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UNIVERSIDAD TÉCNICA PARTICULAR
DE LOJA
LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE LOJA
ÁREA TÉCNICA
INTRODUCCIÓN A LAS FINANZAS
CRISIS FINANCIERAS DE ARGENTINA E IMPACTO
EN LATINOAMÉRICA
AUTORES: DAYRON PINZÓN, LIONEL PILCO, JHON
TORRES, KATHERIN CUENCA, SANTIAGO
GONZÁLEZ.
FECHA: VIERNES/26/ENERO/2024
CARRERA: FINANZAS
PERIODO ACADÉMICO:
OCTUBRE 2023/ FEBRERO 2024
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INTRODUCCIÓN
Latinoamérica es una región que constituye la mayor parte del continente americano, cuya
región cuenta con puntos estratégicos comerciales eopolíticos, empezando por tener un rol
sumamente importante y significativo que se conoce hoy en la economía mundial desde los
años 70’s, causante de algunas crisis que atravesaba el mundo en aquel momento.
Todo se dio por dos hechos destacables, como primer punto, cuando Estados Unidos enfrenta
una crisis financiera y decide abandonar el tipo de cambio que fue establecido en el acuerdo
de Bretton Woods, liberando la atadura del dólar al oro y adoptando la fluctuación como su
tipo de cambio. Como segundo punto considerable, es cuando la OPEP en el año 1973,
decide incrementar el valor del petróleo, acción que generó fuertes desequilibrios comerciales
para el resto del mundo (Yepes Rodríguez, 2020)
Los primeros países latinoamericanos en involucrarse en esta participación fueron México,
Argentina, Venezuela y Chile, asimismo, se los considero pioneros en la región al aplicar
estas ideologías en sus planes económicos.
El vínculo de la región con el libre comercio mantenía una conexión directa con las
economías del exterior, por ende, ser convirtió en un partícipe tanto de los éxitos derivados
del intercambio de mercancías como de las crisis financieras. Entre las que destacan, la
crisis de deuda de los años 80’s, también conocida como “la década perdida”, la crisis en
Asia, Brasil y Rusia a finales de los años 90, la burbuja de las acciones tecnológicas en los
Estados Unidos en el nuevo milenio, la crisis Argentina, y la crisis inmobiliaria del 2008,
entre otras (Yepes Rodríguez, 2020).
Argentina ha sido reconocida como una despensa agropecuaria global, asimismo, posee una
industria y un sector de servicios altamente desarrollados, y además ha estado integrada a la
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economía mundial desde el siglo XIX. Pese a estas características positivas, la historia está
marcada por periodos de dictaduras militares, especialmente a partir de 1930.
El periodo comprendido en el último cuarto de siglo XX representa la etapa más adversa en
términos financieros para Argentina, teniendo en cuenta que sus casi dos siglos de existencia
como nación independiente, situación que ha tenido consecuencias inevitables, afectando
negativamente la calidad de vida tanto en aspectos sociales como económicos y políticos de
la población.
En términos económicos, Argentina ha atravesado distintas fases de expansión,
estancamiento y retroceso. Según estudios realizados por el historiador Roberto Cortés
Conde, se logró identificar un primer periodo de rápida expansión entre 1900 y 1913, seguido
por una fase de estancamiento desde la Primera Guerra Mundial hasta final de la Segunda
Guerra, con una leve expansión entre 1963 y 1973. A partir de aquel tiempo se inició un largo
periodo de estancamiento y declinación que se extendió hasta los primeros años donde
gobernaba Raúl Alfonsín entre 1983 y 1989, periodo que se caracterizó por el retorno del
peronismo, el régimen militar y el aumento del déficit fiscal, endeudamiento externo y tasas
de intereses (Cardona, 2015).
Entre las décadas de 1940 y 1960, Argentina mostró una posición cercana a la de una
potencia industrial periférica. Por consecuencia, esta condición experimento un progresivo
deterioro, primero de manera gradual hasta la década de los 70 y posteriormente de manera
acelerada en un proceso regresivo o involutivo (Kauth A. R., 2007).
La calidad de vida que poseen la mayoría de la población actualmente es inferior a la de esos
años, mientras que la deuda pública ha experimentado un aumento de alrededor 20 veces más
desde la dictadura militar. Actualmente, la deuda asciende a un aproximado de 160 mil
millones de dólares, a diferencia de 1976, con menos de 8 mil millones. Es importante
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destacar que el país ha abandonado a los acreedores 25 veces más de lo que se debía en los
70’s, por el sistema de intereses usurarios, teniendo como resultado pagos acumulativos
superiores al monto original de la deuda
En 1991, las autoridades argentinas decidieron efectuar un sistema de tipo de cambio fijo,
conocido como convertibilidad, el cual se basaba en una paridad de 1:1 entre el peso
argentino y el dólar estadounidense. Dicho sistema también conocido como superfijo,
describe sistemas que vinculan la moneda nacional a otra de manera fija, como la
dolarización. Este enfoque implicaba que la política monetaria argentina quedara subordinada
a la de Estados Unidos, puesto que la moneda nacional estaba respaldada por el dólar
(Archaina, 2007).
La ley de convertibilidad, efectuada en marzo de 1991, garantizaba un respaldo del 100% en
oro y divisas extranjeras para la base monetaria que desemboco a renunciar a la autonomía en
la política monetaria. Esta ley inicialmente exitosa, fijo el tipo de cambio en una relación 1:1
con el dólar.
Sin embargo, tras once años, durante cuatro de los cuales el país experimentó recesión (199-
2002), Argentina suspendió sus pagos y su sistema bancario colapsó, causando que el
régimen cambiario se derrumbe, esta acción confirmaría el alto costo de mantener este tipo de
cambio ya que resulta insostenible, especialmente en una economía de facto dolarizada como
la argentina, puesto que su sistema bancario era más rígido que el de México antes de la crisis
de 1994 (Pi Anguita, 2003).
Las razones detrás del fracaso de la experiencia argentina pueden resumirse en dos puntos
fundamentales. Como primer factor un deterioro fiscal durante el tiempo de auge económico
llevó a una necesaria consolidación fiscal durante la recesión, con un carácter expansivo
difícil de controlar por parte del gobierno. Segundo, una apreciación del tipo de cambio real
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que afectó la competitividad de los productos argentinos en comparación con sus socios
comerciales, destacando condiciones estructurales desfavorables como la escasa integración
económica con Estados Unidos y la poca flexibilidad en los mercados laborales
Las crisis financieras en Argentina han estado influenciadas por factores internos y externos,
su impacto no solo se ha visto a nivel nacional, sino también en el contexto regional. Se debe
comprender estos eventos a fondo ya que es crucial para la formulación de políticas y
estrategias que pueden favorecer a la estabilidad económica del país y de Latinoamérica en
conjunto.
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Crisis financieras de Argentina e Impacto en Latinoamérica
Crisis del 1976-1983
De acuerdo con el autor Magri (1980): la dictadura militar argentina fue un régimen
autoritario que gobernó el país desde 1976 hasta 1983, instaurado mediante un golpe de
estado el 24 de marzo de 1976, que culminó con la entrega del poder a un gobierno
constitucional en 1983. Este periodo, conocido como el Proceso de Reorganización Nacional,
se caracterizó por la implementación de una represión brutal que incluyó torturas, violaciones
sistemáticas de los derechos humanos y la apropiación de bebés y niños con el ocultamiento
de sus identidades, así como la desaparición forzada de personas. El número de desaparecidos
se estima entre 9,000 y 30,000, muchos de ellos víctimas de los llamados vuelos de la muerte.
La dictadura militar argentina actuó en contra de diversos grupos, como los peronistas,
zurdos, o populistas, reprimiendo a aquellos que se oponían a su régimen. Participaron en
esta acción los militares, respaldados por ciertos empresarios civiles, algunos medios de
comunicación y sectores de la Iglesia católica. Es fundamental destacar que este periodo
representó una etapa oscura en la historia argentina, marcada por graves violaciones a los
derechos humanos, con miles de desaparecidos y casos de tortura sistemática.
En base al autor Marchesi (2004): el nuevo gobierno militar se mantuvo en el poder
hasta 1983 y adoptó una política contraria a la de Perón, implementando un modelo
económico más liberal. Esto incluyó la apertura de la economía al comercio exterior, la
liberalización de precios y medidas de austeridad fiscal en el ámbito del gasto social. A pesar
de estos cambios, el entorno económico no fue favorable debido a la recesión en los países
industrializados. En 1982, la crisis fiscal se agravó con un elevado gasto militar asociado a la
Guerra de las Malvinas, que resultó en una derrota para Argentina. Dado que el
financiamiento externo era costoso y prácticamente inexistente debido a la Crisis de la Deuda
Externa Latinoamericana, el gobierno optó por la emisión monetaria para financiar un
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creciente gasto público, contribuyendo a intensificar la inflación que había persistido durante
casi dos décadas.
El retorno a la democracia tuvo lugar en 1983 tras la derrota en la Guerra de las
Malvinas, posiblemente influida por el descontento popular y la situación económica crítica.
Se convocaron elecciones generales en octubre de ese año, resultando en el triunfo de Raúl
Alfonsín, quien asumió la presidencia en diciembre con una inflación cercana al 430%.
Crisis 1998-2001
En base a Grimson (2019) la crisis de 1998-2001 surgió por la combinación de la
crisis de la hiperinflación de 1989, que experimentó nuevos episodios al año siguiente, y del
potencial caos social que dejó en la cultura política argentina un temor muy diferente al de la
violencia política: el miedo a la inflación. La hiperinflación es un fenómeno de
desintegración social. Carlos Menem, en particular, estableció su hegemonía mediante la
estabilidad monetaria al legislar que cada peso era convertible en un dólar, conocida como la
Ley de Convertibilidad. Entre 1991 y 2001, los argentinos enfrentaron no solo un
neoliberalismo extremo, sino también el aumento del desempleo, que pasó del 6% en 1989 al
22% en 2002. Esta sociedad estable que excluía a millones de argentinos vio empeorar su
situación con el inicio de la recesión en 1998. A medida que crecían lentamente las protestas
de los desempleados y de un sector del sindicalismo, no se encontró una solución política a
esa crisis económica hasta que el país volvió a sumirse en otra crisis en diciembre de 2001, en
este caso, la más grave de su historia.
Entre finales de los años 90 y 2003, se gestaron al menos cinco movimientos de
respuestas populares frente a esta crisis. Emergieron y se propagaron grupos de desempleados
que demandaban al Estado empleo y programas laborales, asegurando así su supervivencia
diaria. Estos movimientos de trabajadores desempleados, conocidos como "piqueteros",
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protestaban bloqueando carreteras y puentes. Además, surgieron redes de trueque que
buscaban contrarrestar la falta de dinero necesario para el mercado mediante el intercambio
de bienes o conocimientos, involucrando a dos millones de personas en su punto álgido. Los
comedores populares también se multiplicaron, obteniendo insumos del Estado y, en
ocasiones, de donaciones, para garantizar una comida a niños y adultos en situación de
extrema pobreza. Asimismo, surgieron asambleas barriales, principalmente en barrios de
clases medias, cuya movilización no solo respondía a una necesidad económica de los
propios asambleístas, sino principalmente a la crisis político-institucional de representación.
Por último, se registraron alrededor de doscientas empresas recuperadas por sus trabajadores
después de su quiebra, cierre o abandono por parte de sus anteriores propietarios (Grimson,
2019).
Crisis del 2001-2002
El autor Kauth (2002) detalló la crisis del 2001-2002, ya que el año 2001 resultó ser
trágico para la economía, la política y la sociedad argentina. En marzo, se produjeron dos
crisis ministeriales, especialmente en el ámbito de la Economía, que culminaron con el
nombramiento de Cavallo en dicha área. La implementación del corralito, una medida que
llevó a la fuga de 20 mil millones de dólares, fue un hito significativo. El "corralito" implicó
la derogación de la ley de intangibilidad de los depósitos, congelando dichos depósitos y
permitiendo únicamente la retirada de una suma de 250 dólares semanales por parte de los
clientes de cajas de ahorro o cuentas corrientes. Además, el reintegro de los vencimientos de
plazos fijos se pospuso hasta 90 días, a partir del 3 de diciembre. La crisis financiera y social
de 2001-2002 sumió a Argentina en una profunda recesión, llevando al colapso de la
convertibilidad, la declaración de un cese de pagos en la deuda y disturbios sociales. El país
experimentó un cambio de presidentes en medio de este contexto crítico.
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Por otro lado, el autor Simancas (2022) menciona la crisis Financiera y Social de
2001-2002 como un periodo en el cual Argentina tuvo un periodo que colapsó la
convertibilidad, ya que el país declaró un alto a los pagos de sus deudas y esto ocasionó
disturbios sociales. Además, ocurrió un cambio de presidentes y una recesión profunda.
Después de varios años de recesión y siguiendo la estrategia establecida en la década
de 1990 de emitir bonos como medio para obtener fondos, a mediados de 2001, el Ministerio
de Economía presentó a sus acreedores una iniciativa conocida como "megacanje" con el
propósito de hacer frente a sus compromisos internacionales y evitar caer en el impago, es
decir, la cesación de pagos de la deuda externa. El "megacanje" implicaba la postergación de
los vencimientos de parte de la deuda y el intercambio de otra parte por títulos más rentables
y a un plazo menor. La reducción en la oferta de dinero condujo a una fuga del peso hacia el
dólar, profundizando aún más la recesión en curso y generando una marcada disminución en
la recaudación de impuestos. Ante este escenario, varios gobiernos provinciales empezaron a
emitir bonos (como los patacones, entre otros) para pagar a sus empleados, y estas monedas
paralelas sumaban alrededor de 6.000 millones de pesos en abril de 2002 (Simancas, 2022).
La crisis argentina de 2001 devastó el sistema financiero y llevó al gobierno a perder
el control sobre la emisión monetaria y la capacidad de endeudamiento frente a las
provincias, poniendo en peligro la propia existencia del Estado Nacional. Se experimentó una
caída del salario real del 30% en 2001, en un contexto de un 20% de desocupación y más del
30% en conjunto con la subocupación. Fue una "hecatombe social" que provocó una sucesión
de presidentes y obligó a implementar medidas de emergencia sin precedentes (Simancas,
2022).
Crisis 2008
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El autor Aysen (2015) explicó la crisis del 2008 que aunque la crisis de las hipotecas
de alto riesgo en Estados Unidos no afectó a Latinoamérica de manera tan pronunciada como
ciclos de deflación previos, se observó una clara contracción en los mercados globales que
parecía liderar una desaceleración regional. Esta crisis resultó en la caída de los precios de las
acciones, una significativa contracción del crédito, la fuga de capitales y la "depreciación" de
las monedas locales en América Latina. Países como Argentina podrían experimentar la caída
más pronunciada en su crecimiento en la región debido a la disminución de la demanda en los
mercados de exportación, la reducción de los precios de los productos y la inversión
decreciente. Dado que el acceso de Argentina a los mercados externos se vio limitado por la
"naturaleza dual" de la recesión mundial, se evidenciaron los límites del crecimiento
dependiente de las exportaciones a través de políticas estratégicas o de mercado abierto. Estas
limitaciones fueron evidentes en un contexto de desequilibrio en el comercio de energía
(pasando de un superávit de $USD 6 mil millones en 2006 a un déficit de $USD 28 mil
millones en 2011), un aumento en el tipo de cambio real, la fuga de divisas (también debido
al "acaparamiento" causado por el tipo de cambio vigente) y una creciente demanda de
activos extranjeros.
En base a los autores Damill y Frenkel (2013) en el contexto argentino, diversos
elementos internos de incertidumbre se sumaron al impacto de los choques externos
desfavorables. Cuatro factores se destacan como los más significativos. Entre ellos la
manipulación de las estadísticas oficiales de inflación desde principios de 2007 y la
confrontación entre el gobierno nacional y los productores agropecuarios. Posteriormente, se
sumaron la nacionalización del sistema privado de pensiones a fines de 2008 y, finalmente, el
conflicto vinculado con la utilización de reservas de divisas del Banco Central para afrontar
el servicio de la deuda pública en 2009. Así, el país enfrentó el contagio financiero de la
crisis internacional que afectó a las economías de mercado emergente con una tasa de cambio
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real multilateral casi un 20% por debajo del nivel que se había mantenido más o menos
estable entre 2004 y diciembre de 2006 (Aysen, 2015).
Crisis 2016-2017
El autor Grimson (2019) indicó que Argentina experimentó un año de recesión con
una inflación elevada en 2016. Las políticas económicas, sociales, laborales y de derechos
humanos implementadas por el gobierno de Macri generaron un ciclo de protestas que
comenzó en marzo de ese año y que aún persiste. Otra manifestación de gran impacto en
2016, que se repitió en 2017, fue la celebrada en honor a San Cayetano, el patrono del
trabajo. Tradicionalmente, cada 7 de agosto, una multitud se dirige a la parroquia y al
santuario de San Cayetano, ubicados en el barrio porteño de Liniers. Sin embargo, en 2016,
tres organizaciones con diversas orientaciones políticas promovieron una movilización que
partió de ese lugar hasta llegar a la Plaza de Mayo, atravesando la ciudad de oeste a este. A
diferencia de las movilizaciones de derechos humanos, donde participan sectores medios
amplios y heterogéneos junto a sindicatos y organizaciones sociales, las protestas gremiales
ven una participación excepcional de sectores medios no sindicalizados.
El endeudamiento externo experimentó un notable aumento en 2017, destinado a
financiar el déficit fiscal y de la cuenta corriente, lo cual contribuyó al incremento de las
reservas internacionales. Durante el primer semestre de ese año, el déficit de la cuenta
corriente se acentuó, alcanzando un 4,2% del PIB. Esto se atribuyó al aumento de las
importaciones de bienes y servicios, impulsado por la recuperación económica, la reducción
de los controles o aranceles a las importaciones y la apreciación de la moneda local. Además,
se observó un aumento en los pagos de intereses de la deuda externa. A pesar de la política de
reducción de subsidios en los servicios públicos y de medidas como la recaudación
extraordinaria del impuesto especial del blanqueo de capitales, el déficit fiscal se mantuvo
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elevado en los primeros diez meses del año, representando un 4,7% del PIB. Esto también
estuvo influenciado por el incremento de los ingresos tributarios asociados al mayor nivel de
actividad económica (Grimson, 2019).
Crisis 2018-2023
El autor Frediani (2019) mencionó que, en junio de 2018, el presidente del Banco
Central argentino, Federico Sturzenegger, implementó estrategias para contener la escalada
del dólar, como el aumento de tasas de interés de hasta un 40% y la venta de divisas de las
reservas. A pesar de estos esfuerzos, el valor del dólar no respondió y alcanzó niveles
históricos. Solo en 2018, experimentó un aumento de más del 50%. Después de 30 meses de
la gestión de Sturzenegger, la inflación acumulada fue del 95%, y el peso se devaluó en un
175%. La devaluación resultó en pérdidas significativas para el Banco Central, que
ascendieron a 11.715 millones de pesos debido a operaciones de dólar futuro realizadas bajo
la dirección de Sturzenegger.
En una nueva crisis cambiaria a fines de agosto, el peso argentino se devaluó un 15%
en un solo día, mientras que la tasa de interés superó el 60%, convirtiéndose en la más alta
del mundo. El Riesgo País aumentó en 780 puntos, colocando a Argentina como el segundo
país con mayor riesgo en la región después de Venezuela y el sexto a nivel mundial. Durante
esta crisis, se observó una depreciación de los títulos de los bancos argentinos en Wall Street
debido al temor de un posible nuevo corralito. Como resultado de estas dos crisis cambiarias
al final de 2018, Argentina se convirtió en el país cuya moneda más perdió valor a nivel
mundial, registrando una depreciación del 100.2% en solo un año. Hacia diciembre, el país
consolidó su posición como la nación en crisis con la tasa de interés más alta del mundo,
superando a Venezuela (20.8%), Turquía (17.8%), y México (7.8%) (Frediani, 2019).
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Por otro lado, Cordero (2023) indica que Argentina ha experimentado una crisis de
deuda e inflación en aumento desde 2021, aunque sin alcanzar los niveles explosivos de las
crisis de 1989 o 2001. A pesar de que los argentinos recurren al dólar como protección ante la
inflación, las restricciones para obtenerlos han generado un mercado paralelo donde su precio
aumenta constantemente. En la actualidad, la tasa de pobreza ha superado el 40%, y el
descontento ha impulsado la popularidad del candidato libertario Javier Milei. Sus propuestas
clave para enfrentar la "casta política" incluyen la reducción del gasto público, el cierre del
Banco Central para poner fin a la emisión monetaria y la dolarización de la economía.
En el año 2020, Argentina, al igual que el resto del mundo, se vio afectada por la
pandemia de COVID-19, lo que limitó considerablemente la actividad económica. Como
resultado, el ciclo recesivo persistió, con una caída anual del PIB del 9,9%. Este declive
continuó en el primer semestre de 2021, pero en la segunda mitad del año, el PIB
experimentó un crecimiento del 10%, recuperando la contracción de 2020. Además, se
observó una reducción del desempleo del 13,1% en el segundo trimestre de 2020 al 8,2% en
el tercer trimestre de 2021, alcanzando su nivel más bajo desde 2017 (Cordero, 2023).
Además, en el año 2020, la economía de Argentina experimentó su tercer año
consecutivo de contracción. Este declive se atribuyó al impacto de la crisis generada por la
pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), que tuvo efectos negativos en el
consumo privado, la inversión y las exportaciones. El cierre del año, el Producto Interno
Bruto (PIB) habría disminuido un 10,5%, una cifra superior a la contracción registrada en
2019 (2,1%). En este contexto, y debido a una depreciación menos pronunciada del tipo de
cambio oficial y al congelamiento de ciertos precios regulados, la tasa de inflación se
desaceleró al 43,5% interanual en el acumulado hasta octubre, en comparación con el
promedio del 53,5% del año anterior (Cordero, 2023).
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2°Metodología:
El método empleado es teórico debido a que la historia de las crisis argentinas ha sido
planteada por diversos autores, que han proporcionado un relato detallado sobre la manera en
que estas crisis sucedieron. Por medio de este documento se ha observado que el PIB
disminuye, lo cual ocurre a diversos factores como: a) disminución de la demanda porque la
crisis financiera genera incertidumbre y desconfianza entre los consumidores y las empresas,
lo que conduce a una reducción en la demanda de bienes y servicios, b) aumento del
desempleo: la crisis financiera puede ocasionar despidos y cierres de empresas, resultando en
un incremento en las tasas de desempleo. Esto reduce el poder adquisitivo de las familias y,
por ende, la demanda de bienes y servicios, y c) disminución de la inversión: La crisis
financiera suele provocar una disminución en la inversión empresarial, ya que las compañías
se centran más en mantener su liquidez que en expandirse. Esta reducción en la inversión
tiene un impacto negativo en la producción económica.
El comportamiento del PIB durante una crisis financiera generalmente sigue un patrón
predecible. En primer lugar, el PIB experimenta una caída abrupta debido a la rápida
propagación de la incertidumbre y la desconfianza. En segundo lugar, el PIB se estabiliza en
un nivel inferior al que tenía antes de la crisis, ya que la incertidumbre persiste. En tercer
lugar, el PIB comienza a recuperarse de manera gradual a medida que la economía se adapta
a la nueva realidad y la confianza empieza a restablecerse.
3°Resultados:
En la siguiente gráfica se presenta el PIB per cápita de Argentina desde 1900 hasta el
2022, donde se puede observar la disminución en este indicador durante las principales crisis
ocurridas a través de la historia.
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Entre el 1998-2001 ocurrió una disminución del 40% del poder adquisitivo, puso fin a
la convertibilidad y tuvo impactos significativos en la sociedad argentina. Cerca de 14
millones de personas se sumieron en la pobreza, experimentando una situación de hambre
crónica. La pérdida de servicios sociales, especialmente en el ámbito de la salud, fue
evidente, ya que los aportes destinados a las obras sociales, encargadas de brindar cobertura
en este sector, fueron desviados en algunos casos. Además, el abandono del sistema
productivo local y su sustitución por importaciones generaron una crisis en diversas
industrias, que operaban a tan solo el 30% de su capacidad instalada (Kauth, 2002). Las
exportaciones también se vieron afectadas, con los productos manufacturados de origen
industrial representando el 31% del total, los productos primarios (excluyendo combustibles)
alcanzando el 24%, y los productos manufacturados de origen agrícola fluctuando entre el
34% y el 35%. El resto estaba compuesto por los combustibles (Salama, 2008).
Es crucial destacar que los recursos obtenidos no se destinaron a proyectos de
crecimiento y desarrollo social y económico, sino que se utilizaron exclusivamente para
pagar deudas existentes. En otras palabras, este préstamo no se utilizó para fomentar el
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progreso, sino para amortizar las obligaciones pendientes y garantizar el pago de
vencimientos próximos (Kauth A. , 2002).
Figura 1
Inflación anual 1970-2002
Tomado de (Simancas, 2022)
Figura 2
Deuda externa de Argentina
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Tomado de (Kauth A. , 2002)
Después de su crecimiento entre 2000 y 2007, la contribución de las exportaciones al
aumento del PIB disminuyó de 0.38% al inicio de la recuperación en 2002 a menos (-) 0.82%
en 2012. Asimismo, las exportaciones netas, representadas por la diferencia entre las
exportaciones actuales e importaciones actuales en relación con el PIB, también
experimentaron una disminución, pasando de un 15.01% a un 2.31% durante el mismo
periodo (2002-2012).
Figura 3
Evolución de las importaciones y exportaciones
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Tomado de (Grimson, 2019)
Argentina durante el periodo 2006 al 2009 tuvo una disminución en la evolución de
los precios, debido a un mayor control del déficit presupuestario y a un aumento en la deuda
externa.
Figura 4
Evolución de los precios
Tomado (Grimson, 2019)
Con una disminución de las exportaciones netas después de 2007-2008, la situación
económica de Argentina empezó a deteriorarse. Entre 2008 y 2009, la tasa de crecimiento del
país se redujo de un 6.76% a un 0.85% y continuó fluctuando en 2012 (1.9%),
experimentando grandes altibajos a lo largo de los cuatro trimestres.
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Figura 5
Crecimiento del índice real
Tomado (El Economista, 2021)
La formación de los activos externos pertenecientes al sector no financiero privado
acumuló entre 2007 y 2011 aproximadamente 75 mil millones de dólares. Considerando que
el año 2011 fue el de mayor acumulación de activos en toda la historia de Argentina.
Figura 6
Evolución de la formación de los activos externos
Tomado de (Damill & Frenkel, 2013)
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La inflación de Argentina a partir del año 2020, se disparó alcanzando el 64%; lo cual
demuestra que los precios en el mercado no tienen un control debido a la falta de regulación
por parte del Estado y a las políticas cambiarias poco favorables.
Figura 7
Inflación
Tomado (El Economista, 2021)
Durante los últimos años, el tipo de cambio oficial de peso argentino a dólar ha
incrementado; pasando de 18.64 dólares hasta 130 dólares; de hecho, ese valor parece
artificial en el mercado porque las personas buscan la manera de huir del peso y realizar la
mayor cantidad de transacciones por medio del dólar.
Figura 8
Tipo de cambio oficial
21
Tomado (Padinger, 2022)
Resumen
Esta investigación ofrece una visión integral de las crisis económicas que ha experimentado
Argentina, desde la década de 1970 hasta la actualidad. El análisis explora eventos
significativos, políticas e indicadores económicos clave que han configurado el panorama
económico del país. El estudio identifica patrones recurrentes, como el impacto de decisiones
políticas en el desempeño económico, y examina indicadores económicos importantes como
el PIB, tasa de inflación, tipos de cambio, desempleo y deuda externa, asimismo, revela un
patrón cíclico de recesiones económicas, estabilización y recuperación gradual, interacción de
factores políticos, financieros y sociales que han contribuido a los desafíos económicos de
Argentina.
Conclusiones
En conclusión, por medio de la investigación se ha cumplido con el objetivo, puesto
que, se ha detectado que, durante una crisis, la economía es el primer factor que se ve
afectado debido a las decisiones políticas, financieras y sociales que toman los presidentes.
Entre los principales indicadores económicos que se han visto afectados a través de los años
se encuentran: el PIB, el PIB per cápita, la tasa de inflación, el tipo de cambio, la tasa de
desempleo y la deuda externa.
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