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Evolución de la Ley contra Delincuencia Organizada

La Ley Federal contra la Delincuencia Organizada de México se originó en 1996 para enfrentar el crimen organizado con nuevas herramientas legales. La ley creó tipos penales y técnicas de investigación especiales para estos grupos criminales. También permitió medidas como el aseguramiento ampliado de bienes.
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Evolución de la Ley contra Delincuencia Organizada

La Ley Federal contra la Delincuencia Organizada de México se originó en 1996 para enfrentar el crimen organizado con nuevas herramientas legales. La ley creó tipos penales y técnicas de investigación especiales para estos grupos criminales. También permitió medidas como el aseguramiento ampliado de bienes.
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INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS

Serie Estudios Jurídicos, Núm. 352

COORDINACIÓN EDITORIAL

Lic. Raúl Márquez Romero


Secretario Técnico

Mtra. Wendy Vanesa Rocha Cacho


Jefa del Departamento de Publicaciones

Miguel López Ruiz


Cuidado de la edición

José Antonio Bautista Sánchez


Formación en computadora

Mauricio Ortega Garduño


Elaboración de portada
SERGIO GARCÍA RAMÍREZ
EDUARDO ROJAS VALDEZ

EVOLUCIÓN
Y RESULTADOS
DE LA LEY FEDERAL
CONTRA
LA DELINCUENCIA
ORGANIZADA

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS
México, 2020
Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad
Nacional Autónoma de México.

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio


sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

Primera edición: 18 de noviembre de 2020

DR © 2020. Universidad Nacional Autónoma de México

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS


Circuito Maestro Mario de la Cueva s/n
Ciudad de la Investigación en Humanidades
Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510 Ciudad de México

Impreso y hecho en México

ISBN 978-607-30-3741-9
CONTENIDO

Nota introductoria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IX

I. El origen de la Ley Federal contra la Delincuencia Or-


ganizada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
II. Los “nuevos” tipos penales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
III. Las “nuevas” técnicas de investigación . . . . . . . . . . . . 27
IV. El aseguramiento ampliado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
V. Criterios de oportunidad y colaboradores . . . . . . . . . . 39
VI. Prueba indiciaria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
VII. Reflexiones sobre los resultados de la LFDO . . . . . . . . 49

Apéndice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61

Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91

VII
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NOTA INTRODUCTORIA

Esta breve obra en torno a una ley relativamente reciente (1996),


varias veces reformada, pretende atraer la reflexión del lector ha-
cia temas que van más allá de los preceptos analizados. Esos temas
se localizan en la fuente, el entorno y las consecuencias del ordena-
miento. Reflejan problemas relevantes que han aparecido y se han
agravado en nuestro medio y en nuestro tiempo, pero también en
otros países. De ahí que el interés primordial de los autores —y la
invitación a los lectores— no se reduzca al análisis dogmático de
las palabras de la ley.
Evidentemente, la inseguridad y la criminalidad han creci-
do. Lo sabemos y padecemos. No sólo enfrentamos una delin-
cuencia numerosa, sino también formas nuevas y muy lesivas de
criminalidad que han sembrado la alarma social y determinado
reacciones “espectaculares” —en sentido estricto— del Estado.
En el discurso político se reconoce que el primer deber del poder
público es asegurar la paz —con libertad y justicia, por supues-
to— de la sociedad. Sin embargo, la realidad —que “sí existe”—
desacredita ese discurso.
Para enfrentar la criminalidad —tanto la tradicional como
la que se denomina “evolucionada”, y dentro de ésta la “orga-
nizada”—, el poder público echa mano de medidas punitivas
que no garantizan la seguridad y merman los derechos y las
libertades de los ciudadanos. Estas opciones autoritarias, con es-
caso fundamento en la razón y en la experiencia, entrañan una
grave erosión al Estado de derecho y a los principios y valores
de la sociedad democrática. Además, distan mucho de producir
los efectos anunciados por sus promotores y aplicadores. En va-
rios extremos, la Ley Federal contra la Delincuencia Organiza-

IX

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X NOTA INTRODUCTORIA

da forma parte de esas medidas ineficaces y contraproducentes.


Por ello se le llamó el “bebé de Rosemary”, expresión que se
recoge en esta obra. Fue la primera criatura de una nueva ge-
neración (en México) de normas penales que al cabo de poco
tiempo llegarían al plano constitucional a través de una reforma
de doble rostro (2008): por una parte, democrático; por la otra,
autoritario.
Muchos juristas, preocupados por el avance constante de
métodos represivos que “maximizan” el empleo de la ley penal,
han formulado inquietantes advertencias a este respecto; adver-
tencias que además de calar en los temas penales inciden, más
ampliamente, en consideraciones relevantes para la preservación
del Estado de derecho propio de una sociedad democrática. Esas
reflexiones son aprovechables para ponderar el estado actual y el
rumbo del aparato penal en nuestro país, agravado a través de
las reformas introducidas en 2019 a la Constitución general de la
república. En este catálogo figuran la militarización de la seguri-
dad pública (Guardia Nacional), la prisión preventiva oficiosa y
la privación (llamada extinción) de dominio. Nada de esto corres-
ponde a nuestras mejores tradiciones liberales. Todo marcha en
la dirección inaugurada por la Ley Federal contra la Delincuen-
cia Organizada. Y ninguna de estas medidas ha logrado reducir
la criminalidad y devolver a la sociedad condiciones razonables
de seguridad.
Hemos incorporado esta nota introductoria en la presente
obra para invitar a los lectores a volver su mirada —y sus con-
secuentes preocupaciones— hacia los desarrollos incorporados
en el sistema penal durante los últimos lustros. Es indispensable
“repensar” el sistema penal mexicano, fuertemente influido por
corrientes autoritarias, y marchar hacia un nuevo sistema que
preserve con eficacia y energía tanto la seguridad y la paz de
los ciudadanos, como sus derechos fundamentales, al amparo del
Estado de derecho y en los términos inherentes a una sociedad
democrática. Por ello es indispensable corregir el rumbo. La Ley
Federal contra la Delincuencia Organizada constituye un impor-

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NOTA INTRODUCTORIA XI

tante capítulo para el examen de las desviaciones del sistema pe-


nal. Su origen, como ya se mencionó, corresponde a 1996, pero
su historia y sus efectos han crecido en la medida en que su iden-
tidad autoritaria ha tenido la capacidad de permear en el sistema
jurídico mexicano.

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I.
EL ORIGEN DE LA LEY FEDERAL
CONTRA LA DELINCUENCIA ORGANIZADA

En el plano internacional avanzó la idea de contar con medios ex-


traordinarios para enfrentar la delincuencia no convencional. Este
propósito llegó a México, donde el crimen organizado ganaba es-
pacios cada vez mayores. En el fundamento de estas novedades se
alojó la convicción, natural o inducida, de que el Estado no podía
frenar la actividad de ciertos grupos criminales —equipados con
abundantes recursos, compleja organización y creciente impac-
to—, por medio de los instrumentos jurídicos ordinarios; era nece-
sario contar con herramientas acordes a la amenaza que aquéllos
representaban.
La primera aparición de la figura de delincuencia organizada
en el texto constitucional llegó a través de la reforma al artículo
16, aprobada en 1993, que trajo consigo novedades plausibles, de
corte garantista; pero también depositó en ese texto algunos pro-
blemas que gravitarían sobre la justicia penal en los años siguien-
tes. En esa reforma se aludió a la delincuencia organizada, tema
sobre el que no había análisis suficiente que pudiera determinar
el contenido y el rumbo de la figura. Ésta operó como factor para
prolongar la retención de un imputado por parte del Ministerio
Público durante un periodo mayor del previsto en el común de
los casos.1 Quedó abierto el espacio para entender que el hecho
de que el imputado perteneciera a una organización criminal po-
dría constituir una agravante en el conjunto de cargos o encua-

1
En la generalidad de los casos, la retención puede durar cuarenta y ocho
horas, plazo que “podrá duplicarse en aquellos casos que la ley prevea como
delincuencia organizada”.

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2 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

drar en un tipo penal. La solución finalmente adoptada transitó


en esta última dirección, como veremos en el presente trabajo.2
El diseño de una ley para enfrentar la delincuencia organi-
zada, desde la vertiente penal —sin que esto implicara atender
otros aspectos del problema—, fue impulsado por el presidente
Ernesto Zedillo.3 La tarea inició con el estudio de experiencias
comparadas en el combate a esa forma de delincuencia.4 A par-
tir de los hallazgos que se alcanzaran se elaboraría el correspon-
diente proyecto legislativo.5 Fue así que el 18 de marzo de 1996
se presentó a la Cámara de Senadores la iniciativa de Ley Federal
contra la Delincuencia Organizada (LFDO).
En esa iniciativa se afirmó que la delincuencia organizada
es “uno de los problemas más graves por los que atraviesa la co-
munidad mundial, del que México no escapa”. Para atender este
problema, se advirtió la necesidad de contar con una “política
criminal integral… que comprenda desde la prevención general
hasta la readaptación social especial, pasando por la procura-

2 Sobre la reforma de 1993 y la inclusión de esta figura en el texto constitu-


cional, cfr. García Ramírez, Sergio, Delincuencia organizada. Antecedentes y regulación
penal en México, 4a. ed., México, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas-
Porrúa, 2005, pp. 37 y ss.
3 En el Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000, el presidente Ernesto Ze-
dillo afirmó que “se revisaría la legislación penal sustantiva, a fin de que pueda
sancionarse de manera directa, efectiva y con mucho (sic) mayor severidad a
quienes se organicen para delinquir, o a quienes colaboren con ellos”. Versión
electrónica del Plan Nacional de Desarrollo en: http://zedillo.presidencia.gob.mx/
pages/pnd.pdf
4 Para conocer el resultado de esta investigación, cfr. Andrade Sánchez,
Eduardo, Instrumentos jurídicos contra el crimen organizado, México, Consejo de la
Judicatura Federal-Poder Judicial de la Federación-UNAM-Senado de la Repú-
blica, 1997.
5 Bruccet Anaya, Luis Alonso, El crimen organizado. Origen, evolución, situación
y configuración de la delincuencia organizada en México, México, Porrúa, 2001, p. 339,
y Félix Cárdenas, Rodolfo, “Algunas observaciones críticas a la futura reforma
constitucional con especial mención a la delincuencia organizada”, en García
Ramírez, Sergio e Islas de González Mariscal, Olga (coords.), La reforma constitucio-
nal en materia penal. Jornadas de Justicia Penal, México, Instituto Nacional de Ciencias
Penales-UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2009, pp. 64 y 65.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 3

ción y la impartición de justicia”.6 Sin embargo, la iniciativa no


respondería cabalmente al propósito de establecer una política
integral.
Las Comisiones de Estudios Legislativos y de Justicia del
Senado emitieron el dictamen el 15 de octubre de 1996. En él
manifestaron: “Los mexicanos tenemos derecho a vivir en paz
y con tranquilidad, a desarrollar nuestras vidas de acuerdo con
las reglas que como comunidad nacional nos hemos dado… Los
mexicanos no podemos admitir una convivencia de intereses
ilegítimos”.7 Si los grupos criminales organizados se consolidan,
quedaría “en entredicho la capacidad de los mexicanos como Es-
tado nacional, como sociedad capaz de autorregularse por la vía
del derecho”. Así las cosas, era indispensable “extirpar un mal
que puede ser mortal”.8
Un analista y crítico de la propuesta legislativa, Sergio Gar-
cía Ramírez, denominó a la ley “el bebé de Rosemary”. En esta
expresión se evocaba la clásica película de terror de Roman Po-
lanski, que presenta la historia de una mujer embarazada por el
demonio. De esta suerte se iniciaría una nueva generación de
seres malignos. En forma semejante, la LFDO representaba el
primer paso —o uno de los primeros— en una nueva era de nor-
mas que abandonan los principios del derecho penal liberal en
aras de un (falso) eficientismo, fundado en la idea de que con reglas
más restrictivas de derechos fundamentales será posible enfren-
tar la emergencia —si se puede llamar así a una situación que
ha durado varias décadas— que significa el crimen organizado.9
6 “Iniciativa con proyecto de decreto por el que se expide la Ley Federal
contra la Delincuencia Organizada”, Diario de los Debates de la Cámara de Senado-
res, 19 de marzo de 1996. Versión electrónica disponible en: http://www.senado.
gob.mx/index.php?ver=sp&mn=3&sm=2&lg=56&ano=2 &id=5097
7 “Dictamen de las Comisiones Unidas de Justicia; y de Estudios Legisla-
tivos, Primera, el que contiene proyecto de decreto que reforma la Ley Federal
contra la Delincuencia Organizada”, 15 de octubre de 1996. Versión electróni-
ca disponible en: http://www.senado.gob.mx/?ver=sp&mn= 2&sm=2&id=278
8 Idem.
9 Así, Sergio García Ramírez sostiene: “En un artículo periodístico pu-

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4 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Inmediatamente después de la aparición de esta ley —e inclu-


so antes de su promulgación— surgieron críticas, que ponían de
manifiesto los desaciertos del legislador y los efectos negativos
que traería el nuevo ordenamiento.10
El artículo 2o. de esta Ley, bajo su redacción original, tipificó
a la delincuencia organizada con la siguiente fórmula: “Cuando
tres o más personas acuerden organizarse o se organicen para
realizar, en forma permanente o reiterada, conductas que por sí
o unidas a otras, tienen como fin o resultado cometer alguno o
algunos de los delitos siguientes (delitos-objetivo, que la propia
ley mencionaba), serán sancionadas por ese solo hecho, como
miembros de la delincuencia organizada”. En consecuencia, se-

blicado en «Excélsior» el 25 de abril de 1996, que dediqué a comentar ese


ordenamiento, lo califiqué, en uso de un símil cinematográfico, como El bebé
de Rosemary. Permítaseme que recupere aquí esa figura, tomada de un filme
realizado hace varios años por el director Roman Polanski. En esta historia, el
demonio decide engendrar un hijo en el vientre de Rosemary, para iniciar una
nueva generación diabólica que tomaría el control del planeta. Vuelvo al tema
que vengo desarrollando: la ley secundaria sobre esta materia es una suerte
de bebé de Rosemary trasplantado a la vida jurídica; en efecto, constituye el
principio de una nueva generación de normas penales: revoca los principios
del derecho conocido en México y plantea un régimen punitivo diferente. De
esta suerte, abre la puerta hacia horizontes inciertos y caminos intransitados, o
bien, transitados y abandonados por razones que conocen perfectamente quie-
nes se han asomado siquiera a la historia de las instituciones penales. ¿A dón-
de se llega por esta ruta?”. Delincuencia organizada…, cit., p. 89. Asimismo: “En
1996 se expidió la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, que inició
formalmente la desviación del orden penal mexicano. Por ello la denominé el
bebé de Rosemary, evocando el nombre de una película de Roman Polanski.
En este filme, el bebé se convertiría en un deplorable engendro, que tendría
prole. La ha tenido… Inició su crecimiento y ha tenido abundante prole. La-
mento no haberme equivocado. Infectó la legislación y la práctica. Creó figuras
inconstitucionales. Introdujo mecanismos de negociación entre el Estado y el
delincuente, sometiendo a la justicia penal al juego de la oferta y la demanda. Y
lo peor: generó una cultura penal que hoy lucha por sus fueros”. La reforma penal
constitucional (2007-2008). ¿Democracia o autoritarismo?, 5a. ed., México, Porrúa,
2010, p. 51.
10 Cfr., por ejemplo, el parecer de Olga Islas de González Mariscal en el
“Prólogo” a García Ramírez, Delincuencia organizada…, cit., pp. XXIX y ss.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 5

ría sancionado penalmente el mero acuerdo de organización.


Este adelanto de la punibilidad, característico de un orden penal
regresivo,11 generó numerosas críticas, que determinaron —en
cierta medida— la reforma del precepto.
El 23 de enero de 2009 se reformó la ley para ajustarla a la
definición de delincuencia organizada contenida en el artículo
16 de la Constitución, derivado de la reforma del 18 de junio de
2008, con lo que se suprimió la punición del acuerdo de orga-
nización.12 No obstante, el 16 de junio de 2016 se introdujeron
en la LFDO dos tipos penales —artículos 2o. bis y 2o. ter—,
basados en textos de la Convención de las Naciones Unidas con-
tra la Delincuencia Organizada Transnacional (Convención de
Palermo).13 Así, se reinstaló en la fórmula penal el acuerdo de or-
ganización, aunque con una redacción distinta, como se analiza-
rá posteriormente.
Hasta octubre de 2020 se han expedido dieciséis decretos de
reforma a la LFDO. De ellos, catorce han modificado el catálogo
de delitos-objetivo contenidos en el artículo 2o. Nueve han agre-
gado nuevos delitos, y cinco se han limitado a incorporar ajustes
derivados de la emisión de diversas leyes federales y generales o
modificaciones al Código Penal Federal.
Conviene mencionar desde ahora, con especial acento, que
el catálogo de delitos-objetivo se ha incrementado sistemática-
mente; hoy día, ese conjunto es particularmente numeroso, e in-
11
Raúl Zaffaroni examina el “avance contra el derecho penal liberal o de
garantías”, a partir de supuestos “estados de excepción o emergencias justifi-
cantes”. Uno de los signos de ese avance es, precisamente, la “anticipación de
las barreras de punición (alcanzando a los actos preparatorios)”. El enemigo en el
derecho penal, Madrid, Dykinson, 2006, p. 14. Peor todavía —agreguemos— si
esa anticipación abarca situaciones anteriores a los actos preparatorios.
12 El artículo 2o. quedaría redactado de la siguiente forma: “Cuando tres
o más personas se organicen de hecho para realizar, en forma permanente o
reiterada, conductas que por sí o unidas a otras, tienen como fin o resultado
cometer alguno o algunos de los delitos siguientes, serán sancionadas por ese
solo hecho, como miembros de la delincuencia organizada”.
13 Emitida el 15 de noviembre de 2000, ratificada por México el 4 de marzo
de 2003 y publicada en el Diario Oficial el 11 de abril de este mismo año.

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6 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

cluso se podría decir que desmesurado. El problema que aquí se


observa es que carecemos de una caracterización de lo que deba
considerarse delito-objetivo en congruencia con la ratio que inspi-
ra el concepto de delincuencia organizada, tema central del pre-
sente estudio. Por ello, el legislador se ha “despachado” con gran
libertad; al calor de diversas circunstancias ha incrementado el
catálogo de delitos-objetivo, y esta “diligencia” legislativa parece
trazar el rumbo hacia el futuro. Por supuesto, la incorporación
de nuevos ilícitos en el catálogo trae consigo todas las consecuen-
cias —penales, procesales, penitenciarias— que entraña la figura
de delincuencia organizada. Últimamente se ha ampliado aquel
acervo con varios tipos vinculados a la recaudación fiscal,14 tema
que suscitó severos cuestionamientos.15
En este ensayo analizaremos las modificaciones incorpora-
das por el decreto del 16 de junio de 2016, que supuso la mo-
dificación de treinta y cinco artículos, la adición de once y la
derogación de seis. No examinaremos todas las reformas, puesto
que en algunos casos éstas se limitaron a conciliar la LFDO con
el Código Nacional de Procedimientos Penales, o bien, sólo in-
corporaron algunos contenidos constitucionales provenientes de
la reforma del 18 de junio de 2008.16

14 Fracciones VIII, VIII bis y VIII ter, según reforma y adiciones publicadas
en el DO del 8 de noviembre de 2019.
15 Así, por ejemplo, Rodolfo Félix Cárdenas, en las XX Jornadas sobre Jus-
ticia Penal organizadas por el Instituto de Investigaciones Jurídicas y la Aca-
demia Mexicana de Ciencias Penales, celebradas del 26 al 29 de noviembre
de 2019, consideró que es un absurdo que la defraudación fiscal sea parte del
catálogo de delitos-objetivo del artículo 2o. de la LFDO, puesto que un pre-
supuesto de este delito es la existencia de un contribuyente, mientras que, por
razones obvias, las organizaciones criminales no pagan impuestos por los in-
gresos obtenidos a partir de sus actividades ilícitas. Asimismo, cuestiona que
esta incorporación contribuya a la desiderata manifestada en la exposición de
motivos de recaudar mayores impuestos, en la medida en que la LFDO no está
orientada a obtener la reparación del daño.
16 El examen del doble sistema penal contenido en la Constitución mexica-
na puede ser consultado en La reforma penal constitucional…, cit., pp. 49 y ss.

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II.
LOS “NUEVOS” TIPOS PENALES

Como antes señalamos, el texto original del artículo 2o. de la


LFDO aludía tanto a la organización como al acuerdo de organi-
zación para realizar, en forma permanente o reiterada, conductas
que por sí o unidas a otras tuvieran como fin o resultado, cometer
alguno o algunos de los delitos mencionados en el catálogo del mis-
mo precepto. Se trataba, pues, de un delito de comisión alternativa.
En su momento, uno de los autores del presente trabajo cues-
tionó ese exceso de la LFDO, al señalar que el artículo 2o.

constituye, obviamente, un grave rebasamiento del principio ge-


neral de responsabilidad delictuosa. El vigente artículo 13 del CP
señala que son autores o partícipes del delito, y por ende respon-
sables penalmente, entre otros sujetos, los que acuerden o prepa-
ren su realización (fracción I). Sin embargo, no se entiende que el
simple acuerdo apareje responsabilidad penal; para que la haya es
preciso que exista un principio de comisión que vaya más allá de
los actos preparatorios equívocos. La resolución manifestada no
es punible… En cambio, el texto del artículo 2 lleva directamente
a la desmesurada consecuencia de incriminar el mero acuerdo.17

Guerrero Agripino ha manifestado que “tipificar el acordar


organizarse, representa el lado extremo de la tendencia antici-
pada del ius puniendi estatal a través del tipo. Significa sancionar
la preparación de la preparación”.18 Carrancá y Rivas considera

17
García Ramírez, Delincuencia organizada…, cit., pp. 108 y 109.
18
La delincuencia organizada. Algunos aspectos penales, criminológicos y político crimi-
nales, 2a. ed., México, Ubijus-Universidad de Guanajuato, 2012, p. 356.

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8 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

que “el solo acuerdo o resolución de organizarse para realizar


algo no puede ser constitutivo de delito, salvo que «se exteriori-
ce» conforme al artículo 12 y el delito no se consume por causas
ajenas a la voluntad del agente”.19
Incluso Polaino-Orts, quien en términos generales se ha pro-
nunciado en sentido favorable a los regímenes excepcionales en
materia penal, afirmó que el tipo contenido en la LFDO “gene-
raba en su redacción anterior también graves problemas de legi-
timación democrática”. En efecto,

si la organización ya supone un adelantamiento de la barrera de


punición penal, el acordar organizarse supone dar un paso toda-
vía más atrás de ese iter criminis, hasta tal punto de que la puni-
ción se alejaba alarmantemente de la mínima peligrosidad que se
requiere para poder conminar con una sanción penal un hecho
delictivo. En dos palabras: una entidad delictiva bastante para
desencadenar el reproche penal; sin embargo, el acordar orga-
nizarse no lo tenía necesariamente, pues en tal etérea expresión
cabe todo tipo de conductas, incluso las muy alejadas de la peli-
grosidad criminal, de ahí su especial problematicidad a los ojos
del Derecho penal.20

19
Ley Federal contra la Delincuencia Organizada anotada, México, Porrúa, 2006,
p. 14.
20
“Criminalidad organizada: fundamentos dogmáticos y límites normativos
(con referencia a la Ley Federal mexicana contra la delincuencia organizada)”,
en Jakobs, Günther y Polaino-Orts, Miguel, Criminalidad organizada. Formas de
combate mediante el Derecho penal, México, Flores, 2013, p. 101. En el mismo senti-
do, el jurista español sostuvo que “hace ya años que veníamos proponiendo que
la revisión constitucional de la fórmula que empleaba el legislador mexicano en
ese art. 2 LFDO y procediera a excluir la mención al acuerdo de organización,
pues en dicha conducta (y técnicamente: un adelantamiento del adelantamien-
to de la barrera de punición penal) no queda en absoluto comprobado, sino
que se da por supuesto, que el sujeto genera ya una conmoción de la Sociedad.
Afortunadamente, el legislador mexicano suprimió ese adelantamiento del ade-
lantamiento de la punición que suponía el «acordar organizarse», limitándose
en la redacción actual del art. 2 LFDO a la sanción de la conducta propiamente
de “organización delictiva”. Ibidem, p. 102.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 9

El tipo penal de delincuencia organizada es cuestionable a la


luz del derecho penal liberal. Vulnera los principios del hecho y
de lesividad, además de la vertiente sustantiva del ne bis in idem,
extremos a los que aludiremos infra. Además del cuestionamiento
genérico que se puede hacer al tipo penal en sí mismo, la fórmula
acogida por la LFDO constituía un exceso y pugnaba con la más
elemental racionalidad.
En realidad, lo que se sancionaba era la simple promesa de
cometer ciertos delitos, expresada por tres personas. Carecía
de importancia que esa promesa no se materializara. Peor aún:
se podría imponer una pena, aunque fuera imposible —por cual-
quier motivo— llevar a cabo los delitos acordados. Bastaba que
esa realización fuera viable en el momento del acuerdo. En la
práctica, resultó muy difícil acreditar la existencia del acuerdo
punible. Por ende, el alcance de la incriminación era meramente
simbólico.
El 18 de junio de 2008 se emitió una amplia reforma consti-
tucional en materia penal. Entre otros puntos relacionados con
el régimen especial contra la delincuencia organizada, el artículo
16 acogió una definición de este delito. En el curso de nuestra
historia constitucional, la ley suprema ha mencionado diversos
delitos a propósito de penas permitidas o excluidas —así, artículo
22— o acerca de la responsabilidad penal de funcionarios pú-
blicos —título cuarto—; pero no ha sido frecuente que el propio
ordenamiento supremo trace las líneas esenciales de un tipo pe-
nal.21 Lo hizo para referirse al enriquecimiento ilícito de servi-
dores públicos, e igualmente para caracterizar la delincuencia
organizada.
En virtud de la caracterización constitucional de la delin-
cuencia organizada, fue necesario reformar el artículo 2o. de la
LFDO. Así se hizo el 23 de enero de 2009. Esta reforma eliminó

21 García Ramírez, Sergio, “El sistema penal constitucional”, en Islas de


González Mariscal, Olga (coord.), El derecho en México: dos siglos (1810-2010). De-
recho penal, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Jurídicas-Porrúa, 2010,
t. VII, pp. 28-30.

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10 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

el concepto de “acordar organizarse” como verbo rector del tipo


penal. La criticada definición de delincuencia organizada conte-
nida en el artículo 16 constitucional ofrecía una aparente venta-
ja: los tipos penales previstos en la legislación secundaria debían
ajustarse, como cualquier otra norma del ordenamiento jurídico,
a la ley fundamental, incluyendo los derechos humanos de fuente
internacional.
El legislador secundario marchó en otra dirección al intro-
ducir dos tipos penales en los nuevos artículos 2o. bis y 2o. ter de
la LFDO, mediante decreto publicado el 16 de junio de 2016. El
primero de ellos considera una punibilidad de hasta dos terceras
partes de la correspondiente al tipo de delincuencia organizada
para “quienes resuelvan de concierto cometer las conductas se-
ñaladas en el artículo 2o. de la presente Ley y acuerden los me-
dios de llevar a cabo su determinación”.
No hay diferencia entre esta descripción y la relativa al acuer-
do de organización que existía antes de la reforma de 2009.
En ambos casos se sanciona la exteriorización de un propósito
criminal que ni siquiera ha llegado al nivel de actos preparato-
rios. Probablemente se pretendió superar las críticas formula-
das en torno a la redacción original del artículo 2o. Para ello,
el legislador recurrió a la curiosa técnica de utilizar sinónimos:
intercambiar unas palabras por otras a fin de evadir las críticas
que había recibido aquel precepto. Por supuesto, el cambio de
palabras no legitima —ni antes ni después— las normas incons-
titucionales.
Llama la atención que a diferencia del tipo previsto en el ar-
tículo 2o., el 2o. bis no exige la concurrencia de tres personas por
lo menos; basta con que intervengan dos.22 El segundo párrafo
del artículo 2o. bis aclara que las pruebas confesionales y testi-
moniales no serán suficientes para acreditar este delito; aquéllas
deberán estar corroboradas con otros datos o medios de prueba.

22 García Ramírez, Efraín, Análisis jurídico del delito de delincuencia organizada,


México, Tirant lo Blanch-Barra Nacional de Abogados, 2019, p. 97.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 11

Por otro lado, el artículo 2o. ter considera una punibilidad


igual a la del delito de delincuencia organizada para “quien a
sabiendas de la finalidad y actividad delictiva general de una or-
ganización criminal, participe intencional y activamente en sus
actividades ilícitas u otras de distinta naturaleza cuando conozca
que con su participación contribuye al logro de la finalidad de-
lictiva”. Cabe preguntarse si era realmente necesaria la creación
de este tipo penal. A pesar de que se alude a la participación
activa, ésta no puede implicar el dominio del hecho o constituir
una aportación esencial; de ser así, el sujeto debería ser sanciona-
do a título de autor.23 Por lo tanto, se trata de una participación
accesoria, correspondiente a la complicidad, cuya regulación ya
figura en el Código Penal Federal.
Además, la punibilidad asignada en el mismo artículo 2o. ter
quebranta el principio de proporcionalidad, en cuanto sanciona
con la misma intensidad a quien forma parte de la organización
criminal y a quien concurre con actividades, incluso de carácter
lícito —el tipo penal las admite cuando se refiere a actividades
que no sean ilícitas—, que contribuyen a la obtención de la fina-
lidad delictiva.24 No es necesario que se alcance esta finalidad;
basta con favorecerla o facilitarla.
La iniciativa que sirvió de base para la elaboración de la re-
forma invocó la necesidad de ajustar el orden jurídico nacional
a los compromisos asumidos por el Estado mexicano, en parti-
cular los derivados de la Convención de Palermo. En ese senti-
do, los legisladores proponentes consideraron oportuno crear los
tipos penales antes analizados. Así, el tipo penal del artículo 2o.
ter corresponde, casi literalmente, al artículo 5.1, a), ii) de la Con-
vención, mientras que el tipo alojado en el artículo 2o. bis atien-

23 Sobre los elementos de la coautoría, cfr. Roxin, Claus, Derecho penal. Parte
general, trad. de Diego-Manuel Luzón Peña et al., Pamplona, Civitas, 2014, t. II:
Especiales formas de aparición del delito, pp. 188 y ss.
24 En el mismo sentido, cfr. García Ramírez, Efraín, Análisis jurídico…, cit.,
p. 99.

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12 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

de a lo especificado en el artículo 5.1, a), i),25 con algunas diferen-


cias: la norma internacional se refiere al acuerdo para cometer
un delito grave, mientras que, como ya se mencionó, el artículo
2o. bis alude a la resolución de concierto. Recordemos: se optó
por recurrir a un sinónimo, quizá para remontar críticas pasadas.
Es importante mencionar que el artículo 11.6 de la Conven-
ción de Palermo señala que

nada de lo dispuesto en la presente Convención afectará al prin-


cipio de que la descripción de los delitos tipificados con arreglo a
ella y de los medios jurídicos de defensa aplicables o demás prin-
cipios jurídicos que informan la legalidad de una conducta queda
reservada al derecho interno de los Estados Parte y de que esos
delitos han de ser perseguidos y sancionados de conformidad con
ese derecho.

En razón de lo anterior, la Guía Legislativa para la Aplicación de


la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada
Transnacional señala que “el delito tipificado en el derecho interno
por un Estado para cumplir con los requisitos de penalización
establecidos en la Convención no debe estar descrito por fuerza
exactamente de la misma manera que en la Convención, con tal
de que la conducta en cuestión quede penalizada”.26
En este sentido, es válido cuestionar si el Estado mexicano
está efectivamente obligado a introducir las figuras típicas men-
cionadas en los términos en que lo ha hecho, o bien puede for-
mular su normativa de manera que ajuste su sistema penal a los

25 “Iniciativa de los senadores Arely Gómez González, Roberto Gil Zuarth,


Graciela Ortiz González, Ana Lilia Herrera Anzaldo, Marcela Guerra Castillo
y Blanca Alcalá Ruiz, con proyecto de decreto por el que se reforman, adicio-
nan y derogan diversas disposiciones de la Ley Federal contra la Delincuencia
Organizada”, Gaceta del Senado, 25 de noviembre de 2014.
26 Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Guía Legis-
lativa para la Aplicación de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia
Organizada Transnacional, párr. 102, e). Disponible en: https://www.unodc.org/docu-
ments/treaties/Legislative_Guide_2017/Legislative_Guide_S.pdf

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 13

principios propios de un Estado constitucional, sin dejar de san-


cionar la pertenencia a estructuras criminales.
Se ha manifestado frecuentemente que el tipo de delincuen-
cia organizada contraviene el principio de lesividad u ofensivi-
dad, porque no implica un daño ni pone en peligro un bien jurí-
dico, o porque no es posible verificar la lesión concreta, en tanto
aquel tipo se vincula con bienes abstractos, como la seguridad
pública, la paz social, o incluso la seguridad normativa, cuya le-
sión no es posible verificar.
Cancio Meliá sistematiza las posiciones teóricas en torno al
contenido del injusto en los delitos de organización. La primera
de ellas considera que éstos implican un ejercicio abusivo del de-
recho de asociación. Una segunda posición hace notar el adelan-
tamiento de la punibilidad, y señala que los bienes jurídicos que
se intenta proteger corresponden al contenido de los delitos-ob-
jetivo, cuya lesión se encuentra latente —aun cuando no se ma-
terialice— en razón de la existencia del grupo criminal. En tercer
término, se habla del injusto sistémico. Bajo este concepto, el
delito de organización es autónomo materialmente con respecto
a los delitos-objetivo, porque considera una lesión a bienes jurí-
dicos propios, que son de carácter abstracto, difuso o colectivo,27
como ya se mencionó.
La primera posición mencionada en las líneas precedentes
ha perdido relevancia en años recientes. De acuerdo con ella,
el bien jurídico tutelado sería propiamente el recto ejercicio del
derecho de asociación. Empero, esta concepción no alcanza a
justificar las punibilidades asignadas al tipo de delincuencia or-
ganizada ni lo distingue de la asociación delictuosa. En general,
es complicado vincular la imposición de una pena con el ejercicio
de un derecho fundamental, en tanto éste no comprende la co-
misión de un delito. No se trata, pues, del ejercicio abusivo de un

27 “El injusto de los delitos de organización: peligro y significado”, Icade.


Revista Cuatrimestral de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales,
Madrid, núm. 74, mayo-agosto, 2018, p. 253.

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14 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

derecho; la conformación de una organización criminal excede


este marco.
De acuerdo con la segunda postura señalada, los delitos de
organización suponen un adelantamiento de las barreras de la
punibilidad: la imposición de la pena se anticipa al daño o puesta
en peligro de los bienes jurídicos que se encuentran en el núcleo
de los delitos-objetivo. Así, el delito de delincuencia organizada
operaría con fines meramente preventivos al impedir la realiza-
ción de los fines de las organizaciones criminales, que suponen
un peligro para aquellos bienes jurídicos.28 Se eliminan los obs-
táculos a la intervención del aparato punitivo estatal, que por ello
puede operar con eficacia.
La doctrina denomina “delitos obstáculos” u “obstativos” a
estos ilícitos de finalidad preventiva. Polaino-Orts cita a Fernan-
do Mandovani, para quien los delitos obstáculo, efectivamente,
violan el principio de lesividad; empero, considera que su exis-
tencia puede estar justificada si se atiende a “concretas exigen-
cias de defensa social”, sobre todo cuando constituyen “remedios
eficaces para una imperiosa y urgente defensa contra el crimen”.
Condiciona su legitimidad a que se respete el principio de taxa-
tividad, se prevenga a través de ellos la lesión de bienes jurídicos
relevantes y se sancionen únicamente los actos idóneos para pro-
ducir un resultado.29
Guerrero Agripino describe las teorías que justifican el ade-
lantamiento de la barrera de punibilidad. A este respecto, se re-
fiere a la teoría de la peligrosidad social, en cuyos términos es
válido punir conductas cuyo potencial lesivo se advierte a través
de la experiencia, aunque no hayan arrojado un daño ni oca-

28
Ibidem,pp. 256-258, y Silva Sánchez, Jesús-María, “¿«Pertenencia» o «in-
tervención»? Del delito de «pertenencia a una organización criminal» a la figu-
ra de la «participación a través de organización» en el delito”, Lusíada. Direito,
Lisboa, núm. 3, 2005, pp. 103 y 104.
29 Polaino-Orts, Miguel, “Delitos obstáculo. Un estudio sobre los límites de
legitimidad de la anticipación punitiva”, en Reyna Alfaro, Luis Miguel (coord.),
Derecho penal y modernidad, Lima, Ara Editores, 2010, pp. 164 y 165.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 15

sionado un peligro verificable para los bienes jurídicos. Por otro


lado, la teoría de la peligrosidad abstracta considera que deter-
minadas conductas poseen las condiciones mínimas para lesionar
bienes jurídicos; en otras palabras, se parte de la idea de que todo
comportamiento que reúna ciertas características es peligroso en
abstracto.30
Silva Sánchez es partidario de esta postura, porque permite
ubicar el tipo de delincuencia organizada en su dimensión cor-
porativa. La existencia de la organización delictiva representa
un peligro real para determinados bienes jurídicos, siempre que
la estructura sea idónea para concretar, eventualmente, la lesión
de esos intereses. Los integrantes del grupo criminal son respon-
sables en la medida en que su pertenencia a aquél contribuye a
poner en peligro bienes jurídicos; únicamente responderán por
su aportación al injusto.31
Uno de los principales problemas que trae consigo esta pos-
tura es que, en caso de concretarse los delitos-objetivo, no sería
válido imponer tanto las penas que les corresponden como las

30
La delincuencia organizada…, cit., pp. 392 y 393.
31
El citado jurista sostiene: “A mi juicio, este segundo punto de vista re-
sulta, por varias razones, más convincente. Por un lado, no niega la específica
dimensión institucional de la organización criminal. También desde esta pers-
pectiva es posible advertir la especial peligrosidad de la organización criminal,
derivada no solo de la forma de ejecución común que le es propia, sino sobre
todo de la dinámica propia de las organizaciones, encaminada a la comisión de
delitos, que, entre otras cosas, tiene la capacidad de «alargar» el alcance de los
actos de organización de sus miembros. Por ello, este planteamiento puede jus-
tificar asimismo la intervención sobre la organización en sí, disolviéndola, dado
que esta no ofrece garantía alguna —sino todo lo contrario— de seguridad cog-
nitiva para los bienes jurídicos protegidos en los tipos relativos a los delitos-fin
de la organización. Ahora bien, la organización, en tanto que estado de cosas
favorecedor del hecho delictivo concreto cometido luego por alguno o algunos
de sus miembros, debe mostrar una idoneidad, en virtud de su dotación de me-
dios, hombres y estructuras, para obtener su objetivo de comisión de los delitos
concretos de que se trate… Además, la organización conforma un sistema de
acumulación institucionalizada de aportaciones individuales favorecedoras de la ejecución
de los delitos-fin de la asociación delictiva”. Silva Sánchez, “¿‘Pertenencia’ o
‘intervención’?…”, cit., pp. 103-105.

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16 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

previstas para la delincuencia organizada, puesto que se estaría


violentando el principio ne bis in idem en su vertiente sustantiva, al
punir simultáneamente el acto preparatorio y el delito consuma-
do. En virtud de este principio, los delitos de resultado absorben a
los de peligro, por lo que si se realizan los delitos-objetivo no sería
posible atribuir responsabilidad por delincuencia organizada.32
Al final del día, con base en la teoría del adelantamiento,
se estaría puniendo a una persona por la posibilidad de hechos
futuros, que pueden o no materializarse. En palabras de Cancio
Meliá, esta postura “puede conducir a que se subraye en exce-
so la fuente del peligro, es decir, el sujeto, en la definición del
injusto, cayendo en consecuencia en una expansión incontrola-
ble de lo aprehendido por la tipificación: «Quien pena por he-
chos futuros, ya no tiene razón alguna para dejar impunes los
pensamientos»”.33 Al basar la imposición de la pena en la posi-
bilidad de que se cometan delitos futuros, lo que se sanciona es
la peligrosidad. Esto contraviene el principio del hecho, porque
anticipa la punición a partir de un pronóstico sobre la probabili-
dad de comportamientos futuros.
Como mencionamos, otra postura doctrinal estima que el
delito de delincuencia organizada posee un injusto autónomo
con respecto al de los delitos-objetivo. Se trata de un injusto sis-
témico en el que no existe un adelantamiento de la punibilidad,
32 Coinciden en este punto, Hernández-Romo Valencia, Pablo, El delito de
delincuencia organizada. Ideas para argumentar su inconstitucionalidad, México, Tirant
lo Blanch, 2014, pp. 24, 25, 55 y 56, y Astrain Bañuelos, Leandro Eduardo,
El derecho penal del enemigo en un Estado constitucional: especial referencia en México,
México, Marcial Pons, 2017, p. 163. Silva Sánchez considera “la comisión de
uno o varios delitos concretos no agota necesariamente el desvalor del peligro
representado por el «favorecimiento institucionalizado» de otros. Como, en ge-
neral, un delito de lesión no absorbe todo el desvalor de los delitos de peligro”.
Asimismo, citando el parecer de otros autores, considera que es necesario tomar
en consideración que la organización criminal normalmente subsistirá con pos-
terioridad a la concreción de ciertos delitos-objetivo, por lo que en realidad sub-
siste el peligro para los bienes jurídicos. “¿«pertenencia» o «intervención»?…”,
cit., p. 105.
33 Cancio Meliá, “El injusto de los delitos de organización…”, cit., p. 258.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 17

sino que constituye la lesión a un bien jurídico propio de carácter


colectivo o supraindividual, que se compone por intereses socia-
les, como la paz, la seguridad pública o el orden estatal. En pa-
labras de Polaino-Orts, se protegen “las condiciones de ejercicio
social de todos los bienes jurídicos «individuales» y «colectivos»
con unos mínimos parámetros de fiabilidad dentro del contexto
social” o “el proyecto vital actual de las personas en Derecho”.34
Así las cosas, no viene al caso la prevención de actos delictivos
futuros, sino la pertenencia a un sistema antijurídico que deses-
tabiliza a la sociedad.
En términos del funcionalismo sistémico, lo que se intenta
proteger es la seguridad cognitiva sobre la vigencia de la norma,
es decir, la confianza de los individuos en que el ordenamiento
jurídico conserva su vigor a pesar de la existencia de organiza-
ciones criminales cuyo comportamiento se ajusta a otros están-
dares. El comportamiento punido es la pertenencia a un grupo
delincuencial que se rige por un sistema antisocial, y cuya mera
existencia vulnera la estructura social en cuanto pone en duda la
vigencia de su orden jurídico.35
Los defensores de esta posición teórica consideran que si se
parte de la existencia de un bien jurídico propio y distinto al de
los delitosobjetivo será posible eludir la violación al principio del
hecho o al de lesividad, toda vez que se está sancionando una
conducta que pone en peligro actual ciertos intereses colectivos.

34
Polaino-Orts, “Delitos obstáculo…”, cit., p. 172. Cfr., igualmente, Gue-
rrero Agripino, La delincuencia organizada…, cit., pp. 338-395.
35 Jakobs, Günther, “Derecho penal del ciudadano y derecho penal del ene-
migo”, trad. de Manuel Cancio Meliá, en Jakobs, Günther y Cancio Meliá,
Manuel, Derecho penal del enemigo, Buenos Aires, Hammurabi, 2005, p. 38. Jakobs
proporciona el siguiente ejemplo: “…dando un paseo nocturno por un parque
urbano, nadie se tranquilizará tan sólo con la consideración de que no debe ser
sometido a un robo, incluso, ser privado de su vida, sino que, por el contrario, si
inicia el paseo, también partirá de que con alta probabilidad, no será tratado de
ese modo”. Cfr. “La pena estatal: significado y finalidad”, en Jakobs, Günther et
al., Función de la pena estatal y evolución de la dogmática post-finalista. Estudios de derecho
penal funcionalista, México, Porrúa, 2006, p. 40.

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18 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Tampoco existe impedimento para aplicar de manera simultá-


nea, en su caso, las penas relativas a la delincuencia organizada
y a los delitos-objetivo.36
El problema de esta construcción teórica radica en la am-
plitud de los bienes jurídicos que supuestamente tutela el tipo
de delincuencia organizada. ¿Cómo se determina la lesión a la
paz social, al orden público o, más aún, a la seguridad cogniti-
va? Para hablar con franqueza, digamos que no son las organi-
zaciones criminales las que impiden que la población confíe en
la vigencia de las normas jurídicas, sino la falta de aplicación de
éstas, es decir, la impunidad. Bajo esa lógica, también se debería
considerar delictiva la incapacidad para generar resultados en la
procuración de justicia o en otras funciones del Estado que inte-
resan grandemente a la sociedad.
Para Cancio Meliá, “se trata de una aproximación estruc-
turalmente carente de límites, y que abriría, por tanto, todas las
puertas a un entendimiento arbitrario del alcance del tipo”.37 En
la medida en que no es posible verificar el daño o puesta en peli-

36
Polaino-Orts, “Criminalidad organizada…”, cit., pp. 112, 113 y 124-132.
37
“El injusto de los delitos de organización…”, cit., pp. 265 y 266. El ju-
rista español afirma: “Las normas jurídicas —y su concreta reconstrucción
jurídico-dogmática— no reaccionan frente a los humores del público; la nor-
ma jurídico-penal no depende, como es evidente, del «ambiente» social en un
determinado momento. Si se recurre a la sensación social de inseguridad para
definir la paz, el orden o la seguridad públicos, el problema de la determinación
conceptual del objeto de protección tan sólo queda desplazado hacia lo empí-
rico, y, con ello, en este caso, librado a la arbitrariedad. Si, en segundo lugar, se
prefiere objetivar la noción de paz u orden públicos, es decir, concebirla como
una situación de hecho de tranquilidad, también son correctas las críticas antes
expuestas conforme a las cuales tal aproximación al objeto de protección signi-
ficaría una duplicación del cometido global del ordenamiento jurídico (penal)
de control social, implicando, por lo tanto, una definición aparente, incorrecta
del bien jurídico, convirtiendo artificiosamente en concreto objeto de protec-
ción de los delitos de organización al elemento genérico que constituye el fin
último de todo el Derecho penal. En conclusión, este concepto de bien jurídico
no es tal, sino sólo un envoltorio hueco que puede abrir el camino a la arbitra-
riedad”. Ibidem, pp. 266 y 267.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 19

gro a esos bienes abstractos, entonces es fácil dar el siguiente paso


y calificar a diversas conductas como potencialmente lesivas sin
existir un sustento empírico para ello.
Silva Sánchez señala que aquí opera un modelo de transfe-
rencia, en el que existe responsabilidad únicamente por pertene-
cer a una organización, a pesar de que no se tiene el dominio del
peligro generado por aquélla. En tal virtud, se trata de un “delito
de adhesión o de pertenencia”. Lo que se sanciona es la deci-
sión de formar parte de un sistema ilegal, con independencia de
su contribución a la realización de los fines de la organización. El
jurista lo resume así:

a todos y cada uno de los miembros de la organización se les res-


ponsabiliza del estado de cosas peligroso para la paz pública que
es la organización, aunque cada uno de los miembros por separa-
do no constituya, obviamente, dicho peligro para la paz, ni tam-
poco pueda afirmarse que domine el referido peligro colectivo.38

Es posible ubicar a Günther Jakobs —artífice de la teoría del


derecho penal del enemigo— en una postura intermedia.39 El
profesor alemán distingue entre normas principales, que prevén
delitos cuyo contenido es un bien jurídico tutelado individual,
como la vida o el patrimonio, y normas de flanqueo, que ga-
rantizan las condiciones de vigencia de las normas principales.40
38
“¿«Pertenencia» o «intervención»?…”, cit., pp. 105-107. En palabras de
este autor, “la organización criminal, como sistema de injusto, tiene, así, una
dimensión institucional —de institución antisocial— que hace de ella no solo
algo más que la suma de sus partes, sino también algo independiente de la suma
de sus partes. En esa dimensión institucional radica seguramente su diferencia
específica con respecto a las meras agrupaciones coyunturales para cometer
delitos, del mismo modo que su funcionalidad delictiva la distingue de otros
sistemas sociales”. Ibidem, p. 102.
39 Cancio Meliá, “El injusto de los delitos de organización…”, cit., pp. 261
y 262.
40 Jakobs, Günther, “Criminalización en el estadio previo a la lesión de un
bien jurídico”, trad. de Enrique Peñaranda Ramos, en Jakobs, Günther, Moder-
na dogmática penal, México, Porrúa, 2002, pp. 419-421.

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20 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Vienen al caso la tutela de la paz social o el orden público, o la


seguridad cognitiva, que consiste en la confianza de los ciudada-
nos en la vigencia del ordenamiento jurídico.
Quien comete el delito de delincuencia organizada, es decir,
quien decide pertenecer a una estructura criminal, aun cuando
no ha lesionado bienes jurídicos individuales, genera una sensa-
ción de inseguridad y anormalidad. Los individuos no pueden
salir a la calle con la convicción de que no serán atacados sus bie-
nes individuales. Por lo tanto, quien comete estos delitos, ya está
provocando un resultado.
No obstante lo anterior, Jakobs siempre ha concebido al de-
recho penal del enemigo como un instrumento para eliminar
focos de peligro; las sanciones se asemejan, en realidad, a una
medida de seguridad. Su finalidad es la neutralización o inocuiza-
ción de los agentes delictivos. En un Estado que proscribe la pena
de muerte, esto se logrará a través de penas privativas de libertad
de considerable duración, basadas principalmente en la proba-
bilidad de actos lesivos posteriores.41 En consecuencia, aunque
concibe la verificación de un resultado actual, éste depende de la
amenaza que entraña la probable comisión de los delitos-objeti-
vo.42 En todo caso, si atendemos a la doctrina desarrollada por
Jakobs, esta discusión carece de sentido, puesto que el jurista no
parte de la concepción de bien jurídico, sino atribuye al derecho

41 Jakobs, Günther, “¿De qué se trata exactamente la problemática del de-


recho penal del enemigo?”, trad. de Miguel Polaino-Orts, en Jakobs, Günther et
al., El derecho penal del enemigo en el contexto del funcionalismo, México, Flores Editor,
2008, p. 3. Del mismo autor, “Derecho penal del ciudadano y derecho penal del
enemigo”, cit., pp. 36 y 37.
42 Al respecto, Cancio señala: “La afectación de esa cimentación cognitiva
es definida de modo predominante como amenaza, es decir, como arrogación
de organización que consiste en el anuncio de la comisión futura de delitos. De
este modo, la fundamentación del injusto también queda trabada en la preven-
ción (fáctica), por lo que se dificulta la aprehensión específica de la dimensión
colectiva (de lo que ya ha ocurrido: la constitución de la organización). Aquí
hay espacio para una ulterior normativización”. “El injusto de los delitos de
organización…”, cit., p. 265.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 21

penal la función de garantizar las expectativas de cumplimiento


normativo.43
Aun cuando la doctrina se refiera a bienes jurídicos colecti-
vos, como la paz social o la tutela de la seguridad cognitiva, lo
cierto es que se trata de conceptos abstractos, cuya efectiva le-
sión no puede ser corroborada. Ferrajoli se refiere a la “parábola
involutiva de la doctrina del bien jurídico”, que consiste en el
tránsito entre la protección de derechos subjetivos a la tutela de
intereses del Estado.44 En concordancia con los postulados de su
modelo, el jurista italiano considera que no deberían tener cabi-
da en los Estados constitucionales los tipos penales en los que no
sea posible verificar un daño o cuando menos un peligro concre-
to y no abstracto para los derechos subjetivos.45
Empero, los sistemas penales incluyen delitos cuyo contenido
se refiere a bienes difusos, como la administración de justicia o la
democracia, sin que por ese motivo se eleven voces que cuestio-
nen su legitimidad. En general, la doctrina admite la validez de
delitos cuyo objeto jurídico sea un bien colectivo.46 Sin embargo,
existe una diferencia importante entre los delitos que tutelan, por
ejemplo, las mencionadas democracia o administración de justi-
cia, y los delitos de asociación, a los que se atribuye la protección
del orden público o la paz social. Los primeros se refieren a con-
ductas vinculadas de una forma más directa con la afectación
de estos principios e intereses aunque no sea posible verificar la
alteración a los bienes colectivos que los sustentan.
43
Jakobs, Günther, Derecho penal. Parte general, fundamentos y teoría de la imputa-
ción, 2a. ed., trad. de Joaquín Cuello Contreras y José Luis Serrano González de
Murillo, Madrid, Marcial Pons, 1997, pp. 9, 10 y 44, y Sociedad, norma y persona
en una teoría de un derecho penal funcional, Madrid, Civitas, 2000, pp. 15-18.
44 Ferrajoli, Luigi, Derecho y razón. Teoría del garantismo penal, 10a. ed., Madrid,
Trotta, 2011, p. 467.
45 Ibidem, pp. 470 y ss.
46 Inter alia, Roxin, Claus, Derecho penal. Parte general, trad. de Diego-Manuel
Luzón Peña, Miguel Díaz y García Conlledo y Javier de Vicente Remesal, Ma-
drid, Civitas, 2008, t. I: Fundamentos. La estructura de la teoría del delito, p. 54, y
Muñoz Conde, Francisco y García Arán, Mercedes, Derecho penal. Parte general,
8a. ed., Valencia, Tirant lo Blanch, 2010, pp. 59 y 60.

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22 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Isabel Sánchez García de Paz considera que los tipos de aso-


ciación criminal sirven a diversos propósitos. Son preventivos,
en tanto sancionan “conductas que a lo sumo podríamos califi-
car de preparatorias de un futuro delito, más bien cabría decir
que son previas incluso a la preparación de un delito concreto”.
Igualmente, operan como “tipos de recogida”, en tanto permi-
ten atribuir responsabilidad penal cuando se carece de elementos
probatorios para vincular a ciertos sujetos con los delitos-objetivo
de las organizaciones criminales, sobre todo tratándose de los
líderes de éstas. Finalmente, cumplen una función procesal, que
consiste en permitir la realización de actos de investigación, aun
cuando no se hayan actualizado los delitos planeados por organi-
zaciones criminales.47
Esta clasificación debe ser matizada tomando en considera-
ción la realidad mexicana. Si bien se concibe a la delincuencia
organizada como un tipo autónomo con respecto a los delitos-
objetivo enunciados en el artículo 2o. de la LFDO,48 en la prác-
tica de la que tenemos noticia no existe una sola sentencia en la

47
“Función político-criminal del delito de asociación para delinquir desde
el Derecho penal político hacia la lucha contra el crimen organizado”, en Arro-
yo Zapatero, Luis y Berdugo Gómez de la Torre, Ignacio (dirs.), Homenaje al Dr.
Marino Barbero Santos in memoriam, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha-
Universidad Salamanca, 2001, pp. 669-673. Sánchez García de Paz afirma que
el tipo de asociación “cumple en la práctica para la policía la significativa fun-
ción de permitir una investigación en el ámbito previo de otros delitos, inves-
tigación que de otro modo sería imposible. Permite al juez autorizar medidas
indagatorias que al final pueden posibilitar el descubrimiento de delitos de los
que no existía sospecha inicial… Cabe decir, hasta cierto punto, que la figura
de la asociación ilegal permite «encubrir», dar un «paraguas legal» formal a
investigaciones delictivas no apoyadas en la sospecha de concretos delitos, in-
cluso previas a la comisión de cualquier delito, luego de otro modo ilegales”.
Ibidem, p. 671. En el mismo sentido, Cancio Meliá señala que “las necesidades
policiales ejercen —a través de la política— su influjo sobre el Derecho penal
material; las criminalizaciones, una vez establecidas, dan lugar a actividades de
investigación policial. “El injusto de los delitos de organización…”, cit., p. 250.
48 Pleno de la Suprema Corte de Justicia se la Nación, “Delincuencia or-
ganizada. el delito previsto en el artículo 2o., y sancionado en el artículo 4o.,
ambos de la Ley Federal contra la misma, es autónomo y no una agravante”,

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 23

que se haya sancionado al imputado exclusivamente por delin-


cuencia organizada.49 Para efectos penales, esto significa que el
tipo no sirve verdaderamente a los fines de protección anticipada
de bienes jurídicos. Su utilidad radica, por un lado, en sus efectos
simbólicos, en la medida en que su existencia permite manifestar
que se está haciendo lo necesario para combatir al crimen orga-
nizado y sancionarlo adecuadamente, y por otro, en la aplica-
ción de un régimen procesal extraordinario que restringe varias
garantías.
Es cierto que la ciencia jurídico-penal del siglo XXI debe
ocuparse de diversas cuestiones incorporadas a los sistemas ju-
rídicos de nuestro tiempo, cuyas características —al igual que
los fenómenos sociales que han motivado su aparición— no se
adecuan a las construcciones dogmáticas forjadas en épocas an-
teriores, sobre todo en el siglo pasado. Un ejemplo evidente es la
responsabilidad penal de las personas jurídicas.50 Sin embargo,

Tesis P. XXV/2002, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena época,


Registro 186614, t. XVI, julio de 2002, p. 8.
49 Mediante solicitud de información se pidió al Consejo de la Judicatura
Federal que informara acerca del número de sentencias condenatorias exclusi-
vamente por el delito de delincuencia organizada desde el 7 de noviembre de
1996 (fecha de publicación de la LFDO). La respuesta obtenida fue que “de la
búsqueda realizada en la base de datos del Sistema Integral de Seguimiento de
Expedientes (SISE), no se advirtió registro alguno con los criterios solicitados,
de ahí que la respuesta a la información sea igual a CERO”.
50 Sobre el particular, Roxin manifiesta: “Es cierto que, como el «futuro»
se ve puesto en peligro menos por personas individuales que por colectivida-
des, habrá que desarrollar sobre todo en este campo nuevas estructuras de im-
putación, como pone de relieve la discusión vivamente apasionada sobre el
Derecho penal de las personas jurídicas”. Derecho penal. Parte general, cit., t. I, p.
62. Alicia Azzolini considera que la doctrina mexicana “sigue debatiéndose
entre las dificultades dogmáticas para aceptar la responsabilidad penal de las
personas colectivas y la conveniencia político-criminal de su aceptación”. “La
responsabilidad penal de las personas jurídicas: evolución de la legislación y
la doctrina”, en García Ramírez, Sergio e Islas de González Mariscal, Olga
(coords.), Evolución del sistema penal en México. Tres cuartos de siglo, México, Instituto
Nacional de Ciencias Penales-UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas,
2017, pp. 331 y 334. Cfr., asimismo, Azzolini Bincaz, Alicia y Quintero, María

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24 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

no es menos cierto que resulta legítimo y necesario cuestionar


formulaciones teóricas cada vez más abstractas y complejas para
justificar la compatibilidad de ciertas normas jurídicas, que esti-
mamos excesivas, con los principios propios del derecho penal.51
Si la justificación para sancionar a quien incurre en delin-
cuencia organizada es la probabilidad de que en el futuro cometa
determinados ilícitos, en realidad se está formulando un juicio de
peligrosidad al amparo del derecho penal de autor, que no tiene
cabida en un Estado constitucional. Ahora bien, si la sanción se
basa en la alteración de la paz social, el orden público o la segu-
ridad cognitiva, dicha perturbación sólo se actualizará cuando la
organización criminal lleve a cabo, efectivamente, sus propósitos
delictivos. La preparación de éstos, con anterioridad a los hechos
que los actualizan, se realiza en la sombra, fuera de la mirada pú-
blica; en ese momento no existe la alteración que supuestamente
justifica sancionar al agente de la delincuencia organizada.52
Ya dijimos que el artículo 16 constitucional contiene una de-
finición de la delincuencia organizada. Por otra parte, el artículo
19 de la propia carta magna incluye a este delito en el catálogo de
conductas que traen consigo la aplicación de prisión preventiva

Eloísa, Responsabilidad penal de las personas jurídicas. Un acercamiento a la temática,


México, Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2019; Ontiveros Alonso, Mi-
guel, “¿Para qué sirve el compliance en materia penal? (a propósito del Código
Nacional de Procedimientos Penales)”, en García Ramírez, Sergio e Islas de
González Mariscal, Olga (coords.), El Código Nacional de Procedimientos Penales.
Estudios, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2016, pp. 139-
154, y Derecho penal. Parte general, México, Instituto Nacional de Ciencias Penales-
Ubijus-Alexander von Humboldt Stiftung/Foundation, 2017, pp. 145-153.
51 Cancio Meliá alude a “una presión de legitimación especial” para las
normas penales avocadas a combatir la delincuencia no convencional. “El in-
justo de los delitos de organización…”, cit., p. 250.
52 En sentido similar, cfr. Hernández-Romo Valencia, El delito de delincuencia
organizada…, cit., p. 18. Este jurista menciona que “no se puede olvidar que estas
conductas son delitos que son secretos, en realidad no habrá el mentado «peli-
gro público», dicho peligro será una idea, casi imposible de probar; ni tampoco
se podrá hablar de perturbación jurídica ni de conmoción en la confianza de la
comunidad en la vigencia del Derecho”. Idem.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 25

oficiosa. Si la Constitución dispone la aplicación de esta medida


en los casos de delincuencia organizada, que se encuentra limita-
da conceptualmente en el artículo 16, no es posible extender su
aplicación —ni la de otras restricciones de derechos previstas en
la carta magna para los imputados por este delito— a otros su-
puestos, por más que se les quiera incluir como parte del régimen
especial. En este sentido, es inconstitucional el artículo 3o. de la
LFDO, que estipula la mencionada medida cautelar de manera
oficiosa para los delitos previstos en los numerales 2o. bis y 2o.
ter, puesto que constitucionalmente no pueden ser tenidos como
delincuencia organizada.
Desde su origen, la LFDO ha previsto dos rangos de puni-
bilidad. El más elevado se aplica cuando la organización tiene
como objetivo la comisión de delitos contra la salud; el menos
riguroso, cuando vienen al caso los demás delitos del catálogo.
La reforma de 2016 amplió el conjunto de delitos cuya comisión
se sanciona con las penas más severas: operaciones con recursos
de procedencia ilícita, trata de personas, secuestro y delitos en
materia de hidrocarburos.
Vale la pena recordar de nuevo el principio ne bis in idem. En
el supuesto de que se sancionen tanto los delitos-objetivo como
la delincuencia organizada —como ha ocurrido siempre en el
sistema mexicano—, no es válido tomar como referencia dos ve-
ces el desvalor de aquéllos: la primera, para determinar la pena
correspondiente a la delincuencia organizada, y la segunda, para
el mismo efecto en relación con los delitos-objetivo.

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III.
LAS “NUEVAS” TÉCNICAS
DE INVESTIGACIÓN

La reforma de 2016 incorporó a la LFDO varias figuras y medidas


extraordinarias destinadas a facilitar el descubrimiento de la ver-
dad. El hallazgo de la verdad cuenta como principio o fin —según
la perspectiva desde la que se contemple— del proceso penal en
los términos de la reforma de 2008 al artículo 20 constitucional.
En este sentido, sustenta la legitimidad de la justicia y del quehacer
jurisdiccional.53
Entre las medidas aportadas por la reforma de 2016 apare-
ció el agente encubierto. El artículo 11 dispone que el titular del
Ministerio Público de la Federación —hoy el Fiscal General de

53
Michele Taruffo destaca el valor verdad en el proceso: “ese valor —la ver-
dad— existe y… es relevante… la administración de justicia constituye un sec-
tor importantísimo de la vida social y de la actividad del Estado, de modo que
en ella debieran reencontrarse los mismos valores de verdad que representan…
los criterios constitutivos del correcto funcionamiento del sistema sociopolítico”.
Simplemente la verdad. El juez y la construcción de los hechos, trad. de Daniela Accatino
Scagliotti, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 114 y 115. Advierte: “a menudo
el valor de la verdad en el contexto de la administración de justicia es negado
por razones ideológicas, relativas a la forma en que se concibe la naturaleza y la
función del proceso”. Il proceso civile “adversary” nell’esperienza americana, Padova,
CEDAM, 1979, p. 125. Impugna, a este respecto, el procedimiento adversarial:
es “estructuralmente inadecuado, y resulta incluso fuertemente contraindicado
para la búsqueda de la verdad, además de fundarse en una ideología de la jus-
ticia que no reconoce a la verdad ningún valor positivo”. Ibidem, p. 129; es in-
capaz de garantizar el descubrimiento de la verdad. Cfr. ibidem, p. 131. No lo ha
entendido así la legislación reglamentaria, desatención que no examinaremos
ahora (al respecto, cfr. García Ramírez, Sergio, El procedimiento penal. Constitución y
Código Nacional, con la colaboración de Eduardo Rojas Valdez, México, Porrúa-
UNAM, 2018, pp. 193 y ss.).

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28 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

la República— o el servidor público en quien éste delegue la co-


rrespondiente facultad, puede autorizar operaciones encubiertas
a fin de investigar “las estructuras de organización, formas de
operación y ámbitos de actuación e identidad” —esto último fue
incorporado por la enmienda analizada—. Con ese propósito se
proporcionará una nueva identidad a los agentes del orden pú-
blico. El artículo 11 bis previene que “ninguna persona podrá ser
obligada a actuar en operaciones encubiertas”.
Esta figura ha merecido la crítica de un importante sector
de la doctrina, que suele señalar el detrimento que supone para
el derecho a la intimidad. Al final del día, se trata de un agente
estatal que finge una identidad diversa, con el objetivo de ganar
la confianza de la persona investigada —sobre cuya responsabi-
lidad penal no existe prueba plena—, a la que se hace creer que
el servidor público es un particular.
Belem Martínez Bolaños advierte que la figura del agente
encubierto se basa en el engaño. Es cierto que otras técnicas de
investigación implican necesariamente este elemento, como la vi-
gilancia o la intervención de comunicaciones, pero en el caso del
agente encubierto el engaño llevará a que el agente

trabe amistad, confraternice, o simplemente “trabaje” con diver-


sos sujetos a los que terminará conociendo, y ello supone que
conversará con ellos, en ocasiones tendrá que entrar en lugares
cerrados, incluso domicilios de estas personas, podrá conocer
sus comunicaciones, etc., lo que significa que de un solo golpe, el
“engaño” pone al agente infiltrado ante la posibilidad de afectar
varios derechos fundamentales como son la intimidad, la inviola-
bilidad del domicilio, el secreto de las comunicaciones, etc.54

54 “El agente encubierto como medio de prueba extraordinaria contra el


crimen organizado”, Derecho Penal Mínimo. Revista de Análisis Jurídico Penal, Méxi-
co, núm. 10, octubre 2010, p. 50. Para Flavia Lamarre, “el agente encubierto
hunde sus raíces en el sistema inquisitivo. Detrás de esta figura se alza el objeti-
vo final de averiguar la verdad a cualquier precio… El agente encubierto supo-
ne la presencia continua del Estado en la esfera de intimidad de una persona, al
punto que puede saber mucho más de ella que aquello estrictamente necesario

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 29

Los derechos fundamentales no son ilimitados —oración fre-


cuentemente recordada por los legisladores—, pero las restric-
ciones que se les impongan deben satisfacer ciertas condiciones
de idoneidad, necesidad y proporcionalidad. Para atenderlas, lo
idóneo es que sea la autoridad judicial la que autorice las restric-
ciones, considerando las circunstancias del caso.
De los preceptos citados se desprende que la LFDO no inclu-
ye esta garantía, en tanto faculta al propio titular del Ministerio
Público a decidir la procedencia de la medida. Ese titular es una
autoridad, que en este caso actúa con parcialidad; por ello es
preciso que la potestad de aprobar la restricción a derechos hu-
manos quede en manos de un tercero: el juzgador.
Es evidente que la exclusión de la intervención judicial pre-
tende favorecer la secrecía de la operación y evitar filtraciones de
información que pongan aquélla en riesgo, e incluso representen
un peligro para la vida de los agentes. Empero, no es posible utili-
zar esta medida indiscriminadamente; su carácter extraordinario
supone que sólo se les utilice cuando no exista otro medio para
allegarse evidencia. He aquí otra razón para que el empleo de
agentes encubiertos se sujete al control de juzgadores de alto nivel.
Obviamente, el agente encubierto incurrirá en la comisión
de conductas típicas, cuando menos a título de delincuencia or-
ganizada. En principio, dichos comportamientos no serán cons-
titutivos de delito, porque estarán justificados con base en el
cumplimiento de un deber jurídico previsto en la fracción VI del
artículo 15 del Código Penal Federal.55 Lo anterior no significa
que el agente pueda realizar cualquier conducta; su calidad de

para obtener una condena judicial”. “Agentes encubiertos y criminalidad orga-


nizada: derechos y demagogia”, Lecciones y Ensayos, Buenos Aires, Universidad
de Buenos Aires, núm. 88, 2010, p. 183.
55 Beatriz García Sánchez analiza otras opiniones doctrinales en torno a la
no configuración de delitos a partir de la conducta de los agentes encubiertos.
Cfr. “Medios legales en la persecución de la delincuencia organizada eficaces y
legítimos”, en Morán Blanco, Sagrario, Ropero Carrasco, Julia y García Sán-
chez, Beatriz, Instrumentos internacionales en la lucha contra la delincuencia organizada,
Madrid, Dykinson, 2011, pp.136-138.

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30 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

servidor público lo coloca en una posición de garante de deter-


minados bienes jurídicos. Además, es necesario observar la fina-
lidad específica de la figura analizada: indagar la existencia de
delitos y la responsabilidad de ciertos sujetos. Por ende, es preciso
valorar en cada caso la racionalidad de la actuación del agente
encubierto, que a su vez permitirá aplicar la excluyente mencio-
nada. Si éste enfrenta el dilema de proteger bienes jurídicos o
tener éxito en la investigación encomendada, debe optar por la
primera alternativa.56
Se incorporaron al artículo 11 bis 1 otras novedades sobre
técnicas de investigación, cuya aplicación tampoco requiere au-
torización judicial, al amparo de una redacción que en algunos
casos resulta vaga o ambigua. Así, la fracción I se refiere a “me-
dios e instrumentos y cualquier herramienta que resulten nece-
sarios para la generación de inteligencia”. La aplicación de esta
técnica se reduce a lugares públicos. Aquí es posible incluir múl-
tiples acciones, cuya operación será legítima cuando no ponga en
juego la vigencia de derechos humanos.
La fracción II menciona la “utilización de cuentas bancarias,
financieras o de naturaleza equivalente”. Esta técnica genera va-
rias incógnitas: ¿utilización para qué?, ¿de qué forma?, ¿las cuen-
tas corresponden a sujetos investigados? De ser esto último, sería
estrictamente necesaria la intervención judicial. Además, consi-
dérese que las acciones que el Estado puede ejercer sobre cuentas
de particulares en el desarrollo de una investigación no son más
que medios de análisis o, en todo caso, medidas cautelares con-
sistentes en la inmovilización de recursos, lo que dista mucho de
constituir una “utilización”.
En la fracción III se alude a la vigilancia electrónica. Las al-
ternativas son diversas, y muestran el valor que puede aportar la

56 Cfr., en similar sentido, Bolaños Martínez, “El agente encubierto…”, cit.,


p. 60, y Santiago Vasconcelos, José Luis et al., “Operaciones bajo cobertura”, en
Herrán Salvatti, Mariano et al. (coords.), Análisis, técnicas y herramientas en el combate
a la delincuencia organizada y corrupción. Con fundamento en la Convención de Palermo, Mé-
xico, Fiscalía General del Estado de Chiapas-Ediciones Coyoacán, 2007, p. 97.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 31

tecnología para la investigación del delito. Ahora bien, la vigilan-


cia no autorizada por un juez sólo será válida cuando se ejerza
en lugares públicos; de lo contrario, se invadirá el terreno de los
derechos humanos. La fracción IV prevé el seguimiento de per-
sonas. Es evidente la utilidad de esta medida, pero preocupa la
falta de previsión sobre sus límites temporales u operativos.
La fracción V menciona la colaboración de informantes. No
existe claridad sobre el contenido exacto de esta figura. Por su-
puesto, el Código Nacional de Procedimientos Penales ya consi-
dera la prueba testimonial. Por lo demás, la LFDO otorga ciertas
ventajas a los integrantes de grupos delictivos organizados que
aporten información, tema recogido en los artículos 35 y subse-
cuentes, que analizaremos infra. En fin de cuentas, ¿quiénes son
estos informantes? ¿Cuál es su diferencia con los testigos y con los
colaboradores? Pudiera resultar inútil esta disposición legal por
carencia de contenido específico.
Finalmente, la fracción VI brinda fundamento a la figura de
usuarios simulados, cuya naturaleza es similar a la de los agentes
encubiertos. No se trata de servidores públicos que simulan in-
corporarse a las filas de la delincuencia organizada, sino de falsos
“clientes”, personas que recurren a los “servicios” proporciona-
dos por las estructuras criminales a fin de generar prueba sobre
la responsabilidad de ciertas personas.
Pongamos énfasis en la acción descrita: no se busca obtener
prueba o descubrir evidencia, sino generarla, construirla, fabri-
carla, es decir, provocar un hecho que no existiría sin la inter-
vención del usuario simulado. Por ello es inadecuado llamarla
“técnica de investigación”: en realidad no se está indagando la
existencia de un delito cometido, sino provocando la realización
de una conducta ilícita. De ahí que Manzini considere que la
práctica de esta figura constituye una “semplice commedia”.57

57 Salama, Maamoun, L’agente provocatore, Milán, Dott. A. Giuffré editore,


1965, p. 26.

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32 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

La figura del usuario simulado coincide con lo que la doc-


trina ha denominado “agente provocador”; es más amplio el al-
cance de este concepto, pero en todo caso se trata de una perso-
na que genera las condiciones fácticas para la aparición de una
conducta delictiva cometida por un tercero. El mismo Carrara
se refirió críticamente a esta figura: “Es satánico el papel del que
induce a Ticio a cometer un delito para denunciarlo y arruinarlo.
Y es, además, infamia execrable, cuando ese papel lo representan
agentes gubernativos por fines políticos”.58
Dado que nos hallamos ante una simulación, en el más literal
de los sentidos, cabe preguntarse si es posible sostener que la con-
ducta provocada reúne todos los elementos para ser considerada
delictuosa. En la medida en que el comportamiento provocado
se presenta en un “ambiente controlado”, no existe posibilidad
real de daño o puesta en peligro para el bien jurídico tutelado.
La conducta no será típica si, por ejemplo, la víctima de trata
de personas es una actriz o un actor que asumen la apariencia de
víctimas, o si no existe riesgo para la salud pública cuando se pro-
voca la compra de narcóticos de un falso cliente.
Por ello, Camilo Sampedro Arrubla, quien califica al agen-
te provocador como una “zona de no derecho”,59 considera que
mediante el uso de esta figura únicamente será posible obtener
prueba de la tendencia a delinquir de una persona, mas no de la
concreta aparición de un delito.60 En consecuencia, el resultado
obtenido no será válido para sustentar la atribución de responsa-
bilidad en un modelo que se basa en el derecho penal de hecho,
y que niega, por tanto, la peligrosidad como factor para la impo-
sición de una pena.
Algunos autores estudian el problema con base en el delito
imposible, en tanto existe un objeto inidóneo o los medios em-
58 Programa de derecho criminal. Parte general, Bogotá, Temis, 1996, vol. I, pp.
297 y 298.
59 “El agente provocador frente a la Constitución nacional”, Derecho Penal
y Criminología. Revista del Instituto de Ciencias Penales y Criminológicas, Bogotá, vol.
XXII, núm. 71, enero-abril, 2001, p. 19.
60 Ibidem, p. 22.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 33

pleados pueden tener este carácter en virtud de la situación parti-


cular en la que se presentan.61 Maamoun Salama distingue entre
la inexistencia y la invulnerabilidad del objeto. Sostiene que el
hecho de que existan los mecanismos para que la conducta no
produzca verdaderos efectos lesivos no impide que en abstracto
se trate de una conducta idónea, que no pierde esa característica
por la presencia de circunstancias exteriores.62
El usuario simulado no podría ser un auténtico instigador,
porque existe una diferencia importante entre “acelerar” una
conducta que eventualmente ocurriría, y generar la idea crimi-
nal.63 En cualquier caso, es temerario sostener que el delito se
produciría aun sin la intervención del usuario simulado. Si así
fuera, no sería necesario recurrir a esta figura; bastaría la vigilan-
cia en espera de un hecho verdadero.

61
Torres y Marrazzo, “El agente provocador…”, cit., p. 1. Estos autores
señalan: “Esta imposibilidad de realización del daño no es accidental, como lo
sería si hubiese supuesto una circunstancia sobrevenida durante el curso de la
acción, sino que es inicial, preconstituida, estando, desde el principio al fin, ex-
cluido el peligro para el interés protegido. Los actos realizados tienen, en todo
caso, una idoneidad solamente aparente, ya que el resultado al cual se dirigen
es del todo irrealizable. Si cualquier motivo puede determinar la inexistencia
del delito por inidoneidad de la acción, la intervención del agente provocador
(copartícipe simulado) resta totalmente eficacia a la conducta común y excluye
toda posibilidad de daño o peligro para el bien jurídico, ya que su actividad
si es inicial y preconstituida, supone y contiene un obstáculo que impide de
modo absoluto la consecución del resultado y produce, por consiguiente, la
insubsistencia del delito. Desde este punto de vista no cabe duda que podríamos
afirmar que la consumación es imposible y la tentativa inidónea”. Ibidem, p. 2.
Cfr., igualmente, Salama, L’agente provocatore, cit., pp. 21-26.
62 Salama, L’agente provocatore, cit., pp. 42-45.
63 Bolaños Martínez, “El agente encubierto…”, cit., p. 63, y Salama, L’agente
provocatore, cit., pp. 13 y 77.

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IV.
EL ASEGURAMIENTO AMPLIADO

El artículo 29 de la LFDO ha contemplado desde su publicación


el “aseguramiento de bienes susceptibles de decomiso”, es decir,
la aplicación de una medida cautelar para asegurar la eficacia de la
pena privativa de propiedad que pudiera aplicarse, eventualmen-
te. Sin embargo, la formulación original de esa medida exigía que
hubiera autorización judicial para aplicarla. Tras la reforma de
2016, el precepto comentado dispone que “el agente del Ministe-
rio Público podrá dictar el aseguramiento de los bienes de dicha
persona, así como de aquéllos respecto de los cuales ésta se con-
duzca como dueño, quedando a cargo de sus tenedores acreditar
la procedencia legítima de dichos bienes, en cuyo caso ordenará el
levantamiento de la medida”.
A pesar de que el capítulo séptimo de la ley, que contiene
esta figura, se titula “Del aseguramiento de bienes susceptibles
de decomiso”, el alcance de la medida va mucho más allá de
este marco conceptual. De acuerdo con el artículo 40 del Códi-
go Penal Federal, el decomiso opera en relación con los bienes
que sean instrumentos, objetos y productos del delito; empero, el
aseguramiento de la LFDO se refiere simplemente a “los bienes
de dicha persona”. En otras palabras, es posible asegurar todo el
patrimonio de un individuo al que se investiga por delincuencia
organizada y, además, los bienes respecto de los cuales se conduz-
ca como dueño.
La LFDO deslinda esta medida del aseguramiento genérico
previsto en el Código Nacional de Procedimientos Penales. Es
cierto que este último tampoco exige autorización judicial, pero
sólo se refiere a los bienes que pudieran ser instrumentos, objetos
o productos del delito. La fórmula de la LFDO parece provenir
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36 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

de una insostenible presunción: todo el patrimonio de una perso-


na investigada —no sentenciada— por delincuencia organizada
tiene un origen ilícito.
Sin embargo, la LFDO no regula el decomiso, que seguirá
corriendo conforme al Código Nacional de Procedimientos Pe-
nales y al Código Penal Federal. Por ello, el objetivo no parece ser
cautelar, puesto que a pesar de que se asegure todo el patrimonio
de las personas investigadas por delincuencia organizada, sólo se
podrán decomisar los bienes antes mencionados. Probablemente,
el fin que pretende la norma sea impedir que el imputado acce-
da a su patrimonio en el curso del proceso penal, acceso que le
permitiría seguir operando y sobornar a funcionarios o particu-
lares, a pesar de encontrarse sometido a prisión preventiva, por
ejemplo.
El artículo 30 amplía el ámbito de posibilidades: bienes res-
pecto de los cuales existan indicios razonables para establecer
que son propiedad de un sujeto que forma parte de la delincuen-
cia organizada. Bajo este supuesto, ya no se trata de bienes cuya
propiedad corresponda, con certeza, al sujeto investigado, y tam-
poco de aquellos con respecto a los cuales actúe como tenedor,
sino de bienes sobre los que existe la sospecha de que forman
parte del patrimonio de aquél.
Por supuesto, el legislador fue “bondadoso” y permitió que
los afectados pudieran demostrar la procedencia legítima de sus
bienes. Empero, incurrió en un ligero olvido: en un Estado cons-
titucional el deber de demostrar las razones en las que se sustenta
la medida corresponde a los servidores públicos; los ciudadanos
no están obligados a acreditar el origen lícito de sus bienes.
Cuando se analizan este género de medidas queda de mani-
fiesto la bifurcación del sistema penal, que mencionamos supra.
Por un lado, se despliega el régimen ordinario, con aspiracio-
nes garantistas, que diseña la aplicación de una medida ­—como
el aseguramiento— conforme a su justa dimensión y teleología:
servir como medida cautelar para asegurar la imposición de una
pena. Por otro lado, la misma figura, aplicada a los enemigos del

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 37

Estado, opera de una forma más agresiva y con menos controles,


a partir de finalidades cuestionables.
La intensidad de un aseguramiento exige la intervención
judicial. Como ya se mencionó, el Poder Legislativo conside-
ró oportuno prescindir de ella al modificar el artículo 29 de la
LFDO, a fin de facilitar la labor de las autoridades encargadas
de la persecución del delito. ¿Cuál era el problema? Después de
todo, sólo se trata de derechos humanos.

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V.
CRITERIOS DE OPORTUNIDAD
Y COLABORADORES

Desde su emisión, la LFDO ha contemplado mecanismos de co-


laboración con los miembros de la delincuencia organizada. Sus
efectos varían de acuerdo con el momento en que el individuo
se acerca a la autoridad.64 La LFDO reconoce la vocación “ne-
gociadora” del Código Nacional de Procedimientos Penales:65 el
artículo 35 de aquella ley, cuyo texto actual se debe a la reforma de
2016, advierte que las reglas relativas a esa materia se aplicarán sin
perjuicio de las contenidas en el Código Nacional respecto de los
criterios de oportunidad y el procedimiento abreviado.
Ya se dijo que la LFDO fue pionera al introducir institucio-
nes que permiten negociar la pena con el procesado, siempre que
éste contribuya al propósito de acreditar la responsabilidad de
otros integrantes de las estructuras criminales, teóricamente con
mayor responsabilidad. Tras la reforma de 2016, el artículo 35
señala que se aplicarán ciertas reglas “cuando alguna persona co-
labore eficazmente con el agente del Ministerio Público de la Fe-
deración, en la investigación y persecución de quien forme parte
de la delincuencia organizada o delitos vinculados a ésta”. No es
claro cuáles son estos últimos delitos; probablemente los nuevos
contenidos en los artículos 2o. bis y 2o. ter.
Se introduce también un párrafo que genera confusión. Éste
señala: “Para efecto del ejercicio de la acción penal que en su
caso el agente del Ministerio Público de la Federación deba rea-
lizar éste se apoyará en el criterio de oportunidad a fin de al-

64
García Ramírez, Delincuencia organizada…, cit., pp. 127 y ss.
65
García Ramírez, El procedimiento penal…, cit., pp. 526 y ss.

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40 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

canzar el éxito de la investigación”. En realidad, los criterios de


oportunidad no sirven para alcanzar el éxito de la investigación.
Aunque aparejan la extinción de la acción penal y, por tanto, del
procedimiento, no implican que se haya conocido la verdad so-
bre el delito cometido o la responsabilidad de su autor.66 Además,
como se desprende de lo que hemos mencionado, la aplicación
de esta figura impide aplicar en su totalidad la pena correspon-
diente al delito cometido. En cambio, bajo la LFDO la conse-
cuencia es la disminución de las sanciones, mas no la exclusión
total de la pena, con la salvedad de lo previsto en la fracción I,
que menciona que los antecedentes de investigación que aporte
o se obtengan con la ayuda del colaborador no podrán ser usa-
dos en su contra, lo que eventualmente puede llevar a una total
inmunidad. Nos hallamos, pues, ante un criterio de oportunidad
específico o modalizado para la delincuencia organizada.
Una crítica formulada en torno a estos beneficios es que su
aplicación vulnera los principios de culpabilidad y proporcionali-
dad. En efecto, la sanción impuesta no depende de la responsabi-
lidad del agente o de la lesión ocasionada al bien jurídico tutela-
do, sino de la información aportada por el sujeto y del momento
en que se presente dicha información. A pesar de que el párrafo
séptimo del artículo 35 señala que se tomarán en consideración
las circunstancias exteriores de ejecución, las peculiares del delin-
cuente y la gravedad de los delitos cometidos por el colaborador,
la consecuencia penal se asocia en la mayor medida, como ya se
indicó, a otros factores totalmente ajenos al delito cometido.
El artículo 35 bis, introducido por el decreto de reforma de
2016, determina que habrá colaboración eficaz, de la que de-
pende la reducción de la pena, cuando la información propor-
cionada se traduzca en la interrupción del delito, en la preven-
ción de otros ilícitos de la misma naturaleza o en la obtención
de prueba acerca de la responsabilidad penal de personas con
funciones de supervisión, dirección o administración dentro de
66 Acerca del principio de oportunidad en la normativa procesal vigente en
México, cfr. ibidem, pp. 501 y ss.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 41

una organización criminal. Además, se requiere que los delitos


evitados o comprobados revistan mayor gravedad que los ilícitos
por los que se conceden los beneficios. En consecuencia, las per-
sonas que formen la estructura de mando de las organizaciones
sólo podrán acceder a estas figuras cuando colaboren para la
detención o persecución de otros integrantes de la misma jerar-
quía o nivel.
El precepto comentado restringe también la aplicación de
los beneficios cuando se trate de delitos que involucren víctimas,
como el secuestro, a menos que la información proporcionada
impida la comisión o continuación del ilícito. Esta disposición se
refiere a los delitos-objetivo, puesto que el tipo de delincuencia
organizada no supone, per se, la existencia de víctimas.
Finalmente, se establece que la información que brinde el
colaborador deberá estar sustentada en otros datos o medios de
prueba. La LFDO señala que para determinar lo anterior se to-
mará en cuenta: I) la jerarquía y número de los miembros dete-
nidos de la delincuencia organizada; II) el delito o delitos cuya
comisión o continuación se evitó; III) la calidad y cantidad de los
objetos, instrumentos o productos del delito asegurados, y IV) el
nivel de afectación a las estructuras financieras o de operación.
En rigor, nada de esto demuestra que la información proporcio-
nada por el colaborador se sustente en otros medios de prueba,
aunque los puntos mencionados pudieran ser un indicador sobre
la eficacia de la prueba. En fin de cuentas, la severidad de la pena
aplicable depende primordialmente de la colaboración, no del
hecho cometido o de la culpabilidad del agente.
Si el factor de más relevancia para la imposición de la pena
reside en la calidad de la información y no en la intervención
del sujeto en el hecho delictivo o la magnitud de éste, el mayor
beneficiario de estas disposiciones legislativas es quien tiene más
amplio conocimiento acerca de las actividades ilícitas de la or-
ganización criminal y, probablemente, mayor control sobre ésta.
Por lo tanto, esos sujetos obtendrán los mayores beneficios. En
cambio, quienes tengan menor conocimiento de las operaciones

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42 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

delictivas de la agrupación no podrán beneficiarse de la negocia-


ción sobre la pena aplicable.67
Es fácil comprender las críticas y dudas que suscita la figura
que ahora analizamos. En definitiva, los fines de justicia, pre-
vención general y prevención especial del sistema penal ceden
frente al reconocimiento por parte del Estado de su incapaci-
dad para alcanzar una sentencia condenatoria valiéndose de los
instrumentos propios del derecho penal democrático. El poder
público pretende justificarse aduciendo que de otra manera sería
muy difícil atribuir responsabilidad a las cabezas de las estructu-
ras criminales, que no suelen cometer materialmente los delitos.
Se trata de una valoración de costo-beneficio: por una parte, se
favorece la impunidad de algunos sujetos, pero por otra se obtie-
nen elementos de prueba que permiten sancionar a los dirigen-
tes, provocando con ello —así se espera— la desarticulación de
la organización criminal.68 En alguna medida, la lógica de esta
opción penal descansa en la idea de que se puede acabar con la
delincuencia organizada inhabilitando a sus líderes, como si se
tratara de una especie que sea posible exterminar.
Roberto Ochoa Romero se ha ocupado de analizar el valor
probatorio de la declaración del colaborador, que puede actuar
bajo una “coacción premial”, precisamente porque su coopera-
ción se basa en la expectativa de que se reduzca su sanción. Ade-
más, pueden venir a cuentas otros móviles, como la venganza

67
Dagdug Kalife, Alfredo, La prueba testimonial ante la delincuencia organizada,
México, Porrúa-Universidad Anáhuac, 2006, p. 220; Vega Dueñas, Lorena Ce-
cilia, La protección de testigos en delitos de criminalidad organizada, Barcelona, Bosch,
2016, pp. 120-123; Ochoa Romero, Roberto A., “La llamada reforma consti-
tucional penal y la inserción del régimen de privilegio para el arrepentido cola-
borador de la justicia”, Criminogenésis, México, año 2, núm. 7, octubre de 2010,
p. 122, y Sánchez García de Paz, Isabel, “El coimputado que colabora con la
justicia penal”, Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, Granada, núm. 7,
2005, pp. 6-9.
68 Pérez Daza, Alfonso, “Sistema procesal acusatorio y delincuencia orga-
nizada”, en Varios, Análisis, técnicas y herramientas en el combate a la delincuencia orga-
nizada y corrupción…, cit., p. 213.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 43

o el odio. También es posible que se incurra en falsedades para


inculpar a una persona y evadir la responsabilidad de quien de-
clara. En sentido estricto, este colaborador no es un imputado,
porque no se está juzgando su responsabilidad, a pesar de que sus
declaraciones pudieran involucrarlo en hechos delictivos. Tam-
poco es un testigo, propiamente, en tanto no es un tercero ajeno
a la litis.69
En el caso Labita contra Italia, el Tribunal Europeo de De-
rechos Humanos reconoció que “es consciente de que la cola-
boración de los «arrepentidos» representa un instrumento muy
importante en la lucha que mantienen las autoridades italianas
contra la mafia”; no obstante, también advirtió que su utilización
tiene limitaciones probatorias, puesto que

plantea un cierto número de problemas delicados ya que, por su


misma naturaleza, este tipo de declaraciones pueden ser el resul-
tado de manipulaciones, de perseguir únicamente como finalidad
la obtención de los beneficios que la ley italiana concede a los
“arrepentidos” o también ser objeto de venganzas personales.

69 “La llamada reforma constitucional penal…”, cit., p. 124, y “La nego-


ciación de la responsabilidad penal en el ámbito del crimen organizado. El
caso del arrepentido colaborador de la justicia”, Ars Iuris, México, núm. 40,
2008, pp. 127, 128 y 142-145. Véase también Vega Dueñas, La protección de
testigos…, cit., pp. 120-123 y 283-287, y Sánchez García de Paz, “El coimpu-
tado…”, cit., pp. 9 y 22. Esta última sostiene: “Debemos hacer notar que la
colaboración no se incentiva mediante la concesión de un beneficio —técnica
que sí podríamos considerar legítima dentro de ciertos límites—, sino median-
te la evitación de un perjuicio, en ambos casos, dado el contexto, nos referimos
a beneficios y perjuicios en el régimen de ejecución de la pena privativa de
libertad. No se está ofreciendo al condenado una oportunidad para recibir
a cambio de su colaboración un beneficio penitenciario sino que la colabo-
ración se instituye en el único medio que permite evitar la aplicación de un
régimen penitenciario de excepcional rigor y divergente del indicado para el
condenado de conformidad con los principios que rigen el régimen general
de cumplimiento penitenciario y en particular con el principio constitucional de
orientación de la pena privativa de libertad a la reinserción social del conde-
nado”. Ibidem, pp. 27 y 28.

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44 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

En este sentido, el mismo Tribunal sostiene que “las decla-


raciones de los “arrepentidos” deben ser corroboradas con otros
elementos”.70
La urgencia de alcanzar buenos resultados en el ámbito de la
seguridad y la justicia penal presiona para recurrir a estas figu-
ras.71 Empero, la experiencia aconseja, cuando menos, utilizarlas
con prudencia, sobre todo si se toma en consideración que el
derecho penal está configurado precisamente para reducir la posi-
bilidad de que una persona inocente sea condenada. De la conse-
cución de este objetivo depende en buena medida la eficacia del
Estado constitucional y del sistema de justicia penal. En las ma-
nos de los agentes del Ministerio Público se encuentra la posibi-
lidad de valorar el interés predominante: recabar la información
que pueda suministrar el colaborador o someterlo a juicio para
que responda plenamente por sus delitos. En la opción entran en
juego dos soluciones: dejar impunes ciertos hechos o sancionarlos
con menor severidad.

70 Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Caso Labita v. Italia, núm.


26772, Sentencia de fondo y de satisfacción equitativa, 6 de abril de 2000.
71 Así como a otras que han comenzado a poblar la normativa penal, desde
el peldaño mismo de la Constitución. Cfr. García Ramírez, Sergio, Seguridad y
justicia penal. Constitución y Plan Nacional. El difícil itinerario hacia un nuevo orden, Mé-
xico, Porrúa, 2019.

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VI.
PRUEBA INDICIARIA

Antes de la reforma de 2016, la LFDO incluía una regla sobre


prueba indiciaria o circunstancial, disposición que resultaba in-
necesaria en tanto no se apartaba del régimen de valoración de la
prueba en el proceso penal ordinario. El artículo 41 mencionaba:
“Los jueces y tribunales, apreciarán el valor de los indicios hasta
poder considerar su conjunto como prueba plena, según la natu-
raleza de los hechos, la prueba de ellos y el enlace que exista entre
la verdad conocida y la que se busca”. El nuevo texto de este pre-
cepto, producto del decreto de reforma de 2016, estipula que los
juzgadores “valorarán aisladamente o en su conjunto los indicios,
según la naturaleza de los hechos, la prueba de ellos y el enlace que
exista entre la verdad conocida y la que se busca”.
Esta disposición se aleja de los estándares establecidos por la
Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia en torno a la prue-
ba indiciaria, puesto que autoriza la valoración de los indicios en
forma aislada, a pesar de que aquella prueba se basa precisamen-
te en la correlación entre éstos, lo que supone necesariamente
una valoración conjunta.
La Primera Sala ha sostenido que la configuración de esta
prueba requiere, entre otros elementos, la existencia de indicios
plurales interrelacionados entre sí, de tal suerte que integren un
sistema argumentativo para acreditar un hecho de manera indi-
recta.72 La prueba indiciaria se construye a partir de la acredi-

72 “Prueba indiciaria o circunstancial. Requisitos que deben cumplir los in-


dicios para que la misma se pueda actualizar”, Tesis 1a. CCLXXXIV/2013
(10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima época, Registro
2004756, libro XXV, octubre de 2013, t. 2, p. 1057.

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46 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

tación de hechos denominados “indicios”, que permiten tener


por cierta una conducta delictiva si se les conecta racionalmente
entre sí, con sustento en la lógica y en la experiencia. En otras
palabras, se puede comprobar la existencia de un delito a través
de hechos probados de manera directa.
La Corte advierte que la estructura de esta prueba es com-
pleja, ya que “no sólo deben encontrarse probados los hechos
base de los cuales es parte, sino que también debe existir una co-
nexión racional entre los mismos y los hechos que se pretenden
obtener”. Esta prueba exige “un proceso racional pormenoriza-
do y cuidadoso” para poder servir de sustento a una sentencia
condenatoria.73 Además, debe valorarse el resto del acervo pro-
batorio a fin de excluir cualesquiera otras hipótesis viables; es
decir, no sólo se considerarán los elementos probatorios que per-
miten llegar a la prueba indiciaria, sino también los que podrían
limitar su viabilidad.74
En virtud de lo expuesto, los juzgadores no pueden valorar
los indicios aisladamente, como sustento de la sentencia conde-
natoria; la única forma de adquirir una convicción que permita
vencer la presunción de inocencia es el ejercicio argumentativo

73 “Prueba indiciaria o circunstancial. Su naturaleza y alcances”, Tesis 1a.


CCLXXXIII/2013 (10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima
época, Registro 2004757, libro XXV, octubre de 2013, t. 2, p. 1058. Otros cri-
terios relevantes son los siguientes: Primera Sala, “Prueba indiciaria o circuns-
tancial. El juzgador debe explicar, en la sentencia correspondiente, el proceso
racional a través del cual la estimó actualizada”, Tesis 1a. CCLXXXVI/2013
(10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima época, Registro
2004753, libro XXV, octubre de 2013, t. 2, p. 1054, y Primera Sala, “Prue-
ba indiciaria o circunstancial. Requisitos que debe cumplir la inferencia lógica
para que la misma se pueda actualizar”, Tesis 1a. CCLXXXV/2013 (10a.),
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima época, Registro 2004755,
libro XXV, octubre de 2013, t. 2, p. 1056.
74 Primera Sala, “Prueba indiciaria o circunstancial en materia penal. Para
que genere convicción en el juzgador deberán descartarse otras hipótesis, a
través de contrapruebas y contraindicios”, Tesis 1a. CCLXXXVII/2013 (10a.),
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima época, Registro 2004754,
libro XXV, octubre de 2013, t. 2, p. 1055.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 47

en el que los hechos plenamente acreditados sirvan para llevar


a la conclusión lógica y necesaria de que el delito fue cometido,
con exclusión de otras posibilidades que generen una duda razo-
nable, en la que se funde la absolución del imputado. Los indicios
sólo pueden conducir a la determinación de la responsabilidad
penal si se les considera conjuntamente, no si se les aprecia aisla-
damente, como lo estipula la LFDO.

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VII.
REFLEXIONES SOBRE LOS RESULTADOS
DE LA LFDO

La teoría del derecho penal del enemigo ha sido frecuentemente


utilizada para calificar la legislación excepcional emitida en varios
países, entre ellos México.75 Sea que se invoque a fin de justificar
la necesidad de tales disposiciones para enfrentar la criminalidad
no convencional, sea que se traiga a cuentas para denunciar las
normas que contradicen principios del derecho penal liberal, esta
construcción teórica es empleada para identificar esquemas nor-
mativos orientados al combate de fenómenos criminales de espe-
cial peligrosidad, a través de instrumentos extraordinarios.
El creador de esa doctrina, el jurista alemán Günther Jak-
obs, ha defendido la neutralidad del concepto, argumentando
que únicamente sirve para designar un conjunto de normas que
reúnen ciertas características, pero que en ningún momento ha
pretendido defender su existencia —aunque ciertamente tampo-
co cuestionarla—. De esta suerte, Jakobs asegura que “el concep-
to de Derecho penal del enemigo juega el papel del «mayor de
los malvados»”, debido a que “su monstruoso aspecto provocó
inmediatamente miedo”; no obstante, sigue diciendo el jurista,
“el concepto goza manifiestamente de una robusta constitución;
hasta ahora ha conseguido sobrevivir a cientos de ataques, y, ade-
más, según el parecer general, con la mejor salud”.76

75
Rojas Valdez, Eduardo, “El derecho penal del enemigo: ¿condición
o negación del Estado constitucional?, Criminalia, México, nueva época, año
LXXXII-2, pp. 228 y ss.
76
Jakobs, Günther, “Prólogo”, en Jakobs y Polaino-Orts, Criminalidad organi-
zada…, cit., p. XIII.

49

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50 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Lo cierto es que la mayoría de las críticas no se dirigen con-


tra el pensamiento de Jakobs o la denominación de su doctrina,
sino que denuncian los riesgos que entraña el empleo de nor-
mas identificadas como derecho penal del enemigo. La principal
justificación de éste reside en el deber del Estado de garantizar
la seguridad de su población; para enfrentar una amenaza par-
ticularmente peligrosa se requiere echar mano de instrumentos
especialmente contundentes.
En palabras de Jakobs,

un Estado de Derecho tiene también determinadas condiciones


de existencia, entre las cuales se encuentra el hecho de que las
personas que quieran verse completamente incluidas en el con-
cepto de Derecho les incumbe un cometido básico, a saber: pre-
sentarse a sí mismas como personas en quienes se puede presumir
que el Estado de Derecho vaya a “sobrevivir” a la inclusión y a la
convivencia con estos sujetos.77

Se sugiere entonces que la existencia de ciertos individuos


tiene el potencial de poner en jaque al Estado y sus instituciones,
por lo que Jakobs reclama:

Aquellos juristas que únicamente piensen en la perspectiva inter-


na terminan por convertirse en defensores a ultranza de ilusiones
o fantasías omnipotentes, y terminan por justificar lo siguiente:
¡Todo es jurídicamente factible! Pero resulta que, como no de-
biera desconocerse, el Derecho presenta determinadas condicio-
nes para su realización… de manera que cuando faltan dichas
condiciones, el Estado de Derecho ha de dar un paso atrás, pre-
cisamente para evitar que el Estado de Derecho sucumba por
completo.78

77 pp. XIV y XV.


Ibidem,
78
Jakobs,insistiendo en su que su postura es la del científico que se limita a
analizar objetivamente un fenómeno, afirma: “ello no me debe de ser atribuido
a mí por propios y autodesignado gobernantes, sino que yo mismo haya llama-
do la atención sobre ello, poniéndolo de manifiesto desde antiguo tanto en el

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 51

La postura contraria, es decir, la que sostiene la necesidad de


conservar límites al poder punitivo a fin de preservar libertades
fundamentales, es calificada de ilusa e irreal. Jakobs concluye:
“Que todo pueda funcionar siempre de manera ideal constituye
un sueño infantil considerablemente errado y corto de vista; la
superación de la crisis requiere, empero, una visión general de
conjunto”.79
El penalista español Polaino-Orts, discípulo del profesor ale-
mán, afirma en la presentación de un libro sobre la materia:

la frase inicial con la que comencé esta presentación al lector


mexicano (La criminalidad organizada se combate mediante el
Derecho penal del enemigo) se completa con esta otra, prescrip-
tiva: La criminalidad organizada únicamente se puede combatir
mediante el Derecho penal del enemigo. De ahí la relevancia de
estudiar seriamente, sin eslóganes pseudocientíficos ni falsos idea-
lismos pseudogarantistas, esta materia. Porque sólo así estaremos
en condiciones de determinar qué forma o formas de tratamiento
especializado de la delincuencia organizada es la preferible y, por
ello, la necesaria para proteger los derechos fundamentales de los
ciudadanos y el Estado de Derecho.80

El principal argumento de los defensores de esta postura ra-


dica en la idea de que todo ordenamiento jurídico requiere un
cimiento cognitivo. Esto significa que la población que orienta
su conducta conforme a ese ordenamiento debe tener la certe-
za de que, en términos generales, la aplicación de aquel sistema

documento o texto de acuñación del concepto «Derecho penal del enemigo»


(de 1985) como en su acta de nacimiento (en el año 2000), así como posterior-
mente, de manera recurrente, en numerosas ocasiones”. Ibidem, p. XV.
79
Ibidem, p. XVI. El mismo autor asevera: “Sería cerrar los ojos a la realidad
si se quisiera negar que pueda existir una tensión entre el concepto de Estado de
Derecho en su grado óptimo imaginable y el Estado de Derecho que sea alcan-
zable en la práctica”. “En los límites de la orientación jurídica: derecho penal del
enemigo”, en Jakobs y Polaino-Orts, Criminalidad organizada…, cit., p. 29.
80
“Presentación al lector mexicano”, en Jakobs y Polaino-Orts, Criminalidad
organizada…, pp. XVII-XIX.

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52 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

de normas está garantizada; sólo así pueden cumplir las normas


su función natural como orientadoras de la actuación de los in-
dividuos. Bajo este entendido, en opinión de los seguidores de
esta línea de pensamiento, dicho cimiento cognitivo se esfumaría
frente a amenazas tan serias como las que representan las estruc-
turas criminales organizadas;81 por ello resulta necesario atenuar
las instituciones propias del Estado de derecho.82
Algunos juristas mexicanos militan en esta línea de pensa-
miento. Es el caso de Urosa Ramírez, quien admite: “Considero
que dentro del concepto de enemigo existen matices y, por ende,
individuos incorregibles especialmente peligrosos, portadores de
una barbarie incalificable. En efecto, no obstante que moralmen-
te me resisto a admitir el Derecho penal del enemigo, la cruel y
durísima realidad mexicana obliga a replantear su necesidad”.83
81 “Los juristas que proceden teoréticamente acostumbran sufrir, no infre-
cuentemente, de fantasías normativistas omnipotentes: ellos no ven que el De-
recho tiene que ser también real si es que pretende brindar orientación social,
así como que ese «ser real» o «existencia real» no puede alcanzarse únicamente
con medios jurídicos, especialmente frente a un enemigo. El Estado de Derecho
es una estructura normativa que requiere de una cimentación cognitiva, si no
hay más remedio también mediante coacción muda. En caso contrario, pierde
el Estado de Derecho su poder de orientación social”. Jakobs, “En los límites de
la orientación jurídica…”, cit., p. 30. Asimismo: “el Estado ofrece verdadera-
mente orientación cuando garantiza, por una parte, juridicidad (como Estado
de Derecho que es), y por otra, también, cuando brinda seguridad (en tanto
Estado de Derecho). Sin embargo, deja de brindar la orientación suficiente
cuando hace frente al terrorismo ofreciéndole el noble metal de máxima juri-
dicidad, yéndose a continuación a pique y sumergiéndose en belleza”. Jakobs,
Günther, “Estado de derecho y combate de peligros. Un esbozo”, en Jakobs y
Polaino-Orts, Criminalidad organizada…, cit., pp. 36 y 37.
82 “Bajo condiciones no ideales, el Estado de Derecho, si no quiere rendirse
completamente, ha de conformarse con lo máximo que puede alcanzar. Ello
disminuye su propia figura de Estado de Derecho, pero, en cambio ofrece una
seguridad que resulta imprescindible para la orientación jurídica”. Jakobs, “Es-
tado de derecho y combate de peligros…”, cit., p. 37.
83 “El Derecho penal del enemigo en el contexto nacional”, Iter Criminis.
Revista de Ciencias Penales, México, cuarta época, núm. 20, marzo-abril 2011, p.
150. Aunque manifiesta ciertos temores, este autor sostiene que: “Ciertamente,
es muy tenue el velo entre una ley tiránica que puede utilizar el Estado con fines

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 53

Cancio Meliá ofrece el siguiente diagnóstico: “Lentamente van


perdiendo fuerza las voces que exigen llanamente la eliminación
de los delitos de organización como contrarios a un sistema jurí-
dico-penal legítimo, y múltiples propuestas y decisiones de am-
pliación del arsenal jurídico-penal dominan sin apenas discusión
el terreno”.84
México es un país particularmente fértil para la introducción
y desarrollo de normas de este género. Durante muchos años
hemos padecido los efectos de la violencia. Los medios de comu-
nicación y las autoridades se han ocupado de dibujar al enemigo
responsable: la delincuencia organizada.85 De ahí se desprende
la pertinencia de reducir los derechos de quienes han dañado tan
brutalmente al pueblo mexicano. Para una sociedad que ha vivi-
do y sigue padeciendo los estragos de la inseguridad, es inacepta-
ble el alegato favorable a los derechos humanos de estos sujetos.
Es indiscutible la entidad y peligrosidad de las estructuras
criminales organizadas; se trata de un problema que debemos
enfrentar con diligencia e inteligencia, sin escatimar esfuerzos.
Y también debe ocuparnos la grave crisis de derechos humanos,
que no siempre recibe la misma difusión. No obstante, es nece-
sario preguntarse si los instrumentos introducidos y los tipos pe-
nales diseñados para combatir a la delincuencia organizada han

perversos, y la ley aplicable al verdadero enemigo. Pero frente a la oprobiosa


realidad, actualmente no se encuentra otro remedio que delimitar al enemigo
dentro de una reglamentación especializada, pugnando porque esta clase de le-
yes algún día desaparezca y no prolifere —aunque en México ésa sea la tenden-
cia— y manteniendo, aun para el enemigo, un mínimo de garantías que sirve
como dique al abuso del poder conforme a un Estado de Derecho. En caso con-
trario, se estará dejando la puerta abierta al Estado totalitario”. Ibidem, p. 151.
84 “El injusto…”, cit., p. 248.
85 José Sáez Capel explica el populismo penal de la siguiente manera: “De
esta forma se domestica a la sociedad, se empuja al ciudadano a un estado
infantil y el sometimiento autoinfringido conlleva como contrapartida, la sa-
cralización del poder como instancia superadora, sustituyendo la participación
política por soluciones mágicas”. “La invención del miedo y la sensación de
inseguridad”, en Reyna Alfaro, Luis Miguel (coord.), Derecho penal y modernidad,
Lima, Ara Editores, 2010, p. 496.

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54 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

cumplido realmente el propósito que adujeron sus promotores y


defensores.
Del 24 de noviembre de 2014 al 31 de diciembre de 2018,
únicamente se han judicializado 94 causas penales por delin-
cuencia organizada.86 Parece un número muy reducido si consi-
deramos que la persecución de estos delitos constituye una de las
prioridades del Estado mexicano en materia de procuración de
justicia y seguridad. Como ya se dijo, durante todo el periodo
de vigencia de la LFDO, en ese conjunto de causas no figura nin-
guna en la que sólo se haya imputado el delito previsto en aquel
ordenamiento.87 A pesar de las medidas previstas en la Constitu-
ción y en la ley mencionada, poco se ha logrado para frenar a los
delincuentes organizados y someterlos a la justicia.
Se podrá decir que la complejidad de estos delitos es mayor
que la correspondiente a otros ilícitos, y que por ello resulta muy
difícil comprobarlos. Sin embargo, esa afirmación es cuando me-
nos discutible. Ciertamente, constituye un reto acreditar la res-
ponsabilidad de los dirigentes de las estructuras criminales. No
es fácil contar con evidencia que los vincule a la comisión de los
delitos-objetivo o permita comprobar su pertenencia a un grupo
organizado,88 además del obstáculo que implican las amenazas
de los delincuentes contra los servidores públicos que actúan en
este sector. Empero, la ambigüedad y amplitud de los términos
que integran los tipos penales contenidos en la LFDO provoca que
diversas conductas puedan encuadrar en los mismos. El resulta-
do del esfuerzo para no dejar fuera del marco penal ninguna ma-
nifestación de la criminalidad organizada ha sido la creación de
86 Consejo de la Judicatura Federal, Quinto Informe al Congreso de la Unión para
los fines previstos en el artículo décimo tercero transitorio del Código Nacional de Procedimien-
tos Penales, México, diciembre 2018, p. 21.
87 Véase nota 49.
88 La dogmática penal se ha ocupado de generar construcciones teóricas
que permitan establecer responsabilidad penal para los líderes de estas estructu-
ras. Cfr. Roxin, Derecho penal. Parte general, cit., t. II, pp. 111 y ss., y Ayala Herrera,
Humberto, Autoría mediata. ¿Autoría intelectual? Su aplicación a los aparatos organizados
de poder, México, Straf, 2018, pp. 141 y ss.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 55

figuras que no logran comprender este fenómeno,89 pero abren la


puerta para someter a un régimen penal, procesal y penitenciario
restrictivo a más personas.
Al referirse al régimen de excepción contra la mafia italiana,
Ferrajoli señala que se han introducido

fórmulas elásticas y con varios significados que, por su indeter-


minación empírica y sus connotaciones subjetivas y valorativas,
se prestan a ser usadas como cajas vacías y dar cuerpo a hipótesis
sociológicas o a teoremas político-historiográficos elaborados a
partir de la personalidad de los imputados o de interpretaciones
supuestas y conspiratorias del fenómeno terrorista o mafioso.90

En términos semejantes, Cancio Meliá recuerda el pronósti-


co de Martínez Garay:

si el legislador no define con precisión el concepto de organiza-


ción criminal o de crimen organizado… existe el riesgo ante la
multiplicidad de fenómenos que a priori pueden ser englobados en
dicho término, de aplicar un régimen penal y/o procesal endure-
cido pensado para grandes estructuras transnacionales a grupos
que no constituyan más que bandas, grupos o grupúsculos poco
organizados, agrupaciones esporádicas, o simples formas de au-
toría y participación.91

Es oportuno citar el comentario de Juan José González Rus,


quien asevera, refiriéndose a la legislación española en materia
89 Como señala Guerrero Agripino: “No existe un criterio unánime en la
doctrina en cuanto a la definición de la delincuencia organizada. Esta situación,
a nuestro parecer se debe principalmente a los variados ámbitos que compren-
de este fenómeno y a su constante evolución”. La delincuencia organizada…, cit.,
pp. 70 y 71. Cfr., asimismo, Zaffaroni, Eugenio Raúl, El crimen organizado: una
categoría frustrada, Bogotá, Leyer, 1996.
90 Derecho y razón, cit., p. 821.
91 “Delitos de organización: criminalidad organizada común y delitos de
terrorismo (consideraciones sobre la reforma del Código Penal español del año
2010)”, Derecho Penal Contemporáneo. Revista Internacional, Bogotá, núm. 40, julio-
septiembre 2010, pp. 56 y 57.

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56 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

de criminalidad organizada, que los principios político-crimina-


les que la rigen son:

1. Castigar todo (literalmente) lo que, aún de lejos, pueda recon-


ducirse a una imagen extravagante de la criminalidad organiza-
da, hasta llegar a lo grotesco en el afán pancriminalizador; 2. Cas-
tigarlo lo más gravemente que sea posible, hasta la redundancia y
el abandono de cualquier remota idea de proporcionalidad, sacri-
ficada por la búsqueda de la mayor eficacia simbólica y policial-
preventiva, y 3. Castigar de la forma más confusa, contradictoria
y difícil de aplicar que fuera humanamente hacedero.92

En páginas anteriores se analizó el injusto de delincuencia


organizada y se advirtió acerca de las complejidades, sobre todo
constitucionales, que posee cada uno de los modelos teóricos de-
sarrollados para explicarlo. Partiendo de esta incompatibilidad
con algunos de los principios propios del derecho penal liberal y
de la no aplicación de sus penas con base exclusivamente en el
delito de delincuencia organizada, como tipo autónomo con res-
pecto a los delitos-objetivo, cabe cuestionarse seriamente sobre la
posibilidad de considerar la delincuencia organizada como una
agravante, cuyo efecto sobre la punibilidad de los mencionados
delitos-objetivo radique en la mayor facilidad para cometerlos
mediante una estructura criminal organizada, así como en el po-
tencial lesivo de bienes jurídicos, que es verificable una vez que
se hayan materializado los delitos-objetivo.93
Ni siquiera los compromisos internacionales que se invocan
para justificar la necesidad del tipo penal de delincuencia orga-
nizada son tajantes al exigir la incorporación de estas figuras,

92 “Aproximación político-criminal a la regulación de la criminalidad orga-


nizada después de la reforma de 2011”, en González Rus, Juan José (dir.), La
criminalidad organizada, México, Tirant lo Blanch, 2013, p. 93.
93 Coinciden con esta postura: Hernández-Romo Valencia, El delito de de-
lincuencia organizada…, cit., p. 20, y Cancio Meliá, “El injusto de los delitos de
organización…”, cit., p. 264.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 57

precisamente como tipos penales, en el sistema jurídico mexica-


no. Ya se mencionó que la propia Convención de Palermo reco-
noce que este proceso de asimilación respetará los principios de
derecho interno, algunos de los cuales hemos invocado en este
trabajo.
También es necesario reconsiderar la necesidad de establecer
punibilidades tan amplias —por supuesto, dicha sugerencia es
válida para todo el sistema penal mexicano, en el que, merced a
reformas coyunturales y precipitadas, muy frecuentes, se ha vul-
nerado el principio de proporcionalidad—, considerando que ya
se prevé la aplicación de sanciones muy severas a los responsables
de la mayoría de los delitos-objetivo. Por ejemplo, la Ley General
para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia de Secuestro
prevé rangos punitivos que pueden alcanzar los 140 años de pri-
sión. ¿En verdad resulta necesario imponer penas adicionales?
Cualquier castigo con esos límites temporales es demagogia y de-
recho penal simbólico en su más pura expresión.
Existen alternativas para el régimen procesal de excepción.
En el presente trabajo únicamente se abordaron las instituciones
que fueron incorporadas con la reforma de 2016; empero, cier-
tamente todos los mecanismos contemplados en la LFDO parten
de una presunción de peligrosidad extrema de quienes integran
un grupo de tres personas, por lo menos; con ello se alienta la dis-
crecionalidad por parte de las autoridades, liberadas de la obliga-
ción de motivar cuidadosamente su actuación.
Llevemos el análisis más allá: la mayoría de los instrumentos
previstos en la LFDO se encuentran también regulados en el Có-
digo Nacional de Procedimientos Penales, sin desconocer ciertas
particularidades específicas de aquel ordenamiento. Nos referi-
mos a la intervención de comunicaciones, la entrega vigilada, las
operaciones encubiertas, los testigos protegidos, los agentes cola-
boradores, el arraigo.94 Esta situación, evidentemente, es muestra
de la contaminación que ha tenido la LFDO en el sistema penal

94
García Ramírez, El procedimiento penal…, cit., pp. 612 y ss.

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58 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

mexicano; el bebé de Rosemary tiene abundante prole y cumple


su destino.95
La competente argumentación del Ministerio Público debie-
ra justificar, casuísticamente, la necesidad de aplicar esas figuras,
de carácter excepcional. No se puede exigir menos en un Estado
constitucional: control jurisdiccional a partir de razones jurídi-
cas. Por supuesto, resulta más sencillo reformar leyes y preceptos
constitucionales para facilitar el camino de las autoridades en
la cruzada contra el crimen, que destinar recursos suficientes y
reformar instituciones para mejorar el desempeño de los opera-
dores del sistema penal. Hay que construir laboratorios que per-
mitan la aplicación de las ciencias forenses en la investigación del
delito; aplicar auténticos estudios criminológicos para entender
los factores detonantes de la violencia y orientar sobre esa base la
política criminal; diseñar esquemas de inteligencia enfocados a
la prevención e investigación del delito.
Es fácil entender los motivos de la opción favorable a la re-
forma de normas mejor que a la modificación de instituciones y
servicios públicos: la reforma legal lleva poco tiempo y exige me-
nos esfuerzo que la acción sobre los otros extremos de la atención
penal que incumbe al Estado. Durante varios años hemos mo-
dificado leyes, abierto los espacios de poder y restringido dere-
chos fundamentales sin que se logre el éxito prometido. Quienes
impulsaron reformas de este carácter con la convicción de que

95 Los desfavorables resultados de una buena parte de las “novedades” in-


corporadas al sistema jurídico mexicano han sido ampliamente señalados, y en
todo caso forman parte de nuestra experiencia actual. Aludiendo a las opinio-
nes expuestas por García Ramírez a partir de 1996, precisamente a propósito
de la normativa sobre delincuencia organizada, Carlos Natarén Nandayapa
se refiere a aquél como “uno de los analistas más críticos al sistema desde sus
inicios y, de hecho, muchas de sus preocupaciones desafortunadamente se han
concretado en la realidad con posterioridad”. “Breves notas de la regulación
jurídica del combate a la delincuencia organizada en México y su impacto en
el proceso”, en Varios, XXIV Jornadas Iberoamericanas de Derecho procesal, Panamá,
Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal-Instituto Colombo Panameño
de Derecho Procesal, 2014, p. 310.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 59

contribuirían a terminar con el crimen organizado, hoy deben


dar cuenta de los resultados y demostrar la forma en la que sus
creaciones contribuyeron al fin de la justicia. Si no se acreditan
la legitimidad y utilidad de las medidas adoptadas, debe recha-
zarse cualquier demanda de nuevos instrumentos de combate al
crimen por los mismos medios que han probado su ineficacia.
Jakobs hace un reclamo a los críticos del derecho penal del
enemigo, que se ha utilizado para justificar reformas constitucio-
nales y legales, así como medidas de seguridad en nuestro país
a lo largo de los últimos años: los críticos no ofrecen alternati-
vas; existe una obstinación por señalar lo que no se debe hacer,
pero no se menciona lo que podría intentarse para enfrentar a
la delincuencia organizada y garantizar la seguridad. El jurista
protesta:

En los aproximadamente siete años en que he sido objeto de re-


proches en el sentido de que mi discurso sobre el Derecho penal
del enemigo destroza todo lo que un Estado de Derecho se tiene
por sagrado, no he encontrado en los más o menos 150 artículos
contrarios a mi postura ni una sola idea razonable sobre cómo
se puede afrontar entonces satisfactoriamente el problema de los
delincuentes reincidentes peligrosos.96

La respuesta, como es obvio, dista de ser sencilla; sin embar-


go, como también debería resultar obvio, después de tantos años
de fracasos, es posible afirmar que tampoco la encontraremos en
el derecho penal del enemigo, al menos no en México. En nues-
tro país, el crimen organizado se alimenta de la corrupción, de
la incapacidad y de la impunidad. Si a esta ecuación agregamos
normas jurídicas de talante meramente represivo, resulta imposi-
ble alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto.
El viaje que no se ha querido emprender va por el camino de
la idoneidad —en diversos sentidos— de los servidores públicos
encargados de la seguridad, de la procuración y de la administra-
96
Jakobs, “En los límites de la orientación jurídica…”, cit., p. 16.

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60 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

ción de justicia; la garantía de los derechos fundamentales, inclu-


yendo los de naturaleza social, que aspiran a una igualdad mate-
rial, que no se concretará en tanto persista la injusta distribución
de la riqueza que hoy nos aqueja; la aplicación de un auténtico
programa de reinserción social que deje atrás las prisiones como
simples inmuebles de contención física de sujetos peligrosos; la
construcción de una política criminal con sustento criminológi-
co; la consolidación de las ciencias forenses como rectoras de la
investigación del delito. Este camino es arduo y oneroso, pero
vale la pena emprenderlo ante el fracaso de las medidas aplicadas
hasta ahora. Después de todo, de las decisiones que adoptemos
y ejecutemos en esta materia dependerán la vida y la libertad de
las personas, nada más y nada menos.

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APÉNDICE

Para brindar información adecuada sobre la evolución del régi-


men jurídico de la delincuencia organizada, en este apartado se
presentan las primeras disposiciones y las reformas relativas a esta
materia en la Constitución y en la Ley Federal contra la Delin-
cuencia Organizada. Atendiendo a la brevedad que debemos ob-
servar en la integración de esta obra, aquí sólo figuran, destacados
con letras negritas, los textos normativos que aportan novedades
en cada reforma constitucional o legal, identificada según la fecha
de publicación en el Diario Oficial. Los textos suprimidos se cruzan
con una línea.

1. Reformas a la Constitución Política de los Estados


Unidos Mexicanos en materia de delincuencia organizada

A. Reforma del 3 de septiembre de 1993

Artículo 16.

Ningún indiciado podrá ser retenido por el Ministerio Pú-


blico por más de cuarenta y ocho horas, plazo en que deberá
ordenarse su libertad o ponérsele a disposición de la autoridad
judicial; este plazo podrá duplicarse en aquellos casos que la
ley prevea como delincuencia organizada. Todo abuso a lo ante-
riormente dispuesto será sancionado por la ley penal.

B. Reforma del 3 de julio de 1996

Artículo 22.

No se considerará confiscación de bienes la aplicación total o


parcial de los bienes de una persona hecha por la autoridad judicial,
para el pago de la responsabilidad civil resultante de la comisión de
un delito, o para el pago de impuestos o multas. Tampoco se consi-
derará confiscación el decomiso que ordene la autoridad judicial,
de los bienes, en caso del enriquecimiento ilícito, en los términos del

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62 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

artículo 109; ni el decomiso de los bienes propiedad del sen-


tenciado, por delitos de los previstos como de delincuencia
organizada, o el de aquéllos respecto de los cuales éste se
conduzca como dueño, si no acredita la legítima procedencia
de dichos bienes.

C. Reforma del 8 de marzo de 1999

Artículo 22.

No se considerará confiscación la aplicación a favor del Es-


tado de bienes asegurados que causen abandono en los térmi-
nos de las disposiciones aplicables. La autoridad judicial resol-
verá que se apliquen en favor del Estado los bienes que hayan
sido asegurados con motivo de una investigación o proceso que
se sigan por delitos de delincuencia organizada, cuando se pon-
ga fin a dicha investigación o proceso, sin que haya un pronun-
ciamiento sobre los bienes asegurados. La resolución judicial
se dictará previo procedimiento en el que se otorgue audiencia
a terceros y se acredite plenamente el cuerpo del delito previs-
to por la ley como de delincuencia organizada, siempre y cuan-
do se trate de bienes respecto de los cuales el inculpado en la
investigación o proceso citados haya sido poseedor, propietario
o se haya conducido como tales, independientemente de que
hubieran sido transferidos a terceros, salvo que éstos acrediten
que son poseedores o adquirentes de buena fe.

D. Reforma del 18 de junio de 2008

Artículo 16.

La autoridad judicial, a petición del Ministerio Público y tra-


tándose de delitos de delincuencia organizada, podrá decretar
el arraigo de una persona, con las modalidades de lugar y tiem-
po que la ley señale, sin que pueda exceder de cuarenta días,
siempre que sea necesario para el éxito de la investigación,
la protección de personas o bienes jurídicos, o cuando exista
riesgo fundado de que el inculpado se sustraiga a la acción de
la justicia. Este plazo podrá prorrogarse, siempre y cuando el
Ministerio Público acredite que subsisten las causas que le die-
ron origen. En todo caso, la duración total del arraigo no podrá
exceder los ochenta días.
Por delincuencia organizada se entiende una organización
de hecho de tres o más personas, para cometer delitos en for-
ma permanente o reiterada, en los términos de la ley de la ma-
teria.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 63

Artículo 18.

Los sentenciados, en los casos y condiciones que establezca la ley,


podrán compurgar sus penas en los centros penitenciarios más cerca-
nos a su domicilio, a fin de propiciar su reintegración a la comunidad
como forma de reinserción social. Esta disposición no aplicará en
caso de delincuencia organizada y respecto de otros internos
que requieran medidas especiales de seguridad.
Para la reclusión preventiva y la ejecución de sentencias
en materia de delincuencia organizada se destinarán centros
especiales. Las autoridades competentes podrán restringir las
comunicaciones de los inculpados y sentenciados por delin-
cuencia organizada con terceros, salvo el acceso a su defen-
sor, e imponer medidas de vigilancia especial a quienes se en-
cuentren internos en estos establecimientos. Lo anterior podrá
aplicarse a otros internos que requieran medidas especiales de
seguridad, en términos de la ley.

Artículo 19.

El Ministerio Público sólo podrá solicitar al juez la prisión


preventiva cuando otras medidas cautelares no sean suficien-
tes para garantizar la comparecencia del imputado en el juicio,
el desarrollo de la investigación, la protección de la víctima,
de los testigos o de la comunidad, así como cuando el imputa-
do esté siendo procesado o haya sido sentenciado previamente
por la comisión de un delito doloso. El juez ordenará la prisión
preventiva, oficiosamente, en los casos de delincuencia organi-
zada, homicidio doloso, violación, secuestro, delitos cometidos
con medios violentos como armas y explosivos, así como deli-
tos graves que determine la ley en contra de la seguridad de la
nación, el libre desarrollo de la personalidad y de la salud.
Si con posterioridad a la emisión del auto de vinculación a
proceso por delincuencia organizada el inculpado evade la ac-
ción de la justicia o es puesto a disposición de otro juez que lo
reclame en el extranjero, se suspenderá el proceso junto con
los plazos para la prescripción de la acción penal.

Artículo 20.

B. De los derechos de toda persona imputada:


III. A que se le informe, tanto en el momento de su deten-
ción como en su comparecencia ante el Ministerio Público o el
juez, los hechos que se le imputan y los derechos que le asis-
ten. Tratándose de delincuencia organizada, la autoridad judi-

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64 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

cial podrá autorizar que se mantenga en reserva el nombre y


datos del acusador.
La ley establecerá beneficios a favor del inculpado, proce-
sado o sentenciado que preste ayuda eficaz para la investiga-
ción y persecución de delitos en materia de delincuencia orga-
nizada;
V. (…) En delincuencia organizada, las actuaciones realiza-
das en la fase de investigación podrán tener valor probatorio,
cuando no puedan ser reproducidas en juicio o exista riesgo
para testigos o víctimas. Lo anterior sin perjuicio del derecho
del inculpado de objetarlas o impugnarlas y aportar pruebas en
contra;
C. De los derechos de la víctima o del ofendido:
V. Al resguardo de su identidad y otros datos personales
en los siguientes casos: cuando sean menores de edad; cuan-
do se trate de delitos de violación, secuestro o delincuencia
organizada; y cuando a juicio del juzgador sea necesario para
su protección, salvaguardando en todo caso los derechos de la
defensa.

Artículo 22.

No se considerará confiscación la aplicación de bienes de una per-


sona cuando sea decretada para el pago de multas o impuestos, ni
cuando la decrete una autoridad judicial para el pago de responsa-
bilidad civil derivada de la comisión de un delito. Tampoco se consi-
derará confiscación el decomiso que ordene la autoridad judicial de los
bienes en caso de enriquecimiento ilícito en los términos del artículo
109, la aplicación a favor del Estado de bienes asegurados que cau-
sen abandono en los términos de las disposiciones aplicables, ni la de
aquellos bienes cuyo dominio se declare extinto en sentencia.
En el caso de extinción de dominio se establecerá un procedi-
miento que se regirá por las siguientes reglas:
I. Será jurisdiccional y autónomo del de materia penal;
II. Procederá en los casos de delincuencia organizada, de-
litos contra la salud, secuestro, robo de vehículos y trata de
personas, respecto de los bienes siguientes:
a) Aquellos que sean instrumento, objeto o producto del
delito, aun cuando no se haya dictado la sentencia que determi-
ne la responsabilidad penal, pero existan elementos suficientes
para determinar que el hecho ilícito sucedió.
b) Aquellos que no sean instrumento, objeto o producto del
delito, pero que hayan sido utilizados o destinados a ocultar o

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 65

mezclar bienes producto del delito, siempre y cuando se reúnan


los extremos del inciso anterior.
c) Aquellos que estén siendo utilizados para la comisión de
delitos por un tercero, si su dueño tuvo conocimiento de ello y
no lo notificó a la autoridad o hizo algo para impedirlo.
d) Aquellos que estén intitulados a nombre de terceros,
pero existan suficientes elementos para determinar que son
producto de delitos patrimoniales o de delincuencia organiza-
da, y el acusado por estos delitos se comporte como dueño.
III. Toda persona que se considere afectada podrá inter-
poner los recursos respectivos para demostrar la procedencia
lícita de los bienes y su actuación de buena fe, así como que es-
taba impedida para conocer la utilización ilícita de sus bienes.
Artículo 73, fracción XXI.
(El Congreso de la Unión tiene facultad) para establecer los delitos
y faltas contra la Federación y fijar los castigos que por ellos deban
imponerse, así como legislar en materia de delincuencia orga-
nizada.

E. Reforma del 14 de marzo de 2019

Artículo 22.

La acción de extinción de dominio se ejercitará por el Mi-


nisterio Público a través de un procedimiento jurisdiccional de
naturaleza civil y autónomo del penal. Las autoridades compe-
tentes de los distintos órdenes de gobierno le prestarán auxi-
lio en el cumplimiento de esta función. La ley establecerá los
mecanismos para que las autoridades administren los bienes
sujetos al proceso de extinción de dominio, incluidos sus pro-
ductos, rendimientos, frutos y accesorios, para que la autori-
dad lleve a cabo su disposición, uso, usufructo, enajenación y
monetización, atendiendo al interés público, y defina con crite-
rios de oportunidad el destino y, en su caso, la destrucción de
los mismos.
Será procedente sobre bienes de carácter patrimonial cuya
legítima procedencia no pueda acreditarse y se encuentren re-
lacionados con las investigaciones derivadas de hechos de co-
rrupción, encubrimiento, delitos cometidos por servidores pú-
blicos, delincuencia organizada, robo de vehículos, recursos de
procedencia ilícita, delitos contra la salud, secuestro, extor-
sión, trata de personas y delitos en materia de hidrocarburos,
petrolíferos y petroquímicos.

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66 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

A toda persona que se considere afectada, se le deberá


garantizar el acceso a los medios de defensa adecuados para
demostrar la procedencia legítima del bien sujeto al procedi-
miento.

2. REFORMAS A LA LEY FEDERAL


CONTRA LA DELINCUENCIA ORGANIZADA

A. Texto original del artículo 2°

Artículo 2o.- Cuando tres o más personas acuerden organizarse o


se organicen para realizar, en forma permanente o reiterada, conduc-
tas que por sí o unidas a otras, tienen como fin o resultado cometer
alguno o algunos de los delitos siguientes, serán sancionadas por ese
solo hecho, como miembros de la delincuencia organizada:
I. Terrorismo, previsto en el artículo 139, párrafo primero; contra
la salud, previsto en los artículos 194 y 195, párrafo primero; falsifica-
ción o alteración de moneda, previstos en los artículos 234, 236 y 237;
operaciones con recursos de procedencia ilícita, previsto en el artículo
400 bis, todos del Código Penal para el Distrito Federal en Materia de
Fuero Común, y para toda la República en Materia de Fuero Federal;
II. Acopio y tráfico de armas, previstos en los artículos 83 bis y 84
de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos;
III. Tráfico de indocumentados, previsto en el artículo 138 de la
Ley General de Población;
IV. Tráfico de órganos, previsto en los artículos 461, 462 y 462 bis
de la Ley General de Salud, y
V. Asalto, previsto en los artículos 286 y 287; secuestro, previsto
en el artículo 366; tráfico de menores, previsto en el artículo 366 ter, y
robo de vehículos, previsto en el artículo 381 bis del Código Penal para
el Distrito Federal en Materia de Fuero Común, y para toda la República
en Materia de Fuero Federal, o en las disposiciones correspondientes
de las legislaciones penales estatales.

B. Reforma del 11 de mayo de 2004

Agrega a la fracción I del artículo 2°: y el previsto en el Artículo


424 Bis, todos del Código Penal Federal;

C. Reforma del 21 de diciembre de 2004

Incorpora un segundo párrafo al artículo 37: En el caso de se-


cuestro, la autoridad podrá ofrecer recompensa a quienes sin

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 67

haber participado en el delito, auxilien con cualquier informa-


ción que resulte cierta y eficaz para la liberación de las víctimas
o la aprehensión de los presuntos responsables. La autoridad
garantizará la confidencialidad del informante.

D. Reforma del 27 de marzo de 2007

Modifica la fracción V del artículo 2° en los siguientes términos: V.


Corrupción de personas menores de dieciocho años de edad o
de personas que no tienen capacidad para comprender el sig-
nificado del hecho o de personas que no tienen capacidad para
resistirlo, previsto en el artículo 201; Pornografía de personas
menores de dieciocho años de edad o de personas que no tie-
nen capacidad para comprender el significado del hecho o de
personas que no tienen capacidad para resistirlo, previsto en
el artículo 202; Turismo sexual en contra de personas menores
de dieciocho años de edad o de personas que no tienen capa-
cidad para comprender el significado del hecho o de personas
que no tienen capacidad para resistirlo, previsto en los artícu-
los 203 y 203 BIS; Lenocinio de personas menores de diecio-
cho años de edad o de personas que no tienen capacidad para
comprender el significado del hecho o de personas que no tie-
nen capacidad para resistirlo, previsto en el artículo 204; Trata
de personas menores de dieciocho años de edad o de personas
que no tienen capacidad para comprender el significado del
hecho o de personas que no tienen capacidad para resistirlo,
previsto en el artículo 205; Trata de personas, previsto en el
artículo 207; asalto, previsto en los artículos 286 y 287; secues-
tro, previsto en el artículo 366; tráfico de menores o personas que
no tienen capacidad para comprender el significado del hecho,
previsto en el artículo 366 Ter, y robo de vehículos, previsto en el ar-
tículo 381 bis del Código Penal Federal, o en las disposiciones
correspondientes de las legislaciones penales Estatales o del
Distrito Federal.

E. Reforma del 28 de junio de 2007

Adiciona la fracción I del artículo 2°, quedando de la siguiente


manera: Terrorismo, previsto en los artículos 139 al 139 Ter y te-
rrorismo internacional previsto en los artículos 148 Bis al 148
Quáter; contra la salud, previsto en los artículos 194 y 195, párrafo
primero; falsificación o alteración de moneda, previstos en los artícu-
los 234, 236 Y 237; operaciones con recursos de procedencia ilícita,
previsto en el artículo 400 Bis; y el previsto en el artículo 424 Bis, to-
dos del Código Penal Federal;

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68 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

F. Reforma del 27 de noviembre de 2007

En virtud de la emisión de la ley federal sobre trata de perso-


nas, se modifica la fracción V y se adiciona la VI en el artículo 2°,
que estableció: Trata de personas, previsto y sancionado en los
artículos 5 y 6 de la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de
Personas.

G. Reforma del 23 de enero de 2009

Se elimina el acuerdo de organización como alternativa de comi-


sión del delito de delincuencia organizada, cuyo tipo penal previsto en
el artículo 2° queda redactado de la siguiente manera: Cuando tres o
más personas se organicen de hecho para realizar, en forma perma-
nente o reiterada, conductas que por sí o unidas a otras, tienen como
fin o resultado cometer alguno o algunos de los delitos siguientes, se-
rán sancionadas por ese solo hecho, como miembros de la delincuen-
cia organizada: (…)
Se actualiza la fracción V del mismo artículo 2° en relación con el
fundamento del tipo de robo de vehículos: artículos 376 Bis y 377
del Código Penal Federal.
El artículo 11 bis es incorporado: El Titular del órgano previsto
en el artículo 8 podrá autorizar la reserva de la identidad de los
agentes de la policía infiltrados, así como de los que participen
en la ejecución de órdenes de aprehensión, detenciones en fla-
grancia y cateos relacionados con los delitos a que se refiere
esta Ley, mediante resolución fundada y teniendo en cuenta el
tipo de investigación, imposibilitando que conste en la averi-
guación previa respectiva su nombre, domicilio, así como cual-
quier otro dato o circunstancia que pudiera servir para la iden-
tificación de los mismos.
En tales casos, se asignará una clave numérica, que sólo
será del conocimiento del Procurador General de la República,
del Titular del órgano antes citado, del Secretario de Seguridad
Pública y del servidor público a quien se asigne la clave.
En las actuaciones de averiguación previa, en el ejercicio
de la acción penal y durante el proceso penal, el Ministerio Pú-
blico y la autoridad judicial citarán la clave numérica en lugar
de los datos de identidad del agente. En todo caso, el Ministerio
Público acreditará ante la autoridad judicial el acuerdo por el
que se haya autorizado el otorgamiento de la clave numérica
y que ésta corresponde al servidor público respectivo, preser-
vando la confidencialidad de los datos de identidad del agente.
En caso de que el agente de la policía cuya identidad se en-
cuentre reservada tenga que intervenir personalmente en di-

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 69

ligencias de desahogo de pruebas, se podrá emplear cualquier


procedimiento que garantice la reserva de su identidad.
El artículo 12 es reformado en los siguientes términos: El Juez
podrá dictar el arraigo, a solicitud del Ministerio Público de la Federa-
ción, en los casos previstos en el artículo 2o. de esta Ley y con
las modalidades de lugar, tiempo, forma y medios de realización
señalados en la solicitud, siempre que sea necesario para el éxito
de la investigación, para la protección de personas, de bienes
jurídicos o cuando exista riesgo fundado de que el inculpado se
sustraiga a la acción de la justicia, sin que esta medida pueda
exceder de cuarenta días y se realice con la vigilancia de la autori-
dad, la que ejercerá el Ministerio Público de la Federación y la Policía
que se encuentre bajo su conducción y mando inmediato en la
investigación.
Igualmente, el artículo 15 tiene modificaciones menores en el pri-
mer y cuarto párrafos: Cuando el Ministerio Público de la Federación
solicite por cualquier medio al juez de distrito una orden de cateo
con motivo de la investigación de alguno de los delitos a los que se re-
fiere el presente ordenamiento, dicha petición deberá ser resuelta
en los términos de Ley dentro de las doce horas siguientes después de
recibida por la autoridad judicial.
Cuando el Juez de Distrito competente, acuerde obsequiar una or-
den de aprehensión, deberá también acompañarla de una autorización
de orden de cateo, si procediere, en el caso de que ésta haya sido so-
licitada por el agente del Ministerio Público de la Federación, debiendo
especificar el domicilio del probable responsable o aquél que se señale
como el de su posible ubicación, o bien el del lugar que deba catear-
se por tener relación con el delito, así como los demás requisitos que
señala el párrafo octavo del artículo 16 de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos.
Se agrega el artículo 45: Los sentenciados por los delitos a
que se refiere esta ley no tendrán el derecho de compurgar sus
penas en el centro penitenciario más cercano a su domicilio.
La legislación que establezca las normas sobre ejecución
de penas y medidas de seguridad preverá la definición de los
centros especiales para la reclusión preventiva y la ejecución
de sentencias, la restricción de comunicaciones de los incul-
pados y sentenciados y la imposición de medidas de vigilancia
especial a los internos por delincuencia organizada.

H. Reforma del 30 de noviembre de 2010

Con motivo de la emisión de la ley general en materia de secues-


tro, se modifica la fracción V del artículo 2° y se agrega la fracción VII,
que señala: Las conductas previstas en los artículos 9, 10, 11,

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70 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

17 y 18 de la Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos


en Materia de Secuestro, Reglamentaria de la fracción XXI del
artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos.
El último párrafo del artículo 3° y el primero del 13 tienen modi-
ficaciones menores:
Los delitos señalados en las fracciones V y VII de dicho artículo
lo serán únicamente si, además de cometerse por un miembro de la
delincuencia organizada, el Ministerio Público de la Federación ejerce
la facultad de atracción. En este caso, el Ministerio Público de la Fe-
deración y las autoridades judiciales federales serán las competentes
para conocer de tales delitos. Bajo ninguna circunstancia se agravarán
las penas previstas en las legislaciones de las entidades federativas.
Artículo 13. A las actuaciones de averiguación previa por los de-
litos a que se refiere esta Ley, exclusivamente deberán tener acceso
el indiciado y su defensor, una vez que haya aceptado el cargo,
únicamente con relación a los hechos imputados en su contra, por lo
que el Ministerio Público de la Federación y sus auxiliares guardarán
la mayor reserva respecto de ellas, sin perjuicio de que el indiciado o
su defensor, en base en la información recibida, puedan presentar las
pruebas de descargo que juzguen oportunas.

I. Reforma del 25 de mayo de 2011

Se actualiza el fundamento legal del tipo penal de tráfico de indo-


cumentados en la fracción III del artículo 2°: Tráfico de indocumenta-
dos, previsto en el artículo 159 de la Ley de Migración.

J. Reforma del 24 de octubre de 2011

La fracción I del artículo 2° es adicionada de la siguiente manera:


I. Terrorismo, previsto en los artículos 139 a 139 Ter y terrorismo in-
ternacional previsto en los artículos 148 Bis al 148 Quáter; contra la
salud, previsto en los artículos 194 y 195, párrafo primero; falsifica-
ción o alteración de moneda, previstos en los artículos 234, 236 y 237;
el previsto en la fracción IV del artículo 368 Quáter en materia
de hidrocarburos; operaciones con recursos de procedencia ilícita,
previsto en el artículo 400 Bis; y el previsto en el artículo 424 Bis, to-
dos del Código Penal Federal;

K. Reforma del 15 de noviembre de 2011

Algunos términos son sustituidos en los artículos 15 y 19:


Artículo 15. (…) Si dentro del plazo antes indicado, el juez no re-
suelve sobre el pedimento de cateo, el Ministerio Público de la Fede-

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 71

ración deberá recurrir al tribunal unitario de circuito correspondiente


para que éste substancie y resuelva en un plazo igual. (…)
Artículo 19. Si en los plazos indicados en los dos artículos ante-
riores, el juez de distrito no resuelve sobre la solicitud de autorización
o de sus prórrogas, el Ministerio Público de la Federación deberá re-
currir al tribunal unitario de circuito correspondiente, para que éste
substancie y resuelva en un plazo igual. (…)

L. Reforma del 14 de junio de 2012

Se modifica la fracción VI del artículo 2° en atención a la emisión


de la ley general sobre trata de personas: Delitos en materia de tra-
ta de personas, previstos y sancionados en el Título Segundo de
la Ley General para Combatir y Erradicar los Delitos en Materia
de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víc-
timas de estos Delitos, excepto en el caso de los artículos 32,
33 y 34 y sus respectivas tentativas punibles.

M. Reforma del 14 de marzo de 2014

Se adiciona la fracción I del artículo 2°: I. Terrorismo, previsto en


los artículos 139 al 139 Ter, financiamiento al terrorismo previsto
en los artículos 139 Quáter y 139 Quinquies y terrorismo inter-
nacional previsto en los artículos 148 Bis al 148 Quáter; contra la sa-
lud, previsto en los artículos 194 y 195, párrafo primero; falsificación
o alteración de moneda, previstos en los artículos 234, 236 y 237; el
previsto en la fracción IV del artículo 368 Quáter en materia de hidro-
carburos; operaciones con recursos de procedencia ilícita, previsto en
el artículo 400 Bis; y el previsto en el artículo 424 Bis, todos del Código
Penal Federal;

N. Reforma del 12 de enero de 2016

Se modifica la fracción I del artículo 2° y se agrega la fracción


VIII: Los previstos en las fracciones I y II del artículo 8; así
como las fracciones I, II y III del artículo 9, estas últimas en
relación con el inciso d), y el último párrafo de dicho artículo,
todas de la Ley Federal Para Prevenir y Sancionar los Delitos
Cometidos en Materia de Hidrocarburos.

Ñ. Reforma del 16 de junio de 2016

Reformas a diversos preceptos de la Ley Federal contra la Delin-


cuencia Organizada, incluyendo la incorporación de nuevos artículos y
la derogación de otros.

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72 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Artículo 1°: La presente Ley tiene por objeto establecer reglas


para la investigación, persecución, procesamiento, sanción y ejecu-
ción de las penas, por los delitos cometidos por alguna persona que
forme parte de la delincuencia organizada. Sus disposiciones son de
orden público y de aplicación en todo el territorio nacional.
Artículo 2º:
I. Terrorismo, previsto en los artículos 139 al 139 Ter, financia-
miento al terrorismo previsto en los artículos 139 Quáter y 139 Quin-
quies y terrorismo internacional previsto en los artículos 148 Bis al
148 Quáter; contra la salud, previsto en los artículos 194, 195, párrafo
primero y 196 Ter; falsificación, uso de moneda falsificada a sabien-
das y alteración de moneda, previstos en los artículos 234, 236 y 237;
operaciones con recursos de procedencia ilícita, previsto en el artícu-
lo 400 Bis; y en materia de derechos de autor previsto en el artículo
424 Bis, todos del Código Penal Federal;
III. Tráfico de personas, previsto en el artículo 159 de la Ley de
Migración;
IV. Tráfico de órganos previsto en los artículos 461, 462 y 462
Bis, y delitos contra la salud en su modalidad de narcomenudeo
previstos en los artículos 475 y 476, todos de la Ley General de
Salud;
VI. Delitos en materia de trata de personas, previstos y sancio-
nados en el Libro Primero, Título Segundo de la Ley General para
Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de
Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Deli-
tos, excepto en el caso de los artículos 32, 33 y 34 y sus respectivas
tentativas punibles;
VIII. Contrabando y su equiparable, previstos en los artícu-
los 102 y 105, cuando les correspondan las sanciones previstas
en las fracciones II o III del artículo 104 del Código Fiscal de
la Federación;
IX. Los previstos en las fracciones I y II del artículo 8; así como
las fracciones I, II y III del artículo 9, estas últimas en relación con el
inciso d), y el último párrafo de dicho artículo, todas de la Ley Federal
para Prevenir y Sancionar los Delitos Cometidos en Materia de Hidro-
carburos.
Los delitos a que se refieren las fracciones previstas en el
presente artículo que sean cometidos por algún miembro de
la delincuencia organizada, serán investigados, procesados y
sancionados conforme a las disposiciones de esta Ley.
Artículo 2° Bis (nuevo precepto): Se impondrá hasta dos terce-
ras partes de las penas previstas en el artículo 4o. del presente
instrumento a quienes resuelvan de concierto cometer las con-

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 73

ductas señaladas en el artículo 2o. de la presente Ley y acuer-


den los medios de llevar a cabo su determinación.
Para acreditar la conducta señalada en el párrafo anterior,
las confesionales o testimoniales existentes deberán corrobo-
rarse con otros datos o medios de prueba, obtenidos median-
te los instrumentos contemplados en el Título Segundo, Capítu-
los Primero, Segundo, Sexto y Séptimo de la presente Ley, así
como los señalados en los artículos 269, 270, 271, 272, 273,
274, 275, 276 y 289 del Código Nacional de Procedimientos Pe-
nales.
Artículo 2° Ter (nuevo precepto): También se sancionará con
las penas contenidas en el artículo 4o. de esta Ley a quien a
sabiendas de la finalidad y actividad delictiva general de una
organización criminal, participe intencional y activamente en
sus actividades ilícitas u otras de distinta naturaleza cuando
conozca que con su participación contribuye al logro de la fina-
lidad delictiva.
Artículo 3°: Las conductas que pudieran ser constitutivas
de delitos del fuero común referidas en las fracciones V, VI y
VII, así como las relativas a los delitos contra la salud en su
modalidad narcomenudeo competencia de las autoridades lo-
cales referidas en la fracción IV, todas del artículo 2o. de la
presente Ley, atribuibles a personas que forman parte de la de-
lincuencia organizada, serán investigadas, perseguidas y, en
su caso, procesadas conforme a las disposiciones de esta Ley
siempre que el agente del Ministerio Público de la Federación ejerza
la facultad de atracción o la competencia originaria, respectiva-
mente. En estos casos, las autoridades judiciales federales serán las
competentes para conocer tales delitos los cuales serán tipificados
y sancionados conforme al ordenamiento penal de la entidad
federativa aplicable en los casos de las fracciones V, VI y VII
del artículo 2o. de esta Ley o bien, conforme a la legislación
aplicable en los casos de los delitos contra la salud en su mo-
dalidad narcomenudeo referidos en la fracción IV del artículo
2o. de esta Ley.
El delito de delincuencia organizada, así como los señala-
dos en los artículos 2o., 2o. Bis y 2o. Ter de esta Ley, amerita-
rán prisión preventiva oficiosa.
Artículo 4°, fracción I: En los casos de los delitos contra la salud;
operaciones con recursos de procedencia ilícita a que refiere la
fracción I; trata de personas que refiere la fracción VI; secues-
tro que refiere la fracción VII y delitos cometidos en materia
de robo de hidrocarburos que refiere la fracción IX, del artículo
2o. de esta Ley:

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74 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Artículo 6°, segundo párrafo: Si con posterioridad a la emisión


del auto de vinculación a proceso por delincuencia organizada
el imputado evade la acción de la justicia o es puesto a dispo-
sición de otro juez que lo reclame en el extranjero, se suspen-
derá el proceso junto con los plazos para la prescripción de la
acción penal.
Artículo 7°: Los procedimientos que se sigan por delincuen-
cia organizada se desahogarán de conformidad con lo previsto
en el Código Nacional de Procedimientos Penales en lo que no
se oponga a lo previsto en esta Ley.
Son aplicables supletoriamente a esta Ley, las disposiciones del
Código Penal para el Distrito Federal en Materia de Fuero Común, y
para toda la República en Materia de Fuero Federal, las del Código Fe-
deral de Procedimientos Penales y las de la legislación que establezca
las normas sobre ejecución de penas y medidas de seguridad, así
como las comprendidas en leyes especiales.
Artículo 8°: La Procuraduría General de la República deberá contar
con una unidad especializada en la investigación y procesamiento de
delitos cometidos por personas que formen parte de la delincuencia
organizada, integrada por agentes del Ministerio Público de la Fede-
ración, quienes tendrán bajo su mando y conducción a policías
y peritos.
La unidad especializada contará con un cuerpo técnico de control
que ejecutará los mandatos de la autoridad judicial que autori-
cen las intervenciones de comunicaciones privadas y verificará la
autenticidad de sus resultados; establecerá lineamientos sobre las ca-
racterísticas de los aparatos, equipos y sistemas a autorizar; así como
sobre la guarda, conservación, mantenimiento y uso de los mismos.
Asimismo, podrá procesar y explotar la información que re-
sultare para los fines de la investigación, en términos de la au-
torización judicial otorgada.
...
...
En caso necesario, el titular de esta unidad podrá solicitar la co-
laboración o coordinación de los agentes del Ministerio Públi-
co de la Federación adscritos a otras áreas, así como de otras
unidades administrativas de la Institución, de las dependencias
y entidades paraestatales de la Administración Pública Federal o
entidades federativas.
Artículo 9°, segundo y tercer párrafos: Los requerimientos del
agente del Ministerio Público de la Federación, o de la autoridad judi-
cial federal, de información o documentos relativos al sistema bancario
y financiero, se harán por conducto de la Comisión Nacional Bancaria y

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 75

de Valores, la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro


y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, según corresponda.
Los de naturaleza fiscal, a través de la Secretaría de Hacienda y Cré-
dito Público y los de naturaleza comercial por conducto de la Se-
cretaría de Economía y los Registros correspondientes o, en su
caso, por cualquier fuente directa de información que resultare
procedente.
La información que se obtenga conforme al párrafo anterior, podrá
ser utilizada exclusivamente en el procedimiento penal correspon-
diente, debiéndose guardar la más estricta confidencialidad. Al servi-
dor público que indebidamente quebrante la reserva de las actuacio-
nes o proporcione copia de ellas o de los documentos, se le sujetará
al procedimiento de responsabilidad administrativa o penal, según co-
rresponda.
Artículo 10.- A solicitud del agente del Ministerio Público de la
Federación, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público podrá reali-
zar auditorías a personas físicas o morales, cuando existan datos o
medios de prueba que hagan presumir fundadamente que son
miembros de la delincuencia organizada. La Secretaría de Hacienda
y Crédito Público proporcionará al Ministerio Público de la Fe-
deración, a la brevedad posible, la información y documenta-
ción que éste le solicite, de conformidad con las disposiciones
aplicables.
Denominación del Capítulo segundo: DE LAS TÉCNICAS ESPECIA-
LES DE INVESTIGACIÓN.
Artículo 11.- La investigación de los delitos a que se refiere esta
Ley podrá abarcar el conocimiento de las estructuras de organización,
formas de operación y ámbitos de actuación e identidad de los inte-
grantes del grupo delictivo.
Para tal efecto, el Titular del Ministerio Público de la Fede-
ración o el servidor público en quien éste delegue la facultad,
podrá autorizar en términos de lo que establezca el marco nor-
mativo aplicable, las operaciones encubiertas dirigidas a alcan-
zar los objetivos señalados en el párrafo anterior.
...
Los agentes de las fuerzas del orden público que partici-
pen en dichas investigaciones, con base en las circunstancias
del caso, se les proporcionará una nueva identidad, dotándolos
para tal efecto de la documentación correspondiente.
Las autoridades responsables de proporcionar los medios
necesarios para acreditar la nueva identidad, actuarán por ins-
trucción fundada y motivada de la autoridad competente y sus
acciones estarán bajo el amparo de la fracción VI del artículo

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76 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

15 del Código Penal Federal y 251, fracción IX del Código Na-


cional de Procedimientos Penales.
Al servidor público que indebidamente incumpla con dicha
disposición, se le sujetará al procedimiento de responsabilidad
administrativa o penal según corresponda.
Artículo 11 Bis: El Titular de la Unidad Especializada prevista en
el artículo 8o. podrá autorizar la reserva de la identidad de los agentes
de las fuerzas del orden público que participen en las operacio-
nes encubiertas, así como de los que participen en la ejecución de
órdenes de aprehensión, detenciones en flagrancia y caso urgente,
cateos relacionados con los delitos a que se refiere esta Ley, mediante
resolución fundada y teniendo en cuenta el tipo de investigación, im-
posibilitando que conste en la investigación respectiva su nombre,
domicilio, así como cualquier otro dato o circunstancia que pudiera
servir para la identificación de los mismos.
En tales casos, se asignará una clave numérica, que sólo será del
conocimiento del Procurador General de la República, del Titular de la
Unidad Especializada antes citada, del Secretario de Goberna-
ción y del servidor público a quien se asigne la clave.
En las etapas del procedimiento penal, el agente del Minis-
terio Público de la Federación y la autoridad judicial citarán la clave
numérica en lugar de los datos de identidad del agente. En todo caso,
el agente del Ministerio Público de la Federación acreditará ante la
autoridad judicial el acuerdo por el que se haya autorizado el otorga-
miento de la clave numérica y que ésta corresponde al servidor público
respectivo, preservando la confidencialidad de los datos de identidad
del agente. En caso de que el servidor público, cuya identidad se en-
cuentre reservada, tenga que intervenir personalmente en diligencias
de desahogo de pruebas, se podrá emplear cualquier procedimiento
que garantice la reserva de su identidad de manera integral.
Ninguna persona podrá ser obligada a actuar en operacio-
nes encubiertas.
Si el auto de vinculación a proceso no se dicta por el delito
de delincuencia organizada, la reserva de identidad podrá sub-
sistir a petición de la Representación Social de la Federación,
con base en un análisis de riesgo y amenaza que realice la au-
toridad judicial, en donde se establecerá la pertinencia o no de
la protección y, en su caso, las medidas que se aplicarán al caso
concreto para salvaguardar el derecho de defensa.
En caso de la interposición del recurso de apelación contra
el auto de no vinculación a proceso, subsistirá la reserva de
identidad hasta en tanto no haya sido resuelto en definitiva.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 77

Toda actuación que implique desapego a las instrucciones


o actividades legalmente autorizadas será sancionada en tér-
minos de la legislación civil, administrativa o penal, según co-
rresponda.
Artículo 11 Bis 1 (nuevo precepto): Para la investigación de los
delitos a que se refiere esta Ley, el agente del Ministerio Públi-
co de la Federación podrá emplear además de los instrumentos
establecidos en las disposiciones aplicables para la obtención
de información y, en su caso, medios de prueba, así como las
técnicas de investigación previstas en el Código Nacional de
Procedimientos Penales, las siguientes:
I. Recabar información en lugares públicos, mediante la
utilización de medios e instrumentos y cualquier herramienta
que resulten necesarias para la generación de inteligencia;
II. Utilización de cuentas bancarias, financieras o de natu-
raleza equivalente;
III. Vigilancia electrónica;
IV. Seguimiento de personas;
V. Colaboración de informantes, y
VI. Usuarios simulados.
Para el empleo de las técnicas previstas en las fracciones
I y III de este artículo siempre que con su aplicación resulten
afectadas comunicaciones privadas, se requerirá de una auto-
rización judicial previa de intervención de comunicaciones pri-
vadas.
El Procurador General de la República emitirá los protoco-
los para el uso de las técnicas de investigación previstas en
este artículo.
Artículo 11 Bis 2 (nuevo precepto): A quien divulgue o revele
información relacionada con las técnicas de investigación utili-
zadas en procedimientos seguidos contra la delincuencia orga-
nizada, a quien no tenga derecho a conocerla, se le impondrá
prisión de cuatro a ocho años, y multa de dos mil a tres mil
unidades de medida y actualización. Tratándose de servidores
públicos, la punibilidad será de seis a doce años y multa de tres
mil a cuatro mil quinientas unidades de medida y actualización,
así como la destitución e inhabilitación para desempeñar otro
empleo, cargo o comisión en el servicio público hasta por el
mismo plazo de la pena de prisión impuesta.
Denominación del Capítulo tercero: DE LA APREHENSIÓN Y DE LA
RETENCIÓN.

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78 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Artículo 11 Ter (nuevo precepto): Cuando el Juez de control


competente, emita una orden de aprehensión, deberá también
acompañarla de una autorización de orden de cateo, si proce-
diere, en el caso de que ésta haya sido solicitada por el agente
del Ministerio Público de la Federación, debiendo especificar el
domicilio del imputado o probable responsable, o aquellos que
se señalen como los de su posible ubicación, o bien los lugares
que deban catearse por tener relación con el delito, así como
los demás requisitos que señala el artículo 16 de la Constitu-
ción Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Artículo 11 Quáter (nuevo precepto): El agente del Ministerio
Público de la Federación podrá retener al imputado hasta por
cuarenta y ocho horas, plazo en el que deberá ordenarse su li-
bertad o ponérsele a disposición de la autoridad judicial; este
plazo podrá duplicarse en términos de lo establecido por el ar-
tículo 16 Constitucional.
Denominación del Capítulo cuarto: DEL ARRAIGO.
Artículo 12: El Juez de control podrá decretar el arraigo, a so-
licitud del Ministerio Público de la Federación, tratándose de los delitos
previstos en el artículo 2o. de esta Ley, siempre que sea necesario
para el éxito de la investigación, para la protección de personas, de
bienes jurídicos o cuando exista riesgo fundado de que el imputado se
sustraiga de la acción de la justicia.
El arraigo no podrá exceder de cuarenta días, y se realizará con
la vigilancia de la autoridad del agente del Ministerio Público de la
Federación y la Policía que se encuentre bajo su conducción y mando
inmediato en la investigación.
Artículo 12 Bis (nuevo precepto): La petición de arraigo o su
ampliación deberá ser resuelta por la autoridad judicial de ma-
nera inmediata por cualquier medio que garantice su auten-
ticidad, o en audiencia privada con la sola comparecencia del
agente del Ministerio Público de la Federación, en un plazo que
no exceda de las seis horas siguientes a que se haya recibido.
En la solicitud, se deberán expresar las modalidades de lugar,
tiempo, forma, así como las autoridades que lo ejecutarán.
Artículo 12 Ter (nuevo precepto): La resolución judicial que or-
dena el arraigo deberá contener cuando menos:
I. El nombre y cargo del Juez de control que lo autoriza y la
identificación del proceso en el cual se ordena;
II. Los datos de identificación de la persona que estará su-
jeta a la medida de arraigo;
III. Hechos que la ley señale como delitos, por los cuales se
realiza la investigación;

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 79

IV. El motivo del arraigo, debiendo especificar si es necesa-


rio para el éxito de la investigación, para la protección de per-
sonas, de bienes jurídicos, o si existe riesgo fundado de que el
imputado se sustraiga a la acción de la justicia;
V. El día, la hora y lugar en que iniciará la ejecución de la
medida de arraigo, y
VI. Las autoridades que realizarán la ejecución del arraigo.
Si la resolución se emite o registra por medios diversos al
escrito, los puntos resolutivos de la orden de arraigo deberán
transcribirse y entregarse al agente del Ministerio Público de la
Federación.
Artículo 12 Quáter (nuevo precepto): En caso de que el
Juez de control niegue la orden de arraigo o su amplia-
ción, el agente del Ministerio Público de la Federación,
podrá subsanar las deficiencias y solicitar nuevamente
la orden.
La negativa a la solicitud o ampliación de arraigo admite la
apelación, la cual debe ser resuelta en un plazo no mayor de
doce horas contadas a partir de que se interponga.
Artículo 12 Quintus (nuevo precepto). El agente del Ministerio
Público de la Federación, notificará la resolución a la persona
sujeta al arraigo así como a su defensor. De la misma forma
procederá al fenecimiento de la medida.
Denominación del Capítulo quinto: DE LA RESERVA DE LOS REGIS-
TROS DE LA INVESTIGACIÓN
Artículo 13. A los registros de la investigación por los delitos
a que se refiere esta Ley, exclusivamente deberán tener acceso el im-
putado y su defensor que haya aceptado el cargo, en términos de
lo previsto por los artículos 218, 219 y 220 del Código Nacional
de Procedimientos Penales únicamente con relación a los hechos
imputados en su contra, por lo que el agente del Ministerio Público de
la Federación y sus auxiliares guardarán la mayor reserva respecto
de ellas, sin perjuicio de que el indiciado o su defensor, en base
en la información recibida, puedan presentar las pruebas de
descargo que juzguen oportunas.
No se concederá valor probatorio a las actuaciones que
contengan hechos imputados al indiciado, cuando habiendo so-
licitado el acceso a las mismas al Ministerio Público de la Fede-
ración, se le haya negado.
Para efectos de seguridad de las víctimas o los actores pro-
cesales, si el órgano jurisdiccional lo determina de oficio o a pe-
tición de parte, las audiencias celebradas en el procedimiento

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80 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

penal por delitos de delincuencia organizada, se desarrollarán


a puerta cerrada.
Artículo 14.- Cuando se presuma fundadamente que está en ries-
go la integridad personal o la vida de las personas que rindan tes-
timonio en contra de algún miembro de la delincuencia organizada
deberá, a juicio del agente del Ministerio Público de la Federación,
mantenerse bajo reserva su identidad inclusive cuando el imputado
comparezca ante el juez para la formulación de la imputación.
La reserva de identidad, podrá mantenerse en el procedi-
miento penal, cuando se trate del acusador, la víctima u ofen-
dido o menores de edad, en los términos de lo dispuesto en la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En los supuestos previstos en este artículo se deberán lle-
var a cabo las medidas necesarias para salvaguardar el derecho
de defensa.
Denominación del Capítulo sexto: DE LA INTERVENCIÓN DE COMU-
NICACIONES PRIVADAS
Artículo 15: Se deroga.
Artículo 16: Cuando en la investigación el Ministerio Público
de la Federación considere necesaria la intervención de comunica-
ciones privadas el Titular de la Procuraduría General de la Repúbli-
ca o los servidores públicos en quienes se delegue la facultad
podrán solicitar al Juez federal de control competente, por cual-
quier medio, la autorización para practicar la intervención, ex-
presando el objeto y necesidad de la misma, los indicios que hagan
presumir fundadamente que en los delitos investigados parti-
cipa algún miembro de la delincuencia organizada; así como
los hechos, circunstancias, datos y demás elementos que se
pretenda probar.
La intervención de comunicaciones privadas, abarca todo
un sistema de comunicación, o programas que sean fruto de la
evolución tecnológica, que permitan el intercambio de datos,
informaciones, audio, video, mensajes, así como archivos elec-
trónicos, que graben, conserven el contenido de las conversa-
ciones o registren datos que identifiquen la comunicación, las
cuales se pueden presentar en tiempo real o con posterioridad
al momento en que se produce el proceso comunicativo.
La solicitud deberá ser resuelta por la autoridad judicial de
manera inmediata, por cualquier medio que garantice su auten-
ticidad, o en audiencia privada con la sola comparecencia del
Ministerio Público de la Federación, en un plazo que no exceda
de las seis horas siguientes a que la haya recibido.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 81

Si la resolución se registra por medios diversos al escrito,


los puntos resolutivos de la autorización deberán transcribirse
y entregarse al Ministerio Público de la Federación.
Los servidores públicos autorizados para la ejecución de la
medida serán responsables de que se realice en los términos de
la resolución judicial.
Artículo 17: La solicitud de intervención de comunicaciones
privadas deberá estar fundada y motivada, precisar la persona
o personas que serán sujetas a la medida; la identificación del lugar o
lugares donde se realizará, si fuere posible; el tipo de comunicación
a ser intervenida; su duración; el proceso que se llevará a cabo y
las líneas, números o aparatos que serán intervenidos y, en su
caso, la denominación de la empresa concesionaria del servicio
de telecomunicaciones a través del cual se realiza la comunica-
ción objeto de la intervención.
El plazo de la intervención, incluyendo sus prórrogas, no
podrá exceder de seis meses. Después de dicho plazo, sólo po-
drán autorizarse nuevas intervenciones cuando el Ministerio
Público de la Federación acredite nuevos elementos que así lo
justifiquen.
Artículo 18:
Para conceder o negar la solicitud, el juez de distrito cons-
tatará la existencia de indicios suficientes que hagan presumir
fundadamente que la persona investigada es miembro de la de-
lincuencia organizada y que la intervención es el medio idóneo
para allegarse de elementos probatorios.
En la autorización, el Juez de control determinará las caracte-
rísticas de la intervención, sus modalidades, límites y, en su caso,
ordenará a instituciones públicas o privadas modos específicos de co-
laboración.
La autorización judicial para intervenir comunicaciones pri-
vadas, que únicamente llevará a cabo el Ministerio Público de la
Federación bajo su responsabilidad, con la participación de pe-
rito calificado, señalará las comunicaciones que serán escucha-
das o interceptadas, los lugares que serán vigilados, así como
el periodo durante el cual se llevarán a cabo las intervenciones,
el que podrá ser prorrogado por el juez de distrito a petición
del Ministerio Público de la Federación, sin que el periodo de
intervención, incluyendo sus prórrogas pueda exceder de seis
meses. Después de dicho plazo, sólo podrán autorizarse inter-
venciones cuando el Ministerio Público de la Federación acredi-
te nuevos elementos que así lo justifiquen.
Podrán ser objeto de intervención las comunicaciones pri-
vadas que se realicen de forma oral, escrita, por signos, seña-

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82 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

les o mediante el empleo de aparatos eléctricos, electrónicos,


mecánicos, alámbricos o inalámbricos, sistemas o equipos infor-
máticos, así como por cualquier otro medio o forma que permita
la comunicación entre uno o varios emisores y uno o varios receptores.
En ningún caso se podrán autorizar intervenciones cuando se tra-
te de materias de carácter electoral, fiscal, mercantil, civil, laboral o
administrativo, ni en el caso de las comunicaciones del detenido con
su Defensor.
El Juez de distrito podrá en cualquier momento verificar que las
intervenciones sean realizadas en los términos autorizados y, en caso
de incumplimiento, decretar su revocación parcial o total.
Cuando de la intervención de comunicaciones privadas se advierta
la necesidad de ampliarla a otros sujetos o lugares, el Ministerio Pú-
blico de la Federación competente presentará al propio Juez de control
la solicitud respectiva.
El Ministerio Público de la Federación solicitará la prórroga
con dos días de anticipación a la fecha en que fenezca el pe-
riodo anterior. El juez de distrito resolverá dentro de las doce
horas siguientes, con base en el informe que se le hubiere pre-
sentado. De negarse la prórroga, concluirá la intervención au-
torizada, debiendo levantarse acta y rendirse informe comple-
mentario, para ser remitido al juzgador.
Al concluir toda intervención, el Ministerio Público de la Fe-
deración informará al juez de distrito sobre su desarrollo, así
como de sus resultados y levantará el acta respectiva.
Las intervenciones realizadas sin las autorizaciones antes
citadas o fuera de los términos en ellas ordenados, carecerán
de valor probatorio.
Artículo 19: Si en los plazos indicados en los dos artículos
anteriores, el juez de distrito no resuelve sobre la solicitud
de autorización o de sus prórrogas, el Ministerio Público de la
Federación deberá recurrir al tribunal unitario de circuito co-
rrespondiente, para que éste substancie y resuelva en un plazo
igual.
En caso de que el Juez de control niegue la intervención de
comunicaciones o su ampliación, el agente del Ministerio Públi-
co de la Federación, podrá subsanar las deficiencias y solicitar
nuevamente la orden.
La negativa a la solicitud o ampliación de la orden de intervención
de comunicaciones admite la apelación, la cual debe ser resuelta en un
plazo no mayor de doce horas contadas a partir de que se interponga.
Artículo 20: Las intervenciones de comunicación deberán ser
registradas por cualquier medio que no altere la fidelidad, au-

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 83

tenticidad y contenido de las mismas, por quienes las ejecuten,


a efecto de que aquélla pueda ser ofrecida como medio de prue-
ba en los términos que señala el Código Nacional de Procedi-
mientos Penales.
El registro contendrá las fechas de inicio y término de la interven-
ción, un inventario pormenorizado de los documentos, objetos y los
medios para la reproducción de sonidos o imágenes captadas durante
la misma, cuando no se ponga en riesgo a la investigación o a la
persona, la identificación de quienes hayan participado en los actos
de investigación, así como los demás datos que se consideren rele-
vantes para la investigación. El registro original y el duplicado, así
como los documentos que los integran, se numerarán progresiva-
mente y contendrán los datos necesarios para su identificación.
Artículo 21.- Si en la práctica de una intervención de comunicacio-
nes privadas se tuviera conocimiento de la comisión de un delito diver-
so de aquellos que motivan la medida, se hará constar esta circunstan-
cia en el registro para dar inicio a una nueva investigación, con
excepción de los relacionados con las materias expresamente
excluidas en el artículo 16 constitucional. Toda actuación del
Ministerio Público de la Federación o de la Policía Judicial Fe-
deral, hechas en contravención a esta disposición carecerán de
valor probatorio.
Cuando la intervención tenga como resultado el conocimiento de
hechos y datos distintos de los que pretendan probarse conforme a la
autorización correspondiente podrá ser utilizado como medio de prue-
ba, siempre que se refieran al propio sujeto de la intervención y se
trate de alguno de los delitos referidos en esta Ley. Si se refieren a una
persona distinta sólo podrán utilizarse, en su caso, en el procedimiento
en que se autorizó dicha intervención. De lo contrario, el agente del
Ministerio Público de la Federación iniciará la investigación corres-
pondiente o lo pondrá en conocimiento de las autoridades competen-
tes, según corresponda.
Artículo 22: Se deroga.
Artículo 23: Se deroga.
Artículo 24: El Órgano jurisdiccional ordenará la destrucción
de aquellos registros de intervención de comunicaciones pri-
vadas que no se relacionen con los delitos investigados o con
otros delitos que hayan ameritado la apertura de una investi-
gación diversa, salvo que la defensa solicite que sean preserva-
dos por considerarlos útiles para su labor.
Asimismo, ordenará la destrucción de los registros de in-
tervenciones no autorizadas o cuando éstos rebasen los térmi-
nos de la autorización judicial respectiva.

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84 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

Los registros serán destruidos cuando se decrete el archi-


vo definitivo, el sobreseimiento o la absolución del imputado.
Cuando el agente del Ministerio Público de la Federación decida
archivar temporalmente la investigación, los registros podrán
ser conservados hasta que el delito prescriba.
Artículo 25: Se deroga.
Artículo 26: Los concesionarios, permisionarios y demás titulares
de los medios o sistemas susceptibles de intervención, deberán cola-
borar eficientemente con la autoridad competente para el desahogo de
dichos actos de investigación, de conformidad con las disposicio-
nes aplicables. Asimismo, deberán contar con la capacidad téc-
nica indispensable que atienda las exigencias requeridas por
la autoridad judicial para operar una orden de intervención de
comunicaciones privadas.
El incumplimiento a este mandato será sancionado confor-
me a las disposiciones penales aplicables.
En virtud de la reforma, el anterior Capítulo quinto pasa a ser
séptimo.
Artículo 29: Cuando existan indicios razonables, que hagan pre-
sumir fundadamente que una persona forma parte de la delincuencia
organizada, además del aseguramiento previsto por el Código
Nacional de Procedimientos Penales, el agente del Ministerio Pú-
blico de la Federación podrá dictar, previa autorización judicial, el
aseguramiento de los bienes de dicha persona, así como de aquéllos
respecto de los cuales ésta se conduzca como dueño, quedando a car-
go de sus tenedores acreditar la procedencia legítima de dichos bie-
nes, en cuyo caso ordenará el levantamiento de la medida.
Artículo 30: Cuando existan indicios razonables, que permitan
establecer que hay bienes que son propiedad de un sujeto que
forme parte de la delincuencia organizada, o de que éste se conduce
como su dueño, además del aseguramiento previsto por el Códi-
go Nacional de Procedimientos Penales, el agente del Ministe-
rio Público de la Federación, bajo su responsabilidad, fundando
y motivando su proceder, podrá asegurarlos con autorización ju-
dicial previa. Si se acredita su legítima procedencia, deberá ordenar-
se levantar el aseguramiento de inmediato y hacer la entrega de
los mismos a quien proceda.
Artículo 31: El aseguramiento de bienes a que se refiere esta Ley,
podrá realizarse en cualquier etapa del procedimiento penal.
Artículo 32: Se deroga.
Artículo 33: Se deroga.
El capítulo sexto ahora corresponde al octavo.

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 85

Artículo 35: Sin perjuicio de las reglas previstas en el Códi-


go Nacional de Procedimientos Penales, respecto a los criterios
de oportunidad y procedimiento abreviado, por alguno de los
delitos previstos en esta Ley, o cuando alguna persona colabore
eficazmente con el agente del Ministerio Público de la Federa-
ción, en la investigación y persecución de quien forme parte de la
delincuencia organizada o delitos vinculados a ésta, se podrán
aplicar las siguientes reglas:
I. Cuando no exista investigación en su contra, los antece-
dentes de investigación que aporte, o se obtengan con su colabo-
ración, no serán utilizados en su perjuicio. Este beneficio sólo podrá
otorgarse en una ocasión respecto de la misma persona;
II. Cuando exista una investigación en la que el colaborador
esté implicado y éste aporte antecedentes de investigación para
el ejercicio de la acción penal en contra de otros miembros de la
delincuencia organizada, la pena que le correspondería por los delitos
por él cometidos, podrá ser reducida hasta en dos terceras partes;
III. Cuando durante el proceso penal, el imputado aporte me-
dios de prueba ciertas, suficientes para sentenciar a otros miembros
de la delincuencia organizada con funciones de administración, direc-
ción o supervisión, la pena que le correspondería por los delitos por los
que se le juzga, podrá reducirse hasta en una mitad, y
IV. Cuando un sentenciado aporte pruebas eficaces ciertas, sufi-
cientemente valoradas por el juez, para sentenciar a otros miembros
de la delincuencia organizada con funciones de administración, direc-
ción o supervisión, podrá otorgársele la remisión parcial de la pena,
hasta en dos terceras partes de la privativa de libertad impuesta.
Para efecto del ejercicio de la acción penal que en su caso
el agente del Ministerio Público de la Federación deba realizar
éste se apoyará en el criterio de oportunidad a fin de alcanzar
el éxito de la investigación.
En la imposición de las penas, así como en el otorgamiento de los
beneficios a que se refiere este artículo, el órgano jurisdiccional o
el titular de la Unidad Especializada, a que se refiere el artículo
8o. de la presente Ley, tomará en cuenta, además de las circuns-
tancias exteriores de ejecución, y las peculiares del delincuen-
te, la gravedad de los delitos cometidos por el colaborador. En los ca-
sos de la fracción IV de este artículo, la autoridad competente tomará
en cuenta la gravedad de los delitos cometidos por el colaborador y las
disposiciones que establezca la legislación sobre ejecución de penas y
medidas de seguridad.
Artículo 35 Bis (nuevo precepto): Para los efectos del artículo
anterior, se entiende que una persona que forma parte de la

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86 GARCÍA RAMÍREZ / ROJAS VALDEZ

delincuencia organizada y colabora eficazmente en la investi-


gación cuando proporcione información para:
I. Evitar que continúe el delito o se perpetren otros de la
misma naturaleza, o
II. Probar la intervención de otras personas que forman
parte de la delincuencia organizada que tengan funciones de
supervisión, dirección o administración dentro de la organiza-
ción.
Los beneficios sólo se concederán por la comisión o inter-
vención de los delitos a que se refiere esta Ley, cuando los he-
chos cometidos o en los que intervino la persona que forma
parte de la delincuencia organizada, resultan más leves que
aquellos cuya investigación o persecución facilita o cuya conti-
nuación evita.
Las personas que formen parte de la estructura de mando
de las organizaciones criminales, no podrán gozar de los be-
neficios de esta Ley, salvo que éstos últimos colaboren para la
detención o persecución de otros integrantes de la misma je-
rarquía o nivel.
Tampoco se concederán los beneficios cuando se trate de
delitos en los que se involucren víctimas, salvo que la informa-
ción que proporcione el colaborador evite que el delito se eje-
cute o continúe ejecutándose.
La información que suministre el colaborador, deberá estar
sustentada en datos o medios de prueba para la procedencia de
los beneficios a que se refiere este precepto.
Para tal efecto, se tomará en cuenta:
I. Jerarquía y número de los miembros de la delincuencia
organizada detenidos;
II. Delito o delitos que se evitó se cometieran o se siguie-
ran cometiendo;
III. Calidad y cantidad de los objetos, instrumentos o pro-
ductos del delito de la organización criminal que se hayan ase-
gurado, y
IV. Nivel de afectación a las estructuras financieras o de
operación.
Artículo 36: En caso de que existan medios de prueba aporta-
dos por persona distinta de quien colabora con el agente del
Ministerio Público de la Federación, y que impliquen al cola-
borador en hecho distinto de aquél por el cual presta la cola-
boración, a solicitud de la Representación Social de la Federación,
se le podrán reducir las penas que le corresponderían hasta en tres

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 87

quintas partes, siempre y cuando, la información que suministre se


encuentre corroborada por otros datos o medios de prueba y sea
relevante para la detención y procesamiento de otros integrantes de
la delincuencia organizada de mayor peligrosidad o jerarquía que el
colaborador.
Artículo 37, primer párrafo: Cuando se gire orden de aprehensión
en contra de un integrante de la delincuencia organizada, la autori-
dad podrá ofrecer recompensa a quienes auxilien eficientemente para
su localización y aprehensión, en los términos y condiciones que, por
acuerdo específico, el Procurador General de la República determine.
Artículo 38: En caso de que se reciban informaciones anónimas
sobre hechos relacionados con la comisión de los delitos a que se
refiere esta Ley, se estará a lo dispuesto en los artículos 212,
215, 221 y demás relativos y aplicables del Código Nacional de
Procedimientos Penales, el Ministerio Público de la Federación
deberá ordenar que se verifiquen estos hechos. En caso de veri-
ficarse la información y que de ello se deriven indicios suficien-
tes de la comisión de estos delitos, se deberá iniciar una averi-
guación previa, recabar pruebas o interrogar a testigos a partir
de esta comprobación, pero en ningún caso dicha información,
por sí sola, tendrá valor probatorio alguno dentro del proceso.
Para el ejercicio de la acción penal, se requerirá necesaria-
mente de la denuncia, acusación o querella correspondiente.
Artículo 39.- Toda persona en cuyo poder se hallen objetos o docu-
mentos que puedan servir como datos, medios de prueba o pruebas
tiene la obligación de exhibirlos, cuando para ello sea requerido por el
agente del Ministerio Público de la Federación o la policía durante
la investigación, o por el juzgador durante el proceso, con las salve-
dades que establezcan las leyes.
Denominación del Título tercero: DE LA PRUEBA
Artículo 41: Los jueces y tribunales, valorarán aisladamente
o en su conjunto los indicios, según la naturaleza de los hechos, la
prueba de ellos y el enlace que exista entre la verdad conocida y la que
se busca.
Las pruebas producidas en un proceso distinto podrán ser uti-
lizadas en la investigación y la persecución de la delincuencia orga-
nizada y serán admitidas para su respectiva valoración con los
demás medios probatorios.
En los procedimientos penales se tendrá por acreditada la
existencia de una organización delictiva determinada cuando exista
una sentencia judicial irrevocable emitida por cualquier tribunal
nacional o extranjero que tenga por acreditada dicha existencia. En
estos casos, en los procedimientos penales seguidos en contra de cual-

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quier imputado, se deberá probar su vinculación a dicha organización


delictiva, así como demás elementos que se requieran para que
pueda ser sentenciado por el delito de delincuencia organizada.
Artículo 42, segundo párrafo: Para la prisión preventiva y eje-
cución de sentencias en materia de delincuencia organizada se
destinarán centros especiales.
Artículo 43: Los sentenciados por los delitos a que se refiere la
presente Ley no tendrán derecho a los beneficios de libertades anti-
cipadas, salvo lo previsto en el artículo 35 de la presente Ley.
En toda pena de prisión que se imponga en una sentencia,
se computará el tiempo de la detención, en su caso el arraigo,
así como el de cualquier medida cautelar que implique la priva-
ción de la libertad personal.
Artículo 44: La regla prevista en el párrafo primero del artículo
anterior, se aplicará en relación a los beneficios establecidos en el
Código Penal Federal y la Ley aplicable en materia de ejecución
de penas.
Artículo 45 (nuevo precepto): Las personas sujetas a prisión
preventiva o que hayan sido sentenciadas por los delitos a que
se refiere esta Ley, no tendrán el derecho a cumplir con esta
medida cautelar o compurgar sus penas, respectivamente, en
el centro penitenciario más cercano a su domicilio.
La legislación en materia de ejecución de penas preverá
lo conducente respecto a los centros especiales para la reclu-
sión preventiva y la ejecución de sentencias, la restricción de
comunicaciones de los imputados y sentenciados, así como la
imposición de medidas de vigilancia especial a los internos por
delincuencia organizada.

O. Reforma del 7 de abril de 2017

Se agrega la fracción X al artículo 2°: Contra el Ambiente pre-


visto en la fracción IV del artículo 420 del Código Penal Federal.

P. Reforma del 8 de noviembre de 2019

Se agregan las fracciones VIII Bis y VIII Ter en el artículo 2°; asi-
mismo, se modifica la fracción VIII:
VIII. Contrabando y su equiparable, previstos en los artículos 102
y 105 cuando les correspondan las sanciones previstas en las
fracciones II o III del artículo 104 del Código Fiscal de la Federa-
ción;
VIII Bis. Defraudación fiscal, previsto en el artículo 108, y
los supuestos de defraudación fiscal equiparada, previstos en

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EVOLUCIÓN Y RESULTADOS DE LA LEY FEDERAL... 89

los artículos 109, fracciones I y IV, ambos del Código Fiscal de


la Federación, exclusivamente cuando el monto de lo defrau-
dado supere 3 veces lo dispuesto en la fracción III del artículo
108 del Código Fiscal de la Federación;
VIII Ter. Las conductas previstas en el artículo 113 Bis
del Código Fiscal de la Federación, exclusivamente cuando las
cifras, cantidad o valor de los comprobantes fiscales que am-
paran operaciones inexistentes, falsas o actos jurídicos simu-
lados, superen 3 veces lo establecido en la fracción III del ar-
tículo 108 del Código Fiscal de la Federación;

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