Deforestación, ¿qué es, quién la
causa y por qué debería
importarnos?
Jocelyn Soto
febrero 16, 2020 | 0 Comentarios
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#ConsumoResponsableMi dieta salva el planeta
¿Qué es la deforestación y cuál es el estado en
México?
La deforestación es la pérdida de bosques y selvas debido al impacto de actividades
humanas o causas naturales.
México ocupa uno de los primeros lugares en tasas de deforestación en el mundo. No
hay una estimación exacta, pero se calcula que la tasas de deforestación a nivel nacional
podría ser de hasta 1.98 millones de hectáreas por año, de acuerdo con datos recopilados
por la Cámara de Diputados en 2017. Esto debería importarnos porque significa al
menos tres cosas graves: mayor contaminación, mayor desigualdad social y menos
biodiversidad.
Los bosques representan una fuente de alimentos, medicinas y combustible para más de
mil millones de personas, entre las que están las de mayor pobreza, y son un arma
central de toda la población para combatir el cambio climático y proteger los suelos y el
agua.
Deforestación en el mundo © Martin Katz / Greenpeace
Principales causas y consecuencias de la
deforestación en el mundo
Greenpeace ha observado que en México, la principal causa de deforestación es el
cambio de uso de suelo para convertir los bosques en potreros o campos de cultivo. De
acuerdo con el reporte Menos es Más de Greenpeace, entre 1960 y 2011, la producción
de alimentos de origen animal fue responsable a nivel mundial del 65% de los cambios
en el uso del suelo y de la expansión de la tierra cultivada.
Las consecuencias de la deforestación son preocupantes: De acuerdo a estimaciones del
Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas
en inglés) en 2004 la deforestación mundial contribuyó con el 17% de la emisión total
de gases de efecto invernadero (GEI) hacia la atmósfera, después de la generación de
energía producida por combustibles fósiles y de las actividades industriales. En el caso
de México, se estima que durante el periodo 2003 a 2006, las emisiones promedio
nacionales de bióxido de carbono (CO2) asociadas al cambio de uso del suelo forestal
ascendieron a 7 189 gigagramos2 (Gg) CO2 por año.
Hay otro dato, los bosques son importantes repositorios de biodiversidad y su gestión
sostenible resulta esencial no solo para conservarlos, sino también para sostener el
funcionamiento de los ecosistemas. ¡Únete y firma nuestra petición para proteger el
hogar del jaguar y el mono araña!
El jaguar ha visto amenazado su hogar debido a la deforestación © Valdemir
Cunha
Sin embargo, en 2019 el informe de evaluación global sobre la biodiversidad y los
servicios de los ecosistemas del Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y
Servicios de los Ecosistemas (IPBES) advirtió que un millón de especies están en
peligro de extinción, más que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad,
gran parte por la deforestación que acaba con sus ecosistemas y sus hábitat por los
cambios de uso de la tierra. Eso también es causa de la degradación de la tierra, la
erosión del suelo, la disminución del agua limpia y la liberación de carbono a la
atmósfera
En otras palabras, la cadena de producción que se necesita para satisfacer nuestros cada
vez más acelerados hábitos de consumo es el mayor riesgo para el planeta y, por lo
tanto, nosotras mismas. Sé parte del cambio y participa activamente para exigir un alto a
esta práctica destructiva.
De acuerdo con el reporte “El Estado de los bosques” de 2018 de la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se prevé que la
población mundial aumente a 10 000 millones en 2050, lo que traerá una mayor
demanda mundial de alimentos.
Causas de la deforestación en el mundo
Así, la preservación de los bosques también es clave para acabar con la desigualdad
social, ya que según la FAO, la deforestación causada principalmente por la conversión
de la tierra forestal en zonas de agricultura y ganadería, amenaza no solo a los medios
de vida de los silvicultores, las comunidades forestales y los pueblos indígenas, sino
también a la variedad de la vida en nuestro planeta. Aproximadamente el 40% de la
población rural que padece pobreza extrema, esto es, unos 250 millones de personas,
vive en zonas boscosas o de sabana.
¡Súmate para actuar en contra de la
deforestación!
Deforestación
amazónica
venezolana, una
cicatriz imborrable en
la población y el
medioambiente
El Diario
Aug 12, 2019·13 min read
En solo cinco años el país ha perdido 2.801.136 hectáreas
de su preciado pulmón vegetal, una cifra que aumenta
exponencialmente con la proliferación de la minería ilegal,
sobre todo al Sur del Orinoco, donde se concentra 80% de
los bosques
Foto cortesía
Por: José Silva | @Ghossilva
Además de los problemas económicos, políticos y
sociales que aquejan diariamente a los venezolanos, el país
se enfrenta con la deforestación de sus extensos bosques,
ubicados en su mayoría al sur del río Orinoco. Se trata de un
fenómeno que avanza de manera silenciosa con el paso de
los años y que ha sido denunciado por distintas ONG,
biólogos, geólogos, ecologistas, periodistas y comunidades
indígenas, quienes alertan continuamente sobre las
repercusiones negativas que esto acarrea para el medio
ambiente.
Desde hace muchos años Venezuela lidera la lista de los
países que poseen una de las tasas más altas de
deforestación. Para 1980 — según la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO)— la otrora república petrolera poseía 58 millones de
hectáreas, cifra que se redujo a 47,6 millones para el año
2010 a un ritmo de 347 mil hectáreas perdidas anualmente.
Especialistas estiman que la eliminación de zonas boscosas
sigue en aumento, pese a la caída de la producción
industrial, agrícola y pecuaria, causas comunes de la
deforestación.
En la actualidad es difícil cuantificar la destrucción de la
capa vegetal en el país ante la falta de datos oficiales por
parte del Ministerio para Ecosocialismo y Aguas (Mineas),
sin embargo, se estima que la pérdida de la Amazonia
venezolana se aceleró con la llegada de la “revolución
bolivariana”. Solo del año 2000 al 2015 fueron eliminadas
5.265.000 hectáreas de ese territorio a causa de la
deforestación, revela un informe de la ONG Provita.
Deforestación en el Parque Nacional Canaima. Foto Javier Mesa
La pérdida de la cobertura boscosa se sigue incrementando
con el paso de los años sin que exista una respuesta
contundente por parte de los organismos del Estado para
frenar esa problemática. De 2000 a 2005 se eliminó 17%; de
2006 a 2010, 29,4%. El dato más preocupante se registró de
2010 a 2015, cuando fueron arrasadas 2.822.000 hectáreas,
es decir, 53,6% del periodo evaluado. El director de
educación de Provita, Carlos Pelaez, dijo para El Diario de
Caracas que para el lapso 2015–2020 la tasa de
deforestación en Venezuela puede que sea mucho mayor.
Esas cifras suponen un incremento que prácticamente
duplica a periodos anteriores si se toma en consideración
que de 1990 a 2010 el país perdió 11,1% de sus bosques a
razón de 287.550 hectáreas por año, de acuerdo con la FAO.
El informe de Provita deja de manifiesto que Venezuela se
ha convertido en el único país amazónico en presentar una
tasa de deforestación exponencial, según datos evaluados
entre 2000 y 2015. Un análisis anterior, denominado
Deforestación en la Amazonia (1970–2013) — presentado
por la Red Amazónica de información Socioambiental
Georreferenciada (Raisg) — establece que la deforestación
acumulada de toda la Amazonia al 2013 fue de 13,3% con
respecto a su área, haciendo énfasis en que la mayor pérdida
del pulmón vegetal se produjo de 1970 al 2000 (9,7%).
Sin embargo, la deforestación no es un problema exclusivo
de Venezuela. El pasado 2 de agosto el presidente de Brasil,
Jair Bolsonaro -un ferviente partidario de la apertura de
áreas protegidas para su explotación- destituyó a su director
del Instituto de Investigaciones Espaciales (INPE), Ricardo
Galvao, al considerar que los datos que publicaba sobre la
deforestación en el principal país amazónico eran falsos.
De acuerdo con el INPE, la deforestación en esa nación
acabó con un área de 2.254,8 kilómetros cuadrados en julio,
lo que supone un incremento de 278% con respecto al
mismo período de 2018.
La reforestación, lejos de ser una realidad en
Venezuela
Foto Sibci
De acuerdo con cifras del extinto Ministerio del Ambiente,
entre los años 2006 y 2014 fueron reforestadas 45.000
hectáreas mediante la denominada Misión Árbol, lo que
constituye un porcentaje menor a 3% de las 1.800.000
hectáreas arrasadas en ese mismo tiempo registradas por la
FAO.
Para Provita, la proliferación de la minería ilegal en los
estados Bolívar y Amazonas tiene correlación directa con la
pérdida de los bosques, pues estipula que desde 2010 en
adelante se produjo una veloz destrucción de la capa vegetal
debido a esa actividad, en contraste con otras como la tala y
quema de bosques, ganadería, agricultura, construcción de
carreteras y asentamientos.
Pese a la ausencia de datos gubernamentales, la FAO ha
identificado seis causas principales de conversión de los
bosques venezolanos para otros usos: “la ampliación de la
frontera agropecuaria (…); la explotación ilegal de madera,
por las debilidades en los mecanismos de supervisión y
control; las invasiones de tierras destinadas a la producción
forestal permanente, principalmente con fines
agropecuarios; la actividad minera, por los cuantiosos
recursos de los que dispone el país; los incendios forestales
(…) y el establecimiento de infraestructura urbanística no
planificada”.
En julio de 2019 la agudización de la falla en el servicio de
gas doméstico en Aragua, Apure, Barinas, Bolívar,
Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Miranda, Mérida,
Nueva Esparta, Táchira, Trujillo, Yaracuy, Vargas, Zulia —
según cifras de la Asamblea Nacional (AN) — ha forzado a
muchos ciudadanos a hurgar en los bosques buscando leña
para cocinar.
Escasez de gas en Valencia, Carabobo. Foto Ciudad Valencia
Aunque no existen cifras oficiales sobre la tala de bosques
para el suministro de leña, Pelaez considera que es una
tendencia que ha ido al alza en Venezuela y estima que los
resultados por esta práctica pueden ser “devastadores’’ para
el medio ambiente. Un elemento que agudizó la tala por leña
fue el apagón nacional que se registró el pasado mes de
marzo y que se repitió, a diferentes escalas, en los meses
siguientes.
Otro componente que se cierne como una real amenaza para
las zonas boscosas es la proliferación de la minería no
planificada. A partir de 2010 comenzaron a aparecer, con
mayor asiduidad, reseñas en medios de comunicación sobre
la presencia de mineros ilegales, sobre todo en los
municipios Gran Sabana y Angostura del estado Bolívar.
Mapa de la minería ilegal en la Amazonia. Foto Raisg
Como aparente respuesta a esa problemática, el gobierno del
fallecido presidente Hugo Chávez dio inicio al “Plan Caura”
para la preservación del Alto Caura e informó que la Fuerza
Armada Nacional destruyó más de 40 campamentos
mineros ilegales y el desalojo de 200 personas que se
dedicaban a esa actividad. No obstante, con el pasar del
tiempo el plan quedó en el olvido.
Para el año 2018, Venezuela tenía 1.899 puntos de minería
no autorizada de diamante, oro y coltán, cifra que ha sido
ratificada en la actualidad por el biólogo Carlos Pelaez. En
total existen 2.300 puntos en toda la Amazonia, 245 áreas y
30 ríos donde está presente la minería ilegal, según un
informe publicado por la Raisg, que se basó en el mapeo
satelital, noticias publicadas en los medios de comunicación
y datos suministrados por entes estatales.
El Arco Minero y la amenaza de un país desértico
Arco minero. Foto cortesía
Ya con el ritmo de deforestación que Venezuela mantuvo
hasta 2010, los bosques de la cuenca del río Caura podrían
desaparecer en 16 años. Esa zona, que posee cerca de 80%
de los bosques del país, tiene una extensión de 4.533.600
hectáreas y una biomasa de casi 1.400 millones de
toneladas, indicó Juan Linares, ex parlamentario y experto
en temas ecológicos.
Venezuela, rica en paisajes naturales, flora y fauna, se
encuentra entre los 17 países considerados como
megadiversos por el Centro de Monitoreo de la
Conservación del Ambiente de la ONU. Esto significa que
forma parte de las naciones que, en total, poseen 70% de la
biodiversidad existente en todo el planeta.
El país contiene millones de toneladas métricas de carbono
en su biomasa forestal, 2.356 especies conocidas de anfibios,
aves, mamíferos y reptiles. De esa cantidad de animales,
13,3% es endémico, es decir, que no existen en ningún otro
país y 5,6% se encuentra amenazado, revelaron datos del
Centro de Monitoreo de la Conservación del Ambiente
(UNEP-WCMC, por sus siglas en inglés). Cuenta, además,
con 21.073 especies de plantas vasculares, de las cuales 38%
son endémicas.
Sin embargo, este privilegio de la naturaleza puede cambiar
de no implementarse medidas contundentes. La ONG
Centro de Investigaciones Ecológicas de Venezuela
(CIEV)alertó que si no se controla la tasa de deforestación,
en menos de un siglo Venezuela pasaría a ser una zona
desértica, lo que supone un cambio brusco en sus
ecosistemas.
Con la creación por decreto presidencial del Arco Minero del
Orinoco (AMO) -desde febrero de 2016-, una cuarta parte
del sur del Orinoco fue destinada a la explotación legal, por
parte de empresas nacionales y extranjeras, de minerales
como el oro, diamante, coltán, cobre, hierro, bauxita y
tierras extrañas. Dentro las corporaciones autorizadas a
operar en esa área -en total 150 de 35 naciones- se encuentra
la gigante canadiense Gold Reserve, que estima iniciar en
2020 la producción de oro en el país.
Mineros en el Arco Minero. Foto cortesía
Esa empresa fue expulsada de Venezuela en 2009 por el
entonces presidente Hugo Chávez al considerar su alto
impacto negativo para el medio ambiente. De hecho, no
tiene permitido realizar operaciones en su propio país ni en
ninguno del llamado ‘’primer mundo’’.
A lo largo del área destinada para el AMO, que representa
12% de la superficie total del país, se encuentran
importantes zonas boscosas, como el Parque Nacional
Canaima, con unos 30.000 kilómetros cuadrados y
considerado patrimonio mundial por la Unesco; la Reserva
Forestal de Imataca, con 3.000,8 kilómetros cuadrados; las
reservas de la Paragua y El Caura, con 5.134 kilómetros
cuadrados; el Monumento Natural Cerro Guanay; además
del río Caroní.
Diversas ONG han señalado que ese megaproyecto viola al
menos tres artículos de la Constitución de la República por
no haberse hecho un estudio ni proceso efectivo de
demarcación de hábitats y tierras indígenas (117), no existir
un proceso de consulta previa, libre e informada (120), ni
tampoco haberse realizado estudios de impacto ambiental
(129).
Con la clara intención de lo que ocurre en la zona, en
noviembre de 2018 Miguel Yabrudes presentó un
documental en la UCV denominado El Arco Minero del
Orinoco, un desastre planetario está en desarrollo. A través
de la pieza audiovisual, el autor denuncia lo que considera el
“proyecto minero más destructivo’’ en el ámbito nacional. El
trabajo explica a detalle cómo el AMO puede afectar 112.000
kilómetros cuadrados de la geografía nacional y que sus
estragos pueden extenderse, de forma indirecta, a islas del
Caribe como Trinidad y Tobago, así como toda la Amazonia,
que se extiende por nueve naciones de Suramérica.
La misma Ana Elisa Osorio -ex ministra de Ambiente
durante el gobierno de Chávez- introdujo en 2016 un
recurso ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) donde
solicitaba la anulación del AMO por su impacto devastador
para el medio ambiente. Hasta la fecha, dicho poder público
no ha dado ninguna respuesta.
En reiteradas oportunidades científicos y defensores del
medio ambiente han señalado que la actividad minera en
esa zona hace que se produzcan toneladas de sedimentación
que se dirigen hacia los principales ríos del país y afectan las
turbinas de represas como el Guri -que provee de energía
eléctrica a cerca de 70% del país- además de la
contaminación con cianuro y mercurio producto de la
actividad minera ilegal.
Puntos de minería ilegal. Foto Raisg
Para Pelaez, el decreto del Arco Minero del Orinoco -que
busca proveer de recursos al régimen de Maduro ante la
caída de la producción petrolera y las sanciones
estadounidenses- prácticamente ‘’legalizó’’ la minería ilegal,
por lo que considera necesario que dicha actividad sea
denominada como ‘’minería desregulada o desorganizada’’.
Una de las consecuencias más palpables de ese tipo de
minería se refleja en “todo lo que tiene que ver con el Estado
paralelo criminal que se ha hecho en ese territorio (Bolívar)
basando su economía en la minería’’, según el director de
educación de Provita. El experto señala que al Sur del
Orinoco está una región forajida donde hasta la salud se
paga con oro, “cuyas estructuras son criminales de
naturaleza’’.
‘’Eso ha establecido ahí un Estado criminal donde el
territorio se lo pelean o lo cuidan bandas criminales,
militares y policías venezolanos, paramilitares colombianos
y garimpeiros brasileños’’, agrega. Pelaez también menciona
que en Bolívar no existe Estado de derecho ni la observación
de los derechos humanos para los indígenas y criollos
sometidos a condiciones de esclavitud “aparte de un
entramado económico que donde se hace trata de personas,
contrabando y venta de armas”.
Esa pérdida de soberanía en la entidad dificulta que se
implementen planes macro para la reforestación de los
bosques en las áreas donde la minería desorganizada tiene
mayor incidencia.
Pese a las promesas del gobierno de Nicolás Maduro de
proteger estas zonas, en diciembre de 2018 la periodista
Valentina Quintero publicó imágenes de cómo una mina en
Campo Carrao, a orillas del río Akanan — cerca del Salto
Ángel — estaba afectando el corazón de Canaima.
Minería ilegal en el Parque Nacional Canaima. Foto Valentina Quintero
Pero no solamente la deforestación desmedida se ha
registrado en los estados amazónicos del país. El pasado
mes de julio la Oficina General de Justicia, Paz e Integridad
de la Creación (JPIC) documentó una denuncia de que la
zona del Valle Plateado, ubicada entre los estados Táchira y
Mérida, estaba siendo arrasada por maquinaria para la
explotación de minas de coltán y plata, afectando así las
cabeceras de los ríos Mocotíes y brazos de ríos como el
Uribante y el Escalante, que constituyen el sistema
hidrológico de la región andina.
De acuerdo con el portal de monitoreo de bosques Global
Forest Watch, unas cinco áreas protegidas de Venezuela se
encuentran siendo deforestadas por actividades mineras
ilegales.
Ecocidio continuado y proliferación de
enfermedades endémicas
El ecocidio –un neologismo para referirse a la destrucción
del medioambiente– es tipificado como un crimen “contra la
paz” en 10 países: Armenia, Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán,
Moldavia, Rusia, Tayikistán, Vietnam y Georgia; de hecho,
en Código Penal de esta última nación establece desde 1999
una pena de 8 a 20 años en prisión para los responsables de
causar un desastre ecológico.
En abril de 2019, la Asamblea Nacional venezolana aseguró
que los actos de minería ilegal registrados en los estados
Amazonas y Bolívar son considerados como “ecocidio’’,
como consecuencia de la creación del AMO. La diputada
Maury Baloa señaló que desde hace cinco años se
destruyeron 590 hectáreas del reservorio vegetal del Cerro
Yapacana, en Amazonas, por la minería ilegal.
A comienzos de año, la Organización Regional de Pueblos
Indígenas del Amazonas (Orpia) se reunió en Puerto
Ayacucho, estado Amazonas, para alertar sobre la
deforestación irregular en grandes extensiones de bosques,
la contaminación de las aguas por el uso del mercurio
debido a las actividades mineras -pese a que su uso está
prohibido- y otros elementos de gran toxicidad empleados
para la extracción de minerales.
“La población indígena, quienes han sido víctimas de esta
actividad ajena y ecocida, han elevado su voz pues han sido
desplazadas comunidades enteras de sus tierras, se han
incrementado la presencia de enfermedades respiratorias,
malaria, sarampión, alcoholismo, enfermedades de
transmisión sexual, prostitución, deserción escolar. Así
como la presencia de grupos irregulares armados que han
trastocado todo el sistema natural de vida en amplias zonas
del Amazonas venezolano”, señala Orpia en su documento.
Las minas abandonadas pueden ser fuente de malaria. Foto Ana Gisela Pérez, Mongabay
Latam
Además de la deforestación de bosques, otras de las
consecuencias que deja la minería ilegal es la proliferación
de enfermedades endémicas como la malaria. Para 1961,
Venezuela fue declarada territorio libre de paludismo; sin
embargo, 58 años más tarde, la realidad cambió
radicalmente y el fenómeno de la minería ilegal tiene su
cuota de responsabilidad.
En 2018 el Colegio de Bioanalistas de Venezuela señaló que
para 2016 se registró la transmisión de malaria en 89
municipios de 17 estados del país. De ellos, el municipio
Sifontes del estado Bolívar — área donde más se lleva a cabo
la actividad minera — registra 43% de todos los casos,
mientras que Amazonas aporta 10%, Sucre 9%, Delta
Amacuro 4% y Monagas 2%.
Esa realidad se ha expandido, como una epidemia, por al
menos 18 estados del país, refiere la Sociedad Venezolana de
Infectología. Esto supone un riesgo regional si se toma en
cuenta que existe un éxodo masivo de venezolanos estimado
en 4.000.000 para la Acnur.
Para Carlos Pelaez, el repunte de enfermedades como la
malaria tiene que ver con el hecho de que las zonas de
explotación minera son zonas endémicas, donde existe gente
de varios estados del país (así como extranjeros) en
búsqueda de oro, se infectan con el virus y lo trasladan a
otras zonas. Además, el biólogo manifiesta que el trabajo de
minería implica hacer ‘’lagunas de oxidación, donde el agua
se queda estancada, se hacen pozos dentro de la actividad
minera y eso ha hecho que la proliferación de vectores haya
aumentado mucho más’’.
Foto: Provita
La deforestación es un mal que avanza cada vez más en
Venezuela, situación que se agudiza ante la falta de controles
ambientales por parte del Estado, y que no solo pone en
riesgo las áreas protegidas, sino a todo un país. Desde
Provita consideran que para enfrentar la destrucción de la
selva amazónica -sobre todo de la ‘’pérdida de soberanía que
origina una violencia armada’’ en el estado Bolívar’ por la
minería desregulada-, se debe retomar la actividad turística,
las biomarcoferias con base en la diversidad biológica, la
explotación y producción sostenible y regulada de madera,
así como retomar la operación legal de la minería.