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Semiótica de Peirce: Teoría del Signo

Este documento presenta una introducción a la semiótica de Charles Sanders Peirce. Explica que para Peirce, la semiótica es equiparable a la lógica y se refiere al estudio de la semiosis o proceso de inferencia a través de signos. Describe los tres componentes básicos del signo según Peirce: el representamen, el objeto y el interpretante.

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Semiótica de Peirce: Teoría del Signo

Este documento presenta una introducción a la semiótica de Charles Sanders Peirce. Explica que para Peirce, la semiótica es equiparable a la lógica y se refiere al estudio de la semiosis o proceso de inferencia a través de signos. Describe los tres componentes básicos del signo según Peirce: el representamen, el objeto y el interpretante.

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Capítulo I.

La semiótica de Peirce

Charles Sanders Peirce elaboró una extensa obra de carácter fragmentario (reunida en los Collected Papers) en la que
siempre buscó construir y fundamentar una teoría de los signos como el marco para una teoría del conocimiento. La
semiótica de Peirce tiene una perspectiva filosófica pues constituye una teoría de la realidad y del conocimiento que
podemos tener de ella por el medio exclusivo del que disponemos: los signos. El único pensa- miento que puede conocerse
-sostiene Peirce- es pensamiento en los signos, y como un pensamiento que no pueda conocerse no existe, todo
pensamiento debe existir necesariamente en los signos. Dicho de otro modo no podemos pensar sin signos.

Para Peirce la semiótica es equiparable a la lógica, por ello afirma: "La lógica, en su sentido general, es, como creo haberlo
demos- trado, otro nombre de la semiótica (σημειωτικη), la doctrina cua- si-necesaria, o formal, de los signos"."

La semiótica entendida como otro nombre de la lógica tiene por objeto de estudio a la semiosis, palabra que Peirce toma
del filósofo epicúreo Filodemo, para el que ella es una inferencia a partir de signos. La semiosis, el instrumento de
conocimiento de la realidad, es siempre para Peirce un proceso triádico de inferencia mediante el cual a un signo (llamado
representamen) se le atribu- ye un objeto a partir de otro signo (llamado interpretante que remite al mismo objeto. Si
alguien ve en la puerta de un negocio la imagen de una cruz color verde (representamen), por ejemplo, comprende que
allí hay una farmacia (objeto a partir de un pro- ceso semiótico de inferencia que consiste en que el primer signo
(representamen) despierta en su mente otro signo, como la pala- bra "farmacia" (interpretante), que lo lleva a conectar el
primer signo (representamen) con el objeto farmacia. Como se despren- de de este ejemplo, la semiosis es una experiencia
que hace cada uno en todo momento de la vida, mientras que la semiótica cons- tituye la teoría de esa experiencia, cuyos
componentes formales son el representamen, el objeto y el interpretante.

1.1 El signo

El signo en Peirce recibe el nombre técnico de representamen. El representamen es una "cualidad material) (una secuencia
de letras o de sonidos, una forma, un color, un olor, etc.) que está en el lugar de otra cosa, su phjeto, de modo que despierta
en la mente de alguien un signo equivalente o más desarrollado al que se denomina interpretante, que aclara lo que
significa el representamen y que a su vez representa al mismo objeto, En un diccionario, por ejemplo, la secuencia de
letras "perro" (la palabra cuyo significado se busca) constituye un representamen que está en el lugar de un objeto al que
representa (provisoriamente pen- semos en los perros de la realidad), y la definición que la acompa- ña, constituida a su
vez por signos-otras secuencias de letras-, funciona como el interpretante que establece el significado del representamen.
La señal caminera conformada por un círculo rojo con una línea blanca horizontal colocada en la esquina de una calle es
otro representamen que representa un objeto, en este caso el hecho de que allí cambia la dirección de los vehículos, cuyo
interpretante es otro signo, como el de la lengua española "dirección prohibida".

Peirce mismo define al signo del siguiente modo:

"Un signo o representamen, es algo que, para alguien, repre- senta o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige
a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o, tal vez, un signo más desarrollado. Este signo
creado es lo que yo llamo el ánterpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Estå en lugar de ese
objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del
representamen. 'Idea' debe entenderse aquí en cierto sentido platónico, muy familiar en el habla cotidiana, quiero decir,
en el mismo sentido en que decimos que un hombre capta la idea de otro hombre, en que decimos que cuando un hombre
recuerda lo que estaba pensando anteriormente, recuerda la misma idea, y en que, cuando el hombre continúa pensando
en algo, aun cuando sea por un décimo de segundo, en la medida en que el pensamiento concuerda consigo mismo du-
rante ese lapso, o sea, continúa teniendo un contenido similar, es 'la misma idea', y no es, en cada instante del intervalo,
una idea nueva""

Esta definición implica que existen tres condiciones para que algo sea un signo:
1. Condición necesaria pero no suficiente: el signo debe tener cualidades que sirvan para distinguirlo, por ejemplo una
pala- bra debe tener un sonido particular diferente del sonido de otra palabra. Pero no basta percibir un sonido para
reconocer- lo como signo..

2. Segunda condición necesaria pero no suficiente: el signo debe tener un objeto, aunque la relación del representamen
con el objeto no basta para hacer de uno el signo de otro. Para ello es necesario un interpretante.

3. Tercera condición necesaria y suficiente: la relación semiótica debe ser trnádica, comportar un representamen que debe
ser reconocido como el signo de un objeto a través de un interpretante.

REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE

A continuación, comentaremos la definición del signo dada por Peirce precisando las nociones de interpretante, objeto y
fundamento.

1.1.1 El interpretante

Sobre el interpretante, Eco (1986: 85; 2000: 116)" aclara que es otro signo, o sea otra representación, que se refiere al
mismo objeto que el representamen y que puede asumir diversas formas:

Un signo equivalente de otro sistema semiótico. Por ejemplo, el interpretante de la palabra "perro" puede ser el dibujo
de un perro, es decir un signo de otro sistema semiótico respec- to del lenguaje verbal al que pertenece dicha palabra. El
dedo índice que apunta a un objeto, aunque se sobreen- tiende que se trata de "todos los objetos como éste". En el caso
de la palabra "perro" en tanto representamen, el interpretante puede ser entonces el dedo índice que apunta hacia un
perro.

Una clefinición ingenua o científica formulada en el mismo siste- ma de comunicación, en la misma lengua que en la que
es cons truido el representamen. Por ejemplo, para el representamen "sal" el interpretante puede ser "cloruro de sodio".

La traducción del término a otra lengua. Por ejemplo, el interpretante de la palabra del español "perro" puede ser la
palabra del inglés "dog". Peirce mismo se refiere a esta posi- bilidad cuando sostiene que "si buscamos la palabra 'homme'
en un diccionario francés-inglés, veremos frente a la palabra 'homme' la palabra 'man' que representa 'homme' como re-
presentando la misma criatura bípeda que 'man' mismo m representa". 12 En este caso, la palabras el inglés "man" funcio-
na como el interpretante de la palabra del francés "homme".

La traducción del término a otro de la misma lengua mediante un sinónimo Por ejemplo, "remedio" para "medicamento".

Una asociacion emotiva con un valor fijo Por ejemplo, el interpretante de la palabra perro puede ser fidelidad

En verdad, en todos los ejemplos anteriores podemos pensar la interpretación de un signo como la entiende Peirce: la
traduc- ción de un signo en otro signo, el interpretante, que se correspon- de con el significado del primer signo. De allí
que conciba al signi- ficado de un signo como "el signo al que éste debe traducirse" y afirme que el significado "es, en su
acepción primaria, la traduc- ción de un signo a otro sistema de signos"."

Hasta aquí hemos tratado al interpretante sin considerar en él diversos tipos, pero siguiendo a Peirce se pueden distinguir
tres interpretantes de un signo: el interpretante inmediato, el interpretante dinámico y el interpretante final.

a El interpretante inmediato

El interpretante inmediato es el interpretante pensado como el concepto o significado que comporta todo signo
independien- temente de su contexto y de las circunstancias de su enuncia- Ción. De allí que Peirce sostenga:
"Mi Interpretante Inmediato es, en mi opinión, un concepto (...) Podría describir mi Interpretación Inmediata como parte
del efecto del Signo que basta para que una persona pueda decir si el Signo es o no es aplicable a algo que esa persona
conozca suficientemente (...) Mi Interpretante Inmediato está implícito en el hecho de que cada Signo debe tener su
Interpretabilidad pe- culiar antes de obtener un Intérprete (...) El Interpretante Inme- diato es una abstracción: consiste
en una Posibilidad".

El interpretante inmediato en tanto concepto permite relacio- nar un signo con un objeto sin considerar una situación
comunicativa concreta en la que dicho signo aparezca, por ello Peirce afirma que se trata de una abstracción y de una
posibilidad. El interpretante inmediato de la palabra "fuego", por ejemplo, es la parte del signi- ficado que se mantiene
más allá de que sea dicha en un grito ante un incendio o en un pedido para encender un cigarrillo.

El interpretante dinámico

Se trata del efecto particular que un signo provoca en la men- te de un intérprete en una situación concreta de enunciación,
en un contexto determinado de utilización. Por ello Peirce sostiene:

"Mi Interpretante Dinámico consiste en el efecto directo real- mente produrido por un Signo en su Intérprete (...) Mi
Interpretante Dinámico es aquel que es experimentado en cada acto de interpretación, y en cada uno de éstos es diferente
de cualquier otro (...) El Interpretante Dinámico es un evento sin- gular y real.

El interpretante dinámico es un efecto particular produci- do por el signo en un "aquí y ahora" que lo vuelve un aconte-
cimiento singular y real, frente a la abstracción y la posibilidad que atañen al interpretante inmediato. Este efecto singular
pro- vocado por el signo en un acto de comunicación específico puede ser de naturaleza diversa, un sentimiento o una
emo- ción, una acción, una idea o un pensamiento, incluso un razo- namiento, etc. De esta manera, el interpretante
dinámico de la palabra "fuego" gritada ante un incendio, por ejemplo, puede ser tanto sentir terror, salir corriendo o
pensar en llamar a los bomberos.

El interpretante final

Como afirma Deladalle (1996), este interpretante presupone a los otros dos tipos de interpretantes (inmediato y
dinámico). El interpretante final (también llamado "normal") es el interpretante pensado como un hábito que hace posible
la interpretación recu- rrente y estable de un signo. Por un lado, se trata del hábito que consiste en atribuir a un
representamen un objeto y, por otra parte, del interpretante que despierta la unanimidad de los eruditos en un campo
del conocimiento." El interpretante "ser humano adulto fe- menino" para el representamen "mujer", por ejemplo, es final
por- que es un interpretante habitual y recurrente que atribuye de modo estable a dicho representamen un objeto. El
interpretante "H₂O" para el representamen "agua" es asimismo un interpretante final, pues concita el consenso entre los
expertos,

La siguiente definición dada por Peirce del interpretante final destaca las consideraciones anteriores, es decir, que el
interpretante final permite que ante un signo "cualquier mente" llegue a un "único resultado interpretativo":

"Mi Interpretante Final seria (...) el efecto que el Signo product- ía sobre cualquier mente sobre la cual las circunstancias
penni- tirían que pudiera ejercer su efecto pleno. Es el único resultado interpretativo al que cada intérprete está destinado
a llegar si el signo es suficientemente considerado""

Citando a Peirce, Eco (1981. 63) especifica que un hábito es "una tendencia a actuar de manera similar en circunstancias
futu ras similares" y que "el interpretante final de un signo es este hábito como resultado". Por ello, el interpretante final
es también la regularidad en la disposición a actuar en el mundo y a intervenir en las cosas que un signo despierta en su
interprete. El interpretante final del signo conformado por la luz roja del semáforo, entonces, será el hábito de detenerse.

El interpretante inmediato (el interpretante pensado como concepto), el interpretante dinámico (el interpretante pensado
como efecto real en el intérprete) y el interpretante final (el interpretante pensado como hábito) son distinguidos por
Peirce desde un punto de vista teórico, pero son tres instancias de la interpretación de un signo que funcionan
simultáneamente en un acto de semiosis.
REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE

INMEDIATO DINÁMICO FINAL

[Link] El principio del pragmatismo X

En un primer momento, Peirce utilizó el término "pragmatismo" para referirse a su principio según el cual la creen- cia en
la verdad de un concepto determina hábitos de conducta. La adopción de esta palabra por parte del filósofo William James
para calificar una propuesta filosófica con elementos opuestos a "la sana lógica" según Peirce, hizo que la sustituyera por
"pragmatismo". Sobre el principio del pragmatismo o pragmatismo, sostiene:

"Dado que empleé la palabra Pragmatismo, y como tendré una vez más la ocasión de emplearla, tal vez sería bueno que
la explique. Hace alrededor de cuarenta años, mis estudios sobie Berkeley, Kant, y algunos otros después de haberme
convencido de que todo pensamiento se hace mediante Signos y que la meditación adopta la forma de un diálogo, de
modo que conviene hablar de la significación de un concepto me condujeron a la conclusión de que para adquirir el
dominio completo de esta significación es necesario, en primer lugar, aprender a reconocer este concepto bajo toda suerte
de disfraces, familiarizándose lo más posible con el mayor número de casos de ese concepto Pero esto, después de todo,
no implica que se lo comprenda verdaderamente; de modo que es necesario, además, que haga- mos de él un análisis tan
completo como sea posible. Pero in- cluso así es aún posible que no tengamos una comprensión viva; y el único modo de
completar nuestro conocimiento de su naturaleza es descubrir y reconocer cuáles son exactamente los hábitos generales
de conducta que una creencia en la verdad del concepto (de cualquier tema y en cualquier circunstancia concebibles)
desarrollaría razonablemente, es decir, qué hábitos resultarían en última instancia de una consideración suficiente de esta
verdad" "

La creencia en la verdad del concepto de estufa como obje- to que calienta un ambiente, por ejemplo, desarrolla el hábito
de conducta que consiste en prender una estufa cuando hace frío. Se entiende así que Peirce afirme que para el
pragmatismo "el Interpretante Inmediato de todo pensamiento propio es la Con- clucta" y que "el pragmatismo hace que
la esencia de cada concepto sea presentada dentro de una influencia sobre posi- bles conductas" 21

El espíritu genuino del pragmatismo, entonces, consiste para Peirce en considerar que el significado lógico de los conceptos
se Encarna en hábitos generales de conducta. Desde este punto de vista, el pragmatismo sostiene que lo que nosotros
pensamos debe ser entendido en términos de aquello que estamos dispuestos a hacer, por lo que Peirce plantea que la
lógica, doctrina de lo que debemos pensar, debe ser una aplicación de la doctrina de lo que decidimos deliberadamente
hacer, y, por consiguiente, una apli- cación de la ética (la que, a su vez, adquiere el verdadero sentido de sus operaciones
gracias a la lógica). 22

1.1.2 El objeto

Peirce hace hincapié en que para que algo sea un signo "lebe [Link] solemos decir, a otra cosa, llamada su
Objelo Sobre el sentido que le otorga a la noción de representar, afirma:

"Estar en lugar de otro, es decir, estar en tal relación con otra que, para ciertos propósitos, sea tratado por ciertas mentes
como si se fuera ese otro. Consecuentemente, un vocero, un diputado, un apoderado, un agente, un vicario, un diagrama,
un sintoma, un tablero, una descripción, un concepto, una premisa, un testi- monio, todos representan alguna otra cosa,
de diversas maneras, para mentes que así los consideran. (...) Cuando se desea dístin- guir entre aquello que representa y
el acto o relación de repre- sentar, lo primero puede ser llamado el 'representameny lo segundo la 'representación" 15

Peirce sostiene que para atenuar las dificultades de su estudio, se referirá a los signos como si tuvieran un único objeto,
pero aclara que un signo (como una oración o un texto) puede tener más de un objeto. En estos casos, se referirá a un
(objeto complejo

"Un Signo puede tener más de un Objeto. Así, la oración 'Caín mató a Abel, que es un Signo, se refiere tanto a Cain como
a Abel, si no se considera como se debería que se tiene un 'matar' como tercer Objeto. Pero puede considerarse que el
conjunto de Objetos constituye un único Objeto complejo. En lo sucesivo, y a menudo en otros futuros textos, los Signos
serán tratados como si cada uno tuviera únicamente un solo Objeto, a fin de disminuir las dificultades del estudio". 24

A sú vez, Peirce distingue en el objeto dos tipos: el objeto inmediate (interior a la semiosis) y el objeto dinámico (exterior
a la semiosis):

"Esto es, debemos distinguir el Objeto Inmediato, que es el Objeto tal como es representado por el Signo mismo, y cuyo
Ser es, entonces, dependiente de la Representación de él en el Signoly, por otra parte, el Objeto Dinámico, que es la
Realidad que, por algún medio, arbitra la forma de determinar el Signo a su Representación".

REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETΑΝΤΕ

INMEDIATO DINÁMICO

Pensemos en el planeta Venus como objeto dinámico en el sentido que le da Peirce en la cita anterior, un objeto de la
realidad considerado fuera de la relación semiótica, independiente del modo en que un signo lo representa. Dicho planeta
suele ser designado, según la época del año, mediante dos expresiones: "el lucero matutino" o el "lucero vespertino".
Estas dos expresiones repre- sentan a un mismo objeto dinámico (el planeta Venus) de distinto modo: se trata de la
construcción semiótica de dos objetos inme- diatos diferentes. 26

Expresiones referenciales como las nombradas son de gran utilidad para ilustrar las nociones de objeto inmediato y objeto
dinámico porque manifiestan cómo los signos (en el ejemplo dado, las palabras) construyen semióticamente los objetos
de la realidad a los que representan, en muchos casos (si no en todos) guiados por consideraciones ideológicas. De esta
manera, un mismo objeto dinámico, como el ex presidente argentino Juan Domingo Perón, fue en la Argentina construido
en tanto objeto inmediato de modo negativo por la expresión "el tirano prófu- go" en los círculos antiperonistas luego de
1955, mientras que entre sus adeptos fue representado antes de su caída con la expresión "el primer trabajador".

Según Peirce, el objeto dinámico tiene una existencia inde- pendiente respecto del signo que lo representa pero para que
el signo pueda representarlo, este objeto debe ser algo conocido para el intérprete, es decir, debe tener de él un
conocimiento colateral que es el resultado de semiosis anteriores:

"Objeto es aquello acerca de lo cual el Signo presupone un conocimiento para que sea posible proveer alguna información
adicional sobre el mismo. No dudamos que habrá lectores que digan que no pueden aprehender asto. Ellos pensarán que
un Signo no necesita estar relacionado con algo ya conocido de otra manera y creerán que no tiene ni pies ni cabeza
afirmar que todo Signo debe relacionarse con un Objeto conocido. Pero si existiera 'algo que transmitiera información y,
sin entbargo, no tuviera ninguna relación ni referencia respecto de alguna otra cosa acerca de la cual la persona a quien
llega esa información careciera del menor conocimiento, directo o indirecto -y por cierto que sería esa una muy extraña
clase de información, el vehículo de esa clase de información no sería llamado, en este trabajo, un Signo","
La exigencia de que el objeto debe ser algo conocido, ya pensado, para que el signo pueda representarlo y dar informacio-
nes suplementarias de él, lleva a Peirce a afirmar que el objeto tiene también la naturaleza de un signo, dado que
pensamiento y signo son en Peirce equivalentes:

Todo signo está puesto para un objeto independiente de él mismo, pero no puede ser un signo de ese objeto sino en la
medida en que éste tiene él mismo la naturaleza de un signo, del pensamiento" 29

En síntesis, el objeto dinámico es el objeto de una realidad que tiene una existencia independiente de la semiosis, pero
para que el signo pueda decir algo de él es necesario que ya haya sido objeto de semiosis anteriores a partir de las que el
intérprete tiene un conocimiento de dicho objeto, que es, por ello, concebido también como un signo. De esta manera,
en un último análisis lógico los tres componentes formales de la semiosis (representamen-objeto-interpretante) son
signos.

1.1.3 El fundamento

Peirce afirma que el signo representa a su objeto "no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea,
que ha llamado el fundamento del representamen. Dicho fundamento es uno o varios rasgos o atributos de un objeto que
permiter identificarlo, es decir, los rasgos distintivos que lo diferencian de otros objetos. Las expresiones antes
mencionadas "el lucero ma- tutino" y "el lucero vespertino", en tanto representámenes, repre- sentan al planeta Venus
sobre la base de fundamentos diferentes (según la época del año): el primer representamen selecciona del objeto (Venus)
el rasgo distintivo "matutino" y el segundo representamen selecciona del mismo objeto (Venus) el rasgo dis- tintivo
"vespertino".

Estas mismas expresiones fueron usadas para ejemplificar cómo un mismo objeto dinámico (en este caso el planeta Venus)
es representado con dos representámenes que construyen objetos inmediatos diferentes, lo que ahora podemos
comprender mejor al advertir que es el fundamento del representamen lo que cons- truye al objeto inmediato, es decir
que el signo instituye al objeto. inmediato por medio del fundamento. De allí que Eco (1980: 82) afirme que el fundamento
es "un atributo del objeto en la medida en que dicho objeto se ha seleccionado de determinada manera y sólo algunos de
sus atributos se han elegido como pertinentes para la construcción del objeto inmediato del signo".

Por otra parte Eco 1981:51) ha planteado la hipótesis de que el fundamento es un componente del significado del signo,
E entendido como la suma de rasgos semánticos que caracterizan su contenido. Esto es así porque estos rasgos semánticos,
como 'hu- mano', 'femenino', 'adulto' para el significado del signo "mujer", son a su vez los rasgos distintivos, atributos
que diferencian al objeto mujer de otros objetos, es decir, el fundamento de dicho signo. Para Eco, entonces, más allá de
su distinción formal, el fun- damento, el significado y el interpretante de un signo "son, de hecho, una misma cosa", pues
sería imposible definir al funda- mento si no es en cuanto significado, y definir algún significado como no sea en forma de
una serie de interpretantes.

1.1.4 La semiosis infinita

Los componentes formales de la semiosis, dijimos, son el representamen, el objeto y el interpretante. Dado que el
interpretante es también un signo, está en lugar de un objeto y remite a su vez a un interpretante. Este interpretante es,
asimismo, un signo, que está en el lugar de un objeto y está ligado a un interpretante, que es un signo, y así de modo
ilimitado. Por esto Peirce afirma que un signo es:

"Cualquier cosa que determina a otra cosa (su interpretante) a referirse a un objeto al cual ella también se refiere (su
objeto) de la misma manera, deviniendo el interpretante a su vez en signo, y asi sucesivamente ad infinitum"
REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE

(REPRESENTAMEN)

OBJETO

INTERPRETANTE

(REPRESENTAMEN)

OBJETO

INTERPRETANTE

(REPRESENTAMEN)

Un signo, por lo tanto, no está aislado, sino que integra una cadena de semiosis cada signo es a la vez interpretante del
que lo antecede e interpretado por el que le sigue. Como todos los pen- samientos son signos, también se remiten unos a
otros: "Todos los pensamientos deben dirigirse ellos mismos a otros pensamientos, puesto que tal es la esencia del signo".

A su vez, como todo conocimiento es una relación entre sig- nos, Peirce postula que todo conocimiento está determinado
por Otros conocimientos:

"No se puede poseer ningún conocimiento que no esté determi- nado por un conocimiento anterior"."

Magariños de Morentin (1983: 86) destaca el aporte que la teoría de Peirce hace a la epistemología contemporánea:

"El conocimiento tiene siempre por objeto a otro conocimiento y nunca a la realidad en su pretendida pureza de no
modificada todavía por el pensamiento. Si, por tanto, el objeto de todo signo debe ser algo ya conocido, es que también
es signo. El sentido recurrente del concepto de signo es uno de los aportes más fructiferos de Peirce a la epistemología
contemporánea".

Puesto que un interpretante es en general un signo más desa- rrollado que el representamen, la cadena de la semiosis
infinita determina un paulatino aumento del conocimiento sobre un obje to. ¿Pero toda semiosis es infinita? En verdad,
la semiosis es virtual- mente infinita, por eso hay que distinguir entre la semiosis infinita y la denominada (semiosis en
acto", que le pone un término pro- visional a la cadena cuando un interpretante final designa el obje- to de un
representamen en un acto semiótico particular

1.2 Las ramas de la semiótica

El hecho, dice Peirce, de que cada representamen se conecte con tres cosas (el fundamento, el objeto y el interpretante)
hace que la ciencia semiótica tenga tres ramas:
1. La gramática pura. Su finalidad es averiguar qué es lo verda- dero en el representamen utilizado por toda inteligencia
cien- tífica como para que aquel pueda encarnar un significado. Por ello, la gramática pura busca responder a la siguiente
pregunta: ¿cómo debe ser el representamen para poder encamar al significado?

2. La lógica propiamente dicha. En palabras de Peirce, "es la ciencia de lo que es cuasi-necesariamente verdadero de los
representámenes de cualquier inteligencia científica para que puedan ser válidos para algún objeto, esto es, para que pue-
dan ser ciertos. Vale decir, la lógica propiamente dicha es la ciencia formal de las condiciones de verdad de las represen-
taciones". Por esto la lógica responde a la siguiente pregun- ta: En qué sentido es verdadero que un representamen esté
en lugar de un objeto?

3. La retórica pura. Tiene como finalidad "determinar las leyes mediante las cuales, en cualquier inteligencia científica, un
signo da nacimiento a otro, y, especialmente, un pensamien- to da nacimiento a otro pensamiento". " La retórica pura
con- cierne así al aumento "lógico" del conocimiento.

1.3 Las categorías

La concepción triádica del signo en Peirce (representamen- objeto-interpretante) tiene como origen la división triádica de
las categorías, que son el objeto de reflexión de lo que Peirce deno- mina alternativamente según sus diferentes escritos
faneroscopía, fenomenología o ideoscopía.

El término faneroscopía deriva de fanerón equivalente a lo que los filósofos ingleses llamaron "ideas", entendido por Peirce
como todo lo que está presente en la mente, del modo o en el sentido que sea, corresponda a algo real o no". De allí que
Peirce sostenga:

"Lo que yo llamo 'faneroscopía' es la descripción de lo que está frente a la mente o en la conciencia, tal como aparece.

Las tres categorías que postula Peirce son tres modos de ser del fanerón, tres maneras en que el fanerón está presente en
la mente, o en otras palabras, tres puntos de vista sobre él. Peirce sostiene que todos los fanerones (o ideas) pueden ser
pensados desde tres categorías: la Primeridad, la Segundidad y la Terceridad.

La categoría de primeridad implica considerar a algo tal como es sin referencia a ninguna otra cosa; a su vez, la primeridad
se vincula con las ideas de libertad, posibilidad, indeterminación, comienzo, no- vedad. Pensemos, como propone Savan
(1980), en una serie: el Prin primero es libre e indeterminado porque se puede tomar cualquier cosa como punto de
partida, como comienzo de la serie (puede ser, por ejemplo, el número 5 o cualquier otro). Peirce da como ejemplo de
primero a la cualidad tomada independientemente de cualquier realización existencial, en tanto tal, es una pura
posibilidad indetermi nada, como la dureza, lo áspero, el rojo o cualquier otro color antes de estar manifestados en un
objeto. En el signo, el representamen (cualidad) be corresponde con la categoría de primeridad.

La categoría de segundidad implica considerar a algo tal com es pero en relación con otra cosa, es decir, establecer una
relaci diádica que no involucre a una tercera cosa. Peirce vincula la ca goría de segundidad con la idea de existencia y de
hecho bruto. Como ejemplos de segundo, se refiere a la caída de ur sundid biedra en tanto hecho bruto, considerado
como relación diádic entre la piedra y la tierra, en cuanto asunto exclusivo de la piede y de la tierra en un momento
determinado. Si pensamos en un serie, el primero, en sí mismo, es sólo la posibilidad de la serie, e el segundo quien
introduce la existencia de ella. Pero si algo fuese analizado sólo en términos de primeridad y de segundidad, ni la ley, ni la
regularidad existirían: en una serie el segundo podría ser cualquier cosa (por ejemplo el número 6 o cualquier otro), y
esta- ríamos ante una serie azarosa. En el signo, eltobjetosse correspon- de con la categoría de la segundidad, la de
existencia, pero si nos limitáramos a la relación diádica entre un primero (el representamen) y un segundo (et objeto) nos
encontraríamos ante una relación sin regularidad.

La categoría de terceridad es la que hace posible la ley y la regularidad. En una serie, es el tercero el que introduce una
pro- gresión regular no azarosa mediante una ley (por ejemplo, "n + erida"). En el signo, el interpretante se corresponde
con la categoría de terceridad, pues constituye una ley que pone en relación a un primero (el representamen) con un
segundo (el objeto) con el que él mismo está en relación, de allí que Peirce afirme:

"En su forma genuina, la Terceridad es la relación triádica que existe entre un signo, su objeto y el pensamiento
interpretador, que es en sí mismo un signo, considerada dicha relación triádica como el modo de ser de un signo".
El interpretante, como tercero, incorpora una auténtica rela- ción triádica, pues establece: a. La relación del primero
(representamen) con el segundo (objeto); b. Su propia relación con el segundo (objeto); c. El hecho de que la relación
entre el primero (representamen) y el segundo (objeto) es la misma que la del segundo (objeto) con el tercero
(interpretante).

Los tres constituyentes de la semiosis, el representamen, el objeto y el interpretante, son a su vez tricotomizados por
Peirce sobre la base de las tres categorías faneroscópicas, a partir de to que se obtienen nueve tipos de signos:

PRIMERIEDAD SEGUNDIDAD TERCERIDAD


REPRESENTAMEN Cualisigno Sinsigno Legisigno
OBJETO Icono Índice Símbolo
INTERPRETANTE Rema Dicente Argumento

1.4 Tipos de signos

1.4.1 Cualisigno, sinsigno, legisigno

El examen faneroscópico permite dividir al representamen en cualisigno, sinsigno y legisigno. Peirce especifica que estos
signos son clasificados conforme a la propia naturaleza material del repesentamen.

[Link] Cualisigno

Corresponde a la categoría de la primeridad porque es una cualidad (un color, una forma, una textura, etc.) que en sí
misma es una mera posibilidad hasta que se manifieste en un sinsigno (un signo existente): Puras apariencias pero la
formulación no tiene relación alguna con su carácter en tanto signo"."

[Link] Sinsigno

Corresponde a la categoría de segundidad porque es cual- quier cosa existente que es un signo. El sinsigno es una materiali-
zación del cualisigno y cobra significado gracias a un legisigno (un tipo general del que es la manifestación):

"Un Sinsigno (la silaba sin se toma para significar que es una única vez, como en las palabras inglesas single, simple, o en
la latina semel, etc.) es una cosa o un evento real y verdaderamente existente que es un signo Puede serlo únicamente a
través de sus cualidades; de modo tal que involucra a un cualisigno, o en realidad, a varios cualisignos. Pero esos
cualisignos son de una naturaleza peculiar y sólo forman un signo cuando están efecti- vamente formulados o encarnados".

[Link] El legisigno

Se corresponde con la categoría de terceridad porque es una ley que es un signo entendido como un tipo general integrado
en un sistema organizado. El legisigno vuelve significante a los sinsignos, las manifestaciones "aquí y ahora" del legisigno:
Convención

"Un Legisigno es una ley que es un Signo. Esta ley es general- mente establecida por los hombres. Todo signo convencional
es un legisigno (pero no recíprocamente). No es un objeto único sino un tipo general que, como se ha acordado, será
significante. Cada legisigno significa por medio de una instancia de su aplica- ción, que puede ser llamada una Replica de
él. Así, la palabra 'el' (artículo) puede aparecer de quince a veinticuatro veces en una página. En todas esas ocurrencias es
una única y misma palabra, el mismo legisigno. Cada una de esas instancias es una Réplica. La Réplica es un Sinsigno. En
consecuencia, todo Legisigno re- quiere Sinsignos. (...) Tampoco la Réplica sería significante, si no fuera por la ley que la
convierte en tal".

Por ejemplo, en la palabra "perro" escrita por una maestra con una tiza blanca en una pizarrón durante una clase, el
cualisigno sería la blancura y cierta textura propia de la tiza, que en tanto cualidades son meras posibilidades hasta que se
encar- nen en la palabra efectivamente escrita por la maestra en el pizarrón. Dicha palabra es un sinsigno, un hecho
existente en determinado contexto y en determinado tiempo y lugar, que para existir involucra la blancura y la textura de
la tiza, es decir, un cualisigno. Si la maestra escribe dicha palabra y los niños la entienden es porque conocen el legisigno,
la palabra en tanto integrante del sistema de la lengua española, que hace significante al sinsigno (la ocurrencia particular
en el pizarrón). El legisigno constituye como terceridad una ley, la ley de la lengua española que relaciona determinado
representamen (en este caso la se- cuencia de letras que integran la palabra "perro") con determi- nado objeto, la clase
de los perros.

Pensemos en otro ejemplo, en un signo no verbal como uno del sistema de señalización urbano: la imagen color negro de
un niño sobre un fondo amarillo que se coloca en las esquinamie las escuelas para que los conductores disminuyan la
velocidad y es- tén atentos ante los niños que cruzan la calle. Este signo colocado en una esquina específica de una ciudad
puede ser entendido, por un lado, como un cualisigno, pura cualidad como el color negro y el color amarillo, mera
posibilidad que tiene que encar- narse en un sinsigno para cobrar existencia. La señal en dicha esquina específica es,
también, un sinsigno, un signo singular colocado en un espacio y tiempo determinados, que necesita del cualisigno para
cobrar existencia. Dicha señal tiene signifi- cado porque es una manifestación, una réplica, de un legisigno, un signo general
del sistema de señalización que en tanto ley establece que la imagen de un niño en negro sobre un fondo amarillo
representa la proximidad de una escuela. A su vez, los automovilistas pueden comprender dicha imagen en tanto sinsigno
porque conocen el legisigno.

En otro fragmento, Peirce vuelve a referirse a las divisiones de los signos según la naturaleza del representamen y
denomina al cualisigno tono, al sinsigno señal y al legisigno tipo. De este modo afirma:

"Generalmente se encuentran una veintena de 'el' o 'los' (artí- culos) en una página y, lógicamente, se computan como
veinte palabras. Dentro de otro sentido de la palabra 'palabra', sin embargo, sólo hay una palabra 'el' o una palabra 'los' y
es imposible que esta palabra sea ostensible en una página impre- sa o en el discurso oral, dado que no se trata de una
cosa Singular ni de un suceso Singular. No existe sólo determina a cosas que existen. A una Forma tal definidamente
significante propongo que se la llame Tipo. A un suceso Singular que acon- rece una vez y cuya identidad está limitada a
ese único acaecer o a un objeto o cosa Singular que está en algún lugar singular en cualquier instante, suceso o cosa que
sólo es significante al acontecer exactamente donde y cuando acaece, como por ejem plo tal o cual palabra en determinada
línea de determinada página de determinado ejemplar de un libro, me arriesgaré a llamarlo Señal Un carácter significante
indefinido, como por ejemplo un tono de voz, no puede llamarse Tipo ni Señal Propongo llamar Tono a tal Signo. Para que
sea posible usar un Tipo, debe estar encarnado en una Señal, la cual será un signo del Tipo. Propongo que a tal Señal del
Tipo se la deno- mine Instancia del Tipo"."

Peirce insiste en que las palabras, ya sea entendidas como tipo (o legisigno) o como señales (o sinsignos) son -según la
tricotomía que veremos a continuación- símbolos:

"Todas las palabras generales, o definibles, sea en el sentido de Tipos o de Señales, son ciertamente Simbolos Esto es,
denotan a sus objetos en virtud de la existencia de un hábito que asocia su significación con dichos objeros"."

1.4.2 Ícono, indice y símbolo

Las categorías faneroscópicas de primeridad, segundidad y terceridad aplicadas al objeto permiten obtener tres tipos de
signos denominados íconos, indices y símbolos Asimismo, Peirce afirma que "la división en Íconos, Indices y Simbolos
depende de las dife rentes relaciones posibles de un Signo con su Objeto Dinámico 45

[Link] El Icono

Un ícono es un signo que entabla una relación de semejanza, de analogía, con su objeto, como una fotografia o un dibujo
se trata, en palabras de Peirce, de "un signo puramente por similitud con cualquier cosa a la cual sea parecido". " En tanto
primeridad, - un icono es un representamen que por su cualidad es similar a su objeto, aquello a lo que sustituye, de allí
que Peirce sostenga:

"Un Icono es un Representamen cuya Cualidad Representativa es una Primeridad de él en tanto Primero. Esto es, una
cualidad que el Icono posee en tanto cosa lo vuelve apto para ser un Representamen. Así, cualquier cosa es apta para ser
un Sustituto de otra cosa a la que es similar"."
Los iconos son clasificados por Peirce de acuerdo con el modo de primeridad que comparten con su objeto. De esta
manera, considera los siguientes tipos de iconos:

a. Las imágenes son los íconos que comparten cualidades sim- ples del objeto, como se color)su (forma su amaño etc. Son
íconos imágenes, por ejemplo, los cuadros, los dibujos, los grabados, las fotografías. En el lenguaje natural, las
onomatopeyas tienen una naturaleza icónica, pues guardan analogía con el sonido que representan. Peirce, por su parte,
afirma que en todas las escrituras primitivas, tales como los jeroglíficos, se puede encontrar este tipo de íconos.

b. Los diagramas son los iconos que comparten relaciones de las partes de su objeto por medio de relaciones análogas en-
tre sus propias partes, es decir, existe en el ícono una analo- gía entre las relaciones de las partes del representamen y las
del objeto. Por esto, el organigrama de una empresa o los diseños producidos por la infografía (como las denominadas
"tortas"), por ejemplo, son diagramas, pues las relaciones en- tre sus propias partes guardan analogía con las relaciones
de las partes del objeto que representan. Los llamados cuadros sinópticos también son iconos diagramas. Sobre ellos,
afirma Peirce: "Hay muchos diagramas que no se parecen, en su aspecto visi- ble, a sus respectivos objetos; el parecido se
produce únicamen te entre las relaciones de sus respectivas partes entre sí. Pode- mos mostrar las relaciones entre las
diferentes clases de signos mediante un cuadro sinóptico:

ICONOS

SIGNOS INDICES

SIMBOLOS

Esto es un icono. Pero en el único aspecto en que se parece a su objeto es en que la llave muestra que las tres clases
iconos, indices, símbolos están relacionadas las unas con las otras, así como las tres están relacionadas con la clase general
de los signos, tal como realimente ocurre, de manera general","

C. Las metáforas: Peirce sostiene que se trata de iconos que guardan un paralelismo con su objeto, En efecto, una metá-
fora es un tipo de ícono porque implica una relación de similitud, según algunos teóricos entre los referentes de dos
expresiones o según otros entre el contenido de ellas. Pero ya sea entre referentes o entre contenidos, siempre se trata
de una relación de semejanza que hace posible la metáfora.

Peirce destaca que la "única manera de comunicar una idea directamente es mediante un icono" y que su observación
directa permite revelar verdades no previstas del objeto, de allí la impor- tancia del uso de los íconos en textos con una
función didáctica y en las comunicaciones que buscan la simplificación y la rapidez en la interpretación de los mensajes.

Finalmente, Peirce aclara que un signo sigue siendo un ícono aun cuando el objeto al que representa no exista:49

"Un icono es un signo que poseería el carácter que lo vuelve signi- ficativo, aun cuando su objeto no tuviera existencia; tal
como un trazo de lápiz en un papel que representa una línea geométrica" 30

De allí que Peirce acentúe que el icono no tiene una co- nexión dinámica con el objeto al que representa, característica
que le atribuye a los índices:

"El fcono no tiene conexión dinámica con el objeto que representa, simplemente acontece con él que sus cualidades se
asemejan a las de ese objeto, y excitan sensaciones análogas en la mente para la cual él es una semejanza. Pero, en
realidad, está desconectado de ellos El Indico está conectado fisicamente con su objeto" 51

[Link] El Indice

En tanto segundidad, un índice es un signo que entabla con el objeto una relación existencial, de modo que participan los
dos de una misma experiencia, como es el caso, por ejemplo, de una nube negra como índice de que va a llover. Por esto
Peirce afirma:

"Un Indice es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de ser realmente afectado por aquel Objeto”

Para Peirce, los índices se distinguen de los iconos y de los símbolos por tres rasgos característicos:
a. Carecen, a diferencia de los íconos, de todo parecido signifi- cativo con su obicto.

b. Se refieren, a diferencia de los símbolos que designan clases de objetos, a entes individuales, unidades individuales,
con- juntos unitarios de unidades o continuidades individuales.

C. Dirigen la atención a sus objetos por una compulsión ciega.

Desde el punto de vista psicológico, agrega Peirce, la acción de los índices depende de asociaciones por contigüidad, y no
de asociaciones por parecido (como en los íconos) o de operaciones intelectuales (como en los símbolos). Sin embargo,
aclara, debe- mos reconocer que comúnmente es dificil encontrar un signo que sea solamente un indice, lo mismo que
reconocer un signo que esté absolutamente desprovisto de cualidad indicial.

En el caso de los índices, Peirce mismo se detiene en brindar- nos numerosos ejemplos:

"Examinemos algunos ejemplos de indices. Veo un hombre con un andar balanceado, lo cual es probablemente una indi-
cación de que se trata de un marinero. Veo un hombre de piernas algo curvadas, con pantalones de pana, polainas y
chaqueta. Son probablemente indicaciones de que es un jine- te o algo parecido. Un reloj de sol, o un reloj cualquiera,
indican qué hora del día es. Los geómetras colocan letras sobre las diferentes partes de sus diagramas y luego usan le- tras
para indicar dichas partes. (...) Unos golpecitos en una puerta cerrada son un indice. Cualquier cosa que atraiga la atención
es un indice. Cualquier cosa que nos sobresalte es un indice, en cuanto marca la articulación entre dos partes de una
experiencia Así, un tremendo tronar indica que algo con- siderable ha sucedido, aunque no sepamos exactamente de qué
se trata, pero puede ser probable que podamos conectar- lo con otra experiencia.

Un barómetro con marcas bajas, conjuntamente con la hume- dad del aire, es un índice de próxima lluvia, es decir,
suponemos que las fuerzas de la naturaleza establecen una conexión proba- ble entre la marca baja del barómetro, el aire
húmedo y la lluvia inminente. Una veleta es un índice de la dirección del viento: en primer lugar porque toma la misma
dirección que el viento, de modo que existe una real conexión entre ambos; y en segundo lugar, estamos constituidos de
tal manera que el movimiento de la veleta en determinada dirección atrae nuestra atención hacia esa dirección; y cuando
vemos que gira siguiendo las variacio- nes del viento, estamos forzados por las leyes de la mente a pensar que esa dirección
está conectada con el viento. La estre- lla polar es un índice que nos indica hacia dónde se orienta uno si busca el Norte.
(...)

Cuando un conductor grita '¡cuidado! a un peatón para llamar su atención y hacer que se ponga a salvo, en la medida en
que se trata de una palabra significante es, como veremos más ade- lante, algo más que un índice, pero en la medida en
que está destinada simplemente a actuar sobre el sistema nervioso del que la oye y hacer que se aparte, es un îndice,
porque lo que se busca es ponerlo en real conexión con el objeto, que es su propia situación en relación con el vehículo
que se aproxima Imaginemos que dos hombres se encuentran en un sendero en medio del campo, y que uno de ellos le
dice al otro: 'La chime- nea de aquella casa está incendiándose'. El otro mira en derre- dor y percibe una casa con persianas
verdes y una galería, cuya chimenea humea. Sigue caminando algunos kilómetros, y en- cuentra a otro peatón. Actuando
como un tonto, le dice: 'La chimenea de aquella casa está incendiándose'. '¿Qué casa?", pre- gunta el otro. 'Oh, una casa
con persianas verdes y una galería", contesta el tonto. Pregunta nuevamente el otro: ¿Dónde está la casa? Está buscando
algún indice que le permita conectar su alarma con la casa en cuestión. Las palabras por sí solas son insuficientes para
lograr esto. Los pronombres demostrativos ésta, 'aquélla' son indices, puesto que promueven que el receptor utilice sus
poderes de observación para poder establecer una conexión real entre su mente y el objeto; y si el pronombre
demostrativo logra esto sin lo cual su significado no es com- prendido-es él quien establece dicha conexión; por lo tanto
es un índice. Los pronombres relativos quien y cual provocan acti- vidad de observación de manera casi análoga, sólo que
con ellos la atención debe ser dirigida a las palabras que los han precedido. (...)

Algunos índices son instrucciones más o menos detalladas so- bre lo que el receptor debe hacer para colocarse a sí mismo
en conexión directa de experiencia, o de otro tipo, con la cosa significada. Por ejemplo, los boletines de la Guardia Costera
que dan latitudes y longitudes, cuatro o cinco datos de los objetos prominentes, etc., y dicen que en determinado lugar
hay una roca o un arrecife o una boya o un faro. Aunque existan otros elementos en tales instrucciones, de todos modos
son funda- mentalmente índices (...)
Tambien es un índice la presencia del síntoma de una enferme- dad (siendo el sintoma en sí mismo un legisigno, o sea bel
tipo general de carácter definido, sólo al considerárselo acaecido en un caso particular de una coscomedad dada es un
sinsigno).

En las lenguas naturales, Peirce considera también como índi- ces a los cuantificadores del tipo algún, cada, ninguno, cual-
quier, quienquiera, todos, nadie y del tipo de parte, algo, al- guien, un, cierto, uno, alguno, porque informan al receptor
cómo debe escoger uno de los objetos en cuestión" y "significan que el receptor tiene libertad para seleccionar cualquier
instancia de su preferencia dentro de los límites expresados o sobreentendidos, y que la aseveración deberá aplicarse a
esa instancia". 55 Por otra par- te, afirma que un pronombre posesivo es doblemente un índice: "Primeramente, indica al
poseedor; en segundo lugar, admite una modificación que, sintácticamente, lleva la atención a la palabra que denota la
cosa poseída". Asimismo, los nombres propios también son índices, pues entablan una conexión real con el obje- to al que
representan.

[Link] El Símbolo

El símbolo es un representamen que se refiere a su objeto dinámico por convención, hábito o ley. Peirce apela a la etimolo-
gía de la palabra símbolo para aclarar qué entiende por ella:

"La palabra Símbolo tiene tantos significados que sería dañar al lenguaje agregarle otro nuevo. No pienso que la
significación que le adscribo, la de un signo convencional, o bien depen- diente de un hábito (innato o adquirido), sea
tanto un nuevo significado como una vuelta al significado original. Etimoló- gicamente, significa algo arrojado
conjuntamente (...) Pero los griegos usaron 'arrojar conjuntamente con mucha frecuencia para designar la realización de
un contrato o convenio. Ade- más se puede encontrar que, efectivamente, se usa el vocablo imbolo Tempranamente y con
frecuencia para significar una 1 convenciónjo un contrato

De esta manera, todos los signos que integran un sistema convencional, que responden a una ley que les asigna un
interpretante y los relaciona con un objeto, son símbolos: los signos de la escritura, de los sistemas de señalización, los
signos utilizados en las diferentes disciplinas (como los símbolos usados por el álge- bra, la química o la fisica), los signos
que integran sistemas de comunicación creados por el hombre como sustitutos de las len- guas naturales (como el Braille
o el Morse), los signos de la nota- ción musical, de las insignias militares, los signos utilizados por la publicidad (como los
isotipos y los logotipos), etc. De allí que Peirce afime:

"Un Símbolo es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de una dey, usualmente una asociación de ideas
generales que operan de modo tal que son la causa de que el Símbolo se interprete como referido a dicho Objeto"

Por otra parte, los símbolos se caracterizan porque denotan clases de objetos, a diferencia de los índices, que se refieren
a un existente particular:

"Como ya hemos visto, un símbolo no puede indicar ninguna cosa particular, denota una clase de cosas"

Por ello, Peirce aclara que sin el uso de índices es imposible designar aquello de lo que se está hablando:

"Ninguna aseveración fáctica puede hacerse sin recurrir a al- gún signo que sirva como indice. Si A le dice a B. Hay un
incendio', B preguntará ¿Dónde?", como consecuencia de lo cual A deberá forzosamente recurrir a un índice, aun cuando
sólo quiera referirse a algún lugar no definido del universo real, pasado y futuro. De lo contrario, sólo habrá expresado
que hay una idea tal como la de incendio, la cual no daria ninguna información, porque, salvo que ya fuera conocida, la
palabra 'incendio' seria inteligible. Si A señala con su dedo al fuego, el dedo se conecta dinámicamente con el incendio,
tan- to como si una alarma de incendio automática lo hubiera diri- gido indicando dicha dirección; y, al mismo tiempo,
promueve que los ojos de B se vuelvan a esa dirección, que su atención se concentre en el incendio y que su entendimiento
reconozca que se ha dado respuesta a su pregunta. Si, en cambio, la respuesta de A hubiese sido 'a mil metros de acá, más
o me- nos', la palabra 'acá' es un índice, dado que tiene exactamente la misma fuerza que si hubiera señalado un punto
preciso del terreno entre AyB "

De esta manera, Peirce reitera:


"Cualquier palabra común, tal como 'dar', 'pajaro', 'matrimonio", puede constituir un ejemplo de simbolo. Es aplicable a
cual- quier cosa que pueda realizar la idea conectada con la palabra, pero, en sí misma, no identifica esas cosas 62

Para que pueda hacerlo, el símbolo debe combinarse con un índice, como en las expresiones "este pájaro" o "nuestro
matrimo- nio" (recordemos que los pronombres demostrativos y posesivos son indices). En esta línea, Peirce sostiene que
en una frase del tipo "Ezequiel amaba a Hulda", Ezequiely Hulda son índices (pues los nombres propios son índices); y
agrega que a la palabra ama- ba asociamos el ícono mental de una persona enamorada de otra. En síntesis, cuando usamos
el lenguaje nos valemos de símbolos en tanto que las palabras se relacionan con el objeto mediante una convención,
hábito o ley, pero también utilizamos índices que son los que nos permiten conectar nuestro enunciado con los objetos
del mundo al que nos referimos y, finalmente, también intervienen iconos, en tanto iconos mentales con los que asocia-
mos las palabras (lo cual no significa sostener que las palabras mismas sean íconos, dado que, salvo excepciones, no
entablan una relación de semejanza con el objeta).

Como ya dijimos, para Peirce todo símbolo es un legisigno y en tanto tal determina a sus réplicas o sinsignos:

"El Símbolo es, en sí mismo, un tipo general o ley, esto es, un Legisigno. En carácter de tal, actúa a través de una Réplica.
No sólo es general en sí mismo; también el Objeto al que se refiere es de naturaleza general. Ahora bien, aquello que es
general tiene su ser en las instancias que habrá de determinar. En consecuencia, debe necesariamente haber instancias
existentes de lo que el Símbolo de- nota, aunque acá habremos de entender por 'existente' existente en el universo
posiblemente imaginario al cual el Simbolo se refiere.

Peirce hace hincapié en que pensamos sólo mediante signos mentales que tienen una naturaleza mixta (puesto que
intervie- nen símbolos, pero también íconos e índices) y vincula los símbo los con los conceptos (las ideas generales a las
que se refiere en su definición de símbolo) afirmando que la parte simbólica de nuestro pensamiento son los conceptos:

"Pensamos sólo en signos. Estos signos mentales son de natura- leza mixta; las partes simbólicas de los mismos se
denominan conceptos Si un hombre elabora un símbolo nuevo, lo hace mediante pensamientos que involucran conceptos.
De modo que un nuevo símbolo sólo puede nacer a partir de otros simbolos (..) Un simbolo, una vez que ha nacido, se
difunde entre la gente. A través del uso y de la experiencia, su significado crece. Palabras tales como fuerza, ley, riqueza,
matrimonio, comportan para nosotros significados muy diferentes de aquellos que te- nían para nuestros bárbaros
antepasados"

En la cadena de la semiosis infinita, los símbolos rémiten a otros símbolos. Pero esta semiosis es social y es histórica, de
allí que el significado de los símbolos se modifique con el tiempo y con el uso. La aceptación de que el significado de los
símbolos. depende de su uso (no de la razón o de una norma) es, destaca Deladalle (1986), otra huella del pragmatismo
de Peirce,

Finalmente, cabe aclarar que la distinción entre íconos, indi- ces y símbolos tiene un carácter funcional, pues lo que és
índice en una semiosis puede ser símbolo en otra. Nada es en sí mismo un icono, un indice o simbole ec el análisis de una
semiosis dada lo que diră la "naturaleza" de sus constituyentes.

1.4.3 Rema, dicente, argumento

Mediante la división faneroscópica del interpretante, se obtie- nen tres tipos de signos: rema, dicente y argumento. Sobre
ellos sostiene Peirce:

"Según su relación con su interpretante significado, un signo es: o un Rema, o un Dicente o un Argumento. Esto
corresponde al viejo temo Término, Proposición y Argumento, modificado para que sea aplicable a los signos en general".

[Link] Rema

En tanto primeridad, un rema es todo signo considerado aisla- damente (sin relación a alguna otra cosa), que en sí mismo
no es ni verdadero ni falso, como casi todas las palabras, con excepción de "si" y "no". Al hacer corresponder su noción de
rema con la de término, Peirce afirma:

"Un Término es simplemente un nombre correspondiente a una clase, o un nombre propiamente dicho"."
De esta manera, todos los nombres comunes ("un nombre correspondiente a una clase") y los nombres propios ("un nom-
bre propiamente dicho") son remas. 6" En el siguiente argumento (razonamiento):

Todo perro es un animal

Snoopy es un perro

Snoopy es un animal

Los nombres comunes "perro" y "animal" y el nombre propio "Snoopy" son remas.

Por otra parte, Peirce sostiene

"Un Rema es un Signo que, para su Interpretante, es un Signo de Posibilidad cualitativa, vale decir, se entiende que
representa tal o cual clase de Objetos posible".

¿Por qué Peirce vincula al rena con la posibilidad y la cuali- dad, correspondientes a la categoría de primeridad? Es que el
rema es significado por su interpretante en cuanto conjunto de cualida- des de naturaleza general que definen una clase
de objetos. El rema "perro", por ejemplo, es significado por su interpretante con las cualidades generales 'animal',
'mamífero', 'canino', que en tan- to primeros son una pura posibilidad.

[Link] Dicente

El dicente, también llamado decisigno, se corresponde con una proposición, como "Todo perro es un animal". Sobre este
tipo de signo afirma Peirce:

"Un Signo Dicente es un signo que, para su interpretante, es un signo de existencia real"

"Defino a un dicente como un signo representado por su Interpretante significado como si estuviera en una relación real
con su Objeto (o como que es así, si ello fuera aseverado)".

Se entiende así por qué el signo dicente se ubica en la cate- goría de segundidad, que es la cle la existencia. Como sostiene
Deladalle (1996: 168), una proposición es un signo complejo que involucra a un rema y a un índice, como en "Todo perro
es un animal" (donde "perro" y "animal" son remas y "todo" un índice). Peirce, por su parte, hace hincapié en que "no
existe proposición que pueda ser expresada con prescindencia de încdices" " 71

En tanto que el interpretante significa al dicente como estan- do en una relación real con el objeto, una proposición es el
objeto del acto de juzgar. Sobre el juicio afirma Peirce:

"Un juicio es el acto mental por el cual quien juzga procura establecer sobre sí mismo la verdad de una proposición".

A diferencia del rema, que no es ni verdadero ni falso, la proposición, que está en relación real con el objeto, o será verda-
dera o será falsa.

[Link] Argumento

El argumento se corresponde con lo que denominamos co- múnmente un razonamiento, de allí que Peirce afirme:

"Un 'Argumento' es todo un proceso de pensamiento que tiende razonablemente a producir una creencia definida. Una
'Argu- mentación' es un argumento que se desarrolla a partir de premisas formuladas de manera definida","3

Un argumento tiene así la función de inducir al intérprete a cambiar su pensamiento:

"Un Argumento es un Signo que tiene la forma de tender a ac- tuar sobre el Intérprete a través de su propio autocontrol,
repre- sentando un proceso de cambio de pensamientos o en signos, como si se tratase de inducir ese cambio en el
Intérprete"

Un argumento debe involucrar a signos dicentes, o premisas; sobre la conclusión de un argumento, Peirce sostiene:
"En lo que concieme a otra proposición, llamada la Conclusión, a menudo declarada y tal vez requerida para completar el
Argu- mento, ella representa simplemente al interpretante (...) Hay di- ferencias de opinión entre los lógicos con referencia
a si el Interpretante forma o no parte del Argumento; y a pesar de que tales opiniones no han resultado del análisis exacto
de la esen- cia del Argumento, tienen derecho a gravitar. Quien escribe esto, aun sin tener absoluta confianza, se inclina
fuertemente a pen- sar que la Conclusión, aunque represente al Interpretante, es esencial para la completa expresión del
Argumento".

La conclusión de un argumento es para Peirce necesariamen- te un interpretante, aunque no todo interpretante sea la
conclu- sión de un argumento. El interpretante de un argumento lo repre- senta como una instancia de una clase general
de argumentos que en su conjunto tenderá a la verdad. En el argumento "Todo perro es un animal, Snoopy es un perro,
Snoopy es un animal" se trata de la clase de los argumentos deductivos con la forma Todo A es B, Ces A, Ces B.

Los argumentos son tricotomizados en tres tipos según la cla- se de inferencia en la que se basen: abductivos (abducción),
deductivos (deducción) e inductivos (inducción), que serán co mentados en el apartado 1.5.

1.4.4 La combinación de las tres tricotomías

La combinación de los signos obtenidos mediante la tricoto- mía del representamen (cualisigno, sinsigno, legisigno), del
ob- jeto (icono, Indice y símbolo) y del interpretante (rema, decisigno, argumento) originarían veintisiete clases de signos.
Sin embargo, sobre la base de dos principios (un primero no puede determi- nar a otra cosa que a un primero, un tercero
sólo puede ser determinado por un tercero), Peirce excluye combinaciones porque son semánticamente imposibles y
obtiene como resulta- do diez clases de signos:

1. Cualisigno remático icónico: es un cualisigno porque es cual- quier cualidad en la medida en que es un signo, por ejemplo
"rojo", Dado que una cualidad (un primero) es todo lo que es exclusivamente en relación a sí misma, puede sólo denotar
a un objeto en virtud de alguna similitud común con él, por lo que es un icono. Como una cualidad es una mera posibilidad
lógica, sólo puede ser interpretada como un rema o -dice Peirce-un signo de esencia (recordemos que el rema repre- senta
las cualidades diferenciales de un objeto, las que lo ha- cen ser lo que es y no otra cosa). Peirce no brinda ejemplos, pero
Eco (1998: 73) sugiere que probablemente un matiz de rojo que se utiliza para connotar "cardenal" responda a este tipo
de signo.

2. Sinsigno remático icónico: en tanto ícono, es cualquier obje- to en la medida en que alguna cualidad en él hace que de-
termine la idea de un objeto. Al ser un icono puede ser sólo interpretado como un rema o signo de esencia. Porque es un
sinsigno, corporiza a un cualisigno. Peirce ejemplifica este tipo de signo con un diagrama individual, como el triángulo que
representa al signo según él lo concibe, ubicado en un lugar determinado.

3. Sinsigno indicial remático: al ser un índice, es cualquier objeto de la experiencia directa que llama la atención hacia un
obje- to que es la causa de su presencia. En tanto sinsigno, es una réplica de un legisigno. Además, es un rema. Peirce da
el ejemplo de un grito espontáneo. Eco (1998: 73) afirma que probablemente responde a este tipo de signo el grito "ico-
che!" (por un lado un sinsigno como réplica de un legisigno -la palabra como tipo de la lengua española-, y por otra par-
te un rema) usado para indicar la aparición de un automóvil y Hamar la atención de quien está por cruzar.

4. Sinsigno indicial dicente: Peirce ejemplifica con una veleta (en un campanario o en otro lugar específico) que indica la
dirección del viento. Es un sinsigno porque es la réplica de un legisigno, un tipo de un sistema organizado (la veleta como
objeto-signo en nuestra cultura) y es un índice porque se ve realmente afectado por el objeto (la dirección del viento). Es
un dicente porque brinda una información fáctica que puede ser considerada verdadera o falsa, como "hay viento del
norte".

5 sinsigno icónico remático es una réplica, de allí que Peirce dé el ejemplo de un diagrama pero con prescindencia de su
individualidad de hecho.

6. Legisigno indicial remático: Peirce ejemplifica con los pro- nombres demostrativos considerados como tipos y como in-
dices que confieren existencia e identifican a un individuo en la clase de objetos representada por un rema. Es el caso del
pronombre "este", por ejemplo, ligado al nombre "perro". "este perro". La réplica de un legisigno indicial remático es un
sinsigno indicial remático.
7. Legisigno dicente indicial: en tanto legisigno es el tipo del que el sinsigno dicente indicial es una réplica. Por lo tanto,
sería la veleta como signo tipo codificado en nuestra cultura.

8. Símbolo remático legisigno: Peirce ejemplifica con un nom- bre común (como la palabra "perro"), que se conecta con
su objeto mediante una ley y un concepto general. El símbolo remático, como cualquier símbolo para Peirce, es necesaria-
merite un legisigno o un tipo. Es curioso, señala Eco (1998: 74), que para Peirce la réplica de un símbolo remático legisigno
sea un sinsigno indicial remático y no un símbolo remático sinsigno, como si la réplica del tipo abstracto "perro" fuera
siempre "este perro" (del que estoy hablando).

9. Símbolo dicente legisigno: es el caso de una proposición ordi- naria. En tanto símbolo, está conectada con su objeto
median- te una asociación de ideas generales. Por ser un símbolo, es un legisigno: tiene una existencia abstracta de tipo
general. Un símbolo dicente legisigno es un signo compuesto en la medida en que necesariamente involucra a un símbolo
remático para expresar su información (como el nombre común "pe- rro"), y un legisigno remático indicial para indicar al
sujeto de tal información (como el pronombre demostrativo "este").

10. Argumento simbólico legisigno: es la forma abstracta de un razonamiento, por ejemplo la de un silogismo (todo A es
B, C es A, C es B).

No resulta fácil ubicar a todos los signos en esia taxonomía. Eco (1998: 74), citando al propio Peirce, hace hincapié en que
"es complicado llegar a determinar a qué clase pertenece un signo", pues los signos pueden asumir características diversas
según los casos y las circunstancias en que los utilicemos.

1.5 Conocimiento de la realidad y tipos de inferencia

Dado que un conocimiento remite a otro conocimiento y que el objeto del signo es también un signo en tanto pensado en
semiosis anteriores, Peirce afirma:

"La cuestión es: ¿en lugar de qué otra cosa está el pensamiento- signo, qué es lo que nombra, cuál es su suppositum? Sin
duda la cosa exterior cuando se piensa en una cosa exterior real. Pero, con todo, cuando el pensamiento está determinado
por un pen- samiento previo del mismo objeto se refiere sólo a la cosa deno- tando este pensamiento previo"."

La semiosis infinita no es por lo tanto una propiedad exclusi- va del conocer, sino adernás y al mismo tiempo una propiedad
de lo real. Si bien estas afirmaciones tienen una resonancia idealista, para Peirce el mundo no depende de nosotros y de
nuestra intención de interpretarlo:

"No hay nada que exista en sí mismo en el sentido en que no esté en relación con la mente, aunque las cosas que están
en relación existan, sin ninguna duda, fuera de esa relación","

Por otra parte, Peirce no es un relativista, distingue entre las cogniciones verdaderas y las falsas, las primeras son
cogniciones cuyos objetos son reales y las segundas tienen objetos irreales. ¿Pero qué es "lo real" para Peirce? Es el
acuerdo, el consenso de una comunidad sobre lo que es consclerado públicamente verda- dero y que, vimos, determina
hábitos de conducta:

"La opinión sobre la cual están destinados finalmente a coincidir todos los investigadores es lo que entendemos por
verdad, y el objeto representado por esa opinión, es lo real"

Peirce enuncia el principio de que no tenemos ninguna con- cepción de lo absolutarnente incognoscible, por ello lo que
se piensa en las cogniciones verdaderas es lo real, tal como realmen- te es. Por eso afirma:

"No hay nada, pues, que impida que conozcamos las cosas exteriores tal como realmente son, y lo más probable, así, es
que las conozcamos en un sinnúmero de casos, aun cuando nunca podamos estar absolutamente seguros de conseguirlos
en cual- quier caso específico".

Asimismo, Peirce es un realista, pues afirma que los universa- les, que llama "generales", existen en las cosas:
"Es perfectamente real que todas las cosas blancas poseen la blancura, pues esto no es más que decir, en otra orden de
pala- bras, que todas las cosas blancas son blancas; pero, dado que es verdad que las cosas reales son blancas, la blancura
es real. Es un real que sólo existe en virtud de un acto de pensamiento que lo conoce, pero éste no es un pensamiento
arbitrario o accidental, dependiente de una idiosinerasia cualquiera, sino uno que persiste en la opinión final"

Verón (1980: 74), por su parte, destaca que la noción de co- munidad en Peirce resulta clave porque ella es la fuente de
legi- timidad de la verdad y de lo real. Al mismo tiempo, señala:

"En el contexto de la teoría peirciana, esta comunidad es una suerte de comunidad ideal, que estaría sólo guiada por el
razo- namiento lógico y el método científico. ¿Ingenuidad? Ciertamen- te, y ella se ubica con mayor precisión en el
pensamiento liberal en formación, en una sociedad capitalista en plena expansión. Bien entendida, es imposible en la
actualidad seguir a Peirce en esta idea imprecisa de una comunidad homogénea que tiende indefinidamente a la verdad".

Si bien Peirce no avanza en la reflexión de cómo las divisio- nes sociales e ideológicas inciden en la semiosis, Verón
considera que la teoría de Peirce abrió el camino para el estudio de las relaciones entre la producción del sentido, la
construcción de la realidad y el funcionamiento de la sociedad.

La comunidad homogénea de la que habla Peirce, por otra parte, "tiende indefinidamente a la verdad" porque para él la
ciencia es siempre prospectiva y la cadena de semiosis implica un aumento del conocimiento sobre el objeto representado.
Sin embargo, su concep- ción de la ciencia es también falibilista, pues reconoce que toda creen- cia es provisoria y está
sujeta a una crítica continua.

En cuanto al modo como conocemos, Peirce rechaza la pos- tura según la cual existen conocimientos surgidos mediante
la intuición, afirmando, por el contrario, que todo conocimiento surge de un proceso de inferencia. Peirce postula tres
tipos lógicos de inferencia que hace corresponder con las categorías de primeridad, segundidad y terceridad:

a. Abducción: consiste en elaborar una conjetura, en plantear una hipótesis explicativa como base de un razonamiento;
de alli la siguiente definición de Peirce:

"Abducción, en el sentido que yo le doy a esta palabra, es cual- quier razonamiento, perteneciente a una clase amplia, de
la cual la adopción de una hipótesis explicativa es el tipo", "s

Peirce ilustra la abducción considerando este ejemplo: alguien ve sobre la mesa unas papas que son todas blancas, entre
diversas bolsas que hay en la habitación sólo una contiene papas blancas, por lo tanto -infiere- las papas que están sobre
la mesa fueron sacadas de esta bolsa. La abducción no brinda ninguna certeza, pero se justifica porque es "la única
esperanza de pautar racional- mente nuestra conducta futura".

En el ejemplo se comprende por qué la abducción se corres- ponde con la categoría de primeridad, y también con la
iconicidad, puesto que la hipótesis está basada en la cualidad de la blancura, en la semejanza entre las papas de la bolsa
y las que están sobre la mesa.

La abducción es una inferencia que obedece al siguiente esquema:

Estas papas son blancas RESULTADO

Todas las papas de esta bolsa son blancas REGLA

Estas papas fueron sacadas de esta bolsa CASO

b. Inducción: "presupone que es verdad de todo un conjunto lo que es verdad de un número de casos del mismo, tomados
aleatoriamente". Por ejemplo: estas papas fueron sacadas sucesivamente de esta bolsa, todas estas papas son blancas,
por lo tanto todas las papas de esta bolsa son blancas. En este caso se entiende por qué la inferencia inductiva se corres-
ponde con la segundidad y la indicialidad, pues las premisas manifiestan una correspondencia fáctica entre el hecho de
que las papas fueron sacadas de determinada bolsa y el he- cho de ser blancas, y la conclusión se establece sobre la base
de esa relación indicial.

La inferencia inductiva responde al siguiente esquema


Estas papas fueron sacadas de esta bolsa CASO

Estas papas son blancas RESULTADO

Todas las papas de esta bolsa son blancas REGLA

Deducción: se corresponde con la terceridad y con el simbolo porque en este tipo de inferencia el punto de partida es una
ley general. Por ejemplo: todas las papas de esta bolsa son blancas, estas papas fueron sacadas de esta bolsa, estas papas
son blancas. Como se observa en el ejemplo, este tipo de inferencia constituye un silogismo. La inferencia deductiva
obedece al siguiente esquema:

Todas las papas de esta bolsa son blancas REGLA

Estas papas fueron sacadas de esta bolsa CASO

Estas papas son blancas RESULTADO

Peirce se opone al postulado positivista de la primacia de la inducción en el proceso de conocimiento, pues la inducción
no puede generar una idea nueva (ni tampoco la deducción). Por ello plantea que todas las ideas novedosas de la ciencia
nacen gracias a la abducción, cuyo fruto es la postulación de una ley. Todo conocimiento, el científico pero también el
cotidiano, cons- tituye para Peirce un proceso hipotético-deductivo-experimental compuesto de tres momentos a los que
les corresponde un tipo de inferencia: 1º abducción, que plantea una hipótesis sin fuerza probatoria: 2º deducción, que
extrae de la hipótesis diversas con- secuencias; 3º inducción, que pone a prueba dichas consecuen- cias, con lo que se
verifica o no la hipótesis.

Para Peirce la capacidad de formular hipótesis, es decir, de producir abducciones, es una suerte de instinto en el hombre,
lo que da cuenta de que su mente está en armonía con la naturaleza:

"La ciencia modema fue construida siguiendo el modelo de Galileo, quien la hizo bususe en if lume naturale. Este profeta
verdadera- mente inspirado había dicho que, entre dos hipótesis, había que preferir la más simple (...) Sólo cuando una
larga experiencia me obligó a darme cuenta de que cada nuevo descubrimiento probatza que me había equivocado,
mientras que aquellos que habían com- prendido la máxima como la entendia Galileo habían develado el secreto, entonces
se me cayó la venda de los ojos y mi mente se despertó a la resplandeciente luz del día que es la Hipótesis más simple en
el sentido de la más fácil y la más natural, la que sugiere el instinto, la que hay que preferir, por la razón de que si el hombre
no tiene una inclinación natural en armonía con la naruraleza, no (lene la menor oportunidad de comprender la naturaleza.
Numero- sas pruebas de este hecho primero y positivo, que se refiere tanto a mis propios estudios como a las
investigaciones ajenas, me tuaun confirmado en esta opinión; y cuando llegue a exponerlas en un libro, su despliegue
convencerá a todos. (..) el hombre posee en cierto grado un poder aclivinatorio, primero o derivado, como el de una avispa
o un ave, entonces se representan masivamente casos que demuestran que cierta confianza particular en una hipótesis,
que no debe confundirse con una certeza dogmática, tiene un valor apreciable como signo del valor de esta hipóresis"

La existencia misma del progreso científico es una prueba pani Peirce de que la mente del hombre ha sido puesta en diapa-
són con la verdad de las cosas:

"Hay una razón, una interpretación, una lógica, en el curso que sigue el progreso científico, y esto prueba indiscutiblemente
a los ojos de aquel que tiene percepciones de relaciones raciona- les o significativas, que la mente del hombre debe haber
sido puesta en el diapasón de la verdad de las cosas para descubrir lo que descubrió"

1.6 Peirce y el post-estructuralismo

La teoría de los signos de Peirce, en particular su noción de semiosis infinita, ha sido retomada por el post-estructuralismo.
El crítico norteamericano Jonathan Culler ha caracterizado a este movimiento oponiéndolo al estructuralismo:

"El estructuralismo se convierte en una serie de proyectos siste- máticos y científicos -se define a la semiótica, en este
sentido la sucesora del estructuralismo, como la 'ciencia de los signos- y los oponentes al estructuralismo son diversos
disidentes post- estructuralistas que afirman la imposibilidad final de sus proyec- tos y exploraciones. En términos más
simples: los estructuralistas toman a la linguistica como modelo y tratan de desarrollar 'gra- máticas' -inventarios
sistemáticos de elementos y de sus posibi- lidades combinatorias- que explicarían la forma y el significado de las obras
literarias: los post-estructuralistas investigan la forma en que se subvierte este proyecto a causa de los funcion:umien- tos
propios de los textos. Los estructuralistas están convencidos de que el conocimiento sistemático es posible, los post-
estructuralistas afirman la imposibilidad de este conocimiento".

Uno de los mayores representantes del post-estructuralismo es el fikósofo francés Jacques Derrida, quien en su libro De
la gramatología apela a la teoría de los signos de Peirce para funda- mentar su propuesta filosófica, denominada
deconstrucción, y su consiguiente posición sobre la interpretación.

Derrida se opone a un concepto de interpretación que se basa en la idea de un significado definitivo atribuible a un texto,
vinculado con la intención de un sujeto o con el referente que representa. Por el contrario, un texto es concebido como
una máquina significante que produce un infinito diferimiento del sig- nificado, que nunca logra fijarse: cada significante
del texto está en correlación con otro significante, de tal manera que nada que- da fuera de la cadena significante, que
procede ad infinitum. Un texto produce así una deriva infinita de interpretaciones, ninguna de las cuales es concluyente.

Derrida denomina "logocentrismo" y "metafisica de la presen- cia" a la postura filosófica que postula la existencia de un
significado (denominado "trascendental") que pondría un término tranquilizante a la deriva del significante y al
diferimiento del significado. Apelando a Peirce, a su noción de semiosis infinita y a sus reflexiones sobre el carácter de
signo del objeto representado, Derrida sostiene que la "cosa misma" (el llamado "referente") es siempre un
representamen inserto en la cadena de semiosis ilimitada, lo que lo lleva a afirmacio- nes extremas del tipo "No existe
nada fuera del texto":

"Peirce va más lejos en dirección a lo que hemos denominado anteriormente la des-construcción del significado
trascendenal, el cual, en uno u otro momento, pondría un término tranquilizante a la remisión de signo a signo. Hemos
identificado el logocentrismo y la metafísica de la presencia como el deseo exigente, poderoso, sistemático e irreprimible
de dicho significado trascendental. Aho ra bien, Peirce considera lo indefinido de esta remisión como el criterio que
permitiría reconocer que se trata de un sistema de signos. Lo que inaugura el movimiento de la significación es lo que
hace imposible su interrupción. La cosa misma es un signo","

Para Eco (1998), Derrida realiza una lectura idealista e insatis- factoria de Peirce, por lo que no se pueden considerar
equivalen- tes la deriva deconstructivista y la semiosis infinita, ni tampoco plantear, como hacen algunos
deconstructivistas, que ante la au- sencia de la intención del autor y del referente, la lectura es un proceso de libre
asociación "donde la voluntad de los intérpretes sacude los textos hasta darles la forma que sirva a sus propósitos". Para
fundamentar su crítica a Derrida, Eco esgrime, entre otros, los siguientes argumentos:

A. No es válido basarse en la teoría de Peirce para afirmar que no existe nada fuera del texto, puesto que Peirce mismo
sos- tiene que toda semiosis está determinada por un objeto diná- mico que es "la Realidad que de alguna manera
contribuye a determinar al signo".

b. El interpretante final detiene, aunque sea provisoriamente, el proceso sin fin de la interpretación.

c. Cualquier comunidad de intérpretes de un texto determina- do, para poder ser la comunidad de intérpretes de ese
texto, debe alcanzar un acuerdo, aunque no definitivo y de manera falible, sobre el tipo de objeto del que se está
ocupando.

d. Desde que una comunidad concuerda sobre una interpretación determinada se crea un significado que, si no objetivo,
es por lo menos intersubjetivo y está privilegiado respecto de cualquier otra interpretación obtenida sin consenso de la
comunidad.

e. La semiosis es virtualmente ilimitada, pero nuestras finalida- des cognitivas organizan, encuadran y reducen esta serie
in- determinada e infinita de posibilidades. En el curso de un proceso semiótico nos interesa saber sólo lo que es relevante
en función de un determinado universo de discurso y acto de comunicación.

Las remisiones a Peirce en los debates actuales en tono de la interpretación y de sus límites son una prueba de la vigencia
y fecundidad de su teoría de los signos. También lo es el hecho de que semiólogos y analistas del discurso interesados en
las relaciones entre la ideología, la producción social del sentido y la construc- ción de la realidad, como Eliseo Verón, se
remonten a Peirce para fundainentar muchas de sus propuestas sobre esta problemática.

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