SALUTACIÓN
A estas palabras de salutación y bienvenida deben inevitablemente
sumarse unas palabras de despedida y balance, pues al final de esta
semana voy a cumplir la edad de 76 años y, por lo tanto, es casi seguro
que este Coloquio es el último de nuestra prestigiosa serie en el que
habría participado, si unos obstáculos muy molestos de salud no me
hubiesen impedido acudir a Barcelona. No sé si Dios me concederá cua-
tro años más de vida para que me sea permitido volver a verles a
Ustedes con ocasión de la décima reunión de nuestro ciclo.
Sin embargo, en este momento me parecen adecuadas unas reflexio-
nes sobre mi vida hispánica, que tiene dos aspectos radicalmente distin-
tos. El primero fue el acceso a las fuentes de las lenguas prerromanas de
la Península, cuyo resultado son los cuatro volúmenes de los
Monumenta Linguarum Hispanicarum, un proyecto desarrollado a lo
largo de cuarenta años de mi vida, siempre acompañado por mi mujer
Bertha. Fue facilitado, por un lado, por los medios financieros prestados
por la Deutsche Forschungsgemeinschaft para realizar viajes y trabajos
de documentación epigráfica en los museos de España, Portugal y
Francia, y para estudiar monedas hispánicas en Munich, Berlín,
Copenhague, Londres, París, Madrid, Barcelona y Sevilla y facilitado
por otro, por la ilimitada disposición de los directores, conservadores,
empleados de los museos y monetarios, que nos permitieron ver, dibu-
jar y fotografiar las piezas originales. La amabilidad avasalladora con la
que nos recibieron y ayudaron se convirtió en muchos casos en relacio-
nes de amistad personal y familiar que perduran hasta hoy.
El segundo aspecto es la irresistible curiosidad que me indujo a la
tentación de formarme una visión interpretativa de lo que se desprende
de la documentación mencionada: una visión de las lenguas prerroma-
nas de la Península, sus características, su distribución temporal y geo-
gráfica, y sus relaciones con otras lenguas del mundo, pues no podía
negar mi formación ni mi engagement como lingüista, en particular dedi-
cado a la lingüística indoeuropea. Ahora bien, si de los Monumenta
Linguarum Hispanicarum, prescindiendo del primer volumen, que cayó
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Jürgen Untermann
en desuso a la vista de las obras posteriores de Leandre Villaronga y
María Paz García-Bellido, los volúmenes dos, tres y cuatro parecen estar
generalmente acreditados como base de referencia e identificación de
los monumentos que contienen, a cambio, mis esfuerzos dedicados al
estudio de las lenguas prerromanas se revelan como un gran fracaso. Mi
convencimiento de que todas las lenguas prerromanas indoeuropeas de
la Península pertenecen a la subfamilia celta, formando un continuum
de dialectos desde la costa atlántica hasta la cuenca del río Ebro, sigue
siendo rechazado unánimamente por todos los especialistas dentro y
fuera de Hispania. Igualmente, la línea que separa los topónimos con
-briga de los topónimos y antropónimos con ilti, ilu, está desvanecién-
dose por las investigaciones de Francisco Villar y Xaverio Ballester, que
descubren un substrato indoeuropeo en toda la Península, o por los
estudios sagaces de Javier de Hoz, según los cuales la lengua ibérica, tal
y como se nos presenta en la epigrafía indígena, sólo se hablaba en una
pequeña parte de la zona en la que aparecen sus testimonios, mientras
que en todas las demás regiones tenía la función de una lengua vehicu-
lar, que se usaba coetáneamente con idiomas autóctonos distintos del
ibérico. Todos esos conceptos y a los muchos otros de los que están ocu-
pándose los filólogos, historiadores y arqueólogos de la Península, deseo
que se comprueben como elementos convincentes de una nueva imagen
de la Hispania prerromana, cada vez más correcta, más realista y mejor
fundada que la imperante en la actualidad.
De todas maneras, a mí no me resulta fácil aceptar las ideas que
acabo de mencionar —ni las antiguas, en parte ya clásicas, ni las nue-
vas—. Pero eso es culpa y responsabilidad mía, y no puedo hacer otra
cosa que pedirles perdón a los colegas y sobre todo a los alumnos de
éstos, si les he desconcertado con mis opiniones heréticas, y rogarles que
las olviden lo antes posible. Y a mis alumnos en la Península les ruego
que me crean al decirles que para mí es un desengaño enorme, que la
confianza que me han dispensado les haya llevado a un callejón sin sali-
da respecto a su futuro académico, aunque me alegra ver que sus obras
sobre temas paleohispánicos —las de Isabel Panosa, Alberto
Quintanilla, Carlos Búa, Amílcar Guerra— encuentran aprobación en
el ambiente científico peninsular.
Sin embargo, no quiero despedirme con una retrospectiva amarga y
negativa. Por el contrario, me importa poner de relieve las experiencias
humanas que nos han deparado, a mi mujer y a mí, durante los 48 años
de trabajo en la Península. En España y Portugal nos rodea una amistad
mucho más intensa que en cualquier otra parte del mundo. En ciudades
como Barcelona, Zaragoza, Vitoria, Madrid, Valencia, Sevilla, Lisboa,
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Palabras de bienvenida al Coloquio
Salamanca o Santiago de Compostela nos sentimos como en casa, abri-
gados por la hospitalidad de nuestros amigos. Y de mis amigos peninsu-
lares recibí las más emocionantes señales de pésame después del falle-
cimiento de mi mujer.
Pero volvamos a la actualidad. No cabe duda de que la brillante orga-
nización debida a Javier Velaza y su equipo garantiza un brillante éxito
de la reunión que empieza en este momento y por lo tanto no requiere
mucho aliento desde afuera. Sin embargo, quiero expresar mis más sin-
ceros deseos de que las ponencias, comunicaciones y discusiones resul-
ten plenamente satisfactorias para todos los participantes.
Las últimas palabras de despedida las dirijo a los miembros del comité
internacional de organización de nuestros coloquios: a mis saludos y a
las gracias reiteradas por vuestra colaboración añado la certeza de que
encontraréis un buen sucesor en la función de presidente.
Jürgen UNTERMANN
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