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Vocación y Llamado Divino en 2024

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Centro santo Tomás, Bs. As. Vida consagrada.

Año 2024

Buenos Aires, 11 de abril de 2024

Vocación

Texto extraído del libro: “me sedujiste”1.


Me miras con cara de extrañeza. Veo en tus ojos muchas preguntas ante esto de la
vocación. ¿Dios llama? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cómo puedo saber lo que me pide? ¿Y si
me equivoco?
No eres el primero ni serás el último que se hace estas preguntas. Muchas veces
me preguntaban, cuando era más joven, «¿cómo sentiste tú que Dios te llamaba?».
Tal vez has visto la película La llamada, que hace unos años tuvo bastante éxito. En
ella, una joven escuchaba la llamada de Dios. Dios era un cincuentón que se aparecía
a la adolescente bajando por unas escaleras como si fuera una vedete, mientras le
cantaba canciones de Whitney Houston. Quizás, si hoy los creadores de aquella idea
tuvieran que buscar Imágenes más actuales, Dios sería un youtuber, las canciones
elegidas podrían ser de Rosalía o de Tangana, y en lugar de bajar por las escaleras
contoneandose, haría una coreografía con movimientos mil veces repetidos hoy en
los móviles de los quinceañeros.
Sean cuales sean las imágenes utilizadas, creo que había una intuición bastante
buena en el guion teatral que dio origen a la película: Dios nos habla en nuestro
idioma y desde nuestra vida. Eso sí, generalmente sin escaleras, lentejuelas ni
visiones extrañas. Si uno tiene que esperar a que se le aparezca Dios en una visión,
hablándole con claridad meridiana como quien habla con un amigo tomando un
café, quizás conviene que se prepare para una larga espera. Las llamadas de Dios
son más cotidianas, están más entrelazadas con la realidad, y la conversación
normalmente se desencadena dentro de cada uno de nosotros. De esto precisamente
sabía mucho san Ignacio de Loyola, que comprendió que Dios nos habla por dentro,
en sentimientos y movimientos que se nos despiertan ante la realidad. Hay ideas que
nos emocionan, palabras que nos remueven, decisiones que rompen diques. A veces
1
JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ OLAIZOLA, me sedujiste. Historia de una búsqueda, Sal Terrae, España 2023, pp. 27-32.

1
tenemos dentro fuego, y otras es hielo lo que sentimos. Todo eso hay que aprender a
escucharlo.
¿Por qué un relato del evangelio a ti te lleva a pensar en consagrar tu vida en
una orden religiosa y a otra persona le lleva a pensar en otro camino u otro
proyecto? ¿Por qué la palabra «sígueme» en ti provoca esa sensación de querer
dejarlo todo y embarcarte en un viaje total tras sus pasos? ¿Por qué cuando piensas
en formar una familia —que es algo fascinante y es otra vocación cristiana— no te
emociona del mismo modo que cuando te imaginas consagrándote a través de unos
votos? ¿Por qué cuando ves a los jesuitas se despierta en ti una voz que te invita a
compartir el camino con ellos? Todo eso es lo que hay que ir escuchando por dentro
para intuir por dónde va la llamada de Dios.
Dios nos habla y nos llama en los sentimientos que su palabra despierta. En las
imágenes que nos conmueven. En las ideas que, dentro de cada uno, se vuelven guía
y abren horizontes Nos habla en la razón y en la pasión, en la emoción y el
pensamiento. Nos habla a través del evangelio, que se nos vuelve llamada; a través
de celebraciones en las que no nos sentimos espectadores, sino participantes; en el
testimonio de gente que' cuando habla de Dios, está trayéndonos el eco de su voz; en
la intimidad de nuestra oración; o en el mundo, con sus luces y sombras, con sus
heridas y cruces, con sus posibilidades y anhelos, que se convierte para nosotros en
espacio donde vivir, servir y construir el Reino.
Y, con todo, ¿cómo puedes estar seguro al cien por cien de que justo esto es lo
que Dios te pide? Te diría que esa pregunta está mal planteada. No es que no puedas.
Es que esa certidumbre al cien por cien no puede ser un requisito para tomar algunas
decisiones trascendentales en la vida. He conocido a gente que, en sus intuiciones
sobre lo que tenía que hacer, manifestaba una convicción sin fisuras y, hasta el
momento, la vida les da la razón. También he conocido a gente que manifestaba
idéntica convicción hasta que empezó a dudar. He visto certidumbres inamovibles
estrellarse contra la realidad y hacerse añicos. Pero, en el extremo opuesto, también
Centro santo Tomás, Bs. As. Vida consagrada. Año 2024

he conocido a gente más dubitativa, que decidió arriesgar sin tener todas las
seguridades y acertó.
La clave es comprender que, a la hora de tomar decisiones, entre las personas hay
caracteres diferentes y formas muy distintas de actuar. Está quien es más impulsivo y
se mueve por corazonadas, a veces incluso con un punto de temeridad, y en ese caso
hay que ayudarle a pensar bien los pasos que conviene dar antes de precipitarse. Está,
en el extremo opuesto, quien aspira a certezas imposibles hasta el punto de quedar
paralizado, dando vueltas siempre en torno a las mismas cuestiones, y en este caso
hay que ayudarle a asumir la parte de imprevisibilidad que tiene toda historia.
Siempre quedarán resquicios para la duda, para hacerse preguntas sobre otros
escenarios, para tener que ser humildes a la hora de manifestar nuestras seguridades,
Pero al final es necesario aprender a conocerse a uno mismo y a tomar decisiones, tal
y como eres, sin esperar garantías que no pueden llegar.
El caso es que la vocación, de entrada, no tiene por qué ser una certidumbre al
cien por cien, Es, más bien, una intuición que se vuelve convicción: «Creo que Dios
me llama a esto». Y es, desde ese momento, el compromiso y la determinación de
luchar por ello. Déjame que lo exprese con otra imagen. ¿Cómo puedes estar seguro
al cien por cien, el día de tu boda, de que el amor va a durar para siempre? Viendo lo
que ocurre alrededor y cómo está el patio de las rupturas, uno diría que no se puede.
Y, sin embargo, hay gente que se sigue casando y prometiendo amor perpetuo. ¿Lo
saben al cien por cien? ¡No! Lo intuyen, están convencidos, lo desean y se disponen a
luchar por ello. Y esa disposición por luchar es una parte sustancial de lo que va a
hacerlo posible más adelante. Habrás oído muchas veces a quien insiste en que hay
que ver para creer. Pero en realidad a veces es justo lo contrario, es creer para ver.
La vocación no es una garantía. Es, más bien, la respuesta convencida a una
llamada intuida, una decisión que se tendrá que ir asegurando en la forja del tiempo,
con mucha voluntad, mucha ayuda y mucha honestidad. Eso sí, no es que te pases
toda la vida con ese resquicio de incertidumbre. Llega un día en que comprendes, sin

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saber muy bien cómo, que la intuición se ha convertido en certidumbre: «Al fin sé
quién soy. Y estoy en casa».

Excurso: Todos tenemos vocación

¿Alguna vez te ha pasado que, consciente o inconscientemente, en cuanto se habla de vocación


parece que estamos hablando de sacerdotes, frailes o monjas? Como si esa fuera la única manera de
tener vocación. Como si Dios llamase a unos pocos elegidos a tomar esas opciones, mientras el
resto tienen que arrear, encontrando su camino en el supermercado de las posibilidades. Tal vez ha
habido épocas en que se veía así. Sin embargo, la realidad es que creemos que Dios nos llama a
todos y cada uno.
De algún modo, cada seguidor de Jesús ha de preguntarle, en algún momento, «¿Dónde me
quieres?», «¿A qué me llamas?», «¿Para qué me quisiste, Señor?».
Hay en la vida muchos elementos que podemos describir como vocacionales. Algunos tienen
que ver con unas áreas de la vida. Otros, lo abarcan todo. Así, hay talentos, capacidades y aficiones
que, de algún modo definimos como vocacionales: la pintura, la música, la escritura... También lo
profesional se puede vivir únicamente como trabajo, o puede tener una carga de consagración,
convicción y pasión que va mucho más allá de las horas dedicadas a ganar un sueldo. Y en este caso
hablamos de personas claramente vocacionales en lo que hacen. Lo vemos en campos como la
medicina, la educación, la investigación, áreas relacionadas con el cuidado, con la creatividad...
Luego están esas dimensiones de la vida —que pueden ser las anteriores o algunas más amplias aún
— que lo atraviesan todo. Que te definen, no únicamente durante las horas que te dedicas a una
actividad, sino que de alguna manera están presentes en todo lo que haces, en tu trabajo y tu
descanso. El formar una familia, por ejemplo. O la consagración de los religiosos.
La vocación desde el punto de vista de la fe tiene que ver con estas opciones transversales y
que de algún modo nacen con aspiración de ser definitivas. Son apuestas radicales, porque implican
echar raíz. Son duraderas, Y a menudo suponen opciones vitales que lo cambian todo para siempre.
Y todas ellas implican compromiso, renuncia y pasión.
La vocación de cada persona es la manera, única y diferente, en que esa persona comprende
que ha de hacer real el evangelio en su vida.
Todos tenemos vocación. Pero a veces me da la sensación de que cada vez menos personas
dedican el tiempo necesario a preguntarse, y preguntar a Dios: ¿cuál es mi lugar?

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