ELIMINA TUS CONTRACTURAS
LO QUE NUNCA TE CONTARON
DE LA FISIOTERAPIA
Este libro no es la panacea, pero como todo en
fisioterapia
RAQUEL DELGADO CORREDERA
Primera edición: mayo 2022
ISBN: 978-84-1137-685-3
Impresión y encuadernación: Editorial Círculo Rojo
© Del texto: Raquel Delgado Corredera
© Maquetación y diseño: Equipo de Editorial Círculo Rojo
Editorial Círculo Rojo
www.editorialcirculorojo.com
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autor manifieste en ella.
Prólogo
Hablando un poco sobre mí, pero poco
¡Hola! Mi nombre es Raquel Delgado, y quiero que me conozcas un poco antes
de empezar.
Como estudiante de Fisioterapia, comencé a divulgar por redes sociales
contenido para que todo el mundo pudiera entender la fisioterapia de verdad, sin
tapujos.
Desde pequeña, la fisioterapia ha sido una forma de vida que siempre me ha
gustado. Ayudar a la gente, rehabilitar pacientes que no podían caminar; o
simplemente, ayudarles a no sentir dolor. Sin embargo, todo se tiñó de negro a
mitad de carrera. No sabía quién era, ni por qué me quería dedicar a esta
profesión, que ni siquiera entendía. Todos hablaban de contracturas, puntos
gatillos, fortalecimiento muscular o estiramientos. Pero yo no sabía cómo aplicar
eso en mis pacientes, ni tampoco en mí misma. ¿Solo tenía que dar masajes y
poner la lámpara de calor?
Desde el confinamiento de marzo de 2020, me aventuré en el mundo de la
divulgación y derribar mitos de fisioterapia se convirtió en mi pasatiempo
favorito. «Las contracturas no existen» o «no siempre hay que estirar» fueron
algunos de los títulos que más gustaron. Y una persona muy especial me ayudó
bastante a despegar, Cristian (@crisstian_pg en Instagram). También quiero
agradecer a mi mejor amiga, Iria, sin ella esto tampoco habría despegado. Y a mi
familia. Creo que las palabras sobran, pero ¡gracias, una vez más!
Quiero animar a todos esos estudiantes que creen, de una forma u otra en la
fisioterapia. Sabemos que no es una profesión fácil, y que aún nos quedan años
de evolución, pero los pequeños granitos de arena nos hacen crecer y creer.
Querido lector, me alegra tenerte aquí, seas fisioterapeuta, estudiante o
paciente. A través de esta lectura resolveré tus dudas sobre fisioterapia y algo
más. Sé que buscar información sobre estos temas no es nada fácil, y aunque
algunos de ellos aún están en evaluación, intentaré ser lo más directa y práctica
posible.
No creas ni una sola palabra de lo que leas, recordar que existe una «escala de
grises» en todos los temas a tratar, y, aun dando mi opinión, no quiero hacerte
creer que es la panacea, así que una obligación durante toda la lectura del libro
es que seas crític@.
No quiero que este libro se complique, ni que tardes la vida en leerlo, así que
iré directamente al grano.
Y como lo prometido es deuda, ¡vamos a ello!
Este libro no sustituye la valoración, diagnóstico y tratamiento de un
profesional sanitario. Por tanto, ponte en manos de un profesional para un
preciso diagnóstico de tu patología y tratamiento.
Vayamos al grano, ¿quiropraxia, fisioterapia u osteopatía?
Socialmente, la fisioterapia se ha conocido como un conjunto de técnicas
pasivas, destinadas al tratamiento de patologías musculoesqueléticas (aliviar el
dolor, generalmente).
Sin embargo, las técnicas pasivas solo tienen como finalidad la reducción de
síntomas a corto plazo, sin abordar la patología en sí. Y por supuesto, evadiendo
el abordaje a medio y largo plazo; de forma que, «en una sesión se solucione el
problema en cuestión del paciente». Esta forma de trabajo, errónea, impulsa una
respuesta neurofisiológica capaz de activar mecanismos endógenos (producido
en el interior del organismo o las células), de forma que se produzca una mejora
en la percepción del dolor de forma temporal.
La mejora mantenida en el tiempo va a ir seguida de educación y ejercicio
terapéutico, como bases fundamentales en la resolución de cualquier tipo de
lesión. Siendo el ejercicio terapéutico ideal, aquel destinado única y
exclusivamente a ese paciente. Cada cual, con unas características y unas
necesidades totalmente personales, y únicas.
Por lo que, hacer la «tabla de ejercicios» que le mandaron a tu vecina del
quinto, no es fisioterapia. Tampoco lo es cuando el traumatólogo prescribe una
serie de ejercicios predefinidos para esa lesión.
Ilustración 1. Pilares fundamentales en fisioterapia
Y una vez visto lo que debería ser la fisioterapia…
Me gustaría hacer una breve introducción a dos conceptos, que muchas veces
confundimos. Y que, en consulta, es el «pan de cada día». Osteopatía y
quiropraxia (no quiromasajista).
Probablemente te habrás hecho esta pregunta alguna vez.
«Si tengo dolor de espalda, ¿a qué profesional debo ir?»
Tanto la osteopatía como la quiropraxia están reconocidas por la OMS como
medicina tradicional complementaria.
Por un lado, el quiropráctico es aquel profesional sanitario que trabaja el
sistema músculo-esquelético, más concretamente, la espalda.
El osteópata, sin embargo, centra su diagnóstico y tratamiento de forma más
específica, tratando aquellas alteraciones y faltas de movimiento de estructuras
concretas.
La osteopatía se fundó en 1874, por Andrew Taylor Still, defendiendo un
sistema estructural, visceral y craneal, con la finalidad de mantener la salud, y
tratar tejidos blandos. Fue desarrollada por sanitarios o médicos dedicados a la
medicina alternativa. En Estados Unidos, el osteópata o quiropráctico debe ser
médico. En otros países, como en España, la legislación es mucho más abierta,
de modo que el fisioterapeuta es el personal sanitario «encargado» de ejecutar
este cargo.
La profesión quiropráctica fue fundada por Daniel David Palmer. Dentro de la
quiropraxia, el abordaje de la patología se realiza mediante la «resolución de la
subluxación», culpable de muchas de las dolencias o problemas de salud de los
pacientes que acuden a este tipo de profesional.
Una subluxación es un problema de salud que se manifiesta en las
articulaciones esqueléticas y, a través de complejas relaciones anatómicas y
fisiológicas, afecta el sistema nervioso y puede conducir a una función reducida,
discapacidad o enfermedad.
La terminología médica define la subluxación como una dislocación traumática
parcial de una articulación donde ligamentos adyacentes podrían sufrir un
esguince. Las luxaciones y subluxaciones son problemas, que en ocasiones
conllevarían un gran riesgo. Por lo que una derivación médica temprana es la
principal estrategia a seguir.
Ilustración 2. Radiografía de subluxación metacarpofalángica del pulgar, debido a
rizartrosis.
El quiropráctico es el encargado, de cierta forma, de eliminar estas
«subluxaciones» con la finalidad de abolir la interferencia nerviosa que crea; y
restablecer la salud.
Durante más de un siglo, hemos creído que la subluxación articular era la
causante del dolor. Sin embargo, no se encuentra evidencia de apoyo al respecto
(T. A. et al, 2009).
Veamos algunos «conceptos clave» que nos acompañarán a lo largo de todo el
libro. Las «banderas rojas» y la «regresión a la media».
Banderas rojas
Hay que prestar cierta cautela en las fases agudas de dolor (lumbar, cervical o
cualquier otro). Las banderas rojas (tabla 1), o enfermedades graves, no deberían
pasar desapercibidas, siendo indicios de derivación temprana médica.
Tabla 1. Signos, síntomas y antecedentes a los cuales se les denomina de «bandera roja»,
refiriéndonos a esto como aquellos indicios que nos indican alerta.
Banderas rojas
Infecciones/ Fiebre
Historia previa de cáncer
Pérdida de peso brusca sin causa justificada
Enfermedad sistémica
Compromiso medular/mielopatía
Fracaso del abordaje terapéutico
Dolor severo que no modifica. Dolor nocturno
Anestesia silla de montar
Incontinencia urinaria/incontinencia fecal
Déficit motor y sensitivo en área de L4, L5 y S1
Regresión a la media
Esta es una característica que hace referencia a un parámetro medible en un
inicio, que tenderá, en cierta medida, a estar más cerca de la media en la segunda
medición. Es decir, una persona con dolor de cuello agudo en un inicio, tiende a
mejorar significativamente hacia días posteriores, con o sin tratamiento.
Digamos que, cuando el dolor está en el peor momento, tiende a mejorar.
Ilustración 3. Falacia de regresión a la media. El pico de dolor coincide con el punto de
inicio de tratamiento, por lo que la mejora es fácilmente alcanzable.
Según Palmer, «una vértebra subluxada era la causa en un 95 % de todas las
enfermedades». Hoy día, muchos quiroprácticos rechazan esta idea. Ni la lógica
ni la evidencia la apoyan.
Si elimináramos la idea de subluxación, permanecería la de «alineación»
anatómica. Un término clave en la perpetuación del dolor crónico, más común en
espalda.
«Siéntate derecho o te dolerá la espalda»
Ilustración 4. Imagen: freepik.com.
Manipular o ajustar la columna vertebral mantendría la alineación, y, por tanto,
evitaría o eliminaría el dolor.
Sin embargo, existe mucha controversia al respecto y poca evidencia de
calidad. Si la SMT (terapia de manipulación espinal) funcionara, ¿por qué tras
un siglo aún no tenemos evidencia sólida? o ¿por qué en muchas ocasiones no
somos capaces de eliminar el dolor?
La terapia manual espinal no es más eficaz que las simulaciones y los
placebos. Ambas a corto plazo siempre, en el caso de dolor lumbar crónico
(Rubinstein S. et al, 2019).
Algunos aspectos aberrantes de esta ideología
Ideología defectuosa centrada en la inteligencia y vitalismo innato del
profesional.
Religión. Fuerte relación con ajuste de la columna vertebral, y «estar bien
con Dios».
El poder de percibir posiciones normales y anormales de las diferentes
estructuras anatómicas.
Previsión y sabiduría sobre la enfermedad.
El sentido especial del tacto para percibir la anomalía o enfermedad.
La acusación a la medicina de equívoca ante el manejo de pacientes.
Antivacunación.
Manipulación y miedo
El miedo de algunos pacientes hacia el crujido, la incomodidad del sonido, o la
sensación de malestar son habituales en la práctica clínica. Sin embargo, muchos
son los profesionales que no escuchan el temor del paciente. Y deberíamos de
entender que no todo el mundo necesita un «reajuste», que no nacemos con las
vértebras desencajadas, ni tampoco todos necesitamos una manipulación para
que «vuelvan a su sitio».
Además, el mero hecho de explicarle al paciente que su columna está
subluxada o desajustada hace más vulnerable y frágil a la persona. No consiste
en infravalorar nuestra anatomía, no es la culpable del dolor en muchas
ocasiones.
«Tengo que venir una vez al mes, estoy mal hecho»
No soy quién para juzgar o imponer un método de trabajo al resto de
compañeros de profesión, pero sí considero lícito que el paciente esté informado
de que esta técnica pueda no solucionar el problema. Y como ya dijo Francis
Bacon, «el conocimiento es poder». Un paciente bien informado, por norma
general, será un paciente empoderado; y, por lo tanto, consciente de su situación,
capaz de poner en la balanza su situación y elegir de forma libre el tratamiento a
seguir.
Recuerda que no es cuestión de recolocar nada. Existen muchas más variables
a medir que la simple anatomía, esta solo compone 1 de 331 ítems de los que
depende el dolor (cifra inventada). Pero esto lo veremos más adelante.
Ilustración 5. Qué no es y qué es la manipulación. Elaboración propia.
La manipulación de la columna es utilizada por diferentes profesionales de la
salud, como osteópatas, quiropráctico o fisioterapeutas. Las manipulaciones
pueden realizarse de forma brusca o de manera suave, a groso modo. Sin
embargo, el riesgo que podría producir pone bastante en entredicho la terapia. En
el caso de la columna vertebral cervical, y del cuello, podría incluso provocar la
muerte. Sí, muy drástico, aunque realmente un simple masaje también podría
acabar con la vida de una persona. Pero sin ser demasiado alarmistas, hay que
recordarlo.
La disminución del dolor mediante la manipulación es mediado por el «sistema
de inhibición del dolor endógeno»1, en el sistema nervioso central; un
mecanismo interesante para la patología a corto plazo. Sin embargo, ineficaz en
el tratamiento de la patología a largo plazo.
Estos profesionales defienden la mejora del rango de movimiento y la función
de la columna vertebral, sin embargo, existe una evidencia limitada al respecto
(M, et al, 2019; I. et al, 2016).
Entonces, ¿manipulación sí o no?
La manipulación vertebral podría provocar mejoras a corto plazo en algunos
pacientes, pero y a largo plazo, ¿qué?
1 El sistema de modulación endógena del dolor está conformado por neuronas intermedias
dentro de la capa superficial de la medula espinal y tractos neurales descendentes; los
cuales pueden inhibir la señal del dolor.
1.- ¡Cuidado con las etiquetas!
En consulta, y en la vida misma, a menudo encontramos pacientes con
diagnósticos como osteoporosis, artrosis o hernias discales. Son las llamadas
«etiquetas diagnósticas».
Sin embargo, dentro de un diagnóstico, como puede ser el síndrome del
piramidal, el síndrome de dolor miofascial o el síndrome de la cintilla iliotibial;
no hablamos más que de un conjunto de signos y síntomas, sin más.
«Queremos ponerle nombre a todo»
El diagnóstico nos permite identificar los problemas de salud, y clasificar los
síntomas del paciente bajo un nombre concreto, ayudando a los profesionales de
la salud a que puedan explicar, entender, predecir, investigar o tratar una
enfermedad o lesión que cumpla estos criterios clínicos.
A menudo el problema aparece cuando las «etiquetas diagnósticas» (ED) son
interpretadas con incertidumbre o desesperanza. Las ED se vuelven condiciones
o factores de riesgo que pueden perpetuar el dolor en el tiempo. Una radiografía
de cadera, con diagnóstico: artrosis coxofemoral, podría perpetuar el dolor, que
en un principio era inexistente, por el mero hecho de estar dando información de
la existencia de un daño en nuestro organismo.
El uso de ED permite aumentar la probabilidad de comportarnos de acuerdo a
dichos estándares, es decir, en el caso de la artrosis de las manos, provocaría sus
síntomas característicos: dolor, sensibilidad, rigidez o disminución del rango
articular.
Ilustración 6. La artrosis es la enfermedad degenerativa articular frecuente en el adulto
mayor, con cierto componente genético, donde se produce una lesión del cartílago
articular. Imagen: freepik.com.
Cuando hablamos de ED, pueden aparecer, en el paciente, las «banderas
amarillas» (las cuales podemos encontrar de forma resumida en la Tabla 2).
Estas pueden aumentar el riesgo de perpetuar la discapacidad a largo plazo
cuando existe dolor. Digamos que son un lastre en la recuperación del dolor, y
que su mala gestión, podría desencadenar la persistencia (o cronificación) del
dolor. Estas banderas suelen estar relacionadas con emociones o creencias
negativas en relación a su enfermedad o lesión.
Tabla 2. Signos y síntomas propios de pacientes con «banderas amarillas» que pueden
perpetuar en el tiempo, pudiendo derivar en problemas más complejos.
BANDERAS AMARILLAS
Catastrofismo (enfoque negativo del dolor)
Kinesiofobia (miedo al movimiento)
Creencia de que un problema es estructural
Bajo estado de ánimo, depresión…
Altas expectativas sobre terapias pasivas
Estas banderas forman parte de nosotros y son características completamente
normales en una enfermedad/lesión.
Ilustración 7. Medidor de peligro, del lado de la amplificación, debido
al bombardeo de información y el erróneo procesamiento por parte del sistema nervioso
central (SNC).
El catastrofismo se define como un proceso cognitivo y emocional que
predispone a un dolor persistente. La kinesiofobia puede acompañarlo, y se trata
del miedo a realizar ciertos movimientos por pensar que podemos llegar a
empeorar nuestra lesión.
Sin embargo, el dolor no está provocado única y exclusivamente por
alteraciones de nuestra anatomía, sino por un conjunto de causas, por lo que las
propuestas de tratamiento encaminadas a tratar dicha alteración morfológica
podrían incluso agravar el dolor. Aunque lo veremos más adelante, en el dolor
entra en juego un sistema muy importante, el sistema nervioso (SN).
Este sistema es el encargado de percibir las señales e interpretarlas como
dolorosas o inocuas. A modo resumen, un cableado encargado de recibir
estímulos y procesarlos en la centralita (cerebro), de manera que lo clasifique
como dañinos o inofensivos.
Una mala interpretación del estímulo, como ocurre con el mal tiempo o un
daño a un ser querido, podrían provocar dolor, sin que existiera un daño real en
el tejido. El dolor es real y normal, pero el procesamiento del estímulo que
hemos recibido se ha visto alterado.
En las etiquetas diagnósticas el cerebro recibe un bombardeo de información
de amenazas (hace mal tiempo, el médico me ha dicho que tengo artrosis, la
artrosis es el desgaste óseo, mis huesos se van a romper…) provocando una
alteración en el «medidor de peligro», y, amplificándolo.
¿Son buenas o malas las etiquetas diagnósticas?
Ponen nombre al problema y reduce nuestra incertidumbre.
Permiten recibir tratamiento por parte del profesional.
Puede simplificar un problema en un montón de signos y síntomas.
Puede estigmatizar a las personas.
Convierte algo no patológico en patológico.
Somos historias, no etiquetas.
2.- Una imagen no vale más
que mil palabras
Antes de comenzar, me gustaría que contestaras esta pregunta:
¿Está sonando este teléfono?
Y otra más, ¿las arrugas duelen?
El sistema «neuroinmune» del que hablan algunos científicos es un sistema
evaluativo que procesa datos con el objetivo de anticipar el estado de amenaza.
Es capaz de aprender, pero no siempre de corregir sus errores.
El sistema inmune es capaz de actuar frente a ciertos estímulos inocuos, como
el polen. Tanto la nutrición, el ejercicio, el sueño y las emociones repercuten
directamente sobre este sistema, por lo que nuestro estilo de vida se convierte en
el primer y más importante precursor de la inmunidad.
En el sistema neuroinmune ocurre algo similar, se defiende ante estímulos
inocuos como el cambio de clima (ej.: me duele porque va a llover) o la ligera
presión sobre nuestra piel, capaz de provocar un dolor desproporcionado (puntos
gatillo). Dos estímulos inofensivos que debemos desaprender. Aunque de todo
esto hablaremos más adelante.
Pero, cuidado, ¡el cerebro no duele!
Simplemente malinterpreta estímulos
No hablo de experiencia, sino de ciencia. Así que dejemos que esta hable por sí
misma…
Durante el estudio de Brinjikji W. et al, 2015, se hizo un registro de personas
asintomáticas, que presentaban modificaciones anatómicas de la columna
vertebral; hernias, degeneraciones, o abultamiento; entre otras. (Tabla 3).
Tabla 3. Hallazgos de imagen de la columna vertebral, por edad,
en pacientes asintomáticos
Hallazgos de imagen Edad(años)
20 30 40 50 60 70 80
Degeneración disco 37 % 52 % 68 % 80 % 88 % 93 % 96 %
Pérdida de señal del disco 17 % 33 % 54 % 73 % 86 % 94 % 97 %
Pérdida de altura del disco 24 % 34 % 45 % 56 % 67 % 76 % 84 %
Abultamiento del disco 30 % 40 % 50 % 60 % 69 % 77 % 84 %
Protuberancia del disco 29 % 31 % 33 % 36 % 38 % 40 % 43 %
Fisura anular 19 % 20 % 22 % 23 % 25 % 27 % 29 %
Degeneración facetaria 4% 9% 18 % 32 % 50 % 69 % 83 %
Espondilolistesis 3% 5% 8% 14 % 23 % 35 % 50 %
En el caso del hombro, ocurrió algo similar. El 72 % de los 53 adultos
asintomáticos (40-60 años) sin antecedentes de lesión de hombro mostraron
desgarros del labrum en la resonancia magnética. (Barreto, R., 2019).
En otro estudio, en el que un paciente acudió a 10 centros diferentes para poder
saber su diagnóstico, recibió 10 resonancias, de las cuales, 49 patologías
diferentes describieron los 10 radiólogos que lo valoraron. (Herzog, R., 2017).
En el estudio de Guermazi A. et al, 2012, la osteoartritis (enfermedad artrítica
más prevalente del mundo), en casi el 90 % de los participantes (de 50 años o
más) presentaban osteoartritis tibiofemoral, con o sin presencia de dolor en la
rodilla.
Las radiografías de dicha articulación mostraron alteraciones óseas, como
osteofitos* y estrechamiento del espacio articular. Sin embargo, la radiografía es
incapaz de visualizar la patología del tejido blando. Para detectar estas anomalías
se emplea la resonancia magnética, donde se observó daño en cartílago, lesiones
meniscales, osteofitos, quistes subcondrales, lesiones ligamentosas, sinovitis…
en participantes con radiografías «normales».
Para saber más…
Los osteofitos son protuberancias óseas, hiperostosis en el lugar de anclaje de las
fibras de Sharpey. Es decir, el tejido ha cambiado debido a las demandas que este ha
tenido a lo largo del tiempo; generando una mera adaptación. Y no tiene por qué dar
lugar a dolor.
Por lo general, a mayor edad, mayor es la prevalencia de la aparición de
características propias de la osteoartritis, aunque no para otras lesiones del tejido
blando. Por tanto, la resonancia puede detectar características que la radiografía
convencional no, pero estos hallazgos son comunes en personas con y sin dolor
de rodilla.
Cirugía simulada
En el caso de la cirugía simulada ha demostrado ser tan eficaz como la cirugía
real para reducir dolor y discapacidad. Sin generalizar. (Louw, A. et al, 2017)2.
Efectivamente, incisiones sin finalidad alguna podrían tener la misma
repercusión que realizar una cirugía real. ¿Hablamos de cirugía placebo?
Las pruebas de imagen no definen un diagnóstico, y mucho menos, los
síntomas. Forman parte del diagnóstico en el que tanto la persona como sus
síntomas tienen más relevancia que una simple imagen. Pero, ¿Por qué me
duele? Esto lo veremos más detenidamente en los últimos capítulos del libro.
Igual que envejecemos por fuera, envejecemos por dentro.
Entonces, ¿las arrugas duelen?
2 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Louw, A., Diener, I., Fernández-de-Las-
Peñas, C., Puentedura, E. (2017). «Sham surgery in orthopedics: A systematic review of
the literature. Pain Medicine». (Malden, Mass.), 18 (4), 736–750.
https://doi.org/10.1093/pm/pnw164
3. Hablemos de artrosis:
me duelen los huesos
Ilustración 8. Teoría cartesiana de la conducción del sistema nervioso. La nocicepción,
como la recepción de señales en el sistema nervioso central provocadas por la activación
de receptores sensoriales específicos. Descartes R, 1664.
En la artrosis se produce un desgaste del cartílago articular, un material que se
encuentra en nuestras articulaciones, y que permite el deslizamiento entre las
mismas. Sin embargo, este cartílago es aneural y no posee terminaciones
nerviosas; por lo que no podría explicar el dolor que se produce. Aun
provocando dolor, ya vimos en el anterior capítulo que, una prueba de imagen,
no explica la existencia de dolor en la misma.
Sin terminaciones nerviosas (receptores del «dolor»),
no hay dolor.
El modelo tradicional biomédico de salud, donde dolor y daño en el tejido van
de la mano, está en desuso cada vez más. Los cambios estructurales no son la
única causa de dolor.
El modelo biopsicosocial nos permite dejar de ver enfermedades y empezar a
ver personas que necesitan ayuda.
El dolor tiene una etiología multifactorial, es decir, factores como las
relaciones sociales, la experiencia previa al dolor, las creencias o las emociones
marcan la definición del dolor de esa persona. La ansiedad, el estrés, el miedo al
movimiento, el catastrofismo, las bajas expectativas de recuperación o la
incertidumbre; son factores de peso en perpetuación del dolor.
«El día que un paciente acuda a consulta argumentando que su dolor
podría no estar en sus tejidos y que necesita una perspectiva más objetiva
sobre cómo y por qué puede estar persistiendo, ese día, habremos
implementado el modelo biopsicosocial»,
Ben Cormack.
La edad podría ser uno de los condicionante de la artrosis, pero no el único; la
obesidad o los malos hábitos de vida también lo son, pero a diferencia de la
edad, son modificables.
Algunas afirmaciones (falsas) comunes en nuestra sociedad son:
Solo se da en personas mayores.
Es el roce de hueso contra hueso.
Articulación vulnerable.
El ejercicio empeora la articulación.
Tratamientos experimentales y quirúrgicos como primera opción.
Dichos tratamientos recuperarían el cartílago perdido, y curarían el dolor.
Las alteraciones de imagen describen el dolor. (Recuerda, una imagen no
vale más que mil palabras).
El clima afecta a mi enfermedad.
Lo único que podemos conseguir arraigando estos conceptos en la sociedad
son personas vulnerables e ineficaces; incapaces de superar sus miedos y
debilitar sus fortalezas.
¿Es la cirugía de rodilla una buena opción?
En 2002 ya se publicaba un estudio (Moseley J. B. et al, 2002) sobre la eficacia
de la artroscopia de rodilla frente a la falsa cirugía de dicha articulación. Ambos
grupos mejoraban.
Veíamos en el capítulo anterior una revisión sistemática de 2017 en la que la
cirugía simulada o placebo fue tan eficaz como la cirugía real para reducir dolor
y discapacidad. Cabe destacar que no debemos generalizar, puesto que el
número de estudios es limitado.
Recortar, limpiar o sustituir la articulación no tiene por qué ser la solución
mecánica en toda artrosis que se presente. Aunque algunas puedan funcionar en
estadios más avanzados.
Artrosis y osteoporosis no es lo mismo
En la osteoporosis se produce una desmineralización ósea, y es más frecuente en
la mujer por los cambios hormonales que sufre, siendo el principal factor de
riesgo ante posibles fracturas. La obesidad causa un aumento de la carga
articular, y en la osteoartritis de rodilla es un factor de riesgo importante que
debemos reducir. Se ha demostrado que las cargas sobre la articulación
(obesidad) alteran la composición, la estructura, e, incluso, las propiedades
mecánicas. Sin embargo, a diferencia de otros factores no modificables (edad,
sexo, genética…), la obesidad sí podemos hacerle frente.
En la siguiente tabla vemos cómo hacer frente a la artrosis, qué ítems debemos
seguir para mejorar y qué debemos evitar.
Tabla 4. Elementos fundamentales para la osteoporosis.
Factores modificables. (Kolasinski, S. L. et al, 2019).3
La receta mágica
Dieta saludable, evitar el sobrepeso
Una buena dosis de ejercicio físico
Ejercicio de fuerza
Trabajo aeróbico
Trabajo de estabilidad
Control cognitivo
Descanso
Exposición al sol de forma moderada
Evitar tóxicos: alcohol, tabaco…
Nadie dijo que hacerle frente al dolor fuera fácil, sin embargo, debemos
empezar a cambiar el pensamiento. No tenemos que buscar los ejercicios más
complejos, ni el mejor entrenador, tampoco hacer una súper dieta. Los pequeños
cambios (como salir a caminar y hacer ejercicio de fuerza) son los que marcan la
diferencia. Como paciente, puedes buscar la ayuda de un profesional que te guíe;
como profesional, acompaña a ese paciente que necesita ser escuchado,
comprendido y atendido.
La participación como paciente proactivo es imprescindible, la búsqueda de un
objetivo conjunto, una obligación. Realizar 2 horas de ejercicio todos los días,
no será un objetivo, si el paciente es incapaz de adaptarse. Recuerda: «despacito
y con buena letra».
«Somos lo que hacemos cada día, de modo que la excelencia no es un acto,
sino un hábito» Aristóteles.
3 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Kolasinski, S. L., Neogi, T., Hochberg, M.
C., Oatis, C., Guyatt, G., Block, J.,… Reston, J. (2020). «2019 American college of
rheumatology/arthritis foundation guideline for the management of osteoarthritis of the
hand, hip, and knee». Arthritis and Rheumatology, 72(2), 220–233.
https://doi.org/10.1002/art.41142
4. Las contracturas no existen
Ilustración 9.
Enfermedad de Dupuytren.
Ilustración 10
Enfermedad de Volkman: contractura isquémica o por reducción de flujo sanguíneo.
Las contracturas como tal son aquellas que sustituyen nuestro tejido elástico por
inelástico; y, por tanto, impiden el correcto movimiento del músculo. Provocan
un engrosamiento del tejido conectivo y de los tendones de la mano. E, incluso,
pueden llegar a afectar a los huesos, de forma que producen deformación en la
mano. Es muy común en ciertas patologías neurológicas.
La enfermedad de Dupuytren, o la de Volkman son las más comunes. En el
primer caso, normalmente, hombres con trabajos manuales, lesiones en las
manos, y con factores de riesgo como abuso de alcohol/tabaco o diabetes.
Existen otras enfermedades que también cursan con contracturas, como en
algunos casos de «hombro congelado», en los nudillos (almohadillas de Garrod)
o en el pie (Ledderhose). Otras podrían deberse a un daño óseo severo, una
reducción del uso del músculo, un traumatismo extremo o quemaduras de gran
tamaño.
Sin embargo, lo que la mayor parte de nosotros siente en el músculo no se
denomina «contractura». Pero entonces, ¿qué es lo que entendemos por
«contractura»?, ¿por qué sentimos los músculos rígidos?, o ¿por qué sentimos
«bultos»?
Para responder a esto, primero debemos entender que el dolor agudo tiene una
función adaptativa de alarma y protección frente a eventos que puedan ser
dañinos (ej.: quemarnos, pincharnos con un alfiler…). De modo que retiramos la
mano ante dicho estímulo para protegernos.
La transmisión de estímulos tanto eferentes como aferentes se dan hacia el
sistema nervioso central (SNC), pudiendo crear cierta sensibilización central
(SC), que es a la que denominamos según Woolf, en 2011, como «estado
neurofisiológico que resulta en una amplificación de señalización neuronal
dentro del SNC, que evoca hipersensibilidad al dolor».
La IASP (International Association for the Study of Pain) la define como «un
aumento de la capacidad de respuesta de las neuronas nociceptivas en el SNC a
un input aferente normal o bajo umbral».
De esta forma podemos decir que la SC podría ser la culpable de provocar
dolor en cierto modo. Esto no significa que sea algo malo, al contrario, es capaz
de adaptarnos al medio, formando parte de nuestra protección.
Ilustración 11. Alarma activa en el cerebro. Con la consiguiente activación de la
respuesta nociceptiva. Elaboración propia.
Digamos que se ha encendido la alarma de casa, sin saber si el ladrón estaba
dentro o no. Una falsa alarma.
Muchos expertos utilizan el término de sensibilización central para justificar
que un dolor, que «debería de haberse curado», siga persistiendo en el tiempo.
En muchos casos, saber y reconocer que no existe un daño en el tejido podría
ayudar a avanzar en el pronóstico. El dolor no está en el tejido. Tampoco es
psicológico. El dolor única y exclusivamente está en le persona, y es mediado
por el SNC.
Esto se traduce como una hiperexcitación del sistema nervioso central,
manifestándose en forma de molestia o dolor sobre nuestro sistema
musculoesquelético; y esto es lo que coloquialmente denominaríamos
«contractura».
La sensibilización central es un proceso fisiológico normal. Pero cuando se
mantiene en el tiempo, hablamos de «dolor maladaptativo».
Dolor adaptativo y maladaptativo
Podemos diferenciar el «dolor adaptativo» fundamental para nuestra
supervivencia, y para adaptarnos al medio, y subclasificarlo a su vez en
«inflamatorio» y «nociceptivo», contando cada uno de ellos con una función
esencial de protección en el organismo.
Y el «dolor maladaptativo», que será aquel que no conserva una relación
entre disfunción y dolor. Es decir, no existe un daño real en el tejido que
provoque dolor. Sin embargo, lo experimentamos.
En cuanto al tratamiento, el dolor adaptativo se tratará enfocándonos en la
fuente nociceptiva/inflamatoria (aunque debamos tener en cuenta el contexto
personal). Mientras que en el dolor maladaptativo irá más enfocado a modular la
respuesta del SNC.
¿Cómo sabemos si es adaptativo o maladaptativo?
Ilustración 12. Algoritmo de sensibilización central.
Adaptado de Tom G. Mayer.
El siguiente algoritmo nos muestra una sencilla relación entre los componentes
a cumplir para concluir que existe o no sensibilización central. En el inventario
de sensibilización central existen 25 ítems puntuados de 0 a 44.
En el caso del dolor crónico se han observado modificaciones corticales, como
el tálamo, subcorticales, y en la corteza motora primaria y somatosensorial.
Vale, pero ¿qué tiene que ver todo esto con mis «contracturas»?
Has tenido un mal día, tienes agujetas, demasiadas cosas en la cabeza, no te has
movido en todo el día, has comido fatal… Y un sinfín de causas que podrían
alertar a tu sistema nervioso de que algo no va del todo bien. Aquí es cuando
aparece la «contractura», que ya no vamos a llamar así, sino «percepción de
amenaza exacerbada», o simplemente «amenaza».
No existe una causa única y detonante de la
aparición de la contractura.
Por tanto, sentirse rígido es una percepción subjetiva multisensorial y una
protección exacerbada, es decir, una respuesta intensificada ante una posible
amenaza.
Para explicarlo mejor, vamos a utilizar una metáfora; tenemos un vaso de agua,
donde el vaso es la capacidad de tolerar eventos en nuestro organismo, y el agua
la carga o eventos que podemos añadir al mismo.
Previa a la aparición de la contractura, la tolerancia del tejido (capacidad de
ese vaso) se ha visto alterada. La carga o agua que echamos en el vaso es la
misma, pero ahora se percibe como una amenaza. Y cuando «la gota colma el
vaso», aparece la temida «contractura».
Ilustración 13. Carga y la tolerancia del tejido. El vaso hace referencia a la
capacidad que tiene un tejido frente a diferentes estresores, y el agua sería el estresor o
carga. Cuando la tolerancia es menor, como en la segunda imagen,
y la carga sigue siendo la misma, se percibe como una amenaza en el tejido.
Elaboración propia.
Causas tan diversas de clasificar como de tratar, y que,
por tanto, nadie mejor que tú mismo es capaz de solucionar.
Antes de continuar, veamos algunos «conceptos clave» que nos acompañarán
a lo largo de todo el libro. El modelo biopsicosocial y los SIMs y DIMs.
El modelo biopsicosocial
Este modelo contrasta un modelo simplista biomédico tradicional, únicamente
biológico. Dentro de este nuevo enfoque se tiene en cuenta la experiencia de
cada ser humano, alejándose del modelo cartesiano del dolor, en el que este era
igual a daño en el tejido.
Bio-psico-social, me permito separarlo unos segundos para que al desglosar la
palabra podamos profundizar en su significado.
Ilustración 14 Modelo biopsicosocial. Compuesto por tres esferas: social,
biológica y psicológica. Elaboración propia.
Factores biológicos (bio-), psicológicos (-psico-) y sociales (-social):
enfermedad, dolor, genética, estado anímico, personalidad, creencias,
sentimientos, cultura, estrés laboral, economía… todo esto y mucho más
componen un solo ser individual y único. Veremos esto con mayor profundidad
en el capítulo 30.
DIMS Y SIMS
Catalogamos los peligros como DIM – danger in me; y la seguridad como SIM –
safety in me. Cada uno de ellos compuesto por diferentes variables o «etiquetas»
agrupados en siete variedades.
1. Cosas que puedes oír, ver, oler, tocar o saborear. Ej.: crujido vertebral, un
masaje o una resonancia magnética.
2. Cosas que hacer. Ej.: reposo absoluto, ejercicio.
3. Cosas que decir. Ej.: «es por la edad», «tienes artrosis» …
4. Cosas en las que pensar y creer. Ej.: «el dolor es para siempre», «los
profesionales me ayudarán».
5. Lugares. Ej.: hospital.
6. Personas de tu vida. Ej.: jefes, vecinos, tu novio/a.
7. Cosas que ocurren en tu cuerpo. Ej.: inflamación, optimismo…
Antes de seguir, tengo una actividad para ti: coge papel y bolígrafo y dedica
unos minutos a escribir el porqué de tus «contracturas» «amenazas», y el porqué
de ese dolor. Clasifícalos según DIM o SIM, y después dibuja una balanza,
separando ambos. ¿Cuál pesa más?
Ilustración 15. Balanza ejemplo de los DIM y SIM de una persona que ha sufrido una
lesión recientemente. En azul, los SIM. En rojo, los DIM. De mayor a menor tamaño,
dependiendo de la importancia de cada etiqueta. Elaboración propia basada en el
modelo de Moseley.
Pero, hay veces que noto como un bulto en el músculo, y que al palpar me
molesta…
Generalmente, estos «bultos» o «bolas» suelen ser estructuras anatómicas:
borde óseo, tendón, ligamento o músculo. El músculo está compuesto de fibras
musculares, y cada neurona inerva a unas cuantas de fibras musculares (unidad
motora). La unidad motora se activa (reclutamiento motor) dependiendo de la
demanda que requiera para trabajar; no es lo mismo levantar un vaso de agua,
que hacer un peso muerto con 100 kg. La unidad motora es capaz de adaptarse
ante las adversidades cambiando su aspecto.
Por lo que tener «bandas tensas» es algo completamente normal, de hecho, me
atrevería a decir que «beneficioso». Tu cuerpo se adapta a las cargas que le
ofreces, y a diferentes estímulos. La capacidad de adaptación al medio y
desarrollar nuevas habilidades nos permite levantar objetos pesados, por
ejemplo, o lo que es mejor aún, sobrevivir.
A corto plazo, esto significa una protección exacerbada del cuerpo a modo de
defensa, sin embargo, a largo plazo podría interpretarse como amenaza,
pudiendo llegar a perpetuar en el tiempo, o incluso a formar parte de nuestro
«yo».
Entonces, ¿qué puedo hacer para mejorar mi percepción al dolor?
Ya hemos visto que clasificar en debilidades y fortalezas, DIMs o SIMs, puede
ayudarnos a mejorar nuestra comprensión del dolor. Además, determinar qué
factores son o no modificables, y el grado de amenaza de los mismos, es decir,
¿son amenazas de gran tamaño, o apenas tienen importancia? también nos
ayudarán a mejorar la percepción de dolor, las «amenazas».
Además, es importante el control de la carga: tanto la capacidad como la
tolerancia y la acumulación. Pero, sobre todo, la progresión de todos estos
factores, fundamentales a medir para disminuir la amenaza percibida.
No queremos un vaso ni a rebosar, ni vacío; sino en su justa medida. Queremos
un vaso «medio lleno, medio vacío».
Me duele porque la alarma de mi organismo,
se ha activado. «Amenaza» la llaman.
4 Cuestionario de sensibilización CSI de Cuesta-Vargas AI, Roldan-Jimenez C, Neblett
R, Gatchel RJ. Cross-cultural adaptation and validity of the Spanish central sensitization
inventory. Springerplus. 2016;5(1):1837. https://www.consejo-
fisioterapia.org/FISIOQ/FASE3/FASE_3_2/04.pdf
5. Tu postura no es la culpable
Hombros hacia atrás, espalda recta, siéntate bien, no te agaches de tal manera…
Desde medios de comunicación hasta profesionales de la salud han ido
reforzando el mensaje de «mala postura» durante años, sin embargo, no hay
evidencia que respalde este mensaje.
Hace algunos años, las campañas de «higiene postural» se ponían de moda.
Padres y madres, niños y niñas, acudían a sesiones informativas de cómo
sentarse, cómo dormir o cómo levantar pesos.
Curiosamente, hace unos días, una amiga me enseñó el reconocimiento médico
que le hicieron en el trabajo. Al final del mismo, había unas recomendaciones
básicas posturales de cómo coger peso. Que si espalda recta y a modo sentadilla.
Ilustración 16. Agacharse con la espalda recta y a modo sentadilla
«es la mejor forma» de coger cargas pesadas.
Pero ¿por qué nos obsesionamos en corregir movimiento
o posturas? ¿Acaso existe el movimiento ideal?
El 65 % de los fisioterapeutas piensa que es «muy importante» la postura
óptima para sentarse. Sin embargo, la postura ideal no saben reconocerla, ni
tampoco el porqué de las mismas. (Korakakis V. et al, 2019).
La postura es solo un factor más de tantos que podría influir en la aparición del
dolor. De hecho, muchas personas con dolor se sientan de manera «correcta», y
viceversa.
Y es que, en este estudio reciente de Saraceni N. et al, 20215,
no se relaciona dolor lumbar con la cinética lumbar. Es decir, una mayor flexión
lumbar o un mayor levantamiento de peso no debería ser relación directa de
daño ni dolor. Lo que genera dudas sobre el paradigma del «levantamiento
seguro de peso».
¿Existe una única forma correcta de hacer un peso muerto?
*Debatimos esto en el blog de denufi.com
La postura ideal no existe
La postura es un patrón en constante cambio y respuestas adaptativas con la
finalidad de mantener una posición erguida, pero sobre todo funcional.
Empecemos por el principio, los nociceptores (o receptores del dolor)
necesitan un umbral alto, es decir, un alto estímulo para que la señal «llegue» al
cerebro. Esto tiene su lógica, porque si los nociceptores no tuvieran ese alto
umbral, entonces sentiríamos experiencias dolorosas continuamente, con
estímulos inofensivos (como podría ser tocar una pluma o darle la mano a
alguien).
Los nociceptores pueden percibir estímulos mecánicos, térmicos y químicos;
pueden ser rápidos o lentos, a groso modo. Unos perciben un único estímulo, y
otros, varios estímulos a la vez. Existen casos en los que estos receptores pueden
verse alterados y provocar dolor, a la mínima, pero no sucede como norma
general.
Entonces, y teniendo en cuenta que no se ha encontrado evidencia que sugiera
que un estímulo mecánico bajo, como es una postura mantenida en el tiempo,
pueda activar un receptor de umbral alto. ¿Por qué le damos tanta importancia a
la postura? Y, ¿por qué una postura mantenida en el sofá produciría dolor?
La falta de movimiento y necesidad del mismo explican estas preguntas.
Realizar «snacks de movimiento» tras mucho tiempo sentado puede revertir la
presencia de dolor.
Durante un tiempo, la creencia errónea de que una «mala postura» podría dañar
nuestros tejidos, y, por tanto, producir dolor, se ha visto tumbada.
Ilustración 17. Los nociceptores (flechas) se encargan de recibir y transformar la
información de estímulos, externo e internos, en potenciales de acción. Es decir, en
impulsos nerviosos. Provocando o no dolor, pues la percepción de dolor depende
también de otros elementos.
Recuerda que dolor y daño no van de la mano.
Y que el dolor está influido por muchos factores, y no solo por las variaciones
anatómicas.
Somos adaptables
El ser humano, durante su evolución, ha sido capaz de adaptarse al medio y
evolucionar. No consiste en agacharnos a coger algo del suelo con un protocolo;
y mucho menos precisamos la postura ideal para sentarnos frente al ordenador.
El concepto «correctivo» o «higiene postural» nos hace caer en el error de que
pequeñas desviaciones o alteraciones en nuestra anatomía son anormales. Sin
embargo, las variaciones anatómicas de nuestro cuerpo son normales, y gracias a
ellas, somos bioplásticos (capaces de adaptarnos al medio y sus dificultades).
El caso de Lamar Gant es bastante visual. Un culturista que fue capaz de
levantar 300 kg en peso muerto, 5 veces su propio cuerpo. ¿Sorprendente? ¿Y si
te digo que padecía escoliosis (deformación de la columna vertebral) bastante
evidente?
¡Cuidado! El peso de algunas palabras, como «correctivo»,
puede ser más voraz que muchas lesiones.
Nuestra misión, como sanitarios, e inclusive como paciente, no es infravalorar
o empequeñecer a la persona, es dar las herramientas necesarias para afrontar las
debilidades.
Como consejo, puedes realizar pequeños descansos activos durante el trabajo,
que es a lo que llamamos «snacks de movimiento» de forma que te ayuden a
evitar posturas mantenidas durante un largo periodo de tiempo. Hacer tres
sentadillas, andar diez minutos o realizar tres flexiones podría ser una buena
forma de empezar.
Siéntate como te dé la gana.
¡Pero muévete después!
5 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Saraceni, N., Campbell, A., Kent, P.,
Straker, L., O’Sullivan, P. (2021). «Exploring lumbar and lower limb kinematics and
kinetics for evidence that lifting technique is associated with LBP». PloS one, 16 (7),
e0254241. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0254241
6.- Acidez postural
Volvamos de nuevo al dolor, ese sistema de alarma que trabaja para ti todo el
tiempo. El dolor cuando te quemas, cuando te pinchas con algo afilado, o cuando
te das en el dedo meñique con la esquina de una mesa. Ese dolor que provoca
una llamada de atención a nuestro Sistema Nervioso, para que evites un mayor
daño (retirando la mano, por ejemplo). Igual ocurre con las posturas mantenidas
durante un largo periodo de tiempo. Imagínate estar sentado en una roca afilada,
¿duele? Pues ahora imagínate sentado en esa misma roca durante ocho horas al
día. Esto es lo que ocurre en la mayor parte de los trabajos hoy día. Sin embargo,
no somos tan tontos de mantener una misma postura durante más de 15 minutos.
Y sino me crees, ¡haz la prueba! Siéntate durante 1 hora seguida, ponte tu
película favorita. Si consigues no cambiar de postura ni moverte durante más de
15 minutos, te doy mi enhorabuena.
Existen artistas que se dedican a ello, también aquellos que meditan a diario
logran mantener, de forma consciente, una postura cómoda sin cambios de
postura durante largos periodos de tiempo. ¿Crees que es algo que podríamos
entrenar?
¿Por qué cambiamos continuamente de postura?
Si el cerebro llega a la conclusión de que los tejidos están en peligro, y que hay
que hacer algo al respecto, entonces sentiremos dolor. Igual ocurriría si nos
pasamos mucho tiempo sentados, nuestro organismo da la «voz de alarma» para
producir movimiento. Digamos que nuestro organismo se encarga de crear ácido
(ficticio), y llegar hasta la médula espinal, para hacer que te muevas y eliminar el
peligro de una roca clavada durante horas. De forma que «eliminaríamos» dicho
ácido.
La isquemia es la falta de oxigenación hacia los tejidos, y es provocada por la
falta de movimiento, lo que puede desencadenar en muerte celular. Sin
oxigenación no hay sangre ni nutrientes, tampoco se da la eliminación de
productos de desecho. La continua presión sobre los diferentes tejidos puede
provocar dicha isquemia, sin embargo, invertir el proceso es tan fácil como
levantarte o moverte durante unos segundos; ya sea haciendo estiramientos,
movilidad, caminando o cualquier ejercicio que implique movimiento.
Y ahora me pregunto, ¿crees que hemos evolucionado para que dicha isquemia
no nos afecte demasiado? *Debatimos esto en el blog de denufi.com
Cuando el dolor aparece ante cierto estímulo térmico (como es el fuego), lo
denominamos «dolor térmico». Sin embargo, cuando aparece ante un estímulo
meteorológico, lo denominamos «dolor meteorológico» o «inflamatorio» cuando
ocurre una inflamación.
En el caso del «dolor mecánico» ocurre lo mismo, creemos que la postura es la
culpable de nuestro dolor. Sin embargo, al igual que el «dolor térmico» nos avisa
de que debemos quitar la mano del fuego; el «dolor mecánico» nos indica que
debemos empezar a movernos.
En el estudio de Alexander R. Kett et al, 20216, evaluó el efecto de la
sedestación (4’5 h) sobre la rigidez de la musculatura lumbar. Y se observó que,
a mayor tiempo de inactividad, mayor rigidez existe en los tejidos. Sin embargo,
en este mismo estudio, se observa que no existe relación entre la postura
«encorvada» adoptada y el aumento de la rigidez muscular. Cabe mencionar que
este estudio cuenta con algunos sesgos en la medición de la rigidez (solo lo
hicieron de forma superficial). Tampoco tiene aspectos como la percepción
personal y única de la rigidez, por lo que necesitamos más estudios al respecto.
De momento, lo que sí sabemos es que pequeñas dosis de movimiento cada
treinta minutos nos ayudan a evitar la sensación de rigidez y, sobre todo, a
mantenernos activos.
Correctores posturales
Cambiando un poco el tema, se han puesto muy de moda los «correctores
posturales» de la Teletienda, y se publicitan como eficaces contra el dolor (de
hombros, espalda y cuello…), además de ideal para aquellas personas que pasan
mucho tiempo sentados frente al ordenador, y como una herramienta para
«reeducar su mala postura» y posicionar su espalda recta.
Pero, ¿cuál es la postura correcta? Veíamos en capítulos anteriores que no
existe una forma ideal de sentarse. El concepto de la mala postura en nuestra
sociedad no es más que un impulsor del dolor, de ahí, la comercialización de este
tipo de prendas, cuya finalidad real no es más que debilitar a nivel muscular y
hacernos menos autoeficaces y más dependientes.
En el estudio de Palsson T. S. et al, 2019, se realizó una búsqueda sistemática
de la literatura sobre las camisetas correctoras. Se identificaron 136 artículos y 6
se incluyeron en la revisión. Los hallazgos determinan que estas prendas,
además de corregir la postura, subjetivamente tienen un efecto positivo sobre la
incomodidad, niveles de energía y productividad. Cabe destacar que la calidad
de los estudios era deficiente, puesto que el riesgo de sesgo fue alto. Y, por
tanto, una limitación de los estudios realizados.
Como profesional sanitario puede empezar por empoderar a sus pacientes, y en
vez de corregir, señalar lo positivo y recalcar los objetivos a alcanzar y/o educar
al paciente en dolor.
Como paciente, usar este tipo de prendas de forma indiscriminada puede
hacerte caer en un estado de hipervigilancia, al igual que el intentar corregir
continuamente las posturas adoptadas en su día a día.
Esto no quiere decir que esta herramienta no pueda ser utilizada, de hecho, en
personas con miedo al movimiento, quizá sea interesante el uso de esta prenda
(de forma puntual) para realizar el movimiento que estamos evitando; de forma
que se reestablezca la funcionalidad del mismo. Un ejemplo de ello, el típico
latigazo o dolor lumbar agudo en el que somos incapaces de flexionar nuestra
cadera (coger algo del suelo). Utilizar este dispositivo como medio para realizar
el movimiento, podría ser una estrategia muy útil.
Corregir la postura en exceso podría hacer más mal que bien.
Recuerda que la hipervigilancia es un estado continuo de «alerta».
6 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Kett, A., Sichting, F., Milani, T. (2021).
«The effect of sitting posture and postural activity on low back muscle stiffness».
Biomechanics, 1 (2), 214–224. MDPI AG.
http://dx.doi.org/10.3390/biomechanics1020018
7.- ¿Tensión muscular?
¿Por qué notas tus músculos tensos? ¿No son capaces de relajarse? ¿Están
acortados? ¿Están rígidos?
En muchas ocasiones, muchos de nosotros hemos manifestado dolor en la
espalda o en algún músculo de nuestro cuerpo cuando más tensos estábamos o
más trabajo teníamos. La causa de nuestro dolor comúnmente es el
«sobresfuerzo» mantenido en el tiempo. Ya sea una carga física o psicológica.
«Me duele porque tengo estrés».
El cerebro es uno de los mayores responsables de este dolor. Es el director de
la película, de la recreación del dolor musculoesquelético en nuestro sistema
nervioso central, a lo que denominaremos «cuerpo virtual». Es decir, nuestro
cerebro es capaz de filmar una película y mover la balanza del lado de la
amenaza o de la protección, provocando o no dolor musculoesquelético.
Independientemente del estímulo que esté recibiendo.
Ilustración 18. Cerebro como «director» de la película. Capaz de desviar la balanza
hacia la protección (no dolor) o hacia la amenaza (dolor).
El acortamiento real de un músculo es un concepto erróneo, puesto que no
podemos medir la distancia del músculo antes y después de «ponerse tenso»; y
aunque pudiésemos medirlo, no cambiaría su longitud. Hablaremos de
percepción de rigidez en el mayor porcentaje de casos.
Existe una enfermedad muy rara denominada «síndrome de la persona rígida»,
y se define como un trastorno neurológico poco común, con características de
una enfermedad autoinmune. Cursa con rigidez muscular fluctuante en tronco y
extremidades, espasmos musculares, sensibilidad alterada o posturas anormales.
Por otro lado, existe la «teoría de la rigidez», el «endurecimiento» del tejido
que provoca esa sensación molesta. Sin embargo, muchos de esos puntos
dolorosos y rígidos a los que denominamos «puntos gatillo», los encontramos en
muchas ocasiones, incluso más blandos que de costumbre.
Podemos sentirnos rígidos, pero no estar rígidos.
En este estudio Stanton, T. R., 20177, se midió la percepción de fuerza ejercida
sobre la espalda de 15 sujetos con dolor lumbar crónico (que también sufrían de
rigidez de espalda), y 15 controles sanos de la misma edad y sexo, sin dolor ni
rigidez. Sentirse rígido se relacionó con una respuesta de autoprotección, es
decir, los pacientes con mayor dolor sobreestimaban la fuerza que se les aplicaba
en comparación con los sujetos sin dolor.
En este otro estudio de Dieterich A. V. et al, 2020, la elastografía (prueba para
medir la rigidez o elasticidad de órganos) de ondas de corte reveló una rigidez
similar en personas con y sin dolor de cuello, a pesar de la sensación de mayor
rigidez en el cuello en aquellos con dolor de cuello crónico. Sentirse rígido se
relacionó con una respuesta de autoprotección, los pacientes con dolor de
espalda sobreestiman la fuerza que se le aplica en comparación a los sujetos sin
dolor.
Las personas con dolor de espalda pueden sentirse rígidas, pero parece que esto
no se debe a que estén objetivamente rígidas, sin embargo, la rigidez podría ser
un mecanismo de protección para reducir el movimiento y así evitar el proceso
de nocicepción o lesión.
Por tanto, no existe relación entre la rigidez real y la que sentimos. La
sensación de rigidez es una percepción subjetiva protectora, en lugar de
reflejar las propiedades anatómicas o biomecánicas objetivas de la espalda.
Una vez más, nuestro sistema nervioso está
más implicado de lo que creíamos.
Somos capaces, incluso, de manipular ese estado de rigidez. En el mismo
estudio de Stanton T. R. et al, 2017, se proporcionó un estímulo auditivo, como
el sonido de una puerta chirriante y un silbido. Con el primer sonido, los sujetos
sobreestimaron la fuerza que se les aplicaba en la espalda; con el segundo
sonido, sin embargo, percibían una fuerza ejercida menor.
En el caso de las artes marciales, esta sensación subjetiva no está relacionada
en ningún caso con las medidas objetivas de flexibilidad. Existe una misma
percepción de rigidez en personas más o menos flexibles, por lo que mejorar la
flexibilidad no sería una herramienta útil en estos casos.
La rigidez, por tanto, es una percepción subjetiva, dependiente de cada
contexto individual; y que podría ir desde un exceso de estrés, hasta un entreno
de fuerza intenso. ¿Hablamos de un sentimiento?
Pero, ¿por qué se produce esta sensación de rigidez?
Fatiga o desacondicionamiento
Miedo al movimiento
Hipervigilancia o sobreprotección
Estrés
Otros factores contextuales
Ya sabemos que la rigidez no se debe al estado en sí del tejido, sino a una
etiología biopsicosocial dependiente del contexto.
Pero, ¿somos capaces de palpar un tejido rígido?
Existe una gran diversidad de texturas, donde es imposible detectar la rigidez de
la estructura. Sanas a simple vista, aunque sienten dolor y rigidez. En culturistas,
por ejemplo, podemos palpar una «rigidez extrema» por su musculatura tersa y
fuerte, y no presentar dolor ni sensación de rigidez; no obstante, en un paciente
que no entrene fuerza y que tenga la musculatura débil, podríamos no sentir esa
rigidez; y, sin embargo, presentar molestias.
Paciente: «¿Cómo tengo la espalda?».
Fisio: «No lo sé».
La rigidez no es más que una sensación subjetiva
7 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Stanton, T.R., Moseley, G.L., Wong,
A.Y.L. et al. (2017). «Feeling stiffness in the back: a protective perceptual inference in
chronic back pain». Sci Rep 7, 9681. https://doi.org/10.1038/s41598-017-09429-1
8.- Tus músculos no están acortados
Antes de comenzar, ¿qué es un músculo? Hablamos de un conjunto de células
especializadas en contraerse y relajarse, gracias a dos proteínas, actina y
miosina, que conforman el sarcómero. Estas proteínas, mediante el consumo de
energía, son capaces de compenetrarse y generar el acortamiento y la
consiguiente relajación, o lo que es lo mismo, una contracción muscular.
Sin embargo, la consistencia de una célula es coloide, es decir, como gelatina o
espuma de afeitar, por lo que sostener estructuras se les hace un tanto
complicado. Necesita de estructuras un poco más fuertes, que les proporcione
estabilidad y sujeción, como es el tejido conjuntivo que las rodea y empaqueta,
formando estructuras muy fuertes. Un ejemplo muy visual es la grasa de la carne
o «ternillla», donde el tejido conjuntivo, blanco o transparente, es mucho más
fuerte que el rosado o muscular. Prueba a cortarlo, ¿cuál cuesta más?
El control de la contracción muscular es llevado a cabo por neuronas. Estas
generan una «corriente» en su membrana y viajan hasta llegar a la fibra
muscular, liberan acetilcolina (un neurotransmisor) y producen el acortamiento-
relajación del músculo. La unión de la fibra muscular y la neurona se denomina
«placa motora». Y es donde se libera la acetilcolina.
Ocurre que, si existe una hiperexcitabilidad de la placa motora, se liberará
acetilcolina de forma desmesurada, haciendo que el músculo se contraiga en
exceso y provoque una «protección» exagerada del mismo. ¿Hablamos de
«puntos gatillo»? Esto lo veremos en capítulos posteriores.
¿Cómo se produce un acortamiento?
El acortamiento, o, mejor dicho, la falta de sarcómeros, ocurre cuando existen
enfermedades, lesiones o falta de movimiento. Este acortamiento se produce
cuando estamos en una misma postura durante mucho tiempo. Pero, ¿cuánto es
mucho tiempo?
Ocurre, por ejemplo, con los flexores de cadera, cuando mantenemos una
posición de sedestación prolongada. Con prolongada me refiero a 23’5 horas al
día, 7 días a la semana, durante 2-4 meses, probablemente. No como la
población general que podría pasar entre 8-12 horas diarias, 5 días a la semana.
Esto último no generaría el acortamiento del que hablamos. Un mínimo de
movimiento, como levantarse de la silla para ir al baño, revertiría el estado de
acortamiento.
La sensación que tenemos de acortamiento muscular, por lo tanto, no es más
que una sensación subjetiva. De nuevo, nuestro sistema nervioso está
catalogando y sobreprotegiéndonos ante situaciones «inofensivas», provocando
sensación de malestar muscular e incluso dolor.
¿Cómo mejorarías esa sensación de «acortamiento»?
La movilidad de forma dinámica será nuestro aliado para el alcance de una
mayor amplitud de movimiento en la articulación; de forma que mejoremos la
sensación de acortamiento muscular. Recordemos que tenemos que darle las
pautas necesarias a nuestro SN para que deje de crear sensaciones
«desagradables».
Repetir una y otra y otra vez este tipo de ejercicios nos ayudará a conseguir
objetivos modestos, pero bastante significativos en el tiempo. Además, se trata
de ejercicios relativamente fáciles de realizar y adaptables a cualquier persona y
población.8
Use it or lose it.
Cualquier persona es susceptible de movimiento,
por mínimo que sea.
Antes de continuar con las herramientas de uso más habitual para disminuir
tanto dolor, contractura, rigidez como tensión; me gustaría hacer un breve inciso
del papel del estrés sobre nuestro organismo. El dolor se considera un estresor
del cuerpo, y los niveles de estrés varían de una persona a otra dependiendo de
su contexto9.
El síndrome del estrés se describe en tres etapas: la etapa de alarma
(preparación para la lucha o huida), la etapa de resistencia (condición que nos
permite protegernos) y la etapa de agotamiento (envejecimiento por el constante
desgaste). El estrés no solo provoca mayor excitación, mayor vigilancia o un
estado de insomnio; sino que también se da un aumento de flujo sanguíneo hacia
el cerebro y una inhibición del sistema vegetativo (alimentarse, digestión,
pérdida de apetito, pérdida de interés sexual, reparación de tejidos, función
inmune…). Es decir, el organismo prioriza la «supervivencia y la salvación», y
deja de lado acciones como la curación de heridas o la digestión. «¿Para qué voy
a curar mi lesión si tengo que huir?». Por tanto, el estrés continuado provoca
cambios, y nos repercuten negativamente en la salud.
«El estrés mata»
8 Si quieres saber más te recomiendo la lectura del blog: https://denufi.com/movilidad-
una-alternativa-a-los-estiramientos/
9 Te recomiendo la lectura del libro «¿Por qué las cebras no tienen úlcera? La guía del
estrés» de Robert M. Sapolsky de 2008.
9.- ¿Masaje? ¿Amigo o enemigo?
En fisioterapia, el masaje constituye a día de hoy una parte central en el
tratamiento de muchas patologías, y, sobre todo, si se trata de una patología
musculoesquelética.
Sin embargo, el compromiso que se le asigna, a veces, va más allá de las
posibilidades del fisiológicas. El masaje:
Reduce la inflamación
Elimina toxinas
Descarga al músculo
Son típicas frases que oímos en nuestro día a día.
La piel posee alrededor de seis mil terminaciones nerviosas por cm2, por lo que
estimular estar terminaciones nerviosas podría implicar una fuerte respuesta en
nuestro organismo. De hecho, cuando palpamos la piel se produce una
experiencia novedosa sensorial, que causa un estado de euforia y parestesia,
como ocurre con el orgasmo, o el ASMR (respuesta autónoma del meridiano
sensorial).
Esto explicaría el alivio del dolor de forma inmediata. El ASMR es una
experiencia tanto psicológica como física que utiliza sonidos específicos, como
susurros o ruidos fuertes al comer, con la finalidad de sentirse tranquilo, feliz, o
simplemente para dormir. (Peer J., 2017; Poerio et al, 2018).
La masoterapia incluye fenómenos similares al ASMR, como la atención, el
silencio, las acciones repetitivas, las voces suaves o los susurros. En muchas
ocasiones nos sirve como pretexto a la alianza terapéutica y a la escucha activa
del paciente, una forma de interactuar con el mismo, realizar un diagnóstico más
cercano y ganarnos un poco más su confianza. Y sobre todo, en primeras
sesiones, donde ni el paciente nos conoce, ni nosotros (como fisioterapeutas)
conocemos nada de él.
El tacto es, por tanto, una herramienta que nos permite la modulación del
dolor, pudiendo generar e incluso modificar el curso normal de la patología. Es
más, con una simple caricia, podríamos modular el dolor.
«Sana sanita, culito de rana, si no te sanas hoy, sanarás mañana»
La terapia manual supone un estímulo mecánico que generará una hipoalgesia
(menor dolor), una mejora de sensaciones y un aumento de la tolerancia al dolor;
pero como hemos dicho, de forma temporal10.
Ilustración 19. Las técnicas de terapia manual se basan en propiedades físicas del
estímulo (ubicación, área, intensidad…), así como en propiedades emocionales
(amabilidad, acogida, afectividad…); con las consiguientes respuestas: modulación del
dolor, respuesta afectiva (activación opioides, oxitocina y vías dopaminérgicas), y
reorganización somatoperceptual (reorganización representación mental del cuerpo,
diferenciación entre estímulo seguro y amenazante, y mejora del control corporal).
Elaboración propia basada en la de Tommaso Geri y col. (2019).
Con el tacto, se produce la modulación del dolor, se reducen los sentimientos
afectivos negativos, el miedo o el estrés; entre otros. Se liberan opioides
endógenos y oxitocina, es decir, un sistema innato que segrega una serie de
endorfinas, encargadas de producir una disminución del dolor.
Por otro lado, la palpación es capaz de proporcionar al paciente una visión
«desde fuera» de su problema, una mejora de la propiocepción corporal
(capacidad que tiene nuestro cerebro de saber la posición exacta de cada parte
del cuerpo, en cada momento), ayudando, por tanto, a reconocer y controlar esa
área corporal. La finalidad será la de mejorar el control corporal propio, y
además, equilibrar la balanza entre amenaza y seguridad, del lado de la
seguridad.
Ilustración 20. Balanza del lado de la seguridad. Elaboración propia.
Resumiendo; con la terapia manual se consigue:
Modulación del ROM (rango de movimiento articular) y del dolor de
forma temporal.
Cumplir expectativas del paciente. Además de crear una relación
profesional – paciente más cercana.
Efecto placebo.
El uso de las manos, combinado con un razonamiento adecuado y con un
feedback del paciente, podría ser beneficioso. Sin embargo, el uso de terapia
manual en todos los casos podría ser contraproducente. E, incluso, perjudicial.
Después de explicar los tres grandes rasgos u objetivos de la masoterapia, y lo
que pretendemos conseguir con ella, vamos a desmitificar algunas de las
«intervenciones más populares»:
Es evidente que el masaje aumenta la circulación: sí. Sin embargo, el
ejercicio es mucho más efectivo.
¿El masaje trata el DOMS (agujetas, coloquialmente)? Esto lo veremos
más adelante. Pero te adelanto que no es del todo así.
El masaje no desintoxica. La eliminación de toxinas se realiza gracias a
los pulmones y riñones, digamos que no existe la «receta mágica» para
provocar ningún tipo de desintoxicación; ni agua con limón en ayunas,
ni batidos détox, ni tampoco masajes. Incluso, podríamos acumular
«toxinas» a causa del masaje intenso; al igual que si realizamos
demasiado ejercicio. A esto se lo conoce como «rabdomiólisis» o
«estado levemente tóxico». Y, en casos extremos, podría ser muy grave.
Por otro lado, muchos terapeutas o masajistas nos hablan de que el masaje
elimina «desechos metabólicos»; pero la realidad es que los metabolitos que se
producen no son más que sustancias secretadas por el proceso natural fisiológico
de nuestro organismo, y que eliminaremos o reciclaremos de forma natural. Un
ejemplo muy común de reciclaje es el ácido láctico, ese metabolito que todos
hemos catalogado como dañino, como causante de las temidas agujetas; y que,
sin embargo, es esencial como combustible en nuestro organismo.
Ilustración 21. Órganos encargados de
eliminación de desechos.
El masaje no elimina o reduce la grasa. Somos capaces de eliminar o
reducir la grasa mediante el déficit calórico, pero no con el masaje
vigoroso, este, simplemente, las movilizaría.
El masaje no puede estirar/deformar músculos, tendones o
ligamentos. Somos bioplásticos, cambiamos con la generación de
diferentes estímulos sobre nuestro organismo, pero no somos capaces
de modificar el estado natural de un tejido simplemente con la
palpación o el amasamiento.
En muchas ocasiones oímos comentarios del tipo «tienes esta zona muy tensa»
o «qué cogida tienes la espalda hoy». Son palabras que, además de dañinas,
«encadenan» al paciente a una terapia obligatoria para «aliviar» o «destensar» la
musculatura, otorgando beneficios irreales tanto a la técnica como al terapeuta; e
infravalorándolos.
A menudo, en muchas universidades, los profesores practican con sus alumnos
«el sentir». El sentir un grano de arena bajo unos folios e, incluso, bajo una
enciclopedia. A sentir las suturas craneales e, incluso, a ver como estas se
mueven. Es a lo que denominamos «pareidolia palpatoria», que es la ilusión o
percepción de lo que queremos o esperamos sentir. El cerebro juega un papel
imprescindible sobre este fenómeno, y es el responsable de «sentir» puntos
gatillo o nudos musculares, subluxaciones vertebrales, asimetrías, circulación del
líquido cefalorraquídeo o alteraciones de la energía o chi bloqueado.
No demonizar a la masoterapia estaría bien si explicáramos la finalidad de la
misma. Sin embargo, la narrativa que se sigue usando en muchos centros
educativos solo se enfoca en ganancias económicas.
¿Deberíamos eliminar la terapia manual? No
La fisioterapia es una de las profesiones que tiene contacto directo con el
paciente, permitiendo mantener una relación estrecha y generar ese trato de
confianza, de manera que se crea un vínculo cercano paciente-profesional. Y que
permite enfocar el tratamiento desde una perspectiva biopsicosocial, y no solo
desde el modelo biomédico.
La narrativa que acompaña a la terapia manual es fundamental. Pero también
lo es la educación que le aportemos.
La masoterapia no es el demonio,
sino las expectativas que tenemos de ella.
10 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Geri, T., Viceconti, A., Minacci, M.,
Testa, M., Rossettini, G. (2019). «Manual therapy: Exploiting the role of human touch».
Musculoskeletal science & practice, 44, 102044.
https://doi.org/10.1016/j.msksp.2019.07.008
10.- Pistolas de masaje
Ilustración 22. Pistola de masaje o percusión.
Las pistolas de masaje son dispositivos de percusión utilizados por atletas, y
cada vez más extendido su uso a la población general. Los fabricantes afirman
que los dispositivos envían golpes pulsantes rápidos, fuertes y a corto plazo de
manera profunda, ayudando a estirar músculos, reducir el dolor del tejido
blando, mejorar la circulación sanguínea, el rendimiento físico y ayudar a la
recuperación después del ejercicio.
Hablamos de una terapia percusiva y no vibratoria puesto que utiliza una
amplitud de percusión de unos 8mm y una frecuencia de entre 20Hz y 60Hz.
¿La percusión podría ayudar a eliminar adherencias?
Este tipo de dispositivos no produce ninguna «destrucción» del tejido, sino un
aumento de tolerancia al estímulo percibido. Igual que ocurre cuando realizamos
estiramientos, no alargamos el tejido, sino aumentamos la percepción del
estiramiento a nivel del sistema nervioso central.
¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué disminuye el dolor?
La propiocepción, como veíamos en el capítulo anterior, es la capacidad de
nuestro cerebro de saber la posición exacta de cada área corporal. Cuando
aplicamos la percusión sobre la zona deseada, el cerebro interpreta una serie de
estímulos propioceptivos, como una avalancha de inputs sensoriales
(información sensorial que recibe el SNC), ante los que queda rendido, o
confundido, y cesando al estímulo finalmente.
Este estímulo innovador produce una nueva sensación agradable y placentera.
Al igual que ocurre con el TENS, un aparato de corriente eléctrica. Nuevos
estímulos, nuevos umbrales a alcanzar. Pero, finalmente, lo conseguimos, una
disminución del umbral de dolor a la presión. Y una disminución del umbral del
dolor. Sin embargo, me surge una duda:
¿Qué ocurre si normalizamos su uso? ¿Ya no tendríamos ese efecto innovador?
Debatimos esto en el blog (denufi.com)
La activación de mecanorreceptores cutáneos y de sistemas modulares son los
encargados tanto de disminuir la percepción de dolor, como del aumento del
rango de movilidad articular.
Es cierto que existe un aumento del flujo sanguíneo con el uso de las pistolas
de masaje; sin embargo, no va más allá que un buen calentamiento. Preferiría
decantarme por este último, que, además, reporta beneficios a nivel de salud.
La disminución del dolor y el aumento del rango de movimiento articular de
forma temporal, nos permite realizar otro tipo de intervenciones dentro de una
misma sesión. Es decir, nos permite trabajar a nivel deportivo de forma más
eficiente, con menos dolor y mayores rangos de movilidad.
¿Mejora la recuperación o el rendimiento deportivo?
El marketing, en muchas ocasiones puede jugar un papel negativo en el manejo
de este tipo de herramientas. Un marketing que ha ido destinado a la venta de
estos productos para la recuperación y la mejora del rendimiento en el deportista,
y que ha caído en manos de personas no cualificadas, realizando un mal uso del
mismo.
Sin duda, utilizar esta herramienta bajo una buena narrativa, podría ayudar a
mejorar diferentes cuadros clínicos. Hasta la fecha no existe evidencia que apoye
el uso de esta herramienta. Sin embargo, la terapia de vibración (y no de
percusión) sí ha aportado beneficios dentro de la práctica clínica.
La terapia de vibración local es una técnica que utiliza un estímulo vibratorio
con la finalidad de incrementar la temperatura muscular, el flujo sanguíneo o el
consumo de oxígeno.
En un estudio de Kinser A. et al, 2008, se examinaron los efectos del
estiramiento vibratorio sobre flexibilidad y fuerza en gimnastas de competición,
mostrando resultados significativos sobre la flexibilidad sin alterar la fuerza
explosiva.
En este otro estudio, de Anwer S. et al, 2015, los resultados mostraron que la
vibración de todo el cuerpo no indicó ningún efecto adicional sobre la fuerza del
cuádriceps en individuos con osteoartritis de rodilla.
Un metaanálisis y una revisión sistemática (Lu, 2019)11 analizó los resultados
de diez estudios diferentes y encontró que el dolor muscular era
significativamente menor 24, 48 y 72 horas después del ejercicio cuando las
personas usaban la terapia de vibración para ayudar a recuperarse. Según este
metaanálisis, la vibración también alivió el daño muscular (CK) y la inflamación
a las 24-48 h.
Park S. J. (2021), utilizó un rodillo de espuma vibrante que mejoró el ROM en
adultos y deportistas sanos.
La frecuencia superior a 100 Hz también ha demostrado cierta efectividad en la
rehabilitación del LCA (ligamento cruzado anterior), aumentando el torque
máximo de isquiotibiales. (Maghbouli N. et al, 2021).
Es probable que, aunque existe cierta evidencia respecto al uso de la terapia de
vibración, pero todavía faltan estudios que corroboren la efectividad del mismo.
Ilustración 23. Posibles efectos a corto plazo de las pistolas de masaje.
Elaboración propia.
Existen condiciones donde el uso de esta técnica sería opuesto a la evolución
de la patología, como, por ejemplo, una fractura o un atrapamiento nervioso
(túnel carpiano, por ejemplo), otras como la fibromialgia son patologías más
complejas que deberían ser evaluadas con mayor exactitud antes de usar
cualquier técnica.
La revista Physical Therapy publicó un estudio de un caso de una mujer
hospitalizada con rabdomiólisis severa que después de un masaje de percusión
desarrolló un caso clínico que cursaba con hematomas, apenas orinaba… una
emergencia casi mortal. Indudablemente, es solo un caso.
Pero debemos tenerlo en cuenta, y señalar que su uso debe ser medido,
utilizado de manera adecuada por personal cualificado.
11 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Wang, Y., Lu, J., You, Y., Zhang, L.,
Zhu, D., & Yao, F. (2019). «Does vibration benefit delayed-onset muscle soreness?: a
meta-analysis and systematic review». The Journal of international medical research,
47(1), 3–18. https://doi.org/10.1177/0300060518814999
11.- El masaje de descarga no existe
Ilustración 24. Descarga batería móvil. Imagen de freepik.com.
¿Qué entendemos por descarga?
Un móvil, un ordenador portátil o una pulsera de actividad son objetos que se
cargan y descargan; pero ¿nuestros músculos? Evidentemente no.
El masaje es capaz de aportar diferentes beneficios a nivel fisiológico, sin
embargo, la eliminación de toxinas o la recuperación no serían aportes de este.
Incluso, después de un masaje vigoroso, se ha visto que las molestias podrían
llegar a aumentar y producir problemas severos.
Realmente el concepto «descarga» hace referencia a la disminución de carga
en volumen e intensidad del entrenamiento, y en ningún caso al masaje en sí
como muchos de nosotros pensamos. El músculo podrá sentir más o menos
dolor, más o menos agujetas… Pero nunca estar cargado. Este concepto es
erróneo.
Las famosas descargas, usadas habitualmente en el ámbito deportivo, después
de un entreno intenso, no serían la mejor solución para la recuperación. Sin
embargo, el descanso, la adecuada hidratación, nutrición, el control de la carga y
una recuperación activa sí son los ítems a cuidar para la correcta recuperación
del deportista.
Realizar un masaje de descarga o no dependerá de los objetivos del deportista.
Objetivo a corto plazo: ¡sí!
Objetivos a largo plazo: ¡no!
Y, por supuesto, no es un obligatorio para la recuperación del jugador.
La mayoría de deportistas buscan una mejora a corto plazo para poder seguir
rindiendo al mismo nivel, ya que en ocasiones no pueden llevar a cabo un
descanso suficiente. Por tanto, recurren a la terapia manual como forma de
«descanso» o como forma de modular el dolor del mismo.
Pero siento decirte que no es una obligación ni un deber,
sino un placer.
Otros deportistas acuden de forma periódica a recibir la «descarga muscular» a
modo de mantenimiento, con la finalidad de conservar el estado muscular y
prevenir futuras lesiones o dolores musculares. Sin embargo, la terapia manual
no es acumulativa, y, por tanto, acudir con mayor frecuencia a recibir masaje no
acelerará tu recuperación ni ayudará a la prevención.
El factor psicológico influye negativamente en el rendimiento en muchos
deportistas. La terapia manual en estos casos podría reducir ese «estrés
psicológico» temporalmente, aumentando el rendimiento deportivo.
Por tanto, una vez más, la palpación aporta una información propioceptiva útil
en muchos casos; y como ya se ha comentado anteriormente, ofrece una serie de
ventajas con respecto a la comunicación con el paciente, la reducción del dolor
de forma temporal o, incluso, la ayuda psicológica, regulando emociones como
el estrés y reorganizando la representación somatoperceptual. Pero no
«descargando la musculatura».
La evidencia apoya que
El masaje no es efectivo para recuperar la fuerza.
Tampoco para la recuperación del salto o el sprint.
No existe efectividad de que el masaje ayude a recuperar la resistencia.
No es efectivo en la sensación de fatiga percibida.
Como ya veíamos, la descarga muscular es aquella práctica que implica una
disminución en la intensidad o volumen del entrenamiento habitual de una
persona. Con el «masaje de descarga» concebimos un masaje enérgico, donde
recuperación y alivio van de la mano. Pero, ¿podemos aumentar el flujo
sanguíneo?, ¿se pueden recuperar estos músculos porque llegue mayor aporte
sanguíneo?
En el estudio de Crane J. D. et al, 2012, buscaron cambios en las proteínas de
las células y compararon muestras de tejido muscular con y sin masaje;
concluyendo que el masaje reducía la inflamación y promovía la biogénesis
mitocondrial.
Se analizó la muestra de biopsias musculares tomadas de los cuádriceps de
once hombres jóvenes después de haber hecho ejercicio en bicicleta estática. La
pierna elegida fue al azar, y se realizó diez minutos después del masaje y dos
horas y media después del masaje. Afirmaron que el «masaje reducía la
inflamación y promovía la biogénesis mitocondrial». Las biopsias,
aparentemente, se realizaron sin agujas. Raro, ¿verdad?
Y es que la realidad fue otra, ni se reducía la inflamación ni se promovía la
producción de mitocondrias, sino que podría como máximo desarrollar
mitocondrias en un 20 %. Es decir, encontraron una señal de crecimiento
mitocondrial, pero el hecho de que el crecimiento mitocondrial se produjera o no
dependería de muchos otros factores.
El masaje tiene efectos mínimos sobre la recuperación postejercicio. De hecho,
el masaje enérgico después de un entrenamiento podría suponer mayor
agotamiento muscular.
Por otro lado, productos como el lactato, el macro glucógeno, pro glucógeno y
glucógeno total no se vieron afectados por el masaje, contraria a la idea general
de eliminar toxinas con el masaje.
Recuerda que no hablamos de toxinas, sino de sustancias reciclables.
El masaje precompetición
El masaje precompetición es algo que algunos deportistas solicitan, sin embargo,
no es tan común como el realizado postcompetición.
Entre un 20 y un 40 % de los tratamientos con terapia manual causan algún
tipo de «efecto secundario» como malestar, molestias e incluso dolor. En la
mayoría de casos, contraproducente para la práctica deportiva posterior.
Moran R. N. (2017) llevó a cabo un estudio, con una muestra reducida, en el
cual pretendía determinar mediante la comparación si el masaje podría no ser
superior al estiramiento dinámico o al ultrasonido. Para el estudio se asignaron al
azar a los atletas, por grupos, masaje, estiramiento dinámico, masaje con
calentamiento y ultrasonidos. Como conclusión destacan que «el masaje previo a
la competición puede no ser más efectivo que un calentamiento tradicional para
la práctica deportiva».
El masaje no es la panacea. Tampoco la narrativa que le rodea. Recuerda: no es
una obligación ni un deber, sino un placer.
12.- Agua con azúcar para las agujetas
El DOMS o dolor muscular de aparición tardía, o más comúnmente conocido
como «agujetas», aparece como consecuencia al realizar un ejercicio intenso.
Suele aparecer al día siguiente de realizar ejercicio, y suelen durar entre 24 y 72
horas. Pueden darse algunos casos, en los que su inicio no comienza hasta
pasados dos días.
Los casos extremos de DOMS podrían causar una pérdida importante de la
función muscular y sensibilidad durante algunos días. E, incluso, como ya
hablábamos anteriormente, una intoxicación por proteínas o rabdomiólisis. En
estos casos, la orina suele ser de color marrón, y lo ideal es acudir al médico con
urgencia.
El DOMS se describió como consecuencia del estrés mecánico o metabólico,
induciendo daño a las fibras del músculo esquelético, liberando un grupo de
proteínas conocidas como citocinas, responsables de la regulación de los
procesos inflamatorios y de la reparación del tejido dañado.
La hidratación, la frecuencia de actividad, la sensibilidad o la predisposición
genética son algunos de los factores que influyen en la aparición de DOM.
En 2004, el DOMS se describió como «alteración miofibrilar», lo que
anteriormente se describió como «microrroturas musculares», ahora se describía
como renovaciones microscópicas de ese tejido. (Yu, J. G. 2004).
Sin embargo, Pollak y sus colaboradores en 2014 describieron una serie de
metabolitos encargados de evocar la sensación de fatiga muscular, como
protones, lactato y ATP. Las concentraciones altas de estos metabolitos
producían la sensación de fatiga y dolor.
La combinación de los tres metabolitos fueron los causantes de la fatiga y el
dolor muscular. Verdaderamente, el lactato por sí solo no parece causar dolor
muscular, de hecho, es un combustible para la obtención de la energía. Cumple
importantes funciones del organismo como la producción de energía, la
gluconeogénesis, señalización celular, función metabólica, etc. (Mishra, D., &
Banerjee, D. 2019).
¡El ácido láctico no es el culpable!
Pero que una célula produzca un metabolito durante el ejercicio no significa
que esté metabólicamente agotada.
El «estrés metabólico», y el causante de DOMS, podría ser la combinación de
factores o sustancias ya presentes previas al ejercicio.
Inflamación y DOMS
La evidencia muestra que existe poca o ninguna inflamación en relación a las
agujetas. (Semark A., 1999; Mizumura K., 2016).
El dolor muscular podría disminuir al aumentar la inflamación. Podríamos, por
tanto, confirmar que inflamación no es igual a dolor. (Deyhle M. R., 2015).
El dolor de aparición tardía es dependiente de muchos más factores, y no solo
y exclusivamente anexo de la inflamación.
Podría existir inflamación, pero como consecuencia a lo que está sucediendo,
no como factor causante, sino como secuela.
Por tanto, las agujetas no son microtraumatismos
ni debido a estrés metabólico ni tampoco
a una inflamación por sí misma.
Entonces ¿qué son realmente?
El daño muscular inducido por el ejercicio se da en las horas posteriores al
ejercicio o durante el mismo; y cursa con un aumento de citocinas y mioglobina
en sangre y una disminución del ROM. El DOMS, como veíamos, se da al día o
los dos días posteriores por una hipersensibilización de las terminaciones
nerviosas, causada por la respuesta inflamatoria inicial.
Sin embargo, pueden aparecer DOMS sin la necesidad de un daño muscular
inicial.
En ambos casos, se ha producido un estado de amenaza percibida por el sujeto
al soportar una carga superior a su tolerancia o capacidad. Y creando un estado
de fatiga o dolor que no es más que la adaptación a las nuevas demandas, y a la
vez, una recuperación del tejido.
El contexto y la variabilidad del ejercicio influyen directamente en la aparición
de este tipo de dolor. Sin embargo, su etiología no está del todo clara. Sabemos
que el DOMS no es debido a los microtraumatismos o al estrés metabólico; y
que la inflamación no tiene por qué ser causa directa del DOMS.
Existen varias teorías al respecto
1. La estimulación nerviosa después del ejercicio, podría ser la causante del
dolor muscular de aparición tardía. Es decir, el dolor muscular se
«propagaría» a otros grupos del músculo a través del sistema nervioso
central. (Halperin I., 2015. Mizumura, K., 2016).
2. Varios estudios han observado que factores neurotróficos (células que
provocan el crecimiento de los nervios) podrían estar relacionadas con el
DOMS. Sin embargo, solo fue probado en animales. (Behm D., 2021).12
3. Un daño mecánico inicial (provocado por el estímulo mecánico repetido)
seguido de un daño secundario más severo. (Hody, et al. 2019).13
Existe una nueva teoría de Sonkodi B. (2020)14 sobre daño agudo de tipo
nervioso provocado por la compresión repetida de las terminaciones nerviosas
del huso muscular, además del incremento de la demanda cognitiva. El proceso
inflamatorio no es la causa, pero sí juega un papel importante en el DOMS. La
protección de la zona desarrollará estados de rigidez y disminución de fuerza,
como ya describíamos al principio.
Ilustración 25. Síntomas principales en el dolor muscular de aparición tardía (DOMS).
Elaboración propia.
¿Cómo las podemos eliminar?
Son muchas los métodos, tanto naturales como instrumentales, que seguimos
para disminuir esa sensación tan molesta. Usamos desde agua con azúcar hasta
el foam roller. Sin embargo, su recuperación de forma rápida, a día de hoy, no
existe.
Pocas herramientas/terapias han demostrado eficacia en el DOMS, como en la
mayor parte de estudios que existen al respecto. (Torres R. 2012).
Como ya comentábamos, la hidratación, una alimentación equilibrada, el sueño
y el descanso activo son las mejores herramientas para llevar a cabo la
recuperación de este tipo de dolor de aparición tardía.
Ilustración 26. Pirámide de la recuperación del deportista con DOMS.
Elaboración propia.
Existen muchas técnicas de uso común para optar a una mayor y mejor
recuperación después del ejercicio y prevenir el DOMS; como beber más agua,
consumir antioxidantes, usar antiinflamatorios, calor o el masaje. Sin embargo,
la evidencia que existe al respecto es escasa.
El masaje después del ejercicio intenso podría ser eficaz para aliviar el DOMS
y mejorar el rendimiento muscular, afirma el estudio de Guo J. et al, 2017. Sin
embargo, aun suponiendo una sensación agradable, con el que subjetivamente
podríamos mejorar, no solo podría empeorar los síntomas, con la
descomposición del tejido muscular que genera la liberación de sustancias de las
fibras musculares en sangre. Estas sustancias son dañinas para el riñón y podrían
causar daño renal.
El ultrasonido o el aumento de la temperatura muscular tampoco reportaron
beneficios sobre la percepción del dolor muscular y el rendimiento (Brock
Symons T., 2004). Hablamos de ultrasonido cuando la frecuencia de vibración es
relativamente alta.
¿Calor?
Estamos de acuerdo en que un masaje mejora las sensaciones desagradables
provocadas por el ejercicio. Sin embargo, el aumento de temperatura que se
produce bajo las manos del fisioterapeuta no produce ningún beneficio a nivel
muscular, y, por tanto, tampoco previene el DOMS ni lo recupera más
rápidamente.
Las envolturas térmicas, el agua caliente o un simple radiador podrían
servirnos de ayuda. Las envolturas térmicas fueron probadas como forma de
prevención y tratamiento del DOMS en la zona lumbar, y obtuvieron bajo nivel
de beneficio. Cabe destacar que la muestra de población en este estudio fue
pequeña. (Mayer J. M. et al, 2006).
Sin embargo, son técnicas de bajo coste que podrían ayudarnos a mejorar la
percepción de malestar tras el ejercicio intenso.
Otro estudio más reciente, que pone en contraposición la diatermia, el masaje y
la diatermia placebo, no reportó ningún beneficio significativo, excepto sobre las
expectativas del paciente. (Visconti L. et al, 2020).
¿El ibuprofeno ayuda?
En el dolor sí, en la fatiga no. Es decir, disminuirá la percepción de dolor, pero
no mejorará el estado muscular ni el rendimiento físico. Aun mejorando el dolor,
el coste-beneficio debe ser medido. El uso de este tipo de medicamentos podría
desencadenar efectos secundarios como estreñimiento, diarrea, mareo, dolor de
cabeza, somnolencia, convulsiones o estado de coma. Su uso debe ser moderado,
y en todo caso, bajo prescripción médica. A modo de prevención no sería un
aliado; tampoco acortando los tiempos de recuperación.
Recuerda que no hablamos de un estado de inflamación del tejido.
¿Y el descanso?
Quizá no sea una forma de prevenir el DOMS, pero es la única forma que
garantiza la recuperación muscular y la vuelta al rendimiento óptimo.
Pero, ¿a qué llamamos descanso? Al descanso relativo o la recuperación
activa; es la mejor forma de recuperarse. No basta con tumbarse en el sofá 48
horas y esperar a que nuestro cuerpo se recupere. Andar, nadar de forma ligera o
hacer algún deporte que no implique el 100 % de nuestra capacidad será la mejor
forma de mantenernos activos, y a la vez, «descansar».
Esto no son más que recomendaciones generales, por lo que cada persona
tendrá un nivel de actividad a la que tendrá que adaptar la recuperación activa.
Realizar ejercicio con dolor podría ser tanto beneficioso como perjudicial. La
molestia o el dolor leve son indicativos de que todo va bien; sin embargo, el
dolor medio-fuerte, y el ejercicio intenso, podrían ponernos en riesgo.
Y ¿qué tal con suplementos alimenticios?
El aceite de pescado o la curcumina parecen ser prometedores.
En el primer caso, una suplementación de aceite de pescado durante ocho
semanas mejoró el rango de movimiento y la fuerza, pero no el dolor. (Tsuchiya
Y., 2016).
En el caso de la curcumina, es un potente antiinflamatorio. En este estudio de
Nicol L. M. en 2015, la curcumina causó una reducción significativa de citocinas
inflamatorias y aumentó la regeneración muscular en ratones.
En cuanto al famoso «agua con azúcar para las agujetas», es un mito que lo
que defendía es la eliminación de los cristales de ácido láctico «formados» en el
músculo. Sin embargo, ya sabemos que esto no es cierto, y que el cúmulo de
metabolitos podría ser un factor más, pero no el único y determinante factor
causante de este tipo de dolor muscular. Recordemos que algunos metabolitos
son esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.
El descanso y la vuelta a la actividad deportiva, de forma progresiva, es el
único aliado con evidencia que tenemos a día de hoy.
Recordemos, el DOMS no es una inflamación, y,
por tanto, no debería ser tratado como tal.
12 Para más información te recomiendo estas lecturas:
Behm, D. G., Alizadeh, S., Hadjizedah Anvar, S., Hanlon, C., Ramsay, E., Mahmoud, M.,
Whitten, J., Fisher, J. P., Prieske, O., Chaabene, H., Granacher, U., Steele, J. (2021).
«Non-local muscle fatigue effects on muscle strength, power, and endurance in healthy
individuals: a systematic review with meta-analysis. sports medicine» (Auckland, N.Z.),
51 (9), 1893–1907. https://doi.org/10.1007/s40279-021-01456-3
13 Hody, S., Croisier, J. L., Bury, T., Rogister, B., Leprince, P. (2019). «Eccentric muscle
contractions: Risks and benefits». Frontiers in physiology, 10, 536.
https://doi.org/10.3389/fphys.2019.00536
14 Sonkodi, B., Berkes, I., Koltai, E. (2020). «Have we looked in the wrong direction for
more than 100 years? Delayed onset muscle soreness is, in fact, neural microdamage
rather than muscle damage». Antioxidants (Basel, Switzerland), 9 (3), 212.
https://doi.org/10.3390/antiox9030212
13.- ¿Puntos gatillo?
¿Se irritan los músculos? ¿Se forman nudos? ¿Rigidez?
Ya hemos visto que la rigidez es una percepción subjetiva, influenciada por
miles de factores. Los nudos que se forman en nuestro músculo no son más que
nuestra anatomía y la consecuencia de protegernos frente a posibles amenazas.
La irritación del músculo, en cambio, se produciría si existe una sobreexposición
del mismo, como ocurre cuando realizamos un exceso de deporte, y la
consecuente aparición de DOMS.
A principios del siglo XX, Copeman W. S., defendió el concepto de
«fibrositis» como un trastorno inflamatorio doloroso de los husos musculares; y
que podía extenderse por el sistema fascial hacia tendones, ligamentos…
En 1933 se reconoció el concepto «perineuritis» que incluía dolor irradiado,
parestesias, hiperestesia, sensibilidad muscular y nerviosa.
Durante cincuenta años, los médicos se centraron en hallazgos empleando la
palpación en y alrededor de la musculatura. El concepto de «nódulo fibroso» fue
descrito como «área en la sustancia de un músculo o su vaina tendinosa que da
lugar a dolor en la misma localidad o referido a una distancia al ser estimulado»
y que quedó descartado, porque carecía de soporte patológico.
Aquellos que respaldaron esta idea se centraron en la creencia de síndromes de
dolor crónico localizado o «síndrome de dolor miofascial». Más recientemente,
fibromialgia.
Ambos diagnósticos, focalizados en la presencia de «puntos sensibles en sitios
predeterminados». Travel y Simmons crearon los mapas anatómicos de dolor
referido para identificar el dolor local y referido de los puntos gatillo; y para su
diagnóstico deberían de cumplir dos de los siguientes ítems:
Presencia de banda tensa
Presencia de punto hipersensible
Presencia de sensación referidas a distancia
Sin embargo, en 2007, Tough E. A. identificaron hasta diecinueve criterios
diagnósticos diferentes. Los cuatro criterios más aplicados fueron: punto sensible
en una banda tensa, reconocimiento del dolor del paciente, patrón de referencia
del dolor previsto y respuesta local de contracción.
Tabla 5. Síntomas clásicos del punto gatillo. Travell y Simons, 2002.
Síntomas clásicos de los puntos gatillo
Puntos sensibles a la presión en músculos.
Dolor molesto y sordo (intenso y molesto, difícil de localizar).
Dolor que puede durar semanas e incluso meses.
Debilidad de la zona con dolor, pesadez o rigidez.
Presenta un epicentro bastante claro de sintomatología.
Dolor difuso, que puede irradiar hacia otras zonas.
No existe lesión o traumatismo previo.
Mejora con la actividad física, por lo que no empeora con el movimiento.
El síndrome de dolor miofascial
Se podría definir como síndrome de dolor regional con dos componentes: punto
gatillo (área localizada de sensibilidad muscular profunda o hiperirritabilidad); y
una zona de dolor profundo, ubicada o alejada del punto gatillo, puede ser
bastante extensa y empeora a la palpación.
Los puntos de activación pueden ser «activos», «latentes» o «satélites». Los
primeros dan a lugar a una manifestación clínica dolorosa a la presión; los
segundos no causan dolor de forma espontánea, sino solo a la palpación o
presión del punto. Habitualmente, ambos causan disfunción motora (restricción
de un movimiento). Se propuso que su aparición estaría relacionada con la
tensión muscular crónica, la miositis aguda, la lesión del músculo o articulación,
o los periodos de inmovilización prolongados. La liberación de sustancias
mensajeras tales como la histamina o las serotoninas podrían activar
nociceptores y, consecuentemente, provocar dolor.
La electromiografía (prueba de diagnóstico que mide la actividad eléctrica de
músculos y neuronas) muscular y estudios termográficos (técnica que permite
determinar la temperatura o radiación infrarroja a distancia) no han demostrado
diferencias en las pruebas diagnósticas en cuanto a la identificación de puntos
gatillo.
El peso de la evidencia tampoco respalda que los puntos gatillo miofasciales
anatómicos sean el origen del dolor en todos los casos.
En el caso de las pruebas de imagen, con resonancia magnética elastográfica,
ecografía y doppler presenciaron bandas tensas y puntos gatillos activos/latentes
y sus diferentes tamaños. Por desgracia, los autores no establecieron criterios
diagnósticos, ni aportaron datos sobre ello (Chen Q., 2007; Ballyns J. J., 2011).
Existen algunas teorías para explicar la presencia de puntos gatillo:
Teoría de la crisis energética: la liberación excesiva de acetilcolina en
la placa motora es la responsable de la creación de la «banda tensa».
Estas bandas tensas generarían isquemia, liberación de sustancias
inflamatorias y estimulación de nociceptores. Sin embargo, la actividad
en electromiografía (EMG) no ha conseguido demostrar un aumento de
actividad de la placa motora.
Inflamación neural: sensibilización de los axones nerviosos por
infamación, pudiendo provocar una sensibilización muscular por la
inervación.
Sin embargo, hasta la fecha, no existe consensuo para la identificación fiable y
válida del punto gatillo (Li L. et al, 2020).
¿Cómo tratar los puntos gatillo (PG)?
Para su tratamiento, que consiste en la «inactivación» del mismo, se utiliza una
aguja directamente en el músculo donde se cree que está presente el PG. Esta
técnica, que se hizo popular entre los fisioterapeutas durante la década de 1990,
se ha mantenido así hasta la actualidad, y es a los que se le denomina «punción
seca».
Pero ¿realmente se elimina para siempre?
El tratamiento de estos puntos dolorosos es simple y fácil de aplicar, sin
embargo, no es algo milagroso. Ya sea con los propios dedos o algún
instrumento, generamos un estímulo sobre el punto de mayor dolor. El dolor que
se produce pospunción es bastante frecuente y se produce por la lesión tisular
que provoca la aguja y su consecuente reacción inflamatoria (Martín-Pintado-
Zugasti et al, 2018). Algunos autores defienden que el dolor pospunción es
diferente al de la fisiopatología del propio dolor miofascial, basando esta idea en
que algunos pacientes describen el dolor como diferente al dolor original.
Dolor pospunción, ¿algo positivo?
En sujetos sanos, el número de punciones y el dolor percibido es directamente
proporcional, es decir, a mayor daño, mayor intensidad de dolor a posteriori.
(Martín-Pintado-Zugasti et al, 2015). Es más, se puede producir una
«reactivación del dolor» varias horas después o al día siguiente.
El tratamiento, a corto plazo, no explica la eliminación del mismo. Un punto
gatillo miofascial perdura en el tiempo debido a la retroalimentación mantenida
hacia el sistema nervioso central, ya sea por una lesión previa, alteraciones
hormonales, metabólicas, emocionales u otras. Su tratamiento a largo plazo irá
encaminado a tratar con el paciente, su contexto, su historia previa y su
patología. Y no la simple eliminación del punto doloroso. Recordemos que
somos historias, y no etiquetas.
¿Cómo eliminar un PG?
1. Localizar el PG (punto de máximo dolor en el músculo). El punto podría
producir una sensación de dolor referido (a distancia).
2. Aplica una presión mantenida en el punto hasta observar que va
desapareciendo el dolor.
¡Genial! Ya eres experto en eliminar PG miofasciales. Aun así, recuerda que
existen ciertas condiciones en las que debemos prestar cierta precaución, y otras
donde está completamente contraindicado.
Tabla 6. Precauciones y contraindicaciones generales del tratamiento con punción seca.
Elaboración propia.
Precauciones y contraindicaciones
Alergias: agujas, guantes…
Miedo a las agujas
Zona de aplicación: pulmón, vísceras…
Respuesta vaso-vaga: sudor, mareo…
Problemas de coagulación
Heridas, cicatrices, tatuajes, lesiones…
«Mujeres embarazadas»
Inmunodeficiencia
Hay diferentes instrumentos que se utilizan para la eliminación de estos
«puntos gatillo» con buenos resultados. Desde las propias manos o una pelota de
tenis, hasta un foam roller o los rodillos de espuma con forma de cacahuete.
El problema aparece cuando estos PG no desaparecen, no hablamos de dolor
miofascial, sino de otras causas. Tenemos que ser evaluados por un
fisioterapeuta.
No es cuestión de infravalorar una técnica ni mucho menos, sino de ponerla en
el lugar que merece. Puede llegar a ser efectiva y práctica en ciertos casos y en
momentos puntuales. Pero, evidentemente, no siempre. Tampoco es necesario la
eliminación del punto gatillo en todos los casos.
Podemos convivir con ellos.
Recuerda, el dolor es una experiencia con diferentes
componentes /biopsicosociales/.
No todo son puntos gatillo.
14. Punción seca,
¿es para todo el mundo?
John Hellgren, en 1930, fue el primero en inyectar una solución salina en el
tejido muscular, observó la disminución del dolor en el punto exacto; y, además,
la disminución del dolor referido o a distancia, en un lugar diferente a donde se
había realizado la inyección.
En 1938, se observaron importantes hallazgos, tales como que el dolor y la
sensibilidad pueden ser referidos a distancia, es decir, en otra parte del cuerpo
«sin relación». Y que el alivio de estos puntos podría superar al efecto que se
producía con el uso de la anestesia.
En 1942, Janet Graeme Travell usó el término «trigger point» o «punto
gatillo», y los definieron como puntos hipersensibles del músculo asociado a una
banda tensa. No fue hasta 1947 cuando sale a la luz el término «punción seca».
Sin embargo, su uso no fue demasiado acogido. No fue hasta 1970, con la
llegada de la influencia China, que llegó la acupuntura; la punción seca empezó
a emerger. En 1979 se concluye que el uso de la aguja, sin medicamento, podría
ser útil. La punción seca va cobrando más y más importancia, y se convierte en
una técnica ampliamente usada para dolor miofascial y la fibromialgia. Incluso
en la actualidad.
Ilustración 27. Cronología sobre «puntos gatillo» y «punción seca»,
desde 1930 hasta 1947. Elaboración propia.
Sin embargo, ¿es oro todo lo que reluce?
El dolor que se produce pospunción es bastante frecuente, como veíamos.
Además, la «reactivación del dolor» varias horas después, o al día siguiente, es
común en la mayor parte de pacientes. Algunos autores defienden este dolor
como diferente al inicial.
¿Es para todo el mundo?
Evidentemente no. En pacientes con fibromialgia, por ejemplo, puede no ser la
mejor herramienta, ya que crear más dolor no solo puede ser contraproducente,
sino perjudicar el trabajo previamente realizado. Hay que tener en cuenta que, en
este tipo de pacientes, existe una retroalimentación continua, donde el sistema de
analgesia endógeno no funciona correctamente. Por lo que utilizar técnicas que
produzcan dolor, estaría «sobre activando» de alguna manera, al sistema
nervioso central (SNC).
«No se trata de estresar más al SNC, sino de darle calma
y las herramientas necesarias para salir de ese bucle
constante de dolor»
En esta revisión sistemática y metaanálisis, de César Fernández y
colaboradores de 202115, la punción seca fue combinada con otras
intervenciones, y se redujo la intensidad del dolor a corto plazo, pero no
inmediatamente después ni a largo plazo. Tampoco se observaron efectos
significativos sobre el rango de movimiento o el catastrofismo del dolor en
pacientes con dolor cervical. El tratamiento a corto plazo, no explica la
eliminación del mismo. Recordemos que un punto gatillo miofascial perdura en
el tiempo debido a la retroalimentación mantenida hacia el sistema nervioso
central por diferentes razones (que deberían ser estudiadas en cada individuo).
15 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Fernández-De-Las-Peñas, C., Plaza-
Manzano, G., Sanchez-Infante, J., Gómez-Chiguano, G. F., Cleland, J. A., Arias-Buría, J.
L., Navarro-Santana, M. J. (2021). «Is dry needling effective when combined with other
therapies for myofascial trigger points associated with neck pain symptoms? a systematic
review and meta-analysis. pain research and management». Hindawi Limited.
https://doi.org/10.1155/2021/8836427
15.- Las pseudociencias y los vendehumo
¡Magia borras! Ese juego de nuestra infancia que tanto nos ha dado. ¿Recuerdas
el juego de la bolita? Desaparecía cuando le dabas la vuelta a la copa que lo
contenía, quedándose en la otra mitad de la copa.
Hemos crecido y cambiado de nombre al juego, «pseudociencias». Se define
como «falsa ciencia», siendo aquella afirmación, creencia o práctica que es
presentada como científica y real, pero incompatible con el método científico.
No obstante, es difícil que alguien por la mañana se levante diciendo: «¡Soy
pseudocientífico!». Es algo que no se puede probar.
Nadie se ha identificado como pseudocientífico
hasta el día de hoy.
Solemos buscar líneas de investigación que guíen a nuevos paradigmas,
hipótesis y hechos. Sin embargo, estas prácticas pseudocientíficas no responden
a ello.
La ausencia de rasgos científicos necesarios nos muestra las pseudociencias 73
a día de hoy y 66 aún en evaluación:
Ilustración 28. Lista de pseudoterapias y terapias en evaluación dadas por el Ministerio
de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 2019.
Los negacionistas afirman que «la tierra es plana» a pesar de toda la evidencia
científica que respalda a esta como esférica. Por lo que podríamos definir a los
negacionistas como aquellos que eligen negar la realidad para evadir una verdad
incómoda. Paul O’Shea lo describe como «el rechazo a aceptar una realidad
empíricamente verificable. Es, en esencia, un acto irracional que retiene la
validación de una experiencia o evidencia histórica».
La acupuntura es una práctica en revisión de la medicina tradicional oriental,
que consiste en la introducción de agujas en determinados puntos corporales con
la finalidad de eliminar el dolor, anestesiar o curar enfermedades. Estas agujas se
introducen en puntos energéticos y meridianos específicos del cuerpo. Los
meridianos son doce canales que recorren el cuerpo, conectando con órganos y
«transportando» la energía vital (Qi). Los puntos de acupuntura son aquellos que
están distribuidos a lo largo de los meridianos y que influyen sobre los órganos.
Y aunque existe cierta controversia, la evidencia científica a día de hoy sugiere
que no hay suficientes estudios de calidad para demostrar la eficacia de la
misma.
La hipnosis, realizada desde el siglo XVIII, es la alteración del estado de
conciencia o trance hipnótico en el que las personas obedecen bajo la figura del
hipnotizador, siguiendo unas pautas determinadas, con la finalidad de realizar
una tarea.
O el Feng Shui, arte chino centrado en la organización, con la finalidad de
promover un equilibrio energético (Qi), centrados en la organización de la
distribución de edificios para percibir el equilibrio.
¿Cómo identifico una pseudociencia?
El libro de Daisy & Michael Radner, Science and unreason (1982) muestra los
nueve criterios que distinguen a las pseudociencias. No obstante, la ausencia de
alguna de ellas no garantiza que no sea una pseudociencia, sin embargo, la
presencia de una de ellas sí.
Tabla 7. Criterios de las pseudociencias. De Daisy & Michael Radner,
Science and unreason (1982).
9 CRITERIOS DE LAS PSEUDOCIENCIAS
Pensamiento anacrónico
Búsqueda de lo misterioso
Apela a los mitos
Evidencia de equipaje de mano
Presentando evidencia irrefutable
Argumentos de similitud
Explicación por escenario
Investigación por exégesis
No aceptación de la crítica
Pensamiento anacrónico. - Una teoría sin fundamentos que ha sido desechada.
No debe sustituir a una más actual y con evidencia. La única forma de conservar
una teoría es que no pueda ser perfeccionada.
Búsqueda de lo misterioso. - Planteamientos fantásticos e irreales, respuestas
rebuscadas y extraordinarias, que suponen un atractivo extra para el público.
Apela a los mitos. - Idoneidad relacionada con la antigüedad y la tradición.
Evidencia de equipaje de mano. - Cantidad de evidencia a favor y en contra.
Un montón de mala evidencia no la hace tener buena evidencia.
Presentando evidencia irrefutable. - Toda hipótesis es cuestionable.
Argumentos de similitud. - Hacen ver que se asemeje a la naturaleza. Lo
similar cura lo similar.
Explicación por escenario. - Aun encontrándonos en el escenario de un
crimen, este no muestra lo ocurrido.
Investigación por exégesis. - Lenguaje impersonal, metafórico o alegórico…
No aceptación a la crítica. - Creen nunca equivocarse y señalan a otras
ciencias como culpables. Toda ciencia es criticada, puesta en común y
perfeccionada una y otra vez. Hipótesis extraordinarias, requieren pruebas
extraordinarias.
Una vez que tengas claros estos conceptos, piensa en cualquier técnica o
terapia que alguna vez hayas utilizado, ya sea a modo paciente o profesional, y
pásale cada uno de los diferentes criterios. El incumplimiento de uno de ellos
corroborará la falta de criterio, y, por tanto, que estamos ante una pseudociencia,
o posible pseudociencia.
Que no te tomen el pelo.
16.- Crujiendo tu bolsillo
Rascarse, crujirse los dedos o simplemente acariciarse son placeres que
prácticamente la mayoría hemos experimentado en algún momento de nuestra
vida.
En muchas ocasiones, pensamos que el «crujido» de la columna se debe al
realineamiento vertebral, a la fricción entre vértebras, o a la liberación de alguna
de las estructuras que está ocasionando nuestro problema «estructural». Sin
embargo, los crujidos articulares suelen ser completamente normales y
fisiológicos, ya sea por el movimiento/fricción de un tejido contra otro, de algún
deslizamiento óseo, o de alguna prominencia ósea; entre otros.
La teoría más aceptada es la de la «cavitación», y nos explica que la formación
y el estallido de un gas dentro de la articulación es debida al cambio de presión
en la misma, provocando un vacío articular y el sonido característico del
chasquido o crujido articular.
Cabe señalar que en determinadas ocasiones, pueden darse sonidos articulares
patológicos, es decir, roturas de menisco, de ligamento o reemplazos articulares;
probablemente acompañados de dolor y otros signos y síntomas característicos.
Pero esto debe ser valorado y diagnosticado por un profesional.
Comentábamos, en capítulos anteriores, que la manipulación es el movimiento
transitorio vertebral (sin llegar a desplazar nada de «su sitio»). Muchos
profesionales defienden la postura de la manipulación, respaldando que existen
hipomovilidades en las diferentes estructuras anatómicas. Dichas
hipomovilidades son testeadas mediante diferentes test: como el de Thomas.
Estos test se realizan a menudo en la valoración de la estructura y están
fundamentados en la cantidad y calidad del movimiento. Sin embargo, su
fiabilidad no es nada precisa ni para cuantificar la variación de un segmento
anatómico a otro, ni tampoco como medición entre sujetos. No podemos medir
el movimiento vertebral, y mucho menos, saber discernir entre si una vértebra
está más rotada a la derecha o a la izquierda. Tampoco existe una especificidad
en cuanto al segmento a tratar, raramente se produce la manipulación exacta de
una vértebra, sino de segmentos completos. Además, no existe relación entre
cantidad/calidad de movimiento y daño/lesión, por lo que tampoco sería una
variable a considerar para realizar un tratamiento.
¿Por qué sienta tan bien crujirse?
Se trata de una explosión de información sensorial novedosa, con efecto
transitorio, al igual que el rascado de un punto concreto, o moverte después de
tres horas sentado en la misma posición. De forma que proporcionamos a
nuestro organismo estímulos pasajeros satisfactorios. Con la manipulación de la
columna o los dedos ocurre esto, es un estímulo nuevo, con un efecto transitorio,
y a la vez, placentero.
De nuevo, el movimiento nos produce bienestar, y de alguna forma, crujirse los
dedos o espalda, es un movimiento que también nos provoca placer. Al igual
ocurre cuando andamos un poco después de estar horas sentados, o al estirarnos
por las mañanas.
«El movimiento es vida»
¿Por qué en otras personas este estímulo es desagradable?
La sociedad en la vivimos defiende un concepto erróneo: «dolor igual a daño»,
haciendo que muchas personas crean que tienen un problema a nivel estructural,
y que estímulos de este calibre podría hacerles empeorar su situación. Algo
erróneo, por supuesto.
La palabra «desalineado», «en mal estado» o «hernia» pueden llegar a hacer
vulnerable a un paciente, y lo que es peor, discapacitarlo de por vida. ¡Cuidado
con las palabras!, son más importantes de lo que creemos; y podemos hacer
mucho daño con ellas.
Cuidemos nuestras palabras. Podemos salvar vidas.
Un estudio relacionado con este tema nos dice que «la presencia de cuatro o
más ítems aumentó el éxito de manipulación al 89 % en personas con dolor de
cuello». (Tseng, Y. L., 2006)
Que no sea un estadio grave
Dolor de cuello a ambos lados, la mayor parte del tiempo
Dolor de cuello que mejora con el movimiento y el ejercicio
No estar sentado en una silla más de 5 horas al día
Inclinar la cabeza hacia atrás no reproduce síntomas
No tener dolor en brazos
«Si sueles tener dolor de cuello,
marca las que sean correctas en tu caso»
¿Esto quiere decir que si tienes dolor de cuello y cumples más de 4 ítems, tu
dolor se solucionará con una manipulación? Probablemente no. El dolor, como
ya hemos comentado anteriormente, es complejo y variable entre personas. Por
tanto, una manipulación puede (o no) ser una solución temporal del dolor de
cuello que se presente.
Indagar sobre quién es el culpable del dolor puede ser un camino un poco más
dificil. Quizás deberíamos empezar a trabajar con vistas al futuro, y no tanto a
corto plazo.
Posiblemente, el problema no esté tanto en la manipulación en sí, sino en el
contexto que la rodea. Explicar al paciente su posible efecto transitorio, entre
otros, es imprescindible.
Podría ser peligroso, incluso para su bolsillo.
Recuerda, no hay que ir a recolocarse una vez al mes.
17.- Hablando del frío, ¿una técnica sobrevalorada o
infravalorada?
Cuando nos hacemos un esguince, entre otros, lo más habitual es recurrir
inmediatamente al hielo para «bajar esa inflamación».
¿Cuáles son los efectos del frío a nivel fisiológico?
(Jam, B. et al, 2014)
Efecto vasomotor: el enfriamiento provoca la vasoconstricción arteriolar
rápida y capilar por vía refleja. La vasoconstricción es la disminución del
diámetro del vaso sanguíneo, el vaso se contrae y el flujo sanguíneo
disminuye. Cuando el frío se mantiene en el tiempo se produce una
vasodilatación para proteger al organismo de una congelación.
Efecto metabólico: al disminuir el flujo sanguíneo disminuyen el número
de células. Y todo funciona más lento.
Efecto antiinflamatorio: además de ralentizar, disminuye la cantidad de
sustancias inflamatorias, disminuyendo, por tanto, la velocidad de
reparación del tejido.
Efecto analgésico: a corto plazo. Se produce el enlentecimiento de la
conducción nerviosa, de modo que la información no logra llegar
completamente a los centros nerviosos superiores.
Efecto neuromotor: reducción del espasmo muscular.
El problema radica entre el tercer y cuarto punto, ¿queremos una rápida
recuperación o una lenta recuperación, pero sin demasiado dolor?
¿Cómo deberíamos aplicar frío?
Justo después del daño/lesión, unos minutos durante algunas veces al día podría
ser suficiente para disminuir el daño tisular y la inflamación, así como los
metabolitos. Aunque la evidencia solo está mostrada en animales.
La aplicación de frío de forma superficial actúa a este nivel. Para llegar a capas
profundas deberíamos aplicar frío durante 3-6 horas, aproximadamente. Por
tanto, si el objetivo es recuperar a nivel más profundo, quizás no sea la mejor
técnica.
En dolor crónico o dolor que no es provocado por una lesión inminente podría
ser «peor el remedio que la enfermedad», y provocar más dolor; es el caso del
dolor lumbar, por ejemplo. En estos casos, es más liviano el uso del calor (en
forma de manta eléctrica, saco de semilla o crema de efecto calor) que el frío.
Sin embargo, ninguna terapia térmica recuperará el tejido, por lo que no sería la
solución a un dolor a largo plazo.
La evidencia, a día de hoy, muestra que existen métodos más eficaces como
«Peace & Love» cuando nos encontramos ante una lesión aguda, como podría
ser un esguince leve de tobillo. (Dubois, B. 2019)16.
Ilustración 29. Protocolo «Peace & Love» para lesiones agudas. Elaboración propia
basada en el modelo de Dubois.
Aunque es importante que el profesional sanitario haya descartado alguna
patología más grave, como podría ser una fractura. Lo ideal es comenzar a
moverlo, bajo el criterio y las pautas profesionales de un fisioterapeuta. La
inmovilización del tobillo ya no debe ser una opción para el tratamiento de un
esguince de grado I, sin embargo, estas recomendaciones (Peace & Love) son
absolutamente necesarias para llevar a cabo la óptima recuperación. El frío
queda descartado de este protocolo de actuación, no porque esté contraindicado,
sino porque podemos prescindir de él.
Durante la lesión se produce una liberación de ciertos microorganismos
encargados de la reparación del tejido. Es a lo que denominamos «inflamación».
Los macrófagos y el factor de crecimiento IGF-1 serán los encargados de
eliminar el tejido dañado y comenzar con la recuperación. El hielo solo podría
estar entorpeciendo la liberación de este factor (IGF-1), y, por tanto, retrasando
el proceso de recuperación.
Como comentábamos, el hielo produce analgesia a corto plazo. En ciertas
ocasiones, sobre todo en lesiones agudas de gran índole, el tratamiento con
crioterapia podría ser interesante para mejorar y reducir el dolor, de manera que
podamos comenzar con el ejercicio. Aquí nace la balanza entre riesgo y
beneficio.
Recuperación postentrenamiento. ¿Aplicamos frío? (Hylgahl R.,
Peake J. M., 2020)17
Mediante la aplicación de frío y calor en atletas, se quiere promover la
recuperación postejercicio y la mejora de resistencia, velocidad y otras variables.
Técnicas como la sauna, la diatermia, el agua caliente; y frías como el hielo, las
cámaras de crioterapia o la inmersión en agua fría son utilizadas a día de hoy por
deportistas de élite.
Hablamos de agua fría cuando es inferior a 20 ºC. Esta técnica se utiliza como
método de recuperación sobre todo en el ámbito deportivo. La finalidad del agua
fría después de la práctica deportiva es reducir el metabolismo celular, la
necrosis y la apoptosis celular (muerte celular); estimular la vasoconstricción
(estrechamiento vasos sanguíneos), reducir el flujo sanguíneo de la piel y
conseguir el aumento del volumen sanguíneo de forma central; además de
disminuir el dolor y la hinchazón de la musculatura postentreno. La temperatura
de la piel desciende tras la inmersión en agua fría, sin embargo, otras estructuras
más profundas son menos sensibles a las bajas temperaturas. Igual que ocurre a
nivel central, la variación de temperatura es muy muy leve. El mayor descenso
de la temperatura a nivel central ocurre transcurridos los sesenta minutos de
inmersión, aunque influyen factores como la temperatura, la inmersión
intermitente o continuada, o la posición del cuerpo.
Para reducir molestias musculares se ha observado que la inmersión en agua de
entre 11-15ºC durante 10-15 minutos parece ser la estrategia más efectiva. Sin
embargo, el estudio de Siqueira, A. F. de 2018 sugiere que la inmersión en agua
fría podría reducir el daño muscular pero no acortar los plazos de recuperación
de la función muscular18.
Varios autores sugieren que las aplicaciones de frío de forma regular atenúan
la ganancia de fuerza después del entrenamiento de resistencia, sin embargo,
podría no interferir en la adaptación a corto plazo dentro del deporte.
Otros autores han investigado cómo el agua fría influye en la hipertrofia
muscular y la síntesis proteica después del entrenamiento de resistencia. De
manera que atenúa la síntesis de proteínas musculares y las fibras musculares
tipo II. A largo plazo, podría impedir la síntesis e hipertrofia muscular, mediante
diferentes mecanismos.
Cabe destacar que, en el caso de los atletas, recurrir o no a ciertas herramientas
supone una «estrategia psicológica».
Sigue existiendo cierta controversia en la aplicación del frío, así que lo dejo a
tu elección.
Entonces, ¿hielo sí o no? ¿Y en qué casos?
16 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Dubois, Blaise; Esculier, J.-F. (2019).
«Soft tissue injuries simply need PEACE & LOVE» | BJSM blog - social media’s leading
SEM voice. British Journal of Sports Medicine, 1–10.
17 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Hyldahl, R., Peake, J. (2020).
«Combining cooling or heating applications with exercise training to enhance
performance and muscle adaptations. Journal of applied physiology». (Bethesda, Md. :
1985), 129(2), 353–365. https://doi.org/10.1152/japplphysiol.00322.
18 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Siqueira, A. F. et al (2018). «Multiple
Cold-Water Immersions Attenuate Muscle Damage but not Alter Systemic Inflammation
and Muscle Function Recovery: A Parallel Randomized Controlled Trial». Scientific
reports, 8(1), 10961. https://doi.org/10.1038/s41598-018-28942-5
18.- ¿Qué tal un poco de calor?
En el caso del calor, se produciría un aumento del flujo sanguíneo y, por tanto,
una mayor y más pronta recuperación del tejido. ¿Verdad?
En un estudio se realizó una hora de ejercicio de ciclismo de brazos, seguida de
dos horas de recuperación en las que la parte superior de los brazos: en el primer
grupo se calentó a 38 ºC, en el segundo no se trató y en el tercero se enfrió a 15
ºC. La fatiga se evaluó a temperatura fisiológica. La producción de potencia
durante el ejercicio máximo se mantuvo mejor cuando los músculos se
calentaron durante la recuperación, mientras que el enfriamiento tuvo el efecto
contrario (en la resíntesis de glucógeno). (Cheng A. J et al, 2017).
Las adaptaciones mitocondriales que se producen con la aplicación de calor, y
la mejora de la capacidad oxidativa del músculo (capacidad máxima para utilizar
el oxígeno) están mediadas por el sistema vascular, y por su capacidad de
suministrar oxígeno al músculo. Con el entrenamiento de resistencia
conseguimos mejorar el suministro microvascular, por el contrario, la
inactividad física provoca la insuficiencia o pérdida de la densidad capilar
(rarefacción). Sin embargo, este mecanismo de forma pasiva, como es con la
aplicación de calor externo, no tiene suficiente evidencia al respecto que lo
respalde.
A diferencia de la aplicación del frío, utilizado para recuperar a nivel muscular
después del entrenamiento, el uso del calor en el ámbito deportivo se ha
destinado a calentar la musculatura para poder someterse al entrenamiento en
mejores condiciones. O simplemente con el fin, en cualquiera de los casos, de
mejorar el rendimiento.
Y como todo en la vida, ni blanco ni negro, ni frío ni calor.
Podemos distinguir dos tipos de aplicación de calor: local y sistémica. En la
primera tenemos opciones como una bolsa de agua caliente o una manta
eléctrica. En la segunda, un baño, una ducha, un baño de vapor o una sauna.
Depende del contexto en el que nos encontremos utilizaremos este tipo de
terapias. Quizás a 40 grados en verano lo último que apetece es ponerse una
bolsa de agua caliente.
¡Lo que estamos buscando es alcanzar el umbral
entre lo agradable y lo molesto!
La radiación infrarroja es aquella con una longitud de onda mayor a cualquier
luz visible, que provoca calor al igual que lo hace el radiador de casa o el sol.
Aunque cabe destacar que quizás el calor por radiación (sol o infrarrojo) sea más
agradable que el de conducción (bolsa de agua caliente).
Ilustración 30. Diagrama del espectro electromagnético. Imagen de freepik.com.
El calor es capaz de penetrar por los tejidos, hasta 4 cm, dependiendo del
tiempo de exposición. Igual que ocurre con el horno convencional y el
microondas, misma finalidad, diferentes tiempos. ¡Pero cuidado! Aunque nos
pueda aportar ciertos beneficios a corto plazo, también es una fuente de riesgo,
no nos olvidemos de las quemaduras.
¿Por qué el calor nos produce bienestar?
Hemos aprendido que el calor proporciona placer y seguridad, al contrario de lo
que ocurre con el frío, que podría incluso matarnos. La hipotermia es una
amenaza mortal presente en algunos países como Rusia, Groenlandia o
Finlandia. Sin embargo, el calor es una sensación que experimentamos y que
asociamos al contacto, a la cercanía y a la intimidad, interpretando el calor como
una fuente de protección.
Este estado de protección, de relajación y de placer nos ayuda, de cierta forma,
a relajar la musculatura. Es por esto que cuando manifestamos dolor muscular
acudimos al calor en forma de manta eléctrica, crema de calor o simplemente un
automasaje.
La tecarterapia o TECAR (transferencia energética capacitativa y resistiva) es
la aplicación de radiofrecuencia (termoterapia) en tejidos profundos. Existen dos
electrodos en función del área a tratar: capacitativo, para músculo y grasa; y
resistivo, para hueso, tendones y ligamentos. A grandes rasgos.
¿Cuáles son los beneficios de esta terapia?
Mejora de la circulación sanguínea y región adyacente. Aumento de la
hemoglobina.
Disminución del dolor.
Mejora de la fuerza, y la función física en osteoartritis de rodilla.
Mejora de la calidad de vida y la discapacidad en pacientes con trastornos
musculoesqueléticos.
No es oro todo lo que reluce, es una terapia, como en la mayor parte de los
casos, transitoria y a corto plazo. Pudiendo no solventar cualquier tipo de
problema. Existe evidencia que, combinada con el ejercicio, sí que podría
reportar mayores beneficios a largo plazo.
Entonces ¿es la terapia o el ejercicio?
En el campo estético tampoco existe demasiada evidencia al respecto. No
aumentó la lipólisis abdominal, ni tampoco la reducción del volumen en
miembros, en comparación al ejercicio (Vale A. L., 2020).
¿Hasta dónde llega el calor realmente? ¿Y cuánto?
Un promedio de 3.8 ºC a una profundidad de un centímetro y de 0.78ºC a tres
centímetros. Esto se realizó con hot packs durante 15 minutos, en 1998. Es fácil
calentar superficialmente unos grados centígrados, sin embargo, a mayor
profundidad, mayor dificultad.
Por tanto, el calor de forma superficial puede ayudarnos en situaciones donde
la «tensión muscular» sea evidente. De manera que relajemos la musculatura y
nos permita realizar las actividades de la vida diaria de forma más llevadera.
Además, nos permite sustituir la medicación antiinflamatoria tradicional,
evitando efectos secundarios perjudiciales de los mismos, por técnicas más
seguras y menos dañinas. Hablamos de técnicas destinadas a la mejora a corto
plazo o «parche terapéutico». Sin embargo, no sustituye el diagnóstico de un
profesional, ni tampoco exime de un problema de mayor índole.
Existen ejercicios que pueden provocar el «calentamiento» muscular de forma
más rápida y eficiente, y, sobre todo, de forma más profunda. El ejercicio
aérobico de baja-media intensidad, los ejercicios isotónicos o isométricos, u
otros; podrían ser mejores aliados que una manta eléctrica o una pomada.
Ilustración 31. Ejercicio físico.
Sin embargo, esto último requiere sacrificio.
19.- ¿Cuánto tiempo tardaré en recuperarme?
¿Qué me pasa? ¿Cuánto tiempo tardaré? ¿Cómo puedo acelerar el proceso?
Estas son algunas de las preguntas que se repiten en nuestro día a día en
consulta, pacientes que necesitan información y respuestas. Sin embargo, en la
mayor parte de los casos, las respuestas son un tanto ambiguas y no podemos
preestablecer un tiempo.
¡Qué peligrosos podemos volvernos cuando estamos bajo la presión de hacer
algo espectacular y lograr un resultado!
~ Louis Gifford ~
Comprender el proceso biológico normal de curación del tejido nos ayudará a
conocer cuándo introducir carga y en cuánto tiempo aproximado podremos
recuperar la lesión. Explicar en qué consiste la lesión, qué ha ocurrido, cuánto
tiempo demorará y otros; es fundamental para crear una buena alianza
terapéutica y, consecuentemente, unos buenos resultados. Sin embargo, existen
muchos factores a controlar y no solo y exclusivamente el tejido, recordemos
que somos un todo, y que de lo que trataremos a continuación quizá sea el 1% de
los factores a controlar.
En un inicio, la inflamación de la lesión que experimentamos podría durar
hasta una semana, aproximadamente; es frecuente que aparezca dolor, edema o
eritema (enrojecimiento de la zona). En una segunda fase, se producirá la
proliferación, y que puede durar no más de dos semanas, es la fase en la que
tenemos que introducir carga en el tratamiento, para una óptima recuperación.
En la tercera fase, nos encontramos con la remodelación y, sin un tiempo
definido, que podría alargarse incluso a meses, o años.
Ahora bien, todas estas fases dependerán de la estructura que nos encontremos,
no es lo mismo tratar una lesión muscular que tendinosa o ligamentosa. En estas
últimas será más lenta, puesto que la vascularización y el metabolismo es mucho
más lento.
En el músculo
Ilustración 32. Componentes del tejido muscular.
En el caso del músculo, una rápida irrigación sanguínea podría ayudarnos en una
pronta recuperación. El tejido muscular responde muy bien a la carga, y, sobre
todo, cuando pasan 2-3 días.
El músculo es el más vago, y cuando olvidamos darle la dosis de ejercicio
diario se «oxida». Pierde volumen, densidad e, incluso, fuerza. Es importante
que el entrenamiento muscular se dé por más de dos semanas para crear
adaptaciones.
Tendones y ligamentos
Con tendones y ligamentos, el metabolismo es mucho más lento por su escasa
vascularización. La carga es imprescindible cuando la dosificamos y realizamos
el ejercicio propuesto a diario. Sin embargo, la recuperación al 100 % es difícil
de conseguir, y bastante lenta. Entra en juego la fase de cicatrización, y no la de
regeneración.
Hueso
En el caso del hueso, como puede ser una fractura, es un poco más complejo. La
carga nos ayudaría a recuperar, pero también podría ser un estímulo que
provocara un empeoramiento. Una vez se ha creado el callo óseo, debemos
empezar a utilizarlo, porque lo que no se usa se muere.
Si yo tuviera una fractura haría contracciones isométricas para crear un poco de
estímulo compresivo en la zona (sin carga).
~ Louis Gifford~
Por otro lado, existen muchas personas que, tras estos tiempos de recuperación,
siguen con dolor. Hablaremos entonces de dolor maladaptativo, por simplificarlo
de alguna manera. Otro tipo de dolor que hablaremos más adelante.
A modo resumen
Es importante introducir carga para recuperar el tejido.
Es fundamental respetar los tiempos de curación.
Tenemos que conocer la historia natural de la lesión.
Deberíamos limitar el reposo y empezar a cargar cuanto antes.
Tratar con la persona, y no con la lesión, es una obligación.
Cada persona tiene un tiempo de recuperación único.
Se pueden crear maladaptaciones si no se lleva a cabo una óptima
recuperación del tejido.
20.- ¿Cuál es la mejor crema?
A menudo, los pacientes preguntan cuál es la mejor crema para el dolor. Sin
embargo, no existe.
Por otro lado, el calor es utilizado regularmente para la relajación, y el alivio
del dolor, la rigidez o tensión muscular. En forma de manta eléctrica, saco de
semillas o crema efecto calor.
El famoso bálsamos del tigre, entre otros, es un producto que produce una
sensación de quemazón por la sustancia que contiene: alcanfor. Esta sustancia es
conocida por su efecto antiinflamatorio, descongestionante o analgésico. Sin
embargo, actúa bajo una «distracción neurológica» a corto plazo, que, en
ocasiones, podría ayudarnos a empezar la actividad que teníamos planteada, pero
que se ha visto interrumpida por el dolor.
Capsaicina y dolor
La capsaicina es el rubefaciente en este tipo de productos, picante. Al igual que
cuando comemos guindilla, arde; este tipo de sustancias son capaces de provocar
quemaduras químicas de forma superficial. Esta sustancia estimula ciertas
neuronas nociceptivas, provocando dolor. Sin embargo, a dosis más altas, el
dolor va sucedido de analgesia.
En la revisión de Moura e Silva et al, 2021, se incluyeron 22 estudios para
determinar el efecto de la capsaicina en el ejercicio de fuerza y resistencia. En
animales, mostraron beneficios sobre el rendimiento. En humanos, tres
mostraron beneficios sobre resistencia en estado agudo, y dos sobre el
rendimiento en ejercicio de resistencia agudo en comparación con una condición
de placebo. Necesitamos más estudios para corroborar esto, pero parece ser
prometedor.
¿Qué provoca la capsaicina?
Ilustración 33. La capsaicina es una oleorresina, componente activo de los pimientos
picantes. Es picante, y su empleo para algunas neuralgias, neuropatías y dolores parece
ser prometedora.
Aumento de la liberación de calcio en células musculares, con la
consiguiente reducción de la fatiga muscular.
Aumento de la oxidación de ácidos grasos, aumento de la energía
disponible y mejora de la composición corporal.
Efecto analgésico y aumento de la tolerancia al dolor.
Mitigan la disminución de la producción de fuerza (ahorro de glucógeno).
Aumento de la liberación de acetilcolina, y, por tanto, mayor rendimiento
en resistencia.
Esta «distracción neurológica del dolor» es más conocida como control
inhibitorio nocivo difuso. Sin embargo, utilizar este tipo de productos de forma
permanente no es el remedio.
Enmascarar síntomas no es lo mismo que solucionarlos.
Hay situaciones en las que el calor pueda empeorar muchas situaciones, como
un brote de artritis o una inflamación. ¡Cuidado con el calor y las
infecciones/inflamaciones!
El Voltaren Gel® es otro de los productos más típicos, sin ir más lejos, un
ibuprofeno en formato gel. En realidad, diclofenaco, un antiinflamatorio no
esteroideo para tratar el dolor (articular) de rodilla o manos, entre otros. El
diclofenaco suprime la inflamación, la fiebre y el dolor al bloquear la producción
de prostaglandinas, responsables de una serie de procesos biológicos. Aplicado
bajo la supervisión de un médico podría ser útil, sin embargo, su prescripción sin
realizar un diagnóstico diferencial no sirve de nada. Los efectos adversos son
muy similares a todos los AINES: gastrointestinales, cardiovasculares, renales,
hepáticos y hematológicos.
Su analgesia es pasajera, y aunque son bastante seguros y efectivos utilizados
con moderación, no debemos de olvidar que pueden provocar efectos adversos o
resistencia a los mismos, sin que nos provea de ningún beneficio finalmente.
Tenemos que ponernos en manos de un especialista antes de automedicarnos,
el cuerpo es más sabio de lo que pensamos, y podría estar comunicándonos algo
que estamos pasando desapercibido. Quién sabe si su dolor lumbar procede de la
musculatura más superficial o de las articulaciones facetarias, más profundas en
la columna; en este caso, el tratamiento tópico sería en vano. O no, pero solo le
calmaría sin realmente solucionar lo que está ocurriendo.
Otros productos, como las cremas de árnica o los salicilatos, también podrían
funcionar a corto plazo, y de nuevo, enmascarar síntomas. El uso de este tipo de
productos de forma prolongada no tiene demasiada evidencia que lo respalde. Al
igual que cualquier medicamento, debería limitarse su uso de forma eventual.
Por otro lado, hay que recordar que el ejercicio moderado es un
antiinflamatorio natural muy potente, y quizás, bastante más económico que
cualquier producto.
¡Cuidado con la televisión! Nos venden pomadas para la
inflamación. Pero, ¿acaso la inflamación es mala?
21. Acaso, ¿la inflamación es mala?
Cuando las capacidades o requerimientos habituales de una estructuran o tejido
sobrepasan, se puede producir una lesión musculoesquelética. Se ha considerado
que esa respuesta inflamatoria es necesaria para la reparación óptima del tejido.
La inflamación es una respuesta biológica del sistema inmunológico que
desencadena una serie de respuestas en los diferentes órganos y sistemas ante
estímulos dañinos, llevando a cabo el proceso de curación. Y se da, junto a una
serie de signos y síntomas, que son el calor, rubor, tumor y dolor.
Se eliminan los desechos celulares y comienza una respuesta regenerativa en la
que las células satélite (células madre miogénicas) proliferan para reemplazar el
tejido dañado por nuevo tejido.
Cuando el patógeno entra en contacto con nuestro organismo, ya sea un cuerpo
extraño, una quemadura o un virus, nuestro cuerpo actúa frente a estos
eliminándolos. En un inicio se produce el enrojecimiento, hinchazón de la zona,
calor, dolor y pérdida de la función, provocado por las respuestas inmunitarias,
vasculares e inflamatorias.
En un segundo lugar, se produce un cambio en la permeabilidad vascular,
llegada de leucocitos y de mediadores inflamatorios. De forma que se resuelva
esa inflamación, y se lleve a cabo la reparación o proliferación, donde se
construye alrededor de la lesión. Sin embargo, esta es una fase diseñada para
seguir en movimiento, y no entrar en el modelo de miedo-evitación del ejercicio,
sino de exponernos de forma gradual a él.
En tercer lugar, llegamos a la última fase, o de remodelación, donde de forma
organizada se comienza a remodelar las fibras que se generaron en la segunda
fase; de modo que son necesarias las fuerzas tensiles para estimular el tejido.
Por un lado, la inflamación descontrolada puede volverse crónica y provocar
una serie de enfermedades de carácter inflamatorio, donde este proceso,
imprescindible, se convierte en patológico.
Una vez se da el proceso de curación del tejido, entramos en un estado en el
que somos más vulnerables y estamos menos adaptados. Este proceso debe ser
transitorio, sin embargo, como comentábamos, podría volverse patológico y
persistente en el tiempo, en el caso de una mala gestión.
Ilustración 34. Momento de la lesión, inflamación y reparación de la misma. El dolor
asociado al tejido acaba por remitir, sin embargo, el dolor asociado al sistema nervioso
(SN) podría llegar a persistir sin motivo «aparente» o por mala gestión de la lesión
aguda. Ilustración basada en la imagen de Explicando el dolor de David S. Butler y G.
Lorimer Moseley.
Cabe medir el riesgo/beneficio de ciertas técnicas utilizadas para disminuir la
inflamación, puesto que se trata de un proceso fundamental en la reparación de
nuestro organismo.
Se ha vendido el término -itis a todas las lesiones y dolores que padecemos:
tendinitis, artritis, epicondilitis… Sin embargo, en las tendinopatías o tendinosis,
lo que ocurre es que existe una desorganización del colágeno. Y de forma
secundaria, una inflamación, que incluso podría estar ausente. Dicha
desorganización o degeneración del tejido no solo ocurre en el tendón, sino que
cualquier tejido que sufra una sobrecarga puede padecerlo (síndrome
patelofemoral, bursitis…).
¿Deberíamos eliminar la inflamación en todos los casos?
Como comentábamos, durante el periodo de recuperación agudo, tras la lesión,
nuestro organismo es más vulnerable y menos adaptable, la tolerancia del tejido
ha disminuido. Y somos más susceptibles a las recaídas.
Tolerancia del tejido antes y después de la lesión
El «modelo de los picos gemelos» de Butler & Moseley (2010)19
nos explica los niveles de tolerancia del tejido antes y después de la lesión.
Tras un periodo de inflamación y remodelación de la lesión, los niveles de
tolerancia disminuyen drásticamente. Una exposición rítmica y gradual de los
estímulos que soportaba ese tejido previamente nos ayudará en la recuperación,
de forma que reduciremos la percepción de amenaza implantada.
Volver a los niveles previos de tolerancia del tejido y dolor estará sujeto a la
exposición gradual (que veremos más adelante). La línea de tolerancia del tejido
comenzará a subir y los tejidos se irán adaptando a las nuevas necesidades,
mejorando fuerza y control de los mismos. Igual ocurrirá con la línea de dolor.
Ilustración 35. Una vez producida la lesión (segunda montaña), la tolerancia del tejido y
la activación del dolor como alarma se dará de forma más temprana. Modelo de los picos
gemelos de Butler, D. S. & Moseley, G. L. (2010). Explicando el dolor. Noigroup
Publications.
Normalicemos la inflamación.
19 Te recomiendo la lectura del libro «Explicando el dolor» de David Butler y Lorimer
Moseley (2016).
22.- Calambres, ¿falta de electrolitos?
Y aunque ya hemos hablado de algunos términos como rigidez, puntos gatillo o
contracturas quedan algunos de los términos más usuales, que vamos a explicar
brevemente a continuación:
Espasmo: término inespecífico que hace referencia al dolor
musculoesquelético.
Espasticidad: calambre lento y prolongado que se produce en
enfermedades neurológicas. Y podemos clasificar en varios subtipos.
Fasciculaciones (espasmos): contracciones pequeñas, breves y
repetitivas que ocurren en personas sanas. Como es el caso del hipo.
Temblores: actividad muscular involuntaria, desde pequeñas (cuando
tiritamos) hasta grandes (Parkinson).
Tetania: contracción mantenida en el tiempo por diferentes causas
(calcio bajo, deficiencia vitamina D…).
Distonía: contracción no dolorosa de origen central.
Miotonía: contracción no dolorosa prolongada.
Por lo general, los temblores y los espasmos no suelen ser signos de alerta. Sin
embargo, esto no descarta que pueda existir otra patología o enfermedad.
Los calambres son contracciones involuntarias, dolorosas y localizadas de un
grupo muscular. Pueden durar de minutos a horas, y sus causas pueden ser
bastante diversas.
Dentro de los calambres hablaremos de diferentes tipos (Bordoni B. 2021):
Calambres inducidos por el ejercicio: suelen aparecer cuando el
músculo se fatiga. La primera teoría muestra la deshidratación y el
desequilibrio de electrolitos durante la práctica deportiva. Sin embargo, la
segunda teoría (quizás más acertada) demuestra que existe un trastorno
neurológico periférico transitorio, donde las contracciones musculares
continuadas en el tiempo aumentan las aferencias hacia los husos
neuromusculares, con un efecto inhibitorio sobre los órganos tendinosos
de Golgi.
Calambres nocturnos: se asocian a la fatiga también. Pero, en este caso,
las causas pueden ir desde un déficit de hierro hasta efectos secundarios
de ciertos medicamentos. Afecta a personas que permanecen durante
mucho tiempo de pie o expuestas a grandes esfuerzos físicos. Este tipo de
calambres suele ser más frecuente en mayores de sesenta años. Estos
calambres podrían producirse por un descenso en el umbral de activación,
es decir, las personas mayores presentan una menor activación neuronal,
lo que podría estar creando una descoordinación neuromuscular.
Calambres en las piernas en mujeres embarazadas: alrededor del 50
% de las mujeres embarazadas lo presentan, normalmente durante la
noche, y los tres últimos meses de embarazo. Puede ser debido al exceso
de peso, compresión de nervios, flujo sanguíneo insuficiente o aumento
del esfuerzo físico.
Existen otras condiciones que cursan con la aparición de calambres, como el
calambre del escritor, el síndrome de calambre-fasciculación, la enfermedad
renal en etapa terminal, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la cirrosis, la
diabetes o la fibromialgia.
El médico encargado mediante la electromiografía o el ecocardiógrafo podrá
saber el tipo de calambre que se está manifestando. Otras pruebas más
específicas, como la resonancia magnética o la tomografía computarizada,
podrán identificar lesiones de tipo neurológico.
¿Cuál es el tratamiento?
Va a depender del tipo, sin embargo, a día de hoy solo existen recomendaciones
que incluyen el estiramiento del músculo afectado y masajes a nivel profundo.
La prevención podría estar encaminada con la realización de un correcto
calentamiento previo a la actividad física y una adecuada hidratación.
¿Es efectivo la suplementación de magnesio?
El dolor que produce el calambre es una señal de advertencia ante un trauma
inminente. Igual que ocurre cuando sentimos cansancio, dolor o fatiga, son
comunes en el embarazo, con la edad avanzada, el ejercicio o en trastornos
motores.
En esta revisión de 2020 de Garrison, S. R. se identificaron once ensayos, con
un total de 735 personas. El magnesio se comparó con el placebo en nueve
ensayos, sin embargo, los resultados fueron pequeños y poco significativos en
relación a los calambres musculares. Por tanto, es poco probable que el
magnesio proporcione beneficio en los calambres musculares, aunque cabe
destacar que es necesaria más investigación al respecto.
Hablamos de un mecanismo de protección
Ilustración 36. Balanza del lado de la amenaza, relacionada con la aparición de los
calambres musculares.
Elaboración propia.
s
A menudo sentimos espasmos musculares, que no son más que un mecanismo de
protección ante una determinada situación como puede ser la fatiga, el cansancio
o el estrés en un determinado momento de nuestra vida.
Estos espasmos musculares intentan protegernos ante determinados
movimientos que el sistema nervioso clasifica como amenazantes. El SN intenta
evitar a toda costa el movimiento de la zona, de forma que la «inmoviliza»
momentáneamente.
Parece ser que la deshidratación o el desequilibrio de electrolitos que se
producen en el deporte desencadenan los temidos calambres musculares, por lo
que toda persona expuesta a deshidratación debería de manifestar calambres. Sin
embargo, en situaciones de inmovilidad o en personas sedentarias, la
deshidratación no suele darse; y aun así son capaces de presentar calambres
musculares. Por tanto, los calambres no son causa directa de la deshidratación
aguda.
Recordemos que correlación no implica causalidad.
Ilustración 37. Posibles determinantes de la aparición
de calambres musculares. Elaboración propia.
¿Son todo calambres musculares?
Al igual que la fatiga, se produce cuando no estamos acondicionados. La
individualización, en este sentido, es fundamental, puesto que hay personas más
vulnerables que otras a ciertos estímulos. Por ejemplo, unas se fatigarán al
levantarse y sentarse de la silla diez veces, y otras con una sentadilla trasera con
100 kg de peso. Las características individuales jugarán un papel fundamental en
el desarrollo de nuestra fatiga o cansancio muscular. En el momento que se
realiza la sentadilla parece que todas las fibras se contraen al unísono; sin
embargo, cada fibra muscular es capaz de contraerse por sí misma,
desencadenando un movimiento único y específico. Dando como resultado un
movimiento complejo, dinámico y armonioso. Cuando una de estas unidades
motoras falla, o se fatiga, no se produce la contracción deseada o se produce con
menor intensidad, apareciendo temblores involuntarios localizados o
fasciculaciones.
Los espasmos son contracciones musculares involuntarias y no deseadas; como
el hipo, donde el récord mundial se dio en Charles Osborne y tuvo un ataque de
hipo en 1922 que no pudo solucionar hasta 1990. Al inicio tenía 40 hipos por
minuto, luego se fue reduciendo hasta 20. No está claro el mecanismo de este
tipo de alteraciones.
Los calambres musculares no son capaces de poner en peligro la vida humana,
pero sí que pueden ser indicativos de una amplia gama de trastornos.
Buscar una única causa es complicado,
centrarnos únicamente en el síntoma es un error.
23.- ¿Los estiramientos previenen lesiones?
Muchos de nosotros hemos estirado antes y después de realizar una actividad
deportiva. Por lo general, para reducir el riesgo de lesión y reducir el dolor
postejercicio. Además de sus resultados placenteros.
En 1998 un estudio concluía que el estiramiento pasivo no tenía una influencia
significativa sobre la creatina quinasa (CK), el dolor muscular o la fuerza
muscular. (Lund, H., 1998)
Más de dos décadas más tarde, seguimos utilizando este tipo de ejercicios
como imprescindibles en nuestra práctica deportiva, ya sea a modo de
recuperación o de prevención de lesiones.
¿Sirven los estiramientos como calentamiento?
No. El calentamiento es una acción destinada a la preparación de la actividad
que vamos a realizar y a la toma de conciencia corporal de la zona. Aun
produciendo calentamiento en los tejidos con los estiramientos estáticos, los
movimientos que realizaremos a posteriori son completamente diferentes. Es
mucho más interesante calentar con ejercicios progresivos que impliquen el
ejercicio principal que vayamos a realizar en el entrenamiento.
¿Estirar podría evitar el dolor muscular?
No. Ya veíamos en capítulos anteriores que el dolor de aparición tardía o DOMS
no tenía ningún remedio efectivo para su pronta recuperación.
Tampoco el estiramiento, antes, después o antes y después ha demostrado
reducir el dolor muscular de aparición tardía. (Herbert R. D., [2011]).
Cabe pensar que, si existe un estado de rigidez muscular, estirar sea la opción
más adecuada, de forma que devolvamos a ese músculo la elasticidad que le
falta. Pero recordemos que la rigidez no es más que una sensación, y no un
acortamiento muscular.
¿Estirar previene lesiones?
Muchos defienden la idea de que «músculos más largos» tienen menos
probabilidades de tensarse, y, por tanto, menor probabilidad de lesión. Pero
existe evidencia que muestra que el estiramiento no previene lesiones. (Lauersen
J. B., [2014]20). La prevención de lesiones es algo que se ha puesto de moda en
los últimos años, sin embargo, bastante impredecible y dependiente de muchos
factores, como edad, sexo, IMC, antecedentes, enfermedades, experiencia
previa, conocimiento, medicación…
Ilustración 38. Cuatro claves imprescindibles que podrían ayudar a evitar lesiones
durante y después del entrenamiento. Elaboración propia.
¿El estiramiento mejora el rendimiento?
La evidencia que existe sobre el estiramiento es escasa en cuanto a beneficios.
De hecho, se han observado «efectos negativos» sobre la fuerza y potencia
después del estiramiento. En algunos deportistas, como levantadores de peso,
¿podría ser contraproducente los ejercicios de flexibilidad para su práctica
deportiva?
Entrenamiento de fuerza y movilidad
El objetivo principal de los estiramientos es ganar flexibilidad, sin embargo,
¿sabías que puedes mejorar tu rango de movilidad articular con el entrenamiento
de fuerza?
En este estudio de José Alfonso y col. (2021), se revisaron once estudios, con
un total de 452 sujetos; se evidenció que tanto el estiramiento como el
entrenamiento de fuerza aumentaban el ROM de forma similar.
Para la vida diaria de muchas personas aumentar la flexibilidad sin ningún
objetivo no tiene demasiada importancia. Quizá preocuparnos por la movilidad
sería más interesante, puesto que la falta de la misma es un predictor clave en
futuras lesiones, alteraciones músculo-tendinosas o déficit de movilidad en sí
misma, con una alta probabilidad de incapacidad para realizar ciertos gestos
deportivos e incluso en las actividades de la vida cotidiana.
Por otro lado, la composición corporal, la potencia, la resistencia
cardiovascular y muscular son predictores de mortalidad. Estos deberían
convertirse en nuestros imprescindibles. Y no tanto el estiramiento en sí.
Pero, ¿cómo mejora el entrenamiento de fuerza el rango de movilidad
articular?
Durante la contracción excéntrica, o elongación muscular con carga, se produce
el «estiramiento» de las fibras musculares. Esto ocurre cuando se regresa a la
posición de inicio, por ejemplo, en una sentadilla. El entreno de fuerza implica
contracción y elongación continua, que además de «alargar» nuestras fibras
musculares, se adaptan a los continuos cambios que supone añadir carga e
intensidad al ejercicio. El entrenamiento de fuerza, por tanto, aumentará la
tolerancia al estiramiento.
¿Qué ejercicios pueden mejorar mi flexibilidad?
Cualquiera que implique fuerza: sentadillas, flexiones, peso muerto, zancadas,
press de pecho, press de hombro, rotaciones… Es cierto que, en deportes como
el taekwondo, la necesidad de mejorar la flexibilidad es extrema. Y, por tanto,
los ejercicios deberán ser adecuados al mismo.
Estiramiento y lesión
¿Con qué finalidad estirarías una lesión? El estiramiento en sí no es una técnica
que nos permita recuperar un tejido. Debemos tratar el tipo de lesión, su historia,
su contexto… Estirar el sóleo en corredores, la fascia plantar en personas con
fascitis plantar o el glúteo en ciclistas no es una opción si estamos ante una
lesión del mismo. Sí se han visto resultados con la realización de ejercicios de
fuerza y de movilidad articular, por ejemplo. Pero primero es necesaria la
valoración de la lesión por parte del fisioterapeuta.
Estiramientos dinámicos
Acabamos de hablar de estiramientos pasivos, tal y como todos los conocemos,
pero ¿qué ocurre con los estiramientos dinámicos? Este tipo de estiramientos
implica el aumento del rango normal de movimiento de forma repetida y rápida.
La evidencia muestra que este tipo de estiramientos son mejores que los estáticos
para aumentar el rango de movimiento. Sin embargo, los beneficios son
pequeños a moderados para el aumento del rendimiento o flexibilidad. Eso sí, los
estiramientos dinámicos deberían ir enfocados al tipo de ejercicio a realizar a
posteriori.La flexibilidad no lo es todo, de hecho, ser demasiado flexible podría
ser un factor de riesgo para futuras lesiones.
La hipermovilidad articular generalizada es una condición altamente
prevalente que podría asociarse a lesiones articulares. En esta revisión de Pacey
V. (2010) se concluyó que existe mayor riesgo (20 %) de lesión de la rodilla
durante actividades de contacto en personas que presentan hipermovilidad
generalizada. Recordemos que la aparición de una lesión incluye muchos
factores relacionados, y que un único factor no es determinante de la lesión.
Otro trastorno de este tipo es el síndrome de Ehlers-Danlos, relacionado con
causas genéticas que manifiestan hipermovilidad junto a tejidos frágiles con
mala cicatrización. Estas personas no deben estirar. Se podrían lesionar con
bastante facilidad.
¿Podría un sobreestiramiento causarnos una lesión?
La respuesta es sí. Pero realmente como cualquier tipo de actividad que
realicemos. Un estiramiento lo suficientemente fuerte puede dañar las diferentes
estructuras anatómicas. Existen límites anatómicos que no debemos sobrepasar
o, al menos, a corto plazo.
Necesitamos tiempo para realizar entrenamiento de fuerza, de movilidad, de
resistencia cardiovascular, de equilibrio,
de coordinación. Y después, los estiramientos.
20 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Lauersen, J.B., Bertelsen, D.M.,
Andersen, L. B. (2014). «The effectiveness of exercise interventions to prevent sports
injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials». British
Journal of Sports Medicine; 48: 871-877.
24.- Modas pasajeras: las ventosas
Ilustración 39. Terapia de ventosas.
«Neymar parece seguir la misma terapia que, según dicen los entendidos, ayuda
a acelerar la recuperación tras el ejercicio físico».
– MARCA
La terapia de ventosas tiene su origen de la medicina tradicional china y
consiste en la aplicación de varias ventosas con presión negativa sobre la piel,
creando una succión de la misma con la posible aparición de eritema, e incluso,
hematomas.
Su aplicación se puede realizar con vasos de cristal a los que se les aplica
calor; o con equipos de succión de aire, a través de movimientos rápidos,
vigorosos y rítmicos que estimulen la musculatura, tratando así dolores y
molestias.
Se pusieron de moda hace unos cinco años gracias a deportistas de élite como
Michael Phelps en Río 2016. Desde entonces se publicaron estudios donde
parecía tener ciertos efectos beneficiosos sobre el dolor, sueño y la discapacidad,
como el estudio de Volpato M. P. et al en 2020.
Estos estudios demuestran mejoras a nivel de flujo sanguíneo, drenaje de
toxinas y liberación miofascial. (Al-Bedah A., et al 2018).
Reducción del dolor: La teoría de la compuerta, teoría del control
inhibidor nocivo difuso, teoría de la reflexología.
Antiinflamatorio e incremento de la circulación sanguínea: Teoría del
óxido nítrico.
Efectos inmunomoduladores: Teoría de activación del sistema inmune.
Ajuste hematológico: Teoría de la detoxificación sanguínea.
Lowe, en 2017, nos mostró que la presión negativa provoca la dilatación de los
capilares, con el consiguiente estímulo del flujo sanguíneo tisular y la probable
rotura capilar y equimosis.
Emerich y colaboradores en 2014 concluyeron con que la aplicación de
ventosas induce el metabolismo anaerobio (aumento de lactato); además de
aumentar los umbrales de dolor, por presión, en algunas zonas.
Bridge y colaboradores en 2017 reportaron beneficios a nivel de rendimiento
deportivo. Beneficios en la percepción de dolor, discapacidad, mayor rango de
movimiento y reducción de la creatina quinasa en comparación con el grupo
control. Sin embargo, con un riesgo de sesgo alto.
Otros muestran beneficios en la percepción del dolor lumbar, pero también, sin
demasiado éxito en cuanto a metodología del estudio. (Wang Y. et al., 2017).
En una revisión de Derek Charles et al, 2019, se comparó la terapia manual, la
punción seca y las ventosas para la reducción del dolor. Concluyeron que la
terapia manual sí podría ayudar en el dolor, pero tanto la punción seca como las
ventosas no eran mejor que el placebo.
En este estudio más reciente, de Almeida Silva H. J. et al, de 202121, se
concluye que la terapia de ventosas no fue superior a las ventosas simuladas para
mejorar el dolor, la función física, la movilidad o la calidad de vida.
Todos estos artículos muestran que la terapia de ventosas no es superior al
placebo, y aun provocando un aumento del flujo sanguíneo a nivel tisular, no
supondría cambios evidentes a nivel más profundo.
¿Somos capaces de eliminar toxinas succionando?
¿Existe mayor riesgo que beneficio?
En el caso de querer aumentar el flujo sanguíneo, yo me decantaría por realizar
ejercicio. Aun realizándolo de forma puntual, como las ventosas, supondría un
aumento de la circulación sanguínea exponencial.
Los hematomas no son normales.
Para la eliminación de toxinas ya tenemos pulmones,
riñones y otros.
21 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Almeida Silva, H. J., Barbosa, G.,
Scattone Silva, R., Saragiotto, B., Oliveira, J., Pinheiro, Y., Lins, C., Souza, M. (2021).
«Dry cupping therapy is not superior to sham cupping to improve clinical outcomes in
people with non-specific chronic low back pain: a randomised trial». Journal of
Physiotherapy, 67(2), 132–139. https://doi.org/10.1016/j.jphys.2021.02.013
25.- Todo lo natural es mejor, hablemos de homeopatía
¡Tómate esto que es natural!
¡Y esto otro, que es de /cualquier planta natural/!
Me han dicho que este remedio natural…
Muchos de nosotros, en alguna ocasión, hemos tomado sustancias naturales, y
esto es a lo que llamamos «homeopatía». Ya sea de forma oral, tópica u otro. La
homeopatía se define como «método terapéutico que se fundamenta en la
aplicación de sustancias naturales para aliviar síntomas». Derivado del griego
«homeo», que significa «similar», y «pathos» que significa «sufrimiento». Esto
significa que una persona que padece síntomas podría ser tratada con microdosis
de una sustancia que ha sido capaz de reproducir los síntomas. Un ejemplo, la
cafeína, un estimulante, a pequeñas dosis podría ser utilizada en homeopatía
como somnífero. Sí, lo has leído bien; algo que resulta ser completamente lo
contrario, resultaría eficaz contra el insomnio.
El lema que «respalda» la homeopatía es:
Lo similar cura lo similar
La homeopatía aparece en 1798 gracias a Samuel Hahnemann, que defendía
los «desequilibrios o perturbaciones» generadas en el cuerpo. Este concepto se
hizo popular en el siglo XIX, permitiendo controlar la peligrosa práctica de
sangrías, purgas o vómitos inducidos por médicos de la época. Los países que
más usaban este tipo de medicamentos eran Francia (13,4 %), Alemania (11,6
%) y Austria (10,9 %).
La homeopatía se basaba en la teoría miasmática. El término «miasma»
proviene del latín, y significa «manchar», «corromper». Se llama «miasma» a la
predisposición genética que cada persona tiene a desarrollar y padecer cierto tipo
de enfermedades y síntomas. Los miasmas los podemos dividir en dos:
epidémicos (contagiosos) y los no epidémicos (erupción primaria pruriginosa).
Cuando una persona enferma es la fuerza vital inmaterial por sí misma y
presente en todo el organismo, la que produce el contagio de miasmas.
Ningún estudio de calidad pudo corroborar que la homeopatía causase una
mejora en la salud.
En 1994, un Real Decreto autoriza la venta de homeopáticos, creando un
apartado de «medicamentos sin indicaciones terapéuticas». En 2001 se
reconocen como «medicamentos», y en 2008 se intenta regular, pero los
fabricantes se oponen porque incrementaría las tasas. En 2018, se abre un debate
en contra de aprobar una sustancia como «medicamento» cuando no cuenta con
respaldo científico.
Para fabricar una sustancia homeopática, la sustancia pura se mezcla con 99
partes de disolvente (normalmente agua). El agua es carente de
contraindicaciones y efectos secundarios. Los homeópatas defienden que la
dilución no es solo agua, sino agua con algo. Y ese algo es la que actúa en la
célula.
Pero ¿realmente funciona o es placebo? ¿De verdad bebernos un vaso de agua
con limón en ayunas podría ayudarnos a «limpiarnos»? ¿O la cebolla es buena
para cuando tenemos un resfriado?
El propio resfriado tiende a mejorar por sí solo. Y en la mayor parte de
dolencias, inclusive el dolor muscular, ocurre algo similar; acaba por remitir tras
un periodo de «pico máximo» que debemos sobrepasar. Las altas expectativas
del paciente respecto al remedio, la relación con el médico u otros elementos
relacionados con el contexto podrían hacer mejorar la enfermedad.
No es el efecto del remedio per se, sino del contexto.
Se han publicado más de 200 artículos relacionados con sustancias
homeopáticas, no obstante, la conclusión es que los remedios homeopáticos no
son diferentes al placebo.
La mejoría es real, pero no establece causalidad.
¿Hablamos entonces de una pseudociencia?
Algunas de las características que cumple como pseudociencia son:
Invoca a entes no materiales. La «memoria del agua» (propiedad del
agua para almacenar propiedades curativas de un compuesto
homeopático sometido a diluciones en serie durante su fabricación).
No hay ningún laboratorio de experimentación.
Es dogmática. No cambia sus principios cuando algo falla.
Acrítica.
No busca leyes generales.
Principios incompatibles con la ciencia.
Aislada. No interactúa con otras ciencias básicas.
Empírica. No busca formular explicaciones.
Marginal. No publican en revistas científicas.
El uso del placebo, ¿ético o no?
26.- La pandemia de la medicación
Cualquier palabra que acabe en -itis hace referencia a la inflamación, siendo un
mecanismo primitivo de defensa, esencial para la recuperación del organismo.
La inflamación es ese fenómeno que hemos demonizado durante mucho tiempo,
ya sea ocultándolo bajo la eficacia de antiinflamatorios, o con alguna otra
técnica que enmascare los síntomas molestos de la inflamación, tales como la
fatiga, el dolor, el malestar, la fiebre u otros.
En el origen de la inflamación se exigía la presencia de calor, rubor, tumor y
dolor. Sin embargo, a día de hoy, aún con la ausencia de estos signos, puede
derivar en «inflamación de bajo grado». Son los pacientes con dolor crónico (o
mejor, persistente). Existe un exceso de mediadores proinflamatorios que hacen
«sentir dolor» más fácilmente y a menudo.
La inflamación, a grandes rasgos, puede ser «buena» o «mala», dependiendo
un poco del contexto. Puede ayudarnos a sobrevivir ante situaciones de
enfermedad aguda, o permanecer en el tiempo como consecuencia de la mala
interpretación de nuestro cerebro ante ciertas situaciones. Nos ayuda
alertándonos ante la presencia de una fiebre altísima, que podría matarnos; o nos
incapacita durante meses o años, sin ningún beneficio.
¿Funciona el paracetamol para mi dolor de espalda?
Abdel Shaheed C. et al, 2021, evaluaron 36 revisiones sistemáticas sobre el
paracetamol y su eficacia, concluyendo que existe evidencia moderada-fuerte de
efectividad para la tensión de cabeza, craneotomía, osteoartritis y zona perineal
en postparto.
Sin embargo, también existe evidencia de que no es efectivo para reducir el
dolor de espalda agudo.
¿Qué ocurre con los antiinflamatorios no esteroideos?
Son bastante seguros y efectivos, sí, pero con moderación. El dolor agudo, en
muchos casos, es susceptible de tratar con este tipo de sustancias. Sin embargo,
también tienen efectos secundarios; y, por tanto, hay que evitar su uso de forma
continuada. Y por supuesto, bajo prescripción médica.
Una vez que dejamos de tomar este tipo de medicación, es hora de acudir a
nuestro médico, que nos paute unas pruebas de imagen, más medicación, o que
nos derive al traumatólogo.
¡Bingo, empezamos a movernos! Y no me refiero al ejercicio, sino a buscar
soluciones, y a intentar ponerle fin a tan horrible dolor. No corras, no hagas
ejercicio de impacto, el crossfit es malísimo, y un sinfín de nocebos que nos
permiten hundirnos en la mierda. Con perdón de la palabra.
Una vez toda la medicación del mundo no nos ha proporcionado mejoría
alguna, nos proponen infiltrarnos con la finalidad de disminuir el dolor de origen
inflamatorio. Y en muchas ocasiones, es tal la desesperación y la desinformación
que por supuesto decimos que sí.
Sin embargo, en el mejor de los casos, las infiltraciones podrían ayudarnos con
el dolor a corto plazo. Sí, igual que un antiinflamatorio. Podría crear
dependencia e, incluso, a largo plazo dañar el tejido que estamos intentando
recuperar.
En deportistas infiltrarse es habitual para no crear una posible maladaptación a
largo plazo de la lesión que impida la práctica deportiva. No obstante, no
olvidemos que el dolor es una señal de alarma que nos permite programar los
ejercicios; y, sobre todo, no sobrepasar los límites.
A continuación, muestro una serie de patologías y su tratamiento mediante
infiltraciones, sus beneficios a corto plazo y perjuicios a largo plazo (Orchard J.
W., 2020):
Epicondilitis (codo de tenista). Beneficios de hasta 4-6 semanas.
Perjudicial a partir de los 6 meses.
Osteoartritis de rodilla. Posible beneficio 4-6 semanas. Posiblemente
perjudicial durante 2-4 años.
Manguito rotador. Posible beneficio a corto plazo. Datos insuficientes a
largo plazo.
Fascitis plantar. Posible beneficio a corto plazo. Datos insuficientes a
largo plazo.
Tendinopatía glútea y bursitis trocantérea. Posible beneficio a corto
plazo. Datos insuficientes a largo plazo.
Osteoartritis de cadera. Posible beneficio a corto plazo. Perjudicial a
largo plazo.
Tenosinovitis Quervain. Posible beneficio a corto plazo. Datos
insuficientes a largo plazo.
Tendinopatía aquílea. Posible beneficio a corto plazo. Datos insuficientes
a largo plazo. Posible asociación con ruptura.
Ahora solo queda poner en la balanza el riesgo-beneficio que produce esta
técnica, y la lesión que tenemos/queremos tratar.
¿Qué ocurre con los relajantes musculares?
Otro uso bastante arraigado en los últimos años es el consumo de relajantes
musculares como medio para sedar el músculo, tratar los «espasmos
musculares» o la «espasticidad muscular». Como veíamos en capítulos
anteriores, estos términos no son más que respuestas de nuestro organismo frente
a diversas situaciones, protegiéndonos de ciertos estímulos aversivos.
Este tipo de medicación podría o no producir eficacia en base a la narrativa que
le demos. De hecho, la explicación de que el medicamento podría: «tensar más
nuestra musculatura» es un hecho que lleva al nocebo, y podría empeorar el
cuadro clínico.
Por otro lado, esta medicación conlleva riesgos de adicción que el médico es
responsable de indicar al paciente antes de su consumo. La abstinencia de estas
medicaciones desencadena problemas como el insomnio o problemas mentales,
tales como pesadillas. Es necesario ponerse en contacto con su médico si lleva
mucho tiempo tomando este tipo de medicación.
¿Y con los anticonvulsivos?
Hace poco leí un estudio (Oliver Enke et al, 2018) donde no se respaldaba el uso
de anticonvulsivos para el dolor de espalda o dolor radicular lumbar. Estos
medicamentos intentan inferir sobre la «espasticidad/distonía», pero ya sabemos
que esto no es más que sensaciones subjetivas.
Todos estos fármacos, de uso común, podrían servirnos de ayuda a corto plazo.
Sin embargo, su uso a largo plazo nada más puede acarrearnos adicción, efectos
secundarios moderados-graves, insomnios u otros. Acude a tu fisioterapeuta si
tienes dolor y necesitas algo más que un remedio a corto o medio plazo.
A corto plazo, la medicación podría ayudar.
Sin embargo, la educación en dolor y el ejercicio físico nos ayudan a corto,
medio y largo plazo.
27.- Nuestro dolor es como un iceberg
El dolor es normal, personal y siempre real.
El dolor es una respuesta de protección.
Hay detectores de peligro, no de dolor.
El dolor y daño no es lo mismo.
El contexto es fundamental.
Somos bioplásticos.
Lorimer Moseley
El dolor es la señal de advertencia ante un posible peligro, la alarma de casa que
nos alerta cuando entra un ladrón en casa. Es capaz de alertarnos cuando algo no
va del todo bien, cuando nos quemamos o cuando nos damos un golpe. Sin
embargo, aunque en la mayoría de casos pensemos que es ofensivo y molesto, es
un protector, y sin él, no podríamos vivir.
«Me habían empezado a salir los primeros dientes
y ya me había comido casi un cuarto de la lengua»,
Steve Pete (analgesia congénita).
Existen casos en los que el «detector de peligro» o dolor, como habitualmente
lo conocemos, no funciona. Estos niños no miden el peligro, no son capaces de
evitar el daño y, consecuentemente, podrían dañar gravemente su salud.
El dolor nos avisa de un peligro inminente, como es el fuego, clasificándolo en
peligroso/dañino o en inocuo. Pero también se encarga de avisar ante una
experiencia emocional dolorosa, como la pérdida de un ser querido.
Dolor no es igual a daño
Cuando resultamos heridos, consecuencia de una caída o una quemadura,
aparece lo que denominamos hiperalgesia primaria, donde se produce una
alteración de la sensibilidad de la zona y también existen cambios a nivel central.
En la hiperalgesia secundaria se producen cambios en áreas diferentes a la
lesión, y adyacentes a la misma, a modo de protección.
¿Qué es la nocicepción?
La nocicepción es el cableado que existe desde los tejidos de la periferia hasta el
asta dorsal de la médula espinal, y finalmente hacia el cerebro. Digamos que es
el cableado del dolor. Este procesamiento cerebral es una respuesta ante una
amenaza.
Aunque veamos el procesamiento del dolor como algo simple y lineal, no es
así. Se trata de un proceso complejo y circular que está en continuo cambio y
que va a depender de factores personales como el trabajo, el tiempo, las
relaciones sociales o la economía.
Además, existen diferentes rutas hasta llegar a la médula espinal; vías más
rápidas y con menos sinapsis (vías vitales: me estoy quemando, tengo que huir);
y vías lentas, con más sinapsis, encargadas de subir a áreas más primitivas y
relacionadas con mecanismos de estrés y amenaza. Es por esto que el dolor tiene
un componente emocional.
La representación final del dolor se da a nivel cerebral, digamos que es la
centralita de todo ese cableado, y el encargado de mandar y recibir información.
El cerebro utiliza experiencias pasadas, creencias, situaciones laborales o de
ocio, estados emocionales o relaciones sociales para crear un mensaje u otro
acerca del dolor que estamos procesando.
Es decir, podemos generar dolor en base a un pensamiento/sentimiento sin
tener un daño aparente en el tejido.
¿Cómo aparece el dolor?
Ilustración 40. Activación de la alarma o detector de peligro ante una balanza que cae
del lado de la amenaza. Elaboración propia.
El dolor nace cuando la balanza entre seguridad y amenaza cae del lado de la
amenaza encendiendo ese «detector de peligro». Y alertándonos de un posible
peligro, y lo que es mejor aún, protegiéndonos.
Sistema neuroinmune
El dolor y nuestro sistema inmune serán los encargados de velar por nuestra
seguridad. Muchos autores hablan del «sistema neuroinmune». Al igual que
nuestro sistema inmune nos protege ante ciertos estímulos inofensivos, como
podría ser el polen, o la alergia que muchas personas desarrollan. El dolor puede
darse en situaciones no peligrosas. Nuestro cerebro es el encargado de clasificar
la señal que estamos recibiendo en peligrosa o inocua. Es capaz de inhibir o
amplificar una señal, sea como fuere el estímulo captado.
Como ejemplo tenemos a los soldados: sus graves heridas de guerra o la
pérdida de alguna de sus extremidades no les supuso dolor. Es más, fueron
capaces de huir del lugar, inhibiendo una señal de dolor (amenazante), puesto
que tenían que elegir la opción de la supervivencia (huyendo).
¿Podría no actuar el dolor ante ciertas situaciones?
Intensificando señales
Ilustración 41. Bota de un obrero de
29 años, atravesada por un clavo.
Intensificación de señales.
En el caso de este obrero, ocurrió justo lo contrario. Este hombre se clavó en el
zapato un clavo, e inmediatamente acudió al hospital refiriendo muchísimo
dolor.
Una vez retirada la bota, se observó que no existía ningún daño en el pie.
¿Puede ser que el obrero intensificara la señal percibida? Efectivamente.
Una vez más, daño no es igual a dolor.
Como ya veíamos al comienzo del libro, la alergia también es una
sobreprotección o una intensificación de un estímulo inofensivo.
El envejecimiento de nuestro cuerpo
Con el envejecimiento, nuestro cuerpo cambia, tanto interna como externamente.
Aparecen las «lesiones degenerativas» como artrosis o hernias discales, entre
otras. Sin embargo, alrededor de un 30 % manifiestan dolor; y todas manifiestan
alteraciones normales de la edad.
Se estima que el 100 % de la población presenta «lesiones degenerativas» a
partir de los 70 años de edad. Entre 35 y 40 años solo el 30 %. De estos
porcentajes, en el primer caso, menos del 30 % presentan dolor; en el segundo
caso, menos del 20 %. (Galán-Martín M. A. et al, 2018).
Esferas del dolor
El dolor se describe como «una experiencia desagradable asociada a un daño real
o potencial, con componentes sensoriales, emocionales, cognitivos y sociales».
Por tanto, podríamos englobar al dolor desde tres esferas: la esfera cognitiva
(creencias, pensamientos, experiencias…), emocional (estrés, ansiedad, miedo,
ira, depresión…) y la esfera sensorial (amenaza real o potencial).
Ilustración 42. Componentes del dolor. Elaboración propia.
Modificar estas tres esferas, y aprender sobre neurofisiología del dolor, podría
ayudarte a desaprender o reaprender el dolor.
«El dolor es una opinión cerebral», Ramachandran
Tenemos que aprender a destituir el miedo, la alerta, la hipervigilancia o el
catastrofismo que hemos creado en nuestro interior sin querer.
El sistema nervioso
Una esfera muy importante, de la que venimos hablando todo este capítulo, es la
esfera cognitiva (sistema nervioso). Basta con que exista una amenaza para que
nuestro sistema nervioso (SN) la clasifique como dolor asociado al tejido.
Después de una lesión o enfermedad, el cuerpo protege el área que ha estado
expuesta. En pacientes con dolor crónico, esta sobreprotección perdura en el
tiempo, seguido de algunas «consecuencias» como la alteración del control
motor o de la propiocepción.
En otras ocasiones aparece el «miedo al movimiento» como consecuencia a esa
sobreprotección. Es a lo que denominamos «kinesiofobia». La hipervigilancia
desata este tipo de fenómeno, amplificando todas las señales sensoriales que
percibimos.
La kinesiofobia, además de impedir ciertos movimientos, puede desencadenar
en conductas de miedo-evitación; olvidando actividades de la vida diaria e,
incluso, provocando el aislamiento social, ya sea por miedo al qué dirán o la
incapacidad inducida. Las alteraciones psicológicas derivadas de esta
sobreprotección son habituales en nuestra población. Por tanto, la ayuda de un
psicólogo será fundamental en muchos casos.
Ilustración 43. Modelo «Miedo-evitación» adaptado de
J. W. Vlaeven y S. J. Linton, (2000). Pain.
Por todo esto es importante medir mediante cuestionarios de catastrofismo y
evitarlas conductas (distraer al dolor, restar importancia a la enfermedad/lesión y
no llegar a la desesperación). El cerebro experimenta cambios cuando existe un
estadio crónico de la enfermedad y es capaz de recordar a largo plazo
experiencias dolorosas, dejando huella.
¿Cómo evitamos/solucionamos dejar esa huella?
28.- Tipos de dolor
Como ya hemos visto, el daño en el tejido no necesariamente tiene que provocar
dolor. Sin embargo, nos referimos a dolor nociceptivo cuando existe un daño en
el sistema nervioso periférico, o lo que es lo mismo, en algún tejido.
Existen tres tipos de nociceptores que podrían activar este tipo de dolor: los
mecánicos, los térmicos y los químicos. La sobreactivación de los receptores
nociceptivos da como consecuencia una «sobrecarga» en los tejidos. Esta
sobreactivación se produce con mayor frecuencia, al final del día. Como
consecuencia de todo el trabajo y esfuerzo realizado durante el día.
Sin embargo, antes de comenzar a explicar cada uno de los tipos de dolor, me
gustaría que tuvieras claro que el dolor es variable (tipo Toblerone). Es decir, el
dolor fluctúa en el tiempo, y es normal que, en mitad de la recuperación, existan
días mejores y peores, y mayores o menores niveles de frustración. Además,
cada persona necesitará un tiempo de recuperación único, y aunque la evolución
natural de la lesión nos ayude en el proceso, hay que tener paciencia.
Tabla 8. Características propias del dolor nociceptivo.
Adaptado de Smart, K. M. et al, 2012.
DOLOR NOCICEPTIVO
Dolor localizado
Puede ser un dolor sordo o latido más constante en reposo
Dolor mecánico
Generalmente intermitente y agudo con movimiento/provocación mecánica
Anatomía clara y proporcionada a los factores atenuantes
Dolor descrito como ardor, punzante, agudo…
Dolor y rigidez por la mañana
Dolor en asociación con otras disestesias (percepción táctil alterada y
desagradable)
Puede existir dolor nocturno que incite a cambios posturales
Posturas antálgicas (para aliviar el dolor)/patrones de movimiento
Responde a AINES (antiinflamotorios no esteroideos)
El dolor neuropático
Es de tipo eléctrico, aunque en muchas ocasiones se describe como parestesias,
disestesias o alodinia.
Tabla 9. Síntomas característicos del dolor neuropático.
Adaptado de Smart, K. M. et al, 2012.
DOLOR NEUROPÁTICO
Historia previa de lesión, compresión o patología nerviosa
Dolor referido a un dermatoma o distribución cutánea22
Provocación de síntomas mediante estimulación mecánica
Parestesias (hormigueo)
Alodinia (percepción anormal al dolor)
Disestesias (percepción táctil anormal y desagradable)
Dolor crónico
Es aquel que se mantiene en el tiempo, y que podría desencadenar en alteración
de la calidad de vida de la persona, así como en una discapacidad.
Tabla 10. Características propias del dolor crónico complejo.
Adaptado de Smart, K. M. et al, 2012.
DOLOR CRÓNICO COMPLEJO
Dolor desproporcionado a la naturaleza y extensión de la lesión
No mecánico. No relación estímulo-respuesta
Provocación impredecible
Asociado a factores psicosociales maladaptativos (emociones negativas, vida
social, familiar, trabajo…)
Dolor incluso al pensar en él
Patrón no anatómico de dolor
Alteración de las actividades de la vida diaria y discapacidad
En este tipo de dolor habitualmente los pacientes suelen peregrinar en busca de
tratamientos, sin demasiada efectividad. Incluso, en muchas ocasiones, estos
pacientes refieren mejoría con pseudoterapias, sin lógica.
¡Cuidado con las clasificaciones! Aunque pueden servirnos de guía, no todas
las personas encajan en los diferentes grupos. Es más, muchos de ellos mezclan
características.
Cada persona puede presentar un dolor único e irrepetible.
22 Los síntomas del dolor neuropático, en muchas ocasiones, no siguen con precisión un
dermatoma específico.
29.- Fibromialgia y dolor crónico
«La (introduce la enfermedad crónica) es para toda la vida, dice mi médico.
Tienes que aprender a convivir con ella».
Según la IASP: «El dolor es una experiencia sensorial o emocional desagradable
asociada a un daño real o potencial en un tejido, o descrito en términos de dicho
daño».
Esta definición recoge aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Concibe el
dolor y la nocicepción como términos diferentes. Además, describe el dolor
como una experiencia aprendida en base a la experiencia. Y, por último, describe
el dolor como una función adaptativa, que puede tener efectos adversos sobre la
funcionalidad, y el bienestar social y psicológico de la persona.
Sin embargo, a día de hoy sigue vigente el diagnóstico biomédico. ¿Dónde
dejamos los aspectos psicológicos y sociales, entre otros?
Médico: «Usted tiene fibromialgia, por eso le duele».
Paciente: «¿Eso es para siempre?».
Se sigue hablando de daño y dolor en el mismo marco, se sigue estandarizando
protocolos para dolores totalmente diferentes y opuestos, se siguen realizando
pruebas de imagen como determinantes definitivos de diagnósticos.
Sin embargo, dolor y daño no van de la mano. ¿Un león suele ser peligroso?
Sí, ¿verdad? Pues ese mismo león podría ser o no peligroso dependiendo del
contexto en el que nos encontremos. En la selva, por norma general, nos
asustaríamos bastante; sin embargo, cuando vamos al zoológico no. Hablamos
de contexto. Te invito a echarle un vistazo al perfil de Instagram de
@dean.scheneider, su contexto es bastante diferente al tuyo probablemente.
Igual ocurre con nuestro organismo, la misma hernia discal en dos individuos
totalmente diferentes podrá provocar dolor o no, según la experiencia. Con
experiencia nos referimos al pasado, a cómo somos capaces de hacer frente al
dolor, a nuestro umbral de dolor, a qué entendemos nosotros por dolor, a la
actitud, a la autoeficacia y a muchísimos factores más.
Hablamos de dolor crónico cuando su duración es superior a tres meses, sea el
dolor que sea, sea la enfermedad que sea… Exclusivamente nos centramos en la
duración del proceso y nunca en los factores que realmente influyen en ese
dolor, como puede ser la zona, por qué apareció, el desencadenante, nuestro
estado emocional o las relaciones sociales.
Quizás uno de los fallos durante muchas décadas ha sido centrar el diagnóstico
en pruebas de imagen. Mostrándonos un daño real del tejido, y ‘explicando’ el
dolor que sentimos desde un paradigma biomédico.
Y aunque a día de hoy hablemos de dolor como un aspecto biopsicosocial de
forma teórica, la práctica es totalmente diferente. Las etiquetas diagnosticas
(ED) nos atacan, y ponerle nombre a algo «fuera de lo común» se ha
normalizado.
Etiquetando, un problema del siglo XXI.
La inflamación crónica
Recordemos que la inflamación es imprescindible para la curación del tejido.
El problema aparece cuando la inflamación crónica de bajo grado aparece. Es
cada vez más frecuente o más identificada en nuestra sociedad. Y existen varios
desencadenantes, como la baja forma física, la alimentación inadecuada, los
tóxicos, la obesidad o la falta de descanso. Todos ellos conllevan a un
empeoramiento de las funciones biológicas, que, incluso, podrían desencadenar
enfermedades de corazón u otras.
La inflamación crónica de bajo grado es como una herida abierta que nunca
cura. El organismo actúa inflamando e intentando reparar la «herida». Hay que
destacar que el ejercicio físico continuado en el tiempo tiene un potente efecto
antiinflamatorio, mediante la producción de mioquinas.
Por otro lado, las dietas bajas en fibra, altas en fritos, ultraprocesados o alcohol
son desencadenantes de una inflamación crónica de bajo grado.
Fibromialgia, ¿una enfermedad crónica?
En 1976 aparece la enfermedad de fibromialgia. Hay sanitarios que niegan la
enfermedad, otros que la aceptan, pacientes que la creen irreversible y otros que
la aceptan como forma de vida.
La fibromialgia cursa con dolor crónico, fatiga y confusión mental. Afectando
a 1 de cada 100 personas, sus síntomas son inespecíficos, es por eso que, en
ocasiones, no se clasifica adecuadamente. Afecta desde colon irritable hasta
depresión, un amplio abanico de síntomas. Entonces, ¿qué es realmente la
fibromialgia?
¿Un problema psicógeno? ¿Sensibilización neurológica?
A día de hoy no existe consenso médico para tratar la fibromialgia. El dolor
crónico podría ser visto con varias hipótesis. Desde el «punto de vista
adaptativo», en el que nuestro cuerpo se adapta al medio: «más vale que sobre,
que no que falte». Prefiere equivocarse de más, que de menos.
En cuanto a la segunda hipótesis se habla de «las condiciones actuales». En el
pasado, sufrir una lesión conllevaba periodos breves de inmovilización y
protección; sin embargo, había que seguir buscando alimento y protección. A día
de hoy, el reposo y la inmovilización podrían darse durante meses. Esta acción
podría llevar a perpetuar los mecanismos de kinesiofobia, catastrofización y
sensibilización central.
En tercer lugar, hablamos de la «sensibilización», útil en lesiones. Sin
embargo, su perpetuación en el tiempo podría desencadenar en un dolor
maladaptativo.
Recordar, el modelo de miedo-evitación de capítulos anteriores nos puede
ayudar a evitar que el dolor crónico perdure en el tiempo23.
Crónico no es para siempre
23 Ponte en manos de un fisioterapeuta si crees que puede ayudarte en la evolución de tu
pronóstico, si necesitas las herramientas necesarias para tu autogestión o simplemente
alguien que te ayude en el proceso.
30.- ¡Jodidas hernias discales!
El disco intervertebral es la estructura que une las vértebras de nuestra columna
vertebral (CV). Está hecho de cartílago, igual que el de la oreja, y en su interior
tiene un material gelatinoso, llamado «núcleo pulposo». Este último es el
encargado de la amortiguación de la CV.
En 1934, un estudio mostró que el núcleo pulposo se podía abombar y
consecuentemente comprimir un nervio cercano. Empezamos a hablar de disco
herniado, protruido, roto, degenerado… Desde entonces, los tratamientos han
ido encaminados a quemarlo, extirparlo o «colocarlo en su sitio». Pero los
resultados no han demostrado tener demasiado éxito en la reducción del dolor.
Hemos centrado tanto la atención en esta parte anatómica, que hemos olvidado
estructuras de alrededor; como ligamentos, vértebras, músculos y otros más.
Estas estructuras son en mayor medida las responsables de reforzar este núcleo
pulposo, y protegernos ante muchas adversidades.
Y se nos ha olvidado el contexto, la individualización, el objetivo personal, la
adherencia, la educación y otros factores. Hemos centrado la atención en la
lesión, volviendo al modelo biomédico que tantos dolores de cabeza nos ha
dado.
Hemos avanzado, pero a modo cangrejo, hacia atrás. Sabemos que existe un
modelo biopsicosocial dinámico, en continuo cambio y dependiente de todos
estos factores mencionados. Y vemos única y exclusivamente la lesión del disco.
¿Qué es eso del modelo biopsicosocial dinámico?
Desde la monocasualidad a finales del siglo XIX, hacia la era del
multifactorialismo en la actualidad. Esta actualización a la hora de explicar las
lesiones tanto a nivel deportivo como de la población general, ha llevado a
completar el modelo biomédico.
El modelo que se muestra es una ampliación que se ha propuesto al modelo
biopsicosocial de Engel, de 1980, con los modelos propuestos por Urie
Bronfenbrenner, Arnold Sameroff y Evan Thompson. (Barbara J. Lehman, et al,
2017)24.
Ilustración 44. Modelo biopsicosocial de la salud. Cada componente incluye una
dinámica que no solo influye recíprocamente hacia las otras esferas, sino que son
cambiantes en el tiempo. Además, cada esfera tiene flujos y reflujos (centralidad), es
decir, factores más o menos centrales para el individuo. Adaptación del modelo de
Barbara J. Lehman citado anteriormente.
El término dinámico hace referencia a la interacción entre esferas a lo largo del
tiempo. Una lesión biológica, como puede ser un esguince de tobillo, no solo
afecta a este, sino que altera los sistema inmunológico y muscular, la dinámica
psicológica (personalidad, afrontamiento, las emociones, el estrés,
motivación…) e interpersonal (relaciones sociales, trabajo, familia…).
Para saber más…
Dentro de cada una de estas esferas, podemos diferenciar entre microsistema,
mesosistema y exosistema. Las entidades con las que un individuo entra en contacto
directo forman el microsistema (miembros de la familia, los compañeros, servicio de
salud y social…). El mesosistema captura las interacciones entre varias entidades del
microsistema. El exosistema entra en juego cuando las entidades del microsistema se
ven afectadas por su propio microsistema. Por ejemplo, una persona que tiene poca
relación con el entorno laboral de su cónyuge, y sin embargo, proporcionarle un
seguro médico.
¿Por qué nos lesionamos?
En 1949 se creía que, al igual que las enfermedades, las lesiones eran
consecuencia de episodios epidemiológicos: el cambio estacional, las
características demográficas o la susceptibilidad del individuo. En 1964, Haddon
y colaboradores lanzan Investigación de accidentes: métodos y enfoques, y
pocos años más tarde la triada agente, huésped y entorno. En 1994, Meeuwise
crea un modelo multifactorial de la etiología de las lesiones deportivas, donde se
incluye factores intrínsecos del individuo (biomecánica, somatotipo,
acondicionamiento…) y extrínsecos (clima, calzado, terreno…) y la lesión
deportiva en sí. Todos estos factores hacen al deportista susceptible a la lesión.
Dicho modelo se actualizó una década más tarde, donde introducen el cambio
continuo en dichas condiciones.
Ilustración 45. Modelo dinámico y recursivo de etiología en lesiones deportivas. Basado
en el modelo de Meeuwisse et al, 200725.
Los modelos actuales han observado la etiología de lesiones deportivas desde
un diseño biomédico. Es decir, se han entendido desde una perspectiva
biofisiológica y biomédica.
Esto nos ayuda, en la actualidad, a preservar ese enfoque tradicional, y, a la
vez, ampliar el modelo a uno más actual y multifactorial, siendo la «punta del
iceberg» en todo momento la persona. Teniendo en cuenta que todo suma, desde
dónde se compró la zapatilla del deportista, qué ceno la noche anterior y hasta la
relación con el equipo, el preparador físico o el entorno político, podremos
establecer una red de determinantes multifactoriales en base a las características
del deportista; tal como aparece a continuación.
Red de determinantes. Una simulación sobre dolor lumbar
Ilustración 46. Factores ilustrativos del modelo que contribuye al dolor lumbar, la
discapacidad, la calidad de vida y otros resultados (círculos blancos) y sus interacciones
(líneas de color). Este metamodelo se construyó con el aporte de 27 expertos en la NASS
de 2017. Los diámetros de los círculos son proporcionales al número de expertos que
identifican estos factores y al número y la fuerza de las conexiones con otros factores.
Cholewicki et al, 2019.
Se han desarrollado diferentes estrategias para abordar el dolor lumbar. En
1996 se propuso que el décifit en el reclutamiento del transverso del abdomen
era un mecanismo importante en la aparición del dolor lumbar. Otro ejemplo es
el modelo que incluye factores biomecánicos como culpables del dolor. Claro
que todas estas estrategias forman parte de la persona, y que, por tanto, podrían
estar provocando dolor, pero no de forma directa, sino dentro de esa red de
determinantes que veíamos.
Esta red de determinantes sobre el dolor lumbar nos puede guiar en el abordaje
real de la persona, y no única y exclusivamente del dolor.
Recuerda esta simulación y crea tu propia red de
determinantes en situaciones de dolor.
Seguimos con las hernias…
En multitud de ocasiones, las hernias de disco son asintomáticas.
La degeneración del disco es del 37 % en personas con 20 años, y del 96 % en
personas de 80 años, por lo que la edad es un factor a tener en cuenta en las
variaciones anatómicas.
En este otro estudio de Chiu, C. et al, 2015, se observa que la tasa de regresión
espontánea es del:
13 % para el abultamiento discal
41 % para la protrusión de disco
70 % para la extrusión de disco
96 % para el secuestro discal
Podemos concluir que existe una regresión espontánea del tejido del disco
herniado y puede resolverse por sí misma.
Ejercicio de impacto y disco intervertebral
A pesar de que la carrera es una carga repetitiva sobre la columna, los ejercicios
de este estudio (Belavý, D. L., 2017) no mostraron ningún efecto perjudicial en
la columna lumbar. De hecho, corredores de larga distancia mostraron mejorías
en cuanto a la hidratación del disco intervertebral y menor contenido de
glucosaminoglicanos en la columna.
¿Podría la carrera, en personas sanas, beneficiar la composición de los discos
intervertebrales de la columna lumbar?
Lo discutimos en el blog de denufi.com
24 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Lehman, B. J., David, D.M, Gruber, J. A.
(2017). «Rethinking the biopsychosocial model of health: Understanding health as a
dynamic system». Soc Personal Psychol Compass. 11: 12328.
https://doi.org/10.1111/spc3.12328
25 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Meeuwisse, W. H., Tyreman, H., Hagel,
B., & Emery, C. (2007). «A dynamic model of etiology in sport injury: the recursive
nature of risk and causation». Clinical journal of sport medicine: official journal of the
Canadian Academy of Sport Medicine, 17(3), 215–219.
https://doi.org/10.1097/JSM.0b013e3180592a48
31. ¿Por qué me duele la espalda?
En el 85-95 % de los casos de dolor de espalda crónico se clasifican como no
específicos. Quizá la combinación de factores genéticos, individuales o de estilo
de vida reflejen el dolor persistente de espalda. Sin embargo, no existe un único
causante, a excepción de causas específicas como fractura, infección o trastorno
autoinmune; entre otras.
¿Qué es lo que está ocurriendo?
El cerebro es el encargado de responder a todo lo que ocurre a nuestro alrededor
(sobrevivencia). Y lo hace a través de tres mecanismos:
El primero, el sistema predictivo. El cerebro es capaz de predecir la
información sensorial que le va a llegar, y capaz, por tanto, de provocar dolor.
Ej.: «Si hago tal ejercicio me duele la espalda», provocando un mantenimiento o
facilitación del dolor prolongado en el tiempo.
El segundo, el aprendizaje asociativo. Durante los años, hemos ido
aprendiendo que diferentes estímulos visuales (como un olor o un sabor) se
corresponden con tal perfume o alimento. Con el dolor ocurre igual, aprendemos
que una situación (como ir al dentista o ver llorar a un familiar) se convierten en
situaciones dolorosas.
El tercero, la sensibilización central. El sistema inmune es aquel que nos
defiende ante situaciones de amenaza. Este sistema sobreactúa cuando existe una
amenaza en el SNC, desencadenando mayor dolor, inflamación, fatiga, miedo,
pensamientos negativos, aprendizaje y menor capacidad de movimiento.
¿Qué está ocurriendo en nuestro organismo?
Cambios en el sistema nervioso periférico. Un síntoma (como la inflamación)
durante un largo periodo de tiempo produce cambios a nivel cortical.
«Aprendemos a convivir» con él, y a que forme parte de nosotros, provocando,
como comentábamos, una sensibilización a nivel central.
Alteración en la sensibilidad ante ciertos estímulos. Especialmente a la presión
en la zona de dolor; pero también, a nivel global. Existen dos tipos de
alteraciones de la sensibilidad: protopática, donde se incluyen los estímulos
térmicos (frío/calor), táctiles, dolorosos y cinestésicos. Y la sensibilidad
epicrítica, que permite una buena discriminación, tanto a nivel de calidad como
en cuanto a la localización del estímulo.
Aumento de los mecanismos facilitadores del dolor (mecanismos
pronociceptivos), resultado de la nocicepción mantenida. Se da un bombardeo de
información amenazante, que acaba por sensibilizar al SN. Esto puede generar
hiperalgesia a ciertos estímulos amenazantes, que antes no lo eran.
Reducción de los mecanismos inhibidores endógenos (mecanismos
antinociceptivos). Estas personas muestran un modulador del dolor inhibido, e
incluso, ausente. No son capaces de inhibir la respuesta dolorosa, e interpretan el
estímulo como doloroso.
Menor volumen de materia gris. Estas regiones participan en el procesamiento
y modulación de la información relacionada con el dolor a nivel cerebral.
Cambios en la representación cortical de los músculos del tronco. Existe
diferencias significativas en la corteza motora en personas con dolor. Esto podría
estar relacionado por los cambios que se dan a modo «protección» de la zona de
dolor, a la alteración de la sensibilidad u otros. Es decir, nuestro cerebro no tiene
el suficiente conocimiento sobre la representación anatómica, ha perdido el
reconocimiento sensorial del cuerpo.
Déficits somatosensoriales. Afectación en la discriminación táctil y grafestesia,
relacionado con cambios en la corteza somatosensorial. Además, la imagen
corporal, la apariencia y la función de la espalda también puede estar
distorsionada en personas con dolor.
Conectividad entre regiones cerebrales alteradas. Además, estos patrones de
conectividad parecen cambiar durante la transición del dolor agudo al crónico
desde las redes sensorial-discriminatorias a las redes más comúnmente asociadas
con el procesamiento afectivo.
Todo esto es a lo que denominan «plasticidad neuronal maladaptativa». Pero,
¿qué fue antes? ¿el cambio a nivel cortical o la cronificación del dolor?
En dolor crónico, hay un episodio traumático que instaura el dolor, sin
embargo, no siempre puede explicarse desde una visión biológica como es el
tejido. Sí que somos capaces de asociarlo con un acontecimiento, como puede
ser el cambio meteorológico, o con un gesto o movimiento.
Evitar la memoria de dolor es una opción.
Pero ¿y si ya está instaurado?
32. Usted tiene una rectificación cervical
Después de un accidente de tráfico, en numerosas ocasiones, el radiólogo
diagnostica una «rectificación cervical», de modo que se pierde o disminuye la
curvatura normal o fisiológica cervical producida tras el impacto.
Cuando se produce la lesión traumática, a modo reflejo se contrae la
musculatura con el fin de proteger la columna vertebral, comportándose como si
fuese una escayola, y protegiendo aquellas estructuras más importantes, como la
médula espinal.
La columna vertebral está dispuesta en forma de C, esta curvatura nos permite
un mayor campo visual, de forma que podamos explorar a nuestro libre albedrío.
¿Por qué se produce la rectificación?
Cuando se da la lesión en la articulación cigapofisaria
(entre vértebra superior e inferior), disminuye el contacto facetario, permitiendo
cierta distensión capsular.
Esta lesión puede desencadenar, incluso, mareos o vértigos,
que acabarán por remitir en el tiempo.
En muchas ocasiones esta situación normal, de protección, se puede convertir
en algo patológico. Si nuestro sistema de defensa sobrepasa el umbral de
protección, caeremos en un ciclo de inmovilización persistente. Además de
perpetuar, no solo a nivel fisiopatológico, sino a nivel central, generando la
reorganización cortical del mismo, y creando lo que denominábamos en
capítulos anteriores maladaptación del SNC. En muchos casos, la maladaptación
del SN puede desencadenar kinesiofobia-inactividad-incapacidad-dolor.
Ilustración 47. Adaptación del modelo miedo-evitación de Vlaeyen Linton.
Collarín, ¿sí o no?
Depende. Este tipo de órtesis se utiliza con la finalidad de disminuir el dolor y su
perpetuación en el tiempo, generando mayor confianza y seguridad en el
paciente, y probablemente, consiguiendo mejoras de la movilidad. Sin embargo,
su uso no está indicado en cualquier persona. Y utilizar este tipo de órtesis de
manera prolongada podría derivar en una debilidad e hipomovilidad de la zona.
Una vez descartadas lesiones graves, su uso debería limitarse, puesto que dicha
inmovilización podría conducirnos al ciclo de miedo-evitación del movimiento.
¿Es el accidente de tráfico el culpable de mi dolor?
No. Quizás estemos hablando de desencadenante, como la guinda del pastel,
pero no del culpable. La rectificación cervical que se ha producido y su
consecuente dolor de cuello es una afirmación no del todo correcta. Recordemos
que daño en el tejido no necesariamente implica dolor.
¿Sabrías decirme si esta persona tiene dolor de cuello?
Ilustración 48. Prueba de imagen. Radiografía cervical.
No podemos saber a partir de una imagen si existe dolor o no, recordemos que
«una imagen no vale más que mil palabras».
En primer lugar, el dolor de cuello, después de un evento traumático, puede
deberse a maladaptaciones del SNC en el pasado, y que el golpe recibido sea el
detonante del dolor. O la «activación de la alarma protectora» a consecuencia del
traumatismo que se ha producido.
¿Qué debo hacer?
Acudir al fisioterapeuta. Es importante empezar tratando al paciente, y no a la
prueba de imagen o a la rectificación cervical. El diagnóstico solo puede
fragilizar a la persona y comenzar a tenerle miedo al movimiento.
Crear seguridad y empezar a mover podría ser un buen pronóstico de
recuperación.
El diagnóstico «rectificación cervical» no nos dice nada.
Descartar «banderas rojas» en este
tipo de lesiones es indispensable.
33.- ¡Cuidado con el placebo!
Ilustración 49. Placebo.
El placebo se describe como «actividad terapéutica atribuible únicamente a la
imaginación, esencialmente una ilusión terapéutica». El efecto placebo se da
cuando una intervención provoca una mejora en la condición del paciente.
Muchas son las aplicaciones que se llevan a cabo con el placebo, como ciertas
medicaciones o técnicas realizadas en consulta sin demasiado consensuo
científico (Damien G. Finniss, 2010).
El placebo se ha utilizado de forma habitual mediante una pastilla de azúcar,
en enfermedades no graves, e incluso, en entornos hospitalarios (Munnangi S. et
al, 2018). Otros efectos placebos llegan un poco más lejos, intervenciones
quirúrgicas, como en el estudio de Louw, A. et al, 2017; muestra que la cirugía
simulada puede ser tan eficaz como la cirugía real, reduciendo el dolor y la
discapacidad.
El uso de placebo en ensayos controlados aleatorios (ECA) permite evaluar la
efectividad del tratamiento propuesto. Sin embargo, su concepto se asocia a una
sustancia inerte que tiene efectos a nivel psicológico. En este tipo de estudios se
permite evaluar un grupo control que no recibe ningún tratamiento, y otro que
recibe sustancias inertes (placebo). Ambos, en muchas ocasiones, mejoran
significativamente a nivel fisiológico y psicológico.
¡Son eficaces!
Estudios farmacológicos han demostrado la eficacia del placebo al activar el
sistema opioide endógeno y endocannabinoide. Además, son capaces de modular
la síntesis de prostaglandinas, que son el foco de fármacos antiinflamatorios. Se
he demostrado que la analgesia con placebo y con opioides comparten un
mecanismo neural común, activando la modulación del dolor. Además, tiene
efectos sobre la respiración y sobre las funciones del sistema nervioso autónomo.
Existen factores que juegan un papel fundamental en la síntesis del efecto
placebo, estos factores los denominamos psicosociales; e incluye desde el
profesional que lo administra hasta la ubicación o el material utilizado; entre
otras. (Rossettini, G., Carlino, E., & Testa, M., 2018).
Ilustración 50. Relevancia de los factores contextuales como desencadenantes de los
efectos placebo y nocebo en dolor musculoesquelético. Elaboración propia, basada en
Rossettini, G., Carlino, E., y Testa, M.26
El placebo desencadena una respuesta positiva, modificando estados de alerta-
protección, y, en consecuencia, los síntomas. Sin embargo, no pueden curar el
estado patológico del tejido. Es por esto que su uso podría ser contraproducente
ante ciertas alteraciones o lesiones más o menos graves, en las que estamos
enmascarando la realidad.
Los tratamientos placebo existentes se han comparado con placebo con la
terapia física, sin embargo, sin demasiada plausibilidad.
Tabla 11. Efectos del placebo versus terapias físicas.
Giovanni lolascon, Antimo Moretti, 2021.
Ejercicio El dolor se puede reducir tanto con el ejercicio isotónico como con el
refuerzo de las expectativas de los participantes. Colloca L., 2018.
Terapia El placebo podría ser un mecanismo principal de los efectos de la terapia
manual manual sobre el alivio del dolor.
Bialosky J. E., 2017.
Kinesiotape La FKT parece ineficaz para promover la actividad muscular cuando los
(FKT) individuos no están influenciados por la respuesta al placebo. Mak D. N.,
2019.
TENS La TENS activa produce un alivio del dolor del 47 % frente al 42 % del
grupo de TENS simulada en pacientes con dolor lumbar. Deyo R. A., 1990.
Existen algunos factores externos que podrían estar influyendo en el efecto del
placebo, como:
La apariencia física de una pastilla y su tamaño. Meissner, K., & Linde,
K., 2018.
El conocimiento de que estamos utilizando un placebo. Kaptchuk T., J.,
2018
El tiempo de duración o de uso del mismo.
La ubicación geográfica donde se utilice.
Es cierto que los placebos juegan un papel importante en ensayos clínicos,
permitiendo lograr el cegamiento, y, por tanto, el control del sesgo; sin embargo,
a día de hoy no existe evidencia del enfoque positivo de los placebos en la
práctica clínica. Podemos modificar síntomas a corto plazo, pero no la amenaza
real que estamos percibiendo, y mucho menos, a largo plazo, por lo que utilizar
placebo de forma permanente o prolongada en el tiempo podría ser desacertado.
Sabemos que el efecto del placebo produce mejoras significativas sobre el
paciente, y que, a día de hoy, es probablemente la técnica más utilizada. Los
mecanismos encargados de activar el placebo son el interés y el
condicionamiento o aprendizaje. Es decir, desde la figura del terapeuta, hasta la
relación con el paciente o el entorno donde se utiliza. Utilizar el efecto placebo
requiere saber utilizar las herramientas, así como la educación y el vocabulario,
de modo que no caigamos en el nocebo.
No se puede ayudar al paciente hasta que este ponga el modo «aceptar
tratamiento». Louis Gifford.
¿Qué es el nocebo?
Ilustración 51. Nocebo vs. placebo.
El nocebo puede ser el empleo del lenguaje de forma negativa por parte del
profesional, creando incertidumbre e inseguridad en el paciente acerca de su
recuperación y empeorando su dolor. Como ejemplo tenemos el «ten cuidado
con tu postura» o «no podrás realizar cierta actividad». Los nocebos activan la
respuesta de alerta-protección innecesaria.
El Dr. Google es otro poderoso nocebo al que todos hemos acudido alguna vez,
y del que nunca hemos salido ilesos. Sí, yo también fui víctima de morir, según
Google, por /inserte aquí cualquier síntoma/.
Cuidado con las palabras, podrían dañar, y mucho.
26 Para saber más, te recomiendo la lectura de: Rossettini, G., Carlino, E., Testa, M.
(2018). «Clinical relevance of contextual factors as triggers of placebo and nocebo effects
in musculoskeletal pain». BMC musculoskeletal disorders, 19 (1), 27.
https://doi.org/10.1186/s12891-018-1943-8
34.- Desaprendiendo el dolor.
Ilustración 52. Funciones del dolor.
Elaboración propia.
¿Qué función tiene el dolor?
El dolor no es solo capaz de prevenir, alertarnos o identificar diferentes
situaciones de peligro, como quitar la mano del fuego, sino que también evita
situaciones similares futuras (no te acerques al fuego), además de crear
conciencia ante posibles peligros. Por otro lado, es capaz de afianzar la memoria,
creando emociones que nos provocan dolor; asegurar el recuerdo con la
evocación de algún acontecimiento.
El cerebro tras evaluar toda la información que recibe (sensorial, articular, piel,
propiocepción…), provoca un output de percepción del dolor (tipo, duración,
intensidad, profundidad…). Y en base al contexto (creencias, cultura,
conocimiento, experiencia…) se crea una respuesta en el sistema somático,
motor, inmune, endocrino o sistema descendente del dolor.
Cuerpo virtual y dolor
El cuerpo real es aquel que puede padecer lesiones o enfermedades reales, tales
como infección, fiebre, degeneración, malformación, traumatismos… y puede ir
acompañado o no de síntomas «reales».
La ausencia de signos visibles de enfermedad se asocia en muchas ocasiones
con alteraciones psicológicas: «¡Te lo estás inventando!». Y esto es un tremendo
error. La migraña o la fibromialgia son enfermedades virtuales, con síntomas
reales, pero con un cuerpo real sin enfermedad.
El cuerpo virtual y el cuerpo real necesitan de información
para volver al mismo punto de partida, para ver la vida
con un mismo enfoque.
En un cuadro al óleo, las pinturas, a altas temperaturas, se encuentran en un
estado con el que es difícil pintar. El borde de la figura se desvanece, y
necesitamos repasarlo una y otra vez. La corteza somatosensorial en la que
encontramos el cuerpo virtual funciona de la misma forma que el óleo. La
representación de nuestro cuerpo en el cerebro se «pinta» a través de la
estimulación sensorial y el movimiento. Es más, las inmovilizaciones ayudarían
a «despintar» o «emborronar» esta imagen sobre nuestro cerebro. El cuerpo
virtual comienza a construirse y pintarse cuando nacemos, de forma que, si
privamos de información sensorial, podríamos no desarrollarlo.
Un ejemplo claro de cuerpo virtual serían el caso de los lectores de braille, en
los que se ha observado una expansión de la zona que representa la mano. Esto
relaciona la representación cortical, con el aprendizaje y la experiencia, puesto
que el cerebro es plástico, y adaptable ante nuevas situaciones.
Al igual que tenemos una representación corporal en nuestra corteza cerebral,
también tenemos una representación del dolor en el mismo. En condiciones de
dolor crónico, existe una reorganización de estas áreas.
Además, pacientes con dolor persistente lumbar también muestran alteraciones
a nivel propioceptivo y de discriminación táctil, además de un control motor
alterado. Todo ello provocado por la alteración de la percepción corporal.
El cuerpo virtual no necesita ninguna técnica novedosa para volver a su punto
de inicio. Para revertir estos cambios neuroplásticos, es necesario entrenar a
nuestro cerebro, de forma que tome consciencia, y, sobre todo, que sea capaz de
ver al mismo tiempo cuerpo virtual y real.
El cuerpo virtual, aquel que gestiona el cuerpo real.
Ilustración 53. Homúnculo sensorial y motor. Figura humana que refleja el espacio
sensorial de nuestras partes corporales, en la corteza cerebral.
Los labios, lengua, manos y pies son más sensibles que otras partes del cuerpo, por lo
que son más grandes.
Desaprendiendo…
Como hablábamos anteriores capítulos, el dolor nace en la conciencia, y es
aprendido en base a lo que experimentamos a lo largo de nuestra vida; como una
caída o un pequeño golpe que nos dimos de pequeños. En la mayoría de casos,
ese aprendizaje se realiza inconscientemente, sin embargo, en muchos otros es
de forma consciente.
Un ejemplo son los depresores médicos, hemos aprendido que es un
instrumento que produce una sensación un tanto áspera en muchas personas,
relacionándolo con un momento desagradable, que, desde pequeños,
clasificamos como un estímulo negativo. «Ir al médico a que me pinchen y me
hagan daño».
Otro ejemplo sería el caso de la migraña, hemos aprendiendo que, la evitación
a la exposición luminosa eliminaría ese dolor. Sin embargo, ¿crees que la luz es
la culpable de esta migraña? Evidentemente, no, la luz es un estímulo inofensivo
que no puede provocarnos dolor, pero que durante mucho tiempo hemos
aprendido a relacionar con nuestro dolor de cabeza.
Cada individuo está sensibilizado a un tipo de estímulo; los perros, a los gatos;
los tiburones, a la sangre; los humanos a estímulos inofensivos como el polen, el
cambio meteorológico o una simple exposición lumínica.
¿Debemos convivir con ello?
¿Debemos adaptarlo? ¿Debemos ponerle fin?
Evitar los estímulos «sensibilizantes» no es la solución. Evita la luz, evita
ruidos fuertes, evita el café o la teína.
¿A mayor abolición de estímulos, mayor sensibilización?
¿Por qué unas personas sí y otras no?
La presencia de la sensibilización central está presente en todo el mundo, y esto
es un hecho. Sin embargo, ¿de qué depende que se produzca en mayor o menor
medida?
Los genes, el entorno que nos rodea, el estrés y otros son factores que van a
determinar el grado de sensibilidad que presentemos. No tratar este tipo de
sensibilización reescribirá al sistema nervioso central, provocando cambios.
¿Cómo saber si se trata de sensibilización central? No existe un diagnóstico
certero, pero podemos guiarnos un poco por estos ítems:
No tiene una causa obvia. No tiene explicación médica.
Lleva meses de evolución.
Dolor desproporcionado.
Catastrofismo presente. Preocupación por el posible empeoramiento.
Agotamiento, alteración del sueño, estrés, ansiedad…
(Smart et al, 2012)
Aun teniendo estos criterios de fácil inclusión, cada persona percibirá un dolor
único e irrepetible, personal, y más o menos desproporcionado en base al
contexto de cada uno, por lo que hablar de una «exageración del dolor» es
totalmente erróneo, ya que el dolor es completamente real y personal.
La activación de la alarma de sensibilización, sobre todo en pacientes con
dolor crónico, puede darse espontáneamente o tras un estímulo más o menos
intenso, como un masaje o cierta actividad física a la que nuestro sistema
nervioso no está acostumbrado.
Analgésicos naturales del cuerpo
Evitar diagnósticos del tipo: «Te duele por la edad» o «te duele porque tienes la
pierna más larga» es el primer paso para crear analgesia. Estos diagnósticos no
evalúan el dolor real del paciente, y, por tanto, no son de ayuda.
¡Te duele porque tu cerebro así lo ha decidido!
No existe un tratamiento para la sensibilización. Lo que sí sabemos es que la
evitación al estímulo podría hacernos más sensibles, por esta regla, podríamos
optar por la exposición, como idea contraria. Es a lo que denominamos
«exposición gradual».
La exposición gradual (EG) a este tipo de estímulos inofensivos podría
facilitarte el desaprendizaje de los mismos. La EG consiste en esa exposición a
estímulos parecidos al amenazante; de forma que «engañemos» a nuestro
sistema nervioso. Esto podemos conseguirlo mediante la modificación del
entorno, o mediante la modificación de la tarea (intensidad, volumen, atención,
diversión…).
Igual ocurre con el dolor, una exposición gradual, única e individualizada,
permitirá desensibilizar a nuestro SN. Y demostrar a nuestro cerebro que no hay
nada que temer.
1. Observación de acciones. Imaginería motora implícita (discriminación de
la lateralidad, por ejemplo).
2. Imaginería motora (consciente o explícita).
3. Terapia espejo.
Recordemos que la nocicepción es la actividad de neuronas de alto umbral y su
proyección hacia el cerebro.
El umbral nociceptivo es modificable. Por ejemplo, la alta sensibilidad a la
presión la podemos modificar con la aplicación del foam roller, un instrumento
de goma utilizado para realizar automasajes. O la alteración térmica podemos
entrenarla con estímulos fríos o calientes.
Ejercicio físico
Ilustración 54. «Evolución humana»
Nuestros ancestros tenían que moverse para alimentarse, hacían ejercicio porque
si no morían; no tenían problemas de obesidad ni tampoco síndrome metabólico.
El progreso nos ha llevado a una sociedad que está sobrealimentada, obesa y
sedentaria. Ya no hay la necesidad de moverse a recolectar, huir o cazar. Pero sí
el tener un organismo sano, fuerte y resistente. Hemos evolucionado de tal forma
que hacer ejercicio nos produce cansancio e, incluso, dolor.
Puede que nuestro cerebro nos engañe en cierta medida. Nos hemos
acostumbrado a no realizar ejercicio, y buscar, de una forma u otra, una excusa
para ello. Incluso en enfermedades como la fibromialgia o la artrosis, hemos
recurrido a respaldarnos detrás del diagnóstico para no hacer ejercicio físico.
Hemos involucionado a la prehistoria, donde lesión era igual a reposo y cuidado
por parte de los familiares más cercanos.
El cerebro hace que el individuo se comporte como enfermo,
de forma que evita el movimiento.
¿Hemos evolucionado o involucionado?
Tenemos que hacer ver al cerebro que moverse no es dañino, desactivar el
estado de alerta constante, eliminar las etiquetas diagnósticas y recuperar el
estado físico y mental.
Además, como ya sabemos, el ejercicio es un potente antiinflamatorio capaz de
modular y mejorar el estado de muchas enfermedades (desde la artrosis hasta
enfermedades autoinmunes como la artritis).
El ejercicio de resistencia se ha hecho cada vez más presente durante las
últimas décadas, sin embargo, no ocurre tanto con el ejercicio de fuerza. Este
último no es solo importante para tener un buen aspecto físico, sino para evitar la
atrofia (pérdida) muscular para la reparación o recuperación de lesiones, o para
la miogénesis. El aumento de fuerza muscular, la disminución del riesgo de
caídas o el aumento de la función inmune son predictores de un buen estado de
salud a largo plazo.
Dar diez mil pasos diarios está muy bien, pero no es suficiente.
¿Se considera ejercicio al caminar?
Desde niños hasta ancianos, debemos hacer hincapié en la práctica del
ejercicio de fuerza no solo para la mejora del estado de salud físico y mental,
sino para minimizar riesgos sobre la salud.
¿Puedo hacer ejercicio si tengo /inserte aquí lesión/?
Y la respuesta es sí, siempre. El reposo absoluto nunca es la solución, incluso en
periodos de inmovilización son varias las herramientas que podemos usar, aún
sin poder mover una extremidad o parte de nuestro cuerpo. Desde la imaginería
motora, hasta la educación cruzada.
¡Muévete como sea, pero muévete!
No es poder, es deber. La inactividad física aumenta el riesgo de enfermedad
coronaria en un 45 %, accidentes cerebrovasculares en un 60 %, la hipertensión
en un 30 % y la osteoporosis en un 59 %.
La plasticidad neural es la cualidad que tiene el cerebro de cambiar
continuamente, formando nuevas conexiones (sinapsis) y recuperando el
funcionamiento perdido. Los nuevos estímulos generan nuevas adaptaciones, y,
por tanto, nuevas sinapsis.
Ya comentábamos en capítulos anteriores que realizar ejercicio con dolor
podría ser tanto beneficioso, como perjudicial. La molestia o el dolor leve son
indicativos de que todo va bien; sin embargo, el dolor medio-fuerte, y el
ejercicio intenso, podrían ponernos en riesgo.
Ejercicio y el dolor crónico
El movimiento es el lubricante natural de nuestro organismo, además:
Aumenta la analgesia endógena. Activación de las vías inhibitorias del
dolor.
Mejora la reorganización cortical. Mejora de la percepción corporal y del
control motor, que se han visto alterados.
Mejora el miedo al movimiento. Una exposición gradual al movimiento
es capaz de inhibir patrones de movimiento alterados o perdidos, además
de eliminar los mecanismos de sobreprotección activados previamente.
Mejora el estado físico y mental. Es importante realizar ejercicio de
fuerza, resistencia, coordinación y equilibrio.
Mejora la autoestima.
Es la mejor prevención para muchas enfermedades.
Y por si aún existen dudas, decir que el ejercicio realizado de forma regular
aumenta la esperanza de vida en cinco años.
Ilustración 55. Ejercicio físico y disminución del dolor.
El uso del foco externo
El foco de distracción es aquel que permite al sujeto modificar su atención, y no
centrarse única y exclusivamente en el dolor que le perturba de forma continua.
Existen diferentes formas de «despistar» al paciente y hacer que no se centra
única y exclusivamente en su dolor. Hablamos del láser, el metrónomo o
simplemente alguna actividad que sea capaz de desviar el foco de atención hacia
el dolor (como una operación matemática).
Ilustración 56.
Metrónomo.
¿Qué conseguimos con el foco externo?
Aprendizaje más fácil y rápido
Mejora de la movilidad
Diminución del dolor
Mejora de la consciencia corporal
Mejora del aprendizaje motor
Aumentar la excitabilidad cortical
Motivación, mayor adherencia
Mayor autoeficacia
Disminución del miedo al movimiento
Los mapas sensoriales y motores del córtex, donde se conectan redes de
movimiento y dolor, comparten áreas similares. De forma que movimiento y
dolor se activan de forma similar. Lo vemos claramente con la representación
del «homúnculo de Penfield». Estos seres tienen un aspecto similar al humano,
sin embargo, con ciertas diferencias y desproporciones. Estas irregularidades
muestran las inervaciones de las distintas partes del cuerpo, de forma que, a
mayor tamaño, mayor inervación, y viceversa.
Por tanto, somos capaces de modificar estos mapas gracias al movimiento.
Pero, ¿cómo?
Busca ayuda que te guíe en tu proceso de recuperación.
Explora el movimiento que te permita no tener dolor, y que te guste, la
autoconfianza es fundamental.
Una vez interiorizado dicho movimiento o actividad, comienza a
aumentar la carga, de forma gradual.
Distraerse puede ayudar. Ej.: me pongo mi serie favorita cuando empiezo
a correr en la cinta.
Neuronas espejo y observación de acciones
Estas neuronas, de forma simplificada, son las encargadas de entender e imitar el
lenguaje y el comportamiento social. Son las que actúan, por ejemplo, cuando
bostezamos, y la persona que tenemos enfrente repite dicha acción, activando
diferentes áreas cerebrales, y, por tanto, siendo muy útil en inmovilizaciones o
en las primeras fases de una readaptación. Observar e imaginar una acción activa
la misma área cerebral que al realizar la acción propiamente.
«La imaginería motora es un estado mental dinámico
durante el cual se representa una tarea motora,
sin que se produzca la misma».
Moran A. et al, 2011.
La observación de «acciones amenazantes» (ej.: dolor al agacharse), es una
herramienta muy interesante para producir cambios a nivel del SN, y, sobre todo,
para evitar el desacondicionamiento y la inactividad física, y recuperar de forma
gradual la actividad que hemos abandonado.
Una más para terminar, establece una meta, un objetivo
Todas estas herramientas pueden ayudarte en tu recuperación, sin embargo, si no
sabemos hacia donde vamos, y hacia donde nos dirigimos no podemos avanzar.
La adherencia al programa de rehabilitación aumenta exponencialmente cuando
fijamos un objetivo y una fecha.
Dichos objetivos deben seguir el principio S.M.A.R.T (específicos, medibles,
alcanzables y realistas-relevantes, en un tiempo definido). Un ejemplo sería:
«quiero ser capaz de coger a mi nieta en brazos durante 10-20 minutos sin dolor
en mi hombro, y quiero conseguirlo en 6-8 meses».
Necesitamos esta especificidad a la hora de crear un programa de acuerdo a las
necesidades del paciente, de nada vale establecer un objetivo de acuerdo a
nuestra perspectiva (fisioterapeuta), y no tener en cuenta las del paciente. Por
otro lado, el objetivo debe tener una dificultad media, de modo que genere cierta
dificultad y motivación, pero sin crear una dificultad extrema. Y especial
hincapié en buscar una forma de medir el progreso, «lo que no se mide, no se
puede mejorar».
Y como todo en la vida, busquemos el término medio.
Recuerda, ni blanco ni negro, escala de grises.
Me despido…
He dejado en el tintero algunos temas bastante interesantes sobre dolor que
podrían interesarte, pero no te preocupes, porque estaré trabajando en ellos para
ofrecerte más información sobre «la otra fisioterapia». Esa parte de la
fisioterapia que nunca te contaron, y que deberíamos hacer visible.
Así que ahora es tu turno, deja tus propuestas sobre qué temas te gustaría leer,
y aporta tu granito de arena a la fisioterapia. Gracias a ti, ¡sumamos!
Puedes hacerlo en la siguiente dirección de correo electrónico:
[email protected] Y por supuesto, estoy abierta a cualquier tipo de feedback que permita la
mejora del libro. Gracias por llegar hasta aquí, espero que hayas disfrutado
leyendo tanto como yo escribiéndolo.
«No tengas miedo de ir despacio,
ten miedo solamente de quedarte quieto»
Proverbio chino.
La mayor parte de las imágenes son recogidas del banco de freepik.com.
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