Jueves Santo
La tarde del Jueves Santo, entrando en el Triduo pascual, reviviremos la Misa que se llama in Coena Domini, es decir
la Misa donde se conmemora la Última cena, lo que sucedió allí, en ese momento. Es la tarde en la que Cristo dejó a
sus discípulos el testamento de su amor en la Eucaristía, pero no como recuerdo, sino como memorial, como su
presencia perenne. Cada vez que se celebra la Eucaristía, como dije al principio, se renueva este misterio de la
redención.
Viernes Santo
El Viernes Santo es día de penitencia, de ayuno y de oración. A través de los textos de la Sagrada Escritura y las
oraciones litúrgicas, estaremos como reunidos en el Calvario para conmemorar la Pasión y la Muerte redentora de
Jesucristo. En la intensidad del rito de la Acción litúrgica se nos presentará el Crucificado para adorar. Adorando la
Cruz, reviviremos el camino del Cordero inocente inmolado por nuestra salvación.
Sábado Santo
El Sábado Santo es el día del silencio: hay un gran silencio sobre toda la Tierra; un silencio vivido en el llanto y en el
desconcierto de los primeros discípulos, conmocionados por la muerte ignominiosa de Jesús.
Mientras el Verbo calla, mientras la Vida está en el sepulcro, aquellos que habían esperado en Él son sometidos a
dura prueba, se sienten huérfanos, quizá también huérfanos de Dios.
Este sábado es también el día de María: también ella lo vive en el llanto, pero su corazón está lleno de fe, lleno de
esperanza, lleno de amor.
Vigilia Pascual
En las tinieblas del Sábado Santo irrumpirán la alegría y la luz con los ritos de la Vigilia pascual, tarde por la noche, y
el canto festivo del Aleluya. Será el encuentro en la fe con Cristo resucitado y la alegría pascual se prolongará
durante los cincuenta días que seguirán, hasta la venida del Espíritu Santo. ¡Aquel que había sido crucificado ha
resucitado!
Todas las preguntas y las incertidumbres, las vacilaciones y los miedos son disipados por esta revelación. El
Resucitado nos da la certeza de que el bien triunfa siempre sobre el mal, que la vida vence siempre a la muerte y
nuestro final no es bajar cada vez más abajo, de tristeza en tristeza, sino subir a lo alto.