CAPÍTULO 3.
DIFICULTADES Y AVANCES EN LA SATISFACCIÓN DEL DERECHO A LA
MEDIDA DE REHABILITACIÓN EN SALUD INTEGRAL Y ATENCIÓN PSICOSOCIAL DE LAS
VÍCTIMAS
Como se ha mencionado en el primer capítulo, en términos legislativos y
jurisprudenciales se ha dado un avance sustancial en la conceptualización del derecho a la
rehabilitación como una medida de reparación que tienen las personas que han sido
víctimas de violaciones a los derechos humanos y de infracciones al Derecho Internacional
Humanitario en el contexto del conflicto armado colombiano 1. Sin embargo, estos avances
normativos no necesariamente se han traducido en una garantía efectiva de este derecho
para las víctimas, por el contrario, persisten dificultades relativas a la implementación del
Programa de Atención Psicosocial y en Salud Integral a Víctimas -PAPSIVI-, el cual se ha
diseñado para garantizar este derecho.
En su experiencia de trabajo, la Corporación Vínculos ha identificado que uno de
los principales aspectos problemáticos de la implementación de la medida de
rehabilitación en Colombia, está relacionado con que existe una brecha entre los
desarrollos teóricos y conceptuales y la implementación y goce efectivo del derecho por
parte de las víctimas. Un ejemplo de ello tiene que ver con el PAPSIVI, en el que se hace
una descripción detallada de los enfoques que son necesarios incorporar en las acciones
orientadas a garantizar la rehabilitación de las víctimas (enfoque psicosocial, diferencial,
de derechos, de acción sin daño), los cuales no siempre se reflejan en la práctica como se
muestra más adelante en esta investigación.
Esta asimetría entre los constructos teóricos y la implementación de la medida de
rehabilitación, lejos de contribuir a que se alcancen los máximos esperados en relación a
este derecho, genera frustración entre los actores comprometidos con el proceso de
atención y acentúa la desconfianza de las víctimas hacía el Estado, responsable de la
reparación de los daños generados por el conflicto armado; lo que contribuye a la
profundización de los impactos psicosociales y en la salud que ha generado la violencia
sociopolítica en la vida de las víctimas, y desvirtuando la dimensión reparadora y
dignificante que deben ofrecer las medidas implementadas.
1 Ley 387 de 1997, Ley 418 de 1997, Ley 975 de 2005, Decreto 1290 de 2008, Ley 1448 de 2011, Decreto
4800 de 2011, Acuerdo Final de Paz de 2016, Sentencia T-025 de 2004 y los Autos de seguimiento más
relevantes en el tema: Autos 176, 177 y 178 de 2005; Autos 218 y 266 de 2006; Autos 027, 109 y 233 de
2007; Auto 116 de 2008; Auto 008 de 2009; Auto 219 de 2011; Auto 373 de 2016; Auto 509 de 2018; Auto
734 de 2018; y Auto 331 de 2019.
Este capítulo busca aportar a la comprensión de esas condiciones reales que
limitan la implementación del PAPSIVI en sus dos componentes: la Estrategia de Atención
Psicosocial y el Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial, como
estrategia para cumplir con la medida de rehabilitación a las víctimas, contemplada en la
Ley 1448 de 2011, para a partir de allí, formular recomendaciones que permitan avanzar
hacia una implementación que se acerque cada vez más al cumplimiento de los
estándares conceptuales y normativos que se esperan para la satisfacción del derecho a la
rehabilitación.
Dado que el interés de esta investigación está relacionado con reconocer los
avances y las limitaciones particulares que afrontan los familiares de personas que han
sido víctimas de desaparición forzada en el ejercicio de su derecho a la rehabilitación, el
alcance de los hallazgos y análisis debe circunscribirse a este grupo poblacional.
Los resultados que se presentan, se desarrollan a partir del análisis y cruce de
información obtenida de fuentes primarias y secundarias consultadas exclusivamente para
cumplir el propósito mencionado. En relación con las fuentes primarias, se consultó a
diferentes actores que tienen conocimiento directo sobre la implementación de la medida
de rehabilitación: Ministerio de Salud y Protección Social, víctimas del conflicto armado y
profesionales especializados en atención psicosocial a víctimas que hacen parte de la
Corporación Vínculos.
El acercamiento a la experiencia de las víctimas en relación con el acceso a la
atención psicosocial y en salud integral como medida de rehabilitación se llevó a cabo
mediante el desarrollo de entrevistas semiestructuradas de la siguiente forma: i) cinco
entrevistas semiestructuradas con mujeres familiares de personas víctimas de
desaparición forzada, ii) un grupo focal con tres mujeres madres de víctimas de
desaparición forzada y reclutamiento (luego dadas por desaparecidas), y iii) el análisis de
siete herramientas de caracterización de mujeres familiares de personas víctimas de
desaparición forzada y dadas por desaparecidas en el contexto del conflicto armado, que
participan en el proceso de atención psicosocial en modalidad individual y familiar en la
Corporación.
Por otra parte, se realizó un acercamiento con el Ministerio de Salud y Protección
2
Social y con profesionales especializados en atención psicosocial a víctimas de la
Corporación Vínculos. En el primer caso, se realizó una entrevista a profundidad en la que
participaron dos funcionarios de la entidad, que hacen parte de la oficina de Promoción
2 Entrevista realizada vía Meet el 27 de julio de 2022.
Social encargada de la implementación del PAPSIVI, mediante la aplicación de un
cuestionario con preguntas abiertas sobre el avance en la implementación de la medida
de rehabilitación. Para el caso de las y los profesionales especializados se desarrolló un
grupo focal en el que participaron seis profesionales en psicología que adelantan acciones
de acompañamiento psicosocial y terapéutico a víctimas del conflicto armado.
El cruce de estas fuentes de información permitió identificar avances y limitaciones
en el cumplimiento del goce efectivo del derecho a la rehabilitación de las víctimas,
considerando lo establecido en la Ley 1448 de 2011, el Acuerdo de Paz suscrito entre el
Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC -EP en 2016 y en los estándares normativos
nacionales e internacionales, en diferentes dimensiones que se desarrollan a
continuación. Es de resaltar que estos hallazgos se ciñen a un estudio focalizado,
circunscrito al análisis de las entrevistas realizadas y las fuentes primarias y secundarias ya
señaladas.
A continuación, se presentan las limitaciones relativas a: la pertinencia de los
tratamientos, la oportunidad, la continuidad y la integralidad de la medida de
rehabilitación, la atención diferenciada y especializada a las víctimas de desaparición, la
suficiente capacitación a los profesionale que implementan las acciones para la
rehabilitación, la complementariedad entre las medidas de reparación, el temor a la
estigmatización que viven las víctimas y la manera en que ellas asumen el cuidado de su
propia salud.
Tratamientos acordes a las necesidades de las víctimas
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), en las condenas
proferidas al Estado colombiano por graves violaciones a los derechos humanos con
ocasión del conflicto armado interno, ha ordenado como parte de las medidas de
reparación, el establecimiento de tratamientos médicos y psicológicos que tengan en
consideración las circunstancias y necesidades particulares de cada persona, para reducir
los padecimientos físicos y psíquicos de las víctimas del conflicto armado, sus familiares y
las redes de apoyo que las acompañan (Corte IDH, 20 de noviembre de 2013).
Al referirse a las necesidades particulares se entiende que la Corte IDH hace
referencia a las peticiones o solicitudes específicas que hacen las víctimas, las cuales
varían en función del contexto, la historia, las condiciones particulares, los recursos, daños
o carencias y las motivaciones de las víctimas. Para satisfacerlas, se hace necesario
desarrollar modelos, medidas, programas y acciones de reparación que tengan en cuenta
los principios, marcos normativos, mandatos institucionales, líneas de actuación, alcances,
objetivos, etc.; pero sobre todo tomar las necesidades de las víctimas como punto de
partida (Corporación Vínculos, 2014).
Siguiendo con las necesidades expresadas por parte de las víctimas consultadas en
el marco de esta investigación, se identificó que para que la atención en salud sea
dignificante y responda de manera efectiva y comprehensiva a sus padecimientos, es
necesario que desde el sistema de salud se dé una comprensión específica de su situación.
En este sentido, el goce efectivo del derecho a la rehabilitación para las víctimas no solo
está ligado a las acciones en salud que se desarrollen, sino que implica el reconocimiento,
por parte del sistema y de quienes lo conforman, de la afectación y de la vulneración de
derechos que ellas vivieron, ubicándose desde una perspectiva de ser sujetas de derechos
y sujetas de especial protección:
“Pues yo pienso que si le ponen cuidado a estas situaciones va a contribuir,
pero si dejamos las cosas a un lado es como si estuviéramos perdiendo los
Derechos los cuales nosotros debemos de recibir, entonces una EPS tiene que
saber que yo tengo un problema de búsqueda de un hijo (...) el compromiso
en general es que ojalá las entidades públicas de salud llámense hospitales,
clínicas, SISBEN, EPS, como se llamen por favor nos tengan en cuenta y nos
den una calidad de trato, un trato digno y de respeto, ya que digámoslo en un
momento somos vulnerables por la situación que vivimos, si se está
empezando un problema obviamente es una persona con alta vulnerabilidad
que hay que manejarla muy profesionalmente, que muchos de los dolores
físicos o personas medicadas con ácido valproico ¿por qué? simplemente
porque hubo un dictamen médico y no escucharon a esa persona ¿qué tiene?,
¿cuál es su problema? entonces es tener mucho en cuenta eso (...)”
(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de 2021)
A pesar de que esta necesidad de reconocimiento de su condición de víctimas es
enunciada de manera repetida por las mujeres entrevistadas, y de que, como se ha dicho,
la relación entre salud y sufrimiento emocional está dada a partir de los significados y las
atribuciones que la víctima hace a partir del propio ejercicio de auto reconocimiento de su
malestar; en muchas ocasiones, en la interlocución entre el sistema de salud y las
víctimas, estas narrativas quedan silenciadas o son invalidadas por la “experticia y
supremacía” que se atribuye al conocimiento científico, positivista y occidentalizado sobre
la salud y sus determinantes, quedando silenciada en el sistema de salud, la expresión de
las necesidades de las víctimas, como se expuso en el capítulo de impactos.
Cuando la implementación de la medida de rehabilitación se hace basada en
protocolos y guías de atención preestablecidas, recurso al que han apelado las entidades
responsables de la medida de rehabilitación ante la falta de profesionales con formación
específica y experiencia; se corre el riesgo de que se realice una atención estandarizada
que se ve limitada para dar respuesta a la particularidad de las afectaciones y para
reconocer los momentos por los que cada persona está atravesando en su proceso. Esto
crea la ilusión de solucionar “problemáticas” mediante estas orientaciones para el
“hacer” (Corporación Vínculos, 2014) y en lugar de aportar a la rehabilitación de las
víctimas, genera frustración, malestar y resistencia.
En entrevista realizada con la Oficina de Promoción Social, el MSPS señaló que sí
existe una comprensión sobre la complejidad de las afectaciones que se generan por
hechos de desaparición forzada; sin embargo, aunque hay orientaciones metodológicas
que consideran la particularidad de la afectación, su incorporación en la implementación
no se ha logrado:
“(..) las orientaciones metodológicas frente a desaparición forzada están
desde 2016, y pues han sido parte de lo que se va a incorporar en el
programa; también estamos trabajando en orientaciones para la acción,
por qué, porque si estamos llevando esto al sistema y a los profesionales
en el sistema, tanto en el componente psicosocial como lo que ya es
propio de la atención en salud, necesitamos que también los
profesionales tengan herramientas asequibles fáciles de implementar, de
entender, o sea, hay veces que el desarrollo de mucho protocolo no
permite que en la práctica sean apropiados en la misma forma en que
definimos las orientaciones, y eso hace que tengamos orientaciones muy
puntuales y específicas que nos lleven a mediar un poco en lo que debe
ser el reconocer un hecho complejo como es la desaparición forzada,
¿sí?, y además porque aquí estamos hablando de unas situaciones con un
nivel de complejidad mayor, en tanto los momentos que encontremos a
esos familiares, si fue previo a la entrega, si es el propio momento de la
entrega, posterior, cuánto tiempo llevan desarrollando o tratando de
desarrollar y superar los efectos que el hecho mismo ha causado” (C.
Nieto, comunicación personal, 27 de julio del 2022)
Frente al reto de dar respuesta a las necesidades de las víctimas, el Plan Nacional
de Rehabilitación Psicosocial para la Convivencia y No Repetición ha planteado como una
de sus líneas la adopción de medidas para la recuperación emocional individual, y en este
marco ha priorizado la implementación de estrategias para mejorar la calidad de la
atención psicosocial a víctimas del conflicto armado, que facilite no solo la continuidad de
los procesos de atención en las diferentes modalidades encaminados a favorecer la
mitigación del daño psicosocial y la recuperación emocional, sino responder a la
especificidad derivada de hechos victimizantes como desaparición forzada, violencia
sexual, reclutamiento de menores y tortura (MSPS & Cols., 2018).
“El Ministerio de Salud y Protección Social implementará estrategias para las
entidades territoriales, equipos de atención psicosocial a víctimas y actores
del sistema, en los elementos conceptuales y metodológicos que faciliten la
implementación de la Estrategia de Atención Psicosocial del PAPSIVI y del
Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial,
especialmente lo referido a: (…) - Brindar una atención que responda a las
necesidades específicas que las víctimas expresan de manera voluntaria, en
particular para cuatro hechos victimizantes en los que el Ministerio desarrolló
orientaciones metodológicas acorde a su afectación: (i) niños, niñas,
adolescentes y jóvenes víctimas de reclutamiento ilícito, sus familias y
comunidades; (ii) familiares víctimas de desaparición forzada y sus
comunidades; (iii) víctimas de tortura y (iv) víctimas de violencia sexual en el
marco del conflicto armado.” (MSPS & Cols., 2018, p. 43).
A pesar de este impulso que da el PNRCNR para avanzar hacia la implementación
de orientaciones específicas para la rehabilitación de las víctimas de desaparición, al
momento del desarrollo de esta investigación se identificó que el Plan aún se encuentra
en borrador y el Decreto que lo adopta todavía no ha sido expedido, esto de acuerdo con
la información proporcionada por el equipo de la Oficina de Promoción Social del MSPS y
de lo reportado en el componente de Rehabilitación del Balance de la Ley 1448 de 2011,
desarrollado por la Procuraduría General de la Nación (PGN, 2020).
La necesidad de una atención diferenciada es expresada por las mujeres
entrevistadas, quienes señalaron que aspiran contar con espacios de atención
especializada creados específicamente para ellas; más aún porque es común que las
mujeres que han vivido la desaparición forzada de sus seres queridos han sufrido otros
hechos de violencia que han complejizado aún más su condición de salud.
“Estamos sobre hacer un hospital solo para víctimas, (...) para nosotras,
como víctimas de violación sexual que hay unas compañeras que las
empalaron, les rasgaron el útero y les rasgaron, cómo se llama… el colon. -
¿sólo para víctimas de violencia sexual? - No, para toda clase de víctimas
(...), solo para víctimas, víctimas, llámese violencia sexual, desplazamiento,
lo que sea, lo que sea para víctimas.” (Grupo focal con familiares - Mujer 3;
Julio de 2022)
Otro aspecto que es requerido por parte de las víctimas para responder a sus
necesidades tiene que ver con contar con atención psicosocial familiar para poder
atender los impactos que surgen en el ámbito relacional, particularmente en lo familiar,
como resultado de la desaparición forzada. Como se mostró en el capítulo sobre
impactos, la desaparición forzada conlleva unas afectaciones particulares en el ámbito
familiar que se relacionan con la alteración de roles, la asignación de responsabilidades
y culpas al interior de la familia por la desaparición del ser querido, el conflicto por las
diversas formas en que cada miembro de la familia afronta la desaparición, y la
dificultad para responder a las expectativas de género que se tienen sobre las mujeres
como cuidadoras dentro de la familia.
“(…) mis hijas me dicen que no me sienta así que yo no soy culpable, pero
me siento culpable por que me separé del papá de mis hijos y por
controlarme se llevó mi hijo, por no vivir con él, siento que es mi culpa por
no haber aceptado volver a vivir con él, irme para el campo, pero acá en la
ciudad tenía mejor vida para mí y mis hijas y mi hijo (...)”. (Herramienta de
caracterización Corporación Vínculos - Narrativa Caso 01; junio de 2021)
«(hablando del acompañamiento psicosocial brindado por la Corporación
Vínculos) yo tenía sesiones con ella en la oficina, allá yo iba y hablábamos, ella
me dijo que si yo le iba a contar a mi esposo y yo le dije que no, que no sabía
cómo decirle. Yo le dije a él: “la doctora lo necesita”, yo no le dije para qué
era ni nada, y entonces ella le contó lo que me estaba pasando. Entonces
pues obvio, la doctora es muy profesional y en estas cosas ella está hecha
para eso, entonces ella habló con él y él cuando llegó me dijo: “vieja usted por
qué no me había contado todo esto que pasó”, y yo le dije: “porque yo tenía
miedo de su reacción, como usted ha sido tan incomprensible”, y dijo: “no,
pero de todas maneras…” me abrazó y pasó así, no hubo un reproche de
nada, no hubo nada.» (Grupo focal con familiares - Mujer 3; Julio de 2022)
Así mismo, los espacios de acompañamiento psicosocial y de atención en
salud mental son altamente valorados por las víctimas cuando además de participar
en espacios de atención individual o familiar, estos incorporan un componente
grupal o comunitario, ya que se convierten en una posibilidad de encuentro con el
otro, en un lugar de legitimación del sufrimiento y en un escenario en el que puede
hacerse visible el delito de la desaparición y el sufrimiento que esta genera.
“Durante muchos años busque sola a mis hijos, fue muy doloroso, el día en que
empecé a asistir a los grupales me empecé a sentir acompañada, el dolor de
ellas es mi dolor y siento que las conozco desde siempre, la búsqueda de la
persona que amas es muy dolorosa, pero estar acompañada la hace menos
pesada, me duele el alma, pero sigo porque no estoy sola” (Herramienta de
caracterización Corporación Vínculos - Narrativa Caso 03; junio de 2021)
Continuidad de la medida para la rehabilitación psicosocial
Como se presentó en el capítulo anterior, el delito de desaparición forzada tiene
impactos particulares, que tienen que ver con que el sufrimiento se vive de una manera
continuada en el tiempo debido a la incertidumbre permanente, el duelo irresuelto y la
continuidad de la búsqueda del ser querido, momentos en los que el dolor se re
experimenta; por ello, con el paso del tiempo sin una respuesta Estatal y sin atención
psicosocial y en salud, las afectaciones se pueden profundizar y volverse crónicas:
“Cuando mi hijo no me volvió a llamar y supe lo que había pasado lloré
mucho, me sentí muy mal. Ahora cuando me preguntan por mi hijo, hablo de
él o lo recuerdo me siento mal, no puedo hablar, siento que me ahogo, me da
ansiedad, no puedo dormir y lloro (...) Al estar en el proceso de la JEP, sufro
por no saber de mi hijo, eso me enferma… lloro y no puedo expresarme,
amanezco con dolor en el cuerpo (...)”. (Herramienta de caracterización
Corporación Vínculos - Narrativa Caso 01; junio de 2021)
Este testimonio muestra que la vivencia de las afectaciones de manera continuada
y fluctuante implica que las acciones que se desarrollen para aportar a la rehabilitación,
deban tener una continuidad en el tiempo y que se ajusten a los momentos que esté
viviendo la familia:
“Ojalá se acabe esa incertidumbre para saber si en verdad ella está muerta,
pero el tiempo no ayuda; ojalá sigan las exhumaciones, ojalá esté viva en
algún lugar… Ella no tiene ninguna identificación, ella no tiene cédula porque
se la llevaron siendo menor… por la identificación sería más fácil, nosotros
solo dimos el ADN. A nosotros nos dijeron que a ella la habían enterrado en
Granada y por lo menos no supe que mi hija pasó lo que supe que otras
personas habían vivido, que las habían descuartizado, cómo será eso tan
terrible… uno se siente mal, como uno no sabe en qué circunstancias han
pasado esas criaturas, hasta con mi hija, nadie puede dar información porque
nadie vio… muy triste porque sin saber, en el momento en el que me pongo a
pensar que a esa china la hayan torturado, matado… uno espera que si a ella
la mataron, uno llegue a saber con los estudios forenses si sufrió… sufro
cuando me acuesto, sin saber la vida de ella” (Herramienta de caracterización
Corporación Vínculos - Narrativa Caso 04; Junio de 2021)
Desde la experiencia de acompañamiento a familiares de víctimas de
desaparición se ha identificado que ellos valoran positivamente los espacios de
acompañamiento psicosocial cuando estos les permiten tramitar el dolor a su propio
ritmo, sin seguir un protocolo de número de sesiones y sin limitar los tiempos para el
acompañamiento. Con frecuencia las víctimas esperan que los espacios de atención en
salud mental se construyan como escenarios seguros y libres de los juicios y “prejuicios”
que con frecuencia enfrentan como consecuencia de la victimización; así mismo,
esperan que este tipo de atención les permita alivianar el sufrimiento que conlleva cada
etapa o proceso que afrontan y que se hace más llevadero cuando se cuenta con un
acompañamiento.
En este sentido, la Procuraduría General de la Nación en su informe de Balance a
la Ley de Víctimas (PGN, 2020) ha señalado que la rehabilitación es una medida que no
puede circunscribirse a un tiempo o a unas acciones específicas; sino que debe estar
disponible durante toda la ruta de atención a las víctimas:
“La rehabilitación tiene la particularidad de ser una medida que en sí misma
requiere estar disponible y accesible durante el tiempo que la persona lo
requiera, en cualquier momento de la ruta de prevención, protección, y
reparación integral. Casi que se podría establecer que la rehabilitación a las
víctimas cuestiona o reta el carácter transicional de este componente de
reparación integral. Es decir, la rehabilitación debe ser una medida y un
recurso permanente y continuo y frente al cual, aunque se cumplan las
metas, las personas puedan volver a acceder cuando lo consideren
necesario.” (PGN, 2020, p. 186)
Así mismo, el Departamento Nacional de Planeación en el documento CONPES
4031 de 20213, formulado para la actualización de los lineamientos generales del plan de
ejecución de metas, del presupuesto y de los mecanismos de seguimiento para el Plan
Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas (PNARIV), ha considerado la
importancia de que la medida de rehabilitación esté disponible en todo momento:
“(…) debe tenerse en cuenta que el conflicto puede generar efectos sobre la
salud de la población víctima, que no siempre se evidencian de inmediato,
sino que pueden presentarse tiempo después. En algunos casos el efecto se
evidencia en el agravamiento de alguna enfermedad preexistente o en la
aparición de enfermedades posteriores sobre las cuales, no necesariamente
pueda existir una relación específica asociada al conflicto. En ese sentido, las
medidas de rehabilitación en su componente mental y físico corresponden a
procesos que deben permanecer en el tiempo, garantizando una atención
diferencial con enfoque psicosocial y oportuna a las víctimas.” (CONPES 4031
de 11 de junio de 2021, p. 49)
A pesar de este reconocimiento y claridad, en el marco de la formulación de las
políticas públicas sigue siendo un reto la implementación de un modelo de atención
sostenible y disponible que permita brindar una atención continuada, que responda a las
necesidades que tienen las víctimas de desaparición en las diferentes etapas que se viven
en relación con este delito; como se evidenció en la entrevista con el equipo de Ministerio
de Salud:
“Con la Unidad de Búsqueda para las Personas Dadas por Desaparecidas
retomamos esta tarea, (…) precisamente para fortalecer los lineamientos de
atención psicosocial en toda la ruta de la desaparición, es decir, en la
búsqueda, en la exhumación, en la entrega, y lo que pasaría después, porque
claramente lo que hoy existe para PAPSIVI está muy en función de lo que pasa
3 El Documento CONPES 4031 del 11 de junio de 2021 se expide con ocasión de la prórroga de la vigencia de
la Ley 1448 de 2011 y los decretos leyes 4633, 4634 y 4635 de 2011 por 10 años más, extendiendo su
vigencia hasta el 11 de junio de 2031. Dicha prórroga se realiza mediante la Ley 2078 de 2021 del Congreso
de la República.
después de la entrega, pero no necesariamente atiende lo que pasa en la
búsqueda, lo que pasa en una exhumación que muy posiblemente pueda
decir si es un familiar o no es un familiar y eso trae otras implicaciones o lo
que pasa en la entrega y lo que pasa después de la entrega, entonces
claramente hay unos momentos y unos lugares donde los procesos
psicosociales varían en función precisamente de la desaparición en su
complejidad.” (A. Cepeda, comunicación personal, 27 de julio del 2022)
Si bien se reconocen avances en relación con la incorporación de un
acompañamiento psicosocial en los diferentes momentos de la ruta de desaparición, por
vía de la articulación interinstitucional con la Unidad de Búsqueda para las Personas
Dadas por Desaparecidas, también es cierto que aún persisten limitaciones para
garantizar una oferta permanente en atención psicosocial que permita atender el
sufrimiento continuado que se vive con la desaparición y que se profundiza en
escenarios de impunidad, de dilación en los procesos jurídicos, de confrontación con las
versiones de los responsables del delito y de la falta de acceso a la verdad.
Oportunidad de la medida de rehabilitación
De acuerdo con la PGN “La oportunidad en rehabilitación se relaciona con la
posibilidad de atender con criterios de calidad, a las necesidades de las personas en el
menor tiempo posible, a partir del momento en el que ocurren los hechos victimizantes
o en el momento en que las personas solicitan algún tipo de atención.” (2020, p. 119)
En algunos de los casos analizados se observó que los abordajes realizados fueron
tardíos y que se dieron solo cuando aparecieron afectaciones graves. En el siguiente relato
se da cuenta de la temporalidad transcurrida entre la ocurrencia del hecho de
desaparición forzada y el desarrollo de acciones para la mitigación del impacto.
“Una mujer que vivió la desaparición forzada de un hijo [en 1999], antes de
llegar a la Corporación Vínculos fue diagnosticada con depresión mayor, vivía
en sedación todo el tiempo, tenía que tomar un medicamento que le hacía
dormir [su tratamiento por psiquiatría inicia en 2005]. Cuando ella llega, la
psicóloga que la atiende empieza a mirar todo el tema diagnóstico y
medicación, dándose cuenta de que a ella no le habían dejado vivir su dolor,
porque todo el tiempo estaba sedada. Empezó a hacer acompañamiento
terapéutico constante [En 2017], y logra en coordinación con el psiquiatra que
la mujer deje de tomar medicamentos.” (Grupo focal terapeutas - Terapeuta
1; 30 de junio de 2021)
Con la promulgación de la Ley de Víctimas en 2011, con la entrada en vigencia del
PAPSIVI, con la Sentencia T- 045 de 2010 y con los mínimos aportados por la Corte IDH, en
sus sentencias contra Colombia; en materia del derecho a la rehabilitación, esta situación
debió cambiar y no haberse perpetuado indefinidamente, inclusive quien entra de manera
complementaria en el tratamiento es una organización de tipo privado y no
necesariamente el Estado con su oferta institucional. En palabras de una de las terapeutas
entrevistadas se expresa así:
“Con esto a lo que voy es que las afectaciones también se han perpetuado por
la forma en que se trataron al principio, como no se sabía muy bien, porque
no había tantas organizaciones, porque no había tantas personas pendientes
de las víctimas, ni siquiera estaba la Ley 1448, estas personas perpetuaron ese
dolor y lo perpetuaron de unas formas que encadenaron problemas de salud
mental más graves de los que realmente deberían haber sido.” (Grupo focal
terapeutas - Terapeuta 1; 30 de junio de 2021)
El grupo de profesionales consultadas en esta investigación señaló que uno de los
momentos más complejos se da en la fase de emergencia por factores como la limitada
capacidad institucional, ausencia de equipos psicosociales en las instituciones en la que se
inicia la ruta de búsqueda:
“No hay una atención desde el momento uno, cuando las personas llegan a
poner la denuncia por desaparición y no les dan una ruta o acompañamiento
para que puedan ellos de algún modo tener un parte de tranquilidad,
claramente la tranquilidad la van a tener hasta el momento que sepan qué
pasa con su familiar, pero desde ese momento las personas están
completamente perdidas y solas y siguen solas durante todo el proceso.”
(Grupo focal sobre derecho a la rehabilitación - Terapeuta 5; 13 de agosto de
2021)
“Aquí en Villavicencio, las fechas en las que se atiende a las personas o en las
que se les otorgan las citas no siempre corresponden a la necesidad inmediata
que se tiene. A veces llega la persona por cualquier hecho victimizante y desde
la misma Unidad [para las Víctimas] o institución que recibe y que revisa que es
urgente la atención no se garantiza que esta sea inmediata, porque en la EPS o
en la institución responsable tienen una agenda súper apretada y la persona no
logra acceder, eso es una gran limitante.” (Grupo focal sobre derecho a la
rehabilitación - Terapeuta 6; 13 de agosto de 2021)
“Yo pensaba en los casos que yo he acompañado, las personas no han tenido
una atención en crisis, una atención digamos psicológica o psicosocial urgente
al momento en que ocurre la desaparición, sino que generalmente esos casos
nos llegan mucho después, o sea es más frecuente o más fácil que un caso de
violencia sexual nos llegue en los primeros momentos en que ocurrió la
violencia sexual a que nos llegue un caso de desaparición forzada en los
primeros momentos en que ocurrió la desaparición y yo pienso que hay un
hueco grande ahí, en esa atención primaria que reciben estas personas, porque
nunca la atención está centrada en ellos siempre está centrada en quien
desapareció y en que aparezca, y no estoy diciendo que esté mal; pero lo que sí
quiero decir es que la afectación al no ser trabajada hace que esos dolores, ese
sufrimiento, que esas angustias se enquisten y tal vez por eso es más frecuente
que tengamos algunas afectaciones de salud mental graves cuando
acompañamos a familiares de personas dadas por desaparecidas, yo no tengo
un balance pero creo que sería interesante mirar en las historias que estamos
analizando, ahí está la pregunta de si recibió atención, en las que yo he
acompañado no han recibido atención; esta otra barrera que identifico: la
atención temprana inmediata de estas personas porque está centrada siempre
en la búsqueda y nunca en ellos mismos, en los familiares.” (Grupo focal sobre
derecho a la rehabilitación - Terapeuta 2; 13 de agosto de 2021)
En el contexto de conflicto en el que las personas han vivido la desaparición
forzada de sus seres queridos, ha sido imposible contar con una atención oportuna,
viéndose restringida su posibilidad para acceder a salud integral y a su derecho a la
rehabilitación:
“ya después de la desaparición de mis hijos como le dije yo duré mucho
tiempo con droga, [me la dio] un médico en Puerto A., me dio esas pastas
para que yo prácticamente durmiera; pero eso cuando me secuestraron
primero a los dos hijos yo no tenía más nada, pues se me habían llevado los
niños para la guerrilla, pero no tenía más nada y que supuestamente uno no
podía salir a dar una declaración porque eso era prohibido porque el que salía
no volvía y si volvía no…” (Grupo focal con familiares - Mujer 3; Julio de 2022)
La falta de oportunidad en las medidas de rehabilitación no es un asunto que se
advierta sólo en los datos recogidos en esta investigación. El Balance de la Ley 1448 de
2011 realizado por la Procuraduría General de la Nación, en 2020, llamó la atención sobre
“la necesidad de que las medidas de rehabilitación psicosocial y en salud estén disponibles
de manera inmediata o cercana en el tiempo a cuando suceden situaciones de emergencia
que exponen a las personas a sufrir daños en su salud y a nivel psicosocial, para prevenir la
profundización de los daños.” (PGN, 2020, p. 120) y expresó que lograr responder a las
necesidades en salud integral de las víctimas en la fase de emergencia representa un reto
de articulación y complementariedad para el sistema, en el que se logre una continuidad
en el acceso a la atención psicosocial y en salud en las fases de atención y reparación
buscando contribuir a garantizar el derecho a la rehabilitación (PGN, 2020).
Abordajes medicalizados, simplistas y sin un enfoque psicosocial.
Los hallazgos del capítulo de impactos, señalan que, para las víctimas la
enfermedad física está conectada con el sufrimiento emocional y aparece como una
expresión de este, lo cual ha sido sustentado en otros estudios (ver capítulo 2). Estos
hallazgos ponen de presente la necesidad de que el sistema de salud esté preparado
para responder a la manera particular cómo se configuran las afectaciones en la salud
integral de las familias de las víctimas del delito de desaparición, incorporando de
manera efectiva una comprensión integral y holística de los procesos de salud -
enfermedad que viven, tal como se expresa en el siguiente relato de las mujeres
entrevistadas:
“(...) todo el dolor de mi corazón se manifiesta y somatiza totalmente mi
cuerpo, entre eso circulación ¿si me entiende?, porque todo es afectado,
entonces vamos al médico: doctor me duele esto, radiografía, examen de
sangre, listo, que tiene el colesterol, triglicéridos altos, pero cuando uno
empieza a hablar con...digamos con una de ustedes de las doctoras, que uno
tiene a quien contarle, que realmente es profesional para entender nuestro
caso, porque el médico general es profesional en salud de su cuerpo, más no
en el caso que estamos manejando como es el dolor de mi corazón por la
ausencia de mi hijo.” (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5;
agosto de 2021)
Como se ha mostrado en el capítulo dos de esta investigación, donde se abordan
los impactos, es indispensable tener una aproximación desde una perspectiva de salud
integral. Lo que supone que el cuerpo y la psiquis, afectadas por un hecho violento, se
deben concebir como una unidad indivisible. Esta mirada holística, es uno de los pedidos
que las víctimas entrevistadas hacen al sistema y a las y los profesionales de salud:
“Para mí es importante que el médico sepa que yo soy víctima porque yo tengo
un concepto diferente a cualquier otro enfermo que vaya allá, cierto, yo tengo
víctima no solo voy con mi dolor de cabeza porque tengo un dolor de cabeza
doctora hace días, de dónde viene el dolor de cabeza, puede ser porque tengo
una infección, puede ser porque tengo una... o puede ser por mi dolor
psicológico que tengo, eso tiene que entenderlo el médico, pues eso es lo que
yo entiendo, no, así, entonces pero cuando el médico le dice y qué con eso yo
aquí atiendo toda clase de enfermo que venga, qué necesita señora. Entonces
mire, “mi víctima” quedó allá en un rincón, allá en un rincón o en la caneca de
la basura” (Grupo focal con familiares - Mujer 3; Julio de 2022)
Inclusive esta mirada holística y el reconocimiento de la particularidad de las
afectaciones en salud como resultado de la vivencia del delito de desaparición forzada es
reclamada por las víctimas como una especie de resarcimiento del daño que se les ha
causado:
“Un trato digno es, un ejemplo, yo pienso que cualquier persona que llega con
un dolor físico, preguntémosle qué le pasa, antes de decirle: ¿dónde te duele?
dile: cuéntame qué te ha pasado en estos días para saber su dolor, ¿cierto? ese
sería como el inicio, el médico tendría que ser médico general, psicólogo y de
todo porque tiene que entender un caso, entonces: no que doctor estoy
peleando con mi esposo, vamos a poner un ejemplo, caso donde hay nosotros
digamos los víctimas: es que mi hijo se me perdió hace tanto tiempo, es que a
mi esposo se lo llevaron, ¿y ya cuanto hace? no, hace 20 años, y ¿cuándo
cumplió años él de desaparecido? Hace 8 días, ahí ya tiene un dolor.”
(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de 2021)
En las entrevistas y grupos focales realizados con familiares de víctimas de
desaparición forzada y de personas dadas por desaparecidas, se identificó que en la
atención que han recibido las víctimas para mitigar los padecimientos que se han
derivado de la ocurrencia de los hechos violentos ha persistido una mirada medicalizada
que se centra en la reducción del síntoma como parte de una “enfermedad” y no como
resultado de las circunstancias complejas que está viviendo la persona por causa del
conflicto armado, sin un enfoque psicosocial:
“Hubo un momento en que fui evaluada hace como siete años, evaluada
bipolar afectivo (...) Pido sesiones con psiquiatría y me acuerdo que el doctor
a la quinta terapia me dice: "tú no eres bipolar, ¿quién te dijo que eras un
bipolar?", le dije: un médico cuando me atendieron por urgencias, me dice:
"usted es bipolar", me acuerdo que me mandaron el ácido valproico, que yo
dije esa vaina es rara, eso es para epilépticos, eso no es mío, o sea yo misma
no aceptaba situaciones, pero más sin embargo, siempre he sido una persona
de buscar profesionales de los temas, no me dejo creer de mi amiga, de mi
hermana, de nadie, solamente un profesional me orienta; entonces cuando el
doctor me hace cinco terapias llega a la conclusión que yo no soy bipolar. -
¿En algún momento ellos se preocuparon por saber cuál era tu historia? - No,
para nada. - ¿Se preocuparon a ver si tú eras víctima del conflicto? - No, y
siempre lo comentaba.” (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5;
agosto de 2021)
Algunos de los testimonios de las víctimas consultadas en esta investigación
permitieron ver que, en el abordaje de su situación de salud, las y los profesionales no
incorporan una perspectiva psicosocial desde la complejidad, ni desde el contexto de las
afectaciones, que los ha llevado incluso, a hacer afirmaciones simplistas sobre las
manifestaciones del sufrimiento en el cuerpo.
“Desde que esto pasó no puedo dormir, he trabajado y he gastado plata para el
problema de dormir, porque es muy desesperante no dormir. El médico me
dice: “relájate y duerme”, y los médicos aún no me creían, “lo que vamos a
hacer contigo es que te vas a tomar todas las noches esta pastillita””.
(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 4; agosto de 2021)
Las víctimas expresan que estos abordajes no son adecuados en la medida en
que no comprenden sus padecimientos en toda su dimensión.
“Porque ahí las emociones, los altibajos, las depresiones, todo eso se va
acumulando y todo eso va haciendo una maquinita ahí de que todo eso es lo
que le va afectando a uno el organismo, pero como a uno nunca le
preguntan eso.” (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 3; agosto
de 2021)
Ante la simplicidad y generalidad de algunas intervenciones, las víctimas piensan
que sus malestares no son tratados haciendo uso de todos los recursos disponibles médica
y científicamente para mejorar su calidad de vida y avanzar en su proceso de
rehabilitación, sino que por el contrario se les indica que el malestar y el dolor es un
aspecto que deben integrar a su vida, lo que genera altos niveles de frustración e
incrementa la desesperanza que ya les acompaña por efecto de la desaparición forzada
de sus seres queridos:
«¿El Estado qué me ha dado? esto de Capital Salud, el médico que me manda
ese acetaminofén, porque no me mandan más nada sino acetaminofén (ríe) no
saben dar más y esas pastas de amitriptilina, eso sí ha sido una ayuda porque
yo he tenido días de no tener con que comprarme una pasta, entonces sí.
Siempre he ido al médico y siempre me mandan acetaminofén, sí me calma un
rato, pero tengo que estar encima tomando el mismo medicamento, pero esto
ya no me lo curan porque los mismos médicos me dicen: “es que es por la
edad". Sí, ellos me dicen: "es que es por la edad tiene es que acostumbrarse a
vivir con el dolor" yo creo que sí es un obstáculo, si pensar que uno ya viejo le
tiene que doler todo, porque si yo entiendo así "es que tiene es que
acostumbrarse a vivir con el dolor, porque es que ese dolor ya es por la edad"
así me han dicho los médicos. Mire que no le he llegado a contestar, yo solo la
miro la cara y digo yo: ¿será que es cierto, así tengo que morirme, ¿no hay una
pasta ni una inyección que me quite el dolor?, pero yo la miro a la cara.»
(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 4; agosto de 2021).
“Me han ayudado a calmar un poco el dolor porque a mí con una pasta de
amitriptilina que me formulan puedo descansar, puedo dormir, con una pasta
de acetaminofén me calma el dolor de una pierna, del brazo un rato, porque
al rato yo estoy otra vez con el mismo dolor, entonces son calmantes, pero sí,
no puede ser uno desagradecido si lo ayuda porque pues son calmantes lo
que le dan a uno (...) yo he visto que la salud no es así.... pero igual el Estado
le manda a uno.... esos calmantes que manda, hay que recibirlos porque no
mandan más sino esto.” (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 4;
agosto de 2021).
“Yo no dormía nada y ya hoy, ahora les digo, puedo dormir, pero con
medicamentos yo no duermo natural. Mirtazapina comprimidos para el
sueño, hay otra, pero no me acuerdo del nombre... desde hace... mejor dicho
donde yo no hubiera ido a España y a Europa ya estaría quién sabe dónde,
porque a mí allá fue que me llevó el esposo de mi sobrina al psiquiatra a
recetarme estos medicamentos, me los he seguido mandando, pero lo que
me hablan me preocupa, de verdad estoy tomando mucho medicamento...
esto, a principios del año pasado... como todo el tiempo con los ojos abiertos
y como con frío, como con... no sé... uy, es lo... yo creo que es lo peor que le
puede suceder a un ser humano, pasar una noche en blanco esperar que salga
el sol y todavía no hay sol no hay nada solamente noche; pero a raíz de la ida
al psiquiatra me ha mejorado.” (Entrevistas a profundidad con familiares –
Mujer 2; agosto de 2021)
“Tengo momentos que si no puedo llorar es una depresión, me quedo en la
cama, siento que no puedo, del sentimiento me da dolor de cabeza, me
duelen los huesos, por casi ocho días que no quiero levantarme de la cama,
no puedo dormir, me toca tomar pastas, amitriptilina me toca tomar de por
vida ̧ pasa 3 o 4 días, a veces tengo 8 días sin dormir… me duelen las manos,
me duelen los pies, sin poder dormir” (Herramienta de caracterización
Corporación Vínculos - Narrativa Caso 07; junio de 2021)
Estos testimonios además de mostrar las pocas alternativas que tienen las mujeres
familiares de víctimas de desaparición forzada y de personas dadas por desaparecidas para
manejar sus afectaciones de salud, nos llevan a preguntarnos sobre las razones por las
cuales el PAPSIVI no les ha brindado una atención integral y articulada que les ayude a
mejorar las causas estructurales de su malestar. También nos lleva a preguntarnos sobre el
seguimiento que se hace a la efectividad del uso de los medicamentos, al control sobre los
efectos secundarios de su uso continuado y sin mayor supervisión médica; y nos lleva a
cuestionarnos sobre la articulación que dentro del sistema se hace entre los distintos
profesionales de la salud para brindar una atención complementaria de acuerdo con su
especialidad, para dar manejo a los efectos complejos que tiene la desaparición forzada en
la salud de las personas.
Así mismo, las intervenciones medicalizadas para atender los impactos que viven
los y las familiares de víctimas de desaparición forzada, han conllevado múltiples riesgos
para las víctimas tales como la escasa adherencia a los tratamientos, un mayor
sufrimiento por verse afectadas por una enfermedad mental que no comprenden y el
consumo de medicamentos en dosis diferentes a las prescritas.
Estos riesgos se asocian a que las intervenciones referidas en los testimonios han
dejado de lado aspectos como: los recursos de afrontamiento con que cuentan las
personas para manejar su dolor, las creencias de la persona frente al malestar y sus
causas, la aparición de efectos secundarios que pueden impedir la adherencia al
tratamiento, la percepción que tiene la persona de los cambios que genera en ella el uso
de la medicación y la falta de comprensión del síntoma a la luz de la violencia
experimentada.
“(...) Y sí, yo me tomo esa pastillita que se llama amitriptilina y esa pastilla
me hace dormir toda la noche, pero igual no me la tomo todas las noches
porque me da mucha sed, siento que se me reseca más la piel, siento que la
sed es demasiada y a veces no puedo expresar tampoco lo que siento debido
a esa pasta que me tiene ahí como amarrada” (Entrevistas a profundidad con
familiares – Mujer 4; agosto de 2021)
Igualmente, las intervenciones de tipo medicalizado y desconectado del
conocimiento del contexto en el que se producen las afectaciones, han generado un
impacto negativo sobre los procesos de recuperación de las víctimas y lo que se observa
es un estancamiento, como lo muestra la siguiente experiencia relatada por una de las
terapeutas de Corporación Vínculos:
«En este momento la mujer es una líder que ha llorado a su hijo, que lo sufre
todavía pero que tiene recursos para transitar ese dolor. En el momento en
que ella llegó estaba medicada, con un duelo no resuelto, estaba incapacitada
porque no podía estar sola en la casa sin compañía de nadie porque les daba
miedo que se hiciera daño, no hablaba, no tenía una red de apoyo, no
escuchaba a nadie, ella había sido víctima de violencia sexual y eso no lo había
dicho nunca, (…) cuando ella empieza a vivir su duelo empieza a enfermarse,
tiene hipertensión alta, se le sube el azúcar y se desmaya, ella relata que esto
pasaba al principio hace como 4 años, ya no (…) ella empieza a hablar más, a
asistir a espacios grupales, a acompañarse de otras mujeres, a ver que otras
mujeres habían avanzado mucho y ella logra conectarse con estas mujeres,
ella dice: "mi dolor es menos doloroso, no porque a mi corazón no le duela
sino porque estoy acompañada de otras mujeres que vivieron lo mismo que
yo", y sus enfermedades empiezan a nivelarse, claro que la hipertensión no
es algo que se le va a quitar (…), pero ella empieza a poder controlar otras
reacciones de su cuerpo» (Grupo focal terapeutas - Terapeuta 1; 30 de junio
de 2021)
Este relato da cuenta de la afectación multidimensional que puede sufrir una
persona a causa de la desaparición forzada de un ser querido y de la correlación e
interdependencia ya señalada entre los impactos en salud y los impactos psicosociales, en
otras áreas de la vida de la persona; en consecuencia, pone en evidencia la insuficiencia de
una sola mirada y de un solo tipo de intervención para el abordaje de dichos impactos.
Adicionalmente, muestra que las intervenciones con una mirada medicalizada conllevan el
riesgo de limitar la posibilidad de que las personas comprendan sus reacciones e impactos
en el contexto de la violencia infringida de manera intencional por actores armados
legales e ilegales, y de que se pongan en juego los recursos que han construido desde sus
experiencias de vida para sobreponerse a la adversidad y avanzar en un proceso de
rehabilitación.
En el caso descrito, una intervención oportuna, simultánea, articulada y
complementaria entre diferentes áreas de la salud desde un enfoque psicosocial hubiese
permitido un mejor pronóstico en la recuperación y en la mitigación de los impactos,
hubiese favorecido el ajuste global de funcionamiento de la mujer en las diferentes áreas
de su vida y hubiese evitado la profundización de los impactos, por ejemplo, a nivel
relacional en el contexto familiar y comunitario en el que ella se desenvuelve. Además,
haber recibido la atención en el marco de una medida de rehabilitación para su reparación
hubiese significado probablemente una resignificación de la relación con el Estado, una
dignificación de su ser querido, es decir, hubiera contribuido a su reparación.
Como el testimonio anterior, existen otros que contrastan con los descritos hasta
ahora y permiten ver cómo cambia la percepción de la atención en salud cuando las
víctimas consideran que en sus intervenciones las y los profesionales del sector salud se
interesaron en escuchar lo que “les pasa realmente”, permitiendo verlos más allá de un
diagnóstico o de una dolencia y logrando que las acciones de atención en salud se
realicen desde un enfoque de derechos y psicosocial:
«La doctora dice: “tienes que tener tensión normal, no tienes que… procura
mantener su mente ocupada, no regreses al pasado”, y es que es lógico,
cuando yo, mientras yo no regrese hacia el pasado mi tensión está normal, un
poquito y la tensión se me sube a 100, 200 y entonces me pongo que vuelo,
entonces cuando yo empiezo a sentir ese calor por la cara voy y me tomo una
pasta» (Grupo focal con familiares - Mujer 3; Julio de 2022)
Este relato permite ver cómo se ha construido de manera conjunta entre el
profesional en salud y la víctima, una compresión integral entre la enfermedad y el
sufrimiento, ahora la mujer del relato logra conectar y entender que estar
constantemente pensando en el pasado tiene efectos en su salud física, que se
manifiestan en su presión arterial elevada, lo cual la moviliza a focalizarse en el presente;
además, pone en evidencia que hay una compresión en relación a la importancia del uso
adecuado de la medicación.
Ahora bien, otros relatos que ponen en evidencia la importancia y pertinencia de
comprender el dolor y los “síntomas” desde una mirada del contexto y los impactos
particulares de la desaparición forzada.
“En las cinco terapias yo tengo.... es la primera persona que me escucha mi
problema, doctor me pasó esto, se desapareció mi hijo, mi hija esto, yo me
encuentro así, así, así; entonces el doctor empieza como psiquiatra
obviamente analizar, aquí no hay un bipolar (...) No, aquí no hay un bipolar
afectivo, ella lo que tiene es un problema de la desaparición de su hijo y como
que no la acepta, que era mi problema, no aceptar que mi hijo se había
desaparecido” (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de
2021)
«Cuando mi hija en esa ocasión llama la línea 123, llega el médico, llega el
equipo y yo me encuentro en una sala a las 3:30 de la mañana, el doctor me
valora, me escucha y le digo mi dolor, entonces él se para y le dice a mi hija:
"venga para acá hágame el favor ¿usted por qué dice que su mamá es
bipolar? no, en primer lugar usted respete a su mamá en su dolor, a usted le
duele la partida de su hermano, sí, pero no le duele como le está doliendo a
su mamá, y si su mamá busca venirse a quedar acá, no es para que usted la
deje con un televisor prendido en una sala y diga: esta mañana y mire a ver si
duerme o no duerme, si ella dice: me quiero quedar con usted, quiere estar
acompañada, quiere que alguien la escuche, y me hace un favor señorita su
mamá no es bipolar afectivo, su mamá lo que tiene es un dolor, la respeta”»
(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de 2021)
Como se aprecia en estos testimonios la mirada integral frente a las condiciones de
salud de las víctimas del delito de desaparición forzada es determinante y cambia el tipo
de intervenciones que realiza el personal de la salud. Se evidencia cómo estos
profesionales que adoptan una mirada integral y comprensiva de las víctimas y su
situación, dan lugar a un tipo de relación diferente entre ellas y el sistema de salud; una
relación en la que se sienten reconocidas y atendidas en su afectación y que avanzan hacia
la reconstrucción de su identidad como sujetas de derechos y como agentes activos en su
recuperación y rehabilitación.
Las personas víctimas construyen significados y comprensiones sobre lo
reparador a partir de la experiencia de la atención que reciben, siendo este el escenario
en el que se concretan los enfoques conceptuales que sustentan las estrategias y
modelos de atención, esta construcción se hace a través de los procedimientos y de la
relación con las y los profesionales. En otras palabras, en la experiencia de la atención se
encarnan los enfoques propuestos, y si ésta no incorpora una mirada holística,
compleja, contextualizada y desde el reconocimiento de la singularidad de la víctima
(enfoque diferencial), el andamiaje conceptual pierde sentido, dando lugar a un aspecto
problemático que ya se ha mencionado: la asimetría entre la teoría del PAPSIVI y su
implementación práctica (Corporación Vínculos, 2017).
La integralidad es un aspecto que bien se ha contemplado en el dominio
ontológico del Programa, el cual reconoce un sujeto multidimensional, bio-psico-social,
con un marco sociopolítico e histórico que le dota de facultades para transformar su
realidad; sin embargo, el hecho de que el Programa se haya estructurado en dos
componentes desde su concepción, ha constituido en sí mismo una limitante que rompe
con la mirada integral del ser humano, ya que por un lado atiende la afectación
psicológica-psicosocial en el componente de atención psicosocial y, por otro, la salud física
y mental en el componente de atención en salud integral.
Por supuesto, esta separación entre componentes ha llevado a que en términos de
política pública y de registro de indicadores el componente de atención psicosocial y el
competente de atención en salud integral con enfoque psicosocial sigan separados,
limitando el desarrollo práctico de intervenciones con una mirada desde la integralidad
dentro del PAPSIVI, porque cada profesional se ocupa de la parte que le compete y en
consecuencia, las estrategias para la rehabilitación tienen un impacto limitado en
términos de mitigación de los impactos en salud integral.
En esta misma línea, la Corte Constitucional (Auto 373 de 2016) y la Comisión de
Seguimiento y Monitoreo a la Ley de Víctimas (CMSLV, 2015), en adelante CMSLV, han
advertido que uno de los obstáculos para que las estrategias de rehabilitación logren el
impacto esperado tiene que ver con problemas de articulación institucional, la cual se
advierte en dos sentidos: “La primera, entre la oferta institucional del Ministerio de
Salud y Protección Social y de la Unidad para las Víctimas y, la segunda, entre los
componentes del PAPSIVI (Atención Psicosocial y Atención Integral en Salud)” (Corte
Constitucional, Auto 737, 2017)
En relación con la segunda, que es la que abordamos en este análisis, el Balance a la
Ley de Víctimas desarrollado por la Procuraduría General de la Nación (PNG, 2020) señaló
que existe una desarticulación en la operatividad entre los componentes de atención
integral en salud y de atención psicosocial del PAPSIVI, ya que hasta el momento cada uno
de los componentes tiene una ruta de implementación independiente. Esta circunstancia
desde nuestro punto de vista imposibilita: i) evidenciar datos sobre la complementariedad
entre los diferentes tipos de atención, ii) valorar la efectividad de las remisiones realizadas
desde el componente de atención psicosocial al componente de atención en salud integral
y viceversa, iii) reconocer las relaciones entre el malestar físico y el sufrimiento emocional
y, iv) hacer seguimiento a la incorporación efectiva del enfoque psicosocial y de la mirada
de salud integral en el desarrollo del componente de atención en salud integral.
Al revisar los resultados de implementación del PAPSIVI en el componente de
atención en salud integral se identifica poco avance en su implementación a pesar de
que han transcurrido más de 10 años desde la promulgación de la Ley 1448 de 2011, en
donde se ordena su creación. En el Balance realizado a la Ley de Víctimas por parte de la
Procuraduría General (2020), se ha señalado que la implementación del componente de
salud integral presenta dificultades en la territorialización de las directrices; puesto que
el Ministerio se ha ocupado de brindar la asistencia técnica a las entidades prestadoras
de salud a nivel territorial, pero estas no han avanzado efectivamente en su
implementación. En su análisis la Procuraduría presentó la siguiente información
respecto a la implementación del Protocolo:
“De acuerdo con la información suministrada por el MSPS, resulta
preocupante que hasta el momento el avance en implementación
acompañada del Protocolo de atención integral en salud con enfoque
psicosocial no se ha realizado ni siquiera en el 10% de los departamentos del
país, esto genera inquietudes frente a la capacidad para replicar y escalar el
modelo en un tiempo razonable en todas las entidades prestadoras de los
servicios de salud, y más aún inquieta si existe la posibilidad real para hacer
seguimiento y control a la implementación por parte del MSPS sobre las
entidades territoriales que brindan servicios de salud a las víctimas.” (PGN,
2020, p. 101)
Igualmente, en la entrevista realizada al MSPS para el desarrollo de esta
investigación, se reportó que los resultados de la evaluación que el Ministerio realizó al
PAPSIVI en el año 2018 evidenciaron dos hallazgos en relación con la integralidad del
Programa: i) la necesidad de que en un solo lugar y bajo un solo sistema de información se
gestionen todos los procesos de atención en salud para las víctimas, y ii) la lentitud en la
implementación del Protocolo en el territorio por la compleja articulación que se requiere
entre EPS, IPS, oficinas de talento humano, equipos interdisciplinarios, Ministerio y Unidad
de Víctimas: “han sido demasiados actores y lograr la alineación de este universo tan
complejo pues, no ha sido fácil.” (Cepeda, A. comunicación personal, 27 de julio de 2022)
En esta misma línea la CMSLV (2022), en su noveno informe de seguimiento,
señaló que “la apropiación e implementación del Protocolo de Atención Integral en Salud
con Enfoque Psicosocial por parte de las entidades territoriales ha sido heterogénea.
Mientras algunas gobernaciones no han logrado consolidar su acompañamiento y
coordinación de actividades y responsabilidades de los diferentes actores del SGSSS, otras
han podido documentar su liderazgo en el desarrollo continuo y sistemático de
actividades de fortalecimiento de atención en salud y caracterización de la población
víctima.” (CMSLV, 2022, p. 175). Dicho informe reconoce el esfuerzo realizado por las
gobernaciones de Bolívar, Caquetá, Córdoba, Guainía, Magdalena, Quindío y Santander
indicando que lo desarrollado hasta el momento son acciones de impulso en lo territorial
a la implementación del Protocolo, tales como:
● Acciones básicas por parte del 35% de las secretarías de salud, tales como: acceso a
sistemas de información de víctimas, cumplimiento de la documentación exigida para
la planeación, participación en las jornadas de asistencia técnica programadas por el
MSPS, y conocimiento del número de víctimas en el departamento y la relación de
afiliados.
● Acciones de liderazgo y planeación por parte del 45% de las secretarías de salud con
las cuales se impulsa la coordinación y socialización del Protocolo con las EPS y las
EAPB. Estas acciones incluyen la conformación de equipos interdisciplinarios, el
desarrollo de capacitaciones, la socialización de lineamientos técnicos a los actores
del SGSSS, la creación de mesas en salud para la implementación del Protocolo, la
aprobación y seguimiento del plan de acción, y la priorización de municipios
priorizados (aunque no se presentan resultados concretos de la implementación).
● Acciones de caracterización de la población en el 20% de las secretarías de salud, las
cuales avanzan en la gestión de conocimiento acerca de la atención en salud a la
población víctima, a partir de los informes entregados por las EPS con datos sobre las
barreras de acceso al servicio de salud, afiliación, asignación de citas médicas,
consulta y diagnóstico médico, entrega oportuna de medicamentos, citas con
especialistas, tratamiento médico especializado, hospitalización, traslados y
urgencias.
Como se evidencia en los testimonios recogidos en esta investigación y de
acuerdo con la CSMLV (2022), aunque existen avances por parte de las secretarías de
salud, esto no significa que haya una implementación real del Protocolo por parte de los
prestadores de servicios de salud que garantice a las víctimas una atención en salud
integral y con enfoque psicosocial, que sea diferencial y que incorpore en sus análisis e
intervenciones las circunstancias particulares derivadas de la victimización. No en vano
la CSMLV (2022), en ese mismo informe, insta al MSPS y las secretarías departamentales
de salud a coordinar las acciones necesarias para fortalecer la implementación de los
componentes del Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial.
En la entrevista desarrollada en el marco de esta investigación, el equipo de la
Oficina de Promoción Social del Ministerio, refirió que actualmente se está trabajando en
un mecanismo nuevo para la implementación del Programa en sus dos componentes, en
una estrategia que consiste en implementar el Programa en su integralidad a través de las
IPS. De acuerdo con los funcionarios, esta iniciativa ya fue trabajada técnicamente y
presentada a la Mesa Nacional de Víctimas saliente y se ha avanzado en los análisis
técnicos, jurídicos, financieros y presupuestales para su viabilidad:
“Estamos trabajando en un mecanismo que consiste en implementar el
Programa a través de las IPS y cuando digo el Programa es en su integralidad,
el componente de atención psicosocial, el componente de salud física y salud
mental todos en un solo momento y en un solo lugar, a través del equipo
multidisciplinario que define el protocolo de atención integral porque para
eso se hizo el estudio y la evidencia demostró que si no hay un equipo
interdisciplinar haciendo una valoración integral de la persona para poder
determinar cuáles son sus necesidades y en esa perspectiva generar, saber
generar un plan de atención integral, pues difícilmente vamos a poder
responder y difícilmente la víctima va a sentir que realmente el Estado está
haciendo algo por su salud y por su bienestar. Entonces, eso es lo que se ha
venido trabajando desde el año pasado y lo que se busca es que las IPS en
todo el país puedan implementar el programa de manera integral.” (Cepeda,
A. comunicación personal, 27 de julio de 2022)
Claramente, el cambio planteado por el Ministerio está en perspectiva de
fortalecer la territorialización del PAPSIVI, lo que desde nuestro punto de vista constituye
un desafío para el Ministerio, ya que es preciso asegurar los mecanismos para que la
descentralización no conlleve a una falta de seguimiento técnico ni presupuestal en la
implementación del Programa, sino que por el contrario, se fortalezca el enfoque
territorial y la responsabilidad económica de los entes territoriales en la reparación de las
víctimas, garantizando los mecanismos necesarios para la veeduría, la articulación nación -
territorio y la evaluación de los resultados de implementación del PAPSIVI, que hasta
ahora ha sido uno de los aspectos a fortalecer de acuerdo con las valoraciones realizadas a
este Programa y con las percepciones recogidas de parte de algunas de las víctimas
entrevistadas para esta investigación.
“Le cuento que de pronto sí se conoce, pero está muy débil el Programa, es
de afán las psicólogas; yo siento que debe ser como más especial, entonces es
muy débil, es como un puesto político… porque una vez que fueron a mi casa
yo le dije: “yo no puedo porque yo no estoy aquí”… como no estaba yo, ¿sabe
qué hizo la psicóloga?, me cogió y le hizo así a mi mamá y le hizo poner el
sello que yo no había estado como a las 7 de la noche y yo en mi corazón dije:
“el problema es conmigo no con mi mamá doctora, ustedes no tienen por qué
poner a mi madre”, porque mi madre es una viejita de 96 años, y entonces, es
enclenque, deben de tener gente que sea psicólogas de verdad, que sí
pasaron de dos horas o más, que entreguen de verdad, que sea como una
entrega profesional; son muy enclenques en servicio, porque yo sí lo conozco
y…. no hay en sí un Programa para la salud mental de psicología para nosotras
las mujeres que hemos sufrido violencia sexual, que hemos sufrido
desaparición forzada, no lo hay. Y yo si se lo he criticado, lo he criticado
porque no lo hay, son puestos políticos entonces la sardina no está
interesada” (Grupo focal con familiares - Mujer 2; Julio de 2022)
Este testimonio corrobora lo planteado antes por la CSMLV (2022) en relación con
que no en todos los entes territoriales se evidencia la apropiación e implementación del
Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial,además, pone en
evidencia limitaciones determinadas por aspectos y dinámicas estructurales que están
presentes en los territorios tales como la corrupción o el clientelismo, los cuales deben
tenerse en cuenta por parte del Ministerio ya que representan riesgos importantes para
la garantía del derecho a la rehabilitación de las víctimas en un eventual cambio de
modelo. Esta alerta se exacerba cuando se entiende con mayor detalle la propuesta de
cambio en la implementación, ya que se evidencia que el rol del Ministerio de Salud
(responsable en la Ley 1448 de 2011 de la medida de rehabilitación) será marginal,
cediendo el control total de la implementación a los entes territoriales:
“(...) el proceso se va llevar al nivel municipal, y es el municipio donde va a
operar, que es como opera la descentralización pues el departamento va a
tener un rol muy importante en garantizar que los procesos se den como se
tengan que dar, es decir, aquí el Ministerio claramente va a tener que hacer
un despliegue y un esfuerzo, triplicar sus esfuerzos para llevar estas
capacidades que históricamente ha construido acá a todos los territorios, que
la mayoría ya la tiene, yo podría decir que ya con 25 departamentos donde
durante 10 años se ha implementado el Programa, que ellos mismos han
puesto recursos, que ellos lo vienen implementando yo creo que ya se cuenta
con la capacidad para que ellos lideren este proceso, no para que
implementen el Programa sino para que vigilen que el Programa se
implemente de la mejor manera. Entonces allí esta es la apuesta, hacer un
despliegue, fortalecer esas capacidades en las entidades territoriales que de
hecho está pensado en la misma asignación de los recursos y es disponer
recursos para que el departamento contrate talento humano para que se
fortalezca técnicamente el departamento y eso permita tener el control ya en
el municipio, en el territorio donde se van a prestar la atención a las víctimas
del conflicto armado. Y ese fortalecimiento pasa por: entender muy bien el
proceso, capacitar al talento humano, desarrollar soporte e implementar las
estrategias de seguimiento y monitoreo, vigilar que se cargue la información,
vigilar que se preste la atención, vigilar que se soporten los procesos para
poder hacer los pagos, o sea, pasa por elementos técnicos, pero también pasa
por elementos administrativos para que todo marche de la mejor manera.”
(Cepeda, A. comunicación personal, 27 de julio de 2022)
Igualmente, preocupa que este cambio no necesariamente subsana otras
limitaciones, que de acuerdo con la Procuraduría han sido críticas para la implementación
del Protocolo de Atención en Salud Integral con Enfoque Psicosocial, sino que por el
contrario puede profundizar algunas de ellas, como por ejemplo: i) la alta rotación del
personal en el sector salud (médicos, enfermeras, auxiliares, administrativos), que lleva a
que sea necesaria una permanente capacitación sobre el mismo tema y que los niveles de
apropiación sobre el Protocolo no sean siempre los esperados; ii) la falta de una
implementación acompañada, permanente y sostenible en los territorios; iii) el escaso
recurso humano (promotores psicosociales) dentro de los equipos territoriales para
apoyar la incorporación del Protocolo; y iv) la falta de seguimiento a la implementación
del Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial en las IPS priorizadas
para el desarrollo de la implementación acompañada, valorando sus resultados y los
factores críticos de éxito de la experiencia que puedan ser replicados para escalar el
modelo a otros territorios.
Frente a este al último aspecto vale la pena tener en cuenta que en las respuestas
entregadas por el MSPS a la Corporación, se evidencian recomendaciones relacionadas
con la necesidad de gestionar el acto administrativo que adopte el PAPSIVI, sus
componentes y demás elementos, para garantizar la implementación del Programa por
parte de todos los actores del Sistema y fortalecer su articulación con las demás políticas,
lo que resulta aún más preocupante, pues si el Ministerio, desde su capacidad de
incidencia a nivel nacional no ha logrado en 10 años de vigencia de la Ley gestionar este
acto administrativo para garantizar la voluntad de implementación de Protocolo, cómo se
espera que avance este proceso si se deja en manos de los entes territoriales sin un
instrumento de política pública que garantice su regulación.
“Tomando como referencia el análisis de los elementos operacionales e
institucionales, frente a la implementación del componente de salud integral,
se identifican las orientaciones técnicas que deben desarrollar los actores del
SGSSS a través del Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque
Psicosocial, el cual no cuenta con un acto administrativo que regule su
desarrollo y seguimiento, dificultando las mediciones y monitoreo del acceso
que tienen las víctimas a los procesos de rehabilitación en salud física y
mental en el marco del PAPSIVI.” (MSPS, 2022, p. 3)
En definitiva, se perciben bastantes retos ante esta propuesta de cambio en el
modelo de implementación del PAPSIVI y quedan muchas preguntas abiertas, algunas
de ellas relacionadas con: si el Ministerio tiene un equipo lo suficientemente robusto
para garantizar la transferencia del Programa a los municipios, cuál va a ser la
estructura interna del Programa, cuál va ser el rol del Ministerio a nivel nacional, cómo
va a verificar el Ministerio que se cumplan los indicadores, cómo va a asegurar los
recursos a nivel territorial para el seguimiento a la implementación de la medida, cómo
va a hacer la evaluación de los resultados de la implementación de la medida de
rehabilitación a nivel nacional, cómo se va a hacer la rendición de cuentas, cómo se va a
hacer seguimiento al uso de recursos, cómo se va a llegar a las regiones más lejanas en
donde los entes territoriales no están precisamente fortalecidos, qué va a suceder si en
algunos municipios no hay voluntad política para la implementación del Programa,
entre otras, porque aún faltan muchos elementos por definir en este cambio de
estrategia.
Ante estas inquietudes y riesgos previsibles, el equipo de la Oficina de Promoción
Social del MSPS ha planteado que el nuevo mecanismo brindará mayores oportunidades
para realizar seguimiento y monitoreo a la implementación de la medida, para fortalecer
la articulación entre los dos componentes del Programa, para hacer control presupuestal y
para brindar atenciones con los estándares técnicos y de calidad requeridos por el MSPS.
“Esto tiene una ventaja en perspectiva para las IPS porque el pago es directo,
el Ministerio les va a girar directamente a ellos y ellos van a recibir el pago por
la atención (...). Entonces no va a ser a la ligera que se va a dar eso, sino que
nosotros vamos a tener un punto de control frente al recurso y es, si usted me
demuestra que me atendió a la víctima bajo esas características, que usted le
hizo el plan de atención integral, en ese plan de atención participó el
psicólogo el trabajador social, la enfermera y el médico y ese plan está
cargado en mi sistema y adicionalmente le está brindando la atención en las
condiciones y con las características que yo le dije, yo le voy a pagar, mientras
tanto, eso no va a suceder. Entonces también las obligamos a que realmente
se guarde y se garantice la calidad y las características técnicas en el proceso
de atención de las víctimas del conflicto armado.” (Cepeda, A. comunicación
personal, 27 de julio de 2022)
Así mismo, prevén que otros aspectos que se pueden ir subsanando con esta
modalidad de implementación se relacionan con mejorar la cobertura territorial y
poblacional, especialmente en zonas rurales y dispersas conforme a lo que se ha
propuesto el PNRCNR, realizar los cruces de información pertinentes y tener el talento
humano asegurado a través de un directorio de profesionales que se ha venido
construyendo; sin embargo, no puede negarse que es una apuesta que conlleva riesgos a
los que es pertinente mantener en observación , por medio del desarrollo de mecanismos
de monitoreo y seguimiento sólidos y sensibles.
“Esto va a ser un riesgo, pero el riesgo va a traer unas ventajas: continuidad,
integralidad, mayor cobertura poblacional y poder en el futuro, en tres años,
estar en todo el territorio nacional en todos los municipios del país, pero eso
va a traer unos riesgos administrativos, operativos, técnicos, y financieros
porque claramente al crecer en la lógica en que se piensa crecer pues va a
demandar más recursos, más recursos que va a poner a competir al Ministerio
de, qué hago le doy la plata para implementar el Programa o compro vacunas,
claramente eso trae otra serie de riesgos estratégicos, políticos, económicos,
de muchas índoles, pero pues hay que tomar esas decisiones (...). Como ya
sabemos que eso va a pasar, por eso la apuesta del Ministerio es fortalecer su
despliegue territorial, es decir, cómo cambiamos el equipo el Ministerio ya no
estaría en función de supervisar unos convenios, de mirar si cumplen la meta
porque aquí ya la condición de la meta se rompe, ese es el otro paradigma
que se rompe acá (...); usted tiene que generar un plan de atención a las
víctimas y ese plan incluye atención en salud física, mental y psicosocial y la
víctima va a poder en el lapso de un tiempo recibir las atenciones, la atención
psicosocial, atención en salud física, es decir, la víctima se va a sentir, y es la
perspectiva, la víctima va a sentir que el Estado si le está respondiendo, es
decir, que en un mismo momento y lugar y en el transcurso de unos meses va
a poder estar con el médico, va a poder estar con el psicólogo, va a poder
estar en algún tema de promoción o de prevención de la enfermedad y
adicionalmente va a estar con los equipos psicosociales, que la atención
psicosocial se determine también, prioritariamente, desde una situación
extramural, es decir, no es que la víctima vaya a la IPS a recibir la atención
psicosocial; el profesional va a estar en la IPS, pero el profesional va a estar de
manera extramural, es decir, está yendo a las casas como históricamente se
ha brindado la atención a las víctimas del conflicto armado. (...) Son muchos
los riesgos, pero también en función de esos riesgos que se prevén pues se
van a mitigar precisamente con lineamientos claros, con instrucciones claras,
con que todo el equipo del Ministerio va a estar haciendo despliegue
territorial y que en el territorio se van a contratar profesionales precisamente
para que sean “el brazo del Ministerio” allá en el territorio para que generen
esas capacidades en el departamento, para sean los que acompañen uno a
uno todas las dificultades, riesgos, y necesidades que puedan surgir en la
implementación en cada ESE de los municipios priorizados en esta fase de
transición.” (Cepeda, A. comunicación personal, 27 de julio de 2022)
Finalmente, cabe resaltar que Documento CONPES 4031 de 2021, que actualiza
los lineamientos generales, plan de ejecución de metas, presupuesto y mecanismos de
seguimiento para el Plan Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas
(PNARIV), en concordancia con la prórroga de la Ley 1448 de 2011 y los Decretos Ley
4633, 4634 y 4635 de 2011, plantea una ventana de oportunidad para la
implementación real y efectiva del Protocolo, en la medida en que establece unas
metas puntuales; señalando que entre 2021 y 2023, el MSPS debe gestionar con las
entidades territoriales la implementación técnica y operativa del Protocolo de Atención
Integral en Salud con Enfoque Psicosocial del PAPSIVI; de tal manera que en 2023, el
100 % de las entidades territoriales cuenten con este componente. Por ello es clave
poder hacer seguimiento al avance de estos indicadores contemplados en los
instrumentos de política pública nacional en materia de rehabilitación a las víctimas.
Atención diferenciada y especializada dentro del sistema general de salud
El Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial a víctimas del
conflicto armado, se enmarca en el Plan Decenal de Salud, en la Política Integral de
Atención en Salud (PAIS) y en su Modelo Integral de Atención en Salud (MIAS); los
cuales forman parte de la propuesta rectora del sector salud para responder a los
mandatos que se le encargaron por la Ley Estatutaria en Salud (Ley 1751, 2015). Este
panorama ha representado oportunidades para la implementación de la medida de
rehabilitación, como por ejemplo, el avance en el aseguramiento de la población
víctima; pero también ha transferido las barreras y limitaciones del Sistema General de
Salud colombiano a su implementación, lo que se traducen en impedimentos para el
goce efectivo del derecho a la rehabilitación de las víctimas.
La Corporación Vínculos (2016) ha señalado que el PAPSIVI no tiene efectos
reparadores, ni logra generar un mecanismo de atención diferencial en materia de salud
integral para las víctimas que tome en consideración su condición como un sujeto de
especial y reforzada protección constitucional. Por el contrario, lo que se observa en
algunos casos, es que las barreras estructurales del sistema producen un impacto
desproporcionado sobre las víctimas y su condición de salud, cuando se trata de
situaciones que presentan un alto nivel de complejidad por la coocurrencia de factores
sociales, culturales, comportamentales y económicos que inciden sobre el estado de
salud de las personas víctimas y sus familias.
“Una madre y sus cuatro hijos, hoy adultos, sufrieron la desaparición del
padre de la familia y a raíz de ello, vivieron el desplazamiento y el despojo
de su lugar de vivienda ubicada en una zona semiurbana. Esta familia, llegó
a vivir a un asentamiento en Bogotá y allí tres de los hijos comenzaron a
tener serios problemas de salud mental, fueron diagnosticados con
esquizofrenia y además se iniciaron en el consumo de sustancias
psicoactivas. Este era un caso muy complejo, pero la respuesta del sistema
de atención en salud no necesariamente respondía a esa complejidad: ellos
solamente estaban recibiendo tratamiento psiquiátrico con medicación para
la esquizofrenia, pero sin un tratamiento para el consumo de SPA; las citas
de psiquiatría eran demoradas y no siempre tenían un seguimiento, ni un
suministro regular de la medicación por falta disponibilidad de agenda del
médico tratante; (…) no tenían seguimiento ni continuidad; eventualmente
habían sido internados en clínicas psiquiátricas pero estaban dos meses allí,
los medicaban y los devolvían a casa sin un plan de control médico o de
seguimiento.” (Grupo focal sobre el derecho a la rehabilitación - Terapeuta
2; 13 de agosto de 2021)
Este testimonio además de evidenciar una intervención medicalizada da cuenta
de un tratamiento en el que el sistema de salud no tiene el alcance para responder a la
complejidad de las afectaciones, ni para hacer una lectura de estas a la luz de las
circunstancias que están viviendo las víctimas.
Lo anterior es congruente con la percepción que tienen las terapeutas que
participaron en la investigación; quienes señalan que cuando el sistema de salud aborda
las afectaciones que viven las y los familiares de personas que han sido desaparecidas
forzadamente, no resulta evidente la existencia de un foco diferenciado en los
procedimientos y tratamientos que se les practican.
“No se percibe que exista una atención diferenciada que comprenda y
contemple las situaciones particulares y el sufrimiento continuado que viven
las y los familiares de víctimas de desaparición, la atención que ellos terminan
recibiendo es exactamente igual a la de cualquier ciudadano, (…) no veo que
haya una atención diferencial en donde un equipo médico, por ejemplo,
intente identificar de qué manera las dolencias están relacionadas con ese
sufrimiento continuo, permanente y crónico que están llevando esas personas
y con todo el agobio que les genera estar participando de manera continua en
procesos de búsqueda de su familiar, de verdad, de justicia y todo lo que
implica la desaparición (…)” (Grupo focal sobre el derecho a la rehabilitación -
Terapeuta 2; 13 de agosto de 2021)
Inclusive, las experiencias y apreciaciones relatadas en estos testimonios muestran
la contradicción entre la realidad que viven las víctimas y las órdenes en materia de
rehabilitación que ha dado la CIDH a Colombia; la cual ha señalado la necesidad de que la
población víctima reciba una atención especializada y diferenciada y de que las medidas
de rehabilitación implementadas sean acordes a sus necesidades particulares. Y si bien la
misma Corte ha indicado que esta atención debe brindarse a través de los servicios
nacionales de salud, esto no quiere decir que los tratamientos y procedimientos con ellas,
deban ser los mismos que para el resto de la población.
“Con el fin de contribuir a la reparación de los daños físicos y psicológicos, el
Tribunal dispone la obligación a cargo del Estado de brindar gratuitamente, a
través de sus instituciones de salud especializadas, el tratamiento médico y
psicológico requerido por los familiares de las víctimas, incluyendo los
medicamentos que estos requieran y tomando en consideración que algunos
han padecido de drogadicción y alcoholismo. (...) al proveer el tratamiento
psicológico se deben considerar las circunstancias y necesidades particulares
de cada persona, de manera que se les brinden tratamientos colectivos,
familiares e individuales, según lo que se acuerde con cada uno de ellos y
después de una evaluación individual. Para estos efectos, el Estado deberá
otorgar dicho tratamiento a través de los servicios nacionales de salud, para lo
cual las víctimas deberán acudir a los programas internos de reparación a los
cuales se remite esta Sentencia (infra párrs. 471 a 473), específicamente a los
programas dispuestos para hacer efectivas las medidas de rehabilitación. Las
víctimas deberán tener acceso inmediato y prioritario a las prestaciones de
salud, independientemente de los plazos que la legislación interna haya
contemplado para ello, evitando obstáculos de cualquier índole.” (CIDH, Caso
de la Masacre de los 19 Comerciantes Vs Colombia del 5 de julio de 2004)
Si bien el PAPSIVI se ha diseñado para brindar esta respuesta diferenciada y
garantizar el derecho a la rehabilitación de las víctimas, al encontrarse su acción inmersa
en el sistema de salud nacional adolece de los mismos problemas y se distancia de los
parámetros que a nivel internacional se han indicado para que las acciones en materia
de salud resulten reparadoras para las víctimas; parámetros que tienen que ver con la
gratuidad de los servicios, la disponibilidad de medicamentos, la evaluación de
necesidades particulares, el tratamiento en distintos niveles (individual, familiar y
comunitario), la oportunidad y la accesibilidad sin obstáculos.
Las circunstancias mencionadas han llevado a que los servicios en salud que
reciben las víctimas para el logro de su rehabilitación carezcan de un componente
reparador y que simplemente sean similares a los servicios que recibe cualquier ciudadano
que no ha sufrido un menoscabo a sus derechos4.
4 La Corte IDH, en sus sentencias, ha sido enfática al señalar que: “no puede confundirse la prestación de los
servicios sociales que el Estado brinda a los individuos con las reparaciones a las que tienen derecho las
víctimas de violaciones de derechos humanos, en razón del daño específico generado por la violación”
En el caso de Colombia, el sistema de salud ha sido desarrollado al margen de las
circunstancias políticas y sociales que se han dado en el país. Tenemos un sistema de
salud que no contempla una guerra vivida durante más de 60 años y en este sentido, es
un sistema que históricamente no se ha preocupado por generar un conocimiento
especializado en relación con el impacto que el conflicto armado ha tenido sobre la
salud de las víctimas y de quienes vivimos en este contexto.
En la actualidad, en Colombia no contamos con información oficial sobre de qué se
enferman física y mentalmente las personas que han sido afectadas directamente por la
guerra, no conocemos cuáles son sus dolencias más graves y significativas según los
hechos victimizantes, no sabe cómo se asocian las enfermedades en el cuerpo con los
estados emocionales y con la vivencia de un hecho de violencia (Corporación Vínculos,
2016).
Hasta el momento, la aproximación más cercana que se ha hecho para entender la
incidencia que ha tenido el conflicto armado sobre la salud de las víctimas ha sido la
“Encuesta Nacional de Salud Mental”, que se desarrolló en el 2015. En esta se evidenció
que la población víctima presenta afectaciones particulares de salud mental en relación
con el resto de la población y mayores índices de morbilidad para algunas afecciones
clínicas. Por ejemplo, los trastornos afectivos (depresión y trastorno bipolar) se presentan
en un 6,7 % en la población general, mientras que en la población desplazada tienen una
prevalencia del 11,3 %; por su parte, los trastornos de ansiedad y la conducta suicida
tienen una aparición 2,5 veces mayor entre la población desplazada que en la población
general (MSPS, 2015).
Más allá de fortalecer un sistema que se ajuste a las necesidades en salud que
surgen a partir del contexto social y político que ha afrontado el país; los esfuerzos del
Ministerio de Salud se han centrado en lograr el aseguramiento de la totalidad de la
población víctima. En este sentido, la Entidad sigue presentando como uno de los
principales logros, a los 10 años de creación del PAPSIVI, el haber conseguido el
aseguramiento del 94,2 % de las personas registradas como víctimas, indicando que este
avance es el primer paso, ya que permite garantizar el acceso de la población a los
servicios de salud.
“(...) sí hay metas de aseguramiento, para garantizar el 100 %, aunque ya está
en el 94.2 %, si mi memoria no me falla, todavía falta un pequeño porcentaje
(CIHD, 2012. Serie C. No 259).
de víctimas. Esto es muy significativo porque hace 5 o 6 años la cobertura de
aseguramiento estaba muy baja, en el setenta y algo, (...) y ya estar en el 94
también significa que hay al menos, en términos de derecho, está habilitada la
posibilidad de la garantía del derecho a la salud. Ya el tema de accesibilidad y
oportunidad y de calidad son otros temas, pero en el caso ya de la garantía
del derecho el aseguramiento estaría dado por eso.” (Cepeda, A.
comunicación personal, 27 de julio de 2022).
Este avance también es bien valorado por las víctimas, quienes reconocen que la
salud no es uno de los temas que con mayor frecuencia aparece en sus ejercicios de
reclamación de derechos porque de una u otra forma está cubierto, más allá de que este
se dé en las condiciones de calidad, gratuidad, oportunidad o continuidad que se han
señalado para garantizar efectivamente su rehabilitación. Finalmente, para algunas
personas pareciera bastar con tener acceso a servicios de salud, sin tener una dimensión
real de lo que implica la rehabilitación y su trasfondo como una medida reparadora.
“Yo digo una cosa, de pronto nosotros no nombramos aquí la salud porque la
tenemos, no como la deberíamos tener no, especializada, pero por eso tengo
mi seguro que es Capital Salud que es bueno, se me caen los dientes me los
ponen, me duele algo me llevan donde tu dijiste…” (Grupo focal con familiares
- Mujer 3; 27 de julio de 2022)
De hecho, a pesar del alto nivel de aseguramiento de la población víctima, el
número de personas que han accedido a la medida de rehabilitación aún es bajo en
comparación con las metas de atención que se establecieron para el primer periodo de
vigencia de la Ley 1448 de 2011 (2011 a 2021).
En 2012, el CONPES 3726 estimó que 3.000.000 de personas, víctimas del
conflicto armado, requerían atención psicosocial y por ende estableció esta meta en
rehabilitación (componente psicosocial) para los 10 primeros años de vigencia de la Ley.
En 2018, el Plan Nacional de Desarrollo -PND- ajustó la meta y estableció que a 2022
debía haberse cumplido con la atención psicosocial de 1.152.999 víctimas. Con base en
este ajuste hecho por el PND (2018 - 2022) sobre la meta de atención, el Ministerio de
Salud informó a la Corporación Vínculos que entre 2012-2021 se logró la atención
psicosocial de 1.042.984 víctimas, lo que para ellos indica un avance del 90.5 % con
respecto a la meta (MSPS, 2022).
La baja cobertura en el componente de atención psicosocial de la medida ha sido
objeto de atención por parte de la CSMLV en sus diferentes informes de seguimiento; la
cual, puntualmente en su noveno informe, señaló su preocupación por que las metas de
atención psicosocial no responden a las necesidades reales de las víctimas, reiterando lo
dicho en el octavo informe sobre la necesidad de definir las metas, considerando el
universo de víctimas que requieren de la medida de rehabilitación 5 (CSMLV, 2022).
Por otra parte, en relación con la puesta en marcha del componente de salud
integral, el MSPS informó a la Corporación que para la vigencia del 2020 se tuvo el reporte
de 30 Entidades Territoriales -ET- en implementación. con un avance del 47,6 %; para la
vigencia 2021, el reporte fue de 36 ET con un avance del 44,7%; y para el primer semestre
de la vigencia 2022, fueron 35 ET con un avance promedio del 39,5 % (MSPSS, 2022).
Estas cifras llevan a cuestionar la evolución de este componente del PAPSIVI,
puesto que, como se mencionó anteriormente, luego de 10 años de vigencia de la Ley no
hay una implementación total del Protocolo que está completamente construido desde el
año 2017. Este cuestionamiento es validado por los resultados obtenidos en la evaluación
desarrollada por el Ministerio de Salud al PAPSIVI en el año 2020, en la que se da cuenta
de la baja implementación del componente de salud integral, lo cual limita la posibilidad
de incorporar el enfoque psicosocial y diferencial en la atención en salud, de mejorar la
prestación de servicios, de formular los planes de salud y de hacer su seguimiento, así
como, de lograr la articulación con el componente psicosocial para avanzar hacia la
integralidad de la medida de rehabilitación (MSPS, 2020).
De esta manera, los resultados obtenidos luego de 10 años de implementación
de la medida en el marco de la Ley 1448 de 2011, generan preguntas sobre aspectos
como la capacidad institucional que se ha desplegado para su desarrollo, las voluntades
políticas para garantizar los derechos de las víctimas, la pertinencia del modelo
administrativo para su implementación (que en el componente psicosocial se ha dado
mediante la contratación de operadores), la capacidad del sistema de salud para
atender las necesidades de la población en general y además las necesidades
particulares de las víctimas, la respuesta diferenciada de acuerdo con las necesidades
particulares que surgen como resultado de la vivencia de distintos hechos victimizantes,
la posibilidad de seguimiento y evaluación a la implementación, entre otros.
5 Para hacer este señalamiento la CSMLV ha tomado como referencia los parámetros que se indican a
continuación: “a) 3.000.000 era la meta a 2021 que estableció inicialmente el CONPES 3726 de 2012 para la
atención psicosocial. b) 3.472.453 era el universo de población a atender en rehabilitación según la RNI en
2017. c) 7.277.408 víctimas fueron identificadas como sujetos de atención y reparación por la RNI en 2020.
d) El número de víctimas en el RUV ha seguido aumentando y, en consecuencia, el universo de víctimas por
atender es cada vez mayor.” (CSMLV, 2022; p. 159)
“(…) la cobertura poblacional frente a la atención psicosocial, si bien ya se
alcanzó el millón de víctimas con atención psicosocial en las acciones que
desarrolla el Ministerio y la Unidad para las Víctimas, pues claramente un
millón de víctimas en reparación a 9.200.000 víctimas que hoy están en el
Registro Único de Víctimas es un porcentaje muy bajo; y que si no
cambiamos las formas en que implementamos el programa, definitivamente
vamos a llegar al 2031 que es cuando se acaba la Ley de Víctimas y no
vamos a garantizar que las víctimas accedan a sus derechos frente a las
medidas de rehabilitación.” (Cepeda, A. comunicación personal, 27 de julio
de 2022).
Adicionalmente, la reducción de las metas institucionales planteada para el
componente de atención psicosocial (CONPES 3726 y PND 2018 - 2022) no se ajusta a lo
establecido en el Acuerdo de Paz, en el cual el Gobierno se comprometió “a ampliar la
cobertura pública y despliegue territorial, y mejorar la calidad de la atención psicosocial
para la recuperación emocional de las víctimas de acuerdo al daño específico que hayan
padecido, entre ellas las afectaciones particulares de las víctimas de violencia sexual. Para
ello se multiplicarán los centros locales de atención a las víctimas y se impulsarán
estrategias móviles para llegar a los lugares más apartados.” (Gobierno de Colombia,
2016; p. 181).
Debilidades en la formación de las y los profesionales para la atención en salud integral
y psicosocial a las víctimas
“Perdón que le diga pero colocan personal que no están como capacitados
(...) pues en la práctica tienen que hacer un trabajo (...) por eso hicimos la
obra de teatro así.”
(Grupo focal con familiares - Mujer 1; 27 de Julio de 2022)
Este testimonio ilustra una de las referencias permanentes que hicieron las
participantes de la investigación, sobre la atención recibida por parte de las y los
profesionales de salud, en las que expresan que funcionarios/as y profesionales de
algunas entidades y del sistema de salud no tienen un enfoque psicosocial, ni una
mirada desde la salud integral para abordar la situación de las víctimas e implementar la
medida de rehabilitación desde un enfoque reparador.
Es evidente que para el caso de mujeres víctimas de la desaparición forzada de
sus seres queridos, quienes además han sufrido de otras vulneraciones, no se puede
brindar una atención adecuada sin conocer que la dificultad para elaborar su pérdida no
está asociada a un diagnóstico, sino a una interrupción de su sentido de vida y de los
referentes que como seres humanos construimos para comprender el ciclo de la vida y
la muerte, ya que la desaparición en una circunstancia que impide constatar la muerte
del ser querido.
“- Hubo un momento en que fui evaluada hace como siete años, evaluada
bipolar afectivo (...) ellos me dictaminan como bipolar afectivo por la
tristeza que empiezo yo a llevar y a su vez como a no importarme cosas y a
poner como más cuidado en otras, pero lo que no entendían era que yo
estaba haciendo las cosas como yo las sentía, cuidar a mi nieta me
alimentaba ese amor de mamá, ese amor de... digamos haber perdido a mi
hijo y ella por su parecido, pues yo en ella refugiaba ese amor.” (Entrevistas
a profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de 2021)
Las circunstancias particulares que se configuran en los casos de desaparición
forzada, evidentemente requieren comprensiones específicas por parte de las y los
profesionales de la salud sobre situaciones que particularmente viven las víctimas de
desaparición, tales como la incertidumbre permanente, la impunidad, la falta de acceso a
la verdad, la estigmatización, entre otras), como se lee a continuación:
“Yo voy a donde un médico y le digo doctor tengo esto y esto, yo soy víctima,
y me responde: “y qué con eso, sí, yo aquí atiendo como médico qué con eso,
yo aquí la atiendo como médico qué le duele, qué necesita”, cómo me pongo
yo a discutir con el médico que me va a atender.” (Grupo focal con familiares -
Mujer 3; 27 de Julio de 2022)
En las conversaciones para este estudio, las participantes manifestaron que
buena parte de las limitaciones en la garantía de su derecho a la rehabilitación tienen
que ver con la forma en que las y los profesionales de la salud llevan a cabo sus
intervenciones, evidenciando falencias en la capacitación que tienen y dando cuenta de
que aún no existe un estándar en el tipo de actuaciones que desarrollan sino que
depende de las habilidades y sensibilidad que algunos tienen y otros no, por lo cual es
percibida como una dificultad individual de las y los profesionales, más allá del sistema.
“Digamos el doctor que cuento yo en la historia, el psiquiatra que me hace
las cinco sesiones, en ese momento yo tenía el SISBEN y hubo un excelente
servicio, o sea por eso vuelvo y repito, es digamos de acuerdo con el
profesional, porque lamentablemente hay profesionales que no tienen ética
profesional, hay un cartón, pero su ética no la tiene.” (Entrevistas a
profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de 2021)
“[Refiriéndose a un médico internacional que trabaja con víctimas de
conflictos armados] Él viene y capacita a médicos, porque eso es lo que nos
falta, hay muchos médicos y hay muchas psicólogas (...), que tienen su cartón,
pero no saben manejar el tema.” (Grupo focal con familiares - Mujer 3; 27 de
Julio de 2022)
Lo anterior no implica depositar la responsabilidad de estas limitaciones sólo en las
y los profesionales de la salud, es claro que la obligación de garantizar su formación y
capacitación es del SGSSS y del PAPSIVI en aras de lograr el objetivo para el cual ha sido
desarrollado. Particularmente llama la atención que para el año 2022, no se haya logrado
formar a la totalidad de profesionales del sistema de salud, aun cuando desde la
formulación de la Ley 1448 se estableció la necesidad de cualificación de profesionales y
desde el Decreto 1084 de 2015 se consagró la obligación de que las entidades capaciten a
su personal para brindar una atención de calidad a las víctimas:
“Con la finalidad de promover la calidad de la atención a las víctimas referidas
en el Artículo 3 de la Ley 1448 de 2011 e incorporar el enfoque psicosocial, las
entidades responsables de la asistencia, atención y reparación, deberán
capacitar progresivamente al personal encargado en dicha materia de
acuerdo con los lineamientos establecidos por el Ministerio de Salud y
Protección Social.
PARÁGRAFO. Las entidades del Sistema Nacional de Atención y Reparación
Integral a las Víctimas gestionarán el desarrollo de estrategias y programas
continuos de autocuidado y capacitación para los servidores públicos que
orientan y atienden a las víctimas.” (Artículo [Link].7, Decreto 1084 de 2015)
En esta línea, se identifica dentro de las fuentes secundarias consultadas, que
efectivamente el MSPS ha brindado lineamientos para el desarrollo del talento humano y
ha realizado la respectiva socialización en el marco de la articulación nación-territorio con
los equipos que desarrollan el PAPSIVI (PGN, 2020). Particularmente en 2018, el Ministerio
expidió la Resolución 1166 mediante la cual se adoptan los lineamientos para el personal
que orienta y atiende a las víctimas del conflicto dentro de las entidades responsables de
su asistencia, atención y reparación, y plantea el desarrollo de procesos formativos
centrados en competencias. Sin embargo, la Procuraduría ha instado al MSPS a dar cuenta
de cuál ha sido el impacto real de la resolución sobre el desarrollo del talento humano que
adelanta las medidas de rehabilitación y en la asistencia, atención y reparación a víctimas
(PGN, 2020).
En la entrevista desarrollada con la Oficina de Promoción Social del MSPS para
esta investigación, los funcionarios presentaron un balance positivo de la formación de
profesionales psicosociales para la atención a víctimas a través de las estrategias
implementadas a partir de expedición de la Resolución 1166 de 2018, indicando que
existe un avance significativo en el número de profesionales psicosociales que hoy en
día cuentan con la capacitación para implementar la medida de rehabilitación a las
víctimas en el país:
“Hace cinco o seis años no contábamos con el talento humano ni formado ni
con experiencia, hoy a partir de los procesos que ha venido haciendo el
Ministerio, las universidades, los institutos, las entidades territoriales con lo
que ustedes dicen, diplomados, cursos, los cursos del SENA, las formaciones
que hace el Ministerio, las formaciones que hacen las entidades territoriales
ya se tienen alrededor de 7.000 personas con experiencia y con formación
que hoy las estamos llevado para constituir el directorio de profesionales
psicosociales, que va a ser el punto de partida para poder tener el control de
quiénes le brindan la atención a las víctimas, porque ya sabemos que nos
demostraron su experiencia, que nos demostraron formación en atención a
víctimas del conflicto armado y eso nos permite disminuir las posibles
acciones con daño que se puedan generar en profesionales que no tienen
esta experiencia ni esta formación” (Cepeda, A. comunicación personal, 27
de julio de 2022).
Sin embargo, el avance reportado es en términos de la formación de
profesionales psicosociales, lo que sigue dejando abierta la brecha que se ha planteado a
lo largo de este documento en relación con la capacitación de los y las profesionales de la
salud, quienes deberían estar encargados de implementar el Protocolo de Atención
Integral en Salud con Enfoque Psicosocial, pues la mayor dificultad reportada por las
víctimas tiene que ver con la falta de efectividad en la implementación de este
componente del PAPSIVI, en la medida en que la mayoría de profesionales tienen una
mirada medicalizada, descontextualizada y simplista de las afectaciones que las víctimas
sufren en su salud.
La persistencia de esta limitación es corroborada también por el testimonio de
las terapeutas expertas y del equipo del MSPS, poniendo de presente que este es un
aspecto en el que se requiere avanzar y tomar acciones adicionales, porque después de
10 aún Colombia no cuenta con un cuerpo médico capaz de garantizar una atención en
salud integral que satisfaga el derecho a la rehabilitación de las víctimas del conflicto
armado:
“Hay un desconocimiento total pese a que el Ministerio de Salud ha venido
realizando procesos de formación y capacitación a médicos, enfermeras, a
personal de la salud, pero todavía falta e infortunadamente quiénes van a
esos espacios de formación o son los mismos o son las enfermeras
únicamente y el otro personal se queda sin formación y sin la capacitación
que necesita” (Grupo focal sobre derecho a la rehabilitación - Terapeuta 5;
13 de agosto de 2021)
“[Refiriéndose a quiénes se encuentran en el directorio de profesionales] por
ahora solo los psicosociales, pero también en ese directorio deberán estar
incluidos los profesionales en salud que ya, por ejemplo, ya de hecho hay
varios que nos demuestran porqué el proceso de implementación del
Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial, han pasado
por la formación del talento humano en las IPS y allí se formaron médicos y
enfermeras y otro talento humano en salud, entonces también ellos nos
pueden demostrar eso y ahí ya harían parte del directorio.” (Cepeda, A.
comunicación personal, 27 de julio de 2022).
El MSPS ha planteado que la propuesta de descentralización y territorialización del
PAPSIVI, que se explicó en un apartado anterior de este capítulo, constituye un escenario
de oportunidad para fortalecer la apropiación del enfoque psicosocial por parte de los y
las profesionales del área de la salud (equipo interdisciplinario de salud) que se encargará
de la implementación del Protocolo al interior de las IPS en el nuevo modelo propuesto;
ya que tener en un mismo lugar y bajo una misma estructura a los equipos psicosociales y
a los equipos interdisciplinarios de salud va a facilitar la construcción y la articulación de
miradas desde una perspectiva psicosocial y no solo clínica, de las afectaciones en salud
que padecen las víctimas:
“¿Qué vamos a encontrar también para fortalecer la apropiación del enfoque?
el hecho de que en los equipos de atención integral estén equipos
psicosociales unidos a lo que conocemos en el protocolo como equipos
interdisciplinarios de salud, pues va a enriquecer un poco esa lógica de por
qué reconocer el daño en los temas de salud, porque sabemos que la atención
en salud que se basa en guías de práctica clínica y protocolos específicos por
riesgo; más [en] las rutas integrales de atención, pues cómo yo entiendo, no
solo basta con ese manejo clínico sino que yo tengo que apropiar un enfoque
que me lleve a entender cómo ese daño, los años de conflicto, lo que las
víctimas han sufrido no solo impactan en esos daños emocionales y en ese
proceso sino también se convierten en unas situaciones que han afectado su
salud.” (Nieto, C. Comunicación personal, 27 de julio de 2022).
Así mismo, el Ministerio reportó estar avanzando en el desarrollo de estrategias de
formación a las y los profesionales que pueden hacer parte de los equipos
interdisciplinarios para la implementación del Protocolo de Atención Integral en Salud con
Enfoque Psicosocial; sin embargo, es necesario que estas iniciativas se formulen e
implementen con un seguimiento y una evaluación por parte de las víctimas, que
permitan ver el nivel de impacto real que están teniendo sobre las limitaciones
mencionadas en este apartado, porque de lo contrario, seguirán siendo estrategias que se
ponen en marcha pero sin un resultado acumulativo que promueva el avance efectivo en
el cumplimiento de la medida de rehabilitación.
“En ese proceso de formación nosotros hemos tenido varios procesos (...) con
el SENA la formación para el talento humano en salud en torno a la atención
en salud con enfoque psicosocial. Tenemos una buena acogida de los cursos,
de hecho, con el SENA nosotros estamos formando en cada corte cerca de
250 profesionales, tenemos una tasa de aprobación que es superior al
promedio general que maneja el SENA en todos los cursos virtuales, sabemos
que la virtualidad no necesariamente permite una adherencia completa al
proceso; sin embargo, la adherencia ha sido del 54 % versus el 33 % que es la
tasa que maneja el SENA para toda su oferta virtual.” (Nieto, C. Comunicación
personal, 27 de julio de 2022).
Por otro lado, se ha identificado que la estrategia de formulación de guías o
protocolos que se ha desarrollado para subsanar las limitaciones de formación profesional
no necesariamente lo ha hecho; sino que por el contrario ha llevado a que las
intervenciones no logren en todos los casos, dar respuesta a la complejidad de los
impactos generados por el delito de la desaparición forzada, ni, como ya se ha
mencionado, atender la particularidad de las afectaciones que surgen en diferentes etapas
que tienen que afrontar las víctimas de este delito.
La Procuraduría General de la Nación (2020), en el Balance realizado a la Ley de
Víctimas, señaló que la implementación de la medida de rehabilitación a partir del uso
de protocolos y formatos que los equipos técnicos del Ministerio de Salud y Protección
Social, y de la Unidad para Atención y Reparación Integral de las Víctimas deben seguir
(como estrategia para mitigar los vacíos en formación), ha conllevado un riesgo que Villa
(2017) define como “racionalidad instrumental”, donde el acompañamiento queda
reducido al desarrollo de procesos técnicos preestablecidos, al cumplimiento de metas
en cifras y al diligenciamiento de formatos, por lo que el rol de las y los profesionales se
reduce al cumplimiento de unas acciones sistemáticas, dejando de lado la experticia
profesional para construir alternativas de respuesta a las necesidades de las víctimas
(Villa & cols, 2017).
En esta misma línea, el peritaje realizado al PAPSIVI por Liz Arévalo en 2017, afirmó
que el conocimiento construido en el Programa se ha hecho desde “afuera”, es decir,
“tiende a ubicar las técnicas y procedimientos (lógica positivista) como ‘aplicables’ a las
personas, lo cual desdibuja su experiencia singular y única como eje central para la
construcción de la atención. Aunque el dominio epistemológico de la estrategia
psicosocial del programa dice ubicarse en un paradigma interpretativo y crítico, en el cual
el rol de los equipos de profesionales es el de la comprensión y no el del experto, las
orientaciones metodológicas establecidas, contradicen tal afirmación, debido a que se
preestablecen las temáticas y el proceso en la atención psicosocial a las víctimas de 5 a 8
sesiones.” (Arévalo; 2017, p. 51)
Lo planteado en el peritaje es central, dado que solo es posible reflexionar sobre el
hacer si se cuenta con una formación y se revisa lo aprendido con base en la práctica
sostenida en el tiempo, realizada mediante procesos de atención sin interrupción y con
seguimiento. Esta sería una forma distinta de conocimiento, que podría llamarse
“conocimiento de tercer tipo o desde adentro”, que en palabras de Shotter (2001), es una
forma de conocimiento construido en la acción o en la práctica cotidiana. Este
conocimiento informa a los sujetos sobre lo que es posible hacer o pensar para moverse
en el mundo en situaciones particulares y no desde abstracciones sin contexto (Arévalo;
2017). Esto marcaría una diferencia en la calidad de la atención a las víctimas, pues se
dejaría de lado la aplicación de técnicas que restan de sentido al encuentro humano y
singular que requiere la atención psicosocial y en salud integral a las víctimas, y que es
reclamado por ellas.
Particularmente, en las entrevistas desarrolladas se identifica que más allá de la
capacitación de los equipos que les atienden dentro del sistema de salud, las víctimas de
desaparición forzada reconocen la necesidad de que las y los profesionales tengan otro
tipo de habilidades y competencias no necesariamente de tipo académico, sino
habilidades que favorezcan una relación cercana, enmarcada en la comprensión, en la
sensibilidad frente a su sufrimiento, en formas de comunicación apropiadas en las que la
persona se sienta comprendida y respetada en su experiencia.
«[Hablando del personal de salud que ha atendido su malestar físico] son
incomprensibles con la gente, ellos estudian para formular una pastica ahí,
pero son incomprensibles y bastante incomprensibles (...) yo creo que sí es un
obstáculo, si pensar que uno ya viejo le tiene que doler todo, porque si yo
entiendo así " es que tiene es que acostumbrarse a vivir con el dolor, porque
es que ese dolor ya es por la edad" así me han dicho los médicos» (Entrevistas
a profundidad con familiares – Mujer 4; agosto de 2021)
«Yo le dije... mire que lo hacen sentir a uno mal, a mí me dijo: "es que usted
ya tiene tantos años, a usted se le dan pastas para que calme el dolor, pero
usted ya se volvió nudillona” me dijo una médica, o sea con nudos, y yo le
dije: usted no ha sabido que me ha tocado pasar por agua caliente, que puede
ser por eso, y me dijo: "sí, es por la edad", uno se siente mal, créame que sí
(...) deberían tratarnos paciente, como con más respeto digo yo, porque es
que a mí me parece que también le faltan a uno como al respeto, "es una
nudillona", "ya esta es vieja”, pues sí uno sabe que está viejo, pero en la
forma como le dicen a uno lo están como poniendo más miserable, yo lo
siento así.» (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 4; agosto de
2021)
Vale la pena resaltar que muchas de estas competencias se desarrollan sólo
cuando las y los profesionales están en disposición de despojarse de su lugar de privilegio
en el marco del conocimiento disciplinar y están dispuestos a establecer diálogos
horizontales con las personas a las que atienden para darse a la tarea de construir una
comprensión conjunta, con la víctima, sobre la situación que la afecta. De ahí la
importancia de que las víctimas conozcan sus derechos, los principios desde los que opera
el PAPSIVI y la lógica de la medida de rehabilitación, pues es lo que les permite
posicionarse como sujetas de derechos y nivelar las relaciones asimétricas que se han
construido con algunos actores del sistema de salud y exigirles la calidad de la atención
que es debida.
“Nosotras merecemos respeto como mujeres, como madres, como víctimas…
yo una vez tuve un problema con un médico, me tocó fue quejarme con la
superintendencia de… y ahí sí me llamaron, me pusieron las citas porque el
señor me trató como un zapato y a mí señor no, respéteme yo lo estoy
respetando a usted, mi servicio es contributivo y así sea del SISBEN tiene
usted que respetarme, le dije, respéteme” (Grupo focal con familiares - Mujer
3; 27 de Julio de 2022)
Otro de los aspectos que se ha observado, tiene que ver con la alta rotación de
las y los profesionales vinculados para el desarrollo del componente de atención
psicosocial del PAPSIVI y adscritos a las entidades de salud. Básicamente en este aspecto
incide la naturaleza misma del PAPSIVI, que al no ser una política pública sino un
programa dentro de la Oficina de Promoción Social del MSPS, carece de capacidad
administrativa y de gobernanza para garantizar su funcionamiento continuado e
ininterrumpido.
“[Sobre la naturaleza del PAPSIVI] En su lugar debería existir una política
pública que dote de capacidad administrativa y gobernanza a una instancia
dentro del MSP de carácter regulativo y con capacidad presupuestal (...)
para definir políticas laborales de contratación de los equipos a fin de
garantizar estabilidad profesional y, por ende, de funcionamiento de los
procesos de atención de las víctimas sin interrupciones.” (Arévalo; 2017, p.
51)
Según la PGN (2020), los procesos de capacitación no son suficientes si las y los
profesionales no pueden adquirir los conocimientos, las herramientas y la experticia
necesaria por no contar con una estabilidad laboral que les permita un aprendizaje
continuo; sino que por el contrario, siempre hay que volver a iniciar la formación desde
cero, limitando la posibilidad de profundizar en los contenidos y en el desarrollo de
habilidades, y lo más importante, evaluar lo aprendido y construir un nuevo
entendimiento que fortalezca al Programa.
Según lo reportado por los funcionarios del MSPS entrevistados para esta
investigación, durante el año 2021 se inició una estrategia de formación que busca dar
profundidad a los conocimientos de profesionales que ya han participado en otros
espacios formativos en aras de fortalecer la cualificación y de avanzar hacia el desarrollo
de una experticia que contribuya a mitigar las dificultades mencionadas anteriormente:
“Acabamos de iniciar la apertura de un curso que he trabajado con la
Organización Internacional para las Migraciones que lo estamos desarrollando
virtual también y este entra ya en un proceso más específico, digamos que
complementa esa formación que hacemos con el SENA porque aquí ya
entramos a hablar de las herramientas para la atención con enfoque
psicosocial, entonces vamos como avanzando y profundizando un poco, para
hacer mucho más operativa la formación, cómo apropiar el enfoque
psicosocial desde la atención en salud, y esto ¿qué va a permitir?, pues
fortalecer ese bagaje del talento humano, sabemos que hay una alta rotación
en territorios también de ese talento humano y que a donde quiera que
lleguen pues puedan llegar a incorporar los equipos multidisciplinarios que el
protocolo determina pero en la lógica de esta operación del PAPSIVI ya van a
ser parte de los equipos de atención integral “ (Nieto, C. Comunicación
personal, 27 de julio de 2022).
Adicionalmente, el MSPS espera que la estrategia de construcción del directorio
de profesionales psicosociales, conformado por quienes ya han realizado procesos de
formación o han tenido experiencia en la medida de rehabilitación, permita mantener la
posibilidad de vinculación de las y los profesionales que ya se han venido formando en
el país y con ello mejorar el perfil de los equipos que van a ser contratados en el marco
del nuevo modelo de implementación del PAPSIVI en lo territorial.
“Un elemento clave que se está pensando y que se está desarrollando es el
directorio, porque qué es lo que van a hacer las IPS en este mecanismo, van
a contratar a los profesionales psicosociales, pero ¿cuál va a ser su elemento
de referencia para la contratación? No cualquiera que diga soy psicosocial,
sino aquellos que ya están incluidos en el directorio y que nosotros como
Ministerio hemos constatado que han implementado el programa o que han
brindado atención psicosocial porque han trabajado con organizaciones,
porque ya se formaron, hicieron diplomados, cursos porque recibieron
formación de organizaciones expertas en atención psicosocial, por esos
elementos que nos están enviando para poder ingresarlos al directorio (...)
eso es lo que nos va a permitir tener control de las personas que van a
contratar las IPS para brindarles la atención a las víctimas del conflicto
armado” (Cepeda, A. comunicación personal, 27 de julio de 2022).
Por supuesto estas falencias en la formación de las y los profesionales de la salud
no son una problemática que atañe sólo al Sistema de Salud en virtud de la
implementación de la medida de rehabilitación; sino que como lo ha señalado la
Procuraduría General de la Nación, no es posible suplir (por tiempos y competencias),
los conocimientos y las habilidades que se supone deberían adquirir en los programas
de educación superior (PGN, 2020).
Así pues, la responsabilidad frente a esta limitación se ubica también en otros
actores, como por ejemplo el sistema educativo, pues se ha ocupado de crear programas
académicos a partir de modelos estandarizados a nivel internacional y de acuerdo con los
desarrollos construidos en otras latitudes, con una escasa generación de conocimiento y
de prácticas basadas en las necesidades del contexto colombiano. De modo que, valdría la
pena preguntarse si realmente se han formado profesionales en salud para asumir, como
ya se ha mencionado,los retos de un país que ha estado en guerra desde hace más de 60
años.
Inclusive, en el campo de la atención integral en salud mental, la limitación en la
formación de las y los profesionales es una falencia reconocida en la formulación de la
Política Nacional de Salud Mental (DNP, CONPES 3992 de 2020):}
“(...) en la actualidad el talento humano, que trabaja en instituciones de salud
de baja complejidad, presenta falencias de formación en conocimientos
específicos para la atención integral de problemas o trastornos mentales.
Adicionalmente, existe baja disponibilidad de talento humano para la
atención especializada en zonas rurales y rurales dispersas (...) Así, cuando
una persona ingresa al SGSSS, el personal en salud que realiza el primer
contacto es quien cuenta con la mayor probabilidad de identificar y gestionar
la atención integral. Sin embargo, el talento humano presenta
desconocimiento para la detección y atención de los problemas o trastornos
mentales (Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para el postconflicto,
2018). Lo anterior está relacionado con los planes de estudio para la
formación debido a que los profesionales egresan con limitaciones para
realizar los diagnósticos y los manejos de primer nivel de personas con
problemas o trastornos mentales en los procesos de baja complejidad.”
(CONPES 3992, 2020, p.46).
Adicional a los retos en la capacitación del talento humano que se han expuesto
hasta ahora, las mujeres víctimas de desaparición forzada y familiares de personas
dadas por desaparecidas han expresado que existe una necesidad de capacitación de
todos los actores que intervienen en el sistema de salud, no solo del personal médico y
psicosocial, sino también de otros actores que median y posibilitan el acceso a la medida
de rehabilitación, ya que a veces ellos son la puerta de acceso al sistema, donde una
intervención inadecuada de su parte puede constituir una barrera para garantizar su
derecho a la rehabilitación.
«A mí me dijo el de la Nueva EPS: “y qué, que usted sea víctima”, y yo le
dije: “pero yo necesito un servicio”, “y qué”, y yo le dije: “pues sí”» (Grupo
focal con familiares - Mujer 3; 27 de Julio de 2022)
“Entonces hablamos con el doctor L, entonces él viene a capacitar todo el
personal que va a trabajar, hasta la aseadora o las aseadoras que van y vamos
a trabajar en el hospital, él los va a capacitar. Los médicos tienen que ser
especiales, tienen que saber que van a atender a una víctima y las enfermeras
y el que nos recibe”” (Grupo focal con familiares - Mujer 3; 27 de Julio de
2022)
Adicional a lo anterior, las mujeres entrevistadas señalan que los tratos que han
recibido por parte de funcionarios de distintas instituciones del Estado a las que han
acudido para buscar la garantía de sus derechos, han profundizado sus afectaciones en
salud integral y han agudizado el sufrimiento, por lo que se consideran revictimizantes:
“Esto me comenzó a aparecer por los problemas de la vida, de las
circunstancias de la pérdida de la familia, una vez en la Defensoría del Pueblo
para una vuelta con lo de C, una doctora de allá me dice: "tráigame un papel
del fiscal que le va a autorizar el cuerpo para poderle seguir gestionando el
caso". A mí me lo rechazaron en la Unidad de Víctimas, y esa doctora muy
jovencita, yo fui hasta la 13 hasta la Fiscalía a buscar el doctor y me dio el
certificado de la entrega del cuerpo, que me lo entregaron al día siguiente y
se lo presento y me dice: "es que esto aquí no me está diciendo de qué murió
él, qué fue lo que le pasó”, ella me gritó y yo le dije: usted no sabe cómo yo
estoy aquí en este momento. Me dolían los brazos y pensar cómo iría ser
cuando me lo entregaran... cuando yo viera... y esa doctora: "que mire que es
que el caso suyo está muy enredado, que no sé qué" y yo ya le había traído lo
que me pidió, y otra vez a mandarme para la Fiscalía, hasta que yo no sé si fue
que también me dio como rabia y yo le dije: “mire doctora, puede ser más
doctora que el diablo pero no me grite”, y ella se paró y se fue y me dejó ahí
sentada y entonces yo dije algo en la salida y a la niña creo que tuvo
problemas, después me tocó una cita y me asignan con esa doctora y
entonces ella me explicó y yo le dije: “¿es qué sabe que me dio rabia? que
usted me alzó la voz, ¿usted ha sido mamá?”, y ella me dijo "no", y yo le dije:
“de razón, usted no sabía... usted me dijo que estaba muy enredado y se paró
y la invitaron a almorzar y se fue y me dejó acá”...” (Entrevistas a profundidad
con familiares – Mujer 4; agosto de 2021)
Este tipo de acciones por parte del personal generalmente están asociados a un
desconocimiento frente al sufrimiento y a las circunstancias particulares que viven las
víctimas de desaparición forzada; por lo que se identifica en el ámbito de la formación y la
capacitación del talento humano un reto adicional: la apropiación del enfoque por parte
de TODOS/AS los y las funcionarias involucradas en las rutas de búsqueda, exhumación y
entrega de personas desaparecidas y dadas por desaparecidas, independientemente de
que estas entidades hayan sido creadas o tengan competencias en el Sistema Nacional de
Atención y Reparación Integral a las Víctimas - SNARIV.
Este es un reto que por supuesto compete a otras entidades del SNARIV, como
por ejemplo la Unidad para la Atención y Reparación Integral a Víctimas – UARIV, como
entidad encargada de la transversalización del enfoque psicosocial con los diferentes
actores del sistema nacional, pero que también implica un trabajo de incidencia y
articulación entre el SNARIV y otras entidades del orden nacional que tienen
competencias para dar respuesta al delito de la desaparición forzada y que no por
encontrarse fuera del Sistema, pueden desarrollar acciones sin un lineamiento que
contribuya efectivamente a que la garantía de los derechos de las víctimas se den con un
enfoque reparador.
Desde una mirada sistémica y de la complejidad, que es la que hemos estado
posicionando en esta investigación, no puede pretenderse que la medida de
rehabilitación logre su cometido por sí misma, sino que debe haber una armonía y una
congruencia entre las medidas de reparación a las víctimas y entre los enfoques que se
tienen desde las distintas instancias que intervienen para garantizar los derechos de las
víctimas, así estas no hagan parte del Sistema Nacional de Atención y Reparación
Integral a las Víctimas, como se expondrá en el apartado siguiente.
Complementariedad e integralidad entre las medidas de reparación
“Cuando el Gobierno nos de una vivienda digna y nos dé un proyecto
productivo el cual nosotras mantengamos ocupadas yo pienso que es una
forma de reparación entre otras, que es lo que nosotras necesitamos”
(Grupo focal con familiares - Mujer 3; 27 de Julio de 2022)
A lo largo de esta investigación fue posible identificar la estabilidad económica
como una necesidad común entre las víctimas, lo cual es congruente con los hallazgos
sobre los impactos diferenciados en relación con el género, que se presentaron en el
anterior capítulo de esta investigación. Como se mencionó, la desaparición forzada ha
tenido un impacto diferenciado en las mujeres, relacionado puntualmente con el
detrimento de sus condiciones materiales de vida luego de que esta se presentara, ya que
en muchas ocasiones, los familiares desaparecidos eran los proveedores del hogar o eran
hijos que en este momento de edad avanzada y de deterioro de la condición de salud de
las mujeres podrían representar un soporte para ellas.
“Sabe qué hubiera podido hacer el Estado que yo sería feliz, que el Estado nos
hubiera dado una pensión vitalicia a las mujeres, eso sería, como lo hicieron
en Chile y como lo hicieron en otros países (...)” (Grupo focal con familiares -
Mujer 2; 27 de Julio de 2022)
Las víctimas entrevistadas han referido que existe una relación recíproca, entre
su recuperación emocional y la garantía de las condiciones materiales para el desarrollo
de su vida en condiciones de dignidad. De esta manera mitigar los impactos en salud
integral de las víctimas contribuye a que ellas se dispongan a retomar el control de sus
vidas y a desarrollar actividades para ello; y a su vez, participar en procesos que les
permiten mejorar sus condiciones de vida, contribuye a la disminución de los impactos
en salud integral y les permite reconectarse con un sentido de vida, como se expresa en
los siguientes relatos:
“Yo quiero reconstituirme, yo soy una vieja y cómo he bregado yo a hacer…
capacitándose porque si yo me capacito yo mantengo mi mente ocupada y
mi mente ocupada no devuelve atrás, mi mente ocupada no devuelve atrás,
entonces yo elijo (...) mi mente está ocupada en el arte que es lo que nos va
a ayudar a dejar el pasado a un lado, y no es olvidar, pero sí es dejar el
pasado” (Grupo focal con familiares - Mujer 3; 27 de Julio de 2022)
“Gracias a Dios he tenido muchísimas doctoras que me han apoyado, han
estado en acompañamiento, desde ese momento mi vida empieza como en
una luz, como en un camino, yo iba en un camino perdido pero en ese
laberinto encontré el apoyo de la Corporación Vínculos, en la cual debido a su
red de apoyo me he visto en acompañamientos no solamente psicológicos, de
salud, sino también a nivel empresarial ya que tengo mi propia empresa, ya
hace 33 años de maletas para bicicletas (...) mi empresa ha crecido, ¿por qué
esa empresa ha crecido mucho?, ha habido muchos patrocinios, ¿pero eso se
despierta desde dónde?, desde que yo permito que me den una red de apoyo,
que las doctoras estén pendientes de mí, no es tener una excusa, no, pero es
que me voy a quedar dos horas en el teléfono, esas dos horas no saben
cuánto le puede valer a ustedes en representación digamos emocional,
psicológica y económicamente porque todo esto va de la mano.” (Entrevistas
a profundidad con familiares – Mujer 6; agosto de 2021).
De acuerdo con lo anterior, la rehabilitación de las víctimas no depende solo de la
atención brindada en el marco del sistema de salud, sino que además debe haber
complementariedad con las demás medidas de reparación y las medidas que en general
buscan garantizar sus derechos a la verdad, la justicia y la no repetición. Sin embargo, lo
que hasta ahora se evidencia es que la perspectiva psicosocial como eje de la reparación
no se ha incorporado por completo.
La integralidad en el marco de las medidas de reparación y en la garantía de los
derechos de las víctimas, implica reconocer que los hechos de violencia han afectado
múltiples ámbitos de la vida de las personas y sus comunidades (el emocional, el
relacional, el cultural, el político, etc.); buscando incorporar una perspectiva que
permita una comprensión compleja y multiaxial de la situación de las víctimas y ampliar
la perspectiva de respuesta desde este foco (Corporación Vínculos, 2016).
De esta manera, la rehabilitación de las víctimas no depende sólo de la acción del
sector salud y de las acciones propias que se determinen para la implementación de esta
medida; sino que está asociada a los cambios sociales, políticos, económicos y
ambientales que se dan en su contexto y a unos aspectos sociohistóricos que involucran la
vivencia y el afrontamiento de hechos de violencia, incluso durante varias generaciones;
más aún si se tiene en cuenta que la promoción de la salud mental requiere un ambiente
que respete y garantice los derechos humanos (Corporación AVRE, s.f).
Aunque a integralidad y la complementariedad responden a los propósitos y
principios con los que fue desarrollada la Ley 1448 de 2011, hasta ahora, en su
implementación se identifica la existencia de una serie de disposiciones asistenciales
que se encuentran dispersas y desarticuladas de la concepción misma de la salud
integral y de la rehabilitación de las víctimas; por lo que la restitución, la justicia, la
verdad y la no repetición, no se ven como algo que tenga que ver con la salud de las
personas y las comunidades victimizadas.
Como lo ha planteado la Procuraduría General de la Nación (2020), la
implementación fragmentada de las medidas de reparación pierde el carácter
transformador que pretende en la Ley 1448 de 2011, perpetúa las condiciones materiales
y no materiales que dieron lugar a la ruptura en el sistema de garantía de derechos y
aumenta el riesgo de revictimización.
La Encuesta Nacional de Salud Mental del 2015, señala la relación entre salud
mental y satisfacción de necesidades individuales, particularmente de tipo corporal y de
carácter inmediato (MSPS, 2015). Dicha relación resultó más evidente para las personas
encuestadas que estaban en situación de pobreza y precariedad económica, dando
cuenta del efecto del transcurrir vital y de la inequidad sobre las percepciones que las
personas tienen de su estado de salud. En dicha encuesta, las personas en condición de
pobreza, entre los 18 y 44 años, señalaron en mayor proporción frente a que quienes no
cumplían esta condición, que tener salud mental estaba asociado a poder contar con
todas las comodidades, ser productivo, trabajar y estudiar, llevarse bien con los demás,
o pensar y aprender de la vida (MSPS, 2015).
Así mismo, la Encuesta Nacional de Salud Mental -ENSM- realizada en 2015 para
Colombia, identificó que la ausencia de bienestar psicológico está relacionada con
aumento del riesgo de padecer de alguna enfermedad mental, la disminución del
desempeño laboral y la aparición de enfermedades físicas (MSPS, 2015). Esto pone de
presente que para avanzar en la rehabilitación y en el trámite de los impactos derivados
de la desaparición de su ser querido, es necesario contar con condiciones de vida digna y
bienestar garantizado.
“La verdad a mí un tiempo me tocó por estar con miedo y no teníamos que
comer, nos tocó comer solo yuca y plátano y parece que a mí de esa mala
alimentación se me subió el colesterol y debido a ese colesterol yo casi quedo
ciega (...). después, los triglicéridos altos (...), y entonces el médico me mandó
a quitar eso, a no comer harina y me mandó un azúcar para endulzar, yo me
desnutrí totalmente y ahí sí quedé peor, entonces yo volví a comer los
calditos de papa, dejé esa azúcar, yo dije: no que me muera pero que me
muera llena, yo me voy a morir de hambre:, me mandaba a comer una
ensalada al día y yo: no, que desnutrición, yo fui a donde otra doctora y me
dijo: “no usted está desnutrida” y ya me comenzaron a mandar alimento y a
veces no había con qué comprarlos.” (Entrevistas a profundidad con
familiares – Mujer 4; agosto de 2021).
Estos datos nos conducen al campo de los determinantes sociales de la salud -
DSS, los cuales son entendidos como el conjunto de factores sociales, políticos,
económicos, ambientales y culturales que ejercen gran influencia en el estado de salud
de las poblaciones. Desde esta perspectiva se entiende que las condiciones estructurales
y de vida determinan las inequidades sanitarias dentro de la población de un país y
entre los países, estas condiciones tienen que ver con la distribución del poder, de los
ingresos y de los bienes y servicios; así como, con las circunstancias que rodean la vida
de las personas, tales como su acceso a la atención sanitaria, la escolarización y la
educación, sus condiciones de trabajo y ocio, y el estado de su vivienda y entorno físico
(OMS, 2009).
Para algunas víctimas, alcanzar la estabilidad económica va más allá de suplir sus
necesidades básicas, tiene el sentido de aportar a la reconstrucción de su dignidad que fue
agraviada por la acción de los actores armados que perpetraron el delito de desaparición
forzada de sus seres queridos. Para ellas el agravio se asocia al detrimento de las
condiciones socioeconómicas que viven sus familias como consecuencia de la desaparición
forzada de sus miembros; ya sea que porque su vida e integridad también estaban en
riesgo y tuvieron que salir dejando su hogar y medios de sustento, o porque invirtieron su
patrimonio o su capacidad productiva en la búsqueda de su ser querido, o porque la
persona desaparecida era quien proveía el sustento familiar o porque la pérdida del
sentido de vida ocasionado por la desaparición les impidió seguir laborando, entre muchas
otras circunstancias.
“Cuando a mí me mandaron de la Defensoría a poner la denuncia a la Fiscalía,
de la Fiscalía a mí me dijeron que me fuera para la Unidad de Búsqueda a ver
allá en qué me colaboraban con la calidad de vida para mí, y cuando yo
miraba todo ese poco de señoras allá, la verdad yo me atacaba, yo por qué
esto es como pidiendo eso era muy duro para mí, si hay algo que puede haber
sido duro para mí es haber tenido que pedir y me ha tocado pedir, a mí me ha
tocado pedir acá en Bogotá, en Villavicencio y a mí eso también me afectó
porque he tenido necesidad y ¿por qué mendigándole a la Unidad de
Víctimas, al Estado? al Estado mendigándole pa' que le den dizque una libra
de arroz (voz entrecortada) cuando yo he tenido todo, he tenido plata, yo he
tenido ganado, bestias, comida, arrancar una mata de yuca y tener yuca,
plátano, gallinas para el sustento de mis hijos, la mía y a veces uno por ahí
pidiendo, es duro (voz entrecortada).”(Entrevistas a profundidad con
familiares – Mujer 4; agosto de 2021).
De esta manera, se identifica que, para las víctimas participantes de esta
investigación, la dignificación y el reconocimiento del sufrimiento que han vivido, son
elementos centrales en su proceso de trámite de los impactos psicosociales de la
desaparición forzada. Lo que nos lleva a preguntarnos sobre la articulación que se está
haciendo entre las medidas de satisfacción contempladas en la Ley 1448 de 2011 y la
implementación de la medida de rehabilitación, más aún cuando existe una relación
intrínseca entre la dignidad humana y el goce efectivo de derechos, entre ellos, el derecho
a la salud integral.
En materia de satisfacción las víctimas de desaparición forzada, particularmente,
esperan que el Estado comprenda que su sufrimiento ha sido continuado, que la
incertidumbre, el silenciamiento, la indiferencia y el miedo han sido escenarios
emocionales permanentes para ellas, que han vivido de manera prolongada la ausencia de
verdad, los discursos justificatorios frente a la desaparición, la denigración de la identidad
de sus seres queridos desaparecidos, la estigmatización y la impunidad, y que a partir de
estas comprensiones disponga los mecanismos necesarios para que la atención y los
procesos que ellas deben realizar no resulten revictimizantes.
“...es triste, es triste, es triste, es triste ver que no valoren los sufrimientos de
esas pobres madres, que el Estado no se pone en los zapatos de uno y eso a
mí me duele mucho, la indiferencia.” (Grupo focal con familiares - Mujer 3; 27
de Julio de 2022)
Otro aspecto, en materia del derecho a la satisfacción, que aparece relacionado
con la rehabilitación y la mitigación del sufrimiento de las víctimas de desaparición
forzada tiene que ver con la honra y el restablecimiento del buen nombre de sus seres
queridos. Esto, porque la desaparición como delito garantiza su continuidad en el
tiempo y su impunidad a partir de: i) la deshumanización de las víctimas directas no
permitiendo ni siquiera el desarrollo de un rito fúnebre de acuerdo a las creencias de su
contexto social, ni la existencia de un cuerpo para honrar su memoria, y ii) la
construcción de discursos e imaginarios que justifican y validan socialmente la comisión
del delito, los cuales con frecuencia son creados a partir de la tergiversación de la
identidad de las víctimas.
“Qué pedí yo de la 1448, el buen nombre, porque uno lo puede pedir, el buen
nombre de la persona porque por más que sea pobre, que sea campesino
tenía un proyecto de vida, político, cultural, todo, y al desaparecerlo hay una
rotura con la familia, los hijos (...) porque se puede pedir individual o colectivo
lo que hayan sido los pueden reparar, yo pedí el buen nombre de mi hija y de
mi familia, que el hospital lleve el nombre de ella, para cuando más adelante
mi familia, mis tataranietos, digan: “hombre, mire” (...) y yo lo pedí para dejar
un precedente político porque las personas de la salud son personas que son
protegidas por la ley, por eso lo mismo del daño, yo siempre lo he dicho es un
daño individual y yo si rezo y lloro, y le lloro al.. pero somos cada cual hace su
duelo diferente.” (Grupo focal con familiares - Mujer 2; 27 de Julio de 2022)
En este escenario de la complementariedad entre los derechos a la rehabilitación
y a la satisfacción de las víctimas de desaparición forzada, la construcción de memoria
tiene un papel central; porque la desaparición en sí misma implica “borrar” todo rastro
de presencia y existencia de la persona, implica su aniquilamiento en el campo social, en
lo real y en lo simbólico; y en esta medida, la memoria aparece como una acto de
resistencia frente a las intencionalidades propias de la desaparición forzada.
“Trabajo la memoria porque el daño fue muy grande para mí, fue
demasiado grande…. La memoria sí la trabajé, para mí es muy importante la
memoria, para mí y de las mujeres…” (Grupo focal con familiares - Mujer 2;
27 de Julio de 2022)
“El arte ha sido sanador, para denunciar y para… aquí estoy escribiendo otra
vez. Para sobrevivir con el dolor, porque es lo que uno sabe, para sobrevivir,
para denunciar y para hacer memoria. Son tres fundamentos para mí.” (Grupo
focal con familiares - Mujer 2; 27 de Julio de 2022)
Uno de los aspectos psicológicamente más desestructurantes que conlleva el
delito de la desaparición forzada para las víctimas, tienen que ver con su
“irrepresentabilidad” dentro de las categorías que hemos construido para entender la
vida y la muerte, la desaparición se configura como “un horror psíquicamente no
asimilable”. Ante este panorama, el hacer memoria constituye la posibilidad de
representar la desaparición, de ponerla en el diálogo con otros, de visibilizar y
evidenciar el sufrimiento particular que esta genera y los recursos que han agenciado las
víctimas; además se convierte en un escenario propicio para reivindicar la identidad de
los seres queridos, para transgredir los discursos justificatorios y para construir un relato
alterno sobre la desaparición desde la voz de las víctimas y no desde la versiones
dominantes impuestas por los victimarios para garantizar la impunidad de su delito.
«P me invitó, me dijo: “la invito que el sábado tenemos un…” yo ni entendí
qué era eso, yo ni sabía, dijo: “es que nosotras tenemos el MOVICE” y bueno
se puso a contarme ya cosas (...) y yo miré un poco de fotos y todo y me dijo:
“traiga la foto de su hijo”, y yo no tengo fotos, la única foto que yo guardé
durante mi secuestro es esta foto (...), entonces yo le dije a ella “no, yo no
tengo foto, la única foto que tengo es esta chiquitica”, dijo: “vaya y mándela a
hacer”, y yo no entendía nada de lo que ellas hacía, y entonces ella empezó a
aconsejarme y ella me decía esto, lo otro, ella me hablaba y a penas me
hablaba de mi hijo yo me ponía a llorar, yo lloraba las 24 horas del día, pues
cómo sería de terrible que ese niño llegaba, y yo lo sentía que él llegaba,
cuando yo me sentaba a tejer… él era ahí, me acostaba… se sentaba en el
borde de la cama, la cama se hundía, y [lo sentía] en mi cabeza, porque él era
feliz acariciándome la cabeza y yo más lloraba y más lloraba. Yo había noches
que las pasaba en vela y entonces, así yo me aguanté todo ese tiempo y me
parecía que eso era normal. Ya empezamos a hacer el grupo, empecé con el
grupo de mujeres y ya con el tiempo nosotras hicimos las… [la obra de teatro],
ya conocimos otros grupos de mujeres, entonces empezamos como a abrir
otro espacio donde la vida empezó; pero mi tristeza no era así como muy
llevadera, porque debido a todo esto me dio un cáncer que me postró un año
aquí en Bogotá, me dio un cáncer en la matriz y a mí me abrieron el estómago
(...), entonces yo duré mucho tiempo, ya cuando me dieron la salida, yo salí
pesando 38 kilos, fue puro huesito. (...) [ya no tengo cáncer], mi Dios me dio la
oportunidad de sobrevivir a esa enfermedad que son muy pocos los que
sobrevivimos; y de ahí ya empecé una cosa y otra…» (Grupo focal con
familiares - Mujer 1; 27 de Julio de 2022)
Este testimonio nos lleva a señalar que la construcción de memoria como un
escenario para viabilizar la articulación entre las medidas de rehabilitación y de
satisfacción para las víctimas, implica que estos procesos tengan un énfasis en la
mitigación de los impactos psicosociales y en salud integral a partir del desarrollo de
espacios reflexivos y terapéuticos con las víctimas que les permitan reconocer, expresar y
significar sus vivencias en términos emocionales, identitarios y relacionales; así como,
desprivatizar y resignificar su experiencia, disminuyendo el riesgo de revictimización que
puede darse en estrategias que solo pretenden la visibilización de los hechos de violencia
(Corporación Vínculos, 2019).
El delito de la desaparición forzada, causa un sufrimiento devastador por la
ausencia de información sobre el paradero del ser querido; así como, en la mayoría de los
casos, por la ausencia de justicia; en este sentido, la rehabilitación definida como “el
conjunto de estrategias, planes, programas y acciones de carácter jurídico, médico,
psicológico y social, dirigidos al restablecimiento de las condiciones físicas y psicosociales
de las víctimas” (Ley 1448 de 2011, art. 135), se logra cuando se transforman las
condiciones externas que perpetúan el sufrimiento, por ejemplo saber qué pasó y dónde
está el ser querido.
Para las víctimas es fundamental poder establecer la verdad y tener certeza de
los hechos, por dos razones: la primera, porque su angustia permanente ha sido la
incertidumbre, “el no saber”, y su única forma de aliviar el sufrimiento es construyendo
certezas. La segunda razón tiene que ver con que, como ya se había mencionado, la
“desaparición” es una categoría que no está en nuestra comprensión del ciclo de la vida,
ni hace parte de los referentes para comprender la vida y la muerte; así que contar con
información sobre lo que le sucedió, contribuye a construir significados frente a la
experiencia vivida y a aliviar el dolor, haciendo posible el duelo.
Así, el derecho a la verdad está íntimamente ligado a la rehabilitación y a la
recuperación emocional; el acceso a la verdad y el construir una versión sobre lo sucedido
se convierte en una condición necesaria para mitigar el sufrimiento, como se muestra en
el siguiente relato:
“Yo descanso cuando… siente uno largar un peso cuando uno sabe que... qué
harían con los seres queridos, por qué los mataron, por qué no aparecen, por
qué el Ejército mató a G y me están diciendo que fue la guerrilla… no fue la
guerrilla tengo testigos, tengo en la carpeta (…) ¿yo qué más quisiera tener?
tengo toda la información para una denuncia para el Estado (...)” (Entrevistas
a profundidad con familiares – Mujer 4; agosto de 2021).
En este escenario, para las víctimas de desaparición forzada puede ser altamente
revictimizante que un funcionario sin tener información suficiente sobre su caso les refute
los relatos que ellas han construido sobre lo sucedido; además, porque estas versiones
han surgido luego de las acciones de “investigación” que ellas mismas han adelantado
ante la falta de acción de los entes investigativos y judiciales del Estado para dar con el
paradero de su ser querido y para conocer las circunstancias, motivaciones y responsables
de la desaparición.
«(retomando el tema de la demanda) fue que me dijeron en la Defensoría que
fuera por un papel a ver cómo iba el proceso de G y yo fui y la fiscal me dijo:
"mire acá este resultado, viene el día que uno está entregando inventario,
que no sé qué, pero más sin embargo tenga y no lo busque que a él lo mató
fue la guerrilla " yo ya tenía...yo no le contesté nada porque me quedé fue
mirándola, pero yo sé quién lo mató, ¿por qué ocultan si lo mató el
Ejército?»(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 4; agosto de
2021).
Este tipo de narrativas por parte de los funcionarios son percibidos por las víctimas
como faltas a la verdad y como actos que reproducen, legitiman y posicionan discursos
hegemónicos sobre los hechos; contribuyendo a perpetuar la impunidad, a minimizar la
responsabilidad de los victimarios y a desacreditar la vivencia de las víctimas; así como las
evidencias que ellas han recabado sobre lo sucedido y los responsables.
El malestar y la indignación de las víctimas es creciente cuando quienes han
ejecutado el delito son agentes del Estado, ya que en estos casos su versión resulta más
inverosímil para quienes la conocen, en tanto que el Estado es quien está en el deber de
proteger. En estos eventos es frecuente que las víctimas estén buscando
permanentemente un respaldo que dé cuenta de la certeza de su vivencia y dé crédito a
su versión, como lo señala la misma persona de quien se presentó la narrativa
anteriormente.
“(...) tenemos un Estado mentiroso, ¿por qué no son sinceros y dicen la
verdad? a él lo mató… él fue muerto por el… y el desplazamiento mío se lo
debo al Ejército. Porque a pesar de haber conflicto armado y paramilitares y
guerrilla, a mí la guerrilla nunca me amenazó, a mí me amenazó el Ejército y
cuando a mí no me dejaron regresar a la finca era porque ellos sabían que lo
habían matado, por eso no me dejaron regresar a buscarlo y por eso me
dieron el desplazamiento forzado para que no lo reclamara, porque a mí me
hicieron el desplazamiento forzado.” (Entrevistas a profundidad con
familiares – Mujer 4; agosto de 2021).
En este escenario los derechos a la verdad y a la justicia aparecen íntimamente
ligados, pues para las víctimas la verdad se legitima mediante la aplicación de justicia;
para ellas, es fundamental que los procesos jurídicos y de determinación de
responsabilidades avancen. Además, algunas de ellas conciben ese reconocimiento
formal de responsabilidad como un factor que aporta a recuperar su estado de salud,
como se evidencia en el siguiente relato, en el que la misma mujer de la entrevista
anterior, al preguntarle qué más necesita para mejorar su salud integral responde lo
siguiente:
« (...) tengo toda la información para una denuncia para el Estado, creo que
ahí está completica porque yo ya tengo acá fotocopias de gente que me
conoce en la región, ya tengo autenticado y registrado con testigos de que sí
lo mató el Ejército. En Granada Meta hay una nietecita del finado, ella me
dice: "abuelita mire que a mi abuelito lo mató el Ejército" me dijo: “un
hermano de mi esposo estuvo metido en la guerrilla y él dijo que a su
abuelito lo mató el Ejército”» (Entrevistas a profundidad con familiares –
Mujer 4; agosto de 2021).
Las barreras y dilaciones en el proceso de investigación que debería permitir el
acceso a la verdad para las víctimas, la falta de garantías de no repetición y la impunidad
son factores que profundizan las afectaciones psicosociales y en salud integral que viven
las víctimas; este evento fue señalado por la CIDH (2006) en su sentencia contra Colombia
por la masacre de Pueblo Bello6 y se reiteró en los testimonios analizados en esta
investigación.
6 “(…) los familiares de las personas presuntamente desaparecidas y privadas de la vida han sufrido graves
daños como consecuencia de los hechos de enero de 1990, de la desaparición y/o privación de la vida de las
mismas, por la falta de eficacia en la búsqueda de los cuerpos de los desaparecidos y, en algunos casos, por
el miedo de vivir en Pueblo Bello.” (CIDH, 2066; párr. 160)
«La Unidad me dijo que el cuerpo de G ya lo tenía la Fiscalía, el solo tiene un
hijo que vive en Sevilla, la Fiscalía lo llamó para hacerse la prueba de ADN…
nosotros nos hablamos, nos escribimos, él pregunta cómo va el proceso, pero
todavía nada (...) y una nieta que vive en el Meta, me dijo: “me encontré a un
muchacho desmovilizado de la guerrilla que está en la JEP, asegura que a él lo
mató el ejército, tenemos dos testigos…”. Yo no conozco sobre la JEP, estuve
buscando teléfonos, pero nadie me contestó» (Herramienta de
caracterización Corporación Vínculos - Narrativa Caso 07; junio de 2021)
El acceso efectivo de las víctimas a procesos de verdad y justicia favorece la
mitigación de impactos relacionados con el silenciamiento y la culpa, en tanto “supone la
identificación de los agresores, sus intencionalidades e intereses, e implica la calificación
de su situación como agredidos y vulnerados, lo cual permite desinstalar la culpa
(Corporación Vínculos, 2009, p. 25).
Por otro lado, la complementariedad entre las acciones que desarrolla el Estado
para garantizar los derechos de las víctimas de desaparición forzada y asegurar su
reparación integral implica un reto para la institucionalidad que tiene competencias al
respecto. Así lo dejan ver algunos de los testimonios de las víctimas entrevistadas, que
además de evidenciar la desarticulación entre las medidas de reparación, plantean la
desarticulación entre las instituciones de SNARIV y las instituciones del SIP que tienen
competencias en el marco del delito de desaparición forzada.
“Ahoritica yo he visto las peleas institucionales, la Fiscalía peleando con la
Unidad de Búsqueda, la Fiscalía peleando para sacar los muertos de la Fiscalía
de exhumación y todo, hay una pelea institucional (…)” (Grupo focal con
familiares - Mujer 2; 27 de Julio de 2022)
Como se mencionó en el capítulo 1, el Plan Nacional de Rehabilitación para la
Convivencia y la No Repetición, en vista de esta dificultad ha planteado como la primera
de sus tres líneas estratégicas la articulación con los mecanismos del Sistema Integral para
la Paz7, “con el objetivo de avanzar de manera coordinada en la definición de rutas que
faciliten el acceso a las medidas para la recuperación emocional individual, las medidas de
rehabilitación comunitaria y colectiva y el acceso a los servicios de salud, lo que a su vez
7 El Sistema Integral para la Paz está compuesto por: (i) la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la
Convivencia y la No Repetición que tuvo vigencia hasta junio 2022 y ahora existe el Comité de Seguimiento
de las Recomendaciones, la Unidad de Búsqueda para Personas dadas por Desaparecidas, la Jurisdicción
Especial para la Paz, y las medidas de reparación integral para la construcción de paz y las garantías de no
repetición.
pueden contribuir a la consecución de los objetivos del SIVJRNR” (MSPS, CNMH, UARIV &
ARN, 2018, p. 41).
En aras de avanzar en este propósito, el MSPS reportó el desarrollo de acciones de
articulación concretamente con la Unidad de Búsqueda para las Personas Dadas por
Desaparecidas -UBPD- para fortalecer los lineamientos de atención psicosocial en lo que
se ha definido como “la ruta de la desaparición”, que incluye la búsqueda, la exhumación,
la entrega y el “después”. El equipo del Ministerio reconoce que hasta ahora los esfuerzos
para brindar atención psicosocial han estado centrados en dar respuesta a las necesidades
que surgen en las entregas de cuerpos esqueletizados, y acepta que hay momentos en los
que las necesidades de las víctimas cambian y que requieren una respuesta diferenciada
(Cepeda, A. comunicación personal, 27 de julio de 2022).
Así mismo, la Entidad reportó que la articulación entre el MSPS y la UBPD, se ha
dado en virtud del Plan Nacional de Búsqueda, y que actualmente un representante del
Ministerio hace parte del Consejo Asesor de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas
por Desaparecidas, siendo un objetivo clave de esta participación, posicionar “la
importancia que tiene el articular ambos elementos, tanto la atención psicosocial como
todo el componente de asistencia en salud para los familiares de víctimas dadas por
desaparecidas.” (Nieto, C. comunicación personal, 27 de julio de 2022).
Miedo a la estigmatización y actitudes frente al cuidado de la salud
“Pues yo veo que a nosotros no... empezando que nosotros somos como
burlesco para la gente, porque hay gente que llega: ah esa es víctima, ¡ay que
pereza!” (Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 3; agosto de 2021)
En los diálogos, las mujeres cuentan que que los y las familiares de personas
víctimas de desaparición forzada perciben un doble riesgo de estigmatización asociado,
por un lado, a ser reconocidas como víctimas y que los demás se relacionen con ellas
desde esta categoría de identidad; y por otro, a las atribuciones que “otros” hacen sobre
la desaparición de su ser querido, ya que temen recibir comentarios relacionados con su
responsabilidad como víctimas de de lo que les ha sucedido, ya sea por las actividades
que realizaban, por formar de parte de un grupo armado social o político, o por las
decisiones que en determinado momento tomaron:
“Hay mucha desconfianza en el sistema de salud y la gente no da la
información completa, en general hay mucha desconfianza y se requiere
tiempo y continuidad para que la gente se sienta en posibilidad de contar
completas las cosas, y eso no es posible en nuestro actual sistema, además
con la desaparición hay mucho miedo a ser estigmatizados, más cuando la
persona desaparecida fue combatiente.” (Grupo focal sobre derecho a la
rehabilitación - Terapeuta 2; 13 de agosto de 2021)
Este temor a la estigmatización lleva a que los y las familiares no quieran
identificarse frente a otros como víctimas; lo cual tiene un impacto importante frente a la
posibilidad de que sus derechos sean reconocidos y limita la posibilidad de que el sistema
de salud tenga una mirada integral y comprensiva de su situación, así como, de recibir
servicios especializados y diferenciados que atiendan su particularidad.
«Pienso en una persona que vivió también en medio del conflicto armado, tuvo
personas desaparecidas y estuvo en medio de combates entre el Ejército y las
FARC. Ella tenía un niño muy pequeño y ella decía: "el niño no me habla”, y
recuerdo que empezamos a activar la ruta y uno de los temores de ella era
decir que era desplazada y contar su historia y contarle al médico lo que
sucedía. El hecho es que ella se hizo atender como si no le hubiera pasado nada
y al tiempo al niño le descubren que está sordo y al final lo que identifican es
que por las situaciones que habían vivido en medio del conflicto armado se
había afectado la audición del niño (…) muchas personas por no ser
estigmatizadas en sus diagnósticos médicos, tampoco aportan la información
que deben relacionar y eso hace que a veces hasta el mismo médico no
comprenda o no entienda por qué la persona está sufriendo, entonces pienso
que también ahí hay una barrera por parte de quien está dando la información
y también a veces los médicos se limitan a los 20 minutos donde llenan
información y no tienen esa curiosidad por así decirlo de revisar y de mirar más
allá de lo que la paciente o la persona está diciendo.” (Grupo focal sobre
derecho a la rehabilitación - Terapeuta 6; 13 de agosto de 2021)
Además de temer a la estigmatización, en esta investigación se ha identificado
que las personas temen recibir un diagnóstico, sobre todo si éste se refiere a una
enfermedad de tipo mental. La forma en que se concibe nuestro sistema médico actual,
desde el reconocimiento de la patología y su clasificación, en ocasiones genera
resistencias en las personas por miedo a reconocerse como enfermas o a constatar que
tienen un padecimiento que se suma al que ya viven con la desaparición.
«El sistema de salud, cómo está pensado, sus prácticas y todas esas fallas
estructurales a veces son victimizantes. Creo que la forma en que se dan los
diagnósticos, por ejemplo no entender la reacción que tiene la persona en el
contexto de lo que está viviendo sino patologizarlo, termina siendo
revictimizante, ya que genera una carga adicional para la persona, entonces
“además de que tengo a mi hijo desaparecido, de que me siento
terriblemente mal, de que no me quiero levantar, ahora tengo una depresión
o ahora me estoy volviendo loca o ahora me toca ir al psiquiatra”, y todos
estos pensamientos asociados a la estigmatización que hay frente a lo que
implica la salud mental aumentan la carga» (Grupo focal sobre derecho a la
rehabilitación - Terapeuta 2; 13 de agosto de 2021)
Si bien los prejuicios que las personas tienen frente a la enfermedad y más
específicamente frente a la enfermedad mental, son un asunto que trasciende los
alcances del sistema de salud. Aspectos como la forma en que se comunican los
diagnósticos, las perspectivas que se brindan de manejo, el seguimiento que se hace en el
tratamiento, la psicoeducación frente al diagnóstico y la vinculación de las redes de
soporte con las que cuenta la persona al tratamiento, inciden en que la persona conciba
su enfermedad una situación que puede afrontar con sus recursos y en que reconozca los
síntomas, no como una carga adicional, sino como una reacción razonable ante lo que
está viviendo.
“Recuerdo una mujer que fue diagnosticada con esquizofrenia en Mapiripán y
que quien la diagnosticó fue un médico general (..) se diagnostica en salud
mental como quién está hablando de cualquier cosa como si fuera un dolor de
cabeza, y no, esto tiene un peso social y un peso sobre las personas que los
marca de por vida, una persona que le dicen que tiene esquizofrenia mal
diagnosticada podría ser catalogado como ‘el loco del pueblo’ y puede estar
justificado porque acaban de desaparecer a su hijo.” (Grupo focal sobre
derecho a la rehabilitación - Terapeuta 1; 13 de agosto de 2021)
De hecho, la Encuesta Nacional de Salud Mental identificó que, a nivel individual,
existe una relación entre el ser víctima de estigmatización y discriminación por sufrir
una enfermedad mental y tener una mayor dificultad para acceder a servicios de salud,
mayores barreras para acceder a educación o trabajo y sufrir una mayor vulneración de
derechos (MSPS, 2015, p. 236). Lo que da cuenta de las implicaciones graves y del
detrimento de las condiciones de vida que puede tener un diagnóstico en salud mental
apresurado, sin el acompañamiento debido y sin generar mecanismos que aporten al
ajuste de la persona en su contexto cotidiano.
Frente a limitaciones como las que se han mencionado, desde 1990 la OMS ha
propuesto incluir la salud mental como un componente de la Atención Primaria en Salud,
justificando su incorporación en términos de la magnitud de la carga de las enfermedades
mentales, los vínculos entre salud física y salud mental y la brecha para acceder al
tratamiento de los trastornos mentales. La OMS considera que desarrollar la atención
primaria de salud mental contribuye a mejorar el acceso, reduce la estigmatización y la
discriminación hacia quienes la padecen, la hace asequible y eficaz en términos de costos
y genera buenos resultados en términos de salud pública (Alcaldía Mayor de Bogotá &
Secretaria Distrital de Salud de Bogotá, 2016).
Estas consideraciones guardan coherencia con los hallazgos de la evaluación
realizada por el MSPS al PAPSIVI, en el año 2020. Dicha evaluación encontró que quienes
recibieron atención psicosocial por parte del PAPSIVI demandaron un 24 % menos
atenciones en salud mental que la población víctima en general y un 32 % menos que la
población no víctima a nivel nacional. De esta manera, de la evaluación surgió la hipótesis
de que implementar estrategias para la rehabilitación psicosocial (que en el marco de
implementación del PAPSIVI dentro de la política nacional en salud estarían en un nivel
primario de atención) puede traducirse en un menor número de afectaciones en salud
mental en el mediano y largo plazo (MSPS, 2020).
Retomando las limitaciones que existen para que las víctimas estén dispuestas a
acceder a los servicios de salud y a la medida de rehabilitación, además de los temores
frente al reconocimiento de los procesos de salud y enfermedad por su parte; también se
identifica que hay un desconocimiento de la medida y de los mecanismos de acceso a ella.
“Las personas no cuentan lo que le pasa en salud por temor, primero que
todo hay un temor, inicialmente hay un temor, segundo hay mucha gente que
se queda callada no solamente por temor si no porque no están orientadas,
vuelvo insisto la orientación hace mucha falta, yo sin la orientación que me
han dado créeme que yo no hubiera avanzado ni con los médicos ni con nadie
¿si me hago entender doctora? (Entrevistas a profundidad con familiares –
Mujer 3; agosto de 2021)
Inclusive, la Corte Constitucional en el Auto 373 de 2016 expresó que “el
desconocimiento y el desinterés” por parte de la población, ha constituido un obstáculo
para que la medida de rehabilitación tenga los efectos esperados y ha sustentado esta
afirmación en los siguientes datos:
“Del 70 % de víctimas que conocen su derecho a la reparación integral, solo
una tercera parte conoce que tiene derecho a la rehabilitación. La CSMLV
advirtió que solo el 4 % tiene acceso efectivo a estas medidas de
rehabilitación. Al momento de considerar las razones por las cuales las
personas que, a pesar de conocer su derecho, no solicitaban acceso a las
medidas de rehabilitación se observa que dichas decisiones están
relacionadas con razones tanto de desinterés como de desconocimiento. En el
caso de las de rehabilitación mental aproximadamente la mitad de las
personas no estaba interesada y un 40 % afirmó desconocer el procedimiento
a seguir.” (Corte Constitucional, Auto 373 de 2016)
Otro dato que da cuenta de la necesidad de tener mecanismos más eficientes para
la difusión y el acceso a la medida de rehabilitación, es lo reportado por el equipo del
MSPS (2022)a la Corporación donde indica que la participación de las víctimas en el
componente psicosocial del PAPSIVI ha impactado su acercamiento al SGSSS, favoreciendo
el acceso a otros servicios de salud y mitigando el riesgo de enfermedad mental, ya que se
identificó́ que “al siguiente año de recibir la atención psicosocial del PAPSIV, las víctimas
requieren 24 % menos atenciones relacionadas con trastornos de salud mental y de
comportamiento que las víctimas que no la han recibido y 32 % menos que la población
general, mostrando que las víctimas con atención psicosocial presentan una menor
morbilidad atendida en estas patologías” (MSPS, 2022, p.4). Por lo anterior se entiende el
acompañamiento psicosocial como un mecanismo útil para brindar información a las
víctimas sobre el cuidado y el acceso a los servicios de salud.
El MSPS también indicó a la Corporación que han identificado una relación positiva
entre las personas que acceden al proceso de atención psicosocial y el indicador de
aseguramiento, lo cual puede estar relacionado con las orientaciones que tiene el
componente psicosocial frente a la derivación de los servicios de salud y eliminación de
las barreras de acceso. Así mismo, encontró que la cobertura de las víctimas atendidas
por el componente psicosocial supera, levemente, el nivel nacional, el cual cerró en 94,7
% para la vigencia 2018, y evidencia que la población con atención psicosocial PAPSIVI
presenta frecuencias de uso similares a la de la población general del SGSSS. También,
muestra que la población incluida en el RUV sin acceso al componente psicosocial del
PAPSIVI tiene las frecuencias de uso más bajas durante los años 2014-2018, entre los
grupos de referencia.
Estos datos le permiten inferir al MSPS que, el acceso al componente de atención
psicosocial del PAPSIVI fortalece el acceso y la oportunidad en la prestación de los
servicios de salud en el marco del SGSSS; constatando el efecto que el acercamiento a
fuentes de información y remisión tiene sobre un mayor acceso a las múltiples ofertas
en materia de rehabilitación (MSPS, 2022).
La oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
(2008) ha reconocido la difusión de las medidas de reparación como un factor crítico de
éxito; ya que inclusive un programa de reparaciones bien diseñado verá limitado su
impacto, si una vez establecido, no se acompaña de esfuerzos efectivos de divulgación.
Esta necesidad es apremiante, especialmente, en contextos en los que existen bajos
niveles de educación, limitaciones de movilidad en el territorio, escasa participación de las
víctimas y fracturas del tejido social; ya que el acceso a las medidas requiere la superación
de barreras estructurales derivadas de este tipo de condiciones (OACNUDH, 2008).
Igualmente, la Procuraduría General de la Nación (2020) ha señalado que en
Colombia falta una cultura de reconocimiento de las necesidades psicosociales y en salud
mental. Lo que ha resultado en que, en los procesos de caracterización de necesidades
con las víctimas, no necesariamente se identifican como prioritarias las necesidades de
atención psicosocial o en salud mental.
Otro hallazgo interesante de esta investigación está relacionado con las actitudes
que las personas tienen frente al cuidado de su salud; ya que estas aparecen como una
limitante para la búsqueda de apoyo especializado, el acceso a los servicios de salud o
para la adherencia a los tratamientos e intervenciones que se dan en el marco de este.
«A mí me atendió un psiquiatra recién que pasó, porque yo le dije doctor yo
no puedo dormir, dijo mire señora si no puede dormir se toma esta pasta. Yo
no me quise tomar la pasta porque yo soy muy escéptica con mi salud, con…
entonces a últimas resultamos hablando los dos del conflicto, de cosas y él
me atendía y dijo venga y yo la atiendo y durábamos una hora hablando pero
ya como persona (...) a mí me diagnosticaron, dijo: “mire mi señora, lo suyo
es una depresión mayor”, porque yo lloraba mucho, ahora no lloro… a mí me
dieron una vez la incapacidad y bueno yo la recibí y yo nunca le dije a él que
no me tomaba la droga ni nada, porque nunca me la tomé y hace poco la
boté…» (Grupo focal con familiares - Mujer 3; 27 de Julio de 2022)
«Desde mi experiencia he visto una dificultad generalizada para acceder a
servicios de salud, pero igual veo que no suele haber una búsqueda de
atención por lo menos en salud mental por parte de las personas, como que
muchas de las personas que yo he llegado a acompañar es porque otras
organizaciones identifican que el acompañamiento puede ser útil para esa
persona; pero no es común que ellos digan: "yo he intentado ir a psicólogo".»
(Grupo focal sobre derecho a la rehabilitación - Terapeuta 4; 13 de agosto de
2021)
Se identificó que algunas actitudes de desinterés frente a la salud propia, no solo
mental, sino también física, aparecen como parte de los impactos que genera el delito de
desaparición forzada. Como se mencionó en el capítulo de impactos, es frecuente que las
y los familiares sufran la desaparición experimentando la pérdida de su propio sentido de
vida, desconectándose de atender sus necesidades vitales y de continuar con el curso de
sus vidas, en muchos casos para centrarse en las labores de búsqueda de su familiar.
“(...) cuando me hicieron todo en el seno izquierdo me salió una sangre negra,
me alerté por mi descuido, y ya empiezo más o menos en médicos, estamos
hablando dos años para acá, ¿por qué? porque yo me descuidé en todo. ¿si me
hago entender? (...) ¿de qué manera me descuido? digámoslo así, inicialmente
se desaparece mi hijo, yo denuncio ante la Fiscalía, está el Gaula, está digamos
la denuncia, ampliación de denuncia, no sé qué, sí sé cuántas… pero cuando yo
empiezo a digamos a tener un sentido a la vida, a aferrarme a la vida, a
continuar con metas y sueños que teníamos con mi hijo, es cuando empiezo a
mirar mi salud seriamente, porque caigo en cuenta, vuelvo y repito gracias a la
Corporación Vínculos, porque hay fechas, hay fechas, exámenes médicos, hay
muchas cosas que pueden probar, todos los manejos que se han llevado.
(Entrevistas a profundidad con familiares – Mujer 5; agosto de 2021)
Otro aspecto del impacto derivado de la desaparición forzada que parece estar
relacionado con la resistencia a buscar apoyo, tiene que ver con que en ocasiones las
personas perciben su afectación y su sufrimiento como algo tan “desbordante” y
sobredimensionado y no hay nada que los pueda reparar, ni nadie que les pueda
acompañar.
«Ella ha tenido dos consultas, pero no es una persona que quiera tener
consulta porque no cree en nada, o sea es como: "yo no creo que la
psicología me vaya a salvar del infierno en que vivo (...) entonces uno ve a
esta mujer y uno dice esta mujer realmente necesita acompañamiento
psicosocial, pero ella dice que no, que no lo necesite y que no lo necesita y
ahí se queda, y se la lleva muy bien con nosotras de hecho ella cuando hay
psicólogas en el espacio siempre las busca está hablando con ellas pero hasta
ahí llega» (Grupo focal sobre derecho a la rehabilitación - Terapeuta 1; 13 de
agosto de 2021)
Esta particularidad lleva a pensar que en estos casos existe un reto adicional para
el sistema de salud, ya que no basta sólo con la disponibilidad del servicio, sino que este
tiene que adaptarse y lograr una comprensión integral de la situación de la persona para
responder a esas condiciones particulares que limitan el acceso y la adherencia a los
tratamientos médicos. Es evidente, en muchos casos, la necesidad de generar estrategias
de intervención integrales que les ayuden a las y los familiares a reconectar con su
sentido de vida para que se dispongan a mejorar su salud.
Inclusive, algunas de las actitudes de resistencia a recibir asistencia en salud o a
seguir las indicaciones médicas están asociadas a un desconocimiento y a los prejuicios
que se tienen frente al uso de los medicamentos, su efecto y su control; así como, al
temor de que el medicamento les impida tener el manejo de su propio padecimiento.
Esta es una limitante que lleva a reflexionar sobre la responsabilidad que tienen las y los
profesionales de la salud cuando brindan las indicaciones a las personas sobre el
tratamiento a seguir y sobre el nivel de comunicación que se debe tener con las víctimas
cuando son atendidas, para minimizar el riesgo de que malentendidos, concepciones
previas o imprecisiones limiten la adherencia a los tratamientos.
“yo no me tomé la droga porque yo no me voy a volver dependiente de esos
medicamentos, si yo no me la tomo entonces no puedo dormir, no, por eso no
me la tomé y no me la tomé y yo hace como unos tres años la recorté y la eché
en un balde por el sifón, porque tampoco la eché a la basura. Me decía el
doctor si no puede dormir con la media se toma la pasta, y no me la tomé. Yo
hice un proceso diferente a ella, yo la entiendo a ella porque es así, porque
nosotros quedamos con unas afectaciones internas y el duelo de ella es
diferente con todo eso, yo me mantengo irritada, por todo lloro, todo me
resiente.” (Grupo focal con familiares - Mujer 2; 27 de Julio de 2022)
Otro factor que limita el acceso y la adherencia de las víctimas a los tratamientos en
salud tiene que ver con que la salud pública en Colombia no siempre ha estado al alcance
de todos, sino que han existido barreras de accesibilidad de tipo geográfico, normativo, o
inclusive por el mismo contexto de conflicto armado; de esta manera las personas han
desarrollado sus propias “teorías y prácticas” sobre lo que creen que mejor funciona para
cuidar y mantener su salud, al margen de lo que el sistema ha dispuesto para ello.
Un ejemplo de esto tiene que ver con la resistencia de las víctimas a participar de
las acciones propias de la medida de rehabilitación. Como lo ha mencionado la Capít
(2020) el desinterés que se ha evidenciado por parte de la población víctima se relaciona
en parte con que la implementación de la medida se dio muchos años después de que las
personas vivieran los hechos de violencia y con que además no ha estado disponible de
manera permanente, ni en todo el territorio, lo que ha llevado a las víctimas a mitigar el
sufrimiento con sus propios recursos de afrontamiento y a sentir la rehabilitación como
menos apremiante frente a otras necesidades en materia de reparación.
“A mí me dio un cáncer de seno que casi no me puedo parar, me mandaron al
psiquiatra y me diagnosticaron depresión mayor, lo máximo que hay en
psiquiatría, que no me tomo la droga porque llega un señor y yo por la hora
decía: señor no me quiero tomar esta droga, yo la boté y todo, no, yo hice
otro proceso diferente [se refiere a que su forma de recuperación es a través
de la memoria]” (Grupo focal con familiares - Mujer 2; 27 de Julio de 2022)
“Y que toca poner mucho parte de uno porque si nosotros no ponemos parte
de nosotras o nosotros, porque hay hombres también afectados, a tratar de
sacar eso de nuestro pecho, de nuestra alma y de nuestra mente no lo vamos
a lograr, hay que poner mucha parte. Yo, por ejemplo, era una de las que
lloraba de día y de noche todo el tiempo, todo el tiempo. Yo me fui a una
iglesia y pedí oración y le pedí a Dios todo el tiempo que me diera resignación,
que me diera valor, que me diera todo eso, y gracias a Dios lo logré. Y pues yo
soy muy distinta, yo como que me veía en eso y como que me sacudo
inmediatamente qué hacer o en qué ocuparme para que mi mente esté en lo
que estoy haciendo y ya se aleje de la situación.” (Grupo focal con familiares -
Mujer 1; 27 de Julio de 2022)
Por su puesto los recursos de afrontamiento con los que cuentan las víctimas son
valiosos para mitigar su sufrimiento y avanzar hacia su rehabilitación; sin embargo, el
sentido no es dejar todo en función de ellos, sino que se requiere que el Sistema tenga la
capacidad de fortalecer esos recursos y de aportar nuevas herramientas para favorecer
los procesos de rehabilitación de las víctimas.
“[Sobre la atención psicosocial] (…) no hay ni siquiera una búsqueda de las
personas de esa atención, ya por una desconfianza generalizada, porque no se
percatan de que lo que está pasando y de que las reacciones que ellas están
teniendo pues son impactos a nivel de su salud mental, o porque cuando sí
identifican ciertos cambios hacen más una búsqueda hacia lo ancestral,
medicina natural para calmar los nervios, para poder dormir y este tipo de
cosas, más no lo asocian directamente a la salud mental.” (Grupo focal sobre
derecho a la rehabilitación - Terapeuta 4; 13 de agosto de 2021)
Parte de este aporte del Sistema de Salud tienen que ver con su capacidad para
construir confianza con las víctimas, para generar relaciones en las que ellas se sientan
que aportan y construyen con las y los profesionales sus propias acciones para su
recuperación, para impulsar un cambio de actitudes frente a la salud y el cuidado y para
hacer de los procesos de salud/enfermedad un tema del que es necesario y válido hablar
en nuestra sociedad.
Históricamente las víctimas han aprendido a desconfiar del Estado y la
desaparición de sus seres queridos, con lo que ello ha implicado luego, muchas veces por
la acción u omisión del Estado, se ha convertido en un escenario para consolidar esta
relación de desconfianza, que por supuesto enmarca el acceso a los servicios de salud y a
la medida de rehabilitación.
Las víctimas han aprendido a desconfiar, particularmente, del sistema de salud y
del efecto reparador que este puede traer para sus vidas. Esto a partir de las experiencias
de atención que se han visto permeadas por los problemas estructurales del sistema,
fomentando la percepción de que acceder a servicios de salud no necesariamente
contribuye a la reparación de los daños causados por los hechos de violencia y a su
bienestar. En este sentido, mientras la medida de rehabilitación esté asociada a un
sistema cuya efectividad genera desconfianza entre la población, será difícil que las
víctimas se interesen en recibir su atención (PGN, 2020).
“En los años que llevo trabajando con población víctima del conflicto pienso
que una barrera altísima es que la gente entra con miedo, con frustración y ya
la gente no cree en las instituciones, sienten que si ellos no hacen algo por ellos
mismos nadie lo va a hacer y pues infortunadamente así es, porque las mismas
instituciones se han encargado de alimentar esos temores, esa incredulidad en
la eficiencia para responder ante las necesidades que las personas tienen.”
(Grupo focal sobre derecho a la rehabilitación - Terapeuta 5; 13 de agosto de
2021)
«Otra experiencia previa marca la forma en que esta mujer se relaciona con la
institucionalidad y su disposición frente a profesionales de la salud mental, es
la de una señora que a los seis años tiene varios hechos victimizantes, entre
ellos la desaparición y asesinato de sus padres. Por ese motivo a los seis años
llega al ICBF y le inician un Proceso Administrativo de Restablecimiento de
Derechos. Desde su narrativa su concepto inicial es: "yo no confío totalmente
en los psicólogos, no quiero saber absolutamente nada" y refiere que cuando
tuvo todo ese tipo de situaciones tan difíciles recibió atención psicológica por
mucho tiempo incluso hasta que fue grande, pero que siempre en la consulta
psicológica se sentía culpable, ella decía que recuerda muy bien cuando le
preguntaban: "¿oye pero tus papás sabiendo que eso estaba tan terrible
porque se quedaron allá?" ella dice sentir entonces que el psicólogo le
reprochaba lo que había sucedido y hacía también culpabilizar a sus padres, y
refería que a nivel de salud y acompañamiento psicosocial, las atenciones de
psicología no se le garantizaron o no se le brindó una atención que realmente
le ayudara para lo que ella y sus hermanos estaban viviendo.» (Grupo focal
sobre derecho a la rehabilitación - Terapeuta 2; 13 de agosto de 2021)
En este sentido compete al MSPSS, junto con la institucionalidad del SGSSS, por un
lado y como ya se ha mencionado, la formación de las y los profesionales para asegurar
una comprensión holística de las víctimas y su situación, contextualizada y conocedora
de las afectaciones particulares que se derivan de los hechos de violencia ocurridos en
contextos de conflicto armado y de violencia sociopolítica. Y por otro lado, generar
estrategias que inviten a las víctimas a tener un acercamiento diferente con el sistema y
sus actores, en el que se construyan relaciones que posibiliten el acceso a los servicios de
salud y a la medida de rehabilitación. Para la construcción de estas nuevas relaciones es
fundamental que se incorporen en la práctica, no solo en lo formal y en lo discursivo, los
principios y lineamientos sobre los que se ha estructurado el PAPSIVI en sus dos
componentes.