¿Qué es una mujer?
La problematización de la
categoría "mujer"
Simone de Beauvoir fue una filósofa, escritora y feminista francesa del siglo XX. Su obra
más importante es "El segundo sexo", donde analiza la condición de la mujer en la sociedad
patriarcal. Beauvoir fue pareja del filósofo Jean-Paul Sartre y participó activamente en el
movimiento existencialista. Su vida estuvo marcada por su lucha por los derechos de las
mujeres y su defensa del existencialismo como una forma de libertad individual.
"Hermenéutica propia del Existencialismo de Simone de Beauvoir" el conjunto de elementos
propios que la filósofa desarrolla en la interpretación (hermenéutica) que realiza de la
corriente filosófica existencialista, en diálogo con otros autores. En el capítulo anterior se
han sintetizado algunas de las ideas principales del Existencialismo. A continuación van a
exponerse las cuestiones específicas de la filosofía de Beauvoir que aparecen en El
segundo sexo.
Algunos de estos temas se esbozan en sus dos obras de contenido moral publicadas con
anterioridad: Para qué la acción (1944) y Para una moral de la ambigüedad (1947).
Podríamos considerar el signo de interrogación como símbolo de la actitud filosófica. La
capacidad de formular preguntas nos distingue como seres humanos y cada vez que la
ponemos en funcionamiento abrimos un espacio nuevo para la reflexión. Algunas preguntas
tienen la virtualidad de hacer temblar los cimientos de significado que parecían sólidamente
anclados. Este es el caso de la pregunta que inicia la reflexión en El segundo sexo: "¿Qué
es una mujer?".
Podría parecer que Simone de Beauvoir, al plantear en la Introducción la cuestión: "¿Qué es
una mujer?", simplemente busca una definición apropiada para un concepto cuyo referente
no se cuestiona porque su existencia se considera evidente. Sin embargo, lo que hace
nuestra autora al formular la pregunta es llevar una duda radical al significado del concepto
"mujer". Concepto cuyo significado parecía ya establecido de manera firme, encorsetando a
los individuos concretos a los que se aplica.
Qué lleva a Beauvoir a convertir en un problema la categoría central de su investigación?
En primer lugar, la filósota señala el uso contradictorio que se hace del término "mujer'"
cuando se vincula, por un lado, al hecho biológico de tener útero, esto es, al hecho de ser
hembra humana y, por otro, se emplea en un sentido valorativo que permite establecer si
determinadas hembras humanas son más o menos mujeres. En este último sentido, señala
que hay quienes afirman que la "feminidad" está en peligro y llegan a pedir a las mujeres:
"Sed mujeres, permaneced muje-res, llegad a ser mujeres." Este punto de vista relaciona el
ser mujer a cierta cualidad denominada "feminidad", que las mujeres concretas
manifestarían en mayor o menor medida. Beauvoir ironiza preguntándose si dicha cualidad
es segregada por los ovarios o si se trata de una idea de tipo platónico ("feminidad", "eterno
femenino") de la que las mujeres tendrían que participar para ser plenamente mujeres. No
obstante; señala cómo este punto de vista que está criticando está perdiendo fuer-za: el
supuesto "eterno femenino" ha sido negado tanto por los ilustrados racionalistas como por
autoras contemporáneas, que llegan a afirmar que mujer es aquel ser humano al que
arbitrariamente se califica de
"mujer"
. Esta solución es rechazada con claridad por la filósofa feminista porque no contribuye a la
liberación de los individuos concretos a los que se aplica dicho concepto. Establece un
paralelismo con categorías que se aplican a otros seres humanos en relación a los cuales
se fijan prejuicios determinados:
"alma negra" o "carácter judío". Negar la validez
de falsos estereotipos no tiene como consecuencia inmediata la desaparición de la
discriminación que los ha forjado, ni de las circunstancias que afectan a los individuos
concretos: puede ser un modo de "huir" del problema sin afrontarlo. El hecho real es que la
clasificación de los seres humanos en hombres y mujeres existe en la realidad social; solo
hay que abrir los ojos para verla: "
...quizás estas diferencias son superficiales,
quizás están destinadas a desaparecer. Lo que es seguro es que por el momento existen
con total y deslumbrante evidencia."
Por lo que se nos plantea el problema con toda claridad: "Si su función de hembra no basta
para definir a la mujer, si también rechazamos explicarla por "el eterno femenino" y si, a
pesar de ello, admitimos que, aunque sea de modo provisional, hay mujeres sobre la tierra,
no tenemos más remedio que preguntarnos: ¿qué es una mujer?"
Beauvoir formula esta pregunta porque para ella la "feminidad" no es una cualidad que
caracterice a las mujeres de manera natural. Entiende la feminidad como un mito forjado a
lo largo del tiempo (mito que comienza a desmoronarse, afortunadamente desde su punto
de vista, en el siglo XX en la sociedad occidental). Afirma que ser mujer, con todo lo que ello
implica desde el punto de vista tradicional no es algo natural, sino el resultado de un
complejo proceso de aprendizaje que empieza desde los primeros momentos de la vida de
los individuos. "No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico,
económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el
conjunto de la civilización elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que
se suele calificar de femenino." ("Formación"
Como se ve en el texto anterior, cuando utiliza el término "mujer' no está hablando
simplemente de la hembra humana biológica, sino del ser social al que llamamos mujer, y
es un hecho que todo ser humano concreto está siempre posicionado de forma singular en
la sociedad, en la que ejerce roles o papeles sociales.
Tradicionalmente se ha asociado "ser mujer" a realizar funciones vinculadas al cuidado de
los demás (los hijos, el marido, los mayores, las personas dependientes...) y se la ha
excluido del ejercicio de otras funciones que se desligaban del ámbito de la afectividad (el
ejercicio del poder, la política, determinados trabajos, el deporte, etc.). Esta asociación se
justificaba por la atribución previa de características supuestamente naturales tanto a las
mujeres como a los varones.
Esta concepción tradicional asignaba a los varones la autonomía, la capacidad para la
acción, la racionalidad, la capacidad para ejercer el poder, el control de la emotividad, la
valentía, el gusto por el riesgo, la seriedad y el rigor, la falta de sensibilidad y las dificultades
para manifestar y desarrollar la afectividad, etc. Este conglomerado de características y
funciones constituyen en las mujeres "lo femenino", "la feminidad" o "el eterno femenino".
De modo paralelo, Beauvoir hace referencia al "eterno masculino". En ningún caso, afirma
con claridad en su obra, se trata de características o comportamientos naturales sino que
son el resultado del adiestramiento en sociedad desde la infancia y del aprendizaje.
La afirmación de que la feminidad que se atribuye y se exige a las mujeres en determinados
contextos es el resultado de la socialización diferenciada de niñas y niños -que afecta
negativamente sobre todo a las mujeres porque las sitúa en una posición de inferioridad y
dependencia respecto de los varones- se remonta al siglo XVII. Beauvoir hace referencia a
las propuestas feministas del cartesiano François Poulain de la Barre, continuadas durante
la Ilustración por Diderot, Condorcet, Mary Wollstonecraft y, posteriormente, por Stuart Mill.
Todas ellas advierten del carácter "artificial', construido culturalmente, de lo femenino y
denuncian la exclusión de las mujeres del ámbito de lo público y del poder. Estos análisis
harán posible que surja el movimiento sufragista, centrado en la vindicación de los derechos
de ciudadanía para las muje-res, cuyos logros llevan a pensar a Beauvoir que se trata, en la
mitad del siglo XX, de una lucha ya cerrada cuando ella lleva a cabo su investigación.