pueden ser padrinos los católicos. El motivo de esta
norma es la de atender a la educación católica de los bautizandos. Sin embargo, el
Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo,
promulgado por el Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos
el 25 de marzo de 1993 en el número 98 establece una excepción para los
ortodoxos:
La concepción católica es que los padrinos y madrinas, en el sentido litúrgico y
canónico, deben ser ellos mismos miembros de la Iglesia o de la Comunidad eclesial en
la que se celebra el bautismo. No asumen sólo la responsabilidad de la educación
cristiana de la persona bautizada (o confirmada) en tanto que parientes o amigos, sino
que están ahí también como representantes de una comunidad de fe, garantes de la fe
y del deseo de comunión eclesial del candidato.
a) No obstante, basándose en el bautismo común, y a causa de lazos de familia
o de amistad, un bautizado perteneciente a otra Comunidad eclesial puede ser
admitido como testigo del bautismo, pero sólo junto con un padrino católico. Un
católico puede ejercer el mismo papel para una persona que va a ser bautizada
en otra comunidad eclesial.
b) Por razón de la estrecha comunión existente entre la Iglesia católica y las
Iglesias orientales ortodoxas, está permitido que por una razón justa se admita a
un fiel oriental como padrino al mismo tiempo que un padrino católico (o una
madrina católica) para el bautismo de un niño o adulto católico, a condición de
que se haya provisto de modo suficiente a la educación del bautizado y que sea
reconocida la idoneidad del padrino. No se prohíbe a un católico el papel de
padrino en un bautismo administrado en una Iglesia oriental ortodoxa, si es
invitado a ello. En tal caso, la obligación de cuidar de la educación cristiana
corresponde en primer lugar al padrino (o madrina) que es fiel de la Iglesia en la
que el niño es bautizado.
Como se ve, se recuerda además que cualquier cristiano bautizado puede ejercer como
testigo del sacramento del bautismo administrado en la Iglesia Católica.
Pedro María Reyes
Vizcaíno

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