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44 Job

El documento presenta una introducción al libro de Job en la Biblia. Explica que el libro es un drama que explora el sufrimiento de un hombre justo a través de diálogos con sus amigos. También analiza temas como el misterio del sufrimiento, la relación con Dios y el significado de la amistad.

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El documento presenta una introducción al libro de Job en la Biblia. Explica que el libro es un drama que explora el sufrimiento de un hombre justo a través de diálogos con sus amigos. También analiza temas como el misterio del sufrimiento, la relación con Dios y el significado de la amistad.

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JOB
Introducción
El libro. El libro de Job es un drama con muy poca acción pero con mucha pasión. Es la pasión que un autor genial,
anticonformista, ha infundido en su protagonista. Disconforme con la doctrina tradicional de la retribución, ha opuesto
a un principio un hecho, a una idea un hombre. Ya el salmo 73 (72) había opuesto la experiencia a la teoría de la
retribución, y había encontrado la respuesta al entrar «en el misterio de Dios».
Nuestro autor extrema el caso: hace sufrir a su protagonista inocente, para que su grito brote «desde lo hondo». La
pasión o el sufrimiento de Job enciende la pasión de su búsqueda y de su lenguaje; ante ella se van estrellando las olas
concéntricas de los tres amigos, que repiten con variaciones y sin cansarse la doctrina tradicional de la retribución: el
sufrimiento es consecuencia del pecado.
La acción es sencillísima: entre un prólogo y un epílogo, cuyas escenas se desarrollan en el cielo y en la tierra, se
desenvuelven cuatro tandas de diálogo. Por tres veces habla cada uno de los amigos y Job responde; la cuarta vez Job
dialoga a solas con Dios. En los diálogos con los amigos, más que un debate intelectual se produce una tensión de
planos o direcciones: los amigos defienden la justicia de Dios como juez imparcial que premia a buenos y castiga a
malos; a Job no le interesa esa justicia de Dios, que desmiente su propia experiencia, y apela a un juicio o pleito con
Dios mismo, en el que aparecerá la justicia del hombre; por llegar a este pleito y por probar su inocencia frente a Dios,
Job arriesga su propia vida. Dios, como instancia suprema, zanja la disputa entre Job y sus amigos; como parte
interpelada, responde y pregunta a Job para encaminarlo hacia su misterio.

Dios y el ser humano en el libro de Job. A través de los diálogos, del hombre bueno convencional, que da
gracias a Dios porque todo le sale bien, surge un hombre profundo, capaz de asumir y representar la humanidad
doliente que busca audazmente a Dios. De un Dios sabido y hasta encasillado surge un Dios imprevisible, difícil y
misterioso. En el espacio de un solo libro, nuestro conocimiento de Dios, del ser humano y de sus relaciones ha crecido.
Porque Job, como otro Jacob en su visión nocturna, ha luchado con Dios; porque el autor ha empeñado su genio
literario y religioso en sacudir viejos esquemas explorando en profundidad.
El libro de Job es un libro singularmente moderno, provocativo, no apto para conformistas. Es difícil leerlo sin
sentirse interpelado y es difícil comprenderlo si no se toma partido. El autor es un genio anónimo, que vivió
probablemente después del destierro, que se ha alimentado en el rezo de los Salmos y ha conocido la obra de Jeremías
y Ezequiel.
La sacra representación de Job es demasiado poderosa como para admitir lectores indiferentes, sean de ayer o de
hoy. El que no entre en la acción con sus preguntas y respuestas internas, el que no tome partido apasionado, no
comprenderá el drama; pero si entra y toma partido, se hallará bajo la mirada de Dios, sometido a prueba por la
representación del drama eterno del hombre Job.

Significado del libro de Job. El problema del sufrimiento del inocente. Este tema importante constituye la
sustancia del debate entre Job y sus amigos. El sufrimiento, dicen ellos, es el castigo que produce el pecado (4,7; 8,20;
11,4-6; 22,4s). Cuando Job, basado en su propia experiencia, rechaza semejante aseveración, los amigos responden
que todos los humanos son pecadores (14,1-4; 15, 14; 25,4-6). Niegan la posibilidad de que exista alguien que sufra
siendo inocente.
La situación, sin embargo, es más complicada y da paso a otras respuestas. El sufrimiento es un misterio, y
nosotros no podemos comprender los caminos de Dios (11,7-10; 15,8s.28; 42,3). El sufrimiento es el método utilizado
por Dios para imponernos disciplina y hacernos mejores (5,17s; 36,15). El sufrimiento es permitido por Dios para
probar la virtud de los justos (1–2). Todas estas respuestas nos permiten salvaguardar tanto la justicia divina como la
inocencia humana.
Sin embargo, por más dominante que aparezca el tema, no parece que sea éste el propósito principal del libro. Por
una parte, nosotros los lectores conocemos desde el principio la respuesta al caso que Job plantea: sus sufrimientos
son una prueba (1,9). Por otra, el problema no tiene respuesta en el contexto del libro. Si la finalidad del escrito fuera
solamente ésta, podríamos considerar el libro como un fracaso.

El misterio del sufrimiento y la relación con Dios. Un primer enfoque nos lleva a ver el sufrimiento como un
problema que debe ser tratado a nivel intelectual. Un problema es algo que está ahí, frente a nosotros. Podemos ver
todos sus componentes, todas sus dimensiones. La cuestión consiste en poner todas las piezas juntas, en dar un
sentido a ese rompecabezas. Por el contrario, el misterio es una situación en la que «yo», en tanto que persona
humana irrepetible y única, me encuentro tan sumergido que no puedo distanciarme de él lo suficiente como para
contemplarlo «ahí, fuera de mí». El amor es un misterio, como lo es la muerte, como lo es el sufrimiento. Los
problemas están para ser resueltos; los misterios son para ser vividos, y vividos en relación con otros.
La pena más grande de Job surge de la confusión acerca de su relación con Dios. ¿Es Dios realmente su enemigo?
(13,24). Desde esta perspectiva, los discursos del Señor ofrecen realmente una respuesta. El mero hecho de que el
Señor responda muestra claramente que ha estado presente, escuchando todo el tiempo, es decir, manteniendo y
afirmando una relación. Job no sabrá nunca el por qué de sus sufrimientos, pero sabe que no está solo, y esto le da la
fuerza para sobrellevar la lucha. Y así, el punto de mira del libro es menos un problema de teología y más un misterio
de fe: nuestra relación existencial con Dios.

Job ha hablado de mí con rectitud. Esta poderosa e irónica afirmación del Señor (42,7s) nos hace descubrir otro
aspecto. A lo largo de todo el libro, la clave ha sido lo que Job iba a decir en medio de la adversidad. ¿Blasfemará
flagrantemente contra Dios como había predicho dos veces Satán? (1,11; 2,5). ¡No!
Job acusa a sus amigos de hablar falsamente de Dios (13,7-9), mientras que él se niega a callar (7,11; 10,1; 13,13;
27,4) hasta que no haya terminado todo lo que tiene que decir (31,35). Para contrarrestar los dos desafíos de Satán en
el prólogo, el Señor afirma dos veces en el epílogo que Job ha hablado rectamente de Él (42,7s). ¿Cómo debe
entenderse «rectamente»? Gramaticalmente, la palabra puede emplearse como adverbio («de manera correcta») o
como nombre («cosas justas»).
El sentido del texto se extiende a ambos significados. En primer lugar, Job ha hablado de manera adecuada. Se ha
lamentado, ha discutido, ha rezado, se ha mostrado desafiante con Dios. A pesar de la constante presión en contra, ha
mantenido enérgicamente la integridad de su experiencia, pues era ya lo único que le quedaba. A Dios no se le sirve
con mentiras, aunque sean bien intencionadas (13,7-9). Job conoce instintivamente que toda sana relación con Dios
sólo puede basarse en la verdad.
Pero, en segundo lugar, Job ha hablado también las «cosas justas», es decir, ha sido capaz de intuir y afirmar la
presencia de un misterio. Dios y nuestra relación con Él son realidades demasiado grandes y profundas como para ser
reducidas o abarcadas por razonamientos intelectuales. Los discursos del Señor (38–41) lo han dejado meridianamente
claro. Y Job, envuelto en la experiencia del misterio, ha dejado espacio para la libertad de Dios.
Los amigos, por el contrario, no han percibido el misterio, por eso han falsificado tanto a Dios como a Job. Han
caído en el perenne peligro de muchas personas seudo-religiosas de ayer y de hoy: buscar todas las referencias de Dios
en el pasado, sin comprender que el Dios bíblico nos está siempre sorprendiendo e impulsándonos hacia la novedad del
futuro (cfr. Gn 12,1-3).
Es en esa frontera misteriosa de la novedad y de la sorpresa donde Dios esperaba a su amigo y su amigo no le ha
fallado. Job ha hablado de su experiencia personal (la del misterio) con sinceridad y rectitud, y justamente por eso, ha
sido capaz de hablar de Dios de la misma manera. En definitiva, Job se ha portado como un hombre de fe; sus amigos
no han pasado de ser personas superficialmente pías.

El significado de la amistad. Una dimensión final del libro es el rol y la función de la amistad. En primer lugar,
está el ejemplo negativo de los amigos. Movidos por una genuina simpatía, dejan sus tierras lejanas y vienen para estar
junto a Job. Viendo al amigo en aquellas condiciones, se sientan junto a él en afligido (y sabio, 13,5) silencio. Pero tan
pronto como Job comienza a hablar, sus palabras resultaron tan ofensivas que sus amigos brincaron para salir en
defensa de Dios. Cabe la pregunta: ¿para defender a Dios, o a sus preconcebidas y atildadas ideas acerca de Dios?
Aun en las más extremas condiciones, un amigo debe lealtad a sus amigos (6,14). Job se lamenta de no encontrarla
en los suyos (6,13-27), por eso suspira por alguien en quien apoyarse: primero, un árbitro imparcial (9,33); después,
un mediador (16,19); por último, un vindicador (19,25). Pero no cuenta con nadie; «me he vuelto hermano de los
chacales y compañero de los avestruces» (30,29).
Por el contrario, Job se ha portado siempre como un amigo con los necesitados y los oprimidos y ha enjugado las
penas de los otros (30,24s). Sofar le había dicho antes que se arrepintiera; y así alcanzaría la prosperidad y los otros
vendrían a él pidiendo su intercesión (11,19). Al final (42,7-9), son sus tres amigos los que piden a Job que interceda
por ellos, y éste, fiel a la amistad, lo hace y evita así el castigo que tenían merecido.
La verdadera importancia de libro de Job es la experiencia humana que nos relata y que nos transmite desde
aquellos tiempos remotos. En la persona de Job podemos ver reflejados nuestros momentos de sufrimientos, duda y
confusión. Pero la ventaja que tenemos sobre nuestro héroe es que nosotros contamos con un amigo: el autor del
libro, por cuya boca habla el verdadero amigo que estará siempre a nuestro lado y cuya lealtad no fallará nunca, Dios.
La voz del autor, eco de la voz de Dios, forma ya parte de la sabiduría que hemos recibido de las «generaciones
pasadas» (8,8). Si nosotros nos rendimos a las «ortodoxias» de nuestros días, habremos falsificado nuestra experiencia
y falseado también a Dios, y a Dios no se le sirve con mentiras (13,6-9).
PRÓLOGO1
Primera escena:2
En la tierra

1 mal.
1
Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: era justo y honrado, religioso y alejado del
2 3
Tenía siete hijos y tres hijas. Tenía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de
bueyes, quinientas burras y una servidumbre numerosa. Era el más rico entre los hombres de oriente.
4
Sus hijos solían celebrar banquetes, un día en casa de cada uno, e invitaban a sus tres hermanas a
comer con ellos. 5Al terminar esos días de fiesta, Job los hacía venir para purificarlos: madrugaba y
ofrecía un holocausto por cada uno, por si habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Job jamás
dejaba de hacer esto.
Seguna escena:3
En el cielo
(1 Re 22)
6
Un día fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satán. 7El Señor le
preguntó:
–¿De dónde vienes?
Él respondió:
–De dar vueltas por la tierra.
8
El Señor le dijo:
–¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado,
religioso y alejado del mal.
9
Satán le respondió:
–¿Y crees tú que su religión es desinteresada? 10¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su
hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. 11Pero
tócalo, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldice en tu cara.
12
El Señor le dijo:
–Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.
Y Satán se marchó.
Tercera escena:4
En la tierra
13
Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, 14llegó un mensajero a
casa de Job y le dijo:
–Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, 15cuando cayeron sobre ellos unos
sabeos, apuñalaron a los empleados y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.
16
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
–Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude
escapar para contártelo.
17
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
–Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó y
apuñaló a los empleados. Sólo yo pude escapar para contártelo.
18
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
–Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, 19cuando un
huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo
yo pude escapar para contártelo.

1
1:1–2:13 Prólogo. Un prólogo en prosa compuesto de cinco escenas alternando entre el cielo y la tierra abre el libro, presenta el
escenario e introduce a los personajes. De un comienzo sereno y feliz se pasa rápidamente al sufrimiento y a la confusión.
2
1,1-5 Primera escena: En la tierra. La figura de Job parece ser la de un viejo y legendario héroe de la fe (cfr. Ez 14,14-20). Uz está
ciertamente situada en el ancho territorio que se despliega al oeste del río Jordán, pero es difícil precisar su exacta localización. Aunque
nuestro héroe no pertenece al pueblo de Israel, es sin embargo un modelo de vida virtuosa. Su «temor de Dios» no es mera emoción servil,
sino fruto de una fe obediente. En el contexto teológico de los libros sapienciales, el temor de Dios es el principio de la sabiduría (cfr. Job
28,28; Prov 1,7; 9,10) y la garantía de una vida larga y feliz (Prov 3,13-18). Y así, Job ha sido bendecido con hijos, ganados y siervos.
3
1,6-12 Segunda escena: En el cielo. El Señor, como un rey presidiendo su corte, aparece rodeado por los «hijos de Dios», sus criados
y sus cortesanos, entre los que se encuentra Satán. Ni aquellos son los ángeles de nuestra teología cristiana, ni éste es, todavía, el demonio.
Satán, «el adversario», es nombre del oficio que desempeña: rondar por la tierra en misión de espía. Dios está orgulloso de la integridad de
Job, pero Satán se muestra escéptico, y frente a toda la corte celestial sugiere que Job es un hombre virtuoso simplemente por la cuenta que
le tiene. Si perdiera todo, ¿se podría decir lo mismo? En el contexto de una cultura del honor y la vergüenza, Dios se está jugando ahora su
prestigio, y permite que Satán ponga a prueba a Job.
4
1,13-22 Tercera escena: En la tierra. En rápida sucesión, van llegando mensajeros anunciando desastres. Fuerzas destructoras,
naturales y humanas, se alían y se abaten sobre Job despojándolo de todos sus bienes. Con dramáticos gestos, típicos de la desesperación y
del lamento, Job desgarra sus vestiduras, se afeita la cabeza (Is 15,2; Jr 7,29) y se arroja a tierra. Pero cuando abre sus labios es para
bendecir a Dios. El honor del Señor está a salvo, Satán ha perdido en su insinuación.
20 21
Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
–Desnudo salí del vientre de mi madre
y desnudo volveré a él.
El Señor me lo dio,
el Señor me lo quitó:
¡bendito sea el Nombre del Señor!
22
A pesar de todo, Job no pecó ni maldijo a Dios.
Cuarta escena:5
En el cielo

2
1
Un día fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satán. 2El Señor le
preguntó:
–¿De dónde vienes?
Él respondió:
–De dar vueltas por la tierra.
3
El Señor le dijo:
–¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado,
religioso y apartado del mal, y tú me has incitado contra él, para que lo aniquilara sin motivo; pero
todavía persiste en su honradez.
4
Satán respondió:
–Una piel por otra piel; uno da todo lo que tiene por la vida. 5Ponle la mano encima, hiérelo en la
carne y en los huesos, y te apuesto a que te maldice en tu cara.
6
El Señor le dijo:
–Haz lo que quieras con él, pero respétale la vida.
Quinta escena:
En la tierra6
7
Y Satán se marchó. E hirió a Job con llagas malignas, desde la planta del pie a la coronilla. 8Job
agarró un pedazo de teja para rascarse con ella, y permaneció sentado en medio de la ceniza. 9Su
mujer le dijo:
–¿Todavía persistes en tu honradez? Maldice a Dios y muérete.
10
Él le contestó:
–Hablas como una necia. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
A pesar de todo, Job no pecó con sus labios.
11
Tres amigos suyos –Elifaz de Temán, Bildad de Suj y Sofar de Naamat–, al enterarse de la
desgracia que había sufrido, salieron de su tierra y se reunieron para ir a compartir su pena y
consolarlo. 12Cuando lo vieron a distancia, no lo reconocían y rompieron a llorar; se rasgaron el manto,
se echaron polvo sobre la cabeza y hacia el cielo 13y se quedaron con él, sentados en el suelo, siete
días con sus noches, sin decirle una palabra, viendo lo atroz de su sufrimiento.

MONÓLOGO DE JOB: LAMENTACIÓN7

Maldice el día y la noche8

3
1
Entonces Job abrió la boca y maldijo su día 2diciendo:
3
¡Desaparezca el día que nací,
y la noche en que se dijo: Han concebido un varón!
4
Que ese día se vuelva tinieblas,

5
2,1-6 Cuarta escena: En el cielo. La corte celestial está de nuevo en sesión. Lo que Job va a defender a lo largo de todo el libro,
queda patente ante todos: no hay conexión entre su vida virtuosa y sus sufrimientos. Satán replica con un proverbio tan enigmático que nos
deja sin saber qué quiere proponer. Parece insinuar una apuesta: si Job es atacado en su mismo cuerpo, con seguridad prorrumpirá en
blasfemias contra Dios.
6
2,7-13 Quinta escena: En la tierra. Job es atacado por una repulsiva enfermedad cuya descripción es demasiado general como para
poder ser diagnosticada. La tradición sapiencial de la Biblia reconoce y alaba a la mujer sabia (Prov 31,10-31), pero a la mujer de Job sólo se
le ocurren consejos estúpidos. No obstante Job no va a caer en la tentación de decir estupideces: «A pesar de todo, Job no pecó con sus
labios» (10).
Tres amigos reciben la noticia de la situación de Job y, movidos por la compasión, se reúnen desde sus respectivas tierras lejanas –no
podemos identificarlas con exactitud– y se ponen en camino para ofrecerle consuelo. Pero al llegar y ver el estado de Job, también ellos
prorrumpen en lamentaciones y se sientan en el polvo junto a él, en silencio.
Y así termina el prólogo. El escenario está completo: Job, sentado en el polvo; Dios, desde el cielo, mira atentamente. La apuesta en juego
es:7¿Qué va a decir Job? La audiencia –Dios, los amigos y nosotros, los lectores– espera con ansiedad.
3,1-26 Monólogo de Job: Lamentación. La proverbial «paciencia de Job» termina dramáticamente, para no reaparecer más, en un
desahogo
8 de lamentos lanzados a todos y a ninguno.
3,1-10 Maldice el día y la noche. Job no maldice a Dios, sino el día en que nació y la noche en que fue concebido, deseando que ese
día se transforme en noche y que esa noche sea borrada del calendario. La traducción y el significado del versículo 8 son inciertos.
que Dios desde lo alto se desentienda de él,
que sobre él no brille la luz,
5
que lo reclamen las tinieblas y las sombras,
que la niebla se pose sobre él,
que un eclipse lo aterrorice;
6
que se apodere de esa noche la oscuridad,
que no se sume a los días del año,
que no entre en la cuenta de los meses,
7
que esa noche quede estéril
y cerrada a los gritos de júbilo,
8
que la maldigan los que maldicen el día,
los que entienden de incitar al Leviatán;
9
que no brillen las estrellas de su aurora,
que espere la luz y no llegue,
que no vea el parpadear del alba;
10
porque no me cerró las puertas del vientre
y no escondió a mi vista tanta miseria.
Ansias de morir 9
11
¿Por qué al salir del vientre no morí
o perecí al salir de las entrañas?
12
¿Por qué me recibió un regazo
y unos pechos me dieron de mamar?
13
Ahora reposaría tranquilo
y dormiría en paz,
14
como los reyes y consejeros de la tierra
que reconstruyen ciudades derruidas;
15
o como los nobles que poseyeron oro
y llenaron de plata sus palacios.
16
Ahora sería un aborto enterrado,
una criatura que no llegó a ver la luz.
17
Allí acaba el tumulto de los malvados,
allí reposan los que están rendidos,
18
con ellos descansan los prisioneros
sin oír la voz del capataz;
19
se confunden pequeños y grandes
y el esclavo se libera de su amo.
¡Líbrenme de Dios!10
20
¿Por qué dio a luz a un desgraciado
y vida al que la pasa en la amargura,
21
al que ansía la muerte que no llega
y escarba buscándola, más que un tesoro,
22
al que se alegraría ante la tumba
y gozaría al recibir sepultura,
23
al hombre que no encuentra camino
porque Dios le cerró la salida?
24
Por alimento tengo mis sollozos
y mis gemidos desbordan como agua.
25
Lo que más temía me sucede,
lo que más me aterraba me acontece:
26
vivo sin paz, sin calma, sin descanso,
en puro sobresalto.

PRIMERA SESIÓN DE DISCURSOS11

9
3,11-19 Ansias de morir. Job ha invocado a la oscuridad; ahora invoca a la muerte. Aparecen dos características de las
lamentaciones: El «¿Por qué?» (cfr. Sal 22,2), que implica «No comprendo»; y la fijación en el «yo» (cfr. Sal 77,1-6). Ante un sufrimiento tan
intenso
10 es difícil mirar fuera de uno mismo. Job desea la muerte, la que iguala a todos, para encontrar reposo.
3,20-26 ¡Líbrenme de Dios! El grito «¿Por qué?» aparece de nuevo en el versículo 23b, pero esta vez con un fuerte acento irónico.
En 1,10, Satán ha echado en cara a Dios que «rodee» a Job con sus bendiciones; aquí, Job usa la misma palabra para lamentarse de estar
siendo
11 acorralado por Dios.
4,1–14,22 Primera sesión de discursos. Horrorizados por los lamentos de Job y sus repetidos «¿Por qué?», los tres amigos
Primer discurso de Elifaz12

4 Respondió
1
Elifaz de Temán:
2
Si uno tuviera que hablarte, no sé si lo aguantarías,
pero, ¿puede uno frenar las palabras?
3
Tú que a tantos instruías
y fortalecías los brazos caídos,
4
que con tus palabras levantabas al que tropezaba
y sostenías las rodillas que se doblaban,
5
hoy que te toca a ti, ¿no aguantas?,
¿te turbas hoy que todo te cae encima?
6
¿No era la religión tu confianza
y una vida honrada tu esperanza?
7
¿Recuerdas un inocente que haya perecido?
¿Dónde se ha visto un justo exterminado?
8
Mi experiencia es ésta: los que cultivan maldad
y siembran miseria, eso mismo cosechan.
9
Sopla Dios y perecen,
su aliento enfurecido los consume.
10
Aunque ruge el león y le hace coro la leona,
a los cachorros les arrancan los dientes:
11
muere el león falto de presa
y las crías de la leona se dispersan.
12
Sorpresivamente me llegó una palabra,
apenas percibí su murmullo:
13
en una pesadilla nocturna,
cuando el sueño cae sobre los hombres,
14
me invadió el terror,
un temblor que estremeció todos mis huesos.
15
Un viento me rozó la cara,
el vello del cuerpo se me erizó.
16
Estaba de pie –no conocía su aspecto–;
sólo una figura ante mis ojos,
un silencio; después oí una voz:
17
¿Puede algún mortal ser justo ante Dios?,
¿o un hombre ser puro frente a su Creador?
18
Si no confía en sus servidores
y aun en sus ángeles descubre faltas,
19
¿cómo estarán limpios ante su Creador
los que habitan en casas de arcilla
cimentadas en barro?
20
Entre el alba y el ocaso se desmoronan,
sin que se note desaparecen para siempre.
21
Les arrancan las cuerdas de la tienda
y mueren sin haber aprendido.

5
1
Grita, a ver si alguien te responde;
¿a qué ángel recurrirás?
2
Porque la rabia mata al insensato
y la pasión da muerte al imprudente.
3
Yo vi un insensato echar raíces
y al momento se arruinó su casa,
4
sus hijos no tienen quien los ayude,
atropellados sin defensa ante los jueces,

abandonan su sabio silencio y se creen en el deber de responder. Los discursos que siguen a continuación se desarrollan en tres sesiones:
4,1–14,22; 15,1–21,34; 22,1–27,23. En las dos primeras hablan cada uno de los amigos y Job responde largo y tendido. La tercera sesión
aparece
12 un poco desordenada, debido quizás a la confusión del texto.
4,1–5,27 Primer discurso de Elifaz. Elifaz comienza en tono cortés. En típico estilo sapiencial, apela a su experiencia y reflexiona a
partir de ella (4,7-8; 5,27), pero, extrañamente, recurre también a una revelación especial que ha recibido de noche (4,13-21).
En el desarrollo de su discurso subraya cuatro puntos básicos: 1. ¿Quién es el inocente que perece?, es el malvado el que sufre (4,7). 2.
¿Qué ser humano puede presentarse sin mancha ante el Creador? (4,17-21; cfr. 11, 11; 15,14-16; 25,4). 3. Los seres humanos engendran
ellos mismos la desgracia (5,7). 4. El sufrimiento puede ser el correctivo que Dios impone como corresponde a un buen padre (5,17); la
fidelidad a Dios trae abundancia de vida (5,23-26).
Elifaz concluye su discurso con una insistente llamada a la experiencia (5,27). Desgraciadamente, Job no lo sabe.
5
sus cosechas las devoró el hambriento,
sus posesiones las arrebató la sequía
y el sediento se beberá su fortuna.
6
No nace del barro la desgracia,
la miseria no germina de la tierra:
7
es el hombre quien nace para la miseria,
como las chispas para perderse en el aire.
8
Yo que tú acudiría a Dios
para poner mi causa en sus manos.
9
Él hace prodigios incomprensibles,
maravillas innumerables:
10
da lluvia a la tierra,
riega los campos,
11
levanta a los humildes,
da refugio seguro a los abatidos,
12
hace fracasar los proyectos del astuto
para que no prosperen sus planes,
13
enreda en sus propias redes al astuto
y hace abortar las intrigas del malvado;
14
así, en pleno día, tropiezan con las tinieblas,
a plena luz van a tientas como de noche.
15
Así Dios salva al pobre
de la lengua afilada, de la mano violenta;
16
da esperanza al débil
y a la maldad le cierra la boca.
17
Dichoso el hombre a quien Dios corrige:
no rechaces el escarmiento del Todopoderoso,
18
porque él hiere y venda la herida,
golpea y sana con su mano;
19
de seis peligros te salva
y al séptimo no sufrirás ningún mal;
20
en tiempo de hambre te librará de la muerte
y en la batalla, de la espada;
21
te esconderá del látigo de la lengua
y cuando llegue el desastre, no temerás;
22
de demonios y carestías te reirás,
no temerás a las fieras,
23
harás pacto con los espíritus del campo
y tendrás paz con las fieras,
24
disfrutarás de la paz de tu tienda
y cuando revises tu morada, nada faltará;
25
verás una descendencia numerosa
y a tus hijos como hierba del campo;
26
bajarás a la tumba lleno de vigor,
como se levanta una parva a su debido tiempo.
27
Todo esto lo hemos comprobado y es cierto:
escúchalo y saca conclusiones.

Respuesta de Job a Elifaz13

13
6,1–7,21 Respuesta de Job a Elifaz. Job replica en un fuerte arrebato emocional. Su angustia y sufrimiento son demasiado grandes
6
1
Respondió Job:
2
Si pudiera pesarse mi pena
y juntarse en la balanza mis desgracias,
3
serían más pesadas que la arena;
por eso digo tantas necedades.
4
Llevo clavadas las flechas del Todopoderoso
y siento cómo absorbo su veneno,
los terrores de Dios se han desplegado contra mí.
5
¿Rebuzna el asno salvaje ante la hierba?,
¿muge el buey ante el forraje?,
6
¿va uno a comer sin sal lo desabrido
o a encontrarle gusto a la clara del huevo?
7
Lo que me daba asco
es ahora mi alimento repugnante.
8
Ojalá se cumpla lo que pido
y Dios me conceda lo que espero:
9
que Dios se digne aplastarme
y que suelte su mano y me corte en dos.
10
Sería un consuelo para mí:
aun torturado sin piedad, saltaría de gozo,
por no haber renegado de las palabras del Santo.
11
¿Qué fuerzas me quedan para resistir?,
¿qué destino espero para tener paciencia?
12
¿Es mi fuerza la fuerza de las rocas
o es de bronce mi carne?
13
Ya no encuentro apoyo en mí
y la suerte me abandona.
14
Al amigo que sufre se le ama
aunque olvide el temor del Todopoderoso;
15
pero mis hermanos me traicionan como un torrente,
como un arroyo cuando se queda sin agua:
16
bajan turbios en tiempos del deshielo
cuando se deshace la nieve;
17
pero con el primer calor se secan
y en verano desaparecen de su cauce;
18
por ellos las caravanas se desvían de su curso,
se adentran en el desierto y se pierden.
19
Las caravanas de Temá los buscan
y los viajeros de Sabá esperan encontrarlo;
20
pero queda burlada su esperanza
y al llegar se ven decepcionados.
21
Igual ustedes, se han vuelto nada para mi,
ven algo terrible y sienten miedo.
22
¿Les he pedido que me dieran algo,
que me regalaran parte de sus bienes,
23
que me libraran de mi adversario
o que me rescataran de la mano opresora?
24
Instrúyanme, que guardaré silencio;
háganme ver en qué me he equivocado.
25
Nadie puede rechazar un argumento correcto.

como para expresarlos en palabras comedidas (6,1s), pero puede hablar, es más, debe hablar. Job, entonces, recurre a la oración. Como en
el capítulo 3, aún ansía la muerte, pero este deseo no le lleva nunca a contemplar el suicidio. Job no es una estatua de piedra o de bronce sin
sentimientos (6,12), sino una persona de carne y hueso que ha tocado fondo.
Reconociendo, por fin, la presencia de sus amigos, les da una lección de lo que significa para él la amistad. De un amigo se espera la
lealtad y la amabilidad en tiempos de aflicción. Por el contrario, estos amigos suyos se parecen a los arroyos de Palestina que tan pronto se
llenan de lluvia como se vuelven secos. No se puede uno fiar de ellos (6,14-21): vinieron, vieron y se marcharon (6,21). Job les desafía a que
le digan en qué ha pecado para merecer tal tratamiento (6,24).
La vida es como una carga pesada y los humanos, unos esclavos. Él desaparecerá pronto para no regresar más, tragado por el abismo.
Ésta y otras afirmaciones por el estilo indican claramente la ausencia en el libro de Job de la esperanza en la resurrección o de una vida
después de la muerte (cfr. 10,21;14,10-12;16,22).
Job no se calla. En el contexto de todo el libro, el versículo 7,11 es verdaderamente importante. La finalidad de la apuesta sugerida por
Satán era ver cómo Job iba a reaccionar, qué iba a decir. Ahora habla. ¿Por qué Dios no lo deja en paz, o al menos el tiempo suficiente para
recobrar el aliento? (7,19). Aun en el caso de que haya pecado (¡de nuevo la cuestión!), ¿no puede Dios simplemente perdonar? Un abismo
separa toda posible culpa de Job de sus sufrimientos. Pronto estará muerto y entonces ya será demasiado tarde (7,20s).
Pero, ¿qué prueban sus argumentos?
26
¿Pretenden criticar mis palabras,
cuando lo que dice un desesperado es viento?
27
¡Ustedes serían capaces de apostar la vida de un huérfano
y de vender aún a su propio amigo!
28
Ahora mírenme atentamente:
juro no mentir en su cara.
29
Sigamos, por favor, pero sin maldad;
sigamos, que está en juego mi inocencia.
30
¿Hay maldad en mis labios?,
¿no pesa mi boca las palabras?

7 La vidasusdeldíashombre
1
en la tierra es como un servicio militar,
son los de un jornalero:
2
como el esclavo, suspira por la sombra,
como el jornalero, espera el salario.
3
Mi herencia son meses vacíos,
me han sido asignadas noches de sufrimiento.
4
Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré?;
se hace larga la noche
y me canso de dar vueltas hasta el alba;
5
tengo el cuerpo cubierto de gusanos y costras,
la piel se me rompe y me supura.
6
Mis días corren más que la lanzadera del telar
y se consumen sin esperanza.
7
Recuerda que mi vida es un soplo
y que mis ojos no verán más la dicha.
8
No me verás, ojo del que mira,
cuando me mires tú, ya no estaré.
9
Como la nube pasa y se deshace,
el que baja a la tumba ya no sube;
10
no retorna a su casa
ni vuelve a contemplarlo su morada.
11
Por eso no frenaré mi lengua,
hablará mi espíritu angustiado,
se quejará mi alma entristecida.
12
¿Soy el Océano o el Dragón
para que así me vigiles?
13
Cuando pienso que el lecho me aliviará
y la cama compartirá mis quejidos,
14
entonces me espantas con sueños
y me aterrorizas con pesadillas.
15
Preferiría morir asfixiado,
la muerte, antes que vivir con este cuerpo.
16
No he de vivir para siempre:
déjame, que mis días son un soplo.
17
¿Qué es el hombre para que le des importancia,
para que te ocupes de él,
18
para que lo visites por la mañana
y lo examines a cada momento?
19
¿Hasta cuándo seguirás vigilándome
sin dejarme ni siquiera tragar saliva?
20
Si he pecado, ¿qué te he hecho?
Centinela del hombre,
¿por qué me has tomado como blanco
y me he convertido en carga para mí?
21
¿Por qué no me perdonas mi delito
y alejas mi culpa?
Si muy pronto me acostaré en el polvo,
me buscarás y ya no existiré.
Primer discurso de Bildad14

8 Bildad
1
de Suj habló a su vez y dijo:
2
¿Hasta cuándo hablarás de esa manera
y serán tus palabras un huracán?
3
¿Puede Dios falsear el derecho
o el Todopoderoso torcer la justicia?
4
Si tus hijos pecaron contra él,
ya los entregó en poder de sus delitos.
5
Pero si tú madrugas por buscar a Dios
y suplicas al Todopoderoso,
6
si te conservas puro y recto,
él cuidará de ti y restaurará tu legítima morada;
7
tu pasado será una pequeñez
comparado con tu magnífico futuro.
8
Pregunta a las generaciones pasadas,
atiende a lo que averiguaron tus padres;
9
nosotros somos de ayer, no sabemos nada;
nuestros días son una sombra sobre el suelo.
10
Pero ellos te instruirán,
te hablarán con palabras salidas del corazón.
11
¿Brota el papiro fuera del pantano,
crece sin agua el junco?
12
Todavía verde, sin que lo arranquen,
se seca antes que otras hierbas.
13
Tal es el destino del que olvida a Dios,
en eso acaba la esperanza del impío.
14
Su confianza es frágil,
una telaraña su seguridad;
15
si uno se apoya en ella, no lo resiste;
si se agarra a ella, no lo sostiene.
16
Lleno de savia, al sol,
echa retoños por su huerto,
17
enreda las raíces entre piedras
y se agarra al cerco de piedras.
18
Pero si lo eliminan de su sitio,
éste reniega de él diciendo: Nunca te he visto.
19
Así acaba su alegre carrera,
y otra planta brota de la tierra.
20
Dios no rechaza al hombre justo
ni da la mano a los malvados:
21
puede aún llenar tu boca de risas
y tus labios de gritos de júbilo;
22
tus enemigos se cubrirán de vergüenza
y la tienda del malvado desaparecerá.

14
8,1-22 Primer discurso de Bildad. Con una insultante observación, el segundo amigo de Job entra en la refriega y se lanza
inmediatamente a defender la justicia de Dios. Aunque estaba implícita antes, es ahora cuando la cuestión aparece tan claramente (3).
De acuerdo con la mejor tradición sapiencial, Bildad apela a la sabiduría acumulada en el decurso de los tiempos y transmitida por los
antepasados (8-10). Haciéndose eco de ella, cita un proverbio de colorido Egipcio: así como las plantas necesitan del agua para desarrollarse
y florecer, así los humanos necesitan de Dios para crecer y prosperar (11s). A continuación, Bildad desarrolla el ejemplo de la persona que se
olvida de Dios. Semejante amnesia espiritual sólo puede acarrear tristes consecuencias; y aun en el caso de que esa persona alcance cierta
prosperidad, ésta estará siempre pendiente de un hilo (13-19).
Por el contrario, Dios no se olvida del justo (20-22). Si Job se arrepintiera, de nuevo se llenaría su vida de risas y alegría. Irónicamente,
Bildad nos hace entrever lo que efectivamente ocurrirá al final del libro (42,7-17).
Respuesta de Job a Bildad15

9
1
Respondió Job:
2
Sé muy bien que es así:
que ante Dios nadie puede declararse inocente.
3
Aunque alguno pretenda discutir con él,
no podría responderle de mil veces, una.
4
Sabio de mente, rico de fuerza,
¿quién le resiste y queda sin castigo?
5
Él desplaza las montañas de improviso
y las vuelca con su cólera;
6
estremece la tierra en sus cimientos
y sus columnas retiemblan;
7
manda al sol que no brille
y guarda bajo sello las estrellas;
8
él solo despliega el cielo
y camina sobre las olas del mar;
9
creó la Osa y Orión,
las Pléyades y las constelaciones del Sur;
10
hace prodigios incomprensibles,
maravillas sin cuento.
11
Si cruza junto a mí, no lo veo,
pasa rozándome y no lo siento.
12
Si agarra una presa, ¿quién se la quitará?,
¿quién podrá decirle: ¡Qué estás haciendo!?
13
Dios no cede en su enojo,
bajo él se encorvan las legiones del Caos.
14
¡Cuánto menos podré yo replicarle
o buscar argumentos contra él!
15
Aunque tuviera yo razón, no recibiría respuesta,
tendría que suplicar a mi adversario;
16
aunque lo citara para que me respondiera,
no creo que me hiciera caso;
17
me arrollaría con la tormenta
y me heriría mil veces sin motivo;
18
no me dejaría ni tomar aliento,
me saciaría de amargura.
19
Si se trata de fuerza él es el más fuerte;
si de justicia, ¿quién lo hará comparecer?
20
Aunque tuviera yo razón me condenaría,
aunque fuera inocente, me declararía perverso.
21
Soy inocente; no me importa la vida,
desprecio la existencia;
22
porque todo da lo mismo y me atrevo a decir:
Dios trata igual a inocentes y culpables.
23
Si una catástrofe siembra la muerte de improviso,
él se burla de la desgracia del inocente;
24
deja la tierra en poder de los malvados

15
9,1–10,22 Respuesta de Job a Bildad. Aunque estos capítulos presentan muchos problemas de texto y traducción, es claro que
abundan en imágenes tomadas de la justicia legal. Job se asemeja, a veces, a un demandante que quiere llevar a Dios a los tribunales (9,3)
pero, desafortunadamente, siendo el encausado y el juez la misma persona, ¿qué posibilidades tiene de obtener justicia? Otras veces, Job
mismo es el encausado que tiene que responder, pues en ello le va la vida (9,14). La impotencia de nuestro héroe se va haciendo cada vez
más patente, sobre todo frente al abrumador poder creador de Dios.
A pesar de todo, el lenguaje de Job se hace progresivamente más atrevido y franco. No puede ser justificado (declarado inocente), cuando
el encausado y el juez son la misma y tan poderosa persona. No sabe qué hacer ni qué decir, pues diga lo que diga no va a servir para nada.
A lo largo de los versículos que siguen, la abundancia de preguntas condicionales muestran a un Job perplejo, tanteando una u otra posible
vía de salida.
La vida de Job se va consumiendo rápidamente, con la velocidad de un corredor o de un barco navegando por el Nilo o de un águila en la
trayectoria de su vuelo. No puede salir victorioso de la contienda. Y aun en el caso de que lograra limpiar su reputación, Dios simplemente
volvería a mancharla de nuevo (9,25-31).
Olvidado por sus amigos, Job desearía encontrar una tercera persona, un árbitro imparcial (cfr. 16,19; 19,25) que estableciera justicia entre
Dios y él, pero sabe que esto es imposible. Presa de la desesperación, comienza de nuevo a aborrecer la vida (9,33-35b).
Job recurre de nuevo a las lamentaciones. A falta de otra cosa que decir, desea, al menos, desahogar su queja (como en 7,10): «qué
tienes contra mí» (10,2). Job apela a la memoria de Dios, recordándole aquellos días felices en que el creador lo formó, al igual que un
alfarero o artesano de quesos o un sastre que realiza su trabajo con cuidado y maestría (10,9-12). ¿Por qué Dios lo persigue ahora,
acorralándolo como a un animal salvaje? (10,16). Como en 3,11 y 7,15, invoca de nuevo a la muerte de la cual no se regresa (10,18-22).
y venda los ojos a sus gobernantes:
¿quién sino él lo hace?
25
Mis días corren más que un correo
y se escapan sin haber probado la felicidad;
26
se deslizan como ligeras canoas,
como águila que se abate sobre la presa.
27
Y si me digo: Olvidaré mi tristeza,
pondré buena cara,
28
temo toda clase de desgracias,
sabiendo que no me perdonará.
29
Y si soy culpable, ¿de qué sirve que me esfuerce?
30
Aunque me frotara con jabón
y me lavara las manos con lejía,
31
me hundirías en el fango
y mis vestidos me darían asco.
32
Dios no es un hombre como yo para decirle:
Vamos los dos a un tribunal.
33
No hay un árbitro entre nosotros
que pueda tener autoridad sobre ambos
34
y apartar de mí su látigo,
para que no me enloquezca con su terror.
35
Así hablaría sin miedo;
de lo contrario no soy dueño de mí mismo.

10 asíEstoy
1
hastiado de la vida:
que voy a dar rienda suelta a mis quejas
desahogando la amargura de mi alma.
2
Pediré a Dios: No me condenes,
hazme saber qué tienes contra mí.
3
¿Te parece bien oprimirme y despreciar la obra de tus manos,
mientras favoreces los planes del malvado?
4
¿Tienes ojos de carne
o ves como ven los hombres?
5
¿Son tus días como los de un mortal
y tus años como los de un hombre
6
para que busques mi culpa
y examines mi pecado,
7
aunque sabes que no soy culpable
y que nadie me librará de tus manos?
8
Tus manos me formaron, ellas modelaron
todo mi contorno, ¿y ahora me aniquilas?
9
Recuerda que me hiciste de barro,
¿y me vas a devolver al polvo?
10
¿No me derramaste como leche?,
¿no me cuajaste como queso?,
11
¿no me forraste de carne y piel?,
¿no me tejiste de huesos y tendones?,
12
¿no me otorgaste vida y favor
y tu providencia no custodió mi espíritu?
13
Y con todo, algo te guardabas:
ahora sé que pensabas esto:
14
que si pecaba, me estarías vigilando
y no me dejarías sin castigo;
15
que si era culpable, ¡ay de mí!;
que si era inocente, tampoco levantaría cabeza,
lleno de vergüenza y embriagado de miserias;
16
que si la levantaba, me darías caza como a un león,
repitiendo tus proezas contra mí,
17
renovando tus ataques contra mí,
redoblando tu cólera contra mí,
tus tropas de relevo sobre mí.
18
Entonces, ¿por qué me sacaste del vientre?
Pude haber muerto sin que unos ojos me vieran,
19
y ser como si no hubiera existido,
conducido del vientre al sepulcro.
20
¡Qué pocos son mis días!
Que Dios acabe y se aparte de mí,
y tendré un instante de alegría,
21
antes de partir, para no volver,
al país de tinieblas y sombras,
22
a la tierra de la oscuridad y el desorden,
donde la misma claridad es sombra.

Primer discurso de Sofar16

11
1
Sofar de Naamat habló a su vez y dijo:
2
¿Va a quedar sin respuesta tal palabrería?,
¿va a tener razón el charlatán?
3
¿Hará callar a otros tu palabrería?,
¿te burlarás sin que nadie te confunda?
4
Tú has dicho: Mi doctrina es limpia,
soy puro ante tus ojos.
5
Pero que Dios te hable,
que abra los labios para responderte:
6
él te enseñará secretos de sabiduría,
muy difíciles de entender, y sabrás
que aun parte de tu culpa te perdona.
7
¿Pretendes conocer la profundidad de Dios
o abarcar la perfección del Todopoderoso?
8
Es más alta que el cielo: ¿qué vas a hacer tú?;
es más honda que el abismo: ¿qué sabes tú?;
9
es más larga que la tierra
y más ancha que el mar.
10
Si se presenta y encarcela y cita a juicio,
¿quién se lo puede impedir?
11
Él conoce a los hombres falsos;
si ve la maldad, ¿no la sabrá discernir?
12
Pero el necio se volverá sabio
cuando el asno salvaje se domestique.
13
En cuanto a ti, si diriges tu corazón a Dios,
y extiendes las manos hacia él;
14
si alejas tu mano de la maldad,
y no alojas en tu tienda la injusticia,
15
entonces podrás alzar la frente sin mancha,
acosado, no sentirás miedo,
16
olvidarás tus desgracias
o las recordarás como agua que pasó;
17
tu vida resurgirá como un mediodía,
tus tinieblas serán una aurora;
18
tendrás tranquilidad en la esperanza,
mirarás alrededor y te acostarás tranquilo,
19
descansarás sin que nadie te asuste,
y muchos buscarán tu favor.
20
Pero a los malvados se les ciegan los ojos,
no encuentran escapatoria,

16
11,1-20. Primer discurso de Sofar. El ataque con que abre Sofar su discurso hace aparecer el de Bildad, por comparación,
comedido y cortés (8,2). ¿Cómo es posible que el que más habla sea declarado inocente? (2). Contrariamente a 11,4, Job no ha pretendido
enseñar nada a nadie, sólo ha querido dar voz a su confusión y a su pena ante los oídos sordos de sus amigos.
Censurando a Job por mostrarse tan seguro de sí mismo sin respetar el misterio de la sabiduría (7-17), Sofar revela su pretendida
seguridad y la ignorancia de los límites de su propia sabiduría. Su consejo podría resumirse así: olvídate de esas ideas tan radicales, reza tus
oraciones y enmienda tu vida (13s).
Si Job lo hace, de acuerdo con la doctrina de la retribución de su amigo, gozará de una próspera existencia y encontrará, por fin, la paz.
También recobrará el honor, sus virtudes serán reconocidas y muchos acudirán a él pidiendo su intercesión (19b). La ironía del consejo está
en que al final (42,8s) serán precisamente los amigos los que implorarán la intercesión de Job.
y el último suspiro será su única esperanza.
Respuesta de Job a Sofar17

12 Respondió
1
Job:
2
¡Qué gente tan importante son,
con ustedes morirá la sabiduría!,
3
pero también yo tengo inteligencia
y no soy menos que ustedes:
¿quién no sabe todo eso?
4
Soy el hazmerreír de mi vecino,
yo, que llamaba a Dios y me escuchaba;
5
soy una antorcha que el satisfecho no aprecia,
pero que sirve a los pies que vacilan.
6
Mientras tanto hay paz en las tiendas de los bandidos,
y viven tranquilos los que desafían a Dios,
pensando que lo manejan a su antojo.
7
Pregunta a las bestias y te instruirán,
a las aves del cielo y te informarán,
8
a los reptiles del suelo y te darán lecciones,
te lo contarán los peces del mar:
9
con tantos maestros, ¿quién no sabe
que la mano del Señor lo ha hecho todo?
10
En su mano está la respiración de los vivientes
y el aliento de la carne de cada uno.
11
¿No distingue el oído las palabras
y no saborea el paladar los manjares?
12
¿No está en los ancianos la sabiduría
y la prudencia en los viejos?
13
Pues él posee sabiduría y poder,
la inteligencia y la prudencia son suyas.
14
Lo que él destruye nadie lo levanta;
si él aprisiona, no hay escapatoria;
15
si retiene la lluvia, viene la sequía;

17
12,1–14-22 Respuesta de Job a Sofar. Indiferente a la acusación de Sofar, Job se lanza a lo que será su discurso más largo, con
excepción de los capítulos 29–31. El capítulo 12 abunda en ideas y terminología sapienciales; el 13, en expresiones legales; el 14, en
lamentaciones.
En una cultura del honor y la vergüenza, «lo que diga la gente» es muy importante, y así, en 12,4-6 Job manifiesta cómo sus desventuras
le han traído el deshonor y la desgracia al convertirse en la burla y el menosprecio de sus vecinos y allegados. En 8,8-10 Bildad había apelado
a la autoridad de la tradición transmitida por los antepasados. Aquí Job hace una parodia de esta tradición, apelando a su vez a los estúpidos
animales, los cuales saben muy bien lo que, por lo visto, sus amigos desconocen: que la desgracia no está siempre conectada a una mala
conducta. El proverbio citado en 12,11 subraya que la sabiduría tradicional debe ser sometida a examen por la experiencia, al igual que la
boca paladea el alimento.
Elifaz ha hablado antes (5,10-13) del Dios que crea. Aquí (12,13-25), Job habla del Dios que introduce el caos en el mundo natural (12,15;
19,21s), haciéndose eco de la historia del diluvio universal (Gn 6-8). También en la sociedad humana, el orden social (es decir, la justicia)
depende del sabio gobierno de los reyes, consejeros y jueces (12,17; 18,20). El poder y la fuerza de Dios se conjugan con su sabiduría y su
prudencia (12,13-16); el problema está en que no podemos imaginar cómo, por eso los mortales nos movemos a tientas en la oscuridad
(12,24s).
De nuevo, Job quiere llevar a Dios ante los tribunales (13,3). En una cultura oral, las palabras constituyen el verdadero tejido de la
sociedad y esto alcanza su máxima expresión en la formalidad de un tribunal de justicia. Ésta es la razón por la que el Antiguo Testamento
hace hincapié en la obligación de dar testimonio fidedigno (Éx 20,16) y en la necesidad de la comparecencia de dos o tres testigos para
establecer legalmente una acusación (Dt 19,15).
Job tiene ciertamente tres testigos, pero su testimonio, ¡es falso! ¿Se piensan acaso que están sirviendo a Dios con su falsedad? ¿Están
mintiendo para hacer un favor a Dios o para defenderse a sí mismos y a su segura teología? –He aquí una buena pregunta para los ministros
de la pastoral–. Los versículos 13,9-11 anticipan lo que va a suceder en 42,7-9.
Para demostrar que las palabras de su amigo ni le han intimidado ni reducido al silencio, Job afirma que está dispuesto a defender su causa
ante el mismo Dios y, ¡salir con vida! Esto demostrará que tiene razón, pues los pecadores no pueden vivir en su presencia (13,16). Job se
dirige, pues, a Dios (13,20-27) y le dice con osadía que, sin condiciones, un debate con Él lo tiene ya perdido de antemano. Dios debe
prometer a Job no abrumarlo con su divino poder («mano») que deja desarmado e impotente a todo aquel a quien toca (cfr. Éx 23,27). Con
esa condición Job aceptaría comparecer como acusado (13,22a) o bien como demandante (13,22b).
Job se da cuenta de esta insensata confianza y rápidamente vuelve a lamentarse. Se encuentra en un callejón sin salida: Dios está o
demasiado lejos (13,24a) o demasiado cerca (13,24b). Su situación viene gráficamente expresada (en hebreo) con un juego de palabras: Dios
está tratando a Job (´ivyob) como a un enemigo (óyeb), y ésta es la fuente de su pena constante.
Ciertamente no puede considerarse sin pecado (13, 26), pero cualquiera que sea su falta, no es para merecer esto. Su lamento desvela el
lado oscuro de la existencia, deteniéndose en dos aspectos: la vida humana es frágil y transitoria (14,1-6) y no hay esperanza de vida
después de la muerte (14,7-22). Morimos, y ahí termina todo. Solamente el dolor corporal y la zozobra interna acompañan al afligido en su
soledad (14,18-22).
Con esta lúgubre nota de desesperación termina la primera serie de discursos. Para los amigos es la justicia de Dios lo que está en juego;
para Job, la integridad de su experiencia. Aquellos han tomado el partido de Dios, o mejor, de sus ideas acerca de Dios, que son las que
frecuentemente las «personas piadosas» confunden con el verdadero Dios. Job se aferra a su experiencia y, lo que es peor, se niega a
quedarse callado.
si la suelta, se inunda la tierra.
16
Él posee fuerza y eficacia,
suyos son el engañado y el que engaña,
17
convierte en imprudentes a los sabios
y hace enloquecer a los gobernantes,
18
despoja a los reyes de sus insignias
y les ata una soga a la cintura,
19
hace imprudentes a los sacerdotes
y trastorna a los nobles,
20
quita la palabra a los consejeros
y priva de sensatez a los ancianos,
21
arroja desprecio sobre los señores
y pone fin a la prepotencia de los robustos;
22
revela lo más hondo de las tinieblas
y saca a la luz las sombras,
23
levanta pueblos y los arruina,
engrandece naciones y las destruye,
24
quita el talento a los jefes
y los extravía por una inmensidad sin caminos;
25
van a tientas en densa oscuridad
y los hace tambalear como borrachos.

13
1
Todo eso lo han visto mis ojos,
lo han oído mis oídos, y lo comprendo:
2
lo que ustedes saben yo también lo sé,
y no soy menos que ustedes.
3
Pero yo quiero dirigirme al Todopoderoso,
deseo discutir con Dios,
4
mientras ustedes cubren todo con mentiras
y son unos médicos matasanos.
5
¡Ojalá se callaran del todo,
eso sí que sería saber!
6
Por favor, escuchen mi defensa,
pongan atención a las razones de mis labios;
7
¿o es que intentan defender a Dios
con mentiras e injusticias?
8
¿Quieren ponerse de parte de Dios
o convertirse en sus abogados?
9
¿Qué pasaría si Dios los examinara?,
¿intentarían engañarlo como a un hombre?
10
Si a escondidas son parciales,
él los castigará severamente.
11
¿No los atemoriza su majestad,
no los aplasta su terror?
12
Sus argumentos son proverbios polvorientos,
y sus razones son arcilla.
13
Guarden silencio, que voy a hablar yo:
pase lo que pase,
14
arriesgaré todo,
me jugaré la vida,
15
y aunque intente matarme, lo esperaré,
con tal de defenderme en su presencia;
16
eso sería ya mi salvación,
porque el impío no se presenta ante él.
17
Escuchen atentamente mis palabras,
pongan atención a mis razones:
18
he preparado mi defensa
y sé que soy inocente.
19
¿Quiere alguien pleitear conmigo?
Porque callar ahora sería morir.
20
Concédeme, Dios, estas dos cosas
y no me esconderé de tu presencia:
21
que mantendrás lejos de mí tu mano
y que no me espantarás con tu terror;
22
después acúsame y yo te responderé,
o hablaré yo y tú me replicarás.
23
¿Cuántos son mis pecados y mis culpas?
Demuéstrame mis delitos y pecados.
24
¿Por qué ocultas tu rostro
y me tratas como a tu enemigo?,
25
¿por qué asustas a una hoja que se lleva el viento
y persigues la paja seca?
26
Apuntas en mi cuenta rebeldías,
me achacas pecados de mi juventud
27
y me pones cadenas en mis pies,
vigilas todos mis pasos
y examinas mis huellas.
28
Así este hombre se desgasta como un leño podrido,
como vestido destruido por la polilla.

14
1
El hombre nacido de mujer,
de vida breve, lleno de inquietudes;
2
como flor se abre y se marchita,
huye como la sombra sin parar.
3
¿Y en uno así clavas los ojos
y me llevas a juicio contigo?
4
¿Quién sacará pureza de lo impuro?
¡Nadie!
5
Si sus días están contados
y sabes el número de sus meses,
si le has puesto un límite infranqueable,
6
aparta de él tu vista y déjalo
hasta que complete, como jornalero, su jornada.
7
Un árbol tiene esperanza:
aunque lo corten, vuelve a rebrotar
y no deja de echar renuevos;
8
aunque envejezcan sus raíces en tierra
y el tronco se esté pudriendo en el suelo,
9
al olor del agua reverdece
y echa follaje como planta joven.
10
Pero el varón muere y queda inmóvil,
¿adónde va el hombre cuando expira?
11
Falta el agua de los lagos,
los ríos se secan y aridecen:
12
así el hombre se acuesta y no se levanta;
pasará el cielo y él no despertará
ni se levantará de su sueño.
13
¡Ojalá me guardaras en el Abismo,
escondido mientras pasa tu cólera,
y fijaras un plazo para acordarte de mí!
14b
Cada día de mi servicio esperaría
que llegara mi relevo;
15
con nostalgia por la obra de tus manos
tú me llamarías y yo respondería;
16
en lugar de contar mis pasos, como ahora
dejarías de vigilar mi pecado,
17
guardarías en una bolsa bien cerrada mis delitos
y limpiarías mis culpas.
18
Una montaña se inclina y se derrumba,
una roca se mueve de su sitio,
19
el agua desgasta las piedras,
la lluvia arrastra las tierras,
y tú destruyes la esperanza del hombre.
14a
Muerto el hombre, ¿puede revivir?
20
Lo aplastas para siempre y se va,
le desfiguras el rostro y lo expulsas.
21
Sus hijos se enriquecen sin que él se entere,
se arruinan sin que él lo advierta.
22
Sólo siente el tormento de su carne,
sólo siente la pena de su alma.

SEGUNDA SESIÓN DE DISCURSOS

Segundo discurso de Elifaz18

15
1
Elifaz de Temán habló a su vez y dijo:
2
¿Responde un sabio con doctrina falsa
o llena su pecho de puro viento?
3
¿Usa argumentos sin valor
o palabras sin sentido?
4
Tú, en cambio, destruyes aun el temor de Dios
y eliminas la oración;
5
tus culpas inspiran tus palabras
y adoptas el lenguaje de la gente astuta.
6
Te condena tu boca, no yo;
tus labios atestiguan contra ti.
7
¿Has sido el primer hombre en nacer?,
¿te engendraron antes que a las colinas?
8
¿Escuchas acaso los secretos de Dios?,
¿has acaparado la sabiduría?
9
¿Qué sabes que nosotros no sepamos?,
¿qué entiendes que no entendamos?
10
Entre nosotros hay canas venerables,
alguien más anciano que tu padre.
11
¿Te parecen poco los consuelos de Dios
y la palabra suave que se te insinúa?
12
¡Cómo te arrebata la pasión
y se te saltan los ojos!
13
Vuelves contra Dios tu furor,
soltando protestas por la boca.
14
¿Cómo puede el hombre ser puro
o inocente el nacido de mujer?
15
Ni aun a sus ángeles los encuentra fieles
ni el cielo es puro a sus ojos;
16
¡cuánto menos el hombre, detestable y corrompido,
que se bebe como agua la maldad!
17
Escúchame, que voy a hablarte,
voy a contarte lo que he visto,
18
lo que los sabios proclamaron sin ocultarlo,
recibido de sus antepasados;
19
a ellos solos les dieron el país
y ningún extranjero lo recorrió con ellos.
20
El malvado pasa la vida entre tormentos,
son pocos los años reservados para el tirano;

18
15,1–21,34 Segunda sesión de discursos.
15,1-35 Segundo discurso de Elifaz. Al principio (4s), Elifaz se mostraba respetuoso, ahora cambia de tono. Job no habla con
prudencia, es más, está completamente loco. Su misma boca, lengua y labios –todos los órganos de la palabra (5s) lo condenan–.
Continuando su ataque contra la pretendida sabiduría de Job, Elifaz le pregunta con sarcasmo si es un místico o un sabio primordial (cfr. Ez
28,11-19), engendrado de una manera especial antes de la creación (7). La misma imagen, con casi idénticas palabras, es aplicada en Prov
8,25b a la figura personificada de la sabiduría de Dios. ¿Acaso Job ha tenido acceso al Consejo de Dios? (8). La ironía está en que
precisamente allí, en el Consejo de Dios, es donde comenzaron los problemas de Job.
Elifaz se incluye a sí mismo entre los sabios, ancianos de cabello blanco (10a). El versículo 10b sugiere que quizás Job no fuera tan entrado
en años como comúnmente se lo retrata. Si después engendrará hijos e hijas, debe rondar ahora en la mediana edad. Elifaz apela a la
tradición antigua (17s; cfr. 8,8), y lanza una seria advertencia sobre el destino de los malvados (17-35), concluyendo con un comentario
proverbial contra la futilidad de la insensatez (30-35).
21
escucha ruidos que lo espantan,
cuando está más tranquilo, lo asaltan los bandidos;
22
no espera escapar de las tinieblas
porque está reservado para la espada;
23
lo arrojan como pasto a los buitres,
sabe que su desgracia es inminente;
24
el día oscuro lo aterroriza,
la angustia y la inquietud lo asaltan,
como un rey dispuesto al ataque.
25
Porque extendió la mano contra Dios
y desafió al Todopoderoso,
26
arremetió ciegamente contra él
protegido por un escudo macizo y abollonado;
27
porque iba engordando su cara
y los muslos se le hinchaban de gordura,
28
habitará ciudades abandonadas,
casas inhabitables que amenazan ruina.
29
Ya no será rico ni durará su fortuna
ni bajarán al sepulcro sus posesiones
30
ni escapará de las sombras;
el calor quemará sus brotes
y el viento arrebatará sus flores.
31
Que no se engañe confiando en la mentira,
pues se lo pagarán con mentira;
32
antes de tiempo se marchitará su follaje
y no volverán a verdear sus ramas;
33
será como una parra cuyas uvas no maduran,
como olivo que sacude sus flores.
34
La banda de los impíos es estéril,
el fuego devorará las tiendas de los deshonestos.
35
Concibe miseria y da a luz desgracia,
en su vientre lleva la mentira.
Respuesta de Job a Elifaz19

16
1
Respondió Job:
2
He oído ya mil discursos semejantes,
todos ustedes son unos consoladores inoportunos.
3
¿No hay límite para los discursos vacíos?
¿Qué te impulsa a replicar?
4
¿Hablaría yo como ustedes
si ustedes estuvieran en mi lugar?
¿Compondría discursos contra ustedes
moviendo burlonamente la cabeza?
5
¿Los reconfortaría con la boca?,
¿o la compasión frenaría mis labios?
6
Pero aunque hable, no se alivia mi dolor,
aunque calle, no se aparta de mí,
7
y al fin Dios ha acabado con mis fuerzas,
su guardia me ha prendido
8
y se levanta a testimoniar contra mí
acusándome en falso en mi cara.
9
El furor de Dios me ataca y me desgarra,
19
16,1–17,16 Respuesta de Job a Elifaz. Job se impacienta. Le gustaría que sus amigos estuviesen en su situación para
administrarles la misma medicina. En el lenguaje típico de las lamentaciones (cfr. Sal 22,7-9,13s; 17,22) habla del acoso de sus enemigos. A
veces, su pensamiento divaga entre el cielo y la tierra, ya dirigiéndose a Dios, ya a sus amigos. Job reacciona no con expresiones de
arrepentimiento sino con gestos de dolor y de pesadumbre (16,15; cfr. 1,20), como quien siente la muerte cercana (16,18–17,2).
Existía la creencia en el Antiguo Testamento de que la sangre de una víctima inocente clamaba desde la tierra pidiendo justicia –por
ejemplo, la sangre de Abel (Gn 4,10)–. Job espera que después que la muerte haya cerrado sus labios, su sangre siga gritando. Antes,
olvidado de sus amigos, buscaba un árbitro entre él y Dios; ahora espera un testigo, un intercesor allá arriba (16, 19), seguramente un
miembro del Consejo celestial que, contrariamente a lo que hizo Satán, interceda a su favor.
El texto hebreo de 17,3-10, no es muy claro; parece como si Job pidiera a Dios que permita a alguno de sus consejeros hacerse cargo de
su defensa, como acontece en los juicios (cfr. Gn 38,17; Dt 24,6-17). Pero no hay ninguno. Definitivamente se ha convertido en el escarnio de
todos; su destino es la vergüenza. Olvidado, solo, burlado, su pensamiento retorna a la muerte (17,11-16), presentada con una serie de
imágenes negativas: el país de los difuntos (17,13-16), oscuridad (17,13), corrupción y gusanos (17,14), polvo (17,16).
rechina los dientes contra mí
y me clava sus ojos agresivos.
10
La gente abre la boca para acusarme, me abofetean con desprecio,
todos se confabulan contra mí.
11
Dios me entrega a los malvados,
me arroja en manos criminales.
12
Vivía yo tranquilo cuando me destrozó,
me agarró por la nuca y me descuartizó,
hizo de mí su blanco;
13
de todos lados me dispara,
me atravesó los riñones sin piedad
y derramó por tierra mi hiel;
14
me abrió herida tras herida
y me asaltó como un guerrero.
15
Me he cosido un sayal sobre la piel
y he hundido mi frente en el polvo.
16
Tengo la cara enrojecida de llorar
y la sombra me rodea los párpados;
17
aunque en mis manos no hay violencia
y es sincera mi oración.
18
¡Tierra, no cubras mi sangre!
¡No se detenga mi pedido de justicia!
19
En el cielo está mi testigo,
en la altura mi defensor,
20
el que interpreta mis pensamientos ante Dios:
a él alzo los ojos llorosos;
21
que juzgue entre este mortal y Dios,
como se juzga un pleito entre los humanos;
22
porque mis años están contados
y emprenderé el viaje sin retorno.

17
1
Se me turba la mente, mis días se apagan,
me espera el sepulcro:
2
sólo burlas me acompañan
y estoy harto de provocaciones.
3
Sé tú mi garante ante ti mismo,
¿quién, si no, responderá por mí?
4
Tú has cerrado su mente al razonamiento
y no los dejarás triunfar.
5
Si alguien denuncia al prójimo para despojarlo,
a sus hijos se les consumirán los ojos.
6
Me ha hecho objeto de burla para la gente,
como alguien a quien se escupe en la cara;
7
mis ojos se consumen irritados
y mis miembros son todos como sombra.
8
Los justos se asombran al verlo
y el inocente se indigna contra el malvado;
9
pero el justo se afirma en su camino
y el de manos puras fortalece su ánimo.
10
Vengan todos, vuelvan:
que entre ustedes no encontraré un sabio.
11
Pasan mis días, fracasan mis planes,
y las aspiraciones de mi corazón,
12
pero ustedes convierten la noche en día,
en luz cercana la tiniebla presente.
13
¡Nada espero! El Abismo es mi casa,
me hago la cama en las tinieblas,
14
a la podredumbre la llamo madre,
a los gusanos padre y hermanos.
15
¿Dónde ha quedado mi esperanza?
Mi esperanza, ¿quién la ha visto?
16
Bajará a las puertas del Abismo
cuando nos hundamos juntos en la tierra.
Segundo discurso de Bildad20

18
1
Bildad de Suj tomó la palabra y dijo:
2
¿Cuándo pondrás freno a las palabras?
Reflexiona y luego hablaremos.
3
¿Por qué nos consideras unas bestias
y nos tratas como estúpidos?
4
Tú que te destrozas con tu enojo,
¿va a despoblarse la tierra por tu causa
o a moverse la roca de su sitio?
5
La luz del malvado se apaga
y no brilla la llama de su hogar,
6
se oscurece la luz de su tienda
y se le apaga la lámpara,
7
se acortan sus pasos vigorosos
y sus propios proyectos lo derriban;
8
sus pies lo llevan a la trampa
y camina entre redes,
9
un lazo lo engancha por los tobillos
y la trampa se cierra sobre él.
10
Hay nudos escondidos en el suelo
y trampas en su senda.
11
Lo rodean temores que lo espantan,
lo persiguen a cada paso;
12
su vigor desaparece
y la desgracia se pega a su costado,
13
la enfermedad, hija preferida de la muerte, corroe su piel,
devora sus miembros.
14
Lo arrancan de la paz de su tienda
para conducirlo al Rey de los terrores;
15
prenden fuego a su tienda
y esparcen azufre en sus posesiones;
16
por debajo sus raíces se secan,
por arriba su ramaje se marchita.
17
Su recuerdo se acaba en el país
y se olvida su nombre en la región;
18
expulsado de la luz a las tinieblas,
desterrado del mundo,
19
sin familia ni descendencia entre su pueblo,
sin un superviviente en su territorio.
20
De su destino se espantan los de occidente
y los de oriente se horrorizan.
21
¡Tal es la morada del malvado,
el lugar del que no reconoce a Dios!

Respuesta de Job a Bildad21

20
18,1-21 Segundo discurso de Bildad. Tras unas breves palabras de reproche, Bildad prorrumpe en una extensa descripción de la
suerte de los malvados (cfr. 15, 20-35). Usa seis términos diferentes del argot de la caza, cuya significación no es muy clara. Las alusiones a
la tienda destruida (14b-15) o a morir sin descendencia (16-19) probablemente se hacen eco de las aflicciones de Job en el capítulo primero.
En aquel tiempo, a falta de una esperanza de vida después de la muerte, la sola supervivencia a la que se podía aspirar era el nombre y la
memoria que preservarían los descendientes. Sin ellos, era como si la persona jamás hubiera existido. No se podía imaginar destino peor
(18s).
21
19,1-29 Respuesta de Job a Bildad. Job comienza con una típica pregunta de las lamentaciones: «¿Hasta cuando?». Las «diez
veces» del versículo 3 hay que tomarlas en el sentido de «a menudo y repetidamente». Aunque no muy claro textualmente, los versículos 4s
19
1
Respondió Job:
2
¿Hasta cuándo seguirán entristeciéndome
y aplastándome con palabras?
3
Ya van diez veces que me insultan
y me maltratan desvergonzadamente.
4
Si es que he cometido un error,
con ese error me quedo yo.
5
¿O es que quieren cantar victoria
echándome en cara mi desgracia?
6
Sepan que es Dios el que me ha trastornado
envolviéndome en sus redes.
7
Grito: ¡Violencia!, y nadie me responde;
pido socorro y no me defienden.
8
Él me ha cerrado el camino y no tengo salida,
ha llenado de tinieblas mi sendero,
9
me ha despojado de mi honor
y me ha quitado la corona de la cabeza;
10
ha demolido mis muros y tengo que marcharme,
ha sacado de raíz mi esperanza como un árbol.
11
Ardiendo en ira contra mí,
me considera su enemigo.
12
Llegan en masa sus escuadrones,
se abrieron camino hasta mí
y han acampado cercando mi tienda.
13
Mis hermanos se alejan de mí,
mis parientes me tratan como a un extraño,
14
me abandonan vecinos y conocidos
y me olvidan los huéspedes de mi casa;
15
mis esclavas me tienen por un extraño,
les resulto un desconocido;
16
llamo a mi esclavo y no me responde
y hasta tengo que rogarle.
17
A mi mujer le repugna mi aliento
y mi hedor a mis propios hijos,
18
aun los chiquillos me desprecian
y me insultan apenas me levanto;
19
mis íntimos me aborrecen,
los más amigos se vuelven contra mí.
20
Se me pegan los huesos a la piel,
y a duras penas sigo con vida.
21
¡Piedad, piedad de mí, amigos míos,
que me ha herido la mano de Dios!
22
¿Por qué me persiguen como lo hace Dios
y no se cansan de atormentarme?

implican: «aunque yo sea culpable, éste es mi problema, y ustedes no tienen derecho a alegrarse a costa del sufrimiento ajeno». Como para
dejar constancia, Job afirma de nuevo que Dios le está tratando injustamente (6), mencionando las veces que se ha comportado así con él (7-
14). No sólo le ha abandonado Dios, también sus amigos y familiares (13-22). Se encuentra solo y avergonzado. El exacto sentido del
versículo 10 no es muy claro, pero debe significar algo así como «he sido reducido a tal extremo que apenas me mantengo vivo».
Solo y cercano a la muerte, Job se aferra a la última esperanza que le queda de reivindicar su causa (23-29). Desea que su declaración de
inocencia sea esculpida en piedra para que hable por él después de su muerte (23s). Seguidamente (25-27) busca otra clase de
reivindicación, pero, ¿cuál?, ¿cuándo?
Nos encontramos ante unos de los más famosos y difíciles versículos del libro (25). El «defensor» –algo así como nuestro «Defensor del
Pueblo»– era un oficio de la sociedad tribal que llevaba consigo la obligación de defender y proteger a los miembros más débiles de la familia.
Aunque sus funciones eran varias (cfr. Lv 25,23s; 47-55; Dt 25,5-10; Rut 4,1-6), la primera obligación del «Defensor» era mantener la unidad
vital de la familia o de la tribu.
Job acaba de decir que todos sus amigos y afines le han olvidado; ahora se aferra al último hilo de esperanza: a lo mejor le queda algún
familiar por ahí que aparezca, se presente en el tribunal y reivindique su inocencia.
¿Quién es ese defensor? Algunos comentaristas opinan que es Dios; otros, más convincentemente, opinan que se trata de una tercera
persona que, junto a Job, pueda hacer frente al que es al mismo tiempo juez, acusador y ejecutor, es decir, a Dios. Pero, ¿cuándo ocurrirá
esto?
San Jerónimo en su traducción de la Vulgata –de donde lo ha tomado Hendel para su Messiah– afirma que eso ocurrirá en el día de la
resurrección, pero tal versión va en contra de la posición que se mantiene a lo largo de todo el libro: no hay vida después de la muerte (cfr.
14,10-22). Job parece que se aferra a un posible rescate de última hora, mientras está aún vivo. Éste es, al menos, su ardiente deseo (26b).
Dado el estado confuso del texto cualquier interpretación es tentativa.
Job termina con una advertencia –y previsión–. Los que persisten en condenarlo serán finalmente sometidos, ellos mismos, a juicio (28s;
cfr. 42,7-9).
23
¡Ojalá se escribieran mis palabras,
ojalá se grabaran en cobre,
24
con cincel de hierro y con plomo
se escribieran para siempre en la roca!
25
Yo sé que está vivo mi defensor
y que al final se alzará sobre el polvo:
26
después de que me arranquen la piel,
ya sin carne veré a Dios;
27
yo mismo lo veré, no como extraño,
mis propios ojos lo verán.
¡El corazón se me deshace en el pecho!
28
Y si dicen: ¿Cómo vamos a perseguirlo?
¿qué pretexto encontraremos para procesarlo?
29
Teman la espada para ustedes,
porque la espada será el pago de las culpas,
y entonces sabrán que hay un juez.
Segundo discurso de Sofar22

20
1
Sofar de Naamat habló a su vez y dijo:
2
Mis pensamientos me impulsan a responder,
pues me siento inquieto.
3
Acabo de escuchar una lección humillante,
y un soplo de mi inteligencia me hace contestar.
4
¿No sabes que es así desde siempre,
desde que pusieron al hombre en la tierra,
5
que el júbilo de los malvados es pasajero
y la alegría del impío dura un instante?
6
Aunque su ambición suba hasta el cielo
y toque con la cabeza en las nubes,
7
perecerá para siempre, como estiércol,
y los que lo veían preguntan: ¿Dónde está?
8
Cruza como un sueño, y no lo encuentran,
se disipa como visión nocturna,
9
los ojos que lo miraban no lo vuelven a ver,
desaparecerá del lugar que ocupaba.
10
Sus hijos mendigan como pobres,
porque él tuvo que devolver su fortuna.
11
Sus miembros llenos aún de juventud
se acostarán con él en el polvo.
12
Si la maldad era dulce a su boca
y la escondía debajo de la lengua,
13
cuidadosamente, sin soltarla,
reteniéndola contra el paladar,
14
ese manjar en las entrañas se les transforma
en veneno de víbora.
15
Devoró riquezas y las vomitará,
porque Dios se las saca del vientre;
16
chupará veneno de víboras
y lo matará la lengua de la serpiente.
17
No gozará viendo arroyos de aceite,
ríos de leche y miel;
18
devuelve sin usarlo el fruto de sus fatigas
y lo que ganó comerciando no lo disfruta;
19
porque explotó y desamparó a los pobres
y se apropió casas que no había construido;
22
20,1-29 Segundo discurso de Sofar. Como Elifaz (15,17-35) y Bildad (18,5-21), Sofar se apresura a describir el destino de los
malvados. Para contestar a Job, Sofar se apoya, siguiendo el estilo sapiencial, tanto en su reflexión personal (2) como en la tradición
transmitida por los antepasados (4).
Los malvados ignoran a Dios y sus mandamientos y se ponen ellos mismos en el lugar de Dios. Los malvados son orgullosos y arrogantes
(6), pero perecerán para siempre al igual que su estiércol (7). Hablando de la injusticia social (15-19), dice que la avaricia les conduce a
oprimir al pobre y al necesitado (17-22). Pero el gozo de las riquezas mal adquiridas no durará, pues Dios, cual formidable guerrero, asaltará
al malvado con todo el despliegue de su armamento cósmico (23-28).
Si, de verdad, Job está experimentando la ira de Dios, ¿qué otra cosa puede esperar? Éste es el destino de los malvados (29).
20
porque no supo calmar su codicia,
no salvará nada de sus tesoros;
21
nadie escapaba de su voracidad,
por eso no durará su bienestar.
22
De la opulencia caerá en la penuria,
las manos de los desgraciados caerán sobre él.
23
Para que llene su vientre
Dios le enviará el incendio de su ira,
como lluvia que le penetre en las carnes.
24
Si escapa del arma de hierro,
lo atraviesa la flecha de bronce,
25
una flecha le sale por la espalda
y brilla la punta saliendo por el hígado;
el terror se apodera de él.
26
Todas las tinieblas están reservadas para él,
lo devora un fuego no alimentado por hombre,
que destruye lo que aún queda de su tienda.
27
El cielo revela su culpa,
la tierra se levanta contra él.
28
Una inundación se lleva su casa;
quedará destruida en el día de la ira.
29
Esta suerte reserva Dios al malvado,
esta herencia tiene destinada Dios.
Respuesta de Job a Sofar23

21
1
Respondió Job:
2
Escuchen atentamente mis palabras,
concédanme, al menos, este consuelo.
3
Tengan paciencia mientras yo hablo,
y cuando termine, podrán burlarse.
4
¿Acaso me quejo yo de algún hombre
o pierdo la paciencia sin razón?
5
Escúchenme, que de puro asombro
se llevarán la mano a la boca.
6
Cuando lo recuerdo, me horrorizo
y todo mi cuerpo se estremece.
7
¿Por qué siguen vivos los malvados
y al envejecer se hacen más ricos?
8
Su descendencia está segura en su compañía
y ven crecer a sus retoños;
9
sus hogares, en paz y sin temor,
el látigo de Dios no los azota;
10
su toro fecunda sin fallar,
su vaca les pare sin abortar.
11
Dejan correr a sus chiquillos como cabritos,
dejan saltar a sus críos;
12
cantan al son de cítaras y panderos
y se regocijan oyendo la flauta.
13
Así consumen su vida dulcemente
y bajan serenamente al sepulcro.
14
Ellos que decían a Dios: Apártate de nosotros,
que no nos interesan tus caminos.
15
¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos?

23
21,1-34 Respuesta de Job a Sofar. Este discurso de Job es realmente una respuesta a los argumentos de sus amigos, entrando así
en un genuino diálogo con ellos. Contiene numerosas referencias (demasiado para referirlas todas aquí) a lo que ha hablado anteriormente. Si
sus amigos no pueden ofrecerle el beneficio del silencio (13,5), al menos podrían prestar oídos a lo que está diciendo, pues no está hablando
de generalidades sino de su propio sufrimiento personal (5s).
El argumento de sus amigos se ha centrado últimamente en el destino de los malvados. Job lo retoma y lo rechaza. Los malvados no
sufren; al contrario, la mayoría crecen, prosperan y mueren contentos. Es más, ¡se burlan de Dios! (14). Era creencia común de entonces que
los efectos de los pecados de una persona se prolongaban en su familia y descendientes. Puede que sea verdad, dice Job, pero es injusto. El
que peca debe sufrir personalmente el castigo. Lo que ocurra después de que muera, le importa ya muy poco (18-21). Pero no, los malvados
no sufren, al contrario, prosperan y mueren contentos. Así han sido siempre las cosas, lo son y lo serán. Los vanos consejos de sus amigos no
son más que mentiras (34). Así termina la segunda ronda de discursos.
¿Qué sacamos con rezarle?
16
Pero no tienen la dicha en sus manos.
¡El plan de los malvados queda lejos de Dios!
17
¿Cuántas veces se apaga la lámpara del malvado
o cae sobre ellos la desgracia?
¿Cuántas veces la ira de Dios les reparte sufrimientos,
18
y son como paja que empuja el viento,
o como rastrojo que se lleva un huracán?
19
¿Es que Dios reserva el castigo para sus hijos?
–¡Que castigue al malvado para que lo sienta!
20
¡Que vea con sus ojos la desgracia
y beba la cólera del Todopoderoso!
21
¿Qué le importa su casa una vez muerto
cuando se haya cortado la cuenta de sus meses?
22
–¿Se le pueden dar lecciones a Dios,
siendo que Dios gobierna en el cielo?
23
Hay quien llega a la muerte lleno de vigor,
del todo tranquilo y en paz,
24
con sus caderas llenas de grasa
y sana la médula de sus huesos;
25
otro muere lleno de amargura,
sin haber comido nunca bien;
26
y los dos se acuestan juntos en el polvo,
cubiertos de gusanos.
27
Sí, yo sé lo que ustedes piensan
y las ideas perversas que tienen contra mí.
28
Sé que dicen: ¿Dónde está la casa del poderoso,
dónde la morada de los malvados?
29
¿Por qué no se lo preguntan a los que han viajado?
¿No han oído las cosas que ellos cuentan?
30
Que el malvado se salva en la catástrofe
y que el día de la tragedia lo encuentra ausente;
31
que nadie le echa en cara su conducta
ni le dan su merecido;
32
que lo conducen al sepulcro
y se hace guardia junto al mausoleo
33
y hasta la tierra es suave para él.
Todo el mundo en cortejo lo acompaña,
lo sigue una multitud innumerable.
34
¿Y me quieren consolar con palabras vacías?
Sus respuestas son puro engaño.

TERCERA SESIÓN DE DISCURSOS24

24
22,1–27,23 Tercera sesión de discursos. Las primeras dos sesiones de discursos discurren ordenadamente: los amigos hablan y
Tercer discurso de Elifaz25

22
1
Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:
2
¿Puede un hombre ser útil a Dios?,
¿puede un sabio serle útil?
3
¿Qué saca el Todopoderoso de que tú seas justo
o qué gana si tu conducta es honrada?
4
¿Acaso te reprocha el que seas religioso
o te lleva a juicio por ello?
5
¿No será más bien porque es grande tu maldad
y por tus innumerables culpas?
6
Exigías sin razón bienes en garantía a tu hermano,
arrancabas el vestido al desnudo,
7
no dabas agua al sediento
y negabas el pan al hambriento.
8
Como hombre poderoso, dueño del país,
privilegiado habitante de él,
9
despedías a las viudas con las manos vacías y
quebrabas los brazos de los huérfanos.
10
Por eso te cercan lazos,
te espantan terrores repentinos
11
o tinieblas que no te dejan ver
y te sumergen aguas desbordadas.
12
Dios es la cumbre del cielo,
¡y mira que están altas las estrellas!
13
Tú dices: ¿Qué sabe Dios?,
¿puede distinguir a través de los nubarrones?;
14
las nubes lo tapan y no lo dejan ver
y él se pasea por los límites del cielo.
15
¿Quieres tú seguir la vieja ruta
que han seguido los malvados?
16
Ellos murieron muy pronto
como arrebatados por un río crecido.
17
Decían a Dios: Apártate de nosotros,
¿qué puede hacernos el Todopoderoso?
18
Él les había llenado la casa de bienes
y los malvados planeaban sin contar con él.
19
Los justos ven esto y se alegran,
los inocentes se burlan de ellos:
20
¡Se han acabado sus posesiones,
el fuego ha devorado su opulencia!
21
Reconcíliate y ten paz con él
y recibirás bienes;
22
acepta la enseñanza de su boca
y guarda sus palabras en tu corazón.
23
Si te conviertes al Todopoderoso, te restablecerá.
Aleja de tu tienda la injusticia,
24
arroja al polvo tu oro
y tu metal de Ofir entre las piedras del arroyo,
25
y el Todopoderoso será tu oro
y tu plata a montones;

Job responde a cada uno de ellos. La tercera, sin embargo, aparece desordenada y confusa. Elifaz habla y Job responde. El discurso de
Bildad, de solo cinco versículos, está seguramente truncado; Sofar permanece callado. Es más, parte de lo que Job dice parece más apropiado
en boca de sus amigos. Los expertos siguen intentando llegar a una conclusión coherente, pero da la impresión de que Job y sus amigos
están gritando todos al mismo tiempo, lo cual podría ser muy bien el final adecuado de un «diálogo» de sordos acerca del orden cósmico y
moral.
25
22,1-30 Tercer discurso de Elifaz. Elifaz reacciona a la refutación de Job y le acusa de una serie de graves pecados (6-11),
justamente los que suelen cometer los poderosos contra los pobres y desvalidos (8). En el antiguo Medio Oriente las viudas y los huérfanos
eran considerados como los más necesitados de la sociedad, ya que no tenían a nadie que los defendiera en un tribunal de justicia. A lo largo
de todo el Antiguo Testamento, el deber de los poderosos era el de tomar partido por los débiles y desvalidos y establecer así la justicia, no
pervertirla.
Elifaz persiste en su arenga. Por última vez urge a Job a que arregle sus asuntos con Dios (21-30). Si se arrepiente, gozará nuevamente de
la luz de los cuidados de Dios (28); y con esto pone fin a su alegato. Elifaz nos muestra el triste retrato de la degeneración a que puede llegar
la «persona religiosa» cuando confunde sus pobres intentos de conocer a Dios con la misma revelación. Esto ocurre también en nuestros días;
sería ingenuo considerarlo solamente como un problema antiguo.
26
él será tu delicia
y alzarás hacia él el rostro;
27
cuando le supliques, te escuchará,
y tú cumplirás tus promesas;
28
lo que tú decidas se hará,
y brillará la luz en tus caminos.
29
Porque él humilla a los arrogantes
y salva a los que se humillan.
30
Él librará al inocente
y tú te librarás por la pureza de tus manos.
Respuesta de Job a Elifaz26

23
1
Respondió Job:
2
Hoy también me quejo amargamente,
porque su mano agrava mis gemidos.
3
¡Ojalá supiera cómo encontrarlo,
cómo llegar a su tribunal!
4
Presentaría ante él mi causa
con la boca llena de argumentos.
5
Sabría cuál es su respuesta
y comprendería lo que me dice.
6
¿Pleitearía él conmigo usando la fuerza como argumento?
No; más bien tendría que escucharme.
7
Entonces yo discutiría lealmente con él
y ganaría definitivamente mi causa.
8
Pero me dirijo al oriente, y no está allí;
al occidente, y no lo distingo;
9
al norte, y no lo descubro;
se oculta en el sur, y no lo veo.
10
Pero ya que él conoce mi conducta,
que me examine, y saldré como el oro.
11
Mis pies pisaban sus huellas,
seguía su camino sin torcerme;
12
no me aparté de sus mandatos
y guardé en el pecho sus palabras.
13
Pero él no cambia: ¿quién lo hará volver atrás?
Quiere una cosa y la realiza.
14
Él ejecutará mi sentencia
y otras muchas que tiene pensadas.
15
Por eso me aterro en su presencia,
siento miedo de él sólo al pensarlo
16
porque Dios me tiene acobardado,
me ha aterrado el Todopoderoso.
17
¡Ojalá me desvaneciera en las tinieblas
y la oscuridad cubriera mi rostro!

24
1
¿Por qué el Todopoderoso no señala plazos
para que sus amigos puedan presenciar sus intervenciones?
2
Los malvados mueven los linderos,
roban rebaños y los apacientan;
26
23,1–24,25 Respuesta de Job a Elifaz. Job ansía de nuevo poder llevar su caso a un tribunal de justicia. Los versículos 23,3-7
abundan en terminología legal. Curiosamente, Job parece no necesitar un mediador (árbitro, testigo o defensor) sino que está dispuesto a
litigar él mismo su caso, con la seguridad de que podrá probar su inocencia.
Pero las cosas no son tan fáciles. Dios ha desaparecido (23,8s). La ironía de 23,10b es llamativa: nosotros, los lectores, sabemos que Job
está siendo probado, y que al final se le hará justicia, pero mientras tanto Job atraviesa la noche oscura del alma. Ha permanecido
completamente fiel, pero Dios tiene sus caminos misteriosos (23,11-14). Job se pregunta por qué Dios no ha fijado fecha para sentarse en el
tribunal y tomar decisiones (24,1).
Retomando el tema de la injusticia social, Job describe el trabajo de los malvados oprimiendo a los débiles y desvalidos (24,2-4); después,
continúa con una larga descripción de la lucha de los pobres por la supervivencia. De nuevo estamos ante un problema de entonces que se
repite diariamente en nuestras calles de hoy.
La unidad siguiente (24,13-17) es una especie de reflexión sapiencial sobre los dos caminos, el de la luz y el de las tinieblas, haciendo
hincapié en aquellos que aman las tinieblas. Día y noche simbolizan dos opciones de vida. El asesino, el adúltero y el ladrón aman y se
amparan en las tinieblas para cometer sus fechorías. Trastornando el orden natural de las cosas, el anochecer es para ellos como el amanecer
cuando se levantan para comenzar su trabajo.
3
se llevan el asno del huérfano
y toman como garantía el buey de la viuda,
4
Los pobres tienen que apartarse del camino
y los miserables tienen que esconderse.
5
Como burros salvajes del desierto salen los pobres a su tarea,
madrugan para conseguir algo,
y del desierto sacan alimento para sus pequeños;
6
cosechan en campo ajeno
y rebuscan en el huerto del rico;
7
pasan la noche desnudos,
sin ropa con que taparse del frío,
8
los empapa el aguacero de los montes
y, a falta de refugio, se pegan a las rocas.
9
Los malvados arrancan del pecho al huérfano
y dan como garantía al niño del pobre.
10
Andan desnudos por falta de ropa;
cargan el trigo y pasan hambre;
11
exprimen aceite en el molino,
pisan la uva en el lagar, y pasan sed.
12
En la ciudad gimen los moribundos
y piden socorro los heridos,
y Dios no hace caso de su súplica.
13
Otros se rebelan contra la luz,
no conocen sus caminos
ni se acostumbran a sus sendas:
14
al alba se levanta el asesino
para matar al pobre y al indigente;
de noche ronda el ladrón
16a
a oscuras penetra en las casas;
15
el adúltero espera la noche
diciéndose: Nadie me verá,
y se cubre la cara.
16b
Durante el día se encierran,
no quieren nada con la luz;
17
la mañana es oscura para ellos,
acostumbrados a los miedos de las tinieblas.
25
Si no es así, que alguien me desmienta
y reduzca a nada mis palabras.
Tercer discurso de Bildad27

25
1
Bildad de Suj tomó la palabra y dijo:
2
Dios tiene un poder que sobrecoge
e impone paz en las alturas;
3
sus tropas son innumerables,
¿sobre quién no brilla su luz?
4
¿Puede el hombre ser justo frente a Dios?,
¿puede ser puro el nacido de mujer?
5
Si ni siquiera la luna es brillante
ni a sus ojos son puras las estrellas,
6
¡cuánto menos el hombre, ese gusano,
el ser humano, esa lombriz!

27
25,1-6 Tercer discurso de Bildad. Bildad comienza su último alegato alabando al Dios creador que establece la paz en el cielo. Los
versículos siguientes (4-6) vuelven al tema familiar: todos los humanos están corrompidos y llenos de iniquidad (4,17-21; 11,11; 15,14-16).
La pretendida inocencia de Job es simplemente imposible. ¿Una persona humana inocente? No existe semejante cosa. Estas reflexiones sobre
la condición humana son las últimas palabras registradas de los amigos de Job.
26
1
Respondió Job:28
2
¡Qué manera de ayudar al débil,
de salvar al que ya no tiene fuerzas!
3
¡Qué bien has aconsejado al ignorante,
qué gran sabiduría has demostrado!
4
¿A quién has dirigido tus palabras?,
¿quién te ha inspirado para que hables así?
5
Los muertos se estremecen
debajo del mar y de sus habitantes;
6
el Abismo está desnudo a los ojos de Dios,
y sin velos, el reino de la Muerte.
7
Él extiende el cielo sobre el vacío
y colgó la tierra sobre la nada,
8
embolsa el agua en las nubes
y el nubarrón no se revienta con el peso;
9
oscurece la cara de la luna llena
desplegando sobre ella su nube;
10
trazó un círculo sobre la superficie del mar
en la frontera de la luz y las tinieblas.
11
Las columnas del cielo retiemblan,
asustadas cuando él brama;
12
con su poder aquietó el Mar,
con su inteligencia quebrantó el Caos;
13
a su soplo despeja el firmamento,
y su mano traspasó la Serpiente huidiza.
14
Y esto no es más que una parte de sus obras,
lo que hemos oído es apenas un murmullo de él;
el trueno de sus proezas, ¿quién lo comprenderá?

27
1
Job siguió entonando sus versos y dijo:
2
¡Por Dios, que me niega mi derecho,
por el Todopoderoso, que me llena de amargura,
3
mientras haya en mí un soplo de vida
y el aliento de Dios esté en mis narices,
4
mis labios no dirán falsedades
ni mi lengua pronunciará mentiras!
5
¡Lejos de mí darles la razón!
Hasta el último aliento mantendré mi honradez,
6
me aferraré a mi inocencia sin ceder:
la conciencia no me reprocha ni uno de mis días.
7
Que mi enemigo tenga la suerte del culpable
y mi adversario, la del hombre injusto.
Sofar tomó la palabra y dijo:

24 18
Se desliza ligero sobre el agua,
sus bienes están malditos,
y ya no va a trabajar a su viña.
19
Como el calor y la sequía roban el agua a las nieves,

28
26,1–27,23 Respuesta final de Job. Los siguientes dos capítulos son problemáticos; parecen ser más bien el resultado de
fragmentos recogidos y yuxtapuestos. Job comienza con la típica mofa de sus amigos y los increpa con la abundancia de la clásica
terminología sapiencial: consejos, avisos, reflexiones (26,2s). Se han apartado del auténtico camino de la sabiduría al no tomar en
consideración un dato fundamental: la experiencia por la que él, Job, está pasando.
La magnífica descripción de la creación que viene después (26,5-14) podría muy bien ser la continuación del himno de Bildad al Creador
(25,2-6). Tal y como está el texto, parece que Job interrumpiera a Bildad para terminar, él mismo, el himno comenzado por su amigo,
describiendo la actividad creadora de Dios en términos que recuerdan a Gn 1.
Con un solemne juramento, Job continúa, de nuevo, manteniendo su inocencia. Es Dios quien le hace injusticia a él, pero, a diferencia de
sus amigos, Job no servirá a Dios con la mentira y la falsedad (27,4; cfr. 13,7-9). El hecho de que mantenga «mi justicia» no quiere decir que
no haya sido o sea un pecador, sino que su posición es justa y la de sus amigos, falsa (27,6).
Los siguientes versículos (27,7-21) suenan, curiosamente, como fuera de lugar en boca de Job. Parecen ser más bien el eco de lo que los
amigos le reprochan. Algunos expertos han tratado de reconstruir, a partir de ellos, un perdido tercer discurso de Sofar. Intentando, no
obstante, de buscar un sentido al texto tal y como está, éste podría ser su significado: según la ley del antiguo Israel, a aquel que ha sido
reconocido culpable de falso testimonio contra una persona inocente se le deberá imponer el mismo castigo que habría recibido la parte
inocente. Ésta es la suerte que Job desea a sus pretendidos amigos (27,7), especificando después los castigos con que ellos le han
amenazado (27,8-23).
así el Abismo se lleva al pecador;
20
lo olvida su propia madre, lo saborean los gusanos,
se acaba su memoria y se tala como un árbol la maldad.
21
Porque maltrataba a la estéril sin hijos
y no socorría a la viuda.
22
Aunque el poderoso prolongue su vigor y se mantenga en pie,
no tiene segura la vida.
23
Dios lo dejaba vivir confiado,
pero sus ojos observaban sus caminos.
24
Se encumbró por un instante, y ya no existe;
se doblaron y se marchitaron como plantas,
y los cortaron como espigas.

27 8
¿Qué esperanza le queda al impío cuando le cortan la trama,
cuando Dios le arranca la vida?
9
¿Oirá Dios sus reclamos
cuando lo sorprenda la angustia?
10
¿Era el Todopoderoso su delicia?,
¿invocaba a Dios en toda ocasión?
11
Les explicaré el poder de Dios,
no les ocultaré lo que dispone el Todopoderoso;
12
si todos ustedes ya lo han comprobado,
¿por qué se pierden en discursos sin sentido?
13
Ésta es la suerte que Dios reserva al malvado,
la herencia que los tiranos reciben del Todopoderoso:
14
si tiene muchos hijos, serán para la espada,
sus descendientes no se saciarán de pan;
15
a los supervivientes los enterrará la peste
y sus viudas no los llorarán;
16
si amontona plata como tierra
y apila vestidos como barro,
17
el inocente usará esa ropa
y el justo heredará su plata;
18
la casa que se construya será frágil como telaraña,
como choza de pastor;
19
si se acuesta rico, es por última vez,
al abrir los ojos no le queda nada.
20
De día lo asaltan los terrores,
de noche lo arrebata el huracán,
21
se lo lleva el viento del este,
el torbellino lo arranca de su sitio;
22
Dios lo empuja sin piedad,
y él intenta huir por todas partes.
23
La gente lo aplaude por su ruina
y lo silban cuando marcha de su sitio.

POEMA SOBRE LA SABIDURÍA29

La sabiduría no se puede extraer de la tierra ni comprar30

28
1
Hay minas de donde se extrae la plata
y lugares para refinar el oro,
2
el hierro se extrae de la tierra,
al fundirse la piedra, sale el bronce.
3
El hombre pone frontera a las tinieblas,

29
28,1-28 Poema sobre la sabiduría. Este capítulo no encaja bien en el libro. La mayoría de los expertos coinciden en que se trata de
una composición independiente. Su función en el texto sería la de un descanso intermedio, o mejor aún, un comentario editorial del narrador.
El tema
30 lo toma del refrán que se encuentra en 12.20: «¿Dónde se podrá encontrar la sabiduría?». A veces el texto hebreo es difícil.
28,1-12 La sabiduría no se puede extraer de la tierra ni comprar. Los seres humanos usan su imaginación y su destreza para
excavar en la tierra valiosos minerales: oro, plata, cobre, hierro, piedras preciosas. Sin embargo, en toda esa búsqueda de cosas preciosas,
¿dónde está la sabiduría? Ni las aves de vista aguda ni las bestias que vagan por la tierra la han visto jamás.
explora los últimos rincones, las grutas más profundas;
4
perfora galerías en lugares solitarios,
olvidados de los caminantes
allí se balancea suspendido de una soga.
5
La tierra que da pan
se trastorna con fuego subterráneo:
6
sus piedras son yacimientos de zafiros,
sus terrones tienen pepitas de oro.
7
Su sendero no lo conoce el buitre,
no lo divisa el ojo del halcón,
8
no lo pisan las fieras salvajes
ni lo recorren los leones.
9
El hombre echa mano al pedernal,
descuaja las montañas de raíz;
10
en la roca abre galerías,
y busca toda clase de piedras preciosas,
11
explora el nacimiento de los ríos
y saca lo oculto a la luz.
12
Pero, ¿dónde se encuentra la Sabiduría?,
¿dónde está el yacimiento de la prudencia?
Nada ni nadie en la creación conoce el camino a la sabiduría31
13
El hombre no sabe su precio,
no se encuentra en la tierra de los vivos.
14
Dice el Océano: No está en mí,
responde el Mar: No está conmigo.
15
No se puede comprar con oro puro
ni se paga con plata,
16
no se iguala al oro de Ofir,
a ónices preciosos o zafiros,
17
no se paga con oro ni con vidrio,
ni se cambia por vasos de oro fino,
18
no cuentan el cristal ni los corales
y adquirirla cuesta más que las perlas;
19
no la iguala el topacio de Nubia
ni se compara con el oro más puro.
20
¿De dónde viene la Sabiduría,
dónde está el yacimiento de la prudencia?
21
Se oculta a los ojos de las bestias
y se esconde de las aves del cielo.
22
Muerte y Abismo confiesan:
De oídas conocemos su fama.
23
Sólo Dios sabe su camino,
sólo él conoce su yacimiento,
Dios sí conoce el camino32
24
porque él contempla los límites del mundo
y ve cuanto hay bajo el cielo.
25
Cuando señaló su fuerza al viento
y definió la medida de las aguas,

31
28,13-23 Nada ni nadie en la creación conoce el camino a la sabiduría. Inútil es todo esfuerzo humano, y nada en la creación
puede servirle de ayuda. La sabiduría es más preciosa que el oro y la plata (cfr. Prov 3, 14s) y de todo lo que se pueda encontrar en un
muestrario
32 de joyas (15-19). La búsqueda de la sabiduría aparece como una empresa imposible, pero, ¿lo es en realidad?
28,24-28 Dios sí conoce el camino. Solamente Dios, en la plenitud de su conocimiento y poder creador, conoce el camino de la
sabiduría. La actividad creadora de Dios es descrita primero (28,3; 9,11). La asociación entre la creación y la sabiduría recorre toda la
tradición sapiencial del Antiguo Testamento (cfr. Prov 3,18-20; 8,22-31). Es a través de la creación como Dios establece, abre y despliega el
camino de la sabiduría. De la misma manera que la sabiduría humana se manifiesta en el comportamiento de los humanos, así la sabiduría de
Dios se revela en su divina actividad.
Si antes dijo que la búsqueda de la sabiduría por parte de los humanos era una empresa inútil, ahora dice que hay un camino para llegar a
ella: el temor de Dios y el alejamiento del mal (Job posee estas virtudes, cfr. 1,1-8) es el comienzo de la sabiduría. En otras palabras, la
búsqueda de la sabiduría debe comenzar estableciendo buenas relaciones con Dios.
El capítulo 28 mira hacia atrás, al debate precedente, y sugiere que la búsqueda apuntada allá era una pretensión demasiado ambiciosa.
Después, mira hacia las palabras del Señor y hacia el final del libro donde se afirma que la sabiduría está con Dios, revelada, sí, en la
creación, pero fuera del alcance de los humanos.
26
cuando impuso su ley a la lluvia
y su ruta al relámpago y al trueno,
27
entonces la observó y la valoró,
la examinó y le dio su aprobación.
28
Y dijo al hombre:
Respetar al Señor es sabiduría,
apartarse del mal es prudencia.

MONÓLOGO DE JOB: FIN DE SU DEFENSA33

¡Qué buenos tiempos aquellos!34

29
1
Job siguió entonando sus versos y dijo:
2
¡Quién pudiera volver a los viejos tiempos
cuando Dios me protegía,
3
cuando su lámpara brillaba encima de mi cabeza
y a su luz cruzaba las tinieblas!
4
¡Aquellos días de mi otoño,
cuando Dios era un íntimo en mi tienda,
5
el Todopoderoso estaba conmigo
y me rodeaban mis hijos!
6
Cuando lavaba mis pies en leche,
y el aceite brotaba de las rocas.
7
Cuando salía a la puerta de la ciudad
y tomaba asiento en la plaza,
8
los jóvenes al verme se escondían,
los ancianos se levantaban y se quedaban de pie,
9
los jefes se abstenían de hablar
tapándose la boca con la mano;
10
se quedaban sin voz los notables
y se les pegaba la lengua al paladar.
11
Oído que me oía me felicitaba,
ojo que me veía me aprobaba.
12
Yo libraba al pobre que pedía socorro
y al huérfano indefenso,
13
recibía la bendición del vagabundo
y alegraba el corazón de la viuda;
14
de justicia me vestía y revestía,
el derecho era mi manto y mi turbante.
15
Yo era ojos para el ciego,
era pies para el lisiado,
16
yo era el padre de los pobres
y examinaba la causa del desconocido.
17
Le rompía las mandíbulas al injusto
para arrancarle la presa de los dientes.
18
Y pensaba: Moriré dentro de mi nido,
con días incontables como la arena.
19
Mis raíces alcanzaban hasta el agua
y el rocío se posaba en mi ramaje;
20
mi prestigio se renovaba conmigo
y mi arco se reforzaba en mi mano.

33
29,1–31,40 Monólogo de Job: Fin de su defensa. Job ha agotado todos los recursos. Su búsqueda de arbitraje ha caído en oídos
sordos. No puede realizar una citación a Dios, pues ha desaparecido. Por otra parte, los testigos son falsos y declararían contra él en el
tribunal.
El largo discurso de Job se prolonga a lo largo de los capítulos 29–31. Comienza con la descripción de su ya pasada y feliz relación con Dios
(29), después se refiere a su situación presente (30) con un penoso lamento, para concluir suspirando por su futura reivindicación con un
vibrante
34 juramento de inocencia, corroborado por la larga serie de sus comportamientos morales (31).
29,1-25 ¡Qué buenos tiempos aquellos! Job comienza recordando la cercanía y las bendiciones de Dios que experimentó en
aquellos tiempos felices en que era honrado por todos. A las puertas de la ciudad, donde el pueblo se reunía para hablar de negocios y tratar
asuntos sociales y legales, Job era considerado como un sabio, sobre todo por el respeto con que eran acogidas sus palabras (21-23). En el
contexto de todo el libro, estos recuerdos están llenos de amarga ironía.
Su comportamiento honorable se manifestaba en la manera como trataba con justicia a los demás, especialmente a los pobres, las viudas,
los huérfanos, los ciegos, los cojos, los necesitados, los extranjeros, las víctimas de los malvados (12-17). Por tanto, tiene todo el derecho
para esperar las correspondientes bendiciones que le aseguren una vejez feliz.
21
Me escuchaban atentos,
y oían en silencio a mi consejo;
22
después de hablar yo, no añadían nada,
mis palabras goteaban sobre ellos,
23
las esperaban como lluvia temprana,
se las bebían como lluvia tardía;
24
al verme sonreír, apenas lo creían,
y no se perdían un destello de mi rostro.
25
Les trazaba el camino, y me ponía al frente,
me instalaba como un rey entre su escolta.
Yo guiaba y se dejaban conducir.

Ahora se han vuelto las tornas35

30
1
Ahora, en cambio, se burlan de mí
muchachos más jóvenes que yo,
a cuyos padres ni siquiera hubiera puesto
entre los perros de mi rebaño,
2
cuyos brazos no me habrían servido,
sin fuerzas como estaban.
3
Andaban debilitados de hambre y necesidad, la tierra reseca,
de noche en el desierto desolado,
4
arrancando hierbas amargas entre los matorrales,
alimentándose de raíces de retama;
5
expulsados de los poblados,
echados a gritos, como ladrones,
6
habitando en barrancos espantosos,
en cuevas y cavernas,
7
aullando entre los matorrales,
apretujándose bajo las ortigas.
8
¡Gente inútil, raza sin nombre,
arrojada del país a latigazos!
9
Ahora, en cambio, me hacen canciones hirientes,
soy el tema de sus burlas,
10
me aborrecen, se distancian de mí
y aun se atreven a escupirme a la cara.
11
Dios ha soltado mi cuerda y me ha humillado
y ellos ya no me tienen ningún respeto.
12
A mi derecha se levanta una turba
que se abre camino para atraparme;
13
destruyen mi sendero, planean mi ruina
y nadie los detiene;
14
irrumpen por una ancha brecha
en avalancha, como tormenta.
15
Se vuelven contra mí los terrores,
se disipa como el aire mi dignidad,
y pasa como nube mi prosperidad.
16
Ahora quiero desahogarme:
la aflicción se apodera de mí,
17
la noche me taladra hasta los huesos,
pues no duermen las llagas que me roen.
18
Él me agarra con violencia por la ropa
y me sujeta por el cuello de la túnica,
19
me arroja en el fango
y me confundo con el barro y la ceniza.
20
Te pido auxilio, y no me haces caso;

35
30,1-31 Ahora se han vuelto las tornas. Ahora, en vez de honor, ¡desgracia y vergüenza!, despreciado aun por la escoria de la
sociedad. El lamento de Job se vuelve hacia Dios (20-26). Ahora, en la necesidad, ¿quién está a su lado (24-26)?
Job ha hablado de sus enemigos y de Dios, ahora describe su propia situación (16.17.28-31). Su vida se desvanece; le duelen hasta los
huesos; se siente solo y abandonado. Durante todo este tiempo ha suspirado por un amigo que le tenga compañía. Y ahora, sus únicos
amigos se han convertido en chacales y avestruces –bestias del desierto conocidas por su «lenguaje» ofensivo (29)–.
insisto, y me clavas la mirada.
21
Te has vuelto mi verdugo
y me atacas con tu brazo musculoso.
22
Me levantas en vilo, me paseas
y me sacudes en el huracán.
23
Ya sé que me devuelves a la muerte,
donde se dan cita todos los vivientes.
24
¿No alarga uno la mano al hundirse,
o no grita socorro en el desastre?
25
¿No lloré con el oprimido,
no tuve compasión del pobre?
26
Esperé dicha, me vino desgracia;
esperé luz, me vino oscuridad.
27
Me hierven las entrañas y no se acallan,
días de aflicción me salen al encuentro.
28
Camino sombrío, lejos del sol,
y en la asamblea me levanto a pedir auxilio;
29
me he vuelto hermano de los chacales
y compañero de los avestruces.
30
Mi piel se ennegrece y se me cae,
mis huesos se queman de fiebre.
31
Mi cítara está de luto
y mi flauta acompaña al llanto.
¡Juro que soy inocente!36

31
1
Yo hice un pacto con mis ojos
de no fijarme en ninguna doncella.
2
A ver, ¿qué suerte reserva Dios desde el cielo,
qué herencia el Todopoderoso desde lo alto?
3
¿No reserva la desgracia para el criminal
y el fracaso para los malhechores?
4
¿No ve él mis caminos,
no me cuenta los pasos?
5
¿He caminado con el engaño,
han corrido mis pies tras la mentira?
6
Que me pese Dios en balanza sin trampa
y comprobará mi honradez.
7
Si aparté mis pasos del camino,
siguiendo los caprichos de los ojos,
o se me pegó algo a las manos,
8
¡que otro coma lo que yo siembre
y que me arranquen mis retoños!
9
Si me dejé seducir por una mujer
y estuve esperando a la puerta del vecino,
10
¡que mi mujer trabaje para un extraño
y que otros se acuesten con ella!
11
Porque eso sí que es una infamia,
un delito que compete a los jueces;
12
es un fuego que devora hasta lo hondo
36
31,1-40 ¡Juro que soy inocente! Dos veces ha citado antes Job a Dios para que comparezca en juicio y responda a los cargos que
tiene contra él (13,13-19; 23,2-7); ahora pronuncia un largo juramento de inocencia. Pide a Dios, en primer lugar, que lo pese en la balanza
de la justicia, es decir, en una balanza verdadera (6). Después presenta un sumario de comportamientos morales a los que Job se ha
adherido estrictamente. El texto es a veces incierto, pero podemos citar, al menos, los siguientes apartados:
1. Falsedad y engaño (5-8). 2. Lujuria y adulterio (9-12). 3. Derechos de los esclavos (13-15) –Job no sólo ha tratado bien a los esclavos,
sino que para él todos los hombres y las mujeres eran iguales, pues todos son criaturas del único Creador (cfr. Prov 14,31; 17,5; 22,2;
29,13)–. 4. Malos tratos al pobre y al necesitado (16-23). 5. Idolatría (24-28) –el versículo 25 se refieren al ídolo de las riquezas y al dinero;
los versículos 26s son una advertencia contra las religiones paganas circundantes, adoradoras del sol y de la luna–. 6. Odio a los enemigos
(20-30) –la maldición contra los enemigos es corriente en los salmos de lamentaciones (cfr. Sal 29,23-29), pero Job no ha maldecido a nadie–
. 7. Hospitalidad (31-33) –en la sociedad antigua, la hospitalidad hacia los extranjeros era una obligación especialmente sagrada–. 8.
Hipocresía (33s) –de nuevo Job se centra en actitudes de integridad personal–. 9. Explotación de la tierra (38-40). En la crisis ecológica por la
que atravesamos en nuestros días, esta preocupación del Antiguo Testamento por la integridad de la creación debe hacernos pensar.
Job ha cubierto todas las relaciones que tejen la vida de los humanos: con Dios, con uno mismo, con los demás –amigos, enemigos,
siervos, pobres y necesitados–, y con el medio ambiente. Todo ello entra en el concepto bíblico de justicia. Por última vez, Job afirma su
inocencia (35-37).
y acabaría de raíz mis cosechas.
13
Si atropellé su derecho al esclavo o a la esclava,
cuando pleiteaban conmigo,
14
¿qué haré cuando Dios se levante,
qué responderé cuando me interrogue?
15
El que me hizo a mí en el vientre, ¿no lo hizo a él?,
¿no nos formó el mismo Dios en el seno?
18
Desde mi infancia me crió como padre
y desde el seno materno me guió.
16
Si negué al pobre lo que deseaba
o dejé consumirse en llanto a la viuda,
17
si comí el pan yo solo
sin repartirlo con el huérfano,
19
si vi al vagabundo sin vestido
y al pobre sin nada con que cubrirse,
20
y no me lo agradeció su cuerpo,
abrigado con la lana de mis ovejas;
21
si alcé la mano contra el inocente
cuando yo contaba con el apoyo del tribunal,
22
¡que se me desprenda mi espalda del cuello
y se me descoyunte el brazo!
23
Porque el terror de Dios me espantaría
y ante su grandeza no podría resistir.
38
Si mi tierra ha gritado contra mí
o sus surcos han llorado juntos,
39
si comí su cosecha sin pagarla
explotando a los campesinos,
40ab
¡que mi tierra dé espinas en vez de trigo;
en vez de cebada, ortigas!
24
Lo juro: No puse en el oro mi confianza
ni llamé al metal precioso mi seguridad;
25
no me complacía con mis grandes riquezas,
con la fortuna amasada por mis manos.
26
Mirando al sol resplandeciente
o a la luna caminar con esplendor,
27
no me dejé seducir secretamente
ni les envié un beso con la mano.
28
También esto es delito que compete a los jueces,
pues habría negado al Dios del cielo.
29
No me alegré en la desgracia de mi enemigo,
ni su mal fue mi alborozo,
30
ni dejé que mi boca pecara
deseándole la muerte.
31
¡Lo juro! Cuando los hombres de mi campamento
querían abusar de un extranjero,
32
yo no lo dejaba dormir en la calle,
porque yo abrí mis puertas al caminante.
33
No oculté mi delito como Adán
ni escondí en el pecho mi culpa.
34
Por temor al griterío de la gente,
por miedo al desprecio de mi clan,
no me estuve encerrado y en silencio.
35
¡Ojalá hubiera quien me escuchara!
¡Aquí está mi firma! Que responda el Todopoderoso,
que mi rival escriba su alegato:
36
lo llevaría al hombro
o me lo pondría como corona;
37
le daría cuenta de mis pasos
y avanzaría hacía él como un príncipe.
40c
Fin de los discursos de Job.
DISCURSOS DE ELIHÚ37

Primer discurso de Elihú38

32
1
Los tres hombres no respondieron más a Job, convencidos de que él se tenía por inocente.
2
Pero Elihú, hijo de Baraquel, del clan de Ram, natural de Buz, se indignó contra Job, porque
pretendía justificarse frente a Dios. 3También se indignó contra los tres compañeros, porque, al no
hallar respuesta, habían dejado a Dios por culpable. 4Elihú había esperado mientras ellos hablaban con
Job, porque eran mayores que él; 5pero viendo que ninguno de los tres respondía, Elihú se indignó.
6
Y Elihú, hijo de Baraquel, natural de Buz, intervino diciendo:
–Yo soy joven y ustedes son ancianos;
por eso, temeroso, no me atrevía
a exponerles mi saber.
7
Me decía: que hablen los años,
que la edad madura enseñe sabiduría.
8
Pero lo que hace inteligente al hombre
es el espíritu que le infundió el Todopoderoso.
9
No es la autoridad quien da la sabiduría
ni por ser anciano sabe uno juzgar;
10
por eso les pido que me escuchen:
yo también expondré lo que sé.
11
Yo esperé mientras hablaban,
presté atención a sus razones
mientras buscaban argumentos;
12
por más que escuché con atención,
ninguno de ustedes refutó a Job
ni respondió a sus argumentos.
13
Y no digan: Nos hemos topado con una sabiduría
que sólo Dios, no un hombre, puede refutar.
14
Job no se ha enfrentado conmigo
ni yo le responderé con las razones de ustedes.
15
Ellos, desconcertados, ya no responden,
se han quedado sin palabras.
16
¿Debo esperar porque ellos no hablan,
porque están ahí sin responder?
17
Quiero tomar parte en la discusión,
yo también expondré lo que sé,
18
porque me siento henchido de palabras
y su ímpetu me oprime las entrañas;
19
mis entrañas están como odres nuevos
que el vino encerrado revienta.
20
Hablaré y me desahogaré,
abriré los labios para responder.
21
No tomaré partido por ninguno,
a nadie adularé,
22
porque no sé adular
y porque me eliminaría mi Creador.

33
1
Escucha mis palabras, Job;
atiende a mi discurso:
2
mira que ya abro la boca
37
32,1–37,24 Discursos de Elihú. Job ha terminado su defensa pidiendo una respuesta de Dios. ¿Qué va a suceder ahora? Cuando
menos se esperaba, aparece un intruso llamado Elihú. Se trata de un joven colérico que, aparentemente, ha estado escuchando el debate y
no puede contenerse más. Irritado por lo que acaba de oír, está reventando por meter baza en el asunto (32,19). Y lo hace con cuatro
discursos
38 que, aunque no dicen nada nuevo, manifiestan su convicción, su apasionamiento y su abundante verborrea.
32,1–33,33 Primer discurso de Elihú. A pesar de su juventud, Elihú se cree en el deber de hablar. La sabiduría no siempre –o no
necesariamente– va unida a la edad, pues es un don del espíritu/aliento de Dios (32,8-18). A diferencia de los amigos, el joven llama a Job
por su nombre (33,31). Después de un largo preámbulo (32, 6b–33,7), finalmente entra en materia. Job ha reclamado su inocencia,
afirmando que Dios lo está tratando como a un enemigo e ignorando sus gritos de auxilio. Pues bien, Job está equivocado (33,12). Dios
habla; seguramente Job no ha escuchado. Y habla, ya sea por medio de sueños y pesadillas o a través de la enfermedad, para advertir al
pecador y hacer que vuelvan al camino de la vida (33,14-22).
Elihú menciona, además, a un mediador celestial, miembro de la corte de Dios (33,23), que ayuda a los pecadores a que se arrepientan.
Job ha deseado ardientemente un mediador (16,19-22), pero seguramente esperaba de él otra cosa.
y mi lengua forma palabras con el paladar;
3
hablo con corazón sincero,
mis labios expresan la pura verdad.
4
El soplo de Dios me hizo,
el aliento del Todopoderoso me dio vida.
5
Contéstame, si puedes;
prepárate, ponte frente a mí.
6
Yo soy obra de Dios lo mismo que tú,
también yo fui modelado de arcilla.
7
No tienes nada que temer de mí
ni me ensañaré contigo.
8
Tú ya lo has dicho en mi presencia
y yo te lo he escuchado:
9
Yo soy puro, no tengo delito,
soy inocente, no tengo culpa;
10
pero él halla pretextos contra mí,
y me considera su enemigo,
11
me mete trampas a cada paso
y vigila todos mis movimientos.
12
En eso no tienes razón –te contesto–,
porque Dios es más grande que el hombre.
13
¿Cómo te atreves a acusarlo
de que no da cuenta de ninguno de sus actos?
14
Dios sabe hablar de un modo o de otro,
y uno no se fija:
15
en sueños o visiones nocturnas,
cuando el sueño cae sobre el hombre
que está durmiendo en su cama,
16
entonces le abre el oído
y lo aterroriza con sus avisos,
17
para apartarlo de sus malas acciones
y protegerlo de la soberbia,
18
para impedirle caer en la fosa
y cruzar la frontera de la Muerte.
19
Otras veces lo corrige en el lecho del dolor
con la agonía incesante de sus miembros,
20
hasta que aborrece con toda el alma la comida
y su garganta pierde el gusto por el manjar favorito;
21
se le consume la carne hasta que no se lo ve,
y los huesos, que no se veían, se le descubren;
22
su alma se acerca a la fosa
y su vida a las aguas de la Muerte.
23ab
Pero si encuentra un ángel favorable,
uno entre mil como intercesor,
24
que tenga compasión de él y diga:
líbralo de bajar a la fosa,
que he encontrado rescate para él,
25
entonces su carne rebosará juventud
y volverá a los días de su mocedad.
26
Suplicará a Dios y él lo atenderá,
le mostrará su rostro con júbilo,
restituirá al hombre su salvación,
23c
mostrándole al mortal su rectitud.
27
Éste cantará ante los hombres y dirá:
Yo pequé y quebranté el derecho,
pero Dios no me ha dado mi merecido;
28
me ha librado de caer en la fosa
y mi vida se inunda de luz.
29
Estas cosas las hace Dios
dos y tres veces al hombre,
30
para sacarlo vivo de la fosa,
para alumbrarlo con la luz de la vida.
31
Hazme caso, Job, escúchame;
guarda silencio, que voy a hablar.
32
Si tienes algo que responder, dilo;
habla, que estoy dispuesto a darte la razón;
33
si no la tienes, escúchame,
calla, y te enseñaré sabiduría.
Segundo discurso de Elihú39

34
1
Elihú siguió diciendo:
2
Sabios, escuchen mis palabras,
préstenme atención los doctos,
3
porque así como el oído distingue las palabras
y el paladar aprecia los sabores,
4
así nosotros buscaremos lo justo
y distinguiremos lo que es bueno.
5
Job ha afirmado: Aunque soy inocente,
Dios no me hace justicia;
6
defiendo mi derecho y paso por mentiroso;
mi herida no sana, aunque no he pecado.
7
¿Quién hay como Job,
que suelta insolencias como quien bebe agua,
8
se junta con malhechores
y va en compañía de malvados?
9
Afirma: De nada le sirve al hombre
gozar del favor de Dios.
10
Escúchenme, hombres sensatos:
¡Lejos de Dios la maldad,
lejos del Todopoderoso la injusticia!
11
Dios paga al hombre sus obras,
lo retribuye según su conducta;
12
ciertamente Dios no obra mal,
el Todopoderoso no quebranta el derecho.
13
¿Quién le ha encomendado a él la tierra,
quién le ha confiado el universo?
14
Si decidiera por su cuenta
retirar su espíritu y su aliento,
15
expirarían todos los vivientes
y el hombre volvería al polvo.
16
Si eres inteligente, escúchame,
presta oído a mis palabras:
17
¿Podrá juzgar uno que odia el derecho?,
¿te atreves a condenar al más justo,
18
al que declara criminal a un rey
y malvados a los dignatarios?
19
Dios no es parcial a favor del príncipe
ni favorece al rico contra el pobre,
porque todos son obras de sus manos.
20
De repente mueren, a media noche,
los nobles se agitan y pasan,
el poderoso es derribado sin esfuerzo.
21
Porque los ojos de Dios miran las sendas del hombre
y vigilan todos su pasos;
22
no hay tinieblas ni sombras
donde puedan esconderse los malhechores.
23
Y no toca al hombre señalar un plazo
para presentarse a juicio con Dios.

39
34,1-37 Segundo discurso de Elihú. Después de censurar a los amigos, Elihú emprende una larga defensa de la justicia y equidad
de Dios (10-29). Dios lo ve todo y dicta sentencia. Aquellos que se alejan de Dios sólo pueden culparse a sí mismos (24-27).
Al igual que los amigos en la primera serie de discursos, el joven sugiere a Job lo que tiene que decir en señal de arrepentimiento (31s).
Los versículos finales (34-37) son tan duros, crueles –e irrelevantes– como los que hayan podido salir de la boca de los amigos.
24
Aplasta a los poderosos sin tener que indagar
y en su lugar nombra a otros;
25
como conoce sus acciones,
los derriba en una noche y quedan deshechos;
26
como a criminales los azota
en la plaza pública,
27
porque se apartaron de él
y no siguieron sus caminos,
28
haciendo que llegara a Dios el clamor de los pobres
y que oyera el clamor de los afligidos.
29
Pero si Dios no interviene, ¿quién podrá condenarlo?,
y si esconde su rostro, ¿quién podrá verlo?
Vela sobre pueblos y hombres
30
para que no reine el impío
ni haya quienes engañen al pueblo.
31
Dile a Dios: Me he equivocado,
no pecaré;
32
lo que yo no veo, enséñamelo tú,
y si cometí delito, no volveré a hacerlo.
33
¿Debe él retribuir según tu criterio?
Como la decisión es tuya y no mía,
lo que sepas dilo;
34
y los hombres sensatos que me escuchan
y los sabios confesarán:
35
Job habla sin saber,
sus palabras no tienen sentido.
36
Que lo torturen hasta lo último
por sus respuestas, dignas de un malvado;
37
porque al pecado añade la rebelión,
ante nosotros se burla y no cesa de hablar contra Dios.

Tercer discurso de Elihú40

35
1
Elihú prosiguió:
2
¿Te parece razonable lo que dices:
Que Dios debe darte la razón?
3
Y añades: ¿De qué me ha servido,
qué he ganado con no pecar?
4
Yo voy a responderte a ti
y a la vez a tus amigos.
5
Mira atentamente al cielo
y fíjate en las nubes, tan altas.
6
Si pecas, ¿qué mal le haces a Dios?;
si acumulas los delitos, ¿qué daño le haces?;
7
si eres justo, ¿qué le das a él
o qué recibe de tu mano?
8
Es a un hombre a quien afecta tu maldad,
a un ser humano, como tú, a quién beneficia tu justicia.
9
Bajo el peso de la opresión los hombres reclaman
y piden socorro contra los poderosos.
10
Pero no dicen: ¿Dónde está nuestro Creador,
el que restaura nuestras fuerzas durante la noche,
11
el que nos da más entendimiento que las bestias de la tierra
y nos hace más sabios que las aves del cielo?
12
Entonces, por más que griten, él no responde
a causa del orgullo de los malvados.
13
Porque Dios no escucha la falsedad,
el Todopoderoso no le hace caso.

40
35,1-16 Tercer discurso de Elihú. Elihú continúa desarrollando el tema de la grandeza y trascendencia de Dios. Los oprimidos
claman por su liberación, y Dios parece que no escucha. Pero Dios sí escucha; quizás no responde porque aquellos permanecen encerrados
en sí mismos y no han esperado lo suficiente (14). Ésta es la respuesta simplista y banal de siempre para proteger «nuestras» ideas de Dios.
14
Mucho menos cuando tú dices que no te escucha,
que la causa está ante él y sigues esperando.
15
Pero, como la ira de Dios no castiga,
ni tiene en cuenta los delitos,
16
Job abre la boca inútilmente
uniendo palabras sin sentido.

Cuarto discurso de Elihú41

36
1
Elihú siguió hablando:
2
Espera un poco y te enseñaré,
que aún queda algo por decir en defensa de Dios.
3
Iré lejos a buscar mi saber
para darle la razón a mi Creador;
4
cierto, mis argumentos no son falsos,
habla contigo un sabio consumado.
5
Mira, Dios es poderoso
y no desprecia el corazón sincero,
6
no deja con vida al malvado,
hace justicia al pobre,
7
no aparta sus ojos del justo,
lo sienta en tronos reales
y lo colma de honores para siempre.
8
Y cuando los ata con cadenas
o los sujeta con cuerdas de aflicción,
9
es para denunciarles sus acciones
y los pecados de su soberbia;
10
les abre el oído para que aprendan
y los mueve a convertirse de la maldad.
11
Si hacen caso y se someten,
acabarán sus días en la prosperidad
y sus años en el bienestar.
12
Si no escuchan, pasarán la frontera de la Muerte,
expirarán sin darse cuenta.
13
Pero los malvados, cuando los encadena,
en vez de pedir auxilio, acumulan rencor;
14
pierden la vida en plena juventud,
y mueren en la adolescencia.
15
Con el sufrimiento él salva al que sufre,
abriéndole el oído con el dolor.
16
También a ti te impulsa a salir de las garras de la angustia
a un lugar espacioso y abierto
para servirte una mesa sustanciosa,
17
pero tú no haces justicia contra el malvado,
ni defiendes el derecho del huérfano;
18
no te dejes seducir por el regalo
ni torcer por un rico soborno.
19
¿Acaso en el peligro valdrán ante él
tus riquezas y todas tus posesiones?
20
De noche no estés anhelando
echar a la gente de su sitio;
21
no te vuelvas a la maldad,

41
36,1–37,24 Cuarto discurso de Elihú. La primera parte del discurso (36,1-21) continúa con el debate de las sesiones previas. Los
destinos del justo y del malvado son sometidos de nuevo a revisión. La segunda parte (36,22–37,13) alaba la grandeza del Creador. Su poder,
sabiduría y conocimiento sobrepasan nuestra capacidad de comprensión (36,26). Elihú se centra en el don divino de la lluvia (36,27–37,13):
¿Considera Job las maravillosas obras de Dios? (37,14). En otras partes del Antiguo Testamento, las «maravillas de Dios» se refieren a las
grandes proezas que hizo liberando a Israel de la esclavitud de Egipto. En la tradición sapiencial, las maravillas de Dios son sus obras de la
creación.
Elihú lanza una serie de cuestiones a Job a las que, por supuesto, éste responde siempre con un «No» (37,15-21). Por más sabios que
seamos, nunca podremos pedir cuentas a Dios. Lo único que podemos hacer es «temer» –adorar y reverenciar– a Dios, y en esto consiste,
después de todo, el comienzo de la sabiduría (28,28).
Elihú es una comparsa en la escena, una simple figura de transición. Sus observaciones previas han versado sobre los discusiones de Job y
sus amigos; ahora, mira hacia delante centrándose más y más en Dios, y terminando con la descripción de la tempestad, y con una serie de
cuestiones encaminadas a humillar a Job. El Señor va a hablar desde la tempestad con una lista de cuestiones semejantes.
pues por ella te probaron con el sufrimiento.
22
Mira, Dios es sublime en poder,
¿qué maestro se le puede comparar?
23
¿Quién le señala el camino,
quién puede acusarlo de injusticia?
24
Acuérdate de celebrar sus obras,
que han cantado los hombres;
25
todos las contemplan,
los humanos las miran desde lejos.
26
Mira, Dios es sublime, no lo entendemos
y no podemos contar sus años.
27
Va apartando gotas de agua
y las filtra de su fuente como lluvia;
28
las nubes las destilan
y caen a chaparrones sobre el suelo.
31
Con ellas alimentan a los pueblos
dándoles comida abundante.
29
¿Quién calcula la extensión de las nubes
o la altura de su pabellón?
30
En torno a sí despliega la luz
y asienta su trono en las raíces del mar.
32
Esconde el rayo en sus palmas
y lo lanza derecho a su blanco.
33
El Altísimo hace oír su trueno
y su ira provoca la tormenta.

37
1
Al ver eso tiembla mi corazón
y se me salta de su sitio.
2
¡Atención!, oigan el trueno de su voz
y el retumbar que sale de su boca;
3
suelta bajo el cielo su rayo,
que alcanza hasta el extremo del mundo;
4
luego se oye un estruendo, cuando hace resonar su voz majestuosa
y ya no detiene sus rayos una vez que se escucha su voz.
5
Dios truena con voz maravillosa
y realiza proezas que no comprendemos.
6
Ordena a la nieve: Cae al suelo,
y al aguacero: Apresúrate.
7
Hace que los hombres se queden en sus casas
para que todos reconozcan su obra.
8
Las fieras se meten en sus madrigueras
y se quedan en sus guaridas.
9
Del sur viene la tormenta,
de los vientos del norte la helada;
10
al soplo de Dios se forma el hielo
y se congela la superficie del agua.
11
Él carga de humedad los nubarrones
y dispersa las nubes de tormenta,
12
que giran y se revuelven, timoneadas por él,
para cumplir todos sus encargos
sobre la superficie de la tierra;
13
sea para castigar o para bendecir,
siempre se cumple su voluntad.
14
Escúchame esto, Job,
detente y fíjate en las maravillas de Dios:
15
¿Sabes cómo dirige Dios las nubes
y cómo hace brillar el relámpago en su nube?
16
¿Sabes cómo equilibra las nubes,
maravillas de sabiduría consumada?
17
Tú, que te sofocas de calor en tu ropa
cuando la tierra se adormece bajo el viento del desierto,
18
¿puedes ayudar a Dios a extender el firmamento,
y dejarlo firme como espejo de metal fundido?
19
Enséñanos qué debemos decirle,
porque a oscuras no podemos argumentar.
20
¿Hay que advertirle sobre qué quiero hablar?,
si uno dice algo, ¿hay que informarle?
21
Ahora no se ve la luz,
oscurecida entre nubes;
pero un viento pasará limpiándolas.
22
Del norte vienen resplandores de oro,
Dios se rodea de imponente grandeza;
23
no podemos alcanzar al Todopoderoso:
sublime en poder, rico en justicia,
no viola el derecho.
24
Por eso lo temen todos los hombres
y él no teme a los sabios.

DISCURSOS DEL SEÑOR42

Primer discurso del Señor43

38
1
Entonces el Señor respondió a Job desde la tormenta:
2
¿Quién es ése que pone en duda mi providencia
con palabras sin sentido?
3
Si eres hombre, demuestra tu valentía:
voy a interrogarte y tú responderás.
4
¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra?
Dímelo, si es que sabes tanto.
5
¿Quién señaló sus dimensiones? –si lo sabes–,
¿o quién le aplicó la cinta de medir?
6
¿Dónde se apoyan sus cimientos
o quién asentó su piedra angular
7
mientras cantaban a coro las estrellas del amanecer
y vitoreaban todos los ángeles?
8
¿Quién cerró el mar con una puerta
cuando salía impetuoso del seno materno,
9
cuando le puse nubes por vestido
y niebla por pañales,
10
cuando le impuse un límite
con puertas y cerrojos
11
y le dije: Hasta aquí llegarás y no pasarás;
aquí acabará la arrogancia de tus olas?

42
38,1–42,6 Discursos del Señor. El Señor ha estado oyendo y tomando nota (35,13), ahora habla. Los amigos pensaban que no
había necesidad de que Dios hablara. Job, por el contrario, sí; le ha pedido o bien una lista de cargos o bien un veredicto. Todos quedan
sorprendidos. El Señor entra como uno más en el debate, y responde con dos discursos (38,1–40,2; 40,6–41,26), a los que Job, a su vez,
contestará brevemente con otros dos (40,3-5; 42,1-6). El Señor no responde a ninguna de las cuestiones planteadas; en realidad, sus
palabras ofrecen solamente una serie de contra-cuestiones encaminadas a sacar a Job de su pequeño mundo y abrirle a un horizonte más
amplio.
43
38,1–40,2 Primer discurso del Señor. Dios habla desde la tempestad. Ahora le ha llegado el turno a Dios de preguntar y a Job de
responder. Job es invitado a entrar en el misterio primordial del cosmos. En primer lugar, la fundación de la tierra viene descrita como una
casa que se construye de acuerdo con un plan de detallada arquitectura (38,4-7). Después, a una orden del Hacedor, nace el mar y es vestido
y confinado a sus límites cósmicos. Y, ¿qué decir de la mañana (38,12-15) cuando el alba tiñe todo de color y saca a la luz las acciones de los
malvados? ¿Es Job capaz de comprender las aguas primordiales o las fuentes de la luz? (38,16-20). En el versículo 38,21 podemos percibir un
toque de divina ironía.
Después de hablar de la estructura básica del cosmos, el Señor vuelve a los misterios que encierra el universo, especialmente los
fenómenos atmosféricos (38,22-30). Los intereses de Dios van mucho más allá del pequeño mundo de las humanas preocupaciones de Job.
Su poder creativo manifiesta asimismo su providencia –en la antigüedad muchos creían que el destino humano estaba escrito en la estrellas–.
Ahora son citadas las constelaciones celestes (38,31-33). ¿Puede Job producir la lluvia, envolviéndose a sí mismo con la nube de la tormenta
como con un manto? (38,34s). Verdaderamente el Señor ha creado todo con sabiduría (38,33-38; cfr. Prov 3,18-20; 18,22-30; Sal 104,24).
El resto del discurso es dedicado al mundo animal (38,39–39,30). Se mencionan cinco pares de animales salvajes: el león y el cuervo
(38,39-41); la cabra montaraz y la cierva (39,1-4); el asno y buey salvajes (39,5-12); el avestruz y el caballo de guerra (39,13-25); el halcón
y el águila (39,26-30). En la cultura del Medio Oriente, todos esos animales eran asociados con imágenes negativas (demonios, caos,
desierto). El Señor está sugiriendo que no sólo conoce a esos animales, sino que también están bajo su control, y esto es una bendición para
la humanidad.
Así terminan las dos partes del primer discurso, con el que el Señor responde a la acusación de Job de que no existe un plan ni providencia
en el mundo.
12
¿Has mandado en tu vida a la mañana
o has señalado su puesto a la aurora
13
para que agarre la tierra por los bordes
y sacuda de ella a los malvados,
14
para que le dé forma como el molde a la arcilla
y la tiña como la ropa,
15
para que se les niegue su luz a los malvados
y se quiebre el brazo de los rebeldes?
16
¿Has entrado hasta la fuente de los mares
o paseado por la hondura del océano?
17
¿Te han enseñado las puertas de la Muerte
o has visto los portales de las Sombras?
18
¿Has examinado la anchura de la tierra?
Cuéntamelo, si lo sabes todo.
19
¿Por dónde se va a la casa de la luz
y dónde viven las tinieblas?
20
¿Podrías conducirlas a su país
o enseñarles el camino de casa?
21
Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces
y has cumplido tantísimos años.
22
¿Has entrado en los depósitos de la nieve,
has observado los graneros del granizo,
23
que reservo para la hora del peligro,
para el día de la guerra y el combate?
24
¿Por qué caminos se reparte la luz
y se difunde sobre la tierra el viento del desierto?
25
¿Quién ha abierto un canal para el aguacero
y una ruta al relámpago y al trueno,
26
para que llueva en las tierras despobladas,
en la estepa que no habita el hombre,
27
para que se sacie el desierto desolado
y brote hierba en los arenales?
28
¿Tiene padre la lluvia?,
¿quién engendra las gotas del rocío?,
29
¿de qué seno nacen los hielos?
¿Quién da a luz la escarcha del cielo
30
para que el agua se cubra con una losa
aprisionando la superficie del lago?
31
¿Puedes atar los lazos de las Pléyades
o desatar las ligaduras de Orión?
32
¿Puedes hacer salir las constelaciones a su hora
o guiar a la Osa con sus hijos?
33
¿Conoces las leyes del cielo
o determinas sus funciones sobre la tierra?
34
¿Puedes levantar la voz hasta las nubes
para que te cubra el chaparrón?
35
¿Despachas a los rayos, y ellos vienen
y te dicen: Aquí estamos?
36
¿Quién le dio sabiduría al ibis
y al gallo inteligencia?
37
¿Quién cuenta sabiamente las nubes
y vuelca los cántaros del cielo
38
cuando el polvo se funde en una masa
y los terrones se pegan entre sí?
39
¿Le cazas tú la presa a la leona
o sacias el hambre de sus cachorros
40
cuando se resguardan en la guarida
o se esconden al acecho en la maleza?
41
¿Quién provee al cuervo de sustento
cuando chillan sus pollitos a Dios
y vagan alocados por el hambre?
39
1
¿Sabes tú cuándo dan a luz las cabras del monte
o has asistido al parto de las ciervas?
2
¿Les cuentas los meses de la preñez
o conoces el momento del parto?
3
Se encorvan, fuerzan a salir las crías,
echan fuera los hijos;
4
las crías crecen y se hacen fuertes,
salen a campo abierto y no vuelven.
5
¿Quién da al asno salvaje su libertad,
quién lo deja andar suelto?
6
Yo le he dado por casa el desierto
y por morada la llanura salada;
7
y él se ríe del bullicio de la ciudad
y no escucha las voces del arriero;
8
explora los montes en busca de pasto
rastreando cualquier rincón verde.
9
¿Está el toro salvaje dispuesto a servirte
y a pasar la noche en tu establo?
10
¿Puedes atarlo en los surcos fértiles
para que are los valles detrás de ti?
11
Porque sea robusto, ¿puedes fiarte de él
y descargar en él tus tareas?
12
¿Crees que volverá
para reunir el grano en tu granero?
13
El avestruz aletea orgullosamente,
son sus plumas como el plumaje de la cigüeña;
14
cuando abandona en el suelo los huevos
y los incuba en la arena,
15
sin pensar que unos pies pueden destruirlos
y una fiera pisotearlos,
16
es cruel con sus crías, como si no fueran suyas;
no le importa que se malogre su fatiga;
17
porque Dios le negó sabiduría
y no le repartió inteligencia.
18
Pero cuando se levanta y huye,
se ríe de caballos y jinetes.
19
¿Le das al caballo su brío,
le vistes el cuello de crines?
20
¿Lo haces saltar como langosta,
con resoplido terrible y majestuoso?
21
Escarba nervioso en el valle y, gozoso de su fuerza,
sale a la batalla;
22
se ríe del miedo, no se asusta,
no se vuelve ante la espada,
23
por más que resuene la aljaba del jinete,
y lancen chispas las lanzas y jabalinas;
24
con ímpetu y estruendo devora la distancia
y no se para cuando suena el clarín;
25
al toque del clarín, responde con un relincho,
olfatea de lejos la batalla,
los gritos de mando y los alaridos.
26
¿Enseñas tú a volar al halcón,
a desplegar sus alas hacia el sur?
27
¿Mandas tú remontarse al águila
y al buitre colgar su nido en la altura?
28
En una roca vive y se refugia,
un picacho es su fortaleza,
29
desde donde acecha su presa
y sus ojos la miran desde lejos;
30
sus crías se alimentan con sangre,
donde hay carroña allí está ella.

40
1
El Señor siguió hablando a Job:
2
¿Quiere el inconforme discutir con el Todopoderoso?
El que critica a Dios, que responda.
Respuesta de Job al Señor44
3
Job respondió al Señor:
4
Me siento pequeño, ¿qué responderé?,
me taparé la boca con la mano.
5
He hablado una vez y no insistiré;
dos veces y no añadiré nada.

Segundo discurso del Señor45


6
El Señor replicó a Job desde la tormenta:
7
Si eres hombre, muéstrame tu valentía,
voy a interrogarte y tú responderás:
8
¿Te atreves a decir que soy injusto
o a condenarme para salir tú absuelto?
9
Si tienes un brazo como el de Dios
y tu voz atruena como la suya,
10
vístete de gloria y majestad,
cúbrete de grandeza y esplendor,
11
da rienda suelta a tu enojo
y derriba con una mirada al soberbio,
12
humilla con una mirada al soberbio,
y aplasta a los malvados;
13
entiérralos juntos en el polvo,
venda sus rostros en la tumba.
14
Entonces yo también pronunciaré tu alabanza:
Tu brazo te ha dado la victoria.
15
Mira al hipopótamo, que yo he creado igual que a ti;
come hierba como las vacas.
16
Mira la fuerza de sus ancas,
la potencia de su vientre musculoso
17
cuando yergue su cola como un cedro,
trenzando los tendones de los muslos.
18
Sus huesos son tubos de bronce,
su osamenta barras de hierro.
19
Es la obra maestra de Dios,
sólo su Creador puede derrotarlo.
20
Los montes le traen tributo,
los animales salvajes retozan junto a él;
21
se tumba debajo de los lotos,
se esconde entre las cañas del pantano,
22
lo cubren los lotos con su sombra,
lo envuelven los sauces del torrente.
23
Aunque el río baje bravo, no se asusta,
está tranquilo aunque el Jordán espumee contra su hocico.
24
¿Quién lo agarrará por los ojos
o le atravesará la nariz con una horquilla?
44
40,3-5 Respuesta de Job al Señor. El Señor se toma un descanso para recobrar el aliento y dar a Job la oportunidad de responder.
Antes, Job ha mencionado cómo la gente se cubría la boca con las manos ante sus palabras en señal de respeto (29,9). Ahora es él el que se
cubre
45 la boca respetuosamente. Job no confiesa pecado alguno, está simplemente anonadado ante el misterio de Dios y del universo.
40,6–41,26 Segundo discurso del Señor. El Señor lanza de nuevo un desafío. ¿Es realmente necesario que Job condene a Dios
para afirmar su propia inocencia? (40,8). Sigue a continuación la descripción de dos grandes monstruos: Behemoth (40,15-24) y más
extensamente Leviatán (40,25–41,26). Los expertos quieren ver en ellos al hipopótamo y al cocodrilo –y así lo hemos traducido–, pero en la
cultura del Medio Oriente son también mitos/símbolos del caos primordial a los que el Señor, creándolos, domina y controla. Probablemente
estamos ante una mezcla de zoología y mitología.
Dios desafía a Job: ¿Puedes, tú, acaso pasar una soga por sus narices?, ¿puedes capturarlos? (40,24). Ambos se pavonean por el mundo
embistiendo y atacando para hacer que todo regrese al caos, pero no son ellos los que mandan, ¡es Dios!, y Dios no los destruye, los
controla.
25
¿Puedes pescar con anzuelo al cocodrilo
o domar su lengua con una cuerda?
26
¿Puedes pasarle un junco por las narices
o perforarle la mandíbula con un gancho?
27
¿Vendría a ti con muchas súplicas
o te hablaría cosas tiernas?
28
¿Hará un contrato contigo
para que lo tomes como esclavo de por vida?
29
¿Jugarás con él como con un pájaro,
o lo atarás como un gorrión?
30
¿Traficarán con él los pescadores
o lo cortarán en trozos para venderlo?
31
¿Podrás acribillarle la piel con dardos
o la cabeza con arpones?
32
Ponle la mano encima:
te acordarás de la batalla y no lo repetirás.

41
4
No dejaré de describir sus miembros
ni su fuerza incomparable.
5
¿Quién le abrió su dura piel
y penetró por su doble coraza?
6
¿Quién abrió las dos puertas de sus fauces
rodeadas de dientes espantosos?
7
Su espalda son hileras de escudos
cerrados y duros como la piedra,
8
tan unidos unos con otros
que el aire no pasa entre ellos;
9
soldado cada uno con el vecino,
se traban y no se pueden separar.
10
Su estornudo es como relámpago,
sus ojos parpadean como la aurora;
11
de sus fauces salen antorchas
y se escapan chispas de fuego;
12
de sus narices sale una humareda
como de un caldero hirviente;
13
su aliento enciende carbones
y saltan llamaradas de sus fauces.
14
En su cuello se asienta la fuerza,
ante él danza el terror.
15
Su carne es compacta,
firmemente pegada a su cuerpo;
16
su corazón es duro como roca,
duro como piedra para moler.
17
Cuando se levanta, tiemblan los héroes,
y se rinden consternados.
18
La espada que lo alcance no resiste,
ni la lanza, ni el dardo, ni el asta,
19
pues para él el hierro es paja
y el bronce madera carcomida;
20
no lo ahuyentan las flechas,
polvo son para él las piedras de la honda;
21
para él la maza es pelusa,
se ríe del silbido de la flecha.
22
Su panza de tejuelas afiladas
araña el barro como un rastrillo;
23
hace hervir el fondo como una caldera
y humear el agua como una caldera hirviente;
24
detrás deja estela brillante,
el agua como barba encanecida.
25
En la tierra nadie se le iguala
a él, que fue creado intrépido.
26
Se encara con todo lo elevado
y es el rey de todas las fieras.
1
Pues bien, su esperanza queda defraudada.
¿También Dios al verlo quedará derribado?
2
No será cruel cuando lo provoque.
¿Quién resistirá frente a mí?
3
¿Quién me hará frente y saldrá ileso?
Cuanto hay bajo el cielo es mío.
Respuesta de Job al Señor46

42
1
Job respondió al Señor:
2
–Reconozco que lo puedes todo
y ningún plan es irrealizable para ti.
3
Yo que nada comprendía,
puse en duda tu providencia.
Es cierto, hablé de cosas que no entendía,
de maravillas que superan mi comprensión.
4
Tú has dicho: Escúchame, que voy a hablar,
voy a interrogarte y tú responderás.
5
Te conocía sólo de oídas,
ahora te han visto mis ojos;
6
por eso retiro todas mis palabras y me arrepiento
echándome polvo y ceniza.
Epílogo47
7
Cuando el Señor terminó de decir esto a Job, se dirigió a Elifaz de Temán:
–Estoy irritado contra ti y tus dos compañeros porque no han hablado rectamente de mí, como lo ha
hecho mi siervo Job. 8Por tanto, tomen siete novillos y siete carneros, vayan a ver a mi siervo Job y
ofrézcanlos en holocausto por ustedes. Mi siervo Job intercederá por ustedes. Yo haré caso a Job y no
les haré ningún daño, aunque se lo merecen por no haber hablado rectamente de mí, como lo ha
hecho mi siervo Job.
9
Fueron Elifaz de Temán, Bildad de Suj y Sofar de Naamat, hicieron lo que mandaba el Señor y el
Señor hizo caso a Job.
10
Cuando Job intercedió por sus compañeros, el Señor cambió su suerte y duplicó todas sus
posesiones. 11Vinieron a visitarlo sus hermanos y hermanas y los antiguos conocidos, comieron con él
en su casa, le dieron el pésame y lo consolaron de la desgracia que el Señor le había enviado; cada
uno le regaló una suma de dinero y un anillo de oro.
12
El Señor bendijo a Job en sus últimos años más abundantemente que al principio; sus posesiones
fueron catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas. 13Tuvo siete hijos y
tres hijas: 14la primera se llamaba Paloma, la segunda Acacia, la tercera Azabache. 15No había en todo
el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les repartió heredades como a sus hermanos.
16
Después Job vivió ciento cuarenta años y conoció a sus hijos, nietos y bisnietos. 17Y Job murió
anciano y colmado de años.

46
42,1-6 Respuesta de Job al Señor. Finalmente, Job reconoce el poder y las intenciones de Dios y admite que van más allá de su
capacidad de comprensión. Antes, Job ha sabido de Dios por las enseñanzas de la tradición, ahora, sumergido en el Misterio, tiene un
conocimiento más directo de Él, y reniega de todo lo que ha hablado. ¿Está mostrando arrepentimiento por sus supuestos pecados?
Seguramente no, pues a Dios no se le sirve con mentiras. Job puede haber ido demasiado lejos en su ansia de comprender, pero sus
sufrimientos no son el resultado del pecado. Lo que verdaderamente entiende ahora es la fragilidad y el límite de la condición humana (6,
«polvo
47 y ceniza»).
42,7-17 Epílogo. El libro concluye con un epílogo en prosa. Job es reivindicado por Dios. La conclusión se desarrolla en tres escenas:
1. Dios censura a Elifaz y a sus dos compañeros: «no han hablado rectamente de mí, como lo ha hecho mi siervo Job» (7). Esto es tan irónico
como importante. Y para más énfasis, se repite en el versículo siguiente. Si los amigos quieren evitar el castigo, tienen que pedir perdón a
Job; éste lo concede y Dios lo acepta. 2. Además del honor, Dios devuelve a Job sus propiedades (10s), aunque nunca las ha mencionado ni
pedido. Familiares y amigos vienen ahora a darle verdadero consuelo. 3. Finalmente, Dios bendice a Job (12-17) con nuevos ganados (doble
cantidad de la que tenía antes), y con una nueva familia: siete hijos y tres hijas cuyos nombres reflejan su atractivo, Jemimah (Paloma),
Keziah (Acacia) y Keren-happuch (Azabache). Job muere feliz, lleno de años y rodeado de sus hijos e hijas hasta la tercera generación.

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