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Alimentación y Salud: Un Enfoque Integral

El documento habla sobre la relación entre la alimentación y el estado de salud. Explica que los cambios en los estilos de vida han llevado a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta. También describe los componentes de una dieta saludable y la importancia de promover una alimentación saludable a nivel de políticas públicas.
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Alimentación y Salud: Un Enfoque Integral

El documento habla sobre la relación entre la alimentación y el estado de salud. Explica que los cambios en los estilos de vida han llevado a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta. También describe los componentes de una dieta saludable y la importancia de promover una alimentación saludable a nivel de políticas públicas.
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Universidad Autónoma de Zacatecas

“Francisco García Salinas”

Área de Ciencias de la Salud


Unidad Académica de Odontología
Programa de Médico Cirujano Dentista
UDI: Salud Y Desarrollo del Adolescente, Adulto y Senecto

“ALIMENTACION SALUDABLE Y SU RELACIÓN CON EL


ESTADO DE SALUD”

Nombre del alumno: Alejandro Ortiz Tapia

Grado: 7° Grupo: “D”

Nombre del docente: María Guadalupe Félix Escobar

Fecha: 06 de noviembre de 2023


Introducción
La relación del hombre con los alimentos es tan antigua como la humanidad; la
búsqueda de satisfactores al hambre y apetito ha tenido un largo camino, con
cambios dramáticos en muchas épocas, que han tenido directa incidencia con la
salud y esperanza de vida de las distintas poblaciones del mundo. Si bien la
necesidad de satisfacer el hambre, entendiéndose por ella la necesidad fisiológica
de alimentarse y por apetito la ingesta selectiva de alimentos, es común a todas
las poblaciones del mundo, la manera de satisfacer ambas necesidades no lo es,
pues influyen en esta decisión factores culturales, individuales, ambientales,
económicos, familiares, de disponibilidad de alimentos, y un sinnúmero más, que
finalmente constituyen los hábitos alimentarios. Como las clásicas disposiciones
religiosas sobre la pureza o impureza de determinados productos que persisten
hasta la fecha y se basan en probables observaciones muy antiguas. La más
conocida es la prohibición de comer cerdo en la tradición judía, presumiblemente
por su capacidad de transmitir algunas parasitosis (como triquinosis y
cisticercosis) (Jiménez de la Jara, 2005). En los últimos 20 años en nuestro país,
se han producido importantes cambios demográficos, sociales y económicos, que
han contribuido a modificar estilos de vida de la población y por ende modificar las
conductas alimentarías. Ello ha determinado un dramático aumento de la
prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, patologías invalidantes de
difícil tratamiento y alto costo social y familiar, entre las que destacan la obesidad,
diabetes, dislipidemias, hipertensión y cáncer. Estudios de la organización Mundial
de la Salud permiten estimar que cerca de la mitad de las muertes por
enfermedades cardiovasculares y un tercio de los cánceres, podrían ser evitados
si se cuidase la alimentación desde etapas tempranas de la vida (Atalah, 2004).
Las enfermedades del siglo XXI siguen relacionado salud con alimentación en una
altísima proporción. Si se tiene en cuenta la última encuesta Nacional de Salud de
Chile, se ve que al menos el 50% de las mayores prevalencias tienen un origen y
una prevención en los temas alimentarios. La hipertensión arterial está presente
en cerca del 33% de los mayores de 15 años; la hipercolesterolemia en el 35%; y
la obesidad y el sobrepeso en el 60%. Si a esto se agrega la prevalencia de cerca
de 90% de sedentarismo y 40% de tabaquismo, la suma de los riesgos genera un
panorama bastante dramático (Jiménez de la Jara, 2005).

Desarrollo
Los cambios culturales y la persistencia de hábitos de consumo de alimentos
preparados en lugares que no son el hogar, constituyen un elemento a tener en
cuenta para quienes dictan políticas, y también para la industria de los alimentos
(Jiménez de la Jara, 2005), ya que éstos se relacionan con la salud a través de su
carencia o su exceso, pero también por su calidad y contenidos específicos. Esta
consideración ha provocado, en años
recientes, una revitalización de los conceptos antiguos tales como: un niño/a gordo
se consideraba saludable, una embarazada debía comer por dos. La información
sobre la composición química de los alimentos nacionales e importados existentes
en el mercado es insuficiente e incompleta. Son excepcionales los casos en los
que dichos datos se pueden obtener de las etiquetas de los productos envasados,
o de tablas de composición de alimentos confeccionadas en los países
desarrollados, las cuales, además de las diferencias en el contenido de minerales
y otros nutrientes, son difícilmente accesibles (Olivares, 1996)

Estado nutricional
La salud es un factor determinante del desarrollo y un precursor del crecimiento
económico. La Comisión de la OMS sobre Macroeconomía y Salud ha demostrado
que, las enfermedades perturban el desarrollo y que la inversión en salud es un
importante requisito previo al desarrollo económico de una nación. Los programas
encaminados a promover una alimentación sana y la actividad física para prevenir
enfermedades son instrumentos decisivos para alcanzar los objetivos de éste
desarrollo. Éstos se deben integrar eficazmente en programas más amplios de
desarrollo y de mitigación de la pobreza (OMS, 2003). El ser humano necesita
cubrir un requerimiento diario de alrededor de 50 nutrientes para tener un
adecuado estado nutricional y de salud, los cuales se obtienen consumiendo una
alimentación suficiente, equilibrada y variada. Algunos de estos nutrientes son
esenciales, es decir, el organismo no puede producirlos y debe recibirlos a través
de la dieta (Olivares, 1996). Se entiende por estado nutricional normal al equilibrio
entre la ingesta y las necesidad alimentaría. Para mantener un estado nutricional
normal y prevenir las enfermedades degenerativas relacionadas con la
alimentación, cada persona debe consumir las calorías necesarias para
compensar su gasto energético y satisfacer sus necesidades de nutrientes
esenciales, limitando la cantidad de grasas, grasas saturadas, colesterol, sal y
alcohol. Las dietas ricas en grasas provocan más obesidad y aumentan el riesgo
de enfermar de ciertos tipos de cáncer. El consumo excesivo de grasas saturadas
y colesterol se asocia a un alto riesgo de presentar enfermedad cardiovascular. El
consumo excesivo de sodio se asocia a una mayor prevalencia de hipertensión. El
consumo excesivo de alcohol se asocia a enfermedades hepáticas, hipertensión,
accidentes y problemas sociales (Olivares, 1996).
Ahora bien, las enfermedades crónicas no transmisibles constituyen una carga
económica pesada para los sistemas de salud, baja productividad empresarial,
fuertes presiones familiares y grandes costos para la sociedad. Hay pruebas de
que las personas pueden mantenerse sanas después de los 70, 80 y hasta 90
años de edad si su dieta es óptima, tienen una actividad física regular y no
consumen tabaco. Las extensas investigaciones realizadas en los últimos años
han aportado conocimientos suficientes y cada vez mayores sobre dietas óptimas
y los beneficios de la actividad física para la salud, así como sobre las
intervenciones de salud pública más eficaces aplicables a nivel individual y
colectivo. Aunque se necesitan más investigaciones, los conocimientos actuales
justifican una urgente acción de salud pública (OMS, 2003).
Una dieta sana
Según recomendaciones de la Consulta Mixta FAO/OMS (OMS, 2003) una dieta
sana debe considerar:
 La ingesta energética limitada procedente de las grasas, la sustitución de
las grasas saturadas y los ácidos grasos trans por grasas insaturadas.
 El consumo de frutas y hortalizas, así como de legumbres, cereales
integrales y nueces. • Limitar la ingesta de azúcares libres.
 Limitar la ingesta de sal (sodio) de toda procedencia, consumir sal yodada.
 Lograr un equilibrio energético para controlar el peso.
Por lo anterior, el Consejo Nacional para la Promoción de la Salud en Chile, ha
elaborado las Guías Educativas, con mensajes comunicacionales que fomentan
comportamientos alimentarios saludables, sin dejar de lado aspectos psicosociales
que ayudan a las personas a sentirse bien. Considera entre otros:
a) El consumo de lácteos, señalando el daño a la estructura ósea que produce
un déficit de su ingesta.
b) Incentiva el consumo diario de frutas y verduras por su contenido de
antioxidantes y fibra.
c) Recomienda aumentar el consumo de leguminosas en reemplazo de la
carne porque contribuyen a reducir los niveles de colesterol en la sangre.
d) Aumentar el consumo de pescado.
e) Preferir el consumo de aceites de origen vegetal, por sobre los de origen
animal, disminuyendo la cantidad a usar y controlando las frituras.
f) Aconseja la lectura de las etiquetas que permiten llevar alimentos bajos en
grasas, azúcar y sal, por la implicancia que tienen con la obesidad y sus
consecuencias degenerativas.
Hacer del consumo habitual de agua un agente protector del organismo,
eliminador de toxinas, que aseguren su buen funcionamiento. Las decisiones
sobre la alimentación, la nutrición y la actividad física solían recaer en las mujeres,
basadas en la cultura y las dietas tradicionales, porque los hábitos alimentarios y
los comportamientos relacionados con la actividad física estaban arraigados en las
tradiciones locales y regionales (OMS, 2003). En cambio hoy que la mujer sale a
trabajar fuera de su hogar existe una libertad absoluta de los integrantes de una
familia para seleccionar su alimentación y ocupar su tiempo libre.
Alimentación Saludable
La consecución de una alimentación saludable no es solo una decisión que deba
dejarse en manos de la población, sino que debe ser abordado como un problema
de salud pública, con una política de Estado tendiente a educar, comunicar y
empoderar a la comunidad de manera apropiada acerca de la relación que existe
entre actividad física, alimentación y salud, así como también en el aporte y gasto
energético, diversos tipos de dietas y modalidades de actividades física que
reducen el riesgo de contraer enfermedades no transmisibles, como también sobre
decisiones saludables en materia de productos alimenticios. (OMS, 2003).
Asimismo, ésta política debería propender a una comercialización y publicidad que
desaliente los mensajes que promuevan prácticas alimentarias no adecuadas o la
inactividad física, promoviendo los mensajes positivos y propicios para la salud;
reforzando la lectura de etiquetado nutricional por parte de la población,
considerando que los consumidores tienen derecho a una información exacta,
estandarizada y comprensible sobre el contenido de los productos alimenticios
para facilitar la toma de decisiones saludables.
Los hábitos se forman tempranamente en la infancia, entonces se debe orientar el
trabajo a la generación de políticas escolares que apoyen la alimentación
saludable y la actividad física, considerando que la escuela influye en la vida de la
mayor parte de los niños/as. Debiéndose enseñar higiene y promoción de una
alimentación sana, limitando la disponibilidad, en estos establecimientos, de
productos con alto contenido de sal, azúcar y grasas, instalando quioscos que
sean verdaderamente saludables. Ahora bien, no podemos olvidar que los
alimentos también cumplen una función social, como lo es: satisfacer la necesidad
de alimento, satisfacer la sensación de apetito, conservar tradiciones familiares,
como protección, como acto de conciencia, como forma de poder, como forma de
ostentación, de gratificarse, de evadirse, como mediador social, como festejo,
entre otras. Por lo que a la hora de hablar de alimentación saludable y necesidad
de cambio de hábitos alimentarios, es necesario tener todos estos aspectos en
cuenta, pues tal como plantea Echeverría, al referirse al lenguaje constructivista,
también podríamos establecer que la alimentación “construye realidad”, es decir
una realidad alimentaría en la población (Echeverría, 2003). Para hablar de
alimentación saludable debemos, entonces, entender y reconocer que existen
alimentos sanos y otros que no lo son, por lo tanto para practicar o para llevar a
cabo una alimentación saludable se debe tener coherencia entre el discurso y en
la acción.

Importancia del tema


Es importante considerar las etapas del ciclo vital individual para entender el
concepto de alimentación saludable, pues las motivaciones para alimentarse son
distintas en cada una de ellas, así en la infancia se es dependiente, las decisiones
están tomadas por los adultos tutores responsables de su educación, por lo que
en esta etapa quien debe ser educado o reeducado es el adulto. En la educación
parvularia, el niño o niña comienza a independizarse, lo que implica muchas veces
utilizar erradamente el dinero que se le entrega para comprar la colación en la
unidad educativa que lo acoge. El ingreso al colegio o al jardín infantil implica una
separación de sus adultos tutores, muchas veces no se elige una colación
adecuada, situación que puede traer peligros puesto que es en esta etapa de la
vida donde se adquieren los patrones alimentarios.
La etapa de la adolescencia, por siempre ha sido considerada una etapa difícil, y
en cuanto a alimentación también podría establecerse un paralelo; esta es una
etapa, donde el joven busca independencia y la identificación de sí mismo, por lo
que gusta de experimentar y sobretodo tomar decisiones con la mayor libertad
posible, lo que lleva a descuidar, en la mayor parte de los casos, la alimentación,
pues habitualmente el joven come lo que quiere, donde quiere y como quiere.
Si bien en la etapa adulta, existe ya la formación de criterio, las decisiones en
cuanto a alimentación habitualmente se ven influidas por otros intereses que no
necesariamente están ligados a la salud propiamente tal. Por ejemplo, en el caso
de la madre o embarazada, la alimentación que ella decida consumir estará en
directa relación con el desarrollo de su embarazo o sus hijos; la persona cuyo
trabajo depende de la imagen corporal, se alimentará en razón de esta variable;
en la persona de escasos recursos o de estratos sociales muy bajos, su principal
motivación será satisfacer el hambre, pero por la falta de recursos, lo hará de la
forma que sus ingresos le permitan, sin considerar si ésta es saludable o no.

Conclusión
Como conclusión se puede señalar que la mayor prevalencia de enfermedades en
nuestro país, tiene su origen en el tema alimentario, lo que constituye un
verdadero reto para la salud pública por ser determinante sobre la salud de las
personas y sobre los presupuestos que se destinan a ella. El aumento del ingreso
per cápita en la década de los 90 no significa necesariamente un mejoramiento en
la calidad de la alimentación de las personas, sino que en gran parte se destina al
consumo de comida chatarra, rica en grasa y azúcares.
No se consideró que para mantener un estado nutricional normal y prevenir las
enfermedades degenerativas relacionadas con la alimentación, se deben consumir
solo las calorías necesarias para compensar el gasto energético y satisfacer las
necesidades individuales, combinando calorías con una actividad física moderada.
Ahora, por otro lado, si bien existen recomendaciones para tener una dieta
saludable que están al alcance de una población que tiene libertad absoluta para
seleccionar su alimentación y tiempo libre, la consecución de una alimentación
saludable no debe dejarse al libre arbitrio de las personas, sino que debe ser
abordada como un problema de salud pública, con una política de estado
orientada a la educación, comunicación y empoderamiento de la comunidad. Ello,
con el fin de lograr cambios de conducta, centrados en la motivación, sin efectos
inmediatistas, trabajando desde la infancia con políticas escolares, adecuándolos
y reforzándolos según cada etapa del ciclo vital individual
Referencias Bibliográficas
 ATALAH, E (2004): De la Desnutrición a la obesidad. Revista Nutrición,
Salud y Bienestar. Chile, Nº2
 / 2004
 ECHEVERRIA, R (2003): Ontología del Lenguaje. Comunicaciones Noreste
Ltda.., Chile.
 JIMENEZ DE LA JARA, J (2005): Alimentos Sanos y Seguros: Un desafío
permanente. Revista
 Nutrición, Salud y Bienestar. Nº3 / 2005. Nestlé Chile S.A.. Chile.
 OLIVARES S. (1998): Alimentación Saludable. Programa de Salud del
Adulto. Ministerio de Salud,
 Chile.
 OMS, Consejo Ejecutivo, (2003): Prevención integrada de las
enfermedades no transmisibles.
 Ginebra.
 SALINAS, J (2003): Una estrategia para la actividad física. Revista Nutrición
XXI, Número 9,
 Enero/Febrero 2003

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